jueves, 19 de febrero de 2026

Promipyme entrega RD$90 millones a 400 prestatarios en Villa Altagracia


Promipyme entrega RD$90 millones a 400 prestatarios en Villa Altagracia
19 de febrero de 2026 | @Promipyme_RD
Villa Altagracia, San Cristóbal.- El Consejo Nacional de Promoción y Apoyo a la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Promipyme) realizó la entrega de RD$90 millones a 400 prestatarios de este municipio, como parte de su programa de financiamiento orientado al fortalecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas.
En representación del ministro de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón, Johana Bonelly expresó que el Gobierno reafirma su compromiso con los microempresarios de Villa Altagracia. “Hemos venido a apoyarles, acompañarles y ayudarles a crecer”, puntualizó.
De su lado, el director general de Promipyme, Fabricio Gómez Mazara, destacó que la institución continúa ejecutando el mandato del presidente Luis Abinader de llevar el crédito a donde vive la gente, facilitando oportunidades reales de desarrollo para los emprendedores.
El funcionario subrayó que Promipyme ofrece una tasa de interés fija, significativamente menor —hasta diez veces inferior— a la que se cobra en los mercados, lo que permite a los beneficiarios acceder a financiamiento en condiciones justas y sostenibles.
“Nos llena de orgullo decir que, desde nuestra llegada a la institución, hemos desembolsado un total de RD$16,025 millones de pesos, de los cuales el 52 % ha sido destinado a negocios liderados por mujeres”, informó el director. Las palabras de bienvenida estuvieron a cargo de la gobernadora provincial, Pura Casilla, mientras que el agradecimiento, en nombre de los prestatarios, fue pronunciado por Mariel Antonia Payano.

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OPINIÓN

Financiamiento territorial e inclusión productiva: avances del Gobierno dominicano en emprendimiento y mipymes a partir del caso Promipyme en Villa Altagracia

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La entrega de RD$90 millones a 400 prestatarios en Villa Altagracia por parte de Promipyme constituye un hecho puntual con significado estructural: evidencia un enfoque estatal que prioriza la inclusión financiera como política de desarrollo productivo, particularmente en territorios fuera de los grandes centros urbanos. En la narrativa oficial, el acto se inscribe en el mandato de “llevar el crédito a donde vive la gente”, idea que busca corregir asimetrías históricas en el acceso a capital, especialmente para microempresas que suelen depender de financiamiento informal y costoso. 

Desde una perspectiva académica, este tipo de intervención puede interpretarse como un instrumento de política pública orientado a reducir fallas de mercado (restricciones de liquidez, ausencia de historial crediticio, falta de garantías) que limitan la productividad y la supervivencia empresarial de las mipymes. En el caso descrito, Promipyme enfatiza una tasa fija “hasta diez veces inferior” a la del mercado informal, lo cual apunta a un mecanismo de “compensación” frente a la usura y la segmentación financiera que enfrentan microemprendedores. Este diseño no solo reduce el costo del capital; también puede estabilizar flujos de caja en negocios de baja escala, donde la volatilidad de ingresos convierte cualquier tasa elevada en riesgo de cierre.

1) El crédito como política de desarrollo: escala, continuidad y señal pública

Un indicador clave de progreso no es únicamente el desembolso aislado, sino la capacidad de sostenerlo en el tiempo. En Villa Altagracia, la institución reporta que, desde el inicio de la gestión actual, ha desembolsado RD$16,025 millones, y que 52% de ese total ha ido a negocios liderados por mujeres. Esta cifra sugiere continuidad y expansión relativa de la cartera, y se alinea con reportes previos sobre desembolsos significativos y sesgo pro-inclusión femenina en diferentes jornadas de crédito. En términos de política pública, la continuidad es crucial: los microcréditos no generan impacto sostenible si operan como acciones episódicas; su valor se consolida cuando forman parte de un ciclo de acceso–acompañamiento–crecimiento.

Además, el hecho de que la representación del MICM en el acto subraye “apoyar, acompañar y ayudarles a crecer” apunta a una visión que trasciende el crédito como simple transferencia financiera y lo concibe como palanca para acumulación productiva. En literatura de desarrollo, este tránsito (de crédito a desarrollo empresarial) depende de complementariedad: capacitación, formalización, acceso a mercados y articulación con cadenas de valor. En ese sentido, Promipyme ha reportado iniciativas asociadas a capacitación y acompañamiento en comunidades, reforzando la dimensión no financiera de la intervención.

