lunes, 1 de junio de 2026

El auge del GNL en Estados Unidos es real, pero China está planeando más allá de él


Precios del petróleo crudo hoy - Oilprice.com
    
Grafica hacia arribaCrudo WTI94.38+8.04%
Grafica hacia arribaCrudo Brent97.40+6.89%
Grafica hacia arribaCrudo Murban95.45+6.00%
Gráfico hacia abajoGas natural3.197-2.83%

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El auge del GNL en Estados Unidos es real, pero China está planeando más allá de él

Por Cyril Widdershoven - 30 de mayo de 2026, 4:00 PM CDT
  • La guerra de Irán y la interrupción de Ormuz han turboalimentado las exportaciones de GNL de Estados Unidos, dando a Washington un importante impulso de dominio de la energía a corto plazo mientras Asia y Europa luchan por un suministro alternativo.
  • Sin embargo, China entra en la crisis desde una posición de mayor resiliencia energética después de años de inversión en la producción nacional.
  • Estados Unidos todavía tiene una gran oportunidad a largo plazo, pero mantener el dominio requerirá convertir la demanda impulsada por la crisis en asociaciones duraderas.
GNL flotante

La guerra de Irán ha brindado a los Estados Unidos una rara oportunidad: un nuevo amanecer de dominio energético en un mundo cada vez más fracturado. Con ataques coordinados entre Estados Unidos e Israel que interrumpen el Estrecho de Ormuz desde finales de febrero, aproximadamente el 20% del suministro mundial de GNL ha sido despojado del mercado desde principios de marzo. Los precios han aumentado en Asia y Europa. Y en ese vacío, el gas estadounidense ha fluido.

Las cifras hablan por sí solas. Las exportaciones de GNL de EE.UU. a Asia saltaron bruscamente.en abril, con casi una cuarta parte de todos los cargamentos estadounidenses que se dirigían a una región que simplemente no puede permitirse el lujo de oscurecer. Se están firmando acuerdos, se están planificando oleoductos y se están vertiendo 100 mil millones de dólares en inversión privada en plantas y terminales de licuefacción, lo que pone a Estados Unidos en una trayectoria hacia 220 MTPA de capacidad de exportación dentro de cinco años. La agenda de dominación energética de la administración, respaldada por promesas de racionalizar los permisos,Ha dado a los productores un poderoso viento de cola político y ha tranquilizado a los compradores globales que buscan fiabilidad. El caso de Washington para el GNL estadounidense nunca ha sido tan fácil de hacer.

Pero el dominio basado en una crisis no es lo mismo que el dominio basado en la confianza. Y hay un competidor observando este momento con mucho cuidado.

china entró en esta crisis en una posición estructuralmente diferente dos décadas de inversión sostenidaen la producción nacional de energía, que abarca la generación, el almacenamiento y la distribución, han dejado a Pekín considerablemente menos expuesto a los choques de suministro que azotan los mercados occidentales y asiáticos por igual. Su economía no ha sido inmune, pero ha sido amortiguada. Esa resiliencia no ha pasado desapercibida para los gobiernos que luchan por explicar el aumento de las facturas de energía a sus poblaciones. Mientras Estados Unidos capitaliza el aumento inmediato de la demanda, China está acumulando silenciosamente algo más duradero:La percepción de la previsión estratégica.

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Yet beneath the boom lies a fault line. The conflict has been a short-term windfall for American producers; cash is flowing and the geopolitical case for US LNG writes itself. But the longer the crisis persists, the more urgently governments around the world will prioritise the same fundamental objective: never being held hostage to a single chokepoint again. The Hormuz disruption has concentrated minds in a way that years of energy dialogues have never quite managed. Countries across Asia and Europe are now accelerating plans to diversify supply sources, build strategic reserves, and develop domestic generation capacity across every available technology. The goal is insulation from the kind of shock this war has delivered, and that shift in priorities will outlast the conflict itself, because the memory of this vulnerability will not fade quickly.

This does not mean the window for American gas has closed. The transition to more resilient, independent energy systems will take decades, and reliable LNG from a powerful economy is precisely what energy-hungry Asian economies need throughout that journey. The US has the reserves, the infrastructure, the financial markets, and the geopolitical credibility that no other supplier can currently match. But Washington cannot afford to mistake a crisis-driven demand surge for a permanent structural advantage, because what buyers are ultimately building toward is a system in which no single disruption, whether in the Strait of Hormuz or anywhere else, can send their economies into shock again. The US needs to be architected into that system as an indispensable partner, not treated as an emergency option.

That requires more than competitive pricing and export capacity. It requires the kind of long-term supply relationships, infrastructure partnerships, and government-to-government commitments that turn a transaction into a dependency, the good kind, built on reliability rather than vulnerability. It requires Washington to show up as a strategic partner invested in the energy security of its buyers. And it requires the Iran conflict to reach a resolution that restores stability to global flows, because sustained disruption ultimately accelerates the very diversification strategies that could reduce the world's reliance on any single fuel source.

That is why forums like Gastech matter far beyond the conference floor. At Gastech 2025 in Milan, a high-profile US delegation led by Secretary of Energy Chris Wright and Secretary of the Interior Doug Burgum used the event to demonstrate Washington’s commitment to the global market and deepen long-term partnerships with European buyers. This September, the same strategic imperative shifts to Asia, as Gastech convenes ministers, industry CEOs, and technology leaders in Bangkok around the urgent supply security and resilience priorities now defining the global energy agenda. Bangkok demands the same level of engagement, but with even greater stakes. Positioned at the heart of the world’s fastest-growing demand region, it is where the contracts signed today will shape the architecture of energy relationships for the next decade. It is where the US can arrive not only as the world’s largest LNG exporter, but as the partner that helped Asia build the resilient, diversified, and secure energy systems its economies need, with American technology, American capital, and American gas at the centre of that architecture.

