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sábado, 5 de septiembre de 2026

Paliza y Carolina: Soldados de las victorias | Por Eduardo Sanz Lovaton

 POLÍTICA | OPINIÓN

Paliza y Carolina: Soldados de las victorias
| Por Eduardo Sanz Lovaton

Este domingo el PRM proclama a sus nuevas autoridades. Antes de que eso ocurra, quiero recordar cómo llegamos hasta aquí.

El PRM había sido fundado primero en contra de un Estado, con cuchumil sentencias vertidas con el más absurdo criterio jurídico que nadie pudiera imaginar. En aquel Tribunal Superior Electoral debatíamos la mayoría de un antiguo PRD, y el tiempo nos dio la razón. De esas escalinatas cerca del Centro de los Héroes salimos exhaustos a fundar un partido que nos permitiera expresar mayorías.

Sus primeros directivos fueron Andrés Bautista y Jesús Vázquez. Los acompañamos en esa primera dirección política, unos pocos. Cumbres entre nosotros, don Hipólito y Luis. Además de quien esto escribe, estaba Orlando Jorge, siempre fiel anotador de actas y compromisos. Como hoy lo hace Sigmund Freund. Un Pacheco, ya líder fundamental. Aquellas historias de don Vicente. Las mujeres presentes con doña Milagros, doña Ivelisse, Yadhira, Geanilda, entre otras. Todavía no se enfermaba Ana María. Nos juntábamos siempre en la Bolívar, en lo que era el Instituto Peña Gómez. De esa génesis surgió lo que es hoy una organización fundamental, no ya de nuestra tierra, sino de toda América, en estas épocas en que el populismo pretende arrebatar de la política el medio para gobernar.

Unos cuatro años después de esos inicios, el PRM se preparaba para el poder. Ya habíamos perdido en 2016. Ya eran visibles las posibilidades de Luis. Nos preparamos para renovar el partido. Aspiraban en ese momento muchos. Nos reunimos en casa de Luis. Recuerdo a Alfredo Pacheco, Roberto Fulcar, Luis Valdez, Deligne Ascención, Antoliano y otros. Debatíamos las posibilidades de que Andrés y Chu continuaran. Todos, y más Luis, confirmaban sus méritos. Se hablaba de convención o de consenso.

Cada actor de entonces tendrá su versión y, como suele ocurrir, todas serán ciertas en alguna dimensión. Aquí contaré algo que recuerdo. Hubo unas conversaciones en Madrid. Y hubo una, en Unicentro Plaza, que dejaré para la historia y para una de las participantes de esas conversaciones. En fin, se trataba de pactar la competencia. Se mencionaban muchas fórmulas. Hasta que, ¡eureka!, creímos llegar a una especie de consenso. Alfredo Pacheco lo recuerda bien: a él le tocó defender esa fórmula. Recuerdo haber llamado a José Ignacio para que cambiara su inscripción de secretario general a presidente. Recuerdo cómo lo de Carolina sorprendía y alegraba, pues era la marca de la unidad. La mayoría de los que estábamos con Luis veíamos en ese acuerdo un sello de madurez que anunciaba los compromisos futuros.

Frente a la imposibilidad del consenso, fuimos a los votos. Carolina y José ganaron. Andrés y Chu no solo compitieron con dignidad, sino que nos hicieron más fuertes a todos. Al admitir su participación, crecimos, y ellos ganaron también.

Así arrancó esa segunda dirección del PRM. Luego estos dos jóvenes, quizás sin tanta experiencia en lides partidarias, como hoy algunos señalan a Juan y a Gloria, salieron a trabajar. El ánimo de ellos dos entusiasmó. Carolina fue crucial en la integración del sector que lideraba su papá. José fue magistral en los trabajos de las candidaturas en los pueblos. La hermandad entre el partido y la candidatura de Luis era motivadora. Así, con la fuerza del entonces alcalde de la capital, David, se anunciaban victorias. Ellos dos supieron administrar vanidades, ambiciones y legítimas aspiraciones sin sobresaltos.

Lo sé. Fui, a propuesta de ellos dos, secretario de Finanzas. En especial de Carolina, que me terminó de convencer. Así administramos los recursos del partido sin un sí ni un no. Sin una queja. Ni ellos ni Luis me desautorizaron nunca. Nunca dispusieron de un centavo sin coordinarlo entre todos. Por eso siempre les estaré agradecido. Nada es más halagador que la confianza.

¿Diferencias? Las hubo, las tenemos y las tendremos. Pero si el pasado es un preludio, sabremos pactar, ceder, perdonar y seguir sirviendo. Recuerdo, en esos días, en una casa de la Ciudad Colonial donde debatíamos algo muy serio Aníbal, David y yo, cómo tanto Carolina como José llamaban y buscaban unidad. Esas luchas y sustos deben recordarse para que, con otras ropas y otros nombres, puedan repetirse.

Hoy, como dominicano y como miembro del gobierno, reconozco en estas dos figuras un ejercicio genial de liderazgo. Ambos, por su juventud, tendrán más que ofrecer. Aspiro a poder disfrutarlos y verlos siempre. Hoy que traspasan la dirección a Luis, Gloria, Juan y Deligne, puedo decir con fuerza que todos ellos no tienen mejor ejemplo que lo que han hecho Carolina Mejía y José Ignacio Paliza. Y que mañana, cuando tengamos candidato o candidata, se llame David, como yo creo que será, o se llame Carolina, Wellington, Guido o Tony, esos candidatos tendrán en esas direcciones que ganaron en 2020 y en 2024 una pauta que seguir.

Así como Luis, desde el gobierno que ellos ayudaron a instalar, ya transformó esta sociedad y ahora construye un legado que nos tocará defender, hoy debemos decir gracias, José, y gracias, Caro.


Fuente: Paliza y Carolina: Soldados de las victorias https://listindiario.com/puntos-de-vista/20260905/paliza-carolina-soldados-victorias_920899.html

jueves, 13 de agosto de 2026

Yayo Sanz y el valor de una alianza | Por Pablo McKinney

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El bulevar de la vida 

Yayo Sanz y el valor de una alianza

Pablo McKinney
13/08/2026 00:00
Con sus buenas maneras, que muestran una educación doméstica que supera con creces la que pudo ofrecerle la PUCMM o la Sciences Po en el París de todas las nostalgias; con su cara de muchacho bien criado, al que no le interesa nada más que quedar bien, pero que termina quedándose con todo o con lo que aspiraba tener, Eduardo Sanz Lovatón —Yayo— viene demostrando que heredó el olfato político y la sensibilidad social de su abuela; el gen político de la familia, quiero decir.

En los hechos, Yayo ha demostrado que, abandonada aquella adolescencia política junto a Hatuey De Camps, se ha convertido en un armador político de peligro; en un conciliador casi imprescindible; en un estratega que domina algo fundamental en la lucha por el poder, en este mar de intereses conciliados que es la política: la capacidad de “separar la paja del trigo”, distinguir lo importante de lo fundamental, lo significativo de lo innegociable.