2) Enfoque territorial: del centro a la periferia productiva

La selección de Villa Altagracia no es menor. La estrategia territorial busca ampliar el alcance del Estado hacia zonas donde el crédito formal llega con dificultad, sea por ubicación geográfica, costos de transacción o inexistencia de garantías tradicionales. De hecho, Promipyme ha reconocido explícitamente barreras como localización, falta de garantías, escasa formación financiera y ausencia de historial crediticio, lo que sugiere que la institución está diagnosticando obstáculos típicos del microfinanciamiento. Este diagnóstico es relevante porque permite diseñar instrumentos de evaluación alternativos al scoring bancario clásico, frecuentemente inadecuado para microempresas. 

En línea con ello, la entidad informó la implementación de nuevos “scores” crediticios y la ampliación del tope de préstamos hasta RD$12 millones, decisión autorizada por el consejo presidido por el ministro del MICM, lo que sugiere un intento de segmentar mejor el riesgo y atender escalas empresariales diversas (de micro a mediana). Académicamente, esto puede leerse como evolución institucional: pasar del microcrédito tradicional hacia un portafolio con mayor granularidad, donde el financiamiento acompaña trayectorias de crecimiento (graduación crediticia) y no solo supervivencia.

3) Inclusión de género: más que equidad, eficiencia económica

El dato de que 52% de los desembolsos acumulados benefician negocios liderados por mujeres (y que en algunos operativos el porcentaje femenino supera ampliamente ese umbral) no debe verse solo como equidad; también puede interpretarse como una estrategia de gestión del riesgo y productividad social. En otras intervenciones públicas, Promipyme ha argumentado que las mujeres exhiben mejor comportamiento de pago y que esta evidencia motivó orientar cartera hacia emprendimientos femeninos para reducir morosidad, además de crear programas específicos como “Tu Firma es Tu Garantía”.

Este punto es crucial: cuando una política de inclusión se fundamenta en evidencia de desempeño (morosidad, disciplina de pago, impacto en hogares), tiende a ser más sostenible fiscal e institucionalmente. Asimismo, en 2026 se reporta la intención de elevar el tope de “Tu Firma es Tu Garantía” (por coordinación con el MICM) para ampliar cobertura a mujeres sin codeudores ni historial bancario, una medida que ataca directamente una restricción típica de acceso: la garantía. 

4) Articulación institucional: MICM, descentralización y modernización del crédito

En términos de gobernanza pública, el caso revela coordinación entre Promipyme y el MICM, tanto en presencia institucional como en decisiones estratégicas de cartera y techos de financiamiento. La agenda del ministro Eduardo Sanz Lovatón, al asumir el MICM, incluye explícitamente respaldo a mipymes, competitividad, formalización y fortalecimiento del clima de inversión, lo que da marco a la actuación de Promipyme como brazo operativo de inclusión productiva. Asimismo, la institución se define como aliada del MICM y alinea su estrategia con la visión gubernamental de territorialidad del crédito, lo cual consolida coherencia interinstitucional (un factor crítico para políticas de mipymes).

A esto se suman iniciativas complementarias reportadas por el Gobierno, como jornadas de inclusión financiera y transformación digital coordinadas con otras entidades (por ejemplo, Indotel) y acuerdos con organismos como ProCompetencia para fortalecer capacidades mipymes, lo que sugiere un ecosistema de apoyo que trasciende el financiamiento. En términos académicos, esta articulación es clave: el crédito rinde más cuando se combina con digitalización, competencia, capacitación y encadenamientos. 

5) ¿Qué falta para convertir el crédito en productividad sostenida? (Retos y recomendaciones)

Aun reconociendo avances, una lectura académica exige atender riesgos y brechas. Primero, el impacto del crédito debería medirse no solo en montos desembolsados, sino en indicadores de resultado: supervivencia a 12–24 meses, crecimiento de ventas, formalización, creación de empleo y transición hacia financiamiento formal bancario. Promipyme ha señalado que su estrategia incorpora acompañamiento y educación financiera, pero el desafío es institucionalizar métricas públicas y evaluaciones periódicas para validar efectividad y ajustar instrumentos. 

Segundo, la ampliación de topes (hasta RD$12 millones) y la introducción de nuevos scores elevan la relevancia de la gestión de riesgos: expansión sin control puede deteriorar cartera. En ese sentido, Promipyme anunció también RD$1,500 millones destinados a cubrir siniestros que afecten negocios, una medida que apunta a resiliencia y sostenibilidad, pero que requiere claridad técnica sobre criterios, cobertura y gobernanza del fondo. Tercero, para potenciar el emprendimiento, el crédito debería conectar con mercados: compras públicas, cadenas de proveedores, exportación (cuando aplique) y clústeres locales. Sin esa “salida comercial”, el financiamiento corre el riesgo de sostener solo capital de trabajo de baja productividad. 

