lunes, 25 de marzo de 2019

Juan Guaidó: "Estamos al borde de lograr la democracia"

Juan Guaidó: "Estamos al borde de lograr la democracia"
22 de marzo de 2019 - 17:03 - Por MARJULI MATHEUS HIDALGO
  • "Rusia reconoce mi persona, mi liderazgo"
Entrevista exclusiva con Juan Guaidó, presidente encargado de Venezuela
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ESPECIAL | @marjuli
CARACAS.- Venezuela se ha convertido en el centro del debate político mundial. Lograr una salida no luce sencillo. Nicolás Maduro se aferra al poder, luego de unas elecciones presidenciales en mayo de 2018, en las que se proclamó reelecto, pero que fueron desconocidas por la comunidad internacional debido a la falta de transparencia y la carencia de condiciones competitivas, entre otras irregularidades. Mientras Juan Guaidó, presidente del Parlamento y presidente encargado del país, suma apoyo internacional y popular.

Mike Pompeo, secretario de Estado de EEUU. El jefe del Parlamento y presidente encargado, Juan Guaidó (c). TE PUEDE INTERESAR

Al no haber una elección presidencial válida, el 10 de enero de 2019 se terminó el mandato de Maduro, quien fue electo presidente de Venezuela en 2013, tras la muerte de Hugo Chávez, quien lo dejó como su sucesor. Sin un presidente legítimo, la Constitución venezolana, en su artículo 233, faculta al presidente de la Asamblea Nacional para asumir la presidencia de la República.
De las filas del partido Voluntad Popular, fundado por el hoy prisionero político Leopoldo López, el 5 de enero, Guaidó asumió la presidencia del Congreso unicameral venezolano. El 23 de enero de este año, formalizó el mandato constitucional, en un acto público ante cientos de miles de venezolanos que lo aclamaban.
Desde entonces, EEUU y unos 60 países han reconocido a Guaidó como Presidente encargado de Venezuela y desconocen a Maduro, pero este se niega a dejar el poder con el aval de la cúpula militar y el apoyo de Rusia, China y algunos países del Caribe.
En entrevista exclusiva para DIARIO LAS AMÉRICAS, Guaidó conversó sobre las próximas acciones, la posición de Rusia ante la crisis que vive Venezuela y otros temas.
-Se cumplen dos meses de su juramentación como presidente encargado de Venezuela, ¿qué considera que ha sido lo que más le ha costado lograr y cómo planea conseguirlo?
-Es la democracia y la libertad plena, es el cese de la usurpación que es el fin de la dictadura. Ya hoy más del 90% del país que quiere un cambio, desesperadamente. Lo que no podemos permitir es que nos lleve a la frustración, ni que nos inmovilice. Eso ya lo hemos probado en Venezuela y no nos ha funcionado. Hoy, unidos, movilizados, estamos al borde de lograr definitivamente la democracia. Hay que abrirle las puertas a la confianza en la economía, para inversiones extranjeras, para la ayuda humanitaria, y la apertura de un corredor humanitario necesario en Venezuela para contener la emergencia humanitaria y sanitaria que tenemos. Son muchos los retos que tenemos en nuestro país. Pero el primero es, sin duda alguna, poder rescatar nuestra democracia ponerle fin a la usurpación ir a esa transición que “reinstitucionalice” y estabilice el país, que genere gobernabilidad.
-El vicecanciller de Rusia declaró que Moscú mantiene su ofrecimiento de mediación y dijo que usted debería considerarlo ¿Cuáles son las condiciones para que acepte la mediación rusa?
-Cualquier elemento que pase por cualquier tipo de mediación o contacto de buena fe, de cara a resolver la crisis en Venezuela, tiene que tener algo central: la elección libre, la transición y que cese la usurpación. Derivado de esas declaraciones, hay dos elementos importantes. Uno, el reconocimiento de Rusia a mi persona, a lo mejor no como presidente encargado en palabras de ellos, pero sí un reconocimiento de mi liderazgo y de la capacidad de interlocución. Y, lo segundo, están reconociendo una profunda crisis en Venezuela. Entiendo que es otra perspectiva, otro relacionamiento incluso con quien hoy usurpa funciones que es [Nicolás] Maduro. Pero, eso es resaltante y para Venezuela, a pesar de lo controversial, incluso puede ser visto como un avance. Sí podemos hablar con el Kremlin, que es distinto, de cómo solucionar la crisis y de cómo el cese de la usurpación puede construir la transición y tener una elección realmente libre.
