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miércoles, 13 de mayo de 2026

Donald Trump llegó a China para reunirse con Xi Jinping en medio de tensiones comerciales y la guerra contra Irán


Donald Trump llegó a China. (REUTERS/Evan Vucci)
Donald Trump llegó a China. (REUTERS/Evan Vucci)

Donald Trump llegó a China para reunirse con Xi Jinping en medio de tensiones comerciales y la guerra contra Irán

El mandatario republicano afirmó antes de partir desde Washington que mantendrá una “larga conversación” con el líder chino y adelantó que buscará que Beijing abra su mercado a las empresas estadounidenses

13 May, 2026 09:07 a. m. EST | Infobae

Donald Trump llegó a China para reunirse con Xi Jinping

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó este miércoles a Beijing para mantener una cumbre con el líder chino, Xi Jinping, en un contexto marcado por las tensiones comerciales, la guerra contra Irán y las disputas sobre Taiwán. El mandatario republicano afirmó antes de partir desde Washington que mantendrá una “larga conversación” con Xi y adelantó que buscará que China abra su mercado a empresas estadounidenses.

La visita representa el primer viaje de un presidente estadounidense a China desde 2017, cuando el propio Trump visitó Beijing durante su primer mandato. El encuentro incluirá reuniones el jueves y viernes, además de ceremonias oficiales organizadas por las autoridades chinas.

Antes de abandonar la Casa Blanca, Trump se refirió al conflicto con Irán, aliado estratégico de Beijing. “Tendremos una larga conversación al respecto”, declaró ante periodistas. Sin embargo, poco después relativizó el tema y sostuvo: “Tenemos muchas cosas que discutir. Y no diría que Irán sea una de ellas”.

El mandatario estadounidense también aseguró que Washington no necesita asistencia china en el conflicto con Teherán. “No creo que necesitemos ayuda con Irán”, afirmó. Además, señaló que Xi había sido “relativamente bueno” respecto de la cuestión iraní.

Antes de abandonar la Casa Blanca, Trump se refirió al conflicto con Irán, aliado estratégico de Beijing. “Tendremos una larga conversación al respecto”, declaró
Antes de abandonar la Casa Blanca, Trump se refirió al conflicto con Irán, aliado estratégico de Beijing. “Tendremos una larga conversación al respecto”, declaró

La guerra contra Irán, iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, alteró la agenda diplomática de Washington y había obligado a Trump a postergar este viaje previsto originalmente para marzo. El conflicto también agravó las tensiones energéticas globales después del bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán, una vía clave para el transporte marítimo de petróleo y mercancías.

En ese escenario, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, pidió el martes a Pakistán que incremente sus esfuerzos de mediación entre Washington y Teherán. Según informó la prensa estatal china, Wang solicitó durante una conversación telefónica con el canciller paquistaní, Ishaq Dar, “intensificar” las gestiones diplomáticas entre estadounidenses e iraníes.

El jefe de la diplomacia china también reclamó cooperación para “abordar de manera adecuada las cuestiones relacionadas con la apertura del estrecho de Ormuz”, cuyo bloqueo afecta el suministro de energía y mercancías hacia China.

Además de la situación en Medio Oriente, Trump y Xi discutirán cuestiones vinculadas al comercio bilateral y la competencia tecnológica entre las dos mayores economías del mundo. Entre los temas previstos figuran los controles chinos sobre las exportaciones de tierras raras, la rivalidad en inteligencia artificial y la continuidad de la tregua arancelaria pactada en octubre durante la última reunión entre ambos líderes en Corea del Sur.

Scott Bessent se reunió en Seúl con una delegación china para retomar las negociaciones comerciales antes del encuentro entre Trump y Xi (REUTERS)
Scott Bessent se reunió en Seúl con una delegación china para retomar las negociaciones comerciales antes del encuentro entre Trump y Xi (REUTERS)

La prensa estatal china confirmó este miércoles que una nueva ronda de negociaciones comerciales entre Beijing y Washington ya comenzó oficialmente en Corea del Sur, aunque no brindó detalles sobre el contenido de las conversaciones.

Trump viajó acompañado por una delegación empresarial integrada por algunos de los principales ejecutivos estadounidenses. Entre ellos figuran Elon Musk, director ejecutivo de Tesla; Tim Cook, director ejecutivo de Apple; y Kelly Ortberg, titular de Boeing. Periodistas acreditados también observaron que Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, abordó el Air Force One durante una escala técnica en Alaska.

Antes de llegar a China, Trump publicó un mensaje en redes sociales en el que elogió a Xi y anticipó sus objetivos comerciales. “Le pediré al presidente Xi, un líder de extraordinaria distinción, que ‘abra’ China para que estas personas brillantes puedan hacer su magia y ayudar a llevar a la República Popular China a un nivel aún más alto”, escribió.

Trump viajó acompañado por una delegación empresarial integrada por algunos de los principales ejecutivos estadounidenses. Entre ellos, Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia (REUTERS)
Trump viajó acompañado por una delegación empresarial integrada por algunos de los principales ejecutivos estadounidenses. Entre ellos, Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia (REUTERS)

Otro asunto central será Taiwán. Trump confirmó esta semana que abordará con Xi las ventas de armas estadounidenses a la isla. “Voy a tener esa discusión con el presidente Xi”, señaló el mandatario.

