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jueves, 30 de julio de 2026

Exportaciones y desarrollo

Opinión 

Exportaciones y desarrollo
Por Luis Orlando Díaz Vólquez 

La caída del 28.5 % en las exportaciones desde las zonas francas dominicanas hacia Haití durante el primer semestre de 2026 no es un dato aislado: es un síntoma de fragilidades estructurales y de riesgos geopolíticos que exigen una respuesta de Estado con visión estratégica. En ese tenor, conviene leer esta contracción no solo en términos de cifras, sino en su impacto sobre empleo, encadenamientos productivos y la estabilidad regional.

Análisis económico y comercial

Las zonas francas dominicanas han sido históricamente un motor de empleo y divisas. Una reducción cercana al 30 % en ventas a un mercado vecino implica pérdidas directas para empresas exportadoras, proveedores locales y trabajadores vinculados a la cadena textil y logística. Aunque las exportaciones del régimen nacional crecieron un 39.4 %, ese dinamismo no compensa por completo la naturaleza de los empleos y la sofisticación tecnológica que generan las zonas francas. La sustitución por bienes nacionales —cemento, barras de hierro, aceites— refleja una demanda de reconstrucción y consumo en Haití, pero también evidencia la volatilidad de mercados cercanos y la necesidad de diversificar destinos y productos.

Desde la perspectiva macroeconómica, la contracción puede reducir ingresos fiscales indirectos, presionar la balanza comercial y afectar la confianza de inversionistas en sectores exportadores. Para las micro, pequeñas y medianas empresas proveedoras, la pérdida de pedidos puede traducirse en cierres o en migración de capacidades productivas hacia actividades menos productivas.

Repercusiones sociales y de seguridad

La relación comercial con Haití trasciende lo económico: es un tejido social y humano. Menos exportaciones significan menos empleo formal en zonas francas y mayor presión sobre mercados laborales locales, lo que puede agravar tensiones sociales en zonas fronterizas. Además, la inestabilidad en Haití que dificulta el tránsito de mercancías incrementa costos logísticos y riesgos de seguridad para transportistas y comerciantes, alimentando un círculo vicioso de informalidad y contrabando.

A nivel regional, la fragilidad del comercio binacional puede intensificar flujos migratorios y generar crisis humanitarias que demandarán respuestas coordinadas. La República Dominicana, por su tamaño y posición, no puede externalizar estos costos: la estabilidad del vecino es un interés nacional.

Retos a superar

1. Diversificación de mercados y productos. Es imperativo que las empresas de zonas francas aceleren la búsqueda de nuevos destinos y agreguen valor a sus cadenas productivas. El Estado debe facilitar misiones comerciales, acuerdos preferenciales y financiamiento para adaptación tecnológica.

2. Resiliencia logística y seguros comerciales. Modernizar corredores fronterizos, implementar seguros de crédito a la exportación y crear mecanismos de compensación por riesgo político reducirán la exposición de exportadores a cierres repentinos de rutas.

3. Diplomacia económica activa. La República Dominicana debe impulsar una diplomacia que combine presión por seguridad con cooperación para la reconstrucción económica de Haití. Programas binacionales de infraestructura y comercio formalizado pueden crear condiciones para la reactivación sostenida.

4. Fortalecimiento de zonas francas. Políticas fiscales y regulatorias estables, capacitación laboral y promoción de encadenamientos con la industria nacional harán a las zonas francas más competitivas y menos vulnerables a choques externos.

5. Inclusión financiera y apoyo a PYMES. Líneas de crédito, garantías y asistencia técnica permitirán a proveedores locales adaptarse a cambios en la demanda y explorar nichos de exportación.

6. Cooperación multilateral. Movilizar organismos regionales y socios internacionales para programas de estabilización y desarrollo en Haití es una inversión en seguridad y comercio para toda la región.

Propuesta de política pública

Una estrategia integral debería combinar medidas inmediatas y reformas estructurales: crear un fondo de contingencia para exportadores afectados; negociar corredores seguros y protocolos aduaneros binacionales; lanzar un programa de reconversión productiva para trabajadores desplazados; y promover un pacto regional de comercio y seguridad que incluya incentivos para la formalización del comercio transfronterizo.
En conclusión, la caída de las exportaciones a Haití es una llamada de atención. No se trata solo de recuperar volúmenes, sino de transformar la vulnerabilidad en oportunidad: diversificar mercados, fortalecer la resiliencia logística, y ejercer una diplomacia económica que reconozca la interdependencia entre seguridad y prosperidad. El desafío exige liderazgo sereno, políticas públicas coherentes y cooperación regional sostenida. Si la República Dominicana actúa con visión estratégica, podrá convertir este revés en un catalizador para una inserción internacional más sólida y un desarrollo interno más inclusivo.

