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miércoles, 2 de abril de 2025

Manuel Núñez: declaración del presidente del Instituto Duartiano contradice legado de Duarte

Manuel Núñez: declaración del presidente del Instituto Duartiano contradice legado de Duarte
Marcha en El Hoyo de Friusa
El historiador Manuel Núñez calificó hoy de desafortunada la declaración   del nuevo presidente del Instituto Duartiano, Julio Manuel Rodríguez Grullón, por considerarla contraria al legado del padre fundador de la patria, Juan Pablo Duarte.
 El pasado fin de semana Rodríguez Grullón pidió a los dominicanos no ser antihhaitianos y  ser más tolerantes con esos extranjeros, ya que “estamos obligados a convivir  con esos nacionales en la República Dominicana”.
En tal sentido, el catedrático Núñez consideró que ese instituto más que ese postulado, debe trabajar para preservar, proteger, cuidar y difundir la obra del patricio, que junto a otros valientes logró la independencia de Haití en  1844.
Manuel Núñez, historiador.
“La obra esencial de Juan Pablo Duarte fue la independencia de   Haití, del flujo haitiano en el país, la independencia de su presencia cultural, de su presencia en el Gobierno, de su presencia social, de la ocupación de territorio y esa independencia no está contenida en la declaración desafortunada  presidente del Instituto Duartiano”, expuso.
Advirtió que en este momento los dominicanos no pueden “bajar la guardia” ante un proceso de violación a la soberanía nacional.
“Creo que lo expresado por Julio Manuel Rodríguez Grullón son ideas que se contraponen al ideario de Juan Pablo Duarte, quien  exhibió en su fundamento esencial: que entre dominicanos y haitianos no es posible la fusión”, externó Núñez al ser entrevistado sobre el particular por este reportero.
Incidentes en El Hoyo de Friusa generan críticas por represión de manifestantes antihaitianos
Sobre El Hoyo de Friusa, donde  reside una gran cantidad de indocumentados, Núñez afirmó que ahí  el Gobierno dominicano ha renunciado a actuar o estar presente.
Entiende que Friusa, ubicado en Bávaro, Punta Cana y  donde el domingo se realizó una marcha patriótica,  se puede definir con un lugar perdido de República Dominicana, pero que además, se ha convertido en un refugio de delincuentes haitianos que escapan de la justicia de su nación.
“Cuando a los manifestantes del domingo se les prohibió entrar a Mata Mosquito, la parte final de El Hoyo de Friusa, se demostró que el Gobierno le tiene miedo a esa población y no quiere ejercer la soberanía. Ahí hay puntos de droga y un régimen ajeno a la cultura nacional”, precisó.
400 asentamientos
Según Núñez, en el país existen unos 400 asentamientos de indocumentados haitianos, datos que asegura han sido ofrecidos por el ministerio de Interior y Policía.
 Dijo que esa realidad implica  una ruptura de la cohesión,  una fragmentación del país y una destrucción de la unidad nacional.
“Y eso, evidentemente es una renuncia a la aplicación de nuestras leyes y  al ejercicio de la soberanía que debe ser un ejercicio permanente y constante, sobre todo,  tratándose de un país como República Dominicana que nació encerrado en un mismo territorio insular con el país del cual se libertó”, subrayó.
 Núñez agregó  que la ruptura de ese equilibrio podría anular los resultados históricos obtenidos durante la independencia.
La paz
Al tomar juramento como presidente del Instituto Duartiano, Julio Manuel Rodríguez Grullón, expresó: “tenemos que buscar la manera de llevarnos bien con los haitianos  y en paz, la situación en Haití ahora está muy difícil para eso, lo que nosotros queremos es que Haití vuelva a la paz y podamos intercambiar con ellos”.
https://elnacional.com.do/critica-declaracion-del-instituto-duartiano/

sábado, 27 de junio de 2015

Manuel Núñez responde a Miguel D. Mena y se queja de foto publicó Acento

Por Servicios de Acento.com.do. 27 de junio de 2015 - 4:44 pm - 1 Comentario
Por la organización y la edición de las obras se le pagaron varios millones de pesos, incluyendo viajes y viáticos para conseguir algunos materiales, poquísimos desde luego, que dieran novedad a esta nueva edición de las obras completas, que habían sido ya publicadas en más de un 90%. .