China considera a Taiwán parte de su territorio y sostiene que la “reunificación” debe concretarse, aunque afirma priorizar una solución pacífica. Estados Unidos mantiene asistencia militar y apoyo político a la isla, gobernada de manera autónoma.

Trump también destacó su relación personal con Xi Jinping y afirmó que ese vínculo puede ayudar a evitar una escalada militar en torno a Taiwán. “Creo que estaremos bien. Tengo una muy buena relación con el presidente Xi. Él sabe que no quiero que eso ocurra”, declaró.

La cumbre se desarrollará en un momento complejo para ambas economías. En Estados Unidos, Trump enfrenta un aumento de la inflación vinculado al conflicto con Irán y una baja en los índices de popularidad. En China, el gobierno de Xi afronta un débil consumo interno y una prolongada crisis de deuda en el sector inmobiliario.

https://www.infobae.com/america/mundo/2026/05/13/donald-trump-llega-a-china-para-reunirse-con-xi-jinping-en-medio-de-tensiones-comerciales-y-la-guerra-contra-iran/


martes, 12 de mayo de 2026

República Dominicana clasifica a la Guardia Revolucionaria de Irán y a Hizbulá como organizaciones terroristas

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) y el grupo Hizbulá
de Líbano han sido oficialmente catalogados como organizaciones terroristas
por el gobierno dominicano.


República Dominicana clasifica a la Guardia Revolucionaria de Irán y a Hizbulá como organizaciones terroristas

El gobierno formalizó el anuncio al adherirse a resoluciones internacionales, lo que supone la aplicación de controles y restricciones ante actividades vinculadas a operaciones armadas, financiamiento ilegal y redes con alcance transnacional

Thania Urías | 12 May, 2026 03:33 p. m. EST

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) y el grupo Hizbulá de Líbano han sido oficialmente catalogados como organizaciones terroristas por el gobierno dominicano.
República Dominicana ha dado un paso que la integra de lleno en los estándares internacionales de lucha contra el terrorismo: desde este martes, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) y el grupo Hizbulá de Líbano han sido oficialmente catalogados como organizaciones terroristas por el gobierno dominicano.

Según detalla una nota de la agencia EFE, esta decisión gubernamental, confirmada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, responde a la aplicación estricta de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, así como de la Convención Interamericana contra el Terrorismo y de la legislación nacional.

EFE destaca que el país caribeño, que mantiene relaciones diplomáticas con Irán a través de su embajada en Cuba, ha comunicado la medida en medio de un escenario internacional marcado por la presión sobre las actividades de estos grupos en la región.

La nueva designación no solo implica la inclusión de CGRI y Hizbulá en las listas de organizaciones bajo vigilancia: activa todos los controles y restricciones previstos por la normativa nacional e internacional para combatir el terrorismo.

Esto coloca a República Dominicana en sintonía con otros países del hemisferio occidental que han endurecido su postura frente a actores señalados por su participación en operaciones armadas, financiamiento ilícito y redes de influencia transnacional.

Motocicletas pasan ante un cartel que muestra una imagen del fallecido líder supremo de irán, el ayatolá Alí Jamenei, fallecido en ataques de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, con el puño enmarcado entre puños enmarcados de seguidores, en el centro de Teherán, Irán, el miércoles 6 de mayo de 2026. (AP Foto/Vahid Salemi)
Motocicletas pasan ante un cartel que muestra una imagen del fallecido líder supremo de irán, el ayatolá Alí Jamenei, fallecido en ataques de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, con el puño enmarcado entre puños enmarcados de seguidores, en el centro de Teherán, Irán, el miércoles 6 de mayo de 2026. (AP Foto/Vahid Salemi)

El Gobierno de Costa Rica también declaró el pasado 8 de abril de 2026 a la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI), Hezbolá, Hamás y Ansar Allah (milicia hutí de Yemen) como organizaciones terroristas, una medida adoptada en sesión del Consejo de Seguridad Nacional el 6 de abril para fortalecer la prevención y persecución de redes de apoyo logístico y financiero relacionadas a estos grupos, según comunicó la Cancillería costarricense.

El respaldo internacional se manifestó con la reacción del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, quien describió la decisión del entonces presidente Rodrigo Chaves como una “declaración clara contra el terrorismo”, afirmando que estos grupos constituyen una amenaza tanto para Oriente Próximo como para el resto del mundo, según cita Infobae.

El 31 de marzo de 2026, Argentina incluyó también a la Guardia Revolucionaria de Irán en su lista de entidades terroristas, detalló The Jerusalem Post.

Una mujer pasea por un edificio parcialmente dañado objetivo de un ataque israelí en el barrio de Haret Hreik, suburbio sur de Beirut, Líbano, 07 de mayo de 2026.EFE/EPA/STRINGER
Una mujer pasea por un edificio parcialmente dañado objetivo de un ataque israelí en el barrio de Haret Hreik, suburbio sur de Beirut, Líbano, 07 de mayo de 2026.EFE/EPA/STRINGER

Un anuncio esperado

El gobierno dominicano enmarcó el anuncio dentro de una estrategia de cooperación más amplia con Estados Unidos, concretamente en el contexto del acuerdo bilateral conocido como Escudo de las Américas.

