sábado, 9 de junio de 2018

Las crisis sacuden a las grandes potencias occidentales


ESTADOS UNIDOS, ITALIA Y ESPAÑA

Las crisis sacuden a las grandes potencias occidentales

Estados Unidos recomenzó su guerra comercial con China, exsocio principal, y contra aliados históricos como la Unión Europea y México. Italia, tras cuatro días acéfala, tiene el primer gobierno populista de Europa, al que pueden seguir otros países. En España cayó el Partido Popular de Mariano Rajoy tras seis años de “austeridad” merkeliana.

Estados Unidos (EEUU), la primera superpotencia política, militar, económica y cultural del mundo, está gobernada por alguien que busca romper la alianza con China Popular (sobre cuya estabilidad reposa el funcionamiento de la economía global y permitió vencer la Gran Recesión); sólo tiene sonrisas para Vladimir Putin; ha hecho de la relación -que cambia todos los días- con Kim Jong-un su principal política exterior; practicó la mayor reforma fiscal de la historia para favorecer al 1% más rico en detrimento del resto (creando un agujero fiscal que pronto veremos desestabilizar al mundo) y ahora se dedica con intensidad feroz a destruir las relaciones con sus más antiguos aliados históricos, como la Unión Europea (UE), México y Canadá.
La “guerra comercial” desatada para supuestamente abatir el crónico déficit comercial de la Unión (otro de los soportes de la economía mundial, ver cuadro) fue lema de campaña de Trump como supuesta forma de repatriar empresas -no las suyas, claro- y crear más trabajo para los estadounidenses. Tras una primera implementación en marzo pasado, rápidamente neutralizada por exoneraciones pedidas por el Partido Republicano que vencieron el 1º de junio, el presidente reimplantó los aumentos de 25% y 10% a los aranceles al acero y al aluminio, respectivamente, a la UE, México y Canadá. Todos países aliados principales e imprescindibles de la Unión, que pierden así su confianza en ella y anuncian obvias represalias.
Ni el más loco novelista distópico que imaginara un EEUU suicida (que, por ejemplo, hubiera dejado decidir sus elecciones por el gobierno ruso de Vladimir Putin, como señala Paul Krugman en sus conferencias) podría haber soñado peores errores diplomáticos, comerciales y militares: Henry Kissinger y los cuadros profesionales superiores de la Secretaría de Estado, las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia deben haber sufrido varios ataques de nervios.
El secretario de Comercio, Wilbur Ross, no tuvo mejor idea que justificar el aumento de los aranceles con argumentos seudoestratégicos al afirmar que “sin una economía fuerte, no se puede tener una seguridad nacional fuerte, porque el debilitamiento de la industria es un riesgo para la producción o compra de armamento”, razonamiento rápidamente contestado como “insostenible”. EEUU mantuvo la exoneración sobre Argentina, Australia, Brasil y Corea del Sur, mientras los observadores desesperan al comprobar que la supuesta negociación para reformar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan o Nafta, la principal base de poder comercial de la Unión), ha entrado en una vía de indefinición total.
En la Unión Europea (que elaboró como respuesta una lista de 350 productos estadounidenses para sobregravar por un monto de unos 6.400 millones de euros, destinada a equiparar los daños del aumento de aranceles trumpiano), la comisaria de Comercio, Cecilia Malmströn denunció que no hubo negociación, sino “amenaza de restricciones comerciales”, para concluir que “nosotros [‘nosotros’, la cuna de la civilización occidental] no negociamos así. Quien actúa así es Donald Trump, que seguramente sólo piensa en las próximas elecciones legislativas de noviembre y en la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la ‘trama rusa’”.
