La amenaza de extender al estrecho de Malaca la lógica de peajes, tensiones militares y costos de seguridad que hoy sacuden al estrecho de Ormuz confirma una realidad estratégica: el precio del petróleo ya no se decide solo en los campos de producción, sino en los corredores marítimos donde el comercio global respira, se estrecha o se asfixia.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor
El mundo vuelve a comprobar que la energía no viaja únicamente en barriles, buques y contratos de futuro. Viaja también en nervios geopolíticos, en estrechos marítimos vulnerables, en decisiones militares, en primas de seguro, en amenazas diplomáticas y en el temor de los mercados. La reciente escalada entre Estados Unidos e Irán, descrita por Oilprice.com como un detonante de nuevos ataques, represalias y temores sobre el suministro petrolero, ha reabierto una pregunta mayor: ¿qué ocurre cuando los puntos de estrangulamiento marítimo dejan de ser simples rutas comerciales y se convierten en instrumentos de presión estratégica?
El estrecho de Ormuz ha sido, durante décadas, el nombre más visible de esa fragilidad. Pero ahora la atención se desplaza hacia Malaca, una arteria de 900 kilómetros entre el océano Índico y el Pacífico, rodeada por Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia, por donde transita una parte decisiva del comercio energético global. La Administración de Información Energética de Estados Unidos estima que por Malaca pasaron 23.2 millones de barriles diarios de petróleo y derivados en el primer semestre de 2025, más que por Ormuz, que registró 20.9 millones de barriles diarios en el mismo período. Esa cifra convierte a Malaca no en una ruta más, sino en una columna vertebral de la economía mundial.
La preocupación no es menor: si el precedente de imponer tasas, restricciones o pagos especiales a buques comerciales en Ormuz se normaliza, otros corredores estratégicos podrían entrar en la misma lógica. Oilprice.com advierte que los mercados energéticos observan con inquietud la posibilidad de que países ribereños de Malaca consideren mecanismos similares, bajo el argumento de servicios de navegación, seguridad, rescate o protección ambiental. El problema es que entre una tasa administrativa y un peaje geopolítico la frontera puede volverse peligrosa, sobre todo cuando el tránsito marítimo se combina con tensiones militares y rivalidades entre potencias.
Malaca es mucho más que un paso de agua. Es el puente más corto entre los productores de crudo de Medio Oriente y las grandes economías consumidoras de Asia Oriental. La EIA recuerda que conecta el océano Índico con el Pacífico y constituye la ruta marítima más breve entre los suplidores del golfo Pérsico y mercados clave como China, Japón y Corea del Sur. En su punto más estrecho, el canal Phillips, cerca de Singapur, tiene apenas alrededor de 1.7 millas de ancho, una estrechez física que traduce la fragilidad del sistema global: por un espacio mínimo circula una porción inmensa de la seguridad energética planetaria.
Ese es el verdadero drama de la globalización: la economía se hizo interdependiente, pero no necesariamente resiliente. El petróleo que mueve fábricas, aviones, camiones, barcos, hogares y redes eléctricas depende de corredores que pueden alterarse por una decisión política, un ataque naval, un accidente, una colisión, un sabotaje o una crisis regional. La EIA advierte que cualquier bloqueo temporal en un gran punto de estrangulamiento puede generar retrasos sustanciales, mayores costos de transporte y presión al alza sobre los precios de la energía mundial. En otras palabras, el precio final del combustible no solo refleja oferta y demanda: refleja miedo, distancia, riesgo y poder.
Para Asia, el riesgo es existencial. China vive desde hace años lo que analistas llaman el “dilema de Malaca”: su crecimiento depende de un flujo energético que atraviesa un corredor marítimo vulnerable. De ahí su inversión en rutas alternativas, oleoductos, puertos y corredores terrestres vinculados a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Oilprice.com señala que proyectos como el Corredor Económico China-Myanmar y el Corredor Económico China-Pakistán buscan precisamente reducir la dependencia de Pekín del tránsito por Malaca. Pero ninguna infraestructura alternativa sustituye de inmediato la magnitud, eficiencia y profundidad logística de un estrecho por el que se mueve buena parte del petróleo marítimo global.
