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miércoles, 10 de noviembre de 2021

EEUU advierte que la comunidad internacional no asumirá la seguridad en Haití

Las Mundiales martes, 09 de noviembre de 2021

EEUU advierte que la comunidad internacional no asumirá la seguridad en Haití

El subsecretario de Estado para la Lucha contra el Narcotráfico de EE.UU., Todd D. Robinson. Foto EFE

EFE | Puerto Príncipe

Estados Unidos advirtió este martes que la comunidad internacional no irá "al rescate" de Haití para solucionar la grave crisis de seguridad que vive el país caribeño, ocasionada por el auge de las bandas armadas.

Así lo manifestó el subsecretario de Estado para la Lucha contra el Narcotráfico, Todd D. Robinson, durante una visita a Puerto Príncipe, en la que anunció una donación de 60 vehículos y de 200 equipos de protección a la Policía Nacional de Haití.

"Al final de cuentas, no va a ser la comunidad internacional la que venga al rescate de Haití. Van a ser los haitianos, van a ser las autoridades haitianas, va a ser la Policía haitiana quienes van a ser responsables de la seguridad en el país", aseveró Robinson en una comparecencia de prensa en la embajada de su país.

No obstante, Robinson, quien encabeza la tercera delegación de alto nivel enviada por Washington a Haití desde finales de septiembre, aseguró que la seguridad en Haití es una "prioridad" para la Estados Unidos.

NADA DE TROPAS

Ante preguntas de la prensa, Robinson afirmó que no tiene "ninguna información" sobre el envío de tropas estadounidenses a Haití o a la vecina República Dominicana.

También matizó las declaraciones realizadas hace dos semanas por la portavoz de la Casa Blanca Jen Psaki sobre la posibilidad de que EE.UU. apoye a la Policía de Haití en su intento de abrir corredores seguros para permitir el reparto de combustible, que ha sido interrumpido por los bloqueos que imponen las bandas armadas.

Robinson aclaró que el compromiso de Estados Unidos es trabajar con las autoridades haitianas "en general", descartando de forma tácita el despliegue de fuerzas de seguridad sobre el terreno.

VEHÍCULOS PARA LA POLICÍA

El anuncio más concreto fue la donación de 60 vehículos a la Policía Nacional para enfrentar a las bandas armadas, que han multiplicado sus ataques desde comienzos de septiembre, aprovechando la inestabilidad política agravada tras el asesinato del presidente Jovenel Moise, cometido el 7 de julio pasado.

De esos vehículos, 19 fueron entregados "recientemente" a la Policía haitiana y el resto llegarán "en los próximos meses", según palabras de Robinson.

Además, "en los próximos días" se entregarán 200 equipos de protección a los agentes que están en la primera línea del combate contra las bandas.

Las pandillas son responsables de secuestros, asesinatos, robos y violaciones que atemorizan a la población y desde mediados de septiembre han causado una crisis de desabastecimiento de combustible, con sus ataques a los camiones cisterna e imponiendo bloqueos de carreteras.

ESTADOUNIDENSES SECUESTRADOS

Washington sí envió a Puerto Príncipe un equipo del FBI para tratar el caso del secuestro de un grupo de misioneros y sus familias, 16 de nacionalidad estadounidense y otro canadiense.

Robinson dijo que no tiene nuevas informaciones sobre el secuestro de los misioneros, que fueron raptados el pasado 16 de octubre cuando regresaban a casa después de visitar un orfanato en las afueras de la capital haitiana.

No obstante, garantizó que Estados Unidos colabora estrechamente con las autoridades locales con el propósito de llevar a casa lo antes posible a sus ciudadanos.

Esta es la tercera delegación de alto nivel de Estados Unidos que visita Haití desde finales de septiembre.

La subsecretaria de Estado de Seguridad Civil, Democracia y Derechos Humanos, Uzra Zeya, viajó a Haití el pasado 12 de octubre para tratar de la cuestión de la inseguridad.

Dos semanas antes, el asesor para Latinoamérica del presidente Joe Biden, Juan González, encabezó otra delegación a Puerto Príncipe, destinada a tratar la crisis migratoria que también tiene a Haití en su centro.

https://listindiario.com/las-mundiales/2021/11/09/696138/eeuu-advierte-que-la-comunidad-internacional-no-asumira-la-seguridad-en-haiti

viernes, 16 de julio de 2021

Díaz-Canel dice EEUU fracasa en su "empeño de destruir a Cuba"

Las Mundiales viernes, 16 de julio de 2021

Díaz-Canel dice EEUU fracasa en su "empeño de destruir a Cuba"

Díaz-Canel dice EEUU fracasa en su "empeño de destruir a Cuba"

AFP
La Habana, Cuba.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, dijo el viernes que Estados Unidos ha "fracasado en su empeño de destruir a Cuba", en un mensaje un día después de que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, criticara al gobierno de la isla por la represión de las inéditas protestas del 11 y 12 de julio.

