miércoles, 1 de julio de 2026

2026: el año en que el desorden mundial comenzará a mostrar su verdadero rostro

2026: el año en que el desorden mundial comenzará a mostrar su verdadero rostro

Meta RD 2036 ante la nueva geopolítica: de duplicar el PIB a construir poder nacional productivo, tecnológico y diplomático

Paper de opinión con enfoque de think tank
Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
guecin.com


Resumen

El año 2026 marca una frontera estratégica para la República Dominicana y para América Latina. La crisis del multilateralismo, la fragmentación del comercio mundial, la competencia tecnológica, la disputa por minerales críticos, la presión energética y el regreso de la geoeconomía como instrumento de poder obligan a repensar las estrategias nacionales de desarrollo. En ese contexto, Meta RD 2036 constituye una iniciativa valiosa porque introduce sentido de urgencia, metas cuantificables y articulación público-privada. Sin embargo, si se limita a duplicar el PIB, crear empleos y elevar ingresos sin transformar la matriz productiva, tecnológica, educativa, logística, energética y diplomática del país, corre el riesgo de ser insuficiente frente al siglo XXI. Este paper propone recalibrar Meta RD 2036 hacia una estrategia más contundente: RD 2036/2044: Estado competitivo, economía inteligente y soberanía estratégica, basada en productividad, innovación, educación superior, industrialización selectiva, seguridad económica, diplomacia asiática, logística regional y resiliencia institucional.

Palabras clave: Meta RD 2036, República Dominicana, geopolítica, desarrollo, diplomacia económica, productividad, Asia, inteligencia artificial, zonas francas, multilateralismo.


Introducción

El mundo no cambia de una vez. Primero se agrietan sus instituciones, luego se debilitan sus consensos y, finalmente, las naciones descubren que el orden que creían permanente era apenas una arquitectura sostenida por intereses, equilibrios y voluntades políticas. Así llega 2026: no como un año más en el calendario internacional, sino como una frontera histórica en la que los contornos de la geopolítica del siglo XXI comienzan a hacerse más visibles, más duros y menos complacientes.

La incertidumbre ya no es una anomalía del sistema: se ha convertido en su condición dominante. El Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial identifica la confrontación geoeconómica como el principal riesgo inmediato del año y advierte que el mundo entra en una “edad de competencia”, marcada por el deterioro de los mecanismos cooperativos, el debilitamiento del multilateralismo y la pérdida de confianza internacional (World Economic Forum, 2026a, 2026b). [news.un.org], [lens.civicus.org]

Durante décadas, el sistema internacional descansó sobre una promesa central: que la globalización, el comercio abierto, las alianzas de seguridad, las instituciones multilaterales y la diplomacia cooperativa serían suficientes para administrar los conflictos entre potencias. Pero esa promesa se encuentra bajo presión. UNCTAD advierte que el comercio global entra en 2026 presionado por crecimiento lento, fragmentación geopolítica, transiciones digital y verde, y regulaciones nacionales más estrictas que están redibujando flujos comerciales, inversiones y cadenas globales de valor (UN Trade and Development, 2026). [linkedin.com]

La nueva geopolítica nace de una desconfianza acumulada. Las grandes potencias miran el comercio como campo de batalla industrial; la tecnología como instrumento de supremacía; la energía como palanca estratégica; las rutas marítimas como corredores de poder; y las alianzas militares como contratos sometidos a cálculo, costo y conveniencia. Ya no se trata únicamente de quién posee más territorio o más tropas, sino de quién controla los nodos invisibles de la economía mundial: datos, chips, cables submarinos, plataformas digitales, sistemas de pago, minerales estratégicos, estándares tecnológicos y capacidades científicas.

En ese mundo, República Dominicana no puede pensar su desarrollo como si todavía viviera en la globalización optimista de los años noventa. El país entra en esta etapa con fortalezas reales: estabilidad relativa, posición geográfica privilegiada, turismo consolidado, zonas francas dinámicas, conectividad portuaria, relación estrecha con Estados Unidos, creciente inversión extranjera y capacidad logística en expansión. ProDominicana reporta para 2025 un récord de US$5,032.3 millones en inversión extranjera directa, exportaciones de mercancías por US$15,930.6 millones, más de 700 empresas de IED instaladas y más de 160 destinos de exportación (ProDominicana, 2026). [it-online.co.za]

Pero también existen debilidades: baja productividad estructural, dependencia de pocos motores económicos, insuficiente inversión en ciencia y tecnología, déficit de formación técnica avanzada, informalidad, presión fiscal, vulnerabilidad energética, exposición climática, desigualdad territorial y limitada presencia en Asia. El Banco Mundial señala que el país sigue siendo una de las economías más dinámicas de América Latina, pero advierte que las ganancias de productividad de mediano plazo dependerán de atraer inversión extranjera directa hacia actividades de mayor valor y mejorar la eficiencia fiscal (World Bank, 2026a). [link.springer.com]


Meta RD 2036: virtud estratégica y riesgo de insuficiencia

Meta RD 2036 representa una apuesta ambiciosa. Según el Consejo Nacional de Competitividad, el plan busca duplicar el PIB real hacia 2036, eliminar la pobreza extrema, crear 1.7 millones de empleos, triplicar el salario medio y alcanzar grado de inversión para posicionar a República Dominicana entre las economías más prósperas de América Latina (Consejo Nacional de Competitividad, 2025). [cnc.gob.do], [cnc.gob.do]

Esa ambición es positiva. Un país necesita metas. Sin metas, la política pública se vuelve administración rutinaria del presente. Meta RD 2036 tiene el mérito de introducir planificación, gestión por resultados, articulación público-privada y comités sectoriales. Además, incorpora la necesidad de modernización institucional, infraestructura, innovación tecnológica, sostenibilidad ambiental y coordinación multisectorial (Consejo Nacional de Competitividad, 2025). [cnc.gob.do], [undp.org]

Sin embargo, una meta de desarrollo no puede reducirse a duplicar el PIB. El PIB puede crecer sin transformar suficientemente la estructura productiva. Puede crecer con baja productividad. Puede crecer concentrado territorialmente. Puede crecer sin innovación. Puede crecer con empleos de baja complejidad. Puede crecer con vulnerabilidad energética. Puede crecer sin soberanía tecnológica. Puede crecer, incluso, sin ampliar la capacidad estratégica del Estado.

Por eso, la pregunta de fondo no es si Meta RD 2036 es necesaria. Lo es. La pregunta es si está suficientemente enfocada para el contexto global de 2026. La respuesta es matizada: Meta RD 2036 no está desenfocada en su intención, pero sí puede quedar corta en su arquitectura estratégica si no incorpora explícitamente la nueva geopolítica del desarrollo.

Duplicar el PIB es una aspiración relevante, pero el siglo XXI exige algo más: duplicar capacidades. Capacidades productivas, institucionales, científicas, tecnológicas, educativas, logísticas, energéticas, diplomáticas y defensivas. En un mundo fragmentado, los países no prosperarán solo porque produzcan más, sino porque sepan proteger, sofisticar y proyectar mejor lo que producen.

La propia UNCTAD ha trabajado con República Dominicana en capacidades productivas para diversificación económica, resiliencia y crecimiento inclusivo, vinculando ese esfuerzo con la Estrategia Nacional de Desarrollo y con herramientas de medición como el Índice de Capacidades Productivas (UNCTAD, 2026b). Esa orientación es clave: el desarrollo dominicano no debe medirse solo por cuánto crece, sino por qué tan capaz se vuelve el país de sostener, diversificar y defender su crecimiento. [karenaudit.com]


Tres think tanks globales y las lecciones útiles para República Dominicana

En materia de desarrollo, tres centros de pensamiento globales ofrecen orientaciones particularmente útiles para República Dominicana en el contexto actual: Brookings Institution, Center for Global Development (CGD) y ODI Global. No son los únicos relevantes, pero sí figuran entre los espacios de pensamiento más influyentes en economía internacional, desarrollo, gobernanza global, pobreza, financiamiento, evidencia pública y transformación productiva.

Brookings, desde su programa de Economía Global y Desarrollo, ha insistido en que el mundo enfrenta transformaciones simultáneas en geopolítica, tecnología, trabajo, educación, comercio y gobernanza económica. Sus expertos plantean que la coyuntura actual requiere repensar el multilateralismo para que sea compatible con las nuevas realidades económicas y geopolíticas, incluyendo comercio, estabilidad financiera, inteligencia artificial, tecnologías emergentes y cambio climático (Brookings Institution, 2025). [brookings.edu], [brookings.edu]

La lección para República Dominicana es directa: el país no puede formular Meta RD 2036 como un plan económico doméstico aislado. Debe convertirlo en una estrategia de inserción internacional inteligente. Esto implica diplomacia económica, inteligencia comercial, presencia asiática, defensa de intereses en organismos multilaterales, alianzas tecnológicas, formación de talento y capacidad de negociación en un mundo menos cooperativo.

El Center for Global Development trabaja sobre pobreza, educación, salud, migración, clima, energía, financiamiento sostenible, inteligencia artificial para el desarrollo y efectividad de políticas públicas. Su enfoque central es convertir investigación económica independiente en mejores decisiones de política pública para reducir pobreza y mejorar vidas (Center for Global Development, 2026). [cgdev.org]

La lección para República Dominicana es que Meta RD 2036 debe estar obsesionada con la efectividad. No basta anunciar políticas. Hay que medir resultados. No basta crear incentivos. Hay que evaluar adicionalidad, costo fiscal, impacto distributivo, empleo generado, productividad, innovación, exportaciones y encadenamientos. La OCDE advierte que los incentivos tributarios pueden atraer inversión, pero no siempre logran sus objetivos y pueden generar costos fiscales, distorsiones y pérdidas de ingresos si no se diseñan, monitorean y evalúan adecuadamente (OECD, 2026). [unsplash.com], [pexels.com]

ODI Global, por su parte, advierte en su estrategia 2026-2031 que el mundo atraviesa un momento decisivo para la cooperación global, con multilateralismo amenazado, normas basadas en derechos bajo presión, recursos reorientados hacia intereses estratégicos estrechos y una cooperación internacional cada vez más condicionada por competencia geopolítica, tecnología, clima y seguridad (ODI Global, 2026a, 2026b). [odi.org], [odi.org]

La lección para República Dominicana es que el desarrollo ya no puede entenderse como una agenda técnica despolitizada. Todo desarrollo es hoy geopolítico. La educación, la energía, los puertos, los datos, las zonas francas, el turismo, la industria, los alimentos y la diplomacia forman parte de una misma arquitectura de soberanía práctica. ODI recuerda que la evidencia sigue siendo esencial, pero también que la evidencia debe convertirse en narrativas de cambio capaces de movilizar instituciones, coaliciones y decisiones (ODI Global, 2026a). [odi.org]


El nuevo diagnóstico: República Dominicana ante la trampa del ingreso medio y la trampa de la baja complejidad

República Dominicana ha crecido con fuerza durante décadas, pero enfrenta el peligro de quedar atrapada entre un modelo que ya mostró sus fortalezas y un nuevo modelo que todavía no termina de nacer. El modelo dominicano ha descansado en turismo, construcción, remesas, consumo, zonas francas, servicios, comercio y estabilidad macroeconómica. Ese conjunto produjo avances importantes, pero no garantiza por sí solo el salto hacia una economía de alto ingreso, alta productividad, alta innovación y mayor resiliencia.

El Banco Mundial advierte que muchas economías emergentes enfrentan un entorno global difícil, con crecimiento mundial proyectado en 2.5 % en 2026, riesgos derivados de conflictos, presiones energéticas, inflación, deuda y necesidad de fortalecer capital físico, humano y digital (World Bank, 2026b). Naciones Unidas también señala que la economía global permanece frágil por incertidumbre macroeconómica, cambios en políticas comerciales, tensiones geopolíticas, riesgos financieros y avances tecnológicos concentrados en pocos países con mayor capacidad financiera y tecnológica (United Nations, 2026). [globaloutl...ldbank.org] [desapublic...ons.un.org], [policy.desa.un.org]

Ese contexto obliga a que Meta RD 2036 no sea un programa de continuidad acelerada, sino una ruptura estratégica. No basta con más turismo: se necesita turismo más sofisticado, sostenible, diversificado y vinculado a cultura, salud, deporte, tecnología y territorio. No basta con más zonas francas: se necesitan zonas francas de mayor valor agregado, con ingeniería, automatización, dispositivos médicos, farmacéutica, electrónica ligera, servicios digitales, investigación aplicada y proveedores locales. No basta con más inversión extranjera: se necesita inversión que transfiera conocimiento, eleve salarios, cree capacidades dominicanas y amplíe el tejido empresarial nacional.

El Consejo Nacional de Zonas Francas reporta para 2025 unos 200,231 empleos, US$8,604.6 millones en exportaciones y 858 empresas operando, lo que muestra el peso real del régimen como plataforma de empleo y exportación (CNZFE, 2026). Pero el desafío no es defender las zonas francas como están, sino convertirlas en un sistema de aprendizaje productivo. Cada empresa instalada debe ser evaluada no solo por cuánto exporta, sino por cuánto conocimiento deja. [pixabay.com]


Meta RD 2036 debe convertirse en Meta RD 2036 Plus

Si Meta RD 2036 quiere ser una estrategia verdaderamente del siglo XXI, debe evolucionar hacia una versión ampliada: Meta RD 2036 Plus: Productividad, Tecnología y Soberanía Estratégica. Esta no sustituye la meta original; la eleva. El objetivo no sería simplemente duplicar el PIB, sino construir una economía dominicana capaz de competir en el nuevo orden mundial.

