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viernes, 14 de octubre de 2016

Sigo pensando en Luis Días ahora que Bob Dylan es el Nobel Cielonaranja | Miguel D. Mena

Sigo pensando en Luis Días ahora que Bob Dylan es el Nobel

mmenaMiguel D. Mena - 13 de octubre de 2016 -


Sigo pensando en Luis Días ahora que Bob Dylan es el Nobel.
Dentro de esos “greatest hits” que todos tendremos, de repente sube uno de los discos y la aguja que los toca es como el lápiz que nos dicta los mejore sentimientos.
Pienso en Luis Días. Siempre lo hago. Le quito casi siempre lo del “Terror” para que el “luidía” sea una píldora sin necesidad de agua.
Ahora Luis emerge porque uno de sus ídolos estará en boca de medio mundo. Ya ustedes lo saben, mis lectores. Demás está decir “Bob Dylan”, “Premio Nobel”.
El tema que sube es el “Muchacha de pino verde”, aquello de que “jamás te pondría, muchacha de pino, porque a ti como a la mar…”
Son tantas las imágenes que se me agolpan que tengo que escribir borrasamente y no buscar un pañuelo.
Luis la cantaba en los 80 pero luego se resistió a seguir con esa lírica. Aun sin grabaciones, el tema era como la clave de que estuvimos en esos conciertos suyos y que cuando salíamos, el Días también estaba al sonar gente como Dylan.
Una vez escribí un texto sobre la importancia de incluir a Luis Días dentro de la literatura dominicana como poeta, porque eso era justamente lo que él hacía: poesía. Ahora que a Dylan le han dado el Premio Nobel de Literatura, recupero esto que escribí en el 2011 de un concierto suyo en Berlín.
Sigo pensando que en la recta final del siglo XX, Luis Días fue uno de los grandes poetas y que como tal debe asumírselo más allá de los casetes mal grabados y la rumba de sus otros discos.
Y del Bob, qué decir, si ya René del Risco lo mencionaba en uno de sus textos, demostrando que el Dylan hace muchísimos años que ya estaba con nosotros -y con su espíritu.
Ver a Bob Dylan y seguir a Bob Dylan
Por MIGUEL DE MENA
28 mayo, 2011Duré quince años pensando si ir a un concierto de Bob Dylan. Al fin venció la ley de gravedad.
Cada vez voy a menos conciertos. Los rituales de la postmodernidad imponen su ritmo. Con Rammstein fue adrenalina pura porque con tanto fuego y sin pausa y sin chequeos eternos de sonido y la humanidad vestida de negro. Con los Rolling Stones era como ir a un congreso de jubilados a los que se les permitía un día para ir a comer cocaleca, descontando un par de nietos alegres, como si entraran a un Disneyland de la tercera edad. Con Jan Garbarek, mejor no olvidar los inciensos la próxima vez.
Como no había manera de acabar con la cervezas previas, oh sí, ese ritual de botarse uno antes de que el músico de turno te bote, llegué dos canciones tardes al concierto de Dylan en el Max-Schmeling-Halle. Por suerte.
Fue rara la sensación de pasar esos controles, como si se tratase de algún gurú convertido en Primer Ministro. O quién sabe.
Fue más rarísima esa sensación de no tener la ropa adecuada, de llegar solo y apañarte un lugar cerca de la tarima. Para ver a Dylan hay que tener unos jeans super desgastados, caminar como quien no quiere las cosas y no darle bola a nada ni a nadie. Hay que ser como Bob.
Esta vez mis avances hacia las tarima sólo se vieron complicados por paquete de gente transmitiendo en vivo el  concierto o tomando la foto del siglo o hablando en grupo de lo loco que era estar en el concierto de Dylan mientras Bob estaba a nuestras espaldas y si te recuerdas que Woodstock y que aquél concierto en el Liceo y que patitín patatán ’donde va Miguel y Bob cada vez más aflautado, acabando su canción, tomando agua, mirando la lista de canciones, cantando una nueva canción, tomando agua, revisando la lista, y yo metiéndome en una neurona de Dylan, pensando si él realmente existía, como John Malkovich dentro de un John Malkovich, “Lay Lady Lay” al fondo, greatest hits a granel, no mucha gente cantando en coro porque a Dylan no se le corea, eso con el Bob no es cool, al Bob se le deja en su tarima que cante, que tome agua, que vaya como el Hombre Nuclear de la guitarra al órgano, y que ni se le ocurra sonreír, porque no habrá motivos para alegrarse de nada, porque el never ending tour es un concierto cada tres días y las mismas canciones y los mismos tipos de plástico de la Cruz Roja esperando a que alguien reviente.
Ver a Bob Dylan es una excusa para llamar a los amigos y contar que las velas del bizcocho no se han deshecho completamente. Guardas en algún sitio el boleto de entrada porque tal vez ese era el objetivo con Bob, el haberlo visto aunque no importara tanto el haberlo oído, el haber recordado a los amigos con quienes uno quisiera compartir y mejor que no hayan venido, mejor seguir de bala y largarse lo más rápido de este concierto, y si, Bob, que celebres tu cumpleaños.
http://acento.com.do/2016/opinion/8391795-sigo-pensando-luis-dias-ahora-bob-dylan-nobel/
mmena

