lunes, 23 de marzo de 2026

Presidente Abinader afirma que el país está preparado para enfrentar el impacto de la crisis internacional del petróleo


Presidente Abinader afirma que el país está preparado para enfrentar el impacto de la crisis internacional del petróleo

El mandatario anuncia subsidio a fertilizantes para proteger alimentos, mantiene GLP sin alza y refuerza protección de programas sociales para amortiguar impacto de la crisis.

22 de Marzo 2026 Presidencia


Mensaje a la nación del Presidente Luis Abinader. https://www.youtube.com/live/sKi6aDc9fm0?si=aaYLXakjLgCx9LBv a través de @YouTube

Santo Domingo.– El presidente Luis Abinader aseguró con firmeza este domingo que la República Dominicana está preparada para enfrentar las consecuencias económicas derivadas de la guerra en Irán, al tiempo que enumeró las medidas que ejecuta el Gobierno para amortiguar el impacto del alza de los precios internacionales del petróleo, los combustibles y algunos alimentos.

“Y ante esta coyuntura, nos hemos planteado tres objetivos fundamentales que quiero compartir con ustedes. En primer lugar, mantener a toda costa la estabilidad macroeconómica, fiscal y social. Para ello, seguiremos protegiendo a los hogares más vulnerables, fortaleciendo los programas sociales y reasignando recursos desde partidas menos prioritarias. Ya hemos identificado cerca de 10,000 millones de pesos que podrán destinarse a estos fines sin aumentar el gasto total”, comunicó.

En segundo lugar, dijo, estamos monitoreando los precios de alimentos e insumos agropecuarios e implementaremos nuevamente un subsidio a los fertilizantes, por un monto inicial de 1,000 millones de pesos, para mantener sus precios a los que estaban previo a la crisis. De esta manera, evitar que el aumento internacional de los fertilizantes se traduzca en mayores precios de alimentos para las familias dominicanas.

Y, en tercer lugar, apuntó, procuraremos sostener la inversión pública como motor del crecimiento económico, incluso en este contexto internacional complejo. Sabemos que la coyuntura no puede determinar ni deteriorar nuestro futuro.

A través de un mensaje dirigido al pueblo dominicano, transmitido en cadena nacional de radio, televisión y plataformas digitales, explicó con claridad y responsabilidad las implicaciones económicas de la guerra en Irán, un tema que preocupa actualmente al mundo entero. “Permítanme hablarles con franqueza, pero también con serenidad. Sin dramatismos, pero sin evasivas. Cómo se habla cuando un país necesita entender con claridad el momento que está viviendo”.

Tras destacar que hoy el país cuenta con una economía más fuerte, con instituciones más preparadas y con herramientas que permiten actuar con rapidez para amortiguar cualquier impacto que pueda surgir, el jefe de Estado anunció que el Gobierno ha activado ya todos los mecanismos para dar seguimiento diario a la evolución de los precios internacionales y anticipar cualquier impacto en la economía.

Subsidios y ajustes responsables

El mandatario también resaltó el esfuerzo del Estado para amortiguar el impacto mediante subsidios a los combustibles y a la electricidad. Indicó que en 2025 se destinaron 11,500 millones de pesos en subsidios a combustibles y más de 105,000 millones al sector eléctrico, mientras que en lo que va de 2026 el subsidio a los combustibles asciende a unos 4,000 millones de pesos.

Explicó que el presupuesto nacional fue elaborado sobre la base de un precio de 65 dólares por barril de petróleo, pero que el aumento a casi 100 dólares representa un costo fiscal creciente que, de mantenerse sin ajustes, comprometería la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Por ello, señaló que los ajustes graduales aplicados a los precios de los combustibles, de entre 5.2 % y 6.7 %, responden a una medida responsable ante una realidad internacional exigente y permitirán reducir el subsidio en al menos 12,000 millones de pesos en lo que resta del año.

A pesar de estos ajustes, el presidente destacó que los combustibles continúan siendo subsidiados en montos significativos, en algunos casos superiores a los 100 pesos por galón, y reiteró que el precio del gas licuado de petróleo se mantiene sin variación para proteger a los sectores más vulnerables.

Un llamado a la corresponsabilidad

“Pero debemos ser claros y quiero ser honesto con ustedes: ante esta situación será necesario asumir ciertos sacrificios. No desproporcionados, no indiscriminados, pero sí inevitables. Habrá presiones en las tarifas eléctricas, en los costos de transporte y, en alguna medida, en los precios de los alimentos. No porque nuestra economía tenga debilidades, sino porque enfrentamos un choque externo de gran magnitud”, expresó Abinader.

Afirmó que el Gobierno asumirá la mayor parte del esfuerzo, al tiempo que llamó a una responsabilidad compartida, señalando que las empresas pueden adoptar esquemas de trabajo remoto y los ciudadanos optimizar el uso del combustible y, como sociedad, actuar con conciencia y eficiencia.

