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domingo, 12 de julio de 2026

Presidente Abinader detalla cooperación con fuerza multinacional en Haití y avances en seguridad fronteriza

Presidente Abinader detalla cooperación con fuerza multinacional en Haití y avances en seguridad fronteriza
El mandatario explicó que RD brinda apoyo logístico y humanitario, no participación directa en operaciones.
12 de Julio 2026 | 22:25
Presidente Abinader

Santo Domingo.– El presidente Luis Abinader informó que la República Dominicana mantiene una participación de carácter logístico y de apoyo humanitario en la misión de la fuerza multinacional desplegada en Haití, sin involucramiento directo en operaciones antipandillas. 

Durante una entrevista concedida a medios de comunicación, el jefe de Estado precisó que la cooperación del país se centra en asistencia médica humanitaria y en la coordinación de información con la misión internacional. 

“Nosotros no tenemos participación directa. Lo que tenemos es participación logística. Tenemos participación de apoyo, de ayuda humanitaria médica. Y tenemos una coordinación”, expresó el mandatario. 

Al ser cuestionado sobre si dicha coordinación incluye el intercambio de inteligencia, el presidente Abinader confirmó que existe un canal de comunicación permanente. 

“Sí, hay coordinación con esa fuerza multinacional. Si hay alguna situación, ellos nos lo informan y nosotros nos preparamos”, indicó. 

Fortalecimiento de la frontera y mejoras salariales a militares 

Sobre la situación en la zona fronteriza, el presidente destacó el impacto positivo de la verja perimetral inteligente en la reducción de los robos y el contrabando. 

Asimismo, resaltó el proceso de modernización y equipamiento de las Fuerzas Armadas, que ahora cuentan con vehículos blindados y mejor armamento. 

El mandatario también se refirió al aumento salarial aplicado al personal militar. Señaló que los sueldos se han triplicado, al pasar de 9,000 pesos a aproximadamente 27,000 pesos. 

Añadió que los miembros de las Fuerzas Armadas asignados a la frontera reciben una compensación adicional por especialidad. 

“Las Fuerzas Armadas están mejor equipadas. Ya tenemos blindados. Antes no teníamos blindados. Tenemos un armamento mucho mejor. A los militares se les aumentó el sueldo tres veces. Y a los de la frontera se les paga una especialidad”, puntualizó. 

Relaciones con el Gobierno haitiano 

En cuanto a la relación bilateral, el presidente Abinader manifestó que actualmente no es fluida debido a la crisis institucional que atraviesa Haití. 

Explicó que más del 70 % de Puerto Príncipe se encuentra bajo el control de bandas armadas, lo que genera una situación de precariedad que limita la comunicación directa. 

“La relación con el Gobierno haitiano no es muy fluida por las condiciones que hay allá. Coordinamos con las fuerzas extranjeras y, cuando hay que hacer alguna coordinación con el Gobierno, la hacemos a través de la Cancillería”, sostuvo. 

El Gobierno dominicano reiteró su compromiso con la estabilidad regional, la defensa de la soberanía nacional y el apoyo a los esfuerzos internacionales para contribuir a la pacificación de Haití. 

viernes, 10 de julio de 2026

República Dominicana y Estados Unidos: valores compartidos, soberanía respetada y diplomacia con sentido estratégico

República Dominicana y Estados Unidos: valores compartidos, soberanía respetada y diplomacia con sentido estratégico
Embajadora Leah Francis Campos
Embajada de EE.UU. en R.D.

Las declaraciones de la embajadora Leah Francis Campos abren una lectura mayor sobre la relación dominico-estadounidense: no se trata solo de cooperación, comercio o seguridad, sino de una convergencia de valores —libertad, fe, patriotismo, responsabilidad democrática y defensa de la soberanía— que puede redefinir el vínculo bilateral en una etapa de profundas tensiones hemisféricas.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez 

La afirmación de la embajadora de los Estados Unidos en la República Dominicana, Leah Francis Campos —“comparto los valores de libertad y cristianos de los dominicanos”— no debe interpretarse como una simple frase diplomática para agradar al país anfitrión. En el lenguaje estratégico de las relaciones internacionales, esa expresión tiene un peso mayor: coloca la conversación bilateral en el terreno de los valores, no únicamente en el de los intereses. Y cuando una potencia como Estados Unidos procura reconstruir prioridades en su vecindad hemisférica, la República Dominicana aparece no como un punto periférico del Caribe, sino como un socio político, económico, democrático y cultural de primer orden. La propia diplomática resaltó que el país fue uno de los primeros en los que el presidente Donald Trump designó embajador, señalándolo como evidencia de la importancia que Washington concede a esta relación en la región.

La diplomacia moderna ya no se reduce al protocolo, a las recepciones oficiales ni a los comunicados cuidadosamente redactados. Hoy, la diplomacia también se libra en el terreno de la percepción pública, de las afinidades culturales, de la confianza institucional y de la lectura geopolítica de los pueblos. En ese contexto, cuando Campos identifica similitudes entre el patriotismo estadounidense y el dominicano, está reconociendo una verdad profunda: ambos países poseen sociedades que valoran intensamente su bandera, su identidad nacional, su historia y su derecho a decidir su propio destino. Esa coincidencia no es menor. En un hemisferio atravesado por presiones migratorias, crimen transnacional, vulnerabilidades económicas, competencia de potencias globales y crisis democráticas, los socios más sólidos no son solo los que firman acuerdos, sino los que comparten principios capaces de sostener esos acuerdos en tiempos difíciles.

La República Dominicana tiene una relación histórica, humana y económica con Estados Unidos que supera cualquier coyuntura gubernamental. Millones de dominicanos viven, trabajan, estudian, emprenden y construyen futuro en territorio estadounidense. A su vez, el comercio, las remesas, el turismo, la seguridad regional, la cooperación institucional y la inversión privada enlazan a ambos países con una densidad que pocos vínculos bilaterales tienen en el Caribe. Pero esa cercanía, precisamente por su profundidad, exige madurez. La amistad entre naciones no debe confundirse con subordinación, ni la cooperación con tutela. La mejor relación posible entre Santo Domingo y Washington es aquella basada en respeto mutuo, beneficios recíprocos, soberanía clara y franqueza estratégica.

Por eso resulta relevante que la embajadora haya insistido en la libertad de expresión como valor fundacional y haya observado en la República Dominicana un ambiente de debate público sano, donde la gente discrepa, opina y discute temas nacionales con apertura. Esa valoración tiene importancia institucional. En momentos en que muchas democracias enfrentan polarización, desinformación, censura encubierta o deterioro del debate público, que una representante estadounidense reconozca el clima dominicano de libertad de expresión representa una señal positiva para la reputación democrática del país. Pero también encierra una advertencia ética: la libertad no puede separarse de la responsabilidad; no es libertinaje, ni licencia para destruir reputaciones, ni permiso para sustituir la verdad por propaganda.

Ese equilibrio entre libertad y responsabilidad es esencial para una democracia como la dominicana, que ha avanzado, con tropiezos y logros, hacia una sociedad cada vez más exigente, plural y vigilante. La prensa, las redes sociales, los liderazgos comunitarios, los partidos políticos, la sociedad civil y las instituciones públicas tienen el deber de defender la libertad sin degradarla. Porque una democracia no se fortalece únicamente cuando todos pueden hablar, sino cuando el debate público se eleva por encima del odio, la mentira, la manipulación y el oportunismo. La libertad de expresión es oxígeno democrático, pero necesita pulmones institucionales sanos para no convertirse en ruido tóxico.

También merece una lectura cuidadosa su referencia a los valores cristianos. En un país cuyo lema constitucional y simbólico coloca a Dios, la Patria y la Libertad como ejes de identidad histórica, la apelación a esos valores conecta con una sensibilidad social real. Sin embargo, el desafío consiste en comprender que los valores cristianos, dentro de una sociedad democrática, deben traducirse en dignidad humana, solidaridad, justicia, responsabilidad familiar, respeto al otro, compasión hacia los vulnerables y defensa del bien común. No pueden ser usados como herramienta de exclusión, sino como fundamento ético para una república más humana, más decente y más consciente de sus deberes.