-El cese de la usurpación, ¿va a ocurrir en el corto, mediano o largo plazo?
Esperamos que sea en el corto plazo. Venezuela sufre mucho hoy. El nivel de incertidumbre es muy alto. Eso significa que no sabes si vas a tener agua y luz; si vas a poder conseguir un medicamento o comprar comida; si tu hijo va a poder ir al colegio. Nosotros debemos tener certeza para nuestra gente, para nuestro futuro y eso pasa por el cese de la usurpación. Estamos trabajando muy duro para movilizarnos en lo que hemos llamado la Operación Libertad, en la que vamos a estar en cada uno de los sectores populares, en cada uno de los estados organizándonos para ir a ejercer la presión definitiva para lograr el objetivo.
-Usted ha extendido una Ley de Amnistía. ¿Es eterna o los militares tienen un plazo para apegarse a ella?
-Como todo buen proyecto, debe tener tiempos. Por supuesto que hoy es el momento ideal. No es que queremos una elección libre “algún día”, que se pongan [los militares] del lado de la Constitución en el corto plazo. Y hay muchos que ya lo han hecho, cruzaron un puente importante hace poco, que fue en Cúcuta [Colombia]. Literalmente un puente. El puente que tienen que cruzar en Caracas, en las zonas aledañas, es muy sencillo: exigir unas elecciones realmente libres en Venezuela.
-¿Tendrán acceso a la Ley de Amnistía las personas acusadas de corrupción y violaciones de los derechos humano?
-La posibilidad de amnistía es para los funcionarios militares y civiles que se pongan del lado de la Constitución. Lo único que no es “amnistiable” es la violación de derechos humanos.
-Usted ha dicho que preparar las elecciones libres podría tomar 6, 9 o 12 meses, ¿puede Venezuela esperar ese tiempo?
-Una vez cese la usurpación. Esto es importante, una vez cese la usurpación, sin transgredir el derecho a elegir o ser elegido de ningún venezolano, construir una elección realmente libre, nos tomaría ese plazo. Puede ser más o menos, dependiendo de la voluntad política de todos los factores, depende de cuán rápido podamos estabilizar el país. Venezuela no aguanta un día. Decir que aguanta seis o nueve meses sería incluso una falacia. Hay venezolanos que no aguantan un día, que ya no aguantaron el día de ayer. Es muy grave la situación en el día a día, no son números, son seres humanos. Estamos absolutamente conscientes de esa crisis. Lo que sucede en Venezuela ha sido un desmontaje muy grave del estado de Derecho, de las libertades individuales. Entonces, la lucha es a diario no solo por lograr (los objetivos) sino por resistir. https://www.diariolasamericas.com/america-latina/juan-guaido-estamos-al-borde-lograr-la-democracia-n4174245

sábado, 23 de marzo de 2019

Soy un traidor. Por José Luis Taveras | @Josel_taveras en @RDSomosPueblo

Puntos de Vista
Soy un traidor. Por José Luis Taveras
Por Somos Pueblo - 23 marzo, 2019
Soy un traidor. Me sobrecoge el patriotismo platónico de nuestros tiempos, ese que, con el atavío tricolor, redime de sus cenizas el juramento trinitario.
Confieso que no soy patriota. Me siento extranjero en la “patria” de los que usan su nombre para glorificar sus saqueos. Una patria torcida fabricada a la talla de sus ambiciones; usada como condón para gozar sin culpas de sus orgías. Me confieso apóstata de ese patriotismo fermentado en los laboratorios para estafar conciencias confundidas o ausentes. Soy un desertor de sus apócrifas causas.
Me declaro traidor, sí, traidor y rebelde de su barata patria. Una patria rendida a su poder, que trata como paladines a sus ladrones, como profetas a sus demagogos y como redentores a sus timadores. Esa patria omisa, hundida y desflorada que celebra su ruina y cubre, con el silencio, sus heridas a cambio de migajas. Mi dignidad vale más que esa cosa, mucho más que esa patria.