La versión oficial sostiene que este acuerdo tiene como objetivo profundizar la colaboración en áreas de seguridad, migración, combate al narcotráfico, vigilancia, intercambio de información y modernización de controles en fronteras y aeropuertos.

La medida fue presentada como una acción coherente con los compromisos internacionales asumidos por República Dominicana, reafirmando su adhesión a la lucha global contra el terrorismo y su intención de fortalecer la seguridad interna y regional.

Donald Trump, con traje azul y corbata roja, sentado en un escritorio con el sello presidencial, estrecha la mano de Luis Abinader. Detrás se ven otros líderes y banderas
El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de República Dominicana, Luis Abinader, se saludan en un evento con líderes americanos.

Desde la perspectiva diplomática, el anuncio adquiere relevancia porque se inscribe en una fase de mayor alineamiento con Washington y de atención especial por parte de los gobiernos de la región a posibles riesgos derivados de la presencia y actividad de redes de terrorismo y crimen organizado.El gobierno dominicano remarcó que la clasificación de CGRI y Hizbulá no es una medida aislada, sino parte de un esfuerzo más amplio para reforzar la cooperación en vigilancia, control fronterizo y respuesta operativa frente a amenazas transnacionales.

https://www.infobae.com/republica-dominicana/2026/05/12/republica-dominicana-clasifica-a-la-guardia-revolucionaria-de-iran-y-a-hizbula-como-organizaciones-terroristas/

sábado, 9 de mayo de 2026

¿Diplomacia o más guerra? | Los líderes iraníes están divididos | Algunos están convencidos de que el diálogo es inútil | Por The economist

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh

/ Algunos están convencidos de que el diálogo es inútil

Según filtraciones de la Casa Blanca, Estados Unidos está, una vez más, más cerca que nunca de un acuerdo para poner fin a su guerra con Irán. Donald Trump habló de 24 horas de “muy buenas conversaciones”. Irán afirmó que la propuesta estadounidense estaba “en consideración”. Pero para los líderes iraníes, los hechos valen más que las palabras. En el Golfo Pérsico, Estados Unidos atacó un petrolero iraní que intentaba romper el bloqueo del estrecho de Ormuz. Israel atacó Beirut. E Irán presentó una nueva “Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico”, exigiendo el pago en su moneda, el rial, por el paso seguro. Incluso más que su programa nuclear, las reivindicaciones de Irán sobre el estrecho amenazan cualquier acuerdo y corren el riesgo de reavivar los combates.

Refugiados en sus búnkeres, los líderes iraníes se preparan tanto para una escalada como para la diplomacia. El control que los clérigos ejercían sobre los generales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) desapareció cuando Israel asesinó al líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, el primer día de la guerra. Su hijo y sucesor, Mojtaba, brilla por su ausencia. La autoridad formal reside en un Consejo de Seguridad Nacional (CSN) de 12 miembros, entre los que se incluye un grupo de generales. En la práctica, los generales —todos veteranos de la guerra de ocho años de Irán contra Irak— son quienes dominan. “Es una revolución pacífica”, afirma un analista de Irán.

Inmediatamente después del alto el fuego, los pragmáticos parecían tomar la delantera. El más destacado, Mohammad Baqer Qalibaf, excomandante de la Guardia Revolucionaria Islámica y actual presidente del Parlamento, viajó a Islamabad como negociador principal. Representa a una generación de veteranos que se han afianzado en los conglomerados iraníes, se codean con oligarcas y tienen interés en preservar la base industrial del país. Como alcalde de Teherán, cerró más tratos inmobiliarios que Trump, presume un empresario iraní. Esto le valió la reputación de avaricioso corrupto. Qalibaf sigue mostrándose comprensivo con las súplicas de los empresarios que aconsejan evitar la escalada. Los bombardeos han paralizado plantas farmacéuticas, siderúrgicas y petroquímicas, y han dejado a muchos trabajadores sin empleo. El bloqueo naval agrava aún más la situación. El rial ha perdido más de la mitad de su valor desde la guerra del verano pasado. Con la disminución de las reservas, el precio de los productos básicos se ha disparado. Los economistas prevén que la inflación de bienes también afecte a los servicios.

Qalibaf prefiere sortear el bloqueo manteniendo el alto el fuego. Sus vínculos con la Guardia Revolucionaria Islámica y el sector comercial le dan acceso a redes de contrabando en la frontera. El comercio terrestre formal se ha disparado desde el cierre del Golfo. Irak y Turquía, que ya eran socios comerciales clave, se han vuelto aún más importantes. El comercio con China, el mayor mercado de Irán, se está redirigiendo por tierra. Pakistán ha abierto seis nuevos pasos fronterizos. Los comerciantes hablan de Gwadar, en Pakistán, como una alternativa a Jebel Ali, un vasto puerto en los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Irán intenta enviar petróleo a China por ferrocarril. Pequeñas embarcaciones surcan el mar Caspio con destino a puertos de Rusia y Turkmenistán. Construir dos muros desde Nueva York hasta Los Ángeles, sugirió recientemente Qalibaf en redes sociales, aún así su longitud sería inferior a unos 1000 km de las fronteras totales de Irán: “Buena suerte bloqueando un país con esas fronteras”.

