jueves, 26 de marzo de 2026

Presidente Abinader reafirma la integridad como eje estratégico del Estado en Foro Global Anticorrupción en París


Presidente Abinader
Presidente Abinader reafirma la integridad como eje estratégico del Estado en Foro Global Anticorrupción en París

El mandatario aseguró que la integridad fortalece la confianza ciudadana, la estabilidad institucional y el desarrollo económico.

Relaciones exteriores
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París, Francia.– El presidente Luis Abinader afirmó que la integridad constituye un principio fundamental de su gobierno y un pilar esencial para el desarrollo económico y democrático del país, implementándose con un enfoque basado en cuatro pilares: prevención, transparencia, coordinación y cumplimiento.

Estas consideraciones las pronunció durante su intervención en el Foro Global Anticorrupción e Integridad de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en París.

El presidente Abinader sigue afianzando su gobierno ante organismos internacionales al ejecutar en su gestión prácticas de transparencia, políticas de integridad y de institucionalidad.

En su discurso ante el Foro Global Anticorrupción, el presidente Abinader busca posicionar a la República Dominicana como actor comprometido con la integridad, la transparencia y la buena gobernanza, presentando los avances y prioridades nacionales en la materia y reafirmando el compromiso del país con la cooperación internacional.

Al destacar que la integridad “no es un eslogan”, sino un sistema de gobernanza basado en el Estado de derecho, la transparencia y la rendición de cuentas universal, subrayó que esta fortalece la confianza ciudadana y la estabilidad institucional; pero cuando falla, erosiona la legitimidad del Estado y distorsiona el ejercicio del poder.

“La corrupción actúa como un impuesto invisible que aumenta los costos, distorsiona la competencia, desalienta la inversión y reduce la productividad”, expresó el jefe de Estado. 

Al ampliar los cuatro pilares mencionados anteriormente, el presidente Abinader dijo que en materia de prevención se han establecido Comisiones de Integridad y Cumplimiento en todo el Gobierno para identificar riesgos y fortalecer controles internos. Sobre la transparencia, enfatizó que no basta con publicar información, sino que esta debe ser accesible, estructurada y útil para los ciudadanos.

Asimismo, destacó que la coordinación es el mecanismo central para alinear las políticas de prevención, transparencia y lucha anticorrupción en todo el Estado. Finalmente, el cuarto eje, siendo este el cumplimiento, es la aplicación de la ley de manera indiscriminada.

En ese contexto, resaltó la designación de una procuradora general independiente y la posterior reforma constitucional que elimina la facultad del presidente de nombrar directamente a esa autoridad, porque “la justicia no es un instrumento del Gobierno”.

Además, señaló que en el país actualmente existen procesos judiciales en curso relacionados con casos de presunta gran corrupción, permitiendo a los ciudadanos creer en investigaciones que avanzan y que nadie está por encima de la ley. 

Compromiso a largo plazo y cultura institucional

En su intervención, el presidente Abinader reconoció el liderazgo de Milagros Ortiz Bosch, directora de Ética e Integridad Gubernamental, y sus esfuerzos a nivel nacional, alineando la República Dominicana con los estándares de la OCDE, al dedicar su vida al servicio público transparente.

Finalmente, el presidente concluyó que la integridad es un activo estratégico para el desarrollo, al generar confianza, fomentar la inversión y la innovación, y fortalecer las instituciones democráticas.

Además, estuvieron presentes los ministros de la Presidencia, José Ignacio Paliza; de Relaciones Exteriores, Roberto Álvarez, y de Educación, Luis Miguel De Camps.

https://presidencia.gob.do/noticias/presidente-abinader-reafirma-la-integridad-como-eje-estrategico-del-estado-en-foro-global

🇩🇴🤝🌍 Integridad como eje del desarrollo

Desde París 🇫🇷, el presidente Luis Abinader reafirmó ante el Foro Global Anticorrupción de la OCDE que la integridad no es un eslogan, sino un sistema de gobernanza que fortalece la confianza ciudadana, la estabilidad institucional y el crecimiento económico 📈⚖️.

Con un enfoque basado en prevención, transparencia, coordinación y cumplimiento, RD se posiciona como un país comprometido con la buena gobernanza, el Estado de derecho y la cooperación internacional 🤜🤛.

“La corrupción es un impuesto invisible que frena la inversión y el desarrollo”, recordó el mandatario, destacando avances en justicia independiente y rendición de cuentas ✅🔍.

#Integridad #Transparencia #BuenaGobernanza #OCDE #RDEnElMundo #EstadoDeDerecho #Anticorrupción #GobiernoAbierto

Integridad sin espectáculo: cuando la anticorrupción se vuelve estrategia de Estado

En París, ante el Foro Global Anticorrupción e Integridad de la OCDE, el presidente Luis Abinader colocó una idea que debería dejar de ser consigna para convertirse en rutina institucional: la integridad no es un eslogan, es un sistema de gobernanza. Dicho así, suena obvio. Pero en sociedades donde la corrupción se normaliza como “costo operativo” o se usa como arma política, esa afirmación funciona como una línea divisoria: o se construye Estado, o se administra la desconfianza. [presidencia.gob.do], [oecd-events.org]

El contexto importa. La OCDE convocó este foro (23–27 de marzo de 2026) bajo un tema que revela un giro interesante: “la ventaja de la integridad” como motor de competitividad y prosperidad, no solo como “candado” moral. En otras palabras, el mundo está diciendo que la anticorrupción no es un adorno ético, sino una infraestructura invisible para el crecimiento: reduce fraudes, mejora decisiones y fortalece la confianza del inversionista. Al intervenir en ese escenario, República Dominicana no solo “asiste”; busca hablar el lenguaje de los estándares, de la medición y de la coherencia. [oecd-events.org], [presidencia.gob.do]

El mensaje presidencial fue, además, deliberadamente económico: la corrupción —advirtió— opera como “un impuesto invisible” que distorsiona la competencia, eleva costos, desalienta inversión y baja productividad. Esa metáfora es precisa porque describe un fenómeno que no aparece en el recibo, pero se paga en cada trámite opaco, en cada licitación amañada, en cada justicia selectiva. Y cuando un país paga ese “impuesto”, termina financiando su propio atraso: menos innovación, menos inversión, menos calidad de servicios públicos, menos legitimidad. [presidencia.gob.do], [oecd-events.org]

Ahora bien, una editorial responsable no se queda en lo declarativo: pregunta por el cómo. Abinader presentó un enfoque de cuatro pilares —prevención, transparencia, coordinación y cumplimiento— y ahí está el verdadero reto. La prevención se traduce en arquitectura interna: Comisiones de Integridad y Cumplimiento capaces de mapear riesgos y fortalecer controles antes de que estalle el escándalo. La transparencia, dijo, no es “subir PDFs” sino producir información accesible, estructurada y útil para la ciudadanía. La coordinación busca evitar el clásico “cada quien por su lado”, donde los esfuerzos se dispersan. Y el cumplimiento exige lo más difícil: aplicar la ley sin excepción, porque el privilegio es la forma más cara de corrupción. [presidencia.gob.do], [oecd-events.org]

