martes, 30 de junio de 2026

Congreso convierte en ley proyecto de Residuos Sólidos: Empresas tendrían que pagar más a la DGII | Estos montos serán liquidados anualmente por las empresas privadas ante la Dirección General de Impuestos Internos (DGIl).

Senado de la República.

Senado de la República.Fuente Externa

Congreso convierte en ley proyecto de Residuos Sólidos: Empresas tendrían que pagar más a la DGII

Estos montos serán liquidados anualmente por las empresas privadas ante la Dirección General de Impuestos Internos (DGIl).

Audry TrinidadSanto Domingo, RD 30/06/2026 19:01 

El Congreso Nacional convirtió en ley la modificación a la Ley General de Gestión Integral y Coprocesamiento de Residuos Sólidos, para regular el manejo de los desechos en República Dominicana.

La pieza propuesta por el senador Antonio Marte, modificada por la Cámara de Diputados, y aprobada por el Senado de la República, siendo el aumento en el sistema de contribuciones económicas que financia la gestión de los residuos, uno de los puntos más debatidos.

Tras esto, la ley queda habilitada para ser promulgada por el presidente Luis Abinader.

En su artículo 36, la ley establece un aumento en el pago de la contribución especial obligatoria que realizan las empresas y entidades gubernamentales al fideicomiso para apoyar la gestión de los residuos sólidos.

Las empresas con ingresos de cero pesos hasta cinco millones, aportarán RD$5,000, mientras que las empresas con ingresos hasta RD10, 000,000, tributará RD$6,000; las entidades con ingresos de hasta RD$25 millones pagarían RD$20,000; hasta RD$50 millones aportarían RD$90,000; hasta RD$80 millones contribuiría RD$120,000; hasta RD$100 millones entregarían RD$150,000; hasta RD$300 millones aportarían a RD$400,000.

De igual forma, las empresas que posean ingresos hasta RD$500 millones, pagarían RD$500,000; hasta RD$700 millones aportarían RD$675,000; hasta RD$1,000 millones solventarían RD$750,000; hasta RD$2,500 millones pagarían RD$1,700,000 y, en caso de que sea superior a ese monto, la empresa deberá pagar RD$2,200,000.

Estos montos serán liquidados anualmente por las empresas privadas ante la Dirección General de Impuestos Internos (DGIl). No obstante, establece que podrá optarse por realizar la liquidación de manera semestral, con un 50% en junio y un 50% en la fecha límite de cada año.

En cuanto a las instituciones públicas, la Dirección General de Presupuesto (Digepres) determinará anualmente del fondo general del presupuesto, el monto correspondiente a dicha contribución, el cual deberá ser una suma similar a lo recaudado por la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), por concepto de contribución especial, del ejercicio del año fiscal anterior

Eliminación del foam

Esta ley establece, además, que solo se permitirá un vertedero por provincia y, en cuanto a las procesadoras, solo habrá una por cada 10 regiones que estén ubicadas en un radio de 70 kilómetros, a excepción de la región Ozama ya que es la más poblada.

Establece que el foam deberá ser biodegraden en un 20 % del primer año y el 90% en cinco años.

La pieza legislativa prohíbe, la importación de sorbetes, tenedores, cuchillos y cucharas fabricados en plástico, así como vasos y cualquier otro producto fabricado en poliestireno (foam), que no tenga certificación de biodegradabilidad en los términos de la presente ley. Esta medida entraría en vigor seis meses luego de que la ley haya sido promulgada.

Conep en desacuerdo

Previamente, el Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) criticó que la modificación realizada a la Ley de Gestión Integral y Coprocesamiento de Residuos Sólidos concentre una parte importante de las nuevas cargas económicas sobre las mismas empresas que recientemente asumieron un incremento de la tasa del Impuesto sobre la Renta, y que sostienen una parte significativa de las recaudaciones tributarias del país.

"La proporcionalidad exige ponderar el impacto conjunto de las obligaciones regulatorias y tributarias, evitando que la reiterada concentración de cargas sobre un mismo segmento termine afectando la competitividad que el país necesita preservar", sostuvo el gremio empresarial en un comunicado enviado a los medios de comunicación.

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Hacia una democracia ecológica republicana: renovar la cooperación frente al vacío autoritario


Hacia una democracia ecológica republicana: renovar la cooperación frente al vacío autoritario

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Resumen | La narrativa liberal clásica, fundada en la cooperación, el progreso universal, la democracia representativa y los derechos individuales, enfrenta una crisis de legitimidad en sociedades atravesadas por desigualdad persistente, polarización digital, desconfianza institucional y ansiedad ecológica. En ese vacío emergen relatos de poder, identidad cerrada y dominación que prometen orden, pertenencia y seguridad emocional. Este artículo sostiene que la respuesta no debe ser abandonar la cooperación, sino recontarla desde una síntesis más robusta: una democracia ecológica republicana, capaz de integrar deliberación pública, libertad como no-dominación y responsabilidad planetaria. A partir de aportes de Habermas, Cohen, Pettit, Rawls, Jonas y Yuval Noah Harari, se plantea que el futuro democrático dependerá de construir una narrativa intelectualmente sólida y emocionalmente movilizadora frente a los proyectos autoritarios.

Palabras clave: liberalismo, democracia deliberativa, neo-republicanismo, cooperación, crisis ecológica, autoritarismo, inteligencia artificial.

Artículo de opinión

La visión liberal clásica enseñó durante décadas que la humanidad podía construir un mundo mejor mediante la cooperación. Su promesa descansaba en una intuición poderosa: los seres humanos, al organizar instituciones abiertas, mercados regulados, Estados democráticos, derechos individuales y mecanismos de deliberación pública, podían transformar la convivencia en progreso compartido. Esa historia articuló buena parte del orden político moderno. Sin embargo, hoy atraviesa una crisis de legitimidad. No porque la cooperación haya perdido valor, sino porque el relato liberal dejó de conmover, explicar y proteger a sociedades que se sienten expuestas a la desigualdad, la incertidumbre tecnológica, la fragmentación cultural y el deterioro ecológico.

El problema no es menor. Cuando una sociedad deja de creer en la historia que sostiene sus instituciones, las instituciones mismas comienzan a parecer frágiles, lejanas o incluso inútiles. En ese punto, los proyectos autoritarios encuentran su oportunidad. Allí donde el liberalismo habla de procedimientos, pluralismo y consensos complejos, los discursos de fuerza ofrecen certezas simples: nación contra amenaza externa, pueblo contra élite, identidad contra diversidad, orden contra deliberación. La política deja de ser un espacio para procesar el desacuerdo y se convierte en una maquinaria emocional de pertenencia y confrontación.

Yuval Noah Harari ha insistido en que la capacidad humana para cooperar a gran escala depende de historias compartidas. En una conversación reciente con Ezra Klein, el debate giró precisamente en torno a la disputa entre cooperación y poder como fuerzas organizadoras de la historia, así como al debilitamiento del relato liberal frente a narrativas más simples de dominación, nacionalismo y fuerza; también se abordó el modo en que la inteligencia artificial puede intensificar la manipulación emocional y política en la esfera pública. 12 Esa preocupación resulta central: si la democracia no produce un relato convincente sobre por qué vale la pena cooperar, otros llenarán el vacío con relatos de miedo, exclusión y obediencia.

La narrativa liberal clásica tuvo tres columnas: cooperación, progreso universal e inclusión. Cooperación, porque asumía que los seres humanos podían construir instituciones beneficiosas mediante reglas comunes. Progreso universal, porque confiaba en que la ciencia, el comercio y la democracia producirían bienestar creciente. Inclusión, porque colocaba los derechos humanos y las libertades individuales como base moral de la convivencia. Pero esas columnas se han erosionado. La cooperación se percibe muchas veces como ingenuidad frente a actores que acumulan poder sin límites. El progreso universal se ha debilitado ante la concentración de riqueza y la precariedad laboral. La inclusión, aunque normativamente indispensable, ha sido presentada por sus adversarios como fragmentación identitaria o amenaza cultural.

