SERVICIO DE NOTICIAS en favor de la democracia participativa, el desarrollo humano, la paz, el medio ambiente y la cultura.- Santo Domingo, República Dominicana / Luis ORLANDO DIAZ Vólquez - OPINIÓN, NOTICIAS Y COMENTARIOS. Haciendo de la lucha contra la pobreza un apostolado templario./ email: guasabara.editor@gmail.com - http://www.facebook.com/GuasabaraLUISorlandoDIAZ - @GUASABARAeditor
jueves, 14 de mayo de 2026
Presidente Luis Abinader regresa al país y se reintegra de inmediato a sus labores en el Palacio Nacional
Promipyme entrega RD$202 millones en créditos e inaugura nueva sucursal en Sosúa, Puerto Plata
Crédito territorial y diplomacia del desarrollo: Puerto Plata como frontera económica del Caribe
La entrega de RD$202.3 millones en financiamientos a 509 prestatarios y la apertura de una nueva sucursal de Promipyme en Sosúa no solo responden a una emergencia climática: consolidan una estrategia de competitividad, resiliencia y proyección económica con implicaciones directas para el comercio exterior dominicano.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
En la geopolítica contemporánea, la seguridad de un país ya no se mide únicamente por sus capacidades militares o su estabilidad política, sino por su resiliencia económica: la habilidad de sostener el empleo, preservar la producción y mantener operativas sus cadenas de suministro ante choques externos. Y pocos choques son hoy tan recurrentes y disruptivos como los eventos climáticos extremos. En ese contexto, la decisión de Promipyme de colocar RD$202.3 millones en créditos en Puerto Plata —en respuesta a comunidades afectadas por lluvias e inundaciones— debe leerse como una política de “seguridad económica territorial”: proteger la base productiva local para evitar que un desastre natural se convierta en una crisis social prolongada y, por extensión, en un deterioro de la competitividad regional.
El detalle importa. Se trata de recursos que, según la propia institución, beneficiarán a 509 prestatarios de distintos municipios de la provincia, canalizados en un acto en el Ayuntamiento de Villa Montellano. En términos de diplomacia del desarrollo, esto equivale a una intervención de “recuperación rápida” (early recovery): capital de trabajo para que microempresas y emprendimientos retomen operaciones, paguen suplidores, reparen inventarios y sostengan empleos. En la práctica, estas microdecisiones financieras evitan una ruptura en el tejido productivo que luego es más costosa de recomponer con subsidios o transferencias.
Pero hay un componente adicional que revela visión estratégica: la inauguración de una nueva sucursal de Promipyme en Sosúa, previa a la entrega de los créditos. La presencia territorial —en especial en zonas de intensa actividad turística y comercial— reduce costos de transacción, acorta distancias burocráticas y aumenta la bancarización real, no la declarativa. En geoeconomía, acercar el crédito “a donde vive la gente” no es una frase; es una forma concreta de elevar productividad, formalidad y capacidad de respuesta ante crisis.
Puerto Plata, además, no es cualquier plaza. Es una bisagra del Caribe dominicano: turismo, comercio, servicios, transporte, construcción, gastronomía, emprendimientos vinculados al visitante y una red de suplidores que conecta a productores y comerciantes con hoteles, restaurantes y operadores. Cuando un territorio así se frena por un shock climático, el efecto se filtra por múltiples canales: caída en ingresos, pérdida de empleos, reducción del consumo y debilitamiento de la oferta local que nutre al sector turístico. Un programa crediticio focalizado, por tanto, no solo reconstruye negocios; protege reputación destino, continuidad de servicios y estabilidad de la economía provincial. Esa es diplomacia económica interna con consecuencias externas: la capacidad del país de sostener su “marca” y su desempeño exportador de servicios (turismo) frente a la incertidumbre.
El discurso del director general de Promipyme, Fabricio Gómez Mazara, enfatiza un elemento central en toda estrategia de desarrollo: tasas fijas más bajas que las del mercado tradicional para ampliar acceso al crédito, especialmente para pequeños emprendedores y comerciantes. Esta decisión tiene lectura de política pública, pero también de inserción internacional: en economías abiertas, la competitividad depende —entre otras variables— del costo del financiamiento para capital de trabajo. Si el crédito es prohibitivamente caro, el microempresario opera con inventarios mínimos, no innova y termina atrapado en ciclos de informalidad. En cambio, crédito asequible empuja mejoras: cumplimiento, calidad, tecnología y capacidad de integrarse como suplidor en cadenas más exigentes.
