Eduardo Sanz Lovatón no ha presentado todavía, al menos públicamente, un articulado detallado de reforma, pero sí ha definido los ejes políticos y técnicos de la revisión de la Ley 112-00 de Hidrocarburos. Su planteamiento central es modernizar una legislación con más de dos décadas de vigencia, adecuarla a los nuevos tiempos del mercado energético y reducir la dependencia dominicana de los combustibles fósiles, especialmente porque el país no produce petróleo y no tiene capacidad de incidir en los precios internacionales del crudo. [quepolitica.com], [proceso.com.do]
La reforma que propone apunta, en esencia, a tres objetivos: revisar el esquema mediante el cual el MICM ajusta semanalmente los precios de paridad de los combustibles, avanzar hacia una matriz energética con mayor peso de las renovables y construir mecanismos que reduzcan la vulnerabilidad del país ante choques externos del petróleo. Sanz Lovatón ha dicho claramente que “tenemos que revisar esa ley, tenemos que reformarla” y que República Dominicana debe trabajar para ser “lo menos dependiente posible” de un mercado de hidrocarburos sobre el cual no tiene control. [proceso.com.do], [diariodigitalrd.com]
En la entrevista con Diario Libre, el ministro también vinculó esta reforma con la experiencia reciente de subsidios a los combustibles. Sostuvo que el Gobierno ha destinado casi 25,000 millones de pesos para contener el impacto del precio de los derivados del crudo, cifra que calificó como un “esfuerzo descomunal” para proteger a la población. Esa presión fiscal evidencia que el modelo actual tiene límites: subsidia el golpe, pero no resuelve la dependencia estructural. [diariolibre.com]
En términos editoriales, la reforma debería ir más allá del precio semanal. Debe incluir una visión integral de seguridad energética, transparencia en la fórmula de precios, eficiencia tributaria, transición gradual hacia energías limpias, incentivos a combustibles alternativos, fortalecimiento del transporte colectivo y reglas más claras para evitar que la volatilidad internacional se transfiera de manera abrupta a hogares, industrias y mipymes. Esa sería la verdadera modernización: no solo reformar una ley vieja, sino rediseñar la política energética como instrumento de competitividad nacional.
República Dominicana puede aprovechar el nearshoring si convierte su ubicación geográfica en una estrategia nacional de producción, logística, talento e inversión. El país tiene ventajas evidentes: cercanía con Estados Unidos, estabilidad macroeconómica, régimen de zonas francas, infraestructura portuaria y aeroportuaria, experiencia exportadora y una relación comercial privilegiada bajo el DR-Cafta. Revista Mercado destaca que el país se posiciona como destino atractivo para empresas que buscan acercar sus operaciones a mercados importantes, especialmente Estados Unidos, apoyado en su ubicación estratégica y entorno favorable a la inversión. [revistamercado.do], [revistamercado.do]
Pero la oportunidad no se captura sola. Diario Libre reseñó que República Dominicana tiene ubicación para aprovechar el nearshoring, pero necesita mejorar indicadores clave, entre ellos desempeño logístico, desarrollo financiero, Estado de derecho, estabilidad política, derecho de propiedad, capital humano e infraestructura energética. Es decir, el nearshoring no es una bendición automática: es una competencia regional donde ganan los países que ofrecen rapidez, certeza, energía confiable, talento técnico y reglas previsibles. [diariolibre.com]
El país debe enfocarse en sectores donde ya tiene base exportadora y potencial de sofisticación: dispositivos médicos, farmacéutica, electrónica, agroindustria, servicios globales, manufactura ligera, logística de valor agregado y ensamblaje avanzado. Las zonas francas son el gran punto de apoyo. Según Diario Libre, la República Dominicana cuenta con más de 98 parques de zonas francas, genera más de 200,000 empleos directos en ese régimen y esas zonas representan más del 60 % de las exportaciones nacionales. [diariolibre.com]
Para aprovechar plenamente el nearshoring, RD debe hacer cinco movimientos estratégicos: formar capital humano técnico en STEM, robótica, manufactura avanzada e idiomas; reducir burocracia y agilizar permisos; garantizar energía competitiva y limpia; fortalecer la conectividad logística entre parques, puertos y aeropuertos; y promover una narrativa-país basada en confianza, cumplimiento y rapidez. El mensaje correcto para los inversionistas no debe ser solo “estamos cerca de Estados Unidos”, sino “somos el socio más confiable, ágil y seguro del Caribe para producir cerca de Estados Unidos”.