La crisis del liberalismo, por tanto, no es únicamente institucional; es narrativa. El liberalismo sabe administrar, pero ha perdido capacidad de inspirar. Sabe diseñar procedimientos, pero no siempre logra producir sentido. Sabe defender derechos, pero le cuesta convocar deberes compartidos. En un tiempo de ansiedad social, las personas no buscan solo eficiencia gubernamental; buscan pertenencia, protección y orientación. Cuando la democracia no responde a esas necesidades simbólicas, el autoritarismo aparece como una religión civil de emergencia.

Frente a ese deterioro, una posible renovación debe integrar tres corrientes: la democracia deliberativa, el neo-republicanismo y la renovación ecológica. La democracia deliberativa recuerda que la legitimidad política no proviene únicamente del voto, sino de la calidad del diálogo público. Habermas (1984) planteó que la racionalidad comunicativa permite construir consensos mediante argumentos y no mediante imposición. Cohen (1989) reforzó esta idea al sostener que una decisión democrática gana legitimidad cuando los ciudadanos pueden participar en condiciones razonables de deliberación. En sociedades capturadas por algoritmos que premian la indignación, deliberar no es un lujo académico; es una defensa civilizatoria.

La deliberación democrática ofrece un antídoto contra la polarización porque obliga a procesar el desacuerdo en lugar de explotarlo. Asambleas ciudadanas, jurados de políticas públicas, consultas territoriales, foros digitales transparentes y mecanismos participativos bien diseñados pueden complementar la democracia representativa. No se trata de sustituir al Congreso, a los partidos o a las elecciones, sino de fortalecerlos con espacios donde la ciudadanía no sea tratada como audiencia pasiva, sino como sujeto activo de construcción pública. En tiempos de desinformación, escuchar también es una forma de gobernar.

La segunda corriente necesaria es el neo-republicanismo. Su aporte central consiste en redefinir la libertad no como simple ausencia de interferencia, sino como ausencia de dominación. Pettit (1997) sostiene que una persona no es verdaderamente libre si vive bajo la posibilidad arbitraria de ser sometida por otro, ya sea por el Estado, una corporación, una oligarquía económica, una plataforma tecnológica o una estructura social abusiva. Esta idea resulta especialmente pertinente en una época en que el poder ya no se concentra solo en gobiernos, sino también en sistemas financieros, monopolios digitales, redes de datos y arquitecturas algorítmicas opacas.

El neo-republicanismo tiene una enorme fuerza narrativa porque conecta libertad con dignidad. No reduce la ciudadanía a consumidores que eligen, sino que la eleva a comunidad política que vigila, participa y defiende el bien común. Allí donde el liberalismo clásico puso énfasis en derechos individuales, el republicanismo recuerda los deberes cívicos: cuidar las instituciones, exigir transparencia, limitar los abusos de poder, combatir la corrupción, defender los contrapesos y proteger la esfera pública. Una democracia sin ciudadanos vigilantes se convierte en administración sin alma; una libertad sin límites al poder se vuelve privilegio para los más fuertes.

La tercera corriente es la renovación ecológica. La crisis climática obliga a repensar la idea misma de progreso. Ya no basta crecer, producir y consumir bajo la ilusión de recursos infinitos. Jonas (1984) formuló el principio de responsabilidad como una ética orientada al futuro: actuar de modo que las consecuencias de nuestras decisiones sean compatibles con la permanencia de una vida humana digna en la Tierra. Rawls (1971), desde otra tradición, introdujo la preocupación por la justicia entre generaciones. Ambas perspectivas convergen en un punto esencial: ninguna democracia puede considerarse legítima si sacrifica el futuro para administrar el presente.

La renovación ecológica permite reencantar la cooperación porque la conecta con la preservación de la vida. La interdependencia planetaria muestra que ningún país puede salvarse solo. La seguridad alimentaria, la energía, el agua, la biodiversidad, las migraciones climáticas y la resiliencia urbana son problemas que desbordan fronteras nacionales. Una narrativa democrática del siglo XXI debe decir con claridad que cooperar no es una opción moral decorativa, sino una condición de supervivencia. La patria, en este nuevo horizonte, no se defiende destruyendo el planeta, sino protegiendo las condiciones materiales que hacen posible la vida nacional y global.

Estas tres corrientes pueden articularse en una propuesta común: una democracia ecológica republicana. Democracia, porque la legitimidad depende de la participación y del diálogo. Ecológica, porque el progreso debe subordinarse a la sostenibilidad de la vida. Republicana, porque la libertad exige instituciones capaces de impedir la dominación. Esta síntesis puede ofrecer una historia más poderosa que el liberalismo procedimental: una historia donde cooperar no significa debilidad, sino inteligencia colectiva; donde la libertad no significa aislamiento individual, sino dignidad protegida; donde el futuro no es una abstracción, sino una responsabilidad política.

Un ejemplo práctico sería una transición energética participativa. Desde la deliberación democrática, las comunidades podrían debatir la ubicación, el impacto y los beneficios de proyectos solares, eólicos o de infraestructura verde. Desde el neo-republicanismo, el Estado tendría que impedir que la transición sea capturada por monopolios o intereses corporativos sin control ciudadano. Desde la renovación ecológica, los beneficios deberían reinvertirse en restauración ambiental, empleos verdes, justicia territorial y protección de generaciones futuras. Así, una política pública dejaría de ser simple gestión técnica para convertirse en narrativa de país: participación, libertad compartida y sostenibilidad.

El mayor riesgo de no construir este nuevo relato es que el vacío lo ocupen fuerzas autoritarias. El autoritarismo prospera cuando la democracia parece incapaz de proteger, ordenar y emocionar. El tribalismo avanza cuando la pertenencia se define contra un enemigo. La desconfianza institucional crece cuando las personas sienten que las reglas comunes solo benefician a minorías privilegiadas. Por eso, renovar la narrativa democrática no es un ejercicio literario; es una urgencia política.

La visión liberal no está condenada, pero sí está obligada a transformarse. Su promesa de cooperación debe ser ampliada con deber cívico, justicia ecológica, control del poder y deliberación pública. La alternativa no es regresar nostálgicamente al viejo liberalismo ni rendirse ante proyectos de fuerza. La alternativa es construir una historia democrática más completa, más justa y más emocionalmente convincente.

La pregunta decisiva de nuestro tiempo no es si podemos cooperar. La historia demuestra que la cooperación ha sido una de las mayores capacidades humanas. La pregunta es si podremos volver a creer en ella antes de que el miedo, la desinformación y la dominación impongan sus propias respuestas. Una democracia ecológica republicana puede ser el nombre de esa renovación: una política que no solo administre el presente, sino que proteja la dignidad, organice la esperanza y haga del futuro una causa común.

Referencias

Cohen, J. (1989). Deliberation and democratic legitimacy. En A. Hamlin & P. Pettit (Eds.), The good polity: Normative analysis of the state (pp. 17–34). Basil Blackwell.

Habermas, J. (1984). The theory of communicative action: Volume 1. Reason and the rationalization of society (T. McCarthy, Trans.). Beacon Press. Obra original publicada en 1981.

Harari, Y. N. (2014). Sapiens: A brief history of humankind. Harper.

Jonas, H. (1984). The imperative of responsibility: In search of an ethics for the technological age. University of Chicago Press. Obra original publicada en 1979.

