sábado, 7 de febrero de 2015

En Cuba esperando el avión de Trujillo

Puntos de vista 3 Febrero 2015
En Cuba esperando el avión de Trujillo
Tony Raful
Una experiencia única y reconfortante fue nuestra participación como miembro del Jurado, en el Premio Literario de la Casa de las Américas, en Cuba. La relación con intelectuales y prestantes figuras del quehacer literario y cultural del continente reporta una visión amplia  del proceso creador, así como las tendencias temáticas que yugulan  la producción actual de obras y los giros renovadores del lenguaje.  Casa de las Américas es una institución establecida a raíz del triunfo de la revolución cubana, como una expresión de apoyo y estímulo al trabajo cultural.  Cientos de escritores latinoamericanos recibieron el andamio básico que requerían para proyectarse ante el público de lectores en su diversidad social y humana. Escritores como Mario Vargas Llosa, fueron apuntalados por Casa de las Américas, en una etapa inicial de su extraordinario desarrollo como novelista, hasta tal grado, de que, cuando Vargas Llosa recibió el Premio Rómulo Gallego en 1967, por su  excelente novela, “La Casa Verde”, manifestó que la dotación del  galardón obtenido, se lo donaba a Casa de las 
Américas, en la persona de Haydée Santamaría, la heroína cubana que presidía esa institución, por sus aportes a la literatura y a la cultura. Vargas Llosa rompió toda asociación con la revolución cubana, debido entre otras razones al conocido “caso Padilla” (la represión oficial por el libro de poemas, “Fuera de juego”, del poeta Heberto Padilla, un magnifico texto poético premiado en 1971).  Con el transcurrir del tiempo, aquella experiencia compendiada en lo que los críticos han llamado el “quinquenio gris”, una etapa de cerrazón y de acoso externo, ha sido en gran parte superada con visión crítica y flexibilidad ante el fenómeno cultural. A ninguno de los miembros del Jurado, se les trazó pautas ni se les señalaron condiciones ideológicas para juzgar o valorar las obras concursantes. Puedo decir, que con absoluta libertad de opinión, se evaluaron los textos concursantes. Ni antes ni después de los veredictos se revisaron los juicios, que validaron las participaciones. Es más, en el género poesía, que fue el más concurrido, la valoración del trabajo que resultó ganador, correspondiente al poeta colombiano, Nelson Romero Guzmán, por su obra  “Bajo el brillo de la luna”, es un texto crítico de una profundidad filosófica y existencial que nada tiene que ver con las ideas revolucionarias ni con identificaciones políticas, lo cual no revocaba otros textos con vocación social.
El cuadro de Jurados 2015 del Premio Literario Casa de las Américas, estuvo integrado por géneros. En Novela, Ignacio Echeverría (España), Nona Fernández (Chile), Luis Negrón (Puerto Rico), Carol Zardetto (Guatemala), Hugo Luis Sánchez (Cuba).  En Poesía, Piedad Bonnett (Colombia), Manuel Orestes Nieto (Panamá), Tony Raful (Rep. Dominicana), Ariel Silva Colomer (Uruguay) y Alex Fleites (Cuba). En el Ensayo de tema histórico-social, Martha Harnecker (Chile), Alfonso Múnera (Colombia) y Zuleica  Romay (Cuba). En Literatura para Niños y jóvenes, Edgar Alan García  (Ecuador), Ema Wolf (Argentina) y Rubén Darío Salazar (Cuba). En Literatura brasileña, Silvie Josserand Cola (Francia), Silviano Santiago (Brasil) y Julia Calzadilla (Cuba). En Premio de Literatura  Latina en los Estados Unidos, Aileen El-Kadi (Brasil), José A. Mazzotti (Perú) y Margarita Mateo (Cuba). Las participaciones en todos los géneros llegaron a la cantidad de  662 obras de 24 países del continente americano. El género de Poesía, en el cual yo participé como JURADO, tuvo la más alta cifra de concursantes, alrededor de 240 textos. 
