sábado, 16 de mayo de 2026

Pekín y el nuevo equilibrio global

Pekín y el nuevo equilibrio global

La reciente cumbre entre Estados Unidos y China confirma que el mundo ha entrado en una etapa de rivalidad estratégica permanente, donde la competencia entre potencias no busca resolverse, sino administrarse sin llegar a la confrontación directa.

La cumbre celebrada en Pekín entre Estados Unidos y China no dejó grandes acuerdos ni anuncios espectaculares. Sin embargo, reducir su importancia a ese vacío aparente sería un error de lectura estratégica. Lo ocurrido en la capital china ofrece una señal más profunda: el sistema internacional ha entrado en una fase donde la competencia entre grandes potencias no se encamina a resolverse, sino a estabilizarse dentro de límites cuidadosamente definidos. [govinfo.gov], [uslawexplained.com]

Durante décadas, el orden global estuvo marcado por la hegemonía estadounidense, consolidada tras el fin de la Guerra Fría. Hoy, ese escenario ha cambiado. China no solo ha emergido como un actor económico de primer nivel, sino como una potencia con capacidad real de disputar influencia estratégica, tecnológica y geopolítica. Este cambio ha transformado la relación bilateral en el eje central de la política internacional contemporánea. [codes.findlaw.com]

El encuentro en Pekín refleja con claridad esa nueva realidad. No hubo ruptura, pero tampoco reconciliación. Lo que predominó fue un consenso tácito: ambas potencias deben evitar que su rivalidad se descontrole. En lugar de aspirar a una solución definitiva, Washington y Pekín parecen coincidir en la necesidad de gestionar el conflicto, estableciendo mecanismos que reduzcan el riesgo de escalada. [law.cornell.edu], [uscode.house.gov]

Este enfoque marca una diferencia significativa respecto a la Guerra Fría del siglo XX. Aquel enfrentamiento se caracterizó por bloques ideológicos cerrados y limitadas interdependencias económicas. En contraste, la relación actual entre Estados Unidos y China está profundamente entrelazada. Comercio, cadenas de suministro, tecnología y finanzas vinculan a ambas economías de una manera que hace inviable una ruptura total sin consecuencias globales severas. [law.cornell.edu]

Esa interdependencia introduce un elemento de contención que no existía en el pasado. La competencia persiste —e incluso se intensifica— pero bajo un cálculo constante de costos. En términos simples, ambos actores compiten, pero saben que una confrontación abierta sería mutuamente perjudicial.

Sin embargo, esta “estabilidad” dista de ser tranquilizadora. Se trata de un equilibrio frágil, sostenido por intereses convergentes en el corto plazo, pero atravesado por tensiones estructurales. La disputa por la supremacía tecnológica, el control de recursos estratégicos y la influencia en regiones clave como el Indo‑Pacífico continúa ampliándose. [irc.bloombergtax.com]

A ello se suman factores geopolíticos sensibles, como Taiwán, las rutas energéticas y los conflictos en terceros escenarios, incluyendo el impacto de crisis como la de Medio Oriente en la dinámica bilateral. Cada uno de estos elementos introduce riesgos adicionales, donde un error de cálculo podría escalar rápidamente hacia una crisis mayor. [en.wikipedia.org]

En este contexto, el concepto de la “trampa de Tucídides” vuelve a cobrar relevancia. La historia muestra que la rivalidad entre una potencia establecida y una emergente suele desembocar en conflicto. Sin embargo, tanto Estados Unidos como China parecen conscientes de ese precedente y, al menos por ahora, intentan evitar ese desenlace mediante una estrategia de contención mutua. [govinfo.gov]

Lo que emerge, entonces, no es una nueva Guerra Fría en sentido clásico, sino una forma más compleja de competencia global: una rivalidad permanente, multidimensional y regulada. Un escenario donde las tensiones no desaparecen, pero tampoco escalan sin control.

Para países como la República Dominicana —insertos en cadenas globales de comercio, inversión y cooperación— este entorno plantea desafíos y oportunidades. La reconfiguración del orden internacional obliga a repensar estrategias de inserción económica, diversificar relaciones y fortalecer capacidades internas frente a un sistema cada vez más competitivo.

La cumbre de Pekín, en ese sentido, no es un evento aislado, sino una señal del mundo que se está consolidando: un orden donde la estabilidad no proviene de la ausencia de conflicto, sino de su administración constante.

En ese nuevo tablero, la clave no será elegir entre potencias, sino navegar con inteligencia en medio de ellas.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

.....

Pekín como espejo del orden mundial en transición

Bajada: Más que un evento diplomático, la gran cumbre en Pekín funciona como un “corte de caja” del sistema internacional: confirma que la competencia entre Estados Unidos y China se ha vuelto estructural, multidimensional e irreversible en el corto plazo, y que la estabilidad global dependerá menos de acuerdos definitivos que de la capacidad de administrar riesgos en comercio, tecnología, seguridad y gobernanza. [uslawexplained.com], [law.cornell.edu]

La utilidad estratégica de una gran cumbre no reside únicamente en lo que se firma, sino en lo que se revela. En Pekín, el hecho más significativo fue precisamente la ausencia de un “gran arreglo” que clausure tensiones: la relación entre las dos principales potencias del sistema no está en modo reconciliación, sino en modo administración de rivalidad. Esa lectura aparece de forma convergente en análisis que subrayan que el objetivo real es “gestionar” la competencia —con barandillas, canales y límites— más que “resolverla” con un pacto total. [uslawexplained.com], [law.cornell.edu]

Este punto importa porque marca un cambio de fase en la política internacional contemporánea. Durante años se discutió si la relación iba a oscilar entre cooperación y choque; hoy, el patrón dominante es otro: una competencia estructural sostenida, con episodios de distensión táctica, pero sin retorno a la lógica de integración optimista que caracterizó etapas previas. El tránsito histórico de cumbres —desde el paradigma de apertura diplomática hacia un paradigma de rivalidad de superpotencias— sugiere que estamos ante una transformación de largo aliento, no ante una “crisis pasajera” ni un “malentendido” coyuntural. [codes.findlaw.com], [uslawexplained.com]

En la literatura de relaciones internacionales, este tipo de transición suele describirse como reconfiguración del equilibrio de poder. En términos prácticos, la competencia ya no es un asunto exclusivamente comercial ni exclusivamente militar: se ha convertido en una disputa por la arquitectura del orden global, donde comercio, tecnología, finanzas, normas y capacidades industriales se integran en un solo tablero. De ahí que la agenda visible de la cumbre —aranceles, cadenas de suministro, inteligencia artificial, minerales críticos, seguridad regional— sea al mismo tiempo una agenda económica y una agenda de poder. [en.wikipedia.org], [irc.bloombergtax.com]

Conviene, entonces, abandonar las categorías simplistas. Hablar de “nueva Guerra Fría” ayuda a comunicar la idea de rivalidad sistémica, pero puede inducir errores analíticos si se ignora un rasgo decisivo del presente: la interdependencia. A diferencia del siglo XX, hoy las economías y cadenas globales de valor están entrelazadas de manera tal que la “separación total” sería extraordinariamente costosa para ambos polos y para terceros. Por eso, en vez de una Guerra Fría clásica —bloques herméticos— aparece algo más híbrido: desacoplamientos selectivos (“de-risking”), controles en sectores estratégicos y, a la vez, continuidad de vínculos en áreas no sensibles. [law.cornell.edu], [uslawexplained.com]