Las exportaciones dominicanas de zonas francas hacia Haití caen un 28 % en el primer semestre

Las exportaciones dominicanas de zonas francas hacia Haití caen un 28 % en el primer semestre
Los artículos de origen textil empujaron la reducción
Los bienes del régimen nacional lograron contrarrestar la caída
| 3 min de lectura

Las exportaciones dominicanas de zonas francas hacia Haití caen un 28 % en el primer semestre
Un camión cargado de mercancía transita por una de las puertas fronteriza entre ambos países. (DIARIO LIBRE/ARCHIVO)

Las exportaciones de zonas francas de la República Dominicana hacia Haití cayeron un 28.5 % durante el primer semestre de 2026, con los productos de origen textil sufriendo la mayor reducción, aunque ese descenso fue contrarrestado por las ventas del régimen nacional, que creció un 39.4 %.

La baja en las ventas al mercado haitiano por parte de las zonas francas locales es atribuida a la situación de inestabilidad que sufre el vecino país, a juicio del ministro de Industria, Comercio y Mipymyes (MICM), Eduardo -Yayo- Sanz Lovatón.

  • La caída estuvo impulsada por las exportaciones de t-shirts y camisetas interiores (-36.2 %), otros tejidos de algodón (-57.3 %); los trapos, cordeles, cuerdas y cordajes, de materia textil (-28.9 %), y los tejidos de algodón de peso superior a 200 gramos por metro cuadrado (-46.2 %), de acuerdo con los registros de la Dirección General de Aduanas (DGA).

En términos absolutos, las exportaciones de zonas francas hacia el vecino país sumaron 99.1 millones de dólares en los primeros seis meses de este año, un monto que implica una reducción de 39.6 millones con relación al período enero-junio de 205.

"El problema de las exportaciones a Haití es que en ese país hay problemas de seguridad que no son predecibles. El mercado en Haití actualmente es volátil, no tiene mucho que ver con HOPE/HELP, simplemente amaneces un día con una región del país por la que no se puede pasar", explicó Sanz Lovatón.

El funcionario afirmó que hasta que en el vecino país no haya un proceso viable de Gobierno y comercio "estaremos viendo estos vaivienes", aunque aclaró que estas reducciones son cíclicas.  

En cambio, productos de zonas francas como el tabaco, artículos confeccionados, los tejidos de algodón de peso inferior o igual a 200 gramos por metro cuadrado y las etiquetas de todas clases: de papel o cartón, incluso impresas, lograron crecimientos de entre un 17.3 % y 12,675 % durante el primer semestre de 2026 e igual período del año pasado.

Las nacionales crecen un 39 %

En cambio, las exportaciones nacionales hacia Haití lograron contrarrestar la caída sufrida por las de zonas francas, registrando una expansión de 39.4 % entre enero y junio de este año, según los datos de la DGA.

La venta de productos al vecino país, pertenecientes a ese régimen, alcanzaron los 521.7 millones de dólares, un aumento de 147.4 millones con relación el primer semestre del año anterior.

En términos absolutos, los artículos vinculados a la construcción: las barras de hierro y el cemento fueron los que mayor aporte realizaron al crecimiento de las exportaciones nacionales hacia Haití, con 41.4 millones de dólares y 19.2 millones, respectivamente.

El aceite de palma y sus fracciones (13.9 millones de dólares), preparaciones para salsas y salsas preparadas (7.8 millones), artículos para el transporte o envasado, de plástico; tapones, tapas (7.3 millones), harina de trigo o de morcajo (6.2 millones) figuran entre los productos nacionales que más se enviaron hacia el citado país entre enero y junio pasado.

Periodista especializado en economía y finanzas. Desde 2012, ejerce la profesión en diversos medios de comunicación.

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    viernes, 10 de julio de 2026

    Las exportaciones dominicanas crecen un 17.4 % en junio y suman US$7,897.8 MM en el primer semestre

    Las exportaciones dominicanas crecen un 17.4 % en junio y suman US$7,897.8 MM en el primer semestre

    El mes pasado el país envió mercancías al extranjero por un valor de US$1,498.5 millones

    | 2 min de lectura
    Las exportaciones dominicanas crecen un 17.4 % en junio y suman US$7,897.8 MM en el primer semestre
    Un barco portacontenedores en un puerto dominicano. (ARCHIVO DIARIO LIBRE)
    Las exportaciones de la República Dominicana alcanzaron los 1,498.5 millones de dólares en junio de este año, mostrando un crecimiento interanual de un 17.4 %, equivalente a un aumento absoluto de 221.7 millones de dólares. 