Sanz Lovatón ha venido a confirmar la certeza de aquella frase que, hace mil años, pronunciara el expresidente Balaguer: “Nada es tan útil en política como una cara de muchacho bueno… bien administrada”. Su alianza con David Collado para, juntos, luchar por alcanzar la candidatura del PRM del primero, define muchas cosas, pero, sobre todo, lo define a él. Las cosas de Palacio van despacio. Como Napoleón: vístase despacio si va de prisa.

Esta alianza ofrece al PRM la oportunidad de ir resolviendo desde ya, y sin mayores ruidos, el tema de la candidatura presidencial, lo que, entre otras cosas, podría evitar que quien resulte victorioso lo haga de manera poco contundente; y sí decisiva, convincente. Además, trae tranquilidad a un Luis Abinader que necesita paz, y no la de “los sepulcros blanqueados”, sino la del trabajo bien hecho.

El hijo del Dr. Abinader parece tener muy claro que se enfrenta al penúltimo gran desafío de su carrera política: “bajarse del tigre” sin ruidos, sorpresas ni traumas mayores. Para lograrlo, el elemento infaltable es la unidad que conduce a la victoria.

Es por esto, que la alianza entre David y Yayo es agua fresca para un partido que se enfrenta al desafío de convencer al país de que ha dejado de ser un PRD-Mientras tanto. Aquella organización de vocación fratricida. Tan amante del caos, que, siempre tenía un problema para cualquier solución.  
https://listindiario.com/puntos-de-vista/20260813/yayo-sanz-valor-alianza_917842.html
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lunes, 20 de julio de 2026

Las exportaciones aumentan a pesar de agravarse el tablero geopolítico mundial

Exportaciones
Las exportaciones aumentan a pesar de agravarse el tablero geopolítico mundial
El mayor crecimiento en volumen de las exportaciones respecto a las importaciones, supuso aportación positiva del saldo comercial exterior neto al crecimiento del PIB real, y si tomamos en cuenta que interanual la economía creció 4.2% en los primeros cinco meses de 2026,

Bajo creciente incertidumbre en la economía mundial, la economía dominicana tuvo un importante superávit comercial en los primeros cinco meses de 2026, vendimos muchos más bienes de lo que compramos, a precios corrientes exportamos US$6,413.93 millones, básicamente por la multiplicación de precio del oro, las exportaciones crecieron 14.4%, y sin el oro, mucho menos.

Importamos US$1,742,92 millones, lo que arroja el superávit comercial de US$4,671.01 millones, no obstante, el delicado tablero geopolítico mundial, incluyendo aumento de tensiones en Medio Oriente.

Sobre el oro, entre los factores determinantes en la multiplicación de su precio destaca las tensiones geopolíticas y escenarios de inestabilidad, reforzaron el rol del oro como activo refugio, sin ir más lejos, el pasado martes en Oriente Medio se renovaron las tensiones, Estados Unidos bombardeo objetivos iraní, como respuesta a ataques previos de Teherán a embarcaciones en el estrecho de Ormuz.

Habían firmado un memorando de entendimiento para poner alto al fuego por sesenta días, continuar negociando, para que Irán vendiera petróleo y productos petroquímicos, autorización que fue revocada, descongelar parte de los fondos iraníes que desde hace tiempo están retenidos en entidades extranjeras y ponerse de acuerdo sobre la creación de un fondo de reconstrucción de no menos US$300.000 millones. Tras el anuncio de Trump de que se reiniciaba la guerra, los precios del petróleo subieron más de 6%, tambien aumentó el del oro y los tipos de interés.

Otro factor importante en el aumento que ha tenido lugar en el precio del oro ha sido la elevada inflación mundial en los últimos meses, favoreció su valorización como reserva de valor.

La buena noticia para nuestra economía es que agencias especializadas en el tema del oro sitúan su precio medio entre US$4,500 y US$5,700 por onza para 2026, aunque estimaciones conservadoras consideran que los siguientes tres factores podrían limitar su desempeño.

Uno, el fortalecimiento del dólar estadounidense, dos, la muy alta probabilidad que existe para batir el aumento de los precios en Estados Unidos, en mayo subió a 4.2%, más del doble del objetivo de 2%, y en la zona euro, en mayo marcó 3.2% y bajo a 2.8% en junio bajo, tanto la Reserva Federal estadounidense como el Banco Central Europeo, endurezcan sus respectivas políticas monetaria. Y tres, baje de grado las tensiones geopolíticas que se ha estado viviendo, y como resultado, se reduzca la demanda de instrumentos financieros respaldados en oro.

Volviendo al tema de las exportaciones en los primeros cinco meses del año, el aumento en volumen fue 13.1%, por los precios, subieron 1.3% que los aproximó con el índice de precio de los productos exportados, incluyendo el del oro.

Por lo que respecta a importaciones, a precios corrientes su crecimiento interanual fue 0.82% y -2.14% en volumen, por aumento de 2.96% de los precios, los aproximó con un índice ponderado de todos los “commodities” que importamos, incluyendo petróleo y derivados.

El mayor crecimiento en volumen de las exportaciones respecto a las importaciones, supuso aportación positiva del saldo comercial exterior neto al crecimiento del PIB real, y si tomamos en cuenta que interanual la economía creció 4.2% en los primeros cinco meses de 2026, significa que fue negativa la contribución de la demanda interna.

En su informe del pasado miércoles, el Fondo Monetario Internacional advirtió sobre el riesgo de que la escalada de los precios por el reinicio de la guerra en Oriente Próximo desencadene una crisis inflacionaria que perjudique el crecimiento mundial, lo redujo a 3% para 2026

Mi opinión es que, no obstante, las renovadas tensiones geopolíticas en Medio Oriente y creciente incertidumbre en la economía mundial, este año nuestra economía crece entre 4% y 4.5%, por la contribución del sector exterior neto, se proyecta que, por alza de precio del oro y aumento de sus ventas, las exportaciones totales continuaran creciendo dos dígitos.

El crecimiento del PIB real, incluso, podría superar 4.5%, si se produce un importante aumento de la inversión pública, en ese caso la demanda interna podría sumar o por lo menos no descontar al crecimiento de la economía como lo hizo en los primeros cinco meses del año.

