martes, 26 de mayo de 2026

Industria dominicana arranca 2026 en terreno expansivo con índices de confianza y clima empresarial sobre 50

Encuesta de Coyuntura Industrial: resultados del primer trimestre 2026

> El Índice de Confianza Industrial y el Índice de Clima Empresarial se mantienen por encima del umbral de 50.0.

Santo Domingo.- Los resultados del primer trimestre de 2026 (enero-marzo) reflejan una industria dominicana en zona de expansión y optimismo moderado. El Índice de Confianza Industrial (ICI) alcanzó 55.1 y el Índice de Clima Empresarial (ICE) se ubicó en 53.9, ambos por encima del umbral de 50, lo que indica una percepción positiva sobre la actividad productiva y el entorno de negocios.

La Encuesta de Coyuntura Industrial (ECI) es elaborada por la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD) y recoge información sobre el desempeño y las percepciones de las empresas industriales en un período determinado. 

En comparación con el trimestre anterior (octubre-diciembre 2025), ambos índices registraron descenso en sus valores durante el período enero-marzo de 2026, pero manteniéndose sobre la barrera de los 50.0, como muestra el Gráfico No. 2

Índice de Confianza Industrial (ICI)

El Índice de Confianza Industrial se mantiene sobre la barrera de 50.0 desde el primer trimestre de 2012, mostrando así un período significativo de expansión, según se evidencia en la Gráfica No. 3.

Este índice mide las percepciones empresariales en relación con ventas, producción e inventarios. 

Durante el primer trimestre 2026, el saldo del volumen de producción se situó en 56.9 respecto al trimestre previo y en 60.2 frente al mismo trimestre del año anterior. Las expectativas de producción para el trimestre siguiente (abril-junio 2026) se ubicaron en 61.0. 

En cuanto a las ventas, los resultados del trimestre alcanzaron un saldo de 53.4 en comparación con el trimestre anterior y de 62.3 en términos interanuales. Las expectativas de ventas para el segundo trimestre de 2026 se sitúan en 66.2. 

Respecto a las exportaciones, el 77.4% de las empresas encuestadas reportó haber destinado parte de su producción a los mercados externos durante el trimestre enero-marzo de 2026, proporción similar a la observada en el trimestre previo (78%).

En materia de inventarios, la producción (56.9) creció más rápido que las ventas (53.4) con respecto al trimestre anterior.  Esto condujo a elevar los niveles de inventario adecuado a un 86.3% (versus 74% del trimestre anterior), y disminuir los niveles excesivos e insuficientes de inventario.

Se evidenció una tendencia a incrementar la inversión. En el cuarto trimestre de 2025 el 89% de las empresas manifestó haber realizado inversiones para aumentar su capacidad instalada de producción, mientras que en el primer trimestre 2026 el 92.8% expresó haber realizado inversiones para aumentar su capacidad. Maquinaria sigue siendo el renglón predominante, al pasar de 23.0% en octubre-diciembre 2025 a 27% de las empresas en enero-marzo 2026.

Índice de Clima Empresarial (ICE)

El Índice de Clima Empresarial se ubicó en 53.9 en el primer trimestre de 2026, por debajo del valor estimado al cierre del trimestre anterior (58.8). Para el segundo trimestre de 2026, las expectativas sitúan este índice en 55.1. 

Entre las variables que componen el índice, la percepción sobre la economía dominicana pasó de 51.9 a 52.0, mientras que la percepción de la economía internacional se incrementó de 54.8 a 41.0. La variable correspondiente a la rama de producción se ubicó en 56.1, el clima para invertir en 58.0 y la situación de la empresa en 62.0. 

Las expectativas para el trimestre enero-marzo de 2026 muestran valores superiores a 50.0 en los cinco factores considerados por el índice, según los resultados presentados en las tablas de la encuesta.

.ooooo

Industria con pulso firme: confianza empresarial, inversión y capacidad productiva en la ruta de 2026

Los resultados de la Encuesta de Coyuntura Industrial del primer trimestre de 2026 confirman que la industria dominicana sigue operando en terreno expansivo. Aunque el ritmo se moderó frente al cierre de 2025, los indicadores de confianza, clima empresarial, producción, ventas e inversión revelan una estructura productiva que conserva dinamismo y capacidad de adaptación en un entorno regional e internacional todavía desafiante.

La industria dominicana ha comenzado 2026 con una señal que merece ser leída con serenidad, pero también con profundidad estratégica: el Índice de Confianza Industrial (ICI) se situó en 55.1 y el Índice de Clima Empresarial (ICE) en 53.9, ambos por encima del umbral de 50 puntos, lo que indica expansión y percepción favorable sobre la actividad productiva y el entorno de negocios. Esa lectura, ofrecida por la Encuesta de Coyuntura Industrial de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), no es un dato aislado ni un espejismo estadístico; es la expresión de una economía manufacturera que, aun en medio de una desaceleración respecto al trimestre anterior, sigue sosteniendo una base de confianza suficientemente robusta como para mirar hacia adelante con moderado optimismo.