"EEUU ha fracasado en el empeño de destruir a Cuba a pesar de que, para conseguirlo, ha malgastado miles de millones de dólares", dijo en Twitter, luego de que Biden calificara a Cuba como un Estado "fallido" que reprime a sus ciudadanos.

https://listindiario.com/las-mundiales/2021/07/16/679633/diaz-canel-dice-eeuu-fracasa-en-su-empeno-de-destruir-a-cuba

lunes, 14 de junio de 2021

La política exterior de Biden es en buena medida indistinguible de la de Trump. Entrevista a Noam Chomsky _

Entrevista a Noam Chomsky 
13 de junio e 2021 _ Redacción

La política exterior de Biden es en buena medida indistinguible de la de Trump

Noam Chomsky

Las medidas de política interior del presidente Joe Biden, sobre todo en el plano económico, resultan bastante alentadoras, y ofrecen mucha esperanza en un futuro mejor. No se puede decir lo mismo de la agenda de la administración en política exterior, tal como revelan las penetrantes intuiciones y los sagaces análisis de Noam Chomsky en esta entrevista exclusiva con C.J. Polychroniou para Truthout [publicada a finales del pasado mes de marzo]. Chomsky, intelectual público de renombre mundial, es catedrático emérito del MIT y profesor laureado de Lingüística en la Universidad de Arizona. La entrevista ha sido ligeramente editada por razones de claridad y espacio.

Noam Chomsky

C. J. Polychroniou: Noam, después de dos meses en la Casa Blanca, la agenda de política exterior de Biden empieza a cobrar forma. ¿Qué señales hay hasta ahora de la manera en que la administración Biden piensa encarar los retos a la hegemonía que plantean sus rivales geopolíticos primordiales, a saber, Rusia y China?

El desafío a la hegemonía norteamericana planteado por Rusia y, sobre todo, por China ha sido asunto importante del discurso de la política exterior desde hace un tiempo, con un acuerdo persistente sobre la gravedad de la amenaza.

La cuestión es claramente compleja. Una buena regla práctica consiste en echar un vistazo escéptico cuando hay acuerdo general sobre algún asunto complejo. Y éste no es una excepción.

Lo que por lo general encontramos, creo, es que Rusia y China impiden a veces acciones norteamericanas destinadas a aplicar su hegemonía global en regiones de su periferia [de Rusia y China] que son de particular preocupación para ellos. Podemos preguntarnos si tienen justificación en su intento de limitar de este modo el abrumador poder norteamericano, pero eso dista mucho de la forma en la que se entiende por lo común ese desafío: como esfuerzo por desplazar el papel global norteamericano en el sostenimiento de un orden internacional liberal, fundamentado en reglas, por parte de nuevos centros de poder hegemónico.

¿Desafían en realidad Rusia y China la hegemonía norteamericana en las formas comúnmente entendidas?

Rusia no es un actor de envergadura en la escena mundial, aparte de su fuerza militar, que es un residuo (muy peligroso) de su anterior estatus. No puede en principio ni compararse con los EE.UU. en alcance e influencia.

China ha experimentado un crecimiento económico espectacular, pero está todavía lejos de acercarse al poder de los EE.UU. en casi cualquier dimensión. Sigue siendo un país relativamente pobre, que figura en el puesto 85 en el Índice de Desarrollo Humano, entre Brasil y Ecuador. Los EE. UU., si bien no aparecen cerca de lo más alto debido a su pobre historial en material de bienestar social, están bastante por encima de China. En fuerza militar y alcance global (bases, fuerzas en combate activo) no hay comparación, las multinacionales con origen en los EE. UU. poseen la mitad de la riqueza mundial y son las primeras (a veces las segundas) en casi cualquier categoría. China queda bastante por detrás. China se enfrenta asimismo a graves problemas internos (ecológicos, demográficos, políticos). Los EE.UU., por contraposición, gozan de ventajas internas y de seguridad sin paralelo en ningún otro lugar.

Consideremos las sanciones: un instrumento de poder mundial de primer orden para un país de la Tierra: los EE.UU. Son, por ende, sanciones de terceros. Si las desobedeces, se te acabó la suerte. Te pueden dejar fuera del sistema financiero mundial, o cosas peores. Viene a ser lo mismo donde quiera que miremos. Si contemplamos la historia, encontramos los ecos habituales del consejo que en 1947 dio al presidente el senador Arthur Vandenberg, que consistía en “meter el miedo en el cuerpo al pueblo norteamericano”, si quería suscitar en ellos un frenesí de temor por la amenaza rusa de apoderarse del mundo. Sería necesario ser “más claros que la verdad”, tal como explicaba Dean Acheson, uno de los creadores del orden de postguerra. Se estaba refiriendo al NSC-68 de 1950, un documento fundacional de la Guerra Fría, desclasificado décadas más tarde. Su retórica sigue resonando todavía hoy, de un modo u otro, en relación a China.

La NSC-68 apelaba a una enorme progresión militar y a la imposición de disciplina en nuestra sociedad, peligrosamente libre, para que podamos defendernos del “Estado esclavo” con su “implacable propósito… de eliminar el desafío de la libertad” por doquier, estableciendo un “poder total sobre todos los hombres [y] absoluta autoridad sobre el resto del mundo”. Y así sucesivamente, en un flujo impresionante.

China se enfrenta al poder norteamericano… en el mar del Sur de China, no en el Atlántico o en el Pacífico. Hay también un desafío económico. En ciertos campos, China es líder mundial, sobre todo en energías renovables, donde va bastante por delante de otros países, tanto en volumen como en calidad. Es también la base mundial de la manufactura, aunque los beneficios van en su mayoría a otros lugares, a gestores como Foxconn, de Taiwán, o a los inversores de Apple, que dependen cada vez más de los derechos de propiedad intelectual, los exorbitantes derechos de patentes que son parte central de los acuerdos de “libre comercio”, altamente proteccionistas.

