
Occidente ante una nueva era de soberanía: lo que Múnich 2026 anticipa para la República Dominicana
/ Por Luis Orlando Díaz Vólquez
Por años, la Conferencia de Seguridad de Múnich ha funcionado como un barómetro del orden internacional: cuando el termómetro se mueve allí, suele moverse en todas partes. Este 14 de febrero de 2026, el mensaje de Washington —expresado en un discurso de alto perfil— apuntó a un reacomodo doctrinal: menos fe en el “piloto automático” del multilateralismo, más énfasis en soberanía, capacidad industrial y control de fronteras como pilares de seguridad. [state.gov], [securityco...erence.org]
La premisa central fue directa: el “fin de la historia” resultó ser una ilusión costosa, porque mientras se celebraba la globalización sin restricciones, se desarmaron capacidades productivas, se tercerizaron cadenas críticas y se debilitó el músculo estratégico de los Estados. En esa lectura, la desindustrialización no fue inevitable, sino una elección de políticas; y el precio se paga hoy en vulnerabilidad tecnológica, dependencia logística y ansiedad social. [state.gov], [cnbc.com]
Del orden basado en reglas al orden basado en resultados
La implicación más importante no es retórica: es metodológica. El discurso plantea que el sistema de cooperación internacional debe “reformarse y reconstruirse”, no necesariamente abandonarse, pero a condición de que produzca resultados en conflictos y amenazas concretas. En otras palabras: el multilateralismo ya no se justificaría por sí mismo, sino por su eficacia verificable.
Esa idea dialoga con el diagnóstico del Munich Security Report 2026, que advierte un mundo en “wrecking-ball politics”: una política más transaccional, menos paciente con la burocracia internacional y más inclinada a la coerción y a las “coaliciones por misión”. [state.gov], [cnbc.com] [securityco...erence.org], [cnbc.com]
La nueva agenda atlántica: industria, tecnología y minerales críticos
Si en décadas pasadas la discusión transatlántica giró en torno a tratados, normas y arquitectura institucional, el subtexto de Múnich 2026 fue otro: capacidad material. Reindustrialización, automatización, fabricación flexible, inteligencia artificial, espacio comercial y una cadena occidental de minerales críticos aparecen como ejes de competitividad y seguridad.
Esta transición importa porque reconfigura ganadores y perdedores: países cercanos a Estados Unidos, con plataformas exportadoras confiables, reglas claras, logística y cumplimiento, pueden beneficiarse del nearshoring/friendshoring. [state.gov], [state.gov] [state.gov], [securityco...erence.org]
República Dominicana: oportunidad real, pero no automática
Para la República Dominicana, el giro tiene una lectura estratégica: el país ya está insertado en la economía estadounidense con densidad suficiente como para “subirse” a la ola de cadenas resilientes. El propio resumen comercial de la USTR indica que el comercio total de bienes y servicios entre EE. UU. y RD se estimó en US$33.4 mil millones en 2024, con comercio de bienes cercano a US$20.5 mil millones.
Esto no es un dato decorativo: significa que, ante una economía política más enfocada en proximidad y confiabilidad, RD puede convertirse en un “activo geoestratégico” para manufactura y servicios integrados, siempre que traduzca su potencial en estándares y productividad. [ustr.gov], [ustr.gov] [ustr.gov], [securityco...erence.org]
El caso emblemático: dispositivos médicos y manufactura avanzada
Hay un sector que ilustra el punto con claridad: dispositivos médicos. Un brief de la USITC documenta el ascenso dominicano como exportador hacia EE. UU. y resalta que, en 2023, RD fue un proveedor relevante de instrumentos/aparatos médicos para el mercado estadounidense, apoyado por zonas francas, incentivos y ventajas logísticas.
En la lógica de Múnich 2026 —reindustrializar y asegurar cadenas críticas dentro de un perímetro confiable— estos clústeres no solo generan empleo: generan valor estratégico. Pero también elevan exigencias: trazabilidad, calidad regulatoria, talento técnico y seguridad de puertos/aeropuertos. [usitc.gov], [ustr.gov] [usitc.gov], [state.gov]
Fronteras, migración y seguridad: el Caribe vuelve al centro
Otro mensaje que reverbera en el Caribe es la securitización ampliada: control fronterizo y cohesión social pasan a ser parte del debate de seguridad nacional. Esa mirada tiende a endurecer parámetros de cooperación regional (identidad, control marítimo, combate a redes de tráfico).
Para RD, esto converge con una agenda ya existente: la cooperación en seguridad bajo la Caribbean Basin Security Initiative (CBSI) incluye interdicción, lucha contra crimen transnacional, fortalecimiento institucional y capacidades para puertos y fuerzas especializadas. [state.gov], [state.gov] [2021-2025.state.gov], [congress.gov]
Remesas: el “nervio” macroeconómico ante cambios de clima político
Hay un punto sensible que no debe minimizarse: remesas. Reportes basados en datos del Banco Central señalan que en 2025 las remesas alcanzaron US$11,866.3 millones y que una porción determinante proviene de Estados Unidos (en diciembre se reporta 80% de flujos formales desde ese país).
En un contexto donde migración y fronteras se tratan como seguridad, cualquier cambio en costos de envío, empleo o estatus de comunidades migrantes puede tener efectos de primera magnitud sobre consumo interno, divisas y estabilidad social en RD. [inmobiliario.do], [dominicantoday.com] [inmobiliario.do], [state.gov]
Qué debería hacer RD: menos consignas, más “capacidad país”
El nuevo ambiente internacional premia a quienes demuestran capacidades concretas. En vez de discutir el mundo en abstracto, RD puede avanzar con una agenda de tres frentes: (1) diplomacia económica de cadenas (presentar proyectos “listos para invertir” en manufactura avanzada y servicios), (2) infraestructura y cumplimiento (puertos, aduanas, ciberseguridad, estándares), y (3) talento (técnicos, ingeniería, calidad, regulación sanitaria).