La dimensión haitiana de sus declaraciones también revela una zona crítica de la agenda bilateral. Campos sostuvo que, aunque la comunidad internacional y especialmente Estados Unidos han invertido recursos durante años en Haití sin obtener los resultados esperados, corresponde a los propios haitianos encontrar la manera de reconstruir su país, con apoyo externo orientado a estabilizar el ambiente. Esa posición coincide con una preocupación dominicana histórica: la solución de Haití no puede descansar sobre los hombros de la República Dominicana. La solidaridad internacional debe existir, pero no puede imponerse como carga unilateral al pueblo dominicano. Ayudar a Haití no significa diluir la soberanía dominicana, ni desconocer los límites institucionales, territoriales, económicos y sociales del Estado dominicano.

En materia de cooperación, la afirmación de que la asistencia estadounidense continuará, aunque ya no bajo el modelo tradicional de USAID, también plantea un giro relevante. La embajadora defendió que la cooperación debe estar alineada con la política exterior de Estados Unidos y con sus intereses nacionales, al tiempo que cuestionó programas que, según su visión, podían invadir la soberanía de otros países. Esta declaración abre una conversación necesaria para la República Dominicana: toda cooperación externa debe ser bienvenida cuando respeta las prioridades nacionales, fortalece capacidades locales y no sustituye la voluntad democrática del país receptor. La ayuda internacional no debe convertirse en una agenda paralela, administrada desde fuera, sino en un instrumento transparente, medible y soberanamente coordinado.

Otro punto sensible es su agenda de encuentros con dirigentes políticos dominicanos. Campos explicó que busca conocer cómo piensan figuras con potencial presidencial hacia 2028 y cómo una eventual gestión de cada una podría afectar los intereses de Estados Unidos. Esa franqueza puede resultar incómoda, pero no sorprendente: todas las grandes potencias observan, analizan y dialogan con los actores políticos de los países estratégicos. Lo importante es que ese intercambio se mantenga dentro de los cauces del respeto institucional, sin interferencia, sin favoritismos indebidos y sin alterar la competencia democrática interna. En una república madura, reunirse con actores políticos no debe escandalizar; lo que debe exigirse es transparencia, equilibrio y respeto absoluto al derecho soberano del pueblo dominicano a elegir su destino.

La República Dominicana debe leer esta etapa con inteligencia estratégica. Estados Unidos está mirando con renovado interés al hemisferio occidental. La competencia global, la seguridad regional, las cadenas de suministro, el nearshoring, la migración, el crimen organizado, la energía, la tecnología y la influencia de otras potencias han devuelto al Caribe un valor geopolítico que durante años fue subestimado. En esa nueva cartografía, la República Dominicana tiene ventajas evidentes: estabilidad democrática, crecimiento económico, ubicación geográfica privilegiada, vínculos humanos con Estados Unidos, liderazgo regional y una vocación cada vez mayor de inserción global.

Pero ninguna oportunidad estratégica se aprovecha desde la ingenuidad. El país debe cultivar su alianza con Estados Unidos sin renunciar a una política exterior digna, equilibrada y soberana. Debe fortalecer la cooperación en seguridad sin ceder control de sus decisiones internas. Debe ampliar el comercio sin descuidar la producción nacional. Debe atraer inversión sin hipotecar su territorio ni su institucionalidad. Debe defender valores compartidos sin convertir la diplomacia en prédica ideológica. Y debe recordar siempre que las relaciones internacionales se respetan más cuando los países pequeños actúan con claridad, unidad interna y sentido de Estado.

Leah Francis Campos ha colocado sobre la mesa una narrativa de cercanía: libertad, cristianismo, patriotismo, soberanía, democracia y responsabilidad. Corresponde ahora a la República Dominicana convertir esa cercanía en una relación de alto valor estratégico, sustentada en resultados concretos para su gente. Porque los valores compartidos son importantes, pero deben traducirse en más comercio justo, más inversión productiva, más seguridad fronteriza, más cooperación tecnológica, más oportunidades educativas, más fortalecimiento institucional y más respeto a la soberanía nacional.

La verdadera amistad entre naciones no se mide por la intensidad de los elogios, sino por la calidad de los compromisos. Y si República Dominicana y Estados Unidos comparten libertad, fe, patriotismo y visión democrática, entonces el reto no es repetir esas coincidencias en discursos, sino convertirlas en una agenda bilateral capaz de proteger la dignidad dominicana, fortalecer la democracia y abrir caminos de prosperidad compartida en un hemisferio que necesita aliados serios, pueblos libres y gobiernos responsables.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor | Ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación.

Pie de foto: Embajadora Leah Francis Campos, representante diplomática de los Estados Unidos en la República Dominicana | Foto: Embajada de EE.UU. en R. D.

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Versión en formato APA

República Dominicana y Estados Unidos: valores compartidos, soberanía respetada y diplomacia con sentido estratégico

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

Resumen

Este artículo analiza las declaraciones de la embajadora de los Estados Unidos en la República Dominicana, Leah Francis Campos, quien afirmó compartir los valores de libertad y cristianos del pueblo dominicano. A partir de esa expresión, se examina el alcance estratégico de la relación bilateral entre República Dominicana y Estados Unidos, destacando sus dimensiones democráticas, culturales, geopolíticas, económicas y de soberanía. El texto sostiene que la relación dominico-estadounidense atraviesa una etapa de renovada importancia hemisférica, en la cual los valores compartidos deben traducirse en cooperación concreta, respeto institucional, fortalecimiento democrático, seguridad regional y prosperidad compartida.

Palabras clave: República Dominicana, Estados Unidos, diplomacia, soberanía, libertad, valores cristianos, cooperación bilateral, Leah Francis Campos.

La afirmación de la embajadora de los Estados Unidos en la República Dominicana, Leah Francis Campos —“comparto los valores de libertad y cristianos de los dominicanos”— no debe interpretarse como una simple frase diplomática para agradar al país anfitrión. En el lenguaje estratégico de las relaciones internacionales, esa expresión tiene un peso mayor: coloca la conversación bilateral en el terreno de los valores, no únicamente en el de los intereses. Y cuando una potencia como Estados Unidos procura reconstruir prioridades en su vecindad hemisférica, la República Dominicana aparece no como un punto periférico del Caribe, sino como un socio político, económico, democrático y cultural de primer orden. La propia diplomática resaltó que el país fue uno de los primeros en los que el presidente Donald Trump designó embajador, señalándolo como evidencia de la importancia que Washington concede a esta relación en la región (Espinal, 2026). [enterateatiempo.com]

La diplomacia moderna ya no se reduce al protocolo, a las recepciones oficiales ni a los comunicados cuidadosamente redactados. Hoy, la diplomacia también se libra en el terreno de la percepción pública, de las afinidades culturales, de la confianza institucional y de la lectura geopolítica de los pueblos. En ese contexto, cuando Campos identifica similitudes entre el patriotismo estadounidense y el dominicano, está reconociendo una verdad profunda: ambos países poseen sociedades que valoran intensamente su bandera, su identidad nacional, su historia y su derecho a decidir su propio destino. Esa coincidencia no es menor. En un hemisferio atravesado por presiones migratorias, crimen transnacional, vulnerabilidades económicas, competencia de potencias globales y crisis democráticas, los socios más sólidos no son solo los que firman acuerdos, sino los que comparten principios capaces de sostener esos acuerdos en tiempos difíciles.

La República Dominicana tiene una relación histórica, humana y económica con Estados Unidos que supera cualquier coyuntura gubernamental. Millones de dominicanos viven, trabajan, estudian, emprenden y construyen futuro en territorio estadounidense. A su vez, el comercio, las remesas, el turismo, la seguridad regional, la cooperación institucional y la inversión privada enlazan a ambos países con una densidad que pocos vínculos bilaterales tienen en el Caribe. Pero esa cercanía, precisamente por su profundidad, exige madurez. La amistad entre naciones no debe confundirse con subordinación, ni la cooperación con tutela. La mejor relación posible entre Santo Domingo y Washington es aquella basada en respeto mutuo, beneficios recíprocos, soberanía clara y franqueza estratégica.

