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sábado, 26 de septiembre de 2026

Aduanas inteligentes: la ventaja estratégica que puede transformar a la República Dominicana

La República Dominicana se encuentra en un momento decisivo de su desarrollo económico. Mientras el comercio mundial atraviesa una etapa marcada por tensiones geopolíticas, reconfiguración de cadenas de suministro, digitalización acelerada y una creciente competencia por atraer inversiones logísticas, el país está posicionándose para aprovechar una oportunidad histórica: convertirse en uno de los principales centros de comercio y logística de América Latina 

Por Luis Orlando Díaz Vólquez 

Las noticias registradas durante la última semana revelan una tendencia clara. Por un lado, la Dirección General de Aduanas informó que los sistemas de gestión de riesgos permitieron recaudar más de RD$2,630 millones a través de alertas inteligentes aplicadas a importaciones, aumentando la efectividad de los controles y reduciendo intervenciones innecesarias. 1 Por otro lado, la discusión internacional liderada por la Organización Mundial de Aduanas destaca que el futuro del comercio dependerá cada vez más del uso de datos, inteligencia artificial, información anticipada de cargas y cooperación entre los sectores público y privado. 23

Estas tendencias no son hechos aislados. Forman parte de una transformación estructural que está redefiniendo el papel de las aduanas en todo el mundo.

Durante décadas, las administraciones aduaneras fueron vistas principalmente como organismos recaudadores y fiscalizadores. Hoy, las economías más competitivas consideran a sus aduanas como plataformas estratégicas para impulsar la productividad nacional. Una aduana moderna no solo cobra impuestos; facilita el comercio, fortalece la seguridad nacional, protege las cadenas de suministro y contribuye directamente a la atracción de inversiones.

La República Dominicana posee ventajas naturales para liderar esta nueva etapa. Su ubicación geográfica privilegiada, la expansión de puertos como Caucedo, el crecimiento de las zonas francas, la consolidación de la Ventanilla Única de Comercio Exterior y el fortalecimiento institucional de la administración aduanera crean las condiciones para que el país se convierta en un nodo regional de distribución y manufactura.

Sin embargo, el verdadero desafío no consiste únicamente en construir infraestructura física. La próxima frontera de competitividad será tecnológica. Las cadenas de suministro globales están migrando hacia modelos basados en datos en tiempo real, análisis predictivo y gestión automatizada de riesgos. La información será tan importante como los puertos, los aeropuertos o las carreteras.

En ese contexto, la recuperación de RD$1,652 millones en impuestos no declarados mediante procesos de fiscalización especializada demuestra que la tecnología y la inteligencia aplicada pueden generar resultados tangibles para el Estado y para la economía formal. 4 El mensaje es claro: una administración moderna puede ser simultáneamente más eficiente, más transparente y más efectiva.

Las proyecciones de organismos internacionales indican que el comercio mundial seguirá enfrentando incertidumbres derivadas de la fragmentación geopolítica y la desaceleración económica, circunstancias que obligarán a las naciones a fortalecer su resiliencia logística y diversificar mercados. 5 Para la República Dominicana esto representa una oportunidad extraordinaria. Las empresas globales buscan destinos confiables, ágiles y tecnológicamente avanzados para sus operaciones.

La gran apuesta nacional debe ser construir una aduana cada vez más digital, interoperable e inteligente. Quienes dominen la gestión de datos dominarán los flujos comerciales del futuro. Y en ese escenario, la República Dominicana tiene la posibilidad real de convertirse no solo en una puerta de entrada al Caribe, sino en un referente regional de competitividad logística, facilitación comercial e innovación aduanera.

La historia económica demuestra que los países que aprovechan a tiempo los cambios tecnológicos son los que lideran las siguientes décadas de crecimiento. Para la República Dominicana, el momento de dar ese salto estratégico es ahora./

#GuasábaraEditor 

Título: Aduanas inteligentes: la ventaja estratégica que puede transformar a la República Dominicana

jueves, 23 de julio de 2026

DGA firma convenio con ITLA para impulsar su capital humano en logística

DGA firma convenio con ITLA para impulsar su capital humano en logística

El acuerdo impulsa la formación especializada, la innovación y la transformación digital como pilares para elevar la competitividad del país y responder a las demandas del comercio y la logística del futuro.

Santo Domingo, R.D. 23 de julio de 2026. – La Dirección General de Aduanas (DGA) suscribió un acuerdo de colaboración con el Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA), mediante el cual otorgará 50 becas para colaboradores de la institución en la nueva carrera Smart Logistics, impulsando así la formación especializada de su capital humano y el desarrollo de competencias alineadas con las exigencias del comercio y la logística moderna.

La iniciativa es parte del compromiso de la DGA con la construcción de una institución cada vez más eficiente, innovadora y preparada para responder a los desafíos de una economía global en constante transformación. A través de esta alianza estratégica, Aduanas fortalece su capacidad operativa y apuesta por el talento como uno de los principales motores para elevar la competitividad del país y consolidar a la República Dominicana como un referente logístico regional.

El director general de Aduanas, Nelson Arroyo, destacó que la formación del talento humano constituye una prioridad para la gestión institucional. “Este acuerdo representa una inversión directa en el desarrollo del capital humano de la Dirección General de Aduanas. Iniciamos con 50 becas para colaboradores que continuarán con su preparación profesional, fortaleciendo competencias en tecnología y logística a través de la carrera Smart Logistics”, expresó Arroyo.

Asimismo, señaló que la transformación de las aduanas modernas requiere de profesionales capacitados y comprometidos con la innovación. “Estamos convencidos de que la tecnología es la palanca que puede marcar la diferencia en la modernización de las aduanas”.

El rector del ITLA, Jimmy Rosario Bernard, destacó que esta iniciativa representa un paso decisivo para consolidar una oferta académica alineada con las necesidades del sector productivo y con la visión de innovación que impulsa el Gobierno dominicano.

"Este acuerdo junto con la Dirección General de Aduanas impulsa el desarrollo de nuestra nueva carrera de Smart Logistics (Logística Inteligente), una propuesta académica innovadora diseñada para formar profesionales capaces de integrar tecnología, análisis de datos, automatización e inteligencia digital en los procesos logísticos.

Rosario Bernard afirmó que el convenio refleja la visión del ITLA de desarrollar programas académicos que respondan a las necesidades reales del país y aporten soluciones innovadoras a sectores estratégicos para el crecimiento económico.

Durante la vigencia del convenio, ambas entidades desarrollarán iniciativas enfocadas en la formación especializada, la transformación digital, la investigación aplicada y la generación de espacios de intercambio de conocimientos, fortaleciendo la conexión entre la academia y el sector público para responder a las necesidades actuales y futuras de la actividad logística.

Como parte del acuerdo, también se impulsarán programas de educación continuada, pasantías, prácticas profesionales y proyectos vinculados a tecnologías emergentes, incluyendo inteligencia artificial, con el objetivo de promover una cultura de innovación que genere valor, eficiencia y mayores oportunidades de desarrollo.

Durante el acto, el director general de Aduanas, Nelson Arroyo, recibió el reconocimiento de embajador del ITLA, distinción otorgada por su respaldo a iniciativas orientadas a ampliar las oportunidades de formación especializada y fortalecer las capacidades del talento humano en la República Dominicana.

La actividad reunió a autoridades de ambas instituciones y representantes de empresas vinculadas a la logística, el comercio y el transporte marítimo, evidenciando la importancia de la colaboración multisectorial para impulsar el desarrollo sostenible del país.

lunes, 20 de julio de 2026

La bifurcación de la carrera de la inteligencia artificial

La bifurcación de la carrera de la inteligencia artificial

La aparición de modelos “open‑weight” desde China obliga a repensar la ventaja tecnológica: la competencia ya no es solo por el rendimiento máximo, sino por el acceso, el precio y la capacidad de despliegue masivo.