Además, conviene fortalecer el componente de seguridad integral (finanzas ilícitas, puertos, cooperación judicial) porque la lógica de “alianzas por resultados” tiende a privilegiar socios que reduzcan riesgos transnacionales. [state.gov], [ustr.gov] [2021-2025.state.gov], [securityco...erence.org]
Conclusión: una reescritura del tablero
Múnich 2026 sugiere que entramos en una fase donde el orden internacional se redefine menos por discursos y más por capacidades: energía, industria, tecnología, fronteras, seguridad. Ese giro puede abrir oportunidades para la República Dominicana —por cercanía, plataforma exportadora y experiencia de zonas francas—, pero también aumentará el escrutinio: cumplimiento, resiliencia y cooperación efectiva.
En un mundo más transaccional, la mejor estrategia no es esperar “vientos favorables”, sino construir velas: capacidad productiva, institucionalidad y seguridad como marca-país. [state.gov], [ustr.gov] [securityco...erence.org], [2021-2025.state.gov]
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Sobre el autor

Luis Orlando Díaz Vólquez es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.
🌍⚔️ Occidente redefine la seguridad
Lo que dejó la #MunichSecurityConference2026:
🔹 Menos “piloto automático” del multilateralismo
🔹 Más soberanía, industria y control de fronteras
🔹 Agenda atlántica: reindustrialización, IA y minerales críticos
🇩🇴 Para la #RepúblicaDominicana, el giro abre oportunidades:
✅ Nearshoring y manufactura avanzada
✅ Clústeres de dispositivos médicos como activo geoestratégico
✅ Seguridad integral en puertos y fronteras
💡 Conclusión: el tablero global se reescribe por capacidades reales — energía, industria, tecnología, seguridad. RD puede ser protagonista si convierte potencial en productividad y cumplimiento.
#Munich2026 #SeguridadGlobal #IndustriaRD #Nearshoring #Geopolítica #Atlántico #CapacidadPaís
PAPER - OPINION
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| El secretario Marco Rubio pronuncia un discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Alemania, el 14 de febrero de 2026. Foto oficial del Departamento de Estado por Freddie Everett. |
Occidente
ante una nueva era de soberanía: lo que Múnich 2026 anticipa para la República
Dominicana
Por
Luis Orlando Díaz Vólquez
Durante años, la Conferencia de Seguridad de Múnich ha operado como un
barómetro del orden internacional: cuando el termómetro se mueve allí, suele
moverse en todas partes. En la edición de 2026, el mensaje proyectado desde
Washington apuntó a un reacomodo doctrinal que desplaza el énfasis desde un
multilateralismo de ‘piloto automático’ hacia una agenda centrada en soberanía,
capacidad industrial y control de fronteras como pilares de seguridad. [1] Este giro no
se presenta como una negación absoluta del sistema de cooperación
internacional, sino como una exigencia de reforma y funcionalidad: las
instituciones y las reglas, en esta narrativa, solo conservan legitimidad si
entregan resultados verificables en crisis reales.
La idea fuerza es que el ‘fin de la historia’ fue una ilusión costosa.
La globalización sin restricciones —entendida como externalización de soberanía
productiva, deslocalización de empleo y delegación excesiva de capacidades
estatales— habría debilitado la resiliencia de las economías occidentales
frente a shocks, coerción energética y competencia tecnológica. [2] El Munich
Security Report 2026, por su parte, describe el entorno como una era de
‘wrecking-ball politics’: una política de demolición, más transaccional, menos
paciente con la burocracia y con mayor presión por cambios abruptos. [3] En términos
prácticos, esto acelera el paso desde un orden basado en reglas hacia un orden
basado en desempeño.
La consecuencia global más relevante es que ‘seguridad’ se vuelve
sinónimo de ‘capacidad’. Capacidad para producir, para sostener cadenas de
suministro, para asegurar energía, para proteger infraestructura crítica y para
administrar fronteras. En esta visión, la defensa militar no desaparece, pero
deja de ser suficiente: se integra con la economía política de la tecnología y
con la soberanía industrial. [4] A la vez, el
reporte de Múnich advierte que, si predomina la lógica transaccional, pueden
aumentar acuerdos ad hoc y coaliciones por misión, sustituyendo mecanismos
multilaterales más lentos por arreglos de corto plazo, con riesgos de
fragmentación normativa. [5]
Este marco reordena incentivos para países pequeños y medianos. En un
mundo que compite por reindustrializar, asegurar minerales críticos y dominar
la inteligencia artificial, las cadenas de suministro tenderán a reubicarse
hacia geografías confiables y cercanas a los grandes mercados (‘nearshoring’ y
‘friendshoring’). [6] En el
hemisferio occidental, esa lógica eleva el valor estratégico del Caribe, no
solo como corredor marítimo, sino como plataforma de manufactura, servicios y
logística en proximidad a Estados Unidos. UNCTAD señaló que, aunque la
inversión extranjera directa (IED) en América Latina y el Caribe cayó en 2024,
el Caribe registró un aumento y ese comportamiento estuvo apoyado por influjos
estables hacia la República Dominicana. [7]
Para la República Dominicana, la oportunidad existe porque la
integración económica con Estados Unidos ya tiene masa crítica. Según la
Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), el comercio total
de bienes y servicios EE. UU.–RD se estimó en US$33.4 mil millones en 2024, y
el comercio total de bienes en US$20.5 mil millones. [8] Esas cifras
no son solo un dato estadístico: en un escenario de seguridad económica,
expresan densidad de cadenas, conectividad empresarial y posibilidad de
convertirse en nodo de abastecimiento regional. Pero la oportunidad no es
automática. La pregunta clave es si el país puede convertir proximidad
geográfica en ventaja competitiva sostenida mediante productividad,
cumplimiento y logística.
