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sábado, 16 de marzo de 2019

Se acabó el "gran debate" en Francia, ¿qué vendrá ahora?

EUROPA

Se acabó el "gran debate" en Francia, ¿qué vendrá ahora?

La iniciativa de Macron logró reunir a muchos ciudadanos y aumentar su participación. Ahora, sin embargo, le toca pasar de las palabras a los hechos.
Paris - Gelbwestproteste am Champs Elysees (DW/E. Bryant)
El viernes (16.03.2019), Francia puso fin a dos meses de debates ciudadanos que pretendían servir de bálsamo inmediato para las heridas abiertas a raíz de las protestas de los "chalecos amarillos”. El mayor desafío, sin embargo, está ahora por venir, dicen los analistas: encontrar una solución para toda una serie de reclamaciones sociales que vienen de mucho antes que el movimiento de protesta.
Para el presidente francés, Emmanuel Macron, quien lanzó el llamado "gran debate” a mediados de enero, los resultados inmediatos han sido mayoritariamente positivos. Alrededor de medio millón de franceses participaron en los 10.000 encuentros que tuvieron lugar en todo el país para discutir temas preestablecidos, desde los impuestos y los servicios públicos hasta la democracia o el medio ambiente. Los organizadores también recibieron más de 1,4 millones de comentarios públicos por internet que subrayaron la preocupación por otros asuntos, como los puestos de trabajo o la inmigración.
Igualmente importante, Macron ha logrado un nuevo impulso en las antes desalentadoras encuestas, a la vez que el apoyo público por los chalecos amarillos continúa erosionándose. Su tasa de aprobación subió ocho puntos a principios de marzo, hasta un 28%. Pero cómo va a afectar esta crisis a ambas partes en los próximos meses sigue siendo una incógnita.
"El problema empieza ahora”, explica a DW el analista Jean petaux, de la universidad Sciences-Po de Burdeos. "Para acabar por completo con los chalecos amarillos, el Gobierno tiene que abordar al menos parte de sus demandas, que son muy dispares. Y tiene que dar la impresión de ofrecer soluciones creíbles”.
Hasta ahora, el mandatario galo ha dado pocas pistas sobre su estrategia a largo plazo. Hay quien cree que no tiene ninguna. Una de las opciones, la celebración de un referéndum, es problemática en términos de la coyuntura actual y del riesgo al rechazo.
Un respiro
Por ahora, Macron y su Ejecutivo tienen cierto margen para respirar, mientras ponen en marcha la "fase dos” del debate, que se alargará hasta abril. Los encuentros del tipo ayuntamiento se han terminado. En su lugar, se les pedirá a aproximadamente cien ciudadanos que ayuden a cribar y analizar los resultados. El proceso ya ha encontrado resistencias por la idea de elegir al azar quiénes participarán.
Los sondeos muestran que la mayoría de los franceses ha apreciado los debates nacionales. Más de ocho de cada diez de los encuestados piensan que los encuentros dieron a la ciudadanía una oportunidad de expresarse, mientras que un porcentaje menor dijo que se abordaron sus principales problemas y los que pusieron sobre la mesa los chalecos amarillos, de acuerdo con el estudio de Harris Interactive-Agence Epoka publicado esta semana.
Muchos, sin embargo, son escépticos respecto de que tanto hablar llegue a algo más. Otra encuesta señaló que dos tercios de la población dudan de que el Gobierno finalmente tenga en cuenta la miríada de preocupaciones resaltadas.
Los miembros del Ejecutivo, no obstante, insisten en lo contrario.
"La idea de que tenemos que hacer las cosas de otra forma es obvia”, dijo el ministro encargado de las relaciones con las entidades territoriales, Sébastien Lecornu, al semanario Le Journal du Dimanche. "Quizás reforcemos algunos temas, aceleremos otros o corrijamos otros. Con humildad”.
 