Fortaleza económica y estabilidad

El mandatario puso la situación en perspectiva al destacar que la República Dominicana continúa siendo una de las economías más dinámicas de la región, con crecimiento, estabilidad y confianza“No estamos ante una crisis generada desde dentro, sino ante un choque externo. Y esa diferencia es fundamental”.

Desde el punto de vista fiscal y financiero, resaltó que el país cuenta con una posición sólida, con liquidez robusta, acceso a financiamiento internacional y reservas superiores a los 16,000 millones de dólares“A esto se suman decisiones anticipadas que fortalecen nuestra capacidad de respuesta, así como ingresos adicionales derivados de la minería y de una mejor recaudación tributaria, fruto de nuestro crecimiento y nuestra eficacia impositiva”.

Sector energético y respuesta estratégica

Expuso que, en el sector eléctrico, históricamente vulnerable a estos choques, hoy el país cuenta con mejores condiciones, señalando que la diversificación de la matriz energética, el mayor peso de las renovables y decisiones estratégicas como la fijación del precio del carbón en Punta Catalina y contratos de gas natural ya asegurados por un año permitirán amortiguar significativamente el impacto.

“Nuestro objetivo con todo esto es claro: que cualquier turbulencia internacional tenga el menor impacto posible en la vida cotidiana de los dominicanos”, enfatizó.

Asimismo, expresó que esta coyuntura deja una lección importante sobre la necesidad de reducir la dependencia de los combustibles fósiles, acelerar la transición hacia energías renovables y construir una economía más resiliente y diversificada.

Contexto internacional y efectos globales

El gobernante expuso que la República Dominicana es una economía muy abierta e integrada al mundo y que, cuando ocurren conflictos internacionales de esta magnitud, se generan tensiones en los mercados globales que pueden traducirse en aumentos de costos en el transporte, la energía y las materias primas, al tiempo que agregó que esta es una realidad que ningún país, y especialmente como la República Dominicana, puede ignorar.

Indicó que uno de los puntos clave para entender la situación es el estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico, por donde transita cerca del 20 % del petróleo y gas natural que consume el mundo, flujo que se ha visto severamente afectado, provocando una de las mayores interrupciones de suministro en el mercado petrolero global en tiempos recientes.

El presidente explicó que esta situación ha generado un mercado en tensión, con aumentos significativos en el precio del crudo y en productos de alto impacto en la vida cotidiana, como el diésel, el combustible de aviación y el gas licuado de petróleo utilizado en los hogares.

Confianza, resiliencia y llamado a la unidad

En ese contexto, enfatizó que la República Dominicana importa la totalidad de los combustibles que consume, por lo que no fija esos precios, sino que los recibe del mercado internacional, trasladándose inevitablemente su impacto a la economía nacional.

“Pero quiero decirles también algo con seguridad y firmeza: nuestro país está preparado para enfrentar este tipo de situaciones. No sería la primera vez que los dominicanos atravesamos un escenario internacional complejo. Hemos enfrentado choques inflacionarios globales provocados por la pandemia, por la crisis logística mundial y por la guerra en Europa. Y en cada uno de esos momentos difíciles, la República Dominicana resistió, protegió a su gente y mantuvo la estabilidad económica”, manifestó.

El mandatario reiteró que en momentos de incertidumbre global es fundamental actuar con serenidad, responsabilidad y visión de país, asegurando que el Gobierno continuará tomando decisiones para proteger la estabilidad económica y el poder adquisitivo de las familias y garantizar que la República Dominicana continúe avanzando con paso firme.

“Hemos demostrado que sabemos enfrentar las crisis sin perder el rumbo. Lo hicimos en el pasado reciente y lo volveremos a hacer ahora, con planificación, con firmeza y poniendo siempre en el centro a nuestra gente. Quiero que cada dominicano y dominicana tenga la certeza de que este gobierno estará vigilante, actuando cuando sea necesario y utilizando todas las herramientas del Estado para proteger a las familias y mantener nuestro rumbo como país”, reafirmó.

Subrayó que el mayor riesgo no es realizar ajustes responsables en el presente, sino posponer decisiones y enfrentar costos mucho mayores en el futuro, y añadió que los dominicanos “hemos demostrado, en múltiples ocasiones, nuestra capacidad de adaptación y superación. Esta no será la excepción”.

“Sí, el momento exige conciencia. Exige responsabilidad. Y exige una cuota de sacrificio compartido. Pero también exige confianza. Confianza en que se están tomando decisiones para proteger la estabilidad del país. Confianza en que este es un período transitorio. Y confianza en que, si actuamos correctamente, saldremos fortalecidos y con las mínimas consecuencias posibles”, sostuvo.

Expresó que la historia económica de la República Dominicana es, en buena medida, la historia de su capacidad para superar desafíos y que este es, precisamente, uno de esos momentos.

“Sigamos adelante, con claridad, con equilibrio y con determinación. Porque este país no se detiene. Este país se ajusta, se adapta y continúa avanzando. En eso, no tengan duda, trabajará su gobierno y su presidente las 24 horas del día”, concluyó el presidente Abinader. 