La estrategia debería organizarse en diez misiones nacionales.

La primera misión debe ser productividad total de factores. El crecimiento dominicano no puede depender indefinidamente de más construcción, más consumo, más visitantes y más endeudamiento. Debe depender de mejor educación, mejores instituciones, tecnología, infraestructura, competencia, innovación y capital humano. Brookings advierte que la intersección entre tecnología, trabajo y gobernanza económica será central para el desarrollo en 2026 y más allá (Brookings Institution, 2025). [brookings.edu], [brookings.edu]

La segunda misión debe ser industrialización selectiva 4.0. República Dominicana no debe intentar producirlo todo. Debe escoger sectores donde pueda construir ventajas: dispositivos médicos, farmacéutica, agroindustria avanzada, logística, servicios digitales, energías renovables, centros de datos, economía azul, manufactura ligera avanzada, turismo médico, semiconductores de ensamblaje, ciberseguridad y economía creativa.

La tercera misión debe ser educación superior como motor productivo. El MESCyT anunció en 2026 una convocatoria de cerca de 1,800 becas internacionales, con prioridad en áreas STEM, 73 universidades, más de 700 programas y 19 países de destino; además, 25.9 % de las becas se concentró en áreas STEM y más del 70 % de ese grupo correspondió a TIC, incluyendo ciberseguridad, inteligencia artificial, ciencia de datos y transformación digital (MESCyT, 2026). Ese esfuerzo debe alinearse directamente con Meta RD 2036 Plus. No se trata de becar por becar, sino de formar el talento exacto que la nueva economía dominicana necesita. [brookings.edu], [unsplash.com]

La cuarta misión debe ser diplomacia económica asiática. Asia no puede seguir siendo un espacio marginal. China, Japón, Corea del Sur, India, Singapur, Vietnam, Indonesia y Malasia deben formar parte de una estrategia diferenciada. CSIS ha señalado que la relación dominicana con China ha avanzado con cautela desde 2018 y que muchas expectativas iniciales de grandes proyectos no se han materializado plenamente, lo cual obliga a una diplomacia realista, selectiva y orientada al interés nacional (Ellis, 2023). ProDominicana y MIREX ya han dado pasos con Shanghái, incluyendo un memorando de entendimiento con el CCPIT para promover comercio, inversión, cooperación económica y tecnológica, seminarios, misiones de negocios y capacitación empresarial (ProDominicana, 2024). [news.un.org] [lens.civicus.org]

La quinta misión debe ser seguridad económica e infraestructura crítica. Puertos, aeropuertos, aduanas, cables submarinos, centros de datos, redes eléctricas, sistemas de pago, plataformas digitales y parques logísticos son activos estratégicos. En un mundo de fragmentación, no son simples infraestructuras: son soberanía material.

La sexta misión debe ser energía competitiva y resiliente. La transición energética global se está fragmentando por tensiones geopolíticas, interrupciones de suministro, demanda creciente e insuficiencias de infraestructura, incluso con inversión récord en energías limpias (World Economic Forum, 2026c). Para República Dominicana, país importador neto de combustibles, la diversificación energética no es solo ambiental: es macroeconómica, industrial y geopolítica. [diariolibre.com], [dialogopolitico.org]

La séptima misión debe ser agroindustria de seguridad nacional. Alimentos, agua, logística fría, biotecnología agrícola, exportaciones premium, cacao, café, frutas, banano orgánico, aguacate, tabaco, ron, acuicultura y agricultura de precisión deben formar parte de una política de seguridad alimentaria y exportadora.

La octava misión debe ser Estado digital e inteligencia pública. El Estado dominicano debe usar datos para anticipar riesgos, evaluar incentivos, medir productividad, focalizar inversión y monitorear políticas públicas. CGD insiste en la importancia de mejores políticas basadas en investigación económica, medición de resultados y aprendizaje institucional (Center for Global Development, 2026). [cgdev.org]

La novena misión debe ser territorialización del desarrollo. Meta RD 2036 no puede concentrarse solo en Santo Domingo, Punta Cana y Santiago. Manzanillo, Pedernales, Barahona, Haina, Caucedo, Puerto Plata, San Pedro, La Romana y la frontera deben convertirse en nodos especializados de logística, industria, turismo sostenible, agroexportación, energía, cultura y economía azul. El FIDA reconoce en su programa 2026-2031 la importancia del sector rural, sistemas agroalimentarios, innovación, cooperación Sur-Sur e inclusión productiva para República Dominicana (IFAD, 2025). [fpc.org.uk]

La décima misión debe ser gobernanza de largo plazo. Meta RD 2036 no puede depender del entusiasmo de un gobierno. Debe institucionalizarse como pacto de Estado, con metas públicas, auditoría ciudadana, tablero de indicadores, evaluación independiente, presupuesto plurianual y continuidad legal.


¿Qué pasaría si Meta RD 2036 mantiene su enfoque actual sin recalibración?

Si Meta RD 2036 mantiene una visión demasiado centrada en duplicar el PIB, podría enfrentar cinco riesgos.

El primero es el riesgo de crecimiento sin sofisticación. El país podría crecer más, pero sin elevar suficientemente el contenido tecnológico de sus exportaciones ni la productividad de sus trabajadores.

El segundo es el riesgo de empleo sin movilidad social real. Crear 1.7 millones de empleos sería importante, pero si una parte significativa corresponde a ocupaciones de baja productividad, el salario medio podría mejorar menos de lo esperado.

El tercero es el riesgo de inversión sin transferencia tecnológica. La atracción de capital extranjero puede aumentar, pero si opera como enclave, no transforma la economía nacional. La OCDE recomienda diseñar incentivos con objetivos medibles, evaluación ex ante y ex post, gobernanza interinstitucional y mecanismos para limitar costos y distorsiones (OECD, 2026). [unsplash.com], [pexels.com]

El cuarto es el riesgo de apertura sin seguridad económica. En un mundo fragmentado, una economía abierta necesita protocolos de protección de infraestructura crítica, ciberseguridad, seguridad portuaria, resiliencia energética y análisis de riesgos geopolíticos.

El quinto es el riesgo de planificación sin narrativa nacional. ODI Global advierte que la evidencia es necesaria, pero no suficiente; las narrativas ayudan a convertir ideas en decisiones y coaliciones de cambio (ODI Global, 2026a). Meta RD 2036 necesita convertirse en una narrativa colectiva de transformación nacional, no solo en un documento técnico. [odi.org]


La estrategia alternativa: RD 2044, República Dominicana potencia media del Caribe ampliado

Si se concluye que Meta RD 2036 es necesaria pero insuficiente, la estrategia más contundente sería construir una visión de más largo alcance: RD 2044: potencia media del Caribe ampliado. El año 2044 tendría valor simbólico y estratégico: bicentenario de la independencia nacional. Esa visión permitiría conectar desarrollo económico, soberanía, identidad, tecnología, diplomacia y seguridad nacional en una sola arquitectura.

RD 2044 debería tener una ambición clara: convertir a República Dominicana en la economía más productiva, innovadora, segura, logística, digital, sostenible e influyente del Caribe ampliado. No se trataría de competir por tamaño territorial, sino por capacidades estratégicas.

Esa estrategia debería establecer metas superiores: duplicar el PIB antes de 2036, alcanzar grado de inversión, elevar sustancialmente productividad laboral, reducir pobreza extrema a niveles residuales, convertir al país en hub logístico del Caribe, multiplicar exportaciones tecnológicas y agroindustriales, lograr una matriz energética más limpia y resiliente, aumentar inversión en I+D, formar una masa crítica de talento STEM, consolidar presencia diplomática en Asia, África y Medio Oriente, y convertir las universidades en plataformas de innovación.

RD 2044 también debe asumir que la educación superior es infraestructura de poder. El mundo de 2026 ya está entrando en la era de la inteligencia artificial. El Banco Mundial advierte que la IA puede ayudar a países en desarrollo a superar fallas de mercado, mejorar educación y salud, aumentar productividad de pequeñas empresas y optimizar procesos, pero también puede ampliar brechas por la concentración de cómputo, datos y habilidades en países de altos ingresos (World Bank, 2026c). Para República Dominicana, la IA no debe ser moda discursiva; debe ser política industrial, educativa y estatal. [worldbank.org]


Conclusión

2026 es el año en que el desorden mundial comienza a mostrar su verdadero rostro. La globalización ya no funciona como promesa automática de prosperidad. El multilateralismo ya no garantiza por sí solo reglas equitativas. El comercio ya no es solo comercio: es seguridad, tecnología, energía, logística y poder. La diplomacia ya no puede limitarse a ceremonias: debe abrir mercados, atraer inversión inteligente, proteger exportadores, anticipar riesgos y formar coaliciones.

Meta RD 2036 es una señal positiva porque introduce ambición y planificación. Pero debe ser recalibrada. Su objetivo no puede ser únicamente duplicar el PIB. Debe duplicar capacidades nacionales. Debe colocar en el centro la productividad, la educación superior, la innovación, la diplomacia económica, la seguridad energética, la infraestructura crítica, la presencia en Asia, la industrialización selectiva, la inteligencia artificial y la cohesión territorial.

La República Dominicana no está condenada a la irrelevancia. Al contrario, tiene ubicación, estabilidad, talento, diáspora, marca turística, puertos, zonas francas, conectividad y vocación comercial. Pero esos activos deben convertirse en estrategia. En el siglo XXI, los países pequeños no desaparecen por falta de tamaño; desaparecen por falta de visión.

Si Meta RD 2036 se queda en crecimiento, será buena pero incompleta. Si se convierte en Meta RD 2036 Plus y se proyecta hacia RD 2044, puede ser la base de una transformación histórica: una República Dominicana de alta productividad, soberanía inteligente, economía diversificada, diplomacia activa y presencia estratégica en el Caribe ampliado.

La geopolítica del siglo XXI no preguntará si el país está preparado. Simplemente avanzará. Y en esa marcha, República Dominicana deberá decidir si quiere ser una economía que reacciona ante el mundo o una nación que construye, con visión de Estado, el lugar que merece ocupar en la historia que ya empezó.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
guecin.com


Referencias

Ayres, J., & Juvenal, L. (2026). 2026 Latin American and Caribbean Macroeconomic Report: Resilience and Growth Prospects in a Shifting Global Economy. Banco Interamericano de Desarrollo. https://doi.org/10.18235/0013959

Brookings Institution. (2025, 24 de diciembre). A look back at 2025—and what’s in store for 2026—from the Global Economy and Development program. https://www.brookings.edu/articles/a-look-back-at-2025-and-whats-in-store-for-2026-from-the-global-economy-and-development-program/

Center for Global Development. (2026). Ideas to action: Independent research for global prosperity. https://www.cgdev.org/

Consejo Nacional de Competitividad. (2025). Plan Meta RD 2036. https://cnc.gob.do/wp-content/uploads/2025/10/Informe_Meta_RD_2036_septiembre_2025.pdf

Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación. (2026). Datos del sector zonas francas 2025. https://cnzfe.gob.do/

European Central Bank & European Systemic Risk Board. (2026, 22 de enero). Financial stability risks from geoeconomic fragmentation. https://www.ecb.europa.eu/press/pr/date/2026/html/ecb.pr260122~0b138afc39.en.html

IFAD. (2025). Dominican Republic Country Strategic Opportunities Programme 2026–2031. https://webapps.ifad.org/members/eb/146/docs/EB-2025-OR-22.pdf

MESCyT. (2026, 30 de enero). Gobierno invierte en el futuro: cerca de 2,000 becas internacionales que priorizan formación en áreas STEM. https://mescyt.gob.do/noticias/gobierno-invierte-en-el-futuro-cerca-de-2000-becas-internacionales-que-priorizan-formacion-en-areas-stem/

Naciones Unidas. (2026, 15 de enero). El mundo vive un caos, la prioridad debe ser defender el multilateralismo. Noticias ONU. https://news.un.org/es/story/2026/01/1541020

ODI Global. (2026a). ODI Global Strategy, 2026–2031. https://odi.org/en/publications/odi-global-strategy-2026-2031/

ODI Global. (2026b). ODI Global Strategy 2026–2031 [PDF]. https://odi.org/documents/10001/ODI_Global_Strategy_final_140526a.pdf

OECD. (2026). A Practical Guide to Investment Tax Incentives. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/427c66a9-en

ProDominicana. (2026). Dominican Republic: A land full of opportunities. https://prodominicana.gob.do/en

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United Nations. (2026). World Economic Situation and Prospects 2026. https://desapublications.un.org/sites/default/files/publications/2026-01/WESP%202026_Executive%20Summary_English.pdf

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World Bank. (2026b). Global Economic Prospects. https://globaloutlook.worldbank.org/

World Bank. (2026c). World Development Report 2026: Decoding AI. https://www.worldbank.org/en/publication/wdr2026

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World Economic Forum. (2026b, 14 de enero). Global Risks Report 2026: Geopolitical and economic risks rise in new age of competition. https://www.weforum.org/press/2026/01/global-risks-report-2026-geopolitical-and-economic-risks-rise-in-new-age-of-competition/

World Economic Forum. (2026c). Energy Transition Index 2026. World Economic Forum.

