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miércoles, 3 de junio de 2026

Petróleo en vilo, República Dominicana en alerta | Por Luis Orlando Díaz Vólquez #GuasábaraEditor

Petróleo en vilo, República Dominicana en alerta

La nueva escalada geopolítica en Medio Oriente ha vuelto a colocar al petróleo en el centro de la incertidumbre global, pero para la República Dominicana el desafío no se limita al alza coyuntural del barril: obliga también a mirar con más atención la estrategia de Estado que se está construyendo para asegurar suministro, ampliar márgenes de negociación y reducir la vulnerabilidad de una economía que todavía depende de los hidrocarburos para mover transporte, industria, comercio y buena parte de su aparato productivo. 

Por Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a empujar el Brent y el WTI a una zona de alta sensibilidad, alimentada por el riesgo militar en el Golfo, la fragilidad del estrecho de Ormuz y la caída de inventarios de crudo en Estados Unidos. En un contexto así, el precio del petróleo deja de ser una simple referencia de mercado y se convierte en un multiplicador de costos para todas las economías importadoras de energía. La dominicana, por supuesto, figura entre ellas. Lo que ocurre en el Golfo Pérsico termina sintiéndose aquí en las estaciones de combustible, en la tarifa del transporte, en la logística de importación, en el costo de los alimentos y, finalmente, en la inflación que pagan las familias.

El Banco Central ya había advertido este año que cada dólar adicional en el precio del petróleo eleva en alrededor de US$63.4 millones la factura petrolera nacional, y el propio informe del IPC de abril de 2026 confirmó que el encarecimiento de los combustibles incidió en una inflación interanual de 5.11 %, con el grupo transporte como uno de los principales focos de presión. Es decir, el impacto ya no es hipotético. Cuando el crudo escala, la economía dominicana lo absorbe por múltiples canales: por la balanza de pagos, por el costo fiscal de los subsidios, por la cadena logística y por el deterioro del poder adquisitivo.

Sin embargo, sería incompleto analizar esta coyuntura sin reconocer que el Gobierno dominicano no ha permanecido inmóvil ante esa vulnerabilidad estructural. En paralelo a las medidas de corto plazo —como los subsidios focalizados a los combustibles para amortiguar el golpe a los hogares—, la administración del presidente Luis Abinader ha venido desarrollando una estrategia de más largo alcance con dos países que hoy son centrales en el nuevo mapa energético del Caribe y del norte de Suramérica: Guyana y Surinam. Esa dimensión diplomática y económica merece ser leída no como un gesto circunstancial, sino como un intento de convertir la política exterior en una herramienta concreta de seguridad energética. 

El caso de Guyana es, sin dudas, el más avanzado y el más concreto. El 14 de mayo de 2026, ambos gobiernos firmaron un contrato para la exploración, desarrollo y eventual producción de petróleo o gas natural en el bloque Berbice, en territorio guyanés, con participación de Refidomsa en representación del Estado dominicano. El modelo acordado garantiza a la República Dominicana un 10 % de participación accionaria sin inversión directa de capital, y, en caso de hallazgos comerciales, el país tendría acceso a crudo o gas natural en condiciones preferenciales. Ese paso no surgió de la nada: se deriva del memorando firmado en agosto de 2023 y de un grupo de trabajo binacional que ha venido construyendo una ruta técnica y política para insertar al país en proyectos energéticos fuera de su territorio. 

La relevancia de ese acuerdo con Guyana va mucho más allá del simbolismo. Lo que está en juego es la posibilidad de que la República Dominicana deje de ser únicamente un comprador expuesto al precio internacional y se coloque, aunque sea de manera parcial, en una posición más ventajosa dentro de la cadena de suministro. El presidente Abinader había explicado ya en febrero de 2025, durante la Conferencia de Energía y Expo sobre la Cadena de Suministro en Guyana, que la agenda bilateral incluía no solo la asignación del bloque Berbice, sino también el estudio de una planta petroquímica de urea y la evaluación de alternativas para una refinería de petróleo, dos proyectos concebidos dentro de una lógica más amplia de seguridad energética, seguridad alimentaria e integración productiva regional. En otras palabras, el vínculo con Guyana apunta no solo a comprar petróleo, sino a construir una plataforma de acceso, procesamiento y encadenamiento industrial que fortalezca la resiliencia dominicana frente a choques externos. 