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EDITORIAL

Choque petrolero y respuesta país: estabilidad, alimentos e inversión en tiempos de incertidumbre

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Las economías abiertas aprenden, a veces de manera abrupta, que la estabilidad doméstica puede quedar a merced de una chispa geopolítica a miles de kilómetros. La escalada bélica en Medio Oriente, con epicentro en Irán, vuelve a recordarnos una verdad incómoda: el precio del petróleo no solo se decide por oferta y demanda, sino también por riesgos, rutas estratégicas y percepción de continuidad del suministro. Cuando esos factores se alteran, la onda expansiva llega a la estación de servicio, al costo del transporte, a la factura eléctrica, al precio de los alimentos y al ánimo social.

El punto neurálgico de esta coyuntura, por su peso en el mercado energético global, es el estrecho de Ormuz. Si una fracción relevante del flujo mundial de petróleo y gas se interrumpe o se ve amenazada, el mercado reacciona con rapidez, elevando los precios del crudo y de combustibles asociados. Para un país que importa todos los combustibles que consume, esa volatilidad no es un asunto abstracto; es un choque que se transmite por múltiples canales: logística, energía, manufactura, transporte público y costos de producción agropecuaria.

Con esa realidad sobre la mesa, lo importante no es dramatizar, sino reconocer el desafío y evaluar la respuesta. En el texto presentado al país se plantean tres objetivos fundamentales que, en esencia, definen un marco de gestión de crisis: proteger la estabilidad macroeconómica y social; evitar que el aumento de insumos se traduzca en un golpe a la canasta básica; y sostener la inversión pública para que la coyuntura no erosione el futuro. Esa tríada, bien ejecutada, puede ser la diferencia entre un ajuste ordenado y una crisis de expectativas.

El primer objetivo —preservar la estabilidad macroeconómica, fiscal y social— es el ancla de todo lo demás. En tiempos de shock externo, la tentación política suele ser responder con gasto desbordado o con improvisación fiscal. El enfoque propuesto apuesta por una ruta distinta: proteger a los hogares más vulnerables mediante programas sociales y reasignar recursos desde partidas menos prioritarias, identificando un monto cercano a RD$10,000 millones sin aumentar el gasto total. Este punto es crucial porque la credibilidad de una respuesta pública depende de su sostenibilidad. Si la política anticrisis destruye el equilibrio fiscal, el remedio termina siendo más costoso que la enfermedad.

El segundo objetivo —evitar aumentos fuertes en los precios de alimentos— reconoce una amenaza frecuente en crisis energéticas: la cadena alimentaria se encarece por fertilizantes, transporte y energía, y el golpe recae con mayor fuerza en quienes destinan más proporción de su ingreso a comer. En esa lógica, el retorno de un subsidio a fertilizantes por RD$1,000 millones busca evitar que el alza internacional se traduzca en precios más altos para las familias. Es una medida que, para ser efectiva, exige dos cosas: monitoreo permanente de precios y trazabilidad en la ejecución, para que el beneficio se refleje donde debe reflejarse y no se diluya en intermediación o ineficiencias.

El tercer objetivo —sostener la inversión pública como motor del crecimiento— es, a menudo, el más subestimado en tiempos de crisis. Cuando el Estado frena proyectos estratégicos por incertidumbre, el país no solo pierde crecimiento inmediato: pierde empleo, confianza y capacidad de recuperación. La inversión pública, en contextos adversos, funciona como señal de continuidad: que la coyuntura no define el destino, y que el desarrollo no se pospone cada vez que el mundo se complica. En el texto se subraya precisamente esa idea: la coyuntura no puede determinar ni deteriorar el futuro del país.

Ahora bien, toda estrategia anticrisis enfrenta la discusión más sensible: subsidios y precios de combustibles. El planteamiento descrito combina tres decisiones: reasignar recursos, mantener la protección social, y aplicar ajustes graduales en gasolinas y gasoil para reducir subsidios, manteniendo el GLP sin alza por su impacto social. Esta mezcla intenta equilibrar dos objetivos que suelen chocar: proteger el bolsillo hoy y proteger las finanzas públicas mañana. En la práctica, el éxito de esa combinación depende de la comunicación y de la consistencia. Ajustes graduales requieren claridad: explicar por qué son inevitables, cómo se distribuye el esfuerzo y cuáles son los límites del subsidio en un escenario de precios internacionales cercanos a los 100 dólares por barril.

El texto también coloca el tema eléctrico como pieza estratégica. En la historia dominicana, el sistema eléctrico ha sido un amplificador de crisis externas: cuando suben los combustibles, sube el costo de generación, presionan subsidios y se tensiona la estabilidad. Por eso es relevante la insistencia en una matriz más diversificada, mayor peso de renovables y decisiones contractuales que permitan amortiguar impactos. Aquí se conecta, además, con una lección de mediano plazo: reducir dependencia de combustibles fósiles no es solo un gesto ambiental; es una política de seguridad económica.

