lunes, 6 de julio de 2026

Beijing exige a las empresas chinas en el extranjero a cumplir sus leyes por sobre las normativas de cada país

Caricatura de Xi Jinping con traje oscuro, corbata roja, un sello del Partido Comunista Chino y hilos rojos que conectan figuras y edificios en un mapa.

El jefe del régimen chino Xi Jinping extiende su influencia contra empresarios, ejecutivos y ciudadanos chinos en todo el mundo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mundo | Beijing exige a las empresas chinas en el extranjero a cumplir sus leyes por sobre las normativas de cada país

Mediante el decreto 835, el régimen conducido por Xi Jinping obliga a instituciones y ciudadanos chinos en el exterior a alinearse con la Lucha contra la Jurisdicción Extraterritorial Injustificada de Estados Extranjeros

Laureano Pérez Izquierdo | Director de Infobae América

06 Jul, 2026 08:54 a. m. EST

El largo brazo de la ley china tiene tantos miles de kilómetros que resulta imposible de medir. El Decreto N° 835 -“Reglamento de la República Popular China sobre la Lucha contra la Jurisdicción Extraterritorial Injustificada de Estados Extranjeros”- es un ejemplo de este nuevo paradigma legal que impone el régimen comandado por Xi Jinping para ciudadanos, empresas e instituciones chinas radicadas en el extranjero.

Hace pocos días, Infobae publicó la entrada en vigor de una ley que restringía la libertad de conciencia de sus ciudadanos no ya dentro de su territorio sino también fronteras afuera. Se trataba de la “Ley de Promoción de la Unidad y el Progreso Étnico” que comprime a la mínima expresión las etnias menos representativas del país priorizando una “unidad nacional” cuyos criterios quedan en consideración del Partido Comunista Chino (PCC). Estertores de la Gran Revolución Cultural Proletaria de 1966 donde se resaltaba la figura de Mao Tse-Tung. Ahora, el objetivo es resaltar el pensamiento de Xi y del PCC. Esa purga terminó con la vida de millones de personas.

Pero el Decreto N° 835 no busca (únicamente) perseguir la conciencia de sus ciudadanos radicados en el extranjero, sino obligarlas a dirimir un dilema legal que hasta ahora no contemplaban: cumplir las leyes de los países donde son residentes o circunscribirse a las normas del régimen de Beijing. Este intríngulis procesal coloca a una empresa, una institución o un simple inmigrante chino en una situación en la que se verá atrapado entre dos obligaciones legales incompatibles.

El reglamento del régimen dice expresamente que China responderá a lo que denomina “jurisdicción extraterritorial injustificada”. El objetivo apunta a las sanciones, restricciones y controles impuestas por otros estados.

En su Artículo 6, el decreto establece:

El departamento competente en materia de Estado de derecho del Consejo de Estado, conjuntamente con otros organismos competentes, llevará a cabo la identificación de las medidas de jurisdicción extraterritorial injustificada adoptadas por Estados extranjeros y podrá realizar investigaciones y consultas con las partes extranjeras, entre otras actuaciones. Las organizaciones y personas podrán proponer al citado departamento el inicio del procedimiento de identificación.

Para llevar a cabo dicha identificación se tendrán en cuenta, entre otros, los siguientes factores:

Si la medida infringe el derecho internacional y los principios fundamentales de las relaciones internacionales;

Si existe una conexión apropiada entre el acto sometido a jurisdicción extraterritorial y el Estado extranjero que pretende ejercerla;

Si la medida perjudica la soberanía, la seguridad o los intereses de desarrollo de China, o lesiona los derechos e intereses legítimos de ciudadanos u organizaciones chinas;

Cualquier otra circunstancia que deba ser considerada.

Cuando, tras el procedimiento de identificación, se determine que una medida constituye una medida de jurisdicción extraterritorial injustificada de un Estado extranjero, el departamento competente del Consejo de Estado podrá anunciar oficialmente dicha determinación. Ninguna organización ni persona podrá ejecutar ni colaborar en la ejecución de tales medidas.

Cuando, por circunstancias especiales, un ciudadano u organización chinos necesiten ejecutar o colaborar en la ejecución de dichas medidas, deberán solicitar autorización al departamento competente del Consejo de Estado, exponiendo los hechos, los fundamentos y el alcance de la actuación requerida. Una vez aprobada conforme al procedimiento de decisión del Mecanismo de Trabajo, podrán ejecutarlas únicamente dentro del ámbito expresamente autorizado".

El texto es claro. Intimidante. Cuando el régimen considere que un estado extranjero -ya sea mediante una sanción, control o restricción- pretenda ejercer su jurisdicción, ningún ciudadano podrá cumplir o colaborar en su ejecución, salvo que Beijing -mediante el Consejo de Estado- lo autorice.

Es decir, una corporación china con una filial en Brasil o un ciudadano chino dueño de un restaurante en Madrid son obligados a cumplir con determinados requisitos por una ley (brasileña o española, de acuerdo al ejemplo) que los conmina a colaborar con las autoridades locales por filtración de datos. Sin embargo, si China considera que esa normativa son “extraterritorialmente injustificadas”, esas entidades chinas comprometidas podrían recibir dos órdenes simultáneas e incompatibles: la ley local le exige cumplir; la ley china le exige no cumplir.

Pero el Decreto N° 835 es aún más ambiguo, lo que lo convierte en más riesgoso para sus emigrantes y empresas en el extranjero. El Artículo 4 afirma que el régimen podrá ejercer “jurisdicción extraterritorial” cuando exista una “conexión apropiada” con China. El problema es que ese concepto no está definido y puede abarcar indistintamente a: ciudadanos chinos, empresas, filiales, financieras, tecnología, datos. La vaguedad de su texto es lo que hace temeraria y discrecional a la ley.

El Consejo de Estado es quien tendrá plena autoridad para decidir si se aplica o no la ley local de acuerdo a cada caso. Las autoridades chinas podrán identificar las medidas extranjeras, prohibir su cumplimiento, ordenar inspecciones tanto a empresas como a particulares, imponer entrevistas, ordenar no cumplir la norma, sancionar a esas empresas, restringirle inversiones y hasta congelar sus activos.

Otro punto intimidante es el que se desprende de los Artículos 12 y 13. En ellos se obliga a las compañías a cooperar con las investigaciones y obedecer las órdenes administrativas. La negativa de esta “colaboración” podría derivar en sanciones. En ninguna línea del texto se enumeran garantías procesales comparables a las que suelen exigirse en sistemas donde un poder judicial independiente revisa plenamente la actuación de la administración.

El Artículo 14 también es contundente. Alienta a generar denuncias entre entidades que se sientan afectadas por algún “traidor” que cumpla con leyes en el extranjero. “Cuando una organización o persona ejecute o colabore en la ejecución de medidas extranjeras de jurisdicción extraterritorial injustificada, lesionando con ello los derechos e intereses legítimos de ciudadanos u organizaciones chinas, estos podrán interponer, conforme a la ley, una demanda ante los tribunales populares para solicitar el cese de la infracción y la correspondiente indemnización por los daños y perjuicios sufridos”.

Además de la persecución de sus ciudadanos, la ley podría derivar en conflictos bilaterales. La intromisión del régimen chino en cuestiones administrativas locales generarían tensión entre los países involucrados que verían cómo Beijing intenta influir en decisiones tomadas fuera de su territorio. Esta presión podría extenderse, además, a otras represalias del estado comandado por Xi Jinping contra los países que quieran cumplir sus leyes.