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2026: el año en que el desorden mundial comenzará a mostrar su verdadero rostro

El fin de las certezas heredadas, la crisis del multilateralismo, el regreso de la fuerza como lenguaje dominante y la transformación de las alianzas internacionales anuncian una etapa decisiva: el siglo XXI entra en una fase donde cada nación deberá redefinir su lugar entre soberanía, comercio, seguridad y poder tecnológico.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

El mundo no cambia de una vez. Primero se agrietan sus instituciones, luego se debilitan sus consensos y, finalmente, las naciones descubren que el orden que creían permanente era apenas una arquitectura sostenida por intereses, equilibrios y voluntades políticas. Así llega 2026: no como un año más en el calendario internacional, sino como una frontera histórica en la que los contornos de la geopolítica del siglo XXI comienzan a hacerse más visibles, más duros y menos complacientes. La incertidumbre ya no es una anomalía del sistema: se ha convertido en su condición dominante. El Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial identifica la confrontación geoeconómica como el principal riesgo inmediato del año y advierte que el mundo entra en una “edad de competencia”, marcada por el deterioro de los mecanismos cooperativos y la pérdida de confianza internacional (World Economic Forum, 2026a, 2026b).

Durante décadas, el sistema internacional descansó sobre una promesa central: que la globalización, el comercio abierto, las alianzas de seguridad, las instituciones multilaterales y la diplomacia cooperativa serían suficientes para administrar los conflictos entre potencias. Esa convicción permitió expandir mercados, levantar cadenas globales de suministro, integrar economías y construir normas comunes para la convivencia internacional. Pero hoy esa promesa se encuentra bajo presión. El mundo que emerge ya no cree plenamente en la neutralidad de las reglas ni en la estabilidad automática de los acuerdos. La UNCTAD advierte que el comercio global entra en 2026 bajo la presión simultánea del crecimiento lento, la fragmentación geopolítica, las transiciones digital y verde, y regulaciones nacionales más estrictas, fuerzas que están redibujando los flujos comerciales, las decisiones de inversión y las cadenas globales de valor (UNCTAD, 2026).

La nueva geopolítica nace de una desconfianza acumulada. Las grandes potencias miran el comercio como campo de batalla industrial; la tecnología como instrumento de supremacía; la energía como palanca estratégica; las rutas marítimas como corredores de poder; y las alianzas militares como contratos sometidos a cálculo, costo y conveniencia. En ese escenario, el lenguaje diplomático no desaparece, pero convive cada vez más con la lógica del músculo económico, la presión arancelaria, el control de datos, la militarización de regiones sensibles y la competencia por minerales críticos, semiconductores, inteligencia artificial y capacidad energética. Ya no se trata únicamente de quién posee más territorio o más tropas, sino de quién controla los nodos invisibles de la economía mundial: datos, chips, cables submarinos, plataformas digitales, sistemas de pago, estándares tecnológicos, minerales estratégicos y capacidades científicas.

El viejo orden multilateral se encuentra en una fase de desgaste profundo. No ha muerto, pero ha perdido autoridad. Naciones Unidas enfrenta límites cada vez más evidentes para contener guerras, crisis humanitarias y violaciones al derecho internacional. En enero de 2026, António Guterres describió un mundo atravesado por conflictos armados, desigualdad extrema, impunidad y creciente fragmentación geopolítica, al tiempo que llamó a defender la Carta de la ONU, el derecho internacional y la unidad en un momento de amenaza directa al multilateralismo (Naciones Unidas, 2026). La crisis no es solo operativa; también es estructural: un análisis de la Universidad de las Naciones Unidas sostiene que los desequilibrios de poder incrustados en la arquitectura del sistema, el nacionalismo y el escepticismo hacia la gobernanza global amenazan la legitimidad del multilateralismo y exigen reformas profundas del Consejo de Seguridad, de la Asamblea General y de los mecanismos de cooperación internacional (Cattafi & Peña Llanes, 2026).

El problema de fondo no es únicamente institucional. Es civilizatorio. El siglo XXI está redefiniendo la relación entre democracia, soberanía, mercado y seguridad. Lo que antes se presentaba como apertura irreversible ahora se somete al filtro de la protección nacional. Lo que antes se denominaba interdependencia económica ahora se percibe, muchas veces, como vulnerabilidad estratégica. Las cadenas globales de suministro, que fueron símbolo de eficiencia, se han convertido en objeto de revisión porque ningún país quiere depender por completo de puertos, fábricas, chips, medicamentos, combustibles, alimentos o tecnologías controladas por otros. El Banco Central Europeo y la Junta Europea de Riesgo Sistémico advierten que la fragmentación geoeconómica y el riesgo geopolítico se han convertido en fuentes clave de incertidumbre macrofinanciera, capaces de endurecer las condiciones financieras, elevar las primas de riesgo, reducir el crédito transfronterizo y afectar el crecimiento económico (European Central Bank & European Systemic Risk Board, 2026).

En 2026, esa transición será más clara porque las potencias ya no ocultan sus prioridades. Estados Unidos, China, Europa, Rusia, India y las potencias intermedias actúan en un mundo donde la competencia se normalizó. La cooperación sigue siendo necesaria, pero ya no es ingenua. Cada acuerdo comercial se mide por su impacto en la seguridad nacional. Cada inversión extranjera se evalúa por sus implicaciones tecnológicas. Cada plataforma digital se observa como infraestructura crítica. Cada puerto, cable submarino, satélite o corredor energético adquiere valor estratégico. La economía mundial está dejando de organizarse únicamente alrededor de la eficiencia para empezar a ordenarse alrededor de la resiliencia, la seguridad y la capacidad de respuesta ante shocks.

La energía sintetiza con claridad esa mutación. Ya no es solo una variable económica ni un asunto de precios internacionales: es seguridad nacional, transición climática, competitividad industrial y poder geopolítico. El Foro Económico Mundial ha señalado que la transición energética se está fragmentando por tensiones geopolíticas, interrupciones de suministro, aumento de la demanda e insuficiencias de infraestructura, incluso en un contexto de inversiones récord en energías limpias (World Economic Forum, 2026c). Esa paradoja revela una verdad mayor: el mundo puede invertir más en futuro, pero avanzar menos en cohesión si la confianza, la infraestructura y la cooperación se debilitan. [linkedin.com], [weforum.org]

La geopolítica del siglo XXI no será únicamente militar. Será tecnológica, energética, financiera, comercial, alimentaria, climática y cultural. Las guerras ya no se libran solo con tanques, misiles o tropas, sino también con sanciones, algoritmos, bloqueos de exportación, manipulación informativa, control de minerales, interrupciones logísticas y dominio de estándares tecnológicos. La desinformación, la polarización social y la ansiedad frente a la inteligencia artificial forman parte de una nueva arquitectura de riesgo donde las sociedades pueden ser debilitadas desde adentro antes de ser amenazadas desde afuera. El Foro Económico Mundial coloca entre los principales riesgos de 2026 la confrontación geoeconómica, los conflictos interestatales, la polarización social y la desinformación, en una lectura que confirma la convergencia entre seguridad, economía, tecnología y cohesión social (World Economic Forum, 2026a, 2026b).

En este punto emerge una primera pregunta estratégica: ¿qué papel puede jugar América Latina en esta nueva geopolítica? La región entra en 2026 con una paradoja decisiva: posee activos cada vez más valiosos para el mundo —minerales críticos, alimentos, energía, agua, biodiversidad, ubicación geográfica, rutas marítimas, reservas naturales y mercados emergentes—, pero conserva debilidades que reducen su capacidad de incidencia: bajo crecimiento, productividad insuficiente, alta informalidad, fragilidad institucional, déficit de infraestructura y limitada inversión en ciencia, tecnología e innovación. La CEPAL proyecta que América Latina y el Caribe crecerá apenas 2.2 % en 2026, en un contexto internacional marcado por mayores tensiones geopolíticas, condiciones financieras restrictivas y menor dinamismo del comercio internacional (CEPAL, 2026).

América Latina no será irrelevante, pero tampoco tendrá poder automático. Su importancia crecerá porque el mundo necesita litio, cobre, níquel, tierras raras, alimentos, energía renovable, agua, puertos, rutas marítimas y territorios políticamente estables para relocalizar cadenas de suministro. La competencia por minerales críticos continuará redefiniendo la diplomacia económica global, especialmente por la rivalidad entre Estados Unidos, China y Europa para asegurar insumos de transición energética, baterías, semiconductores e industrias verdes (ODI, 2026; Koop, 2026).

La región puede jugar tres papeles distintos. El primero es el de proveedora pasiva de materias primas, repitiendo el viejo patrón extractivo: exportar recursos naturales sin industrialización, sin transferencia tecnológica y sin agregación de valor. El segundo es el de territorio de disputa entre potencias, donde puertos, redes digitales, infraestructura energética y minerales sean capturados por intereses externos sin una estrategia regional común. El tercero —el más conveniente— es el de actor estratégico inteligente, capaz de negociar con todos, alinearse automáticamente con nadie y convertir sus recursos en desarrollo productivo, empleo formal, innovación, industrialización verde y autonomía tecnológica.

En esa nueva geopolítica, América Latina tendrá valor no solo por lo que posee, sino por cómo negocie. Si actúa dividida, será tratada como zona de influencia. Si actúa con visión productiva, puede convertirse en plataforma de transición energética, seguridad alimentaria, nearshoring, servicios digitales, manufactura avanzada y diplomacia climática. El Banco Interamericano de Desarrollo sostiene que, pese al contexto global complejo, la región mantiene resiliencia, aunque enfrenta retos de baja productividad, deuda elevada y condiciones financieras ajustadas; al mismo tiempo, la digitalización, la inteligencia artificial y la demanda de minerales críticos ofrecen nuevas perspectivas de crecimiento (Ayres & Juvenal, 2026). La gran pregunta no será si América Latina importa. Importa y cada vez más. La pregunta será si su importancia será administrada por sus propios Estados o instrumentalizada por las estrategias de otros.

La segunda pregunta es igualmente decisiva: ¿cómo puede la República Dominicana fortalecer su diplomacia económica? La respuesta parte de una premisa: el país debe dejar de mirar la política exterior como un ejercicio protocolar y asumirla como una herramienta de desarrollo, seguridad, competitividad y posicionamiento estratégico. Como economía abierta, turística, logística, comercial y altamente vinculada a los movimientos internacionales de capital, energía, transporte y seguridad, la República Dominicana no puede observar la geopolítica como un asunto lejano. Cada reconfiguración del comercio mundial impacta sus puertos, aduanas, zonas francas, exportaciones e importaciones. Cada tensión energética incide sobre costos internos. Cada transformación tecnológica redefine empleos, educación, competitividad y seguridad digital. Cada crisis regional afecta migración, cooperación, defensa y estabilidad social.

La República Dominicana tiene condiciones para desempeñar un papel relevante: estabilidad macroeconómica relativa, ubicación geográfica estratégica, conectividad portuaria y aérea, zonas francas, turismo, experiencia exportadora, cercanía comercial con Estados Unidos, apertura internacional y creciente atractivo para la inversión extranjera. ProDominicana reporta para 2025 un récord de US$5,032.3 millones en inversión extranjera directa, un crecimiento interanual de 11.3 %, más de 700 empresas de IED instaladas, exportaciones de mercancías por US$15,930.6 millones y más de 160 destinos de exportación (ProDominicana, 2026). Pero en el nuevo escenario global no basta con atraer inversión: hay que seleccionarla, orientarla y conectarla con una visión nacional de desarrollo.

La diplomacia económica dominicana debe convertirse en una arquitectura integral de poder nacional. Eso implica coordinar Cancillería, ProDominicana, Aduanas, MICM, zonas francas, turismo, energía, educación superior, sector privado, puertos, aeropuertos, academia y representación diplomática en una sola narrativa-país. La diplomacia moderna no se reduce a presencia protocolar ni a relaciones bilaterales formales; debe producir mercados, inteligencia económica, confianza jurídica, encadenamientos productivos, atracción selectiva de capital, defensa de exportadores y anticipación de riesgos.

El primer eje debe ser la diversificación inteligente de mercados. Estados Unidos seguirá siendo socio central, pero el país debe ampliar oportunidades en Canadá, Unión Europea, Centroamérica, Caribe, Asia, Medio Oriente y África. La fragmentación comercial obliga a no depender excesivamente de un solo mercado, una sola fuente energética, una sola ruta logística o una sola categoría exportadora. El segundo eje debe ser la diplomacia sectorial: zonas francas de mayor valor agregado, dispositivos médicos, farmacéutica, agroindustria, logística regional, servicios digitales, economía naranja, energías renovables, turismo médico, manufactura ligera, centros de distribución y exportaciones culturales. En 2026, la inversión extranjera debe medirse no solo por volumen, sino por calidad: empleo formal, transferencia tecnológica, encadenamientos productivos, formación de talento, innovación local y aporte fiscal sostenible.

El tercer eje debe ser la seguridad económica. Cada puerto, aeropuerto, data center, cable submarino, red energética, plataforma digital y centro logístico debe entenderse como infraestructura estratégica. La economía abierta dominicana depende de confianza, previsibilidad y resiliencia. Si el mundo se fragmenta, el país debe ser visto como un socio confiable, jurídicamente estable, logísticamente eficiente y políticamente prudente. El cuarto eje debe ser el liderazgo caribeño. La República Dominicana puede presentarse como puente entre el Caribe, Centroamérica, Norteamérica y el Atlántico. El Caribe ya no es solo turismo: es seguridad marítima, resiliencia climática, transición energética, alimentos, migración, logística, conectividad digital y cooperación financiera. Esa agenda puede darle al país un espacio diplomático mayor que su tamaño territorial.

