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viernes, 10 de julio de 2026

República Dominicana y Estados Unidos: valores compartidos, soberanía respetada y diplomacia con sentido estratégico

República Dominicana y Estados Unidos: valores compartidos, soberanía respetada y diplomacia con sentido estratégico
Embajadora Leah Francis Campos
Embajada de EE.UU. en R.D.

Las declaraciones de la embajadora Leah Francis Campos abren una lectura mayor sobre la relación dominico-estadounidense: no se trata solo de cooperación, comercio o seguridad, sino de una convergencia de valores —libertad, fe, patriotismo, responsabilidad democrática y defensa de la soberanía— que puede redefinir el vínculo bilateral en una etapa de profundas tensiones hemisféricas.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez 

La afirmación de la embajadora de los Estados Unidos en la República Dominicana, Leah Francis Campos“comparto los valores de libertad y cristianos de los dominicanos”— no debe interpretarse como una simple frase diplomática para agradar al país anfitrión. En el lenguaje estratégico de las relaciones internacionales, esa expresión tiene un peso mayor: coloca la conversación bilateral en el terreno de los valores, no únicamente en el de los intereses. Y cuando una potencia como Estados Unidos procura reconstruir prioridades en su vecindad hemisférica, la República Dominicana aparece no como un punto periférico del Caribe, sino como un socio político, económico, democrático y cultural de primer orden. La propia diplomática resaltó que el país fue uno de los primeros en los que el presidente Donald Trump designó embajador, señalándolo como evidencia de la importancia que Washington concede a esta relación en la región.

La diplomacia moderna ya no se reduce al protocolo, a las recepciones oficiales ni a los comunicados cuidadosamente redactados. Hoy, la diplomacia también se libra en el terreno de la percepción pública, de las afinidades culturales, de la confianza institucional y de la lectura geopolítica de los pueblos. En ese contexto, cuando Campos identifica similitudes entre el patriotismo estadounidense y el dominicano, está reconociendo una verdad profunda: ambos países poseen sociedades que valoran intensamente su bandera, su identidad nacional, su historia y su derecho a decidir su propio destino. Esa coincidencia no es menor. En un hemisferio atravesado por presiones migratorias, crimen transnacional, vulnerabilidades económicas, competencia de potencias globales y crisis democráticas, los socios más sólidos no son solo los que firman acuerdos, sino los que comparten principios capaces de sostener esos acuerdos en tiempos difíciles.

La República Dominicana tiene una relación histórica, humana y económica con Estados Unidos que supera cualquier coyuntura gubernamental. Millones de dominicanos viven, trabajan, estudian, emprenden y construyen futuro en territorio estadounidense. A su vez, el comercio, las remesas, el turismo, la seguridad regional, la cooperación institucional y la inversión privada enlazan a ambos países con una densidad que pocos vínculos bilaterales tienen en el Caribe. Pero esa cercanía, precisamente por su profundidad, exige madurez. La amistad entre naciones no debe confundirse con subordinación, ni la cooperación con tutela. La mejor relación posible entre Santo Domingo y Washington es aquella basada en respeto mutuo, beneficios recíprocos, soberanía clara y franqueza estratégica.

Por eso resulta relevante que la embajadora haya insistido en la libertad de expresión como valor fundacional y haya observado en la República Dominicana un ambiente de debate público sano, donde la gente discrepa, opina y discute temas nacionales con apertura. Esa valoración tiene importancia institucional. En momentos en que muchas democracias enfrentan polarización, desinformación, censura encubierta o deterioro del debate público, que una representante estadounidense reconozca el clima dominicano de libertad de expresión representa una señal positiva para la reputación democrática del país. Pero también encierra una advertencia ética: la libertad no puede separarse de la responsabilidad; no es libertinaje, ni licencia para destruir reputaciones, ni permiso para sustituir la verdad por propaganda.

Ese equilibrio entre libertad y responsabilidad es esencial para una democracia como la dominicana, que ha avanzado, con tropiezos y logros, hacia una sociedad cada vez más exigente, plural y vigilante. La prensa, las redes sociales, los liderazgos comunitarios, los partidos políticos, la sociedad civil y las instituciones públicas tienen el deber de defender la libertad sin degradarla. Porque una democracia no se fortalece únicamente cuando todos pueden hablar, sino cuando el debate público se eleva por encima del odio, la mentira, la manipulación y el oportunismo. La libertad de expresión es oxígeno democrático, pero necesita pulmones institucionales sanos para no convertirse en ruido tóxico.

También merece una lectura cuidadosa su referencia a los valores cristianos. En un país cuyo lema constitucional y simbólico coloca a Dios, la Patria y la Libertad como ejes de identidad histórica, la apelación a esos valores conecta con una sensibilidad social real. Sin embargo, el desafío consiste en comprender que los valores cristianos, dentro de una sociedad democrática, deben traducirse en dignidad humana, solidaridad, justicia, responsabilidad familiar, respeto al otro, compasión hacia los vulnerables y defensa del bien común. No pueden ser usados como herramienta de exclusión, sino como fundamento ético para una república más humana, más decente y más consciente de sus deberes.

La dimensión haitiana de sus declaraciones también revela una zona crítica de la agenda bilateral. Campos sostuvo que, aunque la comunidad internacional y especialmente Estados Unidos han invertido recursos durante años en Haití sin obtener los resultados esperados, corresponde a los propios haitianos encontrar la manera de reconstruir su país, con apoyo externo orientado a estabilizar el ambiente. Esa posición coincide con una preocupación dominicana histórica: la solución de Haití no puede descansar sobre los hombros de la República Dominicana. La solidaridad internacional debe existir, pero no puede imponerse como carga unilateral al pueblo dominicano. Ayudar a Haití no significa diluir la soberanía dominicana, ni desconocer los límites institucionales, territoriales, económicos y sociales del Estado dominicano.

En materia de cooperación, la afirmación de que la asistencia estadounidense continuará, aunque ya no bajo el modelo tradicional de USAID, también plantea un giro relevante. La embajadora defendió que la cooperación debe estar alineada con la política exterior de Estados Unidos y con sus intereses nacionales, al tiempo que cuestionó programas que, según su visión, podían invadir la soberanía de otros países. Esta declaración abre una conversación necesaria para la República Dominicana: toda cooperación externa debe ser bienvenida cuando respeta las prioridades nacionales, fortalece capacidades locales y no sustituye la voluntad democrática del país receptor. La ayuda internacional no debe convertirse en una agenda paralela, administrada desde fuera, sino en un instrumento transparente, medible y soberanamente coordinado.

Otro punto sensible es su agenda de encuentros con dirigentes políticos dominicanos. Campos explicó que busca conocer cómo piensan figuras con potencial presidencial hacia 2028 y cómo una eventual gestión de cada una podría afectar los intereses de Estados Unidos. Esa franqueza puede resultar incómoda, pero no sorprendente: todas las grandes potencias observan, analizan y dialogan con los actores políticos de los países estratégicos. Lo importante es que ese intercambio se mantenga dentro de los cauces del respeto institucional, sin interferencia, sin favoritismos indebidos y sin alterar la competencia democrática interna. En una república madura, reunirse con actores políticos no debe escandalizar; lo que debe exigirse es transparencia, equilibrio y respeto absoluto al derecho soberano del pueblo dominicano a elegir su destino.

La República Dominicana debe leer esta etapa con inteligencia estratégica. Estados Unidos está mirando con renovado interés al hemisferio occidental. La competencia global, la seguridad regional, las cadenas de suministro, el nearshoring, la migración, el crimen organizado, la energía, la tecnología y la influencia de otras potencias han devuelto al Caribe un valor geopolítico que durante años fue subestimado. En esa nueva cartografía, la República Dominicana tiene ventajas evidentes: estabilidad democrática, crecimiento económico, ubicación geográfica privilegiada, vínculos humanos con Estados Unidos, liderazgo regional y una vocación cada vez mayor de inserción global.

Pero ninguna oportunidad estratégica se aprovecha desde la ingenuidad. El país debe cultivar su alianza con Estados Unidos sin renunciar a una política exterior digna, equilibrada y soberana. Debe fortalecer la cooperación en seguridad sin ceder control de sus decisiones internas. Debe ampliar el comercio sin descuidar la producción nacional. Debe atraer inversión sin hipotecar su territorio ni su institucionalidad. Debe defender valores compartidos sin convertir la diplomacia en prédica ideológica. Y debe recordar siempre que las relaciones internacionales se respetan más cuando los países pequeños actúan con claridad, unidad interna y sentido de Estado.

Leah Francis Campos ha colocado sobre la mesa una narrativa de cercanía: libertad, cristianismo, patriotismo, soberanía, democracia y responsabilidad. Corresponde ahora a la República Dominicana convertir esa cercanía en una relación de alto valor estratégico, sustentada en resultados concretos para su gente. Porque los valores compartidos son importantes, pero deben traducirse en más comercio justo, más inversión productiva, más seguridad fronteriza, más cooperación tecnológica, más oportunidades educativas, más fortalecimiento institucional y más respeto a la soberanía nacional.

La verdadera amistad entre naciones no se mide por la intensidad de los elogios, sino por la calidad de los compromisos. Y si República Dominicana y Estados Unidos comparten libertad, fe, patriotismo y visión democrática, entonces el reto no es repetir esas coincidencias en discursos, sino convertirlas en una agenda bilateral capaz de proteger la dignidad dominicana, fortalecer la democracia y abrir caminos de prosperidad compartida en un hemisferio que necesita aliados serios, pueblos libres y gobiernos responsables.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor | Ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación.

Pie de foto: Embajadora Leah Francis Campos, representante diplomática de los Estados Unidos en la República Dominicana | Foto: Embajada de EE.UU. en R. D.

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Versión en formato APA

República Dominicana y Estados Unidos: valores compartidos, soberanía respetada y diplomacia con sentido estratégico

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

Resumen

Este artículo analiza las declaraciones de la embajadora de los Estados Unidos en la República Dominicana, Leah Francis Campos, quien afirmó compartir los valores de libertad y cristianos del pueblo dominicano. A partir de esa expresión, se examina el alcance estratégico de la relación bilateral entre República Dominicana y Estados Unidos, destacando sus dimensiones democráticas, culturales, geopolíticas, económicas y de soberanía. El texto sostiene que la relación dominico-estadounidense atraviesa una etapa de renovada importancia hemisférica, en la cual los valores compartidos deben traducirse en cooperación concreta, respeto institucional, fortalecimiento democrático, seguridad regional y prosperidad compartida.

Palabras clave: República Dominicana, Estados Unidos, diplomacia, soberanía, libertad, valores cristianos, cooperación bilateral, Leah Francis Campos.

La afirmación de la embajadora de los Estados Unidos en la República Dominicana, Leah Francis Campos“comparto los valores de libertad y cristianos de los dominicanos”— no debe interpretarse como una simple frase diplomática para agradar al país anfitrión. En el lenguaje estratégico de las relaciones internacionales, esa expresión tiene un peso mayor: coloca la conversación bilateral en el terreno de los valores, no únicamente en el de los intereses. Y cuando una potencia como Estados Unidos procura reconstruir prioridades en su vecindad hemisférica, la República Dominicana aparece no como un punto periférico del Caribe, sino como un socio político, económico, democrático y cultural de primer orden. La propia diplomática resaltó que el país fue uno de los primeros en los que el presidente Donald Trump designó embajador, señalándolo como evidencia de la importancia que Washington concede a esta relación en la región (Espinal, 2026). [enterateatiempo.com]

La diplomacia moderna ya no se reduce al protocolo, a las recepciones oficiales ni a los comunicados cuidadosamente redactados. Hoy, la diplomacia también se libra en el terreno de la percepción pública, de las afinidades culturales, de la confianza institucional y de la lectura geopolítica de los pueblos. En ese contexto, cuando Campos identifica similitudes entre el patriotismo estadounidense y el dominicano, está reconociendo una verdad profunda: ambos países poseen sociedades que valoran intensamente su bandera, su identidad nacional, su historia y su derecho a decidir su propio destino. Esa coincidencia no es menor. En un hemisferio atravesado por presiones migratorias, crimen transnacional, vulnerabilidades económicas, competencia de potencias globales y crisis democráticas, los socios más sólidos no son solo los que firman acuerdos, sino los que comparten principios capaces de sostener esos acuerdos en tiempos difíciles.

