miércoles, 18 de febrero de 2026

La otra advertencia: 1.5%


Raúl Ovalle advierte que el sector, que creció 1.5% en el 2025 y aporta más de US$16,000 millones en valor agregado, de mantenerse esa tendencia podría perder el liderazgo
Raúl Ovalle advierte que el sector, que creció 1.5% en el 2025 y aporta más de US$16,000 millones en valor agregado, de mantenerse esa tendencia podría perder el liderazgo
La otra advertencia: 1.5%
No es otra cifra, es un diagnóstico. Y el paciente es el sector de mayor peso de la economía.
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En un artículo reciente advertimos que el crecimiento promedio del PIB de 3.4% del último sexenio era el menor en más de dos décadas. El 1.5% apunta al origen sectorial de esa erosión: es el crecimiento tendencial de 2025 del sector construcción, el que resulta de descontar el ruido estacional y cíclico. Su velocidad de crucero. Y es el menor nivel de los últimos treinta y tres años. La señal es estructural; la pregunta es si el daño aún es reversible.
La columna que sostiene el edificio
Si el 1.5% enciende alertas, es porque no estamos hablando de un sector marginal. La construcción dominicana aporta más de US$16,000 millones en valor agregado, lidera todos los sectores. Supera la economía de Bahamas. Como proporción del PIB, solo Panamá le sobrepasa en América Latina.
Cuando se incorpora su ecosistema ampliado, incluyendo servicios inmobiliarios, préstamos hipotecarios y a desarrolladores, seguros, fideicomisos, administración de propiedades, junto a la demanda que genera sobre otros sectores como el manufacturero, la minería o el transporte, su participación supera el 20% del PIB. En otras palabras, al menos uno de cada cinco pesos generados en la economía gravita, directa o indirectamente, alrededor de la construcción.
La construcción no solo pesa, también arrastra la inversión del país. Cerca del 80% de la formación de capital pasa por el sector. Desde su pico de 14% del PIB en 2022, su participación viene cayendo alrededor de medio punto por año, en paralelo al retroceso observado de la inversión total, sobre todo la privada.
De mantenerse esa trayectoria, hacia mediados del próximo año podría perder el liderazgo que hoy mantiene en participación y contribución al crecimiento.
De hecho, el impacto ya es visible en las cuentas nacionales: la contribución directa del sector al crecimiento del PIB se redujo a la mitad entre 2023 y 2025 de un punto porcentual a apenas medio punto.
El sector no solo se encoge; está frenando al resto de la economía.
La tormenta perfecta
También aquí sería injusto ignorar el contexto. Desde la pandemia, pocos sectores de la economía dominicana han absorbido tantos choques simultáneos en tan poco tiempo:
(1) un aumento acumulado de costos —materiales, logística y mano de obra— superior al crecimiento del ingreso de los hogares;
(2) un alza sostenida de tasas de interés desde los mínimos pandémicos, que encareció tanto el financiamiento de proyectos como la cuota hipotecaria de las familias;
(3) una volatilidad cambiaria inusualmente alta en un sector intensivo en insumos importados;
(4) cambios regulatorios bancarios que restringieron los préstamos en dólares a constructores y adquirientes, lo que altera el modelo de financiamiento del sector;
(5) una política migratoria reactiva, ejecutada vía operativos episódicos que contrajo súbitamente la oferta laboral y elevó su costo en zonas de alta actividad;
(6) estafas inmobiliarias aisladas cuyo ruido mediático erosionó la confianza de la diáspora, comprador clave del segmento de vivienda de bajo costo;
(7) una reducción deliberada de la inversión pública en infraestructura y
(8) una permisología cada vez más lenta y compleja, que opera como un impuesto regulatorio al encarecer y retrasar la ejecución de proyectos.
Ocho choques que convergen sobre un mismo sector. Y varios aún no ceden, porque la tormenta no termina de pasar.