Sobre el autor
Arturo Martínez MoyaArturo Martínez Moya
Fuente: hoy.com.do 



domingo, 5 de julio de 2026

🇩🇴 XXIII Convención Nacional Extraordinaria del PRM: institucionalidad, reforma interna y prueba de madurez democrática


🇩🇴 XXIII Convención Nacional Extraordinaria del PRM: institucionalidad, reforma interna y prueba de madurez democrática

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La XXIII Convención Nacional Extraordinaria del Partido Revolucionario Moderno (PRM), celebrada este domingo 5 de julio de 2026 en el Hotel Marriott Piantini, en Santo Domingo, debe ser leída con una mirada más amplia que la de un simple trámite orgánico. Lo ocurrido allí tiene implicaciones institucionales, políticas y democráticas de primer orden, porque no se trató únicamente de modificar normas internas, sino de rediseñar parcialmente la arquitectura de poder del partido oficialista en un momento delicado: la transición hacia una nueva dirección, la administración del Gobierno, la competencia anticipada por el liderazgo presidencial de 2028 y la necesidad de preservar cohesión interna sin sacrificar deliberación democrática. La convocatoria se realizó para conocer, enmendar o aprobar propuestas de modificación a los estatutos partidarios, conforme a la Ley núm. 33-18 sobre Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos, la Ley núm. 20-23 Orgánica del Régimen Electoral, los Estatutos Generales del PRM y una resolución previa del Comité Nacional aprobada el 21 de junio de 2026. 12

El dato central de la jornada fue la aprobación de una reforma parcial de los estatutos que reduce de cuatro a dos años el próximo período de las autoridades partidarias, estableciendo un mandato excepcional entre 2026 y 2028, antes de retornar al esquema ordinario de cuatro años después de las elecciones nacionales de 2028. La reforma también crea una nueva estructura de conducción que permite al presidente del partido delegar funciones ejecutivas en el primer vicepresidente, elimina la figura del coordinador ejecutivo de la Presidencia y convierte al primer vicepresidente en coordinador ejecutivo y primero en la línea de sucesión partidaria. 34

Vista en profundidad, esa decisión contiene una lectura política evidente: el PRM intenta ordenar su proceso interno sin perder capacidad de maniobra frente al ciclo electoral de 2028. La reducción del período de las autoridades no es un detalle técnico. Es una fórmula transitoria que busca acomodar la renovación dirigencial, evitar una petrificación prematura de los equilibrios internos y permitir que la organización reconfigure su mando luego de las próximas elecciones nacionales. Pero toda ingeniería institucional lleva consigo una advertencia: si se usa para ordenar la transición, puede fortalecer al partido; si se emplea para administrar cuotas coyunturales sin resolver las tensiones de fondo, apenas postergará conflictos que podrían reaparecer con mayor intensidad.

La reforma se produce, además, en medio de gestiones y versiones públicas sobre la posibilidad de que el presidente Luis Abinader asuma la presidencia del PRM mientras concluye su mandato constitucional. Según lo reportado, José Ignacio Paliza explicó que el propósito de los cambios es permitir que quien presida la organización se concentre en la conducción política, mientras las tareas administrativas y operativas recaigan sobre otro dirigente. 3 Esa separación funcional puede tener sentido desde el punto de vista organizativo, pero abre una discusión mayor: ¿cómo preservar la autonomía del partido cuando su eventual presidente es, al mismo tiempo, presidente de la República?

Ese es uno de los puntos neurálgicos de la democracia dominicana contemporánea: la relación entre partido, Gobierno y Estado. Todo partido que gobierna enfrenta el riesgo de diluir su vida orgánica dentro de la maquinaria gubernamental. Cuando eso ocurre, la organización política deja de ser espacio de deliberación, formación, fiscalización, intermediación social y renovación de liderazgos, para convertirse en prolongación administrativa del poder. El desafío del PRM consiste en evitar esa confusión. La conducción política del partido puede estar vinculada al liderazgo presidencial, pero no debe quedar subordinada a la lógica cotidiana del Gobierno ni a la distribución burocrática del Estado.

Por eso, la discusión sobre la separación entre funciones políticas y funciones ejecutivas dentro del partido es relevante, aunque insuficiente. Una cosa es delegar tareas operativas; otra, garantizar verdadera institucionalidad. La institucionalidad no se mide únicamente por organigramas, cargos o reglamentos, sino por la existencia de reglas claras, procedimientos transparentes, contrapesos internos, respeto a la pluralidad, renovación efectiva y mecanismos que impidan que la unidad sea confundida con obediencia. Si la reforma fortalece la vida interna, será un avance. Si solo facilita una nueva distribución de poder, su impacto democrático será limitado.

La convención también amplió de 60 a 65 el número máximo de integrantes de la Dirección Ejecutiva y modificó el mecanismo para escoger vicepresidentes, que ahora serían distribuidos proporcionalmente según los votos válidos obtenidos por la plancha ganadora de la presidencia partidaria. 3 Este cambio puede interpretarse como un intento de ampliar espacios e introducir elementos de representación proporcional dentro de la estructura de mando. Sin embargo, su valor dependerá de si esa ampliación representa realmente mayor pluralidad o si termina funcionando como una fórmula para integrar corrientes internas sin alterar la concentración real de decisiones.

Otro elemento de especial importancia es que, finalizadas las elecciones nacionales de 2028, la siguiente dirección del PRM volverá a ser escogida mediante voto universal, directo y secreto de la militancia, quedando la convención de delegados como una modalidad excepcional para el actual proceso. 34 Esta disposición es políticamente significativa, porque reconoce —al menos en el plano normativo— que la legitimidad partidaria no puede descansar de manera permanente en mecanismos restringidos de representación. El voto directo de la militancia es una fuente superior de legitimidad democrática, siempre que se organice con padrón confiable, reglas equitativas, competencia real y garantías para todos los sectores.

La decisión de elegir las nuevas autoridades mediante convención de delegados había generado inconformidades en algunos sectores, incluyendo señalamientos sobre el retiro de aspiraciones vinculadas al desacuerdo con ese método. 45 Ese dato no debe minimizarse. En política, el consenso puede ser una virtud cuando nace de la deliberación, pero puede convertirse en problema cuando se percibe como sustitución de la voluntad de las bases. La democracia interna no consiste en evitar diferencias, sino en procesarlas bajo reglas aceptadas. Un partido moderno no se fortalece porque silencie sus tensiones, sino porque las ordena, las debate y las convierte en energía institucional.

La reforma estatutaria también debe ser entendida dentro de un proceso iniciado a finales de mayo de 2026, cuando el PRM anunció la designación de una comisión especial integrada por Roberto Fulcar, Darío Castillo, Guido Gómez Mazara, Sigmund Freund, Dionicio de los Santos, Yadira Henríquez y Salvador Ramos, con el mandato de presentar propuestas para una reforma participativa, ordenada y representativa. 61 Esto permite afirmar que la convención no surgió de una improvisación formal, sino de una ruta orgánica previamente trazada. Sin embargo, la existencia de una comisión y un calendario no garantiza por sí sola participación sustantiva. La pregunta relevante sigue siendo: ¿cuánto peso real tuvieron las bases, las provincias, los municipios, las seccionales del exterior y las corrientes internas en la formulación final de los cambios?

Ese punto conduce a una reflexión mayor sobre la calidad de los partidos dominicanos. La Ley núm. 33-18 obliga a las organizaciones políticas a renovar sus autoridades en un plazo máximo de cuatro años, y la reforma aprobada por el PRM se inscribe dentro de ese marco de cumplimiento legal. 45 Pero la democracia no puede reducirse al cumplimiento mínimo de la ley. La legalidad es el piso; la legitimidad es una construcción más exigente. Un partido puede actuar dentro del marco legal y, aun así, enfrentar cuestionamientos si sus decisiones no son suficientemente abiertas, competitivas o transparentes. La institucionalidad verdadera requiere que los procedimientos no solo sean válidos, sino también confiables.