La plataforma de zonas francas constituye el principal activo
estructural para ese salto. El CNZFE reporta que en 2024 las exportaciones de
zonas francas alcanzaron US$8,425.9 millones, representaron 60.7% de las
exportaciones totales y sostuvieron 198,552 empleos directos. [9] Esto indica
que RD ya participa en cadenas globales de valor con escala regional. La
discusión estratégica, sin embargo, es cómo transitar desde volumen a
sofisticación: más valor agregado, más certificaciones, más servicios avanzados
e integración tecnológica.
En el plano de inversión, los indicadores comparados refuerzan el rol
ancla dominicano en el Caribe. El factsheet del World Investment Report 2025 de
UNCTAD sitúa la IED de RD en 2024 en US$4,523 millones. [10] En la misma
narrativa regional, UNCTAD destaca que el Caribe alcanzó alrededor de US$3.9
mil millones en 2024 (alza interanual), un desempeño asociado a la estabilidad
relativa de RD como destino. [11] Traducido a
política pública: si la región compite por proyectos de alto valor —manufactura
avanzada, digital, energía— RD tiene la ventaja de escala, pero debe blindar
reputación de cumplimiento y reducir fricciones regulatorias.
La comparación logística es igualmente decisiva. El Logistics Performance
Index (LPI) 2023 del Banco Mundial coloca a la República Dominicana con un
puntaje global de 2.6 y ranking 88, con brechas especialmente sensibles en
dimensiones como envíos internacionales y trazabilidad, y fortalezas relativas
en puntualidad. [12] El propio
reporte ‘Connecting to Compete 2023’ sostiene que la resiliencia logística y la
confiabilidad de la cadena se han convertido en preocupaciones de seguridad
nacional, y subraya el valor de digitalizar procesos punta a punta para reducir
demoras portuarias y de despacho. [13] En un
contexto de reubicación de cadenas, mejorar un ‘punto’ en aduanas, puertos y
trazabilidad puede ser tan determinante como otorgar un incentivo fiscal.
En paralelo, la República Dominicana exhibe un ejemplo claro de cómo una
estrategia de clúster puede convertirse en argumento geoestratégico: el sector
de dispositivos médicos. La USITC ha descrito la expansión del país en este
segmento, asociada a zonas francas, infraestructura e integración exportadora
hacia Estados Unidos. [14] Bajo la
lógica de Múnich 2026 —cadenas críticas, resiliencia industrial y tecnología—
los dispositivos médicos dejan de ser ‘una exportación’ y pasan a ser una pieza
de seguridad económica: garantizan abastecimiento, empleo formal y aprendizaje
productivo.
Sin embargo, el talón de Aquiles de la competitividad dominicana no está
solo en la infraestructura física; está también en la consistencia
institucional. La recomendación del FMI en su consulta Artículo IV 2025 se
mueve en esa dirección: mantener prudencia macro, ampliar espacio fiscal para
inversión, y avanzar reformas estructurales —incluida la del sector eléctrico—
para sostener crecimiento potencial y resiliencia. [15] En un orden
más transaccional, la ‘capacidad país’ será evaluada por desempeño regulatorio,
seguridad jurídica, calidad de servicios públicos y reducción de costos
sistémicos.
A esto se suma el componente de seguridad integral. La cooperación
RD–EE. UU. en el marco de la Caribbean Basin Security Initiative (CBSI) incluye
programas de interdicción, lucha contra crimen transnacional, fortalecimiento
institucional y apoyo a capacidades de seguridad portuaria y de justicia. [16] En un mundo
donde la cadena logística se trata como infraestructura crítica, la integridad
portuaria, el control de flujos ilícitos y la capacidad de investigación
financiera pasan a ser ventajas económicas: reducen riesgo reputacional,
facilitan seguros, mejoran tiempos y consolidan confianza de compradores e
inversionistas.
Finalmente, una política de soberanía y control de fronteras en el
hemisferio tiene implicaciones directas para RD por la sensibilidad de las
remesas. Reportes basados en datos del Banco Central señalan que en 2025 las
remesas ascendieron a US$11,866.3 millones. [17] En la medida
en que cambios regulatorios o fricciones de envío afecten a la diáspora, se
impacta consumo, liquidez y estabilidad social. Por ello, la agenda de
capacidad país debería incluir la digitalización financiera y la reducción de
costos de transferencia como componente de resiliencia externa.
En síntesis, Múnich 2026 sugiere que el tablero global se reescribe por
capacidades reales: energía, industria, tecnología, fronteras, logística y
seguridad institucional. [18] La República
Dominicana puede ser protagonista si convierte potencial en productividad y
cumplimiento: consolidando zonas francas de alto valor, elevando el desempeño
logístico (aduanas, puertos y trazabilidad), fortaleciendo seguridad integral y
reduciendo fricciones regulatorias. En un mundo más transaccional, no basta con
estar cerca de los mercados; hay que ser confiable, medible y competitivo en la
práctica.
