lunes, 12 de junio de 2017

Opinión: Visita de Merkel ofrece a Latinoamérica una alternativa a Trump

AMÉRICA LATINA

Opinión: Visita de Merkel ofrece a Latinoamérica una alternativa a Trump

Durante su viaje a Argentina y México, Angela Merkel evitó hablar de Donald Trump y de su nueva etiqueta como "líder del mundo libre". La canciller tenía buenas razones para eso, opina Michaela Küfner.
Mexiko Bundeskanzlerin Angela Merkel Ankunft in Mexiko-Stadt (picture-alliance/dpa/M. Kappeler)
La canciller alemana Angela Merkel es recibida en el aeropuerto de la Ciudad de México por el vicecanciller Carlos de Icaza (09.06.2017)
La canciller alemana, Angela Merkel, sabe que no hay nada que ganar en aislar al presidente estadounidense, Donald Trump, aún más de lo que ha decidido hacer él mismo. Y, con la cumbre del G20 en Alemania a principios de julio, se está agotando el tiempo para unir a las 20 principales economías del mundo en torno a algún tipo de idea de fondo para avanzar. La esperanza de Merkel es que, incluso si la cumbre no crea la unidad, el G20 pueda llegar al menos a "cierta estabilidad". El fracaso –ejemplificado por la brecha pública de Estados Unidos con sus aliados del G7 sobre el cambio climático– no es una opción, lo que no significa que no pueda suceder.
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En busca de aliados
Merkel necesita aliados que estén dispuestos, en los asuntos que ella considera importantes, a hacer lo que dicen. Uno es conseguir un compromiso financiero en el G20 para abordar las condiciones que llevan a tantas personas en África a emigrar.
Merkel sabía que podía encontrar a tales aliados en su viaje a Latinoamérica, donde trató cuidadosamente de evitar la aparición de forjar una alianza anti-Trump.
Alemania puede que no dependa tanto de Estados Unidos como México –el 80 por ciento de las exportaciones de México van al norte de la frontera–, pero los funcionarios de Berlín saben que el país está casi literalmente indefenso sin los Estados Unidos, tanto en lo militar como en lo concerniente a inteligencia antiterrorista.
Mayores lazos comerciales
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Michaela Küfner
La canciller fue recibida como un soplo de aire fresco en Latinoamérica, especialmente en México, donde el constante aluvión de amenazas y humillaciones que salen de Washington ha creado un dolor visible. El presidente Enrique Peña Nieto trató de dar un giro positivo a la renegociación –tal como exigían los Estados Unidos– del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Peña Nieto lo llamó "una gran oportunidad", lo que sonó, no obstante, más bien como un silbido en la oscuridad.
Merkel, en contraste, trajo a México la promesa de lazos comerciales más profundos –junto con una delegación de negocios para respaldar sus palabras–. La canciller, en varias ocasiones, enfatizó que "construir un muro" no acabaría con la migración y que ningún país o líder solo podría enfrentar los retos del mundo. Por lo que surge la duda: ¿Merkel como la "líder del mundo libre"? Ciertamente así les sonó a los que la recibieron. Las presentaciones iban desde "líder importante" hasta "la política más importante del mundo".
La realidad del mercado
 
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A Merkel le preocupa la falta de contrapesos políticos en México

Merkel habló con calma pero fue firme en su compromiso con los mercados libres; no hubo énfasis en los principios. Y es que no había necesidad de eso: de cierto modo, los negocios globales continúan siendo habituales, incluso en la frontera entre México y Estados Unidos, cuyos componentes automotrices siguen cruzando varias veces antes de que un automóvil completo salga de la línea de montaje. Asimismo, los gobernadores estadounidenses saben muy bien que muchos de los empleos en sus estados vienen cortesía de empresas alemanas.
Por debajo del nivel de la Casa Blanca, también hay una aguda comprensión de que cuando Estados Unidos abandone un mercado, otros países, a menudo China, se mudarán. Esa es una realidad del mercado que no deja espacio para la retórica.
Cuando una estudiante mexicana le preguntó a Merkel sobre su tiempo estudiando física, la canciller contó la historia de cómo pasaba tiempo pensando en cómo abordar los desafíos científicos que sus compañeros ya habían tomado. Sus compañeros eran más rápidos que ella pero a menudo fallaban porque no habían pensado bien las cosas. Así, como canciller, Merkel se encuentra una vez más recogiendo las piezas dejadas por un "¿qué pasa si presiono ese botón?", como lo es el actual presidente de Estados Unidos. Pero, así como los compañeros de Merkel no fueron capaces de cambiar las leyes de la física, Donald Trump no cambiará el hecho de que el clima cambia ni las formas en que las naciones hacen negocios. Y entonces la gran pregunta: ¿quién va a decirle eso a Trump? Pero más importante aún: ¿prestaría él atención a tales palabras?
 

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