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Foto: Acento.com.do/archivo/Doctor Manuel Núñez
SANTO DOMINGO, República Dominicana.-El Doctor Manuel Núñez respondió al Doctor Miguel D. Mena, quien criticó que se eligiera al primero para hablar sobre Pedro Henríquez Ureña en una actividad organizada por la Biblioteca Nacional.
En una carta enviada a la Redacción de Acento.com.do, el Doctor Núñez también se queja por la fotografía utilizada en la información sobre la carta de D. Mena al director de la Biblioteca Nacional, Diómedes Núñez Polanco.
A continuación la carta y luego una breve nota de la Redacción de Acento.co.do:
Santo Domingo, D. N.
27 de junio, 2015
Gustavo Olivo,
Acento.com.do
Muy distinguido amigo:
Sé, por el manejo que se hace en el despacho donde aparece una carta del señor Miguel D. Mena oponiéndose a una conferencia que debía dictar en la Biblioteca Nacional, que, probablemente, no sea santo de la devoción de ese periódico. El contraste fotográfico de la información presentada ilustra un procedimiento que empleaban los regímenes totalitarios, que es, el de presentar a una persona exaltada, tomada fuera del encuadre y otra serena, que simbolizaba la razón. Es una forma maniquea de representar la información, que me coloca en una posición pocos menos que caricaturesca. Es, por otra parte, un ejemplo extraordinario para ser empleado en las escuelas de periodismo de cómo destruir la imagen de A y exaltar la imagen de B. Perdóname, Gustavo, esta digresión de profesor . No juzgo, desde luego, la elección de la foto.
“En resumidas cuentas, el señor de Mena invoca la democracia de la cual era, ciertamente, partidario Henríquez Ureña, para suprimirla, para privarme ex profeso de sus beneficios”
En lo que respeta a la solicitud que le hace el escritor Miguel D. Mena al director de la Biblioteca Nacional para que desestime una conferencia que debería ser dictada por mí, me parece que resulta un verdadero despropósito. ¿Cómo puede invocarse los valores de la democracia para privar a una persona de su derecho a expresarse? ¿Por qué debería hallarme yo despojado de los derechos que él les reconoce a los otros en su carta? ¿Quién se ha creído este señor que es? Afortunadamente, no nos hallamos en una república propiedad de Miguel de Mena, en la cual yo no tendría derecho ni siquiera al aire que respiro. ¡Qué bueno que figuras tan esperpénticas no tengan el poder!
En resumidas cuentas, el señor de Mena invoca la democracia de la cual era, ciertamente, partidario Henríquez Ureña, para suprimirla, para privarme ex profeso de sus beneficios.
Durante la etapa de Clave Digital, el señor De Mena hizo un comentario en una gacetilla de corte brutalmente racista; proclamó que mis antepasados se habían comido a un alemán. A mí la verdad me pareció tan nauseabundo lo que escribió ese señor que, en esa ocasión, decidí callar.
Era un seguidor asiduo del extraordinario periodismo que ustedes desarrollaron. Un periodismo vigoroso, defensor de los intereses del pueblo dominicano, revelador del coraje y de la valentía, que, llegó en su etapa de gloria, a constituirse en lo que debe ser el auténtico periodismo: un contrapoder para que funcione la democracia. Por eso, apreciado Gustavo, me parece que asociarse a la privación de un derecho, no es digno de las credenciales que habían ganado ustedes, muy merecidamente, en la sociedad dominicana.
Buena es la ocasión para hacer sobre este aspecto algunas revelaciones. La edición de las obras completas de Pedro Henríquez Ureña se llegó a planificar en un almuerzo convocado por el entonces Ministro de Cultura, don José Rafael Lantigua, en el Restaurante El Vesubio. La comisión fue integrada por el historiador Frank Moya Pons, Soledad Álvarez, Andrés L. Mateo, Diógenes Céspedes y quien suscribe, Manuel Núñez. Hubo luego otras reuniones. Posteriormente, al Ministro le pareció que era preferible designar al señor Miguel D. Mena; el equipo fue despachado con cajas destempladas. Sus razones habrá tenido y hay, desde luego, que respetarlas. No creo, en ningún caso, que él considerase que este personaje fuera intelectualmente superior a los otros cinco.