La República Dominicana tiene una relación histórica, humana y económica con Estados Unidos que supera cualquier coyuntura gubernamental. Millones de dominicanos viven, trabajan, estudian, emprenden y construyen futuro en territorio estadounidense. A su vez, el comercio, las remesas, el turismo, la seguridad regional, la cooperación institucional y la inversión privada enlazan a ambos países con una densidad que pocos vínculos bilaterales tienen en el Caribe. Pero esa cercanía, precisamente por su profundidad, exige madurez. La amistad entre naciones no debe confundirse con subordinación, ni la cooperación con tutela. La mejor relación posible entre Santo Domingo y Washington es aquella basada en respeto mutuo, beneficios recíprocos, soberanía clara y franqueza estratégica.

Por eso resulta relevante que la embajadora haya insistido en la libertad de expresión como valor fundacional y haya observado en la República Dominicana un ambiente de debate público sano, donde la gente discrepa, opina y discute temas nacionales con apertura. Esa valoración tiene importancia institucional. En momentos en que muchas democracias enfrentan polarización, desinformación, censura encubierta o deterioro del debate público, que una representante estadounidense reconozca el clima dominicano de libertad de expresión representa una señal positiva para la reputación democrática del país. Pero también encierra una advertencia ética: la libertad no puede separarse de la responsabilidad; no es libertinaje, ni licencia para destruir reputaciones, ni permiso para sustituir la verdad por propaganda.

Ese equilibrio entre libertad y responsabilidad es esencial para una democracia como la dominicana, que ha avanzado, con tropiezos y logros, hacia una sociedad cada vez más exigente, plural y vigilante. La prensa, las redes sociales, los liderazgos comunitarios, los partidos políticos, la sociedad civil y las instituciones públicas tienen el deber de defender la libertad sin degradarla. Porque una democracia no se fortalece únicamente cuando todos pueden hablar, sino cuando el debate público se eleva por encima del odio, la mentira, la manipulación y el oportunismo. La libertad de expresión es oxígeno democrático, pero necesita pulmones institucionales sanos para no convertirse en ruido tóxico.

También merece una lectura cuidadosa su referencia a los valores cristianos. En un país cuyo lema constitucional y simbólico coloca a Dios, la Patria y la Libertad como ejes de identidad histórica, la apelación a esos valores conecta con una sensibilidad social real. Sin embargo, el desafío consiste en comprender que los valores cristianos, dentro de una sociedad democrática, deben traducirse en dignidad humana, solidaridad, justicia, responsabilidad familiar, respeto al otro, compasión hacia los vulnerables y defensa del bien común. No pueden ser usados como herramienta de exclusión, sino como fundamento ético para una república más humana, más decente y más consciente de sus deberes.

La dimensión haitiana de sus declaraciones también revela una zona crítica de la agenda bilateral. Campos sostuvo que, aunque la comunidad internacional y especialmente Estados Unidos han invertido recursos durante años en Haití sin obtener los resultados esperados, corresponde a los propios haitianos encontrar la manera de reconstruir su país, con apoyo externo orientado a estabilizar el ambiente. Esa posición coincide con una preocupación dominicana histórica: la solución de Haití no puede descansar sobre los hombros de la República Dominicana. La solidaridad internacional debe existir, pero no puede imponerse como carga unilateral al pueblo dominicano. Ayudar a Haití no significa diluir la soberanía dominicana, ni desconocer los límites institucionales, territoriales, económicos y sociales del Estado dominicano.

En materia de cooperación, la afirmación de que la asistencia estadounidense continuará, aunque ya no bajo el modelo tradicional de USAID, también plantea un giro relevante. La embajadora defendió que la cooperación debe estar alineada con la política exterior de Estados Unidos y con sus intereses nacionales, al tiempo que cuestionó programas que, según su visión, podían invadir la soberanía de otros países. Esta declaración abre una conversación necesaria para la República Dominicana: toda cooperación externa debe ser bienvenida cuando respeta las prioridades nacionales, fortalece capacidades locales y no sustituye la voluntad democrática del país receptor. La ayuda internacional no debe convertirse en una agenda paralela, administrada desde fuera, sino en un instrumento transparente, medible y soberanamente coordinado.

Otro punto sensible es su agenda de encuentros con dirigentes políticos dominicanos. Campos explicó que busca conocer cómo piensan figuras con potencial presidencial hacia 2028 y cómo una eventual gestión de cada una podría afectar los intereses de Estados Unidos. Esa franqueza puede resultar incómoda, pero no sorprendente: todas las grandes potencias observan, analizan y dialogan con los actores políticos de los países estratégicos. Lo importante es que ese intercambio se mantenga dentro de los cauces del respeto institucional, sin interferencia, sin favoritismos indebidos y sin alterar la competencia democrática interna. En una república madura, reunirse con actores políticos no debe escandalizar; lo que debe exigirse es transparencia, equilibrio y respeto absoluto al derecho soberano del pueblo dominicano a elegir su destino.

La República Dominicana debe leer esta etapa con inteligencia estratégica. Estados Unidos está mirando con renovado interés al hemisferio occidental. La competencia global, la seguridad regional, las cadenas de suministro, el nearshoring, la migración, el crimen organizado, la energía, la tecnología y la influencia de otras potencias han devuelto al Caribe un valor geopolítico que durante años fue subestimado. En esa nueva cartografía, la República Dominicana tiene ventajas evidentes: estabilidad democrática, crecimiento económico, ubicación geográfica privilegiada, vínculos humanos con Estados Unidos, liderazgo regional y una vocación cada vez mayor de inserción global.

Pero ninguna oportunidad estratégica se aprovecha desde la ingenuidad. El país debe cultivar su alianza con Estados Unidos sin renunciar a una política exterior digna, equilibrada y soberana. Debe fortalecer la cooperación en seguridad sin ceder control de sus decisiones internas. Debe ampliar el comercio sin descuidar la producción nacional. Debe atraer inversión sin hipotecar su territorio ni su institucionalidad. Debe defender valores compartidos sin convertir la diplomacia en prédica ideológica. Y debe recordar siempre que las relaciones internacionales se respetan más cuando los países pequeños actúan con claridad, unidad interna y sentido de Estado.

Leah Francis Campos ha colocado sobre la mesa una narrativa de cercanía: libertad, cristianismo, patriotismo, soberanía, democracia y responsabilidad. Corresponde ahora a la República Dominicana convertir esa cercanía en una relación de alto valor estratégico, sustentada en resultados concretos para su gente. Porque los valores compartidos son importantes, pero deben traducirse en más comercio justo, más inversión productiva, más seguridad fronteriza, más cooperación tecnológica, más oportunidades educativas, más fortalecimiento institucional y más respeto a la soberanía nacional.

La verdadera amistad entre naciones no se mide por la intensidad de los elogios, sino por la calidad de los compromisos. Y si República Dominicana y Estados Unidos comparten libertad, fe, patriotismo y visión democrática, entonces el reto no es repetir esas coincidencias en discursos, sino convertirlas en una agenda bilateral capaz de proteger la dignidad dominicana, fortalecer la democracia y abrir caminos de prosperidad compartida en un hemisferio que necesita aliados serios, pueblos libres y gobiernos responsables.

Referencias

Espinal, Y. (2026, 9 de julio). “Comparto los valores de libertad y cristianos de los dominicanos”. elCaribe. https://www.elcaribe.com.do/panorama/almuerzo-semanal/comparto-los-valores-de-libertad-y-cristianos-de-los-dominicanos/

miércoles, 1 de julio de 2026

2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro

2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El año 2026 se perfila como una frontera histórica en la que el orden internacional revela, con mayor crudeza, sus fracturas acumuladas. Las instituciones que durante décadas sostuvieron la gobernanza global muestran signos evidentes de desgaste; los consensos se debilitan; y las naciones comienzan a comprender que la estabilidad del sistema no era una condición permanente, sino una arquitectura sostenida por intereses, equilibrios y voluntades políticas. El mundo ya no transita bajo la confianza plena en la globalización, el libre comercio, las alianzas tradicionales y el multilateralismo como mecanismos suficientes para administrar los conflictos entre potencias.

La nueva geopolítica está marcada por la desconfianza estratégica, la competencia tecnológica y el regreso de la fuerza —económica, militar, diplomática y comercial— como lenguaje dominante. El comercio deja de ser solo intercambio para convertirse en campo de disputa industrial; la tecnología se transforma en instrumento de supremacía; la energía adquiere valor geopolítico; las rutas marítimas se convierten en corredores de poder; y los datos, chips, cables submarinos, sistemas de pago, inteligencia artificial y estándares digitales pasan a ocupar el centro real de la competencia global. Como ha advertido el Fondo Monetario Internacional en su análisis sobre fragmentación geoeconómica, “tras varias décadas de creciente integración económica global, el mundo enfrenta el riesgo de una fragmentación geoeconómica impulsada por políticas públicas”. Esa advertencia resume el nuevo signo de los tiempos: la economía dejó de ser un territorio neutral de intercambio para convertirse en escenario de protección industrial, disputa tecnológica y redefinición del poder mundial. [imf.org], [imf.org]

El multilateralismo no ha desaparecido, pero ha perdido autoridad. La Organización de las Naciones Unidas enfrenta límites visibles para contener guerras, crisis humanitarias y violaciones al derecho internacional; la Organización Mundial del Comercio ya no opera como árbitro incuestionable de la economía global; y los organismos financieros internacionales actúan bajo presiones crecientes de deuda, tensión fiscal, desigualdad y financiamiento climático. Las reglas internacionales siguen proclamándose, pero su cumplimiento se vuelve desigual cuando chocan con los intereses de actores con suficiente poder para imponer excepciones. Esta contradicción desnuda una crisis no solo institucional, sino civilizatoria: la relación entre democracia, soberanía, mercado y seguridad está siendo redefinida.

En ese sentido, la advertencia del secretario general de la ONU, António Guterres, resulta especialmente pertinente: “No podemos crear un futuro adecuado para nuestros nietos con un sistema construido por nuestros abuelos”. La frase, pronunciada en el contexto del debate global sobre el Pacto para el Futuro, condensa la urgencia de reformar un sistema internacional diseñado para otro tiempo, otra correlación de fuerzas y otros desafíos. [un.org], [unric.org]

En este nuevo contexto, la eficiencia ya no basta. Las cadenas globales de suministro, que durante años fueron presentadas como símbolo de integración y productividad, hoy son vistas también como fuentes de vulnerabilidad. Los países buscan resiliencia, autonomía estratégica y control sobre sectores críticos: alimentos, energía, medicamentos, tecnología, puertos, combustibles, semiconductores y manufactura avanzada. La economía mundial se reorganiza menos alrededor del costo mínimo y más alrededor de la seguridad nacional. Por eso, el Munich Security Report 2024, elaborado por la Conferencia de Seguridad de Múnich, advierte que el mundo debe evitar caer en escenarios cada vez más frecuentes de “perder-perder” derivados de la fragmentación del orden global. La cooperación sigue siendo indispensable, pero los Estados actúan con más cautela, más cálculo defensivo y mayor preocupación por las ganancias relativas que por los beneficios compartidos. [presidencia.gob.do], [hoy.com.do]

Para América Latina y el Caribe, el desafío es decisivo: actuar como espectadores periféricos de la reorganización global o convertirse en actores con visión estratégica. La región posee recursos naturales, biodiversidad, ubicación geográfica privilegiada, talento humano, potencial energético y un mercado relevante. Sin embargo, continúa limitada por ciclos de improvisación, baja productividad, polarización política, debilidad institucional y dependencia externa. Si actúa dividida, será tratada como zona de influencia; si negocia con inteligencia, puede posicionarse como plataforma de transición energética, seguridad alimentaria, nearshoring, servicios digitales, manufactura avanzada y diplomacia climática.

