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viernes, 3 de julio de 2026

El presidente de la Reserva Federal, Warsh, señala que se centrará en la inflación

Kevin Warsh, nuevo presidente de la Fed.

Kevin Warsh, nuevo presidente de la Fed.AP 

El presidente de la Reserva Federal, Warsh, señala que se centrará en la inflación

La economía ha cambiado desde que Trump nominó a Warsh en enero. La inflación alcanzó un máximo de tres años del 4,2% en mayo, impulsada por el impacto de la guerra con Irán en los precios del gas. Sin embargo, tras alcanzarse un acuerdo de paz, los precios del gas han bajado, lo que sugiere que la inflación podría haber tocado fond.

Agencia AP | 02/07/2026 

El nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, dijo el miércoles que el banco central seguirá siendo independiente y tratará de reducir la inflación, lo que probablemente impedirá los recortes de tasas que ha solicitado el presidente Donald Trump.

En declaraciones durante una conferencia del banco central en Sintra, Portugal, Warsh afirmó que si las empresas o los hogares pensaban que la Reserva Federal aceptaría una inflación superior al 2%, "supongo que se llevarían una decepción. Vamos a garantizar la estabilidad de precios".

La Reserva Federal suele combatir la inflación aumentando los costos de endeudamiento. Al ser preguntado sobre el deseo, a menudo reiterado por Trump, de que bajen las tasas de interés, Warsh subrayó la independencia de la Reserva Federal respecto a la política cotidiana.

“Hemos sido un banco central independiente durante mucho tiempo”, dijo. “Seguiremos siendo un banco central independiente y no verán ningún cambio al respecto”.

Estos comentarios sugieren que Warsh ha cambiado de opinión desde que reemplazó a Jerome Powell como presidente el 22 de mayo. El año pasado, durante su campaña para el cargo, abogó por tasas de interés más bajas. Sin embargo, desde que asumió la presidencia, Warsh parece haberse alejado de esa postura y, en cambio, ha indicado que se centrará en reducir la inflación.

Pero el miércoles se negó a decir qué medidas tomaría la Reserva Federal para lograr ese objetivo, en consonancia con su oposición a la llamada "orientación prospectiva", en la que los líderes de los bancos centrales anticipan sus próximas decisiones políticas.

“No voy a emitir un juicio ahora”, dijo durante el debate con otros banqueros centrales. “Las tácticas, la estrategia y todo lo demás, eso aún está por verse”, añadió más tarde.

En su primera rueda de prensa el mes pasado , Warsh también hizo hincapié en su objetivo de reducir la inflación hasta el nivel previsto. Los inversores de Wall Street prevén que la Reserva Federal podría subir su tipo de interés de referencia ya en septiembre, desde su nivel actual de aproximadamente el 3,6% hasta cerca del 3,9%.

En la última reunión de la Reserva Federal, celebrada los días 16 y 17 de junio, casi la mitad de los 19 miembros del comité de política monetaria indicaron que apoyaban un aumento de los tipos de interés este año, mientras que ocho se mostraron a favor de mantenerlos sin cambios y uno incluso consideró una posible bajada. Warsh no presentó ninguna previsión debido a su oposición a ofrecer orientación al respecto.

La economía ha cambiado desde que Trump nominó a Warsh en enero. La inflación alcanzó un máximo de tres años del 4,2% en mayo, impulsada por el impacto de la guerra con Irán en los precios del gas. Sin embargo, tras alcanzarse un acuerdo de paz, los precios del gas han bajado, lo que sugiere que la inflación podría haber tocado fondo. Es muy probable que los funcionarios de la Reserva Federal esperen a ver cómo se estabiliza la inflación si los precios del petróleo y el gas continúan descendiendo hasta los niveles previos a la guerra.

El miércoles, Warsh también afirmó que existen indicios de que la amenaza de una inflación persistente se ha moderado. Citó específicamente las expectativas de inflación, es decir, hacia dónde creen los mercados públicos y financieros que se dirige la inflación, medidas a través de encuestas y precios de bonos. Ambas han mostrado expectativas a la baja durante el último mes.

