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lunes, 20 de diciembre de 2021

Gabriel Boric da su primer discurso como presidente electo de Chile

Gabriel Boric, a Former Student Activist, Is Elected Chile’s Youngest President

The millennial will play an important role in helping shape a new legal framework for a nation that has been roiled by social upheaval.

Gabriel Boric será el presidente más joven de Chile

Los milénials jugarán un papel importante para ayudar a dar forma a un nuevo marco legal para una nación sacudida por la agitación social.



Credit...Juan Carlos Avendano/Reuters / The 35-year-old former student activist is set to become the nation’s youngest leader and its most liberal since President Salvador Allende.CreditCredit...
Juan Carlos Avendano/Reuters
Pascale Bonnefoy y 
20 de diciembre de 2021 a las 11:11 ET

SANTIAGO — Los chilenos eligieron el domingo a Gabriel Boric como su próximo presidente, y confiaron en el joven diputado de izquierda para que ayude a definir el futuro de una nación que ha sido sacudida por protestas y en este momento se encuentra en proceso de escribir una nueva Constitución.

Con 35 años, Boric será el líder más joven de la nación y, con mucho, el político más progresista desde que llegó al poder el presidente Salvador Allende, quien se suicidó durante el golpe militar de 1973 que marcó el comienzo de una brutal dictadura que se prolongó por 17 años.

Asumirá el cargo en la etapa final de una asamblea para redactar una nueva Constitución, un esfuerzo que debe durar un año y que probablemente genere cambios legales y políticos profundos en temas que incluyen la igualdad de género, los derechos de las comunidades indígenas y la protección del medioambiente.

Boric aprovechó el descontento generalizado con las facciones políticas que se han alternado el poder en las últimas décadas y obtuvo el apoyo de los votantes al prometer reducir la desigualdad y aumentar los impuestos a los ricos para financiar una expansión sustancial de la red de seguridad social, pensiones más generosas y una economía más limpia.

El presidente electo derrotó a José Antonio Kast, un exdiputado de extrema derecha que buscaba retratar a Boric como un comunista radical que destrozaría una de las economías más sólidas de la región. La coalición de Boric incluye al Partido Comunista.

Kast concedió la derrota al anunciar que había llamado a Boric para felicitarlo.

“Desde hoy es el presidente electo de Chile y merece todo nuestro respeto y colaboración constructiva”, Kast escribió en Twitter.

Con más del 98 por ciento de los votos contados, Boric había ganado más del 55 por ciento de los votos y Kast tenía el 44 por ciento. El margen sorprendió a los analistas políticos porque encuestas recientes sugirieron que la contienda estaba más reñida.

“Voy a dar lo mejor de mí para estar a la altura de este tremendo desafío”, dijo Boric durante una videollamada televisada con el presidente saliente, Sebastián Piñera, quien siguió la tradición en la política chilena.

Boric también dijo que esperaba unir a la nación después de una elección muy disputada. “Voy a ser el presidente de todos los chilenos y chilenas”.

Piñera dijo que estaba contento de que “la democracia cumplió y los chilenos han dado un nuevo ejemplo de democracia, usted fue parte de eso”.

Los jubilosos partidarios de Boric salieron a las calles el domingo por la noche en varias ciudades de Chile. Muchos agitaron la bandera nacional y corearon eslóganes de campaña mientras se pasaban botellas de champán.

Dirigiéndose a sus partidarios desde un escenario en una plaza abarrotada de Santiago a última hora de la noche, Boric dijo que pretendía unir a la nación y poner en marcha cambios estructurales para hacer que Chile fuera más igualitario. “Hoy día la esperanza le ganó al miedo”, dijo.

Una celebración de partidarios de Gabriel Boric tras las elecciones presidenciales en Santiago el domingo.
Credit...Rodrigo Garrido/Reuters
Credit...Rodrigo Garrido/Reuters

Fue la contienda más polarizada y enconada en la historia reciente y planteaba a los chilenos visiones marcadamente diferentes sobre temas que incluyen el papel del Estado en la economía, los derechos de comunidades históricamente marginadas y la seguridad pública.