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Francia: judíos huyen del antisemitismo

Por el momento, los chalecos amarillos han puesto freno a la agenda reformista de Macron. El movimiento, que toma su nombre de los chalecos fluorescentes que los franceses guardan en sus coches, ha evolucionado enormemente desde su origen contrario a un aumento del impuesto sobre la gasolina, y ha abrazado todo un batiburrillo de causas, principalmente aquellas de una Francia rural y de clase trabajadora que siente haberse qudado atrás.
El presidente francés dio un primer paso cancelando dicha subida impositiva. Más tarde, en diciembre, fue más lejos y anunció ayudas a los más vulnerables por valor de 10.000 millones de euros, además de esbozar la iniciativa de los debates. Los chalecos amarillos consideraron los anuncios insuficientes. Los sectores más radicales incluso pidieron la dimisión de Macron.
"Emmanuel Macron tiene que mostrar ahora que sus palabras se traducen en actos”, dijo el analista Petaux. "De lo contrario, serán solo palabras”.
¿Qué está por venir?
Hasta ahora han venido al menos cambios de forma. A menudo considerado distante y arrogante, Macron se ha arremangado la camisa –literalmente– y ha participado en una docena de debates públicos, evocando la imagen de su campaña presidencial. Los sondeos de marzo sitúan a su partido, La República en Marcha, en camino de superar a la oposición ultraderechista de Agrupación Nacional.
Pero bernard Reber, que estudia la cuestión de la ciudadanía participativa en el parisino Centro Nacional de Investigaciones Científicas, advierte de que no se deben subestimar los debates. "No han tenido precedentes, en todos los sentidos”, dijo a DW el experto, que asistió a 30 de esos eventos.
Hace unos meses, cuenta, nadie hubiera creído que los franceses se presentarían y abordarían los temas más controvertidos y divisivos. "La gente se movilizó y se quedó por mucho tiempo. No sé de muchos países en el mundo que permitan a sus ciudadanos participar en debates de varias horas de duración”.
 
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Francia: destino final, "brexit"

Se espera que Macron anuncie la hoja de ruta posterior a este gran debate el próximo mes. En cualquier caso, ya hay lecciones para aprender del gran debate. "La gente está aprendiendo que la política y el cambio de un sistema son un proceso difícil”, sostiene Reber.
Los siguientes pasos de los chalecos amarillos tampoco están claro. Muchos analistas creen que el movimiento poco a poco caerá por su propio peso. Algunos de los militantes más acérrimos continuarán con las protestas e incluso podrían intensificarlas, piensa Petaux, mientras que otro grupo será absorbido por los partidos políticos ya existentes, principalmente en los extremos izquierdo y derecho del espectro político.
Otros, dice Petaux, "revivirán la nostalgia de la República de las plazas”, en referencia a la solidaridad y las amistades tejidas durante las protestas.
(eal/jov)
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lunes, 11 de febrero de 2019