The use of energy as a diplomatic instrument, as a foundation for alliances and a signal of long-term intent, has already demonstrated its capacity to stabilise relationships and strengthen the position of reliable partners. But leverage only holds if buyers believe the relationship will endure beyond the current emergency. And that is ultimately what is being decided right now: whether the world organises its energy future around American reliability, or looks elsewhere for the security guarantees it needs.

American energy dominance is real, and the Iran war has made that case powerfully. But dominance has to be earned continuously, through the infrastructure being built, the contracts being signed, and the diplomatic relationships being deepened, conference room by conference room, deal by deal. The window is open. What matters now is how Washington chooses to use it.

By Cyril Widderhoven for Oilprice.com

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Petróleo, Ormuz y República Dominicana: el costo local de una crisis lejana

Petróleo, Ormuz y República Dominicana: el costo local de una crisis lejana

El repunte del crudo tras la nueva escalada entre Washington y Teherán vuelve a poner a prueba a las economías importadoras de energía. Para República Dominicana, el desafío no es solo el precio internacional del barril, sino la rapidez con que ese shock puede trasladarse a la inflación, al transporte, a los costos empresariales y a las expectativas de crecimiento en un contexto global de elevada incertidumbre.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La nueva sacudida del mercado petrolero internacional ha devuelto a la economía dominicana una vieja preocupación: la vulnerabilidad de los países importadores de hidrocarburos ante crisis geopolíticas que ocurren fuera de sus fronteras, pero terminan impactando sus precios internos, sus costos logísticos y su estabilidad macroeconómica. El 1 de junio, OilPrice reportó que el Brent superó los US$94 por barril y el WTI los US$90, mientras CNBC informó después que el WTI llegó a rondar los US$94.20 y el Brent los US$97.23, impulsados por nuevas tensiones en las conversaciones entre Estados Unidos e Irán y por la amenaza de mayores restricciones en torno al estrecho de Ormuz. Más allá de la volatilidad del día, el mensaje del mercado es claro: el petróleo ha vuelto a incorporar una prima de riesgo geopolítico relevante. 

Ese nerviosismo no es exagerado si se toma en cuenta la importancia estructural de Ormuz para el sistema energético mundial. La U.S. Energy Information Administration (EIA) recuerda que por ese corredor transitaron en 2024 unos 20 millones de barriles diarios, equivalentes a cerca de 20 % del consumo global de líquidos del petróleo, mientras la International Energy Agency (IEA) señala que en 2025 el estrecho movilizó alrededor de 25 % del comercio marítimo mundial de petróleo y una porción considerable del comercio global de gas natural licuado. Con tan escasas rutas alternativas para una parte sustancial de esos flujos, cualquier amenaza de interrupción eleva de inmediato los costos de seguro, transporte y abastecimiento, afectando no solo a los grandes importadores asiáticos, sino también a economías pequeñas y abiertas del Caribe como la dominicana.

Para la República Dominicana, el problema no es teórico ni diferido. El propio Banco Central de la República Dominicana (BCRD) reconoció que la inflación de abril de 2026, que se ubicó en 5.11 % interanual, fue impulsada en buena medida por ajustes en los precios de las gasolinas y del gasoil asociados a incrementos del petróleo en los mercados internacionales, en un entorno de tensiones geopolíticas en Medio Oriente. El informe del índice de precios explicó que la variación mensual del IPC fue de 0.49 %, con un peso importante del componente transporte, mientras que la autoridad monetaria, al mantener su tasa de política monetaria en 5.25 % en mayo, subrayó que las presiones inflacionarias recientes respondían a un choque de oferta negativo derivado de mayores precios energéticos. Es decir, antes incluso del nuevo salto del 1 de junio, la economía local ya estaba sintiendo el costo del barril caro. 

La principal implicación económica para el país es que un petróleo persistentemente alto puede activar varios canales de transmisión al mismo tiempo. El primero es el de los combustibles y el transporte, que impacta de manera casi inmediata la estructura de costos de empresas y hogares. El segundo es el logístico: República Dominicana depende de importaciones para buena parte de su consumo energético y para una parte relevante de los insumos de su aparato productivo, por lo que cualquier alza sostenida en el costo marítimo o en los derivados del petróleo termina permeando comercio, distribución, turismo, manufactura y servicios. El tercero es el canal de expectativas: cuando los agentes económicos perciben que el shock no será transitorio, tienden a ajustar precios, presupuestos y decisiones de inversión con mayor cautela. No se trata solo de cuánto sube el barril hoy, sino de cuánto tiempo el mercado cree que seguirá tensionado. 

Ese riesgo llega, sin embargo, en un momento en que la economía dominicana muestra fortalezas apreciables. El BCRD informó que el crecimiento promedio acumulado entre enero y abril de 2026 fue de 4.0 %, superior al 2.7 % del mismo período del año anterior, con aportes relevantes de minería, construcción, manufactura local, zonas francas, agropecuaria y servicios. A la vez, la institución reporta reservas internacionales brutas por US$15,888.9 millones en abril de 2026 y una cuenta corriente equivalente a -1.2 % del PIB en 2025, mejor que el -3.0 % observado en 2024. Estos datos sugieren que el país llega al nuevo episodio de tensión con una base macroeconómica más robusta que en otros momentos de shock externo, lo cual le da margen para amortiguar parte de la presión cambiaria o financiera que podría derivarse de un encarecimiento sostenido del petróleo. 