Y lo que estaba en juego era más sensible que en otras elecciones presidenciales: el presidente entrante apoya encaminar profundamente el esfuerzo por reemplazar la Constitución de Chile, impuesta en 1980, cuando el país estaba bajo un régimen militar. El año pasado, los chilenos votaron de manera abrumadora a favor de redactar una nueva carta magna.

Boric, líder de la coalición de izquierda Frente Amplio, ha sido un firme partidario del impulso para actualizar el documento, una petición que ganó arrastre después de una ola de protestas a fines de 2019 originada por la desigualdad, el alto costo de vida y la economía de libre mercado del país.

En cambio, Kast lanzó una campaña vigorosa contra la creación de una convención constitucional, cuyos integrantes fueron elegidos en mayo. El organismo está redactando una nueva constitución que los ciudadanos aprobarán o rechazarán en una votación directa en septiembre.

Los constituyentes de la convención consideraron el ascenso de Kast una amenaza existencial para sus esfuerzos, y temían que pudiera reunir los recursos y la tribuna presidencial para convencer a los votantes de rechazar una nueva constitución.

“Son muchas las cosas en juego”, dijo Patricia Politzer, constituyente de la convención por Santiago. “El poder de un presidente es grande y tiene todo el poder del Estado para hacer campaña contra la nueva Constitución”.

Kast y Boric se enfrentaron con fuerza durante los últimos días de la carrera presidencial, y ambos presentaron la posibilidad de su derrota como una catástrofe para la nación sudamericana de 19 millones de personas.

Boric se llegó a referir a su contrincante como un fascista y atacó varios de sus proyectos, que incluían ampliar el sistema penitenciario y empoderar a las fuerzas de seguridad para tomar medidas enérgicas contra los desafíos indígenas a los derechos territoriales en el sur del país.

Kast planteó a los votantes que una presidencia de Boric destruiría los cimientos de la economía de Chile y probablemente pondría a la nación en el camino de convertirse en un Estado fallido como Venezuela.

Kast planteó a los votantes que una presidencia de Boric destruiría los cimientos de la economía de Chile y probablemente pondría a la nación en el camino de convertirse en un Estado fallido como Venezuela.

José Antonio Kast había prometido tomar medidas enérgicas contra el crimen y los disturbios civiles. Se opuso a la iniciativa de reescribir la Constitución de Chile.
Credit...Mauro Pimentel/Agence France-Presse — Getty Images

“Esta ha sido una campaña como nunca antes enfocada en el miedo”, dijo Claudia Heiss, profesora de ciencias políticas en la Universidad de Chile. “Eso puede ser un daño a largo plazo porque deteriora el clima político”.

Boric y Kast tuvieron tracción entre los votantes que se habían cansado de las facciones políticas de centroizquierda y centroderecha que han llegado el poder en Chile en las últimas décadas. En los últimos dos años, el presidente saliente, el conservador Sebastián Piñera, ha caído en los índices de aprobación hasta llegar por debajo del 20 por ciento.

Boric se inició en la política como un organizador destacado de las grandes manifestaciones estudiantiles de 2011 que convencieron al gobierno de garantizar la educación gratuita a los estudiantes de bajos ingresos. Fue elegido a la Cámara de Diputados por primera vez en 2014.

Nacido en Punta Arenas, la provincia más austral de Chile, una de las principales promesas de la campaña de Boric fue tomar medidas audaces para frenar el calentamiento global. Esto incluyó una propuesta políticamente arriesgada: aumentar los impuestos sobre el combustible.

Boric, quien tiene tatuajes y no le gusta usar corbatas, se aparta del molde tradicional de los candidatos presidenciales. También ha hablado de manera pública sobre haber sido diagnosticado con trastorno obsesivo-compulsivo, una condición por la que estuvo hospitalizado brevemente en 2018.