La Dirección General de Aduanas juega un papel decisivo porque esta coyuntura arancelaria no es solo comercial: es también aduanera, laboral, reputacional y geopolítica. El Decreto 502-26 faculta a la DGA a prohibir, mediante decisión administrativa motivada, la importación de mercancías producidas total o parcialmente mediante trabajo forzoso, además de aplicar medidas sobre bienes que ya hayan zarpado, estén en puertos o se encuentren bajo regímenes aduaneros previos a su entrada definitiva al país. [presidencia.gob.do], [diariolibre.com]
Esto convierte a la DGA en una institución de primera línea para demostrar ante Estados Unidos que República Dominicana posee controles reales contra mercancías vinculadas al trabajo forzoso. El decreto también permite a Aduanas ordenar reexportación, destrucción u otras medidas legales sobre mercancías restringidas, y le exige llevar un registro administrativo de productos cuya importación haya sido prohibida. [noticiassin.com], [presidencia.gob.do]
En esta coyuntura, la DGA no solo recauda ni despacha mercancías. La DGA certifica confianza. Su papel es garantizar trazabilidad, controlar riesgos, verificar cadenas de suministro, coordinar con el Ministerio de Trabajo, el Ministerio Público, el MICM y Cancillería, e intercambiar información con organismos y autoridades extranjeras. [presidencia.gob.do], [revistamercado.do]
Además, la modernización aduanera es clave para la competitividad y para el nearshoring. Revista Mercado recoge que Sanz Lovatón destacó el papel de las reformas en comercio y logística, así como la importancia de la modernización aduanera para agilizar procesos, fortalecer la transparencia y consolidar a República Dominicana como hub logístico regional. [revistamercado.do]
La DGA, por tanto, es el puente entre la política comercial y la credibilidad internacional. Si Aduanas actúa con rigor técnico, debido proceso, inteligencia de riesgo y coordinación interinstitucional, puede ayudar a reducir el impacto arancelario, proteger la reputación del país y fortalecer la posición dominicana en las negociaciones con Estados Unidos. Si falla, la competitividad quedaría expuesta no por falta de capacidad productiva, sino por debilidad institucional.
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Nearshoring, energía y aduanas: la nueva frontera de la competitividad dominicana
Bajada: La República Dominicana enfrenta una coyuntura decisiva: responder con inteligencia al nuevo escenario arancelario con Estados Unidos, reformar su matriz energética, profundizar su modernización logística y convertir el nearshoring en una política de Estado. La visión expuesta por Eduardo Sanz Lovatón plantea una ruta de sensatez, defensa productiva y confianza institucional para que el país no solo “termine bien”, sino que salga fortalecido como plataforma regional de comercio, inversión y manufactura avanzada.
Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
La afirmación de Eduardo Sanz Lovatón de que la República Dominicana “va a terminar muy bien, sin perder un ápice de competitividad” no debe interpretarse como una frase coyuntural para calmar titulares, sino como una síntesis política de una estrategia mayor: preservar la relación comercial con Estados Unidos, fortalecer los mecanismos internos de control, defender el aparato productivo nacional y posicionar al país en el nuevo mapa de las cadenas globales de suministro. La medida arancelaria de 12.5 % aplicada por Estados Unidos a República Dominicana se enmarca en una política más amplia vinculada a la prevención de mercancías producidas mediante trabajo forzoso, y Diario Libre reseñó que Sanz Lovatón mantiene confianza en que el país conseguirá el “arancel más bajo” dentro del proceso de diálogo bilateral. [quepolitica.com], [proceso.com.do]
Esa confianza tiene fundamento, pero no admite complacencia. La República Dominicana no puede mirar esta coyuntura como un episodio aislado, porque lo que está en juego no es únicamente una tasa arancelaria, sino la credibilidad del país frente a un nuevo orden comercial más exigente. En el comercio global contemporáneo, los mercados ya no preguntan solamente cuánto se produce, a qué precio se vende o cuán rápido se exporta; ahora preguntan cómo se produjo, bajo qué reglas laborales, con qué trazabilidad, con qué controles aduaneros, con qué seguridad jurídica y con qué capacidad institucional. Por eso, la respuesta dominicana debe ir más allá de la negociación diplomática: debe convertirse en una agenda integral de competitividad, energía, logística, cumplimiento normativo y sofisticación productiva.
La primera dimensión de esa agenda es energética. Sanz Lovatón ha planteado la necesidad de reformar la Ley de Hidrocarburos núm. 112-00, una legislación con más de dos décadas de vigencia que regula, entre otros aspectos, el mecanismo mediante el cual el MICM ajusta y publica semanalmente los precios de paridad de los combustibles. El ministro ha afirmado que “tenemos que revisar esa ley, tenemos que reformarla”, y ha vinculado esa revisión con la urgencia de reducir la dependencia del país respecto de un mercado petrolero internacional sobre el cual República Dominicana no tiene control. [elrespaldo.com], [diariodigitalrd.com]
Ese punto es medular. Una economía que aspira a ser hub logístico, destino de nearshoring y plataforma regional de manufactura no puede depender estructuralmente de una matriz energética cara, vulnerable y excesivamente expuesta a choques externos. El propio Sanz Lovatón ha recordado que el Gobierno ha destinado cerca de 25,000 millones de pesos en subsidios a los derivados del crudo para contener el impacto inflacionario de los combustibles, una cifra que evidencia tanto el esfuerzo social del Estado como la fragilidad de un modelo que amortigua crisis, pero no elimina sus causas. [quepolitica.com]
La reforma de hidrocarburos, por tanto, debe entenderse como una reforma de competitividad. No basta con revisar la fórmula de precios, transparentar componentes o ajustar márgenes. La tarea más profunda es rediseñar el vínculo entre energía, producción y desarrollo. La República Dominicana necesita una política energética que reduzca gradualmente la dependencia de los combustibles fósiles, acelere la incorporación de renovables, fortalezca redes de transmisión, incentive almacenamiento energético, promueva eficiencia industrial y garantice tarifas competitivas para zonas francas, parques logísticos, mipymes manufactureras y sectores exportadores. Sanz Lovatón ha dicho que el país debe avanzar hacia una matriz con mayor participación de energías renovables, justamente porque no es productor de petróleo y debe reducir su vulnerabilidad ante la volatilidad internacional. [diariodigitalrd.com], [eljaya.com]
La infraestructura energética dominicana debe mejorar en varios frentes simultáneos. El primero es generación diversificada, con más solar, eólica, gas natural de transición y soluciones híbridas que permitan estabilidad de suministro. El segundo es transmisión, porque no hay transición energética real si la energía limpia no puede incorporarse eficientemente al sistema eléctrico nacional. El tercero es almacenamiento, un componente indispensable para gestionar la intermitencia de las renovables y garantizar energía continua a sectores productivos. El cuarto es eficiencia, especialmente en industrias, hoteles, puertos, aeropuertos, almacenes refrigerados y centros logísticos. El quinto es gobernanza, porque la seguridad energética no depende solo de megavatios instalados, sino de reglas claras, planificación, inversión privada confiable y coordinación entre Estado, generadores, distribuidores y grandes consumidores.