No entiendo esa devoción quijotesca que lucha con los espectros del pasado mientras niega la perfidia de su presente a los sueños trinitarios. No muevo un dedo por una patria anulada: que disfruta del dolor y ovaciona su desesperanza, que se conforma con lo menos, que entrega su decencia y honra a sus raptores. La patria de los que, desde el poder, comercian con su futuro, roban sus riquezas y pervierten sus costumbres. Tampoco creo en su patriotismo fachoso, ese que se escuda en los símbolos para esconder sus perversiones.
Mi patria aún no ha nacido. Su gestación no ha asomado. Mientras aguardo ese amanecer, habito en una tierra poblada por tres masas sobrepuestas: los pocos de arriba, que detentan más de la mitad de la riqueza; los del medio, sobrevivientes de los apremios cotidianos; y el vasto residuo social, gente amontonada en la indignidad sin derecho a la esperanza. Tres mundos distintos, distantes y desconectados. Cada uno detrás de su propio cauce, sin unidad de propósito, visión ni futuro. Tres realidades paralelas en un suelo tan menudo como desigual ¿Acaso eso es patria? ¿Qué espíritu puede animar mundos tan ajenos entre sí en una dominicanidad tan perversamente ambigua? “Nadie es patria, todos lo somos” decía Jorge Luis Borges. Sin todos no hay patria. Más que un concepto abstracto, patria es sentimiento, identidad de vida y sueños.
La patria, en naciones sin corazón, no es un latido, es proclama sorda, sueño nostálgico o tal vez, como la describía Benedetti, una simple “urgencia de decir nosotros,… o quizá este regreso al propio desconcierto”.
La historia por hacer hay que comenzarla desde adentro; los enemigos duermen con nosotros: impunes, soberbios e imperturbables. Mientras los devotos de su patriotismo hacen vigilia en la frontera del decoro, ellos desvalijan los tesoros públicos, tuercen el brazo de la Justicia y compran a precio vil la memoria de los excluidos.
http://somospueblo.com/soy-un-traidor-por-jose-luis-taveras/

El Tercer Reich económico: las empresas que ayudaron a Hitler


El Tercer Reich económico: las empresas que ayudaron a Hitler
Fernando Arancón | @FernandoArancon
El Tercer Reich económico: las empresas que ayudaron a Hitler
El auge del nazismo a menudo se entiende como un proceso meramente político, como una cuestión de figuras y partidos. Aunque no cabe ninguna duda de que esto es cierto, también hay que añadir a la ecuación los apoyos que estas personalidades y formaciones recibieron. En el caso del Partido Nazi, también los hubo. Y muchos.
Coches, electrodomésticos, medicinas, productos tecnológicos e incluso prendas de ropa son actualmente fabricados por empresas alemanas que entre 1933 y 1945 fueron muy cercanas al régimen nazi en Alemania. Algunas por supervivencia y otras por verdadera creencia en los principios nacionalsocialistas, estas corporaciones sostuvieron gran parte del esfuerzo de guerra alemán y se beneficiaron del acercamiento que se produjo entre las grandes empresas, especialmente industriales, y el partido de Adolf Hitler. Cuando terminó la guerra, ninguna recordaba nada. Al ser claves en la recuperación de la Alemania de posguerra, los vencedores hicieron la vista gorda. Esta colaboración es hoy en día una lejana mancha en la trayectoria de esas empresas, que, directa o indirectamente, arrastraron a Europa a la peor catástrofe que jamás ha vivido.
Coches, electrodomésticos, medicinas, productos tecnológicos e incluso prendas de ropa son actualmente fabricados por empresas alemanas que entre 1933 y 1945 fueron muy cercanas al régimen nazi en Alemania. Algunas por supervivencia y otras por verdadera creencia en los principios nacionalsocialistas, estas corporaciones sostuvieron gran parte del esfuerzo de guerra alemán y se beneficiaron del acercamiento que se produjo entre las grandes empresas, especialmente industriales, y el partido de Adolf Hitler. Cuando terminó la guerra, ninguna recordaba nada. Al ser claves en la recuperación de la Alemania de posguerra, los vencedores hicieron la vista gorda. Esta colaboración es hoy en día una lejana mancha en la trayectoria de esas empresas, que, directa o indirectamente, arrastraron a Europa a la peor catástrofe que jamás ha vivido.