A raíz de las protestas callejeras, que en ocasiones fueron violentas, y la agitación política provocada por un aumento en las tarifas del metro en octubre de 2019, prometió convertir una letanía de quejas que se habían ido acumulando durante generaciones en un examen de las políticas públicas. Boric dijo que era necesario aumentar los impuestos a las corporaciones y a los ultrarricos para ensanchar la red de seguridad social y crear una sociedad más igualitaria. 

“Hoy, hay muchas personas mayores que están trabajando hasta la muerte después de haberse descrestado el lomo durante toda su vida”, dijo durante el debate final de la carrera, prometiendo crear un sistema de pensiones más generoso. “Eso es injusto”.

Partidarios de Boric se reunieron en la capital el 16 de diciembre.
Credit...Marcelo Hernandez/Getty Images

Kast, hijo de inmigrantes alemanes, fue diputado federal de 2002 a 2018. Padre de nueve hijos, se ha opuesto abiertamente al aborto y al matrimonio igualitario. Su perfil nacional se elevó durante las elecciones presidenciales de 2017, cuando obtuvo casi el 8 por ciento de los votos.

Kast dijo que la propuesta de expansión del gasto de su contrincante era imprudente y aseguró que lo que Chile necesitaba era un Estado mucho más reducido y eficiente. También advirtió que elegir a su rival profundizaría los disturbios y avivaría la violencia.

Kast planteó una advertencia sobre la “pobreza que ha arrastrado a Venezuela, Nicaragua y Cuba”. “Las personas huyen de ahí, porque esa narcodictadura solo trae pobreza y miseria”, dijo.

Antonia Vera, una estudiante recién graduada de la secundaria que hizo campaña a favor de Boric, dijo que consideraba que elegirlo era el único medio para convertir en realidad un movimiento de base a favor de una nación más justa y próspera.

“Cuando habla de esperanza, habla sobre el futuro a largo plazo y tiene que ver con un movimiento que se empezó a gestar hace muchos años y que explotó en 2019”, dijo.

El nuevo presidente tendrá dificultades para llevar a cabo cambios radicales a corto plazo, dijo Claudio Fuentes, profesor de ciencias políticas en la Universidad Diego Portales en Santiago, y señaló que el Congreso entrante está dividido en partes iguales.

“Se trata de un escenario donde será más difícil avanzar reformas”, dijo.

Ernesto Londoño es el jefe del buró de Brasil, con sede en Río de Janeiro. Anteriormente fue parte del Consejo Editorial del Times y, antes de unirse al diario en 2014, trabajó para The Washington Post. @londonoe • Facebook

Pascale Bonnefoy reporteó desde Santiago, y Ernesto Londoño desde Río de Janeiro.

Ernesto Londoño is the Brazil bureau chief, based in Rio de Janeiro. He was previously an editorial writer and, before joining The Times in 2014, reported for The Washington Post. @londonoe • Facebook

jueves, 17 de agosto de 2017

Editorial: Exportar el caos a Venezuela

OPINIÓN | EDITORIAL
Editorial: Exportar el caos a Venezuela
Por EL COMITÉ EDITORIAL 17 de agosto de 2017