La influencia global de China se está extendiendo, a buen seguro, en la inversión, el comercio, la adquisición de instalaciones (como la gestión del puerto principal de Israel). Esa influencia es probable que se extienda, de seguir adelante con el suministro de vacunas prácticamente a precio de coste, comparado con el acaparamiento de vacunas por parte de Occidente y su intento de impedir la distribución de una “Vacuna popular”, con el fin de proteger las patentes y beneficios de las grandes empresas. China está progresando también de modo substancial en alta tecnología, para gran consternación de los EE.UU., que tratan de impedir su desarrollo.

Resulta bastante extraño considerar todo esto como un desafío a la hegemonía norteamericana.

La política norteamericana podría contribuir a crear un desafío más grave por medio de actos hostiles y de enfrentamiento que impulsen a Rusia y a China a unirse más como reacción. De hecho, es lo que ha ido sucediendo con Trump, y en los primeros días de Biden, aunque Biden sí que respondió en el último minuto al llamamiento de Rusia de renovar el Nuevo Tratado START de limitación de armas nucleares, poniendo a salvo el único elemento de envergadura del régimen de control de armas que había escapado a la labor de demolición de Trump.

Está claro que lo que hace falta son negociaciones y diplomacia sobre cuestiones disputadas, y cooperación de veras en cuestiones tan cruciales como las del calentamiento global, el control de armamento y las futuras pandemias, crisis todas muy graves que no conocen fronteras. Que el equipo de halcones de la política exterior de Biden vaya a tener la sensatez de moverse en esa dirección es algo de momento poco claro, en el mejor de los casos, y aterrador, en el peor. A falta de presiones populares significativas, no pintan bien las perspectivas.

Otra cuestión que exige atención popular y activismo es la política de proteger la hegemonía buscando dañar a potenciales rivales, muy públicamente en el caso de China, pero también en otros lugares, a veces con formas que resultan difíciles de creer.

Un ejemplo notable se encuentra sepultado en el Informe Anual para 2020 del Departamento de Salud y Servicios Humanos, que se honra en presentar su secretario, Alex Azar. En el subapartado, “Combatir influencias malignas en las Américas”, el informe discute los esfuerzos de la Oficina de Asuntos Globales (OGA) del Departamento por mitigar los esfuerzos de aquellos estados, entre los que se cuentan Cuba, Venezuela y Rusia, que están trabajando para aumentar su influencia en la región en detrimento de la seguridad y protección de los EE.UU. La OGA se coordinó con otras agencias del gobierno norteamericano para fortalecer lazos diplomáticos y ofrecer ayuda técnica y humanitaria a fin de disuadir a los países de la región de que acepten ayuda de estos estados malintencionados. Entre los ejemplos se cuenta el utilizar la oficina del Agregado Sanitario de la OGA para persuadir a Brasil de que rechace la vacuna rusa de la COVID-19 y ofrecer asistencia técnica de la CDC [Centro de Control de Enfermedades], en lugar de que Panamá acepte una oferta de médicos cubanos, [La cursiva es mía].

En medio de una furiosa pandemia, de acuerdo con este informe, debemos bloquear malignas iniciativas que ayuden a las desgraciadas víctimas.

Con la grotesca mala gestión del presidente Jair Bolsonaro, Brasil se ha convertido en una historia global de terror por su fracaso a la hora de enfrentarse a la pandemia, pese a sus notables institutos de salud y su buen historial, en el pasado, de vacunaciones y tratamientos. Sufre de una grave escasez de vacunas, de manera que los EE.UU. se enorgullecen de sus esfuerzos por impedirles que utilicen la vacuna rusa, que las autoridades occidentales reconocen comparable a las vacunas Moderna y Pfizer que utilizamos aquí.

Lo que resulta todavía más asombroso, tal como comenta el autor de este artículo en el Brasil Wire, ubicado en la UE, es “que los EE.UU. disuadieran a Panamá de que aceptara médicos cubanos, que han estado globalmente en primera línea contra la pandemia, trabajando en más de cuarenta países”. Debemos proteger a Panamá de la “maligna influencia” del único país del mundo que muestra la clase de internacionalismo que es necesario para salvar al mundo del desastre, crimen que debe impedir el poder hegemónico global.

La histérica dedicación de Washington a aplastar a Cuba desde los primeros días de su independencia en 1959 constituye uno de los fenómenos más extraordinarios de la historia moderna, pero, con todo, el grado de sadismo constituye una constante sorpresa.

Por lo que respecta a Irán, tampoco parece haber señales de esperanza, al haber nombrado la administración Biden a Richard Nephew, arquitecto de sádicas sanciones contra Irán con Barack Obama, como segundo del enviado a Irán. ¿Correcto o no?

Biden adoptó el programa sobre Irán de Trump prácticamente sin cambios, hasta en la retórica. Vale la pena recordar los hechos.

Trump rescindió la participación norteamericana en la JCPOA (el acuerdo nuclear), violando la Resolución 2331 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que obliga a todos los estados a someterse a la JCPOA, y violando los deseos de los demás signatarios. En un impresionante despliegue de poder hegemónico, cuando los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas insistieron en ceñirse a la 2331 y no ampliar las sanciones de las Naciones Unidas, el secretario de Estado, Mike Pompeo, los mandó a paseo: Renueven ustedes las sanciones. Trump impuso nuevas sanciones extremadamente severas a las que los demás se ven obligados a atenerse, con el objetivo de causar el máximo sufrimiento a los iraníes, de modo que el gobierno pueda ceder y acepte su exigencia de que el JCPOA se vea substituido por un nuevo acuerdo que imponga restricciones mucho más duras a Irán. La pandemia ofreció nuevas oportunidades de torturar a los iraníes, privándoles de una ayuda que necesitaban desesperadamente.