Sin embargo, se enfrenta a una fuerte oposición. “Hay una lucha de poder dentro de la Guardia Revolucionaria Islámica”, afirma otro observador de Irán. El oponente más temible del orador es Ahmad Vahidi. Militar de carrera, exministro de Defensa y actual jefe de la Guardia Revolucionaria, representa a los sectores más intransigentes. “Es un hombre del fin del mundo”, comenta un exoficial de inteligencia israelí que trabajó en asuntos iraníes, en referencia al milenarismo chií que, según algunos, lo guía. Vahidi cree que Estados Unidos solo estrechará el cerco. Irán debería resistir mientras pueda. La actual crisis económica, argumenta, podría desencadenar nuevos disturbios como los de enero. “No están seguros de poder sobrevivir a otra ronda de protestas”, afirma un fabricante. La guerra, en cambio, mantendría a la gente en sus casas y podría unir a algunos en torno al régimen.

La delegación iraní, encabezada por el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, y el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, fue recibida por el jefe del Estado Mayor del Ejército de Pakistán (COAS), Asim Munir, y el ministro de Asuntos Exteriores, Mohammad Ishaq Dar, mientras Pakistán se preparaba para acoger a Estados Unidos e Irán para conversaciones de paz en Islamabad, Pakistán, el 10 de abril de 2026. Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán/vía REUTERS
La delegación iraní, encabezada por el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, y el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, fue recibida por el jefe del Estado Mayor del Ejército de Pakistán (COAS), Asim Munir, y el ministro de Asuntos Exteriores, Mohammad Ishaq Dar, mientras Pakistán se preparaba para acoger a Estados Unidos e Irán para conversaciones de paz en Islamabad, Pakistán, el 10 de abril de 2026. Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán/vía REUTERS

Si los halcones se imponen, la escalada será inevitable. Los comandantes locales volverían a las tácticas adoptadas al inicio de la guerra, restableciendo una lista preestablecida de objetivos. Podrían reanudarse los ataques contra petroleros, manteniendo cerrado el estrecho de Ormuz. También podrían hacer lo mismo en el Mar Rojo. Buques de guerra estadounidenses y ciudades del Golfo podrían ser blanco de más ataques.

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El enemigo local más acérrimo de Irán parece ser Emiratos Árabes Unidos, que ahora alberga armamento y personal israelí. Pero Qatar sigue siendo un objetivo potencial, impulsado por el resentimiento por la extracción de gas de South Pars, un yacimiento que comparte con Irán. “La gente subestima el poder de Irán en la región”, afirma Reza Bundy, gestor de riesgos de activos iraní-estadounidense. “Apenas han comenzado a poner en marcha el sistema de escalada que han estado preparando durante los últimos 40 años”.

2026, The Economist

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COMENTARIO 

La delegación iraní, encabezada por el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, y el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, fue recibida por el jefe del Estado Mayor del Ejército de Pakistán (COAS), Asim Munir, y el ministro de Asuntos Exteriores, Mohammad Ishaq Dar, mientras Pakistán se preparaba para acoger a Estados Unidos e Irán para conversaciones de paz en Islamabad, Pakistán, el 10 de abril de 2026. Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán/vía REUTERS

República Dominicana en la encrucijada global: diplomacia y preparación frente a la crisis en Irán

Mientras en Teherán se debaten la negociación y la escalada militar, Santo Domingo debe combinar prudencia diplomática con medidas económicas y sociales que reduzcan su vulnerabilidad ante un conflicto que, aunque lejano, golpea precios, cadenas de suministro y la cohesión interna.

La guerra y la diplomacia que hoy se disputan el destino de Irán no son fenómenos aislados; sus reverberaciones llegan con rapidez a economías abiertas y dependientes del comercio mundial como la dominicana. Un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, ataques a petroleros o una escalada regional elevarían los precios de la energía y del transporte, encarecerían importaciones esenciales y presionarían la inflación, afectando directamente al turismo, la agroindustria y las pequeñas empresas que sostienen el empleo local.

Ante ese panorama, la respuesta nacional debe ser doble: por un lado, una política exterior de neutralidad activa que preserve canales de diálogo con aliados y actores regionales sin comprometer la seguridad; por otro, una agenda doméstica de resiliencia económica. Esto implica acelerar la diversificación de fuentes energéticas, fortalecer la logística portuaria y las reservas estratégicas de insumos críticos, y habilitar líneas de crédito y subsidios focalizados para amortiguar el impacto en los hogares más vulnerables.

La cohesión social es otro frente decisivo. Subidas abruptas de precios y desabastecimientos pueden encender protestas y erosionar la confianza en las instituciones. El gobierno debe priorizar comunicación transparente, medidas temporales de protección social y apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas para evitar que la incertidumbre externa se traduzca en crisis interna.

En el terreno diplomático, la República Dominicana puede y debe actuar con responsabilidad: participar en foros regionales para coordinar respuestas humanitarias y comerciales, abogar por la protección del tráfico marítimo civil y ofrecer cooperación en mecanismos de mediación cuando sea posible. La isla no tiene capacidad para influir directamente en las decisiones de Teherán o Washington, pero sí puede contribuir a un entorno hemisférico más estable que reduzca riesgos para sus ciudadanos y empresas.