El quinto eje consiste en profesionalizar aún más el servicio exterior económico. Cada embajada debería operar como una antena de inteligencia económica: identificar compradores, inversionistas, ferias, regulaciones, oportunidades de nearshoring, riesgos comerciales, tecnologías emergentes y tendencias regulatorias. La diplomacia dominicana debe pasar de una diplomacia de presencia a una diplomacia de resultados; de una promoción dispersa a una estrategia-país; y de una inserción pasiva en la globalización a una inserción soberana, productiva e inteligente.

La tercera pregunta completa el cuadro: ¿qué riesgos implica la fragmentación del orden multilateral? El primero es comercial. Si las reglas de la Organización Mundial del Comercio pierden autoridad y los países recurren cada vez más a aranceles, restricciones, subsidios estratégicos y medidas unilaterales, las economías pequeñas quedan más expuestas. UNCTAD advierte que el aumento del proteccionismo, la incertidumbre regulatoria y la reconfiguración de las cadenas de valor pueden afectar con mayor severidad a las economías pequeñas y menos diversificadas (UNCTAD, 2026). Para la República Dominicana, eso puede traducirse en mayores costos de importación, dificultades logísticas, incertidumbre exportadora y presión sobre sectores sensibles.

El segundo riesgo es financiero. La fragmentación geoeconómica puede aumentar la volatilidad, elevar las primas de riesgo, endurecer las condiciones de crédito y afectar la estabilidad financiera, especialmente en economías abiertas o con mayores necesidades de financiamiento externo. El Banco Central Europeo y la Junta Europea de Riesgo Sistémico han advertido que los shocks geopolíticos pueden amplificar tensiones financieras, reducir crecimiento y modificar la interconexión entre bonos, materias primas, acciones y tipos de cambio (European Central Bank & European Systemic Risk Board, 2026).

El tercer riesgo es tecnológico. Si el mundo se divide en ecosistemas rivales —chips, inteligencia artificial, redes 5G y 6G, plataformas digitales, sistemas de pago, ciberseguridad—, los países pequeños podrían quedar atrapados entre estándares incompatibles, presiones diplomáticas y dependencia tecnológica. Esto afecta educación, comercio digital, defensa, banca, telecomunicaciones, gobierno electrónico y protección de datos. En un mundo donde la tecnología es infraestructura de poder, la brecha digital ya no será solo un problema de desarrollo: será también una vulnerabilidad geopolítica.

El cuarto riesgo es energético y logístico. La transición energética no está desapareciendo, pero sí se está fragmentando. Si aumentan las interrupciones de suministro, la volatilidad del petróleo, las tensiones en rutas marítimas o la competencia por minerales y tecnologías limpias, una economía importadora de combustibles y dependiente del turismo, el transporte y el comercio exterior puede enfrentar inflación, presión fiscal y pérdida de competitividad. La energía, las rutas marítimas y las cadenas de suministro se han convertido en lenguajes de poder.

El quinto riesgo es institucional. Cuando el multilateralismo se debilita, el derecho internacional se vuelve desigual: fuerte para los débiles, negociable para los poderosos. Allí radica la amenaza más grave para los países pequeños: un mundo sin reglas creíbles no es un mundo más libre, sino un mundo más expuesto a la imposición de los más fuertes. En ese contexto, la defensa del multilateralismo no debe entenderse como nostalgia diplomática, sino como interés estratégico de los Estados medianos y pequeños.

El año 2026 puede marcar el momento en que muchas ilusiones terminen de caer. La ilusión de que el comercio siempre une. La ilusión de que las instituciones se sostienen por sí solas. La ilusión de que la globalización garantiza prosperidad automática. La ilusión de que las democracias no enfrentan presiones internas capaces de alterar su política exterior. La ilusión de que los países pequeños pueden prosperar sin planificación estratégica en medio de una pugna global entre gigantes.

Pero también puede ser el año de una nueva conciencia: la conciencia de que el desarrollo nacional ya no puede separarse de la política internacional; de que invertir en educación, tecnología, energía, logística y diplomacia es una forma de seguridad; y de que la soberanía moderna no se mide solo por símbolos patrios, sino por capacidad productiva, resiliencia institucional y autonomía inteligente para tomar decisiones.

La República Dominicana, si sabe leer el momento, puede convertir su posición geográfica, sus capacidades logísticas, su estabilidad relativa y su inserción comercial en una plataforma de relevancia regional. Pero eso exige visión de Estado, continuidad estratégica y una diplomacia económica capaz de mirar más allá del ciclo político inmediato. En el nuevo mundo, los países que no tengan estrategia serán absorbidos por las estrategias de otros. La geopolítica del siglo XXI no preguntará a las naciones si están preparadas. Simplemente avanzará. Y en esa marcha, cada país deberá decidir si se limita a reaccionar ante los acontecimientos o si construye, con inteligencia, soberanía y sentido histórico, el lugar que quiere ocupar en la historia que ya empezó.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
guecin.com 

Imagen de:  Alexandru-Cătălin Stoica, Strategic Chess Battle on World Map – Pexels

Referencias

Ayres, J., & Juvenal, L. (2026). 2026 Latin American and Caribbean Macroeconomic Report: Resilience and Growth Prospects in a Shifting Global Economy. Banco Interamericano de Desarrollo. https://doi.org/10.18235/0013959

Cattafi, C., & Peña Llanes, J. J. (2026). 80 years of structural crisis in multilateralism with deep contradictions still unresolved. United Nations University. https://unu.edu/publication/80-years-structural-crisis-multilateralism-deep-contradictions-still-unresolved

Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2026, 27 de abril). Latin America and the Caribbean will grow 2.2% in 2026, in an international context marked by geopolitical conflicts. CEPAL. https://www.cepal.org/en/pressreleases/latin-america-and-caribbean-will-grow-22-2026-international-context-marked

European Central Bank & European Systemic Risk Board. (2026, 22 de enero). Financial stability risks from geoeconomic fragmentation. European Central Bank. https://www.ecb.europa.eu/press/pr/date/2026/html/ecb.pr260122~0b138afc39.en.html

Koop, F. (2026, 7 de enero). Minerals, EVs and US tensions: What next for China and Latin America in 2026? Dialogue Earth. https://dialogue.earth/en/energy/minerals-evs-and-us-tensions-what-next-for-china-and-latin-america-in-2026/

Naciones Unidas. (2026, 15 de enero). El mundo vive un caos, la prioridad debe ser defender el multilateralismo. Noticias ONU. https://news.un.org/es/story/2026/01/1541020

ODI. (2026, 27 de enero). Critical minerals geopolitics in 2026: Risks, supply chains and global power shifts. ODI. https://odi.org/en/insights/critical-minerals-geopolitics-in-2026-risks-supply-chains-and-global-power-shifts/

ProDominicana. (2026). Dominican Republic: A land full of opportunities. Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana. https://prodominicana.gob.do/en

UN Trade and Development. (2026). Global Trade Update: Top trends redefining global trade in 2026. UNCTAD. https://unctad.org/publication/global-trade-update-january-2026-top-trends-redefining-global-trade-2026

World Economic Forum. (2026a). The Global Risks Report 2026. https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/digest/

World Economic Forum. (2026b, 14 de enero). Global Risks Report 2026: Geopolitical and economic risks rise in new age of competition. https://www.weforum.org/press/2026/01/global-risks-report-2026-geopolitical-and-economic-risks-rise-in-new-age-of-competition/

World Economic Forum. (2026c). Energy Transition Index 2026. World Economic Forum.

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República Dominicana, América Latina y Asia ante la nueva geopolítica: políticas, sectores y diplomacia económica

1. ¿Qué políticas puede adoptar la República Dominicana para diversificar su economía?

La República Dominicana debe pasar de una economía exitosamente abierta, pero todavía muy concentrada en turismo, remesas, zonas francas tradicionales, construcción y servicios, hacia una economía de mayor complejidad productiva, más intensiva en tecnología, conocimiento, valor agregado y resiliencia. El Banco Mundial señala que el país sigue siendo una de las economías de mayor crecimiento de América Latina, pero advierte que las ganancias de productividad de mediano plazo dependerán de atraer inversión extranjera directa hacia actividades de mayor valor y mejorar la eficiencia fiscal. [thedocs.wo...ldbank.org]

La primera política debe ser una estrategia nacional de transformación productiva, basada en evidencia, capacidades productivas y coordinación institucional. UNCTAD ya ha colocado el tema de las capacidades productivas de República Dominicana como eje para la diversificación económica, la resiliencia y el crecimiento inclusivo, vinculándolo con la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030 y con herramientas como el Índice de Capacidades Productivas. Esto implica identificar sectores con potencial exportador, cerrar brechas de infraestructura, capacitar talento técnico y alinear inversión pública, política comercial, formación laboral y atracción de inversión. [unctad.org]

La segunda política debe ser una industrialización selectiva 4.0, orientada a zonas francas de mayor valor agregado, dispositivos médicos, farmacéutica, semiconductores livianos, ensamblaje tecnológico, servicios digitales, logística avanzada, manufactura verde y economía naranja. ProDominicana reporta que el país alcanzó en 2025 un récord de US$5,032.3 millones en inversión extranjera directa, exportaciones de mercancías por US$15,930.6 millones, más de 700 empresas de IED instaladas y más de 160 destinos de exportación, lo que ofrece una base real para avanzar hacia una inserción productiva más sofisticada. [en.wikipedia.org]

La tercera política debe ser una agenda de seguridad económica y logística nacional. En un mundo de cadenas de suministro fragmentadas, la República Dominicana debe convertir sus puertos, aeropuertos, aduanas, zonas francas, parques logísticos y sistemas digitales en una plataforma regional de comercio seguro, rápido y confiable. El Gobierno dominicano ha definido para 2026 prioridades en energía, agua, empleo, agricultura, eficiencia estatal, formación técnica, inglés como segunda lengua y carreras STEM, áreas que pueden convertirse en pilares de una diversificación económica más robusta. [presidencia.gob.do]

La cuarta política debe ser una reforma profunda del capital humano. No habrá diversificación sin técnicos, ingenieros, programadores, especialistas en logística, expertos en comercio internacional, científicos de datos, profesionales bilingües y diplomáticos económicos. La política educativa debe conectarse con los sectores productivos futuros: inteligencia artificial, automatización, energías renovables, ciberseguridad, agroindustria de precisión, idiomas, comercio digital y manufactura avanzada. La apuesta por formación técnica, STEM e inglés como segunda lengua ya aparece entre las prioridades gubernamentales de 2026. [presidencia.gob.do]

La quinta política debe ser una diversificación territorial del desarrollo. El crecimiento no debe concentrarse solo en Santo Domingo, Punta Cana o Santiago. Manzanillo, Pedernales, Barahona, San Pedro de Macorís, La Romana, Haina, Caucedo, Puerto Plata y otras zonas pueden convertirse en nodos de logística, agroindustria, turismo sostenible, manufactura, economía azul y energía renovable. El documento estratégico del FIDA para República Dominicana 2026-2031 reconoce la importancia del sector rural, los sistemas agroalimentarios, la innovación, la cooperación Sur-Sur y la inclusión productiva como componentes del desarrollo nacional. [webapps.ifad.org]

En síntesis, República Dominicana debe diversificar no abandonando sus fortalezas actuales, sino elevándolas de nivel: turismo más sofisticado, zonas francas más tecnológicas, agricultura más exportadora, logística más digital, energía más limpia, diplomacia más económica y educación más conectada con el futuro productivo.


2. ¿Qué sectores estratégicos debería priorizar América Latina en la nueva geopolítica?

América Latina debe asumir que la nueva geopolítica no se organizará solo alrededor de ejércitos, sino alrededor de minerales críticos, energía, alimentos, tecnología, infraestructura, datos, seguridad y resiliencia climática. La región entra en 2026 en un entorno de modestos niveles de crecimiento, presiones sociales, bajo espacio fiscal, baja productividad y competencia estratégica entre potencias, pero también con oportunidades derivadas del nearshoring, las cadenas de suministro fragmentadas y la transición energética. [iamericas.org], [spglobal.com]

El primer sector estratégico es el de minerales críticos e industrialización verde. Litio, cobre, níquel, tierras raras, bauxita y otros minerales serán esenciales para baterías, vehículos eléctricos, redes eléctricas, defensa, chips y energías renovables. ODI advierte que en 2026 la competencia por minerales críticos seguirá reconfigurando los riesgos geopolíticos, las cadenas de suministro y la seguridad nacional, especialmente por las estrategias de Estados Unidos, China y Europa. Pero América Latina no debe limitarse a extraer minerales; debe exigir procesamiento local, transferencia tecnológica, encadenamientos industriales y estándares ambientales. [dialogopolitico.org]

El segundo sector es la energía limpia y la seguridad energética. América Latina posee potencial en solar, eólica, hidroeléctrica, biomasa, hidrógeno verde, gas natural de transición y biocombustibles. Canning House destaca que la región aparece como actor central de la transición energética global por sus recursos renovables y minerales estratégicos, aunque enfrenta tensiones entre producción fósil, compromisos climáticos y deforestación. [latampr.com]

El tercer sector es la agroindustria avanzada y seguridad alimentaria. En un mundo afectado por guerras, inflación, crisis climática y disrupciones logísticas, la capacidad de producir alimentos será una fuente de poder. América Latina puede pasar de exportar materias primas agrícolas a exportar alimentos procesados, biotecnología, proteínas sostenibles, cacao, café, frutas, acuicultura, agricultura de precisión y marcas agroindustriales regionales.