Además, es responsabilidad de Irán dar los primeros pasos hacia unas negociaciones en las que capitular ante las exigencias, poniendo fin a las acciones que llevó a cabo como reacción a la criminalidad de Trump.

Tal como hemos debatido antes, tiene su mérito la exigencia de Trump de que se puede mejorar la JCPOA. Una solución bastante mejor consiste en establecer una zona libre de armas nucleares (o una zona libre armas de destrucción masiva) en Oriente Medio (exceptualdo a Israel)*. Hay solo un obstáculo: que no lo permitirán los EE.UU., que vetan la propuesta cada vez que surge en los foros internacionales, como se ha visto muy recientemente en el caso del presidente Obama. Se entiende bien la razón: es necesario proteger de las inspecciones el importante arsenal de Israel. Los EE.UU. ni siquiera reconocen formalmente su existencia. Hacerlo perjudicaría el enorme aluvión de ayuda norteamericana a Israel, que puede discutirse si viola las leyes norteamericanas, una puerta que no quiere abrir ninguno de los partidos políticos. Es otra cuestión que no se discutirá siquiera, a menos que la presión popular haga imposible suprimir eso.

En el discurso norteamericano, se critica a Trump debido a que su política de torturar a los iraníes no tuvo éxito a la hora de conseguir que capitulase su gobierno. Esa posición recuerda a los pasos dados por Obama -y enormemente elogiados- de relaciones limitadas con Cuba, puesto que, tal como explicó, nos hacen falta tácticas nuevas después de que hayan fracasado nuestros esfuerzos por llevar la democracia a Cuba: a saber, una despiadada guerra terrorista que casi nos llevó a la extinción en la crisis de los misiles de 1962 y sanciones de una crueldad sin paralelo condenadas de forma unánime por la Asamblea General de las Naciones Unidas (salvo Israel). De manera parecida, se critican nuestras guerras en Indochina, los peores crímenes desde la II Guerra Mundial, por ser un “fracaso”, como es el caso de la invasión de Irak, un ejemplo de libro del “supremo crimen internacional” por el que se ahorcó a los criminales de guerra nazis.

Se encuentran estas entre las prerrogativas de un verdadero poder hegemónico, inmune a las carcajadas de los extranjeros y confiado en el apoyo de aquellos a los que un crítico acerbo llamó una vez “rebaño de mentes independientes”, el grueso de las clases instruidas y la clase política.

Biden adoptó el conjunto del programa de Trump sin cambio alguno. Y para más inri, nombró a Richard Nephew como segundo del enviado a Irán. Nephew ha explicado sus puntos de vista en su libro The Art of Sanctions, en el que delinea la adecuada “estrategia para hacer aumentar el sufrimiento de modo cuidadoso, metódico y eficaz en aquellos campos que suponen vulnerabilidades, a la vez que se evita aquellos que no”. Justo la elección correcta para la política de torturar a los iraníes porque el gobierno al que desprecia la mayoría de ellos no se pliega a las exigencias de Washington.

La política del gobierno norteamericano respecto a Cuba e Irán proporciona una información muy valiosa sobre cómo funciona el mundo bajo la dominación de un poder imperial.

Desde que se volvió independiente en 1959, Cuba ha sido objeto de una implacable violencia y tortura por parte de los EE.UU., que ha llegado a niveles de verdadero sadismo, sin apenas una palabra de protesta por parte de los sectores de la élite. Afortunadamente, los EE.UU. son un país desacostumbradamente libre, de modo que tenemos acceso a registros desclasificados que explican la ferocidad de los esfuerzos por castigar a los cubanos. El crimen de Fidel Castro, explicaba el Departamento de Estado en los primeros años, consiste en su “desafío con éxito” de la política norteamericana desde la doctrina Monroe de 1823, que establecía el derecho de Washington a controlar el hemisferio. Se requieren medidas claramente severas para sofocar esos esfuerzos, como entendería bien cualquier Don de la Mafia, y la analogía del orden mundial con la Mafia es considerablemente merecida.

Buena parte de lo mismo vale para Irán desde 1979, cuando un levantamiento popular derribó al tirano instalado por los EE.UU en un golpe militar que dejó al país sin su régimen parlamentario. Israel había disfrutado de estrechas relaciones con Irán durante los años de la tiranía del Shah y de violaciones extremas de derechos humanos, y, al igual que los EE.UU., quedó consternada por su derrocamiento. El embajador de facto de Israel en Irán, Uri Lubrani, expresó su “firme” convicción de que pudiera someterse el levantamiento y se repusiera al Shah “con una fuerza relativamente pequeña, decidida, despiadada, cruel. Quiero decir que los hombres que dirijan esa fuerza tendrán que estar emocionalmente hechos a la posibilidad de que tengan que matar a diez mil personas”.