Un conveniente cambio de chaqueta
A pesar de la creencia popular, Hitler nunca ganó unas elecciones. De hecho, las únicas a las que se presentó, las presidenciales de 1932, las perdió frente a Von Hindenburg por seis millones de votos. El que sí ganó unas elecciones —parlamentarias— fue el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP por sus siglas en alemán). Tanto en los comicios de julio y noviembre de 1932 como en los de marzo de 1933 —con Hitler ya como canciller—, el Partido Nacionalsocialista fue la fuerza política más votada y con mayor representación en el Reichstag. Esto refleja que, en lo popular, Hitler se había ganado las simpatías de la clase obrera y acomodada, los pequeños comerciantes y grandes sectores de los empleados públicos. Hasta cierto punto, era comprensible. El clima de inestabilidad política en Alemania —en gran medida también provocado por el NSDAP— era terrible y la devastación económica de la crisis de 1929 se había sumado a la cojera que arrastraba la economía germana desde la crisis hiperinflacionaria de 1922. Hasta 1933, la gestión político-económica había sido desastrosa. La renta nacional cayó en los tres años siguientes al crac del 29 un 40% y la inversión se contrajo un 70%; las políticas deflacionarias habían triturado la industria y el paro en Alemania se había disparado a cifras exorbitadas —43,8% en 1932—. Ante este panorama y la inminencia de un Gobierno nazi, las grandes empresas empezaron un acercamiento hacia el NSDAP. Si jugaban bien sus cartas y hacían ver a Hitler la importancia de la élite empresarial alemana en la recuperación económica del país, se librarían de la nacionalización masiva que en teoría propugnaba el nazismo como método de control absoluto sobre la economía.
Además de las empresas y hombres de negocios que se fueron acercando al Partido Nacionalsocialista por conveniencia, el propio partido tenía su cantera de hombres de negocios enormemente ideologizados que poco a poco habían ido ocupando puestos de cierta relevancia en poderosas empresas alemanas. Este lento goteo de nazis convencidos en empresas industriales y bancos germanos también motivó que dichas corporaciones fuesen cada vez más favorables al régimen nacionalsocialista.
Uno de los primeros apoyos especialmente fructíferos sería el de Kurt von Schröder, un banquero de Colonia afín a las tesis nazis. Financiaría gran parte del partido nacionalsocialista a partir de diciembre de 1932, además de hacer de enlace entre el excanciller Von Papen y Hitler de cara a que el primero convenciese al anciano presidente Hindenburg de nombrar al líder nazi como canciller de Alemania. Este encuentro, clave en el ascenso de Hitler al poder, hubiese sido imposible sin esa red de hombres de negocios y altos empresarios partidarios del NSDAP. El 30 de enero de 1933 Hitler formaría Gobierno, con lo que iniciaría un camino terminado el 7 de mayo de 1945 por el general Jodl con la rendición de Alemania.
La oligarquía político-económica nazi
En el momento en el que Hitler recibe plenos poderes gracias a la mayoría parlamentaria de su partido, desarticula rápidamente el entramado democrático que le quedaba a la República de Weimar y lanza su programa nacionalsocialista. Obviando la instauración de un modelo totalitario y el inicio de la salvaje represión contra disidentes políticos y enemigos de la raza aria como judíos, gitanos, homosexuales y discapacitados, el programa económico del Reich fue uno de los puntos centrales en los que se fundamentó la colaboración de la élite económica con los jerarcas nazis.
Dicho programa fue ideado y conducido por Hjalmar Schacht, primero como presidente del Reichsbank y luego como ministro de Economía. Schacht, que no tenía especial devoción por la ideología nazi, sí era un buen economista y había movido hilos entre la gran industria alemana para que Hitler recibiese apoyo. Como ministro de Economía, desarrolló un plan de estilo keynesiano con el que la inversión pública y el gasto público se dispararon, todo ello financiado de una forma un tanto particular gracias a los bonos Mefo, acrónimo de una empresa fantasma que hacía de intermediaria entre el Estado y las empresas de armamento para poder esquivar las restricciones económicas del Tratado de Versalles. Dicha inversión pública crecería entre 1933 y 1935 un 350% y un 800% hasta 1938; el gasto en armamento se elevó un 2.300% esos mismos años.
Las grandes obras públicas que se realizaron en este periodo, tales como autopistas, presas hidroeléctricas, construcción de ferrocarriles y el desarrollo de la industria militar, corrieron a cargo de licitaciones arbitrarias, por lo que muchas grandes empresas que habían colaborado previamente con el NSDAP recibían ahora su recompensa. Del mismo modo, para financiar estas obras, los bancos nacionalizados durante las dos crisis anteriores a la llegada del nazismo fueron privatizados a cambio de apoyo al nuevo régimen. Otras medidas de estímulo al consumo y a las familias permitieron que estas, que habían perdido una enorme capacidad adquisitiva durante la última crisis, lo recuperasen a base de préstamos blandos y el constante aumento del empleo, casi pleno para 1938.