En el discurso, hubo dos señales institucionales de alto voltaje: la reafirmación de una procuraduría independiente y la mención de una reforma constitucional que elimina la facultad del presidente de nombrar directamente a esa autoridad, sustentada en una frase que resume el dilema de nuestra región: “la justicia no es un instrumento del Gobierno”. La relevancia de ese punto es simple: sin persecución penal confiable y sin reglas que reduzcan la captura política, la anticorrupción se convierte en teatro o en revancha. Con independencia, en cambio, puede convertirse en cultura de Estado. [presidencia.gob.do], [oecd-events.org]

También es significativo que el presidente reconociera el liderazgo de Milagros Ortiz Bosch desde la Dirección General de Ética e Integridad Gubernamental (DIGEIG), porque la integridad no depende solo de fiscales y jueces; depende de sistemas, de formación, de trazabilidad, de controles y de incentivos. Ortiz Bosch ocupa un rol formal como directora general y asesora en ética, transparencia y anticorrupción, y su trayectoria pública se ha vinculado históricamente a reformas institucionales. Ese reconocimiento no es decorativo: sugiere que el Ejecutivo intenta articular la integridad como política pública transversal, no como reacción episódica. [presidencia.gob.do], [digeig.gob.do]

Sin embargo, el punto decisivo de toda agenda anticorrupción es la credibilidad. Y la credibilidad no se decreta: se gana con evidencia, continuidad y resultados verificables. Si el foro de la OCDE insiste en que la integridad puede “potenciar competitividad y prosperidad”, entonces el país debe ser capaz de mostrar, con datos, que sus pilares se traducen en: mejores compras públicas, tiempos más cortos en trámites, mayor apertura de información, sanciones consistentes y percepción ciudadana en ascenso. La reputación internacional ayuda, pero la confianza doméstica es la que sostiene a las democracias. [oecd-events.org], [presidencia.gob.do]

Por eso, más que celebrar discursos —por necesarios que sean— conviene fijar una vara. Si la integridad es “activo estratégico”, debe administrarse como tal: con métricas, auditorías, interoperabilidad, protección a denunciantes, profesionalización del servicio público y una justicia que no negocie con el poder. Y si la corrupción es “impuesto invisible”, entonces la tarea de un gobierno moderno es reducirlo como se reduce cualquier carga que frena la economía: eliminando la discrecionalidad, simplificando procesos, digitalizando con controles, y elevando el costo real de violar la ley. [presidencia.gob.do], [oecd-events.org]

La República Dominicana tiene una oportunidad: convertir la integridad en ventaja competitiva. Pero esa ventaja solo se consolida cuando la anticorrupción deja de ser narrativa y pasa a ser procedimiento, sistema, institución y hábito.

EDITORIAL: Luis Orlando Díaz Vólquez


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Promipyme mantiene tasas del 12% y prevé créditos para mipymes pese a turbulencia económica global

Promipyme mantiene tasas del 12% y prevé créditos para mipymes pese a turbulencia económica global

Santo Domingo, R.D., 25 de marzo de 2025.-El director general del Consejo Nacional de Promoción y Apoyo a la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Promipyme), Fabricio Gómez Mazara, afirmó este miércoles que la entidad dispone de recursos suficientes para financiar a los microempresarios dominicanos y mantendrá una tasa de interés del 12% en préstamos superiores a 150,000 pesos, en un contexto de ajuste monetario global.

“Promipyme ha actuado de manera contracíclica frente a las medidas del Banco Central”, sostuvo el funcionario durante una entrevista en el programa El Gobierno de la Mañana, de la emisora Z101, donde explicó que la institución recibió el año pasado una capitalización de 1,500 millones de pesos que garantiza la disponibilidad de crédito para el sector.

Gómez Mazara atribuyó las presiones económicas actuales a una cadena de choques externos —la pandemia del COVID-19, la guerra entre Rusia y Ucrania y la volatilidad de los mercados internacionales— y sostuvo que ningún gobierno en la historia democrática del país había enfrentado simultáneamente tantos factores adversos de origen externo.

Pese a ese escenario, el funcionario descartó una crisis económica profunda en la República Dominicana y llamó a la calma, aunque recomendó a los emprendedores revisar y ajustar sus modelos de negocio para adaptarse a los cambios del entorno.

En materia de empleo y competitividad, Gómez Mazara advirtió que el avance de la inteligencia artificial exigirá una fuerza laboral con mayor capacidad de pensamiento crítico, y subrayó la necesidad de que el Gobierno continúe promoviendo incentivos económicos para sostener el crecimiento del país frente a los factores externos.

Primera dama participará en encuentro internacional sobre el futuro digital de la niñez

 Relaciones exteriores

Primera dama participará en encuentro internacional sobre el futuro digital de la niñez

Con su presencia en este foro, la primera dama Raquel Arbaje refuerza la posición del país como actor activo en la conversación global sobre el futuro de la educación y el bienestar infantil en la era digital.

Energia
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Santo Domingo.- La primera dama Raquel Arbaje, participará en el encuentro inaugural de la Coalición Global Fomentando el Futuro Juntos, que se celebrará en Washington D.C., Estados Unidos, los días 24 y 25 de este mes.

Este espacio internacional, impulsado por la Oficina de la Primera Dama de los Estados Unidos Melania Trump y el Departamento de Estado, reunirá a primeras damas, expertos, organizaciones y representantes del sector tecnológico para abordar los principales desafíos y oportunidades que enfrentan los niños y niñas en la era digital.

La primera dama viaja acompañada de  Ancell Scheker, viceministra de Asuntos Técnicos y Pedagógicos del Ministerio de Educación; de Luis Madera, viceministro de Coordinación y Seguimiento del Gobierno, y de Nancy Handal de Mejía, coordinadora de la Oficina de la Primera Dama.

Durante el encuentro, la participación de la República Dominicana estará centrada en los avances y esfuerzos en materia de tecnología educativa. En su presentación, la primera dama Raquel Arbaje destacará cómo el país ha asumido el desafío de la transformación digital como una oportunidad para fortalecer su sistema educativo, evolucionando hacia un modelo basado en competencias que prioriza el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la adaptación a los cambios.

Asimismo, abordará el papel de la tecnología como eje transversal del currículo educativo dominicano, acompañado de procesos de formación docente que garantizan su integración efectiva en las aulas. Estas acciones forman parte de la Estrategia Nacional de Educación Digital, que impulsa iniciativas en áreas como el pensamiento computacional, la inteligencia artificial y el desarrollo de habilidades del siglo XXI.

En la reunión participarán representantes de 45 países para articular compromisos concretos en torno a la educación digital y la protección de la niñez en el entorno en línea. Entre las empresas tecnológicas participantes figuran OpenAI, Microsoft, Meta, Google, Adobe, xAI, Palantir y Zoom Communications.

