Mostrando las entradas con la etiqueta Tercer Reich. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Tercer Reich. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de marzo de 2019

El Tercer Reich económico: las empresas que ayudaron a Hitler


El Tercer Reich económico: las empresas que ayudaron a Hitler
Fernando Arancón | @FernandoArancon
El Tercer Reich económico: las empresas que ayudaron a Hitler
El auge del nazismo a menudo se entiende como un proceso meramente político, como una cuestión de figuras y partidos. Aunque no cabe ninguna duda de que esto es cierto, también hay que añadir a la ecuación los apoyos que estas personalidades y formaciones recibieron. En el caso del Partido Nazi, también los hubo. Y muchos.
Coches, electrodomésticos, medicinas, productos tecnológicos e incluso prendas de ropa son actualmente fabricados por empresas alemanas que entre 1933 y 1945 fueron muy cercanas al régimen nazi en Alemania. Algunas por supervivencia y otras por verdadera creencia en los principios nacionalsocialistas, estas corporaciones sostuvieron gran parte del esfuerzo de guerra alemán y se beneficiaron del acercamiento que se produjo entre las grandes empresas, especialmente industriales, y el partido de Adolf Hitler. Cuando terminó la guerra, ninguna recordaba nada. Al ser claves en la recuperación de la Alemania de posguerra, los vencedores hicieron la vista gorda. Esta colaboración es hoy en día una lejana mancha en la trayectoria de esas empresas, que, directa o indirectamente, arrastraron a Europa a la peor catástrofe que jamás ha vivido.
Coches, electrodomésticos, medicinas, productos tecnológicos e incluso prendas de ropa son actualmente fabricados por empresas alemanas que entre 1933 y 1945 fueron muy cercanas al régimen nazi en Alemania. Algunas por supervivencia y otras por verdadera creencia en los principios nacionalsocialistas, estas corporaciones sostuvieron gran parte del esfuerzo de guerra alemán y se beneficiaron del acercamiento que se produjo entre las grandes empresas, especialmente industriales, y el partido de Adolf Hitler. Cuando terminó la guerra, ninguna recordaba nada. Al ser claves en la recuperación de la Alemania de posguerra, los vencedores hicieron la vista gorda. Esta colaboración es hoy en día una lejana mancha en la trayectoria de esas empresas, que, directa o indirectamente, arrastraron a Europa a la peor catástrofe que jamás ha vivido.
Un conveniente cambio de chaqueta
A pesar de la creencia popular, Hitler nunca ganó unas elecciones. De hecho, las únicas a las que se presentó, las presidenciales de 1932, las perdió frente a Von Hindenburg por seis millones de votos. El que sí ganó unas elecciones —parlamentarias— fue el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP por sus siglas en alemán). Tanto en los comicios de julio y noviembre de 1932 como en los de marzo de 1933 —con Hitler ya como canciller—, el Partido Nacionalsocialista fue la fuerza política más votada y con mayor representación en el Reichstag. Esto refleja que, en lo popular, Hitler se había ganado las simpatías de la clase obrera y acomodada, los pequeños comerciantes y grandes sectores de los empleados públicos. Hasta cierto punto, era comprensible. El clima de inestabilidad política en Alemania —en gran medida también provocado por el NSDAP— era terrible y la devastación económica de la crisis de 1929 se había sumado a la cojera que arrastraba la economía germana desde la crisis hiperinflacionaria de 1922. Hasta 1933, la gestión político-económica había sido desastrosa. La renta nacional cayó en los tres años siguientes al crac del 29 un 40% y la inversión se contrajo un 70%; las políticas deflacionarias habían triturado la industria y el paro en Alemania se había disparado a cifras exorbitadas —43,8% en 1932—. Ante este panorama y la inminencia de un Gobierno nazi, las grandes empresas empezaron un acercamiento hacia el NSDAP. Si jugaban bien sus cartas y hacían ver a Hitler la importancia de la élite empresarial alemana en la recuperación económica del país, se librarían de la nacionalización masiva que en teoría propugnaba el nazismo como método de control absoluto sobre la economía.