La crisis haitiana sigue volátil e incierta, perpetúa el desorden en la oferta laboral. Los costos logísticos internacionales permanecen sujetos a disrupciones geopolíticas, particularmente desde el sudeste asiático. El marco fiscal 2026-2029 proyecta la inversión pública en los menores niveles en décadas.
Y a pesar de la caída reciente de las tasas locales, mientras las externas no cedan —y podrían no hacerlo si la percepción de menor independencia de la FED eleva las expectativas de inflación— el entorno doméstico de tasas y tipo de cambio podría tardar en normalizarse.
Advierto, si no se actúa, el 1.5% dejará de ser una anomalía. Será la norma.
Lo que no estamos viendo
El problema no termina en el PIB del sector. Empieza ahí. Un estudio revelador de Daniel De Oleo, de la Universidad de Kyushu (Japón), presentado en enero de este año, muestra que cuatro de cada diez hogares dominicanos sufren déficit habitacional.
La revelación más incómoda, sin embargo, es otra. El déficit habitacional dominicano ya no es, principalmente, un problema de paredes y techos: cerca del 70% de los hogares con carencias habitan estructuras adecuadas y, aun así, carecen de condiciones básicas: les falta agua, saneamiento y espacio habitable. El problema no es solo de unidades; es de hábitat. Y ese déficit habitacional tiene dos mapas: en las ciudades es más frecuente; en el campo, más severa.
Otro hallazgo revelador es que los hogares que financian su vivienda con crédito hipotecario tienden a presentar menos carencias que los propietarios sin crédito. En otras palabras, el financiamiento no solo facilita la compra; también se asocia con mejores condiciones de habitabilidad. Pero sin infraestructura pública que haga funcionales las viviendas y sus comunidades, como acueductos, alcantarillado, redes eléctricas o soluciones viales, ni el crédito ni la construcción de nuevas unidades resolverán el problema de fondo.
Lo que no estamos viendo es esto: si la desaceleración de la construcción se vuelve estructural y la inversión en infraestructura pública no se reactiva, el déficit habitacional no solo persistirá; puede profundizarse, encarecer su corrección y volverse territorialmente más desigual.
El riesgo de fondo tiene dos caras: por un lado, la erosión del principal motor de la economía y, con ella, del crecimiento potencial del país. Por el otro, el deterioro progresivo de las condiciones de vida de los dominicanos más vulnerables, hoy y en los años por venir.
Reconstruyendo el andamiaje
Revertir ambas caras del riesgo exige una ingeniería a la inversa: imaginar primero el destino y luego diseñar las rutas. Ese destino incluye un sector construcción recuperando participación en el PIB y aporte al crecimiento, una inversión agregada retomando la trayectoria necesaria para sostener el potencial del país, y un déficit habitacional reduciéndose de forma sostenida. Ese es el punto de llegada.
El punto de partida es la inversión pública. Deng Xiaoping lo resumió de forma elocuente: “si quieres hacerte rico, primero construye carreteras”. En RD esa frase además incluye acueductos, alcantarillado sanitario, drenaje pluvial, redes eléctricas confiables, conectividad logística eficiente, entre otras inversiones clave.
Se necesita un programa plurianual de infraestructura, con horizonte mínimo de un lustro, capaz de trascender el ciclo electoral. Cerrar brechas de infraestructura no es una meta de gobierno; es una meta de país. La cartera de proyectos debe diversificarse geográficamente y priorizarse con criterios explícitos: impacto en empleo y PIB regional, capacidad para reducir brechas habitacionales y potencial de activar nuevos encadenamientos productivos.
No es teoría. La Autovía del Coral no solo redujo tiempos de traslado entre la ciudad principal y el polo turístico más importante del país: amplió la frontera económica del Este, elevó su atractivo para la inversión privada y profundizó encadenamientos en turismo, logística, comercio, construcción y entretenimiento. Su costo fue comparable al de un hotel mediano, pero, a diferencia del hotel, sus efectos multiplicadores persisten en el tiempo.