La convención ocurre, además, en medio de una competencia natural entre figuras del oficialismo por el horizonte presidencial de 2028. Los reportes disponibles señalan que la reforma se produce en ese contexto de aspiraciones, reacomodos y llamados a la unidad interna. 37 Este es un momento especialmente sensible para el PRM. Todo partido en el poder enfrenta una tensión estructural: gobernar el presente mientras organiza el futuro. Si se concentra demasiado en la administración gubernamental, corre el riesgo de descuidar su vida interna. Si se absorbe prematuramente en la lucha sucesoral, puede debilitar la gestión pública y transmitir una imagen de desconexión frente a las prioridades ciudadanas.

En ese sentido, resultan relevantes las palabras atribuidas al presidente Abinader durante reuniones partidarias recientes, cuando advirtió que las diferencias legítimas no deben convertirse en divisiones innecesarias y que el compañero no es un adversario. 3 Esa idea resume una verdad política elemental: ningún partido oficialista puede sostener gobernabilidad, reformas, autoridad pública y competitividad electoral si convierte sus contradicciones internas en fracturas permanentes. Pero también hay que decirlo con claridad: la unidad no debe equivaler a cierre del debate. La unidad democrática se construye con reglas; la unidad impuesta se sostiene con silencios. Y los silencios, tarde o temprano, pasan factura.

La XXIII Convención Nacional Extraordinaria deja, por tanto, una prueba de madurez. El PRM debe demostrar que la reforma no fue solo un mecanismo para allanar el camino a una nueva presidencia partidaria, ni una operación de equilibrio entre grupos, ni una solución temporal para cumplir con plazos legales. Debe demostrar que es capaz de convertir los estatutos en práctica política verificable. Eso significa que la transitoriedad de los dos años no se convierta en una herramienta de discrecionalidad; que la delegación de funciones no derive en ambigüedad de mando; que la ampliación de la Dirección Ejecutiva no sea decorativa; que el retorno al voto universal, directo y secreto de la militancia en 2028 sea respetado; y que la renovación no sea solo nominal, sino real.

La historia política dominicana está llena de estatutos bien redactados y prácticas deficientemente aplicadas. Por eso, el verdadero examen comenzará después de la convención. Se verá en la forma en que se organice la elección interna pautada ahora para el 9 de agosto, luego de haber sido pospuesta desde el 2 de agosto; se verá en la competencia por la presidencia, las vicepresidencias, la secretaría general y las subsecretarías generales; se verá en la integración de los organismos territoriales; y se verá, sobre todo, en la capacidad del partido para evitar que la administración del poder público sustituya la deliberación partidaria. 32

Un partido moderno no puede ser únicamente una maquinaria electoral. Debe ser escuela cívica, comunidad de ideas, canal de representación, estructura de formación, espacio de corrección interna y puente entre sociedad y Estado. Si el PRM aspira a consolidarse como fuerza dominante del sistema político dominicano, necesita algo más que victorias electorales: necesita institucionalidad consistente, liderazgos renovables, disciplina democrática, transparencia orgánica y capacidad de escuchar a su militancia. Gobernar da poder; institucionalizar da permanencia.

La convención del 5 de julio de 2026 puede convertirse en un punto de inflexión si sus reformas abren una etapa de mayor orden interno, participación real y separación responsable entre dirección política y gestión gubernamental. Pero también puede quedar como una reforma de coyuntura si sus cambios se limitan a acomodar liderazgos, administrar aspiraciones y producir una imagen de unidad sin resolver las tensiones de fondo. La diferencia entre una cosa y la otra no estará en los discursos pronunciados, sino en las prácticas que vengan después.

En definitiva, la XXIII Convención Nacional Extraordinaria del PRM no solo modificó estatutos: puso sobre la mesa el tipo de partido que el oficialismo quiere ser en la próxima etapa de la vida democrática dominicana. Si será una organización moderna, institucional y abierta, o si será una estructura electoral adaptada a la administración del poder, dependerá de la coherencia entre norma y conducta. La democracia dominicana no será más fuerte que sus partidos; y los partidos no serán más fuertes que la calidad de sus reglas, la transparencia de sus procesos y la madurez de sus liderazgos.

El PRM tiene ante sí una oportunidad histórica: convertir su reforma interna en una señal de madurez democrática. Si lo logra, habrá dado un paso importante hacia una institucionalidad partidaria más robusta. Si falla, habrá demostrado que la reforma fue apenas una pausa táctica en medio de las tensiones del poder. El 5 de julio de 2026 queda registrado, por tanto, no como una fecha menor del calendario partidario, sino como una jornada en la que el partido gobernante fue llamado a responder una pregunta de fondo: si quiere administrar una victoria o construir una institución.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

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PRM modifica sus estatutos y allana el camino para una eventual presidencia de Abinader

La próxima dirección solo permanecerá dos años y el partido creó una estructura que separa la conducción política de las funciones ejecutivas.

PRM modifica sus estatutos y allana el camino para una eventual presidencia de Abinader
La reforma estatutaria se produce en medio de la competencia entre las principales figuras del oficialismo por la candidatura presidencial de 2028. (ARCHIVO / DIARIO LIBRE)
| 4 min de lectura

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) aprobó este domingo una reforma parcial de sus estatutos que reduce de cuatro a dos años el próximo período de sus autoridades y crea una nueva estructura de dirección que permitirá al presidente de la organización delegar las funciones ejecutivas en el primer vicepresidente.

Los cambios fueron aprobados en medio de las gestiones para que el presidente Luis Abinader asuma la presidencia del partido mientras concluye su mandato constitucional.

Apenas dos días antes, el presidente del PRM, José Ignacio Paliza, reveló que el mandatario pondera asumir esa responsabilidad tras la reestructuración interna de la organización.

En esa entrevista, Paliza explicó que el propósito de los cambios es que quien presida el partido pueda concentrarse en la conducción política de la organización, mientras las responsabilidades administrativas y operativas recaigan sobre otro dirigente.

Precisamente, la reforma elimina la figura del coordinador ejecutivo de la Presidencia y dispone que el primer vicepresidente asuma la coordinación ejecutiva de esa instancia, además de convertirse en el primero en la línea de sucesión del presidente del partido.

Como parte de las modificaciones, el PRM incorporó una disposición transitoria que establece que las autoridades que resulten electas el próximo 9 de agosto ejercerán un período excepcional de dos años, entre 2026 y 2028, en lugar de los cuatro años previstos en los estatutos.

A partir del siguiente proceso interno, que se celebrará después de las elecciones nacionales de 2028, las autoridades volverán a ser escogidas para períodos ordinarios de cuatro años.

Cambios en la dirección del PRM

La reforma también amplía de 60 a 65 el número máximo de integrantes de la Dirección Ejecutiva y modifica el mecanismo para escoger a los vicepresidentes, quienes serán distribuidos de manera proporcional a los votos válidos obtenidos por la plancha ganadora de la presidencia del partido.

