jueves, 9 de julio de 2026

Plan anticrisis: responsabilidad fiscal para proteger la estabilidad y el bolsillo dominicano

Plan anticrisis: responsabilidad fiscal para proteger la estabilidad y el bolsillo dominicano

Frente a una economía abierta, importadora y expuesta a choques internacionales, la Ley 30-26 no debe reducirse a una lectura alarmista sobre nuevos costos, sino entenderse como una respuesta preventiva para preservar la estabilidad macroeconómica, sostener la confianza, evitar más endeudamiento y fortalecer la capacidad del Estado para proteger a familias, empresas y sectores productivos.

El debate sobre el plan anticrisis del Gobierno dominicano exige serenidad, profundidad y responsabilidad pública. En tiempos de incertidumbre global, ninguna economía abierta puede darse el lujo de reaccionar tarde. La República Dominicana, por su alta dependencia de importaciones, combustibles, financiamiento externo, turismo, remesas, comercio internacional y estabilidad cambiaria, necesita instrumentos fiscales que le permitan anticiparse a los choques antes de que estos se conviertan en crisis internas. Por eso, reducir la Ley 30-26 a una simple carga contra el bolsillo de la gente es mirar apenas una parte del problema y ocultar la dimensión estratégica de una política concebida para proteger la estabilidad nacional.

Es legítimo que economistas, sectores productivos y ciudadanos expresen preocupaciones sobre el impacto de cualquier medida fiscal. Toda política tributaria debe ser examinada, corregida si produce distorsiones y aplicada con sensibilidad social. Pero una cosa es advertir riesgos técnicos y otra muy distinta es presentar el plan anticrisis como si fuera una improvisación sin propósito. La Ley 30-26 fue promulgada como una norma orientada al crecimiento económico, la simplificación fiscal y la mitigación de la crisis internacional, con énfasis en preservar la estabilidad económica, fortalecer la disciplina fiscal y mejorar la capacidad del Estado para responder ante la volatilidad externa. [abogadom.net], [diariolibre.com]

La pregunta de fondo no es si una medida fiscal resulta cómoda. Ningún ajuste lo es. La verdadera pregunta es cuál sería el costo de no actuar. ¿Debe el Estado seguir financiando subsidios, programas sociales, inversión pública, servicios esenciales, estabilidad de precios y compromisos institucionales mediante más endeudamiento? ¿Debe esperar a que el petróleo, las tasas internacionales, los fletes, los alimentos importados o las tensiones geopolíticas impongan un ajuste más duro, más abrupto y más regresivo? Gobernar no consiste en evitar decisiones difíciles, sino en adoptarlas antes de que la realidad obligue a medidas más traumáticas.

Quienes afirman que el plan anticrisis encarece la vida deben reconocer que lo que más golpea el bolsillo de la gente no es una política fiscal preventiva, sino la inflación descontrolada, la devaluación, la pérdida de confianza, el deterioro de los servicios públicos, el aumento acelerado de la deuda y la incapacidad del Estado para responder ante una emergencia. La estabilidad macroeconómica no es un concepto abstracto reservado a técnicos y banqueros; es la condición que permite que el salario conserve valor, que las empresas planifiquen, que el crédito fluya, que la inversión llegue y que los hogares no sean arrastrados por una crisis de precios, incertidumbre y desempleo.

La República Dominicana ha construido una reputación regional basada en crecimiento, estabilidad, dinamismo turístico, atracción de inversión, expansión de zonas francas y resiliencia frente a choques externos. Esa posición no se mantiene con discursos, sino con disciplina. Un país competitivo no es simplemente aquel que cobra menos impuestos; es aquel que ofrece reglas claras, cuentas públicas manejables, infraestructura, seguridad jurídica, paz social, estabilidad cambiaria, servicios funcionales y confianza institucional. La competitividad no depende solo de la carga tributaria, sino de la calidad del entorno económico que el Estado es capaz de garantizar.