Pero tener amortiguadores no significa estar blindados. La misma nota del Banco Central sobre el desempeño económico advierte que el crecimiento reciente se ha producido en medio de una alta incertidumbre internacional, marcada precisamente por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, el encarecimiento del petróleo y el aumento de los costos de transporte. Si el nuevo repunte del crudo se consolida, los sectores más dinámicos de la economía dominicana —particularmente turismo, transporte, comercio y construcción— podrían enfrentar mayores costos operativos y una eventual pérdida de márgenes, con capacidad de trasladar parte de esas presiones al consumidor final. El sector de hoteles, bares y restaurantes, por ejemplo, creció 5.9 % entre enero y abril, mientras transporte y almacenamiento avanzó 4.9 % y construcción 4.6 %; todos ellos son particularmente sensibles a la energía y la logística. 

La mayor dificultad para la política económica reside en que este tipo de shock no responde fácilmente a herramientas convencionales. Un banco central puede contener presiones de demanda, pero tiene menos capacidad para neutralizar el efecto de una subida internacional del petróleo sin afectar simultáneamente la actividad económica. Por eso el BCRD ha optado hasta ahora por una postura de prudencia, manteniendo la tasa de política monetaria sin cambios mientras observa la persistencia del fenómeno y la evolución de las expectativas inflacionarias. El dilema es evidente: endurecer demasiado la respuesta monetaria podría enfriar una recuperación que ya muestra mejores ritmos de crecimiento; reaccionar demasiado poco, en cambio, podría permitir que el choque energético se filtre con mayor profundidad hacia precios y salarios. 

En el plano fiscal, la situación también exige cautela. Aunque no toda alza internacional se traduce linealmente en el mercado local, los gobiernos de economías importadoras suelen enfrentar presiones políticas y sociales para amortiguar el impacto sobre combustibles y transporte. Eso implica costos potenciales sobre las finanzas públicas, sea por subsidios explícitos, por ajustes tributarios o por mecanismos de contención temporal. En un escenario de petróleo caro, el gran reto consiste en proteger a los hogares más vulnerables sin convertir la respuesta coyuntural en una fuente adicional de fragilidad fiscal. El problema del petróleo no es solo su precio, sino el delicado equilibrio que obliga a mantener entre inflación, crecimiento y sostenibilidad presupuestaria.

En definitiva, la nueva crisis alrededor de Ormuz no debe ser leída desde República Dominicana como un hecho lejano o meramente diplomático. Es, en realidad, una variable económica con capacidad de alterar precios internos, costos productivos, expectativas empresariales y decisiones de política macroeconómica. La buena noticia es que el país llega con crecimiento positivo, reservas elevadas y una posición externa más cómoda que en el pasado reciente. La mala noticia es que el petróleo sigue siendo uno de esos factores que ningún mérito interno puede controlar por completo. Si la tensión se disipa pronto, el impacto será probablemente manejable; si se prolonga, la economía dominicana tendrá que volver a demostrar su resiliencia frente a una verdad conocida pero siempre incómoda: en un mundo interdependiente, la estabilidad local también depende de la paz —o de la guerra— en los grandes corredores del comercio global. /

⛽🌍 El alza del petróleo vuelve a encender las alertas para economías importadoras como la República Dominicana. Este 1 de junio, el crudo registró fuertes subidas en los mercados internacionales en medio de nuevas tensiones sobre Irán y el estrecho de Ormuz, una vía por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. 

📈🇩🇴 Para el país, el impacto puede sentirse en combustibles, transporte, inflación y costos logísticos. El Banco Central ya había advertido que en abril de 2026 los aumentos en gasolinas y gasoil, asociados al encarecimiento del petróleo por las tensiones en Medio Oriente, incidieron en la inflación interanual de 5.11 %, mientras mantiene la tasa de política monetaria en 5.25 % ante ese choque de oferta.

💼📊 La buena noticia es que la economía dominicana llega con cierto margen de resistencia: crecimiento acumulado de 4.0 % entre enero y abril de 2026, reservas internacionales brutas por US$15,888.9 millones y una cuenta corriente de -1.2 % del PIB en 2025. Pero si el petróleo sigue alto, la presión externa podría trasladarse con más fuerza al bolsillo de los hogares y a los sectores productivos. 

#Petróleo #EconomíaRD #RepúblicaDominicana #Inflación #Ormuz #MercadosGlobales #CrecimientoEconómico #Combustibles #BCRD #AnálisisEconómico 📉⛽🇩🇴

Pobreza en retroceso, desarrollo en examen


Pobreza en retroceso, desarrollo en examen

La reducción de la pobreza monetaria en República Dominicana durante el primer trimestre de 2026 confirma que el crecimiento económico, el empleo y la mejora de los ingresos pueden traducirse en bienestar real; pero también deja claro que el desafío de fondo sigue siendo convertir ese alivio en movilidad social duradera, menos vulnerable a la inflación y más equilibrada entre el campo y la ciudad.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La caída de la pobreza monetaria general de 18.1 % en el primer trimestre de 2025 a 15.4 % en igual período de 2026 constituye una señal poderosa de que la economía dominicana está produciendo efectos sociales medibles sobre los hogares. No se trata solo de una mejoría estadística de 2.6 puntos porcentuales, sino de un indicador que revela una relación más virtuosa entre actividad económica, empleo e ingreso disponible para los sectores más vulnerables, de acuerdo con el Ministerio de Hacienda y Economía y la infografía preliminar validada por la ONE y el Banco Central.