Además de las empresas y hombres de negocios que se fueron acercando al Partido Nacionalsocialista por conveniencia, el propio partido tenía su cantera de hombres de negocios enormemente ideologizados que poco a poco habían ido ocupando puestos de cierta relevancia en poderosas empresas alemanas. Este lento goteo de nazis convencidos en empresas industriales y bancos germanos también motivó que dichas corporaciones fuesen cada vez más favorables al régimen nacionalsocialista.
Uno de los primeros apoyos especialmente fructíferos sería el de Kurt von Schröder, un banquero de Colonia afín a las tesis nazis. Financiaría gran parte del partido nacionalsocialista a partir de diciembre de 1932, además de hacer de enlace entre el excanciller Von Papen y Hitler de cara a que el primero convenciese al anciano presidente Hindenburg de nombrar al líder nazi como canciller de Alemania. Este encuentro, clave en el ascenso de Hitler al poder, hubiese sido imposible sin esa red de hombres de negocios y altos empresarios partidarios del NSDAP. El 30 de enero de 1933 Hitler formaría Gobierno, con lo que iniciaría un camino terminado el 7 de mayo de 1945 por el general Jodl con la rendición de Alemania.
La oligarquía político-económica nazi
En el momento en el que Hitler recibe plenos poderes gracias a la mayoría parlamentaria de su partido, desarticula rápidamente el entramado democrático que le quedaba a la República de Weimar y lanza su programa nacionalsocialista. Obviando la instauración de un modelo totalitario y el inicio de la salvaje represión contra disidentes políticos y enemigos de la raza aria como judíos, gitanos, homosexuales y discapacitados, el programa económico del Reich fue uno de los puntos centrales en los que se fundamentó la colaboración de la élite económica con los jerarcas nazis.
Dicho programa fue ideado y conducido por Hjalmar Schacht, primero como presidente del Reichsbank y luego como ministro de Economía. Schacht, que no tenía especial devoción por la ideología nazi, sí era un buen economista y había movido hilos entre la gran industria alemana para que Hitler recibiese apoyo. Como ministro de Economía, desarrolló un plan de estilo keynesiano con el que la inversión pública y el gasto público se dispararon, todo ello financiado de una forma un tanto particular gracias a los bonos Mefo, acrónimo de una empresa fantasma que hacía de intermediaria entre el Estado y las empresas de armamento para poder esquivar las restricciones económicas del Tratado de Versalles. Dicha inversión pública crecería entre 1933 y 1935 un 350% y un 800% hasta 1938; el gasto en armamento se elevó un 2.300% esos mismos años.
Las grandes obras públicas que se realizaron en este periodo, tales como autopistas, presas hidroeléctricas, construcción de ferrocarriles y el desarrollo de la industria militar, corrieron a cargo de licitaciones arbitrarias, por lo que muchas grandes empresas que habían colaborado previamente con el NSDAP recibían ahora su recompensa. Del mismo modo, para financiar estas obras, los bancos nacionalizados durante las dos crisis anteriores a la llegada del nazismo fueron privatizados a cambio de apoyo al nuevo régimen. Otras medidas de estímulo al consumo y a las familias permitieron que estas, que habían perdido una enorme capacidad adquisitiva durante la última crisis, lo recuperasen a base de préstamos blandos y el constante aumento del empleo, casi pleno para 1938.
Para ampliar: “Cómo Hitler y el nazismo consiguieron acabar con el desempleo en los años 30”, Remo Domingo en El Blog Salmón, 2012
Un negocio para las automovilísticas