Las autoridades norteamericanas se mostraron muy de acuerdo en ello. El presidente Carter envió al general de la OTAN Robert E. Huyser a Irán para tratar de convencer a los militares iraníes de que se encargaran de la tarea, una hipótesis confirmada por documentos internos que han visto recientemente la luz. Y la rechazaron, al considerarla imposible. Poco después, Sadam Husein invadió Irán, un ataque que causó centenares de miles de muertos entre los iraníes, con total apoyo de la administración Reagan, hasta cuando Sadam recurrió a armas químicas, primero contra los iraníes, luego contra los kurdos iraquíes en las atrocidades de Halabja. Reagan protegió a su amigo Husein atribuyendo los crímenes a Irán y bloqueando la censura del Congreso. Pasó después a un apoyo militar total a Husein con fuerzas navales en el Golfo. Un navío norteamericano, el USS Vincennes, derribó a un avión de pasajeros iraní en un espacio aéreo comercial claramente señalado, matando a 290 personas, y volvió a su base, en la que fue recibido por todo lo alto, y donde su comandante y el oficial de vuelo que había dirigido la destrucción del avión comercial fueron recompensados con la Medalla al Honor.

Dándose cuenta de que no podía luchar contra los EE.UU., Irán, efectivamente, capituló. Washington pasó entonces a severas sanciones contra Irán, al tiempo que recompensaba a Husein de forma tal que aumentaba de manera aguda las amenazas a Irán, que acababa justo de salir de una guerra demoledora. El presidente Bush I invitó a ingenieros nucleares iraquíes a los EE.UU. para su formación avanzada en la producción de armas nucleares, lo cual no era un asunto sin importancia para Irán. Impulsó la ayuda agrícola que Husein necesitaba desesperadamente después de haber destruido feraces zonas agrícolas con su ataque con armas químicas contra los kurdos iraquíes. Envió una misión de alto nivel a Irak, encabezada por el líder republicano en el Senado, Bob Dole, posteriormente candidato presidencial, para presentar sus respetos a Husein, para asegurarle de que se moderarían los comentarios críticos en su contra en Voice of America, [emisora propagandística de radio norteamericana] y para aconsejar a Husein que ignorase los comentarios críticos en la prensa, algo que no podía impedir el gobierno norteamericano.

Esto sucedió en abril de 1990. Pocos meses después, Husein desobedeció (o malentendió) las órdenes e invadió Kuwait. Y entonces todo cambió.

Casi todo. Continuó el castigo a Irán por su “exitoso desafío”, con severas sanciones, y nuevas iniciativas del presidente Bill Clinton, que emitió órdenes ejecutivas y firmó una legislación del Congreso que imponía sanciones a las inversiones en el sector petrolífero, base de su economía. Europa puso objeciones, pero no tenía manera de de evitar las sanciones extraterritoriales norteamericanas.

Sufrieron asimismo las empresas norteamericanas. Un especialista en Oriente Medio de la Universidad de Princeton, Seyed Hossein Mousavian, antiguo portavoz de los negociadores nucleares iraníes, informa de que Irán ofreció un contrato multimillonario en dólares a la empresa energética norteamericana Conoco. La intervención de Clinton bloqueando el acuerdo clausuró una oportunidad de reconciliación, uno de los muchos casos que analiza Mousavian.

Las acciones de Clinton formaban parte de un patrón general, un patrón inusual. Por lo común, sobre todo en cuestiones relativas a la energía, la política se ajusta a los comentarios de Adam Smith sobre la Inglaterra del siglo XVIII, en la cual los “dueños de la humanidad”, que poseen la economía privada, son los “arquitectos principales” de la política del gobierno, y actúan para asegurarse de que sus intereses queden por delante, por “penoso” que sea el efecto sobre otros, incluida la gente de Inglaterra. Son raras las excepciones, e instructivas.

Cuba e Irán constituyen dos excepciones notables. Hay intereses comerciales de envergadura (farmacéuticas, energía, “agribusiness”, aviación y otros) que han estado dispuestos a entrar en los mercados de Cuba e Irán y establecer relaciones comerciales con empresas del país. El poder del Estado prohibe dar esos pasos, fallando en contra de intereses provincianos de los “dueños de la humanidad” y en favor de la meta transcendente de castigar el desafío exitoso.

Hay mucho que decir sobre esas excepciones a la regla, pero eso nos llevaría demasiado lejos.

La publicación del informe sobre el asesinato de Jamal Khashoggi decepcionó a casi todo el mundo, salvo a Arabia Saudí. ¿Por qué adopta la administración Biden un enfoque blando respecto a Arabia Saudí y al príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, sobre todo, algo que llevó a Nicholas Kristof, columnista del New York Times, a escribir que “Biden … dejó escapar al asesino”?

No es difícil de adivinar. Quién quiere ofender a un estrecho aliado y a una potencia regional a la que el Departamento de Estado describió durante la II Guerra Mundial como “una formidable fuente de poder estratégico, y uno de los mayores premios materiales de la historia del mundo… probablemente el premio económico más rico en el campo de la inversión exterior”. El mundo ha cambiado en muchas cosas desde entonces, pero el razonamiento básico sigue siendo válido.

Biden había prometido que, de ser elegido, reduciría el gasto de Trump en armas nucleares, y que los EE.UU. no dependerían de las armas nucleares para su defensa. ¿Hay probabilidades de que veamos un giro drástico en la estrategia nuclear norteamericana con la administración Biden por el que el uso de estas armas sea bastante menos probable?

Ya sólo por razones de coste, se trata de una meta que debería figurar en lo más alto del orden del día de cualquiera que desee ver ese género de programas internos que el país necesita desesperadamente. Pero las razones van bastante más allá. La actual estrategia nuclear apela a preparativos de guerra, entendiendo por ello una guerra nuclear terminal….con China y Rusia.