Ese resultado adquiere mayor relevancia cuando se observa el entorno macroeconómico en el que se produjo. Durante el primer trimestre de 2026, el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) acumuló una variación de 4.1 %, y el propio Banco Central informó luego que entre enero y abril de 2026 el crecimiento promedio se ubicó en 4.0 %, por encima del 2.7 % registrado en el mismo período del año anterior, aun en medio de un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, mayores costos de transporte y presiones sobre los precios del petróleo. Ese desempeño sugiere que la reducción de la pobreza no responde a un hecho aislado, sino a una economía que, pese a los choques externos, mantuvo capacidad de expansión y transmisión hacia el ingreso de los hogares.

Más importante aún es la composición de esa mejoría. El Ministerio de Hacienda y Economía explica que los ingresos laborales percibidos entre abril de 2025 y marzo de 2026 aumentaron frente al período previo, permitiendo que la contribución del ingreso laboral a la reducción de la pobreza alcanzara 3.74 puntos porcentuales, compensando el efecto adverso de la inflación. A eso se sumó la ejecución del aumento de los salarios mínimos sectorizados y no sectorizados entre abril de 2025 y febrero de 2026, una decisión que impactó de forma directa a los trabajadores de menor poder adquisitivo. Cuando una disminución de la pobreza está asociada al trabajo y no solo a un alivio transitorio, el avance adquiere un carácter más sólido y socialmente significativo.

Los antecedentes inmediatos refuerzan esa lectura. Al cierre de 2025, la pobreza monetaria ya había descendido a 17.3 %, el nivel más bajo de la última década, luego de ubicarse en 19.0 % en 2024, lo que implicó que 172,346 personas superaran la línea de pobreza durante ese año. En paralelo, el país incorporó 133,915 nuevos ocupados, elevó el total de personas empleadas a 5,139,951, registró un aumento de 10.3 % en el ingreso nominal mensual per cápita del hogar y un crecimiento de 6.5 % en el ingreso real, mientras la brecha de pobreza descendió a 4.9 %, el nivel más bajo desde 2015. Visto así, el dato del primer trimestre de 2026 no es una anomalía favorable, sino la continuidad de una trayectoria en la que el mercado laboral y los ingresos han venido jugando un papel determinante.

Sin embargo, un editorial responsable no debe confundir avance con solución definitiva. La misma información oficial muestra que la pobreza rural permanece 4.0 puntos porcentuales por encima de la urbana, con una tasa de 18.8 % en el campo frente a 14.8 % en las ciudades durante el primer trimestre de 2026. Ya en 2025 se observaba esa asimetría: la pobreza general urbana bajó de 18.3 % a 16.5 %, mientras la rural descendió de 22.8 % a 21.6 %. Es decir, la República Dominicana está reduciendo pobreza, pero todavía no lo hace con la misma intensidad en todos sus territorios, y esa diferencia revela una estructura de oportunidades todavía desigual. 

Ese punto es decisivo porque la pobreza monetaria no solo se combate con expansión agregada, sino con calidad y distribución del crecimiento. El Banco Central reporta que entre enero y abril de 2026 las actividades de mayor crecimiento fueron minería (10.7 %), construcción (4.6 %), manufactura de zonas francas (3.7 %), manufactura local (3.6 %) y el conjunto de servicios (4.4 %), destacándose los servicios financieros, hoteles, bares y restaurantes, enseñanza, salud y transporte. Esa canasta sectorial es relevante porque indica una recuperación relativamente amplia, con capacidad de irradiación sobre empleo y encadenamientos productivos; pero también obliga a preguntarse cuánto de ese dinamismo está llegando a la ruralidad, a la informalidad y a los segmentos de menor productividad, donde la vulnerabilidad social suele ser más persistente. 

Por eso conviene leer las cifras con una mirada menos triunfalista y más estratégica. La pobreza monetaria se define como el déficit entre los ingresos de los hogares y los recursos necesarios para adquirir una canasta normativa de bienes y servicios; es una medida fundamental, pero no agota la discusión sobre bienestar. Un hogar puede salir estadísticamente de la pobreza y seguir siendo extremadamente frágil frente a un alza de precios, una pérdida de empleo, una enfermedad o un deterioro del ingreso real. De ahí que la pregunta central no sea únicamente cuántos salen de la pobreza, sino cuán firmes son esas salidas y qué tan protegidos están esos hogares ante futuras turbulencias.

En ese sentido, los hallazgos del informe “RD mantuvo resiliencia económica y avances sociales en 2025” aportan una perspectiva útil. El Ministerio de Hacienda y Economía sostiene que, pese a la desaceleración global, el país mantuvo crecimiento positivo apoyado en fundamentos macroeconómicos sólidos, políticas fiscales responsables y dinamismo laboral; además, señala que el empleo formal creció 5.9 %, que la participación laboral femenina alcanzó su nivel más alto desde 2016 y que mejoraron indicadores de ingresos, salud, educación y pobreza multidimensional. Esa combinación sugiere que la discusión ya no debe limitarse a si la pobreza bajó, sino a cómo profundizar un modelo de crecimiento que produzca inclusión más estable, más productividad y mayor igualdad de oportunidades. 

También hay un mérito institucional que no debe pasar inadvertido. Las cifras sobre pobreza fueron elaboradas conforme a la metodología oficial aprobada en 2022 y validadas por entidades técnicas como la ONE y el BCRD, lo que fortalece su credibilidad y permite sostener el debate público sobre bases verificables. En un tiempo en que la calidad del dato es parte de la confianza democrática y de la eficacia de la política pública, contar con estadísticas consistentes no es un detalle administrativo, sino una condición esencial para decidir mejor, focalizar mejor y corregir con mayor precisión. 