Japón y Corea del Sur también entienden la magnitud del riesgo. Han diversificado suplidores, fortalecido reservas estratégicas e invertido en gas natural licuado e infraestructura energética. Sin embargo, la geografía sigue imponiendo su ley. Un buque puede cambiar de bandera, de aseguradora o de puerto, pero no puede borrar los mapas. La EIA ha advertido que, si Malaca quedara bloqueado, una parte significativa de la flota mundial tendría que desviarse por rutas alrededor del archipiélago indonesio, como los estrechos de Lombok o Sunda, con mayores tiempos, costos y presión sobre la capacidad naviera.
La inquietud ha llegado al plano diplomático. Indonesia y Singapur declararon recientemente su compromiso de mantener el estrecho de Malaca “abierto, seguro y accesible”, en medio de las tensiones globales por el petróleo y las tarifas asociadas a Ormuz. Esa afirmación es relevante porque reconoce que la libertad de navegación ya no puede darse por garantizada. En un mundo donde los mares se militarizan, los seguros se encarecen y las potencias compiten por rutas, puertos y suministros, mantener abierto un estrecho se convierte en una política de seguridad internacional.
Para países importadores como República Dominicana, esta discusión no es lejana ni abstracta. Aunque el país no dependa directamente de Malaca para sus combustibles, sí depende del precio internacional de la energía, de los fletes, de los seguros marítimos y de las expectativas globales que se forman en Londres, Nueva York, Singapur o Houston. La economía dominicana importa la totalidad de sus hidrocarburos y, de acuerdo con informes periodísticos basados en cifras oficiales, la factura energética continúa siendo uno de sus grandes puntos de vulnerabilidad estructural. En 2025, Diario Libre reportó importaciones de hidrocarburos por US$4,685.63 millones y un consumo estimado de aproximadamente 150,000 barriles diarios.
Esa dependencia convierte cada crisis externa en una presión interna. Cuando sube el petróleo, se encarece el transporte de carga, aumenta el costo de generación eléctrica, se tensionan los subsidios, se afecta el precio de los alimentos y se erosiona el poder adquisitivo de los hogares. Lo que ocurre en Ormuz o Malaca termina sintiéndose en el pasaje del transporte público, en la factura eléctrica, en el comercio de importación, en el turismo, en la aviación, en la agroindustria y en la competitividad logística. La globalización energética no reconoce fronteras emocionales: un conflicto lejano puede convertirse rápidamente en inflación local.
Por eso, la lectura dominicana debe ser estratégica, no reactiva. República Dominicana necesita acelerar su transición energética, fortalecer reservas, diversificar fuentes, expandir renovables, mejorar eficiencia en transporte y generación, y consolidar una política logística que contemple escenarios de disrupción global. No se trata de alarmismo. Se trata de gobernanza preventiva. El país que espera a que el petróleo suba para improvisar medidas llega tarde; el país que entiende la geopolítica de los estrechos antes de la crisis protege mejor a sus consumidores, sus empresas y sus finanzas públicas.
La crisis de Malaca también deja una lección jurídica y moral: los corredores marítimos internacionales no pueden convertirse en cajas registradoras de la coerción geopolítica. Hay servicios legítimos que deben financiarse: seguridad, rescate, monitoreo ambiental, asistencia a la navegación. Pero cuando esas tasas se transforman en herramientas de presión, discriminación o castigo, el comercio mundial entra en una zona peligrosa. La libertad de navegación, consagrada en el derecho internacional y defendida por Singapur e Indonesia en sus declaraciones recientes, no es un lujo de las grandes potencias; es una condición mínima para que las economías medianas y pequeñas no paguen el precio de conflictos que no provocaron.
El siglo XXI está demostrando que la seguridad energética ya no se define solo por quién produce petróleo, sino por quién controla los pasos por donde ese petróleo circula. Ormuz, Malaca, Bab el-Mandeb, Suez, Panamá y el cabo de Buena Esperanza forman un mapa de vulnerabilidades que puede alterar precios, rutas, alianzas y decisiones fiscales. La EIA resume esa realidad al identificar los puntos de estrangulamiento marítimo como canales críticos para el comercio energético global por los grandes volúmenes de petróleo, líquidos y gas natural licuado que los atraviesan.
Malaca no es únicamente un estrecho asiático. Es un espejo de la fragilidad mundial. Si allí se impone la lógica del peaje estratégico, el mensaje será devastador: cualquier cuello de botella puede convertirse en arma económica. Y cuando el mar se convierte en arma, los pueblos pagan en tierra. República Dominicana debe leer esa señal con inteligencia: más energía limpia, más eficiencia, más planificación, más reservas, más diplomacia comercial y menos dependencia ciega del vaivén internacional. Porque en la nueva geopolítica del petróleo caro, la soberanía no consiste en negar la interdependencia, sino en prepararse para sobrevivirla con visión, prudencia y audacia nacional.