Klein, E. (Host). (2026, mayo 26). Yuval Noah Harari on Donald Trump’s core delusion [Audio podcast episode]. En The Ezra Klein Show. The New York Times.

Pettit, P. (1997). Republicanism: A theory of freedom and government. Oxford University Press.

Rawls, J. (1971). A theory of justice. Harvard University Press.

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Información fuente:
La historia liberal básica dice que cooperando podemos construir un mundo que sea mejor para todos. ¿Está fallando esta visión del mundo? ¿Y qué podría reemplazarlo? Desde el
@nytopinion
Podcast con @ezraklein. 
Mira todo el asunto:
http://bit.ly/YNH-EKS
https://x.com/harari_yuval/status/2071249690092253286/video/1
Yuval Noah Harari on Donald Trump’s Core Delusion | The Ezra Klein Show
https://youtu.be/9NCxS__rtAo?si=9-8TrxIXhx5j-JiJ

La democracia ecológica republicana (o republicanismo ecológico) es una corriente sociopolítica que busca fusionar el republicanismo tradicional con la ecología política. Plantea que el cuidado del medio ambiente no es solo un problema técnico, sino un asunto de interés público que requiere de la participación ciudadana activa y de límites al desarrollo para proteger la supervivencia de todos. [1, 2, 3, 4]
Ejes fundamentales del modelo
  • Ciudadanía ecológica y participativa: Fomenta una sociedad civil activa, donde los ciudadanos debaten y buscan soluciones para frenar los desastres ambientales. Supera el interés individual para crear una responsabilidad colectiva. [1, 2, 3]
  • Control de lo público (La "Cosa Pública"): Al igual que el republicanismo clásico entiende la libertad como la ausencia de dominación, el ecologismo republicano sostiene que la degradación ambiental domina y somete a la sociedad, por lo que debe ser gobernada y controlada democráticamente por el pueblo. [1, 2]
  • Reconocimiento de límites: Se basa en la idea de vivir en "un mundo lleno". Propone fijar límites sostenibles al desarrollismo y reconocer que los recursos naturales y el espacio son finitos. [1]
  • Justicia Intergeneracional: Busca que la toma de decisiones democrática considere el bienestar de las generaciones futuras y de los seres vivos no humanos, integrando el equilibrio ecológico en la estructura del Estado. [1, 2, 3, 4]
Para profundizar sobre cómo este modelo integra la ecología en el debate social y político, puedes revisar el análisis académico sobre La democracia ecológica: fundamento, posibilidades, actores, el cual explica su base como democracia deliberativa. Adicionalmente, el estudio sobre el Modelo de Democracia Ecológica detalla cómo encaja esta estructura sociopolítica en la actualidad

La reacción de la inteligencia artificial apenas comienza


La reacción de la inteligencia artificial apenas comienza

Entre la promesa de progreso y el temor social, la irrupción acelerada de la IA está generando una tensión que redefine la confianza, la economía y la gobernanza global.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La historia de las grandes revoluciones tecnológicas nunca ha sido lineal. Cada avance que promete eficiencia, prosperidad o ampliación del conocimiento trae consigo, inevitablemente, una ola de resistencia. No por ignorancia, sino por intuición social. La inteligencia artificial, en su fase actual, no es la excepción. La reacción que hoy empieza a emerger —todavía fragmentada, todavía difusa— es el preludio de un reordenamiento más profundo entre tecnología, poder y ciudadanía.

Lo que está en juego no es únicamente la adopción de una herramienta, sino la redefinición del contrato social mismo. A medida que la inteligencia artificial se filtra en los sistemas productivos, en la creación cultural y en la toma de decisiones, también se intensifica un sentimiento colectivo de desplazamiento. No es casual que amplios sectores de la población anticipen una reducción del empleo en las próximas décadas, ni que el temor supere al entusiasmo incluso en contextos de crecimiento tecnológico. 1

Este desajuste entre narrativa y realidad constituye el núcleo de la reacción. Durante años, la industria tecnológica presentó la inteligencia artificial como una extensión del ingenio humano, un catalizador de productividad capaz de generar nuevas oportunidades. Sin embargo, en el terreno concreto, la percepción pública ha comenzado a mutar: de herramienta emancipadora a mecanismo de sustitución, de innovación abierta a concentración de poder. 2

La aceleración es, en este sentido, el verdadero problema. Las transformaciones inducidas por la IA no están siguiendo los ritmos tradicionales de adaptación institucional. La educación, los marcos regulatorios y las redes de protección social avanzan con una lentitud incompatible frente a un sistema tecnológico que evoluciona exponencialmente. Cuando esta brecha se amplía, la reacción deja de ser un fenómeno marginal y se convierte en una fuerza política.

Ya se observan señales de ese desplazamiento. Movimientos sociales, coaliciones ideológicas aparentemente incompatibles y sectores laborales organizados comienzan a converger en un mismo punto: la exigencia de límites, transparencia y control democrático sobre el desarrollo de la inteligencia artificial. 3 La preocupación no es teórica. Está anclada en experiencias tangibles: despidos vinculados a automatización, proliferación de desinformación, sesgos algorítmicos y el uso potencial de estas tecnologías en ámbitos sensibles como el militar o el electoral. 4

Este cambio de clima no debe interpretarse como un rechazo irracional al progreso, sino como un reclamo de gobernanza. En realidad, las sociedades no están negando la inteligencia artificial; están cuestionando las condiciones bajo las cuales se implementa. La erosión de la confianza digital —alimentada por la opacidad de los modelos, la concentración corporativa y la percepción de beneficios asimétricos— es el verdadero catalizador de la reacción.

El desafío, entonces, no es detener la innovación, sino legitimar su despliegue. Y aquí emerge una tensión crítica: regular sin asfixiar. La historia ofrece lecciones valiosas. Tecnologías como la electricidad, la aviación o internet atravesaron fases similares de incertidumbre antes de integrarse plenamente en la vida cotidiana. Pero en todos los casos, el equilibrio se alcanzó mediante marcos regulatorios que protegieron a la sociedad sin frenar el avance técnico.

Hoy, la inteligencia artificial se encuentra en ese umbral. La ausencia de reglas claras puede acelerar su expansión, pero al costo de profundizar la desconfianza. Por el contrario, una sobrerregulación podría sofocar su potencial transformador. La clave reside en construir un modelo de gobernanza que combine responsabilidad, transparencia y adaptabilidad.

Para los Estados —particularmente en economías emergentes como la República Dominicana— este momento representa tanto un riesgo como una oportunidad estratégica. No basta con adoptar tecnología; es imprescindible entender sus implicaciones sistémicas. La competitividad ya no dependerá únicamente de infraestructura o inversión, sino de la capacidad institucional para integrar la inteligencia artificial en un marco de desarrollo inclusivo.

La reacción contra la IA, lejos de ser un obstáculo, puede convertirse en una guía. Obliga a replantear prioridades, a corregir excesos y a construir legitimidad social en torno a la innovación. En este sentido, ignorarla o minimizarla sería un error de proporciones históricas.

Porque, al final, el verdadero dilema no es tecnológico, sino político. La inteligencia artificial no definirá por sí misma el futuro; lo harán las decisiones que tomemos frente a ella. Y en ese proceso, la reacción que hoy comienza puede ser, paradójicamente, el mejor instrumento para asegurar que el progreso no se convierta en una nueva forma de desigualdad.

La historia aún no está escrita. Pero una cosa es clara: la inteligencia artificial ha dejado de ser solo una promesa. Es ya una disputa.


Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor



🤖🌍 La reacción contra la inteligencia artificial apenas comienza… y no es casualidad.