En conclusión, el acto de Villa Altagracia —RD$90 millones para 400 prestatarios— sintetiza un patrón más amplio: el Gobierno ha fortalecido una política de mipymes basada en territorialidad del créditotasa fija competitivafoco en inclusión femenina y ajustes institucionales (scoring, ampliación de techos, programas específicos) que apuntan a modernizar el acceso al financiamiento productivo. La evidencia de desembolsos acumulados y la persistencia del sesgo pro-mujer sugieren una orientación clara hacia la inclusión económica como estrategia de desarrollo. 

No obstante, el salto cualitativo pendiente —propio de toda política pública de emprendimiento— es convertir la expansión del crédito en un aumento verificable de productividad: más formalización, más empleo, más ventas y mayor escalamiento empresarial. Si el Estado logra anclar estos desembolsos a métricas de impacto y a una agenda de mercados y capacidades (digitalización, formación, competencia, encadenamientos), el crédito dejará de ser una herramienta de alivio para convertirse en un verdadero motor de transformación productiva.

Sobre el autor

 

Luis Orlando Díaz Vólquez es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.

En Villa Altagracia, junto a las autoridades, en la entrega de préstamos por RD$90 millones a 400 microempresari@s y emprendedor@s. El 62% va dirigido a negocios liderados por mujeres. Como dice el presidente ⁦@luisabinader⁩: “Llevando el crédito donde vive la gente”🇩🇴 pic.twitter.com/6gJNPfdh23

— fabriciogm13 (@Fabriciogm13) February 19, 2026

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Punta Cana, epicentro del diálogo global: comercio, inversión y seguridad en tiempo de incertidumbre

Punta Cana, epicentro del diálogo global: comercio, inversión y seguridad en tiempo de incertidumbre

El Concordia Horizon Summit 2026 reúne a jefes de Estado, ministros y líderes empresariales, e incorpora al ministro del MICM, Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón, entre las voces que marcarán la conversación sobre cadenas de suministro, inversión en mercados emergentes y riesgos geopolíticos.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La elección de Punta Cana como sede del Concordia Horizon Summit 2026 no debe leerse como un acto de calendario, sino como un gesto de posicionamiento estratégico: un país se vuelve relevante cuando puede hospedar —sin estridencias y con credibilidad— conversaciones donde se cruzan intereses de Estado, capital privado y prioridades de seguridad. El propio diseño del Summit confirma esa intención: se trata de un foro concebido para debatir comercio global, inversión y seguridad, bajo un formato de diálogo de alto nivel que pone el foco en aranceles, cadenas de suministro, inversión en mercados emergentes y evaluación de riesgos

En el fondo, el mensaje es claro: el Caribe ya no es solo geografía turística; es parte del tablero donde se reacomodan las rutas, los socios y las cadenas de valor. Y cuando un foro internacional decide iniciar su nuevo “Horizon model” precisamente en República Dominicana, lo que está validando es una tesis de época: las economías que combinen estabilidad relativa, conectividad logística y capacidad productiva pueden ganar espacio en un mundo que privilegia resiliencia y previsibilidad.

Un Summit con dos ejes y una lectura del mundo

La agenda pública del evento gira en torno a dos ejes que revelan cómo se entiende hoy la competitividad: (1) Economía y Comercio Global y (2) Democracia, Seguridad y Riesgo Geopolítico. No es un arreglo académico: es una admisión de que la economía ya no se decide solo con tasas y flujos, sino con institucionalidad, estabilidad política, control del riesgo y confianza en reglas. Concordia lo plantea explícitamente al ubicar las conversaciones en la intersección de trade–investment–security, un triángulo que se ha convertido en el lenguaje común del nuevo orden.

Por eso el Summit opera como vitrina, pero también como prueba. Una vitrina porque expone al país ante decisores globales; una prueba porque lo que se discute —cadenas de suministro, riesgo, inversión— se traduce en una pregunta simple: ¿qué tan “invertible” y “operable” es República Dominicana en un mundo de shocks?

La conversación económica real: del “costo” a la “plataforma”

En el primer eje —economía y comercio— el debate internacional ha cambiado de naturaleza. Ya no basta con competir por costos: ahora se compite por seguridad de abastecimiento, tiempos logísticos, estándares, trazabilidad y estabilidad regulatoria, especialmente cuando crecen las tensiones arancelarias y las empresas relocalizan operaciones para reducir exposición a riesgos. En esa transición, República Dominicana ha intentado consolidar un rol como plataforma regional de comercio, manufactura y logística, una lectura que el propio evento subraya al destacar temas como supply chains y resiliencia. 