CreditDoug Chayke
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El presidente Donald Trump también está sacudiendo al resto del mundo. Después de sembrar el miedo entre muchas personas la semana pasada con sus extravagantes declaraciones sobre Corea del Norte y poner nerviosos a muchos por la posibilidad de una guerra nuclear, Trump amenazó el viernes con usar la fuerza para calmar el caos en Venezuela.
La amenaza solo atizó el conflicto entre el presidente Nicolás Maduro y la oposición. También causó inquietud en toda América Latina, que ha sufrido diversas intervenciones estadounidenses a lo largo de su historia.
No está claro por qué Trump se refirió al tema de Venezuela cuando hablaba con reporteros sobre Corea del Norte, o qué intentó decir cuando mencionó: “Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluida una posible opción militar si es necesaria”. Fue otro ejemplo de un pavoneo imprudente en materia militar de parte de un presidente cuyo lema de “Estados Unidos primero” rechazaba las intromisiones en el extranjero; sin embargo, en siete meses en el poder ha realizado los primeros ataques con misiles contra las fuerzas sirias y ha expandido las operaciones de antiterrorismo en Yemen, Somalia y Pakistán. También está considerando enviar más tropas a Afganistán.
Venezuela, país que posiblemente tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo, tuvo la oportunidad de convertirse en una de las principales democracias de Sudamérica. En cambio, Maduro convirtió al país en una catástrofe económica y a sí mismo en un dictador. Emuló a su antecesor, Hugo Chávez, al tener gastos públicos excesivos que se volvieron insostenibles aunados a una mala administración y a una caída en picada de los precios del petróleo. Se estima que el nivel de inflación para 2017 en el país será del 720 por ciento y se cree que 80 por ciento de los venezolanos vive en la pobreza, además de que algunos sufren de desnutrición y hambre. Más de 120 personas han muerto durante varios meses de protestas para exigir la destitución de Maduro. Algunos analistas temen el estallido rotundo de una guerra civil.
En este contexto, la amenaza de una acción militar de parte de Trump es un salvavidas para Maduro. Como otros líderes venezolanos, Maduro ha usado a Estados Unidos para arengar a su gente, frecuentemente con advertencias engañosas de intentos de una invasión estadounidense. El lunes, miles de seguidores del gobierno se reunieron en Caracas para demostrar su apoyo a Maduro y su rechazo a la “opción militar” de Trump.
Los líderes latinoamericanos también respondieron a esa amenaza. Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, dijo el domingo: “La posibilidad de una intervención militar no debe ser contemplada”. La situación parece haber hecho retroceder el progreso en las relaciones logrado por el gobierno de Barack Obama, el cual fortaleció los lazos con América Latina al intentar colaborar para resolver los conflictos regionales.
Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, acaba de terminar un viaje por la región durante el cual intentó reducir la indignación. El martes en Buenos Aires dijo que confiaba en alcanzar una solución “pacífica” para Venezuela a través de presionar a Maduro por vías económicas y diplomáticas. Sin embargo, Pence también dijo a NBC News el lunes: “Simplemente no vamos a tolerar ver que Venezuela colapse en una dictadura”.
La precipitada decadencia de Venezuela no es una tragedia solamente para sus habitantes, también es una amenaza a la estabilidad regional. Trump debería continuar endureciendo las sanciones, pero cualquier solución duradera será lograda exclusivamente en colaboración con los líderes latinoamericanos.
https://www.nytimes.com/es/2017/08/17/editorial-exportar-caos-a-venezuela/?action=click&mccr=inicio&mcid=nyt-es&ref=nyt-es&subid=masinformacion&pgtype=Homepage

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Donald Trump triunfó explotando el miedo de sus seguidores a perder su patria