Esta interdependencia no elimina el conflicto; lo reencuadra. El sistema se mueve hacia una forma de “competencia administrada” en la que cada parte busca maximizar ventaja sin cruzar umbrales que provoquen colapso sistémico. Ese patrón se observa cuando los análisis de la cumbre destacan que la prioridad no fue firmar un tratado definitivo, sino sostener una “estabilidad estratégica” mínima, reforzar canales de comunicación y evitar escaladas no intencionales. [law.cornell.edu], [uscode.house.gov]

Si se desea una profundización académica, el concepto más útil aquí es el de rivalidad estructural bajo interdependencia: una relación donde coexisten competencia por primacía (estatus, influencia y control tecnológico) y cooperación por necesidad (comercio, finanzas, estabilidad macro). Los propios análisis contemporáneos insisten en que el nuevo orden no es “amistad” ni “enemistad” en sentido clásico, sino una forma más difícil de nombrar: dos superpotencias interdependientes que deben “manejar” el antagonismo porque una colisión sería ruinosa. [uscode.house.gov], [uslawexplained.com]

En ese marco, la cumbre en Pekín puede leerse como un ejercicio de señalización y disuasión. Señalización porque cada parte comunica líneas rojas y prioridades (tecnología, comercio, seguridad regional, reglas). Disuasión porque ambas buscan evitar la lógica de escalada propia de las rivalidades intensas. La discusión pública sobre riesgos históricos de conflicto entre potencia emergente y potencia establecida —popularizada como “trampa de Tucídides”— resurge precisamente porque el sistema percibe que la competencia podría desbordarse si se acumulan choques simultáneos. [govinfo.gov], [en.wikipedia.org]

Sin embargo, el riesgo no es solo militar. Es también tecnológico-industrial. La competencia por semiconductores, IA y minerales críticos se ha convertido en una variable dura del poder nacional, no en una simple disputa de mercado. Varios análisis subrayan que la rivalidad incluye capacidades “bajo el mar”, tecnologías duales y acceso a recursos estratégicos, conectando seguridad con economía de manera directa. [irc.bloombergtax.com], [constituti...indlaw.com]

Aquí emerge un eje académico central: la industrialización como geopolítica. En el siglo XXI, la supremacía no se define solo por PIB nominal; se define por capacidad de producir tecnologías clave, dominar eslabones críticos de cadenas de valor, sostener escala manufacturera y traducir innovación en despliegue. Por eso, el debate sobre “quién va ganando” no puede limitarse a laboratorios de frontera; también se mide en robots, astilleros, baterías, maquinaria, infraestructura digital y adopción masiva. Esa lectura está presente en coberturas que destacan que, aun con avances en modelos de IA en un lado, el otro puede conservar ventajas industriales y de despliegue que se convierten en poder material. [dnyuz.com], [irc.bloombergtax.com]

Otro eje es el de la gobernanza de la competencia. La cumbre sugiere que las dos potencias ensayan mecanismos para reducir incertidumbre: canales de comunicación, marcos de “estabilidad estratégica”, conversaciones sobre sectores “no sensibles” y esquemas para evitar que fricciones comerciales deriven en crisis. En términos académicos, esto se acerca a una lógica de “guardrails” o barandillas institucionales: no eliminan la rivalidad, pero la hacen menos propensa a accidentes. [law.cornell.edu], [uslawexplained.com]

Al mismo tiempo, conviene no idealizar esa gobernanza. Los análisis previos y posteriores a la cumbre advierten que el listado de problemas es mucho más largo que el de “entregables”, lo cual significa que la estabilidad es, en el mejor de los casos, comprada con tiempo. Y el tiempo, en geopolítica, es un recurso ambiguo: puede reducir tensiones si se usa para negociación, o incrementarlas si se usa para rearmarse, bloquear tecnologías y consolidar alianzas. [uslawexplained.com], [law.cornell.edu]

En paralelo, el sistema internacional se fragmenta. No se trata solo de una bipolaridad rígida; se trata de una competencia que produce “esferas” en tecnología, finanzas y estándares, obligando a terceros a navegar entre opciones. La evidencia es que los socios económicos miran con cautela la volatilidad y la incertidumbre, aun cuando existan pausas o mecanismos de consulta en materia arancelaria. Esa tensión entre alivio temporal y desconfianza estructural es parte del clima geoeconómico actual. [law.cornell.edu], [codes.findlaw.com]

Desde la perspectiva de seguridad internacional, los escenarios de mayor riesgo suelen concentrarse en zonas de fricción —en particular, el Indo-Pacífico— donde la competencia tecnológica y militar se superpone. La cumbre, según análisis de la prensa, no resolvió los puntos más sensibles; a lo sumo, intentó mantenerlos “manejables”. Esta es otra característica de la fase actual: acuerdos generales de tono estabilizador, combinados con persistencia de desacuerdos sustantivos en asuntos críticos. [law.cornell.edu], [govinfo.gov]

Para comprender la racionalidad de este comportamiento, ayuda la teoría de juegos: cuando el costo de la guerra es altísimo y la incertidumbre es elevada, los jugadores racionales buscan señales, compromisos parciales y mecanismos de comunicación que reduzcan el riesgo de error. Pero en competencia de grandes potencias, esos mismos mecanismos pueden convivir con carreras tecnológicas y doctrinas de disuasión que aumentan tensión en el mediano plazo. De ahí que la “estabilidad” de hoy pueda ser el preámbulo de una competencia aún más intensa mañana, si se acelera el desacoplamiento estratégico. [govinfo.gov], [uslawexplained.com]

En el terreno geoeconómico, la cumbre debe leerse en el contexto de un entorno global más frágil: tensiones energéticas, rutas marítimas sensibles, y shocks que conectan conflictos regionales con inflación, seguros marítimos y expectativas de mercado. Varios análisis sobre el contexto de la cumbre señalan que la agenda incluyó —directa o indirectamente— elementos ligados a la seguridad energética y a crisis regionales que impactan el comercio global. [en.wikipedia.org], [uclalawreview.org]

Este contexto importa porque, académicamente, la rivalidad entre potencias rara vez se desarrolla en laboratorio; ocurre “en mundo real”, bajo shocks. Cuando la volatilidad aumenta, crece el incentivo a convertir instrumentos económicos en herramientas de poder: controles a exportaciones, restricciones tecnológicas, sanciones, aranceles, licencias. Ese giro acelera la fragmentación y hace que la competencia sea más difícil de “despolitizar”. Y cuando la economía se politiza, el riesgo de malinterpretación y represalia se incrementa. [irc.bloombergtax.com], [law.cornell.edu]

La dimensión tecnológica merece un énfasis adicional. Los debates actuales subrayan que la competencia ya no es solo por “innovar” sino por “difundir”: quién despliega más rápido, quién integra la IA en productividad, quién escala infraestructura energética y de datos, quién controla estándares. Incluso conversaciones públicas asociadas al ecosistema de análisis contemporáneo resaltan que las metas de IA pueden diferir —uno puede priorizar frontera, otro despliegue— y que esa diferencia cambia el concepto mismo de “carrera”. [podbay.fm], [youtube.com]