Aquí emerge un concepto que atraviesa toda la discusión contemporánea: nearshoring. La relocalización productiva hacia geografías cercanas al mercado de consumo no es una moda; es una estrategia de supervivencia corporativa en un entorno de disrupciones. El Summit discute exactamente los insumos de ese fenómeno —cadenas globales, aranceles, inversión en emergentes— y, por tanto, coloca al país frente a una oportunidad: convertir su cercanía, acuerdos y conectividad en captura de procesos productivos de mayor valor

Sanz Lovatón y el giro del enfoque: política industrial en clave de geoeconomía

Eduardo Sanz Lovatón

En ese punto, la inclusión de Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón, ahora ministro de Industria, Comercio y Mipymes (MICM), es especialmente significativa. Su nombramiento mediante el Decreto 3-26 confirma el tránsito formal desde Aduanas hacia la política económica productiva: industria, comercio y mipymes, justamente el corazón de la conversación sobre nearshoring e inversión productiva. Y Concordia lo coloca entre “las voces que darán forma” a las conversaciones del Summit, en una lista donde figuran también jefes de Estado, ministros y actores empresariales clave. 

El valor de su participación, en su nuevo rol, está en que el MICM no es un ministerio “sectorial” más; es una especie de bisagra entre la atracción de inversión, la política industrial, el comercio exterior y el tejido empresarial local. La conversación sobre cadenas de suministro solo se vuelve real cuando existen instrumentos para: (a) atraer inversión, (b) instalarla rápido, (c) integrarla a proveedores locales, y (d) sostener competitividad vía innovación y productividad. Ese es el terreno natural del MICM, y por eso su presencia encaja con el propósito del Summit.

Además, Sanz Lovatón ha defendido recientemente un enfoque que coincide con la lógica del evento: la idea de que los países ya no compiten de forma aislada, sino como plataformas productivas integradas. En esa narrativa, República Dominicana se presenta como un espacio con estabilidad, conectividad, reglas y capacidad industrial para insertarse en la nueva geografía del comercio. En términos editoriales, su participación sugiere un énfasis gubernamental: mover el discurso del “hub logístico” hacia el “hub productivo”, donde logística e industria se alinean. 

Del panel a la realidad: infraestructura industrial y proyectos ancla

La credibilidad de una aspiración industrial se mide por proyectos que materialicen capacidad instalada. En esa dirección, ya aparecen señales relevantes: en febrero de 2026 se informó la firma de un contrato para la construcción e instalación del Savanna Free Zone Park, concebido como parque de zonas francas con enfoque en manufactura de alto valor agregado, alta tecnología y logística, aprovechando conectividad cercana a infraestructura aeroportuaria y portuaria. Este tipo de iniciativas dialoga directamente con los temas del Summit —supply chains, inversión y competitividad logística— y ofrece sustancia a la narrativa del país como plataforma. 

En clave de política pública, el desafío es que estos proyectos no operen como “islas”, sino como nodos de un ecosistema: formación de talento, certificaciones, energía competitiva, digitalización de trámites, encadenamientos con mipymes y un marco regulatorio predecible. Sin esa arquitectura, el nearshoring se vuelve promesa; con ella, se vuelve ventaja.

Democracia, seguridad y riesgo: el nuevo lenguaje del capital

El segundo eje del Summit —democracia, seguridad y riesgo geopolítico— confirma una verdad que los mercados ya internalizaron: la estabilidad institucional es un activo económico. Las discusiones sobre gobernanza, desinformación y crisis regionales impactan en decisiones de inversión tanto como los incentivos fiscales. En ese sentido, el formato bajo la Regla de Chatham House (mencionado en la cobertura local del evento) agrega valor: propicia conversaciones francas, orientadas a riesgo y soluciones, más que a declaraciones públicas. 

Para República Dominicana, ser anfitrión de conversaciones con este marco implica un salto reputacional: significa que el país es visto como un espacio donde se puede debatir con seriedad sobre asuntos sensibles que cruzan economía y seguridad. Ese intangible —confianza— suele traducirse en oportunidades: visitas exploratorias, alianzas, relaciones de negocio y, eventualmente, inversión.

El reto posterior: que el prestigio se convierta en estrategia

Todo gran foro deja una disyuntiva al país anfitrión: quedarse con la visibilidad o convertirla en política sostenida. La verdadera medida del Summit no será la fotografía de la agenda, sino la capacidad de producir consecuencias: acuerdos, hojas de ruta, proyectos, y una narrativa coherente de competitividad. Ahí, el rol del MICM —y la presencia del ministro Sanz Lovatón en la conversación— adquiere un peso práctico: es una de las instituciones llamadas a traducir tendencias globales en decisiones nacionales que faciliten inversión, impulsen industria y hagan a las mipymes parte del crecimiento. 