Con su presencia en este foro, la primera dama Raquel Arbaje refuerza la posición del  país como actor activo en la conversación global sobre el futuro de la educación y el bienestar infantil en la era digital.

Sobre Fomentando el Futuro Juntos

Fomentando el Futuro Juntos es una coalición global impulsada por la primera dama Melania Trump con el objetivo de garantizar que cada niño y niña pueda crecer, aprender y prosperar en la era digital, con acceso a tecnología educativa de calidad y protección real ante los riesgos del entorno en línea. 

La iniciativa articula el compromiso conjunto de gobiernos y empresas tecnológicas líderes a nivel mundial.

La agenda del evento incluye una sesión de trabajo el 24 de marzo, enfocada en el intercambio de experiencias, herramientas innovadoras y estrategias prácticas en áreas como inteligencia artificial aplicada a la educación, alfabetización digital, seguridad en línea y uso de tecnologías educativas.

El 25 de marzo se celebrará una reunión de alto nivel en la Casa Blanca, donde las primeras damas participantes compartirán compromisos y acciones concretas para promover el bienestar de la niñez en el entorno digital, así como fortalecer la cooperación internacional en este ámbito.

https://presidencia.gob.do/noticias/primera-dama-participara-en-encuentro-internacional-sobre-el-futuro-digital-de-la-ninez

Opinión

Educación digital con rostro humano: República Dominicana en la conversación global sobre la niñez

La participación de la primera dama Raquel Arbaje en el encuentro inaugural de la Coalición Global Fomentando el Futuro Juntos, en Washington D.C., trasciende la agenda protocolar y se inscribe en un debate estratégico de alcance global: cómo garantizar que la revolución digital sea una palanca de desarrollo para la niñez y no una nueva fuente de exclusión, riesgos o desigualdades. En un momento en que la tecnología redefine la forma de aprender, socializar y crecer, la presencia dominicana en este foro envía una señal clara de compromiso con una transformación educativa responsable y centrada en las personas.

Que la República Dominicana forme parte de un espacio impulsado por la Oficina de la Primera Dama de los Estados Unidos y el Departamento de Estado, junto a representantes de 45 países y empresas tecnológicas líderes, no es un hecho menor. Implica el reconocimiento de avances concretos en materia de educación digital y, al mismo tiempo, la voluntad de asumir responsabilidades en una agenda que exige cooperación internacional, regulación inteligente y visión de largo plazo. La niñez digital no es un fenómeno local: es un desafío compartido que requiere respuestas coordinadas.

En ese contexto, la intervención de Raquel Arbaje apunta al corazón del debate contemporáneo sobre educación. La transición hacia un modelo basado en competencias —que prioriza el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la capacidad de adaptación— no responde a una moda tecnológica, sino a una necesidad estructural. Preparar a los estudiantes para un entorno cambiante implica ir más allá del acceso a dispositivos y conectividad; supone repensar currículos, metodologías y el rol del docente en un ecosistema donde la información abunda, pero el pensamiento reflexivo escasea.

La Estrategia Nacional de Educación Digital, presentada como eje de la participación dominicana, coloca la tecnología como un componente transversal del sistema educativo, no como un complemento accesorio. Iniciativas vinculadas al pensamiento computacional, la inteligencia artificial y las habilidades del siglo XXI muestran una comprensión cada vez más madura del reto: la digitalización efectiva solo es posible si se acompaña de formación docente, evaluación pedagógica y una visión ética sobre el uso de las herramientas tecnológicas en el aula.

Pero el encuentro en Washington no se limita a compartir buenas prácticas. También pone sobre la mesa los riesgos del entorno digital, especialmente para niños, niñas y adolescentes. La presencia de empresas como OpenAI, Microsoft, Google, Meta o Zoom subraya una realidad ineludible: el futuro digital de la niñez no puede construirse sin el sector privado, pero tampoco puede quedar exclusivamente en sus manos. La protección frente a contenidos nocivos, la privacidad de los datos y la seguridad en línea requieren marcos de corresponsabilidad donde Estados y empresas asuman compromisos verificables.

En ese sentido, la participación dominicana adquiere un valor adicional. Al integrarse a una coalición global que articula gobiernos y compañías tecnológicas, el país no solo expone sus avances, sino que también se posiciona como interlocutor en la definición de estándares y principios para la educación digital. Es una oportunidad para influir, aprender y ajustar políticas públicas a partir de experiencias comparadas, sin perder de vista las realidades locales.

La agenda del evento —con sesiones técnicas y una reunión de alto nivel en la Casa Blanca— apunta a compromisos concretos, no a declaraciones abstractas. Ese enfoque práctico es clave. La alfabetización digital, la inteligencia artificial aplicada a la educación y la seguridad en línea son campos donde las decisiones que se tomen hoy tendrán efectos duraderos en el desarrollo cognitivo, social y emocional de las nuevas generaciones.

En definitiva, la participación de la primera dama Raquel Arbaje en este foro internacional refuerza una idea central: la transformación digital del sistema educativo no es solo un proyecto tecnológico, sino un proyecto país. Uno que exige liderazgo, coherencia institucional y una visión ética que coloque a la niñez en el centro. En la era digital, el verdadero progreso no se mide por la sofisticación de las herramientas, sino por la capacidad de utilizarlas para formar ciudadanos críticos, protegidos y preparados para construir un futuro más justo.

EDITORIAL: Luis Orlando Díaz Vólquez

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Meta RD 2036 en la encrucijada del desarrollo: competitividad ejecutable, psicopolítica digital y orden global en transición

Meta RD 2036 en la encrucijada del desarrollo: competitividad ejecutable, psicopolítica digital y orden global en transición

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Meta RD 2036 no es una consigna ni un simple “plan de gobierno”: es una apuesta estatal explícita por acelerar el tránsito dominicano hacia el “desarrollo pleno”, con la ambición de duplicar el PIB real en un horizonte de 12 años, lo que supone sostener un crecimiento promedio cercano al 6% anual. Esa apuesta, además, se formaliza con un diseño institucional que importa: el Poder Ejecutivo creó la Comisión Meta RD 2036 mediante el Decreto 337‑24, con el propósito de identificar reformas y acciones necesarias para alcanzar la meta y articularlas con las estrategias nacionales vigentes. En un país donde los diagnósticos abundan, pero la ejecución suele ser el talón de Aquiles, el hecho de que el proyecto nazca con gobernanza, comités sectoriales y una Unidad de Gestión de Resultados para seguimiento y destrabe es una diferencia sustantiva frente a la tradición de planes que se anuncian bien y se implementan poco. 