Al igual que sucedió en Estados Unidos cuando empezó a fluir el crédito en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, en Alemania tener un coche era una de las primeras aspiraciones de la creciente clase media. Con el impulso crediticio y de gasto propulsado por las políticas nacionalsocialistas, las familias empezaron a demandar automóviles, así como el Estado alemán todo tipo de vehículos motorizados en su política de rearme. Por aquel entonces y gracias a la calidad de la gran industria alemana y sus ingenieros, numerosas empresas germanas jugaban en el mercado automovilístico. Muchas de ellas han sobrevivido hasta hoy.
Quizás uno de los casos más conocidos sea el de Ferdinand Porsche, fundador de la marca de automóviles que lleva su apellido. En los años anteriores al estallido de la guerra, la Administración nazi le encargó a Porsche, entonces un ingeniero de enorme fama que había trabajado en Mercedes-Benz, un utilitario para el pueblo alemán —Volkswagen en su lengua— que fuese barato, estiloso y se pudiese fabricar en masa, algo así como el Ford T alemán. Bajo esta premisa, en 1938 nacía el Volkswagen Tipo 1 o Escarabajo. Hitler recibió el suyo de manos de Porsche el día de su quincuagésimo cumpleaños, el 20 de abril de 1939. Fue el único que tuvo su utilitario. El proyecto de dotar a la ciudadanía alemana de su Volkswagen se canceló y recondujo a un uso militar en cuanto la guerra estalló en septiembre de 1939. La producción de Volkswagen se reanudaría después de la guerra, ya con la fábrica en manos inglesas.Porsche HitlerPorsche entrega a Hitler un Volkswagen el día de su cumpleaños (1939). Fuente: Life
Fue en el periodo bélico cuando Porsche creó artilugios de notable calidad que mejoraron la maquinaria de guerra alemana. El Escarabajo se recicló militarmente como el Kübelwagen, del que se llegaron a fabricar 50.000 unidades. Incluso hubo una versión anfibia, el Schwimmwagen. Estas fueron las aportaciones más inocuas del ingeniero alemán. Su experiencia y calidad profesional pronto fueron requeridas para mayores proyectos que demandaba el curso de la guerra. Así, el diseño de la torreta del temido Panzer VI Tigre es obra suya; también el del tanque superpesado Panzer VIII Maus, que no llegó a entrar en combate, y el del cazacarros Elefant —bautizado Ferdinand—, usado masivamente en la batalla de Kursk.
Fuente: Feldgrau.info
Una vez finalizada la guerra, Porsche pasó dos años en un presidio francés por usar mano de obra esclava en sus fábricas. Desde entonces, tanto él como sus herederos en la empresa decidieron dedicar su ingenio a la elaboración de vehículos deportivos, actividad principal de la empresa Porsche hasta hoy.
En esta línea de empresas automovilísticas con lazos históricos cuestionables, Opel, comprada por la estadounidense General Motors justo antes de comenzar la guerra, también fabricó vehículos insignes para la motorización del ejército germano. El polivalente camión Opel Blitz, que sirvió de principio a fin en el teatro europeo y norteafricano, fue un vehículo muy avanzado para su época gracias a su tracción a las cuatro ruedas. También corrió a cargo de la empresa germano-estadounidense la fabricación del bombardero Junker-88, diseñado por el homónimo Junker y que ha pasado a la Historia como uno de los aviones más reconocibles de la Segunda Guerra Mundial. Hasta 15.000 unidades de este bombardero fabricó la empresa Opel antes de que sus fábricas quedasen arrasadas por los bombardeos aliados y el saqueo soviético posterior a la guerra.
Otra empresa que tuvo pingües beneficios gracias a la guerra fue Bayerische Motoren-Werke —conocida comúnmente como BMW— o, más bien, la familia que la controlaba, los Quandt. Nazis hasta la médula, no dudaron en apoyar a Hitler antes y durante la guerra. Al contrario que las empresas anteriores, BMW no llegó a fabricar ningún arma como tal, pero sí compuestos o piezas igualmente necesarias para que aquellas funcionasen. Sistemas eléctricos para submarinos o los protomisiles V-2 y motores de avión para media Luftwaffe —la fabricación de motores de avión llegó a suponer el 90% de las ventas de BMW durante la guerra— fueron los grandes filones de la marca bávara. También ayudó a tener buenos rendimientos empresariales el hecho de que la familia Quandt, muy cercana a las altas esferas del NSDAP, usase hasta 50.000 esclavos para sus diversas empresas, incluida BMW.