En un mundo donde la confianza es un recurso escaso y el riesgo se ha convertido en variable económica, Punta Cana aparece —por estos días— como un punto de convergencia entre lo global y lo local. El Concordia Horizon Summit 2026 deja, al menos, una certeza: la República Dominicana no solo está en la conversación; está en la posibilidad de influir en cómo se escribe el próximo capítulo regional de comercio, inversión y seguridad./ @GuasabaraEditor

En un mundo donde la confianza es un recurso escaso y el riesgo se ha convertido en variable económica, Punta Cana aparece —por estos días— como un punto de convergencia entre lo global y lo local. El Concordia Horizon Summit 2026 deja, al menos, una certeza: la República Dominicana no solo está en la conversación; está en la posibilidad de influir en cómo se escribe el próximo capítulo regional de comercio, inversión y seguridad./ @GuasabaraEditor

Sobre el autor

Luis Orlando Díaz Vólquez es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.

#ConcordiaHorizonSummit #PuntaCana #RD #ComercioInternacional #EconomíaGlobal #Inversión #Nearshoring #Geopolítica #Seguridad #MICM #Industria #Mipymes #SupplyChain #Caribe #Business

miércoles, 18 de febrero de 2026

La otra advertencia: 1.5%


Raúl Ovalle advierte que el sector, que creció 1.5% en el 2025 y aporta más de US$16,000 millones en valor agregado, de mantenerse esa tendencia podría perder el liderazgo
Raúl Ovalle advierte que el sector, que creció 1.5% en el 2025 y aporta más de US$16,000 millones en valor agregado, de mantenerse esa tendencia podría perder el liderazgo
La otra advertencia: 1.5%
No es otra cifra, es un diagnóstico. Y el paciente es el sector de mayor peso de la economía.
 10 minutos de lectura
En un artículo reciente advertimos que el crecimiento promedio del PIB de 3.4% del último sexenio era el menor en más de dos décadas. El 1.5% apunta al origen sectorial de esa erosión: es el crecimiento tendencial de 2025 del sector construcción, el que resulta de descontar el ruido estacional y cíclico. Su velocidad de crucero. Y es el menor nivel de los últimos treinta y tres años. La señal es estructural; la pregunta es si el daño aún es reversible.
La columna que sostiene el edificio
Si el 1.5% enciende alertas, es porque no estamos hablando de un sector marginal. La construcción dominicana aporta más de US$16,000 millones en valor agregado, lidera todos los sectores. Supera la economía de Bahamas. Como proporción del PIB, solo Panamá le sobrepasa en América Latina.
Cuando se incorpora su ecosistema ampliado, incluyendo servicios inmobiliarios, préstamos hipotecarios y a desarrolladores, seguros, fideicomisos, administración de propiedades, junto a la demanda que genera sobre otros sectores como el manufacturero, la minería o el transporte, su participación supera el 20% del PIB. En otras palabras, al menos uno de cada cinco pesos generados en la economía gravita, directa o indirectamente, alrededor de la construcción.
La construcción no solo pesa, también arrastra la inversión del país. Cerca del 80% de la formación de capital pasa por el sector. Desde su pico de 14% del PIB en 2022, su participación viene cayendo alrededor de medio punto por año, en paralelo al retroceso observado de la inversión total, sobre todo la privada.
De mantenerse esa trayectoria, hacia mediados del próximo año podría perder el liderazgo que hoy mantiene en participación y contribución al crecimiento.
De hecho, el impacto ya es visible en las cuentas nacionales: la contribución directa del sector al crecimiento del PIB se redujo a la mitad entre 2023 y 2025 de un punto porcentual a apenas medio punto.
El sector no solo se encoge; está frenando al resto de la economía.
La tormenta perfecta
También aquí sería injusto ignorar el contexto. Desde la pandemia, pocos sectores de la economía dominicana han absorbido tantos choques simultáneos en tan poco tiempo:
(1) un aumento acumulado de costos —materiales, logística y mano de obra— superior al crecimiento del ingreso de los hogares;
(2) un alza sostenida de tasas de interés desde los mínimos pandémicos, que encareció tanto el financiamiento de proyectos como la cuota hipotecaria de las familias;
(3) una volatilidad cambiaria inusualmente alta en un sector intensivo en insumos importados;
(4) cambios regulatorios bancarios que restringieron los préstamos en dólares a constructores y adquirientes, lo que altera el modelo de financiamiento del sector;
(5) una política migratoria reactiva, ejecutada vía operativos episódicos que contrajo súbitamente la oferta laboral y elevó su costo en zonas de alta actividad;
(6) estafas inmobiliarias aisladas cuyo ruido mediático erosionó la confianza de la diáspora, comprador clave del segmento de vivienda de bajo costo;
(7) una reducción deliberada de la inversión pública en infraestructura y
(8) una permisología cada vez más lenta y compleja, que opera como un impuesto regulatorio al encarecer y retrasar la ejecución de proyectos.
Ocho choques que convergen sobre un mismo sector. Y varios aún no ceden, porque la tormenta no termina de pasar.
La crisis haitiana sigue volátil e incierta, perpetúa el desorden en la oferta laboral. Los costos logísticos internacionales permanecen sujetos a disrupciones geopolíticas, particularmente desde el sudeste asiático. El marco fiscal 2026-2029 proyecta la inversión pública en los menores niveles en décadas.
Y a pesar de la caída reciente de las tasas locales, mientras las externas no cedan —y podrían no hacerlo si la percepción de menor independencia de la FED eleva las expectativas de inflación— el entorno doméstico de tasas y tipo de cambio podría tardar en normalizarse.
Advierto, si no se actúa, el 1.5% dejará de ser una anomalía. Será la norma.
Lo que no estamos viendo
El problema no termina en el PIB del sector. Empieza ahí. Un estudio revelador de Daniel De Oleo, de la Universidad de Kyushu (Japón), presentado en enero de este año, muestra que cuatro de cada diez hogares dominicanos sufren déficit habitacional.
La revelación más incómoda, sin embargo, es otra. El déficit habitacional dominicano ya no es, principalmente, un problema de paredes y techos: cerca del 70% de los hogares con carencias habitan estructuras adecuadas y, aun así, carecen de condiciones básicas: les falta agua, saneamiento y espacio habitable. El problema no es solo de unidades; es de hábitat. Y ese déficit habitacional tiene dos mapas: en las ciudades es más frecuente; en el campo, más severa.