Cómo será el disgusto europeo que un fiel servidor de Angela Merkel como el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, afirmó que no se trata de negociaciones, sino “puro y simple proteccionismo”, agregando que “Estados Unidos no nos deja otra opción que presentar el caso ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) e imponer más aranceles a una serie de importaciones de ese origen”. El exbanquero Ross le respondió que “China está pagando los aranceles, que entraron en vigor en marzo, y no ha los usado como excusa para no negociar con nosotros; sólo la UE insiste en que no podemos negociar si hay aranceles”, en declaraciones ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Las respuestas, pues, son disímiles: mientras China (que explicaría dos tercios del déficit comercial de EEUU, pero sostiene financieramente a la Unión con sus compras masivas de bonos del Tesoro) prosigue su camino imperial con la parsimonia de quien piensa con perspectivas de cientos de años, Alemania, muy afectada, ofreció incentivos comerciales a EEUU, en tanto que la Francia de Macron (¿habrá vuelto el fantasma del Gral. De Gaulle en los 50 años del Mayo del 68?) señaló que el aumento es “ilegal”, y que no debe negociarse bajo amenazas, y otros países optaron por caminos intermedios ante la superpotencia.
En el propio territorio continental, a la vez que no avanzan las negociaciones del Tlcan o Nafta (firmado el 17 de diciembre de 1992, hace un cuarto de siglo, en medio de una euforia inigualable), el humilladísimo presidente Enrique Peña Nieto (a quien hace poco se le volvió a señalar que “México deberá pagar el muro”), resolvió gravar un conjunto de productos en represalia. Se informó que “México impondrá medidas equivalentes a diversos productos […] hasta un monto equiparable al nivel de la afectación”. Evidentemente, Peña Nieto ha abandonado todo temor, máxime ante la inminencia de las cruciales elecciones federales del 1º de julio, donde las elites empresariales tratan de impedir la victoria del favorito, Andrés Manuel López Obrador, sustentado en partidos de izquierda y derecha, algo similar a lo que ocurre con las coaliciones “antisistema” que surgen en Europa como respuesta a los abusos de los centros de poder tradicionales. 
Europa: el poder cambia de manos
Como se sabe, Italia, que fue cuna del más poderoso y extendido imperio de la Antigüedad, cuya influencia llega hasta nuestros tiempos, es una nación cuya riqueza (es el tercer mayor PIB de la Unión Europea) no depende de sus gobiernos que en alguna época caían todas las semanas.
El 4 de marzo pasado se celebraron elecciones generales, convocadas en diciembre de 2017 por el presidente Sergio Mattarella, perteneciente al Partido Demócrata (PD). Se votaron 630 integrantes de la Cámara de Diputados y los 315 electivos del Senado.
La coalición liderada por la ultraderechista Liga Norte (cuyo líder es Matteo Salvini) ganó la mayoría simple en Diputados y Senadores, en tanto que el anti – sistema Movimiento 5 Estrellas (M5S, fundado por el cómico Beppe Grillo y hoy liderado por Luigi Di Maio, autodefinido como ecologista, antieuro y euroescéptico), resultó el partido más votado. El conglomerado de centroizquierda encabezado por el Partido Demócrata y liderado por el ex primer ministro Matteo Renzi salió tercero.
Tras intentos de formar gobierno, el 17 de mayo el M5S y la Liga Norte llegaron a un acuerdo sobre gabinete y programa, y el 21 de mayo ambos sectores propusieron como nuevo primer ministro al desconocido profesor de Derecho Giuseppe Conte ante el presidente Mattarella. El 21, convocado al Palacio del Quirinal, Conte recibió el mandato de formar gabinete. Pero tuvo la buena idea de nombrar al Dr. Paolo Savona (81 años) un veterano y muy experiente economista como ministro de Economía y Finanzas. Titular de una carrera apabullante, graduado Cum Laude con posgrado en econometría en el MIT, trabajó en el Banco de Italia, Aeropuertos de Roma, Impregilo, Confindustria, OCDE, fue ministro de Industria y Comercio en 1993 y hasta asesoró a la Reserva Federal. Sin embargo, es conocido por sus posiciones antieuro y su afirmación de que “la eurozona fue diseñada a medida para Alemania”. Ante estos datos, el presidente Mattarella no convalidó su nombramiento, y Conte renunció solidariamente con su ministro. El 28 de mayo, Mattarella designó a un exdirector del FMI, el economista Carlo Cottarelli) como primer ministro, pero ante la falta de apoyo parlamentario, el presidente volvió a convocar a Salvini y Di Maio, quienes trajeron nuevamente a Conte. El 1º de junio se instaló el nuevo gobierno italiano con el profesor Giuseppe Conte como primer ministro y Di Maio y