SERVICIO DE NOTICIAS en favor de la democracia participativa, el desarrollo humano, la paz, el medio ambiente y la cultura.- Santo Domingo, República Dominicana / Luis ORLANDO DIAZ Vólquez - OPINIÓN, NOTICIAS Y COMENTARIOS. Haciendo de la lucha contra la pobreza un apostolado templario./ email: guasabara.editor@gmail.com - http://www.facebook.com/GuasabaraLUISorlandoDIAZ - @GUASABARAeditor
sábado, 25 de julio de 2026
Gobierno congela combustibles
miércoles, 27 de mayo de 2026
Confianza que se construye, competitividad que se sostiene
OPINIÓN | Confianza que se construye, competitividad que se sostiene
El reconocimiento del sector empresarial a los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, logística, energía, turismo e inversión extranjera invita a una reflexión más amplia: el desarrollo duradero no depende de consignas, sino de instituciones estables, acuerdos nacionales, productividad creciente y una visión compartida de futuro.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
La intervención del presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), Celso Juan Marranzini, en el marco del 63.º aniversario de esa organización y del Día Nacional de la Empresa Privada, no debe leerse únicamente como una valoración coyuntural de la economía dominicana. Debe asumirse, más bien, como una señal de que el país ha logrado consolidar ciertas bases que hoy le permiten ser observado con interés en una región donde el crecimiento se ha vuelto más lento, la productividad más débil y la incertidumbre más persistente. El señalamiento de avances en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa un hecho significativo: la República Dominicana ha construido un perfil económico más robusto, diversificado y visible en el escenario regional.
Esa percepción no surge por casualidad. Cuando el liderazgo empresarial habla de estabilidad, capacidad productiva, diversificación y confianza internacional, está identificando elementos que, en la práctica, son decisivos para atraer inversión, sostener empleo y ampliar oportunidades. En economías pequeñas y abiertas como la dominicana, la credibilidad es un activo tan importante como la infraestructura o el capital. Un país puede tener ubicación estratégica, acceso preferencial a mercados o una demografía favorable, pero si no ofrece previsibilidad, normas claras y capacidad de ejecución, esas ventajas se diluyen. Por eso, la confianza no debe entenderse como una abstracción retórica, sino como el resultado de años de acumulación institucional, de aprendizaje económico y de coordinación entre actores que comprenden que el desarrollo no se decreta: se construye.
El contexto internacional refuerza aún más la importancia de esa lectura. En su discurso, Marranzini vinculó el posicionamiento dominicano con las transformaciones que atraviesa la economía global, desde la reorganización de las cadenas de suministro hasta el auge de nuevas industrias y la creciente competencia por atraer capital productivo. También participaron en la actividad el presidente Luis Abinader e Ian Bremmer, fundador de Eurasia Group, en una señal de que el debate económico nacional ya no puede separarse del entorno geopolítico que redefine mercados, alianzas y prioridades productivas. La República Dominicana no compite solo con sus vecinos; compite con todos los destinos que hoy intentan mostrarse como plazas seguras, eficientes y estratégicas para producir, exportar e innovar. En ese tablero, la ventaja no se obtiene únicamente por costo, sino por confianza, agilidad y capacidad para anticipar el cambio.
En ese sentido, resulta especialmente revelador que se destaque al país como una economía observada con interés por centros de análisis internacionales. El Harvard Growth Lab proyecta a la República Dominicana entre las economías con mayor potencial de crecimiento del PIB real y del ingreso per cápita en la próxima década, al punto de ubicarla como la única nación de América Latina y el Caribe dentro de los primeros lugares del ranking global de crecimiento per cápita para el período 2024-2034. Esa proyección, difundida por distintos medios y sustentada en el Atlas of Economic Complexity, no constituye una garantía automática de éxito, pero sí valida que el país dispone de capacidades productivas y de una base económica diversificada que pueden sostener un desempeño superior al promedio regional.
Ahora bien, toda buena noticia económica debe ser leída con sentido de realidad. Si algo muestran las experiencias internacionales es que el crecimiento proyectado puede frustrarse cuando no se enfrenta a tiempo aquello que limita la productividad. Y justamente ahí reside uno de los puntos más valiosos del mensaje empresarial: no hubo complacencia. Junto al reconocimiento de avances, también se señalaron desafíos estructurales como la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de fortalecer la educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, se valoró lo alcanzado, pero sin perder de vista que la sostenibilidad del progreso dependerá de la capacidad de corregir debilidades históricas que todavía restringen la competitividad nacional y limitan la incorporación de más ciudadanos a la economía formal.
Esa combinación entre reconocimiento y exigencia debería asumirse como una actitud saludable para el debate público. A veces, los países se estancan no porque les falte potencial, sino porque sustituyen la planificación por la improvisación o el consenso por la confrontación. El vicepresidente ejecutivo del CONEP, César Dargam, insistió en que el desarrollo dominicano ha sido posible porque distintas generaciones decidieron creer, invertir, arriesgar y apostar por un país aún en construcción, y subrayó que los grandes saltos al desarrollo no se logran desde la confrontación entre sectores, sino desde acuerdos nacionales, visión compartida e instituciones que funcionen. Esa idea merece ser resaltada: el progreso durable exige cooperación social, no uniformidad ideológica; exige reglas, continuidad y prioridades comunes, aunque existan diferencias legítimas en el debate.