[1] Departamento de Estado de EE. UU. (14 feb 2026), discurso en la
Conferencia de Seguridad de Múnich (versión en español).
(https://www.state.gov/translations/spanish/discurso-del-secretario-de-estado-de-ee-uu-marco-rubio-en-la-conferencia-de-seguridad-de-munich/)
[3] Munich Security Conference (9 feb 2026), Munich Security Report
2026: Under Destruction.
(https://securityconference.org/en/publications/munich-security-report/2026/)
[7] UNCTAD (19 jun 2025), nota regional: “Latin America and the
Caribbean: Foreign investment fell in 2024 but opportunities remain” (menciona
el Caribe y la dinámica de IED 2024).
(https://unctad.org/news/latin-america-and-caribbean-foreign-investment-fell-2024-opportunities-remain)
[8] USTR, Dominican Republic—Trade Summary (datos
de comercio total bienes+servicios y comercio de bienes para 2024).
(https://ustr.gov/countries-regions/americas/dominican-republic)
[9] CNZFE, Informe Estadístico Zonas Francas 2024
(exportaciones US$8,425.9 millones; participación 60.7%; empleos directos
198,552).
(https://wp.cnzfe.gob.do/wp-content/uploads/2025/08/Informe-Estadistico-2024.pdf)
[10] UNCTAD, World Investment Report 2025—Country Factsheet: Dominican
Republic (IED 2024: US$4,523 millones).
(https://unctad.org/system/files/non-official-document/wir_fs_do_en.pdf)
[12] World Bank, Logistics Performance Index (LPI) 2023: ranking y
scorecard de República Dominicana (rank 88; score 2.6).
(https://lpi.worldbank.org/international/scorecard/line/C/DOM/2023)
[13] World Bank (2023), Connecting to Compete 2023: The Logistics
Performance Index and Its Indicators (reporte).
(https://lpi.worldbank.org/sites/default/files/2023-04/LPI_2023_report_with_layout.pdf)
[14] USITC (jul 2024), Beyond the Beaches: The Dominican Republic’s Rise
in Medical Devices. (https://www.usitc.gov/publications/332/executive_briefings/ebot_island_of_innovation_dr_medical_devices.pdf)
[15] IMF (18 nov 2025), Dominican Republic—2025 Article IV Consultation
(press release/staff report). (https://www.imf.org/en/publications/cr/issues/2025/11/19/dominican-republic-2025-article-iv-consultation-press-release-staff-report-and-statement-571943)
[16] U.S. Department of State (12 sep 2024), U.S.–Dominican Republic
Cooperation through the Caribbean Basin Security Initiative (CBSI) (fact
sheet).
(https://2021-2025.state.gov/u-s-dominican-republic-cooperation-through-the-caribbean-basin-security-initiative/)
[17] BCRD (vía El Inmobiliario, 9 ene 2026),
remesas 2025: US$11,866.3 millones; referencia de origen desde EE. UU.
(https://inmobiliario.do/en/bcrd-reports-remittance-flows-reached-us-11-866.3-million-in-2025-growing-by-10.3-/)
.............................
Discurso del Secretario de Estado en la Conferencia de Seguridad de Múnich (VIDEO)
Sec. Marco Rubio Secretario de Estado de EEUU
febrero 14, 2026
La intervención de Marco Rubio combinó el legado histórico e hizo una apelación a una alianza transatlántica sólida, soberana y centrada en la identidad compartida.
En su primera intervención ante la Conferencia de Seguridad de Múnich como Secretario de Estado, Marco Rubio ofreció una visión del futuro de Occidente. A continuación lo reproducimos íntegramente.
Nos reunimos hoy aquí como miembros de una alianza histórica, una alianza que salvó y transformó el mundo. Cuando esta conferencia comenzó en 1963, se celebró en una nación —de hecho, en un continente— dividido contra sí mismo. La línea entre el comunismo y la libertad atravesaba el corazón de Alemania. Las primeras vallas de púas del Muro de Berlín se habían erigido apenas dos años antes.
Y apenas unos meses antes de esa primera conferencia, antes de que nuestros predecesores se reunieran aquí, en Múnich, la Crisis de los Misiles de Cuba había llevado al mundo al borde de la destrucción nuclear. Incluso cuando la Segunda Guerra Mundial aún estaba viva en la memoria de estadounidenses y europeos, nos encontrábamos ante una nueva catástrofe global, una con el potencial de un nuevo tipo de destrucción, más apocalíptica y definitiva que cualquier otra en la historia de la humanidad.
En el momento de esa primera reunión, el comunismo soviético estaba en marcha. Miles de años de civilización occidental pendían de un hilo. En aquel entonces, la victoria estaba lejos de ser segura. Pero nos impulsaba un propósito común. Nos unía no solo aquello contra lo que luchábamos, sino aquello por lo que luchábamos. Y juntos, Europa y América prevalecieron y se reconstruyó un continente. Nuestros pueblos prosperaron. Con el tiempo, los bloques de Oriente y Occidente se reunificaron. Una civilización volvió a estar unida.
El infame muro que había dividido a esta nación en dos cayó, y con él un imperio maligno, y Oriente y Occidente volvieron a ser uno. Pero la euforia de este triunfo nos llevó a una peligrosa ilusión: que habíamos entrado, y cito, en "el fin de la historia"; que cada nación sería ahora una democracia liberal; que los lazos formados únicamente por el comercio reemplazarían a la nacionalidad; que el orden global basado en reglas —un término tan usado— reemplazaría al interés nacional. Y que ahora viviríamos en un mundo sin fronteras donde todos se convertirían en ciudadanos del mundo.