Conviene subrayar que la moderación no equivale a debilidad. El hecho de que ambos índices hayan descendido respecto al trimestre octubre-diciembre de 2025, pero permanezcan por encima de 50, revela un aspecto fundamental del momento económico: la industria no está en retroceso, sino en una fase de ajuste dentro de una trayectoria todavía expansiva. En realidad, lo relevante no es solo el valor puntual de los indicadores, sino su capacidad para mantenerse en zona positiva pese a los vientos cruzados de la economía internacional. La AIRD destaca, además, que el ICI se ha mantenido por encima de 50 desde el primer trimestre de 2012, lo que habla de una persistencia estructural en la confianza industrial que no puede desestimarse.

El corazón de esa confianza está en la actividad real. Durante enero-marzo de 2026, el saldo del volumen de producción se ubicó en 56.9 frente al trimestre previo y en 60.2 en comparación con el mismo trimestre del año anterior. Las ventas, por su parte, alcanzaron un saldo de 53.4 en la medición trimestral y de 62.3 en términos interanuales. Más revelador aún es que las expectativas para abril-junio de 2026 permanecen en terreno claramente favorable: 61.0 para producción y 66.2 para ventas. Cuando una industria produce más, vende más y además espera seguir creciendo en el corto plazo, lo que existe no es simplemente resistencia coyuntural, sino una percepción empresarial asentada en fundamentos operativos concretos. 

Esa base productiva se conecta, además, con un componente que resulta decisivo para la economía dominicana: la vocación exportadora. El 77.4 % de las empresas encuestadas reportó haber destinado parte de su producción a mercados externos, proporción prácticamente igual a la del trimestre anterior. Esta estabilidad exportadora es especialmente significativa porque confirma que la industria no depende exclusivamente de la demanda interna, sino que mantiene capacidad de inserción en circuitos internacionales. En un país donde las zonas francas, la manufactura y los servicios exportables forman parte del andamiaje del crecimiento, la persistencia de ese componente externo fortalece la resiliencia del aparato productivo. De hecho, el propio desempeño macroeconómico del país durante marzo de 2026 mostró una expansión interanual de 5.1 %, con la manufactura local creciendo 3.9 % y la manufactura de zonas francas 7.8 %, según reportes basados en datos del Banco Central. 

No menos importante es el comportamiento de los inventarios, a menudo ignorado en la discusión pública, pero esencial para medir salud operativa. La AIRD reporta que la producción creció más rápido que las ventas en el trimestre, lo que elevó los niveles de inventario adecuado a 86.3 %, frente al 74 % del trimestre anterior, al tiempo que disminuyeron los inventarios excesivos e insuficientes. Esta cifra, leída con criterio técnico, sugiere una mejor administración del ciclo productivo y comercial: no se trata de acumulación improductiva, sino de una recomposición más equilibrada entre oferta, colocación y previsión de demanda. En otras palabras, la industria está organizando mejor su capacidad de respuesta.

Pero quizá el dato más promisorio del informe sea el aumento de la inversión para expandir la capacidad instalada. Si en el cuarto trimestre de 2025 el 89 % de las empresas dijo haber realizado inversiones para aumentar capacidad, en el primer trimestre de 2026 esa proporción subió a 92.8 %. La maquinaria, además, sigue siendo el principal renglón de inversión, pasando de 23 % a 27 % de las empresas. Este comportamiento es crucial porque la inversión en capacidad no responde a nostalgia ni a simple mantenimiento: responde a expectativas. Una empresa invierte en maquinaria, en ampliación y en eficiencia cuando considera que hay mercado, horizonte y condiciones razonables para crecer. Ese es, quizás, el mejor termómetro del optimismo empresarial auténtico.

En cuanto al Índice de Clima Empresarial, su nivel de 53.9 —por debajo del 58.8 registrado al cierre del trimestre anterior, pero todavía en zona positiva— ofrece una enseñanza relevante: el empresariado industrial no está desconectado de las tensiones globales, pero tampoco ha entrado en fase de pesimismo. La percepción sobre la economía dominicana se ubicó en 52.0, la rama de producción en 56.1, el clima para invertir en 58.0 y la situación de la empresa en 62.0. Aunque la economía internacional mostró un deterioro en la percepción, las expectativas para el segundo trimestre mantienen el índice en 55.1 y colocan los cinco factores observados por encima de 50. Eso significa que, incluso con cautelas, la visión predominante sigue siendo constructiva. 