La dimensión de género refuerza esa visión. Promipyme reporta que el 58 % de los préstamos entregados en esta jornada se destinó a mujeres, en línea con la política de inclusión financiera y fortalecimiento del emprendimiento femenino. Esto no es solo equidad: es gestión de riesgo y política productiva inteligente. De hecho, en análisis previos sobre la cartera de Promipyme se destaca que las mujeres constituyen una proporción mayoritaria de clientes y presentan menor morosidad en ciertos tramos de crédito, lo que fortalece la sostenibilidad del financiamiento inclusivo. En un país donde la microempresa sostiene buena parte del empleo, potenciar el emprendimiento femenino equivale a blindar ingresos familiares y fortalecer comunidades frente a la volatilidad.
Un dato adicional completa la fotografía: desde la llegada de la actual gestión, Promipyme indica haber desembolsado RD$18,425 millones a nivel nacional, con más de la mitad dirigida a mujeres emprendedoras. En términos diplomáticos, esa cifra comunica “capacidad estatal de ejecución”: volumen, continuidad y foco. Y en términos de comercio exterior, sugiere un proceso gradual de ampliación del universo de negocios que pueden formalizarse, bancarizarse y eventualmente escalar hacia mercados más amplios, incluyendo la provisión a empresas exportadoras, zonas turísticas y cadenas de valor que demandan trazabilidad, facturación y estabilidad financiera.
La pregunta estratégica, entonces, no es si estos créditos son positivos —lo son—, sino cómo convertirlos en una plataforma de competitividad. Para que el impacto sea durable, el crédito debe venir acompañado de tres capas de política pública. Primero, asistencia técnica orientada a productividad: contabilidad, gestión de inventarios, digitalización y buenas prácticas, especialmente en sectores vinculados a turismo y comercio. Segundo, una arquitectura de gestión de riesgos: educación financiera, cultura de seguros (cuando aplique) y mecanismos de reestructuración temprana para evitar que un shock climático vuelva incobrable una cartera que nació como salvavidas. Tercero, una ruta de formalización y acceso a mercados: conectar a las mipymes financiadas con compras públicas, cadenas hoteleras, suplidores logísticos y programas de calidad que les permitan vender más y mejor.
Aquí entra la lectura geopolítica mayor: la competencia entre países —y entre territorios dentro de un país— se está decidiendo por su capacidad de atraer inversión, sostener servicios, garantizar estabilidad social y ofrecer entornos propicios para hacer negocios. En esa disputa, las mipymes son la infantería económica: las que sostienen la vida cotidiana, el empleo y la cohesión. Un instrumento como Promipyme, cuando opera con foco territorial y rapidez poscrisis, se convierte en una palanca de gobernanza económica: reduce tensiones sociales, acelera la recuperación y, al mismo tiempo, protege sectores que inciden en la imagen internacional del país.
La nueva sucursal en Sosúa puede leerse, por tanto, como infraestructura institucional para el desarrollo: un “puesto avanzado” de inclusión financiera en una zona donde el turismo y el comercio requieren continuidad, calidad y respuesta inmediata. Si la política pública logra que esos créditos se traduzcan en negocios más formales, más productivos y mejor conectados a mercados, el país no solo habrá respondido a unas inundaciones: habrá reforzado su posición competitiva en el Caribe.
En conclusión, lo ocurrido en Puerto Plata es más que un desembolso; es una señal de enfoque. En un entorno internacional marcado por incertidumbre, shocks climáticos y presiones sobre el costo de la vida, la diplomacia económica empieza en casa: en la capacidad del Estado de sostener su base productiva y convertirla en ventaja. Promipyme, al colocar RD$202.3 millones, beneficiar a 509 prestatarios, priorizar a mujeres y expandir presencia en Sosúa, traza una ruta que combina recuperación, inclusión y competitividad. La tarea siguiente es profundizar: que cada préstamo sea también un puente hacia productividad, formalidad y acceso a mercados. Ahí es donde el crédito se vuelve geopolítica: porque fortalece la resiliencia nacional y la proyección económica del país.
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Palabras clave: Promipyme; Puerto Plata; créditos; inclusión financiera; mujeres; resiliencia; Sosúa.