Asimismo, dispone que, una vez concluidas las elecciones nacionales de 2028, la siguiente dirección del PRM volverá a ser escogida mediante el voto universal, directo y secreto de la militancia, dejando la convención de delegados como una modalidad excepcional para el proceso de este año.

El Comité Nacional había aprobado la semana pasada que las nuevas autoridades fueran elegidas mediante una convención de delegados. Este domingo, además, la organización pospuso del 2 al 9 de agosto la elección de su presidente, vicepresidentes, secretario general y subsecretarios generales.

Llamados a la unidad

La reforma estatutaria se produce en medio de la competencia entre las principales figuras del oficialismo por la candidatura presidencial de 2028 y de reiterados llamados de la dirección del partido a preservar la unidad interna.

Durante la reunión del Comité Nacional celebrada la semana pasada, Abinader advirtió que uno de los principales riesgos para el PRM sería permitir que "las diferencias legítimas se conviertan en divisiones innecesarias". También afirmó que "el compañero no es un adversario" y que el verdadero adversario del partido es "el atraso, la pobreza y la desigualdad".

El mandatario reconoció que existen aspiraciones legítimas dentro de la organización, pero pidió a la dirigencia concentrarse en la gestión de gobierno. "Los dominicanos nos eligieron para resolver los problemas del país y no para oír hablar de los nuestros", expresó. Luego añadió: "Los problemas nuestros los discutimos internamente".

Periodista y escritor. Egresado de la UASD, con una trayectoria en prensa televisiva y varios medios impresos.

Diario Libre

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XXIII Convención Nacional Extraordinaria del Partido Revolucionario Moderno (PRM):

Principales datos

  • La convención fue celebrada el domingo 5 de julio de 2026, a partir de las 9:00 de la mañana, en el Hotel Marriott Piantini, en Santo Domingo. 12
  • Fueron convocados los delegados y delegadas del partido, junto a dirigentes y miembros de la alta dirección de la organización. 12

Temas centrales de la jornada

Según las convocatorias y reportes publicados:

  • Conocer, debatir, enmendar o aprobar las modificaciones a los Estatutos Generales del PRM. 34
  • Elegir y validar nuevas autoridades partidarias dentro del proceso de renovación institucional. 5
  • Discutir propuestas de fortalecimiento orgánico y reestructuración interna. 2

Propuestas de reforma estatutaria reportadas

Entre los cambios discutidos se destacan:

  • Reducir de cuatro a dos años el período de determinadas autoridades partidarias elegidas en el presente proceso. 6
  • Establecer el carácter transitorio de esas autoridades hasta después de las elecciones de 2028. 6
  • Crear un régimen de incompatibilidad para que cargos como presidente, vicepresidente o secretario general del partido no formen parte simultáneamente del Gabinete Presidencial. 6
  • Incorporar representación adicional de la diáspora y fortalecer la participación de estructuras provinciales en la dirección partidaria. 6
  • Limitar la ocupación de un mismo cargo a un máximo de dos períodos consecutivos. 6

Contexto político

La convención se desarrolló en medio del proceso de renovación institucional del PRM y de una reforma estatutaria impulsada por una comisión integrada, entre otros, por Roberto Fulcar, Guido Gómez Mazara, Sigmund Freund, Darío Castillo, Yadira Henríquez y Salvador Ramos. 34

Fuentes consultadas

  • PRM celebra este domingo su XXIII Convención (Ensegundos.do) 1
  • PRM celebra XXIII Convención Nacional Extraordinaria en Santo Domingo (Debate.do) 2
  • PRM celebra este domingo su XXIII Convención Nacional Extraordinaria (HoraXHora) 6
  • PRM convoca a Convención Nacional Extraordinaria para elegir nuevas autoridades (Teleuniverso) 3
  • PRM convoca a una convención extraordinaria para decidir si reforma su estatuto orgánico (Noticias SIN) 4

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XXIII Convención Nacional Extraordinaria del PRM: institucionalidad, reforma interna y prueba de madurez democrática

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La XXIII Convención Nacional Extraordinaria del Partido Revolucionario Moderno (PRM), celebrada este domingo 5 de julio de 2026 en el Hotel Marriott Piantini, en Santo Domingo, no puede leerse como un simple acto orgánico de trámite interno. Por su naturaleza, por el momento político en que se produce y por los temas convocados, representa una jornada de alta significación para el sistema de partidos de la República Dominicana. La convocatoria reunió a delegados y delegadas, dirigentes y miembros de la alta dirección del partido oficialista, con una agenda centrada en conocer, enmendar o aprobar propuestas de modificación a sus estatutos internos, en cumplimiento de la legislación electoral vigente, los estatutos partidarios y una resolución previa del Comité Nacional aprobada el 21 de junio de 2026. 12

Lo relevante de esta convención no reside únicamente en que el PRM haya convocado a sus organismos de decisión, sino en el contenido político de las reformas discutidas. De acuerdo con los reportes disponibles, la propuesta principal contemplaba reducir de cuatro a dos años el período de las autoridades partidarias elegidas en el actual proceso de renovación, estableciendo un carácter transitorio hasta después de las elecciones de 2028. También se planteó un principio de incompatibilidad para impedir que dirigentes con puestos clave —como presidente, vicepresidente o secretario general del partido— formen parte del Gabinete Presidencial, con el propósito de exigir dedicación exclusiva a los asuntos partidarios. 32

Vista en profundidad, esa discusión toca uno de los nervios más sensibles de la democracia dominicana contemporánea: la relación entre partido, Gobierno y Estado. Todo partido que llega al poder enfrenta el riesgo de diluir su vida orgánica dentro de la maquinaria gubernamental. Cuando eso ocurre, la organización política deja de ser espacio de deliberación, formación, fiscalización y renovación, para convertirse en extensión administrativa del poder. Por eso, una regla de incompatibilidad entre funciones partidarias estratégicas y posiciones gubernamentales, si se aplica con rigor, puede contribuir a separar responsabilidades, reducir conflictos de interés y preservar la autonomía institucional del partido frente al ejercicio cotidiano del Gobierno. 32

La convención también se inscribe en un proceso más amplio de revisión estatutaria iniciado a finales de mayo de 2026, cuando la Dirección Ejecutiva del PRM designó una comisión integrada por Roberto Fulcar, Darío Castillo, Guido Gómez Mazara, Sigmund Freund, Dionicio de los Santos, Yadira Henríquez y Salvador Ramos, con el encargo de presentar una propuesta de reforma participativa, ordenada y representativa. Esa comisión debía entregar sus conclusiones antes del 14 de junio, lo que permite entender la cita del 5 de julio como la culminación formal de una etapa de debate interno y no como una convocatoria improvisada. 24