Por eso resulta relevante que la embajadora haya insistido en la libertad de expresión como valor fundacional y haya observado en la República Dominicana un ambiente de debate público sano, donde la gente discrepa, opina y discute temas nacionales con apertura. Esa valoración tiene importancia institucional. En momentos en que muchas democracias enfrentan polarización, desinformación, censura encubierta o deterioro del debate público, que una representante estadounidense reconozca el clima dominicano de libertad de expresión representa una señal positiva para la reputación democrática del país. Pero también encierra una advertencia ética: la libertad no puede separarse de la responsabilidad; no es libertinaje, ni licencia para destruir reputaciones, ni permiso para sustituir la verdad por propaganda.

Ese equilibrio entre libertad y responsabilidad es esencial para una democracia como la dominicana, que ha avanzado, con tropiezos y logros, hacia una sociedad cada vez más exigente, plural y vigilante. La prensa, las redes sociales, los liderazgos comunitarios, los partidos políticos, la sociedad civil y las instituciones públicas tienen el deber de defender la libertad sin degradarla. Porque una democracia no se fortalece únicamente cuando todos pueden hablar, sino cuando el debate público se eleva por encima del odio, la mentira, la manipulación y el oportunismo. La libertad de expresión es oxígeno democrático, pero necesita pulmones institucionales sanos para no convertirse en ruido tóxico.

También merece una lectura cuidadosa su referencia a los valores cristianos. En un país cuyo lema constitucional y simbólico coloca a Dios, la Patria y la Libertad como ejes de identidad histórica, la apelación a esos valores conecta con una sensibilidad social real. Sin embargo, el desafío consiste en comprender que los valores cristianos, dentro de una sociedad democrática, deben traducirse en dignidad humana, solidaridad, justicia, responsabilidad familiar, respeto al otro, compasión hacia los vulnerables y defensa del bien común. No pueden ser usados como herramienta de exclusión, sino como fundamento ético para una república más humana, más decente y más consciente de sus deberes.

La dimensión haitiana de sus declaraciones también revela una zona crítica de la agenda bilateral. Campos sostuvo que, aunque la comunidad internacional y especialmente Estados Unidos han invertido recursos durante años en Haití sin obtener los resultados esperados, corresponde a los propios haitianos encontrar la manera de reconstruir su país, con apoyo externo orientado a estabilizar el ambiente. Esa posición coincide con una preocupación dominicana histórica: la solución de Haití no puede descansar sobre los hombros de la República Dominicana. La solidaridad internacional debe existir, pero no puede imponerse como carga unilateral al pueblo dominicano. Ayudar a Haití no significa diluir la soberanía dominicana, ni desconocer los límites institucionales, territoriales, económicos y sociales del Estado dominicano.

En materia de cooperación, la afirmación de que la asistencia estadounidense continuará, aunque ya no bajo el modelo tradicional de USAID, también plantea un giro relevante. La embajadora defendió que la cooperación debe estar alineada con la política exterior de Estados Unidos y con sus intereses nacionales, al tiempo que cuestionó programas que, según su visión, podían invadir la soberanía de otros países. Esta declaración abre una conversación necesaria para la República Dominicana: toda cooperación externa debe ser bienvenida cuando respeta las prioridades nacionales, fortalece capacidades locales y no sustituye la voluntad democrática del país receptor. La ayuda internacional no debe convertirse en una agenda paralela, administrada desde fuera, sino en un instrumento transparente, medible y soberanamente coordinado.

Otro punto sensible es su agenda de encuentros con dirigentes políticos dominicanos. Campos explicó que busca conocer cómo piensan figuras con potencial presidencial hacia 2028 y cómo una eventual gestión de cada una podría afectar los intereses de Estados Unidos. Esa franqueza puede resultar incómoda, pero no sorprendente: todas las grandes potencias observan, analizan y dialogan con los actores políticos de los países estratégicos. Lo importante es que ese intercambio se mantenga dentro de los cauces del respeto institucional, sin interferencia, sin favoritismos indebidos y sin alterar la competencia democrática interna. En una república madura, reunirse con actores políticos no debe escandalizar; lo que debe exigirse es transparencia, equilibrio y respeto absoluto al derecho soberano del pueblo dominicano a elegir su destino.

La República Dominicana debe leer esta etapa con inteligencia estratégica. Estados Unidos está mirando con renovado interés al hemisferio occidental. La competencia global, la seguridad regional, las cadenas de suministro, el nearshoring, la migración, el crimen organizado, la energía, la tecnología y la influencia de otras potencias han devuelto al Caribe un valor geopolítico que durante años fue subestimado. En esa nueva cartografía, la República Dominicana tiene ventajas evidentes: estabilidad democrática, crecimiento económico, ubicación geográfica privilegiada, vínculos humanos con Estados Unidos, liderazgo regional y una vocación cada vez mayor de inserción global.

Pero ninguna oportunidad estratégica se aprovecha desde la ingenuidad. El país debe cultivar su alianza con Estados Unidos sin renunciar a una política exterior digna, equilibrada y soberana. Debe fortalecer la cooperación en seguridad sin ceder control de sus decisiones internas. Debe ampliar el comercio sin descuidar la producción nacional. Debe atraer inversión sin hipotecar su territorio ni su institucionalidad. Debe defender valores compartidos sin convertir la diplomacia en prédica ideológica. Y debe recordar siempre que las relaciones internacionales se respetan más cuando los países pequeños actúan con claridad, unidad interna y sentido de Estado.

Leah Francis Campos ha colocado sobre la mesa una narrativa de cercanía: libertad, cristianismo, patriotismo, soberanía, democracia y responsabilidad. Corresponde ahora a la República Dominicana convertir esa cercanía en una relación de alto valor estratégico, sustentada en resultados concretos para su gente. Porque los valores compartidos son importantes, pero deben traducirse en más comercio justo, más inversión productiva, más seguridad fronteriza, más cooperación tecnológica, más oportunidades educativas, más fortalecimiento institucional y más respeto a la soberanía nacional.

La verdadera amistad entre naciones no se mide por la intensidad de los elogios, sino por la calidad de los compromisos. Y si República Dominicana y Estados Unidos comparten libertad, fe, patriotismo y visión democrática, entonces el reto no es repetir esas coincidencias en discursos, sino convertirlas en una agenda bilateral capaz de proteger la dignidad dominicana, fortalecer la democracia y abrir caminos de prosperidad compartida en un hemisferio que necesita aliados serios, pueblos libres y gobiernos responsables.

Referencias

Espinal, Y. (2026, 9 de julio). “Comparto los valores de libertad y cristianos de los dominicanos”. elCaribe. https://www.elcaribe.com.do/panorama/almuerzo-semanal/comparto-los-valores-de-libertad-y-cristianos-de-los-dominicanos/

miércoles, 1 de julio de 2026

2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro

2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El año 2026 se perfila como una frontera histórica en la que el orden internacional revela, con mayor crudeza, sus fracturas acumuladas. Las instituciones que durante décadas sostuvieron la gobernanza global muestran signos evidentes de desgaste; los consensos se debilitan; y las naciones comienzan a comprender que la estabilidad del sistema no era una condición permanente, sino una arquitectura sostenida por intereses, equilibrios y voluntades políticas. El mundo ya no transita bajo la confianza plena en la globalización, el libre comercio, las alianzas tradicionales y el multilateralismo como mecanismos suficientes para administrar los conflictos entre potencias.

La nueva geopolítica está marcada por la desconfianza estratégica, la competencia tecnológica y el regreso de la fuerza —económica, militar, diplomática y comercial— como lenguaje dominante. El comercio deja de ser solo intercambio para convertirse en campo de disputa industrial; la tecnología se transforma en instrumento de supremacía; la energía adquiere valor geopolítico; las rutas marítimas se convierten en corredores de poder; y los datos, chips, cables submarinos, sistemas de pago, inteligencia artificial y estándares digitales pasan a ocupar el centro real de la competencia global. Como ha advertido el Fondo Monetario Internacional en su análisis sobre fragmentación geoeconómica, “tras varias décadas de creciente integración económica global, el mundo enfrenta el riesgo de una fragmentación geoeconómica impulsada por políticas públicas”. Esa advertencia resume el nuevo signo de los tiempos: la economía dejó de ser un territorio neutral de intercambio para convertirse en escenario de protección industrial, disputa tecnológica y redefinición del poder mundial. [imf.org], [imf.org]

El multilateralismo no ha desaparecido, pero ha perdido autoridad. La Organización de las Naciones Unidas enfrenta límites visibles para contener guerras, crisis humanitarias y violaciones al derecho internacional; la Organización Mundial del Comercio ya no opera como árbitro incuestionable de la economía global; y los organismos financieros internacionales actúan bajo presiones crecientes de deuda, tensión fiscal, desigualdad y financiamiento climático. Las reglas internacionales siguen proclamándose, pero su cumplimiento se vuelve desigual cuando chocan con los intereses de actores con suficiente poder para imponer excepciones. Esta contradicción desnuda una crisis no solo institucional, sino civilizatoria: la relación entre democracia, soberanía, mercado y seguridad está siendo redefinida.