El cuarto sector es la manufactura estratégica y nearshoring. La relocalización de cadenas productivas abre oportunidades para México, Centroamérica, Caribe, Colombia, Brasil y otros países, especialmente en dispositivos médicos, autopartes, electrónica, textiles técnicos, farmacéutica, empaques, logística y manufactura ligera. S&P Global señala que las nuevas realidades comerciales impulsarán en América Latina agendas vinculadas a comercio, seguridad, minerales críticos, inteligencia artificial y tecnología. [spglobal.com]

El quinto sector es la infraestructura digital y tecnológica. América Latina necesita invertir en centros de datos, ciberseguridad, inteligencia artificial, nube soberana, conectividad 5G/6G, cables submarinos, educación digital, servicios basados en conocimiento y regulación de datos. El Instituto de las Américas advierte que la competencia Estados Unidos-China está reconfigurando decisiones estratégicas regionales en puertos, infraestructura digital, energía y minerales críticos. [iamericas.org]

El sexto sector es la logística, puertos y corredores comerciales. En un mundo fragmentado, quien controle rutas, puertos, zonas francas, plataformas de distribución y aduanas eficientes tendrá mayor valor estratégico. América Latina debe pensar sus puertos no solo como infraestructura comercial, sino como instrumentos de inserción geoeconómica.

El séptimo sector es la seguridad integral: ciberseguridad, seguridad portuaria, seguridad alimentaria, seguridad energética, seguridad fronteriza e inteligencia financiera. La nueva geopolítica exige Estados capaces de proteger infraestructura crítica, flujos comerciales, sistemas de pago, datos públicos, cadenas de suministro y estabilidad democrática.

La prioridad latinoamericana debe ser clara: dejar de ser solo una región de recursos y convertirse en una región de capacidades. Recursos tiene muchos; estrategia regional, industrialización y visión común todavía le faltan.


3. ¿Cómo puede la República Dominicana fortalecer su presencia diplomática en Asia?

La República Dominicana debe mirar Asia no solo como mercado lejano, sino como espacio decisivo de comercio, inversión, tecnología, logística, turismo, educación, manufactura y diplomacia económica. Asia concentra algunas de las economías más dinámicas del mundo y resulta clave para cualquier estrategia dominicana de diversificación. La relación con China, por ejemplo, ha avanzado desde el establecimiento de relaciones diplomáticas en 2018, aunque análisis del CSIS destacan que muchas expectativas iniciales de grandes inversiones e infraestructura no se han materializado plenamente y que la relación ha avanzado con cautela en áreas como seguridad, electricidad, digital y comercio. [csis.org]

La primera línea de acción debe ser una estrategia Asia 2030, con prioridades por país y sector. China, Japón, Corea del Sur, India, Singapur, Vietnam, Indonesia, Malasia, Tailandia y Filipinas no deben ser vistos como un solo bloque. Cada uno exige una agenda diferenciada: China para comercio, inversión y manufactura; Japón y Corea para tecnología, calidad industrial, automotriz, dispositivos médicos y cooperación; India para farmacéutica, software, servicios digitales y educación; Singapur para logística, puertos, finanzas y arbitraje; Vietnam e Indonesia para cadenas de suministro y manufactura.

La segunda línea debe ser fortalecer la diplomacia comercial activa. República Dominicana ya cuenta con pasos relevantes, como el Consulado General en Shanghái y el Memorando de Entendimiento entre ProDominicana y el Consejo para la Promoción del Comercio Internacional de Shanghái, orientado a promover comercio bilateral, inversión, cooperación económica y tecnológica, seminarios, conferencias, capacitación empresarial y misiones de negocios. Ese modelo debe replicarse en otros centros asiáticos: Seúl, Tokio, Nueva Delhi, Singapur, Ho Chi Minh, Yakarta y Bangkok. [prodominicana.gob.do]

La tercera línea debe ser convertir las embajadas y consulados en oficinas de inteligencia económica. Cada misión dominicana en Asia debería producir reportes periódicos sobre tendencias de consumo, requisitos sanitarios, oportunidades de exportación, potenciales inversionistas, ferias comerciales, regulaciones tecnológicas, turismo emisor, educación superior, cooperación científica y riesgos geopolíticos.

La cuarta línea debe ser una agenda exportadora hacia Asia. República Dominicana puede posicionar cigarros premium, ron, cacao, café, frutas tropicales, aguacate, banano orgánico, dispositivos médicos, productos farmacéuticos, tabaco, cosméticos, servicios turísticos, economía cultural y productos de zonas francas. China Daily reportó que China se ha consolidado como el principal socio comercial asiático de República Dominicana y que empresas chinas están presentes en sectores como minería, papel, equipos médicos y manufactura. Sin embargo, el desafío dominicano es no limitarse a importar manufacturas asiáticas, sino aumentar exportaciones con valor agregado. [global.chi...ily.com.cn]

La quinta línea debe ser atraer inversión asiática selectiva. No toda inversión conviene igual. El país debe priorizar capital asiático hacia energías renovables, logística, manufactura avanzada, dispositivos médicos, agroindustria, turismo sostenible, tecnología, centros de datos, educación técnica y zonas francas de nueva generación. Esta atracción debe ir acompañada de reglas claras, debida diligencia, transparencia, estándares laborales y protección de infraestructura crítica.

La sexta línea debe ser una diplomacia educativa y tecnológica. Becas en ingeniería, inteligencia artificial, robótica, logística, ciencias de datos, idiomas asiáticos, comercio internacional y diplomacia económica pueden crear una generación dominicana preparada para negociar con Asia. El país necesita más expertos en China, India, Corea, Japón y Sudeste Asiático.

La séptima línea debe ser equilibrio geopolítico. Fortalecer presencia en Asia no significa sustituir alianzas tradicionales ni entrar en alineamientos automáticos. Significa construir una política exterior pragmática, soberana y diversificada. CSIS ha señalado que la relación dominicana con China ha estado marcada por expectativas, cautela y avances selectivos, lo que confirma la necesidad de una diplomacia calculada, transparente y orientada al interés nacional. [csis.org]


Conclusión estratégica

La República Dominicana debe diversificar su economía elevando el valor de lo que ya hace bien y abriendo nuevos sectores tecnológicos, logísticos, industriales, agroexportadores y energéticos. América Latina debe priorizar minerales críticos, energía limpia, agroindustria, manufactura estratégica, tecnología, logística y seguridad integral. Y la presencia dominicana en Asia debe dejar de ser periférica para convertirse en una política de Estado basada en inteligencia económica, promoción exportadora, atracción selectiva de inversión y formación de talento.

La nueva geopolítica premiará a los países que sepan leer temprano los cambios. Para República Dominicana, el reto no es escoger entre potencias, sino construir capacidades propias para negociar mejor con todas.

Incentivos fiscales, medición de impacto y educación superior: tres pilares para atraer inversión asiática con valor agregado

1. ¿Qué incentivos fiscales podrían ofrecerse para atraer inversión asiática?

La República Dominicana ya cuenta con una plataforma fiscal poderosa para atraer inversión extranjera, especialmente a través del régimen de zonas francas, que ofrece exenciones amplias a empresas orientadas a la exportación. El Consejo Nacional de Zonas Francas registra para 2025 unos 200,231 empleos, US$8,604.6 millones en exportaciones y 858 empresas operando, lo que confirma que este régimen sigue siendo uno de los instrumentos más competitivos del país para captar capital productivo. Además, portales de promoción de inversión destacan que las zonas francas dominicanas ofrecen exenciones de hasta el 100 % en impuestos sobre la renta, ITBIS, aranceles de importación sobre maquinaria y materias primas, y tributos a la exportación. [cnzfe.gob.do] [investdr.org], [drfreezones.com]

Sin embargo, para atraer inversión asiática de mayor calidad —China, Japón, Corea del Sur, India, Singapur, Vietnam, Indonesia o Malasia— el país no debería limitarse a ofrecer exenciones generales. Debe diseñar incentivos fiscales inteligentes, condicionados y evaluables, vinculados a transferencia tecnológica, empleo calificado, encadenamientos locales, innovación, exportaciones y formación de talento. La OCDE advierte que los incentivos tributarios son ampliamente utilizados para atraer inversión, pero no siempre logran sus objetivos y pueden generar altos costos fiscales, distorsiones y pérdida de ingresos si no se diseñan, monitorean y evalúan adecuadamente. [oecd.org], [taxexpenditures.org]

Un primer incentivo podría ser un crédito fiscal por inversión tecnológica y manufactura avanzada, dirigido a empresas asiáticas que instalen operaciones en sectores como dispositivos médicos, farmacéutica, electrónica ligera, componentes para energías renovables, semiconductores de ensamblaje, automatización, robótica, centros de datos, inteligencia artificial aplicada y servicios digitales. Este incentivo debería estar condicionado a inversión mínima, contratación de talento dominicano, certificaciones internacionales y exportaciones efectivas. La evidencia internacional recomienda que los incentivos estén asociados a objetivos medibles y que se evalúe si la inversión habría ocurrido o no sin el beneficio fiscal. [oecd.org], [oecd.org]

Un segundo incentivo podría ser una superdeducción por investigación, desarrollo e innovación —I+D+i—, permitiendo deducir un porcentaje mayor al gasto realizado en laboratorios, patentes, software, prototipos, capacitación técnica, automatización, ciberseguridad y alianzas universidad-empresa. Estudios europeos sobre incentivos fiscales muestran que los incentivos basados en insumos de I+D, como créditos fiscales o deducciones por gasto en investigación, tienden a ser más efectivos para estimular inversión adicional que otros esquemas menos vinculados a la actividad innovadora. [europarl.europa.eu]

Un tercer incentivo debería ser un régimen fiscal verde-industrial, orientado a empresas asiáticas que inviertan en energía solar, eólica, almacenamiento, eficiencia energética, movilidad eléctrica, reciclaje industrial, economía circular, tratamiento de aguas y manufactura baja en carbono. Este incentivo puede combinar exención arancelaria para equipos, depreciación acelerada y créditos fiscales por reducción comprobada de emisiones. La República Dominicana ya cuenta con incentivos vinculados a energías renovables y, según análisis de incentivos manufactureros, estos pueden complementarse con el régimen de zonas francas para reducir costos energéticos y mejorar competitividad industrial. [escoglobal...tegies.com]

Un cuarto instrumento sería un incentivo por encadenamientos productivos locales. Es decir, otorgar beneficios adicionales a empresas asiáticas que compren insumos, servicios logísticos, empaques, mantenimiento, software, alimentos, transporte o componentes a empresas dominicanas. Este tipo de incentivo evita que la inversión extranjera opere como enclave aislado y permite que el capital externo genere tejido empresarial nacional. La OCDE recomienda que los incentivos sean coherentes con prioridades nacionales y que su diseño limite costos, distorsiones y beneficios no justificados. [oecd.org], [taxexpenditures.org]

Un quinto incentivo puede ser una depreciación acelerada para maquinaria, automatización y transformación digital, aplicable a empresas que instalen tecnología de alto valor y procesos productivos modernos. Este mecanismo tiene la ventaja de estimular inversión real en activos productivos, no solo beneficios contables. En el régimen dominicano de competitividad industrial se han identificado instrumentos como depreciación acelerada, deducciones por innovación y facilidades para importación de insumos productivos. [escoglobal...tegies.com]

Un sexto incentivo podría ser un bono fiscal por formación de talento dominicano, otorgado a empresas asiáticas que financien programas técnicos, pasantías, certificaciones, maestrías aplicadas, formación dual, aprendizaje de idiomas asiáticos, inglés técnico, ingeniería, logística, ciberseguridad o inteligencia artificial. Esto conectaría inversión extranjera con educación superior, INFOTEP, universidades y necesidades productivas reales. La Embajada de Estados Unidos en Santo Domingo, por ejemplo, ha impulsado la iniciativa EnglishxSTEM para fortalecer inglés técnico en sectores estratégicos como semiconductores, ciberseguridad, biotecnología, energía, inteligencia artificial e innovación, lo que confirma la importancia del talento especializado para la competitividad dominicana. [do.usembassy.gov]

La clave es que estos incentivos no sean “regalos fiscales”, sino contratos de desempeño económico. Deben tener plazos, metas, auditoría, cláusulas de reversión y evaluación costo-beneficio. La OCDE insiste en que la política de incentivos debe cubrir todo el ciclo: concepción, diseño, implementación, monitoreo y evaluación, con gobernanza interinstitucional y coherencia con las prioridades nacionales. [oecd.org], [oecd.org]


2. ¿Cómo medir el impacto de estas políticas en la economía dominicana?