Otro punto de especial importancia es la propuesta de habilitar cinco nuevos espacios en la Dirección Ejecutiva para representantes de la diáspora e incluir a presidentes provinciales como miembros de ese organismo. Esta dimensión territorial y transnacional tiene una lectura política profunda. La diáspora dominicana ya no es un actor periférico de la vida nacional: vota, invierte, remesa, opina, comunica y condiciona narrativas públicas desde ciudades globales como Nueva York, Madrid, Boston, Miami y San Juan. Incorporarla de manera más visible en la estructura de dirección partidaria supone reconocer que la política dominicana del siglo XXI se decide no solo en el territorio nacional, sino también en los espacios donde vive, trabaja y se organiza una parte sustancial de la comunidad dominicana en el exterior. 32

La inclusión de presidentes provinciales también revela una necesidad de descentralización interna. En los partidos modernos, la conexión entre dirección nacional y estructuras territoriales es vital para evitar que las decisiones se tomen exclusivamente desde cúpulas urbanas o círculos de poder concentrados. Un partido con vocación mayoritaria necesita escuchar sus provincias, municipios, distritos municipales y seccionales del exterior. De lo contrario, corre el riesgo de administrar victorias electorales sin producir cohesión política duradera. La convención, en ese sentido, puede interpretarse como una tentativa de ordenar el vínculo entre centro y periferia dentro de la organización. 43

No menos significativo es el debate sobre la limitación de permanencia en los cargos. Según los reportes publicados, la propuesta también establecía que ninguna autoridad partidaria pudiera ocupar el mismo puesto por más de dos períodos consecutivos. Esta disposición, de aprobarse y cumplirse, apuntaría a prevenir la petrificación dirigencial, abrir espacios a nuevos liderazgos y evitar que la institucionalidad partidaria sea capturada indefinidamente por grupos internos. La democracia no solo se predica hacia afuera; se demuestra hacia adentro. Un partido que regula la permanencia de sus autoridades envía una señal de que la renovación no debe depender únicamente de coyunturas, presiones o conflictos, sino de normas claras y previsibles. 32

La XXIII Convención Nacional Extraordinaria ocurre, además, en un momento en que el PRM enfrenta el desafío de administrar simultáneamente el poder, la renovación interna y la expectativa social. Como partido oficialista, su fortaleza no se mide solo por su capacidad electoral, sino por su habilidad para institucionalizar procesos, canalizar tensiones y evitar que las diferencias internas se conviertan en fracturas públicas. Algunos reportes vinculan esta reforma con tensiones generadas por el método de “consenso” promovido para la selección de autoridades a principios de año, mecanismo que habría sido rechazado por diversos sectores internos. Ese dato revela que la convención no solo tiene una dimensión normativa, sino también una función política de recomposición, arbitraje y legitimación. 34

En política, el consenso puede ser una virtud cuando nace de la deliberación transparente; pero puede convertirse en problema cuando se percibe como imposición, reparto cerrado o sustitución de la voluntad de las bases. Por eso, el valor real de esta convención dependerá menos del discurso formal y más de la calidad del procedimiento: quiénes participaron, cómo se discutieron las reformas, qué nivel de apertura tuvieron las propuestas, qué mecanismos de votación se usaron y hasta qué punto los delegados ejercieron una función deliberativa efectiva. Una organización política madura no teme al debate interno; lo ordena, lo procesa y lo convierte en energía institucional.

Esta convención también obliga a mirar el papel de la Ley núm. 33-18 sobre Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos y la Ley núm. 20-23, Orgánica del Régimen Electoral, marcos jurídicos mencionados en la convocatoria. La institucionalidad democrática dominicana ha avanzado en regular el funcionamiento de los partidos, pero la ley por sí sola no basta. Las normas pueden establecer procedimientos, plazos, requisitos y órganos; sin embargo, la cultura democrática se construye cuando los partidos asumen esas reglas no como formalidades obligatorias, sino como instrumentos para fortalecer la confianza pública. 25

Desde esa perspectiva, la XXIII Convención Nacional Extraordinaria del PRM debe ser examinada más allá de sus efectos internos. En una democracia representativa, los partidos no son asociaciones privadas sin consecuencias públicas. Son vehículos de representación, canales de intermediación social y plataformas desde las cuales se organiza el acceso al poder. Por tanto, cuando un partido con responsabilidades de Gobierno modifica sus estatutos, redefine sus órganos de dirección o regula la relación entre partido y Administración Pública, el impacto se proyecta sobre la calidad del sistema político nacional.

El reto del PRM, luego de esta convención, será convertir las reformas aprobadas —si fueron ratificadas en los términos propuestos— en prácticas verificables. La historia política dominicana está llena de estatutos bien redactados y prácticas deficientemente aplicadas. La verdadera prueba no será la proclamación de la reforma, sino su cumplimiento: que la incompatibilidad no sea selectiva; que la diáspora no sea decorativa; que las provincias no sean invitadas solo para legitimar decisiones previamente tomadas; que la renovación no sea un simple relevo nominal; y que la transitoriedad de las autoridades no termine convertida en permanencia disfrazada.

También habrá que observar cómo esta convención incide en el equilibrio interno del partido hacia el ciclo político posterior a 2026 y, especialmente, hacia las elecciones de 2028. La reducción del período de las autoridades partidarias a dos años, con carácter transitorio, puede ser interpretada como una ingeniería institucional para garantizar flexibilidad durante una etapa de reacomodo político. Pero esa flexibilidad debe manejarse con prudencia. Si se usa para ordenar la transición interna, puede fortalecer al partido; si se utiliza para administrar cuotas coyunturales sin resolver tensiones de fondo, podría posponer conflictos que luego emerjan con mayor intensidad.

En el plano simbólico, la convención pretende proyectar una imagen de unidad, disciplina y fortalecimiento. Esa narrativa es comprensible en cualquier partido que ejerce el poder y busca preservar cohesión. Sin embargo, la unidad política auténtica no consiste en la ausencia de diferencias, sino en la capacidad de procesarlas bajo reglas aceptadas por todos. La unidad que vale es la que se construye con institucionalidad, no la que se impone con silencios. La disciplina que fortalece es la que respeta la deliberación, no la que anula la pluralidad.

La XXIII Convención Nacional Extraordinaria del PRM deja, por tanto, una enseñanza mayor: los partidos dominicanos están llamados a evolucionar desde estructuras electorales hacia instituciones políticas modernas. Eso implica reglas claras, renovación generacional, controles internos, transparencia, formación política, territorialidad real, inclusión de la diáspora y separación responsable entre funciones partidarias y gubernamentales. La democracia dominicana no será más fuerte que sus partidos; y sus partidos no serán más fuertes que la calidad de sus normas, liderazgos y prácticas internas.

Si el PRM logra convertir esta convención en un punto de inflexión institucional, habrá dado un paso importante hacia la consolidación de una organización más moderna, funcional y democrática. Si, por el contrario, la reforma queda reducida a una operación de equilibrio interno, su alcance histórico será limitado. En todo caso, el 5 de julio de 2026 queda registrado como una fecha clave en la ruta orgánica del partido oficialista: una jornada en la que no solo se discutieron estatutos, sino también el tipo de partido que el PRM aspira a ser frente a sus bases, frente al Gobierno y frente a la sociedad dominicana.