Esta fue una idea absurda que ignoró tanto la naturaleza humana como las lecciones de más de 5000 años de historia registrada. Y nos ha costado muy caro. En este delirio, abrazamos una visión dogmática de comercio libre y sin restricciones, incluso mientras algunas naciones protegían sus economías y subvencionaban a sus empresas para socavar sistemáticamente las nuestras: cerrando nuestras plantas, lo que resultó en la desindustrialización de gran parte de nuestras sociedades, trasladando millones de empleos de clase media y trabajadora al extranjero y cediendo el control de nuestras cadenas de suministro críticas tanto a adversarios como a rivales.
Sometimos cada vez más nuestra soberanía a instituciones internacionales, mientras que muchas naciones invertían en enormes estados de bienestar a costa de mantener su capacidad de defensa. Esto, incluso mientras otros países han invertido en el desarrollo militar más rápido de toda la historia de la humanidad y no han dudado en usar el poder duro para perseguir sus propios intereses. Para apaciguar un culto climático, nos hemos impuesto políticas energéticas que empobrecen a nuestra gente, mientras nuestros competidores explotan el petróleo, el carbón, el gas natural y cualquier otro recurso, no solo para impulsar sus economías, sino para usarlo como palanca contra la nuestra.
Y en la búsqueda de un mundo sin fronteras, abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestra gente. Cometimos estos errores juntos, y ahora, juntos, le debemos a nuestro pueblo afrontar esos hechos y avanzar, reconstruir.
Con el presidente Trump, Estados Unidos de América asumirá una vez más la tarea de renovación y restauración, impulsado por la visión de un futuro tan orgulloso, tan soberano y tan vital como el pasado de nuestra civilización. Y aunque estamos preparados, si es necesario, para hacerlo solos, es nuestra preferencia y nuestra esperanza hacerlo junto con ustedes, nuestros amigos aquí en Europa.
Para Estados Unidos y Europa, estamos juntos. Estados Unidos se fundó hace 250 años, pero sus raíces se remontan a este continente mucho antes. El hombre que se asentó y construyó la nación que me vio nacer llegó a nuestras costas trayendo consigo los recuerdos, las tradiciones y la fe cristiana de sus antepasados como herencia sagrada, un vínculo inquebrantable entre el viejo y el nuevo mundo.
Formamos parte de una sola civilización: la civilización occidental. Nos unen los lazos más profundos que cualquier nación podría compartir, forjados por siglos de historia compartida, fe cristiana, cultura, herencia, idioma, ascendencia y los sacrificios que nuestros antepasados hicieron juntos por la civilización común de la que hemos sido herederos.
Y por eso, los estadounidenses a veces podemos parecer un poco directos y apremiantes en nuestros consejos. Por eso, el presidente Trump exige seriedad y reciprocidad de nuestros amigos aquí en Europa. La razón, amigos míos, es porque nos importa profundamente. Nos importa mucho su futuro y el nuestro. Y si a veces discrepamos, nuestros desacuerdos provienen de nuestra profunda preocupación por una Europa con la que estamos conectados, no solo económicamente, ni militarmente. Estamos conectados espiritualmente y culturalmente. Queremos que Europa sea fuerte. Creemos que Europa debe sobrevivir, porque las dos grandes guerras del siglo pasado nos sirven como un recordatorio constante de la historia de que, en última instancia, nuestro destino está y siempre estará entrelazado con el de ustedes, porque sabemos que el destino de Europa nunca será irrelevante para el nuestro.
La seguridad nacional, de la que trata principalmente esta conferencia, no se trata simplemente de una serie de cuestiones técnicas: cuánto gastamos en defensa, dónde y cómo la desplegamos; estas son preguntas importantes. Lo son. Pero no son la fundamental. La pregunta fundamental que debemos responder desde el principio es qué defendemos exactamente, porque los ejércitos no luchan por abstracciones. Los ejércitos luchan por un pueblo; los ejércitos luchan por una nación. Los ejércitos luchan por una forma de vida. Y eso es lo que defendemos: una gran civilización que tiene motivos de sobra para enorgullecerse de su historia, confía en su futuro y aspira a ser siempre dueña de su propio destino económico y político.
Fue aquí, en Europa, donde nacieron las ideas que plantaron las semillas de la libertad que cambiaron el mundo. Fue aquí, en Europa, donde nació el mundo, que nos dotó del estado de derecho, las universidades y la revolución científica. Fue este continente el que produjo el genio de Mozart y Beethoven, de Dante y Shakespeare, de Miguel Ángel y Da Vinci, de los Beatles y los Rolling Stones. Y este es el lugar donde los techos abovedados de la Capilla Sixtina y las imponentes agujas de la gran catedral de Colonia dan testimonio no solo de la grandeza de nuestro pasado o de la fe en Dios que inspiró estas maravillas. Presagian las maravillas que nos aguardan en el futuro. Pero solo si no nos arrepentimos de nuestra herencia y nos enorgullecemos de ella, podremos juntos comenzar a imaginar y dar forma a nuestro futuro económico y político.
La desindustrialización pudo ser evitable. Fue una decisión política consciente, un proyecto económico de décadas que despojó a nuestras naciones de su riqueza, su capacidad productiva y su independencia. Y la pérdida de la soberanía de nuestra cadena de suministro no fue consecuencia de un sistema de comercio global próspero y saludable. Fue una insensatez. Fue una transformación insensata pero voluntaria de nuestra economía que nos dejó dependientes de otros para satisfacer nuestras necesidades y peligrosamente vulnerables a las crisis.
