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miércoles, 1 de julio de 2026

Chips, geopolítica y poder: la nueva frontera de la competencia global

Chips, geopolítica y poder: la nueva frontera de la competencia global

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La inteligencia artificial ha dejado de ser una discusión tecnológica para convertirse en una cuestión de seguridad nacional, influencia económica y poder geopolítico. El reciente allanamiento de oficinas de Supermicro en Taiwán, en el marco de una investigación sobre el presunto desvío de servidores equipados con chips avanzados de Nvidia hacia China, constituye mucho más que un caso corporativo. Es un reflejo de la creciente batalla estratégica por el control de la tecnología que definirá la economía mundial durante las próximas décadas. 1

Las autoridades taiwanesas investigan supuestas exportaciones ilegales de servidores que podrían haber terminado en territorio chino, mientras Washington intensifica los esfuerzos para impedir que tecnologías avanzadas de inteligencia artificial lleguen a competidores estratégicos. La noticia provocó una caída significativa en las acciones de Supermicro y volvió a colocar el foco sobre una de las industrias más sensibles del planeta: la de los semiconductores. 1

Detrás de este episodio subyace una realidad ineludible. Los chips ya no son simples componentes electrónicos. Son la infraestructura crítica de la nueva economía digital. Quien controle su diseño, fabricación, distribución y capacidad de procesamiento tendrá ventajas decisivas en áreas tan diversas como la inteligencia artificial, la defensa, la ciberseguridad, la productividad industrial, la investigación científica y el comercio internacional.

Estados Unidos ha entendido esta realidad con claridad estratégica. Las restricciones a la exportación de chips avanzados hacia China responden a la convicción de que la supremacía tecnológica del siglo XXI dependerá de la capacidad para liderar el desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial. Nvidia, cuyos procesadores alimentan plataformas como ChatGPT y otros sistemas de IA de frontera, se encuentra precisamente en el centro de esa competencia global. 1

China, por su parte, no observa pasivamente. Pekín ha destinado miles de millones de dólares para acelerar la autosuficiencia tecnológica y reducir su dependencia de proveedores occidentales. Cada nueva restricción estadounidense fortalece, paradójicamente, el incentivo chino para desarrollar una industria nacional de semiconductores capaz de competir a escala global.

En este contexto, Taiwán ocupa una posición singular. La isla no solo representa uno de los principales centros mundiales de fabricación de chips, sino que se ha convertido en un activo geopolítico de valor extraordinario. Las decisiones regulatorias adoptadas por Taipei tienen repercusiones directas sobre las cadenas globales de suministro, los mercados financieros y las estrategias de seguridad de las principales potencias.

El caso Supermicro también evidencia un fenómeno que crecerá en los próximos años: la vigilancia cada vez más estricta de las cadenas de distribución tecnológica. Los gobiernos están comprendiendo que la exportación de servidores, centros de datos y equipos avanzados de procesamiento representa mucho más que una transacción comercial. Se trata de activos estratégicos cuya circulación puede alterar balances de poder a nivel internacional.

La cuestión adquiere una dimensión aún mayor cuando se observa el crecimiento exponencial de la inteligencia artificial generativa. Los centros de datos que entrenan modelos avanzados requieren enormes cantidades de procesadores especializados. El acceso a estos recursos se está convirtiendo en una ventaja competitiva tan importante como lo fue el acceso al petróleo durante gran parte del siglo XX.

Por ello, la investigación sobre presuntas operaciones de contrabando tecnológico no debe interpretarse únicamente como un problema empresarial. Es una manifestación del nuevo orden tecnológico que está emergiendo. Las fronteras entre economía, innovación, seguridad y geopolítica son cada vez más difusas. Cada servidor interceptado, cada chip restringido y cada exportación supervisada forman parte de una competencia internacional mucho más amplia.

Para América Latina y para la República Dominicana, esta realidad ofrece importantes enseñanzas. El futuro desarrollo económico dependerá en gran medida de la capacidad para integrarse a cadenas de valor vinculadas a la economía digital, la innovación tecnológica y los servicios avanzados. Los países que comprendan tempranamente esta transformación estarán mejor posicionados para atraer inversión, desarrollar talento especializado y participar en sectores de alto valor agregado.

La disputa por los chips demuestra que la revolución tecnológica no solo se libra en laboratorios o centros de innovación. También se desarrolla en tribunales, aduanas, organismos reguladores y acuerdos internacionales. La geopolítica del siglo XXI ya no gira exclusivamente alrededor del territorio o los recursos naturales; gira alrededor del conocimiento, los datos y la capacidad computacional.