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martes, 30 de junio de 2026

Hacia una democracia ecológica republicana: renovar la cooperación frente al vacío autoritario


Hacia una democracia ecológica republicana: renovar la cooperación frente al vacío autoritario

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Resumen | La narrativa liberal clásica, fundada en la cooperación, el progreso universal, la democracia representativa y los derechos individuales, enfrenta una crisis de legitimidad en sociedades atravesadas por desigualdad persistente, polarización digital, desconfianza institucional y ansiedad ecológica. En ese vacío emergen relatos de poder, identidad cerrada y dominación que prometen orden, pertenencia y seguridad emocional. Este artículo sostiene que la respuesta no debe ser abandonar la cooperación, sino recontarla desde una síntesis más robusta: una democracia ecológica republicana, capaz de integrar deliberación pública, libertad como no-dominación y responsabilidad planetaria. A partir de aportes de Habermas, Cohen, Pettit, Rawls, Jonas y Yuval Noah Harari, se plantea que el futuro democrático dependerá de construir una narrativa intelectualmente sólida y emocionalmente movilizadora frente a los proyectos autoritarios.

Palabras clave: liberalismo, democracia deliberativa, neo-republicanismo, cooperación, crisis ecológica, autoritarismo, inteligencia artificial.

Artículo de opinión

La visión liberal clásica enseñó durante décadas que la humanidad podía construir un mundo mejor mediante la cooperación. Su promesa descansaba en una intuición poderosa: los seres humanos, al organizar instituciones abiertas, mercados regulados, Estados democráticos, derechos individuales y mecanismos de deliberación pública, podían transformar la convivencia en progreso compartido. Esa historia articuló buena parte del orden político moderno. Sin embargo, hoy atraviesa una crisis de legitimidad. No porque la cooperación haya perdido valor, sino porque el relato liberal dejó de conmover, explicar y proteger a sociedades que se sienten expuestas a la desigualdad, la incertidumbre tecnológica, la fragmentación cultural y el deterioro ecológico.

El problema no es menor. Cuando una sociedad deja de creer en la historia que sostiene sus instituciones, las instituciones mismas comienzan a parecer frágiles, lejanas o incluso inútiles. En ese punto, los proyectos autoritarios encuentran su oportunidad. Allí donde el liberalismo habla de procedimientos, pluralismo y consensos complejos, los discursos de fuerza ofrecen certezas simples: nación contra amenaza externa, pueblo contra élite, identidad contra diversidad, orden contra deliberación. La política deja de ser un espacio para procesar el desacuerdo y se convierte en una maquinaria emocional de pertenencia y confrontación.

Yuval Noah Harari ha insistido en que la capacidad humana para cooperar a gran escala depende de historias compartidas. En una conversación reciente con Ezra Klein, el debate giró precisamente en torno a la disputa entre cooperación y poder como fuerzas organizadoras de la historia, así como al debilitamiento del relato liberal frente a narrativas más simples de dominación, nacionalismo y fuerza; también se abordó el modo en que la inteligencia artificial puede intensificar la manipulación emocional y política en la esfera pública. 12 Esa preocupación resulta central: si la democracia no produce un relato convincente sobre por qué vale la pena cooperar, otros llenarán el vacío con relatos de miedo, exclusión y obediencia.

La narrativa liberal clásica tuvo tres columnas: cooperación, progreso universal e inclusión. Cooperación, porque asumía que los seres humanos podían construir instituciones beneficiosas mediante reglas comunes. Progreso universal, porque confiaba en que la ciencia, el comercio y la democracia producirían bienestar creciente. Inclusión, porque colocaba los derechos humanos y las libertades individuales como base moral de la convivencia. Pero esas columnas se han erosionado. La cooperación se percibe muchas veces como ingenuidad frente a actores que acumulan poder sin límites. El progreso universal se ha debilitado ante la concentración de riqueza y la precariedad laboral. La inclusión, aunque normativamente indispensable, ha sido presentada por sus adversarios como fragmentación identitaria o amenaza cultural.

La crisis del liberalismo, por tanto, no es únicamente institucional; es narrativa. El liberalismo sabe administrar, pero ha perdido capacidad de inspirar. Sabe diseñar procedimientos, pero no siempre logra producir sentido. Sabe defender derechos, pero le cuesta convocar deberes compartidos. En un tiempo de ansiedad social, las personas no buscan solo eficiencia gubernamental; buscan pertenencia, protección y orientación. Cuando la democracia no responde a esas necesidades simbólicas, el autoritarismo aparece como una religión civil de emergencia.

Frente a ese deterioro, una posible renovación debe integrar tres corrientes: la democracia deliberativa, el neo-republicanismo y la renovación ecológica. La democracia deliberativa recuerda que la legitimidad política no proviene únicamente del voto, sino de la calidad del diálogo público. Habermas (1984) planteó que la racionalidad comunicativa permite construir consensos mediante argumentos y no mediante imposición. Cohen (1989) reforzó esta idea al sostener que una decisión democrática gana legitimidad cuando los ciudadanos pueden participar en condiciones razonables de deliberación. En sociedades capturadas por algoritmos que premian la indignación, deliberar no es un lujo académico; es una defensa civilizatoria.

La deliberación democrática ofrece un antídoto contra la polarización porque obliga a procesar el desacuerdo en lugar de explotarlo. Asambleas ciudadanas, jurados de políticas públicas, consultas territoriales, foros digitales transparentes y mecanismos participativos bien diseñados pueden complementar la democracia representativa. No se trata de sustituir al Congreso, a los partidos o a las elecciones, sino de fortalecerlos con espacios donde la ciudadanía no sea tratada como audiencia pasiva, sino como sujeto activo de construcción pública. En tiempos de desinformación, escuchar también es una forma de gobernar.

La segunda corriente necesaria es el neo-republicanismo. Su aporte central consiste en redefinir la libertad no como simple ausencia de interferencia, sino como ausencia de dominación. Pettit (1997) sostiene que una persona no es verdaderamente libre si vive bajo la posibilidad arbitraria de ser sometida por otro, ya sea por el Estado, una corporación, una oligarquía económica, una plataforma tecnológica o una estructura social abusiva. Esta idea resulta especialmente pertinente en una época en que el poder ya no se concentra solo en gobiernos, sino también en sistemas financieros, monopolios digitales, redes de datos y arquitecturas algorítmicas opacas.

El neo-republicanismo tiene una enorme fuerza narrativa porque conecta libertad con dignidad. No reduce la ciudadanía a consumidores que eligen, sino que la eleva a comunidad política que vigila, participa y defiende el bien común. Allí donde el liberalismo clásico puso énfasis en derechos individuales, el republicanismo recuerda los deberes cívicos: cuidar las instituciones, exigir transparencia, limitar los abusos de poder, combatir la corrupción, defender los contrapesos y proteger la esfera pública. Una democracia sin ciudadanos vigilantes se convierte en administración sin alma; una libertad sin límites al poder se vuelve privilegio para los más fuertes.