    Así lo informó la directora del Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana (ProDominicana), Biviana Riveiro, quien dijo que entre enero y junio las exportaciones sumaron 7,897.8 millones de dólares, equivalente a un alza interanual de un 14.8 % y un incremento de 1,018.4 millones de dólares.

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    Infografía
    Crecimiento de las exportaciones en los últimos años. (FUENTE: PRODOMINICANA.)

    En el sexto mes de 2026 las zonas francas alcanzaron 819 millones de dólares, con un crecimiento interanual de un 8.0 % y concentraron el 54.6 % del total exportado.


    En tanto, el régimen nacional registró exportaciones por 651.8 millones de dólares, aumentando un 35.4 % respecto a junio de 2025 y una participación de 45.4 % en el total mensual.

    Sólo en junio el oro en bruto se exportó por un valor de 341.7 millones de dólares y un crecimiento interanual de 84.2 %; los instrumentos y aparatos de medicina, con 113.8 millones de dólares y un aumento de 5.9 %; los disyuntores eléctricos, con 89.3 millones de dólares y un crecimiento de 17.6 %; y los cigarros puros, cuyas exportaciones alcanzaron 88.5 millones de dólares, para un incremento interanual de 9.3 %.

    Destinos y crecimiento

    Estados Unidos se mantuvo como el principal socio comercial en junio de 2026, con exportaciones por 683.5 millones de dólares y un crecimiento interanual de un 8.2 %. Le siguieron Canadá, con 263.9 millones y un incremento de un 211.1 %, y Haití, con 115.9 millones de dólares y un crecimiento de un 11.8 %.

    Este dinamismo exhibió una mayor diversificación geográfica, ya que 80 países registraron aumentos interanuales en las exportaciones dominicanas, según indicó ProDominicana en una nota de prensa.

    En términos de crecimiento absoluto, se destacan: Canadá, con 179.1 millones de dólares adicionales; Suiza, con 75.2 millones, ambos impulsados principalmente por el aumento de las exportaciones de oro en bruto; Estados Unidos, con 52 millones, y Haití, con 12.3 millones de dólares.

    Más de 700 líneas arancelarias presentaron crecimiento durante el mes.

    Entre los productos de mayor dinamismo resaltaron el oro en bruto, con 156.2 millones de dólares adicionales; el tabaco total o parcialmente desvenado, con 18.3 millones; los artículos y aparatos de ortopedia, con 15.5 millones; el azúcar de caña, con 14.7 millones, y los disyuntores eléctricos, con 13.4 millones de dólares.

    Zonas francas: la inversión que está redefiniendo el mapa productivo dominicano | Inversión en zonas francas se ha triplicado en dos décadas

    República Dominicana: invertir donde el futuro ya empezó

    La presentación del presidente Luis Abinader ante el Congreso Mundial de Zonas Francas en Panamá trascendió la promoción económica: fue la expresión de una visión-país que coloca a la República Dominicana en el centro del nearshoring, la manufactura avanzada, la economía digital, las cadenas globales de valor y la competencia hemisférica por capital, tecnología y empleo de calidad.

    La participación del presidente Luis Abinader en el 12.º Congreso Mundial de Zonas Francas, celebrado en Panamá, debe interpretarse como una declaración estratégica sobre el lugar que la República Dominicana aspira a ocupar en el nuevo mapa productivo global. Al presentar al país como “una de las mejores decisiones de inversión en el hemisferio”, el mandatario no apeló a una frase de circunstancia, sino que sintetizó una narrativa económica construida sobre estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica, ubicación geográfica privilegiada, capacidad logística, talento humano, zonas francas consolidadas y una visión de futuro orientada hacia la manufactura avanzada, los servicios globales, la innovación y el nearshoring.

    En un mundo donde las cadenas de suministro se reconfiguran, las empresas buscan reducir riesgos geopolíticos y la cercanía a los mercados se ha convertido en una ventaja competitiva central, la República Dominicana tiene ante sí una oportunidad histórica. Ya no se trata únicamente de atraer empresas por costos laborales o incentivos fiscales, sino de ofrecer un ecosistema integral: parques industriales, infraestructura, conectividad, acceso preferencial a mercados, estabilidad institucional, reglas claras y una cultura de articulación público-privada capaz de convertir la inversión en operaciones reales. Esa es la diferencia entre ser un destino más y convertirse en una plataforma estratégica para producir, exportar y escalar.

    El mensaje presidencial adquiere mayor fuerza cuando se contrasta con los datos recientes del régimen de zonas francas. La inversión acumulada del sector alcanzó US$8,169.8 millones al cierre de 2025, el nivel más alto registrado, con un crecimiento de 5.6 % frente al año anterior. En dos décadas, esa inversión pasó de US$2,471.7 millones en 2006 a más de US$8,169 millones en 2025, una expansión superior a US$5,600 millones que confirma la madurez del modelo y la confianza sostenida de capitales nacionales e internacionales.