El caso Supermicro es, en definitiva, una advertencia sobre el mundo que está surgiendo. Un mundo donde los semiconductores son instrumentos de poder estratégico, donde la inteligencia artificial redefine las relaciones internacionales y donde el liderazgo económico dependerá cada vez más de quién controle la infraestructura tecnológica que impulsa la nueva era digital. 1

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

🚨💻🌎 Tensión tecnológica entre EE. UU. y China escala un nuevo nivel

Las autoridades de Taiwán realizaron allanamientos en oficinas de Supermicro como parte de una investigación sobre el presunto desvío ilegal de servidores equipados con chips de inteligencia artificial de Nvidia hacia China. La noticia provocó una caída cercana al 8 % en las acciones de la compañía y vuelve a poner en el centro del debate la seguridad tecnológica, los controles de exportación y la competencia geopolítica por el liderazgo en IA. 1

🔍 El caso ocurre mientras Washington intensifica las restricciones para impedir que tecnologías avanzadas de IA lleguen al mercado chino, en una carrera estratégica que redefine las cadenas globales de suministro y la seguridad tecnológica internacional. Las autoridades también investigan presuntas operaciones de contrabando vinculadas a servidores con chips avanzados de Nvidia. 1

⚙️ La inteligencia artificial ya no es solo una revolución tecnológica; es un factor clave de poder económico, industrial y geopolítico. Cada servidor, cada chip y cada centro de datos forman parte de una competencia global por la innovación y la soberanía tecnológica.

🌐 El episodio demuestra cómo la industria de los semiconductores se ha convertido en uno de los principales campos de disputa estratégica del siglo XXI.

#InteligenciaArtificial 🤖 #Nvidia 🧠 #Supermicro 💻 #Semiconductores 🔬 #Tecnología 🌐 #Geopolítica 🌎 #China 🇨🇳 #EstadosUnidos 🇺🇸 #ExportControls #AIRevolution #Innovación 🚀 #TransformaciónDigital #TechNews #FutureOfAI #EconomíaDigital 📈 #GuasábaraEditor ✍️

miércoles, 11 de noviembre de 2020

La otra cara del poder: la legitimidad - Por CÁNDIDO MERCEDES

DESHOJANDO PARADIGMAS

La otra cara del poder: la legitimidad

Las instituciones crean y fomentan la prosperidad creando bucles de feedback que estorban y evitan que las elites se esfuercen por minarlas

Por CÁNDIDO MERCEDES 

“Las sociedades que se rigen bajo la lógica de los favores personales, que asumen que todo beneficio proviene de la ayuda de un tercero y pocas veces por los derechos adquiridos como ciudadanos, o por el esfuerzo y la competencia profesional, devienen en una cultura propensa a servir a los intereses de los que controlan la política y los bienes económicos, bajo acuerdos de beneficios asimétricos”. (José Manuel Pantin Morado).

Las instituciones dominicanas en los últimos 16 años se patrimonializaron hasta llegar al paroxismo, una verdadera locura demencial, no por una estructura cerebral de demencia senil ni la terrible enfermedad del alzhéimer, sino por la feroz instrumentalización del Estado en un grado de corporeidad sin parangón en la historia, incubado, al mismo tiempo, en una red de dominación autocrática, bosquejada en lo que se ha denominado dictadura blanda.

La dictadura blanda cubre la fachada formal de la democracia, pero la subvierte constantemente cuando los intereses personales, particulares y partidarios se encuentran en juego. Se instala así la inobservancia de las instituciones para llegar a la anomia institucional. Cuasi todas las decisiones de las altas instancias del poder político estuvieron bajo el espectro de la crisis de la legitimidad, algo que tiene que ver y trasciende el mero poder, la otra cara del poder. Hubo una sobredimensión, sobreposición del Poder Ejecutivo sobre los demás poderes (Congreso, Justicia) y los poderes públicos.

Donald Trump, el icono de la representación de la crisis de liderazgo a nivel mundial y expresión del ocaso del poder imperial, manipuló hasta la saciedad.

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A lo largo de 16 años, sobre todo en los últimos 8 (2012-2020), se desarrolló lo que Acemoglu y Robinson en su libro ¿Por qué fracasan los países? nos hablan de las instituciones. Postulan que durante mucho tiempo se había creado el mito de la pobreza y la desigualdad alrededor de: localización geográfica, el acceso a la tecnología, la cultura y la ignorancia. Nos señalan que no. Es fruto de como los intereses de grupos prevalecen por encima del resto de la sociedad. Para decirlo de la manera más acertada y gráfica, Peter A. Prazmowski y Xavier Sala, nos dicen “instituciones extractivas e instituciones inclusivas. Las extractivas las que permiten a las elites económicas y políticas extraer rentas y riqueza del resto de la sociedad, mediante el favoritismo político y las manipulaciones del sistema legal, policial y judicial”. Abundan ellos acera de las instituciones inclusivas como “ las que fomentan la participación de los ciudadanos en la actividad económica y permiten la libertad de elección y de expresión, con un Estado de derecho sólido y con oportunidades para todos.

En la sociedad dominicana los poderes públicos actúan en contra, en detrimento de la sociedad, de los ciudadanos. Se conforma, en los últimos años, una triada que genera una confluencia de intereses: los políticos en el poder, el sector empresarial y las iglesias. Puedo asegurar que en occidente no hay ningún país donde las iglesias y los empresarios influyan tan denodadamente en los poderes públicos, en especial en los órganos extrapoder.