En el terreno social y político, el mensaje se mueve en una línea delicada: reconocer sacrificios moderados, evitar alarmismo y llamar a corresponsabilidad. En crisis energéticas, la estabilidad también es psicológica: expectativas de inflación, temor a desabastecimiento o a “espirales” de precios pueden acelerar el daño. Por eso la narrativa de serenidad sin evasivas cumple una función: preparar a la población sin paralizarla. Aun así, esa narrativa debe sostenerse con hechos verificables: seguimiento diario, transparencia en subsidios, coherencia en las reasignaciones y resultados visibles en programas de protección.

También es relevante el recordatorio de que se trata de un choque externo y no de una crisis autogenerada. Esa distinción importa porque, cuando el origen está fuera, la política pública debe enfocarse en amortiguar transmisión, no en buscar culpables internos. Sin embargo, que el choque sea externo no elimina responsabilidades internas: obliga a mejorar eficiencia del gasto, fortalecer la focalización social, acelerar transición energética, y reducir vulnerabilidades estructurales que hacen que cada conflicto internacional se convierta en un problema doméstico.

En conclusión, el país enfrenta un escenario donde la política económica tiene que ser, simultáneamente, prudente y protectora. Prudente para no comprometer la sostenibilidad fiscal; protectora para que la factura del shock no caiga desproporcionadamente sobre los más vulnerables. El enfoque descrito —estabilidad, alimentos e inversión— es una hoja de ruta razonable. Pero como ocurre con toda hoja de ruta, el éxito dependerá menos de su formulación que de su ejecución: trazabilidad, transparencia, disciplina y capacidad de corregir a tiempo. En tiempos de guerra global y energía cara, la nación no puede darse el lujo de la improvisación. Puede —y debe— apostar por una respuesta país: equilibrada, humana y estratégicamente consciente.

Luis Orlando Díaz Vólquez
Ingeniero de Sistemas de Computadora · Escritor y editor bibliográfico · Productor de medios de comunicación

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Mensaje íntegro de Abinader por la guerra en Irán y las consecuencias económicas
"En primer lugar; mantener a toda costa la estabilidad macroeconómica, fiscal y social. Para ello, seguiremos protegiendo a los hogares más vulnerables, fortaleciendo los programas sociales y reasignando recursos desde partidas menos prioritarias", aseguró el presidente.
Presidente Luis Abinader durante La Semanal |

Santo Domingo, RD | 22/03/2026 17:27
El presidente Luis Abinader habló al país sobre la crisis que afecta al mundo por la guerra en Irán y presentó las medidas por las que se regirá el Gobierno para hacer frente a la situación.

A continuación el texto íntegro de su discurso:

Pueblo dominicano,

Me dirijo hoy a ustedes para hablar con claridad y responsabilidad sobre un tema que preocupa actualmente al mundo entero; la guerra que se desarrolla en Irán y sus repercusiones en los precios internacionales, especialmente en el petróleo, los combustibles y algunos alimentos.

Permítanme hablarles con franqueza, pero también con serenidad. Sin dramatismos, pero sin evasivas. Como se habla cuando un país necesita entender con claridad el momento que está viviendo.

La República Dominicana es una economía muy abierta e integrada al mundo. Cuando ocurren conflictos internacionales de esta magnitud, se generan tensiones en los mercados globales que pueden traducirse en aumentos de costos en el transporte, la energía y las materias primas. Y esta es una realidad que ningún país, y especialmente como el nuestro, puede ignorar.


Si queremos comprender la magnitud de lo que está ocurriendo, debemos mirar un punto clave del mapa: el estrecho de Ormuz, en el golfo Pérsico. Por esa vía transita cerca del 20% del petróleo y Gas Natural que consume el mundo. Hoy ese flujo se ha visto severamente afectado, provocando una de las mayores interrupciones de suministro en la historia reciente del mercado petrolero global.

El resultado es un mercado en tensión, con aumentos significativos en el precio del crudo y, sobre todo, en productos que impactan directamente la vida cotidiana: el diésel que mueve el transporte, el combustible de aviación que sostiene el turismo, o el gas licuado que utilizan miles de hogares.

Es importante entenderlo con claridad: la República Dominicana importa la totalidad de los combustibles que consume. No fijamos esos precios, los recibimos. Y cuando esos precios suben, su impacto se traslada inevitablemente a nuestra economía.


Pero quiero decirles también algo con seguridad y firmeza: nuestro país está preparado para enfrentar este tipo de situaciones.

No sería la primera vez que los dominicanos atravesamos un escenario internacional complejo. Hemos enfrentado choques inflacionarios globales provocados por la pandemia, por la crisis logística mundial y por la guerra en Europa. Y en cada uno de esos momentos difíciles, la República Dominicana resistió, protegió a su gente y mantuvo la estabilidad económica.