En términos de política pública, esto tiene consecuencias: si la competitividad se define por despliegue masivo, entonces las discusiones sobre regulación, energía, infraestructura digital y formación de talento se vuelven geopolíticas. Si se define por control de chips y herramientas, entonces los controles de exportación y la “soberanía tecnológica” se vuelven instrumentos de Estado. En cualquiera de los dos casos, la “economía” deja de ser neutral. [constituti...indlaw.com], [irc.bloombergtax.com]

Todo esto conduce a una conclusión académica: la cumbre en Pekín simboliza una estructura internacional de competencia prolongada, donde el objetivo inmediato es reducir riesgo de escalada, pero el objetivo estratégico subyacente es maximizar ventaja relativa en tecnología, industria y alianzas. En ese sentido, el evento confirma una transición hacia un orden en el que el conflicto no desaparece; se gestiona, se regula y, en ocasiones, se invisibiliza detrás de métricas industriales, licencias tecnológicas y narrativas de estabilidad. [uslawexplained.com], [uscode.house.gov]

Ahora bien, ¿qué implica esto para una agenda de prensa en República Dominicana? Implica, primero, una lección de realismo: los países medianos y pequeños no controlan el eje de la rivalidad, pero sí pueden controlar su estrategia de adaptación. En un mundo de fragmentación, la ventaja comparativa no se sostiene por inercia; se construye con diversificación de mercados, fortalecimiento institucional, calidad regulatoria y capacidad logística. Si las cadenas de suministro se reconfiguran, los hubs confiables ganan; si la competencia tecnológica se endurece, la capacidad de insertarse en nichos compatibles con estándares diversos se vuelve crítica. [law.cornell.edu], [uslawexplained.com]

Segundo, implica una lectura de oportunidades: la rivalidad puede abrir espacios para economías que ofrezcan previsibilidad, conectividad y servicios. Cuando el sistema se fragmenta, empresas y países buscan “redundancia” y “resiliencia”, y eso puede beneficiar a jurisdicciones que combinen estabilidad macro, reglas claras y logística eficiente. La cumbre, al reafirmar que la rivalidad seguirá, sugiere que esa búsqueda de diversificación no será temporal. [uslawexplained.com], [law.cornell.edu]

Tercero, implica una advertencia: la politización del comercio y la tecnología aumenta exigencias de cumplimiento, trazabilidad y estándares. En un entorno donde exportaciones estratégicas, minerales, chips, datos y software se convierten en asuntos de seguridad, los costos de no adaptarse suben. La competitividad logística y regulatoria ya no es solo un tema de negocios; es un requisito de inserción internacional. [irc.bloombergtax.com], [constituti...indlaw.com]

En síntesis, la cumbre en Pekín funciona como un espejo: refleja un mundo donde el “centro de gravedad” del poder se ha desplazado hacia la competencia tecnológica-industrial y hacia la gestión de riesgos sistémicos. No es una Guerra Fría repetida; es una rivalidad nueva, híbrida, con interdependencia y fragmentación simultáneas. Y esa combinación, precisamente, es la que hace más difícil la estabilidad: porque obliga a competir sin romper, a cooperar sin confiar y a negociar sin resolver. [law.cornell.edu], [govinfo.gov]

La gran pregunta estratégica no es si habrá competencia —eso ya está decidido por la estructura— sino si esa competencia puede contenerse dentro de reglas, mecanismos y límites que impidan el accidente, la escalada o el colapso de la gobernanza global. La cumbre sugiere un intento de construir esas barandillas. Pero la historia enseña que, cuando la rivalidad se vuelve permanente, la estabilidad depende menos de gestos diplomáticos y más de capacidades: industriales, tecnológicas, institucionales y, sobre todo, de la habilidad de administrar crisis sin convertirlas en detonantes. [uslawexplained.com], [govinfo.gov]

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor


Si deseas, en el próximo paso puedo:

  1. convertir este texto en formato Chicago completo con notas numeradas y bibliografía (lista final), o
  2. hacer una versión “prensa RD” más corta (800–1,000 palabras) manteniendo el enfoque académico pero con mayor ritmo periodístico.

Pekín y el nuevo equilibrio global

Bajada: La reciente cumbre entre Estados Unidos y China confirma que el mundo ha entrado en una etapa de rivalidad estratégica permanente, donde la competencia entre potencias no busca resolverse, sino administrarse sin llegar a la confrontación directa.¹²

La cumbre celebrada en Pekín entre Estados Unidos y China no dejó grandes acuerdos ni anuncios espectaculares. Sin embargo, su verdadero significado trasciende los resultados inmediatos. Más que un fracaso diplomático, el encuentro constituye una señal clara de la fase actual del sistema internacional: una era donde la competencia entre grandes potencias no se resuelve, sino que se gestiona bajo parámetros de contención.¹²

Durante décadas, el orden global estuvo dominado por la primacía estadounidense. Hoy, esa realidad ha cambiado de manera estructural. China ha consolidado su posición como una potencia económica, tecnológica y geopolítica capaz de disputar la influencia global de Washington.³ Este giro ha redefinido la relación bilateral, convirtiéndola en el eje organizador del equilibrio internacional contemporáneo.

En ese contexto, la cumbre en Pekín dejó en evidencia que ambas potencias han internalizado una premisa fundamental: el conflicto abierto sería demasiado costoso. Lejos de una confrontación directa, lo que emerge es una estrategia de “rivalidad administrada”, donde se establecen mecanismos de diálogo y cooperación limitada con el objetivo de evitar escaladas incontrolables.²⁴

Este enfoque representa una diferencia crucial con la Guerra Fría del siglo XX. Aquel enfrentamiento se caracterizó por la separación de bloques ideológicos con escasa interdependencia económica. En la actualidad, por el contrario, Estados Unidos y China están profundamente entrelazados en comercio, inversión, tecnología y finanzas.⁵ Esa interdependencia actúa como un factor de contención, no por afinidad política, sino por el cálculo de costos que implicaría una ruptura.

Sin embargo, esta estabilidad no es sinónimo de armonía. Se trata de un equilibrio frágil, sostenido por tensiones estructurales que se expanden en múltiples frentes. La competencia por la supremacía tecnológica, el control de cadenas de suministro y la influencia en regiones clave como el Indo-Pacífico continúa intensificándose.⁶⁷ A ello se suman factores sensibles como Taiwán, los conflictos energéticos y las crisis regionales, que introducen riesgos adicionales de escalada.¹

En este escenario, cobra relevancia el concepto de la “trampa de Tucídides”, que advierte sobre el riesgo de conflicto cuando una potencia emergente desafía a una dominante.⁸ No obstante, tanto Washington como Pekín parecen conscientes de esta dinámica histórica y, al menos por ahora, buscan evitar ese desenlace mediante mecanismos de contención y gestión estratégica.

El resultado es la configuración de un orden internacional distinto: no una nueva Guerra Fría en sentido clásico, pero tampoco un sistema cooperativo. Se trata más bien de una “paz tensa”, una convivencia marcada por la competencia constante, donde el objetivo no es la victoria definitiva, sino la preservación de un equilibrio funcional.²⁴

Para países como la República Dominicana, este contexto global plantea desafíos estratégicos importantes. La creciente fragmentación del sistema internacional obliga a diversificar relaciones económicas, fortalecer la competitividad interna y navegar con inteligencia en un entorno geopolítico más complejo.⁹

La cumbre de Pekín, en definitiva, no debe medirse por los acuerdos firmados, sino por lo que revela: el mundo ha entrado en una etapa donde la estabilidad depende menos de la cooperación plena y más de la capacidad de gestionar la rivalidad.