Todo ello tiene que ver con la legitimidad más allá del poder en sí mismo. Una sociedad sin legitimidad no logra los necesarios niveles de confianza que pueda orquestar la cohesión social adecuada y pertinente para el logro de un desarrollo sostenible. Esa ausencia de legitimidad es lo que da pie y pábulo para que más allá del crecimiento económico (de la macroeconomía), los alcances de la pobreza, de la exclusión, de la marginalidad, del torrente asimétrico de la desigualdad, se encuentre en todo el tejido social de nuestra formación social.

Nuestra pobreza institucional es tan aguda que los poderes fácticos (empresarios y las iglesias) operan como si ese fuera su quehacer en la división social del trabajo. Cuando se configura un poder político con un poder empresarial que sintoniza en la cimentación de sus intereses, con grado sumo del modo operandi de instrumentalización y asunción de visualizar las instituciones como fuentes extractivas, la dimensión de la sociedad horizontal, participativa se achica.

Donald Trump, el icono de la representación de la crisis de liderazgo a nivel mundial y expresión del ocaso del poder imperial, manipuló hasta la saciedad. La mueca del espectáculo exacerbado en el plano político. Cuando quiso mentir el miércoles acerca del fraude, sin pruebas, tres cadenas de medios de comunicación le cerraron. Es que el stablishment impone sus límites. Traza la frontera del poder personal y de grupo frente a los intereses, finalmente, de la nación.

Aquí tenemos empresarios e iglesias sin visión de país, sin compromisos reales, donde solo tienen la mirada del pasado que como decía Arturo Pérez Reverte “Hay una estupidez que se extiende, que es considerar el pasado con ojos del presente”. La legitimidad es pues, “la capacidad para conseguir que sean aceptados los límites que el poder impone”. La legitimidad se deriva, nace, como dirían José Valles y Salvador Martí Puig “cuando las decisiones serán percibidas como legítimas en tanto en cuanto se ajuste a los valores y a las creencias que dominan en una sociedad. Si concuerda con lo que aquella sociedad considera conveniente o digno de aprecio, una decisión o una propuesta adquieren mayor legitimidad y cuentan con más probabilidades de ser aceptadas”.

La legitimidad se pierde, en gran medida, porque los actores políticos dominantes vieron la política como diría Max Weber “Hay seres humanos que viven para la política. Los hay que viven de la política”. Los últimos son los que han acontecido en nuestra sociedad. Eso es lo que hace que se piense más en los intereses individuales y partidarios y que el costo de la política sea de las más caras del mundo. ¡Que tengamos Barrilitos y Cofrecitos como cuerpo del delito de la aberración ética-moral, merced a privilegios descarados y donde hoy no quieren que en el Presupuesto del 2021 se le disminuya a la mitad “su asignación”, para conjurar y “ayudar” en esta crisis originada por la pandemia!

Las dimensiones de la política, esto es: Estructura, Proceso y Resultado, han de cambiar en nuestra sociedad para poder operar con mayor sistematicidad y permanencia con la legitimidad como la otra cara del poder que trasciende la legalidad. Se conecta con la influencia, con la verdadera autoridad. En los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza “Por qué fracasan los países”, de Daron Acemoglu y James Robinson, nos dicen: Son las instituciones y su sentido de idoneidad que determinan en gran medida la política y al mismo tiempo va podando a los políticos. Ellos, en fin de cuentas han de subordinarse a ellas y no al revés.

Las instituciones crean y fomentan la prosperidad creando bucles de feedback que estorban y evitan que las elites se esfuercen por minarlas. Es observando la cara del poder desde otra perspectiva, que no es otra que la legitimidad, proyectando instituciones inclusivas y no extractivas.

https://acento.com.do/opinion/la-otra-cara-del-poder-la-legitimidad-8881069.html

jueves, 5 de septiembre de 2019

Opinión | Cuando los mediocres toman el poder; por ALAIN DENEAULT

IDEAS OPINIÓN
Cuando los mediocres toman el poder 
La división y la industrialización del trabajo manual e intelectual han contribuido al advenimiento de una 'mediocracia', sostiene el filósofo Alain Deneault en su último libro