Para ampliar: “Cómo Hitler y el nazismo consiguieron acabar con el desempleo en los años 30”, Remo Domingo en El Blog Salmón, 2012
Un negocio para las automovilísticas
Al igual que sucedió en Estados Unidos cuando empezó a fluir el crédito en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, en Alemania tener un coche era una de las primeras aspiraciones de la creciente clase media. Con el impulso crediticio y de gasto propulsado por las políticas nacionalsocialistas, las familias empezaron a demandar automóviles, así como el Estado alemán todo tipo de vehículos motorizados en su política de rearme. Por aquel entonces y gracias a la calidad de la gran industria alemana y sus ingenieros, numerosas empresas germanas jugaban en el mercado automovilístico. Muchas de ellas han sobrevivido hasta hoy.
Quizás uno de los casos más conocidos sea el de Ferdinand Porsche, fundador de la marca de automóviles que lleva su apellido. En los años anteriores al estallido de la guerra, la Administración nazi le encargó a Porsche, entonces un ingeniero de enorme fama que había trabajado en Mercedes-Benz, un utilitario para el pueblo alemán —Volkswagen en su lengua— que fuese barato, estiloso y se pudiese fabricar en masa, algo así como el Ford T alemán. Bajo esta premisa, en 1938 nacía el Volkswagen Tipo 1 o Escarabajo. Hitler recibió el suyo de manos de Porsche el día de su quincuagésimo cumpleaños, el 20 de abril de 1939. Fue el único que tuvo su utilitario. El proyecto de dotar a la ciudadanía alemana de su Volkswagen se canceló y recondujo a un uso militar en cuanto la guerra estalló en septiembre de 1939. La producción de Volkswagen se reanudaría después de la guerra, ya con la fábrica en manos inglesas.Porsche HitlerPorsche entrega a Hitler un Volkswagen el día de su cumpleaños (1939). Fuente: Life
Fue en el periodo bélico cuando Porsche creó artilugios de notable calidad que mejoraron la maquinaria de guerra alemana. El Escarabajo se recicló militarmente como el Kübelwagen, del que se llegaron a fabricar 50.000 unidades. Incluso hubo una versión anfibia, el Schwimmwagen. Estas fueron las aportaciones más inocuas del ingeniero alemán. Su experiencia y calidad profesional pronto fueron requeridas para mayores proyectos que demandaba el curso de la guerra. Así, el diseño de la torreta del temido Panzer VI Tigre es obra suya; también el del tanque superpesado Panzer VIII Maus, que no llegó a entrar en combate, y el del cazacarros Elefant —bautizado Ferdinand—, usado masivamente en la batalla de Kursk.
Fuente: Feldgrau.info
Una vez finalizada la guerra, Porsche pasó dos años en un presidio francés por usar mano de obra esclava en sus fábricas. Desde entonces, tanto él como sus herederos en la empresa decidieron dedicar su ingenio a la elaboración de vehículos deportivos, actividad principal de la empresa Porsche hasta hoy.
En esta línea de empresas automovilísticas con lazos históricos cuestionables, Opel, comprada por la estadounidense General Motors justo antes de comenzar la guerra, también fabricó vehículos insignes para la motorización del ejército germano. El polivalente camión Opel Blitz, que sirvió de principio a fin en el teatro europeo y norteafricano, fue un vehículo muy avanzado para su época gracias a su tracción a las cuatro ruedas. También corrió a cargo de la empresa germano-estadounidense la fabricación del bombardero Junker-88, diseñado por el homónimo Junker y que ha pasado a la Historia como uno de los aviones más reconocibles de la Segunda Guerra Mundial. Hasta 15.000 unidades de este bombardero fabricó la empresa Opel antes de que sus fábricas quedasen arrasadas por los bombardeos aliados y el saqueo soviético posterior a la guerra.