Para ampliar: “Emerge el pasado nazi de los dueños de BMW”, Juan Gómez en El País, 2011
El gran negocio de la guerra
La cuestión del trabajo esclavo ha sido sin duda uno de los puntos que más debate han suscitado y que con el paso del tiempo han acabado convirtiéndose en una de las espinas de la guerra más vergonzosas para Alemania. Hasta 1943, el Gobierno alemán no se decidió a reconvertir al país en una economía de guerra, algo que sí habían hecho el resto de contendientes desde el primer momento. La tardanza de esta medida estuvo motivada por el mantenimiento de cierta paz social y normalidad cuando la guerra iba bien para Alemania y también porque, a medida que las tropas de Hitler avanzaban, abundante mano de obra, prisioneros de guerra y otros indeseables para la raza aria eran enviados a Alemania como mano de obra esclava. Se calcula que en 1944 había dentro de los límites del III Reich unos 7,5 millones de esclavos, de los que 5,3 eran civiles y el resto, prisioneros de guerra. Las grandes empresas alemanas, sobre todo las industriales, se nutrieron masivamente de este tipo de trabajador durante el conflicto. No tenían ningún tipo de restricción: podían trabajar ilimitadamente, tanto como se requiriese o la fábrica considerase necesario, incluso hasta morir. Siempre había más esclavos que podían sustituir a los fallecidos.
La química IG Farben, casi monopolio del sector a la hora de nutrir a la Wehrmacht —fuerzas armadas— llegó a instalar una fábrica en Auschwitz para tener cerca la mano de obra. 25.000 judíos murieron aproximadamente en dicha fábrica, un 70% de los que pasaron por allí. Otras empresas del sector industrial, como Siemens o Krupp, se aprovecharon igualmente de la mano de obra gratuita proporcionada por el régimen nazi.
Hasta marcas que actualmente están tan alejadas del mundo industrial y armamentístico como son Hugo Boss o Adidas tuvieron en aquellos años treinta y cuarenta cierta importancia para el desarrollo de la contienda. En el caso de Boss, conviene desmitificar ciertos aspectos bastante extendidos. Se dice que el sastre alemán diseñó los trajes de las SS por ser extremadamente afín al partido cuando ni realizó tales diseños ni era tan acérrimo seguidor del Führer. Sí es cierto que, al igual que otros muchos talleres, en el de Hugo Boss se confeccionaron prendas de ropa para el Ejército alemán, pero la capacidad creativa de Boss no podía hacer nada ahí: tenía que fabricar simplemente lo que le mandaban desde Berlín.
Para ampliar: “El pasado nazi del fundador de la marca de moda Hugo Boss”, El Mundo, 2011
Fuente: Blogger
La segunda corporación, la conocida marca deportiva Adidas, sí tuvo más relación con la guerra. Fundada por los hermanos Dassler en 1924, Adolf y Rudolf fabricaron en sus inicios material y calzado deportivo, pero cuando estalló la guerra reinventaron el negocio pasando a fabricar, además de vestimenta para el Ejército, el famoso lanzagranadas Panzerschrek. Ellos, al contrario que Boss, sí eran fieles seguidores de las tesis nacionalsocialistas. Cuando la guerra terminó y comenzó la desnazificación, Rudolf fue acusado de tener estrechos lazos con el derrotado régimen y, creyendo haber sido delatado por su hermano Adolf, decidió salir de la entonces Gebrüder Dassler Schuhfabrik y fundar en 1949 Puma. Adolf, por su parte, renombró la empresa con su nombre y la primera sílaba de su apellido: Adidas.