Desde esa perspectiva, el plan anticrisis debe entenderse como una herramienta de protección, no como una agresión al ciudadano. La propia orientación oficial de la Ley 30-26 destaca el manejo responsable de los recursos públicos, el cumplimiento tributario sobre principios de equidad, progresividad y capacidad de pago, así como la necesidad de preservar la confianza de inversionistas y contribuyentes en medio de un contexto internacional incierto. Ese enfoque no niega que existan costos, pero establece una lógica superior: ordenar las finanzas públicas para evitar que mañana el país pague una factura más pesada. [abogadom.net], [diariolibre.com]

También debe matizarse el argumento de que la ley castiga indiscriminadamente a hogares y empresas. Informaciones públicas sobre la norma han señalado que incluye mecanismos de amnistía fiscal temporal, acuerdos de pago con la DGII, medidas de simplificación, facilidades para micro, pequeñas y medianas empresas, incentivos a la inversión empresarial y beneficios para sectores como el agropecuario. Esto permite comprender que no estamos ante una pieza exclusivamente recaudatoria, sino ante una arquitectura fiscal que combina regularización, ordenamiento, incentivos, cumplimiento y sostenibilidad. [siemprealdia.co], [eldinero.com.do]

El aumento del impuesto a cheques y transferencias electrónicas también ha sido presentado como una amenaza directa a la bancarización. Esa preocupación merece seguimiento, pero no debe convertirse en una conclusión absoluta. La propia discusión pública ha reconocido que la ley mantiene exenciones relevantes, incluyendo transferencias entre cuentas de una misma persona, consumos con tarjetas de crédito, pagos a la seguridad social, transacciones de fondos de pensiones, pagos de impuestos al Estado y transferencias del propio Estado. En una economía cada vez más digitalizada, el desafío no es abandonar la formalidad financiera, sino garantizar que los costos sean razonables, que la administración sea transparente y que el sistema siga estimulando el uso de canales bancarios. [elnacional.com.do]

Por supuesto, defender el plan anticrisis no significa otorgar un cheque en blanco. El Gobierno tiene el deber de acompañar la aplicación de la ley con pedagogía pública, transparencia, eficiencia del gasto y resultados visibles. La ciudadanía acepta mejor los sacrificios cuando percibe que sus aportes se convierten en carreteras, escuelas, hospitales, seguridad, agua potable, apoyo al campo, crédito productivo, empleos formales y protección social bien focalizada. La legitimidad de toda medida fiscal descansa en una ecuación simple: quien paga debe sentir que el Estado responde.

Por eso, la mejor defensa del plan no será retórica, sino administrativa. El Gobierno debe acelerar la inversión pública de alto impacto, reducir gastos improductivos, fortalecer la calidad del gasto, mejorar la fiscalización, combatir la evasión, ampliar la base de contribuyentes y garantizar que la ley no se convierta en una carga desproporcionada para los sectores más sensibles. La responsabilidad fiscal debe caminar junto a la responsabilidad social. No basta recaudar; hay que ejecutar bien. No basta estabilizar; hay que proteger. No basta ordenar; hay que transformar.

También resulta importante destacar que una política pública seria puede corregirse sin perder sentido estratégico. Si algún artículo genera distorsiones, debe revisarse. La Cámara de Diputados ya aprobó la derogación del artículo 61 de la Ley 30-26, lo que demuestra que el sistema institucional tiene capacidad de ajustar aspectos específicos sin desmontar el objetivo general del plan. Esa flexibilidad no es debilidad; es madurez democrática. Un Gobierno responsable no es el que nunca rectifica, sino el que sabe preservar el rumbo corrigiendo los mecanismos cuando sea necesario. [hoy.com.do]

La crítica económica cumple una función necesaria en toda democracia. Pero la crítica también debe responder a una exigencia de honestidad intelectual: si se rechaza una medida fiscal, hay que decir cómo se financiarán los subsidios, las obras, los servicios, la protección social y la estabilidad. Si se cuestiona la recaudación, hay que explicar cuál deuda se asumirá o qué gasto se eliminará. Si se plantea que no hay crisis, hay que reconocer que en una economía abierta los riesgos no siempre esperan a materializarse para exigir previsión. La prevención no es alarmismo; es prudencia.