Sin embargo, una pregunta clave para Warsh es si tendrá que subir los tipos de interés en las próximas reuniones para reafirmar su compromiso con la lucha contra la inflación . Si los precios de la gasolina siguen bajando y la inflación disminuye, podría intentar evitarlo.

Al mismo tiempo, la contratación se ha reactivado en los últimos meses y los economistas pronostican que el gobierno publicará un sólido informe de empleo el jueves, que probablemente mostrará que la tasa de desempleo se mantiene en un bajo 4,3%. Dicho informe reduciría la presión sobre la Reserva Federal para que baje los costos de endeudamiento.

Warsh también reiteró su opinión de que, con el tiempo, la inteligencia artificial ampliará la capacidad de la economía para producir bienes y servicios y reducirá las presiones inflacionarias. Sin embargo, muchos economistas creen que estas tendencias podrían tardar un período prolongado en consolidarse.

Según los economistas, a corto plazo, la vertiginosa inversión en infraestructura de IA está elevando los precios de los semiconductores y los equipos informáticos, lo que alimenta la inflación.

Warsh declinó hacer comentarios específicos sobre si el gasto en IA es inflacionario y señaló con frecuencia que ha creado cinco grupos de trabajo en la Reserva Federal para estudiar diversos temas, incluida la IA y su impacto en la productividad.

“Este es uno de los momentos más emocionantes y trascendentales para ser banquero central que puedo imaginar en cualquier otro momento de mi vida adulta, quizás fuera de una crisis”, dijo.
https://listindiario.com/economia/20260702/presidente-reserva-federal-warsh-senala-centrara-inflacion_912204.html 
 Agencia AP | info@ap.org

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Kevin Warsh y el regreso de la ortodoxia monetaria: la inflación vuelve al centro del poder económico mundial

La llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal marca un giro estratégico en la política monetaria estadounidense. En un contexto de tensiones geopolíticas, presiones inflacionarias, avances acelerados de la inteligencia artificial y demandas políticas para reducir las tasas de interés, la Fed parece decidida a reafirmar su independencia y recuperar la estabilidad de precios como prioridad fundamental del sistema económico global.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Las declaraciones del nuevo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Kevin Warsh, constituyen mucho más que una simple actualización técnica sobre política monetaria. Representan una señal inequívoca de que la principal autoridad financiera del mundo está dispuesta a defender su autonomía institucional y a colocar nuevamente la lucha contra la inflación en el centro de sus prioridades estratégicas, incluso si ello implica contrariar las aspiraciones políticas de la Casa Blanca.

En una época caracterizada por la volatilidad geopolítica, la transformación tecnológica acelerada y las presiones crecientes para estimular el crecimiento económico mediante dinero más barato, la postura de Warsh revela una convicción que ha definido a los bancos centrales modernos durante las últimas décadas: la estabilidad de precios sigue siendo el pilar sobre el cual descansa la credibilidad de toda economía desarrollada.

La relevancia de sus palabras trasciende las fronteras estadounidenses. Lo que ocurre en la Reserva Federal repercute de forma directa en los mercados financieros internacionales, en los flujos de inversión, en el valor del dólar, en el costo del crédito global y, por extensión, en economías emergentes como la República Dominicana. Cuando la Fed cambia de dirección, el resto del mundo suele verse obligado a ajustar el rumbo.

Llama particularmente la atención la evolución política y conceptual del propio Warsh. Durante el proceso que lo condujo a la presidencia de la institución, mostró simpatías hacia posiciones monetarias más flexibles. Sin embargo, una vez asumido el cargo, parece haber abrazado una visión más cercana a la tradición histórica de los grandes banqueros centrales: la credibilidad se gana siendo prudente y se pierde siendo complaciente frente a la inflación.

La lógica detrás de este cambio es comprensible. La inflación estadounidense alcanzó en mayo un nivel de 4.2%, impulsada principalmente por el impacto energético derivado del conflicto entre Irán e Israel y sus repercusiones sobre los mercados petroleros. Aunque el posterior acuerdo de paz y la normalización gradual de los precios del gas han reducido parte de la presión, la Fed sabe que declarar la victoria demasiado temprano podría convertirse en un error costoso.