En ese sentido, la advertencia del secretario general de la ONU, António Guterres, resulta especialmente pertinente: “No podemos crear un futuro adecuado para nuestros nietos con un sistema construido por nuestros abuelos”. La frase, pronunciada en el contexto del debate global sobre el Pacto para el Futuro, condensa la urgencia de reformar un sistema internacional diseñado para otro tiempo, otra correlación de fuerzas y otros desafíos. [un.org], [unric.org]

En este nuevo contexto, la eficiencia ya no basta. Las cadenas globales de suministro, que durante años fueron presentadas como símbolo de integración y productividad, hoy son vistas también como fuentes de vulnerabilidad. Los países buscan resiliencia, autonomía estratégica y control sobre sectores críticos: alimentos, energía, medicamentos, tecnología, puertos, combustibles, semiconductores y manufactura avanzada. La economía mundial se reorganiza menos alrededor del costo mínimo y más alrededor de la seguridad nacional. Por eso, el Munich Security Report 2024, elaborado por la Conferencia de Seguridad de Múnich, advierte que el mundo debe evitar caer en escenarios cada vez más frecuentes de “perder-perder” derivados de la fragmentación del orden global. La cooperación sigue siendo indispensable, pero los Estados actúan con más cautela, más cálculo defensivo y mayor preocupación por las ganancias relativas que por los beneficios compartidos. [presidencia.gob.do], [hoy.com.do]

Para América Latina y el Caribe, el desafío es decisivo: actuar como espectadores periféricos de la reorganización global o convertirse en actores con visión estratégica. La región posee recursos naturales, biodiversidad, ubicación geográfica privilegiada, talento humano, potencial energético y un mercado relevante. Sin embargo, continúa limitada por ciclos de improvisación, baja productividad, polarización política, debilidad institucional y dependencia externa. Si actúa dividida, será tratada como zona de influencia; si negocia con inteligencia, puede posicionarse como plataforma de transición energética, seguridad alimentaria, nearshoring, servicios digitales, manufactura avanzada y diplomacia climática.

La República Dominicana debe asumir esta realidad con especial lucidez. Como economía abierta, turística, logística y comercial, cada tensión global impacta sus puertos, aduanas, zonas francas, energía, exportaciones, importaciones, migración y seguridad. La política exterior dominicana debe dejar de ser un ejercicio protocolar para convertirse en instrumento de desarrollo, defensa nacional y posicionamiento estratégico. En el siglo XXI, cada embajada debe operar como una antena de inteligencia económica; cada puerto y aeropuerto como infraestructura crítica; cada zona franca como plataforma de valor agregado; y cada política educativa como inversión en soberanía productiva.

En esa perspectiva, Meta RD 2036 representa una apuesta valiosa porque introduce ambición, planificación y sentido de dirección. Pero solo será verdaderamente transformadora si no se limita a duplicar el Producto Interno Bruto, sino que contribuye a duplicar capacidades nacionales: productividad, educación, tecnología, energía, logística, diplomacia económica, agroindustria avanzada e innovación. El propio presidente Luis Abinader lo expresó con claridad durante su rendición de cuentas del 27 de febrero de 2026: “Hoy no basta con crecer, hoy el reto es cómo crecemos y para quién crecemos”. Esa frase coloca el debate del desarrollo dominicano en su verdadera dimensión: no se trata únicamente de expandir cifras macroeconómicas, sino de construir una economía más productiva, inclusiva, competitiva y socialmente sostenible. [securityco...erence.org]

El desafío, por tanto, no consiste solo en crecer más, sino en crecer mejor. Meta RD 2036 debe traducirse en empleos formales de calidad, mejores salarios, reducción sostenida de la pobreza, fortalecimiento de la clase media, servicios públicos más eficientes y mayor capacidad del Estado para acompañar la transformación productiva. En palabras del presidente Abinader, “Meta RD 2036 no es un plan para el futuro lejano. Es una estrategia que ya está en ejecución”. Esa afirmación tiene importancia política y estratégica porque compromete al país con una agenda que no puede depender de coyunturas, improvisaciones ni ciclos electorales, sino de una visión nacional de largo plazo. [securityco...erence.org], [securesustain.org]

La República Dominicana necesita fortalecer sus sectores tradicionales, pero elevándolos de nivel: turismo más sofisticado, logística más digital, manufactura más tecnológica, agricultura más exportadora, energía más limpia y diplomacia más agresiva en lo económico. Los incentivos fiscales deben atraer inversión, pero también transferencia tecnológica, empleos calificados, encadenamientos locales e innovación. Las universidades deben dejar de ser simples proveedoras de títulos para convertirse en centros de productividad, investigación aplicada y formación de talento global.

La soberanía moderna ya no se mide únicamente por símbolos patrios, discursos solemnes o fronteras formales. Se mide por resiliencia institucional, capacidad productiva, autonomía tecnológica, seguridad energética, formación de talento y poder de negociación internacional. La geopolítica del siglo XXI no esperará a los países rezagados. Avanzará con o sin ellos. Y en esa marcha, cada nación deberá escoger entre reaccionar tarde ante los acontecimientos o construir, con visión de Estado, el lugar que quiere ocupar en la nueva historia mundial.

Luis Orlando Díaz Vólquez,
Ing. de sistemas de computadoras,
editor bibliográfico y
productor de medios de comunicación

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🌍♟️ 2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro
✍️ Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El mundo entra en una etapa decisiva. Las viejas certezas de la globalización, el libre comercio y el multilateralismo muestran señales de agotamiento, mientras la geopolítica del siglo XXI revela un escenario más duro, competitivo y fragmentado.

Hoy el comercio es también disputa industrial; la tecnología, instrumento de poder; la energía, asunto de seguridad nacional; y los datos, chips, inteligencia artificial, puertos, cables submarinos y cadenas de suministro, piezas centrales del nuevo tablero global. 🌐⚙️💻

En este contexto, América Latina y el Caribe deben decidir si actuarán como espectadores periféricos o como actores estratégicos capaces de negociar con inteligencia, aprovechar sus recursos, fortalecer su productividad y posicionarse en transición energética, seguridad alimentaria, nearshoring, servicios digitales y manufactura avanzada. 🌎🤝

Para la República Dominicana, el desafío es claro: leer la geopolítica como parte esencial del desarrollo nacional. Cada tensión internacional impacta puertos, aduanas, zonas francas, energía, exportaciones, importaciones, migración y seguridad. Por eso, la política exterior dominicana debe dejar de ser protocolo y convertirse en herramienta de desarrollo, defensa y posicionamiento estratégico. 🇩🇴🚢📦

Meta RD 2036 representa una oportunidad para elevar la mirada nacional. Como afirmó el presidente Luis Abinader: “Hoy no basta con crecer, hoy el reto es cómo crecemos y para quién crecemos”. Y también: “Meta RD 2036 no es un plan para el futuro lejano. Es una estrategia que ya está en ejecución”. 📈🏛️

La soberanía moderna ya no se mide solo por símbolos patrios o fronteras formales. Se mide por resiliencia institucional, capacidad productiva, autonomía tecnológica, seguridad energética, talento humano y poder de negociación internacional.