Una carretera bien diseñada, al igual que otras infraestructuras públicas, no compite con la inversión privada; la hace viable y amplifica su retorno social.
Con esa misma lógica debe leerse la discusión sobre nuevas conexiones estratégicas: la carretera del Ámbar; corredores que integren polos agropecuarios del Sur con el Cibao; conectividad aérea más eficiente entre Cibao–Punta Cana. No se trata de un archipiélago de obras, sino de una red logística integrada que reduzca costos, conecte mercados y transforme potencial productivo en crecimiento efectivo, empleo y menor pobreza.
En segundo lugar, si el acceso al crédito formal se asocia con mejores condiciones habitacionales —como sugiere el estudio de De Oleo—, conviene explorar mecanismos que canalicen el ahorro de los trabajadores hacia el financiamiento de vivienda.
Hoy, el fondeo del sector depende en gran medida de liberaciones cíclicas de encaje del BCRD: un esquema que ata al sector al vaivén de las tasas y dificulta cerrar el déficit habitacional de forma sostenida. Se necesita una fuente más estable de financiamiento que preserve el acceso al crédito hipotecario, independientemente del ciclo monetario.
La región ofrece referencias útiles. Colombia avanzó con el Fondo Nacional del Ahorro, que articula cesantías, crédito para vivienda y ahorro voluntario, incluyendo trabajadores informales y la diáspora. Chile desarrolló esquemas escalonados por ingreso que combinan ahorro, subsidio estatal y crédito hipotecario para ampliar el acceso y sostener oferta formal.
Si el rediseño del régimen de cesantías sigue siendo una tarea pendiente, ¿por qué no evaluar simultáneamente un instrumento que habilite el uso parcial y prudente de estos recursos para vivienda?
Tercero, resolver la permisología de raíz. Esto debe asumirse con un propósito de legado institucional: dejar un sistema que funcione por reglas, plazos y capacidades técnicas, y no por la capacidad desigual del funcionario de turno.
Hay referentes internacionales que vale la pena estudiar: tiempos diferenciados según acreditación previa de empresas (Australia) o nivel de riesgo del proyecto (Emiratos Árabes Unidos); tercerización de procesos en firmas certificadas de ingeniería (Bahréin); y esquemas de silencio administrativo positivo para evitar parálisis cuando la administración incumple plazos (Alemania).
La descentralización también es una ruta clave, aunque transitoria, en el camino hacia la digitalización de los procesos. Con cerca de 40% del PIB de la construcción concentrado en el Cibao —más que cualquier otra región del país, incluida la capital—, mantener procesos críticos de permisos dependientes de Santo Domingo ya no es eficiente.
La meta es simple: equipos técnicos capacitados y capacidad resolutiva más cerca de donde ocurre la actividad. Siempre se ha dicho que “en Santo Domingo se firman los cheques”; ya es tiempo de que “en Santiago se firmen los permisos”, eficientemente.
Otro frente clave es la gestión inteligente de flujos laborales: permisos temporales, revisables según demanda, con biometría y trazabilidad. La meta no es abrir sin control ni cerrar sin criterio, sino equilibrar la necesidad económica del sector con la seguridad nacional para que casos como Friusa no solo no se repitan, sino que nunca vuelvan a escalar hasta ese punto.
Alguna vez un sabio dijo que una buena pregunta es aquella que tiene muchas respuestas. A la pregunta de cómo evitar que el crecimiento potencial de República Dominicana siga deteriorándose, la reactivación estructural del sector construcción es parte de la respuesta. No toda. Pero sin ella, las demás difícilmente funcionen.
El 3.4% fue una primera advertencia. Si lo que sigue es decisión, el 1.5% más que la segunda… podría ser la última.
https://www.elcaribe.com.do/opiniones/la-otra-advertencia-1-5/ 
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Hidrocarburos, subsidios y control: cuando la coordinación institucional se vuelve urgencia