    Ese crecimiento no es accidental. Es el resultado de una política económica que ha entendido que las zonas francas son mucho más que espacios de exención tributaria. Son motores de empleo formal, exportaciones, transferencia tecnológica, disciplina productiva, formación laboral, integración comercial y modernización industrial. El régimen genera más de 200,000 empleos, representa más del 60 % de las exportaciones nacionales y reúne una amplia red de empresas y parques industriales que han contribuido a diversificar la economía dominicana. Esa realidad convierte a las zonas francas en una columna vertebral del desarrollo nacional y en una de las principales evidencias de que el país puede competir con éxito en mercados exigentes.

    La fortaleza del sector también se refleja en la composición de la inversión. La manufactura de productos médicos y farmacéuticos concentra US$2,360.8 millones, equivalente al 28.9 % del total; tabaco y derivados acumulan US$1,753.2 millones; confecciones y textiles suman US$615.3 millones; y los centros de llamadas y BPO alcanzan US$552.2 millones. Estos datos muestran una economía que avanza desde la manufactura tradicional hacia actividades de mayor complejidad, valor agregado y exigencia regulatoria. La República Dominicana ya no solo produce bienes; empieza a producir soluciones, servicios, procesos especializados y confianza industrial.

    El dinamismo exportador confirma esa tendencia. En el primer cuatrimestre de 2026, las exportaciones de zonas francas alcanzaron US$2,803.3 millones, con un crecimiento interanual de 4.3 % y un incremento absoluto de US$115.2 millones respecto al mismo período de 2025. Ese desempeño estuvo impulsado por sectores estratégicos como productos médicos y farmacéuticos, tabaco y derivados, así como productos eléctricos y electrónicos, lo que demuestra que el país no solo mantiene capacidad exportadora, sino que amplía su presencia en segmentos sofisticados del comercio internacional.

    Por eso, cuando el presidente Abinader afirma que en la República Dominicana “invertir es sencillo, operar es eficiente y crecer es posible”, coloca sobre la mesa una propuesta de valor que va más allá de la promoción comercial. El país ofrece cercanía a Estados Unidos, acceso a mercados mediante acuerdos comerciales, estabilidad política, experiencia exportadora, talento en formación, infraestructura portuaria y una institucionalidad sectorial que ha permitido sostener el régimen de zonas francas a lo largo del tiempo. En el contexto del nearshoring, esas condiciones adquieren un valor extraordinario.

    La afirmación presidencial de que quien invierte en República Dominicana encuentra “un socio, no solo un destino”, resume una idea fundamental para la nueva economía global. Los inversionistas no buscan únicamente territorios baratos; buscan aliados confiables. Buscan países capaces de cumplir, adaptarse, resolver, acelerar procesos y garantizar continuidad. En ese terreno, la República Dominicana ha construido una ventaja reputacional que debe preservarse con rigor: estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica, diálogo público-privado y apertura a sectores emergentes como inteligencia artificial, semiconductores, economía digital, logística avanzada y servicios globales.

    Sin embargo, la visión expuesta en Panamá también plantea desafíos internos. Si el país quiere consolidarse como una de las mejores decisiones de inversión del hemisferio, debe elevar de manera sostenida la calidad de su capital humano. No habrá manufactura avanzada sin técnicos especializados. No habrá servicios globales sin bilingüismo, habilidades digitales, certificaciones internacionales y formación continua. No habrá industria 4.0 sin una alianza profunda entre Infotep, universidades, empresas, Gobierno y centros tecnológicos. La próxima frontera de competitividad no estará solo en los parques industriales, sino en las aulas, laboratorios, institutos técnicos y programas de capacitación.

    En esa ruta, el país debe definir con claridad cuáles sectores priorizar para aprovechar plenamente el nearshoring. La oportunidad no está en atraer cualquier inversión, sino en captar aquella que eleve la productividad, incremente el valor agregado y coloque a la República Dominicana en industrias de futuro. Los dispositivos médicos y farmacéuticos, los productos eléctricos y electrónicos, la logística avanzada, los semiconductores, la inteligencia artificial aplicada, los servicios globales, el BPO de nueva generación, la agroindustria de exportación, la manufactura ligera especializada y las tecnologías vinculadas a energías limpias deben ocupar un lugar central en esta estrategia.

    El nearshoring no debe concebirse únicamente como relocalización geográfica de empresas, sino como relocalización inteligente de capacidades. La República Dominicana tiene ventajas evidentes por su cercanía a Estados Unidos, su conectividad regional, sus acuerdos comerciales, su estabilidad macroeconómica y su experiencia exportadora; pero esas ventajas deben traducirse en una política industrial moderna que seleccione sectores estratégicos, forme talento especializado y promueva encadenamientos con proveedores nacionales. Si el país quiere pasar de competir por costos a competir por capacidades, debe atraer industrias que demanden conocimiento, certificaciones, innovación, trazabilidad, cumplimiento ambiental y mano de obra técnica de alta calidad.