República Dominicana y Guyana firman contrato para exploración de bloque petrolero en Guyana
Berbice y la diplomacia energética: cuando el Caribe convierte la vulnerabilidad en estrategia
El contrato entre República Dominicana y Guyana para explorar el bloque on-shore Berbice —con 10% de participación sin inversión directa— redefine el concepto de seguridad energética: ya no es solo comprar combustibles, sino asegurar opciones, influencia y cadenas de valor en un entorno geopolítico volátil.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
En un mundo donde la energía volvió a ser sinónimo de poder —y donde la volatilidad del precio del petróleo puede alterar en semanas la inflación, el tipo de cambio y la competitividad— los acuerdos energéticos dejaron de ser operaciones técnicas para convertirse en decisiones de Estado. En esa lógica se inscribe la firma del contrato entre República Dominicana y Guyana para la exploración, desarrollo y eventual producción de petróleo o gas natural en el bloque terrestre (on-shore) Berbice, con la participación de Refidomsa como representante del Estado dominicano. Lo notable no es únicamente el hecho de “entrar” a un proyecto upstream, sino el modelo: una participación accionaria del 10% sin inversión de capital, que, de confirmarse hallazgos comerciales, habilitaría acceso a crudo o gas en condiciones preferenciales. Eso es, en términos geopolíticos, adquirir una opción estratégica en un mercado incierto, sin comprometer recursos fiscales por adelantado.
La arquitectura del acuerdo —impulsada por las gestiones bilaterales de los presidentes Luis Abinader y Mohamed Irfaan Ali— refleja una diplomacia económica pragmática: maximizar valor con riesgo controlado, y convertir la relación bilateral en un instrumento de resiliencia nacional. En el Caribe, donde buena parte de las economías dependen de importaciones energéticas, la seguridad no se reduce a disponibilidad: también implica previsibilidad y capacidad de negociación. Por eso, la cláusula de acceso preferencial (condicionada al éxito de la exploración) tiene un peso estratégico: introduce un posible “ancla” de suministro que puede amortiguar choques externos y fortalecer la posición dominicana en la conversación energética regional, particularmente dentro del marco caribeño de cooperación y comercio.
Este contrato, además, no nace en el vacío: es el resultado de una hoja de ruta que inició con el Memorando de Entendimiento del 8 de agosto de 2023, cuando ambos gobiernos anunciaron una agenda amplia que incluía refinería, petroquímica y cooperación productiva, junto con la posibilidad de participación dominicana en la exploración de un bloque petrolero guyanés. Es decir, Berbice es una pieza —importante— dentro de un tablero mayor: la construcción de una relación estratégica que abarca energía, inversiones y comercio. La continuidad institucional es clave: pasar del memorando a un contrato concreto sugiere capacidad de ejecución y, sobre todo, señaliza a actores privados y socios internacionales que el Estado dominicano está dispuesto a estructurar proyectos complejos con visión de largo plazo.
En el plano estrictamente energético, hay otro ángulo que conviene observar: Guyana se ha consolidado como un actor emergente de hidrocarburos en el hemisferio y, al mismo tiempo, como un mercado en transición institucional que desarrolla marcos de gestión y transparencia para su industria petrolera. Para República Dominicana, participar en Berbice implica también insertarse —aunque sea minoritariamente— en un ecosistema regulatorio y técnico que exige aprendizaje acelerado: desde gobernanza contractual y verificación de costos hasta estándares ambientales, relacionamiento comunitario y reglas de contenido local. Incluso la propia caracterización del bloque Berbice como concesión onshore con superficies y fases contractuales registradas en el programa de gestión petrolera de Guyana subraya que hablamos de un proyecto con trazabilidad técnica, donde los datos de concesión y evolución del área forman parte del expediente público sectorial.
Pero el verdadero impacto potencial se juega en la economía política del comercio exterior. Para un país importador neto de combustibles, la factura energética condiciona el balance de pagos y, por extensión, el espacio de maniobra macroeconómico. Tener una opción de acceso preferencial —si el proyecto prospera— no garantiza automáticamente combustibles baratos, pero sí puede ampliar el menú de negociación del Estado: diversificar proveedores, mejorar condiciones comerciales, y fortalecer la capacidad de gestionar inventarios y mezclas en función de las necesidades locales. Además, la participación de Refidomsa puede convertirse en un puente entre upstream y downstream: explorar no solo para extraer, sino para planificar una estrategia de abastecimiento y refinación coherente con la demanda nacional, la logística portuaria y la competitividad de la industria. Esa es diplomacia comercial aplicada: asegurar insumos críticos para la producción y para la estabilidad de precios internos.
Ahora bien, toda ganancia estratégica debe venir acompañada de un diseño fino de gobernanza. Un acuerdo “sin inversión directa” no elimina los riesgos: los transforma. Persisten riesgos reputacionales (por impactos ambientales o conflictos sociales), riesgos de ejecución (por cronogramas, socios técnicos y decisiones de inversión futura) y riesgos de expectativa pública (cuando se confunde participación con certeza de producción). Por ello, la madurez institucional se medirá por la transparencia del proceso, la claridad del rol de Refidomsa, la calidad de la supervisión técnica y la publicación de criterios de decisión. El hecho de que la documentación técnica fuera formalmente depositada ante el Ministerio de Recursos Naturales de Guyana y que el contrato se derive de un grupo de trabajo binacional sugiere un itinerario de revisión y negociación que debe mantenerse bajo estándares de rendición de cuentas: el objetivo es que la política energética fortalezca la confianza, no que la erosione.