Con Surinam, el proceso es distinto, más gradual, pero igualmente significativo. Ya desde octubre de 2023, la República Dominicana y Surinam suscribieron un memorando de entendimiento específico entre sus ministerios competentes para cooperar en el campo de la industria de los hidrocarburos, con el objetivo de desarrollar capacidades, intercambiar conocimientos, compartir información científica, técnica y tecnológica, y fortalecer la integración energética regional bajo criterios de beneficio mutuo y reducción de costos. Ese instrumento sigue vigente y establece una base institucional que no debe subestimarse: no garantiza de inmediato barriles ni descuentos, pero sí abre un canal formal para explorar negocios, transferencia de experiencia y futuras alianzas en un país que ha ganado peso creciente en el mapa petrolero regional.

Durante 2026, esa relación con Surinam ha entrado en una nueva fase. En abril, el ministro de Energía y Minas, Joel Santos, y el canciller surinamés, Melvin Bouva, abordaron oportunidades concretas de cooperación en exploración de petróleo y gas, así como sinergias en proyectos energéticos y mineros. Y apenas el 1 de junio, durante la visita oficial de la presidenta Jennifer Geerlings-Simons a Santo Domingo, ambos gobiernos firmaron nuevos instrumentos para ampliar la cooperación bilateral, mientras el propio presidente Abinader expresó interés en el proceso de exploración y explotación de hidrocarburos en Surinam, un país al que varios reportes atribuyen descubrimientos de entre 4,000 y 6,000 millones de barriles. Lo responsable aquí es ser precisos: todavía no existe con Surinam un contrato equivalente al de Guyana, pero sí una política deliberada de aproximación temprana a una potencia emergente en hidrocarburos, con valor estratégico para el abastecimiento futuro y la diversificación de socios. 

Visto en conjunto, Guyana y Surinam representan dos carriles de una misma política. Guyana ofrece hoy una vía más tangible hacia suministro preferencial y eventual participación en producción; Surinam, en cambio, ofrece una ventana de posicionamiento diplomático, cooperación técnica y posible inserción temprana en otro polo petrolero del Caribe ampliado. Para la República Dominicana, que importa la mayor parte de los hidrocarburos que consume, esa estrategia no elimina la exposición al mercado internacional, pero sí puede mejorar la capacidad de negociación, diversificar riesgos, reducir dependencia de intermediarios y preparar condiciones para una economía menos frágil frente a futuras crisis energéticas. Esa es, justamente, la diferencia entre administrar una coyuntura y construir una política de Estado. 

Naturalmente, esta apuesta no sustituye la urgencia de seguir fortaleciendo la transición energética interna. El propio Ministerio de Energía y Minas ha destacado que las renovables ya superan el 25 % de la generación eléctrica del sistema, un avance importante para una matriz más limpia y resiliente. Pero en el corto y mediano plazo, la economía dominicana seguirá dependiendo del petróleo y sus derivados; por eso la combinación correcta no es escoger entre hidrocarburos o transición, sino avanzar en ambas direcciones al mismo tiempo: asegurar fuentes externas más estables y estratégicas, mientras se acelera la reducción gradual de la dependencia estructural. En tiempos de volatilidad geopolítica, la soberanía energética no se improvisa: se diseña con diplomacia, inversión, previsión y visión regional. 

La lección de esta crisis es clara. Cuando el barril sube por una guerra lejana, la República Dominicana no puede limitarse a reaccionar con subsidios, por necesarios que sean. Debe también consolidar una arquitectura de seguridad energética capaz de amortiguar futuras sacudidas. En ese sentido, la ofensiva de entendimiento con Guyana y Surinam revela una señal positiva: el país empieza a pensar su vulnerabilidad petrolera no solo como un problema de precios, sino como un desafío geopolítico, logístico y estratégico. Si esa ruta se sostiene con seriedad, disciplina técnica y continuidad institucional, podría convertirse en uno de los movimientos más importantes para aliviar y hacer más resiliente la economía dominicana en una década marcada, precisamente, por la incertidumbre energética global./

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Sobre el autor, Luis Orlando Díaz Vólquez, es ingeniero de sistemas de computadora, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. 

Autor de artículos de opinión y análisis sobre geopolítica, seguridad y comercio internacional. Ha seguido y escrito sobre procesos regionales y eventos de alto impacto (ferias internacionales, congresos sectoriales y coyunturas de seguridad nacional). Su enfoque privilegia la institucionalidad, el Estado mínimo funcional y la apertura económica con compliance como pilares para la normalización y el desarrollo sostenible.