La carrera por la inteligencia artificial ha entrado en una nueva fase que exige respuestas estratégicas y académicas de largo alcance. Durante años, la narrativa dominante fue la de la frontera: quien construyera los modelos más grandes y afinados dominaría tanto la innovación como el mercado. Hoy esa línea se ha fracturado. Laboratorios chinos han comenzado a ofrecer modelos con pesos abiertos y costos radicalmente menores, capaces de personalización a gran escala. Ese movimiento transforma la competencia en dos frentes: por un lado, los modelos propietarios de élite, cerrados y optimizados para benchmarks; por otro, una insurgencia de modelos abiertos, baratos y fácilmente integrables que prometen democratizar el acceso a capacidades avanzadas. La consecuencia inmediata es que la supremacía tecnológica ya no garantiza por sí sola la influencia comercial ni la capacidad de establecer normas de facto.

El fenómeno tiene implicaciones geopolíticas y económicas profundas. Cuando los pesos de un modelo se liberan y su despliegue se abarata, el control sobre precios, estándares y gobernanza se diluye. Empresas y gobiernos que hasta ahora dependían de proveedores con modelos cerrados se enfrentan a una alternativa que reduce barreras de entrada y acelera la adopción local. Para Estados Unidos y sus aliados, esto erosiona una palanca de poder: la capacidad de condicionar mercados mediante precios, licencias y acuerdos de servicio. Para países en desarrollo y regiones con limitaciones de infraestructura, la disponibilidad de modelos abiertos representa una oportunidad para construir soluciones adaptadas a contextos locales sin pagar las tarifas premium de los proveedores tradicionales.

Desde la perspectiva de seguridad y gobernanza, la bifurcación plantea un dilema complejo. Los modelos propietarios ofrecen, en teoría, un control centralizado que facilita la implementación de mitigaciones y la supervisión de riesgos. Los modelos abiertos, en cambio, amplían la superficie de abuso potencial: cualquiera con recursos suficientes puede adaptar y desplegar variantes sin los filtros o salvaguardas de los proveedores originales. No obstante, la apertura también facilita la auditoría independiente y la investigación académica; la transparencia de pesos y arquitecturas permite detectar sesgos, vulnerabilidades y prácticas de despliegue problemáticas con mayor rapidez. La respuesta prudente no es elegir entre cierre u apertura, sino diseñar marcos que combinen la resiliencia técnica con mecanismos de responsabilidad y transparencia.

Para los responsables públicos y las instituciones académicas la agenda es urgente y doble. En primer lugar, es imprescindible invertir en talento y capacidad de cómputo: becas, programas de posgrado, centros de excelencia y alianzas público‑privadas que permitan a universidades y empresas locales experimentar y competir. La dependencia tecnológica se reduce cuando existe una base sólida de investigadores y operadores capaces de adaptar modelos a necesidades nacionales. En segundo lugar, las políticas industriales deben orientarse a compras públicas inteligentes que favorezcan interoperabilidad, auditabilidad y estándares abiertos cuando sea posible, sin sacrificar la seguridad. Las adquisiciones del Estado pueden crear mercados iniciales para soluciones locales y establecer requisitos de transparencia que incentiven buenas prácticas.

La regulación debe ser proporcional y orientada a riesgos concretos: mitigar la desinformación, proteger infraestructuras críticas y prevenir usos maliciosos sin asfixiar la innovación. Reglamentaciones rígidas que penalicen la experimentación o que impongan barreras de entrada elevadas favorecerán a actores con recursos concentrados y podrían acelerar la dependencia tecnológica. En cambio, marcos flexibles que combinen requisitos de evaluación de impacto, auditorías independientes y mecanismos de respuesta rápida ante incidentes ofrecen una vía para equilibrar seguridad y competitividad.

La cooperación internacional también resulta esencial. Los foros multilaterales y los estándares abiertos son herramientas para equilibrar la influencia de actores con ventajas de escala. Participar activamente en la definición de normas técnicas y éticas permite a países medianos y pequeños defender intereses y contribuir a reglas que limiten externalidades negativas. Al mismo tiempo, la diplomacia tecnológica debe reconocer que la competencia económica y la seguridad no son mutuamente excluyentes: es posible promover la adopción responsable de tecnologías mientras se preservan capacidades estratégicas.

No obstante, conviene mantener una mirada crítica sobre los logros anunciados. Los benchmarks iniciales pueden sobrevalorar la robustez real de modelos emergentes; la evaluación independiente de pesos, datos de entrenamiento y prácticas de despliegue es indispensable para separar marketing de madurez tecnológica. La bifurcación en la carrera de la IA no es un destino fijo sino una oportunidad para reconfigurar prioridades: quienes actúen con visión estratégica —Estados, universidades y empresas— podrán transformar la disrupción en ventaja competitiva y resiliencia. La alternativa es quedarse a la zaga, viendo cómo la tecnología que prometía concentrar poder se fragmenta en manos de quienes mejor sepan combinar apertura, gobernanza y capacidad operativa./

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor 
Fuente: AI race splits in two as China 
wages open-weight insurgency https://www.axios.com/2026/07/18/china-ai-open-source-kimi-anthropic-openai 

miércoles, 1 de julio de 2026

Chips, geopolítica y poder: la nueva frontera de la competencia global

Chips, geopolítica y poder: la nueva frontera de la competencia global

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La inteligencia artificial ha dejado de ser una discusión tecnológica para convertirse en una cuestión de seguridad nacional, influencia económica y poder geopolítico. El reciente allanamiento de oficinas de Supermicro en Taiwán, en el marco de una investigación sobre el presunto desvío de servidores equipados con chips avanzados de Nvidia hacia China, constituye mucho más que un caso corporativo. Es un reflejo de la creciente batalla estratégica por el control de la tecnología que definirá la economía mundial durante las próximas décadas. 1

Las autoridades taiwanesas investigan supuestas exportaciones ilegales de servidores que podrían haber terminado en territorio chino, mientras Washington intensifica los esfuerzos para impedir que tecnologías avanzadas de inteligencia artificial lleguen a competidores estratégicos. La noticia provocó una caída significativa en las acciones de Supermicro y volvió a colocar el foco sobre una de las industrias más sensibles del planeta: la de los semiconductores. 1

Detrás de este episodio subyace una realidad ineludible. Los chips ya no son simples componentes electrónicos. Son la infraestructura crítica de la nueva economía digital. Quien controle su diseño, fabricación, distribución y capacidad de procesamiento tendrá ventajas decisivas en áreas tan diversas como la inteligencia artificial, la defensa, la ciberseguridad, la productividad industrial, la investigación científica y el comercio internacional.

Estados Unidos ha entendido esta realidad con claridad estratégica. Las restricciones a la exportación de chips avanzados hacia China responden a la convicción de que la supremacía tecnológica del siglo XXI dependerá de la capacidad para liderar el desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial. Nvidia, cuyos procesadores alimentan plataformas como ChatGPT y otros sistemas de IA de frontera, se encuentra precisamente en el centro de esa competencia global. 1

China, por su parte, no observa pasivamente. Pekín ha destinado miles de millones de dólares para acelerar la autosuficiencia tecnológica y reducir su dependencia de proveedores occidentales. Cada nueva restricción estadounidense fortalece, paradójicamente, el incentivo chino para desarrollar una industria nacional de semiconductores capaz de competir a escala global.

En este contexto, Taiwán ocupa una posición singular. La isla no solo representa uno de los principales centros mundiales de fabricación de chips, sino que se ha convertido en un activo geopolítico de valor extraordinario. Las decisiones regulatorias adoptadas por Taipei tienen repercusiones directas sobre las cadenas globales de suministro, los mercados financieros y las estrategias de seguridad de las principales potencias.

El caso Supermicro también evidencia un fenómeno que crecerá en los próximos años: la vigilancia cada vez más estricta de las cadenas de distribución tecnológica. Los gobiernos están comprendiendo que la exportación de servidores, centros de datos y equipos avanzados de procesamiento representa mucho más que una transacción comercial. Se trata de activos estratégicos cuya circulación puede alterar balances de poder a nivel internacional.

La cuestión adquiere una dimensión aún mayor cuando se observa el crecimiento exponencial de la inteligencia artificial generativa. Los centros de datos que entrenan modelos avanzados requieren enormes cantidades de procesadores especializados. El acceso a estos recursos se está convirtiendo en una ventaja competitiva tan importante como lo fue el acceso al petróleo durante gran parte del siglo XX.

Por ello, la investigación sobre presuntas operaciones de contrabando tecnológico no debe interpretarse únicamente como un problema empresarial. Es una manifestación del nuevo orden tecnológico que está emergiendo. Las fronteras entre economía, innovación, seguridad y geopolítica son cada vez más difusas. Cada servidor interceptado, cada chip restringido y cada exportación supervisada forman parte de una competencia internacional mucho más amplia.