La segunda dimensión estratégica es el nearshoring. La República Dominicana tiene una oportunidad histórica, pero también enfrenta una competencia feroz. México, Costa Rica, Panamá, Colombia, Guatemala, Honduras y otros países de la región están intentando capturar inversiones que salen de Asia o que buscan acercarse al mercado estadounidense. La ventaja dominicana es real: ubicación geográfica, cercanía con Estados Unidos, estabilidad macroeconómica, régimen de zonas francas, puertos, aeropuertos, conectividad aérea y marítima, experiencia exportadora y una imagen-país cada vez más asociada a estabilidad. Revista Mercado ha destacado que el país se perfila como destino atractivo para empresas que buscan acercar operaciones a mercados de consumo importantes, especialmente Estados Unidos, en un contexto de reorganización de cadenas globales de suministro. [diariolibre.com], [proceso.com.do]
Sin embargo, la geografía no basta. Diario Libre reseñó que República Dominicana tiene ventaja de ubicación para aprovechar el nearshoring, pero debe mejorar indicadores clave como desempeño logístico, desarrollo financiero, Estado de derecho, estabilidad política, derecho de propiedad, capital humano e infraestructura energética. Esa advertencia es crucial: el nearshoring no es una renta automática por estar cerca de Miami; es una competencia por confianza, costos, talento, velocidad, energía, cumplimiento y seguridad jurídica. Si el país no convierte su ubicación en productividad, la oportunidad puede pasar de largo. [diariolibre.com]
¿Qué sectores deben priorizarse? La respuesta debe partir de una lectura realista de las capacidades existentes y de las demandas del mercado global. República Dominicana debe priorizar dispositivos médicos, farmacéutica, componentes electrónicos, manufactura avanzada ligera, agroindustria de exportación, logística de valor agregado, empaques especializados, semiconductores en fases complementarias, servicios globales, tecnologías de información, call centers evolucionados hacia BPO/KPO, textiles técnicos, calzado especializado y ensamblaje de equipos vinculados a salud, energía y movilidad. Las zonas francas ofrecen una base robusta para esa estrategia: según Diario Libre, el sector cuenta con más de 98 parques, genera más de 200,000 empleos directos y representa más del 60 % de las exportaciones nacionales. [almomento.net]
No todos los sectores ofrecen el mismo valor estratégico. El país debe evitar una visión de nearshoring limitada a mano de obra barata o ensamblaje básico. La apuesta correcta está en atraer industrias que transfieran tecnología, generen empleos formales de mejor remuneración, demanden suplidores locales, impulsen encadenamientos productivos y eleven la sofisticación exportadora. Los dispositivos médicos son un ejemplo natural, porque República Dominicana ya tiene experiencia, reputación y capacidad instalada. La farmacéutica puede crecer si se fortalecen estándares regulatorios, laboratorios, certificaciones y talento técnico. La agroindustria puede avanzar si se conecta con trazabilidad, frío, empaque, logística y certificaciones fitosanitarias. Los servicios globales pueden dar un salto si se invierte en bilingüismo, programación, ciberseguridad, análisis de datos y gestión financiera.
El nearshoring debe articularse con las mipymes. Un error sería verlo únicamente como una agenda de grandes parques industriales y empresas multinacionales. La verdadera transformación ocurre cuando las pequeñas y medianas empresas dominicanas se convierten en suplidoras de empaques, piezas, mantenimiento, software, transporte, alimentos, uniformes, servicios contables, soluciones digitales y soporte técnico para las industrias relocalizadas. Si el nearshoring no genera encadenamientos locales, producirá exportaciones, pero no necesariamente desarrollo profundo. Por eso el MICM tiene un papel esencial: preparar mipymes, certificarlas, digitalizarlas, financiar su formalización y conectarlas con cadenas de valor.