COMENTARIO | 

Hidrocarburos, subsidios y control: cuando la coordinación institucional se vuelve urgencia
Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Hablar de hidrocarburos en la República Dominicana es hablar de economía real: transporte, industria, producción, precios y costo de vida. Por eso, cualquier mejora en la cadena de recepción y despacho —sobre todo cuando se trata de combustibles subsidiados por el Estado— tiene implicaciones directas en la estabilidad, la transparencia y la credibilidad institucional. En ese contexto, en consonancia con las directrices del presidente Luis Abinader, la reciente reunión interinstitucional encabezada por el ministro de Hacienda, Magín Díaz, y el director general de Aduanas, Nelson Arroyo, no debería leerse como una agenda de rutina, sino como un paso necesario hacia una gobernanza más moderna y efectiva del sector.

La discusión sobre “optimizar” la recepción y el despacho de hidrocarburos suele subestimarse por su lenguaje operativo. Sin embargo, detrás de esa palabra hay objetivos concretos: reducir cuellos de botella, evitar demoras que encarecen los costos logísticos, asegurar la continuidad del suministro y reforzar los controles para que lo que ingresa al país sea exactamente lo declarado, en las cantidades correctas y con el tratamiento fiscal correspondiente. Cuando la materia prima es estratégica y el componente fiscal es sensible, la eficiencia deja de ser solo velocidad: se convierte en una garantía de orden.

En el caso de los combustibles subsidiados, el Estado asume parte del costo para amortiguar impactos en los precios. Esa decisión pública exige, en consecuencia, un aparato institucional capaz de administrar con precisión: qué entra, bajo qué figura, con qué destino, bajo qué condiciones y con qué documentación. Ahí entra un elemento clave: fortalecer los mecanismos de emisión de exoneraciones. No para dificultar al sector que opera correctamente, sino para elevar la trazabilidad y la consistencia del proceso, asegurando que cada exoneración responda a reglas claras, verificables y auditables. En un país que aspira a consolidar confianza, los procedimientos deben ser tan sólidos como los resultados.

Ahora bien, ninguna mejora será completa si cada institución trabaja con su propia base de datos, sus propios tiempos y sus propios “cierres” informativos. Por eso, la reunión pone sobre la mesa un punto que debería asumirse como prioridad nacional: la interconexión entre la Dirección General de Aduanas (DGA) y la Dirección General de Impuestos Internos (DGII). La interoperabilidad no es un lujo digital; es una herramienta de gobernanza. Permite al Estado ver el ciclo completo: desde la entrada de mercancías hasta la coherencia fiscal y el cumplimiento tributario. Reduce espacios de opacidad, acorta los tiempos de verificación y mejora la calidad de las decisiones.

La otra gran apuesta es la digitalización de procesos, con capacidad de generar reportes confiables y en tiempo real. Esto no solo fortalece la supervisión pública: también beneficia al sector privado, que necesita predictibilidad. Cuando los sistemas producen información oportuna, se minimizan errores, se identifican anomalías antes de que escalen y se pueden tomar decisiones correctivas de manera temprana. La data, bien administrada, funciona como un mecanismo de prevención.

Pero la modernización no puede quedarse en anuncios. El reto real está en la ejecución: definir protocolos comunes, estándares de datos, responsabilidades por etapa y mecanismos de auditoría. También implica capacitación, continuidad tecnológica y cultura de servicio. Porque lo digital no sustituye el criterio: lo ordena. Lo interinstitucional no elimina la autonomía: la coordina. Y la eficiencia no debe negociar con el control: lo fortalece.

Al final, el propósito es simple —y profundamente político en el buen sentido—: que el Estado funcione mejor. Una gestión coordinada entre instituciones, con procesos digitalizados, trazabilidad y reportes en tiempo real, no solo mejora la operación aduanera; también protege el interés nacional, cuida los recursos públicos y fortalece la confianza ciudadana. En hidrocarburos, el margen de error es demasiado costoso. Por eso, avanzar hacia una coordinación moderna y responsable no es una opción: es una urgencia país. 🇩🇴


Hidrocarburos, subsidios y control: cuando la coordinación institucional se vuelve urgencia 🇩🇴

Hablar de hidrocarburos en la República Dominicana es hablar de economía real: transporte, industria, producción, precios y costo de vida. Por eso, mejorar la cadena de recepción y despacho —en especial cuando se trata de combustibles subsidiados por el Estado— no es un tema técnico menor: impacta la estabilidad, la transparencia y la confianza institucional.
En una reciente articulación interinstitucional, se colocaron sobre la mesa decisiones clave que, bien ejecutadas, pueden marcar un antes y un después:
✅ Optimización operativa: reducir cuellos de botella, evitar demoras que encarecen costos logísticos y asegurar continuidad del suministro.
✅ Controles más sólidos: garantizar que lo que ingresa al país coincida con lo declarado, en cantidades correctas y con el tratamiento fiscal correspondiente.
✅ Exoneraciones con trazabilidad: fortalecer mecanismos para que respondan a reglas claras, verificables y auditables.
✅ Interconexión DGA–DGII: interoperabilidad como herramienta de gobernanza (menos opacidad, verificación más ágil y mejores decisiones).
✅ Digitalización con data en tiempo real: reportes confiables para prevenir riesgos y mejorar la predictibilidad del sector.
Pero modernizar no puede quedarse en anuncios. El reto real está en la ejecución: protocolos comunes, estándares de datos, auditoría, capacitación y continuidad tecnológica.
Porque lo digital no sustituye el criterio: lo ordena. Y la eficiencia no negocia con el control: lo fortalece.
📌 Conclusión: en hidrocarburos, el margen de error es demasiado costoso. Avanzar hacia una coordinación moderna, trazable y basada en datos no es una opción: es una urgencia país. /