Fue así como D. Miguel de Mena recibió el contrato de las obras completas de Pedro Henríquez Ureña. Por la organización y la edición de las obras se le pagaron varios millones de pesos, incluyendo viajes y viáticos para conseguir algunos materiales, poquísimos desde luego, que dieran novedad a esta nueva edición de las obras completas, que habían sido ya publicadas en más de un 90%. .
Yo trabaje en la edición anterior realizada durante la administración del poeta Tony Raful.  Con la llegada del nuevo Gobierno en el 2012 salieron los primeros siete volúmenes, y se le liquidaron los cuantiosos honorarios y la impresión de esas decenas de miles de libros costó como era de suponer una millonada. Posteriormente, una vez publicados los libros se llegó a la conclusión de que las obras entregadas por el señor de De Mena a las prensas se hallaban plagadas de errores y distorsiones, que constituían el mayor escarnio a la memoria de D. Pedro Henríquez Ureña.
No se había hecho el cuidado de edición, aun cuando se había pagado en constantes y sonantes pesos, y el nombre de Henríquez Ureña quedaba bastante desmadrado con estos libros. Entonces el Ministerio de Cultura mandó a recoger la edición para triturarla completamente.   Miles de libros, se perdió una millonada. Yo, desde luego, conservo los ejemplares de ese adefesio. Los hombres de hoy podrán celebrarle esos despilfarros a don Miguel de Mena en contra del país; la historia, por supuesto, no lo absolverá. Es triste, Gustavo, ver a un gran hombre manipulado por un fariseo.
En otra parte de su carta, el señor De Mena, mete sin que venga a cuento a Vincho Castillo. Se cree muy listo. Lo hace para apandillar al periódico y a sus directivos con intriguillas de baja estofa. Creo, Gustavo, que no debes dejar que Miguel D. Mena te elija a los enemigos. Desde los primeros Gobierno del Presidente Leonel Fernández el señor Miguel De Mena se desempeña como agregado cultural de la Embajada dominicana en Berlín ( Alemania), en gobiernos que fueron defendidos y apoyados por el vinchismo, y en los cuales fueron figuras fundamentales hasta hace muy pocos meses. Si tantos horrores le provocan estas personas, ¿dónde puso los escrúpulos en todo ese tiempo? Porque el cargo que disfrutaba y aun ostenta en Berlín, de algún modo, se lo debía a los combates que libraban los Castillo para mantener al Bloque Progresista en el poder. Fíjate, Gustavo, todo lo que ha llovido desde entonces. No sé si con estas comparaciones podrías hallarle un punto de coherencia a los charlatanes.
No voy a hacer el retrato del personaje, que ya lo hizo de manera insuperable don Andrés L. Mateo en una polémica que quedará para la historia, que se encuentra en las hemerotecas digitales. Esta correspondencia se halla, estrictamente, motivada en el derecho a la defensa de mi honor y en contra de los que abiertamente proclaman que desearían ponerme una mordaza.
Con la expresión de mi reconocimiento y amistad,
Manuel Núñez

Nota de la Redacción de Acento.com.do:
Estimado Manuel, siempre he valorado de ti que eres uno de nuestros intelectuales que se emplean a fondo en su labor. Produces y defiendes de manera frontal tus ideas. Lo que no se puede decir de muchos de nuestros intelectuales.
Respeto tus opiniones sobre el tratamiento que observaste en la noticia a que haces referencia. Viste cosas inexistentes en la selección de la fotografía. Se eligió una imagen tuya, de las que están en nuestros archivos fotográficos, sin mayor interés que el de ilustrar la historia.
Sabes que en Acento.com.do nunca se te ha censurado ni agredido. Te brindé este espacio como a muchos otros intelectuales amigos.