La conclusión, entonces, debe ser doble. Sí, la reducción de la pobreza monetaria a 15.4 % en el primer trimestre de 2026 merece ser reconocida como una noticia positiva y como una evidencia de que el crecimiento económico puede convertirse en progreso social cuando viene acompañado de más empleo, mejores salarios y cierta capacidad estatal para amortiguar la vulnerabilidad. Pero, al mismo tiempo, ese resultado impone una obligación: consolidar una agenda que haga menos precaria la salida de la pobreza, cierre brechas territoriales, fortalezca la formalidad, eleve la productividad y proteja a los hogares frente a los riesgos de recaída. La verdadera madurez de una política social no se mide solo por bajar una tasa, sino por impedir que el alivio sea efímero y por transformar la recuperación en movilidad social duradera.

Ministerio de Hacienda


Pobreza monetaria baja 2.6 puntos porcentuales durante el primer trimestre de este año

Ministerio de Hacienda
Pobreza monetaria baja 2.6 puntos porcentuales durante el primer trimestre de este año
Experimentó una significativa reducción al pasar del 18.1 % en el primer trimestre de 2025 a 15.4 % en los tres primeros meses de 2026.
29 de Mayo 2026 | 14:29:
sharethis sharing buttonSanto Domingo.– El Gobierno dominicano reportó hoy que la tasa de pobreza monetaria general se ubicó en 15.4 % en el primer trimestre del 2026, para una reducción de 2.6 puntos porcentuales al comparar con el mismo periodo del año anterior, que fue de un 18.1 %. 

Este resultado preliminar es consistente con la dinámica de crecimiento económico observada en el mismo período, durante el cual el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) acumuló una variación de 4.1 %, sugiriendo que la expansión de la actividad productiva contribuyó a mejorar los ingresos de los hogares más vulnerables.

Esta reducción también fue influenciada por la disposición del aumento de los salarios mínimos sectorizados y no sectorizados que fue ejecutada de abril del año pasado hasta febrero 2026 en beneficio de los ciudadanos de menor poder adquisitivo. 

Los datos están contenidos en la infografía de seguimiento a las cifras preliminares de pobreza monetaria que elabora el Ministerio de Hacienda y Economía (MHE), debidamente validadas por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) y el Banco Central de la República Dominicana (BCRD), institución responsable del levantamiento de los datos.

“Los ingresos laborales percibidos durante los últimos 12 meses, comprendidos entre abril de 2025 y marzo de 2026, reflejaron un incremento al comparar con los reportados entre abril de 2024 y marzo de 2025. Esto permitió que la contribución del ingreso laboral a la reducción de la pobreza alcanzara 3.74 puntos porcentuales, contrarrestando así el efecto de la inflación”, explica el boletín. 

Además, el informe destaca que la pobreza rural sigue siendo mayor que la urbana al situarse un 4.0 puntos porcentuales por encima, en vista de que la primera se ubica en 18.8 %, mientras que en la segunda está en 14.8 %. 

Se recuerda que la pobreza monetaria se define como la situación de déficit que se manifiesta entre los ingresos de los que disponen los hogares y los recursos que requieren las familias para adquirir una canasta normativa de bienes y servicios.

https://www.hacienda.gob.do/republica-dominicana-reduce-la-pobreza-monetaria-a-17-3-en-2025-el-nivel-mas-bajo-de-la-ultima-decada/

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Santo Domingo. – El Gobierno dominicano reportó hoy que la tasa de pobreza monetaria general se ubicó en 15.4 % en el primer trimestre del 2026, para una reducción de 2.6 puntos porcentuales al comparar con el mismo periodo del año anterior, que fue de un 18.1 %.
Este resultado preliminar es consistente con la dinámica de crecimiento económico observada en el mismo período, durante el cual el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) acumuló una variación de 4.1 %, sugiriendo que la expansión de la actividad productiva contribuyó a mejorar los ingresos de los hogares más vulnerables.
Esta reducción también fue influenciada por la disposición del aumento de los salarios mínimos sectorizados y no sectorizados que fue ejecutada de abril del año pasado hasta febrero 2026 en beneficio de los ciudadanos de menor poder adquisitivo.
Los datos están contenidos en la infografía de seguimiento a las cifras preliminares de pobreza monetaria que elabora el Ministerio de Hacienda y Economía (MHE), debidamente validadas por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) y el Banco Central de la República Dominicana (BCRD), institución responsable del levantamiento de los datos.
“Los ingresos laborales percibidos durante los últimos 12 meses, comprendidos entre abril de 2025 y marzo de 2026, reflejaron un incremento al comparar con los reportados entre abril de 2024 y marzo de 2025. Esto permitió que la contribución del ingreso laboral a la reducción de la pobreza alcanzara 3.74 puntos porcentuales, contrarrestando así el efecto de la inflación”, explica el boletín.
Además, el informe destaca que la pobreza rural sigue siendo mayor que la urbana al situarse un 4.0 puntos porcentuales por encima, en vista de que la primera se ubica en 18.8 %, mientras que en la segunda está en 14.8 %.
Se recuerda que la pobreza monetaria se define como la situación de déficit que se manifiesta entre los ingresos de los que disponen los hogares y los recursos que requieren las familias para adquirir una canasta normativa de bienes y servicios.
Nota: Los cálculos de tasas, variaciones y diferencias se realizan empleando los valores originales con máxima precisión disponible. Las cifras publicadas se presentan redondeadas para efectos de exposición. En consecuencia, pueden observarse discrepancias menores en operaciones aritméticas realizadas sobre los valores mostrados, atribuibles exclusivamente al redondeo.
https://www.hacienda.gob.do/pobreza-monetaria-baja-2-6-puntos-porcentuales-durante-el-primer-trimestre-de-este-ano/

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Institución,
República Dominicana reduce la pobreza monetaria a 17.3 % en 2025, el nivel más bajo de la última década
Por Dirección de Comunicaciones 5 de marzo de 2026

Imagen destacada de la República Dominicana reduce la pobreza monetaria a 17.3 % en 2025, el nivel más bajo de la última década
Un estudio del Ministerio de Hacienda y Economía indica que en 2025 un total de 172,346 personas superaron la línea de pobreza y se incorporaron 133,915 nuevos ocupados, para un total de 5,139,951 personas empleadas.