La historia económica ofrece innumerables lecciones sobre las consecuencias de relajar la política monetaria antes de tiempo. Desde los choques inflacionarios de los años setenta hasta episodios más recientes en diversas economías, los bancos centrales han aprendido que las expectativas son tan importantes como los datos concretos. Si empresas, inversionistas y consumidores perciben que la autoridad monetaria tolerará mayores niveles de inflación, los aumentos de precios terminan incorporándose al comportamiento económico general, dificultando posteriormente cualquier esfuerzo de estabilización.

Precisamente por ello resulta significativa la frase de Warsh cuando afirmó que quienes apuesten por una inflación superior al objetivo del 2% probablemente se sentirán decepcionados. Detrás de esa declaración existe una estrategia comunicacional cuidadosamente calculada. La Fed no solo administra tasas de interés; administra confianza. Y la confianza constituye uno de los activos más valiosos dentro de cualquier sistema financiero.

Otro aspecto de enorme trascendencia es la firme defensa de la independencia institucional. En tiempos donde muchas democracias enfrentan tensiones entre el poder político y los organismos técnicos, la Reserva Federal busca reafirmar una frontera históricamente delicada. Los presidentes suelen preferir tipos de interés bajos porque estimulan el consumo, facilitan el crédito y generan una sensación de prosperidad económica. Sin embargo, los bancos centrales tienen la responsabilidad de pensar más allá de los ciclos electorales.

La autonomía de la Fed no es un privilegio corporativo; es un mecanismo diseñado para proteger la estabilidad económica de decisiones guiadas por intereses políticos de corto plazo. La afirmación de Warsh de que la institución seguirá siendo independiente constituye, por tanto, un mensaje dirigido tanto a Washington como a Wall Street y a los mercados internacionales.

Al mismo tiempo, la economía estadounidense presenta señales mixtas que incrementan la complejidad del panorama. Mientras algunos indicadores sugieren una moderación gradual de las presiones inflacionarias, el mercado laboral continúa mostrando fortaleza. Una tasa de desempleo cercana al 4.3% y una recuperación sostenida de la contratación reducen los incentivos para aplicar recortes de tasas. En términos prácticos, si la economía sigue creciendo y generando empleos, la necesidad de estímulos monetarios pierde urgencia.

Sin embargo, quizás el elemento más fascinante del discurso de Warsh sea su referencia a la inteligencia artificial. Para el presidente de la Fed, la revolución tecnológica podría expandir significativamente la productividad y aumentar la capacidad de producción de bienes y servicios, contribuyendo con el tiempo a una reducción de las presiones inflacionarias. Esta visión coincide con la tesis de que la innovación tecnológica genera más eficiencia económica y menores costos estructurales.

No obstante, el desafío reside en el horizonte temporal. Mientras los beneficios de productividad podrían tardar años en materializarse plenamente, las inversiones masivas que actualmente demanda la infraestructura de inteligencia artificial están generando presiones inmediatas sobre sectores como semiconductores, centros de datos y equipamiento tecnológico. La IA promete combatir la inflación en el largo plazo, pero podría contribuir a ella en el corto.

En consecuencia, Kevin Warsh asume el liderazgo de la Reserva Federal en uno de los momentos más complejos y decisivos para la política monetaria contemporánea. Debe equilibrar las expectativas de crecimiento, las presiones políticas, la incertidumbre geopolítica, los cambios tecnológicos y la persistente amenaza inflacionaria, todo ello mientras preserva la credibilidad de la institución que dirige.

Para el resto del mundo, el mensaje es claro: la era del dinero fácil no regresará automáticamente. La Fed parece decidida a actuar con cautela, disciplina y autonomía. Y en una economía global donde la confianza sigue siendo la moneda más poderosa, esa determinación podría resultar tan importante como cualquier ajuste futuro de las tasas de interés. La inflación vuelve a ocupar el centro del escenario, y con ella regresa también la vieja misión de los bancos centrales: proteger el valor del dinero antes que satisfacer las urgencias de la política.