Luis Abinader, presidente de la República Dominicana

El propio documento metodológico del programa ofrece una honestidad rara en la planificación pública: reconoce que, aunque República Dominicana ha crecido con vigor durante décadas, la productividad ha aportado relativamente poco al crecimiento agregado en comparación con la acumulación de capital físico y humano, y advierte sobre el riesgo de caer en la “trampa del ingreso medio” si no se emprenden reformas de segunda generación. En ese punto, Meta RD 2036 se presenta como un intento de reescribir el guion del desarrollo: pasar de un modelo que crece por inercia y por inversión a uno que crece por productividad, innovación, mejor capital humano y un Estado más eficaz. Esa narrativa se refuerza en los documentos operativos del plan, donde se describen comités por sectores (energía, logística, turismo, zonas francas, tecnología, agro, industria, MIPYMES, entre otros) y se listan iniciativas priorizadas para la primera fase, con una lógica de priorización y seguimiento.

Sin embargo, el debate serio sobre Meta RD 2036 no puede quedarse en metas macro o en catálogos de iniciativas. Debe incorporar una lectura sobre poder, subjetividad y orden global, porque el desarrollo contemporáneo ocurre en un ecosistema donde datos, plataformas e inteligencia artificial reconfiguran coordinación estatal, productividad, legitimidad y ciudadanía. En otras palabras, el desafío no es solo crecer más; es crecer mejor sin perder cohesión social, y hacerlo en un mundo que vive tensiones geopolíticas, volatilidad de mercados y una aceleración tecnológica que cambia la naturaleza del trabajo y de la política. Para esa lectura ampliada, resultan útiles cuatro lentes intelectuales que, bien articulados, convierten el debate en una brújula: Peter A. Prazmowski y su obsesión con la brecha entre planificación y ejecución; Byung‑Chul Han y su crítica de la psicopolítica del rendimiento; Yuval Noaḥ Harari y sus alertas sobre algoritmos, narrativas y “clases irrelevantes”; y Henry Kissinger y su lectura de la IA como fuerza que reconfigura conocimiento, seguridad y orden mundial.

Peter A. Prazmowski 

Prazmowski ha descrito Meta RD 2036 como una “plataforma dinámica permanente” de cocreación público‑privada orientada a priorizar acciones de alto impacto y resolver problemas históricos de desconfianza, coordinación y ejecución. En su presentación ante CEPAL, insistió en que la política productiva moderna debe cerrar la brecha entre planificación y ejecución, porque el crecimiento no ocurre solo por diseñar reformas, sino por destrabar y sostener su implementación en el tiempo. Ese enfoque es el corazón “duro” del plan: comités que permiten flujo de información, priorización, trazabilidad, retroalimentación y disciplina de seguimiento para evitar el cementerio de reformas. No es casual, por tanto, que el propio informe operativo advierta que el éxito dependerá de continuidad del liderazgo político, voluntad de implementación y monitoreo riguroso de resultados, es decir, de sostener la ejecución como cultura de Estado

Pero si esa es la lógica de la ejecución, Byung‑Chul Han obliga a preguntarnos por el costo humano de la productividad cuando se transforma en religión social. En The Burnout Society, Han sostiene que la modernidad tardía mutó de una sociedad disciplinaria a una sociedad del rendimiento, donde el individuo se autoexige, se autoexplota y termina agotado, deprimido o hiperdistraído, no por falta de libertad, sino por exceso de “positividad” y presión para producir. En Psychopolitics, profundiza: la tecnología y el Big Data abren formas de poder “amables”, capaces de dirigir conductas y emociones sin necesidad de coerción visible, convirtiendo la libertad percibida en una coacción interiorizada. Aplicado al Estado y a los planes de competitividad, el riesgo es evidente: que la narrativa del crecimiento y la eficiencia derive en una gobernanza por rendimiento que mida todo, acelere todo y olvide lo esencial, transformando el bienestar en una variable secundaria cuando debería ser el propósito central.

Ese es el punto donde Meta RD 2036 debe “blindarse” a sí misma: si la ciudadanía no percibe mejoras en la calidad de vida, el crecimiento puede ser real y, aun así, políticamente frágil. De hecho, las presentaciones oficiales y la comunicación institucional ya han incorporado metas de bienestar concretas para 2028 y 2036, como aumento de esperanza de vida, mejora de años efectivos de aprendizaje, reducción de pobreza multidimensional rural, incremento de formalidad laboral, reducción de vulnerabilidad climática y mejora de la efectividad del gobierno. En otras palabras, el plan no solo promete crecer: promete que ese crecimiento se traduzca en vida más larga, aprendizaje más efectivo, menos pobreza rural y un Estado más capaz. El reto, entonces, no es inventar bienestar, sino medirlo de forma creíble y periódica para que no se convierta en un “eslogan” dentro del plan. 

Aquí conviene ser específicos: ¿cómo se medirá el bienestar en Meta RD 2036? Primero, por el propio set de objetivos transformadores ya divulgado, que funciona como una columna vertebral de resultados sociales (esperanza de vida, aprendizaje efectivo, pobreza multidimensional, formalidad, vulnerabilidad, efectividad del gobierno). Segundo, por la arquitectura de gobernanza y seguimiento que se ha descrito públicamente como un sistema que incluye instancias de coordinación, unidades de cumplimiento y evaluación del desempeño institucional, con la intención explícita de asegurar resultados medibles. Tercero, por la conveniencia estratégica de alinear el tablero nacional con marcos internacionales de bienestar “más allá del PIB”, como el Better Life Index de la OCDE, que compara bienestar en 11 dimensiones y permite evaluar calidad de vida, no solo crecimiento agregado. Si Meta RD 2036 aspira a estándares de economías desarrolladas, debe medir como miden las economías desarrolladas: no basta con “cuánto crecemos”; hay que responder “cómo se vive ese crecimiento” y “quiénes quedan fuera”. 

Esa medición, además, tiene una función política saludable: reduce el espacio para la psicopolítica del rendimiento que denuncia Han, porque obliga al Estado a equilibrar productividad con bienestar, eficiencia con dignidad, y velocidad con confianza. Una Meta RD 2036 que publique un tablero de bienestar con metas, periodicidad, metodología y responsables, y que lo actualice con la disciplina con que se actualizan los indicadores macro, blindaría su legitimidad social y convertiría la rendición de cuentas en cultura. En esa dirección, el anclaje a instrumentos nacionales de planificación y evaluación también es clave, porque la Estrategia Nacional de Desarrollo (Ley 1‑12) establece articulación de políticas públicas con objetivos y metas de largo plazo y refuerza la lógica de monitoreo, evaluación y continuidad.

La segunda dimensión que Meta RD 2036 debe blindar, si quiere ser realmente “transformadora”, es la educación. Y aquí la tesis es dura pero simple: sin educación de calidad, no existe salto a ingreso alto; existe, a lo sumo, un crecimiento que se agota o se vuelve desigual. El documento metodológico es explícito al destacar la brecha entre años de escolaridad y “años efectivos” de aprendizaje, y al colocar el capital humano como determinante central de la productividad, la inversión y la complejidad económica. Por eso no sorprende que, entre los objetivos priorizados, aparezca la meta de elevar los años efectivos de aprendizaje hacia 2036, además de iniciativas para alinear formación técnica y profesional con la demanda productiva.