Palabras clave:

Petróleo en alza, República Dominicana, inflación, combustibles, economía dominicana, Brent, WTI, subsidios, Banco Central, Medio Oriente, Impacto del petróleo en República Dominicana, crisis energética global, BCRD, 

⛽🌍 Cuando sube el petróleo, también sube la presión sobre economías importadoras como la de República Dominicana.

La nueva escalada entre Estados Unidos e Irán ha vuelto a tensionar el mercado energético internacional, empujando al Brent y al WTI hacia niveles cercanos a los US$98 y US$96 por barril, respectivamente. 

📈 Para nuestro país, esto no es una noticia lejana: el alza del crudo impacta la inflación, el transporte, la logística, los subsidios públicos y el costo de vida. El Banco Central ha advertido que cada dólar adicional en el precio del petróleo aumenta en unos US$63.4 millones la factura petrolera nacional, mientras la inflación interanual de abril se ubicó en 5.11 %, impulsada en parte por el encarecimiento de los combustibles.

🇩🇴 La República Dominicana necesita seguir actuando con visión estratégica: proteger a los hogares, preservar la estabilidad macroeconómica y acelerar la diversificación energética. En tiempos de crisis global, anticiparse también es gobernar.

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

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martes, 2 de junio de 2026

Los precios del petróleo suben mientras EE.UU. ataca a petroleros y baja a los drones iraníes


Precios del petróleo crudo hoy - Oilprice.com
    
Grafica hacia arribaCrudo WTI94.65+0.95%
Grafica hacia arribaCrudo Brent96.81+0.84%
Grafica hacia arribaCrudo Murban96.09+1.76%
Gráfico hacia abajoGas natural3.160-0.22%

Noticias de última hora:

Por Josh Owens - Jun 02, 2026, 8:58 PM CDT

Los precios del petróleo subieron en el comercio asiático temprano el miércoles después de otra escalada en el Medio Oriente, con Irán disparando misiles a Kuwait y Bahréin, y los Estados Unidos disparando y desactivando un petrolero que se dirigía hacia Irán.

En el momento de escribir este artículo, los futuros del Brent al frente del mes habían subido un 1,09% para cotizar a 97,05 dólares por barril, mientras que West Texas Intermediate había subido un 1,19% a 94,88 dólares por barril. Ambos puntos de referencia se negocian cerca de máximos de una semana después de registrar fuertes ganancias en la sesión anterior.

Según el Comando Central de EE.UU. (CENTCOM), Irán disparó dos misiles hacia Kuwait, que se quedaron cortos o se rompieron antes de alcanzar sus objetivos. Luego disparó tres contra Bahréin, que fueron interceptados por las defensas aéreas de EE.UU. y Bahréin.

Los EE.UU. también afirmaron haber derribado tres drones de ataque unidireccionales lanzados hacia marineros civiles que transitaban por el Estrecho.

Por otra parte, las fuerzas estadounidenses dispararon y desactivaron un petrolero en vacío que intentaba llegar a la mayor terminal de exportación de petróleo de Irán en la isla Kharg. 

CENTCOM informó que el M/T Lexie, con bandera de Botswana, ignoró múltiples órdenes durante un período de 24 horas y continuó hacia el puerto del Golfo Pérsico. El buque fue finalmente detenido cuando un avión estadounidense disparó un misil Hellfire en la sala de máquinas del barco, haciéndolo incapaz de continuar su viaje.

El incidente del petrolero marca la sexta vez desde el 13 de abril que las fuerzas estadounidenses han desactivado un buque comercial, y otros 122 han sido redirigidos por el bloqueo. 

El conflicto parece estar aumentando justo cuando las esperanzas de un avance diplomático se desvanecen una vez más, con los medios iraníes informando que Teherán no se ha comunicado con Washington durante varios días. El presidente Trump ha mantenido que las conversaciones siguen activas, calificando las afirmaciones iraníes de "falsas y erróneas".

Además de la presión al alza sobre los precios del petróleo, las cifras del American Petroleum Institute mostraron que los inventarios de crudo de Estados Unidos cayeron por séptima semana consecutiva, disminuyendo en 6,8 millones de barriles para la semana que terminó el 29 de mayo.

Los mercados están ahora esperando datos oficiales de inventario de la Administración de Información de Energía, que saldrán más tarde el miércoles, para confirmar la reducción.

Un avance diplomático aún podría arrastrar los precios hacia abajo, pero después de caer a finales de mayo, parece que tanto el Brent como el WTI continuarán subiendo hasta que se firme un acuerdo.