La lección editorial que deja esta fotografía del primer trimestre de 2026 es clara: la industria dominicana no solo resiste, sino que conserva capacidad de expansión, reinversión y proyección. Sin embargo, el dato no debe celebrarse con complacencia. Que la confianza siga por encima de 50 no implica que el país pueda descuidar sus tareas pendientes. La competitividad industrial necesita costos energéticos razonables, mayor sofisticación tecnológica, logística más eficiente, financiamiento productivo, formación de capital humano y políticas públicas que acompañen la transición hacia manufacturas de mayor valor agregado. La confianza es una condición necesaria, pero no suficiente. Si no se convierte en productividad sostenida, corre el riesgo de quedarse en expectativa.

Por eso, el verdadero valor de esta encuesta no está solo en confirmar que la industria atraviesa una etapa de optimismo moderado, sino en recordarnos que el crecimiento sostenido se construye sobre decisiones. Las empresas ya están haciendo la suya: invierten, exportan, ajustan inventarios y proyectan mayores ventas. Corresponde ahora al ecosistema económico en su conjunto —Estado, sector financiero, reguladores, academia y actores productivos— responder con la misma claridad. Porque cuando una industria mantiene su confianza en tiempos de incertidumbre, lo que está diciendo no es únicamente que resiste: está diciendo que todavía cree en el país. 

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

ooooo

Scotiabank reconoce gestión de gobierno mantiene estabilidad macroeconómica, clima de negocios y potencial de crecimiento del país

Scotiabank reconoce gestión de gobierno mantiene estabilidad macroeconómica, clima de negocios y potencial de crecimiento del país.

Instalará en RD sede regional para liderar operaciones e inversiones en el Caribe, Centroamérica y Colombia
25 de Mayo 2026 | 21:10 Economía

Presidente Abinader

Santo Domingo.- Como una sólida señal de confianza en la estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica y crecimiento de la República Dominicana, Scotiabank anunció que el país será su hub regional y sede para las operaciones e inversiones desde donde fortalecerá su liderazgo, capacidades y ejecución en el Caribe, Centroamérica y Colombia, consolidando al país como un centro estratégico. 

Con la presencia del presidente Luis Abinader, el anuncio fue realizado por Jabar Singh, presidente ejecutivo de Scotiabank República Dominicana y el Caribe.

Durante su intervención, el mandatario destacó que la decisión de la entidad financiera constituye una muestra de confianza en el presente y el futuro del país, que se ha consolidado como un destino de confianza para invertir, crecer y proyectarse. 

“Hoy la República Dominicana ofrece certezas. Somos una economía dinámica, resiliente y abierta al mundo; hemos mantenido estabilidad incluso en momentos de incertidumbre internacional, fortalecido nuestras instituciones y consolidado una reputación basada en la confianza y la capacidad de cumplir”, señaló. 

La decisión de Scotiabank fortalece la posición estratégica del país dentro de la visión internacional del Grupo y reafirma el compromiso de largo plazo de la entidad con la nación, donde tiene presencia desde 1920 y actualmente cuenta con más de 5,000 colaboradores. 

“Cuando una institución permanece durante más de 100 años y decide aumentar su apuesta, lo que está diciendo es que cree en el presente, pero sobre todo cree en el futuro”, dijo el presidente Abinader. 

De igual modo, sostuvo que la República Dominicana no solo atrae capital, sino que desarrolla capacidades, innovación y talento humano, factores esenciales para consolidar una economía más competitiva y moderna. 

“Cada inversión especializada genera oportunidades, fortalece el capital humano y contribuye a construir un país con mayor liderazgo económico y proyección regional”, indicó. 

De su lado, Jabar Singh manifestó que “hace más de un siglo tomamos la decisión de apostar por este país. Y hoy, viendo el rumbo que lleva la nación, estamos convencidos de algo: la mejor etapa de la República Dominicana todavía está por escribirse. Y Scotiabank quiere ser parte de ella”. 

Como parte de esta nueva etapa, Scotiabank continuará fortaleciendo su presencia en el país mediante nuevas capacidades de negocio, una futura sede corporativa y un modelo regional liderado desde Santo Domingo, sustentado principalmente en talento dominicano y complementado con experiencia internacional.

A la fecha, la entidad ha invertido en la República Dominicana más de 650 millones de dólares canadienses, de los cuales aproximadamente un tercio se han invertido en los últimos cinco años y para los próximos cinco años proyecta invertir un capital aún mayor. 

El Caribe representa una región estratégica para The Bank of Nova Scotia, con una base de activos superior a los 26,000 millones de dólares canadienses y aporta cerca de un tercio de los resultados de su banca internacional, reflejando así la relevancia y potencial de crecimiento de la región dentro del Grupo. 