Aquí, como en otros medios donde he trabajado, participaste de entrevistas y debates (como el interesante intercambio que sostuviste con el Doctor Néstor E. Rodríguez), además de ver publicadas tus declaraciones sobre diversos temas de interés público.
Dejaste de enviarnos artículos por tu propia decisión, y no porque se te censurara ni objetara. Esta misma semana nuestro articulista Damián Arias Matos, escribió de forma muy elogiosa sobre tu tesis expuesta en tu ensayo El ocaso de la nación dominicana. (Por cierto, que años atrás te defendí cuando se objetó que se te entregara un premio por esa obra. Otros alegaban que se trataba de un libro viejo. Pero en tu favor siempre argumenté que era un nuevo ensayo, corregido y notablemente aumentado y enriquecido con abundante documentación).
Si tú no fueras, como dices, “santo de la devoción” de este medio, habríamos objetado el artículo de Damián Arias.
No perseguimos a nadie por diferir de nuestros puntos de vista. Expresamos los nuestros y no cedemos en ese derecho, pero respetando a quienes disienten, siempre que no se incurra en las mentiras o en las imputaciones difamatorias o expresiones injuriosas.
La diversidad que brinda muestra sección de opinión (que incluye desde cristianos confesionales hasta ateos y anticlericales; desde derechistas hasta izquierdistas radicales; desde homofóbicos hasta activistas pro derechos LGTB) así lo confirma.
Con el afecto de siempre,
Gustavo Olivo Peña
http://acento.com.do/2015/cultura/8261926-manuel-nunez-responde-a-miguel-d-mena-y-se-queja-de-foto-publico-acento/
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jueves, 28 de mayo de 2015

OPINION: La destrucción de la soberanía nacional | Por: MANUEL NUÑEZ ASENCIO

OPINION: La destrucción de la soberanía nacionalOPINION: La destrucción de la soberanía nacional

  1. La soberanía no es una declaración vacía
Cada 27 de febrero, día de la Independencia y cada 16 de agosto, día de la Restauración de la Independencia, se conmemora la preponderancia de la soberanía nacional sobre la servidumbre o el dominio extranjero. Los tres  poderes del Estado– el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial– juran solemnemente  ante todas sus instituciones  y desde luego, ante el pueblo que  le ha otorgado esa representación  mediante el sufragio electoral, ser leales al ideario y al esfuerzo que emprendieron los hombres que pagaron con sus vidas la implantación de la soberanía nacional en el territorio dominicano.
Cuando un pueblo pierde su soberanía,  pierde su capacidad de autodeterminación, queda privado de su libertad.  Desde ese momento queda expuesto a la destrucción de su identidad, a la ruptura de su cohesión nacional.  Sin soberanía el Estado no puede llevar a cabo la felicidad de su población ni tener  el control del porvenir. La soberanía—tal como la definía magistralmente Jean Bodín— es  consubstancial a la existencia del Estado. Sin ella, el Estado se convierte en un cuerpo vacío. Cuatro son los elementos fundamentales de la soberanía, según Bodin: la moneda,  la ley, la impartición de Justicia y las posibilidades de declarar la guerra o la paz. Toda la vida del Estado se halla organizada por la Constitución, norma fundamental, que define la independencia del Estado  y el ejercicio territorial e internacional de la soberanía dominicana.
El Estado dominicano no se halla sujeto a ninguna tutela internacional. No reconoce competencias en su territorio de otros Estados ni de organismos supranacionales. Ninguno de los tratados y las convenciones refrendadas por el Estado dominicano se ha propuesto transferirle competencias a otros Estados u organismos supra nacionales que impliquen el desmantelamiento de su independencia ni la supresión de las competencias de los poderes del Estado ni el secuestro de sus atributos.
La soberanía nacional no es, pues,  una abstracción ni una declaración vacía. Es lo que legitima el ejercicio de los poderes del Estado.