Otro hallazgo revelador es que los hogares que financian su vivienda con crédito hipotecario tienden a presentar menos carencias que los propietarios sin crédito. En otras palabras, el financiamiento no solo facilita la compra; también se asocia con mejores condiciones de habitabilidad. Pero sin infraestructura pública que haga funcionales las viviendas y sus comunidades, como acueductos, alcantarillado, redes eléctricas o soluciones viales, ni el crédito ni la construcción de nuevas unidades resolverán el problema de fondo.
Lo que no estamos viendo es esto: si la desaceleración de la construcción se vuelve estructural y la inversión en infraestructura pública no se reactiva, el déficit habitacional no solo persistirá; puede profundizarse, encarecer su corrección y volverse territorialmente más desigual.
El riesgo de fondo tiene dos caras: por un lado, la erosión del principal motor de la economía y, con ella, del crecimiento potencial del país. Por el otro, el deterioro progresivo de las condiciones de vida de los dominicanos más vulnerables, hoy y en los años por venir.
Reconstruyendo el andamiaje
Revertir ambas caras del riesgo exige una ingeniería a la inversa: imaginar primero el destino y luego diseñar las rutas. Ese destino incluye un sector construcción recuperando participación en el PIB y aporte al crecimiento, una inversión agregada retomando la trayectoria necesaria para sostener el potencial del país, y un déficit habitacional reduciéndose de forma sostenida. Ese es el punto de llegada.
El punto de partida es la inversión pública. Deng Xiaoping lo resumió de forma elocuente: “si quieres hacerte rico, primero construye carreteras”. En RD esa frase además incluye acueductos, alcantarillado sanitario, drenaje pluvial, redes eléctricas confiables, conectividad logística eficiente, entre otras inversiones clave.
Se necesita un programa plurianual de infraestructura, con horizonte mínimo de un lustro, capaz de trascender el ciclo electoral. Cerrar brechas de infraestructura no es una meta de gobierno; es una meta de país. La cartera de proyectos debe diversificarse geográficamente y priorizarse con criterios explícitos: impacto en empleo y PIB regional, capacidad para reducir brechas habitacionales y potencial de activar nuevos encadenamientos productivos.
No es teoría. La Autovía del Coral no solo redujo tiempos de traslado entre la ciudad principal y el polo turístico más importante del país: amplió la frontera económica del Este, elevó su atractivo para la inversión privada y profundizó encadenamientos en turismo, logística, comercio, construcción y entretenimiento. Su costo fue comparable al de un hotel mediano, pero, a diferencia del hotel, sus efectos multiplicadores persisten en el tiempo.
Una carretera bien diseñada, al igual que otras infraestructuras públicas, no compite con la inversión privada; la hace viable y amplifica su retorno social.
Con esa misma lógica debe leerse la discusión sobre nuevas conexiones estratégicas: la carretera del Ámbar; corredores que integren polos agropecuarios del Sur con el Cibao; conectividad aérea más eficiente entre Cibao–Punta Cana. No se trata de un archipiélago de obras, sino de una red logística integrada que reduzca costos, conecte mercados y transforme potencial productivo en crecimiento efectivo, empleo y menor pobreza.
En segundo lugar, si el acceso al crédito formal se asocia con mejores condiciones habitacionales —como sugiere el estudio de De Oleo—, conviene explorar mecanismos que canalicen el ahorro de los trabajadores hacia el financiamiento de vivienda.
Hoy, el fondeo del sector depende en gran medida de liberaciones cíclicas de encaje del BCRD: un esquema que ata al sector al vaivén de las tasas y dificulta cerrar el déficit habitacional de forma sostenida. Se necesita una fuente más estable de financiamiento que preserve el acceso al crédito hipotecario, independientemente del ciclo monetario.
La región ofrece referencias útiles. Colombia avanzó con el Fondo Nacional del Ahorro, que articula cesantías, crédito para vivienda y ahorro voluntario, incluyendo trabajadores informales y la diáspora. Chile desarrolló esquemas escalonados por ingreso que combinan ahorro, subsidio estatal y crédito hipotecario para ampliar el acceso y sostener oferta formal.
Si el rediseño del régimen de cesantías sigue siendo una tarea pendiente, ¿por qué no evaluar simultáneamente un instrumento que habilite el uso parcial y prudente de estos recursos para vivienda?
Tercero, resolver la permisología de raíz. Esto debe asumirse con un propósito de legado institucional: dejar un sistema que funcione por reglas, plazos y capacidades técnicas, y no por la capacidad desigual del funcionario de turno.
Hay referentes internacionales que vale la pena estudiar: tiempos diferenciados según acreditación previa de empresas (Australia) o nivel de riesgo del proyecto (Emiratos Árabes Unidos); tercerización de procesos en firmas certificadas de ingeniería (Bahréin); y esquemas de silencio administrativo positivo para evitar parálisis cuando la administración incumple plazos (Alemania).
La descentralización también es una ruta clave, aunque transitoria, en el camino hacia la digitalización de los procesos. Con cerca de 40% del PIB de la construcción concentrado en el Cibao —más que cualquier otra región del país, incluida la capital—, mantener procesos críticos de permisos dependientes de Santo Domingo ya no es eficiente.
La meta es simple: equipos técnicos capacitados y capacidad resolutiva más cerca de donde ocurre la actividad. Siempre se ha dicho que “en Santo Domingo se firman los cheques”; ya es tiempo de que “en Santiago se firmen los permisos”, eficientemente.
Otro frente clave es la gestión inteligente de flujos laborales: permisos temporales, revisables según demanda, con biometría y trazabilidad. La meta no es abrir sin control ni cerrar sin criterio, sino equilibrar la necesidad económica del sector con la seguridad nacional para que casos como Friusa no solo no se repitan, sino que nunca vuelvan a escalar hasta ese punto.
Alguna vez un sabio dijo que una buena pregunta es aquella que tiene muchas respuestas. A la pregunta de cómo evitar que el crecimiento potencial de República Dominicana siga deteriorándose, la reactivación estructural del sector construcción es parte de la respuesta. No toda. Pero sin ella, las demás difícilmente funcionen.
El 3.4% fue una primera advertencia. Si lo que sigue es decisión, el 1.5% más que la segunda… podría ser la última.
https://www.elcaribe.com.do/opiniones/la-otra-advertencia-1-5/ 
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Hidrocarburos, subsidios y control: cuando la coordinación institucional se vuelve urgencia