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lunes, 15 de junio de 2026

Euforia en los mercados tras el acuerdo entre EEUU e Irán: cae el petróleo y las bolsas se disparan

Euforia en los mercados tras el acuerdo entre EEUU e Irán: cae el petróleo y las bolsas se disparan
El Brent perdió un 5% hasta los 83 dólares por barril; el DAX alemán subió un 1,3%, el CAC 40 francés un 1,1% y los futuros del S&P 500 apuntaban a una apertura alcista en Wall Street
15 Jun, 2026 07:46 a. m. EST
El Nikkei 225 marcó un nuevo récord histórico con una suba del 5% tras el anuncio del acuerdo entre EEUU e Irán, la mayor ganancia bursátil del día en Asia. (Reuters/Kim Kyung-Hoon)

Los mercados mundiales arrancaron el lunes con fuertes subas y el petróleo se desplomó más de un 5% tras el anuncio de un acuerdo provisional entre Estados Unidos e Irán para poner fin a tres meses de conflicto y reabrir el estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por el que transita aproximadamente el 20% del suministro mundial de crudo.
El presidente Donald Trump confirmó el pacto en su 80 cumpleaños a través de su red social Truth Social: “El acuerdo con la República Islámica de Irán ya está cerrado”, escribió, antes de autorizar “la apertura sin restricciones del estrecho de Ormuz” y el levantamiento inmediato del bloqueo naval estadounidense. “Barcos del mundo, enciendan sus motores. ¡Que fluya el petróleo!”, añadió. La ceremonia de firma está prevista para el 19 de junio en Suiza, mientras que las negociaciones sobre temas pendientes —incluido el programa nuclear iraní— se extenderán durante los próximos 60 días.

El petróleo cede desde los 110 dólares

La reacción de los mercados energéticos fue inmediata. El Brent, referencia internacional, cedió 4,37 dólares hasta situarse en 82,96 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) perdió 4,53 dólares para cotizar en torno a los 80,35 dólares. Ambos contratos acumulan una caída pronunciada desde los más de 110 dólares que alcanzaron al inicio del conflicto en febrero.

Sin embargo, los analistas advirtieron que la normalización plena podría tardar meses. “La reapertura de Ormuz es una válvula de alivio, no un dividendo de paz completo. El mercado puede eliminar algo del pánico sobre el crudo, pero aún debe calcular la brecha entre un titular, una firma y un régimen que realmente cumpla”, señaló a la agencia AP Stephen Innes, de SPI Asset Management.

Bolsas asiáticas y europeas en alza

El DAX alemán avanzó un 1,27% tras el anuncio del acuerdo entre EEUU e Irán, liderando las ganancias en Europa junto al CAC 40 francés, que subió un 1,18%. (Reuters/Archivo)
El DAX alemán avanzó un 1,27% tras el anuncio del acuerdo entre EEUU e Irán, liderando las ganancias en Europa junto al CAC 40 francés, que subió un 1,18%. (Reuters/Archivo)

El alivio se trasladó con fuerza a las bolsas. En Asia, el Nikkei 225 de Tokio avanzó un 5% hasta los 69.317,50 puntos, marcando un nuevo récord histórico, impulsado por la compra de valores tecnológicos vinculados a la inteligencia artificial. “Las compras de inversores extranjeros lideran el mercado con expectativas de distensión en Medio Oriente”, afirmó Takashi Hiroki, estratega jefe de Monex. El Kospi de Seúl subió un 5,2% hasta los 8.545,98 puntos, mientras que el Shanghai Composite avanzó un 1,6% y el índice Taiex de Taiwán sumó un 2,8%.

En Europa, el DAX alemán subía a mitad jornada un 1,3% hasta los 24.942 puntos, el CAC 40 francés ganó un 1,1% hasta los 8.444 puntos y el FTSE 100 británico avanzó un 0,2%. Los futuros estadounidenses apuntaban también a una apertura alcista en Wall Street: los contratos del Nasdaq 100 lideraban con una suba del 2,1%, los del S&P 500 subían un 1,3% y los del Dow Jones avanzaban un 1%.

SpaceX y la Fed, el otro motor del mercado

El arranque semanal se apoya además en el momentum generado el viernes por la salida a bolsa de SpaceX, la empresa espacial de Elon Musk, cuyas acciones saltaron un 19,2% en su debut y elevaron la valuación total de la compañía a 2,1 billones de dólares, superando en tamaño combinado a ExxonMobil, Bank of America y Coca-Cola. La OPI fue la mayor de la historia con 75.000 millones de dólares y reavivó el apetito inversor por el sector de inteligencia artificial.