En el caso dominicano, la soberanía no es una realidad adquirida de una vez por todas. Siempre ha estado amenazada por los vecinos. Estos, al independizarse de los franceses en 1804, nacieron como un Estado agresivo, e inscribieron en su primera Constitución de 1805 que el territorio de los dominicanos pertenecía  al Imperio de Haití (art.18). Circunstancia que sólo desapareció en 1874, fecha en que Haiti  reconoce finalmente al Estado dominicano.  Pocos pueblos de América han peleado tanto por su libertad.  Luchando por su libertad,  los dominicanos  le hicieron la guerra a los franceses, que gobernaban nuestro territorio  desde 1802 en nombre del Tratado de Basilea (1795)  y los vencieron en la batalla de Palo Hincado (1809). Vencieron a los haitianos en una guerra larga  de doce años  (1844-1856) contra un enemigo avieso, omnipresente y hostil. Vencieron a la España anacrónica del general  O´Donnell  y de la reina Isabel Segunda, que quisieron reconstruir con nuestra incorporación, la grandeza de un Imperio que ya se había desmoronado.  En el  1916, cuando el país fue ocupado por el ejército de Estados Unidos,  el espíritu y la dignidad del país lo representaron los gavilleros, Ramón Natera y Juan Evangelista. En ese punto  y hora, desapareció el Estado dominicano,  la bandera de la cruz blanca dejó de ondear, y fue suplantada en todos los pabellones por la bandera de las barras y las estrellas. En esos momentos,  cuando el genio revuelto, caprichoso y anárquico  de Desiderio Arias puso los pies en polvorosa, un dominicano absolutamente inolvidable, decidió morir combatiendo a los yanquis  en La Barranquita. Se llamaba Máximo Cabral. El sacrificio de  ese hombre junto a un puñado de valientes es el mayor homenaje a la soberanía nacional.
El esfuerzo de todas las generaciones pasadas por legarnos una patria independiente y soberana ha comenzado a ser demolido. Nunca antes en los 171 años de Independencia, todos los elementos de la soberanía había entrado en barrena, en caída libre, despedazados por las maniobras del poder extranjero, por el abandono y la servidumbre a ese poder  por parte de los dirigentes del Estado y por haber perdido el control de sus fronteras, y haber abandonado la defensa de su Constitución  y sus leyes,  y por la incapacidad para decidir el porvenir de la nación.
Combatimos a un enemigo brutal e invisible, encarnado en un conciliábulo de fuerzas,  que tiene  como objetivo central destruir a la nación dominicana, su unidad, su identidad, su cohesión, su Constitución, su historia, el fundamento mismo de su Independencia y  la capacidad para preservar todas sus conquistas sociales.
  1. Los factores de la destrucción
Los pilares de la soberanía son derribados como  las columnas de un templo sagrado. Los grandes  líderes que dominaron  con su influjo extraordinario toda la vida del siglo XX, Juan Bosch y Joaquín Balaguer, vivieron la desaparición del Estado dominicano en 1916 como si se tratase de una gran tragedia histórica.  En vista de ello, ambos rechazaron el endeudamiento improductivo de las presidencias de Buenaventura Báez y del dictador Ulises Heureaux  que nos habían llevado primero a la tutela internacional y finalmente a la pérdida de la independencia y  a la desaparición del Estado. ¿Por qué  esos presidentes traicionaron a la nación? Su falta de patriotismo, su falta de confianza en el país,  su voluntad  manifiesta de entregarle la responsabilidad de dirigir el país a manos extranjeras, su compromiso con la corrupción, con el enriquecimiento personal y su irresponsabilidad ante el legado histórico que el pueblo dominicano había colocado en sus manos. Todo eso nos llevo a la ruina.
Las circunstancias que hoy vive el pueblo dominicano son radicalmente distintas. Todos los factores de la desintegración  de la soberanía se han  desplegado en el terreno de una guerra que se libra al mismo tiempo en todos los frentes  como si la destrucción fuera nuestro destino.