La República Dominicana debe asumir esta realidad con especial lucidez. Como economía abierta, turística, logística y comercial, cada tensión global impacta sus puertos, aduanas, zonas francas, energía, exportaciones, importaciones, migración y seguridad. La política exterior dominicana debe dejar de ser un ejercicio protocolar para convertirse en instrumento de desarrollo, defensa nacional y posicionamiento estratégico. En el siglo XXI, cada embajada debe operar como una antena de inteligencia económica; cada puerto y aeropuerto como infraestructura crítica; cada zona franca como plataforma de valor agregado; y cada política educativa como inversión en soberanía productiva.

En esa perspectiva, Meta RD 2036 representa una apuesta valiosa porque introduce ambición, planificación y sentido de dirección. Pero solo será verdaderamente transformadora si no se limita a duplicar el Producto Interno Bruto, sino que contribuye a duplicar capacidades nacionales: productividad, educación, tecnología, energía, logística, diplomacia económica, agroindustria avanzada e innovación. El propio presidente Luis Abinader lo expresó con claridad durante su rendición de cuentas del 27 de febrero de 2026: “Hoy no basta con crecer, hoy el reto es cómo crecemos y para quién crecemos”. Esa frase coloca el debate del desarrollo dominicano en su verdadera dimensión: no se trata únicamente de expandir cifras macroeconómicas, sino de construir una economía más productiva, inclusiva, competitiva y socialmente sostenible. [securityco...erence.org]

El desafío, por tanto, no consiste solo en crecer más, sino en crecer mejor. Meta RD 2036 debe traducirse en empleos formales de calidad, mejores salarios, reducción sostenida de la pobreza, fortalecimiento de la clase media, servicios públicos más eficientes y mayor capacidad del Estado para acompañar la transformación productiva. En palabras del presidente Abinader, “Meta RD 2036 no es un plan para el futuro lejano. Es una estrategia que ya está en ejecución”. Esa afirmación tiene importancia política y estratégica porque compromete al país con una agenda que no puede depender de coyunturas, improvisaciones ni ciclos electorales, sino de una visión nacional de largo plazo. [securityco...erence.org], [securesustain.org]

La República Dominicana necesita fortalecer sus sectores tradicionales, pero elevándolos de nivel: turismo más sofisticado, logística más digital, manufactura más tecnológica, agricultura más exportadora, energía más limpia y diplomacia más agresiva en lo económico. Los incentivos fiscales deben atraer inversión, pero también transferencia tecnológica, empleos calificados, encadenamientos locales e innovación. Las universidades deben dejar de ser simples proveedoras de títulos para convertirse en centros de productividad, investigación aplicada y formación de talento global.

La soberanía moderna ya no se mide únicamente por símbolos patrios, discursos solemnes o fronteras formales. Se mide por resiliencia institucional, capacidad productiva, autonomía tecnológica, seguridad energética, formación de talento y poder de negociación internacional. La geopolítica del siglo XXI no esperará a los países rezagados. Avanzará con o sin ellos. Y en esa marcha, cada nación deberá escoger entre reaccionar tarde ante los acontecimientos o construir, con visión de Estado, el lugar que quiere ocupar en la nueva historia mundial.

Luis Orlando Díaz Vólquez,
Ing. de sistemas de computadoras,
editor bibliográfico y
productor de medios de comunicación

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🌍♟️ 2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro
✍️ Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El mundo entra en una etapa decisiva. Las viejas certezas de la globalización, el libre comercio y el multilateralismo muestran señales de agotamiento, mientras la geopolítica del siglo XXI revela un escenario más duro, competitivo y fragmentado.

Hoy el comercio es también disputa industrial; la tecnología, instrumento de poder; la energía, asunto de seguridad nacional; y los datos, chips, inteligencia artificial, puertos, cables submarinos y cadenas de suministro, piezas centrales del nuevo tablero global. 🌐⚙️💻

En este contexto, América Latina y el Caribe deben decidir si actuarán como espectadores periféricos o como actores estratégicos capaces de negociar con inteligencia, aprovechar sus recursos, fortalecer su productividad y posicionarse en transición energética, seguridad alimentaria, nearshoring, servicios digitales y manufactura avanzada. 🌎🤝

Para la República Dominicana, el desafío es claro: leer la geopolítica como parte esencial del desarrollo nacional. Cada tensión internacional impacta puertos, aduanas, zonas francas, energía, exportaciones, importaciones, migración y seguridad. Por eso, la política exterior dominicana debe dejar de ser protocolo y convertirse en herramienta de desarrollo, defensa y posicionamiento estratégico. 🇩🇴🚢📦

Meta RD 2036 representa una oportunidad para elevar la mirada nacional. Como afirmó el presidente Luis Abinader: “Hoy no basta con crecer, hoy el reto es cómo crecemos y para quién crecemos”. Y también: “Meta RD 2036 no es un plan para el futuro lejano. Es una estrategia que ya está en ejecución”. 📈🏛️

La soberanía moderna ya no se mide solo por símbolos patrios o fronteras formales. Se mide por resiliencia institucional, capacidad productiva, autonomía tecnológica, seguridad energética, talento humano y poder de negociación internacional.

La geopolítica del siglo XXI no esperará a los países rezagados. Avanzará con o sin ellos. La República Dominicana debe escoger entre reaccionar tarde o construir, con visión de Estado, el lugar que quiere ocupar en la nueva historia mundial. 🇩🇴🌍♟️

#GuasábaraEditor #LuisOrlandoDíazVólquez #Geopolítica #MetaRD2036 #RepúblicaDominicana #DiplomaciaEconómica #DesarrolloNacional #SoberaníaProductiva #OrdenMundial #Globalización #Multilateralismo #AméricaLatina #Caribe #Nearshoring #InteligenciaArtificial #Innovación #Competitividad #PolíticaExterior #RD2036 #VisiónDeEstado

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Versión paper de opinión |

2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro

Meta RD 2036 ante la nueva geopolítica: de duplicar el PIB a construir poder nacional productivo, tecnológico y diplomático

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor | guecin.com

Resumen | El año 2026 representa una frontera estratégica para la República Dominicana, América Latina y el sistema internacional. La crisis del multilateralismo, la fragmentación geoeconómica, la competencia tecnológica, el retorno de la política industrial, la disputa por cadenas de suministro, la transición energética y la emergencia de la inteligencia artificial como tecnología de propósito general están redefiniendo las condiciones del desarrollo nacional. En ese contexto, Meta RD 2036 constituye una iniciativa relevante porque introduce ambición, planificación, articulación público-privada y metas cuantificables orientadas a duplicar el producto interno bruto real, crear empleos, elevar ingresos y erradicar la pobreza extrema. Sin embargo, este artículo sostiene que, frente al nuevo desorden mundial, duplicar el PIB no será suficiente si la República Dominicana no duplica también sus capacidades productivas, tecnológicas, educativas, logísticas, energéticas, institucionales y diplomáticas. El objetivo de desarrollo debe pasar de una lógica de crecimiento agregado a una estrategia de soberanía inteligente, productividad avanzada e inserción internacional selectiva. El documento propone interpretar Meta RD 2036 como una plataforma que debe evolucionar hacia una agenda de capacidades nacionales, capaz de convertir a la República Dominicana en una economía más sofisticada, resiliente y estratégicamente relevante en el Caribe ampliado.

Palabras clave: Meta RD 2036, República Dominicana, geopolítica, fragmentación geoeconómica, multilateralismo, productividad, diplomacia económica, inteligencia artificial, zonas francas, desarrollo nacional.


Introducción | El año 2026 se perfila como una frontera histórica en la que el orden internacional muestra con mayor crudeza sus fracturas acumuladas. Las instituciones que durante décadas sostuvieron la gobernanza global evidencian desgaste; los consensos se debilitan; y las naciones comienzan a comprender que la estabilidad del sistema no era una condición permanente, sino una arquitectura sostenida por intereses, equilibrios y voluntades políticas. La globalización, el libre comercio, las alianzas tradicionales y el multilateralismo no han desaparecido, pero han dejado de operar como garantías automáticas de estabilidad, prosperidad y resolución pacífica de conflictos. El Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial identifica la confrontación geoeconómica como el principal riesgo global inmediato y describe un escenario en el que los mecanismos cooperativos se debilitan, los gobiernos se repliegan hacia marcos nacionales y la confianza internacional pierde valor como moneda de coordinación colectiva (World Economic Forum, 2026). [weforum.org], [ebs.publicnow.com]

La nueva geopolítica está marcada por la desconfianza estratégica, la competencia tecnológica y el retorno de la fuerza —económica, industrial, militar, diplomática y comercial— como lenguaje dominante. El comercio ya no se interpreta únicamente como intercambio; se ha convertido también en campo de disputa industrial. La tecnología funciona como instrumento de supremacía. La energía vuelve a ser un recurso de seguridad nacional. Las rutas marítimas son corredores de poder. Los datos, chips, cables submarinos, sistemas de pago, inteligencia artificial y estándares digitales ocupan el centro real de la competencia global. El Fondo Monetario Internacional ha advertido que, tras varias décadas de creciente integración económica global, el mundo enfrenta el riesgo de una fragmentación geoeconómica impulsada por políticas públicas, con costos potenciales en comercio, capitales, tecnología, migración y provisión de bienes públicos globales (Aiyar et al., 2023). [imf.org], [imf.org]

En consecuencia, la economía mundial ha dejado de organizarse exclusivamente alrededor de la eficiencia y el costo mínimo. Ahora se reordena alrededor de la resiliencia, la seguridad económica, la autonomía tecnológica y la capacidad de adaptación ante choques externos. UNCTAD sostiene que el comercio global entra en 2026 bajo presión por el menor crecimiento, la fragmentación geopolítica, las transiciones digital y verde, y regulaciones nacionales más estrictas que están redibujando flujos comerciales, inversiones y cadenas globales de valor (UN Trade and Development, 2026). Esta transformación obliga a los países pequeños y medianos a repensar su estrategia de desarrollo. La apertura económica sigue siendo necesaria, pero ya no basta por sí sola. En el siglo XXI, la apertura sin estrategia puede convertirse en vulnerabilidad. [unctad.org], [unctad.org]

El desgaste del multilateralismo y la crisis de legitimidad del orden global

El multilateralismo no ha desaparecido, pero ha perdido autoridad. La Organización de las Naciones Unidas enfrenta límites visibles para contener guerras, crisis humanitarias y violaciones al derecho internacional. La Organización Mundial del Comercio ya no opera como árbitro incuestionable del comercio global. Los organismos financieros internacionales deben actuar en un entorno cruzado por deuda, tensión fiscal, desigualdad, cambio climático y nuevas demandas de financiamiento para el desarrollo. Las reglas internacionales siguen proclamándose, pero su cumplimiento se vuelve desigual cuando chocan con los intereses de actores con suficiente poder para imponer excepciones. Esa contradicción revela una crisis no solo institucional, sino civilizatoria: la relación entre democracia, soberanía, mercado y seguridad está siendo redefinida.

La advertencia del secretario general de la ONU, António Guterres, resulta especialmente pertinente: “No podemos crear un futuro adecuado para nuestros nietos con un sistema construido por nuestros abuelos”. La frase, utilizada en el contexto del Pacto para el Futuro de Naciones Unidas, condensa la urgencia de reformar un sistema internacional diseñado para otra correlación de fuerzas, otra economía política y otro tipo de amenazas (United Nations, 2024). El desafío no consiste en abandonar el multilateralismo, sino en actualizarlo. Pero esa actualización ocurre en un contexto adverso: las grandes potencias cooperan menos, compiten más y utilizan instrumentos económicos, tecnológicos y regulatorios como herramientas de presión estratégica. [un.org], [unric.org]

El Munich Security Report 2024 también advierte sobre las dinámicas de “perder-perder” derivadas de la fragmentación del orden global. Su argumento central es que, cuando los Estados priorizan excesivamente las ganancias relativas frente a los beneficios absolutos de la cooperación, aumenta el riesgo de una espiral en la que todos pierden: se deteriora el comercio, se encarece la seguridad, se debilitan las instituciones y se reduce la capacidad colectiva para responder a problemas globales (Munich Security Conference, 2024). Esa advertencia resulta clave para América Latina y el Caribe, una región que no posee poder militar comparable al de las grandes potencias, pero sí recursos estratégicos, ubicación geográfica, biodiversidad, capacidad alimentaria, potencial energético y oportunidades logísticas. [presidencia.gob.do], [hoy.com.do]

La geoeconomía como nuevo lenguaje del poder

La principal transformación del presente no es solamente geopolítica; es geoeconómica. La geoeconomía puede entenderse como el uso de instrumentos económicos con objetivos estratégicos de poder. Aranceles, subsidios, restricciones tecnológicas, controles a la inversión, sanciones, normas digitales, financiamiento climático, estándares ambientales, acuerdos de suministro, minerales críticos y cadenas productivas funcionan ahora como herramientas de influencia internacional. En este escenario, el comercio no desaparece, pero cambia de sentido: deja de ser visto como un espacio neutral de eficiencia y pasa a ser interpretado como un terreno de vulnerabilidad o ventaja estratégica.