OPINIÓN |COMENTARIO

Donald Trump triunfó explotando el miedo de sus seguidores a perder su patria

Una carrera electoral es un dilema que se le plantea a la gente. Gana la elección el candidato que propone el dilema correcto para el público correcto. CreditLee Jin-Man/Associated Press
MIAMI, Florida — Una carrera electoral es un dilema que se le plantea a la gente. Gana la elección el candidato que propone el dilema correcto para el público correcto y ese ha sido el caso de Donald Trump.
Empecemos por el público. Trump ha activado un grupo de electores de la clase trabajadora mayoritariamente blanca. Este es un sector que sufre no solo una grave crisis económica, sino, sobre todo, un prolongado sentimiento de exclusión dentro de su propio país.
Ni los encuestadores ni la izquierda tradicional ni el propio Partido Republicano identificaron oportunamente esa pérdida de autoestima en la comunidad blanca trabajadora. Luego de la derrota de Mitt Rommey en 2012, los republicanos asumieron como imperativo buscar el éxito electoral hablándole a las minorías, entre otras cosas, porque la propia base blanca de la población se viene achicando dramáticamente.
Trump quebró ese mito y demostró que se puede triunfar energizando vastos sectores de la mayoría blanca.
Por instinto o por estrategia, Trump ha hecho un uso extremo de un arquetipo fundamental de la cultura estadounidense: la noción de que el país es el hogar: Let’s Make America Great Again. A sus seguidores les propuso el siguiente dilema: si no votas por mí, perderás a tu país, que es como perder tu hogar. Como se sabe, esta nación fue fundada por inmigrantes que dejaron todo atrás y vinieron con el anhelo de formar aquí su nuevo hogar.
En pocos lugares la idea del país como hogar es tan fuerte como en Estados Unidos y es por eso que se traslada mecánicamente a las instituciones y a las fuentes de consenso. En el béisbol, acaso el más estadounidense de los deportes, lograr el triunfo es llegar al home, el hogar. Ninguna guerra en la que se involucran los Estados Unidos se gana realmente si los soldados no regresan a casa y son vistos en cámara siendo abrazados por sus seres queridos. Las películas Apollo 13, Saving Private Ryan, The Martian son todas recreaciones de esa alegoría. Cuando volvemos del extranjero, los funcionarios del Homeland Security nos reciben con el consabido Welcome home, algo único en el mundo.
Trump le ha recordado a los desplazados que su hogar —Estados Unidos— ha cambiado, que ya no se habla inglés en las calles, que es requisito construir una nueva pared en la casa, “un muro grande, bello, poderoso” contra la inmigración indeseada que trae el crimen, la droga y el desempleo. En esa narrativa, Trump, el blanco, el fuerte, el constructor, es la herramienta necesaria para la reconquista del hogar. Su campaña explotó disciplinadamente ese dilema que ha sido tan relevante para esa base que lo eligió, al extremo de haber tolerado como secundario el atropello constante que su candidato ha hecho de las normas básicas de la convivencia.
El discurso de unidad nacional de Hillary era correcto pero ella no tenía las condiciones para venderlo con la efectividad necesaria para lograr la victoria. En su boca era un concepto, no un sentimiento, pues estaba enunciado desde el poder, desde la convicción de que “aquí no ha pasado nada, aquí todo va bien”. La verdad es que Clinton solo sonaba relevante cuando denunciaba los abusos y niñerías de su contrincante.
Trump capitalizó, además, el anhelo de cambio que tanto ignoraron Hillary como varias de las principales encuestadoras. No sorprende entonces que Trump haya dominado la conversación en las redes sociales donde sí estaba claro el descontento. Si las empresas encuestadoras hubiesen estado más pendientes de lo que sucedía en las redes, no estarían pasando por esta debacle. Las encuestadoras analizan al elector, en las redes conversa la gente y la gente quería cambio. Hillary ofreció continuismo en un momento de cambio. Fue su peor cálculo.
Para los que creen que Trump no intentará cumplir muchas de sus ideas hay malas noticias. Su agenda incluye: negar cualquier posibilidad de control de armas, eliminar los programas sociales de Obama, revisar los tratados militares con los aliados, desmantelar los acuerdos con los socios comerciales y cerrar la puerta a los inmigrantes.
En Estados Unidos, las campañas ofrecen una visión muy cercana de lo que tendrá lugar cuando un candidato toma la presidencia. En un libro revelador, Promises and Performance, el profesor de Ciencias Políticas Michael Krukones ha podido confirmar que todos los presidentes, desde Woodrow Wilson hasta Jimmy Carter, cumplieron con un 73 por ciento de sus promesas electorales. En el caso de Barack Obama esta cifra baja apenas al 70 por ciento, a pesar de la obstrucción que ha padecido su gobierno.
Con las instituciones democráticas bajo asalto estos porcentajes serán superados, ya que la elección de la semana pasada puede implicar una suspensión del sistema de contrapesos institucionales que es la base del ordenamiento político estadounidense. Trump domina las dos cámaras del parlamento y tiene la potestad de nombrar hasta tres jueces en la Corte Suprema. Gracias a él, los republicanos podrán transformar la corte y las leyes de Estados Unidos por varias generaciones.
Ese amplio dominio empujará a los medios de comunicación a suplir varias de las funciones de control que corresponden a un sistema de justicia independiente. Esto habrá de suceder con un presidente que ya ha manifestado su desprecio hacia las funciones reguladoras del periodismo. Para la prensa, que atraviesa por cierto un periodo de dificultad financiera, vienen tiempos de acoso como no se veían desde los años cincuenta.
Por otra parte, está demostrado que el poder no cambia a la gente sino más bien permite que afloren los rasgos más determinantes de la personalidad. En el caso de Trump, el narcisismo, la improvisación, el desprecio por el otro, las tendencias autoritarias, serán rasgos que definirán su presidencia.
Por estos mismos motivos, en la noche de la elección, la mitad del país se sintió fuera del “hogar”. Sintió que el vecino había decidido verse el ombligo y disculpar la vanidad, la irresponsabilidad, la misoginia y la arrogancia. Quienes votaron por Hillary lo hicieron o por miedo o por madurez política, convencidos de que los defectos de su candidata eran mucho menores comparados con los riesgos que Trump pone en la mesa. Esto alcanzó para lograr una tenue mayoría popular que el sistema electoral no premia pero que ni las instituciones ni los grupos sociales organizados deben ignorar en los años por venir.
Trump ganó y ha dado una lección de liderazgo. Animó a votar a sus resentidos seguidores prometiéndoles poner orden en el hogar pero también activando sus peores instintos. Alborotar los demonios de una sociedad ha servido otras veces para ganar carreras electorales, pero no tenemos noticia de que haya funcionado para arreglar problemas sociales y económicos estructurales. Hay pocos indicios de que esta será la primera vez.
http://www.nytimes.com/es/2016/11/14/donald-trump-triunfo-explotando-el-miedo-de-sus-seguidores-a-perder-su-patria/?smid=tw-espanol&smtyp=cur