Otra empresa que tuvo pingües beneficios gracias a la guerra fue Bayerische Motoren-Werke —conocida comúnmente como BMW— o, más bien, la familia que la controlaba, los Quandt. Nazis hasta la médula, no dudaron en apoyar a Hitler antes y durante la guerra. Al contrario que las empresas anteriores, BMW no llegó a fabricar ningún arma como tal, pero sí compuestos o piezas igualmente necesarias para que aquellas funcionasen. Sistemas eléctricos para submarinos o los protomisiles V-2 y motores de avión para media Luftwaffe —la fabricación de motores de avión llegó a suponer el 90% de las ventas de BMW durante la guerra— fueron los grandes filones de la marca bávara. También ayudó a tener buenos rendimientos empresariales el hecho de que la familia Quandt, muy cercana a las altas esferas del NSDAP, usase hasta 50.000 esclavos para sus diversas empresas, incluida BMW.
Para ampliar: “Emerge el pasado nazi de los dueños de BMW”, Juan Gómez en El País, 2011
El gran negocio de la guerra
La cuestión del trabajo esclavo ha sido sin duda uno de los puntos que más debate han suscitado y que con el paso del tiempo han acabado convirtiéndose en una de las espinas de la guerra más vergonzosas para Alemania. Hasta 1943, el Gobierno alemán no se decidió a reconvertir al país en una economía de guerra, algo que sí habían hecho el resto de contendientes desde el primer momento. La tardanza de esta medida estuvo motivada por el mantenimiento de cierta paz social y normalidad cuando la guerra iba bien para Alemania y también porque, a medida que las tropas de Hitler avanzaban, abundante mano de obra, prisioneros de guerra y otros indeseables para la raza aria eran enviados a Alemania como mano de obra esclava. Se calcula que en 1944 había dentro de los límites del III Reich unos 7,5 millones de esclavos, de los que 5,3 eran civiles y el resto, prisioneros de guerra. Las grandes empresas alemanas, sobre todo las industriales, se nutrieron masivamente de este tipo de trabajador durante el conflicto. No tenían ningún tipo de restricción: podían trabajar ilimitadamente, tanto como se requiriese o la fábrica considerase necesario, incluso hasta morir. Siempre había más esclavos que podían sustituir a los fallecidos.
La química IG Farben, casi monopolio del sector a la hora de nutrir a la Wehrmacht —fuerzas armadas— llegó a instalar una fábrica en Auschwitz para tener cerca la mano de obra. 25.000 judíos murieron aproximadamente en dicha fábrica, un 70% de los que pasaron por allí. Otras empresas del sector industrial, como Siemens o Krupp, se aprovecharon igualmente de la mano de obra gratuita proporcionada por el régimen nazi.
Hasta marcas que actualmente están tan alejadas del mundo industrial y armamentístico como son Hugo Boss o Adidas tuvieron en aquellos años treinta y cuarenta cierta importancia para el desarrollo de la contienda. En el caso de Boss, conviene desmitificar ciertos aspectos bastante extendidos. Se dice que el sastre alemán diseñó los trajes de las SS por ser extremadamente afín al partido cuando ni realizó tales diseños ni era tan acérrimo seguidor del Führer. Sí es cierto que, al igual que otros muchos talleres, en el de Hugo Boss se confeccionaron prendas de ropa para el Ejército alemán, pero la capacidad creativa de Boss no podía hacer nada ahí: tenía que fabricar simplemente lo que le mandaban desde Berlín.
Para ampliar: “El pasado nazi del fundador de la marca de moda Hugo Boss”, El Mundo, 2011
Fuente: Blogger
La segunda corporación, la conocida marca deportiva Adidas, sí tuvo más relación con la guerra. Fundada por los hermanos Dassler en 1924, Adolf y Rudolf fabricaron en sus inicios material y calzado deportivo, pero cuando estalló la guerra reinventaron el negocio pasando a fabricar, además de vestimenta para el Ejército, el famoso lanzagranadas Panzerschrek. Ellos, al contrario que Boss, sí eran fieles seguidores de las tesis nacionalsocialistas. Cuando la guerra terminó y comenzó la desnazificación, Rudolf fue acusado de tener estrechos lazos con el derrotado régimen y, creyendo haber sido delatado por su hermano Adolf, decidió salir de la entonces Gebrüder Dassler Schuhfabrik y fundar en 1949 Puma. Adolf, por su parte, renombró la empresa con su nombre y la primera sílaba de su apellido: Adidas.