Deberíamos recordar una observación de Daniel Ellsberg: las armas nucleares se usan constantemente, muy a la manera en que un atracador utiliza una pistola para apuntar a un tendero y decirle: “La bolsa o la vida”. Ese principio queda de hecho consagrado como política en un importante documento de 1995: “Fundamentos de Disuasión tras la Guerra Fría” elaborado por el Mando Estratégico de Clinton (STRATCOM). El estudio concluye que las armas nucleares son indispensables por su incomparable poder destructivo, pero aunque no se utilicen, “las armas nucleares arrojan siempre una sombra sobre cualquier crisis o conflicto”, permitiéndonos lograr nuestros fines mediante la intimidación: lo que apuntaba Ellsberg. El estudio prosigue autorizando el uso “preventivo” de armas nucleares y ofrece consejo a los planificadores, que no deberían “retratarnos como plenamente racionales y de cabeza fría”. Antes bien, la “imagen pública nacional que proyectemos” debería ser “que los EE.UU. pueden volverse irracionales y vengativos si se atacan sus intereses nacionales y que “puede parecer que algunos de esos elementos están potencialmente ‘fuera de control’”.

La “teoría del loco” de Richard Nixon, pero partiendo esta vez no de asociados sino de quienes diseñaron la estrategia nuclear.

Hace dos meses, entró en vigor el Tratado sobre Prohibición de Armas Nucleares de las Naciones Unidas. Las potencias nucleares se negaron a firmar, y siguen incumpliendo su responsabilidad, de acuerdo con la No Proliferación de Armas Nucleares, de tomar “medidas efectivas” para eliminar las armas nucleares. Esa posición no está grabada en piedra y el activismo popular podría provocar avances significativos en esa dirección, algo necesario para la supervivencia.

Desgraciadamente, ese nivel de civilización parece estar todavía más allá del alcance de los estados más poderosos, que corren en dirección contraria, actualizando y mejorando los medios para poner fin a la vida humana organizada sobre la Tierra.

Hasta los socios menores se suman a la carrera de la destrucción. Hace solo escasos días, el primer ministro británico, Boris Johnson “anunció un incremento de un 40 % del arsenal británico de cabezas nucleares. Su análisis… reconocía el ‘entorno de seguridad en evolución’, e identificaba a Rusia como la `más grave amenaza’ para Gran Bretaña”.

Queda mucho trabajo por hacer.

Noam Chomsky profesor laureado de la Universidad de Arizona y catedrático emérito de Lingüística del Massachusettes Institute of Technology, es uno de los activistas sociales más reconocidos internacionalmente por su magisterio y compromiso político. Su libro más reciente es “Climate Crisis and the Global Green New Deal: The Political Economy of Saving the Planet”.

Fuente: Truthout

Traducción: Lucas Antón para sinpermiso.info

https://cambiopolitico.com/la-politica-exterior-de-biden-es-en-buena-medida-indistinguible-de-la-de-trump-entrevista-a-noam-chomsky/162522/

*Nota de editor.

sábado, 22 de mayo de 2021

Estiman que EEUU falla en establecer prioridades en política exterior

 

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sábado, 26 de diciembre de 2020

Cómo hará Biden para reparar los daños de la política externa de Trump | por Carlos Monge

OPINIÓN
Autor ImagenCómo hará Biden para reparar los daños de la política externa de Trump
por Carlos Monge | 26 diciembre, 2020

Cómo hará Biden para reparar los daños de la política externa de Trump

Una insider como Anne-Marie Slaughter, ex directora de Planificación de Políticas del Departamento de Estado en el gobierno de Obama y académica top de Princeton, ha dicho recientemente que la prioridad uno de Biden, en política externa, será el tema medioambiental. Toda vez que se necesita la cooperación de China –el principal país emisor de dióxido de carbono (CO2), según la Comisión Europea: 27%, en un informe liberado en 2019 pero referido a 2015- para poner a coto a este problema global. Un asunto que, sin duda, relega a un segundo plano a la pugna por la hegemonía entre Washington y Beijing, ya que antes de proponerse aspirar al control o dominio del planeta, es necesario asegurarse de que éste siga existiendo, tal como lo conocemos.

Analistas de todo el planeta han derramado ríos de tinta intentando anticipar cuáles serán los ejes principales de la política exterior de Joe Biden, cuando el 20 de enero próximo ingrese a la Casa Blanca como nuevo Presidente de Estados Unidos. La conclusión central es que la viga maestra de este diseño estratégico consistirá, básicamente, en hacer una tarea de reparación o control de daños tras el desorden general creado en este ámbito por las políticas erráticas de Donald Trump. Que desechó a los profesionales del área y se apoyó en amateurs que aprobaran, sin mayores cuestionamientos, sus propias opciones.

Su primer Secretario de Estado, Rex Tillerson, era un ex ejecutivo de la petrolera Exxon que sostenía que no era claro que la acción del ser humano estuviera relacionada con el cambio climático y que, por lo tanto, poco se podía hacer al respecto. Duró poco más de un año en el cargo antes de ser reemplazado por Mike Pompeo, quien pasó de ser el jefe de la Agencia Central de Inteligencia a canciller de EE.UU.