Esto fue lo que ocurrió en Panamá, tras el fallo de la Corte Suprema de Justicia que declaró inconstitucional el contrato de concesión portuaria otorgado a Panama Ports Company (filial de la empresa china CK Hutchison) para operar los puertos de Balboa y Cristóbal en el Canal, calificando el acuerdo de “leonino” y lesivo para los intereses del país, lo que se tradujo en un conflicto bilateral y una presión monumental de Beijing sobre la nación centroamericana. El régimen comenzó una serie de contramedidas comerciales absurdas contra empresas panameñas y exigió al gobierno de José Raúl Mulino a desatender la decisión del máximo tribunal judicial del país.

A la Corte panameña no le tembló el pulso y respondió con altura republicalos ataques desde China: “Siempre va a haber alguien a quien le guste el fallo y va a haber gente a la que no le guste, pero la garantía de los ciudadanos es que la Corte no se deje influenciar por esas opiniones o esos deseos, sino que falle correctamente luego de un análisis muy profundo que la lleve a una conclusión“, dijo la presidenta del máximo tribunal María Cristina Chen Stanziola.

El Decreto N° 835 no sólo apunta a mantener sobre sus márgenes legales a las empresas chinas, sino también actúa como una advertencia para aquellas naciones que hacen negocios con China. Delicias de una autocracia imperial.

X: @TotiPI



https://www.infobae.com/america/mundo/2026/07/06/beijing-exige-a-las-empresas-chinas-en-el-extranjero-a-cumplir-sus-leyes-por-sobre-las-normativas-de-cada-pais/

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Irán después de Jamenei: el nuevo régimen, la militarización del poder y las repercusiones estratégicas para la República Dominicana

Cómo el nuevo régimen de Irán es totalmente diferente del anterior

Un hombre circula en motocicleta frente a una valla publicitaria que muestra las imágenes del difunto fundador de la Revolución Islámica y Líder Supremo, el ayatolá Ruhollah Jomeini (izquierda); del fallecido Líder Supremo de Irán, Ali Jamenei (centro); y de su hijo, el actual Líder Supremo, Mojtaba Jamenei, en una calle de Teherán el 3 de julio de 2026

Irán después de Jamenei: el nuevo régimen, la militarización del poder y las repercusiones estratégicas para la República Dominicana

La transición iraní descrita tras la muerte de Ali Jamenei no constituye un simple relevo sucesoral, sino una transformación estructural del Estado: menos dependiente del liderazgo clerical tradicional, más dominado por la Guardia Revolucionaria, más pragmático en lo social y más agresivo en su doctrina de disuasión. Para la República Dominicana, esta mutación no es un episodio remoto de Medio Oriente, sino un factor directo de riesgo energético, inflacionario, fiscal, turístico y diplomático.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

El nuevo régimen iraní debe ser interpretado como una mutación del poder revolucionario, no como una continuidad administrativa del viejo orden instaurado después de 1979. La lectura central del artículo de Paul Adams, publicado por BBC Mundo y reproducido por Acento, es que la muerte de Ali Jamenei y el ascenso de una nueva generación dirigente han desplazado el centro de gravedad del sistema iraní desde la prudencia clerical hacia una arquitectura más militarizada, más pragmática y más dispuesta a utilizar la fuerza como instrumento de negociación internacional (Adams, 2026). Esa transformación, lejos de significar necesariamente apertura democrática, puede implicar una forma más sofisticada de autoritarismo estratégico: un régimen capaz de flexibilizar ciertos símbolos sociales para recomponer legitimidad interna, mientras endurece su aparato de seguridad, preserva el monopolio político y eleva el costo de cualquier presión externa. En ese sentido, el nuevo Irán no abandona la lógica revolucionaria; la reorganiza bajo criterios de supervivencia estatal, disuasión regional y cálculo geoeconómico. [infobae.com], [cfr.org]

La diferencia fundamental entre el régimen anterior y el actual no reside únicamente en los nombres de sus dirigentes, sino en la naturaleza del mando. Durante décadas, Ali Jamenei representó una modalidad de poder marcada por la cautela, la ambigüedad estratégica y la fórmula de “ni guerra ni paz”, mediante la cual Irán resistía sanciones, financiaba aliados regionales y utilizaba su programa nuclear como ficha de presión sin cruzar necesariamente el umbral de una guerra directa de gran escala. El nuevo liderazgo, según el escenario descrito por Adams, parece haber alterado esa lógica: ya no se limita a administrar la tensión, sino que pretende convertir la vulnerabilidad iraní en capacidad ofensiva y en moneda de negociación. El resultado es un régimen que puede sentarse a negociar con Washington mientras demuestra, al mismo tiempo, que posee la voluntad de atacar bases militares, presionar a los países del Golfo y amenazar rutas marítimas críticas como el Estrecho de Ormuz. Ese cambio sugiere una transición desde la contención calculada hacia una disuasión más explícita y costosa. [infobae.com], [mecouncil.org]

La Guardia Revolucionaria Islámica ocupa el corazón de esta transformación. No se trata de una institución militar convencional, sino de un poder paralelo, creado para proteger la Revolución Islámica y convertido con el tiempo en actor militar, político, económico, ideológico y de inteligencia. El Council on Foreign Relations describe al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica como una de las organizaciones más poderosas de Irán, con funciones centrales en la proyección regional, la seguridad interna, la economía y la relación con grupos aliados en Irak, Líbano, Siria, Yemen y los territorios palestinos. También señala que responde directamente al líder supremo y que su influencia se ha expandido de manera sustancial desde 1979. En clave académica, esto significa que el nuevo régimen iraní se aproxima menos a una teocracia clásica dirigida por clérigos ancianos y más a un Estado securitizado, donde la legitimidad religiosa convive con una racionalidad de guerra, inteligencia, economía sancionada y redes regionales de influencia. [cfr.org] [mecouncil.org], [mecouncil.org]

Ese desplazamiento del eje clerical al eje militar produce una paradoja de gran alcance. Por un lado, el nuevo régimen puede parecer más pragmático: relativiza viejos tabúes sociales, evalúa concesiones económicas, busca alivio de sanciones y reconoce que necesita reconstruir legitimidad frente a una sociedad golpeada por represión, crisis económica y guerra. Por otro lado, ese pragmatismo no equivale a liberalización política. Puede ser, más bien, una estrategia de supervivencia: ceder en aspectos simbólicos de la vida cotidiana para conservar el núcleo duro del poder. La flexibilización del velo o de ciertas prácticas sociales no implica necesariamente una apertura del sistema político; puede funcionar como válvula de escape para reducir presión social, mientras la Guardia Revolucionaria y estructuras como la milicia Basij preservan la capacidad de control interno. En ese sentido, el régimen cambia de rostro, pero no renuncia a la vigilancia sobre la sociedad ni a la represión de la disidencia. [infobae.com], [cfr.org]

La segunda gran diferencia del nuevo Irán es su lectura del poder regional. Durante años, Teherán construyó el llamado “Eje de la Resistencia” mediante alianzas con actores no estatales y gobiernos afines en Líbano, Siria, Irak, Yemen y Gaza. Sin embargo, esa red sufrió golpes severos: el debilitamiento de Hezbollah, la devastación de Hamás, la presión sobre los hutíes y la pérdida del régimen sirio como aliado estratégico alteraron el mapa de influencia iraní. En el escenario descrito por Adams, la nueva dirigencia parece responder a esos reveses no con repliegue, sino con una estrategia de recomposición: si la red de aliados se debilita, el Estado iraní debe proyectar directamente su capacidad de daño. La consecuencia es un Irán más dispuesto a utilizar misiles, drones, presión naval y control geográfico como instrumentos de negociación. Esa conducta coincide con los análisis que señalan una creciente centralización, militarización y securitización de la política exterior iraní, con mayor influencia del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y de la Guardia Revolucionaria sobre los canales diplomáticos tradicionales. [infobae.com], [mecouncil.org]