La migración masiva no es una preocupación marginal de poca trascendencia. Fue y sigue siendo una crisis que transforma y desestabiliza sociedades en todo Occidente.
Juntos podemos reindustrializar nuestras economías y reconstruir nuestra capacidad para defender a nuestros pueblos. Pero el trabajo de esta nueva alianza no debe centrarse únicamente en la cooperación militar y la recuperación de las industrias del pasado. También debe centrarse, en promover juntos nuestros intereses mutuos y nuevas fronteras, liberando nuestro ingenio, nuestra creatividad y el espíritu dinámico para construir un nuevo siglo occidental.
Viajes espaciales comerciales e inteligencia artificial de vanguardia; automatización industrial y fabricación flexible; creación de una cadena de suministro occidental para minerales críticos que no sea vulnerable a la extorsión de otras potencias; y un esfuerzo unificado para competir por la cuota de mercado en las economías del Sur Global. Juntos no solo podemos recuperar el control de nuestras propias industrias y cadenas de suministro, sino que también podemos prosperar en las áreas que definirán el siglo XXI.
Pero también debemos controlar nuestras fronteras nacionales. Controlar quién y cuántas personas entran en nuestros países no es una expresión de xenofobia. No es odio. Es un acto fundamental de soberanía nacional. Y no hacerlo no es solo una abdicación de uno de nuestros deberes más básicos para con nuestros pueblos. Es una amenaza urgente para el tejido social y la supervivencia de nuestra civilización.
Y, por último, ya no podemos anteponer el llamado orden global a los intereses vitales de nuestros pueblos y naciones. No necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que creamos, ni desmantelar las instituciones globales del viejo orden que juntos construimos. Pero estas deben ser reformadas. Deben ser reconstruidas.
Por ejemplo, las Naciones Unidas aún tienen un enorme potencial para ser una herramienta para el bien en el mundo. Pero no podemos ignorar que hoy, en los asuntos más urgentes que nos ocupan, no tiene respuestas y no ha jugado prácticamente ningún papel. No pudo resolver la guerra en Gaza. En cambio, fue el liderazgo estadounidense el que liberó a los rehenes de los bárbaros y logró una frágil tregua. No resolvió la guerra en Ucrania. Se necesitó el liderazgo estadounidense y la colaboración con muchos de los países aquí presentes solo para lograr que ambas partes se sentaran a la mesa en busca de una paz aún difícil de alcanzar.
La ONU fue incapaz de frenar el programa nuclear de los clérigos chiítas radicales en Teherán. Eso requirió 14 bombas lanzadas con precisión desde bombarderos B-2 estadounidenses. Y fue incapaz de abordar la amenaza a nuestra seguridad que representaba un dictador narcoterrorista en Venezuela. En cambio, se necesitaron las Fuerzas Especiales estadounidenses para llevar a este fugitivo ante la justicia.
En un mundo perfecto, todos estos problemas y más se resolverían con diplomáticos y resoluciones enérgicas. Pero no vivimos en un mundo perfecto, y no podemos seguir permitiendo que quienes amenazan descaradamente a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se escuden en abstracciones del derecho internacional que ellos mismos violan rutinariamente.
Este es el camino que el presidente Trump y Estados Unidos han emprendido. Es el camino que les pedimos aquí en Europa que nos acompañen. Es un camino que hemos recorrido juntos antes y esperamos recorrer juntos de nuevo. Durante cinco siglos, antes del final de la Segunda Guerra Mundial, Occidente se había expandido: sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados, sus exploradores salían de sus costas para cruzar océanos, colonizar nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo.
Pero en 1945, por primera vez desde la época de Colón, se contraía. Europa estaba en ruinas. La mitad vivía tras el Telón de Acero y el resto parecía que pronto la seguiría. Los grandes imperios occidentales habían entrado en una decadencia terminal, acelerada por revoluciones comunistas ateas y levantamientos anticoloniales que transformarían el mundo y extenderían la hoz y el martillo rojos sobre vastas franjas del mapa en los años venideros.
En ese contexto, entonces, como ahora, muchos llegaron a creer que la era de dominio de Occidente había llegado a su fin y que nuestro futuro estaba destinado a ser un eco tenue y débil de nuestro pasado. Pero juntos, nuestros predecesores reconocieron que el declive era una elección, una elección que se negaron a tomar. Esto es lo que hicimos juntos una vez, y esto es lo que el presidente Trump y Estados Unidos quieren volver a hacer ahora, junto con ustedes.
Y por eso no queremos que nuestros aliados sean débiles, porque eso nos debilita aún más. Queremos aliados que puedan defenderse para que ningún adversario se vea tentado a poner a prueba nuestra fuerza colectiva. Por eso no queremos que nuestros aliados se sientan atados por la culpa y la vergüenza. Queremos aliados que se sientan orgullosos de su cultura y su herencia, que comprendan que somos herederos de la misma gran y noble civilización, y que, junto con nosotros, estén dispuestos y sean capaces de defenderla.
Y es por eso que no queremos que nuestros aliados justifiquen el statu quo roto en lugar de considerar lo necesario para solucionarlo, pues en Estados Unidos no nos interesa ser guardianes educados y ordenados del declive controlado de Occidente.