    La distribución territorial de la inversión es otro punto decisivo. La concentración de capital en la región Ozama y en el norte, especialmente en Santiago, demuestra la fortaleza de polos industriales ya consolidados, pero también revela la necesidad de ampliar el mapa productivo hacia zonas con menor participación. El sur, la frontera y provincias con bajo nivel de inversión no pueden quedar al margen de la nueva etapa de las zonas francas. Para lograrlo, el país necesita parques industriales estratégicamente ubicados, infraestructura vial y portuaria funcional, energía estable, conectividad digital, seguridad jurídica territorial, incentivos diferenciados y una política de promoción focalizada según las vocaciones productivas de cada región.

    Mejorar la distribución territorial no significa dispersar inversiones sin criterio, sino construir polos productivos con sentido económico. Una provincia con potencial agroindustrial debe vincularse a cadenas de procesamiento, empaque, frío y exportación; una zona fronteriza puede convertirse en espacio de manufactura, logística y comercio binacional regulado; una provincia turística puede desarrollar servicios globales, industrias creativas y suplidores especializados; y una región con tradición manufacturera puede escalar hacia dispositivos médicos, componentes eléctricos o procesos de mayor complejidad. El desarrollo territorial será real cuando cada parque industrial funcione como núcleo de empleo formal, formación técnica, proveedores locales, innovación y arraigo comunitario.

    En esa transformación, el Infotep juega un papel estratégico. No habrá zonas francas de nueva generación sin técnicos de nueva generación. La institución debe convertirse en el gran brazo formativo del nearshoring dominicano, articulando sus programas con las necesidades reales de las empresas instaladas y de aquellas que el país aspira a atraer. La certificación de trabajadores, los programas especializados para zonas francas, la formación dual, las competencias digitales, el bilingüismo operativo, la mecatrónica, la automatización, la logística, la calidad industrial y las habilidades para la industria 4.0 deben formar parte esencial de la agenda productiva nacional.

    El país ya cuenta con señales positivas en esa dirección. Los procesos de certificación de trabajadores de zonas francas y los programas de formación vinculados al sector muestran que la capacitación técnica no puede ser vista como un componente accesorio, sino como una plataforma de competitividad. Mientras más sofisticadas sean las inversiones, más decisivo será el talento humano. En consecuencia, Infotep debe operar como puente entre juventud, empresas, territorios y futuro productivo, especialmente en provincias donde la instalación de nuevas zonas francas puede cambiar la estructura económica local.

    La verdadera ventaja dominicana en el nearshoring no será únicamente producir cerca de los mercados, sino producir mejor: con talento certificado, eficiencia logística, seguridad jurídica y visión territorial. Si el país articula inversión, formación, infraestructura y tecnología, las zonas francas podrán convertirse en una poderosa herramienta para reducir desigualdades regionales, elevar salarios, diversificar exportaciones y consolidar una economía más resiliente. Esa es la dimensión más profunda del desafío: no solo traer empresas, sino construir capacidades nacionales duraderas.

    La República Dominicana tiene, además, el reto de pasar de la atracción de inversión a la sofisticación productiva. Cada nueva inversión debe generar más encadenamientos locales, mayor transferencia tecnológica, más proveedores dominicanos, mejores salarios, mayor productividad e innovación. La inversión extranjera directa debe ser bienvenida, pero su verdadero valor se multiplica cuando se conecta con la empresa nacional, con las mipymes, con la academia y con una estrategia industrial de largo plazo.

    En ese sentido, la presencia del presidente Abinader en el Congreso Mundial de Zonas Francas no fue un gesto ceremonial. Fue una jugada de diplomacia económica. Fue colocar a la República Dominicana en el escaparate correcto, ante los actores correctos y en el momento correcto. Cuando el comercio global busca nuevas rutas, cuando la inversión demanda destinos confiables y cuando el nearshoring redefine prioridades, el país debe hablar con voz propia, ambición clara y sentido estratégico.

    La República Dominicana no puede conformarse con ser una economía que crece. Tiene que ser una economía que sabe hacia dónde va. Y el rumbo señalado por las zonas francas apunta hacia una nación más integrada a las cadenas globales, más sofisticada en su producción, más competitiva en sus exportaciones y más audaz en su capacidad de atraer sectores del futuro. El discurso de Panamá, en ese sentido, no debe quedar como una pieza de promoción internacional, sino como una hoja de ruta para profundizar la transformación productiva nacional.