UNCTAD ha señalado que las cadenas de valor globales continúan reconfigurándose por razones geopolíticas, regulatorias, digitales y ambientales. Las empresas diversifican proveedores, buscan producción cercana o confiable, incorporan criterios de resiliencia y evalúan riesgos políticos que antes eran secundarios (UN Trade and Development, 2026). Esto abre oportunidades para países como la República Dominicana, especialmente en nearshoring, zonas francas, logística, manufactura avanzada, servicios digitales y exportaciones agroindustriales. Pero esas oportunidades no se materializan por simple ubicación geográfica. Requieren infraestructura, energía competitiva, talento humano, estabilidad regulatoria, instituciones eficientes, seguridad jurídica y una diplomacia económica activa. [unctad.org], [tralac.org]

La inteligencia artificial añade una capa adicional de complejidad. El Banco Mundial advierte que la IA puede ayudar a los países en desarrollo a superar fallas de mercado, mejorar servicios de educación y salud, aumentar la productividad de pequeñas empresas y optimizar procesos productivos; sin embargo, también puede ampliar brechas entre países de altos y bajos ingresos debido a la concentración de cómputo, datos, habilidades y grandes plataformas tecnológicas (World Bank, 2026). Para la República Dominicana, la IA no puede ser una moda discursiva. Debe convertirse en política pública transversal: educación, productividad, aduanas, puertos, salud, seguridad, agricultura, turismo, fiscalidad, justicia y servicios públicos. La soberanía moderna también dependerá de la capacidad de usar datos y algoritmos con sentido nacional. [worldbank.org], [thedocs.wo...ldbank.org]

América Latina y el Caribe ante la reorganización global

Para América Latina y el Caribe, la nueva etapa plantea una pregunta decisiva: ¿será la región un espacio periférico de disputa entre potencias o actuará como actor estratégico con voz propia? La región posee activos relevantes: minerales críticos, agua, biodiversidad, producción alimentaria, energías renovables, cercanía con Estados Unidos, capacidad turística, mercados urbanos y talento joven. Sin embargo, continúa afectada por baja productividad, informalidad, fragmentación política, desigualdad, limitada inversión en ciencia y tecnología, y baja sofisticación exportadora.

El riesgo es que América Latina vuelva a ser tratada como zona de influencia, proveedora de materias primas o plataforma de competencia externa sin agenda propia. La oportunidad, en cambio, consiste en construir una inserción internacional inteligente: transición energética con valor agregado, seguridad alimentaria, industria farmacéutica, economía digital, logística regional, turismo sostenible, servicios modernos y manufactura avanzada. Para ello, los países deben pasar de la diplomacia declarativa a la diplomacia económica basada en información, negociación, inteligencia comercial y alianzas tecnológicas.

En el Caribe, este desafío es todavía más sensible. Las economías insulares y semiinsulares enfrentan vulnerabilidad climática, dependencia energética, mercados internos pequeños y exposición a choques externos. Pero también poseen ventajas logísticas, marítimas, turísticas, culturales y geográficas. La República Dominicana, por su tamaño relativo, estabilidad, conectividad, infraestructura portuaria, zonas francas y relación con Estados Unidos, tiene condiciones para jugar un papel más relevante. No obstante, esa relevancia no será automática. Debe construirse con visión de Estado.

República Dominicana: fortalezas, vulnerabilidades y ventana estratégica

La República Dominicana llega a esta coyuntura con fortalezas reales. El Banco Mundial reconoce que el país ha registrado un crecimiento económico superior al promedio latinoamericano durante las últimas dos décadas, pero señala que, para convertirse en una nación de ingresos altos, debe mejorar la productividad, generar más empleos de calidad, fortalecer capital humano, promover competencia, incentivar innovación, mejorar eficiencia fiscal y aumentar resiliencia ante choques externos y eventos climáticos (World Bank, 2026). Esta lectura es fundamental: el país ha crecido, pero el desafío del futuro es la calidad estructural de ese crecimiento. [bancomundial.org]

El sector externo muestra señales positivas. ProDominicana informó que las exportaciones dominicanas alcanzaron en 2025 un récord de USD 14,645.2 millones, con un crecimiento interanual de 13.4 %, en un contexto internacional de tensiones geopolíticas y restricciones comerciales (Presidencia de la República Dominicana, 2026a). Asimismo, fuentes oficiales y sectoriales destacan que la República Dominicana mantiene un desempeño relevante en inversión extranjera directa, zonas francas y posicionamiento logístico regional, aunque persisten desafíos asociados al costo eléctrico, brechas de talento, burocracia, permisos y costos operativos (El Día, 2026; ProDominicana, 2026). [presidencia.gob.do] [eldia.com.do], [prodominicana.gob.do]

Las zonas francas constituyen uno de los principales pilares de la economía dominicana. El Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación reporta para 2025 unos 200,231 empleos, USD 8,604.6 millones en exportaciones y 858 empresas operando (CNZFE, 2026). Sin embargo, el desafío no consiste únicamente en preservar el régimen. Consiste en elevar su complejidad productiva. Las zonas francas deben pasar de ser plataformas de empleo y exportación a convertirse en ecosistemas de aprendizaje tecnológico, innovación, proveedores locales, formación técnica avanzada y transferencia de conocimiento. Cada empresa instalada debe evaluarse no solo por lo que exporta, sino por las capacidades que deja en el país. [cnzfe.gob.do]

Meta RD 2036: valor estratégico y riesgo de insuficiencia

Meta RD 2036 representa una apuesta valiosa porque introduce ambición, planificación y sentido de dirección. Según el Consejo Nacional de Competitividad, el plan busca duplicar el PIB real hacia 2036, eliminar la pobreza extrema, crear 1.7 millones de empleos, triplicar el salario medio y alcanzar grado de inversión para posicionar a la República Dominicana entre las economías más prósperas y competitivas de América Latina (Consejo Nacional de Competitividad, 2025). Esta ambición es positiva. Un país necesita metas. Sin metas, la política pública se convierte en administración rutinaria del presente. [cnc.gob.do], [cnc.gob.do]

El presidente Luis Abinader ha definido esta agenda en términos que trascienden el mero crecimiento estadístico. Durante su rendición de cuentas del 27 de febrero de 2026 afirmó: “Hoy no basta con crecer, hoy el reto es cómo crecemos y para quién crecemos”. También sostuvo que “Meta RD 2036 no es un plan para el futuro lejano. Es una estrategia que ya está en ejecución” (Presidencia de la República Dominicana, 2026b). Ambas frases son políticamente significativas porque colocan el desarrollo en una dimensión cualitativa: no basta aumentar el tamaño de la economía; hay que transformar su composición, su productividad, su inclusión social y su capacidad competitiva. [securityco...erence.org]

Sin embargo, Meta RD 2036 puede resultar insuficiente si se limita a duplicar el PIB sin duplicar capacidades nacionales. El PIB puede crecer con baja productividad. Puede crecer concentrado territorialmente. Puede crecer con empleos de baja complejidad. Puede crecer con déficit tecnológico. Puede crecer con dependencia energética. Puede crecer sin innovación local. Puede crecer, incluso, sin aumentar suficientemente el poder negociador del Estado. Por eso, la pregunta no es si Meta RD 2036 es necesaria; lo es. La pregunta es si está suficientemente calibrada para un mundo fragmentado, competitivo y tecnológicamente acelerado.

El siglo XXI exige una noción ampliada de desarrollo. Ya no se trata solamente de crecer, sino de construir capacidades productivas, científicas, educativas, institucionales, logísticas, energéticas y diplomáticas. En un mundo de fragmentación geoeconómica, los países no prosperarán solo porque produzcan más, sino porque sepan proteger, sofisticar, diversificar y proyectar mejor lo que producen. Meta RD 2036 debe convertirse, por tanto, en una estrategia de poder nacional productivo.

Hacia una Meta RD 2036 Plus: productividad, tecnología y soberanía estratégica

La República Dominicana necesita evolucionar hacia una versión ampliada de Meta RD 2036: una Meta RD 2036 Plus basada en productividad, tecnología y soberanía estratégica. Esta propuesta no sustituye la meta original; la eleva. El objetivo no sería únicamente duplicar el PIB, sino duplicar la capacidad nacional de competir, innovar, negociar y resistir choques externos.

La primera misión debe ser productividad total. El crecimiento dominicano no puede depender indefinidamente de más consumo, más construcción, más visitantes o más endeudamiento. Debe apoyarse en educación, competencia, tecnología, infraestructura, innovación, gestión empresarial, digitalización y eficiencia pública. La productividad debe convertirse en obsesión nacional.

La segunda misión debe ser industrialización selectiva. La República Dominicana no necesita producirlo todo, pero sí debe escoger áreas donde pueda construir ventajas: dispositivos médicos, farmacéutica, agroindustria avanzada, servicios digitales, manufactura ligera avanzada, logística regional, energías renovables, turismo médico, economía naranja, ciberseguridad y centros de datos. Esa selección debe basarse en evidencia, demanda internacional, capacidades existentes y posibilidad de encadenamientos locales.

La tercera misión debe ser educación superior productiva. Las universidades no pueden limitarse a otorgar títulos. Deben convertirse en centros de investigación aplicada, innovación empresarial, formación STEM, inteligencia artificial, ciencias de datos, logística, idiomas, ingeniería, biotecnología, economía digital y gestión pública. En el nuevo orden mundial, la educación superior es infraestructura de poder.

La cuarta misión debe ser diplomacia económica. Cada embajada dominicana debe operar como antena de inteligencia comercial, tecnológica y financiera. Asia, Medio Oriente, África y Europa deben ser abordados con estrategias diferenciadas. La relación con Estados Unidos seguirá siendo central, pero no debe ser excluyente. Diversificar mercados, inversiones, cooperación tecnológica y alianzas educativas es una forma de seguridad nacional.

La quinta misión debe ser infraestructura crítica. Puertos, aeropuertos, aduanas, cables submarinos, centros de datos, redes eléctricas, sistemas de pago, parques logísticos y plataformas digitales no son simples activos económicos. Son estructuras de soberanía material. Su protección, modernización y gobernanza deben convertirse en prioridad nacional.

La sexta misión debe ser energía competitiva y resiliente. Un país importador neto de combustibles no puede hablar de soberanía productiva sin abordar su vulnerabilidad energética. La transición hacia renovables, almacenamiento, redes modernas, eficiencia energética y diversificación de fuentes no es solo una agenda ambiental; es una agenda macroeconómica, industrial y geopolítica.

La séptima misión debe ser inteligencia pública. El Estado dominicano debe usar datos para anticipar riesgos, medir impacto, evaluar incentivos, focalizar políticas, reducir corrupción, mejorar servicios y tomar decisiones basadas en evidencia. La OCDE advierte que los incentivos tributarios pueden atraer inversión, pero no siempre son efectivos y pueden generar altos costos y distorsiones si no se diseñan, monitorean y evalúan adecuadamente (OECD, 2026). Esta advertencia es especialmente relevante para un país que utiliza incentivos como parte de su estrategia de atracción de inversión. [oecd.org], [oecd.org]

Riesgos de una estrategia de crecimiento sin transformación

Si Meta RD 2036 mantiene una visión demasiado concentrada en duplicar el PIB, podría enfrentar varios riesgos. El primero es el crecimiento sin sofisticación. El país podría producir más, exportar más o atraer más inversión, pero sin elevar suficientemente el contenido tecnológico de su estructura productiva. El segundo es el empleo sin movilidad social real. Crear empleos es indispensable, pero si una parte significativa corresponde a ocupaciones de baja productividad, el salto salarial será limitado.