La elección entre diplomacia o guerra que hoy divide a los líderes iraníes plantea una lección clara para Santo Domingo: la mejor defensa es la preparación y la prudencia. Fortalecer la economía, proteger a los más vulnerables y mantener una diplomacia mesurada no son gestos de debilidad, sino estrategias necesarias para navegar un mundo donde los conflictos lejanos se traducen en efectos inmediatos en la vida cotidiana.

Luis Orlando Díaz Vólquez

jueves, 7 de mayo de 2026

Roma, Ormuz y San Pedro: cuando la paz se negocia entre el poder y la conciencia | Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El Papa León XIV se reúne con el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, en el Vaticano (Vatican Media/Simone Risoluti/Distribuida por REUTERS)

Opinión

Roma, Ormuz y San Pedro: cuando la paz se negocia entre el poder y la conciencia

En la audiencia de Marco Rubio con el papa León XIV y con el cardenal Pietro Parolín no se jugó solo un gesto protocolar para “bajar tensiones” tras los ataques de Donald Trump al Vaticano: se puso en escena una disputa más honda por el significado de “paz” en Medio Oriente, por la legitimidad moral de la fuerza y por la arquitectura diplomática que vendrá después de la guerra con Irán.

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La reunión de este 7 de mayo de 2026 en la Santa Sede —primero con León XIV y luego con Parolín— fue, en términos formales, un diálogo sobre “esfuerzos para lograr una paz duradera en Oriente Medio” y asuntos del hemisferio occidental, en una visita que se extendió alrededor de dos horas y media y que Washington buscó para aliviar un choque público inédito. Pero en términos reales fue un intento de reabrir canales estratégicos con un actor que no dispone de portaviones, pero sí de algo que en la guerra contemporánea escasea: autoridad moral y capacidad de mediación silenciosa. 

El contexto explica el peso del encuentro. La relación Trump–Vaticano se deterioró tras las críticas del presidente estadounidense al papa, a quien llegó a calificar como “débil” y “terrible para la política exterior”, y a quien acusó —sin sustento— de “considerar aceptable” un Irán nuclear. León XIV respondió con una frase que, por su sencillez, funciona como doctrina y como mensaje político: “Si alguien desea criticarme por proclamar el Evangelio, que lo haga con la verdad”, reiterando además que la Iglesia se ha pronunciado durante años contra las armas nucleares. Esa réplica no es solo defensa personal; es una delimitación del terreno: el Papa reclama que el debate se sostenga en hechos y en principios, no en propaganda ni en presiones coyunturales. 

Rubio llegó a ese terreno con una identidad compleja: secretario de Estado y, a la vez, asesor de Seguridad Nacional según los reportes; católico practicante; y operador de una Casa Blanca que, días antes, había endurecido el tono contra el pontífice. Por eso, su presencia en el Palacio Apostólico también fue un ejercicio de “traducción”: debía explicar la lógica estratégica de Washington sin agravar el choque moral que el Vaticano ha encarnado frente a la guerra con Irán. En la diplomacia moderna, esa traducción importa tanto como el contenido: cuando el mensaje no cuadra con los valores que un aliado simbólico representa, la alianza se vuelve frágil aun si los intereses coinciden.

El telón de fondo inmediato fue la afirmación de Rubio de que la ofensiva militar estadounidense contra Irán había concluido (“logramos todos los objetivos”) y que el foco pasaba a una etapa defensiva centrada en el Estrecho de Ormuz y en la presión diplomática. El estrecho aparece aquí como termómetro de la posguerra: si la navegación comercial se estabiliza, la “paz” se parecerá a un reordenamiento; si persisten choques marítimos, será apenas una tregua armada con riesgo de escalada. Para el Vaticano —que piensa en vidas civiles antes que en rutas de suministro— Ormuz no es solo energía y comercio, sino un recordatorio de que la paz no se decreta: se administra con incentivos, garantías y límites verificables. 

En ese punto, la conversación con León XIV adquiere un valor singular: el Papa no es un actor “neutral” en el sentido frío del término, sino un actor normativo. Al reafirmar que la Iglesia rechaza las armas nucleares y que su misión es predicar la paz, la Santa Sede vuelve a colocar el conflicto en una matriz moral que incomoda a quienes desean reducirlo a “objetivos logrados” y “disuasión”. Esta insistencia no elimina la realpolitik; la obliga a justificarse. Y cuando la realpolitik debe justificarse ante una audiencia global —1.400 millones de católicos, según las referencias periodísticas sobre el alcance de la Iglesia— el costo reputacional de la guerra se vuelve parte del cálculo estratégico.

También hay política doméstica estadounidense en la foto. Que León XIV sea el primer pontífice estadounidense amplifica el eco de cualquier cruce con la Casa Blanca y vuelve más “doméstico” lo que antes era diplomacia externa. De hecho, análisis periodísticos han subrayado que en Estados Unidos hay decenas de millones de católicos y que el choque con el Vaticano puede erosionar consensos electorales, un dato que convierte la visita de Rubio en una operación de contención interna además de internacional. En otras palabras: no se trataba solo de “hablar de paz”, sino de evitar que la paz —o su ausencia— fracture coaliciones políticas en casa.