jueves, 10 de noviembre de 2016

La presidencia del miedo - DAVID ALANDETE


Simpatizantes de Trump en el hotel Hilton de Nueva York en el que celebraron su victoria el martes.  EFE

La prueba definitiva de la salud de una democracia es el traspaso de poderes, la transmisión de la jefatura de gobierno tras unas elecciones, donde candidatos de idearios similares o diferentes colaboran para que se cumpla la voluntad popular expresada en las urnas. Que Barack Obama haya prometido trabajar “de forma muy intensa para que ahora haya una transición de éxito” es prueba de ello. Ahora él y su equipo trabajarán con profesionalidad para facilitar la llegada al poder del nuevo líder de la primera potencia mundial, un racista misógino, sin experiencia de Gobierno y cuyos únicos planes conocidos son bajar los impuestos a los ricos, construir un muro con México y mejorar las relaciones con Vladímir Putin.
Donald Trump es un peligro, y grave. Y por mucho que este miércoles Hillary Clinton le haya deseado éxitos y se haya ofrecido a ayudarle en lo que necesite, la mera existencia de un presidente Donald Trump pone en peligro todo un sistema por el que desde la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos ha garantizado el equilibrio mundial liderando un bloque de democracias occidentales frente al vasto campo del autoritarismo.
Por decirlo claro, la mitad de Estados Unidos ha votado contra los derechos de la otra mitad. Quienes el martes celebraban en Nueva York la victoria de Trump celebraban en realidad el triunfo de la vulgaridad, la intolerancia, el miedo y la ignorancia. Lo único seguro de Trump es que puede opinar una cosa y la contraria según sople el viento político o amanezca su estado de ánimo. En un solo día puede estar a favor o en contra del aborto, el matrimonio gay o la entrada de musulmanes al país. Y además, miente cuando le conviene.
Es posible, como interpretan muchos analistas hoy, que Trump haya ganado porque Hillary Clinton no supo o no pudo hacerlo. El nuevo presidente logró menos votos que Mitt Romney en 2012 y John McCain en 2008, ambos perdedores. Tal vez los votantes hayan castigado también a la candidata demócrata por errores de Barack Obama: por el caos de su reforma sanitaria, por haber gobernado a veces como un republicano moderado o por el deshielo con Irán y Cuba. Puede que fuera sencillamente una candidata demasiado débil, lastrada por su apellido y un atávico machismo institucional.
Quien gana, sin duda, es la América blanca, ese concepto que parecía haber dejado obsoleto la presidencia de Barack Obama y que ha regresado con fuerza. Porque si Trump se ha esforzado en algo es en insultar a todos los que sean diferentes: negros, latinos, mujeres, homosexuales, transexuales y hasta discapacitados. El aumento de la participación de hombres de raza blanca, edad media y educación básica le han entregado a un magnate con delirios de grandeza las llaves del país, su asiento en el despacho Oval y el púlpito en las Naciones Unidas. Y todo con el apoyo de grupos supremacistas blancos de los que no ha querido distanciarse.