https://x.com/GUASABARAeditor/status/2023852297735053654?s=20
🇩🇴 COMENTARIO | @GuasabaraEditor @LuisOrlandoDia1 🇩🇴 @luisabinader @PresidenciaRD @Magindiazrd @MinHaciendard @aduanard @nelsonarroyop #AduanasRD @DGii #DGII



Inejecución sucesiva de la Ley 266-04 fue base para sentencia del TSA sobre terrenos parque Jaragua

Inejecución sucesiva de la Ley 266-04 fue base para sentencia del TSA sobre terrenos parque Jaragua

Áreas protegidas "quedaron modificadas" hace 20 años

Marisol Aquino / Santo Domingo - 02/18/2026 12:01:00 a. m.| 5 min de lectura

Inejecución sucesiva de la Ley 266-04 fue base para sentencia del TSA sobre terrenos parque Jaragua

Bahía de las Águilas, Pedernales, parte del Parque Nacional Jaragua. (DIARIO LIBRE/MARVIN DEL CID)

La inejecución sucesiva de la Ley 266-04, atribuida a la Dirección Nacional de Mensuras Catastrales (DNMC), fue el elemento que sirvió de base a la Quinta Sala del Tribunal Superior Administrativo (TSA) para acoger un recurso de amparo interpuesto por una empresa que reclama terrenos al Estado en la zona del Parque Nacional Jaragua.

Según la sentencia, esa omisión en ejecutar las disposiciones derivadas de dicha normativa afectaba derechos patrimoniales de la recurrente, al impedirle disponer de los inmuebles bajo el régimen previsto para el Polo Turístico de la Región Suroeste.

La Quinta Sala del TSA se basó en la Ley 266-04, sobre demarcación turística prioritaria en las provincias Barahona, Independencia y Pedernales para acoger un recurso de amparo de una empresa que reclama más de 12 millones de metros cuadrados de terrenos al Estado, debido a que, según esa decisión, las áreas protegidas "quedaron modificadas" con esa normativa de hace más de 20 años.

Como parte de su motivación, el tribunal cita otra sentencia que benefició con otro amparo a Inversiones del Sur, S.R, representada por su gerente, Ricardo Alfredo Gadala-María Nasser, y que determinó que esta "es acreedora de derechos registrados de las extensiones de terreno" mencionadas.

Los jueces de la Quinta Sala del TSA sostienen que "existía una inejecución sucesiva a cargo de la Dirección Nacional de Mensuras Catastrales en el reconocimiento de las entonces áreas protegidas que quedaron modificadas por la Ley 266-04, y que esta inejecución afectaba a los derechos patrimoniales (art. 51 y siguientes de la Carta Magna) de la exponente por no poder disponer de los inmuebles bajo los beneficios de la Ley 266-04".

La sentencia de la Quinta Sala del TSA de noviembre del 2025, menciona otra emitida por la Cuarta Sala de ese Tribunal Superior Administrativo a final del 2024, la cual ordenó a la DNMC "dar cumplimiento a las disposiciones del artículo 5 de la Ley 266-2004, el cual establece que: 'La Dirección General de Mensuras Catastrales queda encargada de establecer los puntos y límites del polígono que se forma con las áreas declaradas por la presente ley como Polo Turístico de la Región Suroeste'".

La Quinta Sala establece que, del estudio de las pruebas aportadas por parte del recurrente, esta "posee el derecho de propiedad sobre las parcelas identificadas reclamadas, algunas dentro de los límites del área denominada "Polo Turístico de la Región Suroeste".