Desde la óptica geopolítica regional, Berbice también envía un mensaje: el Caribe puede pasar de consumidor pasivo a arquitecto de su propia seguridad energética. La cooperación con Guyana —en energía y en posibles proyectos de mayor alcance como refinería y petroquímica— apunta a una integración productiva que, bien gestionada, podría generar derrames en logística, servicios especializados, formación técnica y encadenamientos industriales. No se trata de abandonar la transición energética; se trata de administrar el presente con realismo mientras se construye futuro. En un entorno global donde la energía se usa como instrumento de presión y donde los shocks pueden ser exógenos (conflictos, disrupciones marítimas, decisiones de cartel o sanciones), tener alianzas operativas y opciones contractuales es una forma de soberanía práctica.
En síntesis, la firma del contrato para explorar el bloque Berbice es un hito por lo que representa: una diplomacia energética que cruza fronteras, un instrumento de comercio exterior que busca reducir vulnerabilidades, y un paso hacia una relación bilateral con ambición estratégica. El éxito, sin embargo, dependerá menos del titular y más del método: continuidad técnica, prudencia comunicacional, transparencia, y capacidad para traducir una participación accionaria en ventajas reales para la economía dominicana. Si esa ecuación se cumple, República Dominicana no solo habrá comprado una opción sobre hidrocarburos; habrá invertido —sin “inversión directa”— en influencia, resiliencia y futuro.
Editorial #GuasábaraEditor
Con datos de presidencia.gob.do
El Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes y DP World anuncian inversión adicional de USD$100 millones para 2026
El Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes y DP World anuncian inversión adicional de USD$100 millones para 2026
La expansión del ecosistema de zonas económicas, coordinada por el MICM, fortalecerá el encadenamiento productivo y la competitividad del país ante los mercados globales.
CIUDAD DE PANAMÁ, R.D., 14 de mayo de 2026. – En el marco del Congreso Mundial de Zonas Francas, el Gobierno de la República Dominicana, bajo la visión macroeconómica del presidente Luis Abinader, y la multinacional logística DP World oficializaron una inversión adicional de USD$100 millones proyectada para el año 2026. Esta inyección de capital, coordinada a través del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes bajo el liderazgo del ministro Yayo Sanz Lovatón, está diseñada para expandir y modernizar el ecosistema de zonas económicas y la infraestructura logística del país.
Este movimiento estratégico capitaliza la ventaja competitiva de la República Dominicana en la región del Caribe y las Américas. El Estado dominicano posiciona esta alianza como un hito en la atracción de Inversión Extranjera Directa (IED), evidenciando ante los mercados globales que la estabilidad jurídica y la seguridad operativa son los principales motores para liderar la relocalización de las cadenas de suministro.
Al respecto, el ministro Sanz Lovatón resaltó que este marco de colaboración garantiza que la expansión de la infraestructura portuaria y de almacenamiento trascienda la logística convencional. El objetivo central es integrar de manera directa a las micro, pequeñas y medianas empresas en el comercio internacional, fomentando un encadenamiento productivo que genere valor agregado nacional.
El anuncio contó con la participación de Manuel Martínez, CEO de DP World en la República Dominicana, quien lidera la transformación operativa para convertir al país en el nodo logístico más avanzado y resiliente del hemisferio. Este esfuerzo público-privado es apoyado por actores clave como Angie Berges, Vicepresidenta de Relaciones Institucionales de INICIA, evidenciando un modelo de colaboración que asegura transferencia tecnológica y empleos de alto valor, Simon Sonoo, Vicepresidente de Desarrollo de Zonas Económicas del Grupo DP World; Jorge Díaz, Vicepresidente de Zonas Económicas para la República Dominicana; y Leila Alagroobi, Gerente Senior de Relaciones Gubernamentales del Grupo DP World.
Con esta inversión, la República Dominicana reafirma su posición como el destino más competitivo de la región para la manufactura y la distribución global, consolidando un modelo de gobernanza que alinea el crecimiento corporativo con el desarrollo económico sostenible del país.