No buscamos separarnos, sino revitalizar una vieja amistad y renovar la civilización más grande de la historia de la humanidad. Lo que queremos es una alianza revitalizada que reconozca que lo que ha afligido a nuestras sociedades no es solo un conjunto de malas políticas, sino un malestar de desesperanza y complacencia. Una alianza —la alianza que queremos— que no se deje paralizar por el miedo: miedo al cambio climático, miedo a la guerra, miedo a la tecnología.
En cambio, queremos una alianza que avance con valentía hacia el futuro. Y el único miedo que tenemos es el miedo a la vergüenza de no dejar a nuestros hijos naciones más orgullosas, fuertes y ricas. Una alianza dispuesta a defender a nuestro pueblo, salvaguardar nuestros intereses y preservar la libertad de acción que nos permite forjar nuestro propio destino; no una alianza que exista para operar un estado de bienestar global y expiar los supuestos pecados de generaciones pasadas. Una alianza que no permita que su poder se externalice, limite ni subordine a sistemas que escapan a su control; una alianza que no dependa de otros para las necesidades críticas de su vida nacional; y una alianza que no mantenga la pretensión cortés de que nuestro estilo de vida es solo uno entre muchos y que pide permiso antes de actuar. Y, sobre todo, una alianza basada en el reconocimiento de que nosotros, Occidente, hemos heredado juntos; lo que hemos heredado juntos es algo único, distintivo e irremplazable, porque esto, después de todo, es la base misma del vínculo transatlántico.
Actuando juntos de esta manera, no solo ayudaremos a recuperar una política exterior sensata, sino que nos devolverá una mayor claridad de identidad. Restaurará un lugar en el mundo y, al hacerlo, reprenderá y disuadirá las fuerzas de destrucción de la civilización que hoy amenazan tanto a Estados Unidos como a Europa.
Así que, en tiempos de titulares que anuncian el fin de la era transatlántica, que quede claro para todos que este no es nuestro objetivo ni nuestro deseo, porque para nosotros, los estadounidenses, nuestro hogar puede estar en el hemisferio occidental, pero siempre seremos hijos de Europa.
Nuestra historia comenzó con un explorador italiano cuya aventura hacia lo desconocido para descubrir un nuevo mundo trajo el cristianismo a las Américas y se convirtió en la leyenda que definió la imaginación de nuestra nación pionera.
Nuestras primeras colonias fueron construidas por colonos ingleses, a quienes debemos no solo el idioma que hablamos, sino todo nuestro sistema político y legal. Nuestras fronteras fueron moldeadas por los escoceses-irlandeses, ese orgulloso y vigoroso clan de las colinas del Ulster que nos dio a Davy Crockett, Mark Twain, Teddy Roosevelt y Neil Armonstrong.
Nuestro gran corazón del medio oeste fue construido por agricultores y artesanos alemanes que transformaron llanuras vacías en una potencia agrícola mundial y, de paso, mejoraron drásticamente la calidad de la cerveza estadounidense.
Nuestra expansión siguió los pasos de los comerciantes de pieles y exploradores franceses, cuyos nombres, por cierto, aún adornan los letreros de las calles y los nombres de los pueblos de todo el valle del Misisipi. Nuestros caballos, nuestros ranchos, nuestros rodeos —todo el romanticismo del arquetipo del vaquero que se convirtió en sinónimo del Oeste americano— nacieron en España. Y nuestra ciudad más grande e icónica se llamó Nueva Ámsterdam antes de llamarse Nueva York.
¿Y saben que el año de la fundación de mi país, Lorenzo y Catalina Geroldi vivían en Casale Monferrato, en el Reino de Piamonte-Cerdeña y José y Manuela Reina vivían en Sevilla, España? No sé si acaso sabían de las 13 colonias que se independizaron del imperio británico, pero de algo estoy seguro: jamás imaginaron que 250 años después, uno de sus descendientes directos estaría de vuelta aquí, hoy en este continente, como el principal diplomático de esa nación naciente. Y, sin embargo, aquí estoy, recordándome por mi propia historia que tanto nuestras historias como nuestros destinos siempre estarán unidos.
Juntos reconstruimos un continente destrozado tras dos devastadoras guerras mundiales. Cuando nos vimos divididos una vez más por el Telón de Acero, el Occidente libre se alió con los valientes disidentes que luchaban contra la tiranía en el Este para derrotar al comunismo soviético. Hemos luchado unos contra otros, luego nos hemos reconciliado, luego hemos luchado, luego nos hemos reconciliado de nuevo. Y hemos sangrado y muerto codo con codo en los campos de batalla desde Kapyong hasta Kandahar.
Y estoy aquí hoy para dejar claro que Estados Unidos está trazando el camino hacia un nuevo siglo de prosperidad, y que una vez más queremos hacerlo junto con ustedes, nuestros queridos aliados y nuestros más antiguos amigos.
Queremos hacerlo junto con ustedes, con una Europa orgullosa de su herencia y de su historia; con una Europa que tiene el espíritu creador de libertad que envió barcos a mares inexplorados y dio origen a nuestra civilización; con una Europa con los medios para defenderse y la voluntad de sobrevivir. Deberíamos estar orgullosos de lo que logramos juntos en el siglo pasado, pero ahora debemos afrontar y aprovechar las oportunidades de uno nuevo, porque el ayer ya pasó, el futuro es inevitable y nuestro destino juntos nos aguarda. Gracias.
https://www.martinoticias.com/a/las-frases-clave-de-marco-rubio-en-m%C3%BAnich/448588.html
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NOTA DE PRENSA
A continuación tienes la nota de prensa corregida, con datos, informaciones y estadísticas actualizadas (y fuentes depuradas). Mantengo un estilo profesional, coherente y publicable, y sustituyo los enlaces “genéricos” por referencias oficiales y verificables.
