lunes, 10 de octubre de 2016

Mujica dice que lo critican porque tienen “temor” de que vuelva a ser candidato; apuesta medio millón de dólares a que no lo será

El ex presidente no comparte “esa política de la herencia y que la culpa de todo la tiene el anterior gobierno” y recuerda que él también agarró “el puente cortado en muchos lados”, pero no le echó “la culpa a nadie”
Mujica dice que lo critican porque tienen “temor” de que vuelva a ser candidato; apuesta medio millón de dólares a que no lo será
Nº1887 -  AL  DE OCTUBRE DE 2016
Entrevista de Andrés Danza
José MujicaJOSÉ (Pepe) MUJICA



José Mujica
El teléfono suena en forma constante y casi ininterrumpida. La casilla de mail se satura de mensajes en menos de una semana. El escritorio se llena día tras día de invitaciones a los países más cercanos y a los más remotos; abundan los pedidos de entrevistas de canales, radios y diarios latinoamericanos, europeos y asiáticos. Todo es intensidad y movimiento en la pequeña oficina contigua al despacho del senador José Mujica en un rincón del segundo piso del viejo Palacio Legislativo. Pero al otro lado de la puerta, el ex presidente se toma el aluvión con calma y deja muchos pedidos por el camino. “Es brutal. Si aceptara la mitad de las invitaciones que tengo, no vuelvo más al Uruguay”, asegura.
Elige realizar solo los viajes que incluyan charlas en universidades con los jóvenes y procura que sean cortos, como forma de pasar más tiempo en su chacra ubicada en Rincón del Cerro. Allí está una de sus principales preocupaciones a corto plazo: “terminar de armar” la escuela agraria y donarla al Estado a principios del año próximo para que sea el encargado de administrarla. “Puede haber alguna tranca para la donación porque estoy vivo, pero si es así, la dejo en comodato por 30 años”, anuncia.
Hablar sobre ese presente pero también sobre su futuro inmediato y en especial sobre su pasado como protagonista principal de los distintos períodos de gobierno del Frente Amplio, fue la propuesta que le hizoBúsqueda a Mujica. Aceptó de inmediato con la idea de explicar muchas de sus acciones pasadas, algunas de las cuales hoy están siendo cuestionadas, y referirse a algo que para él se encuentra “en el fondo” de esas críticas que recibe: “el temor” de que vuelva a ser candidato presidencial.
Eso no ocurrirá, asegura, aunque pocos le creen. Sus antecedentes lo perjudican. Por eso, resolvió lanzar durante la entrevista como desafío una apuesta de medio millón de dólares. “El que quiera me avisa y la hacemos pública. Eso sí, si no soy candidato voy a esperar que paguen y lo voy a donar a bienes públicos. (Edgardo) Novick podría apostar, que tiene mucha plata”, retó el ex presidente.
Sobre lo ocurrido durante su mandato, aseguró que no comparte “esa política de la herencia y que la culpa de todo la tiene el anterior gobierno. Yo agarré el puente cortado en muchos lados y no le eché la culpa a nadie. Traté de bancarla como pude”.
—Con la perspectiva de los casi dos años que ya transcurrieron,¿está conforme con lo que pudo lograr durante su gobierno?
—Ayudó bastante a revertir el problema social de la pobreza y especialmente de la pobreza rural. Son cosas que a veces no se tienen en cuenta pero muy importantes. Eso no quiere decir que los trabajadores rurales estén bien, pero están sensiblemente mejor. El interior profundo ha recibido el avance de la electricidad, las medidas sociales y muchas otras mejoras. Hay también una masificación de la enseñanza , que no es todo lo buena que tendría que ser.
—¿Cuando habla de “masificación” se refiere específicamente a la UTU?
—Sí, pero también se dio en otros niveles. El problema con esto es que el sistema político me regaló, una vez más, los prejuicios que tuvo que soportar aquel famoso pintor uruguayo.
—¿Se refiere a Pedro Figari?
—Sí. Su concepción de la enseñanza técnica era un verdadero modelo. Yo, al igual que él, hubiera querido que a la UTU le dieran más libertad y que los centros de UTU del interior se hubieran podido ligar mucho más a lo regional y a lo local.
—¿Y por qué no lo hizo?