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💼🇩🇴 República Dominicana sigue avanzando en su liderazgo logístico global
— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) May 14, 2026
El MICM y DP World anuncian una inversión adicional de USD$100 millones para 2026, consolidando la expansión del ecosistema de zonas económicas del país. 📈🌎 https://t.co/kk9zKsJl9w
Este impulso… pic.twitter.com/OsVU1qILCj
EDITORIALComparto parte de mi participación en la Mesa Ministerial del Caribe, celebrada en el marco del Congreso Mundial de Zonas Francas (WFZ) en Panamá 🇵🇦, un espacio de diálogo e intercambio sobre los desafíos, oportunidades y el futuro de las zonas francas en nuestra región.… pic.twitter.com/sw0N5cKpxM
— Yayo (@SanzLovaton) May 12, 2026
Inversión estratégica y soberanía logística: la apuesta dominicana hacia 2026
La inversión adicional de USD$100 millones anunciada por DP World, en coordinación con el MICM, consolida a la República Dominicana como nodo logístico clave del hemisferio y profundiza un modelo de desarrollo basado en encadenamiento productivo, nearshoring y competitividad global.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
La reciente oficialización de una inversión adicional de USD$100 millones por parte de DP World, en coordinación con el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), no constituye un anuncio aislado dentro del ecosistema económico dominicano, sino una señal estructural del posicionamiento estratégico que la República Dominicana ha venido consolidando como plataforma logística, industrial y comercial en el hemisferio. Este movimiento, presentado en el marco del Congreso Mundial de Zonas Francas, proyecta hacia 2026 una visión de país anclada en la competitividad global, la atracción sostenida de inversión extranjera directa y la integración productiva nacional.
En un contexto internacional caracterizado por la fragmentación de las cadenas de suministro, tensiones geopolíticas persistentes y una creciente tendencia al nearshoring, la República Dominicana ha sabido capitalizar su estabilidad macroeconómica, su ubicación geográfica privilegiada y, sobre todo, la consistencia de sus políticas públicas. La inversión anunciada confirma que el país no solo es un receptor confiable de capital, sino también un socio estratégico dentro de las nuevas configuraciones del comercio global.
La articulación de esta iniciativa a través del MICM, bajo el liderazgo del ministro Yayo Sanz Lovatón, refleja una comprensión clara de los desafíos de la nueva economía internacional. No se trata únicamente de ampliar infraestructura portuaria o fortalecer la capacidad logística, sino de redefinir el concepto mismo de zonas económicas como verdaderos ecosistemas de valor, donde convergen la manufactura avanzada, la innovación tecnológica y la integración empresarial. En este sentido, la expansión de las zonas económicas se convierte en una plataforma para escalar hacia un modelo de desarrollo más sofisticado y resiliente.
Particular relevancia adquiere el énfasis en el encadenamiento productivo. La inclusión de las micro, pequeñas y medianas empresas dentro de esta arquitectura logística representa un cambio cualitativo en la política industrial dominicana. Durante décadas, el desafío ha sido cómo lograr que la inversión extranjera genere efectos multiplicadores reales en la economía local. Esta apuesta, respaldada por alianzas público-privadas de alto nivel, apunta precisamente a cerrar esa brecha, integrando a las mipymes en las cadenas globales de valor y promoviendo una mayor generación de contenido nacional.
La participación de DP World, uno de los actores logísticos más influyentes a nivel global, aporta no solo capital, sino también conocimiento, tecnología y estándares operativos de clase mundial. La presencia de su liderazgo regional en el anuncio, junto con el acompañamiento de actores estratégicos como INICIA, evidencia que este proyecto trasciende la dimensión financiera y se inscribe en una lógica de transformación sistémica. La transferencia tecnológica y la creación de empleos de alto valor agregado son elementos clave para garantizar que esta inversión tenga impactos sostenibles en el tiempo.
En este punto, resulta fundamental comprender el alcance geopolítico de esta decisión. En un momento en que las grandes economías buscan diversificar sus fuentes de producción y reducir riesgos logísticos, la República Dominicana se posiciona como un nodo articulador en el Caribe y las Américas. La consolidación de un hub logístico avanzado no solo responde a intereses económicos, sino también a consideraciones estratégicas de seguridad, resiliencia y conectividad regional. En otras palabras, el país está transitando hacia una forma de soberanía logística, donde su capacidad de conectarse eficientemente con los mercados internacionales se convierte en un activo de poder.
Asimismo, la coherencia entre esta inversión y la visión macroeconómica impulsada por el presidente Luis Abinader refuerza la credibilidad del país ante los inversionistas globales. La estabilidad jurídica, la seguridad operativa y la transparencia institucional han pasado de ser declaraciones aspiracionales a convertirse en ventajas competitivas concretas. En un entorno global donde la incertidumbre es la norma, estos factores adquieren un valor determinante en la toma de decisiones de inversión.