Hay, además, un aspecto que conviene subrayar con énfasis: el sector privado no es una realidad abstracta ni una consigna de élites. Cuando se afirma que su composición incluye pequeños negocios, jóvenes emprendedores, agricultores, industriales, comerciantes y profesionales independientes, y que en conjunto genera la mayor parte del PIB, de la inversión y del empleo, se está recordando que el tejido productivo es, en realidad, una expresión concreta de la sociedad trabajando. Marranzini afirmó que el sector privado representa el 85 % del PIB, el 90 % de las inversiones y el 86 % de los empleos del país. Más allá de la cifra puntual, el mensaje de fondo es claro: la defensa de un entorno propicio para producir, emprender e innovar no debe verse como un interés sectorial aislado, sino como una condición necesaria para multiplicar oportunidades en toda la estructura social.
Desde esa perspectiva, el concepto de institucionalidad adquiere una dimensión mucho más concreta. No se trata solo de respetar leyes o mantener formas administrativas; se trata de crear condiciones estables para que la inversión llegue, el talento se forme, la innovación se expanda y la productividad mejore. Un país institucionalmente confiable es aquel en el que los proyectos avanzan con reglas claras, donde las políticas sobreviven a los ciclos, donde el capital humano encuentra caminos de ascenso y donde el Estado y el sector productivo pueden dialogar sin sospechas permanentes. Esa es, probablemente, una de las claves del momento dominicano: entender que la competitividad no nace solo en el mercado, sino también en la calidad de las instituciones que organizan la vida económica y en la seriedad con que se ejecutan las prioridades nacionales.
La República Dominicana parece estar ante una oportunidad histórica. Tiene sectores dinámicos, una ubicación estratégica, un empresariado que reconoce fortalezas pero también reclama reformas, y una sociedad que ha demostrado resiliencia y capacidad de trabajo. Sin embargo, ninguna oportunidad se convierte por sí sola en bienestar. Para que el crecimiento proyectado se transforme en progreso tangible, será indispensable traducir la confianza en empleos de calidad, la inversión en encadenamientos productivos, la modernización en inclusión y la estabilidad en movilidad social. Ahí radica el verdadero desafío nacional. No basta con ser vistos como una economía prometedora; hace falta consolidarse como una nación capaz de convertir esa promesa en prosperidad compartida, con visión de largo plazo, sentido institucional y la convicción de que el desarrollo, cuando se construye sobre acuerdos y productividad, deja de ser una aspiración para convertirse en destino.
Si desea, también puedo prepararle ahora una versión más periodística, una columna de 7 párrafos, o una adaptación para prensa digital y redes sociales.
.....🇩🇴📈 República Dominicana fortalece su crecimiento y atrae más inversiones
— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) May 27, 2026
El sector privado reconoce los avances del país en áreas clave como manufactura, exportaciones, energía, turismo e infraestructura logística 💼⚙️🌍. La estabilidad, la diversificación económica y la… pic.twitter.com/qTa99Zl1mb
EDITORIAL | Institucionalidad, competitividad y confianza: señales de una economía que busca consolidarse
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
El reconocimiento expresado por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) sobre los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa una realidad que merece ser observada con rigor: el país continúa proyectándose como una de las economías más dinámicas del entorno regional. En un contexto latinoamericano marcado por bajo crecimiento, rezagos de productividad e incertidumbre internacional, que el sector empresarial destaque la estabilidad, la diversificación y la confianza como activos nacionales no es un dato menor, sino una señal de madurez institucional y de capacidad de adaptación económica.
Más allá del valor simbólico del pronunciamiento, lo relevante es el fondo. Cuando el empresariado reconoce mejoras en áreas estratégicas, está validando condiciones que inciden directamente sobre la decisión de invertir, expandirse y generar empleo. La competitividad de una nación no depende únicamente de sus indicadores macroeconómicos, sino de la articulación entre infraestructura, seguridad jurídica, capacidad logística, disponibilidad energética, capital humano y visión de largo plazo. En ese sentido, la República Dominicana ha venido construyendo una narrativa de confiabilidad que, bien administrada, puede traducirse en mayores oportunidades productivas y en una inserción más inteligente dentro de las cadenas globales de valor.
El énfasis de CONEP en la relación estratégica con los Estados Unidos también refleja una comprensión acertada del momento internacional. La reorganización del comercio global, el rediseño de las cadenas de suministro y la búsqueda de destinos más cercanos, estables y eficientes para la inversión están abriendo espacios concretos para economías como la dominicana. Sectores como dispositivos médicos, manufactura especializada, logística, agroindustria avanzada y servicios tecnológicos pueden encontrar en este nuevo escenario una plataforma de expansión, siempre que el país continúe fortaleciendo sus condiciones estructurales y su capacidad para responder con rapidez a la demanda internacional.
Sin embargo, ningún reconocimiento debe conducir a la autocomplacencia. El propio planteamiento empresarial identifica desafíos que siguen siendo determinantes: la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de elevar la calidad de la educación, especialmente en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, el país exhibe fortalezas evidentes, pero su sostenibilidad dependerá de la capacidad de transformar esas ventajas en una agenda de reformas continuas. Crecer no basta; también es necesario elevar productividad, reducir brechas, fortalecer instituciones y ampliar el acceso de más ciudadanos a los beneficios del desarrollo.