La geopolítica del siglo XXI no esperará a los países rezagados. Avanzará con o sin ellos. La República Dominicana debe escoger entre reaccionar tarde o construir, con visión de Estado, el lugar que quiere ocupar en la nueva historia mundial. 🇩🇴🌍♟️

#GuasábaraEditor #LuisOrlandoDíazVólquez #Geopolítica #MetaRD2036 #RepúblicaDominicana #DiplomaciaEconómica #DesarrolloNacional #SoberaníaProductiva #OrdenMundial #Globalización #Multilateralismo #AméricaLatina #Caribe #Nearshoring #InteligenciaArtificial #Innovación #Competitividad #PolíticaExterior #RD2036 #VisiónDeEstado

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Versión paper de opinión |

2026: cuando el desorden mundial muestra su verdadero rostro

Meta RD 2036 ante la nueva geopolítica: de duplicar el PIB a construir poder nacional productivo, tecnológico y diplomático

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor | guecin.com

Resumen | El año 2026 representa una frontera estratégica para la República Dominicana, América Latina y el sistema internacional. La crisis del multilateralismo, la fragmentación geoeconómica, la competencia tecnológica, el retorno de la política industrial, la disputa por cadenas de suministro, la transición energética y la emergencia de la inteligencia artificial como tecnología de propósito general están redefiniendo las condiciones del desarrollo nacional. En ese contexto, Meta RD 2036 constituye una iniciativa relevante porque introduce ambición, planificación, articulación público-privada y metas cuantificables orientadas a duplicar el producto interno bruto real, crear empleos, elevar ingresos y erradicar la pobreza extrema. Sin embargo, este artículo sostiene que, frente al nuevo desorden mundial, duplicar el PIB no será suficiente si la República Dominicana no duplica también sus capacidades productivas, tecnológicas, educativas, logísticas, energéticas, institucionales y diplomáticas. El objetivo de desarrollo debe pasar de una lógica de crecimiento agregado a una estrategia de soberanía inteligente, productividad avanzada e inserción internacional selectiva. El documento propone interpretar Meta RD 2036 como una plataforma que debe evolucionar hacia una agenda de capacidades nacionales, capaz de convertir a la República Dominicana en una economía más sofisticada, resiliente y estratégicamente relevante en el Caribe ampliado.

Palabras clave: Meta RD 2036, República Dominicana, geopolítica, fragmentación geoeconómica, multilateralismo, productividad, diplomacia económica, inteligencia artificial, zonas francas, desarrollo nacional.


Introducción | El año 2026 se perfila como una frontera histórica en la que el orden internacional muestra con mayor crudeza sus fracturas acumuladas. Las instituciones que durante décadas sostuvieron la gobernanza global evidencian desgaste; los consensos se debilitan; y las naciones comienzan a comprender que la estabilidad del sistema no era una condición permanente, sino una arquitectura sostenida por intereses, equilibrios y voluntades políticas. La globalización, el libre comercio, las alianzas tradicionales y el multilateralismo no han desaparecido, pero han dejado de operar como garantías automáticas de estabilidad, prosperidad y resolución pacífica de conflictos. El Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial identifica la confrontación geoeconómica como el principal riesgo global inmediato y describe un escenario en el que los mecanismos cooperativos se debilitan, los gobiernos se repliegan hacia marcos nacionales y la confianza internacional pierde valor como moneda de coordinación colectiva (World Economic Forum, 2026). [weforum.org], [ebs.publicnow.com]

La nueva geopolítica está marcada por la desconfianza estratégica, la competencia tecnológica y el retorno de la fuerza —económica, industrial, militar, diplomática y comercial— como lenguaje dominante. El comercio ya no se interpreta únicamente como intercambio; se ha convertido también en campo de disputa industrial. La tecnología funciona como instrumento de supremacía. La energía vuelve a ser un recurso de seguridad nacional. Las rutas marítimas son corredores de poder. Los datos, chips, cables submarinos, sistemas de pago, inteligencia artificial y estándares digitales ocupan el centro real de la competencia global. El Fondo Monetario Internacional ha advertido que, tras varias décadas de creciente integración económica global, el mundo enfrenta el riesgo de una fragmentación geoeconómica impulsada por políticas públicas, con costos potenciales en comercio, capitales, tecnología, migración y provisión de bienes públicos globales (Aiyar et al., 2023). [imf.org], [imf.org]

En consecuencia, la economía mundial ha dejado de organizarse exclusivamente alrededor de la eficiencia y el costo mínimo. Ahora se reordena alrededor de la resiliencia, la seguridad económica, la autonomía tecnológica y la capacidad de adaptación ante choques externos. UNCTAD sostiene que el comercio global entra en 2026 bajo presión por el menor crecimiento, la fragmentación geopolítica, las transiciones digital y verde, y regulaciones nacionales más estrictas que están redibujando flujos comerciales, inversiones y cadenas globales de valor (UN Trade and Development, 2026). Esta transformación obliga a los países pequeños y medianos a repensar su estrategia de desarrollo. La apertura económica sigue siendo necesaria, pero ya no basta por sí sola. En el siglo XXI, la apertura sin estrategia puede convertirse en vulnerabilidad. [unctad.org], [unctad.org]

El desgaste del multilateralismo y la crisis de legitimidad del orden global

El multilateralismo no ha desaparecido, pero ha perdido autoridad. La Organización de las Naciones Unidas enfrenta límites visibles para contener guerras, crisis humanitarias y violaciones al derecho internacional. La Organización Mundial del Comercio ya no opera como árbitro incuestionable del comercio global. Los organismos financieros internacionales deben actuar en un entorno cruzado por deuda, tensión fiscal, desigualdad, cambio climático y nuevas demandas de financiamiento para el desarrollo. Las reglas internacionales siguen proclamándose, pero su cumplimiento se vuelve desigual cuando chocan con los intereses de actores con suficiente poder para imponer excepciones. Esa contradicción revela una crisis no solo institucional, sino civilizatoria: la relación entre democracia, soberanía, mercado y seguridad está siendo redefinida.

La advertencia del secretario general de la ONU, António Guterres, resulta especialmente pertinente: “No podemos crear un futuro adecuado para nuestros nietos con un sistema construido por nuestros abuelos”. La frase, utilizada en el contexto del Pacto para el Futuro de Naciones Unidas, condensa la urgencia de reformar un sistema internacional diseñado para otra correlación de fuerzas, otra economía política y otro tipo de amenazas (United Nations, 2024). El desafío no consiste en abandonar el multilateralismo, sino en actualizarlo. Pero esa actualización ocurre en un contexto adverso: las grandes potencias cooperan menos, compiten más y utilizan instrumentos económicos, tecnológicos y regulatorios como herramientas de presión estratégica. [un.org], [unric.org]

El Munich Security Report 2024 también advierte sobre las dinámicas de “perder-perder” derivadas de la fragmentación del orden global. Su argumento central es que, cuando los Estados priorizan excesivamente las ganancias relativas frente a los beneficios absolutos de la cooperación, aumenta el riesgo de una espiral en la que todos pierden: se deteriora el comercio, se encarece la seguridad, se debilitan las instituciones y se reduce la capacidad colectiva para responder a problemas globales (Munich Security Conference, 2024). Esa advertencia resulta clave para América Latina y el Caribe, una región que no posee poder militar comparable al de las grandes potencias, pero sí recursos estratégicos, ubicación geográfica, biodiversidad, capacidad alimentaria, potencial energético y oportunidades logísticas. [presidencia.gob.do], [hoy.com.do]

La geoeconomía como nuevo lenguaje del poder

La principal transformación del presente no es solamente geopolítica; es geoeconómica. La geoeconomía puede entenderse como el uso de instrumentos económicos con objetivos estratégicos de poder. Aranceles, subsidios, restricciones tecnológicas, controles a la inversión, sanciones, normas digitales, financiamiento climático, estándares ambientales, acuerdos de suministro, minerales críticos y cadenas productivas funcionan ahora como herramientas de influencia internacional. En este escenario, el comercio no desaparece, pero cambia de sentido: deja de ser visto como un espacio neutral de eficiencia y pasa a ser interpretado como un terreno de vulnerabilidad o ventaja estratégica.