La educación juega, entonces, tres papeles simultáneos en RD 2036. Primero, es el motor de productividad: sin habilidades, no hay sofisticación sectorial ni innovación, y el plan lo reconoce al ligar reformas de segunda generación con capital humano y adopción tecnológica. Segundo, es la política más potente de inclusión: en un país donde la informalidad y la desigualdad pueden persistir aun con crecimiento, la educación de calidad es el canal más estable para movilidad social. Tercero, es la política de seguridad social del siglo XXI: en la economía algorítmica que describe Harari, la falta de reconversión y adaptabilidad puede producir una “clase irrelevante” desplazada por automatización, y evitarlo exige capacidades para aprender a reaprender.

Aquí Harari aporta una advertencia que no deberíamos leer como ciencia ficción, sino como economía política: cuando algoritmos y automatización desplazan tareas y rediseñan mercados, el peligro no es solo el desempleo, sino la pérdida de agencia de sectores enteros que no pueden competir o adaptarse. Por eso, educación en Meta RD 2036 no puede ser solo cobertura escolar: debe ser capacidad adaptativa y digital, pensamiento crítico, alfabetización informacional y movilidad laboral. Y esto no es una abstracción: en balances recientes sobre avances del programa se destacó progreso en formación de capital humano alineado a demandas productivas mediante expansión de liceos técnicos y becas en áreas STEM, precisamente el tipo de acción que traduce visión en empleabilidad real. 

Además, existe un instrumento nacional que debe convertirse en aliado estructural de Meta RD 2036: la Agenda Digital 2030, aprobada como estrategia de transformación digital hasta 2030, con ejes que incluyen “Educación y capacidades digitales”, “Gobierno digital” y “Ciberseguridad”, entre otros. La Agenda Digital 2030 define un camino hacia una sociedad digital abierta e inclusiva, y su diseño institucional contempla planes de acción y evaluaciones periódicas, lo cual puede servir como brazo operativo para el componente de capital humano y ciudadanía digital que Meta RD 2036 necesita. Si el país logra integrar ambas rutas —Meta RD 2036 como visión de productividad y desarrollo, y Agenda Digital 2030 como infraestructura de capacidades y transformación—, entonces la educación no solo alimentará el mercado laboral, sino también la calidad de la democracia en un entorno de desinformación y saturación de ruido, como advierte Harari. 

La tercera dimensión que debe blindarse —y quizá la más estratégica en el nuevo orden global— es la soberanía digital democrática. Kissinger, junto a Schmidt y Huttenlocher, plantea que la IA es singular porque no solo automatiza tareas: reconfigura cómo entendemos el conocimiento, cómo se toman decisiones y cómo se organiza el poder, afectando seguridad y orden mundial. En términos nacionales, eso significa que la competitividad ya no se reduce a logística, energía o infraestructura física; incluye capacidad estatal para gobernar entornos digitales, proteger infraestructura crítica, gestionar riesgos de ciberamenazas y sostener confianza en servicios digitales. 

¿Cómo se garantiza esa soberanía digital en el marco dominicano, y cómo debe conectarse con Meta RD 2036? La primera base es jurídica: República Dominicana cuenta con la Ley 172‑13 sobre protección de datos personales, que busca proteger integralmente datos en registros y bancos de datos y resguardar derechos fundamentales vinculados a intimidad, honor y control de la información. Sin un marco de protección de datos, el Estado digital se convierte en un riesgo para el ciudadano, y la modernización administrativa puede degenerar en desconfianza estructural. La segunda base es estratégica y de seguridad: el país aprobó la Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2030 mediante el Decreto 313‑22, orientada a fortalecer el marco nacional, crear entornos digitales seguros, confiables y resilientes, y proteger activos críticos de información del Estado con un enfoque de derechos. La tercera base es de gobernanza: la Agenda Digital 2030, aprobada por decreto, declara la transformación digital como política de Estado, con ejes de gobernanza, gobierno digital, educación/capacidades y ciberseguridad, y con instrumentos de seguimiento y evaluación. 

Con esos cimientos, Meta RD 2036 tiene una obligación de coherencia: si el plan acelera simplificación de trámites, digitalización, interoperabilidad y eficiencia transaccional, entonces debe hacerlo bajo un marco explícito de soberanía digital que proteja datos, asegure ciberresiliencia y refuerce la confianza pública. Esa garantía no se logra con un párrafo; se logra con prácticas obligatorias: clasificación y minimización de datos, controles de acceso, auditoría y trazabilidad, protocolos de respuesta a incidentes, capacitación, y normas claras para sistemas digitales que procesen información sensible o que apoyen decisiones públicas. En suma, soberanía digital es un triángulo entre derechos (protección de datos), seguridad (ciberseguridad 2030) y capacidades (educación y ciudadanía digital), y las tres piezas están presentes en el marco dominicano: falta conectarlas orgánicamente a la ejecución de Meta RD 2036.

Hasta aquí, la pregunta inevitable es: ¿cómo evitar que Meta RD 2036 se convierta en otro gran relato y no en una política de Estado resistente? La respuesta vuelve a Prazmowski, pero ya no como teoría, sino como disciplina: trazabilidad pública, destrabe permanente, priorización dura y aprendizaje continuo. En la práctica, esto implica que el país debe ver un tablero claro de hitos: qué se hará, quién lo hará, cuándo se hará y cómo se medirá, con una rendición de cuentas que no dependa del ciclo electoral. Implica también que el Estado reconozca que el mundo no se quedará quieto: en el balance del Consejo de Ministros de marzo de 2026 se subrayó la preparación para choques externos y la necesidad de monitorear efectos de conflictos internacionales sobre energía y alimentos, recordándonos que la resiliencia macro y social es parte del desarrollo, no un “ruido” externo. 

Por eso, la articulación con marcos de think tanks y organismos globales no es un adorno académico; es una herramienta práctica. Brookings, por ejemplo, trabaja el vínculo entre inequidad, sostenibilidad y prosperidad y produce herramientas accionables para políticas públicas, mientras ODI y CGD enfatizan riesgos globales, financiamiento del desarrollo y efectividad de políticas en contextos de shocks y restricciones fiscales. Asimismo, el PNUD insiste en gobernanza efectiva, centrada en las personas, y en la necesidad de sostener progreso humano en transiciones digitales sin dejar a nadie atrás. Meta RD 2036 debe absorber esa lección: si el plan solo persigue crecimiento, será vulnerable; si persigue crecimiento con inclusión, bienestar medible y soberanía digital, será resiliente.