Hay otro punto medular que no debe perderse de vista: el sector privado no actúa en abstracto. Como recordó la dirigencia empresarial, detrás de la actividad productiva están los pequeños negocios, los jóvenes emprendedores, los agricultores, los industriales, los comerciantes y los profesionales que dinamizan la economía real. Esa afirmación introduce una idea central para cualquier visión moderna de desarrollo: la empresa no es solo una unidad de rentabilidad, sino también un vehículo de movilidad social, innovación y generación de oportunidades. Por eso, promover un entorno favorable para la libre iniciativa, dentro de reglas claras e instituciones sólidas, forma parte de una arquitectura democrática orientada al progreso.
Del mismo modo, el llamado a construir consensos nacionales merece una lectura estratégica. Las economías que logran saltos cualitativos no lo hacen únicamente por acumulación de capital o apertura comercial, sino por la existencia de acuerdos básicos entre Estado, sector privado y sociedad. La experiencia comparada demuestra que el desarrollo duradero necesita continuidad, coordinación y confianza entre actores. Cuando el debate público se concentra en lo esencial —educación, productividad, institucionalidad, innovación, formalización y competitividad— se crean mejores condiciones para avanzar sin que cada coyuntura interrumpa el horizonte nacional.
La República Dominicana parece estar ante una oportunidad que no debe desperdiciar. La confianza internacional, el interés inversor, el posicionamiento logístico y la resiliencia de su tejido productivo son activos importantes, pero su verdadero valor radica en la capacidad de traducirlos en bienestar tangible, empleos de calidad, mayor formalidad y crecimiento más inclusivo. El reconocimiento del empresariado, por tanto, no debe leerse solo como un respaldo coyuntural, sino como un recordatorio de que el país dispone de bases reales para consolidar su ascenso, siempre que mantenga el rumbo de la institucionalidad, el diálogo y la visión estratégica.
#GuasábaraEditor
Conep reconoce acciones del Gobierno para fortalecer el crecimiento económico y atracción de inversiones
Destacó, además, la confianza internacional y los avances alcanzados por la República Dominicana en áreas estratégicas.
Conep reconoce acciones del Gobierno para fortalecer el crecimiento económico y atracción de inversiones
27 de Mayo 2026 | 14:26 | Institucionalidad

Santo Domingo.– El presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), Celso Juan Marranzini, destacó este miércoles los avances que ha consolidado la República Dominicana en áreas estratégicas como manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera, al tiempo que reconoció los esfuerzos del gobierno del presidente Luis Abinader para continuar fortaleciendo la competitividad nacional y la relación estratégica con los Estados Unidos.
Durante su intervención, Marranzini afirmó que el país ha logrado posicionarse de manera diferenciada en América Latina gracias a su estabilidad, diversificación económica, capacidad productiva y confianza internacional.
Marranzini habló en estos términos en el marco de la celebración del 63. ° aniversario del Conep y el Día Nacional de la Empresa Privada, que contó con la participación del presidente Luis Abinader y del conferencista internacional Ian Bremmer, presidente y fundador de Eurasia Group, quien analizó las tendencias que están redefiniendo el orden internacional y sus implicaciones para países como la República Dominicana.
“Pero antes de mirar hacia afuera, conviene reconocer lo que la República Dominicana ha sido capaz de consolidar desde hace décadas. Lo vemos en nuestra manufactura, en exportaciones cada vez más diversificadas, en una infraestructura logística que nos conecta con el mundo, en una matriz energética más moderna y en niveles históricos de inversión extranjera que reflejan la confianza internacional en nuestro país”, manifestó Marranzini.
Asimismo, sostuvo que mientras gran parte de América Latina enfrenta una etapa de bajo crecimiento, la República Dominicana continúa destacándose por su capacidad de generar confianza y crecimiento sostenido.

“Y al observar esos avances, debemos reconocer que mientras América Latina enfrenta una trampa de bajo crecimiento marcada por el estancamiento de su productividad, el mundo sigue mirando a la República Dominicana de una manera distinta. Y eso no ocurre por casualidad. Ocurre porque el país ha logrado construir estabilidad, diversificación económica, capacidad productiva y confianza”, expresó.
El presidente del Conep indicó además que organismos internacionales como el Harvard Growth Lab proyectan a la República Dominicana entre las economías con mayor potencial de crecimiento de capital per cápita durante la próxima década, siendo la única nación de América Latina y el Caribe incluida en ese grupo.
En ese sentido, reconoció los esfuerzos que ha venido realizando el gobierno del presidente Luis Abinader para seguir fortaleciendo la relación estratégica con los Estados Unidos, principal socio comercial del país, y aprovechar las oportunidades que surgen de la reorganización de las cadenas globales de suministro y del crecimiento de industrias como dispositivos médicos, manufactura especializada y servicios tecnológicos.
Marranzini afirmó que el sector privado ha sido un actor fundamental en la transformación económica, institucional y social de la República Dominicana desde la fundación del gremio hace 63 años y agregó que no es un grupo aislado de la sociedad, sino que representa a millones de dominicanos que trabajan, emprenden, innovan y generan oportunidades para el desarrollo del país.