Por Josh Owens para Oilprice.com

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lunes, 1 de junio de 2026

Petróleo, Ormuz y República Dominicana: el costo local de una crisis lejana

Petróleo, Ormuz y República Dominicana: el costo local de una crisis lejana

El repunte del crudo tras la nueva escalada entre Washington y Teherán vuelve a poner a prueba a las economías importadoras de energía. Para República Dominicana, el desafío no es solo el precio internacional del barril, sino la rapidez con que ese shock puede trasladarse a la inflación, al transporte, a los costos empresariales y a las expectativas de crecimiento en un contexto global de elevada incertidumbre.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

La nueva sacudida del mercado petrolero internacional ha devuelto a la economía dominicana una vieja preocupación: la vulnerabilidad de los países importadores de hidrocarburos ante crisis geopolíticas que ocurren fuera de sus fronteras, pero terminan impactando sus precios internos, sus costos logísticos y su estabilidad macroeconómica. El 1 de junio, OilPrice reportó que el Brent superó los US$94 por barril y el WTI los US$90, mientras CNBC informó después que el WTI llegó a rondar los US$94.20 y el Brent los US$97.23, impulsados por nuevas tensiones en las conversaciones entre Estados Unidos e Irán y por la amenaza de mayores restricciones en torno al estrecho de Ormuz. Más allá de la volatilidad del día, el mensaje del mercado es claro: el petróleo ha vuelto a incorporar una prima de riesgo geopolítico relevante. 

Ese nerviosismo no es exagerado si se toma en cuenta la importancia estructural de Ormuz para el sistema energético mundial. La U.S. Energy Information Administration (EIA) recuerda que por ese corredor transitaron en 2024 unos 20 millones de barriles diarios, equivalentes a cerca de 20 % del consumo global de líquidos del petróleo, mientras la International Energy Agency (IEA) señala que en 2025 el estrecho movilizó alrededor de 25 % del comercio marítimo mundial de petróleo y una porción considerable del comercio global de gas natural licuado. Con tan escasas rutas alternativas para una parte sustancial de esos flujos, cualquier amenaza de interrupción eleva de inmediato los costos de seguro, transporte y abastecimiento, afectando no solo a los grandes importadores asiáticos, sino también a economías pequeñas y abiertas del Caribe como la dominicana.

Para la República Dominicana, el problema no es teórico ni diferido. El propio Banco Central de la República Dominicana (BCRD) reconoció que la inflación de abril de 2026, que se ubicó en 5.11 % interanual, fue impulsada en buena medida por ajustes en los precios de las gasolinas y del gasoil asociados a incrementos del petróleo en los mercados internacionales, en un entorno de tensiones geopolíticas en Medio Oriente. El informe del índice de precios explicó que la variación mensual del IPC fue de 0.49 %, con un peso importante del componente transporte, mientras que la autoridad monetaria, al mantener su tasa de política monetaria en 5.25 % en mayo, subrayó que las presiones inflacionarias recientes respondían a un choque de oferta negativo derivado de mayores precios energéticos. Es decir, antes incluso del nuevo salto del 1 de junio, la economía local ya estaba sintiendo el costo del barril caro. 

La principal implicación económica para el país es que un petróleo persistentemente alto puede activar varios canales de transmisión al mismo tiempo. El primero es el de los combustibles y el transporte, que impacta de manera casi inmediata la estructura de costos de empresas y hogares. El segundo es el logístico: República Dominicana depende de importaciones para buena parte de su consumo energético y para una parte relevante de los insumos de su aparato productivo, por lo que cualquier alza sostenida en el costo marítimo o en los derivados del petróleo termina permeando comercio, distribución, turismo, manufactura y servicios. El tercero es el canal de expectativas: cuando los agentes económicos perciben que el shock no será transitorio, tienden a ajustar precios, presupuestos y decisiones de inversión con mayor cautela. No se trata solo de cuánto sube el barril hoy, sino de cuánto tiempo el mercado cree que seguirá tensionado. 

Ese riesgo llega, sin embargo, en un momento en que la economía dominicana muestra fortalezas apreciables. El BCRD informó que el crecimiento promedio acumulado entre enero y abril de 2026 fue de 4.0 %, superior al 2.7 % del mismo período del año anterior, con aportes relevantes de minería, construcción, manufactura local, zonas francas, agropecuaria y servicios. A la vez, la institución reporta reservas internacionales brutas por US$15,888.9 millones en abril de 2026 y una cuenta corriente equivalente a -1.2 % del PIB en 2025, mejor que el -3.0 % observado en 2024. Estos datos sugieren que el país llega al nuevo episodio de tensión con una base macroeconómica más robusta que en otros momentos de shock externo, lo cual le da margen para amortiguar parte de la presión cambiaria o financiera que podría derivarse de un encarecimiento sostenido del petróleo. 