La promesa de la IA como motor de progreso convive hoy con una creciente inquietud social: pérdida de empleos, desinformación, sesgos y concentración de poder. ⚖️📉 No es rechazo al futuro, es demanda de reglas claras.

La sociedad ya no solo pregunta qué puede hacer la IA, sino qué está haciendo con nosotros. 💭
Y ahí empieza el verdadero debate: confianza, gobernanza y equidad.

💡 La clave no está en frenar la innovación, sino en legitimarla:
✔️ más transparencia
✔️ más responsabilidad
✔️ más inclusión

Porque el futuro no lo define la tecnología… lo define cómo decidimos usarla. 🔍⚙️

🚨 La reacción no es el problema.
Es la señal de que la conversación global apenas comienza.

#InteligenciaArtificial #IABacklash #Tecnología #InnovaciónResponsable #TransformaciónDigital #FuturoDelTrabajo #GobernanzaDigital #EconomíaDigital #IA #GuasábaraEditor

La reacción de la IA apenas está comenzando.
Aquí les explicamos cómo lidiar con ella
https://www.economist.com/leaders/2026/06/25/the-ai-backlash-is-only-getting-started?utm_campaign=shared_article

Choques ante la entrada en vigor del nuevo Código Penal

Choques ante la entrada en vigor del nuevo Código Penal
facebook sharing button Legisladores de la oposición someten en Senado y CD iniciativas para ampliar por seis meses la vacatio legis

Mientras actores y entidades proponen prorrogar la entrada en vigencia del nuevo Código Penal (Ley 74-25) para corregir algunos de sus aspectos que podrían chocar con la Constitución, otros, en cambio, rechazan la proposición, al considerar que el país no debe esperar más por la aplicación de la norma ante los delitos actuales.

Quienes objetan la ampliación de la vacatio legis, establecida en el artículo 393 de la legislación, entienden que la pieza debe entrar en vigor en agosto de este año y luego se pueden hacer las modificaciones necesarias, ya que la ley tiene más “bondades” que errores, que serían unos “pocos” artículos.

Las reacciones son luego de que los juristas penalistas Francisco Álvarez y Carlos Balcácer, así como el vicepresidente ejecutivo de la Fundación Institucionalidad y Justicia (Finjus), Servio Tulio Castaños Guzmán, han solicitado la ampliación del tiempo de entrada del marco jurídico, que es de 12 meses.

Ayer, se pronunciaron en favor de “congelar” la entrada en ejecución de la ley Hotoniel Bonilla, secretario de Justicia de la Fuerza del Pueblo (FP); Miram Germán, exprocuradora general de la República; Eduard Espiritusanto, vocero de los senador de FP; y Charles Mariotti, diputado del PLD.

En tanto, abogaron por la inminente entrada en vigor del nuevo Código Penal el presidente del Senado, Ricardo de los Santos; el expresidente del Tribunal Constitucional (TC), Milton Ray Guevara; el ministro de Justicia, Antoliano Peralta; el abogado y catedrático Ricardo Rojas León; el vocero de los diputados del Partido Revolucionario Moderno (PRM), Amado Díaz; y Ramón Bueno, diputado del PRM.

Secretaría de Justicia de FP

El secretario de Justicia de la Fuerza del Pueblo respaldó la petición de diversos sectores de extender el período previsto para la entrada en vigencia del nuevo Código Penal, al considerar que el mismo contradice criterios fijados por el Tribunal Constitucional y la jurisprudencia sobre libertad de expresión.

“El Código contradice los criterios fijados por el Tribunal Constitucional y la jurisprudencia sobre la libertad de expresión, en especial cuando se refiere a denunciar el accionar de los funcionarios públicos, por lo que alertamos sobre el uso que pueda dársele como mecanismo de control político y social mediante la amenaza de la acción penal, instrumentalizando así al sistema de justicia, lo que incidiría en el debilitamiento del Estado de derecho y de los principios que rigen el sistema democrático”, sostuvo Hotoniel Bonilla.

Miriam Germán ve razonable nueva vacatio legis

Tras señalar que en la Ley 74-25 hay aspectos que necesitan ser corregidos, la exprocuradora general de la República externó su deseo de que el Congreso Nacional prorrogue la entrada en vigencia del Código Penal.

“Ya algunos colegas de amplio ejercicio han hablado de la necesidad de ampliar la vacatio legis para revisar algunas cosas. Y a mí eso me parece razonable”, manifestó Miram Germán.

Legisladores PLD y FP someten iniciativas para ampliar periodo

Dos legisladores de la oposición sometieron, por separado, propuestas de ley para modificar el artículo 293 del nuevo Código Penal, con el objetivo de prorrogar por seis meses la entrada en vigencia de la pieza. El primero en anunciarlo fue el diputado Charles Mariotti y el segundo el senador Eduard Espiritusanto.

Las iniciativas procuran que durante los seis meses haya un amplio proceso de revisión técnica, acompañado de un diálogo con jueces, fiscales, defensores públicos, abogados, académicos, universidades y demás sectores vinculados al sistema de justicia, con el propósito de fortalecer el contenido de la legislación antes de su implementación definitiva.

En rueda de prensa, el diputado Mariotti presentó, además, otro proyecto de ley, que busca modificar los artículos 208 (difamación), 310 (ultraje a la autoridad) y 315 (libertad de expresión) del Código. Dijo que en caso de que la iniciativa de ley no sea aprobada antes de que entre en vigencia la Ley 74-25, recurrirá al TC.

Ricardo de los Santos destaca necesidad urgente de herramientas

El presidente del Senado, Ricardo de los Santos, rechazó postergar la entrada en vigor del Código Penal, asegurando que la justicia dominicana necesita con urgencia las herramientas contenidas en la nueva normativa para enfrentar la criminalidad y la delincuencia.

De los Santos sostuvo que, ante las sugerencias de detener el proceso para seguir revisando el texto, el Congreso mantiene las puertas abiertas para futuras mejoras de la ley, pero sin detener su implementación.

“Nosotros siempre hemos dicho que todo lo que hace el hombre es perfectible. A futuro, cualquier tipo de modificación que se entienda necesaria, se podrá hacer, pero no se puede demorar más la entrada del Código Penal. El 3 de agosto debe entrar en vigor y lo que se pueda revisar más adelante, lo haremos”, afirmó.

Milton Ray Guevara: “Le tienen miedo al Código”

Para el expresidente del Tribunal Constitucional, Milton Ray Guevara, parecería que hay un acuerdo tácito para que el país no tenga un nuevo código: “Mientras la delincuencia se expande, los dominicanos sufren y la justicia parece que solo es para los ricos”.

“Aquellas cuestiones que son discutibles, que pudieron haber sido discutidas antes (…), si hay que discutirlas, que lo hagan, pero ¿por qué tienen que parar el Código? Es porque le tienen miedo al código, es porque quieren que la delincuencia siga como va en gran medida, porque eso afecta a los dominicanos”, señaló al recordar que en la nueva ley hay decenas de nuevos tipos penales que son necesarios para asegurar la convivencia en el país.

Consideró que porque haya 4 o 5 institutos en la pieza que requieren de ponderación, “los cuales ya tienen muchos años de discusión”, no hay que suspender la aplicación general del código, “que tiene figuras nuevas que sancionan delitos que laceran el sentimiento y el corazón de los dominicanos”. “Si quieren seguir ese camino, que lo sigan”, afirmó.

Antoliano Peralta: prorrogar entrada deja a RD “en situación anterior”

Al fijar una posición personal, en defender la entrada en vigencia del código en agosto y plantear que sus modificaciones sean después, el ministro de Justicia, Antoliano Peralta, explicó que el hecho de prorrogar la vacatio legis deja a la República Dominicana “en la situación anterior” (en referencia al actual código centenario).