Una crisis diplomática

EDITORIAL
Una crisis diplomática
Macron dice basta al apoyo del Gobierno italiano a los ‘chalecos amarillos’
 11 FEB 2019 - 00:00 CET
El presidente francés, Emmanuel Macron
El presidente francés, Emmanuel Macron FRANCE PRESS
La convivencia empieza a degradarse cuando se quiebran las leyes, escritas y no escritas. Una regla no escrita en la diplomacia consistía en que un Estado no trabajaba en favor de la caída del Gobierno de un país amigo. Es lo que vienen haciendo, desde hace semanas, los dos hombres fuertes del Gobierno italiano, Matteo Salvini y Luigi Di Maio, al apoyar a un sector del movimiento de los chalecos amarillos en su esfuerzo por derribar al presidente francés, Emmanuel Macron. El jueves Macron dijo basta y llamó a consultas al embajador francés en Roma. Fue un gesto drástico. Pero marcó con claridad los límites a las frívolas provocaciones de unos líderes nacionalistas y populistas que socavan el espíritu y la letra de la Unión Europea, un club donde las diferencias se resuelven por la negociación y por los cauces institucionales, y no mediante la agitación, a veces violenta, como ha ocurrido con los chalecos amarillos.
La última vez que París retiró a su embajador en Roma fue en 1940, después de que Italia, entonces gobernada por el dictador Benito Mussolini, declarase la guerra a Francia. La reconciliación en la posguerra y la integración europea garantizaron décadas de paz y prosperidad. Francia e Italia crearon la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), embrión de la Comunidad Económica Europea (CEE) que alumbraría la Unión Europea. El choque franco-italiano, que venía gestándose desde que en junio Salvini y Di Maio llegaron al poder, revela la fragilidad del proyecto común. Supone un aviso de hasta dónde puede llegar la fractura entre los defensores los valores liberales y democráticos de los fundadores como los franceses Robert Schuman y Jean Monnet o el italiano Alcide de Gasperi, y los partidarios del repliegue nacional, el cierre de las fronteras y el autoritarismo.
Una opción es intentar cerrar la fractura pactando con los extremistas y asumiendo sus programas. Macron ha optado por la vía contraria: la del cordón sanitario y la polarización. El presidente francés piensa en las elecciones europeas de mayo y en su principal rival en Francia, Marine Le Pen, jefa del Reagrupamiento Nacional, heredero del partido ultraderechista Frente Nacional. La campaña para las europeas, así como la competición interna en la coalición italiana, también explican el reciente viaje de Di Maio a Francia para reunirse con miembros destacados de los chalecos amarillos.
Esta crisis es mucho más que una escaramuza electoralista. Enfrenta a quienes respetan las normas y a quienes las vulneran. El problema va más allá de la relación entre Francia e Italia, y de la UE. Donald Trump estableció unos precedentes que han fructificado. La descalificación y la mentira no son nuevos en las democracias, pero el presidente de EE UU legitimó su uso a ojos de imitadores y discípulos. Hoy se ven los resultados. Que los gobernantes de Italia jaleen a quienes en Francia llaman a la insurrección parece aceptable, y no debería serlo. La Europa de los Salvini, Di Maio y Le Pen amenaza con barrer a la de Schuman, Monnet y De Gasperi. La retirada del embajador francés, una advertencia al Gobierno italiano sobre los costes de esta deriva, era un gesto necesario. https://elpais.com/elpais/2019/02/10/opinion/1549810941_554861.html

domingo, 13 de enero de 2019

Rosa Luxemburgo: la brutal ejecución de “la Rosa Roja” a manos de los despiadados freikorps alemanes hace 100 años

Rosa Luxemburgo: la brutal ejecución de “la Rosa Roja” a manos de los despiadados freikorps alemanes hace 100 años

Rosa LuxemburgoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionRosa Luxemburgo, una de las revolucionarias más destacadas del siglo XX.
Nadie escoge el lugar de nacimiento, pero de una manera u otra, más o menos profundamente, marca nuestra vida.
En el caso de Rosa Luxemburgo, la mujer a quien el líder soviético Vladimir Lenin llamaría el "Águila de la Revolución", ese accidente de nacimiento fue crucial para ayudar a formar la pensadora y revolucionaria en la que se convertiría.
Rosa nació en un pequeño pueblo llamado Zamość, cerca de Lublin, en 1871, cuando Polonia era parte del Imperio Ruso.
"No era nacionalista, ni creía en la autodeterminación de los polacos, pues quería que los trabajadores del mundo se unieran obviando las fronteras", le dijo a la BBC Jacqueline Rose, codirectora del Instituto Birkbeck para las Humanidades de la Universidad de Londres.
"Sin embargo, el hecho de que nació en un país que estaba bajo el dominio de otro le hizo entender la necesidad y el potencial de la revolución y la resistencia a injusticias históricas".
Rosa LuxemburgoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEra menuda y no muy alta, pero no se achicaba ante nadie.
La familia de Rosa era judía, liberal, educada, y su padre había estudiado en Alemania.
"Cuando regresó a Polonia trajo consigo ideas contemporáneas, el interés en asuntos internacionales y el gusto por la literatura occidental", cuenta Lea Haro, editora de la traducción de todas las obras de Rosa Luxemburgo al inglés.
"Su madre también era una ávida lectora de libros en alemán y polaco, y le gustaba particularmente Friedrich Schiller. Era una familia muy cosmopolita".