El tercer riesgo es la inversión sin transferencia tecnológica. La inversión extranjera directa puede convertirse en motor de desarrollo si transfiere conocimiento, crea proveedores locales, eleva salarios, introduce tecnología y conecta al país con cadenas globales de mayor valor. Pero si opera como enclave, su impacto transformador será reducido. El cuarto riesgo es la apertura sin seguridad económica. Una economía abierta necesita protocolos de resiliencia energética, ciberseguridad, seguridad portuaria, protección de datos, defensa comercial y análisis de riesgos geopolíticos.

El quinto riesgo es la planificación sin narrativa nacional. Meta RD 2036 no debe ser solo un documento técnico. Debe convertirse en una causa colectiva, una narrativa de transformación nacional capaz de movilizar al Estado, al sector privado, a las universidades, a la diáspora, a los trabajadores, a las provincias y a la juventud. Los países no se transforman únicamente con indicadores; se transforman cuando una sociedad asume una dirección compartida.

RD 2044: una visión de Estado para el bicentenario

Una estrategia más ambiciosa podría proyectar Meta RD 2036 hacia RD 2044, año del bicentenario de la independencia nacional. Esa fecha posee valor simbólico y estratégico. Permitiría conectar desarrollo económico, soberanía, identidad, tecnología, diplomacia, defensa, educación y cohesión social en una visión de Estado. La ambición debería ser clara: convertir a la República Dominicana en la economía más productiva, innovadora, logística, digital, sostenible e influyente del Caribe ampliado.

RD 2044 no debería medirse solo por el tamaño del PIB, sino por la calidad de las capacidades nacionales. ¿Cuánto invierte el país en investigación y desarrollo? ¿Cuántos ingenieros, científicos de datos, técnicos especializados y docentes de alto nivel forma cada año? ¿Cuánta tecnología incorporan las zonas francas? ¿Cuántas empresas dominicanas exportan servicios digitales? ¿Cuántos proveedores locales participan en cadenas globales? ¿Cuánta energía limpia y resiliente produce el país? ¿Cuántas embajadas generan oportunidades comerciales medibles? ¿Cuántos territorios fuera de Santo Domingo, Santiago y Punta Cana se convierten en polos productivos?

La visión RD 2044 debe asumir que la soberanía moderna ya no se mide únicamente por símbolos patrios, discursos solemnes o fronteras formales. Se mide por resiliencia institucional, capacidad productiva, autonomía tecnológica, seguridad energética, formación de talento y poder de negociación internacional. En un mundo fragmentado, la soberanía real pertenece a los países capaces de decidir con margen propio.

Conclusión | El año 2026 marca el momento en que el desorden mundial muestra su verdadero rostro. La globalización ya no garantiza prosperidad automática. El multilateralismo ya no asegura reglas equitativas por sí solo. El comercio ya no es solo comercio: es seguridad, tecnología, energía, logística y poder. La diplomacia ya no puede limitarse a ceremonias: debe abrir mercados, atraer inversión inteligente, proteger exportadores, anticipar riesgos y construir coaliciones.

Meta RD 2036 es una señal positiva porque introduce ambición, planificación y articulación público-privada. Pero debe ser recalibrada para el nuevo contexto internacional. Su objetivo no puede ser únicamente duplicar el PIB. Debe duplicar capacidades nacionales. Debe colocar en el centro la productividad, la educación superior, la innovación, la diplomacia económica, la seguridad energética, la infraestructura crítica, la inteligencia artificial, la industrialización selectiva y la cohesión territorial.

La República Dominicana no está condenada a la irrelevancia. Posee ubicación, estabilidad, talento, diáspora, marca turística, puertos, zonas francas, conectividad y vocación comercial. Pero esos activos deben convertirse en estrategia. En el siglo XXI, los países pequeños no fracasan por falta de tamaño; fracasan por falta de visión, coordinación y disciplina estratégica.

Si Meta RD 2036 se queda en crecimiento, será una iniciativa valiosa pero incompleta. Si evoluciona hacia Meta RD 2036 Plus y se proyecta hacia RD 2044, puede convertirse en la base de una transformación histórica: una República Dominicana de alta productividad, soberanía inteligente, economía diversificada, diplomacia activa y presencia estratégica en el Caribe ampliado.

La geopolítica del siglo XXI no preguntará si el país está preparado. Simplemente avanzará. Y en esa marcha, la República Dominicana deberá decidir si quiere ser una economía que reacciona ante el mundo o una nación que construye, con visión de Estado, el lugar que merece ocupar en la historia que ya empezó.

Referencias

Aiyar, S., Chen, J., Ebeke, C. H., García-Saltos, R., Gudmundsson, T., Ilyina, A., Kangur, A., Kunaratskul, T., Rodríguez, S. L., Ruta, M., Schulze, T., Soderberg, G., & Trevino, J. P. (2023). Geoeconomic fragmentation and the future of multilateralism. International Monetary Fund. https://www.imf.org/en/publications/staff-discussion-notes/issues/2023/01/11/geo-economic-fragmentation-and-the-future-of-multilateralism-527266

Consejo Nacional de Competitividad. (2025). Plan Meta RD 2036. https://cnc.gob.do/wp-content/uploads/2025/10/Informe_Meta_RD_2036_septiembre_2025.pdf

Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación. (2026). Datos del sector zonas francas 2025. https://cnzfe.gob.do/

Munich Security Conference. (2024). Munich Security Report 2024: Lose-Lose? https://securityconference.org/en/publications/munich-security-report-2024/

OECD. (2026). A practical guide to investment tax incentives. OECD Publishing. https://www.oecd.org/en/publications/a-practical-guide-to-investment-tax-incentives_427c66a9-en.html

Presidencia de la República Dominicana. (2026a, 14 de enero). Exportaciones dominicanas rompen récord en 2025 y superan los USD 14,600 millones. https://presidencia.gob.do/noticias/exportaciones-dominicanas-rompen-record-en-2025-y-superan-los-usd-14600-millones

Presidencia de la República Dominicana. (2026b, 27 de febrero). Presidente Luis Abinader reafirma compromiso con la transparencia y presenta Meta RD 2036. https://presidencia.gob.do/noticias/presidente-luis-abinader-reafirma-compromiso-con-la-transparencia-y-presenta-meta-rd-2036

ProDominicana. (2026). República Dominicana: una tierra llena de oportunidades. https://prodominicana.gob.do/

UN Trade and Development. (2026). Global Trade Update: Top trends redefining global trade in 2026. https://unctad.org/publication/global-trade-update-january-2026-top-trends-redefining-global-trade-2026

United Nations. (2024). Pact for the Future. https://www.un.org/pact-for-the-future/en

World Bank. (2026). República Dominicana: panorama general. https://www.bancomundial.org/ext/es/country/dominicanrepublic

World Bank. (2026). World Development Report 2026: Decoding AI. https://www.worldbank.org/en/publication/wdr2026

World Economic Forum. (2026). The Global Risks Report 2026. https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/digest/

Paper de opinión con enfoque de think tank

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor | guecin.com

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martes, 30 de junio de 2026

Aduanas y competitividad: cuando el Estado deja de ser ventanilla y se convierte en estrategia

Aduanas y competitividad: cuando el Estado deja de ser ventanilla y se convierte en estrategia

La gestión de Nelson Arroyo al frente de la Dirección General de Aduanas coloca una idea central en el debate económico dominicano: exportar más no depende solo de producir mejor, sino de tener un Estado capaz de reducir tiempos, costos, incertidumbre y fricciones en la frontera. En esa transformación, la Aduana deja de ser un punto de control para convertirse en una plataforma de confianza, facilitación y competitividad nacional.

La competitividad de una nación no se decreta: se construye en los detalles. Se construye en cada trámite que se simplifica, en cada inspección que deja de ser una demora innecesaria, en cada proceso que se digitaliza, en cada exportador que encuentra en el Estado no un obstáculo, sino un aliado confiable. Por eso, cuando Nelson Arroyo afirma que no hay una República Dominicana competitiva sin exportadores fuertes, y que no hay exportadores fuertes sin un Estado que facilite, acompañe y genere confianza, no está pronunciando una frase ceremonial; está definiendo una doctrina moderna de gestión pública aplicada al comercio exterior.

La Dirección General de Aduanas atraviesa una etapa decisiva. Tradicionalmente percibida como una institución asociada al control, la fiscalización y la recaudación, hoy se proyecta como un actor estratégico del desarrollo productivo. Ese cambio no es menor. En un país insular, abierto, dependiente de su capacidad de conectarse con los mercados internacionales y obligado a competir con velocidad, calidad y credibilidad, la Aduana es mucho más que una frontera administrativa: es una bisagra entre la economía nacional y el mundo.

Los datos presentados en el almuerzo de ADOEXPO ofrecen una lectura elocuente: las exportaciones dominicanas alcanzaron los US$14,000 millones en 2025; desde 2021 se han exportado más de US$36,000 millones; se han incorporado más de 500 nuevos exportadores y se han movilizado 366,000 contenedores, según la información difundida por la DGA en el mes de mayo de 2026. Pero detrás de esas cifras hay algo más profundo que una estadística comercial: hay una economía que comienza a comprender que su futuro no puede depender únicamente del consumo interno, de las remesas o de sectores tradicionales, sino de su capacidad de producir, certificar, exportar y competir con estándares globales. 

La Aduana moderna no se mide únicamente por cuánto recauda, sino por cuánto facilita sin renunciar al control. Esa es la ecuación compleja del siglo XXI: proteger la legalidad sin paralizar el comercio; combatir el ilícito sin castigar al operador legítimo; recaudar con eficiencia sin convertir la formalidad en una carrera de obstáculos. En esa dirección, la digitalización de más de 90 servicios, incluidos ocho directamente vinculados a procesos de exportación, constituye una señal institucional relevante. Cuando Arroyo sostiene que digitalizar Aduanas no es un discurso tecnológico, sino una decisión económica, acierta en el núcleo del problema: cada minuto perdido en un proceso aduanero tiene un costo; cada duplicidad documental resta productividad; cada incertidumbre logística debilita la confianza del exportador.

La competitividad exportadora dominicana necesita exactamente eso: menos incertidumbre y más predictibilidad. El exportador no compite únicamente con precio y calidad; compite con tiempos de entrega, trazabilidad, reputación, cumplimiento normativo y capacidad de respuesta. En mercados sofisticados, una demora puede significar la pérdida de un cliente; un rechazo sanitario o técnico puede cerrar una puerta comercial; una inspección tardía puede encarecer toda una operación. Por eso, la gestión de riesgo inteligente y el uso de tecnología no son lujos administrativos, sino infraestructuras invisibles de la competitividad.

El dato de que el 96 % de las inspecciones se realicen de manera no intrusiva expresa una transición relevante hacia un modelo más eficiente de control aduanero. El Estado no puede controlar mejor simplemente inspeccionando más de forma física; debe controlar mejor usando inteligencia, datos, perfiles de riesgo, cooperación internacional y tecnologías que permitan distinguir al operador confiable del actor irregular. Ahí se juega una parte esencial de la nueva gobernanza aduanera: menos discrecionalidad, más evidencia; menos burocracia, más inteligencia institucional.

La agenda reciente de la DGA confirma que esta transformación no se limita al sector exportador tradicional. El taller sobre Zonas Francas de Servicios 360 expresa una preocupación estratégica por un subsector que combina empleo, conocimiento, tecnología y servicios de alto valor agregado. Las zonas francas de servicios representan una fase más sofisticada de la economía dominicana: no solo ensamblar, no solo manufacturar, sino prestar servicios globales, procesar información, operar plataformas, crear empleos urbanos de mayor especialización y vincular el talento nacional con cadenas internacionales. Si este subsector cuenta con 213 empresas y más de 36,000 empleos directos, su relación con Aduanas debe ser necesariamente moderna, ágil y técnicamente clara.