Diputados PRM recuerdan a la Finjus que fue consultada con antelación

Los diputados del Partido Revolucionario Moderno (PRM) Amado Díaz y Ramón Bueno salieron a la defensa de la normativa penal y destacaron que son “demasiados artículos nuevos y demasiadas bondades” que tiene ese código, para que se quiera retrasar su entrada en vigor por “uno o dos artículos”.

“Al margen de eso, estoy en procura de la opinión de la Finjus, porque todos los proyectos de ley, regularmente en ese orden, son enviados para fines de consulta (…). Estoy buscando cuál fue la opinión de ellos sobre la materia, porque reitero, es casi seguro que se consultó a la Finjus. No obstante, lo que ellos plantean, de retrasar el proceso, nosotros no estamos de acuerdo; que se ponga en práctica y sobre la marcha que se corrija lo que tenga que correr”, afirmó Díaz, vocero de los diputados del PRM.

De su lado, Ramón Bueno enfatizó que la Finjus fue parte “todo el tiempo” de las discusiones que se dieron en el Congreso Nacional sobre el Código Penal, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados. Consideró que en una pieza como esa debe haber “muchos intereses definidos” de sectores y abogados con “diferentes intereses”.
El presidente Luis Abinader promulgó la Ley 74-25 el 03 de agosto de 2025; entraría en vigencia en 12 meses.

Cualquier norma penal se corrige mediante ley

Aunque el destacado abogado y catedrático Ricardo Rojas León cree que algunos tipos penales en la Ley Orgánica que instituye el Código Penal deben ser modificados y “cuando no eliminados”, no está de acuerdo de prolongar la vacatio legis.

Según explicó, no comparte esa idea, “porque cualquier norma penal ‘confusa’, ‘extraña’ o ‘imperfecta’ puede aclararse, corregirse o perfeccionarse con una modificación mediante ley”.

“Además de que otras normas pueden ser aclaradas por la interpretación judicial ordinaria, convencional o constitucional. ¿Por qué no dejar que esos mecanismos de corrección del nuevo CP funcionen, como en toda democracia?”, cuestionó en una publicación compartido este lunes en su red social de Instagram.

El exasesor externo en la reforma al Código Penal sostuvo que se estableció la vacatio legis en la norma para permitir su modificación “durante el año de su vigencia”, pero que, “no se hizo nada”.

 

La diversificación de los bonos bursátiles ofrece menos protección contra las ventas en el mercado

Un operador trabaja en el piso de la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE) en Nueva York, Estados Unidos.
La diversificación se ha vuelto más difícil en los últimos años. Las acciones y los bonos se venden cada vez más juntos, debilitando una cobertura básica de la que los inversores confiaron durante décadas. Este cambio plantea nuevos riesgos para los inversores y la estabilidad financiera.

Cuando falla el refugio: la nueva fragilidad de los mercados globales

La histórica relación inversa entre acciones y bonos, fundamento de estrategias tradicionales de diversificación financiera como la cartera 60/40, muestra señales de deterioro desde el período pandémico. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, acciones y bonos tienden cada vez más a venderse simultáneamente durante episodios de tensión de mercado, reduciendo la capacidad de los bonos soberanos para actuar como refugio frente a caídas bursátiles. Este cambio plantea riesgos relevantes para inversionistas, fondos de pensiones, aseguradoras, bancos centrales y autoridades regulatorias, en un contexto internacional marcado por inflación persistente, déficits fiscales elevados, mayor emisión de deuda pública y cambios en la política monetaria global. La nueva dinámica obliga a repensar la gestión del riesgo, fortalecer la disciplina fiscal y actualizar los modelos de estabilidad financiera.

Durante décadas, la arquitectura prudente de la inversión descansó sobre una premisa aparentemente sólida: cuando las acciones caían, los bonos soberanos tendían a subir. Esa relación inversa permitió a generaciones de inversionistas, fondos de pensiones, aseguradoras, bancos, gestores patrimoniales y autoridades financieras construir modelos de riesgo bajo la lógica de que la diversificación no eliminaba las pérdidas, pero sí podía amortiguarlas. La cartera tradicional compuesta por 60 % de acciones y 40 % de bonos se convirtió en una fórmula ampliamente aceptada para equilibrar rentabilidad y protección. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional advierte que, desde el período pandémico, esa relación histórica se ha debilitado, debido a que acciones y bonos tienden cada vez más a venderse conjuntamente durante episodios de tensión financiera (Adrian et al., 2026).

Este cambio no constituye un simple ajuste técnico en los portafolios. Representa una alteración profunda del régimen de riesgo global. Si los activos que debían proteger una cartera caen al mismo tiempo que los activos de mayor volatilidad, la diversificación deja de operar como defensa y comienza a funcionar como una ilusión estadística. El FMI señala que el punto de inflexión de esta correlación se produjo alrededor de finales de 2019 y se intensificó con la pandemia, cuando los choques de oferta, la inflación y el endurecimiento monetario modificaron el comportamiento tradicional de los mercados financieros (Adrian et al., 2026).

Entre 2000 y 2019, el aumento de la volatilidad bursátil solía conducir a una búsqueda de seguridad en los bonos soberanos. En ese contexto, subían los precios de los bonos, bajaban sus rendimientos y las pérdidas en acciones encontraban un contrapeso relativamente confiable. Esa dinámica fue la base de numerosas estrategias de inversión y de gestión de riesgos. No obstante, desde 2020, la inflación persistente, los déficits fiscales elevados y la mayor emisión de deuda pública han llevado a los inversionistas a exigir mayores primas por plazo, reduciendo la capacidad de los bonos para funcionar como activos refugio (Adrian et al., 2026).

La raíz del problema no es exclusivamente financiera. Es también fiscal, monetaria y política. Cuando los Estados emiten más deuda para financiar déficits crecientes y los bancos centrales reducen sus balances tras años de expansión monetaria, una mayor proporción de bonos debe ser absorbida por inversionistas privados más sensibles al precio y al riesgo. En ese escenario, los bonos soberanos dejan de ser vistos únicamente como instrumentos seguros y comienzan a ser evaluados bajo criterios de sostenibilidad fiscal, expectativas de inflación y credibilidad institucional.

El deterioro de esta función protectora tiene implicaciones sistémicas. Las estrategias de fondos de cobertura y paridad de riesgo que utilizan apalancamiento basado en correlaciones históricas podrían enfrentar desapalancamientos forzados si acciones y bonos caen simultáneamente. Incluso inversionistas considerados conservadores, como fondos de pensiones y aseguradoras, podrían experimentar mayor volatilidad durante correcciones del mercado, precisamente porque muchos de sus modelos fueron calibrados sobre la base de un mundo financiero que ya no responde igual (Adrian et al., 2026).

La búsqueda de refugios alternativos es una señal visible de esta pérdida de confianza. El FMI observa que la menor capacidad protectora de los bonos ha coincidido con fuertes repuntes en activos como el oro, la plata, el platino, el paladio y monedas tradicionalmente consideradas seguras, como el franco suizo. El oro, por ejemplo, se ha más que duplicado desde principios de 2024, reflejando una migración de los inversionistas hacia reservas de valor no soberanas en un contexto de mayor incertidumbre financiera (Adrian et al., 2026).

Para economías emergentes como la República Dominicana, esta advertencia tiene especial importancia. El país no está aislado de las correlaciones globales, del comportamiento de los bonos del Tesoro estadounidense, de las decisiones de la Reserva Federal, de los costos internacionales de financiamiento ni de los cambios en el apetito de riesgo de los inversionistas. Cuando los mercados globales pierden amortiguadores, las economías pequeñas y abiertas pueden enfrentar mayores presiones sobre el costo de la deuda, el tipo de cambio, los flujos de capital y la estabilidad macroeconómica.