El Estrecho de Ormuz es el punto donde esa transformación adquiere relevancia mundial. La Administración de Información Energética de Estados Unidos ha señalado que en 2024 fluyeron por ese estrecho alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo, equivalentes aproximadamente al 20 % del consumo mundial de líquidos petroleros. También ha advertido que los grandes puntos de estrangulamiento marítimo, cuando son interrumpidos temporalmente, pueden provocar retrasos de suministro, aumentos en los costos de transporte y presiones al alza sobre los precios internacionales de la energía. La Agencia Internacional de Energía, por su parte, considera a Ormuz uno de los pasos petroleros más críticos del mundo, al estimar que en 2025 transitaron por allí unos 20 millones de barriles diarios de crudo y derivados, cerca de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo. Por tanto, cuando Irán insinúa que puede cerrar, restringir o encarecer el tránsito por esa vía, no amenaza solamente a sus adversarios militares: amenaza la estabilidad del mercado energético global. [eia.gov], [eia.gov] [iea.org]

Para la República Dominicana, esta realidad tiene una consecuencia inmediata: la geopolítica del Golfo Pérsico se traduce en precios internos, costos fiscales y presión sobre el poder adquisitivo. Aunque el país no importa mayoritariamente desde Irán ni depende directamente del Golfo Pérsico para su abastecimiento inmediato, sí compra combustibles en un mercado internacional donde los precios se forman por expectativas globales, riesgos logísticos, seguros marítimos, oferta disponible y percepción de conflicto. El Ministerio de Energía y Minas, citado por El Dinero, reportó que la República Dominicana importó hidrocarburos por US$1,176 millones en el primer trimestre de 2025, con gasolinas, gasoil, gas natural, GLP, petróleo crudo y avtur entre los componentes principales de la factura energética. Ese mismo reporte indicó que Estados Unidos concentró el 84 % del valor importado en ese período, lo que revela una alta dependencia de un proveedor principal, pero no elimina la exposición dominicana a los precios internacionales. [eldinero.com.do]

El mecanismo de transmisión es claro. Si aumenta la tensión en Ormuz, sube la prima de riesgo del petróleo; si sube el Brent, aumentan los precios de referencia de los combustibles refinados; si se encarecen los combustibles importados, el Gobierno dominicano debe escoger entre trasladar el incremento al consumidor o absorberlo mediante subsidios. Ambas opciones tienen costos. Si el aumento se traslada al mercado interno, se encarecen el transporte público, el transporte de carga, los alimentos, la producción industrial, la factura eléctrica y los servicios vinculados al turismo. Si el Estado subsidia para evitar un golpe inflacionario, se presiona el presupuesto público, se reducen márgenes fiscales y se dificulta la asignación de recursos a inversión social, infraestructura o seguridad energética. En ambos escenarios, una crisis en Medio Oriente entra en la economía dominicana por la vía del combustible y se expande hacia toda la estructura de precios. [eia.gov], [eldinero.com.do]

El turismo dominicano también queda expuesto. La República Dominicana compite en un mercado internacional donde el costo del transporte aéreo, la estabilidad de las rutas y el precio del combustible de aviación influyen en la conectividad y la rentabilidad de las aerolíneas. El avtur forma parte de la canasta de hidrocarburos importados por el país, según los datos del MEM citados por El Dinero, y cualquier presión sostenida sobre los combustibles puede afectar costos de operación, tarifas aéreas y decisiones de conectividad. Una crisis prolongada no necesariamente reduciría de inmediato la llegada de turistas, pero sí podría elevar los costos de la cadena turística, desde los vuelos hasta la generación eléctrica hotelera, el transporte terrestre, la distribución de alimentos y la logística de suministros. En una economía donde turismo, zonas francas, construcción, remesas y comercio constituyen motores centrales, la energía no es un insumo sectorial: es una variable transversal de competitividad nacional. [eldinero.com.do]

La economía dominicana enfrenta, por tanto, una doble vulnerabilidad: dependencia de combustibles fósiles importados y exposición a la volatilidad geopolítica. El país ha avanzado en renovables, pero su matriz eléctrica todavía descansa en una proporción considerable de fuentes fósiles. El boletín estadístico del Ministerio de Energía y Minas para el primer trimestre de 2025 registró que la generación neta del SENI alcanzó 5,243.35 GWh y que una parte relevante de esa generación provino de gas natural, carbón mineral y fuel oil, aunque también se observa participación de agua, solar, viento y biomasa. A su vez, la guía comercial de la International Trade Administration sobre energía renovable en República Dominicana señala que el país tiene oportunidades de transformación energética, metas de mayor participación renovable y desafíos estructurales vinculados a pérdidas técnicas y no técnicas, transmisión y confiabilidad del sistema. Esto implica que la respuesta dominicana ante Irán no puede limitarse a observar el precio semanal de los combustibles; debe formar parte de una política de seguridad energética de largo plazo. [mem.gob.do] [trade.gov]

En ese marco, la primera medida estratégica para la República Dominicana debe ser fortalecer sus reservas y mecanismos de almacenamiento. Un país importador neto no puede evitar los shocks internacionales, pero sí puede reducir su vulnerabilidad temporal si dispone de inventarios suficientes, contratos diversificados y protocolos de emergencia. La segunda medida debe ser acelerar la diversificación de proveedores y rutas logísticas, sin desconocer que Estados Unidos seguirá siendo un socio energético central. La concentración en un proveedor puede ser eficiente en tiempos normales, pero vulnerable en períodos de disrupción. La tercera medida debe ser profundizar la transición renovable con almacenamiento, inversión en redes, eficiencia energética y regulación moderna. La energía solar y eólica no eliminan de inmediato la necesidad de combustibles, pero reducen gradualmente la exposición a crisis como la de Ormuz. La cuarta medida debe ser crear un mecanismo fiscal anticíclico para combustibles, que permita proteger a los sectores más vulnerables sin convertir cada crisis externa en un desorden presupuestario. Estas acciones responden tanto al peso financiero de la factura petrolera como a los desafíos estructurales del sistema energético dominicano. [eldinero.com.do], [trade.gov]

Una quinta medida, menos discutida pero igualmente importante, es fortalecer la inteligencia económica del Estado dominicano. La crisis iraní demuestra que los países pequeños no pueden darse el lujo de separar política exterior, energía, finanzas públicas, comercio marítimo y seguridad alimentaria. La República Dominicana necesita una mesa permanente de seguimiento geoeconómico que integre al Ministerio de Energía y Minas, Ministerio de Hacienda, Banco Central, Ministerio de Industria y Comercio, Cancillería, sector eléctrico, autoridades portuarias, turismo, transporte y sector privado. Esa instancia debería producir escenarios de riesgo, estimaciones de impacto sobre combustibles, alertas sobre fletes marítimos, análisis de inflación importada y recomendaciones de respuesta. La Organización Mundial del Comercio y AXSMarine han desarrollado un rastreador del comercio por el Estrecho de Ormuz que muestra cómo los flujos marítimos pueden monitorearse casi en tiempo real, lo que confirma que la gestión moderna del riesgo requiere datos, vigilancia y anticipación. [datalab.wto.org]

La sexta medida corresponde a la diplomacia económica. La República Dominicana debe utilizar sus espacios multilaterales, regionales y hemisféricos para defender la seguridad de las rutas marítimas, la estabilidad del comercio energético y la solución negociada de conflictos. Esto no significa asumir una posición beligerante ni intervenir en disputas ajenas, sino articular una perspectiva de país importador vulnerable. Para economías caribeñas como la dominicana, la libertad de navegación, el respeto al derecho internacional y la previsibilidad de los mercados de energía son condiciones de estabilidad interna. En este sentido, la crisis iraní debería impulsar una diplomacia dominicana más activa en la discusión sobre seguridad energética, resiliencia logística y financiamiento para la transición renovable de países importadores. La experiencia de Ormuz y de otras rutas como Bab el-Mandeb confirma que los choques marítimos pueden elevar costos globales y alterar cadenas de suministro. [eia.gov], [eia.gov]