Toda esta vorágine de armamentismo y esclavitud no se circunscribe solo a Alemania. General Motors compró la alemana Opel antes de empezar la guerra y, a pesar de que a los dos años Estados Unidos y Alemania ya eran enemigos declarados, no dudaron en seguir fabricando desde Colonia. El negocio era el negocio. La empresa de Detroit no fue la única estadounidense en sacar tajada. La también automovilística Ford estableció algunas fábricas en Renania, llevadas por mano de obra esclava. Esto no era casual: su dueño, Henry Ford, era un ardiente antisemita y desde suelo estadounidense machacaba el país con propaganda que culpaba, al igual que Hitler, a los judíos de los males económicos y sociales de la nación, además de señalarlos como un peligro creciente si acumulaban más poder. De hecho, el magnate estadounidense y el Führer se tenían en alta estima, que llegó al extremo en 1938 cuando Ford recibió la Gran Cruz del Águila alemana, la mayor condecoración que un extranjero podía recibir del régimen nacionalsocialista.
Esa misma medalla la recibió en 1937 Thomas Watson, fundador de la empresa informática IBM. Su entonces primitiva tecnología informática de las tarjetas perforadas fue implantada en Alemania bajo una empresa subsidiaria. Aquel precursor de los actuales programas informáticos ayudó enormemente a la logística y la organización alemana, especialmente con la elaboración de censos e inventarios, lo que favoreció en gran medida la rapidez y la sistematización de los métodos que generaron el Holocausto y el genocidio de diversas minorías. Solo tres años después de recibir la medalla, Watson la devolvió al enterarse de que su producto estrella estaba siendo utilizado para elaborar listas de disidentes, judíos y demás personas que eliminar. Una vez IBM le retiró el apoyo a Hitler en 1940, este nacionalizó la filial, que cayó en manos de la alemana Dehomag, la cual siguió utilizando la tecnología estadounidense para exterminar y neutralizar lo que los dirigentes nazis creyesen oportuno.
Para ampliar: “Los nazis usaron tecnología de IBM en el Holocausto”, Clarín, 2001
Reparaciones frente al olvido
Una vez terminada la guerra, los dirigentes de las empresas se apresuraron en convencer a los nuevos dueños del país, especialmente a Estados Unidos, Reino Unido y Francia, de su indispensable papel en la recuperación alemana. Su misión era sobrevivir a los tiempos, así que se apresuraron a dar el grito de “El rey ha muerto, viva el rey”. Como la desnazificación del país tampoco pudo ser integral —se exponían a crear un vacío de poder total—, las potencias vencedoras tuvieron un ataque de amnesia respecto al pasado inmediato de estas corporaciones. Simplemente se limitaron a reconstruir y poner en funcionamiento de nuevo las fábricas; eso sí, esta vez sin mano de obra esclava.
Para ampliar: “El eterno tabú alemán“, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2018
Los esclavos del Tercer Reich serían quienes no dejarían que aquellos abusos cayesen en el olvido. Muchos de ellos sobrevivieron a la guerra y, desde Estados Unidos a los países del Bloque Oriental, aquella historia siguió viva. Ante la presión ejercida y con la finalidad de no ver perjudicada su imagen, algunas empresas empezaron a indemnizar a algunos de los afectados; otras remolonearon aquella reparación intentando desmarcarse de la historia —y de la Historia—. Finalmente, el Gobierno alemán tuvo que crear en 1999 un fondo compensatorio para las víctimas, al que empresas como Allianz, BASF, Bayer, BMW, DaimlerChrysler, Deutsche Bank, Dresdner Bank, Krupp-Hoesch, Hoechst, Siemens y Volkswagen se vieron obligadas a aportar para compensar a los todavía supervivientes. Sin embargo, esto solo ocurrió con los afectados de nacionalidad alemana; miles de supervivientes que acabaron en el este de Europa cuando la guerra terminó apenas han visto nada de ese dinero. Y, vistas las pocas ganas que los responsables tienen de resarcir a las víctimas, así seguirá siendo.
Para ampliar: “Gran capital y Tercer Reich”, Alejandro Teitelbaum en Le Monde diplomatique, 2014
https://elordenmundial.com/las-empresas-que-ayudaron-hitler/
Fernando Arancón

