Editorial | La Aduana en el terreno: cuando la autoridad de frontera se convierte en política de desarrollo
Hay gestos institucionales que, por repetidos, corren el riesgo de ser subestimados; sin embargo, en la administración pública moderna, la presencia del liderazgo en el terreno no es un acto de protocolo, sino una señal de gobernanza. Que el director general de Aduanas, Nelson Arroyo, sostenga encuentros con el personal en Santiago y Puerto Plata y recorra espacios productivos vinculados al comercio exterior debe leerse como una apuesta por alinear cultura, control y servicio en la primera línea de la frontera económica. Y esto adquiere mayor significado cuando, al asumir la DGA, Arroyo colocó como prioridades el fortalecimiento institucional, el incremento de la recaudación y la facilitación del comercio exterior, insistiendo además en una transición ordenada, sin sobresaltos, con continuidad técnica.
La razón de fondo es simple: la Aduana no es un edificio; es un sistema vivo. La Dirección General de Aduanas se define como autoridad nacional de frontera, con responsabilidades que exceden la recaudación para tocar la seguridad del Estado y la protección de la población, mientras facilita el comercio lícito. Esa doble condición —facilitar y controlar— obliga a un equilibrio delicado: si el control se vuelve fricción, la economía pierde competitividad; si la facilitación se vuelve permisividad, la frontera se vulnera. En esa tensión se juegan reputación país, costos logísticos y confianza internacional.
1) El terreno como aula: supervisar es aprender el proceso real
El mayor error de muchas instituciones es creer que la norma escrita describe la operación real. En comercio exterior, la verdad operativa está en los flujos, en los patios, en los almacenes, en la coordinación cotidiana entre actores públicos y privados. Por eso, una visita que observe procesos y dinámicas de trabajo puede ser el inicio de un cambio: identificar cuellos de botella, armonizar criterios y elevar estándares de servicio. La DGA ha sostenido una línea de modernización vinculada a automatización y mejora de servicios, precisamente para reducir discrecionalidad y aumentar eficiencia. Pero esa modernización solo cuaja cuando el liderazgo contrasta el “diseño” con la práctica y convierte hallazgos en correcciones medibles.
2) Puerto Plata: la zona franca como prueba de madurez institucional
Puerto Plata condensa un elemento clave del modelo dominicano: producción para exportación con impacto local. La Zona Franca Industrial de Puerto Plata se promueve como una plataforma con ubicación estratégica —cercana al muelle y al aeropuerto—, un dato que no es ornamental: es una ventaja competitiva que exige una Aduana igualmente moderna y coordinada. Reportes locales han señalado que el parque industrial ha alcanzado alrededor de 1,315 empleos directos y se proyecta expansión con nuevas naves, lo que sugiere un ecosistema productivo en crecimiento que depende de previsibilidad logística. Cuando la Aduana acompaña ese entorno, no solo “controla”: protege empleo, asegura divisas y refuerza la confianza que sostiene contratos y mercados.
3) La competitividad no se declama: se mide (y se publica)
Un país compite con indicadores, no con intenciones. En Aduanas, los indicadores decisivos son conocidos: tiempos de despacho, nivel de digitalización, trazabilidad, selectividad basada en riesgo, resultados de control posterior, satisfacción del usuario. La DGA ha divulgado esfuerzos para automatizar servicios y transparentar trámites, lo que permite avanzar hacia una gestión menos manual y más verificable. Pero el salto cualitativo —el que transforma confianza en inversión— ocurre cuando esos avances se traducen en tableros de desempeño y compromisos verificables. Una institución que aspira a modernidad debe poder responder, con datos, a tres preguntas simples: ¿qué mejoró?, ¿cuánto?, ¿en qué plazo?