"Tomando en consideración las disposiciones legales antes expuestas", agrega el tribunal, los terrenos "no se encuentran dentro del Parque Nacional Jaragua ni de otra área protegida reconocida por la Ley núm. 202-04, según el informe técnico cartográfico emitido por la Dirección Nacional de Mensura Catastral en fecha 09 de septiembre de 2025".

El informe del agrimensor

La Quinta Sala del Tribunal Superior Administrativo toma en cuenta, dentro de las pruebas valoradas, el informe catastral de un agrimensor que favorece a Inversiones del Sur, S.R, un profesional cuestionado durante años e investigado por el Ministerio Público.

El agrimensor es Orlando Lorenzo Gómez Gómez, por cuyo "informe técnico, cartográfico y catastral", presentado en septiembre del 2025, la Dirección General de Mensuras Catastrales "cumplió con el mandato de la sentencia emitida por la Cuarta Sala del TSA. 

"Determinando que las parcelas a) 294575093454, con una superficie de 3,143,122.69 metros cuadrados, ubicado en Oviedo, Pedernales, matrícula núm. 0600004901; b) 294564071862, con una superficie de 3,143,121.87 metros cuadrados, ubicado en Oviedo, Pedernales, matrícula núm. 0600004902; ?) 294553332606, con una superficie de 3,144,381.38 metros cuadrados, ubicado en Oviedo, Pedernales, matrícula núm. 0600004903, y, d) 294541589603, con una superficie de 3,146,565.88 metros cuadrados, ubicado en Oviedo, Pedernales, matrícula núm. 0600004904, no se encuentran dentro del Parque Nacional Jaragua, ni de otra área protegida reconocida por la ley 202-04", sostiene el fallo de la Quinta Sala del TSA.

Añade que "el referido informe técnico, también señaló que conforme a los artículos 26, 27 y 28" de la Ley 202-04 el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Mimarena) "tiene la obligación legal de actualizar el Catastro Nacional de Áreas protegidas o Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP)", con las modificaciones que ordena la Ley 266-04.

"Asimismo, dicho informe confirma que el único paso pendiente para garantizar la plena seguridad jurídica de los inmuebles es la actualización del Catastro Nacional de Áreas Protegidas por parte del MIMARENA, reflejando la exclusión establecida en la Ley núm. 266-04", según los jueces Mildred Inmaculada Hernández Grullón, jueza presidente en funciones; Ramona Gutiérrez Batista e Ismael Ramírez Santana, de la Quinta Sala del TSA.

Rechazan que ley ordene reducir áreas protegidas

El ambientalista Luis Carvajal y el viceministro de Áreas Protegidas y Diversidad, Carlos Batista, rechazan que la Ley 266-04 ordene reducir límites de las áreas protegidas para crear polos turísticos porque, de ser así, sería inconstitucional.

"La ley 266 que crea el polo turístico se lo plantea como una zona de desarrollo, pero esa ley que crea el polo turístico no ordena, no podía ordenar y si lo hubiera hecho era ilegal, era totalmente absurdo e inconstitucional", dijo Carvajal.

Sostuvo que un momento dado el Tribunal Administrativo admitió una sentencia parecida a la que beneficia a Inversiones del Sur "y tuvieron que echarla para atrás".

Batista explicó que la Ley 266-04 es una ordinaria y que para modificar los límites de las áreas de conservación de la biodiversidad se requiere que el Congreso la apruebe "con las tres cuartas partes" de los legisladores. "Es un blindaje" que poseen las áreas protegidas parecido al que tiene la Constitución, dijo el funcionario.

Carvajal sostiene que el agrimensor Orlando Lorenzo Gómez Gómez es de una parte interesada que "tiene reclamo de área en la misma zona y ha estado metido en todo este conflicto todo el tiempo".  Mientras que Batista dice que el profesional tiene "de tres a cuatro títulos en Pedernales y que es investigado por el Ministerio Público.

En el 2018, el Tribunal de Tierras de la Jurisdicción Original de Barahona ordenó anular deslindes realizado por Gómez considerados "fraudulentos".

https://www.diariolibre.com/actualidad/justicia/2026/02/18/el-estado-desoyo-ley-en-caso-terrenos-del-parque-nacional-jaragua/3440444

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