domingo, 6 de diciembre de 2015

Influencias de la voluntad de un estadista 1978-1982 / Por FABIO HERRERA MINIÑO

Por herreraclubnaco[@]gmail.com 
05 diciembre, 2015 2:00 am
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Los dominicanos, en las elecciones de 1978, votaron masivamente por don Antonio Guzmán, candidato del PRD, con el fin de desplazar del poder a Joaquín Balaguer, que ya tenía 12 años controlando la política dominicana y sumergido en un baño de represiones, encarcelamientos y asesinatos de jóvenes izquierdistas de destacada trayectoria política. Los perredeístas, con el binomio Guzmán-Majluta, recibieron un poder cercenado con el famoso Fallo Histórico, pues perdió las senadurías suficientes para que Balaguer controlara el Senado y de esa forma dominar un poder que, como espada de Damocles, pendía sobre el cuello del PRD, que muchos de sus miembros comenzaron casi de inmediato a mostrar sus uñas y dientes para el disfrute del poder.
El gobierno de Guzmán inició su gestión desarrollando un amplio nepotismo al colocar en los puestos claves a destacadas figuras de su familia, así como connotados tecnócratas de Santiago y de la entonces Universidad Católica y Maestra. De esa manera se libraba de colocar los sedientos compañeros de partido que estaban a la caza de los mejores cargos. Pero se adoptaron valientes medidas como fue la limpieza de las Fuerzas Armadas de todos los elementos de reconocida militancia y simpatías balaguerista, y la vez se abrían las puertas de las cárceles a los presos políticos y los puertos de entrada para el regreso de los exiliados de los 12 años de Balaguer.
El país tuvo que acostumbrase a un nuevo estilo de gobierno, en que el dinero se esfumaba en gastos corrientes sin utilidad para el crecimiento, y se escuchaba el anuncio precipitado del presidente Guzmán del petróleo de Charco Largo y el error económico y político de la nacionalización de las operaciones de la Rosario en Cotuí, que abrió las puertas a un proceso de ignorancias y de infantilidades económicas, como gastar millones de pesos en la celebración de esa acción nacionalista con francachelas en el Malecón, mas luego invertir millones de dólares en la instalación de una refinería de oro que luego nadie se responsabilizó de ese fiasco y a la vez crecía el pasivo ambiental por una acelerada contaminación con sulfuros de todas las aguas por una explotación inadecuada de los minerales de los sulfuros y de la transición.
En septiembre de 1979, el país se vio sacudido por el terrible huracán David que ocasionó severos daños por todo el país, dejando las comunidades incomunicadas por varios días y la producción de energía colapsó de manera que todo se agravó con la tormenta Federico que depositó en el suelo quisqueyano millones de toneladas de agua para agravar más la situación. El país se sacudió del desastre e inició un amplio programa de reconstrucción cuyo méritos todavía no han sido reconocidos a los héroes anónimos que se fajaron con titánica voluntad; en pocos meses se restauró el sistema eléctrico en el sur y las carreteras fueron reparadas y las comunidades recuperaron su comunicación vial.
Pese a los avatares que atravesaba el país, los políticos del PRD no perdían tiempo en sus maniobras y se preparaban para las elecciones de 1982 mediante un proceso típico de ellos de estar coreando un rosario de calamidades que amenazaban al país y provocar en el ambiente la sensación de inestabilidad con esas garatas internas que la colectividad se veía atrapada en sus redes.
No obstante ese ambiente político tan denso, el país crecía con nuevas industrias y el turismo iba avanzando con timidez pero con pasos firmes; de manera definitiva la calidad del pelotero dominicano se impuso en las Grandes Ligas y su brillo continúa en aumento hasta el día de hoy. Las ciudades crecían y un nuevo elemento se introdujo con el auge del tráfico de drogas que tenía al país como trampolín para los Estados Unidos y desde la década del 80 ya el comercio ilegal de drogas benefició a muchos y la prosperidad se reflejó en casi todos los pueblos.
Los rumores, que desde el litoral perredeísta actuaban en contra del presidente Guzmán, lo sumieron en un profundo estado depresivo y el 4 de julio de 1982, faltando 43 días para concluir su mandato, optó por el suicidio en una lamentable noche en el Palacio Nacional, dejando al vicepresidente Jacobo Majluta que concluyera su mandato, quien en una frenética carrera contra el tiempo, quiso hacer en tan corto tiempo una labor de gobierno de varios años. http://hoy.com.do/influencias-de-la-voluntad-de-un-estadista-1978-1982-2/

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