Santo Domingo. El Ministerio de Hacienda y Economía (MHE) presentó los resultados de las Estadísticas Oficiales de Pobreza Monetaria 2025, la cual refleja una reducción de 1.7 puntos porcentuales de la pobreza en el país, pasando de 19.0 % en 2024 a 17.3 % al cierre de 2025. Este avance implicó que 172,346 personas superaran la línea de pobreza durante el último año.

De acuerdo con el informe, la pobreza moderada descendió a 15.1 %, mientras que la pobreza extrema registró una caída de 0.2 puntos porcentuales, situándose en 2.2 %. La mejora también alcanzó la intensidad de la pobreza.

La brecha de pobreza se redujo a 4.9 %, el nivel más bajo desde 2015, con una caída interanual de 0.4 puntos. Este indicador refleja que los hogares que aún permanecen bajo la línea de pobreza se encuentran, en promedio, más cerca de superarla.

El dinamismo del mercado laboral incidió directamente en la baja registrada. En 2025 se incorporaron 133,915 nuevos ocupados, para un total de 5,139,951 personas empleadas. El ingreso nominal mensual per cápita del hogar aumentó 10.3 %, hasta RD$ 20,192, mientras que el ingreso real creció 6.5 %, situándose en RD$ 14,486.8.

En el plano territorial, las zonas urbanas registraron la mayor reducción. La pobreza general urbana pasó de 18.3 % a 16.5 %, mientras que en el ámbito rural descendió de 22.8 % a 21.6 %. Por macrorregiones, el Norte o Cibao presentó la caída más pronunciada, de 14.5 % a 11.4 %, seguido del Este, con un descenso de 2.8 puntos. En pobreza extrema, el Norte redujo 0.8 puntos hasta 1.0 %.

Los indicadores reflejan la estrategia del Gobierno de impulsar políticas públicas que fortalezcan el empleo, consoliden la estabilidad económica y mantengan la pobreza en una trayectoria descendente, a través de la ejecución de medidas laborales, salariales y sociales orientadas a mejorar el bienestar de los hogares.
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MH Crecimiento Económico

RD mantuvo resiliencia económica y avances sociales en 2025
Por Dirección de Comunicaciones 27 de mayo de 2026

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El informe Análisis del Desempeño Económico y Social resalta que en 2025 se crearon más de 133 mil nuevos puestos de trabajo al tiempo que se redujo la pobreza monetaria, entre otros indicadores socioeconómicos

Santo Domingo. El año 2025 estuvo marcado por la desaceleración económica a nivel global. Aun en ese escenario adverso, la economía dominicana mantuvo una trayectoria de crecimiento positivo, sustentada en sólidos fundamentos macroeconómicos, políticas fiscales responsables y el dinamismo del mercado laboral.

Así lo destaca el informe Análisis del Desempeño Económico y Social elaborado por la Dirección de Análisis Social del Viceministerio de Economía que resalta que durante 2025 se crearon más de 133 mil nuevos puestos de trabajo. El empleo formal creció 5.9 %, impulsado principalmente por los sectores de servicios, salud, educación y comunicaciones.

Asimismo, el país alcanzó avances significativos en la inclusión laboral femenina. La tasa de participación de las mujeres alcanzó su nivel más alto desde 2016, reflejando el impacto positivo de las políticas orientadas a ampliar oportunidades y fortalecer la inserción económica de las dominicanas.

En materia de ingresos, el informe señala que el salario promedio mostró un crecimiento sostenido, reflejando mejoras en el poder adquisitivo de los trabajadores.

El documento también resalta la disminución de la pobreza monetaria, multidimensional y de la pobreza crónica, consolidando una tendencia favorable en las condiciones de vida de la población dominicana.

En salud, el país registró mejoras importantes en indicadores sanitarios y epidemiológicos. Las muertes infantiles y neonatales se redujeron significativamente respecto a años anteriores, mientras aumentó el acceso a servicios diagnósticos, consultas y atención médica especializada.

En educación, se observaron avances sostenidos en cobertura escolar, especialmente en educación inicial y superior, además de una expansión del número de docentes y mejoras en el acceso educativo de miles de estudiantes.

Los datos del informe indican que la República Dominicana se mantiene en la senda del avance, fortaleciendo su capacidad de resiliencia y consolidando bases para un crecimiento más inclusivo y sostenible en los próximos años. También refleja retos que tiene el país por delante en términos de socioeconómicos para seguir impacto en el desarrollo nacional.
https://www.hacienda.gob.do/rd-mantuvo-resiliencia-economica-y-avances-sociales-en-2025/

Economía dominicana registra crecimiento promedio de 4.0 % en enero-abril 2026

• En abril el IMAE registró una variación interanual de 3.8 %, por encima del 1.7 % exhibido en abril de 2025.
• Las actividades de mayor crecimiento en el primer cuatrimestre fueron minería (10.7 %), construcción (4.6 %), manufactura de zonas francas (3.7 %), manufactura local (3.6 %) y las actividades del sector servicios en su conjunto (4.4 %), destacándose servicios financieros (6.2 %) y hoteles, bares y restaurantes (5.9 %).