No se puede obviar, además, que esta expansión del ecosistema de zonas económicas se produce en un momento en que la economía dominicana demuestra una notable capacidad de adaptación frente a choques externos. Mientras otras economías de la región enfrentan desaceleraciones significativas, la República Dominicana ha mantenido ritmos de crecimiento positivos, fortaleciendo su balanza comercial y diversificando sus fuentes de ingreso. Este desempeño no es casual, sino resultado de políticas coherentes orientadas a la apertura, la innovación y la competitividad.
Sin embargo, los retos no desaparecen. El éxito de esta estrategia dependerá en gran medida de la capacidad del Estado y del sector privado para garantizar que los beneficios de esta inversión se distribuyan de manera equitativa y sostenible. La formación de capital humano, la mejora continua de la infraestructura, la simplificación de procesos y el fortalecimiento institucional serán variables determinantes en este proceso. Asimismo, será clave mantener una visión de largo plazo que evite caer en esquemas de dependencia o concentración excesiva.
En definitiva, la inversión adicional anunciada por DP World, en coordinación con el MICM, representa mucho más que un incremento de capital. Es la manifestación de un modelo de desarrollo que busca alinear la inserción internacional del país con el fortalecimiento de sus capacidades internas. Es, también, una apuesta por un crecimiento que combine eficiencia económica con inclusión productiva, y que coloque a la República Dominicana en una posición de liderazgo dentro de la nueva geografía del comercio global.
La oportunidad está sobre la mesa. Convertir esta visión en una realidad tangible dependerá de la continuidad de las políticas públicas, la madurez del tejido empresarial y la capacidad de adaptación ante un entorno internacional cada vez más complejo. Pero si algo deja claro este anuncio es que la República Dominicana no está reaccionando a los cambios del mundo, sino participando activamente en su redefinición.
#GuasábaraEditor
Luis Orlando Díaz Vólquez
República Dominicana: la inversión que se convierte en alianza | Presidente Abinader presenta a República Dominicana como una de las mejores decisiones de inversión del hemisferio en Congreso Mundial de Zonas Francas
En el Congreso Mundial de Zonas Francas en Panamá, el
presidente Luis Abinader presentó al país como una de las mejores decisiones de
inversión del hemisferio, apoyado en cifras récord de IED, una plataforma
exportadora liderada por las zonas francas y una estrategia de nearshoring que apuesta por
innovación, seguridad jurídica y competitividad logística.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
La competencia global por el capital productivo ha dejado de
parecerse a un mercado de oportunidades dispersas y se asemeja cada vez más a
una carrera por la confiabilidad. En tiempos de cadenas de suministro
fragmentadas, shocks geopolíticos y presión sobre los costos logísticos,
los inversionistas han afinado una pregunta esencial: ¿dónde puedo producir con
estabilidad, escalar con rapidez y dormir con previsibilidad normativa? En ese
tablero, el mensaje del presidente Luis Abinader desde Panamá fue
deliberadamente directo: “La República Dominicana es hoy una de las mejores
decisiones de inversión en el hemisferio”, dijo al encabezar el 12.º Congreso
Mundial de Zonas Francas, presentando el modelo dominicano no como un conjunto
de incentivos, sino como una propuesta país.
El contexto importa. Panamá acogió un congreso que reúne a
líderes gubernamentales y empresariales del sector y que, según reportes
internacionales, se celebra bajo el lema “Zonas francas en el nuevo modelo
operativo global: desafíos y oportunidades”, con una agenda enfocada en
innovación, transformación digital, sostenibilidad y nuevas arquitecturas del
comercio. En ese escenario, Abinader pronunció el discurso central “Zonas
Francas de la República Dominicana: motor de transformación productiva y competitividad
global”, y colocó la tesis de fondo: el país no solo “resiste” en la
reconfiguración del capital, sino que “se destaca” porque ha logrado convertir
parques industriales en ecosistemas de inversión —manufactura avanzada,
servicios globales y economía digital— con una narrativa que combina
pragmatismo y ambición.
La fortaleza de esa tesis se apoya en datos que, por sí
solos, explican por qué las zonas francas ya no son un apéndice económico, sino
una columna vertebral. El presidente recordó que el régimen genera más de 200
mil empleos y aporta más del 60 % de las exportaciones nacionales, con más de
850 empresas instaladas en una red de parques distribuidos en todo el
territorio. Esa fotografía coincide con los datos oficiales sectoriales que
muestran para 2025 más de 200,231 empleos, exportaciones por alrededor de US$8,604.6
millones y 858 empresas operando, lo que retrata un engranaje productivo
robusto que no solo emplea: exporta, encadena, entrena y multiplica.