Pero tener amortiguadores no significa estar blindados. La misma nota del Banco Central sobre el desempeño económico advierte que el crecimiento reciente se ha producido en medio de una alta incertidumbre internacional, marcada precisamente por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, el encarecimiento del petróleo y el aumento de los costos de transporte. Si el nuevo repunte del crudo se consolida, los sectores más dinámicos de la economía dominicana —particularmente turismo, transporte, comercio y construcción— podrían enfrentar mayores costos operativos y una eventual pérdida de márgenes, con capacidad de trasladar parte de esas presiones al consumidor final. El sector de hoteles, bares y restaurantes, por ejemplo, creció 5.9 % entre enero y abril, mientras transporte y almacenamiento avanzó 4.9 % y construcción 4.6 %; todos ellos son particularmente sensibles a la energía y la logística. 

La mayor dificultad para la política económica reside en que este tipo de shock no responde fácilmente a herramientas convencionales. Un banco central puede contener presiones de demanda, pero tiene menos capacidad para neutralizar el efecto de una subida internacional del petróleo sin afectar simultáneamente la actividad económica. Por eso el BCRD ha optado hasta ahora por una postura de prudencia, manteniendo la tasa de política monetaria sin cambios mientras observa la persistencia del fenómeno y la evolución de las expectativas inflacionarias. El dilema es evidente: endurecer demasiado la respuesta monetaria podría enfriar una recuperación que ya muestra mejores ritmos de crecimiento; reaccionar demasiado poco, en cambio, podría permitir que el choque energético se filtre con mayor profundidad hacia precios y salarios. 

En el plano fiscal, la situación también exige cautela. Aunque no toda alza internacional se traduce linealmente en el mercado local, los gobiernos de economías importadoras suelen enfrentar presiones políticas y sociales para amortiguar el impacto sobre combustibles y transporte. Eso implica costos potenciales sobre las finanzas públicas, sea por subsidios explícitos, por ajustes tributarios o por mecanismos de contención temporal. En un escenario de petróleo caro, el gran reto consiste en proteger a los hogares más vulnerables sin convertir la respuesta coyuntural en una fuente adicional de fragilidad fiscal. El problema del petróleo no es solo su precio, sino el delicado equilibrio que obliga a mantener entre inflación, crecimiento y sostenibilidad presupuestaria.

En definitiva, la nueva crisis alrededor de Ormuz no debe ser leída desde República Dominicana como un hecho lejano o meramente diplomático. Es, en realidad, una variable económica con capacidad de alterar precios internos, costos productivos, expectativas empresariales y decisiones de política macroeconómica. La buena noticia es que el país llega con crecimiento positivo, reservas elevadas y una posición externa más cómoda que en el pasado reciente. La mala noticia es que el petróleo sigue siendo uno de esos factores que ningún mérito interno puede controlar por completo. Si la tensión se disipa pronto, el impacto será probablemente manejable; si se prolonga, la economía dominicana tendrá que volver a demostrar su resiliencia frente a una verdad conocida pero siempre incómoda: en un mundo interdependiente, la estabilidad local también depende de la paz —o de la guerra— en los grandes corredores del comercio global. /

⛽🌍 El alza del petróleo vuelve a encender las alertas para economías importadoras como la República Dominicana. Este 1 de junio, el crudo registró fuertes subidas en los mercados internacionales en medio de nuevas tensiones sobre Irán y el estrecho de Ormuz, una vía por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. 

📈🇩🇴 Para el país, el impacto puede sentirse en combustibles, transporte, inflación y costos logísticos. El Banco Central ya había advertido que en abril de 2026 los aumentos en gasolinas y gasoil, asociados al encarecimiento del petróleo por las tensiones en Medio Oriente, incidieron en la inflación interanual de 5.11 %, mientras mantiene la tasa de política monetaria en 5.25 % ante ese choque de oferta.

💼📊 La buena noticia es que la economía dominicana llega con cierto margen de resistencia: crecimiento acumulado de 4.0 % entre enero y abril de 2026, reservas internacionales brutas por US$15,888.9 millones y una cuenta corriente de -1.2 % del PIB en 2025. Pero si el petróleo sigue alto, la presión externa podría trasladarse con más fuerza al bolsillo de los hogares y a los sectores productivos. 

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