Miguel D. Mena

Cielonaranja

Editor, docente universitario y urbanista

sábado, 27 de junio de 2015

Manuel Núñez responde a Miguel D. Mena y se queja de foto publicó Acento

Por Servicios de Acento.com.do. 27 de junio de 2015 - 4:44 pm - 1 Comentario
Por la organización y la edición de las obras se le pagaron varios millones de pesos, incluyendo viajes y viáticos para conseguir algunos materiales, poquísimos desde luego, que dieran novedad a esta nueva edición de las obras completas, que habían sido ya publicadas en más de un 90%. .
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Foto: Acento.com.do/archivo/Doctor Manuel Núñez
SANTO DOMINGO, República Dominicana.-El Doctor Manuel Núñez respondió al Doctor Miguel D. Mena, quien criticó que se eligiera al primero para hablar sobre Pedro Henríquez Ureña en una actividad organizada por la Biblioteca Nacional.
En una carta enviada a la Redacción de Acento.com.do, el Doctor Núñez también se queja por la fotografía utilizada en la información sobre la carta de D. Mena al director de la Biblioteca Nacional, Diómedes Núñez Polanco.
A continuación la carta y luego una breve nota de la Redacción de Acento.co.do:
Santo Domingo, D. N.
27 de junio, 2015
Gustavo Olivo,
Acento.com.do
Muy distinguido amigo:
Sé, por el manejo que se hace en el despacho donde aparece una carta del señor Miguel D. Mena oponiéndose a una conferencia que debía dictar en la Biblioteca Nacional, que, probablemente, no sea santo de la devoción de ese periódico. El contraste fotográfico de la información presentada ilustra un procedimiento que empleaban los regímenes totalitarios, que es, el de presentar a una persona exaltada, tomada fuera del encuadre y otra serena, que simbolizaba la razón. Es una forma maniquea de representar la información, que me coloca en una posición pocos menos que caricaturesca. Es, por otra parte, un ejemplo extraordinario para ser empleado en las escuelas de periodismo de cómo destruir la imagen de A y exaltar la imagen de B. Perdóname, Gustavo, esta digresión de profesor . No juzgo, desde luego, la elección de la foto.
“En resumidas cuentas, el señor de Mena invoca la democracia de la cual era, ciertamente, partidario Henríquez Ureña, para suprimirla, para privarme ex profeso de sus beneficios”
En lo que respeta a la solicitud que le hace el escritor Miguel D. Mena al director de la Biblioteca Nacional para que desestime una conferencia que debería ser dictada por mí, me parece que resulta un verdadero despropósito. ¿Cómo puede invocarse los valores de la democracia para privar a una persona de su derecho a expresarse? ¿Por qué debería hallarme yo despojado de los derechos que él les reconoce a los otros en su carta? ¿Quién se ha creído este señor que es? Afortunadamente, no nos hallamos en una república propiedad de Miguel de Mena, en la cual yo no tendría derecho ni siquiera al aire que respiro. ¡Qué bueno que figuras tan esperpénticas no tengan el poder!
En resumidas cuentas, el señor de Mena invoca la democracia de la cual era, ciertamente, partidario Henríquez Ureña, para suprimirla, para privarme ex profeso de sus beneficios.
Durante la etapa de Clave Digital, el señor De Mena hizo un comentario en una gacetilla de corte brutalmente racista; proclamó que mis antepasados se habían comido a un alemán. A mí la verdad me pareció tan nauseabundo lo que escribió ese señor que, en esa ocasión, decidí callar.
Era un seguidor asiduo del extraordinario periodismo que ustedes desarrollaron. Un periodismo vigoroso, defensor de los intereses del pueblo dominicano, revelador del coraje y de la valentía, que, llegó en su etapa de gloria, a constituirse en lo que debe ser el auténtico periodismo: un contrapoder para que funcione la democracia. Por eso, apreciado Gustavo, me parece que asociarse a la privación de un derecho, no es digno de las credenciales que habían ganado ustedes, muy merecidamente, en la sociedad dominicana.
Buena es la ocasión para hacer sobre este aspecto algunas revelaciones. La edición de las obras completas de Pedro Henríquez Ureña se llegó a planificar en un almuerzo convocado por el entonces Ministro de Cultura, don José Rafael Lantigua, en el Restaurante El Vesubio. La comisión fue integrada por el historiador Frank Moya Pons, Soledad Álvarez, Andrés L. Mateo, Diógenes Céspedes y quien suscribe, Manuel Núñez. Hubo luego otras reuniones. Posteriormente, al Ministro le pareció que era preferible designar al señor Miguel D. Mena; el equipo fue despachado con cajas destempladas. Sus razones habrá tenido y hay, desde luego, que respetarlas. No creo, en ningún caso, que él considerase que este personaje fuera intelectualmente superior a los otros cinco.
Fue así como D. Miguel de Mena recibió el contrato de las obras completas de Pedro Henríquez Ureña. Por la organización y la edición de las obras se le pagaron varios millones de pesos, incluyendo viajes y viáticos para conseguir algunos materiales, poquísimos desde luego, que dieran novedad a esta nueva edición de las obras completas, que habían sido ya publicadas en más de un 90%. .
Yo trabaje en la edición anterior realizada durante la administración del poeta Tony Raful.  Con la llegada del nuevo Gobierno en el 2012 salieron los primeros siete volúmenes, y se le liquidaron los cuantiosos honorarios y la impresión de esas decenas de miles de libros costó como era de suponer una millonada. Posteriormente, una vez publicados los libros se llegó a la conclusión de que las obras entregadas por el señor de De Mena a las prensas se hallaban plagadas de errores y distorsiones, que constituían el mayor escarnio a la memoria de D. Pedro Henríquez Ureña.
No se había hecho el cuidado de edición, aun cuando se había pagado en constantes y sonantes pesos, y el nombre de Henríquez Ureña quedaba bastante desmadrado con estos libros. Entonces el Ministerio de Cultura mandó a recoger la edición para triturarla completamente.   Miles de libros, se perdió una millonada. Yo, desde luego, conservo los ejemplares de ese adefesio. Los hombres de hoy podrán celebrarle esos despilfarros a don Miguel de Mena en contra del país; la historia, por supuesto, no lo absolverá. Es triste, Gustavo, ver a un gran hombre manipulado por un fariseo.
En otra parte de su carta, el señor De Mena, mete sin que venga a cuento a Vincho Castillo. Se cree muy listo. Lo hace para apandillar al periódico y a sus directivos con intriguillas de baja estofa. Creo, Gustavo, que no debes dejar que Miguel D. Mena te elija a los enemigos. Desde los primeros Gobierno del Presidente Leonel Fernández el señor Miguel De Mena se desempeña como agregado cultural de la Embajada dominicana en Berlín ( Alemania), en gobiernos que fueron defendidos y apoyados por el vinchismo, y en los cuales fueron figuras fundamentales hasta hace muy pocos meses. Si tantos horrores le provocan estas personas, ¿dónde puso los escrúpulos en todo ese tiempo? Porque el cargo que disfrutaba y aun ostenta en Berlín, de algún modo, se lo debía a los combates que libraban los Castillo para mantener al Bloque Progresista en el poder. Fíjate, Gustavo, todo lo que ha llovido desde entonces. No sé si con estas comparaciones podrías hallarle un punto de coherencia a los charlatanes.
No voy a hacer el retrato del personaje, que ya lo hizo de manera insuperable don Andrés L. Mateo en una polémica que quedará para la historia, que se encuentra en las hemerotecas digitales. Esta correspondencia se halla, estrictamente, motivada en el derecho a la defensa de mi honor y en contra de los que abiertamente proclaman que desearían ponerme una mordaza.
Con la expresión de mi reconocimiento y amistad,
Manuel Núñez