En la actividad participaron el gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu; el superintendente de Bancos, Alejandro Fernández; los ministros de Vivienda, Ito Bisonó, y de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón; la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, entre otras personalidades gubernamentales y empresariales.

https://presidencia.gob.do/noticias/scotiabank-reconoce-gestion-de-gobierno-mantiene-estabilidad-macroeconomica-clima-de

OPINIÓN

República Dominicana como plataforma regional: la confianza que se convierte en estrategia

La decisión de Scotiabank de establecer su hub regional en el país trasciende lo simbólico: revela la consolidación de un modelo de estabilidad macroeconómica, institucionalidad y proyección internacional que reposiciona a la nación como actor clave en la arquitectura financiera del Caribe y Centroamérica.

La noticia de que Scotiabank ha decidido instalar en la República Dominicana su sede regional para liderar operaciones en el Caribe, Centroamérica y Colombia no es un simple anuncio corporativo; es, en esencia, una declaración estratégica del sistema financiero internacional sobre la credibilidad del país. En un contexto global marcado por volatilidad, tensiones geopolíticas y ajustes monetarios, pocas economías logran sostener un relato consistente de estabilidad y crecimiento. Que una institución con más de un siglo de presencia en territorio dominicano eleve su apuesta confirma que el ciclo de confianza no solo se mantiene, sino que se profundiza.

El presidente Luis Abinader lo sintetizó con precisión al afirmar que hoy la República Dominicana “ofrece certezas”. Esa palabra —certeza— es, quizá, el activo más escaso en la economía global contemporánea. No se trata únicamente de indicadores macroeconómicos equilibrados o de una inflación contenida, sino de un entramado institucional que garantiza reglas claras, seguridad jurídica y continuidad en las políticas públicas. En otras palabras, la estabilidad no es coyuntural, sino estructural, y eso es lo que el capital internacional lee con especial atención.

La decisión de Scotiabank debe analizarse también como parte de un fenómeno mayor: la reconfiguración de los centros financieros regionales. Tradicionalmente, estos nodos se concentraban en economías más grandes o históricamente consolidadas. Sin embargo, el dinamismo de la República Dominicana, su ubicación geoestratégica y su apertura comercial han permitido que el país emerja como una alternativa eficiente para la articulación de operaciones regionales. Desde Santo Domingo, se podrá gestionar inversión, financiamiento y expansión hacia múltiples mercados, reduciendo costos y aumentando la eficacia operativa.

No es casual que esta decisión venga acompañada de un compromiso de inversión creciente. Los más de 650 millones de dólares canadienses ya colocados en el país —con una proporción significativa en los últimos cinco años— reflejan un patrón que va más allá de la permanencia institucional. Se trata de una intensificación de la presencia económica, que incluye nuevas capacidades de negocio, infraestructura corporativa y, sobre todo, capital humano. En este punto, el discurso oficial acierta al destacar que el desarrollo no se mide solo en flujos de capital, sino en la formación de talento y en la transferencia de conocimiento.

El Caribe, con activos superiores a los 26,000 millones de dólares dentro de la estructura del grupo financiero, se convierte así en una pieza clave del ajedrez estratégico de Scotiabank, y la República Dominicana en su centro de gravedad operativo. Este hecho no solo eleva el perfil del país en los mercados internacionales, sino que también genera un efecto multiplicador sobre otros sectores de la economía: servicios financieros, tecnología, consultoría y educación superior, entre otros. Cada decisión de este tipo reconfigura el ecosistema productivo y abre nuevas oportunidades para la innovación.

Sin embargo, este momento exige también una lectura crítica. La consolidación como hub regional implica responsabilidades adicionales. Mantener la estabilidad macroeconómica requiere disciplina fiscal, coordinación monetaria y capacidad de respuesta ante shocks externos. La seguridad jurídica debe seguir fortalecida mediante instituciones transparentes y previsibles. Y el clima de negocios, si bien favorable, demanda una mejora continua en regulación, digitalización y competitividad. En otras palabras, la confianza es un activo que se construye lentamente, pero puede erosionarse con rapidez si no se administra con rigor.

En este contexto, el mensaje de Jabar Singh adquiere un valor simbólico significativo: “la mejor etapa de la República Dominicana todavía está por escribirse”. Esta afirmación no es retórica; es una apuesta basada en evidencia empírica y en proyecciones de largo plazo. El país ha demostrado resiliencia frente a crisis globales recientes, ha diversificado su matriz económica y ha fortalecido su inserción en cadenas de valor internacionales. La narrativa del futuro, por tanto, se construye sobre una base sólida, pero requiere visión estratégica para sostenerse.