4) Seguridad sin fricción: el control inteligente como nuevo estándar
El control efectivo no significa revisar más, sino revisar mejor. La frontera moderna opera con gestión de riesgos, tecnología no intrusiva, auditoría posterior, cooperación interinstitucional y trazabilidad digital. La DGA ha destacado avances tecnológicos y automatización, elementos necesarios para reducir espacios de discrecionalidad y reforzar controles sin castigar al operador cumplidor. En un régimen como el de zonas francas, donde el volumen y la frecuencia son altos, el enfoque correcto es el control selectivo: proteger la cadena logística sin convertir la eficiencia en víctima colateral. Ese equilibrio, cuando se logra, se convierte en reputación exportadora.
5) El factor humano: la Aduana es tan fuerte como su cultura
Ninguna tecnología sustituye la ética operativa. Un sistema puede ser digital y, aun así, fallar si no hay estándares de conducta, claridad de roles, capacitación y liderazgo cercano. Que el director general sostenga encuentros con el personal en la región norte apunta a una idea fundamental: la reforma institucional se sostiene en cohesión interna. En su toma de posesión, Arroyo pidió enfoque en el trabajo, consenso y una transición sin traumas, lo cual sugiere una visión que prioriza estabilidad organizacional y resultados por encima de sobresaltos administrativos. La institucionalidad se consolida cuando el personal entiende la misión, conoce los límites, se siente parte de una visión y rinde cuentas con métricas claras.
6) Zonas francas en clave país: divisas, empleo y reputación internacional
El debate adquiere dimensión nacional cuando se observa el peso del sector. Informaciones divulgadas sobre el Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación (CNZFE) han señalado que en 2025 el sector habría alcanzado exportaciones récord (USD 14,645 millones) y alrededor de 200 mil empleos directos, además de nuevas aprobaciones e inversiones para 2026. En un contexto así, Aduanas es un “sistema circulatorio” de la economía: su eficiencia impacta el costo país y su firmeza impacta la confianza de socios comerciales. Por eso, el fortalecimiento aduanero no es un tema administrativo; es un tema de competitividad nacional.
7) De la visita al método: lo que debe quedar instalado
Si la presencia institucional se queda en una fotografía, su valor es efímero. Si se convierte en método, su valor es estructural. Por eso, el recorrido por una zona franca debería desembocar en acciones concretas: una mesa técnica de seguimiento, metas de tiempos de despacho, protocolos de coordinación, agenda de capacitación conjunta y un plan de control posterior basado en riesgo. La DGA ya cuenta con una orientación hacia modernización y servicios en línea; el reto es convertir esa base en gobernanza visible para el usuario y el exportador. Del mismo modo, en Puerto Plata —donde se reportan niveles de empleo relevantes y proyección de expansión industrial— la coordinación Aduanas–zona franca debe evolucionar como práctica permanente, no como evento ocasional.
Conclusión: la Aduana como Estado en movimiento
En una economía abierta, la frontera es un punto de creación de valor, no solo de control. La Aduana moderna es la que facilita el comercio lícito con tiempos predecibles y, al mismo tiempo, eleva la barrera contra el ilícito con inteligencia y trazabilidad. La definición institucional de la DGA como autoridad de frontera, con responsabilidades amplias, obliga a ese estándar. Y el énfasis del nuevo liderazgo en fortalecer la institución y facilitar el comercio exterior apunta a una ruta que debe ser evaluada por resultados: eficiencia medible, transparencia verificable y seguridad operativa sostenida. [twitter.com], [findglocal.com] [laverdad.com.do], [cnzfe.gob.do]
Si algo debe quedarnos claro es esto: cuando la Aduana se acerca a la zona franca, el Estado se acerca al empleo; cuando la Aduana mejora sus procesos, el país reduce su costo logístico; cuando la Aduana blinda su integridad, la marca-país gana confianza. En ese triángulo —empleo, competitividad, confianza— se decide una parte esencial del futuro exportador dominicano.