Nota de la Redacción de Acento.com.do:
Estimado Manuel, siempre he valorado de ti que eres uno de nuestros intelectuales que se emplean a fondo en su labor. Produces y defiendes de manera frontal tus ideas. Lo que no se puede decir de muchos de nuestros intelectuales.
Respeto tus opiniones sobre el tratamiento que observaste en la noticia a que haces referencia. Viste cosas inexistentes en la selección de la fotografía. Se eligió una imagen tuya, de las que están en nuestros archivos fotográficos, sin mayor interés que el de ilustrar la historia.
Sabes que en Acento.com.do nunca se te ha censurado ni agredido. Te brindé este espacio como a muchos otros intelectuales amigos.
Aquí, como en otros medios donde he trabajado, participaste de entrevistas y debates (como el interesante intercambio que sostuviste con el Doctor Néstor E. Rodríguez), además de ver publicadas tus declaraciones sobre diversos temas de interés público.
Dejaste de enviarnos artículos por tu propia decisión, y no porque se te censurara ni objetara. Esta misma semana nuestro articulista Damián Arias Matos, escribió de forma muy elogiosa sobre tu tesis expuesta en tu ensayo El ocaso de la nación dominicana. (Por cierto, que años atrás te defendí cuando se objetó que se te entregara un premio por esa obra. Otros alegaban que se trataba de un libro viejo. Pero en tu favor siempre argumenté que era un nuevo ensayo, corregido y notablemente aumentado y enriquecido con abundante documentación).
Si tú no fueras, como dices, “santo de la devoción” de este medio, habríamos objetado el artículo de Damián Arias.
No perseguimos a nadie por diferir de nuestros puntos de vista. Expresamos los nuestros y no cedemos en ese derecho, pero respetando a quienes disienten, siempre que no se incurra en las mentiras o en las imputaciones difamatorias o expresiones injuriosas.
La diversidad que brinda muestra sección de opinión (que incluye desde cristianos confesionales hasta ateos y anticlericales; desde derechistas hasta izquierdistas radicales; desde homofóbicos hasta activistas pro derechos LGTB) así lo confirma.
Con el afecto de siempre,
Gustavo Olivo Peña
http://acento.com.do/2015/cultura/8261926-manuel-nunez-responde-a-miguel-d-mena-y-se-queja-de-foto-publico-acento/
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