La segunda reunión, con Pietro Parolín, es igual o más reveladora que la audiencia papal. Parolín, como secretario de Estado vaticano, personifica la continuidad de una diplomacia que trabaja con tiempos largos, con lenguaje prudente y con canales múltiples. Que se hablara de “esfuerzos humanitarios en el hemisferio occidental” y de iniciativas por una paz duradera en Medio Oriente indica que Washington no fue a pedir “bendiciones” sino a negociar márgenes: cooperación en corredores humanitarios, interlocución con actores regionales y, sobre todo, acceso a la red de mediación del Vaticano donde la política estadounidense suele encontrar resistencia. El Vaticano, por su parte, se protege de quedar atrapado en la narrativa de victoria militar: su capital es la credibilidad; si se percibe alineado con una potencia, pierde capacidad de mediación. 

No es casual que, junto a Medio Oriente, aparezcan Cuba y América Latina como temas de interés mutuo. La Santa Sede tiene un historial de diplomacia activa sobre la isla y de presencia pastoral en la región, mientras Rubio —por biografía y por agenda— ha sido un impulsor de presión sobre La Habana. León XIV, además, conoce de primera mano la región tras su trayectoria misionera en Perú, lo que agrega sensibilidad política y cultural a cualquier conversación sobre el hemisferio occidental. Ese cruce sugiere que el Vaticano ofrece algo que Washington necesita: legitimidad para iniciativas humanitarias y un “puente” con sociedades donde la política estadounidense suele ser leída como intervención. 

La pregunta de fondo, entonces, no es si Rubio y el Papa “hablaron de paz”, sino qué tipo de paz intentan construir y con qué instrumentos. Washington parece apostar por una paz como estabilidad estratégica: disuasión en Ormuz, presión diplomática y acuerdos verificables que eviten un Irán nuclear, según la lógica que Rubio ha defendido públicamente. El Vaticano insiste en una paz como reconciliación política y dignidad humana, con rechazo a la idolatría de la fuerza y un énfasis persistente contra el armamento nuclear, como ha reiterado en su magisterio reciente.

De ahí el valor geopolítico del encuentro: se trató de una negociación entre dos gramáticas. La gramática del poder, que busca resultados, seguridad y control de escalada; y la gramática de la conciencia, que exige verdad, límites morales y prioridad de la vida humana. Cuando esas gramáticas se ignoran, el mundo produce “paz” en forma de pausa operativa: silencios que preceden nuevas explosiones. Cuando conversan —aunque sea tensamente— aparece una oportunidad: que la posguerra con Irán no derive en una normalización del conflicto, sino en una arquitectura más robusta que combine seguridad, verificación, humanidad y legitimidad. 

Si algo enseña este episodio es que, en 2026, el poder duro no alcanza para cerrar guerras: se necesita relato, legitimidad y una salida políticamente sostenible. Y el Vaticano, con León XIV y Parolín, vuelve a recordarle a Washington que la paz duradera no se mide solo por “objetivos cumplidos”, sino por la capacidad de evitar la próxima guerra.

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🌍 Roma, Ormuz y San Pedro
🕊️ Cuando la paz se negocia entre el poder y la conciencia

La reunión de Marco Rubio con el papa León XIV y el cardenal Pietro Parolín no fue solo diplomacia. Fue un pulso global por el sentido de la paz tras la guerra con Irán: ¿estabilidad estratégica o reconciliación con límites morales? ⚖️

Mientras Washington habla de objetivos cumplidos y disuasión en Ormuz 🚢⛽, el Vaticano recuerda algo incómodo pero vital: la paz no se decreta, se legitima. Sin verdad, vida humana y rechazo al armamento nuclear, no hay posguerra sostenible. ✝️🕊️

Dos gramáticas chocan y dialogan:
🔹 la del poder, que busca seguridad;
🔹 la de la conciencia, que exige humanidad.
Cuando conversan, aparece una oportunidad real de evitar la próxima guerra. 🌐✨

✍️— Luis Orlando Díaz Vólquez

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América Latina ante el “nuevo triángulo” Washington–Vaticano–Medio Oriente

Bajada. La reunión de Marco Rubio con el papa León XIV y con el cardenal Pietro Parolín no es un episodio de protocolo religioso: es una señal de cómo se reconfiguran las rutas de la influencia global tras la guerra con Irán y de cómo esa reconfiguración golpea —por energía, migración, diplomacia y legitimidades— a América Latina.

Desde la perspectiva latinoamericana, el dato más importante del encuentro del 7 de mayo de 2026 no es la foto en el Patio de San Dámaso, sino el motivo: Washington buscó a la Santa Sede para hablar de “una paz duradera en Oriente Medio” y, al mismo tiempo, desactivar tensiones que venían escalando por los ataques públicos de Donald Trump al pontífice. Si el poder duro pretende cerrar la fase militar y entrar en la fase diplomática, necesita legitimidad; y el Vaticano —con su red de interlocución global— aporta un bien escaso: autoridad moral y capacidad de mediación en conflictos donde la credibilidad de los Estados se erosiona por la guerra.