En ese tablero, el desafío ya no es evitar la competencia, sino impedir que se transforme en conflicto.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor


Notas (Chicago)

  1. “Trump and Xi to meet in Beijing: The key issues shaping the China summit,” Al Jazeera, 13 de mayo de 2026. [en.wikipedia.org]
  2. Anniek Bao, “Five takeaways from the Trump-Xi summit in Beijing so far,” CNBC, 14 de mayo de 2026. [law.cornell.edu]
  3. “From Nixon to Trump: How US-China summits changed from diplomatic opening to superpower rivalry,” Moneycontrol, 14 de mayo de 2026. [codes.findlaw.com]
  4. Bang Xiao, “US President Donald Trump, Chinese President Xi Jinping end unipolar age in Beijing,” ABC News, 16 de mayo de 2026. [uscode.house.gov]
  5. “¿Qué esperar de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China?”, Foro Económico Mundial, 30 de mayo de 2025. [law.cornell.edu]
  6. Alyssa Chen, “Latest US-China rivalry combines undersea dominance with a race to riches,” South China Morning Post, 9 de mayo de 2026. [irc.bloombergtax.com]
  7. Mercy A. Kuo, “The Outlook for China-US Strategic Competition in 2026,” The Diplomat, 3 de diciembre de 2025. [constituti...indlaw.com]
  8. Louisa Tang, “Xi’s ‘Thucydides Trap’ warning during summit…,” Channel News Asia, 15 de mayo de 2026. [govinfo.gov]
  9. José Juan Ruiz, “Hegemonía quebrada: la rivalidad entre EE.UU. y China…,” Real Instituto Elcano, 7 de abril de 2025. [casemine.com]


Pekín y la gramática de la nueva Guerra Fría

La cumbre entre Estados Unidos y China no marca un deshielo ni un choque definitivo, sino algo más inquietante: la consolidación de una rivalidad estructural, gestionada y sostenida, donde la competencia define el orden global pero la interdependencia impide la ruptura total.¹²

En la historia de las grandes potencias, hay momentos que no se explican por sus resultados inmediatos, sino por lo que revelan sobre la dirección del sistema internacional. La reciente cumbre en Pekín entre Estados Unidos y China —en la que convergen tensiones comerciales, rivalidad tecnológica, disputas geopolíticas y conflictos regionales— pertenece a esa categoría analítica: más que un acuerdo, es una radiografía del poder global en transición.¹²

Ross Douthat sugiere una interrogante que trasciende la coyuntura: si estamos ante una nueva Guerra Fría o frente a una configuración más ambigua, una suerte de “paz fría”. La diferencia no es semántica, sino estructural. Durante el siglo XX, la rivalidad entre superpotencias se organizó en bloques relativamente cerrados, con escasa interdependencia económica. Hoy, en cambio, Washington y Pekín disputan influencia estratégica mientras permanecen profundamente interconectados en comercio, finanzas y tecnología.³⁴

Ese es el rasgo distintivo de esta era: una competencia que no puede separarse de la cooperación. Las relaciones entre Estados Unidos y China ya no pueden entenderse bajo el lente de la convergencia liberal que caracterizó las décadas posteriores a la Guerra Fría, sino como una competencia sistémica que abarca desde la inteligencia artificial hasta los minerales críticos y las cadenas globales de suministro.⁵⁶ En ese tablero, el poder se mide tanto en capacidades militares como en dominio tecnológico y control de flujos económicos.⁵⁶

Sin embargo, lo más revelador de la cumbre en Pekín no fue la confrontación, sino la contención. Lejos de grandes acuerdos o rupturas, el encuentro confirmó una tendencia: ambas potencias buscan gestionar su rivalidad antes que resolverla.⁷⁸ No se trata de reconciliación, sino de un esfuerzo deliberado por establecer “barandillas” estratégicas que eviten que las tensiones escalen hacia un conflicto abierto.⁷⁸

Este reconocimiento introduce una nueva lógica de estabilidad internacional. A diferencia de la Guerra Fría clásica, donde la disuasión nuclear era el principal factor de contención, hoy la interdependencia económica desempeña un papel equivalente. La profundidad de las relaciones comerciales y financieras entre ambos países actúa como un freno estructural al conflicto, no por afinidad ideológica, sino por cálculo racional de costos.⁹

Sin embargo, esta estabilidad es inherentemente frágil. No elimina la competencia, sino que la institucionaliza. La noción de una “estabilidad estratégica con competencia moderada” —que emerge del discurso oficial de la cumbre— refleja un intento de convertir la rivalidad en un estado permanente pero manejable.² Este tipo de equilibrio no se orienta hacia la resolución de disputas, sino hacia su gestión continua.

Es en este punto donde la referencia a la “trampa de Tucídides” adquiere relevancia analítica. La historia sugiere que el ascenso de una potencia emergente frente a una establecida genera presiones estructurales hacia el conflicto.¹⁰ Sin embargo, tanto Estados Unidos como China parecen conscientes de este precedente histórico y, al menos por ahora, intentan evitar reproducirlo. No buscan eliminar la rivalidad, sino impedir que se traduzca en confrontación directa.¹⁰

Aun así, las tensiones no disminuyen; se expanden. La competencia entre ambas potencias abarca múltiples dimensiones: desde el control de rutas marítimas y recursos estratégicos hasta la supremacía en tecnologías emergentes como la inteligencia artificial y los semiconductores.⁵⁶ Cada uno de estos frentes multiplica los puntos de fricción y eleva el riesgo de errores de cálculo, especialmente en escenarios sensibles como Taiwán o el Indo-Pacífico.⁶

En paralelo, el resto del mundo ha dejado de ser un espectador pasivo. Potencias intermedias y regiones enteras —desde Europa hasta América Latina— navegan esta rivalidad buscando maximizar beneficios y minimizar dependencias.¹¹ Este fenómeno acelera la transición hacia un orden internacional más fragmentado y multipolar, donde la competencia entre Washington y Pekín sigue siendo central, pero ya no exclusiva.

En este contexto, la cumbre de Pekín no debe interpretarse bajo categorías tradicionales de éxito o fracaso. Su verdadero significado radica en evidenciar que el sistema internacional ha entrado en una nueva fase: una era de competencia administrada, donde el objetivo no es la victoria total, sino la preservación de un equilibrio funcional.³

Quizás, entonces, la mejor manera de entender este momento sea aceptar su ambigüedad. No estamos ante una Guerra Fría en sentido clásico, pero tampoco frente a un orden cooperativo. Nos encontramos en una zona intermedia, donde el conflicto no desaparece, pero se regula; donde la rivalidad no se resuelve, pero se contiene.