En este momento, la República Dominicana no necesita demagogia fiscal ni complacencia irresponsable. Necesita equilibrio. Necesita cuidar el bolsillo de la gente, pero también proteger la estabilidad que permite que ese bolsillo no sea destruido por una crisis mayor. Necesita incentivar la inversión privada, pero también garantizar finanzas públicas sanas. Necesita escuchar a los sectores productivos, pero sin renunciar al deber de gobernar con visión de largo plazo. Necesita crecer, sí, pero crecer sobre bases sostenibles.

El plan anticrisis del Gobierno dominicano debe ser leído como una apuesta por la anticipación. Su valor no está solo en lo que recauda, sino en lo que puede evitar: mayor endeudamiento, pérdida de confianza, presión cambiaria, deterioro fiscal y vulnerabilidad frente a choques externos. En política económica, a veces la decisión más responsable no es la más popular, sino la que impide que el país termine pagando un precio mucho más alto.

La estabilidad no se improvisa. Se construye con disciplina, previsión y sentido de Estado. En un mundo convulso, donde las crisis viajan más rápido que las respuestas, el Gobierno dominicano tiene la responsabilidad de blindar la economía nacional, sostener la confianza y proteger a las familias, las empresas y los sectores productivos. La Ley 30-26 puede y debe ser perfeccionada en su implementación, pero su sentido estratégico es claro: actuar antes de que el golpe llegue con más fuerza. Y en tiempos de incertidumbre, anticiparse no es castigar al ciudadano; es defender el futuro de la nación.

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

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Reforma

Plan anticrisis del Gobierno impacta el bolsillo de la gente

Economistas observan ley encarece los costos de empresas y las familias y la forma de hacer negocios. Plantean revisar la Ley 30-26 en breve, porque resta competitividad frente a otros países.

Santo Domingo, RD 08/07/2026 00:00 | Cándida Acosta

Si alguien se preguntara el motivo por el cual el Gobierno no asume las reformas impositivas igual como en los países desarrollados la respuesta varía. En realidad, la presión por nuevos recursos es una facultad cíclica por la que atraviesan las administraciones, aunque en países como República Dominicana, donde casi todo es importado, los salarios son precarios y no hay reembolsos generalizados, lo primordial es prestar atención a los técnicos y a la gente que tributa.

La Ley 30-26 fue aprobada sin muchas discusiones, pero esa medida está muy lejos de ser inofensiva al bolsillo de la gente común, del “sándwich” de la economía (clase media baja), razón que motiva a varios economistas a pedir una revisión de la pieza.

La llamada Ley anticrisis, incluso, fue titulada este semana como “Un dinosaurio impositivo”, por el reconocido economista Andrés Dauhajre hijo, en su artículo semanal en El Caribe, al referirse específicamente a la Tasa Efectiva de Tributación (TET), que se aplica a todos los sectores y, que según la publicación las grandes empresas pagarían una proporción menor que un pequeño negocio. Define como un absurdo el proyecto de ley aprobado.

Impacto negativo

Miguel Collado Di Franco, vicepresidente ejecutivo del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES), asegura que la Ley 30-26, pro crecimiento, simplificación fiscal y mitigación de la crisis internacional, tendrá un impacto negativo sobre hogares y empresas.

Reconoce que hay elementos de simplificación, pero estos son pocos en comparación con aquellos que elevan tasas e introducen costos o elevan las existentes.

“La rentabilidad de las empresas se verá afectada, las inversiones y los precios de bienes y servicios, impactando a los hogares. Vivir y hacer negocios será más caro”, afirma.

Respecto a las retenciones o el impuesto a transferencias y cheque aduce que “son elementos con efectos negativos, sin importar tamaño de los emprendimientos”. El aumento del impuesto de 1.5 a 2.0 por mil aumentaría los costos operativos, dice.

Y, tendrían, además, un efecto sobre la bancarización, ya que las personas toman decisiones de incorporarse formalmente o de realizar transferencias en efectivo de acuerdo a los costos.