Vena revolucionaria

Debido a sus experiencias, Rosa se politizó desde sus primeros años.
No había podido ir al mejor colegio, pues estaba reservado para los rusos y ella era polaca.
El antisemitismo era endémico en la vida cotidiana, y lo sintió a diario como niña de colegio en la actitud de sus compañeros de clase.
Y en 1881 ese sentimiento antijudío desencadenó una ola de pogromos terroríficos.
Para cuando la familia se mudó a Varsovia, Rosa tenía 15 años y ya estaba involucrada en actividades clandestinas.
Rosa LuxemburgoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption"En el espíritu de Rosa Luxemburgo el ideal socialista era una pasión avasalladora que todo lo arrollaba; una pasión, a la par, del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear", escribió su gran amiga Clara Zetkin, después de su muerte.
Su vena revolucionaria la llevó a unirse al Partido del Proletariado, el primer partido socialista polaco.
Cuando los activistas intentaron organizar una huelga general, algunos de los líderes fueron capturados y ejecutados.
Con solo 18 años, Rosa tuvo que huir a Suiza, donde conoció a su compañero revolucionario socialista, Leo Jogiches.

Más que camarada

Jogiches, también conocido por su nombre de guerra Tyscha o Tyscho, se convirtió en uno de los grandes amores e influencias de su vida.
En esta carta, ella está esperando a que se encuentre con ella, a orillas del lago Ginebra:
"Dyodyo, mi dorado, acabo de recibir tu carta y la tarjeta. ¡Dos días más de espera!
"Hoy ha estado gris desde por la mañana, por primera vez, pero ni una gota de lluvia. El lago brilla con una superficie lisa del color del acero. Me gusta tanto el clima tranquilo y melancólico como éste; lo único malo es que me invita a soñar, no a trabajar.
"¡Oh, Dyodyo, apúrate!".
Rosa LuxemburgoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionElla misma se sorprendió de cuán buena oradora era.
Rosa Luxemburgo le escribió casi un millar de cartas a Leo Jogiches entre 1893 y 1914.
En ellas, "a menudo él es descrito como una figura que le ayudó a formar su ideología política e intelectual", señala Jacqueline Rose, quien escribió sobre Rosa Luxemburgo en su libro "Women in Dark Times".
"Eventualmente ella lo superó y se convirtió en una oradora y pensadora por derecho propio".
A medida que la fama de Luxemburgo como teórica marxista crecía, Jogiches se iba amargando cada vez más. En 1907 se separaron.

Cita con la revolución, en el lugar equivocado

En 1898, Rosa Luxemburg se mudó a Berlín, que sería su hogar por el resto de su vida. Se casó con el hijo de una amiga con el que nunca vivió para obtener la ciudadanía pues, como muchos de sus contemporáneos, estaba convencida de que en Alemania comenzaría la revolución.
Rosa LuxemburgoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption"La voz, el lenguaje... todo brota con precisión".
Ese primer año le escribió a Jogiches, quien todavía está en Suiza:
"No tienes idea del efecto que han tenido mis intentos de hablar en reuniones públicas. ¡Yo no creía que podía hacerlo! Pero aproveché una oportunidad y ahora estoy segura que en cuestión de 6 meses seré una de las mejores oradoras del partido.
"La voz, el lenguaje... todo brota con precisión. Y más importante, me paré en la tribuna con tanta calma que parecía que lo hubiera estado haciendo durante 20 años".
Tenía razón. Era "brillante hablando en público. Además, como escritora, era emotiva, aguda, a menudo sarcástica -'monstruosamente falta de tacto', fue como la describió un biógrafo-. Realmente irresistible... muy poderosa", resalta Rose.
Rosa se abrió camino rápidamente en las filas del Partido Socialdemócrata alemán.
Participantes a la conferencia del Partido Socialdemocrático Alemán en 1913: la tercera de la izquierda es Rosa Luxemburgo, y al frente en el centro, su amiga Clara ZetkinDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionParticipantes a la conferencia del Partido Socialdemocrático Alemán en 1913: la tercera de la izquierda es Rosa Luxemburgo, y al frente en el centro, su amiga Clara Zetkin. Meses después se sentirían traicionadas por el partido.
Y en 1905, la revolución se extendió, pero no en Alemania, sino en el Imperio ruso.

Con sus propios ojos

"Su respeto por lo que estaba pasando en Rusia y su crítica a lo que ocurría con la socialdemocracia alemana, el partido la empezó a detestar.
"Entre más la odiaban sus copartidarios, más popular se volvía en las calles, más famosa, más bienvenida era en mítines del proletariado. Ella representaba la capacidad del espíritu revolucionario de exceder los sistemas organizacionales fijos que querían mantenerlo en un solo lugar".
En 1905 viajó a Varsovia y vio las teorías revolucionarias puestas en práctica.
En 1906, le escribió entusiasmada desde Varsovia al gran teórico marxista Karl Kautsky y su esposa Lulu sobre el efecto que habían tenido los levantamientos rusos.
"El sentimiento de solidaridad, hasta hermandad, de los trabajadores rusos está tan desarrollado que uno se queda asombrado.
"En todas las fábricas, por su iniciativa, los trabajadores han establecido comités que toman todas las decisiones sobre las condiciones de trabajo, sobre a quién contratar y a quién despedir, de manera que el empleador literalmente ha dejado de ser el dueño de su propia casa".

Dudas y dolor

En su obra "La huelga de masas, el partido político y los sindicatos" -que terminó después de regresar de Varsovia- Rosa Luxemburgo argumentó que una huelga general podría usarse para provocar una revolución social.
Monumento a Rosa Luxemburgo en el lugar en el que fue arrojada al aguaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionMonumento a Rosa Luxemburgo en el lugar en el que fue arrojada al agua, malherida pero quizás aún viva.
Pero estaba empezando a dudar de que los socialdemócratas alemanes estarían a la cabeza de tal revolución.
"Le tomó mucho tiempo reconocer las verdaderas aspiraciones del partido en el que militaba. Celebró que en agosto de 1914 los socialdemócratas alemanes ganaran más escaños en el Parlamento que nunca, a pesar de que siempre le inquietó ese deseo que tenían de ser parte del sistema político", señala la experta Rose.
"Pero cuando el partido votó a favor del presupuesto para municiones de guerra ese mismo mes, quedó absolutamente devastada.
"Su amiga cercana, la política comunista Clara Zedkin, dice en una de sus cartas que ambas contemplaron la posibilidad de suicidarse".

Grandiosidad y tragedia

En vez de quitarse la vida, las dos amigas se dedicaron a hacer campaña contra lo que denunciaron como una guerra imperialista.
Las grandes amigas Rosa Luxemburgo y Clara Zedkin camino a una reunión.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLas grandes amigas Rosa Luxemburgo y Clara Zedkin tuvieron que decidir entre continuar luchando por la revolución o la muerte.
En 1916, ellas, junto con el marxista y antimilitarista Karl Liebknech fundaron el movimiento Liga de los Espartaquistas (1918), que más tarde se transformó en el Partido Comunista Alemán (KPD).
Y durante esos años Rosa Luxemburgo, ya conocida como "Rosa Roja", fue encarcelada una y otra vez por encabezar protestas contra la Primera Guerra Mundial.
Fue en la cárcel donde escuchó noticias de las revoluciones rusas de 1917 y le escribió a su amiga Clara.
"Estoy convencida de que en los próximos años será inevitable un gran conmoción en toda Europa, especialmente si la guerra dura mucho mas.
"Los eventos en Rusia son de una grandiosidad y tragedia asombrosa. Lenin y su gente por supuesto no podrán controlar el caos, pero su intento por sí solo es un hecho de importancia histórica global y un hito genuino".
Carteles de Lenin y Rosa de Luxemburgo en manifestaciónDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionA Lenin le indignaron las opiniones de Rosa, pero tras su asesinato dijo que "a pesar de sus errores, ella fue (y lo seguirá siendo para nosotros) un águila".
Poco después tendría con ese mismo Lenin una de sus más notables disputas.

La verdadera libertad

Después de la Revolución Rusa de octubre de 1917, Luxemburgo reprendió a los bolcheviques por su disolución de la Asamblea Constituyente electa y su supresión de los partidos rivales.
"La libertad sólo para los partidarios del gobierno, sólo para los miembros de un partido, por muy numerosos que sean, no es libertad en absoluto.
"La libertad es siempre y exclusivamente libertad para aquel que piensa de manera diferente".
El líder de Rusia Soviética y luego de la Unión Soviética no fue el único al que le dejó saber cuánto había defraudado a quienes compartieron ideales.
Por ello, hasta el final de su vida, Rosa Luxemburgo fue amada y odiada, en igual medida.

Ese final

Del 5 al 12 de enero de 1919, Berlín fue el escenario de una huelga general, con la que los manifestantes soñaban repetir la experiencia rusa tomando el gobierno de las manos de los pocos para dársela a los muchos.
Karl LiebknechtDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionKarl Liebknecht, marxista y antimilitarista, arrestado y asesinado al mismo tiempo que Rosa Luxemburgo.
Se le conoce como el Levantamiento Espartaquista, aunque en realidad la Liga Espartaquista no la convocó ni la dirigió, aunque sí que cooperó.
De hecho, Rosa Luxemburgo señaló que la situación alemana de 1919 no era igual a la de Rusia en 1917, y que no contaban con lo necesario para derrocar al gobierno.
Sin embargo, aunque anticipó que se venía una catástrofe, se sintió obligada a participar.
El presidente socialdemócrata Friedrich Ebert respondió ordenándole a los freikorps -para entonces una banda de protonazis- que aplastaran la rebelión.
Y así lo hicieron.

"¡Yo fui, yo soy y yo seré!"

Una vez cumplida esa misión, el 15 de enero de 1919, detuvieron a Rosa Luxemburgo y a Karl Liebknecht.
Los golpearon, torturaron y humillaron.
La división implicada en el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en el Hotel Edén ese día.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa división implicada en el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en el Hotel Edén ese día.
A ella, uno de los paramilitares le rompió el cráneo con la culata de su rifle.
Con la sangre brotando de su herida, la metieron a un auto, donde fue abatida a tiros y arrojada al canal Landwehr de Berlín.
Semanas más tarde, mientras investigaba la muerte de Rosa Luxemburgo, la mujer a la que había amado, Leo Jogiches fue asesinado en Berlín.
Cuatro meses y medio después, su cuerpo fue encontrado y reconocido gracias a sus guantes y lo que quedaba de su vestido, aunque desde entonces y todavía no es seguro que fueran sus restos.
Funeral de Rosa LuxemburgoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionFuera o no su cuerpo, el entierro de los restos encontrados fue el evento que permitió expresar el dolor que causó su muerte.
Las últimas palabras que escribió conocidas fueron:
"Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para terror de ustedes: ¡Yo fui, yo soy y yo seré!".
"Con su asesinato -observó Isaac Deutscher, biógrafo de Trotsky- "la Alemania de (la casa dinástica de los) Hohenzollern celebró su último triunfo y la Alemania nazi, el primero".
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