La pregunta decisiva, en consecuencia, no es si Estados Unidos y China competirán —eso ya es un hecho— sino si el sistema internacional será capaz de absorber esa competencia sin colapsar. En esa tensión se juega no solo el equilibrio entre dos potencias, sino la estabilidad del orden global en su conjunto.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor


Notas (Chicago)

  1. “Trump and Xi to meet in Beijing: The key issues shaping the China summit,” Al Jazeera, 13 de mayo de 2026, https://www.aljazeera.com/economy/2026/5/13/trump-and-xi-to-meet-in-beijing-the-key-issues-shaping-the-china-summit. [en.wikipedia.org]
  2. Anniek Bao, “Five takeaways from the Trump-Xi summit in Beijing so far,” CNBC, 14 de mayo de 2026, https://www.cnbc.com/2026/05/14/trump-xi-summit-beijing-takeaway-taiwan-trade-iran-war-strategic-relations-.html. [law.cornell.edu]
  3. Bang Xiao, “US President Donald Trump, Chinese President Xi Jinping end unipolar age in Beijing,” ABC News, 16 de mayo de 2026. [uscode.house.gov]
  4. Simon Hutagalung, “Managing Rivalry: Trump–Xi 2026 Summit,” Eurasia Review, 8 de mayo de 2026. [bing.com]
  5. Mercy A. Kuo, “The Outlook for China-US Strategic Competition in 2026,” The Diplomat, 3 de diciembre de 2025. [constituti...indlaw.com]
  6. “Guerra tecnológica EE.UU.-China 2026,” Geopolítica Digital, abril de 2026. [codes.findlaw.com]
  7. Stefan Grobe, “El decepcionante resultado de la cumbre en China devuelve a Trump a la realidad,” Euronews, 15 de mayo de 2026. [govinfo.gov]
  8. Max Yoeli, “Trump–Xi summit will be about managing US–China rivalry, not resolving it,” Chatham House, 13 de mayo de 2026. [uslawexplained.com]
  9. “¿Qué esperar de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China?”, Foro Económico Mundial, 30 de mayo de 2025. [law.cornell.edu]
  10. Louisa Tang, “Xi’s ‘Thucydides Trap’ warning during summit…,” Channel News Asia, 15 de mayo de 2026. [govinfo.gov]
  11. José Juan Ruiz, “Hegemonía quebrada: la rivalidad entre EE.UU. y China…,” Real Instituto Elcano, 7 de abril de 2025. [casemine.com]


NOTICIAS RELACIONADAS

“Una gran cumbre en Pekín es el momento idóneo para evaluar el estado de la competencia entre Estados Unidos y China, la dinámica del conflicto entre grandes potencias y el equilibrio de fuerzas en esta nueva Guerra Fría —¿o quizás simplemente fría?—”, escribe nuestro columnista Ross Douthat. https://nyti.ms/4uNuebi Sigue la sección de Opinión del New York Times en WhatsApp para más información: https://nyti.ms/40R5uTj

OPINIÓN | Cuando el Estado se paga a sí mismo

Cuando el Estado se paga a sí mismo

La posible negociación de un acuerdo en una demanda por divulgación de información tributaria reabre un dilema mayor: si el Ejecutivo queda a la vez como demandante y árbitro de la transacción, el riesgo no es solo fiscal —que el erario termine asumiendo costos— sino constitucional y ético: la erosión de la “adversidad” real, la captura de incentivos y el debilitamiento de los cortafuegos que sostienen la confianza pública.¹²

En Estados Unidos, la noticia de que el Departamento de Justicia (DOJ) estaría considerando un acuerdo en el litigio del presidente Trump contra el IRS y el Departamento del Tesoro por la divulgación de sus declaraciones de impuestos vuelve a encender una alarma institucional que trasciende nombres y coyunturas: ¿cómo se preserva el Estado de derecho cuando el Estado negocia consigo mismo y, además, el potencial beneficiario es el jefe del Poder Ejecutivo?³⁴ El reporteo sugiere que el arreglo podría implicar, de una forma u otra, recursos de los contribuyentes o beneficios públicos, lo que añade un componente moral y político difícil de disimular: la percepción de que el poder puede convertir una disputa privada en un privilegio financiado por todos.³⁴

Para entender la gravedad, conviene separar el derecho material del diseño constitucional. En el plano material, el régimen estadounidense protege con firmeza la confidencialidad fiscal: las declaraciones y la “información de la declaración” son, por regla general, confidenciales y solo pueden divulgarse en los supuestos expresamente autorizados por ley.⁵ En paralelo, el ordenamiento habilita acciones civiles por inspección o divulgación no autorizada de esa información, permitiendo reclamar daños en ciertos escenarios, incluso frente al propio Estado, si se cumplen los requisitos legales.⁶ Esa arquitectura normativa responde a una lógica legítima: la privacidad tributaria no debe depender del estatus del contribuyente, sino de la fuerza de la norma.⁵⁶

El problema aparece cuando el litigio se mira desde el prisma de la justiciabilidad. La jurisdicción federal exige un “caso o controversia” real (Article III), con partes genuinamente enfrentadas y con intereses verdaderamente adversos.⁷⁸ Por eso, no sorprende que una jueza federal haya planteado inquietudes sobre si la demanda puede proceder: cuando el presidente demanda a entidades del Ejecutivo —cuyas decisiones, en última instancia, están bajo su órbita política— surge la pregunta de si existe adversidad suficiente o si el tribunal estaría ante una controversia debilitada por el propio diseño del poder.¹⁸

Ahí radica el punto más delicado: un acuerdo no es solo un instrumento de eficiencia; en un caso con tensión de “adversidad”, puede convertirse en un atajo para evitar el examen judicial de la procedencia misma del pleito.¹⁸ Es decir, el arreglo podría cerrar el expediente sin que el sistema responda la pregunta de fondo: ¿puede el Ejecutivo, encabezado por el propio demandante, sostener un litigio auténticamente contradictorio contra sí mismo y luego “resolverlo” bajo parámetros que también controla?⁷⁸ Cuando la contradicción procesal se vuelve tenue, la justicia corre el riesgo de pasar de árbitro a notario.⁷⁸

A este cuadro se añade un componente aún más sensible: los reportes han señalado que, en el marco de conversaciones, se habrían barajado opciones que podrían tocar auditorías u otras actuaciones del IRS.³⁴ Y aquí el derecho estadounidense es explícito: existe una prohibición legal para que ciertas autoridades del Ejecutivo soliciten —directa o indirectamente— que el IRS inicie o termine una auditoría o investigación de un contribuyente específico; además, impone el deber de reportar tales solicitudes a la inspectoría correspondiente (TIGTA).⁹ Esta norma no es ornamental: expresa la convicción de que la administración tributaria debe mantenerse inmune a presiones políticas, precisamente porque el fisco es poder en estado puro.⁹⁵

Por eso, el debate no se agota en si hubo una divulgación indebida —tema grave, sí— sino en qué remedio es compatible con la integridad institucional. La legislación sobre daños por divulgación no autorizada contempla indemnizaciones y costas bajo supuestos determinados, pero no convierte automáticamente cualquier reclamo en un cheque en blanco financiado por el contribuyente ni justifica arreglos que comprometan principios de independencia administrativa.⁶⁹ Si el acuerdo termina creando beneficios públicos que, por forma o por efecto, favorecen al propio jefe del Ejecutivo, el daño no sería solo presupuestario: sería el precedente de que el poder puede privatizar ventajas y socializar costos, sin un control externo robusto.³⁷

En democracias estables, estas situaciones se manejan con antídotos procedimentales, no con declaraciones. Primero, cortafuegos estrictos de conflicto de interés dentro del DOJ para asegurar que la defensa del Estado y la negociación no respondan a incentivos políticos del demandante.¹⁸ Segundo, transparencia suficiente para que el público evalúe el uso de recursos y la razonabilidad del acuerdo, sin violar la confidencialidad tributaria que la ley protege.⁵⁶ Tercero, respeto escrupuloso a los límites legales sobre interferencia del Ejecutivo en auditorías, incluyendo los mecanismos de reporte previstos cuando existan solicitudes prohibidas.⁹

En el fondo, el asunto interpela el corazón de la confianza pública: la ciudadanía puede tolerar errores, pero rara vez perdona la idea de que “las reglas son para otros”. Cuando el Estado parece “pagarse a sí mismo” para resolver una controversia donde el poder concentra el mando de ambas orillas, el costo real no se mide solo en dólares, sino en legitimidad.⁷⁸ Un acuerdo puede ser legal en su forma, pero corrosivo en su mensaje si no se blinda con independencia, transparencia y límites explícitos.¹³

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor


Notas 

  1. Rachel Dobkin, “DOJ considers settling Trump’s IRS lawsuit which could send taxpayer money directly to the president’s pockets: report,” The Independent, 13 de mayo de 2026, https://www.independent.co.uk/news/world/americas/us-politics/doj-settles-trump-irs-lawsuit-tax-b2975451.html. [independent.co.uk]
  2. Katherine Faulders, Peter Charalambous y Alexander Mallin, “Trump poised to drop IRS suit, launch $1.7B ‘weaponization’ fund for allies: Sources,” ABC News, 14 de mayo de 2026, https://abcnews.com/US/trump-poised-drop-irs-suit-launch-17b-weaponization/story?id=132962661. [abcnews.com]
  3. Dobkin, “DOJ considers settling Trump’s IRS lawsuit…” [independent.co.uk]
  4. Faulders, Charalambous y Mallin, “Trump poised to drop IRS suit…” [abcnews.com]
  5. Legal Information Institute (Cornell Law School), “26 U.S.C. § 6103 — Confidentiality and disclosure of returns and return information,” consultado en mayo de 2026, https://www.law.cornell.edu/uscode/text/26/6103. [law.cornell.edu]
  6. Legal Information Institute (Cornell Law School), “26 U.S.C. § 7431 — Civil damages for unauthorized inspection or disclosure of returns and return information,” consultado en mayo de 2026, https://www.law.cornell.edu/uscode/text/26/7431. [law.cornell.edu]
  7. Legal Information Institute (Cornell Law School), “Rules of Justiciability and the Case or Controversy Requirement: Overview,” U.S. Constitution Annotated, consultado en mayo de 2026, https://www.law.cornell.edu/constitution-conan/article-3/section-2/clause-1/rules-of-justiciability-and-the-case-or-controversy-requirement-overview. [law.cornell.edu]
  8. Peter Charalambous, “Judge orders Trump, DOJ to justify why president’s $10B IRS lawsuit should proceed,” ABC News, 24 de abril de 2026, https://abcnews.com/Politics/judge-orders-trump-doj-justify-presidents-10b-irs/story?id=132365447. [abcnews.com]
  9. Legal Information Institute (Cornell Law School), “26 U.S.C. § 7217 — Prohibition on executive branch influence over taxpayer audits and other investigations,” consultado en mayo de 2026, https://www.law.cornell.edu/uscode/text/26/7217. [law.cornell.edu]

NOTICIAS RELACIONADAS

Última hora: Se dice que el Departamento de Justicia está considerando llegar a un acuerdo en la demanda que el presidente Trump presentó contra el IRS por la publicación de sus declaraciones de impuestos, una medida que podría implicar que el gobierno proporcione directamente fondos de los contribuyentes u otro beneficio público al presidente.

Leer más: https://trib.al/xYnHB8X

Cuando el Estado se paga a sí mismo

La noticia de que el Departamento de Justicia sopesa un acuerdo en una demanda por divulgación de información tributaria reabre una discusión esencial: sin “adversidad” real y sin controles externos, un arreglo puede degradarse en privilegio, convirtiendo el erario —es decir, a los contribuyentes— en caja menor de intereses particulares. [independent.co.uk], [abcnews.com]

En Estados Unidos ha vuelto a colocarse sobre la mesa un dilema que toda democracia madura debe afrontar sin titubeos: ¿qué ocurre cuando el gobierno negocia un acuerdo judicial que, directa o indirectamente, podría traducirse en dinero público o beneficios estatales a favor de quien, a la vez, encabeza el Poder Ejecutivo? Reportes periodísticos señalan que el Departamento de Justicia estaría considerando llegar a un arreglo en un litigio relacionado con la divulgación de declaraciones de impuestos, y que un eventual acuerdo podría implicar desembolsos o ventajas de carácter público. [independent.co.uk], [abcnews.com]

La inquietud no nace únicamente del monto o del simbolismo político, sino de algo más estructural: el riesgo de que el litigio pierda la condición mínima que habilita a los tribunales federales a conocer un caso. Una jueza federal, según se ha informado, ha requerido a las partes justificar por qué la demanda debe seguir, precisamente porque existe la duda de si son “suficientemente adversas” cuando el demandante ocupa la cúspide del poder que dirige —directa o indirectamente— a las entidades demandadas y a los abogados del propio Estado que las representan. [abcnews.com], [es.markets...reener.com]

Conviene separar, con rigor, dos planos que a menudo se confunden. El primero es el plano del derecho material: la confidencialidad tributaria. En el sistema estadounidense, la regla general es clara: las declaraciones y la “información de la declaración” son confidenciales y su divulgación está prohibida salvo autorización expresa de la ley. El segundo plano es el de los remedios: si esa confidencialidad se vulnera, existe un camino para reclamar daños civiles por inspección o divulgación no autorizada, incluyendo acciones contra el propio Estado bajo supuestos establecidos. [law.cornell.edu], [uscode.house.gov] [law.cornell.edu], [uscode.house.gov]

En ese segundo plano, la norma contempla indemnización mínima por acto de divulgación, posibilidad de daños efectivos, e incluso daños punitivos si hubo conducta dolosa o negligencia grave, además de costas y, en determinados supuestos, honorarios. También fija un límite temporal: la acción debe presentarse dentro de un período definido desde que el afectado descubre la divulgación no autorizada. Nada de eso, por sí solo, es escandaloso: protege un bien jurídico sensible —la privacidad fiscal— que, por definición, no debe depender del estatus del contribuyente. [law.cornell.edu], [uscode.house.gov]

Pero la pregunta incómoda aparece cuando se superpone el plano constitucional. La jurisdicción federal estadounidense está atada al requisito de “caso o controversia” (Article III), que exige un conflicto real, vivo y con partes genuinamente enfrentadas; esto limita a los tribunales para evitar decisiones consultivas o controversias simuladas. En el corazón de esa exigencia está la adversidad: sin intereses realmente opuestos, la justicia pierde el contexto probatorio y la contradicción que legitiman el fallo, y el proceso puede convertirse en instrumento para “validar” acuerdos que nadie impugna de verdad. [law.cornell.edu], [bing.com] [bing.com], [constituti...indlaw.com]

De ahí que un eventual acuerdo extrajudicial, en un caso con estas características, no sea un simple expediente de eficiencia procesal. Puede funcionar —si se maneja mal— como atajo para esquivar el escrutinio judicial sobre la justiciabilidad del caso. De hecho, los reportes indican que la jueza ha expresado preocupación por la dinámica singular de un litigio donde el Ejecutivo aparece en ambos lados de la mesa, y por eso solicitó argumentos formales sobre la procedencia misma de la demanda. [abcnews.com], [es.markets...reener.com]

Hay otro componente que intensifica el debate: la posibilidad de que, dentro de una negociación, se discutan efectos colaterales sobre auditorías u otras actuaciones fiscales. En el derecho tributario estadounidense existe una prohibición expresa para que ciertas autoridades del Ejecutivo soliciten, directa o indirectamente, que el IRS inicie o termine una auditoría o investigación sobre un contribuyente en particular. Y no es un detalle decorativo: si un empleado del IRS recibe una solicitud prohibida, debe reportarla al Inspector General del Tesoro para la Administración Tributaria (TIGTA). [law.cornell.edu], [uscode.house.gov]

Ese diseño normativo apunta a una idea que trasciende a cualquier coyuntura: la administración tributaria debe estar blindada contra presiones políticas, por la misma razón que el sistema de justicia debe estar blindado contra la captura de intereses. La ley tipifica sanciones si se viola la prohibición o si se incumple el deber de reporte, lo que confirma la gravedad institucional que el legislador atribuye a la interferencia política en auditorías. En otras palabras: no se trata solo de “si se puede negociar”; se trata de “qué no se puede negociar” sin quebrar la arquitectura de integridad pública. [law.cornell.edu], [uscode.house.gov]

Visto desde esa óptica, el verdadero riesgo no es únicamente que un acuerdo implique fondos de contribuyentes, sino que normalice un precedente: que el poder ejecutivo pueda transformar una reclamación privada —aun cuando tenga base legal— en una transacción pública con beneficios privilegiados y bajo controles debilitados. Esa es la pendiente resbaladiza que corroe la confianza ciudadana: no porque el derecho a reclamar sea ilegítimo, sino porque el ejercicio del poder para materializar la solución puede ser estructuralmente incompatible con la imparcialidad que exige un Estado de derecho. [abcnews.com], [law.cornell.edu]

Por eso, en situaciones así, los antídotos no deben ser retóricos sino procedimentales. Primero: reglas robustas de recusación y cortafuegos institucionales dentro del Departamento de Justicia y de la autoridad fiscal, para separar la defensa del Estado de cualquier cadena de mando que pudiera contaminar la adversidad. Segundo: transparencia proactiva sobre el alcance del acuerdo (sin revelar información tributaria protegida), de modo que la sociedad pueda evaluar si hubo un uso razonable del erario y si se evitó cualquier “beneficio público” impropio. Tercero: activación plena de los mecanismos de control interno e inspectorías donde la ley ordena reportar presiones sobre auditorías o investigaciones. [bing.com], [abcnews.com] [law.cornell.edu], [law.cornell.edu] [law.cornell.edu], [uscode.house.gov]

La ética pública, en su forma más concreta, es un sistema de frenos que funciona especialmente cuando no conviene. Y ahí está la prueba de estrés: cuando el conflicto de interés no es hipotético sino de diseño; cuando la “parte demandante” y la “parte demandada” orbitan el mismo centro de poder; cuando un acuerdo puede ser legal en su forma, pero corrosivo en su efecto. La democracia no se rompe solo con ilegalidades abiertas: también se desgasta cuando lo institucional se usa para privatizar ventajas y socializar costos. [law.cornell.edu], [bing.com]

En este caso —más allá de nombres, filias o fobias— la discusión es universal y nos toca a todos: la confianza pública no se administra con comunicados, sino con reglas que evitan que el Estado se convierta en juez y parte, y con procedimientos que impiden que el dinero de todos termine sirviendo, por la puerta trasera, a los intereses de unos pocos. Cuando el Estado “se paga a sí mismo”, la república paga dos veces: una en dólares y otra en legitimidad. [abcnews.com], [law.cornell.edu]

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

.....

El silencio de Pekín está alimentando la crisis del Ormuz.

El silencio de Pekín está alimentando la crisis del Ormuz.

  • La cumbre entre Xi y Trump no logró ofrecer ningún plan concreto para estabilizar la crisis iraní ni para reabrir el estrecho de Ormuz, lo que puso de manifiesto las profundas divisiones entre Estados Unidos y China en materia de seguridad energética y estabilidad marítima.
  • Los mercados petroleros y navieros siguen en vilo, ya que las interrupciones en el estrecho de Ormuz parecen cada vez más estructurales en lugar de temporales, y las aseguradoras, los armadores y los comerciantes están perdiendo la confianza en las garantías de seguridad estadounidenses.
  • El mundo está entrando en un nuevo orden comercial fragmentado donde el acceso marítimo y los flujos de energía están quedando vinculados a la alineación geopolítica en lugar de a mercados globales abiertos.
Buque tanque Aframax

Aunque la cumbre Xi-Trump en Pekín debía proyectar estabilidad, el resultado fue claramente el contrario. En la práctica, la reunión podría recordarse como el momento en que el mundo empezó a comprender que no existe una estrategia viable entre las grandes potencias para contener la guerra con Irán ni para reabrir el estrecho de Ormuz. Esto último tendrá un efecto duradero y perjudicial sobre la estabilidad de los mercados mundiales de transporte marítimo y energía. Incluso teniendo en cuenta toda la puesta en escena, los apretones de manos ceremoniales y las declaraciones triunfalistas, la reunión no produjo ningún resultado concreto significativo sobre el único problema que ahora amenaza más directamente a la economía mundial. La escalada de la confrontación en torno a Irán y la parálisis en el estrecho de Ormuz siguen pendiendo de un hilo entre Washington y Teherán. El silencio actual es ensordecedor.

Como era de prever, Trump abandonó Pekín afirmando que se habían resuelto «muchos problemas» e insistiendo en que el presidente chino Xi Jinping había acordado que el estrecho de Ormuz «debe permanecer abierto». Sin embargo, no se han presentado resultados visibles, como un marco de trabajo, una hoja de ruta, un calendario o una iniciativa conjunta. Ninguna de las partes logró respaldar un mecanismo coordinado de seguridad marítima. Además, y aún más importante, no se ha materializado ningún avance diplomático con Teherán. También cabe destacar que no se publicó ningún acuerdo sobre la estabilización energética.

El resultado de la cumbre es aún más peligroso, ya que Washington y Pekín ya no son capaces de actuar conjuntamente, lo que amenaza la estabilidad del transporte marítimo mundial. El estrecho de Ormuz, arteria principal de la economía mundial de hidrocarburos, sigue siendo vulnerable en medio de las continuas tensiones militares y las interrupciones en el tráfico marítimo.Relacionado: Los precios del petróleo se disparan mientras el cierre de Hormuz mantiene vivos los temores sobre el suministro.
Existían grandes expectativas de que la cumbre de Pekín produjera al menos un marco mínimo para reducir las tensiones. La cruda realidad de la creciente división entre Washington y Pekín respecto a Irán subraya ahora el riesgo cada vez mayor de que la rivalidad geopolítica afecte a la estabilidad global, lo que debería alertar a la opinión pública sobre posibles crisis.

Washington quiere que China presione más a Teherán, que reabra completamente el estrecho de Ormuz y que limite la escalada iraní. Pekín, sin embargo, parece desear únicamente estabilidad sin sacrificar su relación estratégica con Irán. El resultado final es una parálisis. Quizás sea incluso peor: ambas partes fingen públicamente que esta parálisis no existe.

Las afirmaciones de Trump de que Xi había ofrecido ayuda y apoyado la reapertura del estrecho de Ormuz han sido negadas o evitadas por funcionarios chinos, lo que pone de manifiesto la falta de entendimiento. Esta discrepancia revela la verdadera realidad de la cumbre: no hubo una alineación estratégica real, y ambas partes están maniobrando para explotar la crisis mientras fingen públicamente que existe cooperación.

Los mercados petroleros vuelven a mostrarse nerviosos, pues el optimismo inicial era ilusorio. Los precios del crudo repuntan y el mercado de los buques cisterna sigue siendo volátil, lo que pone de manifiesto que el estrecho de Ormuz ya no se enfrenta a una interrupción temporal, sino que se está volviendo estructuralmente inestable: un hecho alarmante para la seguridad del comercio mundial.

La guerra con Irán ha alterado los cálculos de riesgo marítimo, ya que, incluso durante los ceses del fuego temporales o las reaperturas anunciadas, los armadores y las aseguradoras se mostraron reticentes a retomar las rutas de tránsito habituales. La "Operación Proyecto Libertad", una iniciativa estadounidense de escolta naval claramente fallida, también lo ha puesto de manifiesto. Los armadores y las aseguradoras consideran insuficientes las garantías de seguridad estadounidenses. Esta es una verdad muy incómoda para la administración Trump: Estados Unidos aún puede proyectar poder militar en el Golfo, pero no puede garantizar la confianza comercial. De cara al futuro, esta será una distinción crucial.

Los mercados de Shippong se basan en la previsibilidad, la asegurabilidad y la confianza. Incluso una perturbación mínima destruye esos fundamentos; Hormuz lo está haciendo en tiempo real. La cumbre Xi-Trump no cambió esta situación.

Desde una perspectiva externa, la cumbre ha exacerbado la ambigüedad estratégica en torno al estrecho de Ormuz. Si bien Trump afirmó que Xi se comprometió a no armar a Irán y apoyó mantener abierto el estrecho, Irán permite el tránsito de buques vinculados a China. La percepción, sea acertada o no, es claramente que China está negociando acuerdos de acceso especiales con Teherán, mientras que el sistema global de transporte marítimo internacional permanece restringido. Para los países no chinos, esto resulta profundamente alarmante.

Si el estrecho de Ormuz se convierte en un corredor de acceso selectivo, totalmente condicionado por la alineación geopolítica, el comercio mundial se enfrentará a una nueva realidad. Una en la que los flujos de energía, las estructuras de seguros y los mecanismos de fijación de precios marítimos reflejarán las relaciones políticas en lugar de la dinámica del mercado abierto. Lo que resulta aún más preocupante es la posibilidad de que el mundo ya se encuentre en esta situación.

La recién creada Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico de Irán y los incipientes mecanismos de control de tránsito sugieren que Teherán está institucionalizando activamente un acceso marítimo diferenciado. Sin embargo, la administración Trump sigue afirmando que mantendrá elementos de su estrategia de bloqueo naval, al tiempo que exige a China que “haga más”. Esta realidad implica que no hay desescalada, sino una militarización y politización de uno de los puntos estratégicos marítimos más críticos del mundo.

Desde el punto de vista geopolítico, esto es aún más peligroso. La cumbre no se centró únicamente en Irán, sino también en Taiwán. El líder chino Xi Jinping advirtió abiertamente que una mala gestión de la situación en Taiwán podría provocar enfrentamientos e incluso conflictos. Para el comercio marítimo y global, esto significa que ya no se enfrentan a crisis aisladas. En cambio, el comercio y el transporte marítimo mundiales se enfrentan a una inestabilidad sin precedentes en el estrecho de Ormuz, el mar Rojo y Asia Oriental.

Resulta evidente que la premisa sobre la que se construyó el sistema comercial global moderno —que las rutas marítimas mundiales están abiertas o protegidas por el dominio naval estadounidense y un orden global relativamente cooperativo— se ha derrumbado. La cumbre Xi-Trump demuestra ahora la falta de preparación del liderazgo mundial para esta transición.

Al mismo tiempo, Europa sigue sumida en la incertidumbre debido a la falta de claridad estratégica. Si bien las economías europeas siguen estando muy expuestas al estrecho de Ormuz a través de las importaciones de GNL , los productos refinados y los precios del mercado energético en general, todas parecen estar atrapadas entre la dependencia de las garantías de seguridad estadounidenses y la dependencia económica del comercio chino y los flujos energéticos del Golfo. El Viejo Continente aún carece de una doctrina europea coherente en materia de seguridad marítima.

Las economías asiáticas también están cada vez más preocupadas, ya que todas dependen de las importaciones de energía del Golfo. Sin embargo, incluso después de meses, ninguna es capaz ni está dispuesta a establecer un marco de seguridad marítima independiente sin provocar una escalada geopolítica más amplia. Parece haber una grave desviación estratégica.

Y los mercados odian la deriva.

Todos, pero especialmente el sector marítimo, comienzan a ver el entorno actual no como una conmoción geopolítica temporal, sino como el inicio de un sistema comercial estructuralmente fragmentado . Los resultados son evidentes: el transporte marítimo de contenedores ya enfrenta posibles presiones de desacoplamiento entre Estados Unidos y China. En los mercados de buques cisterna, el acceso a ciertos puntos estratégicos es limitado, mientras que los mercados de GNL siguen estando extremadamente ajustados. En general, los armadores están reevaluando sus estrategias de rutas, mientras que los puertos se enfrentan a un creciente escrutinio geopolítico. La cumbre de Pekín no hizo nada por revertir ninguna de estas tendencias; solo las reforzó.

Lo más importante, una vez más, fue lo que no se dijo. Resulta sorprendente y preocupante que no se haya debatido seriamente la creación de una fuerza multinacional de estabilización en el estrecho de Ormuz. Ninguna de las partes abordó los mecanismos de alivio de sanciones ni un marco conjunto de seguros marítimos. China y Estados Unidos tampoco lograron detallar una arquitectura de seguridad marítima. Esto reitera la percepción de que una profunda y extrema desconfianza estratégica domina la relación entre Estados Unidos y China.

La administración Trump ve cada crisis desde la perspectiva de la competencia con Pekín, mientras que esta última interpreta cada vez más las iniciativas estadounidenses como intentos de preservar la hegemonía estratégica de Estados Unidos. El Ormuz ya no es una crisis de seguridad energética, sino otro escenario de la rivalidad entre grandes potencias. Para los mercados de transporte marítimo y energía, esto es peligroso.

Como consecuencia de esta situación, en la que el acceso marítimo depende cada vez más de la alineación geopolítica, el comercio mundial se fragmentará gradualmente en esferas rivales. La neutralidad en este contexto será imposible. Los mercados energéticos (y su principal medio de transporte, el transporte marítimo) dejarán de funcionar como un mercado global unificado.

La ironía de la cumbre es brutal, ya que pretendía tranquilizar a los mercados demostrando que las dos mayores potencias mundiales aún podían cooperar durante una crisis. Tras la partida del avión de Trump, ahora resulta evidente que ambas partes podrían estar demasiado divididas estratégicamente como para gestionar conjuntamente la inestabilidad marítima sistémica. El temor principal que surge ahora es que el estrecho de Ormuz nunca recupere por completo su estado anterior a la guerra.

Por Cyril Widdershoven para Oilprice.com 

Más artículos destacados de Oilprice.com

El silencio de Pekín está alimentando la crisis del Ormuz. | Beijing’s Silence Is Fueling the Hormuz Crisis https://oilprice.com/Energy/Energy-General/Beijings-Silence-Is-Fueling-the-Hormuz-Crisis.html?utm_source=tw&utm_medium=tw_repost #oilprice