Para América Latina y para la República Dominicana, esta realidad ofrece importantes enseñanzas. El futuro desarrollo económico dependerá en gran medida de la capacidad para integrarse a cadenas de valor vinculadas a la economía digital, la innovación tecnológica y los servicios avanzados. Los países que comprendan tempranamente esta transformación estarán mejor posicionados para atraer inversión, desarrollar talento especializado y participar en sectores de alto valor agregado.

La disputa por los chips demuestra que la revolución tecnológica no solo se libra en laboratorios o centros de innovación. También se desarrolla en tribunales, aduanas, organismos reguladores y acuerdos internacionales. La geopolítica del siglo XXI ya no gira exclusivamente alrededor del territorio o los recursos naturales; gira alrededor del conocimiento, los datos y la capacidad computacional.

El caso Supermicro es, en definitiva, una advertencia sobre el mundo que está surgiendo. Un mundo donde los semiconductores son instrumentos de poder estratégico, donde la inteligencia artificial redefine las relaciones internacionales y donde el liderazgo económico dependerá cada vez más de quién controle la infraestructura tecnológica que impulsa la nueva era digital. 1

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

🚨💻🌎 Tensión tecnológica entre EE. UU. y China escala un nuevo nivel

Las autoridades de Taiwán realizaron allanamientos en oficinas de Supermicro como parte de una investigación sobre el presunto desvío ilegal de servidores equipados con chips de inteligencia artificial de Nvidia hacia China. La noticia provocó una caída cercana al 8 % en las acciones de la compañía y vuelve a poner en el centro del debate la seguridad tecnológica, los controles de exportación y la competencia geopolítica por el liderazgo en IA. 1

🔍 El caso ocurre mientras Washington intensifica las restricciones para impedir que tecnologías avanzadas de IA lleguen al mercado chino, en una carrera estratégica que redefine las cadenas globales de suministro y la seguridad tecnológica internacional. Las autoridades también investigan presuntas operaciones de contrabando vinculadas a servidores con chips avanzados de Nvidia. 1

⚙️ La inteligencia artificial ya no es solo una revolución tecnológica; es un factor clave de poder económico, industrial y geopolítico. Cada servidor, cada chip y cada centro de datos forman parte de una competencia global por la innovación y la soberanía tecnológica.

🌐 El episodio demuestra cómo la industria de los semiconductores se ha convertido en uno de los principales campos de disputa estratégica del siglo XXI.

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Los límites de la fe financiera: la advertencia detrás de SpaceX

Los límites de la fe financiera: la advertencia detrás de SpaceX

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

El mercado suele enamorarse de las historias de innovación. Sin embargo, cuando llega la hora de cobrar intereses y honrar compromisos financieros, la épica tecnológica deja de ser suficiente. La reciente caída en el precio de los bonos de SpaceX apenas días después de una histórica colocación de deuda por US$25,000 millones constituye una señal que trasciende a Elon Musk y su conglomerado empresarial: los inversionistas están recordando que la rentabilidad futura no siempre compensa los riesgos presentes. 12

El episodio resulta particularmente revelador porque ocurre en medio de una de las mayores oleadas de entusiasmo por la inteligencia artificial y las tecnologías espaciales. La emisión de SpaceX atrajo una demanda extraordinaria y se convirtió en una de las operaciones financieras más importantes del año. Sin embargo, apenas iniciada la negociación secundaria, los bonos comenzaron a perder valor y sus rendimientos aumentaron, reflejando que el mercado exige una mayor compensación por asumir el riesgo asociado a la compañía. 31

La razón fundamental es sencilla: mientras los inversionistas de acciones suelen apostar por sueños y expectativas, los inversionistas en bonos privilegian el flujo de caja, la capacidad de pago y la estabilidad financiera. Como señalaron expertos citados en las informaciones sobre el caso, el acreedor se pregunta menos cómo será Marte dentro de treinta años y más cómo se pagará el próximo cupón. 13

Los datos conocidos alimentan esa cautela. SpaceX registró pérdidas netas de aproximadamente US$4,900 millones sobre ingresos de US$18,700 millones en 2025, mientras continúa sustentando una valoración que descansa en fuertes proyecciones de crecimiento vinculadas a la inteligencia artificial, Starlink y proyectos espaciales de largo plazo. 12

La reacción del mercado también pone de relieve otro aspecto crítico: la creciente distancia entre la economía real y las narrativas de innovación. Durante los últimos años, los mercados globales han premiado agresivamente a empresas asociadas con la inteligencia artificial, generando valoraciones que en ocasiones parecen desconectadas de los resultados financieros actuales. Cuando una compañía mantiene pérdidas significativas pero obtiene acceso masivo a capital gracias a las expectativas futuras, surge inevitablemente la pregunta sobre la sostenibilidad de ese modelo. 34

Otro factor que inquieta a los inversionistas es la fuerte dependencia de la organización respecto a la figura de Elon Musk. Diversos analistas consideran que la ausencia de una estrategia de sucesión claramente definida añade incertidumbre, especialmente para quienes compran bonos con vencimientos de varias décadas. En otras palabras, el mercado no solo evalúa la tecnología; también valora la gobernanza corporativa, la institucionalidad y la capacidad de una empresa para sobrevivir más allá de la influencia de un líder carismático. 14

El caso de SpaceX representa una lección más amplia para gobiernos, empresas y mercados emergentes. La innovación es indispensable, pero el desarrollo económico sostenible requiere combinar visión estratégica con disciplina financiera. La inteligencia artificial, la exploración espacial y las tecnologías disruptivas transformarán la economía mundial, pero seguirán sometidas a una regla fundamental: la confianza se construye sobre resultados tangibles y sostenibles.

Para países como la República Dominicana, que buscan consolidarse como destinos de inversión, centros logísticos y plataformas tecnológicas de alcance regional, el mensaje es especialmente relevante. El capital internacional continuará respaldando proyectos ambiciosos, pero exigirá instituciones sólidas, transparencia, gobernanza efectiva y modelos de negocio capaces de generar valor real.

La caída de los bonos de SpaceX no significa el fracaso de la empresa ni de sus proyectos. Al contrario, demuestra que los mercados siguen funcionando como un sistema de evaluación permanente del riesgo. Incluso las compañías más admiradas del planeta están sujetas al escrutinio de inversionistas que distinguen entre la promesa y la ejecución.

En última instancia, la noticia deja una reflexión de alcance global: la revolución tecnológica del siglo XXI necesita algo más que genios visionarios. Necesita fundamentos financieros robustos, liderazgo sostenible y resultados verificables. Porque en Wall Street, igual que en cualquier mercado del mundo, la fe puede impulsar una valoración, pero solo la solvencia puede sostenerla. 13

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Noticias relacionadas 

Los bonos de SpaceX cayeron de precio el viernes, pocos días después de que la compañía recaudara 25.000 millones de dólares en una operación de deuda sin precedentes, debido a las dudas de los inversores sobre las perspectivas a largo plazo de la empresa de cohetes e inteligencia artificial de Elon Musk. Lea más aquí: https://ft.trib.al/FTRWpZp

SpaceX’s bonds dropped in price on Friday, just days after it raised $25bn in a blockbuster debt deal, as investors cast doubts over the long-term prospects of Elon Musk’s rocket and AI company.

Read more here: https://ft.trib.al/FTRWpZp

2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro

2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El año 2026 se perfila como una frontera histórica en la que el orden internacional revela, con mayor crudeza, sus fracturas acumuladas. Las instituciones que durante décadas sostuvieron la gobernanza global muestran signos evidentes de desgaste; los consensos se debilitan; y las naciones comienzan a comprender que la estabilidad del sistema no era una condición permanente, sino una arquitectura sostenida por intereses, equilibrios y voluntades políticas. El mundo ya no transita bajo la confianza plena en la globalización, el libre comercio, las alianzas tradicionales y el multilateralismo como mecanismos suficientes para administrar los conflictos entre potencias.