En América Latina, esa legitimidad no es un concepto abstracto: es un factor que ordena preferencias públicas y condiciona la gobernabilidad. El choque entre Trump y León XIV elevó la temperatura simbólica: el presidente estadounidense calificó al Papa de “débil” y “terrible para la política exterior”, y lo acusó de tolerar un Irán nuclear; el pontífice respondió con una línea que se oye fuerte en el Sur Global: “Que me critiquen con la verdad”, reafirmando además la oposición histórica de la Iglesia a las armas nucleares. En una región donde la conversación pública castiga la guerra cuando se la percibe como arbitrariedad, la “verdad” reclamada por León XIV se convierte en un contrapeso narrativo a la propaganda y a la polarización.

La clave geopolítica para Latinoamérica está en el encadenamiento: guerra en Medio Oriente → presión sobre rutas marítimas y energía → inflación importada → desgaste político. Rubio ha afirmado que la ofensiva militar de EE. UU. contra Irán concluyó (“logramos todos los objetivos”) y que ahora el foco es la defensa del tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz y la presión diplomática sobre Teherán. Para América Latina, Ormuz no es un mapa lejano: es un “interruptor” que puede encarecer combustibles, transporte y alimentos, amplificando tensiones fiscales y sociales en países con márgenes estrechos. Por eso, cuando Rubio habla de “paz duradera”, la región escucha una pregunta práctica: ¿habrá estabilidad suficiente para bajar el riesgo global, o solo una tregua armada con volatilidad recurrente?

Aquí entra el Vaticano como actor con otra gramática. La Santa Sede insiste en que la Iglesia debe “predicar la paz” y rechaza el horizonte nuclear como moralmente inaceptable, postura que se apoya en un magisterio explícito contra la disuasión nuclear y contra la normalización de la carrera armamentista. Esa insistencia importa particularmente en América Latina porque la región —históricamente— ha buscado autonomía estratégica mediante el derecho internacional, la diplomacia y los marcos multilaterales, más que mediante escaladas militares. En otras palabras: cuando el Papa subraya límites morales a la fuerza, está hablando también para un continente que suele pagar los costos de guerras ajenas sin haberlas decidido. 

Pero la reunión no fue solo Medio Oriente. El portavoz del Departamento de Estado señaló que Rubio y León XIV abordaron también asuntos del hemisferio occidental, y que con Parolín conversaron sobre esfuerzos humanitarios en la región, además de iniciativas de paz en Oriente Medio. Ese detalle es decisivo: América Latina aparece en la agenda no como “nota al pie”, sino como escenario donde EE. UU. necesita canales humanitarios y políticos que no dependan exclusivamente de la autoridad del Estado norteamericano. En un tiempo de desconfianza, la Iglesia —por presencia territorial, redes y legitimidad comunitaria— se vuelve infraestructura blanda para que la ayuda llegue, y para que el diálogo exista. 

El caso Cuba es ilustrativo. Parolín mencionó que temas como América Latina y Cuba estarían sobre la mesa; y reportes periodísticos recuerdan la tradición vaticana de diplomacia en torno a la isla, así como el perfil de Rubio —de origen cubano— y su agenda hacia La Habana. Además, Rubio ha planteado la posibilidad de canalizar asistencia humanitaria mediante redes católicas, condicionada a que el gobierno cubano lo permita, un enfoque que revela una idea clave para el continente: la disputa ya no es solo sanciones o presión, sino control de circuitos humanitarios y legitimidad social. En la práctica, la Iglesia puede convertirse en el “tercer actor” capaz de reducir costos humanitarios sin desactivar el pulso político.

Hay un matiz que América Latina entiende bien: León XIV no es un Papa “extranjero” para la región. Se ha destacado su trayectoria de décadas en Perú y su conocimiento del continente, lo cual convierte a la Santa Sede en un interlocutor más sensible a las realidades latinoamericanas cuando se discuten migración, seguridad, crisis sociales y mediación. Ese punto tensiona a Washington: un pontífice estadounidense con “alma latinoamericana” puede hablarle al poder en su propio idioma cultural, pero sin adoptar su lógica estratégica, y eso lo vuelve más influyente en la conversación hemisférica. 

En este escenario, la reunión Rubio–Vaticano funciona como señal para la región: la posguerra con Irán no se cerrará solo con destructores en Ormuz, sino con arquitectura política que reduzca el riesgo de escalada y restaure credibilidad. Para América Latina, el resultado más valioso sería una “paz duradera” que estabilice precios, reduzca la incertidumbre financiera y contenga la polarización importada; el peor resultado sería una paz performativa —de comunicados— con crisis periódicas que vuelvan a exportar inflación, miedo y fracturas ideológicas al hemisferio. 

De ahí la conclusión editorial: Roma se ha convertido en una bisagra geopolítica con impacto latinoamericano. La Santa Sede ofrece a Washington algo que no se compra: legitimidad y mediación; Washington ofrece al Vaticano capacidad de influencia concreta sobre corredores de negociación, seguridad regional y acción humanitaria. América Latina, por su parte, no debería mirar esto como un drama ajeno: debe leerlo como un tablero donde se decide si el orden internacional será de “fuerza y castigo” o de “diplomacia y límites”, porque esa diferencia se traduce —en el Sur— en estabilidad o en crisis. 