4 SEP 2019 - 00:00 CEST  
triunfo de los mediocres
GETTY IMAGES / VETTA CSA
Deje a un lado esos complicados volúmenes: le serán más útiles los manuales de contabilidad. No esté orgulloso, no sea ingenioso ni dé muestras de soltura: puede parecer arrogante. No se apasione tanto: a la gente le da miedo. Y, lo más importante, evite las “buenas ideas”: muchas de ellas acaban en la trituradora. Esa mirada penetrante suya da miedo: abra más los ojos y relaje los labios. Sus reflexiones no solo han de ser endebles, además deben parecerlo. Cuando hable de sí mismo, asegúrese de que entendamos que no es usted gran cosa. Eso nos facilitará meterlo en el cajón apropiado. Los tiempos han cambiado. Nadie ha tomado la Bastilla, ni ha prendido fuego al Reichstag, el Aurora no ha disparado una sola descarga. Y, sin embargo, se ha lanzado el ataque y ha tenido éxito: los mediocres han tomado el poder.
¿Qué es lo que mejor se le da a una persona mediocre? Reconocer a otra persona mediocre. Juntas se organizarán para rascarse la espalda, se asegurarán de devolverse los favores e irán cimentando el poder de un clan que seguirá creciendo, ya que enseguida darán con la manera de atraer a sus semejantes. Lo que de verdad importa no es evitar la estupidez, sino adornarla con la apariencia del poder. “Si la estupidez […] no se asemejase perfectamente al progreso, el ingenio, la esperanza y la mejoría, nadie querría ser estúpido”, señaló Robert Musil.
Siéntase cómodo al ocultar sus defectos tras una actitud de normalidad; afirme siempre ser pragmático y esté siempre dispuesto a mejorar, pues la mediocridad no acusa ni la incapacidad ni la incompetencia. Deberá usted saber cómo utilizar los programas, cómo rellenar el formulario sin protestar, cómo proferir espontáneamente y como un loro expresiones del tipo “altos estándares de gobernanza corporativa y valores de excelencia” y cómo saludar a quien sea necesario en el momento oportuno. Sin embargo –y esto es lo fundamental–, no debe ir más allá.
El término mediocridad designa lo que está en la media, igual que superioridad e inferioridad designan lo que está por encima y por debajo. No existe la medidad. Pero la mediocridad no hace referencia a la media como abstracción, sino que es el estado medio real, y la mediocracia, por lo tanto, es el estado medio cuando se ha garantizado la autoridad. La mediocracia establece un orden en el que la media deja de ser una síntesis abstracta que nos permite entender el estado de las cosas y pasa a ser el estándar impuesto que estamos obligados a acatar. Y si reivindicamos nuestra libertad no servirá más que para demostrar lo eficiente que es el sistema.
La división y la industrialización del trabajo –tanto manual como intelectual– han contribuido en gran medida al advenimiento del poder mediocre. El perfeccionamiento de cada tarea para que resulte útil a un conjunto inasible ha convertido en “expertos” a charlatanes que enuncian frases oportunas con mínimas porciones de verdad, mientras que a los trabajadores se les rebaja al nivel de herramientas para quienes “la actividad vital […] no es sino un medio de asegurar su propia existencia”.
[…] Laurence J. Peter y Raymond Hull fueron de los primeros en atestiguar la proliferación de la mediocridad a lo largo y ancho de todo un sistema. Su tesis, El principio de Peter, que desarrollaron en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, resulta implacable en su claridad: los procesos sistémicos favorecen que aquellos con niveles medios de competencia asciendan a posiciones de poder, apartando en su camino tanto a los supercompetentes como a los totalmente incompetentes. Se dan ejemplos impresionantes de este fenómeno en los colegios, donde se despedirá a un profesor que no sea capaz de seguir un horario ni sepa nada sobre su asignatura, pero también se rechazará a un rebelde que aplique cambios importantes a los protocolos de enseñanza para lograr que una clase de alumnos con dificultades obtenga mejores calificaciones –tanto en comprensión lectora como en aritmética– que los alumnos de las clases normales. Asimismo, se desharán de un profesor poco convencional cuyos alumnos completen el trabajo de dos o tres años en solamente uno. Según los autores de El principio de Peter, en este último caso al profesor se le castigó por haber alterado el sistema oficial de calificaciones, pero sobre todo por haber causado “un estado de ansiedad extrema al profesor que habría de encargarse al año siguiente del grupo que ya había realizado todo ese trabajo”. Así es el proceso que va dando lugar a los “analfabetos secundarios”, por emplear la expresión acuñada por Hans Magnus Enzensberger. Este nuevo sujeto, producido en masa por instituciones educativas y centros de investigación, se precia de poseer todo un acervo de conocimiento útil que, sin embargo, no lo lleva a cuestionarse sus fundamentos intelectuales […]
El “analfabeto secundario” se precia de poseer todo un acervo de conocimiento útil que, sin embargo, no lo lleva a cuestionarse sus fundamentos intelectuales 
La norma de la mediocridad lleva a desarrollar una imitación del trabajo que propicia la simulación de un resultado. El hecho de fingir se convierte en un valor en sí mismo. La mediocracia lleva a todo el mundo a subordinar cualquier tipo de deliberación a modelos arbitrarios promovidos por instancias de autoridad. Hoy figuran entre sus ejemplos el político que explica a los votantes que se tienen que someter a los designios de los accionistas de Wall Street; o el profesor universitario que considera que el trabajo de un alumno es “demasiado teórico y demasiado científico” cuando sobrepasa las premisas que se habían expuesto previamente en un PowerPoint; o el productor cinematográfico que insiste en adjudicarle a un famoso un papel protagonista en un documental sobre un tema con el que este no tiene ninguna relación; o el experto que demuestra su “racionalidad” argumentando largamente a favor de un crecimiento económico (irracional). Zinoviev ya era consciente de las posibilidades del trabajo simulado como fuerza psicológica para alterar las mentes:
"La imitación del trabajo al parecer solo precisa de un resultado, o más bien de la mera posibilidad de justificar el tiempo que se ha invertido: la comprobación y la evaluación de los resultados las llevan a cabo personas que han participado de la simulación, que guardan relación con ella y tienen interés en perpetuarla". 
Cabría pensar que un rasgo común entre quienes comparten este poder sería el de una sonrisa cómplice. Al creerse más listos que todos los demás, se complacen con frases cargadas de sabiduría tales como: “Hay que seguir el juego”. El juego –una expresión cuya absoluta vaguedad encaja perfectamente con el pensamiento del mediocre– requiere que, según el momento, uno acate obsequiosamente las reglas establecidas con el solo propósito de ocupar una posición relevante en el tablero social, o bien que eluda con ufanía tales reglas –sin dejar nunca de guardar las apariencias–, gracias a múltiples actos de colusión que pervierten la integridad del proceso. https://elpais.com/elpais/2019/08/30/ideas/1567166223_815812.html
Alain Deneault es filósofo y escritor, profesor de Sociología en la Universidad de Québec y autor de Paraísos fiscales. Una estafa legalizada (2017). Este texto es un extracto de su libro Mediocracia. Cuando los mediocres toman el poder, que publica Turner el 4 de septiembre.