“Occidente ante una nueva era de soberanía”: nuevo paper analiza lo que Múnich 2026 anticipa para la República Dominicana
Por Luis Orlando Díaz Vólquez (@GuasabaraEditor)
Santo Domingo, 15 de febrero de 2026. — El blog NoticiasGuasabara presentó el paper de opinión “Occidente ante una nueva era de soberanía: lo que Múnich 2026 anticipa para la República Dominicana”, un documento que interpreta las señales estratégicas emanadas de la Conferencia de Seguridad de Múnich 2026 y propone líneas de acción para que el país convierta el contexto global en una ventaja competitiva basada en capacidad productiva, institucionalidad y cumplimiento.
El documento parte de un diagnóstico: la seguridad internacional se está reconfigurando hacia un enfoque donde soberanía, industria, cadenas de suministro y control fronterizo ganan centralidad como variables de estabilidad estatal. Esta lectura se apoya en planteamientos oficiales difundidos durante la conferencia y en el Munich Security Report 2026, que describe un entorno de alta transaccionalidad y presión por resultados (“wrecking‑ball politics”), con impactos directos sobre comercio, inversión y alianzas.
El editor sostiene que la República Dominicana tiene una oportunidad real —aunque no automática— debido a su nivel de integración con la economía estadounidense y su experiencia como plataforma exportadora. Como referencia, la USTR estima que el comercio total de bienes y servicios entre Estados Unidos y República Dominicana alcanzó US$33.4 mil millones en 2024, con un comercio de bienes cercano a US$20.5 mil millones, lo que evidencia una base de integración relevante para escalar en cadenas resilientes bajo nearshoring/friendshoring.
El paper de Luis Orlando Díaz Vólquez destaca que el país puede consolidarse como “activo geoestratégico” si traduce esa integración en estándares, productividad y logística. En ese marco, resalta el clúster de dispositivos médicos como caso emblemático: un briefing de la U.S. International Trade Commission (USITC) documenta el ascenso dominicano en este rubro, apoyado por zonas francas, incentivos y ventajas operativas, en un sector de alto valor estratégico para cadenas críticas.
En la dimensión interna, el documento enfatiza el rol del régimen de zonas francas como pilar de la inserción internacional. De acuerdo con el balance oficial del MICM (con datos consolidados a noviembre de 2025), las exportaciones dominicanas totalizaron US$13,063.6 millones entre enero y noviembre y el régimen de zonas francas concentró 61% del total exportado; además, el sector superó por primera vez los 200,000 empleos directos, alcanzando 200,134 (récord histórico), con 82 nuevas empresas y 10 parques industriales aprobados en 2025.
En términos de desempeño exportador del régimen, reportes públicos del sector informaron que, a noviembre de 2025, las exportaciones de zonas francas alcanzaron US$7,936.1 millones, impulsadas por dispositivos médicos, tabaco y derivados, y productos eléctricos y electrónicos. Para el cierre anual de 2025, fuentes sectoriales proyectaban que las exportaciones de bienes de zonas francas superarían los US$8,600 millones y representarían más del 60% del valor total exportado por el país.
Estas cifras refuerzan la tesis de que el salto de la República Dominicana dependerá de elevar valor agregado, encadenamientos productivos y cumplimiento técnico‑regulatorio, fortaleciendo al mismo tiempo la logística y la seguridad de la cadena (puertos, trazabilidad y estándares).
El análisis también advierte que la “securitización ampliada” —fronteras, migración y crimen transnacional como temas de seguridad— reposiciona al Caribe. En ese contexto, el paper subraya la relevancia de la cooperación bajo la Caribbean Basin Security Initiative (CBSI), que contempla interdicción, combate al crimen transnacional, fortalecimiento institucional y capacidades para puertos y fuerzas especializadas, vinculando seguridad con reputación‑país y competitividad logística.
Como componente macroeconómico, el documento resalta la sensibilidad de las remesas. Reportes basados en datos del Banco Central señalan que en 2025 las remesas alcanzaron US$11,866.3 millones, y que una porción determinante provino de Estados Unidos (en diciembre se reporta alrededor de 80% de flujos formales desde ese país), por lo que cambios en clima migratorio o costos de envío podrían impactar consumo, divisas y estabilidad.
“El nuevo ambiente internacional premia a quienes demuestran capacidades concretas. Para la República Dominicana, la estrategia no es esperar vientos favorables, sino construir velas: productividad, institucionalidad, cumplimiento y seguridad integral como marca‑país”, apunta Díaz Vólquez.
Puntos clave del paper
- Reorientación del debate internacional: de reglas a resultados verificables y capacidades materiales, según los planteamientos y diagnósticos publicados tras Múnich 2026. [unctad.org], [noticiastrn.com]
- Ventana para RD en nearshoring/friendshoring por densidad comercial con EE. UU. (referencia USTR 2024). [wipo.int], [bs.usembassy.gov]
- Dispositivos médicos y manufactura avanzada como activo estratégico para cadenas críticas. [worldbank.org], [elnacional.com.do]
- Zonas francas: récord de 200,134 empleos directos y liderazgo en participación exportadora; exportaciones del régimen US$7,936.1 millones a noviembre 2025 y proyección > US$8,600 millones al cierre 2025. [micm.gob.do], [elnacional.com.do], [elnacional.com.do]
- Seguridad portuaria y cooperación CBSI como componente de confianza, integridad logística y reputación‑país. [unctad.org], [unctad.org]
Referencias
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