Firma
Luis Orlando Díaz Vólquez
Articulista
Supervisión en territorio: cuando la Aduana mira la Zona Franca a los ojos
La visita del director general de Aduanas, Nelson Arroyo, a la Corporación Zona Franca Industrial de Puerto Plata no debe leerse como una simple jornada protocolar. En un Estado que busca consolidar su competitividad logística, la presencia del liderazgo en el terreno es un mensaje operativo: la Aduana no se administra únicamente desde escritorios; se gestiona en los muelles, en los patios, en los almacenes y en los puntos donde la eficiencia se mide en minutos y la seguridad en riesgos mitigados. En ese sentido, los encuentros sostenidos por Arroyo con personal de la institución en la región norte —incluyendo Santiago y Puerto Plata— apuntan a una lógica de conducción que intenta alinear visión, cultura y ejecución.
La Aduana como autoridad de frontera: más allá de recaudar
La Dirección General de Aduanas (DGA) es, por definición, autoridad nacional de frontera; su misión trasciende el rol recaudador para resguardar seguridad del Estado y facilitar el comercio. Ese doble mandato (facilitación + control) suele ser el gran dilema de cualquier administración aduanera moderna: si se endurece sin inteligencia, se frena la economía; si se facilita sin controles, se abren brechas para el ilícito. El enfoque correcto es la combinación: control selectivo, tecnología, gestión de riesgo y transparencia para proteger la cadena logística sin castigar al operador cumplidor.El valor de “caminar” los procesos: cultura institucional y cumplimiento
En la narrativa institucional difundida sobre el recorrido, se enfatiza la observación de áreas operativas clave, procesos, equipos tecnológicos y dinámicas de trabajo, junto con un compromiso reiterado con transparencia, mejora continua y lucha contra los ilícitos aduaneros. Ese énfasis es relevante porque coloca el debate donde debe estar: en el cómo se ejecuta la política pública. Una Aduana moderna no solo dicta normas: estandariza procesos, mide desempeño y audita resultados. Y, sobre todo, promueve una cultura donde el cumplimiento no depende de la voluntad individual sino de sistemas, trazabilidad y supervisión.
Zonas francas: el músculo exportador que exige una Aduana de precisión
Puerto Plata no es un escenario menor. La Zona Franca Industrial de esa provincia se presenta como un nodo con ventajas logísticas (cercanía al muelle y al aeropuerto) y una vocación clara: atraer inversión y producir para exportación. Esa ubicación estratégica obliga a que la Aduana actúe como facilitador inteligente: despacho ágil, sí, pero con controles que impidan que la velocidad se convierta en vulnerabilidad. De hecho, el parque industrial se describe como situado a minutos del muelle y del aeropuerto, lo que subraya la importancia de una coordinación aduanera eficiente para sostener el flujo de mercancías.
Y el impacto económico no es abstracto. Reportes locales han estimado que el parque industrial de Puerto Plata genera más de 1,300 empleos directos y opera con alta ocupación, con proyecciones de expansión. Si la zona franca crece, el Estado necesita que su Aduana crezca en la misma dirección: más capacidad de servicio, mejores tiempos, más control posterior, más interoperabilidad tecnológica y, sobre todo, previsibilidad para el exportador.
La nueva gestión y su “contrato” con el país: eficiencia + facilitación
Al asumir, Nelson Arroyo planteó prioridades claras: fortalecimiento institucional, mejora del sistema de recaudación y una agenda explícita de facilitar aún más el comercio exterior. Esa promesa —recaudar mejor sin convertirse en obstáculo— es consistente con las exigencias de un país que compite por inversión y busca consolidarse como plataforma logística regional. El discurso de transición “sin sobresaltos” también sugiere continuidad técnica como un activo, en vez de reinvención improvisada.
Ahora bien, la facilitación no es un lema: es una arquitectura. Requiere procesos digitalizados, ventanillas integradas, gestión de riesgos, medición de tiempos y un enfoque de servicio. Y requiere también algo menos visible pero decisivo: cohesión interna. En la transcripción compartida del encuentro, se repite una idea: acercamiento con el personal para que conozca la visión de la administración y, a la vez, para que la administración conozca gradualmente a su gente. Esa apuesta por la comunicación interna no es cosmética; en instituciones de frontera, la cultura operacional define el estándar de cumplimiento.