La sociedad del sándwich mixto: por qué los mediocres dominan el mundo

HISTORIAS 
La sociedad del sándwich mixto: por qué los mediocres dominan el mundo 
A nadie le ofende un sándwich mixto, pero difícilmente alguien lo elegiría para su última cena. Es la metáfora ideal de un mundo en el que lo mediocre, lo que no destaca por ser ni demasiado malo ni demasiado brillante, está acaparando el poder.

FOTOS: ÁNGEL BECERRIL
Piense en un helado de vainilla. No, mejor aún, piense en un sándwich mixto. Aquí tiene una foto para inspirarse. Visualice el mejor sándwich mixto posible, con su jamón caliente, su queso fundido, su pan tostado... ¿Es la mejor comida del mundo? Desde luego que no. ¿Es la peor? Seguro que tampoco. A nadie le disgusta un sándwich mixto pero difícilmente alguien lo elegiría para el menú de su boda o como última cena en el corredor de la muerte. No es un plato brillante, pero para salir del paso nunca está mal; cumple su función. «Perdone, la cocina ya ha cerrado, pero si quiere le podemos hacer un sándwich mixto».
Podríamos decir que el sándwich mixto es un plato sencillamente mediocre. No malo, ojo, me-dio-cre. Es decir, «de calidad media», según estricta definición de la RAE. «De poco mérito». Vamos, del montón.
Ahora olvide el sándwich y mire hacia el despacho de su jefe. Ahí lo tiene. Piense en el profesor de sus hijos o ponga un rato las noticias y fíjese en nuestros políticos. Incluso en la última película de moda o el disco más vendido. El último best seller... ¿No me diga que no le sabe todo a jamón y queso? Bienvenidos a la dictadura de lo mediocre.
«Vivimos un orden en el que la media ha dejado de ser una síntesis abstracta que nos permite entender el estado de las cosas y ha pasado a ser el estándar impuesto que estamos obligados a acatar», denuncia Alain Deneault, filósofo y profesor de Sociología en la Universidad de Québec y autor de Mediocracia, cuando los mediocres llegan al poder (Ed. Turner), un ensayo que llega hoy a España y que analiza cómo las mediocres aspiraciones que invaden la sociedad están provocando ciudadanos cada vez más idiotas. Condenados -diríamos- a desayunar, comer y cenar un sándwich mixto. «La mediocracia nos anima de todas las maneras posibles a amodorrarnos antes que a pensar, a ver como inevitable lo que resulta inaceptable y como necesario lo repugnante».
La mediocracia nos anima a amodorrarnos antes que a pensar, a ver como inevitable lo que resulta inaceptable y como necesario lo repugnante
ALAIN DENEAULT
Veamos un ejemplo práctico que pone Deneault para entender el juego perverso del que habla en su libro. El sistema no quiere a un maestro que no sepa ni usar la fotocopiadora, pero menos aún aceptará a un maestro que cuestione el programa educativo tratando de mejorar la media. Tampoco admitirá al empleado de una empresa que intente mostrar una pizca de moralidad en una compañía sometida a la presión de sus accionistas. Traslade el modelo a cualquier otra profesión y encontrará un panorama con profesores universitarios que en lugar de investigar rellenan formularios, periodistas que ocultan grandes escándalos para generar clics con noticias de consumo rápido, artistas tan revolucionarios como subvencionados y políticos de extremo centro. Ni rastro del orgullo por el trabajo bien hecho. «Por oportunismo o por temor a represalias estructurales, es difícil resistir la presión de la mediocridad», lamenta el filósofo canadiense.
Todo se rige hoy bajo el conocido como Principio de Peter, una teoría formulada por el pedagogo Laurence J. Peter y el dramaturgo Raymond Hull (también canadienses) que establece que, en las jerarquías modernas, todos los trabajadores medianamente competentes -ni los más brillantes ni los que no son unos completos inútiles- son ascendidos en su empresa hasta que alcanzan un puesto para el que ya no están capacitados.