    El país tiene razones para proyectarse con confianza. Ha triplicado la inversión acumulada en zonas francas en dos décadas, ha sostenido exportaciones robustas, ha diversificado sectores, ha fortalecido su reputación y ha demostrado capacidad para competir. Pero la verdadera prueba será convertir esa confianza en desarrollo sostenible, empleos de calidad, innovación, expansión territorial y mayor valor agregado.

    La República Dominicana está ante una coyuntura excepcional. Puede limitarse a celebrar cifras o asumirlas como punto de partida para una nueva etapa industrial. Puede seguir siendo un destino atractivo o convertirse en una plataforma imprescindible. Puede competir por costos o liderar por capacidades. La diferencia dependerá de la visión, la continuidad institucional y la ejecución.

    Cuando el presidente Abinader afirma que la República Dominicana es un lugar donde “el futuro ya empezó”, está definiendo una aspiración nacional. Esa frase obliga a actuar con coherencia: invertir en talento, fortalecer infraestructura, garantizar seguridad jurídica, acelerar innovación, expandir parques industriales, conectar territorios y sostener la confianza. Porque el futuro no llega solo por declararlo; se construye con decisiones.

    Y en esa construcción, las zonas francas tienen un papel decisivo. Son la vitrina productiva de un país que quiere ir más lejos. Son la prueba de que la República Dominicana puede insertarse con éxito en la economía global. Son, también, una advertencia positiva: cuando hay estabilidad, visión y alianza entre Estado y sector privado, el país no solo atrae inversión; atrae futuro.

    Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

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    Zonas francas: la inversión que está redefiniendo el mapa productivo dominicano

    El crecimiento histórico de la inversión acumulada en zonas francas confirma que la República Dominicana ha dejado de ser solo una plataforma de manufactura tradicional para convertirse en un territorio estratégico de producción, servicios, tecnología, empleo formal y atracción de capital global; el reto ahora es distribuir mejor ese dinamismo, elevar el valor agregado y convertir cada parque industrial en un motor de desarrollo territorial.

    La inversión en zonas francas de la República Dominicana no solo ha crecido: ha cambiado la escala estratégica del modelo productivo nacional. Que el capital acumulado en este régimen haya alcanzado US$8,169.8 millones al cierre de 2025, con un incremento de 5.6% frente al año anterior y el nivel más alto registrado por el Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación, no es un dato menor ni una simple estadística sectorial. Es una señal potente de confianza, continuidad y madurez institucional en uno de los pilares más dinámicos de la economía dominicana. [eldinero.com.do]

    En dos décadas, la inversión acumulada pasó de US$2,471.7 millones en 2006 a más de US$8,169 millones en 2025, lo que implica un aumento superior a US$5,600 millones. Ese salto revela que las zonas francas han dejado de ser vistas únicamente como enclaves de bajo costo laboral para convertirse en plataformas de producción sofisticada, integración comercial, logística, servicios globales y encadenamientos industriales. La manufactura dominicana ya no puede analizarse con la mirada limitada del pasado; hoy forma parte de cadenas de valor que compiten en sectores sensibles, exigentes y de alto estándar internacional. [eldinero.com.do]

    El liderazgo de Estados Unidos como principal origen del capital invertido, con US$2,614.4 millones, equivalente al 32% del total acumulado, confirma la importancia de la relación económica dominico-estadounidense y la posición del país como socio confiable en el Caribe. Pero también resulta significativo que la inversión dominicana ocupe el segundo lugar, con US$1,830.7 millones, un 22.4% del total. Ese dato habla de una clase empresarial local que no solo acompaña el modelo, sino que lo sostiene, lo expande y lo convierte en instrumento de acumulación productiva nacional. [eldinero.com.do]

    La presencia de capital procedente de Alemania, Reino Unido, Suiza, Canadá, China, España, Dinamarca y Suecia evidencia, además, que las zonas francas dominicanas tienen una vocación cada vez más diversificada. En un mundo donde las empresas buscan reducir riesgos, acercar producción a mercados estratégicos y asegurar estabilidad operativa, la República Dominicana aparece como un destino atractivo por su ubicación geográfica, su conexión marítima y aérea, su marco legal especializado, su estabilidad macroeconómica y su experiencia acumulada en comercio exterior. [eldinero.com.do]

    Uno de los cambios más relevantes está en la composición sectorial de la inversión. La manufactura de productos médicos y farmacéuticos concentra US$2,360.8 millones, equivalente al 28.9% del total, seguida por tabaco y derivados con US$1,753.2 millones, confecciones y textiles con US$615.3 millones, y centros de llamadas y BPO con US$552.2 millones. Este perfil demuestra que el régimen de zonas francas combina tradición exportadora con sectores de mayor complejidad tecnológica, servicios modernos y manufactura especializada. [eldinero.com.do]

    Ese giro es fundamental. El país no puede conformarse con atraer inversión; debe aspirar a atraer inversión de mayor calidad. Las zonas francas del futuro no pueden limitarse a ensamblaje, exenciones y empleo básico. Deben convertirse en ecosistemas de innovación, formación técnica, desarrollo de proveedores locales, investigación aplicada, digitalización, cumplimiento ambiental y transferencia tecnológica. La ventaja competitiva dominicana debe moverse desde el costo hacia la calidad, desde la ubicación hacia la sofisticación, desde el volumen hacia el valor agregado.