Lo mismo ocurre con el sector courier y el correo expreso. En la economía digital, el comercio electrónico ya no es una actividad marginal: es una arteria cotidiana del comercio global. La coordinación con empresas courier no debe verse como una concesión operacional, sino como una respuesta institucional a una economía donde la frontera física se cruza millones de veces a través de plataformas digitales, envíos urgentes, pequeñas compras, repuestos, insumos, documentos y mercancías de rápida rotación. Donde antes el comercio era contenedor y puerto, hoy también es paquete, aplicación móvil y trazabilidad en tiempo real.

Pero facilitar no basta. Un país que quiere exportar con reputación también necesita blindar su mercado contra el fraude, la falsificación y el comercio ilícito. En ese punto, la DGA asume otra dimensión crítica: la defensa de la propiedad intelectual, la protección del consumidor y la preservación de la competencia leal. La retención de más de siete millones de unidades vinculadas a posibles infracciones de propiedad intelectual en 2026, con un incremento de 160 %, revela que la modernización aduanera no significa flexibilización irresponsable, sino control más preciso y más efectivo. Un mercado formal no puede competir si el contrabando, la falsificación o la subvaluación operan con ventaja indebida.

También es significativo que la República Dominicana, a través del Centro Regional de Capacitación de la Organización Mundial de Aduanas, haya acogido la reunión preoperacional de la Operación LYNX para las Américas y el Caribe. Ese hecho coloca al país en una lógica de cooperación internacional contra el contrabando de tabaco, bebidas alcohólicas y otros productos sujetos a impuestos especiales. El comercio ilícito no es un problema menor ni meramente fiscal: erosiona recaudaciones, financia redes criminales, distorsiona mercados, afecta la salud pública y debilita la autoridad del Estado. Una Aduana moderna debe ser facilitadora para el comercio legítimo y severa frente al comercio ilegal.

La noción de confianza técnica, impulsada mediante espacios vinculados a laboratorios, acreditación, normas y sistema nacional de calidad, es otro componente esencial. La competitividad del futuro dependerá cada vez menos de ventajas simples y cada vez más de capacidades verificables. Exportar cacao, tabaco, dispositivos médicos, farmacéuticos o manufacturas implica cumplir requisitos, demostrar trazabilidad, superar evaluaciones, evitar rechazos y sostener estándares. La calidad no es ornamento institucional; es pasaporte comercial. Y la Aduana, articulada con el Sistema Dominicano para la Calidad, puede convertirse en un factor decisivo para que el país no solo venda más, sino venda mejor.

En el plano humano, programas como las jornadas de pasantías y las acciones de bienestar institucional recuerdan que ninguna modernización es sostenible sin cultura organizacional. La tecnología automatiza procesos, pero son las personas quienes sostienen la ética, la continuidad, el criterio técnico y la vocación de servicio. Incorporar jóvenes universitarios, reconocer a las madres colaboradoras, fortalecer la capacitación y profesionalizar áreas sensibles no son gestos secundarios: son parte de la arquitectura interna de una institución que quiere trascender la administración rutinaria y consolidarse como columna del desarrollo nacional.

La gestión de Nelson Arroyo parece comprender que la Aduana del presente no puede limitarse a cobrar, revisar y autorizar. Debe anticipar riesgos, integrar sectores, escuchar operadores, digitalizar procesos, proteger derechos, facilitar exportaciones, combatir ilícitos y generar confianza país. Esa es la verdadera dimensión estratégica de la DGA: convertirse en una institución que no solo observa el comercio desde la frontera, sino que participa activamente en la construcción de una República Dominicana más productiva, más ordenada y más competitiva.

El desafío, por supuesto, no está agotado. La transformación aduanera requiere continuidad, métricas públicas, interoperabilidad plena, mayor integración con puertos, zonas francas, ministerios, laboratorios, cámaras empresariales y organismos internacionales. Requiere también que el sector privado asuma su parte: cumplimiento, formalidad, inversión, innovación y cultura exportadora. La competitividad no puede descansar solo en la eficiencia estatal ni solo en la iniciativa empresarial; necesita una alianza madura donde cada actor entienda que el desarrollo no se improvisa.

Si la República Dominicana quiere insertarse con mayor fuerza en las cadenas globales de valor, debe cuidar cada eslabón: producción, calidad, logística, aduanas, certificación, reputación y cumplimiento. En ese mapa, la DGA ya no es una estación de paso. Es una plataforma de país. Y cuando una Aduana reduce tiempos, baja costos, combate ilícitos, protege marcas, acompaña exportadores y digitaliza servicios, no solo mejora trámites: cambia la velocidad de la economía.

La gran lección es clara: una nación que quiere exportar futuro necesita una Aduana que piense en futuro. Y en esa dirección, la gestión de Nelson Arroyo coloca sobre la mesa una visión correcta y urgente: la frontera no debe ser el lugar donde se detiene la competitividad dominicana, sino el punto exacto desde donde comienza a proyectarse hacia el mundo.

✍️ Autor: Luis Orlando Díaz Vólquez

domingo, 28 de junio de 2026

Hatuey De Camps: el retrato que no se despide / Aníbal de Castro

Hatuey De Camps: el retrato que no se despide
Crónica de una audacia que abrió las puertas de la residencia presidencial mexicana

Aníbal de Castro
Santo Domingo - jun. 26, 2026 |
https://www.diariolibre.com/opinion/columnistas/2026/06/25/hatuey-de-camps-un-retrato-que-no-se-despide/3580014 

sábado, 16 de mayo de 2026

El ring y la República: cuando la furia no es virtud

Editorial
El ring y la República: cuando la furia no es virtud

Que un presidente se pare en un cuadrilátero retórico no lo convierte en luchador; lo desnuda. La política contemporánea confunde espectáculo con coraje, y en ese intercambio pierde la dignidad que exige la convivencia pública.

La comparación entre la presidencia y el mundo del combate profesional no es mera metáfora: ambos exigen reglas, respeto por el adversario y una ética mínima que sostenga la legitimidad del vencedor. Los peleadores del UFC, pese a la violencia reglada de su oficio, se rigen por códigos de honor —disciplina, respeto por el oponente, aceptación de la derrota— que la política populista ha venido erosionando. Cuando un jefe de Estado actúa como promotor de su propia furia, celebrando la humillación y la descalificación permanente, lo que se rompe no es solo la decencia personal sino la confianza pública.

El espectáculo tiene su lugar; la política, ninguno. La teatralidad puede movilizar masas, pero no construye instituciones. Un presidente que busca la aprobación mediante la provocación constante demuestra que prefiere la victoria efímera del aplauso a la paciencia del gobierno responsable. En el octágono, la victoria se mide en rounds y en reglas claras; en la vida pública, en cambio, la victoria duradera se mide en instituciones que sobreviven al mandato y en la capacidad de gobernar con legitimidad moral.

Hay una diferencia esencial entre la agresividad técnica y la agresión performativa. La primera es trabajo: entrenamiento, estrategia, control. La segunda es espectáculo: insulto, desdén, espectáculo de masas. Cuando la Casa del Poder se convierte en un ring mediático, los ciudadanos pierden árbitros imparciales y ganan un circo donde la verdad queda a merced del más ruidoso. Eso erosiona la deliberación, polariza la sociedad y normaliza la descalificación como método de gobierno.

No se trata de pedir blandura ni de negar la firmeza necesaria para liderar. Se trata de exigir coherencia entre medios y fines: la firmeza que protege derechos y la firmeza que respeta adversarios son virtudes distintas. La política que imita la brutalidad del combate sin asumir sus reglas pierde la autoridad moral para reclamar obediencia y respeto. Y cuando la autoridad moral se disuelve, la democracia se vuelve vulnerable a la violencia real, no reglada.

El desafío es recuperar la idea de que el poder público exige temple, no temperamento; responsabilidad, no revancha. Los ciudadanos merecen líderes que sepan contenerse, que acepten límites y que entiendan que la grandeza no se demuestra humillando al otro sino construyendo instituciones que lo trasciendan. Si la presidencia se mide por la capacidad de resistir la tentación del espectáculo, entonces la pregunta que planteó el ring es pertinente y urgente: ¿quién puede, con la cara seria, sostener que este presidente cumple con los estándares que los luchadores del UFC respetan entre sí?

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor 
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Who can argue with a straight face that this president lives up to the standards the UFC demands of its fighters, let alone the qualities the fighters respect in each other? https://econ.st/4ddtmqx

jueves, 7 de mayo de 2026

Aduanas que evoluciona: confianza, capacidades y un futuro digital al servicio del país | Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Aduanas que evoluciona: confianza, capacidades y un futuro digital al servicio del país

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Abril de 2026 nos encuentra en un punto de madurez institucional que no se improvisa: se construye. En la Dirección General de Aduanas (DGA) hemos asumido, con disciplina y visión, una misión que combina tres prioridades inseparables para la República Dominicana: facilitar el comercio, proteger la frontera económica del Estado y modernizar la gestión pública con estándares internacionales. Este número 93 de la Revista DGA presenta —con hechos, resultados y experiencias— cómo esa misión se traduce en avances medibles, en programas que fortalecen el talento humano y en una agenda estratégica que mira hacia un modelo aduanero cada vez más digital, inteligente e interconectado.

Uno de los hitos más significativos del mes fue la conclusión, en abril, de una misión de diagnóstico de la Organización Mundial de Aduanas (OMA), que evaluó procesos críticos y capacidades institucionales. Los hallazgos ratifican lo que nuestros equipos demuestran día a día: una DGA con alto nivel de madurez, con progresos sostenidos en gestión de riesgos y en digitalización, y con una visión clara de hacia dónde debe evolucionar la aduana moderna. Haber alcanzado un nivel de cumplimiento superior al 80%, reconocido como referencia regional en facilitación del comercio, no es un trofeo simbólico: es un mensaje de confianza para inversionistas, exportadores, importadores y para cada dominicano que depende de cadenas de suministro ágiles y seguras.

Pero la madurez también se mide por nuestra capacidad de reconocer lo que falta. La evaluación identifica oportunidades de mejora en transparencia, en la publicación de resoluciones anticipadas y en la consolidación de estudios técnicos que fortalezcan la toma de decisiones. Y eso es precisamente lo que inspira este editorial: la convicción de que una aduana sólida no se define solo por lo que logra, sino por cómo transforma cada recomendación en un plan de acción verificable. En ese mismo sentido, se valoró positivamente nuestra Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE), considerada entre las más desarrolladas de la región, por su impacto en la eficiencia, la interoperabilidad y la reducción de fricciones para el sector productivo.

En coherencia con esa ruta, la estrategia que trazamos apunta a consolidar un modelo aduanero digital, con operaciones más cercanas al tiempo real, mayor integración interinstitucional y el aprovechamiento responsable de tecnologías emergentes, incluyendo analítica avanzada e inteligencia artificial para fortalecer el control, anticipar riesgos y optimizar recursos. El objetivo es claro: elevar la capacidad del Estado para facilitar sin debilitar la seguridad, y para controlar sin entorpecer la competitividad. Esa ecuación —que antes parecía imposible— hoy se vuelve alcanzable cuando se combina tecnología, talento humano y una cultura organizacional orientada a resultados.

Y precisamente, ninguna modernización se sostiene si no se cuida el factor decisivo: la gente. Abril fue un mes de inversión sensible y estratégica en nuestro capital humano. La DGA impulsó iniciativas formativas, culturales y de bienestar que, además de fortalecer competencias, promueven valores institucionales y una identidad compartida. La realización del cinefórum “La violencia invisible” nos convocó a hablar —con seriedad y empatía— sobre la violencia psicológica y emocional, recordando que el respeto y la dignidad no son consignas, sino prácticas. Del mismo modo, las actividades culturales, como las visitas guiadas a la colección de arte dominicano, aportan un componente esencial: el sentido de pertenencia, el orgullo por lo nuestro y la comprensión de que una institución pública también puede ser un espacio de humanismo.