En definitiva, la designación de la República Dominicana como hub regional de Scotiabank es una señal inequívoca de que el país ha cruzado un umbral cualitativo en su desarrollo económico. Ya no se trata solo de atraer inversión, sino de dirigirla, gestionarla y proyectarla hacia otros mercados. Este cambio de rol redefine la posición del país en el mapa global y plantea nuevos desafíos de gobernanza y liderazgo económico.

Porque al final, el verdadero significado de esta decisión no reside únicamente en la instalación de una sede corporativa, sino en la validación internacional de un modelo de desarrollo que ha sabido combinar estabilidad, apertura y visión de futuro. Y en un mundo donde la incertidumbre es la norma, esa combinación —escasa y valiosa— es la que convierte a la República Dominicana en un actor cada vez más relevante.

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

RD y Ecuador avanzan hacia un acuerdo parcial para impulsar comercio e inversión bilateral

RD y Ecuador avanzan hacia un acuerdo parcial para impulsar comercio e inversión bilateral

El entendimiento establece las bases técnicas para una negociación orientada a fortalecer el intercambio comercial, atraer inversiones y promover el encadenamiento productivo entre ambas economías.

Santo Domingo, R.D., 26 de mayo de 2026.– La República Dominicana y Ecuador dieron un paso relevante en el fortalecimiento de sus relaciones económicas al pactar los términos generales de referencia para la negociación de un posible acuerdo comercial de alcance parcial, una iniciativa que procura dinamizar el intercambio de bienes, promover nuevas inversiones y ampliar las oportunidades de integración productiva entre ambos países.

El entendimiento surge como resultado de los recientes contactos bilaterales de alto nivel sostenidos entre ambas naciones y consolida una agenda orientada a profundizar la cooperación económica en áreas estratégicas. La iniciativa busca crear un marco de diálogo y negociación que permita identificar sectores con potencial de crecimiento, facilitar el comercio y construir mayores espacios de complementariedad entre las dos economías.

Durante el acto oficial, encabezado por el ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Yayo Sanz Lovatón, se establecieron los aspectos generales que orientarán las conversaciones entre las partes, así como la metodología de trabajo para avanzar hacia un acuerdo que contribuya a potenciar las exportaciones, fortalecer la inversión recíproca y ampliar la integración económica regional. El documento fue suscrito por el viceministro de Comercio Exterior del MICM, Daniel Peña, y la viceministra de Comercio Exterior del Ministerio de Producción, Comercio Exterior e Inversiones de Ecuador, Ivanova Cereceda.

En sus declaraciones, el ministro Sanz Lovatón resaltó la relación histórica entre la República Dominicana y Ecuador, así como las oportunidades que ofrece la complementariedad de sus estructuras productivas. Señaló que Ecuador dispone de una importante capacidad en la producción de materias primas, mientras que la República Dominicana cuenta con fortalezas consolidadas en turismo, zonas francas, logística y servicios, además de una ubicación estratégica que favorece el comercio internacional. Afirmó que esa combinación abre espacio para una relación más dinámica, capaz de traducirse en crecimiento, generación de empleo y nuevas oportunidades para ambos pueblos.

Por la delegación ecuatoriana participaron la ministra de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana, Gabriela Sommerfeld; el viceministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Dávalos; el embajador de Ecuador en la República Dominicana, Santiago Martínez, y el asesor ministerial Jairo Cueva. La ministra Sommerfeld valoró la firma del documento como una oportunidad para robustecer los vínculos comerciales y crear condiciones favorables para el desarrollo económico y la generación de empleos en beneficio de los ciudadanos de ambos países.

De igual forma, la viceministra Ivanova Cereceda destacó que la firma constituye el inicio formal de una etapa de trabajo que permitirá seguir fortaleciendo una relación bilateral basada en el respeto, la cooperación y la búsqueda de resultados concretos. En esa misma línea, el viceministro Daniel Peña subrayó que este acuerdo representa un avance tangible hacia una relación económica más profunda, sustentada en la complementariedad, la expansión del comercio y la captación de inversiones.

Peña recordó además que en agosto ambos países conmemorarán 140 años de relaciones diplomáticas, un hito que refleja la solidez de los vínculos históricos, culturales y de cooperación construidos entre las dos naciones. Indicó que este nuevo paso contribuye a traducir esa relación en mayores beneficios económicos, mediante la apertura de oportunidades concretas para productores, exportadores e inversionistas.

Tras la firma, los equipos técnicos de ambas partes continuarán coordinando el cronograma y las modalidades de negociación, con miras a avanzar en un proceso ordenado que permita identificar prioridades, compartir información especializada y construir un instrumento que responda a los intereses de sectores clave del comercio exterior.