«Nuestros sistemas masivos de calificación, de evaluación y de indicadores están pensados para gestionar la media. Y la verdad es que lo hacen bastante bien», defiende Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política y Social en la Universidad del País Vasco. «La parte mala es que también castigan la disonancia, lo disruptivo. Lo que nos suena extraño tendemos a calificarlo como malo. La única manera de combatir ese sesgo es tener un sistema en paralelo para concederse una cierta excepcionalidad porque el sistema, por nuestro comportamiento gregario y por la igualdad democrática, tiende a premiar la conducta adaptativa. Quien quiera evitar ese sesgo lo que debe hacer es procurarse la compañía de alguien que le diga la verdad a la cara, que no le haga la pelota como hacen los asesores de hoy en día, sino que le diga alguna vez que está haciendo el ridículo, como hacían los bufones del Rey».
El origen de esta mediocracia se remonta, según el relato de Alain Denault, al siglo XIX, «cuando los oficios se transformaron gradualmente en empleos», se estandarizó el trabajo y los profesionales se convirtieron en «recursos humanos», formateados, clasificados y empaquetados como gerentes, socios, emprendedores, autónomos, asociados... Con una eficacia a gran escala que, para Denault, no tiene comparación en la Historia. Tenemos a gente que produce alimentos en cadenas de montaje sin saber cocinar ni un sándwich de jamón y queso, que te dan la turra por teléfono con estimulantes tarifas que ni ellos mismos entienden, que venden libros que jamás leerían. Que trabajan como la media porque el trabajo no es para ellos más que (valga la redundancia) un mediocre medio de supervivencia.
Uno puede ser un mediocre muy competente, es decir, aplicado y servil pero sin convicciones. En ese caso, el futuro es suyo
ALAIN DENEAULT
«Generamos una especie de promedio estandarizado, requerido para organizar el trabajo a gran escala en el modelo alienante que conocemos hoy», explica el autor. «Los mediocres se organizarán para adularse unos a otros, se asegurarán de devolverse los favores e irán cimentando el poder de un clan que irá creciendo atrayendo a sus semejantes», sostiene. «Es un círculo vicioso».
- ¿Es más peligroso un profesional mediocre que uno directamente malo?
- Para el poder, no. Mediocridad no es sinónimo de incompetencia. Los poderes establecidos no quieren perfectos incompetentes, trabajadores que no cumplan su horario o que no obedezcan órdenes. En realidad cuesta ser mediocre. Uno puede ser un mediocre muy competente, es decir, aplicado, servil y libre de todas las convicciones y pasiones propias. En ese caso, el futuro es suyo porque las instituciones de poder son reacias a codearse con personas comprometidas política y moralmente o que sean originales en sus pensamientos y métodos.
- ¿Somos más mediocres que antes?
- No vamos a inventar un mediocrómetro para estudiar el grado de mediocridad de las personas, pero sí podemos establecer una evolución de los términos mediocridad y mediocracia en el curso de la modernidad. Inicialmente, era una expresión desdeñosa utilizada por las élites para denunciar el reclamo de las nacientes clases medias que querían probar la ciencia, el arte o la política. Por el contrario, la mediocridad en nuestro tiempo ya no es deplorada, sino promovida. Se ha convertido en un sistema.

En lo más alto de ese régimen mediócrata, encontramos a nuestros políticos. Se habrá cansado de oír lo mediocres que son y seguramente creerá que los de hoy son peores que los de antes y los nuestros peores que los del país vecino. Si le sirve de consuelo, Alain Denault sostiene que la mediocridad está en la naturaleza de casi todos los políticos actuales y el régimen que dibuja su ensayo se sostiene sobre esa nueva política convertida en una «cultura de gestión», en la que nuestros dirigentes se limitan a manejar los problemas de ayer y en la que se desprecia cualquier pensamiento crítico o cualquier reflexión a largo plazo, porque sólo se autoriza lo normativo, la reproducción, las afirmaciones mecánicas de lo evidente.
«Este es -subraya Denault- el orden político del extremo centro». Y no hablamos del centro demoscópico, allí donde dicen los politólogos que se ganan las elecciones, sino directamente de una propuesta para suprimir el debate entre izquierda y derecha y sustituirlo por palabras vacías. «Se han impuesto en el lenguaje las barbaridades de las organizaciones privadas: aceptación social en lugar de democracia, partes interesadas en lugar de ciudadanos, sociedad civil en lugar de personas, consenso en lugar de debate, competitividad en lugar de ayuda mutua... Se nos dice, paradójicamente, que depende de nosotros salir del desempleo, hacernos atractivos para el mercado laboral, ser activos en Facebook, emprender... Casi todo conspira para hacernos fracasar, para que parezca una vergüenza personal lo que es sólo la ira política dirigida contra un individuo a quien se ha enseñado a restringir su conciencia. No hay nada más extremo que el extremo centro», sentencia el autor de Mediocracia.
Volvemos a España para averiguar dónde quedó nuestro extremo centro. «Hay gente que ha confundido el centro con la centralidad», comparte Daniel Innerarity. «El centro puede ser una combinación ideológica de valores de izquierda y derecha o puede ser también una combinación singular de pereza intelectual y oportunismo».
Hace tiempo que dejaron de estar los más listos en el Gobierno pero no porque los gobernantes sean más tontos, sino porque los demás somos ahora más listos
DANIEL INNERARITY
¿Son peores que nunca nuestros políticos? «No, el problema es que a los políticos mediocres de ahora los tenemos más presentes», dice el filósofo español. «Tendemos a idealizar a los líderes de la Transición, por ejemplo, porque nos acordamos de los buenos pero nos olvidamos de la cantidad de basura que había entonces. Hace mucho tiempo que dejaron de estar los más listos en el Gobierno pero no porque los gobernantes se hayan hecho más tontos, sino porque los demás somos ahora más listos. Antes eran más brillantes por comparación con la media. Hoy los políticos destacan menos no porque sean más mediocres sino porque se ha reducido la distancia entre el que lidera y los liderados».
-¿Cuál es entonces la solución contra la mediocracia?
-La democracia es un sistema de gobierno para la gente media, así que la solución es elevar esa media, que haya más cultura de formación. No se trata de mejorar el proceso de selección de líderes. Nos obsesionamos con los líderes o con su ejemplaridad, cosas de ese tipo que subrayan las cualidades individuales de las personas, cuando lo que hay que trabajar es la inteligencia colectiva de la sociedad. Y eso vale para el Gobierno y también para cualquier forma de organización humana.
La alternativa, nos recuerda Alain Denault, es la «grisura», lo «insípido». Ya saben, lo mediocre.
Un sándwich, mixto, por favor.
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jueves, 12 de abril de 2018

La relación entre el intelectual y el poder POR: ANDRÉS L. MATEO

La relación entre el intelectual y el poder 
POR: ANDRÉS L. MATEO
MIÉRCOLES 04 ABRIL, 2018 - 12:52 PM | ENFOQUES

El escritor Guillermo Piña-Contreras, en uno de los coloquios organizados por la Universidad APEC, y refiriéndose a la función del intelectual escribió: “El tema viene rodando desde finales del siglo XIX cuando Emile Zola, el conocido novelista, se lanzó en defensa de Alfred Dreyfus, un oficial francés de origen judío acusado, injustamente de traición”.   En ese momento, el término intelectual se usó como un calificativo peyorativo, que los contrarios a Dreyfus utilizaban despectivamente para designar al grupo de personajes de la ciencia, el arte y la cultura, que con sus posiciones contrarias al poder, apoyaban la liberación del militar. Éste es un caso célebre, y su invocación suele predecir el debate de ése comportamiento angustioso entre los intelectuales y el poder. La relación entre el intelectual y el poder, ha sido un tópico en el discurrir de la historia de la humanidad,  que ha concitado apasionados debates y análisis reflexivos sobre este vínculo de “amor y desamor” producido entre dos naturalezas que tienen el don de la seducción.
El intelectual, ese ente creador de universos alternativos y de nuevas opciones de realidad, que nos encanta y cautiva con su discurso creativo, ha sido a su vez sujeto embriagado por las mieles de ese poder que lo condiciona, y convierte su arenga, como bien dice Andrea Revuelta, “en una crítica cortesana que jamás toca lo esencial de los mecanismos del poder y mas bien los oculta”.
Desde el sabio Sócrates, filósofo de ideas que aun tutelan la vida contemporánea y quien muriera por defender la democracia contra la tiranía, hasta su antítesis, el divino Platón, consejero oficioso de gobernantes, las visiones de los intelectuales han estado en contraposición, influidas siempre por las ópticas de sus conciencias y de las conductas éticas, que los mueven a plantear y asumir ideas capaces de influir en sus congéneres. El intelectual, como ideólogo del poder, puede transformar el imaginario de los individuos instituyendo valores, dogmas y símbolos que lo apalanquen; como también, desde la acera contraria, asumir el discurso crítico que lo impugne. Recordemos la posición de Borges, en defensa de las dictaduras militares de Argentina; Octavio Paz y sus escritos contra el totalitarismo; Ezra Paund absorbido por el fascismo; Heidegger y su romanticismo con el nacismo o  las posiciones de izquierda de Neruda y Gabriel García Márquez
En nuestra aldea insular, su historia republicana esta preñada de intelectuales corifeos de caudillos y déspotas, así como de otros, que por sus posiciones e ideas confrontadas contra el poder de turno, pagaron su osadía con arbitrariedades, vejámenes, y hasta con sus vidas. Siempre recuerdo el macabro espectáculo de la guardia republicana destrozando a machetazos a Santiago Guzmán Espaillat, un tribuno idealista que cabalgó inflexible en su potro de rebeldía, y que a principio del siglo XX encarna el primer martirologio intelectual del país. Frente a cada derrota derivada de sus encontronazos con la fría objetividad de lo real, el intelectual dominicano planeó en el mito ambiguo que lo alejaba de la tierra sólida del sentido común. Si estamos sometidos a la degradación del espíritu, si experimentamos solo furtivamente los sentimientos de la angustia, de la náusea, del autodesprecio porque la reproducción de la vida material nos obliga al lambonismo, a la miseria moral. Me llega a la memoria el desgarramiento de Hostos, su obcecación por tratar de que su discipulado no perdiera el rumbo; y la decepción que lo sobrecoge, porque el hostosianismo, y los hostosianos, desembocarán en la encrucijada de la ideología trujillista, como uno de sus soportes fundamentales.
Escribo estas notas de golpe, luego de leer una entrevista que el diario “El caribe” le hizo al Ministro de cultura Pedro Vergés. ¡Oh, Dios, cuánta degradación moral!
https://noticiassin.com/2018/04/la-relacion-entre-el-intelectual-y-el-poder/

jueves, 5 de abril de 2018

La guerra mediática de Trump y el espectáculo de los ‘presentadores-loro’

La guerra mediática de Trump y el espectáculo de los ‘presentadores-loro’

La mayor corporación de medios locales de Estados Unidos hizo repetir un mismo mensaje, en sintonía con el discurso del presidente, a decenas de periodistas 

PABLO DE LLANO 
Miami 4 ABR 2018 - 22:43 CEST https://elpais.com/internacional/2018/04/04/universo_trump/1522870994_474320.html

Una imagen del vídeo emitido por Deadspin.
Una imagen del vídeo emitido por Deadspin.
La guerra mediática en Estados Unidos no tiene límites. El presidente Donald Trump ha situado la batalla por la hegemonía de la comunicación en el centro de su agenda y los resultados son cada vez más desconcertantes. La corporación Sinclair Broadcast Group, cercana al presidente, ha hecho repetir a decenas de sus periodistas un mismo mensaje contra las noticias falsas –fake news, en inglés–, el concepto en el que el presidente incluye a todos los medios críticos con sus políticas.
El sábado el portal Deadspin publicó un vídeo en el que se ve a numerosos presentadores de distintos canales de Sinclair recitando las mismas frases. La composición superpone unas voces encima de las otras y el efecto es el de una alienada distopía informativa: capas de voces de mujeres y hombres reproduciendo como robots idénticas palabras con idéntico tono. El vídeo se viralizó y llovieron las críticas a Sinclair, acusada por otros medios de convertir en "loros" a sus reporteros.
En el mensaje resuenan los ecos del incesante dicurso de Trump contra los medios críticos. "Nos preocupa la tendencia de las noticias irresponsables y unilaterales que afectan a nuestro país. El intercambio de noticias parciales y falsas se ha vuelto demasiado común en las redes sociales", leyeron los presentadores de Sinclair, en un texto con pretensiones de neutralidad y de consagración al rigor informativo pero con una obvia segunda línea de ataque a los medios liberales. "Desafortunadamente, algunos miembros de los medios usan sus plataformas para impulsar su propio sesgo personal y agenda para controlar exactamente lo que la gente piensa". "Esto", alerta el mensaje del grupo Sinclair, "es extremadamente peligroso para una democracia".
La sintonía de Trump con Sinclair quedó clara cuando el lunes el presidente usó su Twitter para salir en defensa de la corporación: "Es muy divertido ver a las cadenas de noticias falsas [Fake News Networks], entre los grupos de gente más deshonestos con lo que que haya tenido que tratar, criticar a Sinclair Broadcasting por su parcialidad. Sinclair es un grupo muy superior a CNN y aún más que la mentirosa NBC, que es un auténtico chiste". El martes el presidente retomó el tema diciendo que los medios críticos están "preocupados por la competencia y la calidad de Sinclair" e ironizando sobre la supuesta mendacidad de su producto: "¡Solo deberían permitirles ganar premios de ficción!".
El poder de influencia de Sinclair es enorme. El grupo es el mayor conglomerado de estaciones de televisión locales (173 del este al oeste de Estados Unidos) y está pendiente de que la administracón federal le apruebe la adquisición por 3.900 millones de dólares de otros 42 canales locales. Su línea editorial conservadora viene de años atrás. En 2004 ya se lanzaba al ataque contra el candidato demócrata John Kerry y durante el gobierno de Obama dio difusión a un mensaje publicitario de un grupo satélite del Partido Republicano que inventaba nexos de Obama con Hamás. Durante la última campaña su cobertura fue notablemente favorable a Donald Trump y agresiva con Clinton.
La compañía ha reaccionado a las críticas sosteniendo que el controvertido mensaje sobre las fake news no estaba alíneado con ninguna agenda política y que su único propósito fue defender un periodismo íntegro. Una de las cadenas de televisión de Sinclair, en el estado de Wisconsin, se negó a difundir el mensaje, enviado por la dirección a todas las estaciones con la orden de "generar la máxima difusión posible" y de que se leyesen los guiones "tal y como están escritos". https://elpais.com/internacional/2018/04/04/universo_trump/1522870994_474320.html