De ahí que la propuesta de un tablero “más allá del PIB” no sea un ejercicio tecnocrático, sino la forma más sensata de sostener legitimidad. Meta RD 2036 ya tiene indicadores transformadores; el siguiente paso es convertirlos en un sistema integrado de medición y gestión pública, complementado con dimensiones de bienestar comparables internacionalmente. Ese tablero debería reflejar, como mínimo, crecimiento y productividad, empleo y formalidad, pobreza multidimensional, educación efectiva y capacidades digitales, salud y bienestar, confianza institucional, transformación digital del Estado, ciberseguridad y soberanía digital, infraestructura/logística, energía, resiliencia climática y cohesión territorial. Si un país mide con seriedad, gobierna con más seriedad; y si gobierna con más seriedad, el crecimiento deja de ser un evento y se convierte en trayectoria. 

En definitiva, Meta RD 2036 es una oportunidad histórica porque combina ambición y diseño de ejecución. Pero también es una prueba de madurez nacional: una prueba de si podemos sostener un proyecto más allá de banderías, de si podemos ejecutar sin improvisar, y de si podemos crecer sin perdernos en el intento, es decir, sin sacrificar bienestar, cohesión y libertad en el altar del rendimiento. Si Meta RD 2036 logra convertir la productividad en bienestar medible, la educación en movilidad real y la digitalización en soberanía democrática, entonces no solo duplicará el PIB: duplicará la confianza del país en su futuro. Si no lo logra, quedará como otro capítulo de aspiraciones bien redactadas y resultados insuficientes, algo que República Dominicana ya no puede permitirse. 

Luis Orlando Díaz Vólquez
Ingeniero de Sistemas de Computadora 
· Escritor y editor bibliográfico 
· Productor de medios de comunicación
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Fuentes consultadas (selección): Decreto 337‑24 y Comisión Meta RD 2036 Presidencia; Documento metodológico Meta RD 2036 Meta2036 PDF; Informe/Plan Meta RD 2036 Informe 2025; Presentación CEPAL (Prazmowski) CEPAL; Objetivos transformadores (CNC) CNC PDF; Balance Consejo de Ministros (marzo 2026) Proceso; Ley 172‑13 de datos personales SB/Presidencia PDF; Decreto 313‑22 Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2030 Presidencia; Agenda Digital 2030 (Decreto 527‑21) Presidencia/Portal; Better Life Index [OCDE]; Han (Burnout Society y Psychopolitics) [SUP/Verso]; Harari [Sitio oficial]; Kissinger et al. y reseña Google Books/Air University.
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Versión 960 palabras:
Meta RD 2036 en la encrucijada del desarrollo: competitividad ejecutable, psicopolítica digital y orden global en transición

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Meta RD 2036 no es una consigna ni un simple “plan de gobierno”: es una apuesta estatal explícita por acelerar el tránsito dominicano hacia el “desarrollo pleno”, con la ambición de duplicar el PIB real en 12 años, lo que supone sostener un crecimiento promedio cercano al 6% anual. Esa ambición se formaliza con un diseño institucional que importa: el Poder Ejecutivo creó la Comisión Meta RD 2036 mediante el Decreto 337‑24 para identificar reformas y acciones necesarias, articularlas con las estrategias nacionales y sostener su ejecución en el tiempo. 

En un país donde los diagnósticos abundan, pero la ejecución suele ser el talón de Aquiles, el hecho de que el proyecto nazca con gobernanza, comités sectoriales y una Unidad de Gestión de Resultados para seguimiento y destrabe marca una diferencia real frente a la tradición de planes que se anuncian bien y se implementan poco. No se trata solo de “tener ideas”, sino de convertirlas en decisiones, hitos, plazos, responsables y resultados verificables. Esa lógica aparece con claridad en los documentos operativos del plan, donde se describe una estructura de comités por sectores y una ruta de priorización para la primera fase.

El documento metodológico de Meta RD 2036 ofrece, además, una honestidad rara en la planificación pública: reconoce que, aunque República Dominicana ha crecido con vigor durante décadas, la productividad ha aportado relativamente poco al crecimiento agregado frente a la acumulación de capital físico y humano, y advierte sobre el riesgo de caer en la “trampa del ingreso medio” si no se emprenden reformas de segunda generación. En ese punto, el plan intenta reescribir el guion del desarrollo: pasar de un modelo que crece por inercia y por inversión a uno que crece por productividad, innovación, mejor capital humano y un Estado más eficaz.

Pero el debate serio sobre Meta RD 2036 no puede quedarse en metas macro o en catálogos de iniciativas. Debe incorporar una lectura sobre poder, subjetividad y orden global, porque el desarrollo contemporáneo ocurre en un ecosistema donde datos, plataformas e inteligencia artificial reconfiguran coordinación estatal, productividad, legitimidad y ciudadanía. El desafío no es solo crecer más; es crecer mejor sin perder cohesión social, y hacerlo en un mundo de tensiones geopolíticas, volatilidad de mercados y aceleración tecnológica que cambia la naturaleza del trabajo y de la política.

Para entender esa complejidad, resultan útiles cuatro lentes. Primero, Peter A. Prazmowski y su insistencia en la brecha entre planificación y ejecución. Meta RD 2036 se concibe como una “plataforma dinámica permanente” de cocreación público‑privada orientada a priorizar acciones de alto impacto y resolver problemas históricos de desconfianza, coordinación y ejecución. La idea es simple: el crecimiento no ocurre solo por diseñar reformas, sino por destrabarlas y sostener su implementación, con trazabilidad y aprendizaje continuo.

Segundo, Byung‑Chul Han obliga a preguntarnos por el costo humano cuando la productividad se convierte en religión social. Su crítica a la “sociedad del rendimiento” advierte que un sistema obsesionado con medirlo todo y acelerar todo puede producir agotamiento, autoexplotación y pérdida de sentido, especialmente en contextos de hiperconectividad y captura de datos. Trasladado a la política pública, el riesgo es que la narrativa de eficiencia derive en una gobernanza por rendimiento que vuelva el bienestar una variable secundaria, cuando debería ser el propósito central.

Por eso Meta RD 2036 debe blindarse: si la ciudadanía no percibe mejoras en la calidad de vida, el crecimiento puede ser real y aun así políticamente frágil. Aquí el plan tiene una oportunidad: su comunicación ya incorpora metas de bienestar concretas para 2028 y 2036 —esperanza de vida, años efectivos de aprendizaje, reducción de pobreza multidimensional rural, aumento de formalidad laboral, disminución de vulnerabilidad climática y mejora de la efectividad del gobierno—, es decir, promete que el crecimiento se traduzca en vida más larga, aprendizaje más efectivo, menos pobreza y un Estado más capaz. El reto no es inventar bienestar, sino medirlo de forma creíble, periódica y pública.