—Porque no pude. Fracasé. Me concedieron alguna cosa dentro de la UTU y también la Universidad Tecnológica. Me podría sentir orgulloso porque es la segunda universidad pública que se creó en el país, después de la fundada por Manuel Oribe. Pero es ridículo, yo quería otra cosa. Aunque eso está bien y ayudó indirectamente a que la Universidad central, sobre todo en el período de (Rodrigo) Arocena, se acordara con mucha intensidad de que existe el interior y mejorara su presencia fuera de Montevideo.
—¿Y por qué no se lograron avances en Secundaria?
—Ahí el problema vino de adentro. La centralización de la educación es excesiva. Voy a poner una conclusión provocativa. La reforma que se hizo en los años de (Jorge) Pacheco es negativa por exceso de centralización y nunca la pudimos superar. Lo que necesita la enseñanza es mucha más autonomía y respetar la iniciativa de lo local y lo particular. Ahora hay una verticalización en la organización que complica todo.
—¿Le parece que los involucrados en la enseñanza defienden la reforma de Pacheco?
—Sí, sin ninguna duda. Cuando éramos estudiantes tirábamos piedras contra esa reforma. Ahora, los que están en la enseñanza la defienden. Trancan todos los cambios solo para tratar de mantener ese centralismo que viene desde esa época.
—¿Se impusieron al presidente?
—Intenté dar la pelea pero perdí. No nos dejaron tocar casi nada.
—¿Se esperaba los problemas económicos que surgieron durante el actual período de gobierno?
—Acá hay una vieja discusión. Ha dolido mucho la inversión en las empresas públicas. La cargan como la gran responsable. Los que hacen eso son los viejos privatizadores, que les tienen bronca. Y no digo que estén perfectas. Pero hay que modificar el derecho público, que es muy distinto. Si las empresas públicas desaparecen, el Uruguay no tiene herramientas para combatir el reinado de las transnacionales.
—¿A qué se refiere?
—La peor amenaza que existe para la agricultura del mundo es que Bayer se está comprando a Monsanto y que los chinos se están comprando a Syngenta, por ejemplo. De concretarse, quedaría ese mundo de la semilla e insumos en manos de dos o tres compañías mundiales. Esas empresas terminan teniendo más poder que los gobiernos.
—¿Y cómo relaciona eso con las empresas públicas?
—¿Quién se haría cargo de las empresas públicas? ¿Algún capital nacional? ¡Por favor! Ya vimos lo de (Carlos) Menem en Argentina y está claro en qué termina esto.
—Pero eso no justifica una falta de control a las inversiones de las empresas públicas, que es lo que le recriminan a su gobierno. ¿Qué responde a eso?
—Primero que nada recuerdo que mi vicepresidente era el actual ministro de Economía. Durante mi gobierno no estaba en los detalles del gasto. Pero reconozco que se pudieron haber cometido errores y con el diario del lunes se puede hacer mucho mejor. Eso sí, no acompaño esa política de la herencia y que la culpa de todo la tiene el anterior gobierno. Yo agarré el puente cortado en muchos lados y no le eché la culpa a nadie. Traté de bancarla como pude.
—¿A qué se refiere en concreto?
Heredé el problema de Pluna , por ejemplo. Primero hicieron la alianza con Varig y después se la vendieron a Leadgate y nosotros agarramos los despojos. Y no me puse a quejar. Los gobiernos son así. Me parece que esa es una política facilonga que se adopta. Acepto que hoy existen dificultades pero hay un nivel de reservas importante. La caja no quedó con un cambio, ¿no? Antel no quedó muy mal tampoco. Y pronosticaban que iba a cerrar. Pero es cierto que hay reformas que no se han podido hacer. Tenemos empresas en el derecho privado y otras en el derecho público. Lo que hay que hacer es modificar el derecho público para todas.
—¿Cómo explica los resultados negativos en Ancap registrados durante su gobierno?
—La señora que ahora está conduciendo Ancap con buenos resultados volvió al país porque yo me encargué que la trajeran. Me la encontré en Guadalajara y la vi muy capaz. Estaba trabajando en una multinacional y la trajimos para el asunto de la regasificadora. Ahora, aplaudo que Ancap esté tapando los agujeros. Pero también hay que decir que separaron las inversiones y revisaron el precio del combustible con la paramétrica. Hay que decirla toda.
—¿Eso es lo que justifica las mejoras actuales?
—Hay otra cosa muy importante también que no se dice. Ahora se reconocieron los cuantiosos gastos de transporte y de distribución que durante varios años no se reconocían a Ancap. Eso tenía un valor que pasaba los 600 millones de dólares. Da la casualidad que es casi la misma cifra de lo que hubo que darle a Ancap hace poco. Ahora se reconocen. Y no se dice nada de eso.