Hoy contamos con una economía más fuerte, con instituciones más preparadas y con herramientas que nos permiten actuar con rapidez para amortiguar cualquier impacto que pueda surgir.


Quiero anunciarles que el Gobierno ha activado ya todos los mecanismos para dar seguimiento diario a la evolución de los precios internacionales y anticipar cualquier impacto en nuestra economía.

Y ante esta coyuntura, nos hemos planteado tres objetivos fundamentales que quiero compartir con ustedes:

En primer lugar; mantener a toda costa la estabilidad macroeconómica, fiscal y social. Para ello, seguiremos protegiendo a los hogares más vulnerables, fortaleciendo los programas sociales y reasignando recursos desde partidas menos prioritarias. Ya hemos identificado cerca de 10,000 millones de pesos que podrán destinarse a estos fines sin aumentar el gasto total.

En segundo lugar; estamos monitoreando los precios de alimentos e insumos agropecuarios e implementaremos nuevamente un subsidio a los fertilizantes, por un monto inicial de 1,000 millones de pesos para mantener sus precios a los que estaban previo a la crisis. De esta manera evitar que el aumento internacional de los fertilizantes se traduzca en mayores precios de alimentos a las familias dominicanas.

Y, en tercer lugar; procuraremos sostener la inversión pública como motor del crecimiento económico, incluso en este contexto internacional complejo. Sabemos que la coyuntura no puede determinar ni deteriorar nuestro futuro.

Ahora bien, hay algo importante que debemos comprender como país.

El Estado ha venido amortiguando el impacto de estos aumentos mediante subsidios a los combustibles y a la electricidad. Ese esfuerzo ha sido significativo y necesario.

En el año 2025 subsidiamos por un monto de 11,500 millones de pesos al combustible y a la electricidad con otros 105 mil millones. Y en lo que va de 2026 el subsidio al combustible asciende ya a unos 4,000 millones de pesos.

El presupuesto para el año 2026 se realizó con un petróleo a 65 dólares por barril, el aumento a casi 100 dólares tiene un costo fiscal creciente que, de mantenerse sin ajustes, comprometería la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Por eso, los ajustes graduales que hemos implementado en los precios de los combustibles son una respuesta responsable ante una realidad externa exigente.

La corrección parcial en las gasolinas y el gasoil —de entre 5.2% y 6.7%— permitirá reducir el subsidio en al menos 12,000 millones de pesos en lo que resta del año.

Aun así, los combustibles continuarán siendo subsidiados por montos que en algunos casos superan los 100 pesos por galón, y hemos decidido mantener sin variación el precio del GLP, por su impacto directo en los hogares más vulnerables.

Pero debemos ser claros y quiero ser honesto con ustedes: ante esta situación será necesario asumir ciertos sacrificios. No desproporcionados, no indiscriminados, pero sí inevitables.

Habrá presiones en las tarifas eléctricas, en los costos de transporte y, en alguna medida, en los precios de los alimentos. No porque nuestra economía tenga debilidades, sino porque enfrentamos un choque externo de gran magnitud.

El Gobierno asumirá la mayor parte del esfuerzo, pero también se requiere una responsabilidad compartida.

Las empresas pueden adoptar esquemas de trabajo remoto, los ciudadanos pueden optimizar el uso de combustible, y como sociedad debemos actuar con conciencia y eficiencia.

Ahora bien, también es importante poner esta coyuntura en perspectiva.

La República Dominicana continúa siendo una de las economías más dinámicas de la región. Mantiene el crecimiento, la estabilidad y confianza. No estamos ante una crisis generada desde dentro, sino ante un choque externo. Y esa diferencia es fundamental.

Desde el punto de vista fiscal y financiero, el país llega a este momento con una posición sólida. Contamos con una liquidez robusta, acceso a financiamiento internacional y reservas que superan los 16,000 millones de dólares.

A esto se suman decisiones anticipadas que fortalecen nuestra capacidad de respuesta, así como ingresos adicionales derivados de la minería y de una mejor recaudación tributaria fruto de nuestro crecimiento y nuestra eficacia impositiva.

En el sector eléctrico, históricamente vulnerable a estos choques, hoy contamos con mejores condiciones. La diversificación de la matriz energética, el mayor peso de las renovables y decisiones estratégicas como la fijación del precio del carbón en Punta Catalina y contratos de gas natural ya asegurados por un año, permitirán amortiguar significativamente el impacto.

Nuestro objetivo con todo esto es claro: que cualquier turbulencia internacional tenga el menor impacto posible en la vida cotidiana de los dominicanos.

Pero este momento también nos deja una lección de futuro. Nos recuerda la necesidad de reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles, de acelerar la transición hacia energías renovables y de seguir construyendo una economía más resiliente, diversificada y fuerte.

Dominicanos y dominicanas,

En momentos de incertidumbre global, lo más importante es actuar con serenidad, responsabilidad y visión de país.

Este gobierno seguirá tomando todas las decisiones necesarias para defender la estabilidad económica, proteger el poder adquisitivo de nuestras familias y garantizar que la República Dominicana continúe avanzando con paso firme.