Indicó que el sector privado está conformado por pequeños negocios, jóvenes emprendedores, agricultores, industriales, comerciantes y profesionales independientes que, en conjunto, generan el 85 % del producto interno bruto (PIB), el 90 % de las inversiones y el 86 % de los empleos de la República Dominicana.
Asimismo, sostuvo que la libre empresa representa el derecho de cada ciudadano a transformar su esfuerzo en progreso y aseguró que el Conep nació precisamente para defender esa libertad y promover una sociedad democrática, abierta e institucional.
Marranzini consideró necesario impulsar reformas orientadas a mejorar la competitividad nacional, incluyendo el fortalecimiento de la educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, así como enfrentar desafíos estructurales relacionados con la informalidad, el sistema eléctrico y el ordenamiento territorial. “Y justamente por eso, iniciativas como la Estrategia Nacional de Desarrollo y Meta-RD 2036 adquieren tanta relevancia”, indicó.
Finalmente, el presidente del Conep expresó que el principal activo de la República Dominicana es su gente, a la que definió como una población joven, trabajadora, resiliente y con gran capacidad de aprendizaje, al tiempo que llamó a construir consensos nacionales que permitan al país convertirse en una de las economías más dinámicas y prósperas de América Latina.

Oportunidades para todos los ciudadanos
El vicepresidente ejecutivo del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), César Dargam, aseguró que el futuro de la República Dominicana debe seguir construyéndose sobre la esperanza, la confianza y la capacidad de generar oportunidades para todos los ciudadanos.
Aseguró que el desarrollo del país ha sido posible gracias a generaciones que apostaron por el crecimiento nacional y mantuvieron la fe en el futuro. “La República Dominicana moderna no nació por accidente, sino que fue construida por generaciones que decidieron creer, invertir, arriesgar y apostar por un país que todavía estaba en construcción”, expresó.
Dargam afirmó que promover la iniciativa privada y la libertad de empresa no significa defender intereses particulares, sino impulsar oportunidades capaces de transformar vidas y reiteró que los países que han logrado dar el salto al desarrollo no lo han hecho mediante la confrontación entre sectores, sino a través de acuerdos nacionales, visión compartida, instituciones que funcionan y una sociedad capaz de coincidir en lo esencial, incluso en medio de sus diferencias.
El vicepresidente ejecutivo del Conep aseguró que la República Dominicana ha demostrado en distintas etapas de su historia su capacidad de avanzar cuando apuesta por sí misma. “Cuando una sociedad logra multiplicar esa convicción millones de veces, entonces comienza a transformar su realidad y construir un mejor futuro para todos”.
En la actividad acompañaron al presidente, los presidentes, del Senado, Ricardo de los Santos; de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco; los ministros de Relaciones Exteriores, Roberto Álvarez; de Trabajo, Eddy Olivares; de Educación, Luis Miguel De Camps; de Industria, Comercio y Mipymes, Eduardo Sanz Lovatón; de Vivienda, Hábitat y Edificaciones, Víctor “Ito” Bisonó; de Cultura, Roberto Ángel Salcedo; de Agricultura, Oliverio Espaillat; de Administración Pública, Sigmund Freund; de Energía y Minas, Joel Santos, y de Justicia, Antoliano Peralta, entre otros.
https://presidencia.gob.do/noticias/conep-reconoce-acciones-del-gobierno-para-fortalecer-el-crecimiento-economico-y-atraccion
000000
Felicito al @CONEP_RD por la celebración del Día Nacional de la Empresa Privada y sus 63 años impulsando el fortalecimiento del sector productivo dominicano y el diálogo nacional.
— Yayo (@SanzLovaton) May 27, 2026
Agradezco la invitación a este importante encuentro y reconozco el liderazgo de @cesardargam,… pic.twitter.com/T7RE82CH9z
EDITORIAL
Institucionalidad, competitividad y confianza: señales de una economía que busca consolidarse
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
El reconocimiento expresado por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) sobre los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa una realidad que merece ser observada con rigor: el país continúa proyectándose como una de las economías más dinámicas del entorno regional. En un contexto latinoamericano marcado por bajo crecimiento, rezagos de productividad e incertidumbre internacional, que el sector empresarial destaque la estabilidad, la diversificación y la confianza como activos nacionales no es un dato menor, sino una señal de madurez institucional y de capacidad de adaptación económica.
Más allá del valor simbólico del pronunciamiento, lo relevante es el fondo. Cuando el empresariado reconoce mejoras en áreas estratégicas, está validando condiciones que inciden directamente sobre la decisión de invertir, expandirse y generar empleo. La competitividad de una nación no depende únicamente de sus indicadores macroeconómicos, sino de la articulación entre infraestructura, seguridad jurídica, capacidad logística, disponibilidad energética, capital humano y visión de largo plazo. En ese sentido, la República Dominicana ha venido construyendo una narrativa de confiabilidad que, bien administrada, puede traducirse en mayores oportunidades productivas y en una inserción más inteligente dentro de las cadenas globales de valor.