—Pero también hubo problemas con algunas inversiones de Ancap.
—Sí, sí. Quedaron un montón de inversiones que fueron útiles y otras que no se terminaron o no tuvieron tan buenos resultados.
—Usted mismo reconoció que hubo “chamboneadas”.
—Y las hubo. Pero más chamboneadas todavía habría si las cosas no se hacían.Ancap no existiría hoy si no hubiéramos hecho lo que hicimos , porque el combustible que producía no se puede usar actualmente.
¿Y el caso de Alur?
Eso lo encontramos hecho. Y está bien porque no había otra respuesta para Bella Unión. Pero eso estaba desde el anterior gobierno. No fuimos nosotros.
—Sin embargo, algunos de los que integraron ese gobierno también cuestionan su manejo de las empresas públicas...
—Sí. Pero yo en su momento, cuando se discutió el tema de las empresas públicas, no estuve con algún proyecto que salió de las entrañas del Frente Amplio y que quería una semiprivatización de Ancap. Hay que recordarlo. Los uruguayos votaron en contra de ese proyecto, que apoyaron algunos frenteamplistas.
—Los entonces senadores Danilo Astori y Alberto Couriel votaron ese proyecto en el Parlamento. ¿A ellos se refiere?
—No solo a ellos. Había un grupo de adentro del Frente a favor y hoy se olvidan de todo aquello.
—Usted habla de algunas “chamboneadas” sobre el tema Ancap. ¿Le consta que no hubo ilegalidades?
—Estoy a lo que la Justicia disponga. Lo que puedo decir es que se pueden haber cometido errores pero se trabajó de buena fe. Los elementos que tengo para confiar en el ministro (Roberto) Kreimerman siguen vigentes.
—¿Por qué menciona a Kreimerman y no a Raúl Sendic?
—Porque era el que estaba a cargo de todo el control de las empresas públicas.
—Su figura adquirió los últimos años una proyección internacional muy importante. ¿Cree que eso beneficia a Uruguay?
—Ayuda a que la gente lo conozca más y eso es importante. Pero después está la agenda de derechos civiles, que también da proyección internacional y sigue en la línea progresista de la historia del Uruguay. No lo inventamos nosotros, pero el reconocimiento del matrimonio igualitario está en la línea del pensamiento de lo que hizo (José) Batlle y Ordóñez en su época. La cuestión del aborto, que tiene tanta resistencia, es una política en defensa de la mujer.
—¿Está conforme con cómo se está implementando la ley de la marihuana en este gobierno?
—Está avanzando, aunque tiene dificultades prácticas porque el proyecto nuestro no fue una liberalización, fue una regulación. Se está trabajando lento pero seguro. Lo veo bien rumbeado. Da la sensación de que el mundo va para ahí en poco tiempo. Todo esto ayudó a que se conociera Uruguay, por el coraje con el que enfrentó estas cosas. Dejó de ser un país pacato. El viejo Batlle también tuvo unos líos bárbaros en su época con la Iglesia, por ejemplo, por el tema del divorcio. Lo criticaban incluso más que a mí. Sé que hay opiniones conservadoras y son válidas. Son terrenos en disputa. Y que quede claro que esto no lo hicimos a favor de la opinión pública.
—¿Por qué aclara eso?
—Porque hay algunos que nos están acusando de populistas. Esto no tiene nada de populismo. Te enfrentás con la opinión pública con esas medidas. La mayoría de los uruguayos estaba en contra. Creo que en el fondo de todas estas críticas hay un temor de que sea candidato a presidente.
—¿Y tienen razón en tener ese temor?
—Me encantaría ser candidato. Sería un cínico si dijera lo contrario. Pero la biología me dijo que no. Me agarró pasado. Si tuviera diez o quince años menos me hago una fiesta. Pero me doy cuenta que no me da. Los números míos son un desastre. Tengo colesterol en pila y creatinina, que muestra un problema en los riñones.
—¿Eso es consecuencia de la vasculitis que tuvo en 2004?
—Claro. Tengo los riñones embromados y no se vuelve para atrás de eso. Además, no puedo tomar medicación contra esas cosas por temor de que me pueda alterar los mecanismos inmunológicos. No me puedo vacunar. Contra mi gusto, me doy cuenta que no me da. Me queda grande biológicamente.