COMENTARIO | 

Hidrocarburos, subsidios y control: cuando la coordinación institucional se vuelve urgencia
Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Hablar de hidrocarburos en la República Dominicana es hablar de economía real: transporte, industria, producción, precios y costo de vida. Por eso, cualquier mejora en la cadena de recepción y despacho —sobre todo cuando se trata de combustibles subsidiados por el Estado— tiene implicaciones directas en la estabilidad, la transparencia y la credibilidad institucional. En ese contexto, en consonancia con las directrices del presidente Luis Abinader, la reciente reunión interinstitucional encabezada por el ministro de Hacienda, Magín Díaz, y el director general de Aduanas, Nelson Arroyo, no debería leerse como una agenda de rutina, sino como un paso necesario hacia una gobernanza más moderna y efectiva del sector.

La discusión sobre “optimizar” la recepción y el despacho de hidrocarburos suele subestimarse por su lenguaje operativo. Sin embargo, detrás de esa palabra hay objetivos concretos: reducir cuellos de botella, evitar demoras que encarecen los costos logísticos, asegurar la continuidad del suministro y reforzar los controles para que lo que ingresa al país sea exactamente lo declarado, en las cantidades correctas y con el tratamiento fiscal correspondiente. Cuando la materia prima es estratégica y el componente fiscal es sensible, la eficiencia deja de ser solo velocidad: se convierte en una garantía de orden.