En 2025, el intercambio comercial entre la República Dominicana y Ecuador ascendió a US$170.2 millones. De ese total, las exportaciones dominicanas hacia el mercado ecuatoriano alcanzaron US$19.9 millones, mientras que las importaciones procedentes de Ecuador sumaron US$150.4 millones. Ecuador ocupa la posición 28 entre los socios comerciales de la República Dominicana, mientras que la nación dominicana se sitúa en la posición 37 entre los socios comerciales del país sudamericano, cifras que evidencian el potencial de crecimiento de la relación bilateral.

OPINIÓN

Más que un acuerdo: la oportunidad de convertir la cercanía diplomática en estrategia productiva

La hoja de ruta entre República Dominicana y Ecuador no debe leerse como un simple gesto protocolar, sino como una señal de madurez económica regional: dos países con fortalezas distintas, pero complementarias, que buscan traducir la afinidad política en comercio, inversión, logística y encadenamientos de mayor valor agregado.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La decisión de la República Dominicana y Ecuador de avanzar hacia un Acuerdo Comercial de Alcance Parcial merece una lectura que vaya más allá del parte oficial y de la fotografía diplomática. En un momento en que América Latina sigue atrapada entre la fragmentación política, la baja densidad comercial intrarregional y la dependencia de mercados extrarregionales, el entendimiento entre Santo Domingo y Quito introduce una señal distinta: la de una integración pragmática, enfocada en resultados concretos, y construida a partir de intereses económicos verificables. Tanto la Cancillería dominicana como las autoridades ecuatorianas han confirmado que el objetivo inmediato es facilitar el comercio, promover la complementariedad económica y acelerar una agenda de cooperación con énfasis en inversión, zonas francas, energía, turismo y movilidad humana. 

La importancia del paso dado radica en que no se trata de una improvisación. Ya en 2024 ambos gobiernos habían suscrito un memorándum de entendimiento para iniciar negociaciones hacia un acuerdo de alcance parcial, con la intención de ampliar y diversificar el intercambio de bienes y servicios, fortalecer la cooperación comercial y crear un cronograma técnico de negociación. Ese antecedente, promovido entonces por el MICM, revelaba que la relación bilateral no partía de cero, sino de una base institucional que ahora recibe un nuevo impulso político y diplomático. En otras palabras, lo que hoy vemos no es una ocurrencia coyuntural, sino la reactivación de una agenda que se había ido incubando y que ahora parece alinearse con una visión más decidida de inserción regional.

Desde la perspectiva dominicana, este acercamiento tiene una lógica evidente. La República Dominicana ha consolidado en los últimos años una plataforma logística, industrial y de servicios con capacidad para proyectarse al Caribe ampliado, Centroamérica y parte de América del Sur. Su experiencia en zonas francas, turismo, logística portuaria, manufactura ligera y servicios empresariales la convierte en un socio con ventajas comparativas para articular cadenas regionales de valor. Del lado ecuatoriano, la fortaleza exportadora en materias primas, agroindustria, pesca y manufacturas específicas le da a esa economía una base productiva capaz de encontrar en el mercado dominicano no solo un destino comercial, sino una puerta de redistribución y articulación con otros mercados del Caribe. Esa complementariedad, señalada tanto por funcionarios dominicanos como por medios ecuatorianos, es precisamente lo que vuelve estratégica la negociación. 

Pero hay una razón adicional para mirar este proceso con atención: la relación comercial ya existe y exhibe dinamismo. Desde la perspectiva ecuatoriana, la República Dominicana se ha convertido en un socio relevante, al punto de que en 2025 las exportaciones ecuatorianas hacia territorio dominicano alcanzaron los 161 millones de dólares, mientras que el intercambio no petrolero dejó un saldo favorable para Ecuador de 128 millones. Más aún, ese mercado recibe más de 250 productos ecuatorianos y más de 510 empresas exportadoras de ese país mantienen operaciones hacia la plaza dominicana. Estas cifras indican que no estamos ante una relación meramente simbólica, sino frente a una corriente comercial viva que puede ampliarse y sofisticarse si se eliminan barreras, se reducen costos y se establecen reglas más claras. 

Sin embargo, precisamente porque la relación ya tiene volumen, el desafío no consiste únicamente en “tener acuerdo”, sino en negociar uno que sirva a los intereses nacionales y corrija asimetrías. En 2024, el MICM explicaba que las exportaciones dominicanas hacia Ecuador estaban limitadas en gran medida al régimen nacional y concentradas en una canasta integrada por farmacéuticos, aceites esenciales y dispositivos médicos, mientras una parte significativa de las importaciones desde Ecuador incluía tabaco, atunes y tableros de madera. Esa estructura revela dos cosas: primero, que hay una base exportadora dominicana con potencial para crecer; segundo, que cualquier avance comercial debe pensarse en función de ampliar la oferta nacional, mejorar acceso preferencial y evitar que el acuerdo termine reproduciendo un intercambio desequilibrado o poco diversificado. 