    La concentración territorial de la inversión revela, sin embargo, uno de los grandes desafíos del modelo. La región Ozama o metropolitana concentra US$2,759.7 millones, un 33.8% del total, mientras la región norte acumula US$2,540.7 millones, impulsada sobre todo por Santiago, que reúne US$2,055.1 millones. Esta distribución confirma la fortaleza del Gran Santo Domingo y del Cibao productivo, pero también plantea la necesidad de una política más agresiva de expansión hacia provincias con menor participación industrial. [eldinero.com.do]

    El sur, con US$1,716.2 millones, tiene en San Cristóbal su principal polo receptor, mientras que la región este suma US$1,153.1 millones, encabezada por La Romana y San Pedro de Macorís. Estos datos muestran avances, pero también desigualdades territoriales evidentes. Si las zonas francas son una herramienta de desarrollo, entonces deben ayudar a cerrar brechas, no a consolidarlas. El país necesita que más provincias participen de esta dinámica con parques bien conectados, energía estable, formación técnica pertinente, infraestructura logística y políticas de atracción focalizadas. [eldinero.com.do]

    La inversión en zonas francas debe ser entendida como una política de Estado. Su impacto no se mide únicamente en dólares acumulados, sino en empleos formales, seguridad social, capacitación laboral, exportaciones, encadenamientos productivos, transferencia de conocimiento y dinamismo regional. En una economía que necesita diversificar sus fuentes de crecimiento, este sector representa una plataforma concreta para reducir dependencia, ampliar la base exportadora y fortalecer la inserción internacional del país.

    Pero el éxito acumulado no debe inducir complacencia. Las zonas francas enfrentan retos globales: automatización, competencia regional, costos logísticos, presión por sostenibilidad ambiental, exigencias laborales, cambios en reglas comerciales, relocalización de cadenas productivas y necesidad de talento técnico avanzado. La República Dominicana tiene una oportunidad excepcional si logra conectar mejor la formación del Infotep, la educación superior, la política industrial, la innovación tecnológica y la diplomacia comercial con las necesidades reales del régimen.

    Triplicar la inversión en dos décadas es un logro. Convertir ese logro en transformación productiva nacional es el próximo paso. El país debe mirar las zonas francas no solo como espacios de exportación, sino como laboratorios de modernización económica. Allí se juega parte del futuro del empleo formal, de la manufactura avanzada, de los servicios globales, de la competitividad logística y de la capacidad dominicana para capturar oportunidades en un mundo que reorganiza sus cadenas de suministro.

    La República Dominicana ha demostrado que puede atraer capital, sostener reglas, competir y generar confianza. Ahora debe demostrar que puede distribuir mejor ese crecimiento, elevar su contenido tecnológico y convertir la inversión extranjera y nacional en desarrollo territorial sostenible. Las zonas francas no son un capítulo aislado de la economía; son una de sus columnas vertebrales.

    El gran desafío es claro: pasar de ser un país atractivo para invertir a ser un país imprescindible para producir, innovar y exportar. Si se logra ese salto, las zonas francas no solo habrán triplicado su inversión en dos décadas; habrán contribuido a redefinir el destino productivo de la nación.

    Luis Orlando Díaz Vólquez
    #GuasábaraEditor

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    Inversión en zonas francas se ha triplicado en dos décadas

    Según datos del CNZFE, el capital alcanzó los US$8,169.8 millones en 2025

    Por Luis David Flores  9 July, 2026 en Industria 

    La inversión acumulada mantiene tendencia ascendente desde 2006.

    La inversión acumulada en las empresas de zonas francas de República Dominicana alcanzó US$8,169.8 millones al cierre de 2025, equivalente a un incremento de 5.6% frente a los US$7,735.7 millones registrados un año antes.

    Estos datos están contenidos en el Informe Estadístico de Zonas Francas 2025 del Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación (CNZFE), el cual establece que en 2025 la inversión acumulada alcanzó máximos históricos desde que se tiene registro.