  • El primer factor es la suplantación de la población dominicana. La disolución de la unidad del pueblo dominicano a consecuencia de un desplazamiento masivo de la población haitiana a nuestro territorio. Circunstancia que, a su vez, supone la desnacionalización del empleo; la destrucción de todas nuestras conquistas sociales. Los cambios demográficos son el mayor ataque a la integridad y a la identidad de una nación y a  la supervivencia de su cultura. El Gobierno ha contribuido con esa implantación: ha prohibido por dos años plenos las deportaciones (decreto 250/14 y decreto 327/13); le ha otorgado por Ley la nacionalidad a los descendientes de los inmigrantes no residentes Ley 169/14.-
  • El segundo factor es la desaparición de la la frontera que ha hecho que los parques nacionales, los bosques dominicanos sean ocupados por poblaciones haitianas que han decidido satisfacer  sus demandas extraordinarios de recursos forestales   de más seis millones de metros cúbicos de madera por año en el territorio dominicano. Estamos, pues,  ante el desarrollo de dos proyectos de sociedad. 1)  El que funda la supervivencia de Haití en la explotación sin piedad de la República Dominicana;  y 2)  el que representa el camino de la Independencia de esos factores nefastos que emprendimos a partir del 27 de febrero de 1844. Entre  los  dos proyectos no hay conciliación. O somos soberanos e independientes, y salvamos el territorio nacional de la depredación, de la ocupación ilegal y de la desnacionalización, o permitimos que todas las fuerzas que conspiran contra la soberanía terminen arruinando definitivamente el legado histórico que recibimos con la proclamación del Estado dominicano.
  • El tercer factor es la destrucción de nuestra autodeterminación. Es la incapacidad para ejercer el gobierno propio que opere en función de los intereses del pueblo dominicano. Cuando el propio Estado dominicano, representado por su gobierno legítimo, le niega a la nación el ejercicio de su soberanía, encarnada en el referéndum, cuando suspende indebidamente la aplicación de sus leyes de Migración, cuando impone una ley que cambia el régimen de ciudadanía, sin consultar al pueblo como establece la propia Constitución, cuando le traspasa el derecho soberano a poblaciones extranjeras, y construye la base de la destrucción de su unidad nacional se autodestruye el ejercicio de la soberanía.
  • El cuarto es la debilidad en el status del reconocimiento internacional del Estado dominicano. Nos enfrentamos hoy a una política de demolición y de acoso internacional, que tuvo como objetivo hacer depender la aplicación de nuestra Constitución de tribunales extranjeros; interferir en lo que es el dominio reservado del Estado, con presiones procedentes de los burócratas de la Unión Europea,  del Secretario General  de la ONU, Ban Ki Moom, y de todas las ONG que tratan de resolver la tragedia de la  inviabilidad de Haití a expensas de la República Dominicana. El objetivo de todas esas presiones es privarnos de la capacidad de decidir, con arreglo a la Constitución y a las leyes.
En resumidas cuentas: todas esas argucias quieren vaciar la soberanía nacional de su contenido. Hemos abandonado uno a uno los factores de la soberanía: población, territorio, gobierno y representación internacional del Estado. La soberanía es inseparable de la libertad., excluye la subordinación y la sumisión a obligaciones extrañas al su historia y su existencia. La soberanía no se divide, no se comparte ni se limita. Cuando el Estado es incapaz de aplicar sus leyes y por el contrario, le declara la guerra abierta a la Constitución; cuando se propone, motu proprio, disolver la autoridad y la autodeterminación en un mecanismo de negociaciones, renunciando a ese ejercicio por el cual lucharon tantos hombres y mujeres dominicanos, cuando permite que se viole el espacio sagrado de su territorio, que se suplante a su pueblo en el Registro Civil, que se pisoteen sus derechos en el concierto de las naciones  del mundo, nos hallamos ante la aniquilación de la soberanía.
Imaginemos que nos encontramos ante  el supremo tribunal de la historia.
El país no tiene política de  empleo. Porque ha permitido que los empleos sean devorados por la inmigración ilegal en todas las áreas. No tiene política migratoria. Porque ha hecho posible que el territorio se halle plenamente ocupado de ilegales, como si las fronteras fuesen inexistentes. No tiene política sanitaria ni educativa ni de transporte porque todas esas conquistas han sido devoradas, consumidas y desarticuladas por unas circunstancias, que se han impuesto  contra la comunidad de destino que constituimos los dominicanos. Todo eso se ha hecho,  sin contar con el pueblo . Y,  particularmente,  operando contra su propia existencia.