La tercera dimensión es logística. Sanz Lovatón ha venido defendiendo, primero desde la Dirección General de Aduanas y ahora desde el MICM, la idea de una República Dominicana convertida en hub logístico regional. En el Diálogo Interamericano, presentó al país como una plataforma con centro logístico multimodal, ocho aeropuertos internacionales, 16 puertos, 33 operadores logísticos, 96 parques de zonas francas, 380,000 metros cuadrados de infraestructura logística y más de 546,000 metros cuadrados adicionales en construcción. [aduanas.gob.do], [listindiario.com]
Esa visión logística no se basa solo en obras físicas. Sanz Lovatón ha destacado reformas como la nueva Ley de Aduanas, la Ley 30-24 sobre Operadores de Centros Logísticos y alrededor de 700 mejoras tecnológicas implementadas en plataformas de la DGA. También se han señalado avances como el Despacho en 24 Horas, la Ventanilla Única de Comercio Exterior, la digitalización de procesos, la automatización de servicios y el fortalecimiento de la seguridad en las operaciones de comercio exterior. [aduanas.gob.do], [aduanas.gob.do] [aduanas.gob.do], [cdn.com.do]
¿Qué reformas logísticas propone o encarna esta visión? Primero, simplificación y digitalización de trámites. Segundo, automatización de servicios aduaneros. Tercero, interoperabilidad entre instituciones. Cuarto, fortalecimiento de la Ventanilla Única de Comercio Exterior. Quinto, expansión del despacho rápido y basado en gestión de riesgo. Sexto, consolidación de operadores logísticos bajo un marco legal moderno. Séptimo, mayor trazabilidad de mercancías. Octavo, seguridad en puertos, aeropuertos y zonas primarias. Noveno, integración entre zonas francas, puertos, aeropuertos y centros de distribución. Décimo, posicionamiento internacional del país como plataforma confiable para empresas globales. Estas reformas no son accesorios administrativos; son el corazón de la competitividad contemporánea. [aduanas.gob.do], [aduanas.gob.do]
En esta coyuntura, la Dirección General de Aduanas juega un papel absolutamente estratégico. La DGA ya no puede ser vista únicamente como una entidad recaudadora. En el nuevo comercio, Aduanas es un organismo de seguridad económica, facilitación, trazabilidad, cumplimiento, reputación y diplomacia comercial. El Decreto 502-26, emitido por el Poder Ejecutivo, faculta a la DGA a prohibir mediante decisión motivada la importación de mercancías producidas mediante trabajo forzoso, y también permite aplicar medidas a bienes que ya hayan zarpado, se encuentren en puertos o estén bajo regímenes aduaneros previos a su importación definitiva. [diariofinanciero.do], [proceso.com.do]
Esa facultad coloca a Aduanas en el centro de la relación con Estados Unidos. Si la discusión arancelaria surge de exigencias sobre prevención de mercancías vinculadas al trabajo forzoso, la DGA se convierte en el brazo operativo que debe demostrar que República Dominicana puede identificar riesgos, restringir importaciones sospechosas, coordinar con el Ministerio de Trabajo, registrar mercancías prohibidas, intercambiar información internacional y actuar con debido proceso. Noticias SIN y la Presidencia han señalado que el decreto permite a la DGA ordenar reexportación, destrucción u otras medidas legales procedentes sobre mercancías restringidas, además de llevar un registro administrativo de productos cuya importación haya sido prohibida. [diariolibre.com], [diariofinanciero.do]
La clave será aplicar ese poder con rigor técnico, no con arbitrariedad. El sector privado ha respaldado el objetivo de erradicar el trabajo forzoso, pero también ha advertido sobre la necesidad de seguridad jurídica, transparencia y debido proceso para preservar la competitividad del país. Revista Mercado reseñó que el Decreto 502-26 abre un nuevo capítulo en la política comercial dominicana y busca alinear al país con estándares promovidos por Washington en materia de cadenas de suministro responsables. [diariolibre.com]
La República Dominicana tiene que evitar dos extremos. El primero sería minimizar el problema, como si bastara con afirmar que en el país no existe trabajo forzoso. El segundo sería sobrerregular de manera improvisada y generar incertidumbre a importadores, exportadores, operadores logísticos y zonas francas. La ruta correcta es construir un sistema basado en evidencia, análisis de riesgo, cooperación internacional, declaraciones responsables de importadores, evaluación técnica del Ministerio de Trabajo, trazabilidad documental y mecanismos de revisión. Solo así el país podrá responder a Estados Unidos sin sacrificar fluidez comercial.