Las cifras preliminares del indicador mensual de actividad económica (IMAE) presentan un crecimiento promedio acumulado de 4.0 % durante los primeros cuatro meses de 2026, superior al 2.7 % del mismo período del año anterior. De manera particular, en abril el IMAE registró una variación interanual de 3.8 %, por encima del 1.7 % exhibido en abril de 2025. Es importante destacar que, este resultado ha sido en el marco de un contexto internacional caracterizado por una alta incertidumbre por las tensiones geopolíticas en el Medio Oriente, que han elevado los costos de transporte y los precios del petróleo, afectando la economía global y reduciendo las expectativas de crecimiento mundial.

El comportamiento exhibido por la economía durante el período enero-abril de 2026 obedece principalmente a la expansión interanual del valor agregado real del sector minería (10.7 %), construcción (4.6 %), manufactura de zonas francas (3.7 %), manufactura local (3.6 %), agropecuaria (2.7 %) y las actividades del sector servicios en su conjunto (4.4 %), destacándose entre estas últimas enseñanza (6.7 %), servicios financieros (6.2 %), hoteles, bares y restaurantes (5.9 %), salud (5.7 %), transporte y almacenamiento (4.9 %) y otras actividades de servicios de mercado (4.6 %).

El sector construcción mostró una variación interanual promedio de 4.6 % en enero-abril de 2026, no obstante la disminución de 1.8 % en el mes de abril del presente año. El desempeño de los primeros cuatro meses fue impulsado principalmente por el desarrollo de proyectos comerciales y turísticos de capital privado, así como por la continuación de obras residenciales que se encontraban en proceso. Cabe destacar que, el crédito al sector construcción registró un crecimiento interanual de 26.1 % al mes de abril de 2026.

En cuanto al desempeño de las demás actividades industriales durante el período enero-abril de 2026, la minería registró una variación interanual de 10.7 %, asociada a mayores volúmenes de extracción de oro y plata. La manufactura de zonas francas exhibió un crecimiento interanual de 3.7 %, resultado que se refleja en las exportaciones en US$ bajo este régimen, las cuales se incrementaron en 4.3 % respecto al mismo período del año anterior. De igual forma, la manufactura local creció 3.6 %, sustentada por el comportamiento de la elaboración de bebidas alcohólicas, la fabricación de productos minerales no metálicos y la producción de otras sustancias y productos químicos.

En relación al valor agregado de hoteles, bares y restaurantes, este exhibió una variación interanual de 5.9 %, lo que responde en gran medida a la gestión realizada por parte del Ministerio de Turismo con campañas promocionales dirigidas a mantener los mercados emisores de alta participación e incentivar la diversificación de la procedencia de visitantes. Como resultado, la llegada de pasajeros no residentes vía aérea por los distintos aeropuertos del país superó los 2.6 millones de turistas en enero-marzo 2026, destacándose el mes de marzo que se recibieron por primera vez más de 900 mil pasajeros vía aérea.

Asimismo, la actividad de intermediación financiera, seguros y actividades conexas experimentó un crecimiento interanual de 6.2 %, reflejando la expansión de 9.3 % del crédito dirigido al sector privado en moneda nacional y extranjera, equivalente a RD$216 mil millones adicionales con respecto a abril del año 2025.

Finalmente, es importante destacar que el Banco Central continúa monitoreando el desempeño de la economía dominicana en un entorno internacional complejo, donde predominan elevados niveles de incertidumbre producto de las tensiones geopolíticas. Este contexto ha dado lugar a un nuevo choque de oferta negativo, evidenciado en el encarecimiento de los precios internacionales del petróleo y sus derivados. Bajo estas circunstancias, la política monetaria, junto con las condiciones financieras internas, se mantiene enfocada en resguardar la estabilidad de precios, contribuyendo así a la preservación de condiciones macroeconómicas adecuadas.

Miércoles 27 de mayo de 2026

https://www.bancentral.gov.do/a/d/6579-economia-dominicana-registra-crecimiento-promedio-de-40--en-eneroabril-2026

La pobreza baja, pero el verdadero desafío es convertir el alivio en movilidad social duradera

La caída de la pobreza monetaria a 15.4 % en el primer trimestre de 2026 confirma que la economía dominicana está generando resultados sociales concretos; sin embargo, el reto de fondo sigue siendo transformar esa mejoría en una reducción más estructural de las brechas territoriales, laborales y de vulnerabilidad que aún limitan el bienestar de miles de hogares.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

La reducción de la pobreza monetaria general en República Dominicana durante el primer trimestre de 2026 constituye una de las señales más relevantes del momento económico y social del país. Que la tasa haya pasado de 18.1 % en el primer trimestre de 2025 a 15.4 % en igual período de 2026 no solo implica una caída de 2.6 puntos porcentuales; también refleja que el crecimiento económico, cuando logra traducirse en ingresos laborales y en una mejora del poder adquisitivo de los sectores de menores recursos, puede alterar positivamente la vida cotidiana de los hogares. El dato preliminar divulgado por el Ministerio de Hacienda y Economía, validado por la Oficina Nacional de Estadística y sustentado en levantamientos del Banco Central, no es menor: confirma que la pobreza continúa una trayectoria descendente que ya había mostrado avances importantes al cierre de 2025. 

Ese resultado, además, tiene un contexto económico que le da mayor consistencia. Durante los tres primeros meses de 2026, el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) acumuló una variación de 4.1 %, lo que sugiere que la expansión productiva no se quedó confinada a los agregados macroeconómicos, sino que comenzó a filtrarse hacia los ingresos de las familias más vulnerables. A ello se sumó la ejecución del aumento de los salarios mínimos sectorizados y no sectorizados entre abril de 2025 y febrero de 2026, una medida que el propio boletín reconoce como un factor influyente en la reducción observada. En otras palabras, el país no solo creció: creció con un componente distributivo que ayudó a empujar hacia abajo la tasa de pobreza monetaria.