La nueva geopolítica está marcada por la desconfianza estratégica, la competencia tecnológica y el regreso de la fuerza —económica, militar, diplomática y comercial— como lenguaje dominante. El comercio deja de ser solo intercambio para convertirse en campo de disputa industrial; la tecnología se transforma en instrumento de supremacía; la energía adquiere valor geopolítico; las rutas marítimas se convierten en corredores de poder; y los datos, chips, cables submarinos, sistemas de pago, inteligencia artificial y estándares digitales pasan a ocupar el centro real de la competencia global. Como ha advertido el Fondo Monetario Internacional en su análisis sobre fragmentación geoeconómica, “tras varias décadas de creciente integración económica global, el mundo enfrenta el riesgo de una fragmentación geoeconómica impulsada por políticas públicas”. Esa advertencia resume el nuevo signo de los tiempos: la economía dejó de ser un territorio neutral de intercambio para convertirse en escenario de protección industrial, disputa tecnológica y redefinición del poder mundial. [imf.org], [imf.org]

El multilateralismo no ha desaparecido, pero ha perdido autoridad. La Organización de las Naciones Unidas enfrenta límites visibles para contener guerras, crisis humanitarias y violaciones al derecho internacional; la Organización Mundial del Comercio ya no opera como árbitro incuestionable de la economía global; y los organismos financieros internacionales actúan bajo presiones crecientes de deuda, tensión fiscal, desigualdad y financiamiento climático. Las reglas internacionales siguen proclamándose, pero su cumplimiento se vuelve desigual cuando chocan con los intereses de actores con suficiente poder para imponer excepciones. Esta contradicción desnuda una crisis no solo institucional, sino civilizatoria: la relación entre democracia, soberanía, mercado y seguridad está siendo redefinida.

En ese sentido, la advertencia del secretario general de la ONU, António Guterres, resulta especialmente pertinente: “No podemos crear un futuro adecuado para nuestros nietos con un sistema construido por nuestros abuelos”. La frase, pronunciada en el contexto del debate global sobre el Pacto para el Futuro, condensa la urgencia de reformar un sistema internacional diseñado para otro tiempo, otra correlación de fuerzas y otros desafíos. [un.org], [unric.org]

En este nuevo contexto, la eficiencia ya no basta. Las cadenas globales de suministro, que durante años fueron presentadas como símbolo de integración y productividad, hoy son vistas también como fuentes de vulnerabilidad. Los países buscan resiliencia, autonomía estratégica y control sobre sectores críticos: alimentos, energía, medicamentos, tecnología, puertos, combustibles, semiconductores y manufactura avanzada. La economía mundial se reorganiza menos alrededor del costo mínimo y más alrededor de la seguridad nacional. Por eso, el Munich Security Report 2024, elaborado por la Conferencia de Seguridad de Múnich, advierte que el mundo debe evitar caer en escenarios cada vez más frecuentes de “perder-perder” derivados de la fragmentación del orden global. La cooperación sigue siendo indispensable, pero los Estados actúan con más cautela, más cálculo defensivo y mayor preocupación por las ganancias relativas que por los beneficios compartidos. [presidencia.gob.do], [hoy.com.do]

Para América Latina y el Caribe, el desafío es decisivo: actuar como espectadores periféricos de la reorganización global o convertirse en actores con visión estratégica. La región posee recursos naturales, biodiversidad, ubicación geográfica privilegiada, talento humano, potencial energético y un mercado relevante. Sin embargo, continúa limitada por ciclos de improvisación, baja productividad, polarización política, debilidad institucional y dependencia externa. Si actúa dividida, será tratada como zona de influencia; si negocia con inteligencia, puede posicionarse como plataforma de transición energética, seguridad alimentaria, nearshoring, servicios digitales, manufactura avanzada y diplomacia climática.

La República Dominicana debe asumir esta realidad con especial lucidez. Como economía abierta, turística, logística y comercial, cada tensión global impacta sus puertos, aduanas, zonas francas, energía, exportaciones, importaciones, migración y seguridad. La política exterior dominicana debe dejar de ser un ejercicio protocolar para convertirse en instrumento de desarrollo, defensa nacional y posicionamiento estratégico. En el siglo XXI, cada embajada debe operar como una antena de inteligencia económica; cada puerto y aeropuerto como infraestructura crítica; cada zona franca como plataforma de valor agregado; y cada política educativa como inversión en soberanía productiva.

En esa perspectiva, Meta RD 2036 representa una apuesta valiosa porque introduce ambición, planificación y sentido de dirección. Pero solo será verdaderamente transformadora si no se limita a duplicar el Producto Interno Bruto, sino que contribuye a duplicar capacidades nacionales: productividad, educación, tecnología, energía, logística, diplomacia económica, agroindustria avanzada e innovación. El propio presidente Luis Abinader lo expresó con claridad durante su rendición de cuentas del 27 de febrero de 2026: “Hoy no basta con crecer, hoy el reto es cómo crecemos y para quién crecemos”. Esa frase coloca el debate del desarrollo dominicano en su verdadera dimensión: no se trata únicamente de expandir cifras macroeconómicas, sino de construir una economía más productiva, inclusiva, competitiva y socialmente sostenible. [securityco...erence.org]

El desafío, por tanto, no consiste solo en crecer más, sino en crecer mejor. Meta RD 2036 debe traducirse en empleos formales de calidad, mejores salarios, reducción sostenida de la pobreza, fortalecimiento de la clase media, servicios públicos más eficientes y mayor capacidad del Estado para acompañar la transformación productiva. En palabras del presidente Abinader, “Meta RD 2036 no es un plan para el futuro lejano. Es una estrategia que ya está en ejecución”. Esa afirmación tiene importancia política y estratégica porque compromete al país con una agenda que no puede depender de coyunturas, improvisaciones ni ciclos electorales, sino de una visión nacional de largo plazo. [securityco...erence.org], [securesustain.org]

La República Dominicana necesita fortalecer sus sectores tradicionales, pero elevándolos de nivel: turismo más sofisticado, logística más digital, manufactura más tecnológica, agricultura más exportadora, energía más limpia y diplomacia más agresiva en lo económico. Los incentivos fiscales deben atraer inversión, pero también transferencia tecnológica, empleos calificados, encadenamientos locales e innovación. Las universidades deben dejar de ser simples proveedoras de títulos para convertirse en centros de productividad, investigación aplicada y formación de talento global.

La soberanía moderna ya no se mide únicamente por símbolos patrios, discursos solemnes o fronteras formales. Se mide por resiliencia institucional, capacidad productiva, autonomía tecnológica, seguridad energética, formación de talento y poder de negociación internacional. La geopolítica del siglo XXI no esperará a los países rezagados. Avanzará con o sin ellos. Y en esa marcha, cada nación deberá escoger entre reaccionar tarde ante los acontecimientos o construir, con visión de Estado, el lugar que quiere ocupar en la nueva historia mundial.

Luis Orlando Díaz Vólquez,
Ing. de sistemas de computadoras,
editor bibliográfico y
productor de medios de comunicación

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🌍♟️ 2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro
✍️ Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El mundo entra en una etapa decisiva. Las viejas certezas de la globalización, el libre comercio y el multilateralismo muestran señales de agotamiento, mientras la geopolítica del siglo XXI revela un escenario más duro, competitivo y fragmentado.

Hoy el comercio es también disputa industrial; la tecnología, instrumento de poder; la energía, asunto de seguridad nacional; y los datos, chips, inteligencia artificial, puertos, cables submarinos y cadenas de suministro, piezas centrales del nuevo tablero global. 🌐⚙️💻

En este contexto, América Latina y el Caribe deben decidir si actuarán como espectadores periféricos o como actores estratégicos capaces de negociar con inteligencia, aprovechar sus recursos, fortalecer su productividad y posicionarse en transición energética, seguridad alimentaria, nearshoring, servicios digitales y manufactura avanzada. 🌎🤝

Para la República Dominicana, el desafío es claro: leer la geopolítica como parte esencial del desarrollo nacional. Cada tensión internacional impacta puertos, aduanas, zonas francas, energía, exportaciones, importaciones, migración y seguridad. Por eso, la política exterior dominicana debe dejar de ser protocolo y convertirse en herramienta de desarrollo, defensa y posicionamiento estratégico. 🇩🇴🚢📦

Meta RD 2036 representa una oportunidad para elevar la mirada nacional. Como afirmó el presidente Luis Abinader: “Hoy no basta con crecer, hoy el reto es cómo crecemos y para quién crecemos”. Y también: “Meta RD 2036 no es un plan para el futuro lejano. Es una estrategia que ya está en ejecución”. 📈🏛️

La soberanía moderna ya no se mide solo por símbolos patrios o fronteras formales. Se mide por resiliencia institucional, capacidad productiva, autonomía tecnológica, seguridad energética, talento humano y poder de negociación internacional.

La geopolítica del siglo XXI no esperará a los países rezagados. Avanzará con o sin ellos. La República Dominicana debe escoger entre reaccionar tarde o construir, con visión de Estado, el lugar que quiere ocupar en la nueva historia mundial. 🇩🇴🌍♟️

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Versión paper de opinión |

2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro

Meta RD 2036 ante la nueva geopolítica: de duplicar el PIB a construir poder nacional productivo, tecnológico y diplomático

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor | guecin.com

Resumen | El año 2026 representa una frontera estratégica para la República Dominicana, América Latina y el sistema internacional. La crisis del multilateralismo, la fragmentación geoeconómica, la competencia tecnológica, el retorno de la política industrial, la disputa por cadenas de suministro, la transición energética y la emergencia de la inteligencia artificial como tecnología de propósito general están redefiniendo las condiciones del desarrollo nacional. En ese contexto, Meta RD 2036 constituye una iniciativa relevante porque introduce ambición, planificación, articulación público-privada y metas cuantificables orientadas a duplicar el producto interno bruto real, crear empleos, elevar ingresos y erradicar la pobreza extrema. Sin embargo, este artículo sostiene que, frente al nuevo desorden mundial, duplicar el PIB no será suficiente si la República Dominicana no duplica también sus capacidades productivas, tecnológicas, educativas, logísticas, energéticas, institucionales y diplomáticas. El objetivo de desarrollo debe pasar de una lógica de crecimiento agregado a una estrategia de soberanía inteligente, productividad avanzada e inserción internacional selectiva. El documento propone interpretar Meta RD 2036 como una plataforma que debe evolucionar hacia una agenda de capacidades nacionales, capaz de convertir a la República Dominicana en una economía más sofisticada, resiliente y estratégicamente relevante en el Caribe ampliado.

Palabras clave: Meta RD 2036, República Dominicana, geopolítica, fragmentación geoeconómica, multilateralismo, productividad, diplomacia económica, inteligencia artificial, zonas francas, desarrollo nacional.


Introducción | El año 2026 se perfila como una frontera histórica en la que el orden internacional muestra con mayor crudeza sus fracturas acumuladas. Las instituciones que durante décadas sostuvieron la gobernanza global evidencian desgaste; los consensos se debilitan; y las naciones comienzan a comprender que la estabilidad del sistema no era una condición permanente, sino una arquitectura sostenida por intereses, equilibrios y voluntades políticas. La globalización, el libre comercio, las alianzas tradicionales y el multilateralismo no han desaparecido, pero han dejado de operar como garantías automáticas de estabilidad, prosperidad y resolución pacífica de conflictos. El Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial identifica la confrontación geoeconómica como el principal riesgo global inmediato y describe un escenario en el que los mecanismos cooperativos se debilitan, los gobiernos se repliegan hacia marcos nacionales y la confianza internacional pierde valor como moneda de coordinación colectiva (World Economic Forum, 2026). [weforum.org], [ebs.publicnow.com]

La nueva geopolítica está marcada por la desconfianza estratégica, la competencia tecnológica y el retorno de la fuerza —económica, industrial, militar, diplomática y comercial— como lenguaje dominante. El comercio ya no se interpreta únicamente como intercambio; se ha convertido también en campo de disputa industrial. La tecnología funciona como instrumento de supremacía. La energía vuelve a ser un recurso de seguridad nacional. Las rutas marítimas son corredores de poder. Los datos, chips, cables submarinos, sistemas de pago, inteligencia artificial y estándares digitales ocupan el centro real de la competencia global. El Fondo Monetario Internacional ha advertido que, tras varias décadas de creciente integración económica global, el mundo enfrenta el riesgo de una fragmentación geoeconómica impulsada por políticas públicas, con costos potenciales en comercio, capitales, tecnología, migración y provisión de bienes públicos globales (Aiyar et al., 2023). [imf.org], [imf.org]

En consecuencia, la economía mundial ha dejado de organizarse exclusivamente alrededor de la eficiencia y el costo mínimo. Ahora se reordena alrededor de la resiliencia, la seguridad económica, la autonomía tecnológica y la capacidad de adaptación ante choques externos. UNCTAD sostiene que el comercio global entra en 2026 bajo presión por el menor crecimiento, la fragmentación geopolítica, las transiciones digital y verde, y regulaciones nacionales más estrictas que están redibujando flujos comerciales, inversiones y cadenas globales de valor (UN Trade and Development, 2026). Esta transformación obliga a los países pequeños y medianos a repensar su estrategia de desarrollo. La apertura económica sigue siendo necesaria, pero ya no basta por sí sola. En el siglo XXI, la apertura sin estrategia puede convertirse en vulnerabilidad. [unctad.org], [unctad.org]

El desgaste del multilateralismo y la crisis de legitimidad del orden global

El multilateralismo no ha desaparecido, pero ha perdido autoridad. La Organización de las Naciones Unidas enfrenta límites visibles para contener guerras, crisis humanitarias y violaciones al derecho internacional. La Organización Mundial del Comercio ya no opera como árbitro incuestionable del comercio global. Los organismos financieros internacionales deben actuar en un entorno cruzado por deuda, tensión fiscal, desigualdad, cambio climático y nuevas demandas de financiamiento para el desarrollo. Las reglas internacionales siguen proclamándose, pero su cumplimiento se vuelve desigual cuando chocan con los intereses de actores con suficiente poder para imponer excepciones. Esa contradicción revela una crisis no solo institucional, sino civilizatoria: la relación entre democracia, soberanía, mercado y seguridad está siendo redefinida.

La advertencia del secretario general de la ONU, António Guterres, resulta especialmente pertinente: “No podemos crear un futuro adecuado para nuestros nietos con un sistema construido por nuestros abuelos”. La frase, utilizada en el contexto del Pacto para el Futuro de Naciones Unidas, condensa la urgencia de reformar un sistema internacional diseñado para otra correlación de fuerzas, otra economía política y otro tipo de amenazas (United Nations, 2024). El desafío no consiste en abandonar el multilateralismo, sino en actualizarlo. Pero esa actualización ocurre en un contexto adverso: las grandes potencias cooperan menos, compiten más y utilizan instrumentos económicos, tecnológicos y regulatorios como herramientas de presión estratégica. [un.org], [unric.org]

El Munich Security Report 2024 también advierte sobre las dinámicas de “perder-perder” derivadas de la fragmentación del orden global. Su argumento central es que, cuando los Estados priorizan excesivamente las ganancias relativas frente a los beneficios absolutos de la cooperación, aumenta el riesgo de una espiral en la que todos pierden: se deteriora el comercio, se encarece la seguridad, se debilitan las instituciones y se reduce la capacidad colectiva para responder a problemas globales (Munich Security Conference, 2024). Esa advertencia resulta clave para América Latina y el Caribe, una región que no posee poder militar comparable al de las grandes potencias, pero sí recursos estratégicos, ubicación geográfica, biodiversidad, capacidad alimentaria, potencial energético y oportunidades logísticas. [presidencia.gob.do], [hoy.com.do]

La geoeconomía como nuevo lenguaje del poder

La principal transformación del presente no es solamente geopolítica; es geoeconómica. La geoeconomía puede entenderse como el uso de instrumentos económicos con objetivos estratégicos de poder. Aranceles, subsidios, restricciones tecnológicas, controles a la inversión, sanciones, normas digitales, financiamiento climático, estándares ambientales, acuerdos de suministro, minerales críticos y cadenas productivas funcionan ahora como herramientas de influencia internacional. En este escenario, el comercio no desaparece, pero cambia de sentido: deja de ser visto como un espacio neutral de eficiencia y pasa a ser interpretado como un terreno de vulnerabilidad o ventaja estratégica.

UNCTAD ha señalado que las cadenas de valor globales continúan reconfigurándose por razones geopolíticas, regulatorias, digitales y ambientales. Las empresas diversifican proveedores, buscan producción cercana o confiable, incorporan criterios de resiliencia y evalúan riesgos políticos que antes eran secundarios (UN Trade and Development, 2026). Esto abre oportunidades para países como la República Dominicana, especialmente en nearshoring, zonas francas, logística, manufactura avanzada, servicios digitales y exportaciones agroindustriales. Pero esas oportunidades no se materializan por simple ubicación geográfica. Requieren infraestructura, energía competitiva, talento humano, estabilidad regulatoria, instituciones eficientes, seguridad jurídica y una diplomacia económica activa. [unctad.org], [tralac.org]

La inteligencia artificial añade una capa adicional de complejidad. El Banco Mundial advierte que la IA puede ayudar a los países en desarrollo a superar fallas de mercado, mejorar servicios de educación y salud, aumentar la productividad de pequeñas empresas y optimizar procesos productivos; sin embargo, también puede ampliar brechas entre países de altos y bajos ingresos debido a la concentración de cómputo, datos, habilidades y grandes plataformas tecnológicas (World Bank, 2026). Para la República Dominicana, la IA no puede ser una moda discursiva. Debe convertirse en política pública transversal: educación, productividad, aduanas, puertos, salud, seguridad, agricultura, turismo, fiscalidad, justicia y servicios públicos. La soberanía moderna también dependerá de la capacidad de usar datos y algoritmos con sentido nacional. [worldbank.org], [thedocs.wo...ldbank.org]

América Latina y el Caribe ante la reorganización global

Para América Latina y el Caribe, la nueva etapa plantea una pregunta decisiva: ¿será la región un espacio periférico de disputa entre potencias o actuará como actor estratégico con voz propia? La región posee activos relevantes: minerales críticos, agua, biodiversidad, producción alimentaria, energías renovables, cercanía con Estados Unidos, capacidad turística, mercados urbanos y talento joven. Sin embargo, continúa afectada por baja productividad, informalidad, fragmentación política, desigualdad, limitada inversión en ciencia y tecnología, y baja sofisticación exportadora.

El riesgo es que América Latina vuelva a ser tratada como zona de influencia, proveedora de materias primas o plataforma de competencia externa sin agenda propia. La oportunidad, en cambio, consiste en construir una inserción internacional inteligente: transición energética con valor agregado, seguridad alimentaria, industria farmacéutica, economía digital, logística regional, turismo sostenible, servicios modernos y manufactura avanzada. Para ello, los países deben pasar de la diplomacia declarativa a la diplomacia económica basada en información, negociación, inteligencia comercial y alianzas tecnológicas.

En el Caribe, este desafío es todavía más sensible. Las economías insulares y semiinsulares enfrentan vulnerabilidad climática, dependencia energética, mercados internos pequeños y exposición a choques externos. Pero también poseen ventajas logísticas, marítimas, turísticas, culturales y geográficas. La República Dominicana, por su tamaño relativo, estabilidad, conectividad, infraestructura portuaria, zonas francas y relación con Estados Unidos, tiene condiciones para jugar un papel más relevante. No obstante, esa relevancia no será automática. Debe construirse con visión de Estado.

República Dominicana: fortalezas, vulnerabilidades y ventana estratégica

La República Dominicana llega a esta coyuntura con fortalezas reales. El Banco Mundial reconoce que el país ha registrado un crecimiento económico superior al promedio latinoamericano durante las últimas dos décadas, pero señala que, para convertirse en una nación de ingresos altos, debe mejorar la productividad, generar más empleos de calidad, fortalecer capital humano, promover competencia, incentivar innovación, mejorar eficiencia fiscal y aumentar resiliencia ante choques externos y eventos climáticos (World Bank, 2026). Esta lectura es fundamental: el país ha crecido, pero el desafío del futuro es la calidad estructural de ese crecimiento. [bancomundial.org]

El sector externo muestra señales positivas. ProDominicana informó que las exportaciones dominicanas alcanzaron en 2025 un récord de USD 14,645.2 millones, con un crecimiento interanual de 13.4 %, en un contexto internacional de tensiones geopolíticas y restricciones comerciales (Presidencia de la República Dominicana, 2026a). Asimismo, fuentes oficiales y sectoriales destacan que la República Dominicana mantiene un desempeño relevante en inversión extranjera directa, zonas francas y posicionamiento logístico regional, aunque persisten desafíos asociados al costo eléctrico, brechas de talento, burocracia, permisos y costos operativos (El Día, 2026; ProDominicana, 2026). [presidencia.gob.do] [eldia.com.do], [prodominicana.gob.do]

Las zonas francas constituyen uno de los principales pilares de la economía dominicana. El Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación reporta para 2025 unos 200,231 empleos, USD 8,604.6 millones en exportaciones y 858 empresas operando (CNZFE, 2026). Sin embargo, el desafío no consiste únicamente en preservar el régimen. Consiste en elevar su complejidad productiva. Las zonas francas deben pasar de ser plataformas de empleo y exportación a convertirse en ecosistemas de aprendizaje tecnológico, innovación, proveedores locales, formación técnica avanzada y transferencia de conocimiento. Cada empresa instalada debe evaluarse no solo por lo que exporta, sino por las capacidades que deja en el país. [cnzfe.gob.do]

Meta RD 2036: valor estratégico y riesgo de insuficiencia

Meta RD 2036 representa una apuesta valiosa porque introduce ambición, planificación y sentido de dirección. Según el Consejo Nacional de Competitividad, el plan busca duplicar el PIB real hacia 2036, eliminar la pobreza extrema, crear 1.7 millones de empleos, triplicar el salario medio y alcanzar grado de inversión para posicionar a la República Dominicana entre las economías más prósperas y competitivas de América Latina (Consejo Nacional de Competitividad, 2025). Esta ambición es positiva. Un país necesita metas. Sin metas, la política pública se convierte en administración rutinaria del presente. [cnc.gob.do], [cnc.gob.do]

El presidente Luis Abinader ha definido esta agenda en términos que trascienden el mero crecimiento estadístico. Durante su rendición de cuentas del 27 de febrero de 2026 afirmó: “Hoy no basta con crecer, hoy el reto es cómo crecemos y para quién crecemos”. También sostuvo que “Meta RD 2036 no es un plan para el futuro lejano. Es una estrategia que ya está en ejecución” (Presidencia de la República Dominicana, 2026b). Ambas frases son políticamente significativas porque colocan el desarrollo en una dimensión cualitativa: no basta aumentar el tamaño de la economía; hay que transformar su composición, su productividad, su inclusión social y su capacidad competitiva. [securityco...erence.org]

Sin embargo, Meta RD 2036 puede resultar insuficiente si se limita a duplicar el PIB sin duplicar capacidades nacionales. El PIB puede crecer con baja productividad. Puede crecer concentrado territorialmente. Puede crecer con empleos de baja complejidad. Puede crecer con déficit tecnológico. Puede crecer con dependencia energética. Puede crecer sin innovación local. Puede crecer, incluso, sin aumentar suficientemente el poder negociador del Estado. Por eso, la pregunta no es si Meta RD 2036 es necesaria; lo es. La pregunta es si está suficientemente calibrada para un mundo fragmentado, competitivo y tecnológicamente acelerado.

El siglo XXI exige una noción ampliada de desarrollo. Ya no se trata solamente de crecer, sino de construir capacidades productivas, científicas, educativas, institucionales, logísticas, energéticas y diplomáticas. En un mundo de fragmentación geoeconómica, los países no prosperarán solo porque produzcan más, sino porque sepan proteger, sofisticar, diversificar y proyectar mejor lo que producen. Meta RD 2036 debe convertirse, por tanto, en una estrategia de poder nacional productivo.

Hacia una Meta RD 2036 Plus: productividad, tecnología y soberanía estratégica

La República Dominicana necesita evolucionar hacia una versión ampliada de Meta RD 2036: una Meta RD 2036 Plus basada en productividad, tecnología y soberanía estratégica. Esta propuesta no sustituye la meta original; la eleva. El objetivo no sería únicamente duplicar el PIB, sino duplicar la capacidad nacional de competir, innovar, negociar y resistir choques externos.

La primera misión debe ser productividad total. El crecimiento dominicano no puede depender indefinidamente de más consumo, más construcción, más visitantes o más endeudamiento. Debe apoyarse en educación, competencia, tecnología, infraestructura, innovación, gestión empresarial, digitalización y eficiencia pública. La productividad debe convertirse en obsesión nacional.

La segunda misión debe ser industrialización selectiva. La República Dominicana no necesita producirlo todo, pero sí debe escoger áreas donde pueda construir ventajas: dispositivos médicos, farmacéutica, agroindustria avanzada, servicios digitales, manufactura ligera avanzada, logística regional, energías renovables, turismo médico, economía naranja, ciberseguridad y centros de datos. Esa selección debe basarse en evidencia, demanda internacional, capacidades existentes y posibilidad de encadenamientos locales.

La tercera misión debe ser educación superior productiva. Las universidades no pueden limitarse a otorgar títulos. Deben convertirse en centros de investigación aplicada, innovación empresarial, formación STEM, inteligencia artificial, ciencias de datos, logística, idiomas, ingeniería, biotecnología, economía digital y gestión pública. En el nuevo orden mundial, la educación superior es infraestructura de poder.

La cuarta misión debe ser diplomacia económica. Cada embajada dominicana debe operar como antena de inteligencia comercial, tecnológica y financiera. Asia, Medio Oriente, África y Europa deben ser abordados con estrategias diferenciadas. La relación con Estados Unidos seguirá siendo central, pero no debe ser excluyente. Diversificar mercados, inversiones, cooperación tecnológica y alianzas educativas es una forma de seguridad nacional.

La quinta misión debe ser infraestructura crítica. Puertos, aeropuertos, aduanas, cables submarinos, centros de datos, redes eléctricas, sistemas de pago, parques logísticos y plataformas digitales no son simples activos económicos. Son estructuras de soberanía material. Su protección, modernización y gobernanza deben convertirse en prioridad nacional.

La sexta misión debe ser energía competitiva y resiliente. Un país importador neto de combustibles no puede hablar de soberanía productiva sin abordar su vulnerabilidad energética. La transición hacia renovables, almacenamiento, redes modernas, eficiencia energética y diversificación de fuentes no es solo una agenda ambiental; es una agenda macroeconómica, industrial y geopolítica.

La séptima misión debe ser inteligencia pública. El Estado dominicano debe usar datos para anticipar riesgos, medir impacto, evaluar incentivos, focalizar políticas, reducir corrupción, mejorar servicios y tomar decisiones basadas en evidencia. La OCDE advierte que los incentivos tributarios pueden atraer inversión, pero no siempre son efectivos y pueden generar altos costos y distorsiones si no se diseñan, monitorean y evalúan adecuadamente (OECD, 2026). Esta advertencia es especialmente relevante para un país que utiliza incentivos como parte de su estrategia de atracción de inversión. [oecd.org], [oecd.org]

Riesgos de una estrategia de crecimiento sin transformación

Si Meta RD 2036 mantiene una visión demasiado concentrada en duplicar el PIB, podría enfrentar varios riesgos. El primero es el crecimiento sin sofisticación. El país podría producir más, exportar más o atraer más inversión, pero sin elevar suficientemente el contenido tecnológico de su estructura productiva. El segundo es el empleo sin movilidad social real. Crear empleos es indispensable, pero si una parte significativa corresponde a ocupaciones de baja productividad, el salto salarial será limitado.

El tercer riesgo es la inversión sin transferencia tecnológica. La inversión extranjera directa puede convertirse en motor de desarrollo si transfiere conocimiento, crea proveedores locales, eleva salarios, introduce tecnología y conecta al país con cadenas globales de mayor valor. Pero si opera como enclave, su impacto transformador será reducido. El cuarto riesgo es la apertura sin seguridad económica. Una economía abierta necesita protocolos de resiliencia energética, ciberseguridad, seguridad portuaria, protección de datos, defensa comercial y análisis de riesgos geopolíticos.

El quinto riesgo es la planificación sin narrativa nacional. Meta RD 2036 no debe ser solo un documento técnico. Debe convertirse en una causa colectiva, una narrativa de transformación nacional capaz de movilizar al Estado, al sector privado, a las universidades, a la diáspora, a los trabajadores, a las provincias y a la juventud. Los países no se transforman únicamente con indicadores; se transforman cuando una sociedad asume una dirección compartida.

RD 2044: una visión de Estado para el bicentenario

Una estrategia más ambiciosa podría proyectar Meta RD 2036 hacia RD 2044, año del bicentenario de la independencia nacional. Esa fecha posee valor simbólico y estratégico. Permitiría conectar desarrollo económico, soberanía, identidad, tecnología, diplomacia, defensa, educación y cohesión social en una visión de Estado. La ambición debería ser clara: convertir a la República Dominicana en la economía más productiva, innovadora, logística, digital, sostenible e influyente del Caribe ampliado.

RD 2044 no debería medirse solo por el tamaño del PIB, sino por la calidad de las capacidades nacionales. ¿Cuánto invierte el país en investigación y desarrollo? ¿Cuántos ingenieros, científicos de datos, técnicos especializados y docentes de alto nivel forma cada año? ¿Cuánta tecnología incorporan las zonas francas? ¿Cuántas empresas dominicanas exportan servicios digitales? ¿Cuántos proveedores locales participan en cadenas globales? ¿Cuánta energía limpia y resiliente produce el país? ¿Cuántas embajadas generan oportunidades comerciales medibles? ¿Cuántos territorios fuera de Santo Domingo, Santiago y Punta Cana se convierten en polos productivos?

La visión RD 2044 debe asumir que la soberanía moderna ya no se mide únicamente por símbolos patrios, discursos solemnes o fronteras formales. Se mide por resiliencia institucional, capacidad productiva, autonomía tecnológica, seguridad energética, formación de talento y poder de negociación internacional. En un mundo fragmentado, la soberanía real pertenece a los países capaces de decidir con margen propio.

Conclusión | El año 2026 marca el momento en que el desorden mundial muestra su verdadero rostro. La globalización ya no garantiza prosperidad automática. El multilateralismo ya no asegura reglas equitativas por sí solo. El comercio ya no es solo comercio: es seguridad, tecnología, energía, logística y poder. La diplomacia ya no puede limitarse a ceremonias: debe abrir mercados, atraer inversión inteligente, proteger exportadores, anticipar riesgos y construir coaliciones.

Meta RD 2036 es una señal positiva porque introduce ambición, planificación y articulación público-privada. Pero debe ser recalibrada para el nuevo contexto internacional. Su objetivo no puede ser únicamente duplicar el PIB. Debe duplicar capacidades nacionales. Debe colocar en el centro la productividad, la educación superior, la innovación, la diplomacia económica, la seguridad energética, la infraestructura crítica, la inteligencia artificial, la industrialización selectiva y la cohesión territorial.

La República Dominicana no está condenada a la irrelevancia. Posee ubicación, estabilidad, talento, diáspora, marca turística, puertos, zonas francas, conectividad y vocación comercial. Pero esos activos deben convertirse en estrategia. En el siglo XXI, los países pequeños no fracasan por falta de tamaño; fracasan por falta de visión, coordinación y disciplina estratégica.

Si Meta RD 2036 se queda en crecimiento, será una iniciativa valiosa pero incompleta. Si evoluciona hacia Meta RD 2036 Plus y se proyecta hacia RD 2044, puede convertirse en la base de una transformación histórica: una República Dominicana de alta productividad, soberanía inteligente, economía diversificada, diplomacia activa y presencia estratégica en el Caribe ampliado.

La geopolítica del siglo XXI no preguntará si el país está preparado. Simplemente avanzará. Y en esa marcha, la República Dominicana deberá decidir si quiere ser una economía que reacciona ante el mundo o una nación que construye, con visión de Estado, el lugar que merece ocupar en la historia que ya empezó.

Referencias

Aiyar, S., Chen, J., Ebeke, C. H., García-Saltos, R., Gudmundsson, T., Ilyina, A., Kangur, A., Kunaratskul, T., Rodríguez, S. L., Ruta, M., Schulze, T., Soderberg, G., & Trevino, J. P. (2023). Geoeconomic fragmentation and the future of multilateralism. International Monetary Fund. https://www.imf.org/en/publications/staff-discussion-notes/issues/2023/01/11/geo-economic-fragmentation-and-the-future-of-multilateralism-527266

Consejo Nacional de Competitividad. (2025). Plan Meta RD 2036. https://cnc.gob.do/wp-content/uploads/2025/10/Informe_Meta_RD_2036_septiembre_2025.pdf

Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación. (2026). Datos del sector zonas francas 2025. https://cnzfe.gob.do/

Munich Security Conference. (2024). Munich Security Report 2024: Lose-Lose? https://securityconference.org/en/publications/munich-security-report-2024/

OECD. (2026). A practical guide to investment tax incentives. OECD Publishing. https://www.oecd.org/en/publications/a-practical-guide-to-investment-tax-incentives_427c66a9-en.html

Presidencia de la República Dominicana. (2026a, 14 de enero). Exportaciones dominicanas rompen récord en 2025 y superan los USD 14,600 millones. https://presidencia.gob.do/noticias/exportaciones-dominicanas-rompen-record-en-2025-y-superan-los-usd-14600-millones

Presidencia de la República Dominicana. (2026b, 27 de febrero). Presidente Luis Abinader reafirma compromiso con la transparencia y presenta Meta RD 2036. https://presidencia.gob.do/noticias/presidente-luis-abinader-reafirma-compromiso-con-la-transparencia-y-presenta-meta-rd-2036

ProDominicana. (2026). República Dominicana: una tierra llena de oportunidades. https://prodominicana.gob.do/

UN Trade and Development. (2026). Global Trade Update: Top trends redefining global trade in 2026. https://unctad.org/publication/global-trade-update-january-2026-top-trends-redefining-global-trade-2026

United Nations. (2024). Pact for the Future. https://www.un.org/pact-for-the-future/en

World Bank. (2026). República Dominicana: panorama general. https://www.bancomundial.org/ext/es/country/dominicanrepublic

World Bank. (2026). World Development Report 2026: Decoding AI. https://www.worldbank.org/en/publication/wdr2026

World Economic Forum. (2026). The Global Risks Report 2026. https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/digest/

Paper de opinión con enfoque de think tank

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor | guecin.com

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martes, 30 de junio de 2026

La reacción de la inteligencia artificial apenas comienza


La reacción de la inteligencia artificial apenas comienza

Entre la promesa de progreso y el temor social, la irrupción acelerada de la IA está generando una tensión que redefine la confianza, la economía y la gobernanza global.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La historia de las grandes revoluciones tecnológicas nunca ha sido lineal. Cada avance que promete eficiencia, prosperidad o ampliación del conocimiento trae consigo, inevitablemente, una ola de resistencia. No por ignorancia, sino por intuición social. La inteligencia artificial, en su fase actual, no es la excepción. La reacción que hoy empieza a emerger —todavía fragmentada, todavía difusa— es el preludio de un reordenamiento más profundo entre tecnología, poder y ciudadanía.

Lo que está en juego no es únicamente la adopción de una herramienta, sino la redefinición del contrato social mismo. A medida que la inteligencia artificial se filtra en los sistemas productivos, en la creación cultural y en la toma de decisiones, también se intensifica un sentimiento colectivo de desplazamiento. No es casual que amplios sectores de la población anticipen una reducción del empleo en las próximas décadas, ni que el temor supere al entusiasmo incluso en contextos de crecimiento tecnológico. 1

Este desajuste entre narrativa y realidad constituye el núcleo de la reacción. Durante años, la industria tecnológica presentó la inteligencia artificial como una extensión del ingenio humano, un catalizador de productividad capaz de generar nuevas oportunidades. Sin embargo, en el terreno concreto, la percepción pública ha comenzado a mutar: de herramienta emancipadora a mecanismo de sustitución, de innovación abierta a concentración de poder. 2

La aceleración es, en este sentido, el verdadero problema. Las transformaciones inducidas por la IA no están siguiendo los ritmos tradicionales de adaptación institucional. La educación, los marcos regulatorios y las redes de protección social avanzan con una lentitud incompatible frente a un sistema tecnológico que evoluciona exponencialmente. Cuando esta brecha se amplía, la reacción deja de ser un fenómeno marginal y se convierte en una fuerza política.

Ya se observan señales de ese desplazamiento. Movimientos sociales, coaliciones ideológicas aparentemente incompatibles y sectores laborales organizados comienzan a converger en un mismo punto: la exigencia de límites, transparencia y control democrático sobre el desarrollo de la inteligencia artificial. 3 La preocupación no es teórica. Está anclada en experiencias tangibles: despidos vinculados a automatización, proliferación de desinformación, sesgos algorítmicos y el uso potencial de estas tecnologías en ámbitos sensibles como el militar o el electoral. 4

Este cambio de clima no debe interpretarse como un rechazo irracional al progreso, sino como un reclamo de gobernanza. En realidad, las sociedades no están negando la inteligencia artificial; están cuestionando las condiciones bajo las cuales se implementa. La erosión de la confianza digital —alimentada por la opacidad de los modelos, la concentración corporativa y la percepción de beneficios asimétricos— es el verdadero catalizador de la reacción.

El desafío, entonces, no es detener la innovación, sino legitimar su despliegue. Y aquí emerge una tensión crítica: regular sin asfixiar. La historia ofrece lecciones valiosas. Tecnologías como la electricidad, la aviación o internet atravesaron fases similares de incertidumbre antes de integrarse plenamente en la vida cotidiana. Pero en todos los casos, el equilibrio se alcanzó mediante marcos regulatorios que protegieron a la sociedad sin frenar el avance técnico.

Hoy, la inteligencia artificial se encuentra en ese umbral. La ausencia de reglas claras puede acelerar su expansión, pero al costo de profundizar la desconfianza. Por el contrario, una sobrerregulación podría sofocar su potencial transformador. La clave reside en construir un modelo de gobernanza que combine responsabilidad, transparencia y adaptabilidad.

Para los Estados —particularmente en economías emergentes como la República Dominicana— este momento representa tanto un riesgo como una oportunidad estratégica. No basta con adoptar tecnología; es imprescindible entender sus implicaciones sistémicas. La competitividad ya no dependerá únicamente de infraestructura o inversión, sino de la capacidad institucional para integrar la inteligencia artificial en un marco de desarrollo inclusivo.

La reacción contra la IA, lejos de ser un obstáculo, puede convertirse en una guía. Obliga a replantear prioridades, a corregir excesos y a construir legitimidad social en torno a la innovación. En este sentido, ignorarla o minimizarla sería un error de proporciones históricas.

Porque, al final, el verdadero dilema no es tecnológico, sino político. La inteligencia artificial no definirá por sí misma el futuro; lo harán las decisiones que tomemos frente a ella. Y en ese proceso, la reacción que hoy comienza puede ser, paradójicamente, el mejor instrumento para asegurar que el progreso no se convierta en una nueva forma de desigualdad.

La historia aún no está escrita. Pero una cosa es clara: la inteligencia artificial ha dejado de ser solo una promesa. Es ya una disputa.


Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor



🤖🌍 La reacción contra la inteligencia artificial apenas comienza… y no es casualidad.

La promesa de la IA como motor de progreso convive hoy con una creciente inquietud social: pérdida de empleos, desinformación, sesgos y concentración de poder. ⚖️📉 No es rechazo al futuro, es demanda de reglas claras.

La sociedad ya no solo pregunta qué puede hacer la IA, sino qué está haciendo con nosotros. 💭
Y ahí empieza el verdadero debate: confianza, gobernanza y equidad.

💡 La clave no está en frenar la innovación, sino en legitimarla:
✔️ más transparencia
✔️ más responsabilidad
✔️ más inclusión

Porque el futuro no lo define la tecnología… lo define cómo decidimos usarla. 🔍⚙️

🚨 La reacción no es el problema.
Es la señal de que la conversación global apenas comienza.

#InteligenciaArtificial #IABacklash #Tecnología #InnovaciónResponsable #TransformaciónDigital #FuturoDelTrabajo #GobernanzaDigital #EconomíaDigital #IA #GuasábaraEditor

La reacción de la IA apenas está comenzando.
Aquí les explicamos cómo lidiar con ella
https://www.economist.com/leaders/2026/06/25/the-ai-backlash-is-only-getting-started?utm_campaign=shared_article