Pompeo es un “halcón” que pasó por West Point, antes de graduarse de abogado, y alcanzó el grado de capitán, sin haber participado jamás en un combate real. En octubre de 2017, cuando llevaba diez meses en Langley, declaró que quería una CIA más “brutal, agresiva e implacable” (Le Monde, 13/3/2018). Enemigo jurado de Irán y Venezuela, este presbiteriano, de 57 años, ha sido leal a su jefe hasta el final, asegurando, el 10 de noviembre pasado, contra toda evidencia y ante una derrota casi consumada, que habría una “transición suave hacia una segunda administración Trump”.

Es necesario apuntar, además, otro dato contextual básico y que es el que dice relación con un Presidente que prescindió todas las veces que pudo de los diplomáticos profesionales y concentró en sí mismo, como si aún fuera el conductor del show televisivo “El Aprendiz”, las funciones que normalmente desempeña una Cancillería. Imposible olvidar su mediática gira a Corea del Norte, en junio de 2019, donde se reunió con Kim Yong-un, tras cruzar la frontera entre los dos Coreas. Y cómo delegó en su yerno, Jared Kushner, buena parte de la gestión de la política exterior estadounidense en Medio Oriente.

Por lo tanto, la designación de Antony Blinken como nuevo Secretario de Estado, por parte de Biden, emite una señal clara con respecto a una segunda clave de su política externa: la del regreso de los expertos en el área. Blinken es un fiel representante del Deep State. Se educó en París y luego en Harvard, y ha ocupado puestos en el National Security Council y el State Department, manteniendo, además, hasta hace poco un bufete de abogados con clientes vinculados al complejo militar-industrial. Como muchos demócratas, tiene un particular sesgo anti-ruso y no es de fácil trato personal, dada cierta arrogancia de base. Ha caracterizado la política comercial de Trump hacia China, que alterna guerras arancelarias con breves treguas, como una “debacle” y es partidario de un sabio pero completo desacoplamiento de EE.UU. en relación a Beijing.

Una insider como Anne-Marie Slaughter, ex directora de Planificación de Políticas del Departamento de Estado en el gobierno de Obama y académica top de Princeton, ha dicho recientemente que la prioridad uno de Biden, en política externa, será el tema medioambiental. Toda vez que se necesita la cooperación de China –el principal país emisor de dióxido de carbono (CO2), según la Comisión Europea: 27%, en un informe liberado en 2019 pero referido a 2015- para poner a coto a este problema global. Un asunto que, sin duda, relega a un segundo plano a la pugna por la hegemonía entre Washington y Beijing, ya que antes de proponerse aspirar al control o dominio del planeta, es necesario asegurarse de que éste siga existiendo, tal como lo conocemos.

Un profundo cambio de estilo

Para Slaughter, habrá cambios dramáticos en estilos de gobernanza entre Biden y Trump, pero no necesariamente en lo sustancial. Aunque se sabe que a veces las formas lo son todo. “Lo primero que hará (Biden) es reincorporarnos al Acuerdo (climático) de París (…) Se enfocará en la tecnología verde, en la economía limpia, en mucha inversión doméstica y en cómo el mundo aborda ésto” (Perfil.com, 19/12/2020).

“En estilo, si Donald Trump fue America First, Biden será Allies First (Aliados Primero). Abordará cada tema, ya sea geopolítico o global, pensando quiénes son nuestros amigos y socios y cómo los juntamos para enfrentar desafíos juntos. Es un enfoque mucho más solidario de los asuntos globales. Gran parte del primer año será gastado en reparar las relaciones dañadas con los aliados y descifrando cuáles son los grupos correctos para abordar a China, a Irán, y para enfocarse en la desinformación rusa…”

De lo anterior se desprende lo que, sin duda, será el quinto énfasis de la política exterior de Biden, haciendo la salvedad de que el orden de enumeración de los issues en este artículo no significa necesariamente orden de predominancia: el regreso del multilateralismo y el fin del discurso antiglobalista.

Como expresara Thomas Shannon, un veterano funcionario del Departamento de Estado, que fue, entre otras cosas, subsecretario adjunto de Asuntos del Hemisferio Occidental (América Latina y el Caribe), en el gobierno de George W. Bush: “Trump llegó al poder convencido de que EE.UU. tal vez había cometido grandes errores en su política externa por medio de acuerdos de libre comercio, compromisos de seguridad (…) Y su objetivo fue salir de todos ellos. Él, de hecho, reformuló cómo EE.UU. se relaciona con el mundo. Y alertó al mundo de que nosotros estaremos preocupados con nuestros problemas (…) Y cabe a los países preocuparse de sus propios problemas”.

En entrevista al diario brasileño Valor Económico (15/10/2020), agregó: “Eso perjudicó a EE.UU. globalmente, preocupó a nuestros aliados y envalentonó a nuestros adversarios (…) Con Biden hay una gran oportunidad para el pueblo americano de reconstruir un consenso sobre cuál es el objetivo de EE.UU. en el mundo y cómo precisamos estar empeñados globalmente y trabajar por medio de alianzas y socios para alcanzar metas comunes y compartidas”.

O, para decirlo en palabras de Slaughter, “El equipo de Biden y sus políticas serán multilaterales, defenderán la idea de un orden internacional basado en reglas…” Lo que plantea un nuevo problema, porque, tal como lo señala la CEO del think tank New America, con una franqueza inusual entre quienes, como ella, han ocupado altos cargos directamente relacionados con la formulación de directrices de política externa, “hace mucho que EE.UU. ha impuesto reglas a los demás que no respetó por sí mismo. Nunca firmamos el Tratado del Derecho del Mar, hay varios tratados que no hemos aceptado”.