La relación con Estados Unidos exige una lectura estratégica. Según Diario Libre, Sanz Lovatón recordó que el 60 % de las exportaciones dominicanas se dirige a ese mercado, que Estados Unidos es el principal emisor de turistas, que allí vive la mayoría de los dominicanos en el exterior y que desde ese país llegan más de 10,000 millones de dólares en remesas de manera consistente. Esos datos explican por qué el ministro descarta la reciprocidad arancelaria como respuesta inmediata. La reciprocidad puede sonar atractiva en el discurso, pero aplicada sin cálculo podría perjudicar más a República Dominicana que a Estados Unidos. La soberanía inteligente no consiste en romper, sino en negociar con firmeza y proteger los intereses nacionales con cabeza fría. [quepolitica.com]
El país debe aprovechar este momento para construir una doctrina dominicana de competitividad. Esa doctrina debería integrar energía, logística, institucionalidad, comercio exterior, capital humano, zonas francas, mipymes e innovación. No se trata solo de reaccionar al arancel de 12.5 %. Se trata de preguntarse qué tipo de economía quiere ser República Dominicana en los próximos veinte años. Si quiere ser un país que ensambla barato, competirá por costos y será vulnerable. Si quiere ser un país que produce con calidad, certificación, energía confiable, talento técnico y logística rápida, competirá por valor.
La reforma de hidrocarburos debe ser una pieza de esa doctrina. El nearshoring necesita energía competitiva, y la energía competitiva necesita una matriz menos vulnerable. La logística necesita electricidad estable en puertos, aeropuertos, almacenes, centros de datos, cadenas de frío y parques industriales. La agroindustria necesita energía para refrigeración, empaque y procesamiento. Los dispositivos médicos y farmacéuticos necesitan energía estable para cumplir estándares de calidad. Los servicios globales necesitan centros digitales confiables. Sin energía, el nearshoring será una promesa incompleta.
La DGA también debe ser una pieza de esa doctrina. Su modernización debe continuar con más inteligencia artificial aplicada a gestión de riesgo, interoperabilidad con puertos y aeropuertos, inspección no intrusiva, trazabilidad documental, integración con bases internacionales, fortalecimiento del Operador Económico Autorizado y mayor coordinación con autoridades estadounidenses y europeas. En tiempos de comercio seguro, la rapidez no puede separarse del control. La mejor aduana no es la que revisa todo ni la que deja pasar todo; es la que sabe distinguir riesgo de confianza.
El MICM será otra pieza central. Desde Industria y Comercio, Sanz Lovatón tiene en sus manos una agenda más amplia que la de Aduanas: política industrial, comercio interno, combustibles, mipymes, zonas francas y promoción de sectores productivos. Si logra coordinar esas dimensiones, puede convertir su visión de competitividad en una estrategia transversal. La reforma energética debe dialogar con la política industrial. La política de nearshoring debe dialogar con la formación técnica. La defensa del comercio formal debe dialogar con aduanas, impuestos, seguridad y control de prácticas desleales. La atracción de inversión extranjera debe dialogar con encadenamientos locales.