Transparencia y control: la ecuación que sostiene la confianza
La transparencia, en Aduanas, no se limita a publicar datos. Significa reducir discrecionalidad, automatizar trámites, dejar huellas digitales de decisiones, y fortalecer auditorías y controles posteriores. En años recientes, la DGA ha destacado mejoras tecnológicas y automatización de servicios orientadas a eficientizar y transparentar procesos, así como el uso de herramientas de control que elevan capacidades institucionales. Cuando una administración reitera “transparencia y mejora continua”, su credibilidad dependerá de indicadores verificables: tiempos de despacho, tasas de selectividad, efectividad de decomisos, resultados de auditoría, satisfacción del usuario y reducción de brechas de riesgo.
En el ámbito de zonas francas, la discusión es todavía más sensible: la competitividad se sostiene con confianza. Una sola brecha de seguridad puede comprometer reputación país, afectar certificaciones y elevar costos de cumplimiento. Por eso, “robustecer la seguridad operativa” —como se ha destacado en mensajes institucionales— debe traducirse en estándares: perfiles de riesgo, controles no intrusivos, trazabilidad de carga y coordinación con actores del ecosistema logístico.
El contexto macro: récords, divisas y presión por resultados
La magnitud del sector zonas francas en República Dominicana explica por qué estas visitas importan. Informes de prensa sobre el Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación (CNZFE) han señalado que en 2025 el sector habría alcanzado cifras récord de exportaciones (USD 14,645 millones) y alrededor de 200 mil empleos directos, además de nuevas aprobaciones de empresas e inversiones para 2026. En ese tablero, la Aduana es un actor estructural: si mejora la previsibilidad logística, el país gana; si se vuelve cuello de botella, pierde inversión.
Incluso desde la propia narrativa institucional y mediática, se ha insistido en que transformaciones aduaneras impactan positivamente al sector, con mejoras en despachos y clima de negocios. Lo esencial aquí es que el Estado no puede tratar las zonas francas como “islas productivas” desconectadas: son parte del sistema nacional de comercio exterior, y su crecimiento exige un andamiaje aduanero que evolucione al mismo ritmo.
Tres desafíos clave que la visita pone sobre la mesa
1) Seguridad sin fricción: control inteligente
El control moderno no significa revisar más; significa revisar mejor. En zonas francas, donde el volumen y la frecuencia son altos, el control debe apoyarse en análisis de datos, perfiles de riesgo, control posterior y tecnología no intrusiva. La DGA ha enfatizado modernización y herramientas tecnológicas; el reto es convertir eso en una doctrina estable, con protocolos claros y medición continua.
2) Eficiencia operativa con métricas públicas
Hablar de eficiencia no basta: hay que publicarla. Tiempos promedio de despacho, porcentaje de trámites 100% digitales, tasa de incidencias, nivel de satisfacción, cumplimiento de SLA. La legitimidad de la “mejora continua” se fortalece cuando el ciudadano y el operador pueden comparar periodos y ver tendencia. La propia DGA se define como institución orientada a facilitar el comercio con servicios en línea; el paso siguiente es gobernanza por indicadores.
3) Gestión humana: cohesión y ética operativa
Una Aduana es tan fuerte como su gente y sus controles internos. El énfasis de Arroyo en el acercamiento con colaboradores —para construir confianza y entendimiento mutuo— sugiere que la administración reconoce que la reforma no es solo tecnológica: es cultural. Eso es crucial para sostener políticas de integridad y reducir espacios de discrecionalidad.
Lo que debería seguir: una hoja de ruta concreta para Puerto Plata (y replicable)
- Mesa técnica Aduanas–Zona Franca con agenda trimestral: tiempos de despacho, incidencias, riesgos y mejoras, con compromisos verificables.
- Plan de seguridad operativa basado en riesgo: segmentación de operadores, control no intrusivo, auditoría posterior y protocolos de trazabilidad.
- Tablero público de desempeño (dashboard): métricas de eficiencia y cumplimiento, para reforzar transparencia y previsibilidad.
- Capacitación conjunta (Aduanas–empresas–operadores logísticos) enfocada en cumplimiento, clasificación, valoración y documentación: menos errores, menos fricción, más velocidad.