—El problema es que hay mucha gente que no le cree porque algo similar decía antes de ser presidente.
—Es cierto que no me creen. Vamos a hacer una cosa. Hagamos una apuesta. Si los que dicen que voy a ser candidato quieren, apostamos medio millón de dólares.
—¿En público?
—Claro. El que quiera me avisa y la hacemos pública. Eso sí, si no soy candidato voy a esperar que paguen y lo voy a donar a bienes públicos. Novick podría apostar, que tiene mucha plata.
—¿Percibe un corrimiento hacia gobiernos más de derecha a nivel internacional?
—Lo hay. Lo que se está dando más bien en distintas partes del mundo es un corrimiento hacia la extrema derecha, que no es lo mismo. No es lo mismo un conservador que alguien de extrema derecha. En Europa es muy claro eso. Trump es otro ejemplo. Hay una clase media que se siente postergada y se refugia en ese tipo de discursos. Si la globalización de las transnacionales es complicada, la solución de la extrema derecha es peor.
—¿Percibe ese corrimiento también en América Latina?
—Hay un corrimiento hacia la derecha pero no extrema.
—¿Teme que eso tenga un efecto arrastre en Uruguay?
—Me parece que no pero me puedo equivocar. Veo bastante buena la presidencia de Tabaré (Vázquez). El problema es la nomenclatura que va a presentar el Frente.
—¿Qué eventuales candidatos presidenciales está viendo?
—Por ahora a Daniel Martínez y a (Danilo) Astori.
—¿La izquierda en América Latina puede quedar debilitada después de casos de corrupción como el de Brasil?
—Puede afectar pero no es lo más importante. América Latina tiene un gigantesco desafío. O logra un acuerdo federal para crear un espacio común económico, de investigación y una presencia internacional conjunta o es una hoja al viento. Somos menos del 10% de la economía del mundo. No existimos. El problema de la integración latinoamericana es la tarea pendiente más importante. Eso es mucho más importante que ser de izquierda. No sirve ser de izquierda para estar descuartizado. Los gobiernos van y vienen. Hay que arreglar con el que esté y no con el que me gustaría.
—¿Eso usted lo promovió desde su gobierno?
—Todo el mundo sabe que soy de izquierda pero cultivé relaciones con todos los que pude. Tuve hasta una amistad con (el ex presidente chileno Ricardo) Piñera y con (el presidente colombiano Juan Manuel) Santos, que no son de izquierda.
—¿Estuvo bien Vázquez en mantener la relación con Brasil entonces?
—No tenía otra. No podemos darnos el lujo de ignorar a Brasil. No me gusta lo que pasó y lo que hicieron en Brasil, pero la realidad es esa. Si voy a esperar que América Latina toda sea socialista, la integración no va a existir nunca. Y la integración es de vida o muerte en el mundo de hoy. Hay que sumar a todos los países latinoamericanos, desde Argentina hasta Cuba.
—¿Se siente cercano ideológicamente a Venezuela y Cuba?
—No estoy de acuerdo con ningún gobierno que tenga presos políticos. Eso que quede claro. Tienen explicaciones pero para mí esa es una cuestión de principios. Pero la realidad es la realidad y trabajo para mejorarla. Cuando más la enfrentamos peor es, porque más se radicaliza la situación.
—Hablando de presos, ¿se arrepiente de haber traído a los de Guantánamo?
—No me puedo arrepentir de eso porque es una cuestión de principios. No me importó tener a la opinión pública en contra. Tenía que ayudar a distender. Le he dado mucho palo a los gobiernos de Estados Unidos toda mi vida. Cuando veo un gesto de alguien que quiere reparar un desastre, me parece que debe ser respaldado. Siento que alguno de los presos estaba muy alterado y ahora estamos sufriendo las consecuencias. Pero eso no era previsible.
—¿Y en el caso de las familias sirias?
—Ahí me comí la pastilla de la influencia que tiene la comunicación actual. El problema es que se comparan con los que están en Alemania y todos esos países, en sociedades ricas. Acá tienen que trabajar y vivir. Tenían una expectativa que Uruguay no puede cubrir.
—¿Cómo le gustaría que lo recordaran dentro de 50 años?
—Como un viejo republicano.
http://www.busqueda.com.uy/nota/mujica-dice-que-lo-critican-porque-tienen-temor-de-que-vuelva-ser-candidato-apuesta-medio

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