En un hemisferio donde muchos países siguen atrapados entre
volatilidad y estancamiento, la República Dominicana está jugando una carta
estratégica: convertir la “estabilidad” en ventaja competitiva. La inversión
extranjera directa es el termómetro más visible de esa confianza. El Gobierno
sostiene que en 2025 se registró un récord histórico de IED de US$5,032.3
millones, apoyado en estadísticas del Banco Central, consolidando una tendencia
de máximos consecutivos; y esa cifra no se queda en el titular, porque expresa
continuidad en un ambiente internacional desafiante. Abinader añadió otra señal
de escala: más de US$35,000 millones acumulados de IED en la última década, una
acumulación que, leída con cuidado, indica que el país ya no compite únicamente
por proyectos puntuales, sino por portafolios de largo plazo.
Sin embargo, el punto más relevante de su presentación no fue
la cantidad, sino el énfasis en la “calidad” de la inversión: capital orientado
a sectores estratégicos, industrias de valor y proyectos conectados con el
futuro productivo. En esa línea, mencionó la atención de grandes compañías
tecnológicas —como Google y NVIDIA— y proyectos no convencionales como un
puerto espacial en Pedernales, elementos que buscan transmitir que el país
piensa más allá de la maquila tradicional y se proyecta hacia la economía del
conocimiento. Aun si algunos anuncios se consolidan por etapas, el gesto
político-económico es claro: la marca país aspira a ubicarse donde se diseñan y
se protegen capacidades, no solo donde se ensamblan productos.
La palabra “nearshoring” ya no funciona como moda: es una
realineación de riesgos. Abinader insistió en que esta relocalización
productiva “ya no es una tendencia, sino una realidad”, y colocó a la República
Dominicana en una posición privilegiada dentro del nuevo mapa comercial. Para
sostener esa idea, destacó el acceso ampliado a mercados —más de 1,200 millones
de consumidores a través de acuerdos— y la posibilidad de producir “con acceso,
con eficiencia y con escala global”. Más allá de la cifra exacta, el concepto
estratégico es correcto: quien gane el nearshoring no será solo el país
“cerca” de Estados Unidos, sino el país que combine conectividad, tiempos
aduaneros competitivos, energía confiable, talento y un Estado capaz de
sostener reglas claras.
Y aquí aparece el corazón institucional de la propuesta: la
seguridad jurídica como infraestructura invisible. Abinader subrayó que la
confianza se construye con instituciones, normas claras y Estado de derecho,
apoyándose en el marco legal del régimen de zonas francas —la Ley 8-90— y en
reformas orientadas a consolidar estabilidad y previsibilidad. La Ley 8-90, en
su esencia, define la zona franca como un área sujeta a controles aduaneros y
fiscales especiales para promover inversión y exportación, y establece el rol
del control aduanero en entradas y salidas de cargas, lo que recuerda una
verdad técnica: competitividad también es gobernanza, trazabilidad y
cumplimiento. Cuando un inversionista percibe que las reglas no cambian por
capricho y que el Estado coordina —sin capturar— al mercado, el riesgo baja y
el retorno esperado sube.
Pero una opinión honesta debe mirar, además, el reto que se
esconde detrás del aplauso. Si la República Dominicana aspira a pasar de
competir en costos a competir en capacidades —como planteó el presidente al
hablar de manufactura avanzada, inteligencia artificial, semiconductores e
industria 4.0— entonces el país necesita acelerar una agenda de productividad
nacional: formación técnica y bilingüe a escala, certificaciones, más I+D
aplicada, energía más barata y limpia, logística interna más rápida y un
sistema regulatorio que reduzca fricción sin debilitar controles. Porque el
“ecosistema completo” no se sostiene solo en parques y exenciones; se sostiene
en talento, infraestructura, integridad y una cultura de mejora continua. Y en
el mundo actual, donde la reputación país puede depender de la trazabilidad de
una exportación o de la consistencia de un proceso, la eficiencia institucional
es tan valiosa como una autopista o un muelle.
El discurso en Panamá también deja una lectura política de
mayor alcance: la República Dominicana está intentando convertirse en “socio”,
no solo en “destino”. Esa frase —“quien invierte encuentra un socio, no solo un
destino”— es una definición de diplomacia económica moderna: un Estado que
acompaña, facilita, articula y, sobre todo, cumple. La invitación final del
mandatario a “venir a invertir” y “venir a descubrir” busca justamente eso:
convertir la atracción de capital en una relación de largo plazo, donde el
inversionista encuentre un país que no improvisa, sino que planifica y ejecuta.