La semana traerá además decisiones de política monetaria clave. La Reserva Federal anunciará el jueves su decisión sobre las tasas de interés —los mercados asignan más del 98% de probabilidades a que las mantenga sin cambios, según datos de CME FedWatch—, en un contexto en que los datos de inflación de mayo en EEUU habían intensificado el debate sobre un eventual endurecimiento monetario. La caída del petróleo, apuntaron analistas, reduce ese riesgo inflacionario y da margen a la Fed para mantener su postura. El Banco de Japón anunciará el martes una actualización de su política, con amplia expectativa de una suba de tasas al 1%, el nivel más alto en más de 30 años.

El NYSE y el Nasdaq permanecerán cerrados el viernes por el feriado de Juneteenth.

https://www.infobae.com/america/mundo/2026/06/15/euforia-en-los-mercados-tras-el-acuerdo-entre-eeuu-e-iran-el-petroleo-se-desploma-y-las-bolsas-se-disparan/

domingo, 31 de mayo de 2026

Elon Musk lleva a Wall Street al espacio: SpaceX, las claves de la empresa que intenta colonizar Marte con la mayor salida a Bolsa de la historia

SpaceX busca convertir la ambición marciana en un activo financiero masivo; la OPV promete riqueza y control concentrado, pero también introduce la lógica trimestral del mercado en una empresa que aún no ha demostrado beneficios sostenibles.  

Elon Musk lleva a Wall Street al espacio  
SpaceX, las claves de la empresa que intenta colonizar Marte con la mayor salida a Bolsa de la historia  

La oferta pública de SpaceX no es solo una operación financiera: es la traducción en cifras de un proyecto civilizatorio. Lo que Musk propone vender a los mercados es la promesa de colonizar otro planeta, pero empaquetada en tramos de acciones, bancos colocadores y hojas de cálculo que miden suscripción y valoración. En el folleto remitido a la SEC y en la cobertura informativa se dibuja una compañía que aspira a captar decenas de miles de millones y a situarse entre las mayores capitalizaciones globales, con estimaciones que van de 1,5 a 2 billones de dólares en valoración y una recaudación potencial que algunos medios sitúan hasta 75.000 millones. 

Esa cifra colosal convive con otra realidad menos romántica: SpaceX arrastra pérdidas operativas significativas —4.200 millones de dólares en el último ejercicio según el folleto— y depende de inversiones continuas para sostener proyectos como Starship y la segunda generación de Starlink.  La empresa, además, ha integrado negocios tan dispares como la constelación de internet satelital Starlink, que se ha convertido en activo estratégico en conflictos y emergencias, y la filial de inteligencia artificial xAI, con su chatbot Grok y las polémicas éticas que lo acompañan. 

La salida a Bolsa introduce una tensión política y de gobernanza: Musk pretende mantener el control efectivo mediante una estructura accionarial que concentra la mayoría de los derechos de voto pese a diluir su participación económica, una fórmula que preserva la visión fundacional pero limita la capacidad de los accionistas de corregir el rumbo si los plazos o los costes se disparan.  Aquí reside el dilema central para el inversor: comprar un sueño tecnológico o financiar una maquinaria de riesgo cuyo éxito depende de hitos técnicos —el rendimiento de Starship, la rentabilidad de Starlink— que aún no están garantizados. 

Para los mercados, la OPV de SpaceX es una prueba de fe en la financiarización de la exploración espacial: convierte infraestructura orbital y promesas interplanetarias en activos líquidos, pero también somete la agenda de exploración a la disciplina del trimestre. Esa transformación puede acelerar la innovación o pervertirla: la presión por resultados puede priorizar contratos comerciales y retornos rápidos sobre la paciencia científica que exige un proyecto como la colonización de Marte.

Si la historia nos enseña algo, es que los grandes saltos tecnológicos requieren capital y tolerancia al fracaso; la pregunta que plantea esta OPV es si los mercados, con su apetito por certezas y dividendos, son el socio adecuado para una empresa cuyo horizonte es otro planeta.  

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor.
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https://x.com/i/status/2061037431684530553