Del 6 al 10 de abril celebramos la Semana de Seguridad y Salud en el Trabajo, con evaluaciones médicas, charlas, pausas activas y la juramentación de nuestro Comité de Seguridad. Más allá del calendario, el mensaje es contundente: una aduana eficiente necesita colaboradores sanos, informados y emocionalmente preparados. Por eso abordamos riesgos psicosociales, autocuidado, manejo del estrés y prevención del burnout. Además, reforzamos conocimientos de psicología de emergencia para nuestras brigadas, con énfasis en el acompañamiento en crisis, y desarrollamos capacitaciones en psicoeducación emocional para mejorar el servicio al ciudadano y promover un trato humano. Técnicas prácticas como la respiración consciente y la respiración cuadrada se integraron como herramientas simples, pero poderosas, para cultivar el equilibrio personal en contextos de alta exigencia operativa.

En el plano internacional, la DGA reafirmó su compromiso con la cooperación regional y la lucha contra el tráfico ilícito. Fuimos sede en abril del curso del Proyecto COLIBRÍ, con analistas de 10 países, orientado a fortalecer el control de la aviación general y prevenir su uso ilícito. Durante diez días de fase presencial —complementados por una fase virtual de cuatro meses— se trabajó en análisis de riesgos, herramientas tecnológicas y simulaciones operativas, con la participación de Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia, Ecuador, Colombia, Perú, Cabo Verde y República Dominicana. Esta experiencia, desarrollada junto a instituciones como CESAC y DNCD, demuestra que la seguridad no se construye en solitario: se construye en red, compartiendo buenas prácticas y fortaleciendo capacidades con un objetivo común.

La eficiencia institucional también se expresa en la forma en que administramos recursos y reforzamos la transparencia. En materia de subastas de mercancías en abandono, la DGA recaudó en 2026 un total de RD$82,557,500, provenientes de puertos y aeropuertos, con la adjudicación de 50 lotes que incluyeron motocicletas, mercancías variadas, piezas, calzados, toboganes, baldosas, camiones y Jet Sky. El proceso, realizado en la Bolsa Agroempresarial de la República Dominicana (BARD), se desarrolló con la participación de autoridades y profesionales, en un ambiente activo y participativo. Esta gestión no solo recupera valor económico: fortalece la confianza en los mecanismos de administración pública y confirma que el orden institucional produce beneficios directos para la economía nacional.

Abril también fue un mes de integración. La Copa Confraternidad Deportiva, dedicada al director general Nelson Arroyo, se celebró con éxito, con equipos en categorías libre superior y chata modificada, resultando ganador el equipo DGA en ambas categorías. El evento —realizado en el Estadio de Softbol del Club de Aduanas— reunió colaboradores, autoridades y personalidades, y se enriqueció con la presentación del Ballet Folclórico del Ministerio de Turismo. La sana competencia y el encuentro cultural fortalecen la cohesión interna, porque una institución que trabaja unida, responde mejor ante los desafíos.

De igual manera, conmemoramos el Día de las Secretarias con actividades orientadas al bienestar y la creatividad, reconociendo una labor que sostiene el ritmo institucional con discreción y excelencia. Los talleres de velas aromáticas y room sprays personalizados, guiados por la facilitadora Yuly Maronese, promovieron conexión personal, autoconocimiento y creatividad. La subdirectora Rosa María Fernández destacó el valor de las secretarias como recurso fundamental, y la gerente de Planificación, Massiel Belinda Mercedes Mercado, subrayó su papel en la organización y eficiencia. Fue una jornada que dejó una certeza: reconocer a quienes sostienen la operación cotidiana es, también, una manera de cuidar la calidad del servicio público.

En el ámbito de resultados operativos, se destaca una gestión orientada a la innovación y al fortalecimiento de capacidades. Se reportan logros históricos en recaudación durante el primer trimestre, con marzo de 2026 como mes de mayor recaudación en comparación con años anteriores. Se registraron incautaciones de US$725,895, EU$21,450 y RD$35,000 (equivalentes a RD$46,425,774.54), reflejando el enfoque permanente en seguridad y control. Al mismo tiempo, la gestión impulsa procesos modernizadores como Despacho en 24 Horas y Exporta Más (+), y promueve la articulación con puertos, aeropuertos y zonas francas, para convertir a la DGA en un socio estratégico del desarrollo productivo y la atracción de inversión.

En esa línea, la capacitación sigue siendo un pilar: más de 1,800 colaboradores participaron en programas formativos, y se proyecta la implementación de programas piloto de pasantías en puntos fronterizos para fortalecer capacidades operativas. A nivel especializado, avanzamos con el taller “Aforo en Zonas Francas” en Capex Santiago, dirigido a más de 100 colaboradores como parte de un ciclo para impactar al 100% del personal de la zona norte. Se promovió la uniformidad de procedimientos, el criterio técnico riguroso y el cumplimiento normativo, con aportes de expertos como José Ramón Santana, Héctor de León y Dileny Altagracia de la Cruz. En paralelo, la charla “Productividad sin estrés”, impartida por Gladys Almonte (GA Consulting), aportó herramientas prácticas para reconocer señales del estrés, mejorar la planificación, ordenar funciones y construir un ambiente laboral más saludable y eficiente.

Finalmente, nuestra presencia en la XXVIII Conferencia Regional de Directores Generales de Aduanas de las Américas y el Caribe, celebrada en Lima, Perú, los días 20 y 21 de abril, reafirmó el compromiso de la DGA con la cooperación regional, la modernización aduanera y la adopción de estándares que garanticen sistemas más eficientes, transparentes y seguros. Compartir experiencias, aprender de otras administraciones y fortalecer vínculos institucionales no es un acto protocolar: es una inversión en futuro.

Este editorial no pretende enumerar actividades, sino subrayar una idea central: la aduana moderna se construye con evidencia, con personas y con propósito. Abril de 2026 nos deja señales claras de progreso, pero también tareas concretas para elevar la transparencia, ampliar la publicación de resoluciones anticipadas y profundizar los estudios técnicos que sostienen decisiones de alto impacto. La DGA seguirá avanzando con determinación, porque el comercio que fluye con eficiencia, la seguridad que protege sin exceso y la institución que evoluciona con ética son, en última instancia, una misma promesa: servir mejor a la República Dominicana.

Luis Orlando Díaz Vólquez
Coordinador

Gerencia de Comunicaciones | Dirección General de Aduanas (DGA)


Editorial No. 93 — Revista DGA (Abril 2026)

Cuando una aduana late: historias de confianza, servicio y futuro digital

Bajada: Abril nos dejó una certeza: la modernización no ocurre solo en sistemas y procedimientos; ocurre también en las personas que sostienen el servicio público, en la ética que guía cada decisión y en la cooperación que nos conecta con el mundo.

Hay días en que la Aduana parece un gran reloj: cada engranaje se mueve con precisión para que el país no se detenga. Y hay otros días —como muchos de abril— en que ese reloj se siente, además, como un corazón: late en el puerto, en el aeropuerto, en la frontera, en las oficinas donde se revisa un documento, se responde una consulta, se atiende un ciudadano o se evalúa un riesgo. Abril fue así: un mes de latidos intensos, de pasos firmes y de aprendizajes que confirman que la Dirección General de Aduanas (DGA) avanza, sí, pero sobre todo evoluciona.

En algún punto de la rutina —cuando los contenedores llegan, cuando la mercancía se declara, cuando los equipos se activan— ocurre algo que no siempre se ve desde fuera: una decisión técnica bien tomada evita un atraso; un control oportuno impide un delito; una digitalización bien implementada ahorra tiempo y costos; una coordinación interinstitucional reduce fricciones. Eso es facilitación del comercio. Eso también es seguridad. Y, en esencia, eso es servicio público.

Por eso tuvo tanto peso la misión de diagnóstico que concluyó en abril con la Organización Mundial de Aduanas (OMA). No se trató de una visita protocolar; se sintió como una conversación seria con el espejo: mirar lo que hacemos, medirlo, compararlo con estándares internacionales, reconocer lo logrado y apuntar lo pendiente. El diagnóstico destacó nuestra madurez institucional, los avances en gestión de riesgos y el proceso sostenido de digitalización. Alcanzar un cumplimiento superior al 80% y posicionarnos como referente regional en facilitación del comercio no es un dato frío: es la traducción de miles de decisiones correctas, repetidas con consistencia. Pero el verdadero valor de esa evaluación fue también su honestidad: identificó oportunidades concretas para mejorar, especialmente en transparencia, en la publicación de resoluciones anticipadas y en el fortalecimiento de estudios técnicos. En otras palabras: celebramos lo que funciona, y trabajamos con humildad institucional lo que debe perfeccionarse.

En ese mismo espejo, la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE) aparece como una de las piezas más significativas. La VUCE no es solo una plataforma: es una forma de pensar la relación entre Estado y sector productivo con menos papeleo, más interoperabilidad y mayor claridad. Cuando una ventanilla única funciona, el país respira mejor: el comercio fluye, la competitividad se fortalece y el tiempo —que también es dinero— deja de perderse en laberintos.

Sin embargo, la modernización no se sostiene solo con tecnología. Se sostiene con personas que aprenden, que se cuidan, que se reconocen y que trabajan con sentido. Y abril fue generoso en recordarnos esa dimensión humana.

Hubo un momento distinto, fuera de lo estrictamente operativo, en el cinefórum “La violencia invisible”. Allí no hablamos de aranceles ni de procedimientos, sino de lo que atraviesa a cualquier comunidad: la violencia psicológica y emocional, a veces silenciosa, a veces normalizada, siempre dañina. Poner ese tema sobre la mesa es afirmar que la institución que aspiramos a ser no se mide únicamente por su eficiencia, sino por su capacidad de construir una cultura de respeto, dignidad y cuidado.

Esa misma lógica se sintió en las actividades culturales, como las visitas guiadas a la colección de arte dominicano en la institución. En medio de responsabilidades exigentes, detenerse a mirar arte es, en cierto modo, recordar por qué servimos: porque el Estado es también un reflejo de su gente, su historia y su identidad.

Y si hablamos de cuidado, la Semana de Seguridad y Salud en el Trabajo (6 al 10 de abril) fue una declaración en movimiento. Evaluaciones médicas, charlas, pausas activas, juramentación del Comité de Seguridad… acciones concretas que dicen algo esencial: el servicio público de calidad exige bienestar, prevención y acompañamiento. Se abordaron riesgos psicosociales, autocuidado, manejo del estrés y prevención del burnout, porque sabemos que la presión operativa no debe convertirse en desgaste humano. Incluso, se reforzaron conocimientos en psicología de emergencia para brigadistas, y se impartieron capacitaciones de psicoeducación emocional para mejorar el servicio al cliente y promover un trato más humano. A veces, un ejercicio de respiración consciente o una respiración cuadrada parecen detalles; en realidad, son herramientas que salvan jornadas, restauran equilibrio y protegen equipos.

Abril también tuvo rostro internacional. Cuando recibimos el curso del Proyecto COLIBRÍ, con analistas de diez países, la institución se convirtió —por unos días— en un punto de encuentro regional. Allí se habló el lenguaje de la seguridad, de la cooperación y de la tecnología aplicada al control de la aviación general, para evitar su uso ilícito. Diez días de fase presencial, sumados a cuatro meses de fase virtual, no son solo horas de formación: son una inversión colectiva en capacidades y confianza. La colaboración con CESAC y DNCD reforzó una idea simple y poderosa: en un mundo de riesgos transnacionales, nadie se fortalece solo.

Y mientras esa cooperación se afianzaba, también avanzaba la gestión transparente de recursos. La subasta de mercancías en abandono, realizada en la Bolsa Agroempresarial de la República Dominicana (BARD), dejó un dato contundente: RD$82,557,500 recaudados y 50 lotes adjudicados con una diversidad que refleja la dinámica de puertos y aeropuertos. Pero lo más importante no fue la cifra en sí, sino el principio que la sostiene: cuando la institucionalidad se administra con reglas claras, el Estado recupera valor, fortalece la confianza y contribuye directamente a la economía nacional.

