viernes, 4 de agosto de 2017

La Marcha Verde no se ha dividido ni puede dividirse porque nunca ha estado unida estructural, organizativa o jerárquicamente - por Melvin Mañòn

Melvin Mañón
3 de agosto de 2017. SANTO DOMINGO
Dedico este breve comentario a Aida Diaz, Neta Beltré y Ricardo Rippol sin desmedro de muchísimos otros que comparten la misma inquietud y abrazan la misma aspiración:
Ahí les va . . .
La Marcha Verde no se ha dividido ni puede dividirse porque nunca ha estado unida estructural, organizativa o jerárquicamente. Hay gente que se puede ir, otros que pueden entrar, muchos que pueden crecer , algunos aprovechar y otros traicionar pero la Marcha Verde no puede ser dividida porque
 es un sentimiento, un estado de ánimo general que se ha formado como reacción alérgica legítima ante el abuso del gobierno, es una conclusión no guiada ni intencional ni creada por nadie a la que ha llegado una sociedad hastiada a mas no poder, desconsiderada, humillada, vejada y puteada.
De la Marcha Verde y con el paso de los meses, saldrán grupos organizados radicales, grupos intransigentes, grupos liberales, fuerzas múltiples de vocación electoral o figuras militantes en otros litorales, en fin, como invernadero que es, cobija una gran variedad de posibilidades pero estas no se manifestarán como divisiones, sino como brotes. Algunos de esos brotes prenderán igual que lo hace una yema injertada (ese chin es para los agrónomos) otros perecerán. No se cuando ni cuantos serán.
Finalmente (por ahora) si por uno de esos accidentes históricos a Danilo Medina le diera un ataque de arrepentimiento y empezara a hacer las cosas bien, sobre todo enfrentar la corrupción y la impunidad, si eso ocurriera por algún aborto de la naturaleza, entonces si se "dividiría" la Marcha Verde entre los creyentes del arrepentimiento y los descreídos. He usado el verbo dividir, aunque era mas apropiado separar, desgajarse pero al fin y al cabo, lo que realmente cuenta es la idea la cual de todos modos publicaré mas adelante como artículo.
Esta nota breve e imperfecta me la inspiró la preocupación casi angustiosa que percibo en las tres personas a las que he dedicado esta reflexión dos de las cuales, Aida y Neta ni siquiera las conozco personalmente
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