El impacto no debe medirse solo por el monto anunciado de inversión. Esa es una métrica incompleta. La República Dominicana debe crear un tablero nacional de impacto de la inversión extranjera asiática, con indicadores económicos, fiscales, laborales, tecnológicos, territoriales y ambientales. La OCDE recomienda que los incentivos tributarios sean evaluados tanto ex ante como ex post, considerando costos, beneficios directos e indirectos, adicionalidad de la inversión, efectos distributivos y riesgos de distorsión. [oecd.org], [oecd.org]

El primer indicador debe ser la inversión extranjera directa efectivamente ejecutada, no solo prometida. Debe distinguirse entre anuncios, capital desembolsado, infraestructura construida, maquinaria instalada y operaciones productivas activas. ProDominicana reportó para 2025 un récord de US$5,032.3 millones en inversión extranjera directa, más de 700 empresas de IED instaladas y exportaciones de mercancías por US$15,930.6 millones, cifras que pueden servir como línea base para medir si la estrategia asiática incrementa, diversifica o mejora la calidad de la inversión recibida. [unsplash.com]

El segundo indicador debe ser la calidad del empleo generado. No basta con contar puestos de trabajo; hay que medir salarios promedio, empleos técnicos, participación femenina, empleos STEM, estabilidad laboral, capacitación recibida, movilidad ocupacional y productividad por trabajador. El sector zonas francas ya muestra una base importante de empleo formal, con más de 200,000 puestos registrados en 2025, pero la nueva meta debe ser aumentar la proporción de empleo técnico, bilingüe y de mayor remuneración. [cnzfe.gob.do]

El tercer indicador debe ser el valor agregado local. Una inversión puede exportar mucho y, sin embargo, dejar poco valor en el país si importa casi todos sus insumos y solo usa mano de obra local básica. Por eso deben medirse compras locales, proveedores dominicanos integrados, transferencia tecnológica, participación de mipymes, servicios contratados en el país y encadenamientos con agroindustria, logística, manufactura, software y mantenimiento industrial. La OCDE advierte que los incentivos deben justificarse por beneficios reales y no por subsidios costosos que no alteren decisiones de inversión o no generen spillovers productivos. [oecd.org], [taxexpenditures.org]

El cuarto indicador debe ser el impacto exportador. Hay que medir nuevos mercados abiertos en Asia, crecimiento de exportaciones hacia China, Japón, Corea, India y Sudeste Asiático; diversificación de productos; aumento de bienes con mayor contenido tecnológico; y reducción del déficit comercial con socios asiáticos. ProDominicana destaca que el país ya exporta a más de 160 destinos y más de 3,000 productos, lo que ofrece una plataforma inicial para diseñar metas específicas hacia Asia. [unsplash.com]

El quinto indicador debe ser el impacto fiscal neto. Todo incentivo tiene un costo. Por eso se debe calcular cuánto deja de recaudar el Estado por exenciones, cuánto recupera por impuestos indirectos, empleo, seguridad social, consumo, encadenamientos locales, divisas, exportaciones y nuevas inversiones. La OCDE advierte que los incentivos pueden ser costosos y no siempre efectivos, especialmente en economías emergentes con restricciones administrativas y fiscales. [oecd.org], [taxexpenditures.org]

El sexto indicador debe ser el impacto tecnológico: patentes, laboratorios instalados, departamentos de I+D, certificaciones internacionales, automatización, adopción de inteligencia artificial, creación de centros de formación, transferencia de know-how y cooperación con universidades dominicanas. La política pública debe diferenciar entre inversión que solo ocupa espacio físico e inversión que aumenta la complejidad productiva nacional.

El séptimo indicador debe ser la diversificación territorial. El impacto debe evaluarse por provincia y región: empleos creados fuera del Gran Santo Domingo, desarrollo de nuevos parques industriales, formación técnica territorial, agroindustria exportadora, logística portuaria y articulación con zonas como Manzanillo, Santiago, Haina, Caucedo, San Pedro, La Romana, Barahona o Pedernales. El Gobierno dominicano ha definido prioridades para 2026 en energía, agua, empleo, agricultura, eficiencia estatal, formación técnica, inglés y carreras STEM, lo que puede conectarse con una estrategia territorial de inversión. [shutterstock.com]

En términos metodológicos, el país debería aplicar tres niveles de evaluación: ex ante, antes de otorgar el incentivo; durante la ejecución, para verificar cumplimiento; y ex post, para medir resultados reales. La evaluación ex ante debe responder si el incentivo es necesario, cuánto costará, qué inversión atraerá y qué ocurriría sin él. La evaluación durante la ejecución debe verificar empleos, inversión, exportaciones, capacitación y compras locales. La evaluación ex post debe medir retorno económico, fiscal, social y tecnológico. La OCDE recomienda precisamente esa lógica de ciclo completo para mejorar la calidad de los incentivos y evitar pérdidas fiscales injustificadas. [oecd.org], [oecd.org]


3. ¿Qué papel puede jugar la educación superior en esta estrategia?

La educación superior debe ser el núcleo silencioso de la estrategia de atracción de inversión asiática. Ningún incentivo fiscal será suficiente si el país no puede ofrecer talento técnico, ingenieril, científico, bilingüe y adaptable. En la nueva economía global, las empresas no solo buscan exenciones; buscan ecosistemas: universidades, técnicos, proveedores, infraestructura digital, seguridad jurídica, innovación y capacidad de aprendizaje.

El MESCyT es el órgano responsable de fomentar, regular y administrar el sistema nacional de educación superior, ciencia y tecnología, lo que lo convierte en un actor estratégico para conectar inversión extranjera, innovación y formación de capital humano. En 2026, el Gobierno dominicano anunció una convocatoria de cerca de 1,800 becas internacionales, con prioridad en áreas STEM, 73 universidades, más de 700 programas académicos y 19 países de destino; además, el 25.9 % de las becas se concentró en áreas STEM y más del 70 % de ese grupo correspondió a TIC, incluyendo ciberseguridad, inteligencia artificial, ciencia de datos y transformación digital. [mescyt.gob.do] [mescyt.gob.do], [publicnow.com]

La primera contribución de la educación superior debe ser crear programas académicos alineados con los sectores que se busca atraer: ingeniería eléctrica, mecatrónica, automatización, biotecnología, logística internacional, comercio asiático, inteligencia artificial, ciencia de datos, ciberseguridad, energías renovables, manufactura avanzada, gestión portuaria, idioma mandarín, japonés, coreano e inglés técnico. La iniciativa EnglishxSTEM de la Embajada de Estados Unidos identifica sectores estratégicos similares —semiconductores, ciberseguridad, biotecnología, energía, inteligencia artificial e innovación— y busca formar entre 500 y 800 estudiantes, docentes y profesionales dominicanos mediante programas de inglés técnico especializado. [do.usembassy.gov]

La segunda contribución debe ser la creación de centros universidad-empresa-Estado orientados a inversión asiática. Estos centros podrían funcionar como laboratorios de adaptación tecnológica, certificación de talento, formación dual, investigación aplicada, traducción comercial, inteligencia de mercados y apoyo a empresas exportadoras. Las universidades deben dejar de ser solo proveedoras de títulos y convertirse en plataformas de productividad, innovación e internacionalización.

La tercera contribución debe ser una red de becas estratégicas hacia Asia. Si República Dominicana quiere negociar mejor con Asia, necesita dominicanos formados en China, Japón, Corea, India, Singapur, Vietnam e Indonesia. No solo en negocios internacionales, sino en ingeniería, inteligencia artificial, manufactura avanzada, puertos inteligentes, logística, energías limpias, biotecnología, farmacéutica y políticas industriales. La política actual de becas internacionales ya ofrece una base, pero debe orientarse con mayor precisión hacia sectores productivos y países estratégicos. [mescyt.gob.do], [eldia.com.do]

La cuarta contribución debe ser formar diplomáticos económicos especializados. La presencia dominicana en Asia no se fortalecerá solo abriendo oficinas; se fortalecerá con gente capaz de entender mercados, cultura empresarial, normas técnicas, idioma, cadenas de suministro, certificaciones sanitarias, estándares digitales y geopolítica regional. Las embajadas deben trabajar con universidades para formar especialistas en comercio Asia-Caribe, arbitraje, inversión, inteligencia comercial y diplomacia tecnológica.

La quinta contribución debe ser impulsar investigación aplicada y propiedad intelectual. Si el país quiere moverse hacia una economía de mayor valor agregado, necesita financiar laboratorios, patentes, publicaciones, prototipos, incubadoras, parques científicos y fondos de innovación. Voces académicas han advertido sobre la baja inversión nacional en innovación e investigación y sobre la necesidad de vincular ciencia, tecnología y manufactura avanzada con una estrategia de desarrollo sostenible. [dominicanaaldia.com]

En síntesis, la educación superior debe ser el puente entre incentivo fiscal y transformación productiva. Sin universidades conectadas con la industria, los incentivos atraerán plantas; con universidades fuertes, pueden atraer ecosistemas. Sin capital humano, la inversión asiática puede ser transitoria; con talento dominicano, puede convertirse en plataforma de desarrollo nacional.


Conclusión estratégica

La República Dominicana puede atraer inversión asiática con incentivos fiscales competitivos, pero debe hacerlo con inteligencia: beneficios condicionados, medibles, temporales y vinculados a empleo calificado, transferencia tecnológica, exportaciones, innovación, encadenamientos locales y formación de talento. La medición del impacto debe ir más allá del monto invertido y evaluar valor agregado, empleo, productividad, exportaciones, retorno fiscal, innovación y desarrollo territorial.

La educación superior, por su parte, debe ocupar el centro de la estrategia. La República Dominicana no competirá solo por impuestos bajos, sino por talento, estabilidad, ubicación, logística, confianza y capacidad de aprendizaje. En la nueva geopolítica, los países que formen mejor a su gente negociarán mejor con el mundo.


América Latina, República Dominicana y el nuevo desorden global: tres claves estratégicas

1. ¿Qué papel jugará América Latina en esta nueva geopolítica?

América Latina y el Caribe entran en 2026 con una paradoja: poseen activos estratégicos cada vez más valiosos —minerales críticos, energía, alimentos, biodiversidad, agua, ubicación logística y mercados emergentes—, pero mantienen debilidades estructurales que limitan su influencia: bajo crecimiento, baja productividad, alta informalidad, fragilidad institucional y limitada inversión en ciencia, tecnología e infraestructura. CEPAL proyecta para la región un crecimiento de apenas 2.2 % en 2026, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, condiciones financieras restrictivas y menor dinamismo del comercio internacional. [cepal.org]

El papel de América Latina será, por tanto, disputado. No será una región irrelevante, pero tampoco tendrá peso automático. Su importancia crecerá porque el mundo necesita litio, cobre, níquel, tierras raras, alimentos, energía renovable, agua, puertos, rutas marítimas y territorios políticamente estables para relocalizar cadenas de suministro. La competencia por minerales críticos seguirá redefiniendo la diplomacia económica global en 2026, especialmente por la rivalidad entre Estados Unidos, China y Europa para asegurar insumos de transición energética, baterías, semiconductores e industrias verdes. [odi.org], [dialogue.earth]

La región puede jugar tres papeles distintos. El primero es el de proveedora pasiva de materias primas, repitiendo el viejo patrón extractivo: exportar recursos naturales sin industrialización, sin transferencia tecnológica y sin agregación de valor. El segundo es el de territorio de disputa entre potencias, donde puertos, redes digitales, infraestructura energética y minerales sean capturados por intereses externos sin una estrategia regional común. El tercero —el más deseable— es el de actor estratégico inteligente, capaz de negociar con todos, alinearse automáticamente con nadie y convertir sus recursos en desarrollo productivo, empleo formal, innovación y autonomía tecnológica.

En esa nueva geopolítica, América Latina tendrá valor no solo por lo que posee, sino por cómo negocie. Si actúa dividida, será tratada como zona de influencia. Si actúa con visión productiva, puede convertirse en una plataforma de transición energética, seguridad alimentaria, nearshoring, servicios digitales, manufactura avanzada y diplomacia climática. El Banco Interamericano de Desarrollo advierte que, pese al entorno global complejo, la región muestra resiliencia, pero debe enfrentar desafíos como productividad débil, deuda pública elevada y condiciones financieras ajustadas; al mismo tiempo, la digitalización, la inteligencia artificial y la demanda de minerales críticos abren nuevas oportunidades. [publicatio...s.iadb.org]

La gran pregunta no será si América Latina importa. Importa y cada vez más. La pregunta será si su importancia será administrada por sus propios Estados o instrumentalizada por las estrategias de otros.

2. ¿Cómo puede la República Dominicana fortalecer su diplomacia económica?

La República Dominicana tiene una posición privilegiada: estabilidad macroeconómica relativa, ubicación geográfica estratégica, conectividad portuaria y aérea, zonas francas, turismo, experiencia exportadora, relación cercana con Estados Unidos, apertura comercial y creciente atractivo para la inversión extranjera. ProDominicana reporta que el país alcanzó en 2025 un récord de US$5,032.3 millones en inversión extranjera directa, con crecimiento interanual de 11.3 %, más de 700 empresas de IED instaladas, exportaciones de mercancías por US$15,930.6 millones y más de 160 destinos de exportación. [prodominicana.gob.do]

Pero en el nuevo escenario global, no basta con atraer inversión: hay que seleccionarla, orientarla y conectarla con una visión nacional de desarrollo. La diplomacia económica dominicana debe dejar de ser solo promoción comercial y convertirse en una arquitectura integral de poder nacional. Eso implica coordinar Cancillería, ProDominicana, Aduanas, MICM, zonas francas, turismo, energía, educación superior, sector privado, puertos, aeropuertos y representación diplomática en una sola narrativa-país.

Primero, República Dominicana debe fortalecer su diplomacia comercial con una agenda clara de diversificación de mercados. Estados Unidos seguirá siendo socio central, pero el país debe ampliar oportunidades en Canadá, Unión Europea, Centroamérica, Caribe, Asia, Medio Oriente y África. La fragmentación comercial obliga a no depender excesivamente de un solo mercado, una sola fuente energética, una sola ruta logística o una sola categoría exportadora.