🚨🌍⛽ ¡Alerta en los mercados energéticos mundiales! El conflicto entre Estados Unidos e Irán vuelve a sacudir el comercio global y ahora todas las miradas se dirigen al estratégico Estrecho de Malaca, una de las rutas marítimas más importantes para el transporte de petróleo del… pic.twitter.com/zAm5qlZy5t
— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) July 13, 2026
NOTICIAS RELACIONADAS
[oilprice.com] [eia.gov] [oilprice.com] [eia.gov] [malaymail.com] [diariolibre.com]
El estrecho de Malaca se enfrenta a crecientes temores de que se apliquen tarifas de envío similares a las de otros países.
Por Alex Kimani - 9 de julio de 2026, 17:00 CDT
- Los precios del petróleo se dispararon después de que el presidente Trump declarara el fin del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, y los renovados ataques militares y los ataques iraníes contra buques comerciales reavivaron los temores de interrupciones prolongadas en el suministro.
Los mercados están ahora pendientes del estrecho de Malaca, ante la preocupación de que las tasas de tránsito o las restricciones similares a las propuestas para el estrecho de Ormuz puedan extenderse a una de las rutas de transporte de petróleo más importantes del mundo.
- Cualquier interrupción o coste adicional en Malaca afectaría gravemente a los importadores de energía asiáticos, aumentaría los costes de transporte marítimo y de seguros, y ejercería una nueva presión al alza sobre los precios mundiales del petróleo.
Los precios del petróleo volvieron a dispararse el miércoles después de que el presidente estadounidense Donald Trump declarara que el acuerdo de alto el fuego con Irán había terminado y prometiera atacar de nuevo a Irán, poniendo fin de facto al acuerdo de paz provisional apenas un mes después de su firma. El martes, Irán atacó tres buques mercantes en el estrecho de Ormuz que utilizaban una ruta alternativa cerca de la costa de Omán en lugar del corredor norte controlado por Teherán, lo que provocó ataques de represalia por parte de Estados Unidos. Irán ha amenazado con cerrar completamente el estrecho de Ormuz de nuevo y atacar el doble de objetivos en la región que Estados Unidos, después de que el ejército estadounidense atacara más de 80 objetivos dentro de Irán, incluyendo redes de defensa aérea, sistemas de radar y más de 60 lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Ahora, los inversores en energía están centrando su atención en otro punto de control marítimo crucial: el estrecho de Malaca. Un informe reciente de CNBC señala que los mercados energéticos están cada vez más preocupados ante la posibilidad de que el precedente establecido en Ormuz se extienda al sudeste asiático con la imposición de aranceles similares.
Irán y Omán propusieron recientemente administrar conjuntamente el estrecho de Ormuz mediante la imposición de nuevas tasas a los buques comerciales que lo transiten. Teherán considera que estos pagos son obligatorios para todos los buques comerciales que lo atraviesan. Omán, sin embargo, los describe como tasas de servicio opcionales que cubren la asistencia a la navegación, las operaciones de búsqueda y rescate y la protección del medio ambiente. Las autoridades omaníes sostienen que estos cargos no son peajes de tránsito y comparan el sistema con los acuerdos de servicio voluntario utilizados en el estrecho de Malaca.
Sin embargo, a los inversores les preocupa que, si se normalizan las tasas de tránsito en Oriente Medio, los países ribereños del estrecho de Malaca vean la oportunidad de hacer lo mismo. De hecho, han surgido informes que indican que Irán podría imponer una tasa de 2 millones de dólares a los petroleros que transiten por el corredor de Ormuz.
El estrecho de Malaca es una vía marítima de 900 kilómetros de longitud que limita con Indonesia, Malasia y Tailandia, entre la península malaya y la isla indonesia de Sumatra.
Situada en la entrada sur del estrecho, la ciudad-estado de Singapur actúa como el centro de transbordo de contenedores más activo del planeta y el mayor punto de repostaje de buques.
Más de 94 000 buques atraviesan el estrecho anualmente, transportando energía esencial y productos agrícolas. Es la ruta marítima más corta que conecta el Océano Índico con el Océano Pacífico, y constituye una arteria crucial para hasta el 30 % de las mercancías comercializadas a nivel mundial y casi la mitad del petróleo transportado por vía marítima. Más concretamente, es la ruta marítima más corta que conecta el petróleo crudo de Oriente Medio con Asia Oriental, abasteciendo a importantes economías como China, Japón y Corea del Sur.