La lección es evidente: en un mundo donde la diversificación tradicional protege menos, la credibilidad macroeconómica nacional protege más. Esa credibilidad exige disciplina fiscal, manejo prudente de la deuda pública, política monetaria predecible, comunicación clara de las autoridades y supervisión financiera capaz de contemplar escenarios en los que fallan las correlaciones históricas. El FMI recomienda que los reguladores incorporen escenarios de ruptura de correlaciones en las pruebas de estrés, ya que los modelos basados exclusivamente en el pasado pueden subestimar los nuevos riesgos (Adrian et al., 2026).

El desafío de los bancos centrales también se vuelve más complejo. En períodos de tensión extrema, las autoridades monetarias pueden intervenir para estabilizar los mercados de bonos, pero el uso recurrente de medidas extraordinarias puede incentivar una toma excesiva de riesgos y debilitar la disciplina de mercado. Por esa razón, una respuesta duradera no puede depender únicamente del auxilio monetario. Requiere marcos fiscales creíbles, inflación bajo control y coordinación coherente entre política fiscal, política monetaria y regulación financiera.

La gran enseñanza de este nuevo entorno es que la estabilidad ya no puede darse por descontada. La diversificación, por sí sola, no sustituye la prudencia. Los inversionistas deberán repensar sus portafolios; los reguladores deberán actualizar sus pruebas de estrés; los gobiernos deberán comprender que cada déficit excesivo deteriora la confianza; y los bancos centrales deberán preservar su credibilidad con mayor rigor.

Estamos ante una transición silenciosa, pero decisiva. Si los bonos soberanos pierden parte de su condición de refugio, el mundo financiero pierde una de sus brújulas históricas. Y cuando las brújulas fallan, no basta con cambiar la ruta: hay que revisar el mapa completo. La nueva era exige menos complacencia, más disciplina y una comprensión más sofisticada del riesgo. Porque cuando acciones y bonos caen juntos, no solo se debilita una estrategia de inversión; se revela la fragilidad de un orden financiero que creyó que el pasado seguiría protegiendo al futuro.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Palabras clave: diversificación financiera, bonos soberanos, acciones, estabilidad financiera, riesgo sistémico, política monetaria, FMI.

Referencias

imf.org/en/blogs/artic

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Crédito: Jeenah Moon para Newsday

La diversificación de los bonos bursátiles ofrece menos protección contra las ventas en el mercado

La distribución de las inversiones entre las clases de activos puede reducir el riesgo y suavizar los rendimientos. La clásica diversificación entre acciones y bonos funcionó históricamente porque se movían en direcciones opuestas. Cuando las acciones cayeron, los inversores buscaron seguridad en los bonos. Los bonos se recuperaron, amortiguando las pérdidas y estabilizando las carteras. 

Desde el comienzo del período pandémico, con choques de oferta que alimentaron la inflación, los bonos se han vuelto menos efectivos para amortiguar la volatilidad de las acciones. En lugar de compensar el riesgo de capital, los bonos se mueven cada vez más en conjunto con las acciones. Este cambio es particularmente pronunciado durante las fuertes ventas de los mercados, con profundas implicaciones tanto para los inversores como para los responsables políticos.

Chart1

El desglose de esta relación histórica hace que la diversificación -como la cartera clásica, de acciones del 60% y bonos del 40%, o estrategias de paridad de riesgos- sea vulnerable a los choques. Las estrategias de inversión en fondos de cobertura y paridad de riesgos que emplean un apalancamiento basado en la relación histórica ahora se mueven cada vez más en conjunto con los rendimientos del Tesoro, lo que podría hacerlos vulnerables al desapalancamiento forzado.Incluso los inversores institucionales conservadores, como los fondos de pensiones y las aseguradoras, podrían estar expuestos a una mayor volatilidad de la cartera durante las correcciones del mercado.

Las correcciones tienden a ser agudas, acompañadas de un aumento de la volatilidad del mercado de valores. Esto amplifica las vulnerabilidades sistémicas, ya que la volatilidad puede alimentar la dinámica de las ventas al empeorar las limitaciones de financiación de los inversores y forzar el desapalancamiento. 

chart2

Mirando hacia atrás, nuestro análisis muestra que el punto de inflexión para las correlaciones se produjo a finales de 2019. Con el inicio de la pandemia al año siguiente, la relación histórica cambió significativamente, lo que dio lugar a fuertes ventas de acciones y bonos con mayor frecuencia. 

De 2000 a 2019, la relación inversa entre los rendimientos esperados de las acciones y los bonos ayudó a los inversores a gestionar el riesgo de forma eficaz. Si se comparan los rendimientos esperados estandarizados de acciones y bonos con el VIX se observa una clara divergencia: a medida que aumenta la volatilidad, los rendimientos esperados de las acciones aumentan a medida que caen los precios de las acciones, mientras que los rendimientos esperados de los bonos disminuyen a medida que aumentan los precios de los bonos. Esta fue la base de las estrategias de diversificación.

gráfico3

El cambio en la relación desde 2020 (en el que ambas clases de activos tienden a venderse simultáneamente en respuesta a las crecientes tensiones en los mercados) refuerza el riesgo accionario en Estados Unidos y, en diversos grados, en Alemania, Japón y el Reino Unido.

Esta falla podría explicar la gravedad de las recientes caídas del mercado: las pérdidas se acumulan cuando ambos activos caen simultáneamente.

La disminución de las propiedades de cobertura es cada vez más evidente en los fuertes repuntes del oro, la plata, el platino y el paladio, así como en divisas como el franco suizo. El oro, por ejemplo, se ha más que duplicado desde principios de 2024, a medida que los inversores buscaban refugios seguros alternativos en los últimos meses. El platino y el paladio experimentaron un fuerte aumento en el último trimestre del año pasado, lo que refleja una diversificación que se desplaza hacia reservas de valor no soberanas.

Menor protección

En medio de la falla de la cobertura, una mayor volatilidad coincide con mayores rendimientos esperados de los bonos, con precios que caen drásticamente en el período actual a medida que los inversores recalculan las primas por plazo.

En los últimos años, el aumento de la oferta de bonos para financiar los crecientes déficits fiscales en la mayoría de las economías avanzadas, que también analizamos en el Informe de Estabilidad Financiera Global de octubre de 2025, ha intensificado la preocupación de los inversores. Al mismo tiempo, la emisión bruta de bonos ha superado la reducción de los balances de los bancos centrales, es decir, los bonos que vencen sin reinversión.

Con los bancos centrales reduciendo

From 2000 to 2019, the inverse relationship between expected stock and bond returns helped investors effectively manage risk. Tracing standardized expected returns for stocks and bonds against the VIX shows a clear divergence: As volatility rises, expected returns for equities increase as stock prices fall, while expected returns for bonds decline as bond prices rise. This was the foundation of diversification strategies.

chart3

The changed relationship since 2020—with both asset classes tending to sell off concurrently in response to rising market stress—reinforces equity risk in the United States as well as, to varying degrees, Germany, Japan, and the United Kingdom.

This breakdown may explain the severity of recent market selloffs: losses compound when both assets fall together.

The diminished hedging properties are increasingly evident in the sharp rallies in gold, silver, platinum and palladium, as well as currencies such as the Swiss franc. Gold, for example, has more than doubled since the start of 2024 as investors sought alternative safe havens in recent months. Platinum and palladium jumped in the final quarter of last year, reflecting diversification shifting toward non-sovereign stores of value.

Diminished protection 

Amid the hedging breakdown, higher volatility coincides with higher expected bond returns, with prices declining steeply in the current period as investors reprice term premiums.

