jueves, 19 de febrero de 2015

Sapos, patrón del mal y el señor del cielo | POR ALFONSO TORRES

Sapos, patrón del mal y el señor del cielo

Cartel de los sapos 
Una gran parte de la sociedad dominicana se dio la telenovela El cartel de los sapos, un remix de narcopolítica a la colombiana, país con muchos antecedentes en el tema. Pero la narcopolítica queda mejor dibujada en El patrón del mal, telenovela con alta recepción en la juventud dominicana, esa que acaba de decir por medio de una encuesta que la culpa de todo lo malo la tienen los políticos, extendiendo la palabra a todo el contorno de lo político y de la política.
El espacio y el tiempo en que vivimos los dominicanos se ven atravesados por la política narcótica desde finales del siglo pasado, poco a poco y de manera imperceptible la juventud comenzó a experimentar estilos de vida propios de la modernidad occidental donde las drogas, en el sentido amplio del término, constituyen un componente vital.
Es engañoso pensar que las drogas, como se ha querido establecer en algunos ámbitos, fueron introducidas al país por los “yanquis” para sacar a los jóvenes de la lucha revolucionaria, por igual que el fenómeno se deba enteramente a que el país es un puente cuyo pago recibe en especie. No. Las drogas se convirtieron en industria transnacional tras su prohibición y luego de que el alcohol fuera legalizado en los Estados Unidos.
La “guerra contra las drogas” inventada por Ronald Reagan, convirtió al continente latinoamericano en un campo de batalla donde la ciudadanía quedó atrapada entre bandas y grupos hostiles llamados carteles civiles y estatales. El cartel de los saposhace alusión a los significantes de ese mundo y El patrón del mal lo expone en toda su complejidad y crudeza, pero sobre todo en lo tocante a la relación entre el sistema político y los carteles de la droga.
Eso hizo que América Latina dejara de ser aquel macondo pintado por Gabriel García Márquez. Después de los escritos de Santiago Gómez Castro (Colombia), Fernando Mires (Chile), Carcia Canclini (Argentina) y Jorge Volpi (México) se hace difícil mantener la visión ingenua y romántica de las sociedades latinoamericanas. La generación del crack dejó atrás la novela criolla y nacional para desplegar la escritura en clave universal.
El Caribe no es ajeno a esa realidad, no se puede uno escapar del tiempo y del espacio, las drogas son parte de la sociedad y la narcopolítica también.
El Caribe no es ajeno a esa realidad, no se puede uno escapar del tiempo y del espacio, las drogas son parte de la sociedad y la narcopolítica también.
La intervención del capo Quirino Ernesto Paulino Castillo, hombre moreno y guardia de la zona fronteriza del sur dominicano, en los medios y rivalizando con el hombre político más importante del país durante las últimas dos décadas, convierte el caso en referencia obligada para los análisis de las ciencias políticas por venir. Los actores de opinión interpretan el fenómeno como un tema de moralidad pública. Quirino, el capo delincuente, descalificado para hacer oír su voz; Leonel, el sospechoso, pero hombre honesto con una larga trayectoria política, “el activo político más importante del país”, sostienen muchos.
La contradicción no se da en el campo de la oposición real, sino que se presenta como una contradicción lógica pero a la vez metafórica. El que habla es Quirino, una representación del narcotráfico internacional, según el mismo Leonel Fernández en su comunicado de respuesta, quien le cobra al expresidente los maletines llenos de efectivo como pago por su protección. Como se ve, la conversación, si se despoja de todo moralismo y se asume en toda su desnudez (Agamben), dado que el acusado no se atreve a desmentir a su acusador, se da, por el momento, entre dos personas dedicadas al crimen internacional organizado. En los juegos del lenguaje encontramos y descubrimos los juegos de los capos y también los juegos de la narcopolítica.
Si esto se une al alto consumo de estupefacientes que comienza a experimentar la sociedad dominicana con la entrada del siglo XXI, se tiene que en los cerebros de los consumidores se han generado grandes cambios que todavía no han sido estudiados por los investigadores. Aun así, es fácil percatarse de que el consumo de distintas drogas, la narconovela, la narcomúsica y el impacto de las tecnologías han hecho del ser dominicano uno más despierto y cada vez más moca.
Tal vez eso explique que la narcopolitca, de un momento a otro, se haya convertido en el tema más importante de los dominicanos en este momento. Las calles donde se reúne gente, los lugares de comida, las tiendas, los bancos, los salones de belleza, los colmados, los centros de estudio y de trabajo son espacios donde este tema genera infinitas cadenas de significantes, llevando a no pocos a preguntas sin respuestas. El cartel de los sapos y El patrón del mal son dos narconovelas que atraviesan el imaginario colectivo ampliado ahora con la serie mexicano-colombiana El señor del cielo. Es en ese campo semántico donde quizá se podrían encontrar los puntos todavía insondables del enfrentamiento entre Quirino y Leonel.
http://nuestrotiempo.com.do/2015/02/19/sapos-patron-del-mal-y-el-senor-del-cielo/
Alfonso Torres

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Periodista. Ha sido editor de economia de los periodicos Listin Diario y El Caribe, también fue reportero de Hoy y 7dias.com.do.

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