Muchos de los que han votado a Trump son o han sido demócratas. Ha sucedido en el pasado. Cuando Lyndon B. Johnson logró la presidencia en 1964 aprobó la ley de derechos civiles y acabó con la segregación racista. Los Estados del sur, hasta entonces sólidamente demócratas, se volvieron republicanos. Al partido le quedaron entonces las clases medias y bajas, los sindicatos, los más desfavorecidos, para los que la ayuda del Estado era la única esperanza de no caer por debajo de un suelo de mínima dignidad. Deberá analizar el partido qué han hecho por sus bases dos presidentes, Bill Clinton y Barack Obama, cuyas políticas económicas no han diferido terriblemente de las de George W. Bush.
Se avecina una época muy oscura en Estados Unidos. No hay forma de dulcificarlo. En democracia la soberanía del pueblo es sagrada, pero eso no significa que siempre deje en buen lugar a quienes la ejercen. Aunque esta es una decisión de 58 millones de personas, es una decisión equivocada e injusta. Con sonoros aplausos y muchas papeletas se han suicidado gloriosas naciones. Existe una responsabilidad colectiva en estas elecciones en las que los débiles quedan más desprotegidos.
¿Lo positivo? Obama lo ha dicho desde la Casa Blanca en su primer discurso tras el resultado de las aciagas elecciones de 2016. “El sol ha vuelto a salir por el Este y no por el Oeste”. Y aun así, en el mundo caprichoso de la presidencia de Trump puede que este nuevo presidente algún día intente convencernos de todo lo contrario. http://elpais.com/elpais/2016/11/09/opinion/1478722996_530048.html

Gobernador elector de Puerto Rico convoca mítines para impulsar la anexión a EEUU