La pieza técnica más reveladora del informe está en la composición de esa mejoría. El Ministerio de Hacienda y Economía explica que los ingresos laborales percibidos entre abril de 2025 y marzo de 2026 aumentaron respecto del período anterior, y que esa mejora permitió que la contribución del ingreso laboral a la reducción de la pobreza alcanzara 3.74 puntos porcentuales, compensando el efecto adverso de la inflación. Este dato es crucial porque sitúa el empleo y el salario en el centro de la explicación. No se trata simplemente de que la pobreza cayó por un fenómeno estadístico o por una transferencia coyuntural; se trata de que los hogares tuvieron, en promedio, una mayor capacidad de generación de ingresos. Allí radica una diferencia de enorme valor para la sostenibilidad del proceso: cuando la mejoría proviene del trabajo y no solo del alivio temporal, la salida de la pobreza tiene más posibilidades de consolidarse. 

Sin embargo, sería un error leer el avance como una victoria definitiva. La propia información oficial advierte que la pobreza rural continúa siendo mayor que la urbana. En el primer trimestre de 2026, la pobreza monetaria se situó en 18.8 % en las zonas rurales y en 14.8 % en las urbanas, manteniendo una brecha de 4.0 puntos porcentuales. Esa diferencia no es un detalle técnico; es una señal de que el crecimiento sigue teniendo una geografía desigual. Ya en 2025, la pobreza urbana había bajado de 18.3 % a 16.5 %, mientras la rural descendió de 22.8 % a 21.6 %, lo que confirma que las mejoras llegan con menor intensidad a los territorios de menor densidad económica. El país está reduciendo pobreza, sí, pero todavía no la está reduciendo con la misma velocidad en todos sus espacios sociales y productivos

Ahí es donde el debate público debe elevar su nivel. El dato de pobreza monetaria es alentador, pero no basta con celebrarlo; hay que interrogar su profundidad. La pobreza monetaria mide el déficit entre los ingresos de los hogares y los recursos necesarios para adquirir una canasta normativa de bienes y servicios. Es una herramienta indispensable, pero no agota la complejidad del bienestar. Un hogar puede salir estadísticamente de la pobreza y, aun así, permanecer en una condición frágil frente a la inflación, la informalidad, la enfermedad, la pérdida del empleo o los altos costos del transporte y la vivienda. Esa es la razón por la que toda reducción de pobreza debe leerse no solo como alivio inmediato, sino como una oportunidad para construir políticas de movilidad social más sólidas y menos reversibles. 

En justicia, hay bases para afirmar que la tendencia reciente ha sido consistente. El informe oficial de 2025 ya había reportado una reducción de la pobreza monetaria de 19.0 % en 2024 a 17.3 % en 2025, el nivel más bajo de la última década, lo que implicó que 172,346 personas superaran la línea de pobreza. En paralelo, se incorporaron 133,915 nuevos ocupados, elevando el total de personas empleadas a 5,139,951, mientras el ingreso nominal mensual per cápita del hogar aumentó 10.3 % y el ingreso real creció 6.5 %. También la brecha de pobreza se redujo a 4.9 %, el nivel más bajo desde 2015. Estos indicadores no hablan de una mejoría aislada, sino de una dinámica acumulativa en la que empleo, ingreso y estabilidad macroeconómica han empezado a operar en una misma dirección

Ahora bien, precisamente porque la tendencia luce positiva, la política pública tiene la obligación de ser más ambiciosa. Si el crecimiento económico está produciendo resultados sociales tangibles, entonces corresponde profundizar las condiciones que permiten esa transmisión: más formalización laboral, mejor productividad, más acceso a capacitación, una política salarial compatible con la competitividad y una protección social capaz de blindar a los hogares vulnerables de recaídas bruscas. El dato de pobreza del primer trimestre demuestra que el crecimiento con orientación social puede rendir frutos; pero también sugiere que, si el país quiere mantener la trayectoria descendente, tendrá que prestar especial atención a la calidad del empleo, a la desigualdad territorial y a la persistencia de bolsillos de exclusión que no se corrigen únicamente con expansión agregada

Desde una perspectiva institucional, otro elemento que merece destacarse es la robustez metodológica del proceso. Las cifras fueron elaboradas por el Ministerio de Hacienda y Economía conforme a la metodología oficial aprobada en 2022, y el seguimiento preliminar fue validado por entidades clave como la ONE y el Banco Central. Esa articulación interinstitucional fortalece la credibilidad del resultado y permite que la discusión pública se sostenga sobre bases técnicas, no sobre percepciones. En tiempos en que la confianza en las estadísticas oficiales es un activo democrático de primer orden, disponer de información consistente y verificable es tan importante como el propio avance reportado. El país necesita buenos resultados, pero también necesita datos confiables para saber dónde está, qué funciona y qué debe corregir.

Lo verdaderamente estratégico, entonces, no es solo que la pobreza haya bajado, sino qué hará la nación con ese resultado. La República Dominicana tiene ante sí la oportunidad de convertir una mejoría estadística en una agenda de transformación más profunda. Eso implica usar el crecimiento como plataforma para cerrar brechas regionales, fortalecer la ruralidad, expandir la calidad del empleo y consolidar una red de oportunidades que impida que quienes hoy salen de la pobreza vuelvan a caer mañana. El primer trimestre de 2026 deja una conclusión alentadora: el progreso económico puede ser socialmente eficaz. Pero también deja una advertencia: reducir pobreza no es lo mismo que erradicar vulnerabilidad. La tarea del Estado, del mercado y de la sociedad es hacer que este avance no sea apenas una buena noticia coyuntural, sino el inicio de una prosperidad más amplia, más firme y más compartida. 

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