Abril fue, además, un mes de integración que se sintió en las gradas y en el terreno. La Copa Confraternidad Deportiva, dedicada al director general Nelson Arroyo, no fue solo una competencia. Fue una forma de decirnos, como comunidad, que el trabajo también se construye con vínculos, con sana competencia y con orgullo compartido. Ver al equipo DGA ganar en ambas categorías, en el Estadio de Softbol del Club de Aduanas, fue una alegría institucional. Y la presentación del Ballet Folclórico del Ministerio de Turismo añadió un detalle que lo dice todo: también somos cultura, pertenencia y país.

En el mismo espíritu de reconocimiento, la conmemoración del Día de las Secretarias fue un gesto necesario y merecido. Entre talleres de velas aromáticas y room sprays, la creatividad se convirtió en una forma de bienestar. Pero el mensaje de fondo fue más profundo: reconocer a quienes sostienen la operación diaria con precisión, paciencia y entrega. Las palabras de la subdirectora Rosa María Fernández y de la gerente de Planificación, Massiel Belinda Mercedes Mercado, reforzaron una verdad institucional: hay roles que hacen posible que todo lo demás funcione; y honrarlos no es cortesía, es justicia.

En paralelo, la gestión siguió mostrando resultados operativos de alto impacto: recaudaciones históricas en el primer trimestre, un marzo de 2026 destacado por su desempeño, incautaciones relevantes de divisas y una hoja de ruta centrada en agilizar procesos, fortalecer seguridad y facilitar el comercio. La modernización se expresa en programas como Despacho en 24 Horas y Exporta Más (+), y en la articulación con puertos, aeropuertos y zonas francas para que la DGA sea un socio estratégico del desarrollo productivo y de la atracción de inversión.

Nada de eso sería sostenible sin formación. Superar los 1,800 colaboradores capacitados habla de una institución que entiende que el conocimiento es infraestructura. El taller “Aforo en Zonas Francas”, en Capex Santiago, y la charla “Productividad sin estrés” apuntan al mismo objetivo: decisiones más rigurosas, procesos más uniformes, mejor servicio y una cultura laboral que cuide el rendimiento sin sacrificar la salud.

Finalmente, en Lima, durante la XXVIII Conferencia Regional de Directores Generales de Aduanas de las Américas y el Caribe, la DGA volvió a hacer lo que una institución seria debe hacer: compartir, aprender, cooperar. Porque la modernización no es un destino aislado; es una conversación permanente con el mundo, con estándares internacionales y con mejores prácticas que elevan nuestra capacidad de servir.

Si algo nos deja abril es una imagen: la Aduana como un sistema moderno que funciona, sí, pero también como una comunidad que se cuida, se forma, se integra y se compromete con la ética. Nos guía una visión clara: avanzar hacia un modelo aduanero digital, con operaciones cada vez más cercanas al tiempo real, apoyadas por analítica e inteligencia institucional, y con una gestión interinstitucional de riesgos capaz de responder a los desafíos del comercio global. Y nos sostiene una convicción: la confianza se gana con resultados, pero se protege con transparencia.

Abril fue un mes de avances. Pero, sobre todo, fue un mes de sentido. Y cuando el servicio público encuentra sentido, el país lo siente.

Luis Orlando Díaz Vólquez
Coordinador, Gerencia de Comunicaciones
Dirección General de Aduanas (DGA)

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Contexto

Avances y Evaluación de la Aduana Dominicana

La Dirección General de Aduanas (DGA) ha realizado importantes avances en facilitación del comercio, gestión institucional y modernización, con reconocimiento internacional y proyectos de cooperación. - La OMA concluyó una misión de diagnóstico en abril 2026, destacando madurez institucional, gestión de riesgos y digitalización. - La República Dominicana alcanzó un nivel de cumplimiento superior al 80%, posicionándose como referente regional en facilitación del comercio. - Se identificaron oportunidades de mejora en transparencia, publicación de resoluciones anticipadas y estudios técnicos. - Se valoró positivamente la Ventanilla Única de Comercio Exterior (VUCE), considerada una de las más desarrolladas en la región. - La estrategia futura apunta a un modelo aduanero digital, con operaciones en tiempo real, inteligencia artificial y gestión interinstitucional de riesgos.

Programas de Capacitación y Actividades Institucionales

La DGA impulsa actividades formativas, culturales y de bienestar para fortalecer el capital humano y promover valores institucionales. - Se realizó un cinefórum “La violencia invisible” para sensibilizar sobre violencia psicológica y emocional. - Se promovieron actividades culturales, como visitas guiadas a la colección de arte dominicano en la institución. - La Semana de Seguridad y Salud en el Trabajo (6-10 abril 2026) incluyó evaluaciones médicas, charlas, pausas activas y juramentación del Comité de Seguridad. - Se abordaron temas como riesgos psicosociales, autocuidado, manejo del estrés y prevención del burnout. - Se fortalecieron conocimientos en psicología de emergencia para brigadistas, con énfasis en acompañamiento en crisis. - Se impartieron capacitaciones en psicoeducación emocional para mejorar el servicio al cliente y promover un trato humano. - La actividad incluyó dinámicas participativas y técnicas de relajación, como respiración consciente y respiración cuadrada.

Proyectos Internacionales y Cooperación Regional

La DGA participa en programas internacionales para fortalecer la seguridad y el control del tráfico ilícito y la cooperación interinstitucional. - La DGA acogió en abril 2026 el curso del Proyecto COLIBRÍ, con analistas de 10 países, para fortalecer el control de la aviación general y combatir su uso ilícito. - La capacitación incluyó análisis de riesgos, uso de herramientas tecnológicas y simulaciones operativas. - Participaron países como Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia, Ecuador, Colombia, Perú, Cabo Verde y República Dominicana. - La fase presencial duró 10 días, complementada con una fase virtual de 4 meses. - La actividad contó con la colaboración de instituciones como CESAC y DNCD, fortaleciendo la cooperación regional en seguridad aérea. - La DGA también recibió delegaciones internacionales en actividades culturales y de integración, promoviendo la colaboración y el intercambio de buenas prácticas.

Recaudación y Subastas de Mercancías

La DGA mantiene una gestión eficiente en recaudación y transparencia en subastas de mercancías en abandono. - En 2026, la DGA recaudó RD$82,557,500 en mercancías en abandono, provenientes de puertos y aeropuertos. - Se adjudicaron 50 lotes, incluyendo motocicletas, mercancías variadas, piezas, calzados, toboganes, baldosas, camiones y Jet Sky. - La subasta se realizó en la Bolsa Agroempresarial de la República Dominicana (BARD). - Participaron autoridades y profesionales en un ambiente activo y participativo. - La gestión refleja compromiso con la facilitación del comercio y el fortalecimiento del control aduanero, contribuyendo a la economía nacional.

Actividades Deportivas y de Integración Institucional

La DGA fomenta la integración y el espíritu deportivo entre sus colaboradores mediante eventos deportivos y culturales. - Se celebró con éxito la Copa Confraternidad Deportiva en abril 2026, dedicada al director Nelson Arroyo. - Participaron equipos en categorías libre superior y chata modificada, ganando el equipo DGA en ambas categorías. - La actividad incluyó partidos en el Estadio de Softbol del Club de Aduanas, con participación de personalidades y autoridades. - Se presentó el Ballet Folclórico del Ministerio de Turismo, enriqueciendo la jornada con cultura y entretenimiento. - La iniciativa fortaleció los lazos de compañerismo, promoviendo la sana competencia y la integración institucional.

Celebración del Día de las Secretarias en Aduanas

Aduanas conmemoró el Día de las Secretarias con actividades de bienestar y creatividad para valorar su labor.

  • Se realizaron talleres de creación de velas aromáticas y room sprays personalizados.
  • La actividad promovió el bienestar, la conexión personal y el autoconocimiento.
  • La subdirectora Rosa María Fernández destacó la importancia de las secretarias como recurso fundamental.
  • La líder Yuly Maronese impartió talleres para fomentar la creatividad y el autodescubrimiento.
  • Se utilizaron materiales como cera de coco y soja, aceites esenciales y tiras olfativas.
  • La actividad incluyó meditación y visualización para fortalecer la unión entre lo físico y lo espiritual.
  • La gerente de Planificación, Massiel Belinda Mercedes Mercado, resaltó su papel en la organización y eficiencia institucional.
  • La iniciativa fortaleció el vínculo institucional y reconoció la dedicación del personal secretarial.

Avances en Gestión y Recaudación de Aduanas

Nelson Arroyo lidera una gestión innovadora en Aduanas, logrando resultados históricos en recaudación y crecimiento económico.

  • En los primeros 100 días, se lograron resultados positivos en recaudaciones y aumento de divisas.
  • Se alcanzó la mayor recaudación en la historia de la DGA en el primer trimestre del año.
  • En marzo de 2026, fue el mes de mayor recaudación en comparación con años anteriores.
  • Se incautaron US$725,895, EU$21,450 y RD$35,000 (equivalente a RD$46,425,774.54).
  • La gestión se enfoca en agilizar procesos, garantizar seguridad y facilitar el comercio internacional.
  • Se trabaja en la articulación con puertos, aeropuertos y zonas francas.
  • Se capacitaron más de 1,800 colaboradores en programas de formación.
  • Participaron en la Reunión del Comité de Fortalecimiento de Capacidades de la OMA.
  • Se implementarán programas piloto de pasantías en puntos fronterizos para fortalecer capacidades operativas.
  • Arroyo promueve la modernización de procesos como Despacho en 24 Horas y Exporta Más (+).
  • La gestión busca convertir a Aduanas en socio estratégico del desarrollo productivo y atracción de inversión.

Capacitación en Procesos de Zonas Francas

Aduanas fortalece las capacidades de aforadores en zonas francas mediante talleres de estandarización y buenas prácticas.

  • Se realizó el taller “Aforo en Zonas Francas” en Capex Santiago, dirigido a más de 100 colaboradores.
  • La capacitación forma parte de un ciclo para impactar al 100% del personal en la zona norte.
  • Se promovió la uniformidad en procedimientos y cumplimiento normativo.
  • Participaron expertos como José Ramón Santana, Héctor de León y Dileny Altagracia de la Cruz.
  • Se abordaron temas de traspasos, discrepancias y requisitos normativos.
  • Se enfatizó la importancia de validar operaciones con criterio técnico riguroso.
  • Se destacó el impacto del sector en la economía dominicana, como motor de exportación y empleo.
  • La capacitación incluyó espacios de intercambio y resolución de dudas para mejorar decisiones operativas.
  • Se reforzó la gestión eficiente y transparente en los centros logísticos y operaciones aduaneras.

Capacitación en Productividad y Bienestar Laboral

Aduanas realizó una actividad para mejorar la productividad y reducir el estrés en el trabajo.

  • La charla “Productividad sin estrés” fue impartida por Gladys Almonte de GA Consulting.
  • Se abordaron señales físicas del estrés y su reconocimiento para evitar efectos negativos.
  • Se destacó que el orden y la planificación mejoran procesos y reducen errores.
  • La organización y distribución clara de funciones contribuyen a un ambiente productivo.
  • Se discutieron factores que generan estrés: carga de trabajo, roles poco claros, ambiente físico y relaciones.
  • Se realizó una dinámica de receta de cocina para ilustrar la importancia de la organización.
  • Se promovieron hábitos saludables, como pausas activas, para mantener el equilibrio laboral y personal.
  • La actividad resaltó que la productividad depende de la correcta gestión de tareas y estrés, no solo del volumen de trabajo.

Participación en Conferencias Regionales de Aduanas

Aduanas participó en la XXVIII Conferencia Regional de Directores Generales de Aduanas de las Américas y el Caribe.

  • La conferencia se realizó en Lima, Perú, los días 20 y 21 de abril.
  • Asistieron Eduardo Rodríguez y Rosa Ávila en representación de la DGA.
  • Se promovió la cooperación regional, el fortalecimiento institucional y la modernización aduanera.
  • Se compartieron buenas prácticas y experiencias internacionales.
  • La participación reafirmó el compromiso con sistemas aduaneros más eficientes, transparentes y seguros.
  • Se fortalecieron los lazos de colaboración para el desarrollo económico regional.
  • La participación contribuye a la integración de las Américas y el Caribe, y a la adaptación a estándares internacionales.