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🌎 América Latina ante el “nuevo triángulo” Washington–Vaticano–Medio Oriente
Más que un gesto protocolar, el diálogo diplomático reciente refleja la transición hacia una fase donde la “paz” no se define solo por capacidades militares, sino por legitimidad, mediación y arquitectura política.
Para América Latina, el impacto se transmite por cuatro canales:
1) ⛽ Energía y rutas marítimas: el riesgo se traduce en precios.
2) 📈 Inflación importada: presión sobre hogares, empresas y política fiscal.
3) 🧭 Legitimidad: la credibilidad condiciona acuerdos sostenibles.
4) 🧳 Migración y estabilidad: efectos acumulativos en cohesión social.
Conclusión: la región no debe observar estos movimientos como un drama ajeno. Debe leerlos como parte del costo de la incertidumbre global y de la necesidad de fortalecer resiliencia económica e institucional.
🔗 Lecturas: Infobae / El País / Vatican News / RTVE
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Opinión | China ante las tormentas gemelas: aranceles y crisis energética


China ante las tormentas gemelas: aranceles y crisis energética

En un mundo cada vez más fragmentado, China está demostrando una resiliencia notable frente a dos de los mayores desafíos externos que ha enfrentado en años: los aranceles agresivos impuestos por Estados Unidos y la crisis energética desatada por el conflicto en Irán. Lejos de colapsar como auguraban algunos analistas en Washington, la segunda economía mundial avanza con dificultad, pero sin derrumbarse. Sin embargo, esta resistencia no debe confundirse con fortaleza estructural. Las grietas persisten y se agravan.

Los aranceles estadounidenses, que alcanzaron niveles récord durante 2025 y se han estabilizado en torno al 30-40% en promedio tras treguas frágiles, han obligado a Pekín a acelerar su estrategia de “autoconfianza”. Beijing respondió con medidas simétricas, pero su verdadera defensa ha sido la diversificación de mercados, el impulso a las exportaciones de alto valor (vehículos eléctricos, maquinaria y bienes electrónicos) y el fomento de la innovación tecnológica. Los datos del primer trimestre de 2026, con un crecimiento del PIB del 5,0% interanual, reflejan que las exportaciones siguen siendo un motor clave. El superávit comercial con EE.UU. se ha reducido, pero el resto del mundo compensa en parte la pérdida.

Esta adaptación es digna de reconocimiento. China ha convertido la presión proteccionista en catalizador de su transición industrial. No obstante, el costo es real: márgenes de ganancia apretados en sectores manufactureros, reubicación de fábricas y una dependencia excesiva de la demanda externa que sigue siendo un talón de Aquiles.

La crisis energética derivada de los ataques a Irán ha complicado aún más el panorama. Las disrupciones en el Estrecho de Ormuz, que representa cerca del 20% del petróleo mundial, dispararon los precios del crudo por encima de los 100 dólares. Para un gran importador como China, esto representaba un riesgo grave. Sin embargo, sus reservas estratégicas masivas, la diversificación de proveedores (Arabia Saudita, Rusia y flujos iraníes “en la sombra”), el peso del carbón en su matriz energética y el avance acelerado de los vehículos eléctricos han limitado el impacto a niveles manejables —se estima en torno a 0,2 puntos porcentuales del PIB—.

Aun así, los efectos se sienten: costos de producción más altos en plásticos, químicos y transporte, presión inflacionaria moderada y un enfriamiento de pedidos de exportación ante el riesgo de desaceleración global. El consumo interno sigue débil, el sector inmobiliario arrastra lastre y la deflación subyacente amenaza con reaparecer si la demanda no repunta. El estímulo fiscal del primer trimestre ha enmascarado parte de estas tensiones, pero en el segundo trimestre y más allá se espera una moderación del crecimiento si el conflicto iraní se prolonga.

**La lección geopolítica y económica es clara:** China no es invulnerable, pero tampoco es la potencia frágil que algunos deseaban ver. Su capacidad de respuesta estatal, sus reservas y su escala le permiten absorber golpes que derrumbarían economías más abiertas. Esto refuerza su narrativa interna de “estabilidad frente al caos occidental” y le permite posicionarse como proveedor confiable en un mundo convulso.

Sin embargo, los problemas de fondo —demografía desfavorable, consumo anémico, burbuja inmobiliaria y dependencia de exportaciones— no se resuelven con reservas ni con subsidios. Si la tregua arancelaria se rompe o el precio del petróleo se mantiene elevado, Pekín enfrentará dilemas difíciles: más estímulo (con riesgo de deuda) o reformas estructurales profundas (políticamente costosas).

En definitiva, China está capeando el temporal mejor de lo esperado, pero navega con velas desgastadas. Su capacidad para transformar estas presiones externas en impulso interno determinará si emerge más fuerte o simplemente más aislada. El próximo capítulo —las conversaciones Trump-Xi y la evolución del conflicto en Oriente Medio— será decisivo. El mundo observa con atención: la “fábrica del mundo” sigue funcionando, pero ya no es tan barata ni tan predecible como antes./
Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor
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America has imposed tariffs on China and provoked an energy crisis by attacking Iran. On Inside Economics we analyse how China’s economy is coping
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