    Estados Unidos se mantiene como el principal origen del capital invertido en este régimen, con US$2,614.4 millones, equivalentes al 32.0% del total acumulado. La inversión de origen dominicano ocupa el segundo lugar, con US$1,830.7 millones (22.4%), seguida por Alemania con US$622.3 millones (7.6%); Reino Unido con US$465.2 millones, así como Suiza con US$462.7 millones.

    Canadá con US$281.5 millones, República Popular China con US$279.3 millones, España con US$223.9 millones, Dinamarca con US$173.3 millones, así como Suecia con US$169 millones se destacan al registrar la mayor inversión en el sector en Quisqueya.

    Actividad

    Acorde con los datos, la manufactura de productos médicos y farmacéuticos concentra la mayor parte de la inversión, al acumular US$2,360.8 millones, el 28.9% del total. Le siguen el sector de tabaco y sus derivados, con US$1,753.2 millones (21.5%); las confecciones y textiles, con US$615.3 millones (7.5%); y los centros de llamadas (call centers/BPO), con US$552.2 millones (6.8%).

    Se destacan, también, la actividad económica de productos agroindustriales, que registró US$529.8 millones, o sea, un 6.5% del total; servicios con US$337.4 millones; artículos de plástico con US$265.7 millones; cartón, impresos y papelería con US$234.6 millones; así como otras con US$1,520.4 millones, lo cual implica una ponderación de un 18.6%.

    La categoría “otras” incluye actividades de elaboración de bebidas alcohólicas, calzados, joyería, productos químicos, reciclaje y clasificación, materiales de construcción, metales y sus manufacturas, alimentos, así como azúcares y artículos de confitería, entre otras.

    Concentración

    El informe del CNZFE detalla que la región Ozama o metropolitana, integrada por el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo, concentra US$2,759.7 millones, equivalente al 33.8% de la inversión acumulada. Asimismo, la región norte ocupa el segundo lugar con US$2,540.7 millones (31.1%), impulsada principalmente por Santiago, que reúne US$2,055.1 millones.

    Duarte, La Vega y Valverde, en el Cibao, registran una inversión acumulada de US$145.2 millones, US$93.7 millones, US$91.9 millones, respectivamente. A estas les siguen Espaillat (US$60 millones), Monseñor Nouel (US$55.6 millones), así como Puerto Plata (US$20.3 millones).

    Más abajo, también en el norte, están Monte Cristi con US$8.2 millones, María Trinidad Sánchez con US$5.2 millones, Hermanas Mirabal con US$3.1 millones, así como Sánchez Ramírez con US$1.5 millones y Samaná con US$204,476.

    Según el documento, la región sur registra una inversión acumulada de US$1,716.2 millones (21.0%), con San Cristóbal como la principal provincia receptora al sumar US$1,473.1 millones.

    Además, Peravia y Barahona alcanzan US$120.2 millones y US$58.4 millones, respectivamente. También, San Juan, Azua y Pedernales suman US$24.1 millones, US$15.8 millones y US$11.2 millones, respectivamente.

    Independencia y San José de Ocoa presentan menor inversión acumulada en el sur, ya que totalizan US$7.5 millones y US$5.5 millones, respectivamente. La región este completa la distribución con US$1,153.1 millones (14.1%), encabezada por La Romana, donde la inversión asciende a US$596.6 millones. Seguida de San Pedro de Macorís, la cual recibió una inversión acumulada de US$447.4 millones.

    Por debajo se ubican La Altagracia (US$72.4 millones), Monte Plata (US$28.6 millones), El Seibo (US$6.4 millones), así como Hato Mayor (US$1.6 millones).

    Evolución

    De acuerdo con el documento de la dependencia de Industria y Comercio, la inversión acumulada en las zonas francas ha mantenido una tendencia ascendente durante los últimos 20 años. En 2006 registraba US$2,471.7 millones y, para 2025, el monto se elevó hasta US$8,169.8 millones, lo que representa un incremento de más de US$5,600 millones en ese período.

    La serie histórica muestra que el crecimiento se aceleró tras la pandemia. En 2021 la inversión acumulada aumentó 13.8%, mientras que en 2022 registró el mayor avance del período analizado, con 21.3%. Desde entonces, el indicador ha continuado creciendo, aunque a un ritmo más moderado: 4.7% en 2023, 3.2% en 2024 y 5.6% en 2025.

    En la región

    Los países de América Latina que se destacan por tener capital invertido en el sector zonas francas de República Dominicana son México con US$119.6 millones, Venezuela con US$99.3 millones, Haití con US$88 millones, Panamá con US$53.3 millones; así como Honduras con US$46.9 millones. A estos le siguen Brasil (US$15.8 millones), Costa Rica (US$14.3 millones), Ecuador (US$14.2 millones) y Guatemala (US$9.5 millones).

    https://eldinero.com.do/371546/inversion-en-zonas-francas-se-ha-triplicado-en-dos-decadas/

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