En suma, la intervención del presidente Abinader en el
Congreso Mundial de Zonas Francas no fue únicamente una presentación de
ventajas comparativas; fue una apuesta por ventajas competitivas sostenibles.
En un entorno global que premia la confiabilidad, la República Dominicana tiene
activos reales —exportación, empleo, parques, logística, récord de IED— y, al
mismo tiempo, una obligación estratégica: convertir el buen momento en una
política de Estado que eleve la productividad, fortalezca la institucionalidad
y escale la sofisticación del aparato productivo. Si el país logra sostener ese
rumbo, la frase “una de las mejores decisiones de inversión del hemisferio”
dejará de ser consigna para convertirse en reputación: una reputación que se
gana no por lo que se promete en un podio, sino por lo que se cumple cada día
en las fábricas, los puertos, las aulas y las instituciones.
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_El mandatario expuso ante líderes globales las ventajas competitivas del país para atraer capital extranjero, expandir zonas francas y fortalecer el nearshoring_
Miércoles, 13 de mayo de 2026
*Panamá.–* El presidente Luis Abinader presentó este miércoles a República Dominicana como una de las mejores decisiones de inversión del hemisferio, al exponer ante líderes empresariales, inversionistas y representantes del sector zonas francas las fortalezas que posicionan al país como un destino confiable, competitivo y estratégico para la inversión global.
🌎🇩🇴✨ El presidente @LuisAbinader presentó hoy en Panamá a la República Dominicana como una de las mejores decisiones de inversión del hemisferio, destacando las ventajas competitivas del país ante líderes globales en el 12.º Congreso Mundial de Zonas Francas.
— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) May 13, 2026
📊 Más de 200… pic.twitter.com/lLbxVX2fPA
Luis Abinader resalta potencial que ha logrado República Dominicana en inversión extranjera
— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) May 14, 2026
Aseguró en Panamá que el país es uno de los destinos más atractivos para los inversionistas. En Guyana. Firmará nuevo acuerdo con presidente Mohamed Irfaan Ali.
El presidente dominicano,…
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Presidente Abinader sostiene encuentro con líderes empresariales panameños para ampliar oportunidades de inversión
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Presidente Abinader se reúne con su homólogo panameño, José Raúl Mulino
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El encuentro busca afianzar la cooperación bilateral e impulsar comercio, turismo e inversiones

Panamá.– El presidente de la República, Luis Abinader, destacó la importancia de continuar fortaleciendo las relaciones bilaterales entre la República Dominicana y Panamá, con el propósito de seguir ampliando las inversiones empresariales y el intercambio económico entre ambas naciones.
El mandatario dominicano abordó estos temas durante una reunión bilateral con su homólogo panameño, José Raúl Mulino, en la que también participaron altos funcionarios del Gobierno de Panamá, entre ellos el canciller, el ministro de Comercio e Industrias y la ministra de Turismo, entre otros representantes.
El presidente Abinader estuvo acompañado por el ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón; la directora ejecutiva del Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana (ProDominicana), Biviana Riveiro, y el embajador de la República Dominicana en Panamá, Roberto Salcedo, entre otros funcionarios.
Durante el encuentro, ambos gobernantes acordaron actualizar una propuesta de acuerdo comercial entre la República Dominicana y Panamá, como mecanismo para fortalecer el intercambio de negocios y generar mayores oportunidades económicas en beneficio de sus respectivos países.
Asimismo, el presidente Mulino manifestó interés en intercambiar experiencias en el sector turismo, al considerar que la República Dominicana ha logrado un importante desarrollo de esta actividad productiva y se ha consolidado como un referente regional.
Ambos mandatarios también destacaron la significativa conectividad aérea entre la República Dominicana y Panamá, reflejada en la importante afluencia de vuelos entre ambos países, lo que contribuye al dinamismo del turismo y los negocios.

Se reúne con presidente de la Organización Mundial de Zonas Francas y ejecutivos de DP World
Como parte de su agenda de trabajo en Panamá, el mandatario sostuvo además encuentros por separado con el presidente de la Organización Mundial de Zonas Francas (World FZO), Mohammed Al Zarooni, y con ejecutivos de DP World, con el objetivo de continuar fortaleciendo la cooperación en materia de zonas francas y promover nuevas oportunidades de inversión en sectores importantes para la República Dominicana.
En estos encuentros, el presidente Abinader estuvo acompañado por el ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón; la directora ejecutiva de ProDominicana, Biviana Riveiro, y el embajador de la República Dominicana en Panamá, Roberto Salcedo, entre otros funcionarios.
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