La competencia con productos chinos también entra en esta ecuación. Sanz Lovatón ha advertido que Occidente compite en condiciones desiguales frente a una política china de subsidios industriales, y ha señalado que Estados Unidos y la Unión Europea han impulsado aranceles y restricciones frente a exportaciones de origen chino. República Dominicana no debe cerrar sus puertas al comercio internacional, pero sí debe proteger su aparato productivo frente a prácticas desleales, subvaluación, contrabando, informalidad e importaciones que destruyen empleo local sin generar valor. La defensa comercial moderna no es aislamiento; es cumplimiento de reglas. [quepolitica.com]
El gran desafío dominicano es pasar de la oportunidad a la ejecución. El país lleva años escuchando que puede ser hub logístico, destino de nearshoring, puente entre América y el Caribe, plataforma de zonas francas y centro de servicios regionales. Todo eso es cierto, pero no basta con repetirlo. Hay que convertirlo en resultados medibles: más inversión en sectores de alto valor, más empleos técnicos, más suplidores locales integrados, más exportaciones sofisticadas, menos tiempos de despacho, menos costos energéticos, más certificaciones internacionales, mayor seguridad jurídica y mejor coordinación institucional.
La frase “vamos a terminar bien” debe ser entendida como una exigencia. Terminar bien no será simplemente lograr una tasa arancelaria menor. Terminar bien será salir de esta coyuntura con mejores controles contra trabajo forzoso, una DGA más robusta, una Ley de Hidrocarburos más moderna, una política energética más competitiva, una estrategia de nearshoring más selectiva, una logística más integrada y una industria nacional más preparada. Terminar bien será demostrar que las presiones externas pueden convertirse en reformas internas.
La República Dominicana tiene una ventaja histórica: no está obligada a inventarlo todo desde cero. Tiene zonas francas consolidadas, un sector privado activo, puertos competitivos, aeropuertos conectados, estabilidad macroeconómica, cercanía con Estados Unidos, experiencia turística, diáspora influyente y una institucionalidad aduanera que ha dado pasos importantes hacia la modernización. Pero también tiene tareas pendientes: energía, talento, burocracia, financiamiento, innovación, infraestructura interna, seguridad jurídica y coordinación público-privada.
El país debe elegir entre administrar la coyuntura o liderar una transformación. Administrar la coyuntura sería negociar el arancel, emitir decretos, contener combustibles y esperar que el entorno mejore. Liderar una transformación sería usar esta coyuntura para reformar leyes, atraer industrias estratégicas, formar talento, modernizar la energía, fortalecer la DGA, defender el comercio formal y convertir el nearshoring en política de Estado. La diferencia entre una opción y otra definirá si República Dominicana será solo un país resiliente o una economía verdaderamente competitiva.
La visión de Sanz Lovatón abre una ruta. Pero esa ruta debe llenarse de contenido, metas, indicadores y continuidad institucional. El país necesita menos improvisación y más estrategia. Menos reacción y más anticipación. Menos dependencia de ventajas naturales y más construcción de capacidades. En el nuevo mapa económico global, la competitividad no se hereda: se diseña, se trabaja y se defiende todos los días.
Si República Dominicana actúa con sensatez, rigor y ambición, puede convertir el desafío arancelario en una plataforma de reposicionamiento internacional. Puede demostrar a Estados Unidos que es un socio confiable. Puede demostrar a los inversionistas que tiene logística, talento y estabilidad. Puede demostrar a su sector productivo que no será abandonado frente a prácticas desleales. Puede demostrar a su ciudadanía que la política económica no solo protege precios en momentos de crisis, sino que construye futuro.
Ese es el verdadero alcance de esta coyuntura. No se trata únicamente de un arancel. Se trata de energía, industria, aduanas, comercio, nearshoring, soberanía económica y visión de país. La República Dominicana puede terminar bien, sí. Pero para terminar bien debe hacer lo que hacen las naciones que compiten en serio: transformar la presión en reforma, la ubicación en estrategia, la logística en confianza, la energía en productividad y la institucionalidad en ventaja competitiva. Ahí está la nueva frontera dominicana. Ahí se juega el próximo salto del desarrollo nacional.