En el caso de los combustibles subsidiados, el Estado asume parte del costo para amortiguar impactos en los precios. Esa decisión pública exige, en consecuencia, un aparato institucional capaz de administrar con precisión: qué entra, bajo qué figura, con qué destino, bajo qué condiciones y con qué documentación. Ahí entra un elemento clave: fortalecer los mecanismos de emisión de exoneraciones. No para dificultar al sector que opera correctamente, sino para elevar la trazabilidad y la consistencia del proceso, asegurando que cada exoneración responda a reglas claras, verificables y auditables. En un país que aspira a consolidar confianza, los procedimientos deben ser tan sólidos como los resultados.

Ahora bien, ninguna mejora será completa si cada institución trabaja con su propia base de datos, sus propios tiempos y sus propios “cierres” informativos. Por eso, la reunión pone sobre la mesa un punto que debería asumirse como prioridad nacional: la interconexión entre la Dirección General de Aduanas (DGA) y la Dirección General de Impuestos Internos (DGII). La interoperabilidad no es un lujo digital; es una herramienta de gobernanza. Permite al Estado ver el ciclo completo: desde la entrada de mercancías hasta la coherencia fiscal y el cumplimiento tributario. Reduce espacios de opacidad, acorta los tiempos de verificación y mejora la calidad de las decisiones.

La otra gran apuesta es la digitalización de procesos, con capacidad de generar reportes confiables y en tiempo real. Esto no solo fortalece la supervisión pública: también beneficia al sector privado, que necesita predictibilidad. Cuando los sistemas producen información oportuna, se minimizan errores, se identifican anomalías antes de que escalen y se pueden tomar decisiones correctivas de manera temprana. La data, bien administrada, funciona como un mecanismo de prevención.

Pero la modernización no puede quedarse en anuncios. El reto real está en la ejecución: definir protocolos comunes, estándares de datos, responsabilidades por etapa y mecanismos de auditoría. También implica capacitación, continuidad tecnológica y cultura de servicio. Porque lo digital no sustituye el criterio: lo ordena. Lo interinstitucional no elimina la autonomía: la coordina. Y la eficiencia no debe negociar con el control: lo fortalece.

Al final, el propósito es simple —y profundamente político en el buen sentido—: que el Estado funcione mejor. Una gestión coordinada entre instituciones, con procesos digitalizados, trazabilidad y reportes en tiempo real, no solo mejora la operación aduanera; también protege el interés nacional, cuida los recursos públicos y fortalece la confianza ciudadana. En hidrocarburos, el margen de error es demasiado costoso. Por eso, avanzar hacia una coordinación moderna y responsable no es una opción: es una urgencia país. 🇩🇴


Hidrocarburos, subsidios y control: cuando la coordinación institucional se vuelve urgencia 🇩🇴

Hablar de hidrocarburos en la República Dominicana es hablar de economía real: transporte, industria, producción, precios y costo de vida. Por eso, mejorar la cadena de recepción y despacho —en especial cuando se trata de combustibles subsidiados por el Estado— no es un tema técnico menor: impacta la estabilidad, la transparencia y la confianza institucional.
En una reciente articulación interinstitucional, se colocaron sobre la mesa decisiones clave que, bien ejecutadas, pueden marcar un antes y un después:
✅ Optimización operativa: reducir cuellos de botella, evitar demoras que encarecen costos logísticos y asegurar continuidad del suministro.
✅ Controles más sólidos: garantizar que lo que ingresa al país coincida con lo declarado, en cantidades correctas y con el tratamiento fiscal correspondiente.
✅ Exoneraciones con trazabilidad: fortalecer mecanismos para que respondan a reglas claras, verificables y auditables.
✅ Interconexión DGA–DGII: interoperabilidad como herramienta de gobernanza (menos opacidad, verificación más ágil y mejores decisiones).
✅ Digitalización con data en tiempo real: reportes confiables para prevenir riesgos y mejorar la predictibilidad del sector.
Pero modernizar no puede quedarse en anuncios. El reto real está en la ejecución: protocolos comunes, estándares de datos, auditoría, capacitación y continuidad tecnológica.
Porque lo digital no sustituye el criterio: lo ordena. Y la eficiencia no negocia con el control: lo fortalece.
📌 Conclusión: en hidrocarburos, el margen de error es demasiado costoso. Avanzar hacia una coordinación moderna, trazable y basada en datos no es una opción: es una urgencia país. /

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