Hemos demostrado que sabemos enfrentar las crisis sin perder el rumbo. Lo hicimos en el pasado reciente y lo volveremos a hacer ahora, con planificación, con firmeza y poniendo siempre en el centro a nuestra gente.

Quiero que cada dominicano y dominicana tenga la certeza de que este gobierno estará vigilante, actuando cuando sea necesario y utilizando todas las herramientas del Estado para proteger a las familias y mantener nuestro rumbo como país.

Porque el mayor riesgo no es realizar ajustes responsables en el presente, sino posponer decisiones y enfrentar costos mucho mayores en el futuro.

Los dominicanos hemos demostrado, en múltiples ocasiones, nuestra capacidad de adaptación y superación. Esta no será la excepción.

Sí, el momento exige conciencia. Exige responsabilidad. Y exige una cuota de sacrificio compartido. Pero también exige confianza.

Confianza en que se están tomando decisiones para proteger la estabilidad del país. Confianza en que este es un período transitorio. Y confianza en que, si actuamos correctamente, saldremos fortalecidos y con las mínimas consecuencias posibles.

La historia económica de la República Dominicana es, en buena medida, la historia de su capacidad para superar desafíos. Y este es, precisamente, uno de esos momentos.

Sigamos adelante, con claridad, con equilibrio y con determinación. Porque este país no se detiene. Este país se ajusta, se adapta y continúa avanzando.

En eso, no tengan duda, trabajará su gobierno y su presidente las 24 horas del día.

Muchas gracias y que Dios les bendiga siempre.

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En tiempos de guerra global, prudencia y responsabilidad de Estado

El discurso del presidente Luis Abinader sobre el conflicto bélico en Medio Oriente no fue una alocución improvisada ni un mensaje coyuntural. Fue, ante todo, una intervención de responsabilidad de Estado, orientada a explicar a la ciudadanía cómo una crisis internacional —lejana en lo geográfico, pero cercana en lo económico— puede afectar directamente la vida cotidiana de los dominicanos y cuáles son las decisiones que el Gobierno ha optado por tomar para amortiguar ese impacto.

La guerra en Irán y la escalada de tensiones en la región han generado una alarma global comprensible. No se trata únicamente de un conflicto militar, sino de una perturbación sistémica con efectos inmediatos sobre los precios del petróleo, los combustibles y algunos alimentos, variables especialmente sensibles para una economía abierta como la dominicana. En ese contexto, el Presidente hizo lo que corresponde a un jefe de Estado: hablar con franqueza, explicar riesgos y trazar un rumbo de acción.

Uno de los puntos centrales del mensaje fue la relevancia estratégica del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo y gas mundial. Cualquier interrupción en ese corredor energético —o incluso la amenaza creíble de que ocurra— tiene consecuencias automáticas en los mercados internacionales, presionando al alza los precios del crudo y sus derivados. El impacto no es abstracto: se traduce en mayores costos de transporte, energía y producción, especialmente en países importadores netos de combustibles.

República Dominicana se encuentra precisamente en esa condición. Importa la totalidad de los combustibles que consume y, por tanto, cada alza internacional tiene un efecto directo en la economía interna. El Presidente no evadió esa realidad. Por el contrario, la colocó en el centro del discurso, pero subrayando un elemento clave: el país llega a esta crisis mejor preparado que en el pasado, con una economía más fuerte, mayor experiencia en el manejo de choques externos y mejores amortiguadores macroeconómicos.

Sobre esa base, el Gobierno definió con claridad tres objetivos fundamentales. El primero es mantener la estabilidad macroeconómica, fiscal y social. Esto se traduce en proteger a los hogares más vulnerables, fortalecer los programas sociales existentes y reasignar recursos desde partidas menos prioritarias. La identificación de cerca de RD$10,000 millones para estos fines, sin aumentar el gasto total, refleja una decisión política relevante: enfrentar la crisis con disciplina fiscal, evitando soluciones fáciles que comprometan el futuro.

El segundo objetivo es evitar aumentos fuertes en los precios de los alimentos. Aquí el mensaje fue directo: el Gobierno no permitirá que la volatilidad internacional de los insumos agrícolas se convierta en un golpe a la canasta básica. El monitoreo permanente de precios y la reimplantación del subsidio a fertilizantes por RD$1,000 millones buscan precisamente contener ese efecto, asegurando que el alza internacional no se traduzca en mayores costos para los consumidores dominicanos.

El tercer objetivo es sostener la inversión pública como motor del crecimiento. En medio de la incertidumbre global, el Gobierno ha optado por no frenar los proyectos estratégicos ni hipotecar el desarrollo de mediano y largo plazo. El mensaje es claro: la coyuntura internacional no puede convertirse en una excusa para paralizar el país ni deteriorar su futuro.