Fernando Arancón

Madrid, 1992. Director de El Orden Mundial. Graduado en Relaciones Internacionales por la UCM. Máster en Inteligencia Económica en la UAM. Especialista y apasionado de la geopolítica.
 

viernes, 2 de junio de 2017

La Franja y la Ruta reequilibrará la economía global

La Franja y la Ruta reequilibrará la economía global

Actualizado a las 15/05/2017 - 08:56
Palabras clave:
BEIJING, 14 may (Xinhua) -- La economía mundial atraviesa tiempos turbulentos. Sin embargo, la Iniciativa de la Franja y la Ruta podría reequilibrar la situación y ayudar a restaurar la fe en la globalización.
El orden económico global actual favorece al fuerte y al rico, quienes escriben las reglas para quedarse con la mayor parte de los beneficios, mientras el débil y el necesitado son marginados e ignorados.
En un mundo que todavía padece la resaca de la crisis financiera global y está acosado por el proteccionismo, las cosas se ponen cada vez más difíciles para los países en vías de desarrollo. Infraestructuras desgastadas, capacidad productiva inadecuada y escasez de financiación se juntan para generar la tormenta perfecta para paralizar el progreso.
Las soluciones reales y duraderas a estos apuros económicos de escala mundial sólo llegarán cuando las arcaicas relaciones de la actualidad sean remodeladas y reemplazadas por la verdadera cooperación. Y de esto precisamente es que se trata la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Propuesta por el presidente chino, Xi Jinping, en 2013, la ambiciosa iniciativa que busca conectar decenas de países a lo largo de la terrestre Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI, se está convirtiendo en un nuevo modelo de vinculación económica global basado en los principios del beneficio mutuo, muy lejos del actual sistema en el que "el que gana se lo lleva todo".
"En la implementación de la iniciativa, China no recurrirá a las anticuadas maniobras geopolíticas. Lo que esperamos alcanzar es un nuevo modelo de cooperación de beneficio mutuo", dijo el mandatario en el discurso que pronunció en la ceremonia de apertura del Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional, la mañana de hoy domingo.
La Franja y la Ruta, que se extiende de Asia a Europa, tiene el potencial para llegar a ser uno de los mayores proyectos de desarrollo económico de la historia.
Muchos de los países involucrados han quedado atrapados en la subsidencia de la globalización, olvidados y dejados atrás. Su deseo de industrialización se adapta perfectamente a la estrategia de interncionalización de China para aprovechar al máximo sus vastas capacidades industrial y de construcción de infraestructuras.
La nueva demanda, creada por el incremento de la oferta, es la forma en que la Franja y la Ruta reestablecerá el equilibrio en la economía mundial.
El ex primer ministro pakistaní, Shaukat Aziz, dijo que la Franja y la Ruta podría ser "un punto de inflexión" para su país y el mundo entero, una fuerza para impulsar el crecimiento, la prosperidad y la paz, y para crear un mejor entendimiento entre las naciones.
En 2016, la economía mundial tuvo su peor año desde la crisis financiera global, con una caída del 13 por ciento en la inversión extranjera directa y un débil crecimiento del comercio. Sin embargo, estadísticas oficiales muestran actividades comerciales y de inversión mucho más dinámicas en las regiones a lo largo de la Franja y la Ruta.
El comercio entre China y los demás países de la Franja y la Ruta superó los 3 billones de dólares durante el periodo 2014-2016, mientras la inversión china en esos países excedió los 50.000 millones de dólares, cubriendo áreas como infraestructura, capacidad industrial, inversión, comercio, tecnología financiera y cooperación social.
Un total de 56 zonas de cooperación económica y comercial han sido establecidas por empresas chinas en los países de la Franja y la Ruta, generando casi 1.100 millones de dólares en ingresos fiscales y creando 180.000 empleos locales.
La Iniciativa de la Franja y la Ruta está abierta a todos y brinda resultados para todos. Por eso no sorprende que haya cosechado el apoyo de más de 100 países y organizaciones internacionales.
Más allá del comercio y la infraestructura, otras metas a largo plazo para la Franja y la Ruta son la coordinación de políticas, la integración financiera y los vínculos entre los ciudadanos, todas las cuales proporcionan una nueva visión para el futuro de la humanidad.
La Franja y la Ruta no será construida en un solo día. Su ambicioso plano ha de ser traducido a progresos sólidos.
El foro de dos días de duración que se celebra en Beijing, con la participación de 29 jefes de Estado y líderes de Gobierno, ofrecerá una plataforma apta para realizar dicha tarea.
http://spanish.peopledaily.com.cn/n3/2017/0515/c31619-9215494.html

viernes, 1 de enero de 2016

Expiraron los derechos de autor de “Mi lucha” de Hitler y sale a la venta en Alemania después de siete décadas

Expiraron los derechos de autor de “Mi lucha” de Hitler y sale a la venta en Alemania después de siete décadas