UNCTAD ha señalado que las cadenas de valor globales continúan reconfigurándose por razones geopolíticas, regulatorias, digitales y ambientales. Las empresas diversifican proveedores, buscan producción cercana o confiable, incorporan criterios de resiliencia y evalúan riesgos políticos que antes eran secundarios (UN Trade and Development, 2026). Esto abre oportunidades para países como la República Dominicana, especialmente en nearshoring, zonas francas, logística, manufactura avanzada, servicios digitales y exportaciones agroindustriales. Pero esas oportunidades no se materializan por simple ubicación geográfica. Requieren infraestructura, energía competitiva, talento humano, estabilidad regulatoria, instituciones eficientes, seguridad jurídica y una diplomacia económica activa. [unctad.org], [tralac.org]

La inteligencia artificial añade una capa adicional de complejidad. El Banco Mundial advierte que la IA puede ayudar a los países en desarrollo a superar fallas de mercado, mejorar servicios de educación y salud, aumentar la productividad de pequeñas empresas y optimizar procesos productivos; sin embargo, también puede ampliar brechas entre países de altos y bajos ingresos debido a la concentración de cómputo, datos, habilidades y grandes plataformas tecnológicas (World Bank, 2026). Para la República Dominicana, la IA no puede ser una moda discursiva. Debe convertirse en política pública transversal: educación, productividad, aduanas, puertos, salud, seguridad, agricultura, turismo, fiscalidad, justicia y servicios públicos. La soberanía moderna también dependerá de la capacidad de usar datos y algoritmos con sentido nacional. [worldbank.org], [thedocs.wo...ldbank.org]

América Latina y el Caribe ante la reorganización global

Para América Latina y el Caribe, la nueva etapa plantea una pregunta decisiva: ¿será la región un espacio periférico de disputa entre potencias o actuará como actor estratégico con voz propia? La región posee activos relevantes: minerales críticos, agua, biodiversidad, producción alimentaria, energías renovables, cercanía con Estados Unidos, capacidad turística, mercados urbanos y talento joven. Sin embargo, continúa afectada por baja productividad, informalidad, fragmentación política, desigualdad, limitada inversión en ciencia y tecnología, y baja sofisticación exportadora.

El riesgo es que América Latina vuelva a ser tratada como zona de influencia, proveedora de materias primas o plataforma de competencia externa sin agenda propia. La oportunidad, en cambio, consiste en construir una inserción internacional inteligente: transición energética con valor agregado, seguridad alimentaria, industria farmacéutica, economía digital, logística regional, turismo sostenible, servicios modernos y manufactura avanzada. Para ello, los países deben pasar de la diplomacia declarativa a la diplomacia económica basada en información, negociación, inteligencia comercial y alianzas tecnológicas.

En el Caribe, este desafío es todavía más sensible. Las economías insulares y semiinsulares enfrentan vulnerabilidad climática, dependencia energética, mercados internos pequeños y exposición a choques externos. Pero también poseen ventajas logísticas, marítimas, turísticas, culturales y geográficas. La República Dominicana, por su tamaño relativo, estabilidad, conectividad, infraestructura portuaria, zonas francas y relación con Estados Unidos, tiene condiciones para jugar un papel más relevante. No obstante, esa relevancia no será automática. Debe construirse con visión de Estado.

República Dominicana: fortalezas, vulnerabilidades y ventana estratégica

La República Dominicana llega a esta coyuntura con fortalezas reales. El Banco Mundial reconoce que el país ha registrado un crecimiento económico superior al promedio latinoamericano durante las últimas dos décadas, pero señala que, para convertirse en una nación de ingresos altos, debe mejorar la productividad, generar más empleos de calidad, fortalecer capital humano, promover competencia, incentivar innovación, mejorar eficiencia fiscal y aumentar resiliencia ante choques externos y eventos climáticos (World Bank, 2026). Esta lectura es fundamental: el país ha crecido, pero el desafío del futuro es la calidad estructural de ese crecimiento. [bancomundial.org]

El sector externo muestra señales positivas. ProDominicana informó que las exportaciones dominicanas alcanzaron en 2025 un récord de USD 14,645.2 millones, con un crecimiento interanual de 13.4 %, en un contexto internacional de tensiones geopolíticas y restricciones comerciales (Presidencia de la República Dominicana, 2026a). Asimismo, fuentes oficiales y sectoriales destacan que la República Dominicana mantiene un desempeño relevante en inversión extranjera directa, zonas francas y posicionamiento logístico regional, aunque persisten desafíos asociados al costo eléctrico, brechas de talento, burocracia, permisos y costos operativos (El Día, 2026; ProDominicana, 2026). [presidencia.gob.do] [eldia.com.do], [prodominicana.gob.do]

Las zonas francas constituyen uno de los principales pilares de la economía dominicana. El Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación reporta para 2025 unos 200,231 empleos, USD 8,604.6 millones en exportaciones y 858 empresas operando (CNZFE, 2026). Sin embargo, el desafío no consiste únicamente en preservar el régimen. Consiste en elevar su complejidad productiva. Las zonas francas deben pasar de ser plataformas de empleo y exportación a convertirse en ecosistemas de aprendizaje tecnológico, innovación, proveedores locales, formación técnica avanzada y transferencia de conocimiento. Cada empresa instalada debe evaluarse no solo por lo que exporta, sino por las capacidades que deja en el país. [cnzfe.gob.do]

Meta RD 2036: valor estratégico y riesgo de insuficiencia

Meta RD 2036 representa una apuesta valiosa porque introduce ambición, planificación y sentido de dirección. Según el Consejo Nacional de Competitividad, el plan busca duplicar el PIB real hacia 2036, eliminar la pobreza extrema, crear 1.7 millones de empleos, triplicar el salario medio y alcanzar grado de inversión para posicionar a la República Dominicana entre las economías más prósperas y competitivas de América Latina (Consejo Nacional de Competitividad, 2025). Esta ambición es positiva. Un país necesita metas. Sin metas, la política pública se convierte en administración rutinaria del presente. [cnc.gob.do], [cnc.gob.do]

El presidente Luis Abinader ha definido esta agenda en términos que trascienden el mero crecimiento estadístico. Durante su rendición de cuentas del 27 de febrero de 2026 afirmó: “Hoy no basta con crecer, hoy el reto es cómo crecemos y para quién crecemos”. También sostuvo que “Meta RD 2036 no es un plan para el futuro lejano. Es una estrategia que ya está en ejecución” (Presidencia de la República Dominicana, 2026b). Ambas frases son políticamente significativas porque colocan el desarrollo en una dimensión cualitativa: no basta aumentar el tamaño de la economía; hay que transformar su composición, su productividad, su inclusión social y su capacidad competitiva. [securityco...erence.org]

Sin embargo, Meta RD 2036 puede resultar insuficiente si se limita a duplicar el PIB sin duplicar capacidades nacionales. El PIB puede crecer con baja productividad. Puede crecer concentrado territorialmente. Puede crecer con empleos de baja complejidad. Puede crecer con déficit tecnológico. Puede crecer con dependencia energética. Puede crecer sin innovación local. Puede crecer, incluso, sin aumentar suficientemente el poder negociador del Estado. Por eso, la pregunta no es si Meta RD 2036 es necesaria; lo es. La pregunta es si está suficientemente calibrada para un mundo fragmentado, competitivo y tecnológicamente acelerado.

El siglo XXI exige una noción ampliada de desarrollo. Ya no se trata solamente de crecer, sino de construir capacidades productivas, científicas, educativas, institucionales, logísticas, energéticas y diplomáticas. En un mundo de fragmentación geoeconómica, los países no prosperarán solo porque produzcan más, sino porque sepan proteger, sofisticar, diversificar y proyectar mejor lo que producen. Meta RD 2036 debe convertirse, por tanto, en una estrategia de poder nacional productivo.

Hacia una Meta RD 2036 Plus: productividad, tecnología y soberanía estratégica

La República Dominicana necesita evolucionar hacia una versión ampliada de Meta RD 2036: una Meta RD 2036 Plus basada en productividad, tecnología y soberanía estratégica. Esta propuesta no sustituye la meta original; la eleva. El objetivo no sería únicamente duplicar el PIB, sino duplicar la capacidad nacional de competir, innovar, negociar y resistir choques externos.

La primera misión debe ser productividad total. El crecimiento dominicano no puede depender indefinidamente de más consumo, más construcción, más visitantes o más endeudamiento. Debe apoyarse en educación, competencia, tecnología, infraestructura, innovación, gestión empresarial, digitalización y eficiencia pública. La productividad debe convertirse en obsesión nacional.

La segunda misión debe ser industrialización selectiva. La República Dominicana no necesita producirlo todo, pero sí debe escoger áreas donde pueda construir ventajas: dispositivos médicos, farmacéutica, agroindustria avanzada, servicios digitales, manufactura ligera avanzada, logística regional, energías renovables, turismo médico, economía naranja, ciberseguridad y centros de datos. Esa selección debe basarse en evidencia, demanda internacional, capacidades existentes y posibilidad de encadenamientos locales.