En el plano fiscal y energético, el discurso abordó con franqueza un tema siempre sensible: los subsidios a los combustibles. Se anunció una reasignación de recursos, el refuerzo de los programas sociales y el restablecimiento del subsidio a fertilizantes, junto con ajustes graduales en gasolinas y gasoil para reducir subsidios de manera responsable. Al mismo tiempo, se dejó claro que el GLP se mantiene congelado, reconociendo su impacto directo en los hogares de menores ingresos. Es una decisión que busca equilibrio: proteger a los más vulnerables sin desbordar las finanzas públicas.

El Presidente también destacó la fortaleza macroeconómica del país: crecimiento sostenido, buena posición fiscal, reservas internacionales elevadas y un sistema eléctrico hoy más diversificado y menos expuesto que en crisis anteriores. Este punto no es menor. La mención explícita de la transición hacia energías renovables conecta la respuesta inmediata a la crisis con una visión estratégica de largo plazo: reducir la dependencia de los combustibles fósiles y, con ello, la vulnerabilidad estructural frente a conflictos internacionales.

Más allá de las medidas concretas, el discurso tuvo un mensaje político claro. El Gobierno asume la mayor parte del esfuerzo, reconoce que existen sacrificios moderados y llama a una responsabilidad compartida. Pero, sobre todo, advierte que el verdadero riesgo no es actuar, sino posponer los ajustes necesarios. La historia económica enseña que diferir decisiones difíciles suele multiplicar los costos sociales y fiscales más adelante.

En definitiva, el mensaje presidencial no fue uno de alarma, sino de prudencia, resiliencia y confianza. En un mundo convulso, el Estado dominicano opta por proteger el bolsillo de los ciudadanos, preservar la estabilidad y sostener el crecimiento, sin ocultar las dificultades ni recurrir a promesas fáciles. Esa combinación —realismo, disciplina y sensibilidad social— es la que permitirá que la economía dominicana siga avanzando, incluso en medio de una tormenta internacional.

Luis Orlando Díaz Vólquez
Ingeniero de Sistemas de Computadora · Escritor y editor bibliográfico · Productor de medios de comunicación

@luisabinader #ProtegiendoTuBolsillo

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OPINIÓN

Choque petrolero y respuesta país: proteger sin improvisar

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Cuando un conflicto militar estalla a miles de kilómetros, el ciudadano común podría pensar que se trata de un asunto ajeno, reservado para cancillerías y titulares internacionales. Pero la realidad económica desmiente esa distancia con rapidez. Una guerra en una región clave para el suministro energético global tiene la capacidad de atravesar océanos en forma de alzas de combustibles, presiones sobre el transporte, encarecimiento de insumos, tensión fiscal y, finalmente, incertidumbre social. Para una economía abierta, importadora neta de combustibles y altamente integrada al comercio, ese choque no es hipotético: es una prueba de resiliencia, de coordinación y de capacidad de respuesta.

El centro neurálgico de esta coyuntura es el petróleo, no solo como mercancía sino como “precio rector” de una cadena que multiplica efectos. Cuando el crudo sube, la inflación no se limita a la estación de servicio: se cuela en la logística, encarece la movilidad, presiona costos de producción y eleva el precio final de bienes que dependen de energía o transporte. En ese contexto, la comunicación oficial reciente tuvo dos virtudes que rara vez aparecen juntas: serenidad y franqueza. Es preferible hablar con claridad cuando el país necesita entender el momento que vive, antes que dejar que el vacío informativo sea ocupado por rumores o ansiedad.

Hay un elemento estructural que no podemos maquillar: República Dominicana importa la totalidad de los combustibles que consume. Esa dependencia convierte al país en receptor de precios y volatilidad internacional. Dicho de otro modo, no fijamos el precio del crudo; lo asumimos. Eso no significa resignación, pero sí obliga a diseñar amortiguadores: fiscales, sociales y energéticos. La pregunta esencial no es si el choque ocurrirá, sino cómo se gestiona para que su impacto sea el menor posible, especialmente sobre quienes tienen menor capacidad de absorberlo.

En ese marco, se plantearon tres objetivos que, bien entendidos, conforman una ruta de gestión responsable. El primero es mantener la estabilidad macroeconómica, fiscal y social. La estabilidad es el cimiento: si se quiebra, todo lo demás se encarece. La decisión de fortalecer programas sociales y proteger a los hogares más vulnerables apunta a evitar que la crisis externa se convierta en crisis doméstica. Pero lo más importante, desde el punto de vista de sostenibilidad, es la lógica de reasignación: mover recursos desde partidas menos prioritarias y disponer de unos 10,000 millones de pesos sin aumentar el gasto total. Ese detalle marca la diferencia entre una respuesta prudente y una reacción impulsiva. En tiempos difíciles, el Estado debe ayudar, sí, pero sin dinamitar la salud fiscal que precisamente permite ayudar.