A juicio del economista, los puntos que quitan competitividad introducidos en la Ley 30-26 deberán ser revisados con una transformación tributaria futura, que debe ser en poco tiempo. República Dominicana se torna en un destino menos competitivo con esta legislación, asegura.

En tanto que la economista Ellen Pérez Ducy opina que no queda claro cuál es la crisis que ha habido.

“Hubo un aumento temporal de precios de hidrocarburos que impactó la inflación en un punto porcentual desde el inicio de la contienda del Medio Oriente a pesar de que fue sobrellevado con subsidios; el PIB creció 4.2% para enero-mayo”, indica.

Afirma que si se observa el comportamiento internacional el comercio continúa y las exportaciones dominicanas crecieron un 14.4%, ayudados por altos precios de rubros como el oro.

Pérez Ducy aduce que lo que ha habido es un desbalance fiscal que es estructural, el cual deberá ser enfrentado con una verdadera reforma eventualmente.

Para Pérez Ducy esta ley es apenas una reforma tributaria que aumenta algunos impuestos, en general de manera progresiva con la excepción del efecto por tramos del impuesto para residuos sólidos, pero la considera mejor que continuar con el endeudamiento externo.

“Pero lo crítico será revisar el gasto, como lo señalado hace tiempo. Cómo justificar una reforma para RD$40,000-50,000 millones gastando RD$11,000 millones en publicidad?

Respecto al aumento del impuesto de 0.15 a 2.0 sobre transacciones bancarias dice que no le luce que tendrá ningún impacto, debido a que los usuarios no volverán a usar cheques solo por esto, debido a que la gente no dejará de hacerlo para ir al banco por el tiempo y el gasto en combustible que implica.

Falta de plan

El economista Luis Vargas considera que esa ley no responde a ningún plan, porque es una pieza anti-crecimiento que carece de un diagnóstico de los impuestos, crea confusión y viola la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo, pues no la deroga.

Entiende que la ley presenta un problema de carácter jurídico y de carácter técnico y por tanto cree que no toca los problemas fundamentales, incluyendo el control de la evasión.

Suelto

Cheques y transferencias

La Ley 30-26, sobre medidas, simplificación fiscal pro-crecimiento económico y mitigación de la crisis internacional, establece un aumento del impuesto de 1.5 por mil (0.0015) aplicado a los cheques y transferencias electrónicas a 0.002 por mil (2.0 por mil).

Mantiene exento el retiro de efectivo, las transferencias bancarias entre cuentas de una misma persona, consumo con tarjetas de crédito, pagos a la seguridad social, transacciones pagos de los fondos de pensiones, pagos impuestos al Estado y las transferencias del Estado.

https://listindiario.com/economia/finanzas/20260708/plan-anticrisis-gobierno-impacta-bolsillo-gente_912911.html

La tarjeta como nueva frontera de la economía dominicana


La tarjeta como nueva frontera de la economía dominicana

El avance de los pagos electrónicos confirma que la República Dominicana está entrando en una etapa decisiva de modernización financiera; sin embargo, la masificación del dinero digital exige más seguridad, inclusión, educación financiera, interoperabilidad y una visión pública que no deje a nadie fuera de la transformación.

La economía dominicana está cambiando de bolsillo. Lo que antes dependía casi exclusivamente del efectivo, de la fila bancaria y de la transacción manual, hoy se desplaza con creciente naturalidad hacia tarjetas, terminales POS, pagos sin contacto, billeteras digitales y compras por internet. No se trata de una simple evolución tecnológica, sino de una transformación cultural, financiera y productiva que redefine la relación entre consumidores, comercios, bancos, Estado y economía real.

Los datos revelan una realidad contundente: a mayo de 2026, la República Dominicana contaba con 13.9 millones de tarjetas activas entre débito, crédito, subsidios gubernamentales y prepagadas, de las cuales 8.3 millones correspondían a tarjetas de débito y 4.1 millones a tarjetas de crédito. Esa expansión confirma que el sistema financiero ha penetrado con fuerza en la vida cotidiana de los dominicanos, incluso en sectores donde hace apenas dos décadas el efectivo era prácticamente la única opción de pago. [eldinero.com.do]

Pero el dato más revelador no es solo cuántas tarjetas existen, sino cómo se utilizan. Durante 2025, los cajeros automáticos y las terminales POS procesaron 620.3 millones de transacciones con tarjetas presentes, y las terminales POS locales concentraron el 73.9% de esas operaciones. Esto significa que el comercio formal, desde grandes cadenas hasta pequeños establecimientos, se ha convertido en el principal escenario de una economía cada vez más digitalizada. [eldinero.com.do]

La tarjeta física, lejos de desaparecer, se ha convertido en puente entre el viejo mundo del plástico y el nuevo ecosistema del pago invisible. Aunque se habla mucho de billeteras digitales y comercio electrónico, la realidad dominicana muestra que el POS sigue siendo el gran protagonista del cambio financiero. Es en el colmado que acepta tarjeta, en la farmacia de barrio, en el supermercado, en el restaurante y en la estación de combustible donde se está produciendo una silenciosa revolución económica.

Sin embargo, esta modernización todavía convive con una fuerte dependencia del efectivo. Las tarjetas de débito concentran el 97.7% de los retiros realizados en cajeros automáticos, y en 2025 esos retiros alcanzaron RD$740,929 millones, el valor más alto registrado desde 2008. Esa cifra evidencia que el ciudadano dominicano avanza hacia lo digital, pero todavía necesita el efectivo como respaldo, costumbre, seguridad psicológica o mecanismo de operación en una economía donde muchos comercios y servicios siguen funcionando fuera de la plena formalidad electrónica. [eldinero.com.do]

Ahí está una de las grandes paradojas del momento: el país tiene más tarjetas, más POS, más pagos sin contacto y más billeteras digitales, pero no necesariamente ha superado la cultura del efectivo. La modernización tecnológica no siempre implica inclusión financiera profunda. Una persona puede tener tarjeta de débito porque recibe nómina, pensión, subsidio o remesa, pero eso no significa que comprenda plenamente los costos financieros, los riesgos de fraude, el uso responsable del crédito o las ventajas de construir historial bancario.

El avance de los pagos sin contacto confirma que el consumidor dominicano está adoptando la conveniencia con rapidez. En 2025 se realizaron 314.4 millones de operaciones bajo esta modalidad, frente a 144.1 millones efectuadas insertando o deslizando la tarjeta; en otras palabras, cerca de siete de cada diez pagos presenciales ya se hacen sin contacto. Este cambio no es menor: expresa confianza, velocidad, adaptación tecnológica y una nueva expectativa social frente al comercio. [eldinero.com.do]

La digitalización también se expande mediante las billeteras electrónicas. Entre 2025 y 2026, las tarjetas de débito registradas en Apple Wallet, Google Wallet y otras plataformas aumentaron de 1.32 millones a 1.61 millones, mientras que las tarjetas de crédito pasaron de 759,858 a 965,320. Esa transición confirma que el celular se está convirtiendo en una extensión del banco, de la tarjeta y del punto de venta. [eldinero.com.do]

No obstante, el entusiasmo por la digitalización debe ir acompañado de prudencia institucional. A mayor volumen de transacciones electrónicas, mayor necesidad de ciberseguridad, protección de datos, educación financiera y mecanismos ágiles de reclamación. Una economía más digital es también una economía más expuesta a fraudes, suplantaciones, cargos indebidos, clonaciones sofisticadas y vulnerabilidades tecnológicas. El reto no es frenar el avance, sino blindarlo.

El comercio electrónico, por su parte, ya no es una tendencia marginal. Entre enero y mayo de 2026, las compras por internet superaron los 17 millones de transacciones mensuales, impulsadas principalmente por tarjetas de crédito, con 12.3 millones de operaciones en comercios locales y 4.9 millones en plataformas internacionales solo en mayo. Ese dinamismo confirma que el consumidor dominicano compra cada vez más en ecosistemas digitales y que la frontera entre comercio físico y virtual se está diluyendo aceleradamente. [eldinero.com.do]

Esta realidad plantea una pregunta estratégica: ¿está la República Dominicana usando esta revolución de pagos como simple comodidad transaccional o como palanca de desarrollo económico? Porque el verdadero valor del pago electrónico no está únicamente en sustituir billetes por tarjetas, sino en formalizar actividades, reducir costos operativos, generar trazabilidad, mejorar la recaudación, ampliar el crédito, fortalecer a las mipymes y construir una economía más transparente.

El país necesita convertir esta expansión en política pública inteligente. Hace falta impulsar más terminales POS en pequeños negocios, reducir barreras de acceso para microempresarios, promover interoperabilidad entre plataformas, fortalecer la alfabetización financiera en escuelas, universidades y comunidades, y garantizar que las personas mayores, rurales o de bajos ingresos no queden atrapadas en una brecha digital que les impida participar plenamente en la nueva economía.

La tarjeta física lidera hoy los pagos en la República Dominicana, pero el futuro no será de la tarjeta en sí misma, sino del ecosistema que ella representa: confianza, conectividad, inclusión, seguridad y eficiencia. Si el país logra ordenar esa transición, la digitalización financiera puede convertirse en uno de los motores silenciosos de la productividad nacional. Si no lo hace, corremos el riesgo de tener más tecnología sin suficiente ciudadanía financiera.

La República Dominicana está frente a una oportunidad histórica: pasar de una economía que usa tarjetas a una economía que entiende el valor estratégico del dinero digital. Esa diferencia es decisiva. Porque pagar con tarjeta puede ser un gesto cotidiano; pero construir una economía moderna, segura e inclusiva alrededor de ese gesto es una tarea nacional.
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Su uso cotidiano de métodos electrónicos de pago continúa expandiéndose entre los consumidores.

Transacciones con tarjetas físicas lideran pagos en República Dominicana

Las terminales POS locales concentraron el 73.9% de las operaciones procesadas

Por Mariel Alcántara  9 July, 2026 en Finanzas 

El uso de tarjetas para hacer pagos electrónicos en comercios y retirar efectivo ha transformado la forma en que las personas realizan sus operaciones financieras. Conocidas como transacciones con tarjetas presentes (o físicas), se realizan cuando el usuario utiliza físicamente su plástico o un dispositivo vinculado a ella en terminales de puntos de venta (POS) o cajeros automáticos (ATM).

De acuerdo con datos del Banco Central de la República Dominicana (BCRD), a mayo de 2026 el país contaba con 13.9 millones de tarjetas activas entre débito, crédito, subsidios gubernamentales y prepagadas.

De ese total, las tarjetas de débito representan la mayor proporción, con 8.3 millones de tarjetas emitidas, equivalentes al 59.5% del total. Les siguen las tarjetas de crédito, con 4.1 millones (29.2%), mientras que las tarjetas de subsidios gubernamentales ascienden a 1.5 millones (11%) y las prepagadas suman 31,383, con una participación de 0.2%.

El crecimiento no solo se refleja en la cantidad de tarjetas emitidas, sino también en la frecuencia con que los dominicanos las utilizan. Durante 2025, los cajeros automáticos y las terminales POS procesaron 620.3 millones de transacciones con tarjetas presentes.

Las terminales POS locales concentraron 458.4 millones de transacciones, equivalentes al 73.9% del total de operaciones con tarjetas presentes. Los cajeros automáticos registraron 135.4 millones, con una participación de 21.8%, mientras que las terminales POS internacionales acumularon 26.5 millones, equivalentes al 4.3%.

Mientras las tarjetas de crédito lideran los pagos en establecimientos comerciales, las de débito siguen siendo el principal instrumento para retirar efectivo. En 2025 concentraron 132.3 millones de retiros, equivalentes al 97.7% de las operaciones realizadas en cajeros automáticos. El aumento en el uso de las tarjetas también se refleja en el monto de dinero retirado del sistema financiero.

En 2025, los retiros realizados con tarjetas de débito alcanzaron RD$740,929 millones, el valor más alto registrado desde 2008.

Ese monto supera en más de cinco veces los RD$137,544 millones retirados hace 17 años, lo que evidencia una mayor dependencia de este instrumento para acceder al efectivo.

Pagos sin contacto

Los pagos sin contacto ya predominan en los comercios dominicanos, una tecnología que permite realizar la transacción con solo acercar la tarjeta o el teléfono móvil al lector.

En el año pasado se realizaron 314.4 millones de operaciones mediante esta modalidad, frente a 144.1 millones efectuadas insertando o deslizando la tarjeta. En otras palabras, cerca de siete de cada diez pagos presenciales ya se realizan sin contacto.

La tendencia también se refleja en la emisión de tarjetas. De las 8.3 millones de tarjetas de débito activas, 7.6 millones cuentan con tecnología de pago sin contacto. En el caso de las tarjetas de crédito, 3.6 millones ya incorporan esta funcionalidad.

La digitalización también avanza mediante las billeteras electrónicas.

Entre 2025 y 2026, las tarjetas de débito registradas en Apple Wallet, Google Wallet y otras plataformas aumentaron de 1.32 millones a 1.61 millones.

Mientras que las tarjetas de crédito pasaron de 759,858 a 965,320.

El crecimiento de las billeteras electrónicas refleja cómo la tarjeta evoluciona de un instrumento físico a una herramienta digital vinculada a dispositivos móviles.

Compras por internet

Las compras por internet se han consolidado como otro de los canales de pago con mayor crecimiento, tanto en negocios locales como en plataformas internacionales.

Datos del BCRD muestran que, entre enero y mayo de 2026, las compras por internet superaron los 17 millones de transacciones mensuales, impulsadas principalmente por las tarjetas de crédito. Solo en mayo, los comercios locales procesaron 12.3 millones de operaciones, mientras que las plataformas internacionales registraron 4.9 millones.

Las cifras muestran que el comercio electrónico continúa ampliando el uso de las tarjetas en las compras digitales.

https://eldinero.com.do/371523/transacciones-con-tarjetas-fisicas-lideran-pagos-en-republica-dominicana/

El gasto estatal en obras es bajo y de limitada ejecución

El gasto estatal en obras es bajo y de limitada ejecución
Hasta el 30 de junio solo se ha ejecutado el 41% de partidas para proyectos de inversión
PorEsteban Delgado  9 July, 2026 en Finanzas 

La decisión del Gobierno dominicano de mantener un buen ritmo en la ejecución del gasto para la construcción de obras no se ha cumplido del todo en la primera mitad del año. Incluso, no se trata solo de que el gasto de capital (inversión) este año equivale a solo en 13.2% de los gastos totales, sino, además, que el ritmo de ejecución en los primeros seis meses de este año lleva una proporción del 10.8%.

Esto indica que el presupuesto para obras no solo es proporcionalmente bajo frente al elevado nivel de gasto corriente, sino que también se está ejecutando menos de lo inicialmente presupuestado en la mayoría de provincias del país.

Así lo indican las estadísticas de la Dirección General de Presupuesto (Digepres), en donde se hace constar que para este año, el presupuesto de “proyectos de inversión” para provincias es de RD$96,543.5 millones, mientras que en el primer semestre, cuando debió ejecutarse al menos el 50%, solo se ha devengado un 41.1%, es decir, RD$39,654.9 millones.

Eso, a pesar de que el Gobierno, cuando anunció el plan de contingencia ante los efectos de la crisis de Medio Oriente por el conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel frente a Irán, señaló como prioridad la continuación sin pausas de la inversión en gasto de capital, a los fines de que la economía no sufriera en su crecimiento.

Provincias afectadas

Al revisar la ejecución presupuestaria en proyectos de inversión en las 31 provincias del país y el Distrito Nacional, se observa que en la mayoría su avance queda por debajo de un 50%, que es el nivel mínimo esperado al concluir la primera mitad del año.

A pesar de eso, destacan algunas excepciones en las provincias María Trinidad Sánchez y Santiago Rodríguez, donde el gasto en inversión ha superado en seis meses lo que se había asignado para el año completo. El problema es que no se trata de una sobre inversión en obras diversas, sino en una o dos obras específicas, mientras se han dejado de lado las de mayor demanda social, aunque más pequeñas.

Paradójicamente, algunas provincias cercanas a la zona fronteriza, con más necesidades y con reducidas asignaciones para inversión en obras, sufren, además de la baja inversión, el rezago en la ejecución de las pocas que se construyen. En Dajabón solo se ha ejecutado un 11.6% de lo asignado para obras, mientras en Bahoruco apenas el 24.8% y en Barahona un 23.1%. Igual pasa con Valverde, con una ejecución de solo 21.5% de inversión para obras de infraestructura.

Dentro de la asignación de recursos para inversión hay una partida de RD$11,498.6 millones que debe ir a obras “multiprovinciales”, es decir, que abarcan a varias provincias. Sin embargo, de ese monto, hasta el 30 de junio solo se han devengado RD$1,404.7%, es decir, apenas un 12.2%. De ahí que la ejecución total arroje un resultado de 41.1% en los primeros seis meses de este año.

Gasto corriente y de capital

En el presupuesto general de la nación correspondiente a este año, se contempla un gasto total de RD$1 billón 622,833.4 millones. De esa cantidad se tienen programados RD$1 billón 407,548.7 millones para gasto corriente, equivalentes al 86.8%. En tanto que para gasto de capital (obras) la asignación es de RD$215,284.7 millones, para solo un 13.2%.

Pero en la ejecución de esos gastos hasta la mitad de este año, los datos de la Digepres indican lo siguiente: el gasto corriente ejecutado al 30 de junio es de RD$661,937.3 millones, para un 47%, es decir, cerca del 50% esperado a esa fecha.

Empero, la ejecución de gasto de capital en el mismo período fue de RD$80,041.3, lo que equivale a un 37.2%, es decir, muy por debajo del 50% esperado a esa fecha, lo que se evidencia en el retraso de obras en varias provincias.

Obras atrasadas

En la lista de obras incluidas en el presupuesto de “proyectos de inversión” por provincia, se destacan en su mayoría construcciones de puentes, carreteras e infraestructura escolar. Es precisamente en esas obras donde se evidencian más atrasos, ya sea que la ejecución está muy por debajo de lo esperado en los primeros seis meses de este año o porque en muchos casos no se ha invertido ni un centavo, es decir, que la ejecución es cero.

Por ejemplo, en el Distrito Nacional hay una asignación de RD$250 millones para la “ampliación de la capacidad de transporte de la línea 2 del Metro de Santo Domingo”. Sin embargo, hasta el 30 de junio la ejecución es cero.

También hay RD$364.9 millones para reparar un tramo de la avenida Gustavo Mejía Ricardo, pero hasta la fecha no se ha ejecutado ni un centavo. Esos casos son diversos en todas las provincias del país, además de la capital.

https://eldinero.com.do/371484/el-gasto-estatal-en-obras-es-bajo-y-de-limitada-ejecucion/

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Abinader designa nuevos representantes honoríficos del Consejo Nacional de Cultura

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🚧📉 Cuando la inversión pública se ralentiza, el desarrollo también paga la factura. Mientras el gasto corriente avanza cerca de lo previsto, la ejecución de obras de infraestructura sigue rezagada en gran parte del país, afectando carreteras, puentes, escuelas y proyectos estratégicos para las comunidades. 🇩🇴

⚠️ Al cierre de junio, la inversión de capital apenas alcanzó un 37.2% de ejecución, muy por debajo del 50% esperado para la primera mitad del año. Provincias fronterizas y sectores clave continúan esperando obras que impulsen la competitividad, el empleo y la calidad de vida de miles de ciudadanos.
💡 La infraestructura no es un gasto: es una inversión que genera crecimiento, conecta territorios y fortalece la economía nacional. Cada obra retrasada representa oportunidades que se posponen para las familias y los productores dominicanos.
📊 Más ejecución, más desarrollo. Menos burocracia, más resultados. https://eldinero.com.do/371484/el-gasto-estatal-en-obras-es-bajo-y-de-limitada-ejecucion/
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