Por eso el valor real de este proceso está en la palabra menos vistosa y, a la vez, más decisiva: encadenamiento. Un acuerdo moderno no debe agotarse en rebajas arancelarias o en la retórica de la “hermandad latinoamericana”. Debe convertirse en un instrumento para conectar industrias, articular insumos, atraer inversiones recíprocas, aprovechar plataformas logísticas y construir mecanismos estables de cooperación empresarial. En ese punto, la agenda anunciada por ambos gobiernos resulta especialmente relevante: además del acuerdo comercial, se plantea profundizar la implementación del memorando sobre zonas francas, fortalecer la cooperación energética entre EP Petroecuador y Refidomsa, explorar oportunidades ligadas al campo gasífero Amistad, e incluso ampliar la colaboración en transformación digital, salud y servicios consulares. Esa amplitud temática sugiere que el acuerdo no se concibe como un texto aislado, sino como parte de una arquitectura bilateral más ambiciosa. 

En el plano regional, la señal también es importante. América Latina ha padecido durante décadas una integración declarativa, excesivamente dependiente de cumbres, comunicados y afinidades ideológicas pasajeras. Lo que escasea es la integración funcional: la que conecta puertos con cadenas productivas, zonas francas con manufactura regional, energía con seguridad de suministro, comercio con inversión. Si la República Dominicana y Ecuador logran traducir su actual entendimiento en un instrumento operativo, con cronograma, metas, rondas técnicas y participación efectiva del sector privado, estarán ofreciendo un ejemplo útil de regionalismo posible: menos épico, pero más eficaz. No se trataría de refundar la integración latinoamericana, sino de demostrar que todavía es viable avanzar por tramos, con intereses concretos y beneficios medibles. 

Conviene, no obstante, evitar el triunfalismo prematuro. Todo acuerdo comercial genera expectativas, pero también obliga a una disciplina negociadora que muchas veces se diluye entre la euforia del anuncio y la complejidad de la implementación. El reto dominicano será identificar con precisión qué sectores exportadores pueden ganar acceso real al mercado ecuatoriano, qué disciplinas conviene priorizar, qué sensibilidades deben protegerse y cómo se asegura que la apertura venga acompañada de inversión, transferencia de capacidades y mayor valor agregado local. El reto ecuatoriano será similar: consolidar su inserción en el Caribe sin reducir el acuerdo a una mera expansión de su oferta actual, sino utilizándolo como palanca de cooperación productiva. Un buen acuerdo no es el que se firma más rápido, sino el que produce beneficios sostenibles y políticamente defendibles.

También será decisivo el papel del empresariado. Los gobiernos abren puertas, pero son las empresas las que convierten los tratados en comercio real. Si esta negociación aspira a tener impacto, deberá involucrar tempranamente a exportadores, industriales, operadores logísticos, zonas francas, navieras, cámaras binacionales e inversionistas. No basta con una conversación de Estado a Estado; hace falta una conversación de economía a economía. La propia información oficial dominicana y ecuatoriana sugiere que existe espacio para ello: manufacturas, agroindustria, bienes industriales, logística, energía y servicios forman parte de la ecuación. El momento, por tanto, parece propicio para que el sector privado deje de observar el proceso como una formalidad diplomática y comience a asumirlo como una oportunidad competitiva. 

En definitiva, el paso dado entre la República Dominicana y Ecuador es valioso no porque cierre una negociación, sino porque la abre con sentido. Lo trascendente no es la firma del documento preparatorio, sino la posibilidad de que ese gesto se transforme en una política comercial seria, técnica, equilibrada y orientada al desarrollo. Si ambas naciones actúan con visión estratégica, este acuerdo parcial podría convertirse en algo más que un mecanismo de intercambio: en una plataforma para ampliar mercados, densificar vínculos productivos, atraer inversión y demostrar que la cooperación regional todavía puede producir resultados tangibles. En tiempos de incertidumbre global, esa no sería una noticia menor. Sería, en realidad, una lección de realismo económico aplicada a la integración latinoamericana.

ooooo

🌎🤝 República Dominicana y Ecuador avanzan hacia una nueva etapa de integración económica, con una hoja de ruta orientada a facilitar el comercio, atraer inversiones y fortalecer la complementariedad productiva entre ambas naciones.

📦⚙️ Este entendimiento abre oportunidades para seguir impulsando sectores estratégicos como las exportaciones, las zonas francas, la logística, la energía y la cooperación empresarial, consolidando una agenda de resultados concretos para ambos países.

🇩🇴🇪🇨 Más que un paso diplomático, se trata de una apuesta por el desarrollo, la competitividad regional y la construcción de vínculos económicos más sólidos y sostenibles. 