Over the past few years, expanding bond supply to finance widening fiscal deficits across most advanced economies, which we also explored in the October 2025 Global Financial Stability Report,has heightened investor concerns. At the same time, gross issuance of bonds has outpaced central bank balance-sheet runoff, that is, bonds maturing without reinvestment.

With central banks reducing holdings via runoff, a larger share of bond supply must be absorbed by price sensitive private investors. This gap has become more evident since late 2023 as central banks’ balance sheet runoff slowed while issuance stayed elevated. Overall, the supply absorbed is many times larger than the reduction in central bank holdings over the past few years in the four largest advanced economies. 

With inflation still above target in many economies, fiscal concerns increasingly raise term premiums as investors see bonds as riskier, eroding their suitability for hedging. Investors may demand higher compensation for holding longer maturities, reinforcing upward pressure on term premiums and further eroding hedges. 

With fiscal expansion expected to continue, this upward pressure may be reinforced if corporate capital investment is increasingly financed by debt issuance. These effects could be reduced by greater productivity growth, bringing down inflation and allowing government to issue bonds with shorter maturities. 

Policy challenges

Central banks will undoubtedly intervene to stabilize bond markets during periods of extreme stress, but this has limits. Relying on emergency measures can lead to excessive risk-taking and undermine market discipline.

A more durable solution, restoring the hedging properties of sovereign bonds, requires fiscal discipline. High debt levels globally and uncertain fiscal trajectories weaken the safe-haven status of government securities. Without credible fiscal frameworks, bonds cannot serve as reliable anchors in turbulent markets.

Central banks also must commit to ensuring price stability. The unexpected rise of inflation since 2020 has been a key contributor to the reversal in stock-bond correlations. 

Regulators should also incorporate correlation breakdown scenarios into stress tests. Financial institutions need to prepare for traditional diversification to fail, as models calibrated on historical correlations may underestimate new risks.

Rethinking risk

With diminished diversification, investors must build portfolios that account for the shift in correlations. Alternative strategies—such as incorporating commodities or private assets—may offer partial solutions, but they come with their own complexities and risks.

Policymakers face even greater challenges. Maintaining financial stability amid high correlation risk requires credible fiscal and monetary policy frameworks, robust stress testing, and clear communication to anchor expectations. If diversification fails, volatility can cascade into broader financial instability. Investors and policymakers must rethink risk management for a new era where traditional hedges fail.

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IMFBlog is a forum for the views of the International Monetary Fund (IMF) staff and officials on pressing economic and policy issues of the day. The IMF, based in Washington D.C., is an organization of 191 countries, working to foster global monetary cooperation and financial stability around the world. The views expressed are those of the author(s) and do not necessarily represent the views of the IMF and its Executive Board. Read More

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La diversificación se ha vuelto más difícil en los últimos años. Las acciones y los bonos se venden cada vez más juntos, debilitando una cobertura básica de la que los inversores confiaron durante décadas. Este cambio plantea nuevos riesgos para los inversores y la estabilidad financiera.

https://imf.org/en/blogs/articLES/2026/02/18/stock-bond-diversification-ofertas-menos protección contra las ventas del mercado

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Un operador trabaja en el piso de la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE) en Nueva York, Estados Unidos.

Crédito: Jeenah Moon para Newsday


Estabilidad del sector financiero

La diversificación de los bonos bursátiles ofrece menos protección contra las ventas en el mercado.

La diversificación se ha vuelto más difícil desde 2020, ya que las acciones y los bonos tienden a moverse en conjunto durante las fuertes ventas, lo que se suma a las preocupaciones sobre la estabilidad financiera.

Tobias Adrian, Johannes Kramer, Sheheryar Malik

18 de febrero de 2026

La distribución de las inversiones entre las clases de activos puede reducir el riesgo y suavizar los rendimientos. La clásica diversificación entre acciones y bonos logró históricamente porque se movían en direcciones opuestas. Cuando las acciones cayeron, los inversores buscaron seguridad en los bonos. Los bonos se recuperaron, amortiguando las pérdidas y estabilizando las carteras.

Desde el comienzo del período pandémico, con choques de oferta que alimentaron la inflación, los bonos se han vuelto menos efectivos para amortiguar la volatilidad de las acciones. En lugar de compensar el riesgo de capital, los bonos se mueven cada vez más en conjunto con las acciones. Este cambio es particularmente pronunciado durante las fuertes ventas de los mercados, con profundas implicaciones tanto para los inversores como para los responsables políticos.

Gráfico1

El desglose de esta relación histórica hace que la diversificación -como la cartera clásica, de acciones del 60% y bonos del 40%, o estrategias de paridad de riesgos- sea vulnerable a los choques. Las estrategias de inversión en fondos de cobertura y paridad de riesgos que emplean un apalancamiento basado en la relación histórica ahora se mueven cada vez más en conjunto con los rendimientos del Tesoro, lo que podría hacerlos vulnerables al desapalancamiento forzado. Incluso los inversores institucionales conservadores, como los fondos de pensiones y las aseguradoras, podrían estar expuestos a una mayor volatilidad de la cartera durante las correcciones del mercado.

Las correcciones tienden a ser agudas, acompañadas de un aumento de la volatilidad del mercado de valores. Esto amplifica las vulnerabilidades sistémicas, ya que la volatilidad puede alimentar la dinámica de las ventas al empeorar las limitaciones de financiación de los inversores y forzar el desapalancamiento.

gráfico2

Mirando hacia atrás, nuestro análisis muestra que el punto de inflexión para las correlaciones se produjo a finales de 2019. Con el inicio de la pandemia al año siguiente, la relación histórica cambió significativamente, lo que dio lugar a fuertes ventas de acciones y bonos con mayor frecuencia.

De 2000 a 2019, la relación inversa entre los rendimientos esperados de las acciones y los bonos ayudó a los inversores a gestionar el riesgo de forma eficaz. Si se comparan los rendimientos esperados estandarizados de acciones y bonos con el VIX se observa una clara divergencia: a medida que aumenta la volatilidad, los rendimientos esperados de las acciones aumentan a medida que caen los precios de las acciones, mientras que los rendimientos esperados de los bonos disminuyen a medida que aumentan los precios de los bonos. Esta fue la base de las estrategias de diversificación.

gráfico3

El cambio en la relación desde 2020 (en el que ambas clases de activos tienden a venderse simultáneamente en respuesta a las crecientes tensiones en los mercados) refuerza el riesgo accionario en Estados Unidos y, en diversos grados, en Alemania, Japón y el Reino Unido.

Esta falla podría explicar la gravedad de las recientes caídas del mercado: las pérdidas se acumulan cuando ambos activos caen simultáneamente.

La disminución de las propiedades de cobertura es cada vez más evidente en los fuertes repuntes del oro, la plata, el platino y el paladio, así como en divisas como el franco suizo. El oro, por ejemplo, se ha más que duplicado desde principios de 2024, a medida que los inversores buscaban refugios seguros alternativos en los últimos meses. El platino y el paladio experimentaron un fuerte aumento en el último trimestre del año pasado, lo que refleja una diversificación que se desplaza hacia reservas de valor no soberanas.

Menor protección

En medio de la falla de la cobertura, una mayor volatilidad coincide con mayores rendimientos esperados de los bonos, con precios que caen drásticamente en el período actual a medida que los inversores recalculan las primas por plazo.

En los últimos años, el aumento de la oferta de bonos para financiar los crecientes déficits fiscales en la mayoría de las economías avanzadas, que también analizamos en el Informe de Estabilidad Financiera Global de octubre de 2025, ha intensificado la preocupación de los inversores. Al mismo tiempo, la emisión bruta de bonos ha superado la reducción de los balances de los bancos centrales, es decir, los bonos que vencen sin reinversión.