La Guardia Revolucionaria, por su parte, debe ser comprendida como el actor que condiciona la posibilidad de paz o escalada. Si el nuevo liderazgo iraní está más dominado por esta estructura, cualquier negociación con Teherán tendrá que considerar no solo al gobierno formal, sino al poder real de los mandos militares, los servicios de inteligencia, la economía sancionada y las redes regionales. El CFR señala que la Guardia maneja capacidades militares relevantes, incluida la fuerza Quds y el arsenal de misiles balísticos, además de influir en la política nacional y beneficiarse de redes comerciales alrededor de las sanciones. El Middle East Council on Global Affairs ha descrito, desde antes de esta coyuntura, una tendencia iraní hacia mayor centralización, militarización y desplazamiento de la diplomacia tradicional por estructuras securitizadas, incluidas el Consejo Supremo de Seguridad Nacional y la Guardia Revolucionaria. Esto implica que el nuevo régimen puede pactar, pero también puede sabotear el pacto si considera que la supervivencia del sistema está en riesgo. [cfr.org] [mecouncil.org], [mecouncil.org]

La gran conclusión académica es que el nuevo Irán no es necesariamente más irracional que el anterior; puede ser incluso más racional en términos de Estado. Pero esa racionalidad es peligrosa porque está organizada alrededor de la supervivencia del régimen, no de la democratización, la transparencia o la integración pacífica. Un Irán dominado por la Guardia Revolucionaria puede negociar alivio de sanciones, abrir espacios económicos y modular ciertos símbolos sociales, pero también puede intensificar la represión interna, fortalecer sus capacidades militares y utilizar el petróleo, el gas y las rutas marítimas como instrumentos de coerción. La diferencia con el viejo régimen consiste precisamente en esa combinación: menos inmovilidad clerical, más flexibilidad táctica, más audacia militar y más pragmatismo autoritario. Para Occidente, representa un adversario menos ceremonial y más operativo; para Medio Oriente, un vecino más calculador; para los mercados energéticos, una fuente de incertidumbre estructural; y para países importadores como la República Dominicana, un riesgo externo que puede convertirse en inflación doméstica.

Por eso, la República Dominicana debe leer esta crisis como parte de una nueva geopolítica de vulnerabilidades interconectadas. Lo que ocurre en Teherán puede reflejarse en el precio del petróleo; lo que ocurre en Ormuz puede alterar los fletes; lo que ocurre en el Golfo puede encarecer alimentos, electricidad y transporte; lo que ocurre en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán puede afectar el presupuesto dominicano. La política nacional, en consecuencia, debe elevar su nivel de sofisticación estratégica. No basta con reaccionar a los precios cada viernes ni con administrar subsidios coyunturales. Es necesario construir una política de seguridad energética, diversificación logística, transición renovable, ahorro fiscal, diplomacia económica y análisis prospectivo. La energía debe ser tratada como asunto de soberanía económica.

En términos de opinión académica, el nuevo régimen iraní se diferencia del anterior porque ha convertido la supervivencia en doctrina, la Guardia Revolucionaria en eje de gobernabilidad, la geografía en arma negociadora y el pragmatismo en instrumento de legitimidad. Esa combinación puede abrir una ventana diplomática, pero también puede producir una escalada si fracasan los incentivos o si las facciones más duras imponen su lógica de confrontación. La República Dominicana no puede decidir el futuro de Irán, pero sí puede decidir cómo se prepara ante sus consecuencias. Y esa preparación exige mirar más allá de la coyuntura: invertir en energía renovable, fortalecer reservas, diversificar proveedores, proteger a consumidores vulnerables, blindar el turismo, modernizar el sistema eléctrico y asumir que la geopolítica ya no es un lujo de analistas, sino una variable concreta del costo de la vida.

En última instancia, la pregunta no es solo cómo cambió Irán, sino qué revela ese cambio sobre el mundo que viene. El orden internacional se fragmenta, las rutas marítimas se militarizan, la energía vuelve a ser arma estratégica y las economías pequeñas quedan expuestas a decisiones tomadas en espacios donde no tienen asiento. Frente a esa realidad, la República Dominicana necesita una mirada de Estado. El nuevo Irán puede ser más pragmático, pero también más peligroso; puede negociar, pero también presionar; puede flexibilizar símbolos internos, pero endurecer la estructura del poder. Para nosotros, la lección es inequívoca: cada barril importado encierra una dependencia, cada ruta marítima una vulnerabilidad y cada crisis geopolítica una advertencia. Prepararse no es alarmismo; es prudencia estratégica.

Referencias

Adams, P. (2026, 6 de julio). Cómo el nuevo régimen de Irán es totalmente diferente del anterior. BBC News Mundo, reproducido por Acento. [infobae.com]

Council on Foreign Relations. (2026, 30 de enero). The Islamic Revolutionary Guard Corps (IRGC). [cfr.org]

Energy Information Administration. (2025, 16 de junio). Amid regional conflict, the Strait of Hormuz remains critical oil chokepoint. U.S. Energy Information Administration. [eia.gov]

Energy Information Administration. (2024, 11 de octubre). Fewer tankers transit the Red Sea in 2024. U.S. Energy Information Administration. [eia.gov]

International Energy Agency. (2026). Strait of Hormuz: Factsheet. [iea.org]

International Trade Administration. (2026, 25 de febrero). Dominican Republic—Renewable Energy. U.S. Department of Commerce. [trade.gov]

Middle East Council on Global Affairs. (2024). Iran’s evolving foreign policy structure: Implications on foreign relations. [mecouncil.org], [mecouncil.org]

Ministerio de Energía y Minas de la República Dominicana. (2025). Boletín estadístico T1-2025. [mem.gob.do]

De Jesús, M. (2025, 4 de julio). Importación de hidrocarburos en RD asciende a US$1,176 millones en primer trimestre. El Dinero. [eldinero.com.do]

World Trade Organization & AXSMarine. (2026). Strait of Hormuz Trade Tracker. [datalab.wto.org]

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Plan de Acción Integral Conjunto: 

El acuerdo que la administración de Barack Obama firmó con Irán es el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), frecuentemente conocido por sus siglas en inglés como JCPOA (por sus siglas en inglés).

El miércoles se hizo público el memorándum de entendimiento (MOU) con Irán, en el que se detallan los términos del acuerdo negociado por la administración de Trump.

El presidente Donald Trump firmó el acuerdo tras la clausura de la cumbre del G7 en el Palacio de Versalles el miércoles, y laceremonia oficial de firma está prevista para el viernes. Con su firma, entraron en vigor el alto el fuego de 60 días y el marco de negociación.

El presidente estadounidense, Donald Trump, y el de Irán, Masoud Pezeshkian, firmaron este miércoles 17 de junio el memorando de entendimiento destinado a poner fin a la guerra, confirmaron el propio mandatario estadounidense y el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei.

Texto completo del Memorando de Entendimiento entre Estados Unidos e Irán

17 de junio de 2026 : https://arabcenterdc.org/resource/memorandum-of-understanding-between-the-united-states-of-america-and-the-islamic-republic-of-iran/


Cómo el nuevo régimen de Irán es totalmente diferente del anterior

Cómo el nuevo régimen de Irán es totalmente diferente del anterior

Un hombre circula en motocicleta frente a una valla publicitaria que muestra las imágenes del difunto fundador de la Revolución Islámica y Líder Supremo, el ayatolá Ruhollah Jomeini (izquierda); del fallecido Líder Supremo de Irán, Ali Jamenei (centro); y de su hijo, el actual Líder Supremo, Mojtaba Jamenei, en una calle de Teherán el 3 de julio de 2026

Fuente de la imagen,ATTA KENARE / AFP via Getty Images

    • Autor,Paul Adams, 
    • Corresponsal diplomático | 6 de julio de 2026 | 
    • Tiempo de lectura: 11 min

Cuando el presidente estadounidense Donald Trump firmó un acuerdo de alto el fuego con Irán durante una cena en el Palacio de Versalles el mes pasado, muchos vieron una ironía.

Su anfitrión, el presidente francés Emanuel Macron, tal vez quiso asegurarse de que el Memorando de Entendimiento fuera firmado antes de que Trump cambiara de opinión, y posiblemente pensó que el Salón Dorado de los Espejos atraería a su invitado.

Pero la elección del lugar invitaba inevitablemente a realizar comparaciones entre el acuerdo de una página y media y el extremadamente extenso Tratado de Versalles, firmado en 1919 al final de la Primera Guerra Mundial.

El tratado de 1919 reformó Europa, pero sus demandas de enormes reparaciones dejaron a una Alemania enojada y amargada y ayudaron a preparar el escenario para otra conflagración global apenas 20 años después.

¿Podría el acuerdo con Irán, diferente en muchos aspectos, llegar a ser considerado igualmente fatídico?

Casi tres semanas después, un frágil alto el fuego se mantiene más o menos. Pero después de varias escaramuzas en el Estrecho de Ormuz y sus alrededores, y sin que ninguno de los problemas que llevaron a la guerra estén cerca de resolverse, la situación en Medio Oriente parece tan precaria como antes.

Ataúdes cubiertos con la bandera de Irán descansan sobre una plataforma flanqueada por banderas y retratos de los ayatolás.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Jamenei recibirá sepultura tras una procesión funeraria de una semana de duración.

Mientras tanto, Irán atraviesa un profundo proceso de cambio.

El país se despide de su antiguo líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, quien murió hace más de cuatro meses en los devastadores ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos e Israel que iniciaron la guerra y descabezaron gran parte del régimen de Teherán.Saltar Más leídas y continuar leyendo

Es un momento crucial: un gran recordatorio de que la vieja guardia ha cedido el paso a la nueva. Y con los nuevos rostros llega un nuevo enfoque, con sus propias implicaciones.

Puede que Estados Unidos e Israel hayan enviado a muchos de los antiguos líderes del país a una tumba prematura, pero ¿han sido reemplazados por adversarios aún más temibles?

Reordenando el tablero de ajedrez

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"Esta guerra tiene consecuencias mucho mayores y una envergadura superior a la que le hemos atribuido hasta ahora", me comentó Vali Nasr, profesor de Asuntos Internacionales y Estudios de Oriente Medio en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins.

"Todas las grandes guerras de esta magnitud terminan reordenando el tablero de ajedrez", afirma. "Esto es lo que ocurrirá en Oriente Medio".

Ya en enero, Irán se veía sacudido por protestas populares que, según predijeron tanto Trump como el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, podrían presagiar el colapso de la República Islámica.

La economía iraní ya estaba hecha pedazos tras décadas de sanciones internacionales. El país también seguía gravemente maltrecho después de una guerra de 12 días contra Estados Unidos e Israel ocurrida seis meses antes.

El programa nuclear iraní —que durante mucho tiempo había servido como herramienta de presión diplomática— no había sido aniquilado, como presumía Trump, pero sí había sufrido daños considerables.

Se desconocía el paradero exacto de sus reservas de uranio —cantidad que, de enriquecerse más, se estimaba suficiente para fabricar entre 10 y 11 armas atómicas—, aunque se creía que gran parte de ellas yacía bajo los escombros cerca del complejo nuclear de Isfahán.

Más allá de sus fronteras, el "Eje de la Resistencia" de Irán —una alianza flexible de grupos interpuestos y aliados en todo Oriente Medio— había sufrido una serie de importantes reveses.

En Siria, el régimen de Bashar al-Asad, estrecho aliado de Irán, desapareció, barrido en unas pocas semanas frenéticas a finales de 2024.

En Líbano, Israel eliminó a miembros destacados de Hezbolá —grupo respaldado por Irán— y diezmó las filas de sus combatientes mediante el uso de buscapersonas y walkie-talkies explosivos.

En la Franja de Gaza, otro aliado de Irán, Hamás, corrió una suerte similar. Israel respondió a los devastadores ataques del grupo en octubre de 2023 con una ofensiva implacable que arrasó gran parte de Gaza y acabó con la vida de decenas de miles de civiles.

Asimismo, cuando —en respuesta a la guerra de Gaza— los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, lanzaron misiles balísticos contra Israel y comenzaron a atacar buques en el mar Rojo, Israel, Estados Unidos y el Reino Unido llevaron a cabo contraataques, algunos de ellos dirigidos contra la cúpula del grupo.

Cientos de personas protestando en las calles, con una hoguera a lo lejos y coches en primer plano.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Los iraníes salieron a las calles antes del comienzo de la guerra.

Tras tantos reveses internos y externos, el consenso era que Irán se encontraba en un estado de gran vulnerabilidad. The New York Times informó que Trump había recibido varios informes de inteligencia que indicaban que Irán estaba más débil que en cualquier otro momento desde la Revolución Islámica de 1979.

La idea de que pudiera enfrentarse a Estados Unidos e Israel hasta llegar a un punto muerto parecía descabellada.

Y, sin embargo, eso fue lo que sucedió. La República Islámica sigue en pie, gracias en parte a su capacidad para cerrar una de las vías marítimas más importantes del mundo —el Estrecho de Ormuz— y estrangular la economía global.

¿Ventaja para Teherán?

A Trump le gusta decir que logró un cambio de régimen en Irán. Vali Nasr no lo contradice, pero afirma que esto, en realidad, ha jugado a favor de Teherán.

"Una generación completamente nueva tomó el relevo", señala. "Tienen una agenda muy clara. Ellos gestionaron la guerra y ahora gestionarán también la paz".

La nueva cúpula dirigente no está compuesta por el tipo de personas a las que Washington suele calificar de "ideólogos apocalípticos de mente confusa" —dice Nasr—, sino por líderes de la era posterior a la revolución, centrados implacablemente en preservar el Estado y dispuestos a actuar con mayor determinación que sus predecesores.

A sus 56 años, el nuevo líder supremo del país, Mojtaba Jamenei, es 30 años más joven que su padre, Ali Jamenei, quien se creía que tenía una salud frágil cuando murió al comienzo de la guerra.

Aunque el presidente, Masoud Pezeshkian, es mayor —tiene 71 años—, la generación que protagonizó la revolución de 1979 ya desapareció por completo.

Dos figuras clave —el presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi— rondan los 70 años.

Al igual que el nuevo líder supremo, ambos mantienen estrechos vínculos con el todopoderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).

"Son hijos de la revolución", afirma Sanam Vakil, directora del Programa de Oriente Medio y Norte de África del centro de estudios Chatham House, en Londres.

"Una persona de 86 años ya no está al timón de la República Islámica. El gran freno a la evolución del sistema era Ali Jamenei".

Durante décadas, el cauteloso Jamenei siguió una estrategia a veces denominada "ni guerra ni paz".

Sus sucesores han sido más audaces: lanzaron ataques contra bases militares estadounidenses en la región y, apenas unas semanas después, se mostraron dispuestos a sentarse a negociar el fin de las hostilidades en términos que, a primera vista, están lejos de ser humillantes para Teherán.

"Han demostrado estar dispuestos a librar guerras de una manera mucho más agresiva que la generación anterior", afirma Nasr.

Cuando Trump ordenó el ataque aéreo que acabó con la vida del excomandante de la Guardia Revolucionaria Qasem Soleimani en 2020, Irán anunció deliberadamente su intención de tomar represalias antes de lanzar 12 misiles balísticos contra bases estadounidenses en Irak. No hubo bajas entre el personal militar de Estados Unidos.

Mujeres vestidas con chador negro, llorando y sosteniendo un retrato de Ali Jamenei.

Fuente de la imagen,Anadolu via Getty Images

Pie de foto,La muerte del ayatolá ha traído cambios internos e internacionales.

Este año, ante una ofensiva total por parte de Estados Unidos e Israel, Irán no mostró tal contención y lanzó ataques con drones y misiles contra múltiples bases estadounidenses en la región, incluidas la sede de la Quinta Flota en Baréin y la base aérea de Al Udeid en Qatar.

Seis soldados estadounidenses murieron en Kuwait. Cientos resultaron heridos durante los combates.

La disposición de Irán a atacar a los aliados de Estados Unidos en el Golfo, atacar el tráfico marítimo y cerrar el Estrecho de Ormuz —una vía de navegación vital— también pareció tomar por sorpresa a la Casa Blanca.

Durante décadas, Washington intentó contener a Irán mediante su red de instalaciones militares y sus crecientes relaciones con los países del Golfo.

La contundente respuesta de Irán a los ataques israelíes y estadounidenses sugería que dicha estrategia ya no funcionaba.

"Muchos de estos países esperaban que las bases militares estadounidenses en su territorio les proporcionaran seguridad, no que los convirtieran en un objetivo", afirma Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán en el International Crisis Group.

"Los Estados del Golfo cuestionan ahora la credibilidad del paraguas de seguridad estadounidense y su propia estrategia de disuasión".

Los informes sugieren que la mayoría de los países del Golfo están tanteando el terreno con Irán, buscando reparar las relaciones con su peligroso vecino.

Citando a un diplomático anónimo, la agencia de noticias AFP incluso informó que Arabia Saudita —que restableció relaciones con Teherán en 2023 tras décadas de enemistad— se preparaba para celebrar una "cumbre de reconciliación" que reuniría a Irán y a los vecinos del Reino en el Golfo.

Sin embargo, a pesar de su indignación por verse atrapados en medio de una guerra que no deseaban y que intentaron evitar a toda costa, Vaez duda que alguno esté dispuesto a romper sus vínculos con el ejército estadounidense.

"Dependen demasiado de Estados Unidos como para romper por completo los acuerdos de seguridad", afirma. "Pueden intentar diversificar sus opciones, pero, a fin de cuentas, no tienen adónde más acudir".

Sin recurrir a grandes paralelismos históricos, Vaez califica la situación actual de "momento maleable", cargado de posibilidades mientras antiguos adversarios contemplan un nuevo tipo de relaciones.

"Percibo cierto grado de realismo que no existía en el pasado", señala.

¿Pero qué hay del pueblo iraní?

Los nuevos pragmáticos

En enero, Trump prometió a los ciudadanos iraníes que "la ayuda estaba en camino". Al iniciar la guerra, el 28 de febrero, se mostró aún más explícito.

"Cuando hayamos terminado, tomen el control de su gobierno", les instó. "Será suyo para tomarlo".

Hasta ahora, tales promesas han resultado ilusorias. Puede que en Teherán esté al mando una nueva generación, pero no una que haya ofrecido a su pueblo la perspectiva de un futuro más libre y próspero.

Dado que el régimen está totalmente volcado en su propia supervivencia, Aniseh Bassiri Tabrizi, analista de Chatham House con sede en Abu Dabi, no espera ver un enfoque distinto hacia la disidencia.

Donald Trump, vestido con un traje azul oscuro y una corbata azul claro, de pie detrás de un podio.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Trump hizo un llamamiento al pueblo iraní.

"Mantendrán un enfoque muy, muy fuerte en la calle", dice.

Pero como el hiyab ya no es obligatorio fuera de las instituciones estatales, incluso antes de la guerra, y con el alcohol disponible discretamente en los restaurantes de Teherán, también hay señales de que el régimen puede estar dejando de lado gradualmente algunos de los viejos tabúes.

Vali Nasr dice que todo está impulsado por la necesidad: la de restaurar la fe en el Estado.

"Tomaron la decisión pragmática de que su raison d'état (razón de Estado) les exige suavizarse en estas cosas", dice.

Después de la conmoción generada por su derramamiento de sangre masivo en enero, el régimen ha demostrado que al menos puede proteger la soberanía del país.

Para los iraníes, la guerra ha sido profundamente confusa. El horror ante la brutalidad del régimen dio paso gradualmente a otro tipo diferente de horror a medida que las bombas estadounidenses e israelíes caían sobre su país, matando a civiles y dañando infraestructuras vitales.

La muerte de decenas de niños en una escuela primaria de Minab el primer día de la guerra, hizo que algunos se preguntaran quién era el verdadero enemigo. Después de prometer liberarlos, Israel y Estados Unidos parecían decididos a destruir el país.

Pero después de haber hecho frente al poder combinado de Estados Unidos e Israel, ¿puede el nuevo liderazgo de Irán capitalizar esta oportunidad potencialmente fugaz de reconstruir la destrozada legitimidad del régimen?

"Éste es una especie de momento 'China después de Mao'", dice Vaez, "en el sentido de que el sistema en su conjunto reconoce que algo tiene que ceder. Este nuevo liderazgo entiende que necesita un nuevo contrato social".

Si podrán cumplirlo es una cuestión abierta. Más que nunca, Irán está ahora gobernado por la élite del CGRI, mientras que un gran número de jóvenes bien educados, todavía afligidos por la pérdida de miles de sus amigos en la sangrienta represión de enero, sienten que no tienen voz real en la determinación del futuro del país.

Este es un punto de inflexión, con Irán en equilibrio precario entre viejas certezas y posibilidades futuras, tanto en casa como en el extranjero.

A pesar de una serie de recientes enfrentamientos en el Golfo, Teherán se ha embarcado en un proceso diplomático con Estados Unidos que podría resultar en lo que el vicepresidente estadounidense, JD Vance, ya llamó "una relación fundamentalmente transformada".

Una mujer con chaqueta naranja y pañuelo gris en la cabeza habla por teléfono frente a un edificio destruido.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Irán fue devastado por ataques aéreos

Ante la tentadora perspectiva de un alivio de las sanciones a cambio de concesiones nucleares, la capacidad del régimen para gestionar la economía podría ayudar a restaurar su maltrecha reputación interna.

Desde la firma del Memorando de Entendimiento, Irán ya se ha beneficiado de exenciones a las sanciones estadounidenses, lo que le permite exportar crudo y productos petrolíferos durante 60 días.

Podrían producirse otras formas de alivio durante el periodo de negociación de 60 días, incluido el descongelamiento de miles de millones de dólares en activos iraníes y, cuando se alcance un acuerdo definitivo, el premio mayor: el levantamiento de todas las sanciones internacionales.

El memorando también hace referencia a la creación de un plan de "reconstrucción y desarrollo" valorado en US$300.000 millones, aunque no está claro quién lo financiará.

En conjunto, estos incentivos económicos ofrecen un poderoso aliciente para que los nuevos líderes de Irán lleguen a un acuerdo.

Sanam Vakil coincide en que la región se enfrenta a "una ventana de oportunidad", pero se muestra cautelosa.

"Existe un escenario en el que no logran un acuerdo, en el que esto se prolonga indefinidamente y el presidente Trump pierde la paciencia... y dice: 'bueno, es hora de la tercera ronda'".

Ninguno de los expertos con los que hablé cree que el futuro esté asegurado.

Décadas de relaciones tortuosas entre Irán, sus vecinos de Medio Oriente y Estados Unidos han dejado un legado tóxico, caracterizado por una profunda suspicacia y una falta de confianza casi total.

No faltan motivos para el fracaso: desacuerdos sobre el programa nuclear de Irán, el futuro del Estrecho de Ormuz, la guerra en Líbano, así como las posturas arraigadas de los sectores más intransigentes en todas las partes.

Tras seis meses convulsos, la región ha empezado a cambiar de aspecto. Pero muchas cosas deben salir bien para que este momento aún maleable se consolide en algo mejor.

https://www.bbc.com/mundo/articles/c4gyy2gezzeo

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Irán después de Jamenei: el nuevo poder que puede encarecer la energía y tensar la economía dominicana

La transición iraní no representa simplemente un cambio de nombres en la cúspide del poder, sino una mutación estratégica del Estado: menos clerical, más militarizada, más pragmática y potencialmente más peligrosa. Para la República Dominicana, país importador de combustibles y dependiente de la estabilidad del comercio marítimo global, este giro en Teherán no es una noticia lejana, sino una advertencia económica, diplomática y energética.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El nuevo régimen iraní no debe ser observado como una continuación automática del viejo orden nacido en 1979, sino como una reconfiguración profunda de la República Islámica bajo condiciones de guerra, sanciones, agotamiento interno y presión internacional. La muerte del ayatolá Ali Jamenei, según el relato publicado por BBC Mundo y reproducido por Acento, marca el cierre simbólico de una etapa dominada por la generación fundadora de la Revolución Islámica y abre paso a una dirigencia más joven, más vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y menos inclinada a los equilibrios tradicionales del poder clerical. El dilema es que ese relevo no necesariamente acerca a Irán a una democratización interna ni a una pacificación regional; podría, por el contrario, convertirlo en un actor más calculador, más audaz y más dispuesto a utilizar sus capacidades militares, energéticas y geográficas como instrumentos de negociación. [acento.com.do]

Durante décadas, el viejo Irán de Jamenei operó bajo una lógica de “ni guerra ni paz”: resistir sin desbordar por completo el conflicto, presionar sin provocar una guerra total, sostener aliados regionales sin comprometer directamente la supervivencia del régimen. Ese modelo permitía a Teherán jugar al desgaste, administrar tensiones y utilizar su programa nuclear como ficha diplomática. Pero el nuevo liderazgo, encabezado por figuras de la era posterior a la revolución y con fuerte influencia de la Guardia Revolucionaria, parece haber asumido otra premisa: si el Estado está amenazado, la disuasión debe ser visible, costosa y regionalmente expansiva. De ahí que los ataques contra bases estadounidenses, las escaramuzas en torno al Estrecho de Ormuz y la presión sobre las monarquías del Golfo no sean simples episodios militares, sino mensajes políticos: Irán ya no quiere ser contenido; quiere obligar a sus adversarios a negociar desde el reconocimiento de su capacidad de daño.

La gran paradoja es que Estados Unidos e Israel, en su intento de debilitar el aparato iraní, pudieron haber precipitado una transformación más compleja. El descabezamiento de parte de la vieja élite no produjo el colapso esperado, sino el ascenso de una generación de poder más cohesionada por la lógica de supervivencia nacional que por los viejos códigos teológicos de la revolución. Ese nuevo régimen no abandona la ideología, pero la subordina al cálculo estratégico. Puede flexibilizar normas sociales, tolerar ciertos cambios cotidianos y presentarse como defensor de la soberanía frente al bombardeo extranjero, al mismo tiempo que mantiene una vigilancia férrea sobre la oposición doméstica. Es una combinación inquietante: menos dogmatismo aparente en la vida social, pero más concentración militar en el Estado.

Para Medio Oriente, este giro abre un “momento maleable”, cargado de posibilidades y riesgos. Si prosperan las negociaciones con Washington, Irán podría obtener alivio de sanciones, recuperar márgenes de exportación petrolera y reconstruir parcialmente su economía. Pero si fracasan, la región podría entrar en otro ciclo de confrontación, con el Estrecho de Ormuz como epicentro del chantaje energético global. La importancia de esa ruta no puede subestimarse: por allí transita una porción crítica del petróleo marítimo mundial, y estimaciones citadas por Bloomberg Línea, con datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, señalan que los flujos por Ormuz cayeron de 20.4 millones de barriles diarios a 14.6 millones en el primer trimestre de 2026, reflejando la magnitud del impacto de la crisis. Además, la propia EIA ha documentado que alrededor de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado pasó por el Estrecho de Ormuz en 2024, principalmente desde Catar, lo que confirma que no se trata solo de petróleo, sino de seguridad energética global. [bloomberglinea.com] [eia.gov]

Ahí comienza la repercusión directa para la República Dominicana. Nuestro país no participa en las decisiones militares del Golfo Pérsico, no tiene capacidad para alterar los equilibrios entre Teherán, Washington, Tel Aviv o Riad, pero sí recibe las consecuencias de sus sacudidas. La economía dominicana importa prácticamente todos los combustibles que consume, y aunque su abastecimiento proviene mayoritariamente de Estados Unidos, los precios locales no se fijan en una burbuja nacional, sino en mercados internacionales sensibles a cada interrupción logística, cada prima de riesgo y cada amenaza sobre rutas marítimas. De acuerdo con datos citados por Acento, durante enero-septiembre de 2025 la República Dominicana importó combustibles por unos US$3,498 millones, con Estados Unidos concentrando el 81.8 % del total, lo que muestra tanto la dependencia energética como la concentración de proveedores. En el primer trimestre de 2025, según El Dinero, las importaciones dominicanas de hidrocarburos ascendieron a US$1,176 millones, con gasolinas, gasoil, gas natural, GLP, petróleo crudo y avtur entre los componentes principales de la factura energética. [acento.com.do] [eldinero.com.do]

En términos prácticos, una tensión prolongada con Irán encarece el transporte marítimo, presiona las primas de seguros, aumenta la volatilidad del Brent y puede obligar al Gobierno dominicano a decidir entre trasladar al consumidor el costo real de los combustibles o asumir mayores subsidios para evitar un golpe inflacionario. Esa decisión nunca es meramente técnica: tiene consecuencias fiscales, sociales y políticas. Si suben las gasolinas, el gasoil y el GLP, se encarecen el transporte público, la distribución de alimentos, la generación eléctrica, la producción industrial y el costo operativo del turismo. Si el Estado amortigua el impacto con subsidios, se presiona el presupuesto, se reducen márgenes para inversión pública y se tensiona la sostenibilidad fiscal. En ambos casos, una crisis nacida a miles de kilómetros termina entrando en el bolsillo dominicano.

El turismo, columna vertebral de la economía nacional, también queda expuesto. La aviación depende del combustible, y el encarecimiento del avtur puede elevar costos operativos de aerolíneas, afectar tarifas, modificar rutas y reducir competitividad frente a otros destinos. Lo mismo ocurre con las zonas francas, que necesitan estabilidad logística, energía confiable y costos previsibles. Una República Dominicana que aspira a consolidarse como hub logístico, industrial y turístico del Caribe no puede mirar la crisis iraní como una noticia de cancillerías lejanas; debe entenderla como parte de la ecuación de competitividad nacional.

La lectura dominicana debe ir más allá del precio semanal de los combustibles. El nuevo Irán confirma que el mundo está entrando en una etapa donde las rutas marítimas, los minerales críticos, el petróleo, el gas, los semiconductores y la inteligencia artificial serán instrumentos de poder. La fragmentación del orden global obliga a los países medianos y pequeños a desarrollar diplomacias económicas más sofisticadas. República Dominicana necesita fortalecer su inteligencia estratégica, diversificar proveedores energéticos, acelerar la transición renovable, ampliar almacenamiento de combustibles, robustecer su infraestructura portuaria y construir escenarios de riesgo ante choques externos. No basta con reaccionar cada vez que sube el petróleo; hay que anticipar las turbulencias.

También hay una lección diplomática. El Caribe no puede ser una zona muda ante la reconfiguración de Medio Oriente. La República Dominicana, con su vocación atlántica, caribeña y hemisférica, debe defender la estabilidad de las rutas comerciales, el respeto al derecho internacional, la solución negociada de conflictos y la seguridad energética de los países importadores. No se trata de tomar partido en conflictos ajenos, sino de proteger intereses nacionales concretos: precios razonables, comercio estable, turismo competitivo, inflación controlada y seguridad alimentaria.

El nuevo régimen iraní es diferente porque parece haber aprendido que la supervivencia ya no depende solo de la mística revolucionaria, sino de la capacidad de convertir vulnerabilidad en poder de negociación. Esa es su fuerza y también su peligro. Un Irán más pragmático puede pactar; un Irán más militarizado puede escalar. Un Irán menos clerical puede flexibilizar costumbres; un Irán dominado por la Guardia Revolucionaria puede endurecer el Estado. Un Irán golpeado puede buscar reconstrucción; un Irán acorralado puede cerrar Ormuz y estremecer la economía mundial.

Para la República Dominicana, la conclusión es clara: la geopolítica ya no es un lujo intelectual ni una sección distante de los periódicos internacionales. Es inflación, combustibles, alimentos, transporte, turismo, presupuesto público y estabilidad social. Cada misil en el Golfo, cada negociación en Versalles, cada sanción levantada o reimpuesta, cada buque detenido en Ormuz puede terminar reflejado en el costo de vida dominicano. Por eso, leer a Irán es también leernos a nosotros mismos: medir nuestra dependencia, revisar nuestras vulnerabilidades y decidir si queremos seguir siendo una economía reactiva ante los shocks globales o convertirnos en un país con visión estratégica, reservas inteligentes y diplomacia económica de largo alcance.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

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Medidas que puede tomar la República Dominicana frente a esta situación

La República Dominicana debe tratar la crisis iraní como un riesgo económico nacional, no como un conflicto lejano. Al ser un país importador neto de combustibles, cualquier tensión en el Estrecho de Ormuz, en el Golfo Pérsico o en las rutas marítimas del petróleo termina afectando el costo de la energía, el transporte, los alimentos, la electricidad, el turismo y la estabilidad fiscal dominicana. En 2025, RD importó miles de millones de dólares en combustibles, con una fuerte dependencia de Estados Unidos como proveedor, pero su precio sigue atado al mercado internacional. [eldinero.com.do], [acento.com.do]

Las medidas más urgentes serían:

  1. Aumentar las reservas estratégicas de combustibles, para que el país pueda amortiguar choques temporales de precios o interrupciones logísticas.

  2. Diversificar proveedores energéticos, no depender excesivamente de un solo mercado, aunque Estados Unidos siga siendo el abastecedor principal.

  3. Acelerar la transición hacia energías renovables, especialmente solar, eólica, biomasa y sistemas de almacenamiento, para reducir la exposición al petróleo importado.

  4. Fortalecer el uso del gas natural, pero con visión prudente, porque también el gas natural licuado está expuesto a tensiones en Ormuz; la EIA ha señalado que cerca de una quinta parte del comercio mundial de GNL pasó por ese estrecho en 2024. [eia.gov]

  5. Crear un mecanismo fiscal anticrisis, que permita manejar subsidios focalizados a combustibles sin desbordar el presupuesto público.

  6. Impulsar eficiencia energética en transporte, industria y turismo, porque cada barril ahorrado reduce vulnerabilidad externa.

  7. Reforzar la diplomacia económica dominicana, defendiendo en foros regionales y multilaterales la seguridad de las rutas marítimas, la estabilidad de precios y el derecho internacional.

  8. Monitorear semanalmente los riesgos geopolíticos, mediante una mesa técnica entre Energía y Minas, Hacienda, Banco Central, Industria y Comercio, Cancillería, sector eléctrico, transporte y turismo.

¿Cómo afecta esto al precio del petróleo en RD?

El impacto llega por tres vías principales: precio internacional del crudo, costo de transporte marítimo y prima de riesgo geopolítico. Cuando Irán amenaza o altera el tránsito por el Estrecho de Ormuz, el mercado anticipa menor oferta, mayores costos de seguros y posibles retrasos en cargamentos. Bloomberg Línea, citando datos de la EIA, reportó que el flujo de crudo y líquidos por Ormuz cayó de 20.4 millones de barriles diarios a 14.6 millones en el primer trimestre de 2026, una señal de fuerte tensión sobre una de las rutas energéticas más importantes del mundo. [bloomberglinea.com]

Para RD, eso puede traducirse en aumentos en gasolina, gasoil, GLP, avtur y generación eléctrica. Aunque gran parte de los combustibles dominicanos provienen de Estados Unidos, el precio que paga el país está influido por el mercado global. Si sube el Brent o aumentan los costos logísticos, las importaciones dominicanas se encarecen. En el primer trimestre de 2025, RD importó hidrocarburos por US$1,176 millones, lo que muestra la sensibilidad de la economía nacional ante cualquier variación internacional. [eldinero.com.do]

El Gobierno puede optar por dos caminos: trasladar el alza al consumidor o absorber parte del aumento mediante subsidios. Si traslada el incremento, suben transporte, alimentos, producción y servicios. Si subsidia, protege temporalmente a la población, pero presiona las finanzas públicas. En ambos casos, el conflicto en Irán termina afectando la economía cotidiana dominicana. [acento.com.do]

¿Qué papel juega la Guardia Revolucionaria en el nuevo régimen iraní?

La Guardia Revolucionaria Islámica es el núcleo duro del poder iraní. No es simplemente una fuerza militar: es una estructura política, económica, ideológica, de inteligencia y seguridad interna. Fue creada tras la Revolución Islámica de 1979 para proteger el sistema revolucionario, y se diferencia del ejército regular porque su misión principal no es solo defender fronteras, sino preservar el régimen. [es.wikipedia.org], [infobae.com]

En el nuevo escenario descrito por el artículo, la Guardia Revolucionaria adquiere aún más poder porque la vieja generación clerical pierde centralidad. El resultado es un Irán menos controlado por figuras religiosas tradicionales y más dirigido por mandos militares, estrategas de seguridad y redes económicas asociadas al aparato revolucionario. Diversos análisis señalan que la Guardia concentra poder político, militar y económico, y que su influencia ha desplazado parcialmente al liderazgo clerical clásico. [infobae.com], [rtve.es]

Su papel tiene tres dimensiones clave:

Primero, controla la defensa y la disuasión. Maneja capacidades de misiles, drones, fuerzas navales en el Golfo y estructuras paramilitares. Eso convierte a Irán en un actor con capacidad para presionar rutas críticas como Ormuz.

Segundo, sostiene la represión interna. A través de estructuras como la milicia Basij, la Guardia ayuda a contener protestas y preservar la estabilidad del régimen frente al descontento social. [infobae.com]

Tercero, maneja una parte considerable de la economía iraní. Su presencia en construcción, energía, telecomunicaciones, banca e infraestructura la convierte en un poder económico paralelo, no solo militar. [enlaredmx.com]

En síntesis: el nuevo Irán parece menos teocrático en la forma, pero más militarizado en el fondo. Eso lo hace más pragmático para negociar, pero también más peligroso si se siente acorralado. Para la República Dominicana, el riesgo no está en la ideología iraní como tal, sino en su capacidad de alterar petróleo, gas, rutas marítimas, inflación importada y estabilidad económica global.