Salvini como vicepresidentes del gobierno, ocupando también las carteras de ministro de Desarrollo Económico y Empleo, y del Interior, respectivamente. En la lista de 18 ministros figuran Paolo Savona (ahora como Ministro de Asuntos Europeos); y entre las primeras medidas figura la revisión de la situación de unos 500.000 inmigrantes indocumentados, que pueden ser expulsados. Se espera también que la inmigración sea formalmente cerrada y el recorte de los fondos destinados a su ayuda. Lorenzo Fontana, ministro de Familia y Discapacidad, pertenece a la Liga Norte y es un férreo defensor de la familia “tradicional” y enemigo mortal del aborto. Todo indica que días movidos aguardan a Italia, pero acaso sus políticas sean seguidas por otros gobiernos y por numerosos sectores políticos que crecen en Europa. Al respecto, el exministro griego Yanis Varoufakis escribió un artículo titulado ‘El escarmiento de Merkel es la desgracia de Europa y del mundo’, en el que afirma: “La incapacidad de Europa para poner en orden sus asuntos engendró una nueva mayoría italiana con planes de expulsar a medio millón de migrantes, lo que daría nuevos bríos al racismo combativo en Hungría, Polonia, Francia, Gran Bretaña, Países Bajos y, obviamente, Alemania misma”.
Los días agitados vienen para toda Europa
 España: la corrupción voltea al Partido Popular
El 2 de junio, el secretario general del Partido Socialista Obrero Español, economista Pedro Sánchez (46 años), “prometió” en el Palacio de la Zarzuela, su cargo de presidente del Gobierno ante el rey de España, Felipe VI, en una ceremonia que excluyó todo símbolo religioso. Terminaban así los seis interminables años de la “austeridad” de Mariano Rajoy, fiel servidor de los mandatos de Angela Merkel, que mantuvieron a España en recesión, desempleo y miseria hasta que el impulso de BCE estimuló una tímida recuperación. Culminó así, rápidamente, la caída del Partido Popular tras una histórica moción de censura originada en los múltiples casos de corrupción que lo acosan. Fue aprobada por 180 votos a favor, 169 en contra y una abstención y apoyada por el PSOE, Unidos Podemos y los grupos nacionalistas e independentistas del País Vasco y Cataluña. La moción se produjo al conocerse, hace diez días, la sentencia judicial del caso Gürtel y las implicancias del Partido Popular. El caso Gürtel se centra en una trama de contratos entre empresarios y altos funcionarios del Partido Popular durante varios años. Las acusaciones son de blanqueo de capitales, tráfico de influencias, cohecho y fraude fiscal: 29 de los 37 acusados fueron declarados culpables de evasión impositiva, fraude, lavado de dinero, malversación de fondos públicos, abuso de poder y otros delitos y condenados a 351 años de prisión en total. Rajoy disfrutaba de la aprobación del Presupuesto cuando fue sorprendido por las sentencias que generaron un aluvión crítico contra el PP, que acumula otros fallos judiciales adversos sobre altos funcionarios por delitos de corrupción. En pocas horas la situación cambió y Rajoy y el PP pasaron a ser señalados como protagonistas principales de sonoro caso de corrupción. En poco más de un año, el doctor en Economía Pedro Sánchez se ha convertido en primer ministro de España. Como ocurre con los líderes del PSOE, el nuevo mandatario no ofrece sorpresas ideológicas. En sus primeras declaraciones (sabiendo que cuenta con 84 diputados en 350), afirmó: “Soy consciente de la responsabilidad que asumo y del momento político tan complejo que vive nuestro país […] voy a abordar todos los desafíos que tiene nuestro país con humildad, con entrega y con mucha determinación. Primero, para transformar y modernizar el país, que es lo que ha hecho siempre el Partido Socialista cuando ha gobernado. Y, en segundo lugar, para atender las urgencias sociales de muchísima gente que sufre precariedad y que sufre desigualdad”. Manifestó que su gobierno respetará los presupuestos recién aprobados, y que tendrá como prioridad cumplir los compromisos europeos de estabilidad presupuestaria. Ninguna idea nueva, ninguna impugnación a los poderes reales que tienen maniatada a Europa, nada nuevo bajo el sol. Pero también aquí habrá tormentas.
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