La tercera corriente es la renovación ecológica. La crisis climática obliga a repensar la idea misma de progreso. Ya no basta crecer, producir y consumir bajo la ilusión de recursos infinitos. Jonas (1984) formuló el principio de responsabilidad como una ética orientada al futuro: actuar de modo que las consecuencias de nuestras decisiones sean compatibles con la permanencia de una vida humana digna en la Tierra. Rawls (1971), desde otra tradición, introdujo la preocupación por la justicia entre generaciones. Ambas perspectivas convergen en un punto esencial: ninguna democracia puede considerarse legítima si sacrifica el futuro para administrar el presente.

La renovación ecológica permite reencantar la cooperación porque la conecta con la preservación de la vida. La interdependencia planetaria muestra que ningún país puede salvarse solo. La seguridad alimentaria, la energía, el agua, la biodiversidad, las migraciones climáticas y la resiliencia urbana son problemas que desbordan fronteras nacionales. Una narrativa democrática del siglo XXI debe decir con claridad que cooperar no es una opción moral decorativa, sino una condición de supervivencia. La patria, en este nuevo horizonte, no se defiende destruyendo el planeta, sino protegiendo las condiciones materiales que hacen posible la vida nacional y global.

Estas tres corrientes pueden articularse en una propuesta común: una democracia ecológica republicana. Democracia, porque la legitimidad depende de la participación y del diálogo. Ecológica, porque el progreso debe subordinarse a la sostenibilidad de la vida. Republicana, porque la libertad exige instituciones capaces de impedir la dominación. Esta síntesis puede ofrecer una historia más poderosa que el liberalismo procedimental: una historia donde cooperar no significa debilidad, sino inteligencia colectiva; donde la libertad no significa aislamiento individual, sino dignidad protegida; donde el futuro no es una abstracción, sino una responsabilidad política.

Un ejemplo práctico sería una transición energética participativa. Desde la deliberación democrática, las comunidades podrían debatir la ubicación, el impacto y los beneficios de proyectos solares, eólicos o de infraestructura verde. Desde el neo-republicanismo, el Estado tendría que impedir que la transición sea capturada por monopolios o intereses corporativos sin control ciudadano. Desde la renovación ecológica, los beneficios deberían reinvertirse en restauración ambiental, empleos verdes, justicia territorial y protección de generaciones futuras. Así, una política pública dejaría de ser simple gestión técnica para convertirse en narrativa de país: participación, libertad compartida y sostenibilidad.

El mayor riesgo de no construir este nuevo relato es que el vacío lo ocupen fuerzas autoritarias. El autoritarismo prospera cuando la democracia parece incapaz de proteger, ordenar y emocionar. El tribalismo avanza cuando la pertenencia se define contra un enemigo. La desconfianza institucional crece cuando las personas sienten que las reglas comunes solo benefician a minorías privilegiadas. Por eso, renovar la narrativa democrática no es un ejercicio literario; es una urgencia política.

La visión liberal no está condenada, pero sí está obligada a transformarse. Su promesa de cooperación debe ser ampliada con deber cívico, justicia ecológica, control del poder y deliberación pública. La alternativa no es regresar nostálgicamente al viejo liberalismo ni rendirse ante proyectos de fuerza. La alternativa es construir una historia democrática más completa, más justa y más emocionalmente convincente.

La pregunta decisiva de nuestro tiempo no es si podemos cooperar. La historia demuestra que la cooperación ha sido una de las mayores capacidades humanas. La pregunta es si podremos volver a creer en ella antes de que el miedo, la desinformación y la dominación impongan sus propias respuestas. Una democracia ecológica republicana puede ser el nombre de esa renovación: una política que no solo administre el presente, sino que proteja la dignidad, organice la esperanza y haga del futuro una causa común.

Referencias

Cohen, J. (1989). Deliberation and democratic legitimacy. En A. Hamlin & P. Pettit (Eds.), The good polity: Normative analysis of the state (pp. 17–34). Basil Blackwell.

Habermas, J. (1984). The theory of communicative action: Volume 1. Reason and the rationalization of society (T. McCarthy, Trans.). Beacon Press. Obra original publicada en 1981.

Harari, Y. N. (2014). Sapiens: A brief history of humankind. Harper.

Jonas, H. (1984). The imperative of responsibility: In search of an ethics for the technological age. University of Chicago Press. Obra original publicada en 1979.

Klein, E. (Host). (2026, mayo 26). Yuval Noah Harari on Donald Trump’s core delusion [Audio podcast episode]. En The Ezra Klein Show. The New York Times.

Pettit, P. (1997). Republicanism: A theory of freedom and government. Oxford University Press.

Rawls, J. (1971). A theory of justice. Harvard University Press.

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Información fuente:
La historia liberal básica dice que cooperando podemos construir un mundo que sea mejor para todos. ¿Está fallando esta visión del mundo? ¿Y qué podría reemplazarlo? Desde el
@nytopinion
Podcast con @ezraklein. 
Mira todo el asunto:
http://bit.ly/YNH-EKS
https://x.com/harari_yuval/status/2071249690092253286/video/1
Yuval Noah Harari on Donald Trump’s Core Delusion | The Ezra Klein Show
https://youtu.be/9NCxS__rtAo?si=9-8TrxIXhx5j-JiJ

La democracia ecológica republicana (o republicanismo ecológico) es una corriente sociopolítica que busca fusionar el republicanismo tradicional con la ecología política. Plantea que el cuidado del medio ambiente no es solo un problema técnico, sino un asunto de interés público que requiere de la participación ciudadana activa y de límites al desarrollo para proteger la supervivencia de todos. [1, 2, 3, 4]
Ejes fundamentales del modelo
  • Ciudadanía ecológica y participativa: Fomenta una sociedad civil activa, donde los ciudadanos debaten y buscan soluciones para frenar los desastres ambientales. Supera el interés individual para crear una responsabilidad colectiva. [1, 2, 3]
  • Control de lo público (La "Cosa Pública"): Al igual que el republicanismo clásico entiende la libertad como la ausencia de dominación, el ecologismo republicano sostiene que la degradación ambiental domina y somete a la sociedad, por lo que debe ser gobernada y controlada democráticamente por el pueblo. [1, 2]
  • Reconocimiento de límites: Se basa en la idea de vivir en "un mundo lleno". Propone fijar límites sostenibles al desarrollismo y reconocer que los recursos naturales y el espacio son finitos. [1]
  • Justicia Intergeneracional: Busca que la toma de decisiones democrática considere el bienestar de las generaciones futuras y de los seres vivos no humanos, integrando el equilibrio ecológico en la estructura del Estado. [1, 2, 3, 4]
Para profundizar sobre cómo este modelo integra la ecología en el debate social y político, puedes revisar el análisis académico sobre La democracia ecológica: fundamento, posibilidades, actores, el cual explica su base como democracia deliberativa. Adicionalmente, el estudio sobre el Modelo de Democracia Ecológica detalla cómo encaja esta estructura sociopolítica en la actualidad