El segundo objetivo es contener el impacto sobre los alimentos. En un país donde el costo de la canasta básica es tema sensible, el riesgo de que los aumentos internacionales de fertilizantes e insumos se traduzcan en precios más altos es real. Reimplantar un subsidio a fertilizantes por un monto inicial de 1,000 millones de pesos busca congelar, o al menos amortiguar, ese canal de transmisión. Ahora bien, esta medida tiene una condición de éxito: trazabilidad. Si el subsidio no llega donde debe llegar, si se filtra en ineficiencias o se queda en intermediación, el costo fiscal se mantiene pero el beneficio social se diluye. Por eso, el monitoreo de precios y la capacidad de fiscalizar los impactos son tan importantes como el anuncio en sí.

El tercer objetivo es sostener la inversión pública como motor del crecimiento. Muchos países, frente a shocks externos, frenan proyectos y postergan obras, generando un círculo vicioso: cae la inversión, cae el empleo, se deteriora la confianza y la recuperación se vuelve más lenta. Mantener la inversión es un mensaje económico y psicológico: que la coyuntura no define el destino del país. Esto no implica gastar sin criterio; implica priorizar lo estratégico y sostener los proyectos con mayor retorno social y productivo, especialmente los que fortalecen infraestructura, energía y capacidad logística.

En el corazón del debate aparece el tema más sensible: subsidios y precios de combustibles. El Estado puede subsidiar, pero no puede hacerlo infinitamente sin afectar sostenibilidad fiscal, sobre todo si el precio internacional se mantiene alto durante meses. La alternativa descrita intenta un equilibrio: ajustes graduales en gasolinas y gasoil para reducir el peso del subsidio, mientras se mantiene el GLP sin alza por su impacto social. Esta combinación reconoce dos realidades simultáneas: hay combustibles cuyo uso es más extensivo en sectores productivos y otros que inciden directamente en la economía cotidiana de los hogares más vulnerables. La justicia social, en crisis energéticas, también se expresa en cómo se elige qué proteger primero.

Aun así, la discusión no debe quedarse en si el precio sube o baja. El debate más serio es qué se protege, a quién se protege y con qué transparencia se asume el costo. Si se afirma que los combustibles siguen siendo subsidiados en montos significativos, incluso superiores a 100 pesos por galón en ciertos casos, eso debe reflejarse en información pública frecuente y comprensible. La confianza se construye con números claros, metodología coherente y rendición de cuentas; sin eso, la percepción social puede ser injusta, pero igualmente dañina.

Un punto que merece atención especial es el sector eléctrico. Históricamente, la electricidad ha sido el amplificador de choques externos: cuando sube el combustible, aumenta el costo de generación y se presionan subsidios o tarifas. La señal de que hoy el sistema eléctrico está más diversificado y “blindado” —con mayor peso de renovables, decisiones sobre combustibles específicos y contratos asegurados— es relevante porque sugiere que se han creado amortiguadores donde antes había fragilidad. No obstante, la transición energética no puede ser solo discurso: debe convertirse en acelerador real de inversión en renovables, en eficiencia energética, en reducción de pérdidas y en gobernanza del sistema. Cada crisis petrolera debería traducirse en una lección institucional: dependencia fósil significa vulnerabilidad recurrente.

En paralelo, el llamado a corresponsabilidad merece un tratamiento maduro. Pedir que empresas adopten esquemas de trabajo remoto donde sea posible y que los ciudadanos optimicen el uso del combustible no resuelve por sí solo una crisis global, pero sí ayuda a reducir la presión agregada y a crear hábitos de eficiencia. Ahora bien, la corresponsabilidad funciona cuando el Estado también demuestra disciplina: si se pide sacrificio moderado, la ciudadanía espera coherencia, eficiencia en el gasto, focalización real y combate a filtraciones. Sin esa reciprocidad, el llamado suena moralista; con esa reciprocidad, se convierte en pacto social.

En el fondo, esta coyuntura plantea una pregunta estratégica: ¿será el país capaz de gestionar el choque sin perder estabilidad ni equidad? La respuesta depende menos de la retórica y más de la ejecución diaria: seguimiento de precios internacionales, ajustes oportunos, protección social focalizada, subsidios trazables, inversión pública priorizada y comunicación transparente. En un mundo donde la incertidumbre se ha vuelto frecuente, la resiliencia ya no es una consigna: es una capacidad de gobierno.

El mayor riesgo, como se advirtió, no es hacer ajustes responsables, sino posponer decisiones y pagar costos mayores después. La historia económica está llena de ejemplos donde el “patear la lata” convierte un sacrificio moderado en un sacrificio traumático. Lo que corresponde, entonces, es combinar prudencia y empatía: proteger a los más vulnerables, sostener el crecimiento y fortalecer los amortiguadores estructurales que reduzcan nuestra exposición futura. La economía dominicana no se detiene, pero tampoco puede avanzar con los ojos cerrados. En tiempos de turbulencia, el país necesita claridad, disciplina y una visión de largo plazo.

Luis Orlando Díaz Vólquez
Ingeniero de Sistemas de Computadora · Escritor y editor bibliográfico · Productor de medios de comunicación

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