En ese punto, la medición del bienestar debe apoyarse en tres pilares. Primero, el set de objetivos transformadores ya divulgado, como columna vertebral de resultados sociales. Segundo, la arquitectura de seguimiento y evaluación del desempeño institucional descrita como parte de la gobernanza del plan. Tercero, la conveniencia estratégica de alinear el tablero nacional con marcos internacionales “más allá del PIB”, como el enfoque de bienestar multidimensional impulsado por la OCDE, que permite evaluar calidad de vida y no solo crecimiento agregado. Medir así obliga al Estado a equilibrar productividad con dignidad, velocidad con confianza, y eficiencia con cohesión.

La segunda dimensión que el plan debe blindar es la educación. Sin educación de calidad no existe salto a ingreso alto; existe, a lo sumo, un crecimiento que se agota o se vuelve desigual. Meta RD 2036 reconoce la brecha entre escolaridad y “años efectivos” de aprendizaje y coloca el capital humano como determinante central de productividad y complejidad económica. Por eso aparecen metas explícitas sobre aprendizaje efectivo y acciones orientadas a formación técnica alineada al mercado. En balances recientes de avances se ha destacado la expansión de liceos técnicos y becas en áreas STEM, un tipo de política que conecta visión con empleabilidad real en la economía que viene.

Aquí entra el tercer lente: Yuval Noaḥ Harari y sus alertas sobre algoritmos, narrativas y “clases irrelevantes”. Su advertencia no es ciencia ficción: si la automatización desplaza tareas y rediseña mercados, el peligro no es solo el desempleo, sino la pérdida de agencia de sectores enteros que no logran adaptarse. Por eso educación en RD 2036 no puede ser solo cobertura; debe ser capacidad adaptativa y digital, pensamiento crítico, alfabetización informacional y movilidad laboral. La Agenda Digital 2030, aprobada como estrategia nacional de transformación digital, ofrece un brazo operativo natural para esto al priorizar educación y capacidades digitales, gobierno digital y ciberseguridad. Integrar ambas rutas —Meta RD 2036 como visión productiva y Agenda Digital 2030 como infraestructura de capacidades— es una condición para que nadie quede fuera del salto.

La tercera dimensión, quizá la más estratégica en el nuevo orden global, es la soberanía digital democrática. Henry Kissinger, junto a Schmidt y Huttenlocher, advierte que la IA no solo automatiza tareas: reconfigura cómo se produce conocimiento, cómo se toman decisiones y cómo se organiza el poder. En términos nacionales, eso significa que la competitividad ya no se reduce a logística o energía; incluye capacidad estatal para gobernar entornos digitales, proteger infraestructura crítica y sostener confianza en servicios digitales.

El marco dominicano ya tiene tres bases para esa soberanía. La primera es jurídica: la Ley 172‑13 sobre protección de datos personales. La segunda es estratégica: la Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2030 aprobada por el Decreto 313‑22. La tercera es de gobernanza: la Agenda Digital 2030, que define ejes y evaluación para la transformación digital. Con esos cimientos, Meta RD 2036 tiene una obligación de coherencia: si acelera simplificación de trámites, digitalización e interoperabilidad, debe hacerlo bajo prácticas obligatorias de protección de datos, seguridad, auditoría, trazabilidad y respuesta a incidentes, para que la modernización incremente confianza y no sospecha.

En definitiva, Meta RD 2036 es una oportunidad histórica porque combina ambición con diseño de ejecución. Pero también es una prueba de madurez nacional: sostener un proyecto más allá de banderías, ejecutar sin improvisar y crecer sin perdernos en el intento. Si el plan convierte productividad en bienestar medible, educación en movilidad real y digitalización en soberanía democrática, entonces no solo duplicará el PIB: duplicará la confianza del país en su futuro. Si no lo logra, quedará como otro capítulo de aspiraciones bien redactadas y resultados insuficientes, algo que República Dominicana ya no puede permitirse.


Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasabaraEditor
Ingeniero de Sistemas de Computadora · Escritor y editor bibliográfico · Productor de medios de comunicación

Aduanas detecta pasajero que intentó ingresar US$350,352.00 sin declarar en el Aeropuerto Internacional del Cibao

Aduanas detecta pasajero que intentó ingresar US$350,352.00 sin declarar en el Aeropuerto Internacional del Cibao

La detección se realizó mediante equipos de inspección no intrusiva (rayos X) y el caso está bajo investigación del Ministerio Público.

Santo Domingo, R.D., 24 de marzo de 2026. — La Dirección General de Aduanas (DGA) informó que, durante labores de control en el Aeropuerto Internacional del Cibao, fue detectado un pasajero que intentó introducir al país la suma de US$350,352.00 sin realizar la declaración correspondiente ante la autoridad aduanera.  

De acuerdo con el reporte preliminar, el monto —equivalente a aproximadamente RD$20.9 millones, a la tasa de cambio vigente— fue localizado en el interior del equipaje del pasajero, tras una alerta generada por los equipos de inspección no intrusiva (rayos X) operados por personal especializado de la DGA, quienes identificaron una irregularidad durante el proceso de revisión.

Ante este hallazgo, el Ministerio Público, en coordinación con la DGA y otros organismos de seguridad del Estado, inició las investigaciones correspondientes para determinar la procedencia de los fondos, establecer responsabilidades y agotar los procedimientos previstos por la normativa aplicable.

La DGA recordó que toda persona que ingrese o salga del país con dinero en efectivo, títulos o valores al portador por un monto superior a US$10,000 (o su equivalente en otras monedas) está obligada a declararlo mediante el formulario dispuesto para tales fines y a presentar documentación que justifique su procedencia lícita. Asimismo, la institución reiteró que el marco legal vigente contempla consecuencias por eludir el control aduanero o omitir la declaración de valores, en consonancia con las disposiciones de la Ley General de Aduanas y los estándares de prevención de ilícitos financieros.  

“Estas acciones forman parte de una política de Estado orientada a proteger la seguridad, la transparencia y la integridad del sistema económico, fortaleciendo el control del flujo de mercancías y valores en puertos y aeropuertos, con apoyo en tecnología, inteligencia y perfilamiento de riesgo”, indicó la DGA.

La institución reafirmó su compromiso de continuar robusteciendo la vigilancia y el control en los puntos de entrada y salida del país, en coordinación interinstitucional, para contribuir a la facilitación del comercio lícito y la prevención de actividades ilícitas.

Recordatorio al viajero: Si transporta más de US$10,000 (o su equivalente), declare a su llegada o salida conforme a las disposiciones de la DGA.  

Para más información: Manual del Viajero DGA: https://www.aduanas.gob.do/manual-del-viajero/ 


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EDITORIAL
Cuando el dinero cruza fronteras, también debe cruzar por la ley

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La reciente detección de US$350,352.00 que un pasajero habría intentado ingresar a la República Dominicana sin declararlos en el Aeropuerto Internacional del Cibao vuelve a colocar sobre la mesa una realidad que a veces se pasa por alto: en los puntos de entrada del país no solo se controla equipaje, también se protege la integridad del sistema económico y la seguridad nacional. En un mundo donde el crimen organizado, la evasión y las redes de lavado se alimentan de opacidad, el control aduanero no es una formalidad: es una línea de defensa del Estado. 