"Mein Kampf"Image copyrightAP
Image captionEl libro de Hitler fue publicado por primera vez en 1925.
A partir de hoy y por primera vez en 70 años, el manifiesto nazi de Adolf Hitler, "Mein Kampf" ("Mi lucha") estará disponible en Alemania para que pueda ser comprado por el público.
La reimpresión del libro antisemita fue prohibida después de la Segunda Guerra Mundial por el gobierno regional de Bavaria, el cual poseía el copyright o derechos de autor del libro.
Dichos derechos han expirado y el Instituto de Historia Contemporánea (IFZ, por sus siglas en alemán: Institut für Zeitgeschichte) en Múnich publicará una nueva edición la próxima semana.
Se prevén nuevas versiones en varios países.
Esta nueva versión, que cuenta con miles de notas académicas, tiene como objetivo mostrar que "Mein Kampf" está mal escrito y es incoherente y que no se trata de un texto poderoso o seductivo.
Los historiados indicaron que el libro ayuda a académicos e intelectuales a entender lo que sucedió en la era nazi.
"Sería incluso irresponsable dejar que este texto circule libremente", le dijo a la Deutsche Welle Andreas Wirsching, director del IZF. "Nuestra edición tiene informaciones nuevas que ayudan a entender mejor el texto y, en el mejor de los casos, también la historia del Nacionalsocialismo".
Varios grupos judíos han recibido con beneplácito esta publicación en particular, pues en su opinión es importante tener acceso a una edición crítica que ayude a explicar el Holocausto, informó el corresponsal de la BBC en Berlín, Damien McGuinness.

70 años

"Mein Kampf" fue originalmente impreso en 1925, ocho años antes de que Hitler asumiera el poder.
Mein KampfImage copyrightReuters
Image captionLas copias se presentaban como regalo a todos los recién casados en la Alemania nazi.
Después de que la Alemania nazi fue derrotada en 1945, las fuerzas aliadas les pasaron los derechos de autor al estado de Bavaria.
Las autoridades locales se han negado a permitir que el libro sea reimpreso para prevenir la incitación al odio, aunque el libro fue ampliamente impreso durante la guerra, lo cual lo hizo accesible.
En el marco de la ley alemana, los derechos de autor se vencen a los 70 años de la muerte del autor. Por eso, las casas editoriales tienen ahora libre acceso al texto original.
Sin embargo, las autoridades alemanas han señalado que limitarán el acceso público al texto en medio de temores de que el libro pueda exacerbar un sentimiento neonazi.
Por años, el libro ha circulado y ha sido comercializado en varios países e idiomas. Se puede incluso encontrar en internet.
En 2013, cuando el IFZ anunció sus planes de publicar una edición comentada del libro, una vez que los derechos de autor expiraran en 2015, el estado de Baviera amenazó con presentar cargos penales.
Sin embargo, el instituto dijo que publicaría la obra bajo "su propia responsabilidad" como un centro de investigación independiente y que su objetivo era "desmitificar" el texto.

Un regalo

Hitler escribió Mein Kampf durante su tiempo en prisión tras un fallido golpe de Estado en 1923.
El texto arremete contra el judaísmo y el comunismo.
Hitler hizo una fortuna con su libro. No sólo se eximió de pagar impuestos sino que después de que se convirtió en canciller alemán, compró millones de copias para regalárselas a recién casados.
Gunter GrassImage copyrightReuters
Image captionGunter Grass lo había dicho en 2002: "Se nos debe permitir leer esta locura".
Se estima que sólo en Alemania se vendieron 12 millones de copias.
En 2002, el escritor alemán y Gunter Grassquien murió en abril de 2015, rompió con dos tabúes de la sociedad alemana: el sufrimiento alemán en la Segunda Guerra Mundial y la proscripción del libro "Mein Kampf".
En su novela "A paso de cangrejo", Grass recordó el triste destino de millones de alemanes que fueron víctimas del régimen nazi.
Tras la publicación de su libro, Grass defendió en una entrevista con la revista alemana Die Woche la publicación de la obra más famosa de Hitler.
"Se nos debe permitir leer esta locura", dijo, y abogó para que se autorizara una nueva edición con comentarios explicatorios.
En su opinión, esa es la única manera de combatir la fascinación que algunos jóvenes sienten por el nazismo, del que en realidad saben muy poco. 

Contenido relacionado