Conclusión: la visita como señal —y como obligación
La supervisión en la Zona Franca de Puerto Plata envía una señal potente: el Estado está mirando donde se produce, donde se exporta y donde se generan divisas. Pero esa señal viene acompañada de una obligación: transformar la presencia en resultados. En un país donde las zonas francas sostienen un volumen extraordinario de exportaciones y empleo, cada mejora aduanera se convierte en competitividad nacional. Y cada debilidad, en un costo invisible que paga el productor, el exportador y, finalmente, el ciudadano.
Si la visita de Nelson Arroyo se convierte en una práctica institucional —escuchar, medir, corregir, transparentar— la Aduana puede consolidarse como el socio estratégico que el sector productivo necesita: una Aduana de precisión, capaz de acelerar la economía mientras blinda la frontera contra el ilícito.
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Director General de Aduanas realiza recorrido de supervisión por administraciones de Santiago y Puerto Plata
Santo Domingo / Santiago / Puerto Plata. – Febrero 2026.
El director general de Aduanas, Nelson Arroyo, realizó un recorrido de supervisión por las administraciones aduaneras de Santiago y Puerto Plata, como parte de una agenda institucional orientada al fortalecimiento operativo, la transparencia, la mejora continua y la lucha contra los ilícitos aduaneros.
Durante la jornada, Arroyo sostuvo encuentros directos con colaboradores y equipos técnicos de la Dirección General de Aduanas (DGA) en la región norte, con el objetivo de compartir la visión de la actual gestión, conocer de primera mano las dinámicas de trabajo y reforzar una cultura institucional basada en la eficiencia, la integridad y el trabajo en equipo.
“El acercamiento con nuestro personal es fundamental. La Aduana no se gestiona únicamente desde los escritorios; se construye en el terreno, escuchando, supervisando y alineando criterios para ofrecer mejores resultados al país”, expresó el titular de Aduanas durante uno de los encuentros.
Supervisión de áreas operativas clave
El recorrido incluyó la visita a áreas operativas estratégicas, donde se observaron procesos, flujos de trabajo, equipos tecnológicos y mecanismos de control, reafirmando el compromiso institucional con la modernización de los servicios, la reducción de la discrecionalidad, la trazabilidad de las operaciones y el fortalecimiento de la seguridad fronteriza.
Estas acciones forman parte de los lineamientos de la actual gestión, que prioriza una Aduana más ágil para el comercio lícito, pero más firme y efectiva frente a prácticas ilícitas, en coherencia con su rol como autoridad nacional de frontera.
Visita a la Zona Franca Industrial de Puerto Plata
Como parte del recorrido, el director general de Aduanas visitó la Corporación Zona Franca Industrial de Puerto Plata, donde pudo constatar el dinamismo productivo del parque industrial, su impacto en la generación de empleos y su aporte estratégico al fortalecimiento de las exportaciones y a la captación sostenible de divisas para el país.
Durante la visita, Arroyo destacó la importancia de robustecer la seguridad operativa en las zonas francas, al tiempo que respaldó la labor de los cientos de trabajadores que impulsan la producción nacional destinada a los mercados internacionales.
“Las zonas francas son pilares estratégicos del desarrollo nacional. Desde Aduanas seguimos trabajando para garantizar seguridad, eficiencia y previsibilidad en las operaciones, de manera que el país continúe consolidándose como un destino confiable para la inversión y el comercio exterior”, afirmó.
Gestión enfocada en eficiencia y continuidad institucional
El recorrido por Santiago y Puerto Plata se enmarca en una agenda más amplia de supervisión nacional, orientada a fortalecer la eficiencia operativa, la recaudación, la facilitación del comercio exterior y la cohesión interna de la institución, pilares fundamentales de la gestión encabezada por Nelson Arroyo.
La Dirección General de Aduanas reiteró que continuará desarrollando este tipo de jornadas de trabajo en todo el país, como parte de su compromiso con una Aduana moderna, transparente y cercana, alineada con los objetivos de desarrollo económico y competitividad de la República Dominicana.