Toda esta vorágine de armamentismo y esclavitud no se circunscribe solo a Alemania. General Motors compró la alemana Opel antes de empezar la guerra y, a pesar de que a los dos años Estados Unidos y Alemania ya eran enemigos declarados, no dudaron en seguir fabricando desde Colonia. El negocio era el negocio. La empresa de Detroit no fue la única estadounidense en sacar tajada. La también automovilística Ford estableció algunas fábricas en Renania, llevadas por mano de obra esclava. Esto no era casual: su dueño, Henry Ford, era un ardiente antisemita y desde suelo estadounidense machacaba el país con propaganda que culpaba, al igual que Hitler, a los judíos de los males económicos y sociales de la nación, además de señalarlos como un peligro creciente si acumulaban más poder. De hecho, el magnate estadounidense y el Führer se tenían en alta estima, que llegó al extremo en 1938 cuando Ford recibió la Gran Cruz del Águila alemana, la mayor condecoración que un extranjero podía recibir del régimen nacionalsocialista.
Esa misma medalla la recibió en 1937 Thomas Watson, fundador de la empresa informática IBM. Su entonces primitiva tecnología informática de las tarjetas perforadas fue implantada en Alemania bajo una empresa subsidiaria. Aquel precursor de los actuales programas informáticos ayudó enormemente a la logística y la organización alemana, especialmente con la elaboración de censos e inventarios, lo que favoreció en gran medida la rapidez y la sistematización de los métodos que generaron el Holocausto y el genocidio de diversas minorías. Solo tres años después de recibir la medalla, Watson la devolvió al enterarse de que su producto estrella estaba siendo utilizado para elaborar listas de disidentes, judíos y demás personas que eliminar. Una vez IBM le retiró el apoyo a Hitler en 1940, este nacionalizó la filial, que cayó en manos de la alemana Dehomag, la cual siguió utilizando la tecnología estadounidense para exterminar y neutralizar lo que los dirigentes nazis creyesen oportuno.
Para ampliar: “Los nazis usaron tecnología de IBM en el Holocausto”, Clarín, 2001
Reparaciones frente al olvido
Una vez terminada la guerra, los dirigentes de las empresas se apresuraron en convencer a los nuevos dueños del país, especialmente a Estados Unidos, Reino Unido y Francia, de su indispensable papel en la recuperación alemana. Su misión era sobrevivir a los tiempos, así que se apresuraron a dar el grito de “El rey ha muerto, viva el rey”. Como la desnazificación del país tampoco pudo ser integral —se exponían a crear un vacío de poder total—, las potencias vencedoras tuvieron un ataque de amnesia respecto al pasado inmediato de estas corporaciones. Simplemente se limitaron a reconstruir y poner en funcionamiento de nuevo las fábricas; eso sí, esta vez sin mano de obra esclava.
Para ampliar: “El eterno tabú alemán“, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2018
Los esclavos del Tercer Reich serían quienes no dejarían que aquellos abusos cayesen en el olvido. Muchos de ellos sobrevivieron a la guerra y, desde Estados Unidos a los países del Bloque Oriental, aquella historia siguió viva. Ante la presión ejercida y con la finalidad de no ver perjudicada su imagen, algunas empresas empezaron a indemnizar a algunos de los afectados; otras remolonearon aquella reparación intentando desmarcarse de la historia —y de la Historia—. Finalmente, el Gobierno alemán tuvo que crear en 1999 un fondo compensatorio para las víctimas, al que empresas como Allianz, BASF, Bayer, BMW, DaimlerChrysler, Deutsche Bank, Dresdner Bank, Krupp-Hoesch, Hoechst, Siemens y Volkswagen se vieron obligadas a aportar para compensar a los todavía supervivientes. Sin embargo, esto solo ocurrió con los afectados de nacionalidad alemana; miles de supervivientes que acabaron en el este de Europa cuando la guerra terminó apenas han visto nada de ese dinero. Y, vistas las pocas ganas que los responsables tienen de resarcir a las víctimas, así seguirá siendo.
Para ampliar: “Gran capital y Tercer Reich”, Alejandro Teitelbaum en Le Monde diplomatique, 2014
https://elordenmundial.com/las-empresas-que-ayudaron-hitler/
Fernando Arancón

Fernando Arancón

Madrid, 1992. Director de El Orden Mundial. Graduado en Relaciones Internacionales por la UCM. Máster en Inteligencia Económica en la UAM. Especialista y apasionado de la geopolítica.