Rosselló, hijo del exgobernador Pedro Rosselló, triunfó el martes al obtener el 41,76 % de los votos, seguido de David Bernier, del Partido Popular Democrático (PPD), que obtiene un 38,93 %, según cifras preliminares de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE).
Servicios de Acento.com.do - 9 de noviembre de 2016 - 11:00 pm -  1
Foto: SAN JUAN (PUERTO RICO), 08/11/2016.- El gobernador electo de Puerto Rico, Ricardo Roselló, saluda a sus seguidores tras ganar la candidatura a la Gobernación de Puerto Rico, por el Partido Nuevo Progresista hoy, martes 8 de noviembre de 2016, en San Juan (Puerto Rico). EFE/ENID M. SALGADO-MERCADO
San Juan, 9 nov (EFE).- El anexionista Ricardo Rosselló, del Partido Nuevo Progresista (PNP), mantuvo hoy sus primeras reuniones como gobernador de Puerto Rico tras la victoria cosechada en las elecciones de este martes.
Un día después de ganar la contienda por el máximo puesto político, Rosselló, de 37 años, convocó a un caucus o reunión popular con los ocho miembros del Senado de su colectividad, que incluyen a Thomas Rivera Schatz, uno de los legisladores más vigorosos actualmente y que el martes revalidó para otro escaño.
Rosselló, hijo del exgobernador Pedro Rosselló, triunfó el martes al obtener el 41,76 % de los votos, seguido de David Bernier, del Partido Popular Democrático (PPD), que obtiene un 38,93 %, según cifras preliminares de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE).
A estos le siguieron la candidata independiente, la licenciada Alexandra Lúgaro con un 11,11 por ciento.
Tras su victoria y frente a una multitud en la sede del PNP en San Juan, Rosselló anticipó que haría todo lo posible para que Puerto Rico sea el estado 51 de los Estados Unidos, aunque esa opción podría desvanecerse por el electo presidente norteamericano Donald Trump.
La intención de Rosselló de convocar a los senadores hoy, así como antes de que culmine la semana con los 23 miembros del PNP en la Cámara es para trazar un plan con la también electa representante de la isla en el Congreso de Washington, Jennifer González, para impulsar la anexión o “estadidad” de la isla a Estados Unidos.
“Me compete a mí, a Jennifer González, al PNP y a los puertorriqueños para luchar por ese compromiso de que bajo esta administración podremos lograr la ‘estadidad’ para Puerto Rico”, aseguró Rosselló.
Y a pesar de que Rosselló ganó la gobernación, esto no significa que pronto se le cumpla su ideal de anexión, pues los puertorriqueños han participado en cuatro plebiscitos para conocer su preferencia de si mantener su estatus actual de un Estado Libre Asociado (ELA) o unirse a la nación norteamericana.
Puerto Rico es un Estado Libre Asociado (ELA) de EE.UU. desde el 25 de julio de 1952, tras un acuerdo con el entonces gobernador Luis Muñoz Marín.
Este estatus, defendido por el PPD, permite un alto grado de autonomía, pero reserva a Washington áreas como defensa, relaciones exteriores o fronteras.
Casi 2,9 millones de puertorriqueños estaban convocados a las urnas, pero solo el 55,1 por ciento acudió, aunque pudieron haber sido más debido a que en esta contienda fue la primera ocasión que se utilizó el método del sistema electrónico en unas elecciones generales, lo que provocó atrasos en las filas de los colegios.
La mayoría de los ciudadanos de la isla participaron de las elecciones buscando un cambio de administración y de esperanza de que Rosselló los saque del pozo económico en el que viven.
Rosselló encontrará unas arcas públicas vacías y margen de maniobra limitado, ya que el Congreso estadounidense, al que está supeditado la isla como estado libre asociado de EE.UU., impuso el pasado junio una junta de supervisión a la que el Ejecutivo local está obligado a consultar.
El Congreso en Washington aprobó la Ley Promesa que establece una entidad que se superpone al Gobierno y el Legislativo de la isla para cualquier decisión del área económica, a cambio, entre otras medidas, de “congelar” temporalmente el pago a los acreedores de Puerto Rico, que arrastra una deuda de unos 72.000 millones de dólares.
Las elecciones del martes también lograron que en San Juan, repetirá cuatro años más como alcaldesa, Carmen Yulín Cruz Soto, del PPD, y que el candidato independiente al Senado, el salubrista José Vargas Vidot, encabezó las votaciones de senadores por acumulación.
Vargas Vidot, conocido por su trabajo social ayudando, rescatando y curando a los adictos en las calles, es el primer candidato independiente en lograr una silla en el Alto Cuerpo.
Igualmente, los 16 senadores por distrito escogidos fueron Henry Neumann, Miguel Romero, Carmelo Ríos, Migdalia Padilla, José Pérez Rosa, Ángel Chayanne Martínez, Luis Daniel Muñiz, Evelyn Vázquez, Luis Berniel, Nelson Cruz, Axel Roque, Carlos Rodríguez Mateo, Miguel Laureano, Nayda Venega, Eric Correa y José Luis Dalmau.
Por representantes por acumulación entraron once: María Milagros Charbonier, Manuel Natal, Brenda López de Arrarás, Denis Márquez, Néstor Alonso, José “Pichy” Torres, Lourdes Ramos, José Enrique Meléndez, José Aponte Hernández, Luis Vega Ramos y Jesús Manuel Ortiz. EFEhttp://acento.com.do/2016/actualidad/8400009-gobernador-elector-puerto-rico-convoca-mitines-impulsar-la-anexion-eeuu/