#RepúblicaDominicana #Ecuador #ComercioExterior #Inversión #IntegraciónEconómica #Exportaciones #ZonasFrancas #Logística #Competitividad #DesarrolloRegional #CooperaciónBilateral 🌐📈

Si quieres, te hago ahora mismo una versión más breve para X, una más elegante para Instagram o una más institucional tipo MICM/MIREX.

......

RD y Ecuador fortalecen comercio e inversión bilateral

Tras la reunión entre el presidente Luis Abinader y su homólogo Daniel Noboa en Punta Cana.

Santo Domingo, R.D., 26 de mayo de 2026.El gobierno dominicano, a través del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) pactó los términos generales de referencia para la negociación de un posible acuerdo comercial de alcance parcial, con el gobierno ecuatoriano que impulsaría y promovería los intercambios comerciales, las inversiones y el encadenamiento productivo entre ambas naciones.

Esto como resultado de la reunión que sostuvieron recientemente el presidente Luis Abinader y su homólogo de Ecuador, Daniel Noboa, en Punta Cana, durante una visita de Noboa a la República Dominicana.

El acto estuvo encabezado por el ministro Yayo Sanz Lovatón, donde se establecieron los aspectos generales y la forma en que ambas naciones dirigirán las conversaciones para llegar a un acuerdo para potenciar sus exportaciones y fortalecer la integración económica regional. El documento con las especificaciones técnicas, la definición de los equipos de trabajo y la información a intercambiar fue firmado por el viceministro de Comercio Exterior del MICM, Daniel Peña, y la viceministra de Comercio Exterior del Ministerio de Producción, Comercio Exterior e Inversiones de Ecuador, Ivanova Cereceda.

Durante su intervención, el ministro Yayo Sanz Lovatón destacó la histórica relación entre ambos países y las oportunidades de esta relación económica. “Ecuador es un país que respetamos y con el que tenemos una gran historia. Tuve la oportunidad, junto al presidente Abinader, de conocer al presidente Noboa en un encuentro de consultas políticas y comerciales, y allí pudimos confirmar la gran sinergia entre las economías de Ecuador y República Dominicana”, expresó.

Indicó que Ecuador cuenta con una importante producción de materias primas, mientras que República Dominicana posee amplia experiencia en turismo, zonas francas, logística y servicios, además de una ubicación estratégica para el comercio internacional.

“Creo que ambos países podemos hacer grandes cosas, y por eso hoy estamos firmando este convenio. Ojalá sirva de ejemplo para que los demás países de Latinoamérica continúen trabajando unidos, porque juntos somos más y juntos hacemos más por nuestros pueblos”, agregó.

También estuvieron presentes la ministra de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana de Ecuador, Gabriela Sommerfeld; el viceministro de Relaciones Exteriores de Ecuador, Alejandro Dávalos; el embajador de Ecuador en República Dominicana, Santiago Martínez y el asesor de la ministra de Ecuador, Jairo Cueva.

De su lado, la ministra Gabriela Sommerfeld manifestó que para Ecuador constituye un honor visitar República Dominicana y suscribir este acuerdo en beneficio de ambas naciones y sus ciudadanos. “Este documento fortalecerá los lazos comerciales para generar riquezas y oportunidades de empleo para ambos países. Auguro muchos éxitos para esta relación”, expresó.

Asimismo, la viceministra Ivanova Cereceda señaló que la firma representa “el primer paso de una relación que continuará fortaleciéndose en términos positivos y fraternales entre Ecuador y República Dominicana”.

En tanto, el viceministro Daniel Peña resaltó que el Acuerdo de Alcance Parcial representa un paso concreto hacia una relación económica más profunda entre República Dominicana y Ecuador, basada en complementariedad, oportunidades de inversión y crecimiento del comercio bilateral.

Peña recordó que en agosto ambos países celebrarán 140 años de relaciones diplomáticas, caracterizadas por vínculos históricos, culturales y valores compartidos. “Con este acuerdo consolidamos las conversaciones sostenidas entre los presidentes Luis Abinader y Daniel Noboa sobre comercio e inversión, creando una fuente idónea de oportunidades para beneficio de nuestra gente”, afirmó.

Tras la firma, los equipos técnicos continuarán coordinando el cronograma y las modalidades de negociación en beneficio de sectores clave de nuestras exportaciones.

 

Intercambio comercial

En el 2025 el intercambio comercial entre ambas naciones ascendió a US$170.2 millones. Las exportaciones dominicanas hacia Ecuador alcanzan US$19.9 millones, mientras que las importaciones desde Ecuador suman US$150.4 millones. Ecuador ocupa la posición 28 como socio comercial de República Dominicana, mientras que República Dominicana ocupa la posición 37 como socio comercial de Ecuador.

…..