La tercera misión debe ser educación superior productiva. Las universidades no pueden limitarse a otorgar títulos. Deben convertirse en centros de investigación aplicada, innovación empresarial, formación STEM, inteligencia artificial, ciencias de datos, logística, idiomas, ingeniería, biotecnología, economía digital y gestión pública. En el nuevo orden mundial, la educación superior es infraestructura de poder.

La cuarta misión debe ser diplomacia económica. Cada embajada dominicana debe operar como antena de inteligencia comercial, tecnológica y financiera. Asia, Medio Oriente, África y Europa deben ser abordados con estrategias diferenciadas. La relación con Estados Unidos seguirá siendo central, pero no debe ser excluyente. Diversificar mercados, inversiones, cooperación tecnológica y alianzas educativas es una forma de seguridad nacional.

La quinta misión debe ser infraestructura crítica. Puertos, aeropuertos, aduanas, cables submarinos, centros de datos, redes eléctricas, sistemas de pago, parques logísticos y plataformas digitales no son simples activos económicos. Son estructuras de soberanía material. Su protección, modernización y gobernanza deben convertirse en prioridad nacional.

La sexta misión debe ser energía competitiva y resiliente. Un país importador neto de combustibles no puede hablar de soberanía productiva sin abordar su vulnerabilidad energética. La transición hacia renovables, almacenamiento, redes modernas, eficiencia energética y diversificación de fuentes no es solo una agenda ambiental; es una agenda macroeconómica, industrial y geopolítica.

La séptima misión debe ser inteligencia pública. El Estado dominicano debe usar datos para anticipar riesgos, medir impacto, evaluar incentivos, focalizar políticas, reducir corrupción, mejorar servicios y tomar decisiones basadas en evidencia. La OCDE advierte que los incentivos tributarios pueden atraer inversión, pero no siempre son efectivos y pueden generar altos costos y distorsiones si no se diseñan, monitorean y evalúan adecuadamente (OECD, 2026). Esta advertencia es especialmente relevante para un país que utiliza incentivos como parte de su estrategia de atracción de inversión. [oecd.org], [oecd.org]

Riesgos de una estrategia de crecimiento sin transformación

Si Meta RD 2036 mantiene una visión demasiado concentrada en duplicar el PIB, podría enfrentar varios riesgos. El primero es el crecimiento sin sofisticación. El país podría producir más, exportar más o atraer más inversión, pero sin elevar suficientemente el contenido tecnológico de su estructura productiva. El segundo es el empleo sin movilidad social real. Crear empleos es indispensable, pero si una parte significativa corresponde a ocupaciones de baja productividad, el salto salarial será limitado.

El tercer riesgo es la inversión sin transferencia tecnológica. La inversión extranjera directa puede convertirse en motor de desarrollo si transfiere conocimiento, crea proveedores locales, eleva salarios, introduce tecnología y conecta al país con cadenas globales de mayor valor. Pero si opera como enclave, su impacto transformador será reducido. El cuarto riesgo es la apertura sin seguridad económica. Una economía abierta necesita protocolos de resiliencia energética, ciberseguridad, seguridad portuaria, protección de datos, defensa comercial y análisis de riesgos geopolíticos.

El quinto riesgo es la planificación sin narrativa nacional. Meta RD 2036 no debe ser solo un documento técnico. Debe convertirse en una causa colectiva, una narrativa de transformación nacional capaz de movilizar al Estado, al sector privado, a las universidades, a la diáspora, a los trabajadores, a las provincias y a la juventud. Los países no se transforman únicamente con indicadores; se transforman cuando una sociedad asume una dirección compartida.

RD 2044: una visión de Estado para el bicentenario

Una estrategia más ambiciosa podría proyectar Meta RD 2036 hacia RD 2044, año del bicentenario de la independencia nacional. Esa fecha posee valor simbólico y estratégico. Permitiría conectar desarrollo económico, soberanía, identidad, tecnología, diplomacia, defensa, educación y cohesión social en una visión de Estado. La ambición debería ser clara: convertir a la República Dominicana en la economía más productiva, innovadora, logística, digital, sostenible e influyente del Caribe ampliado.

RD 2044 no debería medirse solo por el tamaño del PIB, sino por la calidad de las capacidades nacionales. ¿Cuánto invierte el país en investigación y desarrollo? ¿Cuántos ingenieros, científicos de datos, técnicos especializados y docentes de alto nivel forma cada año? ¿Cuánta tecnología incorporan las zonas francas? ¿Cuántas empresas dominicanas exportan servicios digitales? ¿Cuántos proveedores locales participan en cadenas globales? ¿Cuánta energía limpia y resiliente produce el país? ¿Cuántas embajadas generan oportunidades comerciales medibles? ¿Cuántos territorios fuera de Santo Domingo, Santiago y Punta Cana se convierten en polos productivos?

La visión RD 2044 debe asumir que la soberanía moderna ya no se mide únicamente por símbolos patrios, discursos solemnes o fronteras formales. Se mide por resiliencia institucional, capacidad productiva, autonomía tecnológica, seguridad energética, formación de talento y poder de negociación internacional. En un mundo fragmentado, la soberanía real pertenece a los países capaces de decidir con margen propio.

Conclusión | El año 2026 marca el momento en que el desorden mundial muestra su verdadero rostro. La globalización ya no garantiza prosperidad automática. El multilateralismo ya no asegura reglas equitativas por sí solo. El comercio ya no es solo comercio: es seguridad, tecnología, energía, logística y poder. La diplomacia ya no puede limitarse a ceremonias: debe abrir mercados, atraer inversión inteligente, proteger exportadores, anticipar riesgos y construir coaliciones.

Meta RD 2036 es una señal positiva porque introduce ambición, planificación y articulación público-privada. Pero debe ser recalibrada para el nuevo contexto internacional. Su objetivo no puede ser únicamente duplicar el PIB. Debe duplicar capacidades nacionales. Debe colocar en el centro la productividad, la educación superior, la innovación, la diplomacia económica, la seguridad energética, la infraestructura crítica, la inteligencia artificial, la industrialización selectiva y la cohesión territorial.

La República Dominicana no está condenada a la irrelevancia. Posee ubicación, estabilidad, talento, diáspora, marca turística, puertos, zonas francas, conectividad y vocación comercial. Pero esos activos deben convertirse en estrategia. En el siglo XXI, los países pequeños no fracasan por falta de tamaño; fracasan por falta de visión, coordinación y disciplina estratégica.

Si Meta RD 2036 se queda en crecimiento, será una iniciativa valiosa pero incompleta. Si evoluciona hacia Meta RD 2036 Plus y se proyecta hacia RD 2044, puede convertirse en la base de una transformación histórica: una República Dominicana de alta productividad, soberanía inteligente, economía diversificada, diplomacia activa y presencia estratégica en el Caribe ampliado.

La geopolítica del siglo XXI no preguntará si el país está preparado. Simplemente avanzará. Y en esa marcha, la República Dominicana deberá decidir si quiere ser una economía que reacciona ante el mundo o una nación que construye, con visión de Estado, el lugar que merece ocupar en la historia que ya empezó.