Con los bancos centrales reduciendo


Cuando falla el refugio: la nueva fragilidad de los mercados globales

La pérdida de eficacia de la histórica diversificación entre acciones y bonos no es un simple ajuste técnico de portafolios: es una advertencia sobre el nuevo régimen de riesgo financiero, donde inflación, deuda pública, volatilidad y desconfianza fiscal amenazan con debilitar uno de los pilares clásicos de la estabilidad de los mercados.

Durante décadas, la arquitectura prudente de la inversión descansó sobre una premisa aparentemente sólida: cuando las acciones caían, los bonos soberanos tendían a subir. Esa relación inversa permitió a generaciones de inversionistas, fondos de pensiones, aseguradoras, bancos, gestores patrimoniales y autoridades financieras construir modelos de riesgo bajo la lógica de que la diversificación no eliminaba las pérdidas, pero sí podía amortiguarlas. La llamada cartera 60/40 —60 % en acciones, 40 % en bonos— se convirtió en una especie de gramática universal de la prudencia financiera. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional advierte que desde el período pandémico esa relación se ha deteriorado, porque acciones y bonos se venden cada vez más juntos durante episodios de tensión, reduciendo la capacidad de los bonos para servir como refugio en momentos de ventas abruptas del mercado. 

El cambio no es menor. Si los activos que debían proteger una cartera caen al mismo tiempo que los activos de mayor riesgo, la diversificación deja de ser una defensa y se convierte en una ilusión estadística. El FMI identifica que el punto de inflexión de esta correlación se produjo alrededor de finales de 2019 y se intensificó con la pandemia, cuando los choques de oferta, la inflación y el reajuste de las políticas monetarias alteraron el comportamiento tradicional de los mercados. Desde entonces, los bonos han dejado de actuar con la consistencia histórica que los convertía en amortiguadores frente a la volatilidad accionaria. En palabras simples: el paraguas sigue existiendo, pero ya no protege igual cuando arrecian las tormentas. 

La raíz del fenómeno está en una transformación más amplia del riesgo global. Durante buena parte del período comprendido entre 2000 y 2019, el aumento de la volatilidad bursátil llevaba a los inversionistas a buscar seguridad en los bonos soberanos; subían los precios de los bonos, bajaban sus rendimientos y las pérdidas en acciones encontraban un contrapeso. Pero desde 2020, la inflación persistente, los déficits fiscales elevados y la mayor emisión de deuda pública han llevado a los inversionistas a exigir mayores primas por plazo, encareciendo los bonos y debilitando su condición de activo seguro. El problema no es simplemente financiero; es fiscal, monetario y político.

Cuando los Estados emiten más deuda para financiar déficits crecientes y los bancos centrales reducen sus balances tras años de expansión monetaria, una mayor proporción de bonos debe ser absorbida por inversionistas privados más sensibles al precio y al riesgo. Esa transición cambia la naturaleza del mercado. Los bonos soberanos, antes concebidos como anclas de seguridad, empiezan a ser valorados también bajo la lupa de la sostenibilidad fiscal, la inflación futura y la credibilidad institucional. El FMI subraya que la expansión de la oferta de bonos en economías avanzadas y la reducción de las tenencias de los bancos centrales han intensificado las preocupaciones de los inversionistas, erosionando las propiedades de cobertura de esos instrumentos.

Este deterioro tiene implicaciones profundas. Los fondos de cobertura y las estrategias de paridad de riesgo que utilizan apalancamiento basado en correlaciones históricas podrían enfrentar episodios de desapalancamiento forzado si acciones y bonos caen simultáneamente. Incluso inversionistas institucionales conservadores, como fondos de pensiones y aseguradoras, podrían sufrir mayor volatilidad en correcciones de mercado, precisamente porque sus modelos de riesgo fueron calibrados en un mundo donde los bonos respondían de otra manera. El riesgo, por tanto, no se limita al inversionista agresivo. Alcanza a instituciones que administran ahorro previsional, reservas técnicas, patrimonios familiares y estabilidad de largo plazo. 

La señal más visible de esta pérdida de confianza en la cobertura tradicional se observa en la búsqueda de refugios alternativos. El FMI señala que la disminución de las propiedades protectoras de los bonos se ha reflejado en fuertes repuntes del oro, la plata, el platino, el paladio y monedas como el franco suizo. El oro, por ejemplo, se ha más que duplicado desde principios de 2024, en un contexto en el que los inversionistas buscan reservas de valor no soberanas ante la pérdida de eficacia de los instrumentos convencionales. Ese desplazamiento revela algo más profundo que una rotación de portafolios: expresa una inquietud sobre la capacidad de los Estados para preservar simultáneamente estabilidad de precios, disciplina fiscal y confianza financiera. 

Para economías emergentes como la República Dominicana, el mensaje debe ser leído con la mayor seriedad estratégica. El país no está aislado de las correlaciones globales, de los costos financieros internacionales, de las decisiones de la Reserva Federal, de la volatilidad de los bonos del Tesoro estadounidense ni de los cambios en el apetito de riesgo de los inversionistas. Cuando los mercados globales pierden amortiguadores, el costo de financiamiento de las economías pequeñas y abiertas puede subir, los flujos de capital pueden volverse más selectivos y la estabilidad cambiaria puede enfrentar mayores presiones. La lección es clara: en un mundo donde la diversificación tradicional protege menos, la credibilidad macroeconómica nacional protege más.

Esa credibilidad descansa en pilares concretos: disciplina fiscal, manejo prudente de la deuda, política monetaria creíble, comunicación clara de las autoridades, regulación financiera robusta y pruebas de estrés que contemplen escenarios donde fallan las correlaciones históricas. El FMI advierte que los reguladores deben incorporar escenarios de ruptura de correlaciones en las pruebas de estrés, porque los modelos basados exclusivamente en el pasado pueden subestimar los nuevos riesgos. Esta advertencia tiene valor universal. El mayor peligro de los sistemas financieros no siempre proviene de lo desconocido, sino de confiar demasiado en aquello que antes funcionó. 

El desafío de los bancos centrales también se vuelve más complejo. En situaciones extremas, las autoridades monetarias pueden intervenir para estabilizar los mercados de bonos, pero esa herramienta tiene límites. El uso recurrente de medidas de emergencia puede incentivar una toma excesiva de riesgos y debilitar la disciplina del mercado. Por eso, una solución duradera no puede depender únicamente del rescate monetario. Requiere marcos fiscales creíbles, inflación bajo control y una coordinación inteligente entre política fiscal, política monetaria y supervisión financiera. 

La gran enseñanza de este nuevo régimen es que la estabilidad ya no puede darse por descontada. La diversificación, por sí sola, no sustituye la prudencia. Los portafolios deberán repensarse, incorporando activos alternativos con plena conciencia de sus propios riesgos; los reguladores deberán actualizar sus modelos; los gobiernos deberán entender que cada déficit excesivo tiene consecuencias más allá del presupuesto; y los bancos centrales deberán preservar la confianza con una disciplina comunicacional y operativa aún más rigurosa.

Estamos ante una transición silenciosa pero decisiva. Si los bonos soberanos pierden parte de su condición de refugio, el mundo financiero pierde una de sus brújulas históricas. Y cuando las brújulas fallan, no basta con cambiar la ruta: hay que revisar el mapa completo. La nueva era exige menos complacencia, más disciplina y una comprensión más sofisticada del riesgo. Porque cuando acciones y bonos caen juntos, no solo se debilita una estrategia de inversión; se revela la fragilidad de un orden financiero que creyó que el pasado seguiría protegiendo al futuro.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor