jueves, 7 de mayo de 2026

Opinión | China ante las tormentas gemelas: aranceles y crisis energética


China ante las tormentas gemelas: aranceles y crisis energética

En un mundo cada vez más fragmentado, China está demostrando una resiliencia notable frente a dos de los mayores desafíos externos que ha enfrentado en años: los aranceles agresivos impuestos por Estados Unidos y la crisis energética desatada por el conflicto en Irán. Lejos de colapsar como auguraban algunos analistas en Washington, la segunda economía mundial avanza con dificultad, pero sin derrumbarse. Sin embargo, esta resistencia no debe confundirse con fortaleza estructural. Las grietas persisten y se agravan.

Los aranceles estadounidenses, que alcanzaron niveles récord durante 2025 y se han estabilizado en torno al 30-40% en promedio tras treguas frágiles, han obligado a Pekín a acelerar su estrategia de “autoconfianza”. Beijing respondió con medidas simétricas, pero su verdadera defensa ha sido la diversificación de mercados, el impulso a las exportaciones de alto valor (vehículos eléctricos, maquinaria y bienes electrónicos) y el fomento de la innovación tecnológica. Los datos del primer trimestre de 2026, con un crecimiento del PIB del 5,0% interanual, reflejan que las exportaciones siguen siendo un motor clave. El superávit comercial con EE.UU. se ha reducido, pero el resto del mundo compensa en parte la pérdida.

Esta adaptación es digna de reconocimiento. China ha convertido la presión proteccionista en catalizador de su transición industrial. No obstante, el costo es real: márgenes de ganancia apretados en sectores manufactureros, reubicación de fábricas y una dependencia excesiva de la demanda externa que sigue siendo un talón de Aquiles.

La crisis energética derivada de los ataques a Irán ha complicado aún más el panorama. Las disrupciones en el Estrecho de Ormuz, que representa cerca del 20% del petróleo mundial, dispararon los precios del crudo por encima de los 100 dólares. Para un gran importador como China, esto representaba un riesgo grave. Sin embargo, sus reservas estratégicas masivas, la diversificación de proveedores (Arabia Saudita, Rusia y flujos iraníes “en la sombra”), el peso del carbón en su matriz energética y el avance acelerado de los vehículos eléctricos han limitado el impacto a niveles manejables —se estima en torno a 0,2 puntos porcentuales del PIB—.

Aun así, los efectos se sienten: costos de producción más altos en plásticos, químicos y transporte, presión inflacionaria moderada y un enfriamiento de pedidos de exportación ante el riesgo de desaceleración global. El consumo interno sigue débil, el sector inmobiliario arrastra lastre y la deflación subyacente amenaza con reaparecer si la demanda no repunta. El estímulo fiscal del primer trimestre ha enmascarado parte de estas tensiones, pero en el segundo trimestre y más allá se espera una moderación del crecimiento si el conflicto iraní se prolonga.

**La lección geopolítica y económica es clara:** China no es invulnerable, pero tampoco es la potencia frágil que algunos deseaban ver. Su capacidad de respuesta estatal, sus reservas y su escala le permiten absorber golpes que derrumbarían economías más abiertas. Esto refuerza su narrativa interna de “estabilidad frente al caos occidental” y le permite posicionarse como proveedor confiable en un mundo convulso.

Sin embargo, los problemas de fondo —demografía desfavorable, consumo anémico, burbuja inmobiliaria y dependencia de exportaciones— no se resuelven con reservas ni con subsidios. Si la tregua arancelaria se rompe o el precio del petróleo se mantiene elevado, Pekín enfrentará dilemas difíciles: más estímulo (con riesgo de deuda) o reformas estructurales profundas (políticamente costosas).

En definitiva, China está capeando el temporal mejor de lo esperado, pero navega con velas desgastadas. Su capacidad para transformar estas presiones externas en impulso interno determinará si emerge más fuerte o simplemente más aislada. El próximo capítulo —las conversaciones Trump-Xi y la evolución del conflicto en Oriente Medio— será decisivo. El mundo observa con atención: la “fábrica del mundo” sigue funcionando, pero ya no es tan barata ni tan predecible como antes./
Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor
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