El estrecho se estrecha considerablemente en su punto más angosto —el canal Phillips, cerca de Singapur—, donde apenas mide 2,8 kilómetros de ancho, lo que lo convierte en uno de los puntos de estrangulamiento marítimo más críticos del mundo. Si el paso quedara bloqueado, evitar el estrecho por completo obligaría a los buques cisterna a realizar enormes desvíos alrededor del continente australiano, lo que añadiría entre 10 y 15 días de tiempo de tránsito y aumentaría drásticamente los costos del combustible.
Una guerra de peajes en Malaca probablemente afectaría gravemente los costos operativos de los buques cisterna y reduciría los márgenes de ganancia de los operadores y refinadores de petróleo a nivel mundial. Esta incertidumbre y los costos adicionales acelerarían la volatilidad del mercado, dispararían las primas de los seguros marítimos y ejercerían presión al alza sobre los precios mundiales del petróleo.
China, en particular, se enfrenta a un enorme riesgo conocido popularmente como el « Dilema de Malaca », ya que hasta el 80 % de su petróleo importado depende del tránsito por el estrecho de Malaca. Afortunadamente, el Dilema de Malaca ha impulsado a Pekín a desarrollar rutas alternativas por tierra y oleoductos en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, a través de Myanmar y Pakistán, para sortear este cuello de botella. Entre estas rutas se incluyen el Corredor Económico China-Myanmar (CMEC) y el Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) .
El CMEC es una enorme red de infraestructura y desarrollo con forma de Y invertida, enmarcada en la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China. Este corredor, que se extiende desde la provincia china de Yunnan, sin salida al mar, hasta la costa de Myanmar, proporciona a Pekín un acceso directo y estratégico al océano Índico y al golfo de Bengala.
El corredor comienza en Kunming, entra en Myanmar por ciudades fronterizas como Muse, se extiende hasta la ciudad central de Mandalay y luego se divide en dos ramales que terminan en el centro comercial de Yangon y el estratégico puerto de aguas profundas de Kyaukpyu en el estado de Rakhine. Entre los proyectos clave de CMEC se encuentra el oleoducto y gasoducto China-Myanmar (a menudo asociado con la empresa matriz de China Machinery Engineering Corporation, CNPC), un enlace energético vital que evita el estrecho de Malaca. Este oleoducto, que va desde Kyaukpyu en la costa de Myanmar hasta Yunnan, transporta hasta 22 millones de toneladas de petróleo crudo al año, generando aproximadamente 22 millones de dólares en ingresos directos y 13,6 millones de dólares en tarifas de tránsito para Myanmar. A pesar del conflicto civil en curso en Myanmar, China ha reforzado la seguridad para proteger estos corredores energéticos estratégicos, que operan junto con los proyectos planificados de desarrollo de un puerto de aguas profundas y una zona económica especial en Kyaukpyu.
Japón, Corea del Sur y otros importantes importadores asiáticos también han dedicado años a diversificar sus proveedores de crudo, ampliar sus reservas estratégicas de petróleo e invertir en infraestructura de GNL y oleoductos para reducir su exposición a las interrupciones marítimas. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, el estrecho de Malaca sigue siendo la principal vía de entrada para gran parte de la energía importada de Asia, lo que significa que cualquier intento de normalizar las tarifas de tránsito u otras restricciones en la zona tendría repercusiones en los mercados energéticos mundiales.
Por Alex Kimani para Oilprice.com
https://oilprice.com/Energy/Energy-General/The-Strait-Of-Malacca-Faces-Growing-Fears-Of-Copycat-Shipping-Fees.html
Más artículos destacados de Oilprice.com
- Los inventarios de petróleo crudo y productos derivados en EE. UU. disminuyen incluso cuando comienza a fluir el tráfico en el oleoducto de Ormuz.
- Trump vuelve a poner a California en el punto de mira en su disputa con SpaceX.
- Los precios del petróleo suben un 6% a pesar de que los petroleros siguen avanzando por el Ormuz.








![[object HTMLTextAreaElement]](https://resources.diariolibre.com/images/2026/07/13/escenarios-4c716c86.png)
![[object HTMLTextAreaElement]](https://resources.diariolibre.com/images/2026/07/13/clima-c18f63a6.png)