Segundo, debe construir una diplomacia económica basada en sectores estratégicos: zonas francas de mayor valor agregado, dispositivos médicos, farmacéutica, agroindustria, logística regional, servicios digitales, economía naranja, energías renovables, turismo médico, manufactura ligera, centros de distribución y exportaciones culturales. En 2026, la inversión extranjera no debe medirse solo por volumen, sino por calidad: empleo formal, transferencia tecnológica, encadenamientos productivos, formación de talento y aporte fiscal sostenible.

Tercero, la diplomacia dominicana debe incorporar una dimensión de seguridad económica. Cada puerto, aeropuerto, data center, cable submarino, red energética, plataforma digital y centro logístico debe entenderse como infraestructura estratégica. La economía abierta dominicana depende de confianza, previsibilidad y resiliencia. Si el mundo se fragmenta, el país debe ser visto como un socio confiable, jurídicamente estable, logísticamente eficiente y políticamente prudente.

Cuarto, debe profundizar su liderazgo caribeño. La República Dominicana puede presentarse como puente entre el Caribe, Centroamérica, Norteamérica y el Atlántico. El Caribe ya no es solo turismo: es seguridad marítima, resiliencia climática, transición energética, alimentos, migración, logística, conectividad digital y cooperación financiera. Esa agenda puede darle al país un espacio diplomático mayor que su tamaño territorial.

Quinto, debe profesionalizar aún más su servicio exterior económico. Cada embajada debería operar como una antena de inteligencia económica: identificar compradores, inversionistas, ferias, regulaciones, oportunidades de nearshoring, riesgos comerciales, nuevas tecnologías y tendencias regulatorias. La diplomacia moderna no solo emite notas diplomáticas; también abre mercados, protege exportadores, atrae capital y anticipa crisis.

En síntesis: República Dominicana debe pasar de una diplomacia de presencia a una diplomacia de resultados; de una promoción dispersa a una estrategia-país; y de una inserción pasiva en la globalización a una inserción soberana, productiva e inteligente.

3. ¿Qué riesgos implica la fragmentación del orden multilateral?

La fragmentación del orden multilateral implica que el mundo deja de funcionar bajo reglas relativamente compartidas y pasa a moverse por bloques, intereses, sanciones, aranceles, controles tecnológicos, militarización de rutas y alianzas flexibles. El Foro Económico Mundial advierte que la confrontación geoeconómica aparece como uno de los principales riesgos globales de 2026, en una etapa donde la cooperación pierde terreno frente a la competencia y donde la confianza internacional se debilita. [unsplash.com], [pexels.com]

El primer riesgo es comercial. Si las reglas de la Organización Mundial del Comercio pierden autoridad y los países recurren cada vez más a aranceles, restricciones, subsidios estratégicos y medidas unilaterales, las economías pequeñas quedan más expuestas. UNCTAD señala que el comercio global entra en 2026 bajo presión por crecimiento lento, fragmentación geopolítica, transición digital y verde, y regulaciones nacionales más estrictas. Para países abiertos como la República Dominicana, eso puede traducirse en mayores costos de importación, dificultades logísticas, incertidumbre exportadora y presión sobre sectores sensibles. [pixabay.com]

El segundo riesgo es financiero. La fragmentación geoeconómica puede aumentar la volatilidad, elevar primas de riesgo, endurecer condiciones de crédito y afectar la estabilidad financiera. El Banco Central Europeo y la Junta Europea de Riesgo Sistémico han advertido que los shocks geopolíticos pueden amplificar tensiones financieras, reducir crecimiento y afectar de manera particular a economías abiertas o endeudadas. [pexels.com]

El tercer riesgo es tecnológico. Si el mundo se divide en ecosistemas tecnológicos rivales —chips, inteligencia artificial, redes 5G/6G, plataformas digitales, sistemas de pago, ciberseguridad—, los países pequeños podrían quedar atrapados entre estándares incompatibles, presiones diplomáticas y dependencia tecnológica. Esto afecta educación, comercio digital, defensa, banca, telecomunicaciones y gobierno electrónico.

El cuarto riesgo es energético y logístico. La transición energética no está desapareciendo, pero sí se está fragmentando. El Foro Económico Mundial ha advertido que la transición energética global enfrenta tensiones por riesgos geopolíticos, interrupciones de suministro, demanda creciente e infraestructura insuficiente. Para una economía importadora de combustibles y dependiente del turismo, transporte y comercio exterior, cualquier shock energético o marítimo puede convertirse rápidamente en inflación, presión fiscal y pérdida de competitividad. [weforum.org], [imf.org]

El quinto riesgo es institucional. Cuando el multilateralismo se debilita, el derecho internacional se vuelve desigual: fuerte para los débiles, negociable para los poderosos. Naciones Unidas ha advertido sobre un mundo atravesado por conflictos, impunidad, desigualdad e imprevisibilidad, y sobre la necesidad de defender la Carta de la ONU y el derecho internacional en un momento de debilitamiento de la cooperación global. [data.wto.org]

Conclusión estratégica

América Latina será una región codiciada, pero solo será influyente si convierte sus recursos en estrategia. La República Dominicana tiene condiciones para jugar un papel relevante como plataforma logística, turística, comercial, energética y diplomática del Caribe. Pero debe prepararse para un mundo menos predecible, menos multilateral y más competitivo.

La clave será entender que la política exterior ya no puede separarse de la economía, la tecnología, la seguridad, la energía y la logística. En el nuevo orden mundial, los países pequeños no están condenados a la irrelevancia; pero sí están obligados a pensar con más anticipación, más disciplina institucional y más visión de Estado.

2026: el año en que el desorden mundial comenzará a mostrar su verdadero rostro

El fin de las certezas heredadas, la crisis del multilateralismo, el regreso de la fuerza como lenguaje dominante y la transformación de las alianzas internacionales anuncian una etapa decisiva: el siglo XXI entra en una fase donde cada nación deberá redefinir su lugar entre soberanía, comercio, seguridad y poder tecnológico.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

El mundo no cambia de una vez. Primero se agrietan sus instituciones, luego se debilitan sus consensos y, finalmente, las naciones descubren que el orden que creían permanente era apenas una arquitectura sostenida por intereses, equilibrios y voluntades políticas. Así llega 2026: no como un año más en el calendario internacional, sino como una frontera histórica en la que los contornos de la geopolítica del siglo XXI comienzan a hacerse más visibles, más duros y menos complacientes. La incertidumbre ya no es una anomalía del sistema: se ha convertido en su condición dominante. El Foro Económico Mundial advierte que la confrontación geoeconómica aparece como uno de los principales riesgos globales de 2026, en un escenario donde la cooperación pierde terreno frente a la competencia entre potencias. [weforum.org], [weforum.org]

Durante décadas, el sistema internacional descansó sobre una promesa central: que la globalización, el comercio abierto, las alianzas de seguridad, las instituciones multilaterales y la diplomacia cooperativa serían suficientes para administrar los conflictos entre potencias. Esa convicción permitió expandir mercados, levantar cadenas globales de suministro, integrar economías y construir normas comunes para la convivencia internacional. Pero hoy esa promesa se encuentra bajo presión. El mundo que emerge ya no cree plenamente en la neutralidad de las reglas ni en la estabilidad automática de los acuerdos. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo ha señalado que el comercio global entra en 2026 bajo presión por el crecimiento más lento, la fragmentación geopolítica, la transición digital y verde, y regulaciones nacionales más estrictas. [unctad.org]

La nueva geopolítica nace de una desconfianza acumulada. Las grandes potencias miran el comercio como un campo de batalla industrial; la tecnología como un instrumento de supremacía; la energía como palanca estratégica; las rutas marítimas como corredores de poder; y las alianzas militares como contratos sometidos a cálculo, costo y conveniencia. En ese escenario, el lenguaje diplomático no desaparece, pero convive cada vez más con la lógica del músculo económico, la presión arancelaria, el control de datos, la militarización de regiones sensibles y la competencia por minerales críticos, semiconductores, inteligencia artificial y capacidad energética. Ya no se trata únicamente de quién posee más territorio o más ejércitos, sino de quién controla los nodos invisibles de la economía mundial: datos, chips, cables submarinos, plataformas digitales, sistemas de pago, estándares tecnológicos y capacidad científica.

El viejo orden multilateral se encuentra en una fase de desgaste profundo. No ha muerto, pero ha perdido autoridad. Naciones Unidas enfrenta límites cada vez más evidentes para contener guerras, crisis humanitarias y violaciones al derecho internacional. El propio secretario general de la ONU, António Guterres, describió en enero de 2026 un mundo atravesado por conflictos, impunidad, desigualdad e imprevisibilidad, y advirtió sobre el debilitamiento de la cooperación internacional precisamente cuando más se necesita. La Organización Mundial del Comercio ya no representa el árbitro indiscutible de la economía global en un contexto de mayores tensiones comerciales, reformas pendientes y disputas sobre reglas, aranceles y trato especial para países en desarrollo. [news.un.org] [unctad.org], [astrid-online.it]

El problema de fondo no es solo institucional. Es civilizatorio. El siglo XXI está redefiniendo la relación entre democracia, soberanía, mercado y seguridad. Lo que antes se presentaba como apertura irreversible ahora se somete al filtro de la protección nacional. Lo que antes se denominaba interdependencia económica ahora se percibe, muchas veces, como vulnerabilidad estratégica. Las cadenas globales de suministro, que fueron símbolo de eficiencia, se han convertido en objeto de revisión porque ningún país quiere depender por completo de puertos, fábricas, chips, medicamentos, combustibles, alimentos o tecnologías controladas por otros. La fragmentación geoeconómica, según el Banco Central Europeo y la Junta Europea de Riesgo Sistémico, se ha convertido en una fuente clave de incertidumbre macrofinanciera y puede afectar la estabilidad financiera, endurecer condiciones de crédito y reducir el crecimiento. [ecb.europa.eu]

En 2026, esa transición será más clara porque las potencias ya no ocultan sus prioridades. Estados Unidos, China, Europa, Rusia, India y las potencias intermedias actúan en un mundo donde la competencia se normalizó. La cooperación sigue siendo necesaria, pero ya no es ingenua. Cada acuerdo comercial se mide por su impacto en la seguridad nacional. Cada inversión extranjera se evalúa por sus implicaciones tecnológicas. Cada plataforma digital se observa como infraestructura crítica. Cada puerto, cable submarino, satélite o corredor energético adquiere valor estratégico. La energía, además, ha dejado de ser solo una variable económica para convertirse en un eje de seguridad nacional, transición climática y poder geopolítico; el Índice de Transición Energética 2026 del Foro Económico Mundial advierte que la transición energética se fragmenta bajo el peso de tensiones geopolíticas, riesgos de suministro y demanda creciente. [it-online.co.za], [businessghana.com]

La geopolítica del siglo XXI no será únicamente militar. Será tecnológica, energética, financiera, comercial, alimentaria, climática y cultural. Las guerras ya no se libran solo con tanques, misiles o tropas, sino también con sanciones, algoritmos, bloqueos de exportación, manipulación informativa, control de minerales, interrupciones logísticas y dominio de estándares tecnológicos. La desinformación, la polarización social y la ansiedad frente a la inteligencia artificial forman parte de una nueva arquitectura de riesgo donde las sociedades pueden ser debilitadas desde adentro antes de ser amenazadas desde afuera. El Foro Económico Mundial coloca la desinformación, la polarización social, la confrontación geoeconómica y los conflictos interestatales entre los riesgos centrales del nuevo escenario global. [weforum.org], [weforum.org]

Para América Latina y el Caribe, esta nueva etapa plantea una pregunta urgente: ¿seremos espectadores periféricos de la reorganización global o actores capaces de defender intereses propios con inteligencia estratégica? La región posee recursos naturales, ubicación geográfica, biodiversidad, potencial energético, talento humano y un mercado relevante. Pero sigue atrapada con demasiada frecuencia en ciclos de improvisación, polarización, baja productividad y dependencia externa. En un mundo más competitivo, la neutralidad pasiva puede convertirse en irrelevancia. Ya no bastará con celebrar la riqueza natural, la posición geográfica o la vocación democrática; será necesario convertir esos activos en estrategia, productividad, logística, innovación, seguridad energética y diplomacia económica.

La República Dominicana debe leer este momento con especial lucidez. Como economía abierta, turística, logística, comercial y altamente vinculada a los movimientos internacionales de capital, energía, transporte y seguridad, el país no puede mirar la geopolítica como un asunto lejano. Cada reconfiguración del comercio mundial impacta nuestros puertos, aduanas, zonas francas, exportaciones e importaciones. Cada tensión energética incide sobre costos internos. Cada transformación tecnológica redefine empleos, educación, competitividad y seguridad digital. Cada crisis regional afecta migración, cooperación, defensa y estabilidad social. En un escenario donde el comercio internacional se desacelera y la fragmentación presiona las cadenas globales de valor, los países pequeños deben tener mayor capacidad de anticipación, diversificación y respuesta institucional. [unctad.org], [astrid-online.it]

Por eso, el desafío dominicano no consiste en alinearse emocionalmente con una potencia u otra, sino en construir una política exterior madura, pragmática y soberana. Una nación pequeña no puede darse el lujo de actuar con ingenuidad. Debe diversificar alianzas, fortalecer instituciones, modernizar su aparato productivo, elevar su capacidad diplomática y convertir su ubicación geográfica en ventaja competitiva. En el nuevo mundo, los países que no tengan estrategia serán absorbidos por las estrategias de otros. La soberanía moderna no se reducirá a la defensa territorial tradicional; también dependerá de la capacidad de proteger infraestructuras críticas, blindar sistemas digitales, garantizar seguridad alimentaria y energética, formar talento tecnológico y negociar con inteligencia en escenarios multilaterales cada vez más frágiles.