En el  género o la  categoría de Premio la Literatura Latina en Estados Unidos, que ganó nuestro compatriota José Acosta, hubo 25 participantes, representando un orgullo nacional en la diáspora. Acosta es un destacado escritor dominicano, de acierto y valía, que se une a los dos únicos dominicanos que han obtenido ese reconocimiento a nivel de Premio de Casa de las Américas, siendo los otros, el sociólogo e historiador, Franklin J. Franco, con su ensayo, “Clases, Crisis y Comandos” en 1966; el actor y dramaturgo, Reynaldo Disla en Teatro, con su obra “Bolo Francisco” en 1985; Marcio Veloz Maggiolo, con su novela “La Moca Soldado”, 2004, y ahora José Acosta con su obra publicada, “Un Kilómetro de mar” en 2015. Ningún  dominicano hasta ahora ha ganado en el género de Poesía, de Casa de las Américas.
La presencia de un escritor y poeta de las dimensiones de Roberto Fernández Retamar, presidiendo “Casa de las Américas” es una garantía de transparencia y respeto por la obra del escritor. Independientemente de su pensamiento ideológico, Retamar es un hombre de ideas amplias en  relación con la cultura, conversé mucho con él, a quien siempre he admirado por sus trabajos y aportes a la cultura. Su ensayo sobre Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, su básica exposición en Calibán, su reordenamiento escritural y conceptual, su visión plural del ejercicio poético (es un gran poeta) y sobre todo su enorme capacidad de trabajo, junto a sus colaboradores, entre ellos Jorge Fornet, hacen de Casa de las Américas un espacio de discusión, análisis y acogida de una pluralidad participante significativa.
Hablé libremente con muchos exponentes críticos del proceso social y político cubano en un marco respetuoso, bajo la lupa del contexto histórico, pasamos revista  a las contradicciones que se agudizaron en los interregnos más agudos de la guerra fría, los aciertos, los errores, y la visión de apertura actual orientada en base  a lo que yo entiendo que es la valentía y la visión del presidente Barack Obama y la madurez de Raúl Castro, sin menoscabo de la dignidad y los valores nacionales. Recorrí una vez más las calles y el malecón de La Habana, visité los lugares que quise, anduve por mi cuenta, sin guía ni escolta. Estuve en la bella ciudad de Cienfuegos, varios días, así como en Trinidad,  la ciudad a los pies de las montañas del Escambray, escenario de las luchas guerrilleras tanto a favor de la revolución como en contra de ella en los  finales de años 50 y a principio de los años 60. Aproveché para visitar el pequeño Aeropuerto de Trinidad, donde el 13 de agosto de 1959, Trujillo envió una invasión contra Fidel Castro, como respuesta a las expediciones gloriosas del 14  y 20 de junio de 1959. 
Esta invasión resultó un fiasco por el engaño de los comandantes Eloy Gutiérrez Menoyo y William Morgan al tirano dominicano, quienes fingieron actuar a favor de Trujillo y en realidad lo hicieron en coordinación con Castro. Al llegar el avión lleno de esbirros batistianos aquella noche a Trinidad, hubo una manifestación de gente gritando “Viva Trujillo”, “Abajo Fidel” (que en realidad era parte del teatro montado para que descendieran del avión dominicano), mientras el comandante Fidel Castro junto a  Gutiérrez Menoyo, Morgan y otros, rodearon el avión, produciéndose un tiroteo en el que murieron varios invasores, sufriendo Trujillo una derrota que fue una burla a sus pretensiones de poder y terror. Viví como hace 56 años el episodio histórico, recreé aquella noche en que Trujillo fue ridiculizado y me fotografié en la pista de aeropuerto de Trinidad, esperando en mi mente ilusoria la llegada del avión de Trujillo, para rodearlo, para aniquilarlo.
http://www.listindiario.com/puntos-de-vista/2015/2/3/354866/En-Cuba-esperando-el-avion-de-Trujillo

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