Conviene subrayar un punto esencial: transportar dinero no es ilegal por el simple hecho de ser una suma alta; lo que convierte el acto en un problema es omitir la declaración cuando la normativa lo exige. En la República Dominicana, la propia Dirección General de Aduanas (DGA) indica que si una persona ingresa o sale con más de US$10,000 (o su equivalente en otra moneda), está obligada a declararlo y a presentar documentación que justifique la procedencia lícita de esos valores. Esta obligación no es caprichosa: es un estándar internacional de control que busca impedir que el dinero sin trazabilidad se convierta en combustible para delitos financieros.

Por eso, que la detección se haya logrado mediante equipos de inspección no intrusiva (rayos X) es más que un dato técnico: constituye una señal de modernización del Estado, impulsada por el gobierno que encabeza el presidente Luis Abinader. La tecnología, aplicada con protocolos claros, permite equilibrar dos objetivos que deben convivir: facilitar el tránsito de pasajeros y mercancías lícitas y, al mismo tiempo, cerrar espacios a las operaciones irregulares. Este control inteligente —basado en el perfilamiento de riesgo y en herramientas de inspección— reduce arbitrariedades, aumenta la eficacia y protege derechos, porque enfoca la intervención donde existen indicadores objetivos, no donde predominan prejuicios.
En términos institucionales, este tipo de casos también pone a prueba la capacidad del Estado para actuar con coordinación y debido proceso. Cuando la Dirección General de Aduanas (DGA), dirigida por Nelson Arroyo, detecta valores no declarados, el paso siguiente es la intervención del Ministerio Público, encargado de investigar la procedencia del dinero, el propósito del traslado y cualquier posible vínculo con actividades ilícitas. Ese engranaje —DGA, Ministerio Público y organismos de seguridad— es precisamente lo que se espera de una política pública seria: que cada institución cumpla su rol, dentro de sus competencias, con base en evidencia y sin espectáculo.

Pero el debate de fondo va más allá del hallazgo puntual. La pregunta estratégica es: ¿qué se protege cuando se exige declarar? Se protege la competencia leal, la confianza en el sistema financiero, la reputación del país como destino de inversión y el cumplimiento de compromisos internacionales. La Ley General de Aduanas contempla como contrabando eludir el control aduanero al introducir o extraer del territorio nacional valores por encima del umbral establecido sin declararlos o declararlos falsamente. Y la legislación antilavado (Ley 155-17) refuerza la obligación de declarar ciertos instrumentos o valores cuando se exceden límites definidos, precisamente para crear trazabilidad y permitir verificación. En resumen: declarar no es un castigo; es un mecanismo de transparencia

A veces la ciudadanía interpreta estas medidas como un “peaje” o una barrera, pero la DGA ha sido clara: no se cobran impuestos por portar dinero; lo que se exige es declaración cuando se supera el umbral y, de ser necesario, documentación que sustente su origen lícito. Esa distinción es crucial para educar al viajero y para evitar que la desinformación alimente narrativas injustas contra los controles. En realidad, el objetivo es impedir que la frontera se convierta en un coladero para capitales sin identidad, sin destino claro y sin explicación verificable.

Este caso, además, sirve para recordar que la seguridad económica es parte de la seguridad nacional. En un país que apuesta por ser hub logístico y nodo regional de comercio y servicios, la reputación se construye con reglas claras y cumplimiento coherente. La inversión seria —la que crea empleo, innova y paga impuestos— huye de países donde el dinero entra y sale sin preguntas. Por eso, cada acción efectiva de control fortalece la narrativa de un Estado que se toma en serio la integridad de sus fronteras y la trazabilidad de los flujos. 

Ahora bien, el éxito de la política pública no se mide solo por decomisos o retenciones; se mide por prevención. Y la prevención comienza con algo simple: información clara para el viajero. La DGA mantiene un Manual del Viajero que especifica con precisión que el efectivo superior a US$10,000 debe declararse al entrar o salir del país. Si esa información se socializa mejor —aerolíneas, aeropuertos, señalización, campañas digitales— se reduce la “excusa del desconocimiento” y se promueve una cultura de cumplimiento. La transparencia no solo es del Estado hacia la ciudadanía; también es de los usuarios hacia el Estado cuando manejan montos relevantes.

Finalmente, hay una lección institucional que no debe perderse: el Estado debe actuar con firmeza, sí, pero también con proporcionalidad y legalidad. La confianza se refuerza cuando la ciudadanía ve que los controles son reales, que la investigación se hace sin privilegios y que los procedimientos se aplican con estándares, no con improvisación. Y, a la vez, se protege el nombre de quienes pudieran resultar inocentes, porque el debido proceso no es un detalle: es la base de la justicia.

En síntesis, la detección de estos fondos no declarados es una noticia que debe leerse como lo que es: un recordatorio de que la frontera es un espacio de soberanía, y que la transparencia financiera no es un lujo, sino una condición mínima para proteger la economía, la seguridad y la institucionalidad. Y en ese terreno, cuando el dinero pretende entrar sin declarar, la respuesta correcta del Estado es la que se espera de una democracia moderna: control, investigación y ley.

Aduanas detecta pasajero que intento ingresar 350 mil dólares sin declarar
En el Aeropuerto Internacional del Cibao mediante rayos X.

Santo Domingo, R.D., 24 de marzo de 2026.- Miembros de la Dirección General de Aduanas (DGA), detectaron unos US$350,352.00 que un pasajero trató de introducir al país sin la declaración correspondiente al arribar por el Aeropuerto Internacional del Cibao. 
Ese monto equivale a unos RD$20.9 millones de pesos, a la tasa de cambio actual. 
La detección fue posible con el uso de los equipos d
e inspección no intrusiva que opera el personal de la DGA en dicha terminal, quienes se percataron de una irregularidad en uno de los equipajes de dicho pasajero. 
A raíz de este hallazgo, tanto el Ministerio Público, en coordinación con la Dirección General de Aduanas (DGA) y otros organismos de seguridad del Estado, se encuentran realizando las investigaciones correspondientes, a los fines de determinar responsabilidades y agotar los procedimientos que establece la ley. 
La Dirección General de Aduanas reafirmó su compromiso con la vigilancia y control del flujo de mercancías y valores en los puntos en todos los puertos y aeropuertos del país. 
Dicha labor se realiza apoyada en tecnología y de inteligencia basada en perfilamiento de riesgos.  

🚨✈️ #ControlAduanero y transparencia en nuestros aeropuertos 🇩🇴@aduanard detectó en el @aeropuertocibao a un pasajero que intentó ingresar US$350,352.00 💵 sin declarar, equivalentes a más de RD$20.9 millones https://t.co/dPSEx1HMq8#AduanasRD #RayosX #Contrabando @nelsonarroyo pic.twitter.com/pV8omeAWQX

— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) March 24, 2026
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