El Caribe, además, ocupa una posición cada vez más sensible. Es frontera marítima, corredor comercial, zona de interés energético, espacio vulnerable al cambio climático y punto de conexión entre América del Norte, América Latina y el Atlántico. La seguridad regional ya no puede entenderse únicamente desde el narcotráfico o la migración irregular. Debe incorporar ciberseguridad, seguridad portuaria, resiliencia climática, protección de infraestructuras críticas, inteligencia financiera y cooperación multinivel. En un mundo donde las rutas marítimas, la energía y los suministros estratégicos se vuelven factores de poder, el Caribe deja de ser periferia ornamental para convertirse en zona de lectura obligatoria en la nueva cartografía de la competencia global.

El año 2026 puede marcar el momento en que muchas ilusiones terminen de caer. La ilusión de que el comercio siempre une. La ilusión de que las instituciones se sostienen por sí solas. La ilusión de que la globalización garantiza prosperidad automática. La ilusión de que las democracias no enfrentan presiones internas capaces de alterar su política exterior. La ilusión de que los países pequeños pueden prosperar sin planificación estratégica en medio de una pugna global entre gigantes. Las advertencias sobre el retroceso del multilateralismo, el deterioro de la confianza internacional y la presión sobre las instituciones de cooperación muestran que el viejo lenguaje del orden basado en reglas ya no basta si no está acompañado de voluntad política, equilibrios reales y capacidades nacionales. [news.un.org], [unu.edu]

Pero 2026 también puede ser el año de una nueva conciencia. La conciencia de que el desarrollo nacional ya no puede separarse de la política internacional. La conciencia de que invertir en educación, tecnología, energía, logística y diplomacia es una forma de seguridad. La conciencia de que la soberanía moderna no se mide solo por símbolos patrios, sino por capacidad productiva, resiliencia institucional y autonomía inteligente para tomar decisiones. La República Dominicana, si sabe leer el momento, puede convertir su posición geográfica, sus capacidades logísticas, su estabilidad relativa y su inserción comercial en una plataforma de relevancia regional. Pero eso exige visión de Estado, continuidad estratégica y una diplomacia económica capaz de mirar más allá del ciclo político inmediato.

El nuevo mundo está comenzando a surgir, pero no nacerá ordenado. Será más competitivo, más fragmentado y más exigente. Sus reglas no estarán completamente escritas. Sus alianzas serán más flexibles. Sus conflictos serán más híbridos. Sus oportunidades estarán disponibles para quienes sepan leer temprano los cambios. En esa nueva realidad, la ingenuidad será una forma de debilidad y la improvisación, una amenaza a la soberanía. Los países que comprendan la profundidad de esta transición podrán adaptarse, negociar y prosperar. Los que la subestimen quedarán atrapados en decisiones tomadas por otros.

La geopolítica del siglo XXI no preguntará a los países si están preparados. Simplemente avanzará. Y en esa marcha, cada nación deberá decidir si se limita a reaccionar ante los acontecimientos o si construye, con visión de Estado, el lugar que quiere ocupar en la historia que ya empezó.

guecin.com

Imagen de:  Alexandru-Cătălin Stoica, Strategic Chess Battle on World Map – Pexels

América Latina, República Dominicana y el nuevo desorden global: tres claves estratégicas

1. ¿Qué papel jugará América Latina en esta nueva geopolítica?

América Latina y el Caribe entran en 2026 con una paradoja: poseen activos estratégicos cada vez más valiosos —minerales críticos, energía, alimentos, biodiversidad, agua, ubicación logística y mercados emergentes—, pero mantienen debilidades estructurales que limitan su influencia: bajo crecimiento, baja productividad, alta informalidad, fragilidad institucional y limitada inversión en ciencia, tecnología e infraestructura. CEPAL proyecta para la región un crecimiento de apenas 2.2 % en 2026, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, condiciones financieras restrictivas y menor dinamismo del comercio internacional. [cepal.org]

El papel de América Latina será, por tanto, disputado. No será una región irrelevante, pero tampoco tendrá peso automático. Su importancia crecerá porque el mundo necesita litio, cobre, níquel, tierras raras, alimentos, energía renovable, agua, puertos, rutas marítimas y territorios políticamente estables para relocalizar cadenas de suministro. La competencia por minerales críticos seguirá redefiniendo la diplomacia económica global en 2026, especialmente por la rivalidad entre Estados Unidos, China y Europa para asegurar insumos de transición energética, baterías, semiconductores e industrias verdes. [odi.org], [dialogue.earth]

La región puede jugar tres papeles distintos. El primero es el de proveedora pasiva de materias primas, repitiendo el viejo patrón extractivo: exportar recursos naturales sin industrialización, sin transferencia tecnológica y sin agregación de valor. El segundo es el de territorio de disputa entre potencias, donde puertos, redes digitales, infraestructura energética y minerales sean capturados por intereses externos sin una estrategia regional común. El tercero —el más deseable— es el de actor estratégico inteligente, capaz de negociar con todos, alinearse automáticamente con nadie y convertir sus recursos en desarrollo productivo, empleo formal, innovación y autonomía tecnológica.

En esa nueva geopolítica, América Latina tendrá valor no solo por lo que posee, sino por cómo negocie. Si actúa dividida, será tratada como zona de influencia. Si actúa con visión productiva, puede convertirse en una plataforma de transición energética, seguridad alimentaria, nearshoring, servicios digitales, manufactura avanzada y diplomacia climática. El Banco Interamericano de Desarrollo advierte que, pese al entorno global complejo, la región muestra resiliencia, pero debe enfrentar desafíos como productividad débil, deuda pública elevada y condiciones financieras ajustadas; al mismo tiempo, la digitalización, la inteligencia artificial y la demanda de minerales críticos abren nuevas oportunidades. [publicatio...s.iadb.org]

La gran pregunta no será si América Latina importa. Importa y cada vez más. La pregunta será si su importancia será administrada por sus propios Estados o instrumentalizada por las estrategias de otros.

2. ¿Cómo puede la República Dominicana fortalecer su diplomacia económica?

La República Dominicana tiene una posición privilegiada: estabilidad macroeconómica relativa, ubicación geográfica estratégica, conectividad portuaria y aérea, zonas francas, turismo, experiencia exportadora, relación cercana con Estados Unidos, apertura comercial y creciente atractivo para la inversión extranjera. ProDominicana reporta que el país alcanzó en 2025 un récord de US$5,032.3 millones en inversión extranjera directa, con crecimiento interanual de 11.3 %, más de 700 empresas de IED instaladas, exportaciones de mercancías por US$15,930.6 millones y más de 160 destinos de exportación. [prodominicana.gob.do]

Pero en el nuevo escenario global, no basta con atraer inversión: hay que seleccionarla, orientarla y conectarla con una visión nacional de desarrollo. La diplomacia económica dominicana debe dejar de ser solo promoción comercial y convertirse en una arquitectura integral de poder nacional. Eso implica coordinar Cancillería, ProDominicana, Aduanas, MICM, zonas francas, turismo, energía, educación superior, sector privado, puertos, aeropuertos y representación diplomática en una sola narrativa-país.

Primero, República Dominicana debe fortalecer su diplomacia comercial con una agenda clara de diversificación de mercados. Estados Unidos seguirá siendo socio central, pero el país debe ampliar oportunidades en Canadá, Unión Europea, Centroamérica, Caribe, Asia, Medio Oriente y África. La fragmentación comercial obliga a no depender excesivamente de un solo mercado, una sola fuente energética, una sola ruta logística o una sola categoría exportadora.

Segundo, debe construir una diplomacia económica basada en sectores estratégicos: zonas francas de mayor valor agregado, dispositivos médicos, farmacéutica, agroindustria, logística regional, servicios digitales, economía naranja, energías renovables, turismo médico, manufactura ligera, centros de distribución y exportaciones culturales. En 2026, la inversión extranjera no debe medirse solo por volumen, sino por calidad: empleo formal, transferencia tecnológica, encadenamientos productivos, formación de talento y aporte fiscal sostenible.

Tercero, la diplomacia dominicana debe incorporar una dimensión de seguridad económica. Cada puerto, aeropuerto, data center, cable submarino, red energética, plataforma digital y centro logístico debe entenderse como infraestructura estratégica. La economía abierta dominicana depende de confianza, previsibilidad y resiliencia. Si el mundo se fragmenta, el país debe ser visto como un socio confiable, jurídicamente estable, logísticamente eficiente y políticamente prudente.

Cuarto, debe profundizar su liderazgo caribeño. La República Dominicana puede presentarse como puente entre el Caribe, Centroamérica, Norteamérica y el Atlántico. El Caribe ya no es solo turismo: es seguridad marítima, resiliencia climática, transición energética, alimentos, migración, logística, conectividad digital y cooperación financiera. Esa agenda puede darle al país un espacio diplomático mayor que su tamaño territorial.

Quinto, debe profesionalizar aún más su servicio exterior económico. Cada embajada debería operar como una antena de inteligencia económica: identificar compradores, inversionistas, ferias, regulaciones, oportunidades de nearshoring, riesgos comerciales, nuevas tecnologías y tendencias regulatorias. La diplomacia moderna no solo emite notas diplomáticas; también abre mercados, protege exportadores, atrae capital y anticipa crisis.

En síntesis: República Dominicana debe pasar de una diplomacia de presencia a una diplomacia de resultados; de una promoción dispersa a una estrategia-país; y de una inserción pasiva en la globalización a una inserción soberana, productiva e inteligente.

3. ¿Qué riesgos implica la fragmentación del orden multilateral?

La fragmentación del orden multilateral implica que el mundo deja de funcionar bajo reglas relativamente compartidas y pasa a moverse por bloques, intereses, sanciones, aranceles, controles tecnológicos, militarización de rutas y alianzas flexibles. El Foro Económico Mundial advierte que la confrontación geoeconómica aparece como uno de los principales riesgos globales de 2026, en una etapa donde la cooperación pierde terreno frente a la competencia y donde la confianza internacional se debilita. [unsplash.com], [pexels.com]

El primer riesgo es comercial. Si las reglas de la Organización Mundial del Comercio pierden autoridad y los países recurren cada vez más a aranceles, restricciones, subsidios estratégicos y medidas unilaterales, las economías pequeñas quedan más expuestas. UNCTAD señala que el comercio global entra en 2026 bajo presión por crecimiento lento, fragmentación geopolítica, transición digital y verde, y regulaciones nacionales más estrictas. Para países abiertos como la República Dominicana, eso puede traducirse en mayores costos de importación, dificultades logísticas, incertidumbre exportadora y presión sobre sectores sensibles. [pixabay.com]

El segundo riesgo es financiero. La fragmentación geoeconómica puede aumentar la volatilidad, elevar primas de riesgo, endurecer condiciones de crédito y afectar la estabilidad financiera. El Banco Central Europeo y la Junta Europea de Riesgo Sistémico han advertido que los shocks geopolíticos pueden amplificar tensiones financieras, reducir crecimiento y afectar de manera particular a economías abiertas o endeudadas. [pexels.com]

El tercer riesgo es tecnológico. Si el mundo se divide en ecosistemas tecnológicos rivales —chips, inteligencia artificial, redes 5G/6G, plataformas digitales, sistemas de pago, ciberseguridad—, los países pequeños podrían quedar atrapados entre estándares incompatibles, presiones diplomáticas y dependencia tecnológica. Esto afecta educación, comercio digital, defensa, banca, telecomunicaciones y gobierno electrónico.

El cuarto riesgo es energético y logístico. La transición energética no está desapareciendo, pero sí se está fragmentando. El Foro Económico Mundial ha advertido que la transición energética global enfrenta tensiones por riesgos geopolíticos, interrupciones de suministro, demanda creciente e infraestructura insuficiente. Para una economía importadora de combustibles y dependiente del turismo, transporte y comercio exterior, cualquier shock energético o marítimo puede convertirse rápidamente en inflación, presión fiscal y pérdida de competitividad. [weforum.org], [imf.org]

El quinto riesgo es institucional. Cuando el multilateralismo se debilita, el derecho internacional se vuelve desigual: fuerte para los débiles, negociable para los poderosos. Naciones Unidas ha advertido sobre un mundo atravesado por conflictos, impunidad, desigualdad e imprevisibilidad, y sobre la necesidad de defender la Carta de la ONU y el derecho internacional en un momento de debilitamiento de la cooperación global. [data.wto.org]

Conclusión estratégica

América Latina será una región codiciada, pero solo será influyente si convierte sus recursos en estrategia. La República Dominicana tiene condiciones para jugar un papel relevante como plataforma logística, turística, comercial, energética y diplomática del Caribe. Pero debe prepararse para un mundo menos predecible, menos multilateral y más competitivo.

La clave será entender que la política exterior ya no puede separarse de la economía, la tecnología, la seguridad, la energía y la logística. En el nuevo orden mundial, los países pequeños no están condenados a la irrelevancia; pero sí están obligados a pensar con más anticipación, más disciplina institucional y más visión de Estado.