El énfasis de CONEP en la relación estratégica con los Estados Unidos también refleja una comprensión acertada del momento internacional. La reorganización del comercio global, el rediseño de las cadenas de suministro y la búsqueda de destinos más cercanos, estables y eficientes para la inversión están abriendo espacios concretos para economías como la dominicana. Sectores como dispositivos médicos, manufactura especializada, logística, agroindustria avanzada y servicios tecnológicos pueden encontrar en este nuevo escenario una plataforma de expansión, siempre que el país continúe fortaleciendo sus condiciones estructurales y su capacidad para responder con rapidez a la demanda internacional.
Sin embargo, ningún reconocimiento debe conducir a la autocomplacencia. El propio planteamiento empresarial identifica desafíos que siguen siendo determinantes: la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de elevar la calidad de la educación, especialmente en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, el país exhibe fortalezas evidentes, pero su sostenibilidad dependerá de la capacidad de transformar esas ventajas en una agenda de reformas continuas. Crecer no basta; también es necesario elevar productividad, reducir brechas, fortalecer instituciones y ampliar el acceso de más ciudadanos a los beneficios del desarrollo.
Hay otro punto medular que no debe perderse de vista: el sector privado no actúa en abstracto. Como recordó la dirigencia empresarial, detrás de la actividad productiva están los pequeños negocios, los jóvenes emprendedores, los agricultores, los industriales, los comerciantes y los profesionales que dinamizan la economía real. Esa afirmación introduce una idea central para cualquier visión moderna de desarrollo: la empresa no es solo una unidad de rentabilidad, sino también un vehículo de movilidad social, innovación y generación de oportunidades. Por eso, promover un entorno favorable para la libre iniciativa, dentro de reglas claras e instituciones sólidas, forma parte de una arquitectura democrática orientada al progreso.
Del mismo modo, el llamado a construir consensos nacionales merece una lectura estratégica. Las economías que logran saltos cualitativos no lo hacen únicamente por acumulación de capital o apertura comercial, sino por la existencia de acuerdos básicos entre Estado, sector privado y sociedad. La experiencia comparada demuestra que el desarrollo duradero necesita continuidad, coordinación y confianza entre actores. Cuando el debate público se concentra en lo esencial —educación, productividad, institucionalidad, innovación, formalización y competitividad— se crean mejores condiciones para avanzar sin que cada coyuntura interrumpa el horizonte nacional.
La República Dominicana parece estar ante una oportunidad que no debe desperdiciar. La confianza internacional, el interés inversor, el posicionamiento logístico y la resiliencia de su tejido productivo son activos importantes, pero su verdadero valor radica en la capacidad de traducirlos en bienestar tangible, empleos de calidad, mayor formalidad y crecimiento más inclusivo. El reconocimiento del empresariado, por tanto, no debe leerse solo como un respaldo coyuntural, sino como un recordatorio de que el país dispone de bases reales para consolidar su ascenso, siempre que mantenga el rumbo de la institucionalidad, el diálogo y la visión estratégica.
#GuasábaraEditor
OPINIÓN | Confianza que se construye, competitividad que se sostiene
El reconocimiento del sector empresarial a los avances de la República Dominicana en manufactura, exportaciones, logística, energía, turismo e inversión extranjera invita a una reflexión más amplia: el desarrollo duradero no depende de consignas, sino de instituciones estables, acuerdos nacionales, productividad creciente y una visión compartida de futuro.
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
La intervención del presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), Celso Juan Marranzini, en el marco del 63.º aniversario de esa organización y del Día Nacional de la Empresa Privada, no debe leerse únicamente como una valoración coyuntural de la economía dominicana. Debe asumirse, más bien, como una señal de que el país ha logrado consolidar ciertas bases que hoy le permiten ser observado con interés en una región donde el crecimiento se ha vuelto más lento, la productividad más débil y la incertidumbre más persistente. El señalamiento de avances en manufactura, exportaciones, infraestructura logística, energía, turismo e inversión extranjera coloca sobre la mesa un hecho significativo: la República Dominicana ha construido un perfil económico más robusto, diversificado y visible en el escenario regional.
Esa percepción no surge por casualidad. Cuando el liderazgo empresarial habla de estabilidad, capacidad productiva, diversificación y confianza internacional, está identificando elementos que, en la práctica, son decisivos para atraer inversión, sostener empleo y ampliar oportunidades. En economías pequeñas y abiertas como la dominicana, la credibilidad es un activo tan importante como la infraestructura o el capital. Un país puede tener ubicación estratégica, acceso preferencial a mercados o una demografía favorable, pero si no ofrece previsibilidad, normas claras y capacidad de ejecución, esas ventajas se diluyen. Por eso, la confianza no debe entenderse como una abstracción retórica, sino como el resultado de años de acumulación institucional, de aprendizaje económico y de coordinación entre actores que comprenden que el desarrollo no se decreta: se construye.
El contexto internacional refuerza aún más la importancia de esa lectura. En su discurso, Marranzini vinculó el posicionamiento dominicano con las transformaciones que atraviesa la economía global, desde la reorganización de las cadenas de suministro hasta el auge de nuevas industrias y la creciente competencia por atraer capital productivo. También participaron en la actividad el presidente Luis Abinader e Ian Bremmer, fundador de Eurasia Group, en una señal de que el debate económico nacional ya no puede separarse del entorno geopolítico que redefine mercados, alianzas y prioridades productivas. La República Dominicana no compite solo con sus vecinos; compite con todos los destinos que hoy intentan mostrarse como plazas seguras, eficientes y estratégicas para producir, exportar e innovar. En ese tablero, la ventaja no se obtiene únicamente por costo, sino por confianza, agilidad y capacidad para anticipar el cambio.
En ese sentido, resulta especialmente revelador que se destaque al país como una economía observada con interés por centros de análisis internacionales. El Harvard Growth Lab proyecta a la República Dominicana entre las economías con mayor potencial de crecimiento del PIB real y del ingreso per cápita en la próxima década, al punto de ubicarla como la única nación de América Latina y el Caribe dentro de los primeros lugares del ranking global de crecimiento per cápita para el período 2024-2034. Esa proyección, difundida por distintos medios y sustentada en el Atlas of Economic Complexity, no constituye una garantía automática de éxito, pero sí valida que el país dispone de capacidades productivas y de una base económica diversificada que pueden sostener un desempeño superior al promedio regional.
Ahora bien, toda buena noticia económica debe ser leída con sentido de realidad. Si algo muestran las experiencias internacionales es que el crecimiento proyectado puede frustrarse cuando no se enfrenta a tiempo aquello que limita la productividad. Y justamente ahí reside uno de los puntos más valiosos del mensaje empresarial: no hubo complacencia. Junto al reconocimiento de avances, también se señalaron desafíos estructurales como la informalidad, el sistema eléctrico, el ordenamiento territorial y la necesidad de fortalecer la educación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Es decir, se valoró lo alcanzado, pero sin perder de vista que la sostenibilidad del progreso dependerá de la capacidad de corregir debilidades históricas que todavía restringen la competitividad nacional y limitan la incorporación de más ciudadanos a la economía formal.
Esa combinación entre reconocimiento y exigencia debería asumirse como una actitud saludable para el debate público. A veces, los países se estancan no porque les falte potencial, sino porque sustituyen la planificación por la improvisación o el consenso por la confrontación. El vicepresidente ejecutivo del CONEP, César Dargam, insistió en que el desarrollo dominicano ha sido posible porque distintas generaciones decidieron creer, invertir, arriesgar y apostar por un país aún en construcción, y subrayó que los grandes saltos al desarrollo no se logran desde la confrontación entre sectores, sino desde acuerdos nacionales, visión compartida e instituciones que funcionen. Esa idea merece ser resaltada: el progreso durable exige cooperación social, no uniformidad ideológica; exige reglas, continuidad y prioridades comunes, aunque existan diferencias legítimas en el debate.
Hay, además, un aspecto que conviene subrayar con énfasis: el sector privado no es una realidad abstracta ni una consigna de élites. Cuando se afirma que su composición incluye pequeños negocios, jóvenes emprendedores, agricultores, industriales, comerciantes y profesionales independientes, y que en conjunto genera la mayor parte del PIB, de la inversión y del empleo, se está recordando que el tejido productivo es, en realidad, una expresión concreta de la sociedad trabajando. Marranzini afirmó que el sector privado representa el 85 % del PIB, el 90 % de las inversiones y el 86 % de los empleos del país. Más allá de la cifra puntual, el mensaje de fondo es claro: la defensa de un entorno propicio para producir, emprender e innovar no debe verse como un interés sectorial aislado, sino como una condición necesaria para multiplicar oportunidades en toda la estructura social.
Desde esa perspectiva, el concepto de institucionalidad adquiere una dimensión mucho más concreta. No se trata solo de respetar leyes o mantener formas administrativas; se trata de crear condiciones estables para que la inversión llegue, el talento se forme, la innovación se expanda y la productividad mejore. Un país institucionalmente confiable es aquel en el que los proyectos avanzan con reglas claras, donde las políticas sobreviven a los ciclos, donde el capital humano encuentra caminos de ascenso y donde el Estado y el sector productivo pueden dialogar sin sospechas permanentes. Esa es, probablemente, una de las claves del momento dominicano: entender que la competitividad no nace solo en el mercado, sino también en la calidad de las instituciones que organizan la vida económica y en la seriedad con que se ejecutan las prioridades nacionales.
La República Dominicana parece estar ante una oportunidad histórica. Tiene sectores dinámicos, una ubicación estratégica, un empresariado que reconoce fortalezas pero también reclama reformas, y una sociedad que ha demostrado resiliencia y capacidad de trabajo. Sin embargo, ninguna oportunidad se convierte por sí sola en bienestar. Para que el crecimiento proyectado se transforme en progreso tangible, será indispensable traducir la confianza en empleos de calidad, la inversión en encadenamientos productivos, la modernización en inclusión y la estabilidad en movilidad social. Ahí radica el verdadero desafío nacional. No basta con ser vistos como una economía prometedora; hace falta consolidarse como una nación capaz de convertir esa promesa en prosperidad compartida, con visión de largo plazo, sentido institucional y la convicción de que el desarrollo, cuando se construye sobre acuerdos y productividad, deja de ser una aspiración para convertirse en destino.
Si desea, también puedo prepararle ahora una versión más periodística, una columna de 7 párrafos, o una adaptación para prensa digital y redes sociales.
sábado, 23 de mayo de 2026
Trump anuncia acuerdo inminente con Irán para abrir Ormuz
domingo, 17 de mayo de 2026
El golpe a Barakah: la guerra que se libra sobre la energía
miércoles, 13 de mayo de 2026
Donald Trump llegó a China para reunirse con Xi Jinping en medio de tensiones comerciales y la guerra contra Irán
Donald Trump llegó a China para reunirse con Xi Jinping en medio de tensiones comerciales y la guerra contra Irán
El mandatario republicano afirmó antes de partir desde Washington que mantendrá una “larga conversación” con el líder chino y adelantó que buscará que Beijing abra su mercado a las empresas estadounidenses
13 May, 2026 09:07 a. m. EST | Infobae
Donald Trump llegó a China para reunirse con Xi Jinpinghttps://t.co/hYivk8mvcz
— Orlando Díaz, Luis (@LuisOrlandoDia1) May 13, 2026
Donald Trump llegó a China para reunirse con Xi Jinping
La visita representa el primer viaje de un presidente estadounidense a China desde 2017, cuando el propio Trump visitó Beijing durante su primer mandato. El encuentro incluirá reuniones el jueves y viernes, además de ceremonias oficiales organizadas por las autoridades chinas.
Antes de abandonar la Casa Blanca, Trump se refirió al conflicto con Irán, aliado estratégico de Beijing. “Tendremos una larga conversación al respecto”, declaró ante periodistas. Sin embargo, poco después relativizó el tema y sostuvo: “Tenemos muchas cosas que discutir. Y no diría que Irán sea una de ellas”.
El mandatario estadounidense también aseguró que Washington no necesita asistencia china en el conflicto con Teherán. “No creo que necesitemos ayuda con Irán”, afirmó. Además, señaló que Xi había sido “relativamente bueno” respecto de la cuestión iraní.

La guerra contra Irán, iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, alteró la agenda diplomática de Washington y había obligado a Trump a postergar este viaje previsto originalmente para marzo. El conflicto también agravó las tensiones energéticas globales después del bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán, una vía clave para el transporte marítimo de petróleo y mercancías.
En ese escenario, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, pidió el martes a Pakistán que incremente sus esfuerzos de mediación entre Washington y Teherán. Según informó la prensa estatal china, Wang solicitó durante una conversación telefónica con el canciller paquistaní, Ishaq Dar, “intensificar” las gestiones diplomáticas entre estadounidenses e iraníes.
El jefe de la diplomacia china también reclamó cooperación para “abordar de manera adecuada las cuestiones relacionadas con la apertura del estrecho de Ormuz”, cuyo bloqueo afecta el suministro de energía y mercancías hacia China.
Además de la situación en Medio Oriente, Trump y Xi discutirán cuestiones vinculadas al comercio bilateral y la competencia tecnológica entre las dos mayores economías del mundo. Entre los temas previstos figuran los controles chinos sobre las exportaciones de tierras raras, la rivalidad en inteligencia artificial y la continuidad de la tregua arancelaria pactada en octubre durante la última reunión entre ambos líderes en Corea del Sur.
La prensa estatal china confirmó este miércoles que una nueva ronda de negociaciones comerciales entre Beijing y Washington ya comenzó oficialmente en Corea del Sur, aunque no brindó detalles sobre el contenido de las conversaciones.
Trump viajó acompañado por una delegación empresarial integrada por algunos de los principales ejecutivos estadounidenses. Entre ellos figuran Elon Musk, director ejecutivo de Tesla; Tim Cook, director ejecutivo de Apple; y Kelly Ortberg, titular de Boeing. Periodistas acreditados también observaron que Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, abordó el Air Force One durante una escala técnica en Alaska.
Antes de llegar a China, Trump publicó un mensaje en redes sociales en el que elogió a Xi y anticipó sus objetivos comerciales. “Le pediré al presidente Xi, un líder de extraordinaria distinción, que ‘abra’ China para que estas personas brillantes puedan hacer su magia y ayudar a llevar a la República Popular China a un nivel aún más alto”, escribió.
Otro asunto central será Taiwán. Trump confirmó esta semana que abordará con Xi las ventas de armas estadounidenses a la isla. “Voy a tener esa discusión con el presidente Xi”, señaló el mandatario.
China considera a Taiwán parte de su territorio y sostiene que la “reunificación” debe concretarse, aunque afirma priorizar una solución pacífica. Estados Unidos mantiene asistencia militar y apoyo político a la isla, gobernada de manera autónoma.
Trump también destacó su relación personal con Xi Jinping y afirmó que ese vínculo puede ayudar a evitar una escalada militar en torno a Taiwán. “Creo que estaremos bien. Tengo una muy buena relación con el presidente Xi. Él sabe que no quiero que eso ocurra”, declaró.
La cumbre se desarrollará en un momento complejo para ambas economías. En Estados Unidos, Trump enfrenta un aumento de la inflación vinculado al conflicto con Irán y una baja en los índices de popularidad. En China, el gobierno de Xi afronta un débil consumo interno y una prolongada crisis de deuda en el sector inmobiliario.
sábado, 9 de mayo de 2026
Trump podría recurrir al petróleo que se encuentra bajo las bases militares estadounidenses para aumentar su reserva estratégica.
Trump podría recurrir al petróleo que se encuentra bajo las bases militares estadounidenses para aumentar su reserva estratégica.
Por Tsvetana Paraskova - 9 de mayo de 2026, 6:00 p.m. CDT- La administración Trump está explorando formas "creativas" de reabastecer la Reserva Estratégica de Petróleo, incluyendo la posibilidad de perforar en busca de petróleo debajo de bases militares estadounidenses y terrenos federales.
- Las reservas estratégicas de petróleo han caído a 392 millones de barriles tras las liberaciones de emergencia vinculadas a la crisis de suministro mundial provocada por la guerra con Irán y la interrupción del estrecho de Ormuz.
- El aumento del precio del combustible sigue presionando a los consumidores, y los precios de la gasolina en Estados Unidos han superado los 4,50 dólares por galón por primera vez desde 2022, a pesar de la reciente bajada de los precios del petróleo crudo.

La administración Trump está buscando formas innovadoras de extraer más crudo de terrenos federales, ya que la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos (SPR, por sus siglas en inglés) se está agotando nuevamente debido a las liberaciones de emergencia de existencias en medio de la crisis de suministro mundial provocada por la guerra con Irán.
Una de estas nuevas y creativas maneras de rellenar la Reserva Estratégica de Petróleo podría ser la posible extracción de petróleo de terrenos en bases militares estadounidenses u otros emplazamientos del Departamento de Guerra, según informó esta semana a Bloomberg una fuente con conocimiento de información privada.
Por segunda vez en cuatro años, la Administración estadounidense está liberando barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) para ayudar a frenar el alza de los precios del petróleo. La liberación de 172 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo este año forma parte de la liberación global de 400 millones de barriles de reservas de emergencia coordinada por la Agencia Internacional de Energía (AIE).
Esto ha provocado que las reservas estratégicas de petróleo (SPR, por sus siglas en inglés) cayeran a 392 millones de barriles al 1 de mayo. Si bien esta cifra es superior al mínimo de 347 millones de barriles registrado en junio de 2023 durante el mandato del presidente Biden, aún se encuentra cerca de los niveles más bajos de reservas estratégicas desde la década de 1980.
En las liberaciones de reservas estratégicas de este año, la Administración de EE. UU. ha previsto reemplazar más de 172 millones de barriles con aproximadamente 200 millones de barriles en el transcurso del próximo año, un 20 % más de barriles de los que se extraerán.
Además de organizar la liberación de las reservas como un intercambio, en el que las empresas deberían devolver finalmente el crudo con intereses, la Administración Trump está considerando formas creativas de llenar la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR), incluyendo la posibilidad de utilizar crudo extraído de instalaciones militares estadounidenses.
La ventaja para la Administración es que será propietaria del petróleo crudo sin tener que comprarlo a empresas privadas.
La extracción de petróleo bajo bases militares no es algo inusual. Por ejemplo, la perforación petrolífera está permitida desde hace décadas en la base aérea de Barksdale, al este de Bossier City, en Luisiana.Relacionado: Irán incauta un petrolero sancionado en el Golfo de Omán.
En septiembre de 2025, la Oficina de Administración de Tierras (BLM) del Departamento del Interior vendió dos parcelas que sumaban un total de 1.922 acres dentro de la Base de la Fuerza Aérea de Barksdale.
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, ha insinuado en las últimas semanas que Estados Unidos podría considerar la posibilidad de extraer petróleo crudo de bases militares.
“Tenemos bases o instalaciones militares en medio de campos petrolíferos, pero no se desarrolla ninguna actividad en esas zonas; es una locura. Están ahí mismo”, declaró el secretario Wright en un evento reciente organizado por el Wall Street Journal.
“Veremos algunas soluciones creativas”, añadió el funcionario, señalando que la administración Trump busca “hacer cosas pragmáticas” con los recursos energéticos federales. Según el secretario de Energía, Estados Unidos necesita “formas creativas” de reabastecer la reserva.
Aunque la Administración decida perforar en busca de petróleo en bases militares, cualquier producción no afectaría a la Reserva Estratégica de Petróleo ni a los altos precios de la energía a corto plazo.
A pesar del desplome de los precios del petróleo a principios de esta semana, el precio medio de la gasolina en Estados Unidos alcanzó los 4,50 dólares por galón por primera vez desde julio de 2022, y continuó subiendo gradualmente en medio de la crisis de suministro mundial tras el cierre del estrecho de Ormuz.
Según informó la AAA el jueves, los conductores están experimentando otro fuerte aumento en los precios de la gasolina, ya que el promedio nacional del galón de gasolina regular subió 25 centavos por segunda semana consecutiva, alcanzando los $4.55. Los precios en las gasolineras son ahora $1.40 más altos que hace un año y han llegado a su nivel más alto desde 2022, cuando el promedio nacional alcanzó un máximo de $5.01 por galón.
“Mientras que los precios del petróleo crudo cayeron por debajo de los 100 dólares por barril en medio de las negociaciones en curso para reabrir el estrecho de Ormuz, los precios de la gasolina siguen enfrentándose a una presión al alza debido a las preocupaciones sobre el suministro mundial”, dijo la AAA.
Por Tsvetana Paraskova para Oilprice.com
https://oilprice.com/Energy/Crude-Oil/Trump-Could-Tap-Oil-under-US-Military-Bases-to-Top-Strategic-Reserve.html