La soberanía nacional pertenece al pueblo dominicano que la ejerce mediante  unos representantes electos en el sufragio y mediante los mecanismos de la democracia directa que son el referéndum  y las iniciativas populares. La soberanía  nos lleva a romper con el fatalismo, con la impotencia, con el conformismo. Es el ejercicio de autodeterminación de la nación.
La historia como una tragedia se repite. La falta de compromiso  con la nación, con la soberanía del pueblo en los hombres que nos gobernaron en el siglo XIX nos condujo primero a un endeudamiento improductivo y finalmente a la pérdida de la soberanía.  El pasado vuelve a ensañarse con nosotros. En nombre de una supuesta defensa de los derechos humanos de los haitianos no puede destrozarse a la República Dominicana; en nombre de los extranjeros no pueden sepultarse los derechos de los nacionales;  devolverle la dignidad a un pueblo no debería implicar hacer desaparecer a otro pueblo. Nosotros tenemos derecho a existir, libres e independientes de las circunstancias trágicas de nuestros vecinos.
http://almomento.net/opinion-la-destruccion-de-la-soberania-nacional/102578 
* EL AUTOR es historiógrafo, poeta y profesor universitario. Reside en Santo Domingo.

lunes, 9 de marzo de 2015

Historiador: RD no debe seguir cediendo ante los haitianos

Por 
info[@]hoy.com.do 
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Historiador Manuel Núñez, presidente de la Red Nacional por la Soberanía. Archivo.
“Cuando cedemos ante  los haitianos ellos entienden que no tenemos la valentía para defender la soberanía dominicana, exigen aún más y se envalentonan”.
El planteamiento lo hizo este domingo el historiador Manuel Núñez, tras destacar que la política de bajarse los pantalones¨ y de ceder continuamente ante los haitianos no es adecuada al interés del Estado dominicano ni tampoco al interés de las relaciones internacionales entre estados soberanos.
Entrevistado en el programa Toque Final, que cada domingo conduce el periodista Julio Martínez Pozo, por Antena Latina, canal 7, el profesor Núñez calificó de ¨insultante¨ el comunicado de la Comunidad del Caribe (CARICOM), donde expresa “seria preocupación” por las dificultades que enfrentan las personas de ascendencia haitiana en República Dominicana.
“Es un comunicado insultante para esta República que es amistosa con todos los países. En el comunicado ha habido la intención de inmiscuirse en los asuntos internos de este Estado, Haití ha denunciado a la República Dominicana como un país racista, se ha estado apoyando en políticas de la negritud para que esos países conviertan su petición en una política de CARICOM. Eso es lo que ha desatado el documento tan desafortunado”, expresó.
A su entender, esa organización trata a la República Dominicana con una extrema desigualdad, porque los países miembros,  entre ellos Bahamas y Jamaica, tienen un programa de repatriación de haitianos ilegales, mientras que RD no tiene derecho a repatriarlos según los miembros de CARICOM, ¨lo que es bueno para ellos debería resultar malo para nosotros,  es una ley del embudo que va en contra de las relaciones entre los estados¨.
En cuanto a la medida tomada por el Gobierno dominicano de cerrar todos sus consulados en Haití, dijo que es una decisión sensata porque el Estado no puede permitir que nuestros diplomáticos sean linchados en la calle, pues la multitud que irrumpió el territorio dominicano en Haití pudo haber provocado un incidente mayor y  con un peor desenlace.
Entiende que ese hecho constituye una política de agresión no solo por los grupos que los cometieron, apadrinados por las autoridades en contra de la RD, sino por el Gobierno del vecino país que todavía no ha sancionado a nadie por esos actos bochornosos, donde quemaron la bandera dominicana.
Afirmó que deben ser sancionados todos los atropellos a que Haití nos somete con su victimismo, ¨ellos se declaran como víctimas y a partir de ahí comienzan a agredir a RD¨.
Sostuvo que lo más adecuado es que la República  Dominicana aplique sus leyes, completar el proceso de Naturalización, y finalmente el que no se acoja a la ley debe someterse a lo que establece la Constitución.  
http://hoy.com.do/historiador-rd-no-debe-seguir-cediendo-ante-los-haitianos/