Referencias

Aiyar, S., Chen, J., Ebeke, C. H., García-Saltos, R., Gudmundsson, T., Ilyina, A., Kangur, A., Kunaratskul, T., Rodríguez, S. L., Ruta, M., Schulze, T., Soderberg, G., & Trevino, J. P. (2023). Geoeconomic fragmentation and the future of multilateralism. International Monetary Fund. https://www.imf.org/en/publications/staff-discussion-notes/issues/2023/01/11/geo-economic-fragmentation-and-the-future-of-multilateralism-527266

Consejo Nacional de Competitividad. (2025). Plan Meta RD 2036. https://cnc.gob.do/wp-content/uploads/2025/10/Informe_Meta_RD_2036_septiembre_2025.pdf

Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación. (2026). Datos del sector zonas francas 2025. https://cnzfe.gob.do/

Munich Security Conference. (2024). Munich Security Report 2024: Lose-Lose? https://securityconference.org/en/publications/munich-security-report-2024/

OECD. (2026). A practical guide to investment tax incentives. OECD Publishing. https://www.oecd.org/en/publications/a-practical-guide-to-investment-tax-incentives_427c66a9-en.html

Presidencia de la República Dominicana. (2026a, 14 de enero). Exportaciones dominicanas rompen récord en 2025 y superan los USD 14,600 millones. https://presidencia.gob.do/noticias/exportaciones-dominicanas-rompen-record-en-2025-y-superan-los-usd-14600-millones

Presidencia de la República Dominicana. (2026b, 27 de febrero). Presidente Luis Abinader reafirma compromiso con la transparencia y presenta Meta RD 2036. https://presidencia.gob.do/noticias/presidente-luis-abinader-reafirma-compromiso-con-la-transparencia-y-presenta-meta-rd-2036

ProDominicana. (2026). República Dominicana: una tierra llena de oportunidades. https://prodominicana.gob.do/

UN Trade and Development. (2026). Global Trade Update: Top trends redefining global trade in 2026. https://unctad.org/publication/global-trade-update-january-2026-top-trends-redefining-global-trade-2026

United Nations. (2024). Pact for the Future. https://www.un.org/pact-for-the-future/en

World Bank. (2026). República Dominicana: panorama general. https://www.bancomundial.org/ext/es/country/dominicanrepublic

World Bank. (2026). World Development Report 2026: Decoding AI. https://www.worldbank.org/en/publication/wdr2026

World Economic Forum. (2026). The Global Risks Report 2026. https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/digest/

Paper de opinión con enfoque de think tank

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor | guecin.com

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miércoles, 18 de marzo de 2026

Instituto Duartiano: Peligros de otorgar nacionalidad automática a haitianos

 Instituto Duartiano: Peligros de otorgar nacionalidad automática a haitianos

Víctor Zabala, gobernador Casa y Museo de Duarte; Jacinto Pichardo, vice del Instituto; , Wilson Gómez, presidente; Eduardo Gautreau de Wind, vocal y Junior Torres, miembro.

Instituto Duartiano: Peligros de otorgar nacionalidad automática a haitianos

Por Pilar Moreno marzo 18, 2026 09:26 | Actualizado en marzo 18, 2026 11:41

El Instituto Duartiano insistió hoy en que existe desde el Gobierno dominicano una trama contra los intereses del país, la cual consiste en producir cambios en la Constitución de la República para establecer el jus soli absoluto y otorgar la nacionalidad automática a los haitianos nacidos en el territorio dominicano.

Dijo que autoridades dominicanas mantienen “activos contactos” con la Corte Interamericana de Derechos Humanos para colocar al país bajo su “peligrosa competencia” para impulsar esos cambios constitucionales.

Las opiniones de los duartianos contradicen las declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Álvarez, quien ha negado reiteradamente que esa dependencia del Estado trate de revertir las sentencias del Tribunal Constitucional que excluyen del jus soli a los hijos de inmigrantes indocumentados.

Corte Interamericana

Wilson Gómez Ramírez, presidente de esa entidad, advirtió que “se pretende habilitar la Corte Interamericana de Derechos Humanos para también tratar de impedir que las autoridades dominicanas ejerzan su derecho de controlar la migración mediante la repatriación a su territorio de los indocumentados e ilegales”.

Durante una rueda de prensa, dijo que las autoridades gubernamentales pretenden alcanzar la “toma de decisiones judiciales que declararían tales medidas ilegales y violatorias de los derechos humanos”.

Gómez Ramírez insistió en que establecer el jus soli absoluto “atacaría severamente nuestra integridad nacional”. Precisó que esa decisión “implicaría que todo hijo de extranjero nacido en nuestro territorio será considerado dominicano, sin importar que sus padres se encuentren en condición de ilegalidad”.

Aconseja prudencia

Gómez Ramírez pidió al Gobierno “mantener la precaución y la prudencia que el país ha observado con respecto a la situación de crisis de la vecina nación y la procura de solución o mitigación de la misma”.

Dijo que el despliegue de una nueva Fuerza de Supresión de Pandillas en Haití tiene que ser tratado fuera del espacio geográfico de la República Dominicana, porque corresponde a la comunidad internacional, a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a la Organización de Estados Americanos (OEA) y a las grandes naciones “empoderarse de la grave crisis de la vecina nación”.

Rechaza a Álvarez

Consideró que el canciller Roberto Álvarez no es la persona indicada para ser vocero del Gobierno y del país “en un asunto tan delicado”, que está reservado a los embajadores de los Estados Unidos acreditados en Haití y la República Dominicana.

“A nuestro país, si bien le ha correspondido reclamar sistemáticamente que la comunidad internacional vaya en auxilio de Haití, posición que hemos considerado correcta, esto no quiere decir que las autoridades de  República Dominicana asuman un rol protagónico, participando de manera directa y dejando de lado su tradicional prudencia”, dijo.

Ministro Álvarez

Las opiniones de los duartianos contradicen las declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Álvarez, quien ha negado reiteradamente que esa dependencia del Estado trate de revertir las sentencias del Tribunal Constitucional que excluyen del jus soli a los hijos de inmigrantes indocumentados.

ELNACIONAL.COM.DO

Pilar Moreno

Pilar Moreno

Periodista de vasta experiencia en el periodismo educativo y político



Nacionalidad, Constitución y prudencia estratégica

Por Luis Orlando Díaz Vólquez 

El reciente pronunciamiento del Instituto Duartiano vuelve a colocar en el centro del debate nacional uno de los temas más sensibles para el Estado dominicano: la definición constitucional de la nacionalidad y su vínculo directo con la soberanía, el control migratorio y la estabilidad institucional.

Según la entidad, existiría una estrategia orientada a promover cambios constitucionales que introduzcan el jus soli absoluto, lo que implicaría el otorgamiento automático de la nacionalidad a toda persona nacida en territorio dominicano, independientemente del estatus migratorio de sus padres. Para el Instituto, este escenario no puede analizarse como un simple ajuste normativo, sino como una transformación estructural con profundas consecuencias jurídicas, demográficas y geopolíticas.

Uno de los elementos más delicados señalados es la supuesta intención de habilitar la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en un ámbito que el ordenamiento constitucional dominicano ha definido con claridad a través de decisiones del Tribunal Constitucional. Desde esta perspectiva, la preocupación no se limita al contenido de una eventual reforma, sino al precedente institucional que supondría trasladar decisiones soberanas sobre nacionalidad y migración a instancias supranacionales.

El argumento central expuesto por la dirigencia del Instituto Duartiano es que el jus soli absoluto, aplicado en un contexto regional marcado por crisis prolongadas y flujos migratorios irregulares, podría erosionar la capacidad del Estado para administrar su política migratoria y preservar la integridad de su marco constitucional. En ese sentido, se plantea que la nacionalidad no puede convertirse en un efecto automático del territorio, desligado de la legalidad, la institucionalidad y el interés nacional.

Este posicionamiento contrasta con las declaraciones oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores, que ha negado de manera reiterada cualquier intención de revertir las sentencias del Tribunal Constitucional o de impulsar cambios encubiertos al régimen de nacionalidad. La divergencia revela una brecha de percepción que, lejos de resolverse en el terreno discursivo, exige claridad institucional, coherencia jurídica y comunicación estratégica transparente.

Asimismo, el Instituto insiste en la necesidad de mantener la prudencia histórica de la República Dominicana frente a la crisis de su vecino, subrayando que la solución estructural de esa situación corresponde a la comunidad internacional y a los organismos multilaterales, no a decisiones unilaterales que puedan comprometer la estabilidad interna o alterar equilibrios constitucionales cuidadosamente construidos.

En el fondo, el debate trasciende coyunturas y nombres propios. Se trata de definir hasta dónde llega la solidaridad internacional sin diluir la soberanía constitucional; cómo se armonizan los derechos humanos con el orden jurídico interno; y qué rol debe asumir el Estado dominicano en un entorno regional altamente complejo.

La discusión sobre nacionalidad no admite simplificaciones ni presiones externas. Requiere, por el contrario, una defensa serena del Estado de derecho, respeto a las decisiones del Tribunal Constitucional y una visión estratégica que coloque la estabilidad institucional y la cohesión social por encima de agendas de corto plazo.

En tiempos de incertidumbre regional, la prudencia no es inmovilismo: es responsabilidad histórica.

@GuasabaraEditor @LuisOrlandoDia1