La política de las tres D.

“Creo que fue en los 1990 cuando John Ruggie escribió que el excepcionalismo americano era, en realidad, exencionalismo americano (american exemptionalism), con respecto a las reglas internacionales”. Y ahí es donde se eslabonan lo que la misma Slaughter indicó como “los tres pilares de la política exterior de EE.UU. bajo Biden” (Financial Times, 19/10/2020), y que se pueden resumir en tres D: (Política) Doméstica, Disuasión y Democracia.

Según Slaughter, que tiene acceso en función de sus contactos con el mainstream demócrata a información de primer nivel, “la parte doméstica es absolutamente vital. Como dije sobre el clima, la gente de Biden cree que no podemos competir con China o jugar el rol que necesitamos jugar en el mundo a menos que nos reconstruyamos y renovemos. Esa parte es esencial, la deberíamos hacer aún si China no existiese. El elemento de disuasión tiene mucho que ver con China, pero también con Rusia y con cualquier otro adversario. Simplemente es modernizar nuestra defensa, así podemos descansar más en la disuasión que en el uso de la fuerza”.

“La parte de la democracia es la más complicada. Biden dijo que va a convocar a una Cumbre de Democracias; su asesor Tony Blinken (…) ha hablado de una Liga de Democracias. Biden ve el valor de unir a lo que llama el ‘mundo libre’ contra los autoritarios y China es el más poderoso de los Estados autoritarios. Tendremos que ver cómo resulta esto. Creo que es complicado. Yo llamé a un concierto de democracias en 2006 en el Princeton Project in National Security, pero ahora me enfocaría menos en democracias versus dictaduras, que en lo que lo haría en sociedades, gobiernos y orden internacional abiertos. EE.UU. mismo no luce como una gran democracia. Tuvimos una elección donde el presidente se rehusó a conceder. Entonces es una cuestión muy engañosa decir ‘estas son las democracias y ésas las dictaduras…”

Y ahí es donde Slaughter pone el dedo en la llaga: ¿cómo puede EE.UU. pretender recobrar liderazgo global cuando, con Trump a la cabeza, y pese a que acapara el 13% de las emisiones mundiales de CO2, con el segundo lugar en el ránking, después de China, se permite abandonar el tratado de mayor importancia acordado hasta ahora para conseguir la reducción de los gases que provocan el efecto invernadero y que hacen aumentar peligrosamente la temperatura del planeta? ¿O cómo se puede recuperar ese sitial de país líder cuando se ha retirado, dando un portazo, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en medio de una terrible pandemia que ya ha dejado un saldo de más de 323.000 muertos sólo dentro del territorio de la potencia que se adjudica el rol de hegemónica?

La respuesta a estas interrogantes es compleja y pone en evidencia que el equipo formado por Blinken, Linda Thomas-Greenfield y Jake Sullivan, los “tres mosqueteros” de la nueva política externa de Biden, tiene mucho trabajo por delante. Un team bien afiatado y formado en la escuela del gobierno Obama que, tal como advierten algunos observadores, “cree en la supremacía estadounidense, lo que podría llevarlos incluso a la imprudencia en el uso del poder militar americano” (Andrew Bacevich, presidente del Instituto Quincy para el Arte de Gobernar Responsable, citado por BBC.com, 24/11/2020).

Como sea, y dado el panorama anteriormente trazado, es difícil pensar en una política exterior demasiado agresiva, cuando no se cuenta con muchos aliados. “La fe en Estados Unidos como abanderado de la democracia se ha erosionado en toda Europa”, escribió Peter Wittig, embajador de Alemania en Washington durante gran parte de la administración Trump, en Foreign Affairs. Y lo mismo, qué duda cabe, puede aplicarse para otras regiones del mundo, como América Latina, considerando que China y Rusia tendrán un grado de atención absorbante, por parte de la Casa Blanca.

“La política exterior –como bien recordó Karen DeYoung, en The Washington Post (21/10/2020)- ha sido la tarjeta de presentación de Biden durante la mayor parte de su carrera en el gobierno. Pero está muy abajo en la lista de preocupaciones de los votantes estadounidenses que luchan contra una pandemia, disturbios sociales y una economía en apuros”.

“Para adaptarse a esta realidad, Biden ha delineado políticas que se superponen con su plan para curar los males domésticos. Recuperar el papel de EE.UU. en el mundo y defenderlo, ha dicho, requerirá que primero ponga su propia casa en orden. Una nación que se tambalea y se divide contra sí misma es un faro oscuro para atraer seguidores”. Lo mismo que de alguna manera plantea la Biblia cuando señala (Lucas 11: 14-23) que “todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae…”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador. https://www.elmostrador.cl/destacado/2020/12/26/como-hara-biden-para-reparar-los-danos-de-la-politica-externa-de-trump/

jueves, 17 de diciembre de 2020

Noam Chomsky: Trump oficializa la criminal ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos | Primavera Árabe

 

Noam Chomsky: Trump oficializa la criminal ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos

Noam Chomsky: Trump desprecia el derecho internacional y los derechos humanos con su decisión de reconocer a Marruecos soberanía sobre el Sáhara Occidental

El filósofo norteamericano dice que Trump desprecia el derecho internacional y los derechos humanos.
Chomsky pide a la comunidad internacional que apoye a las víctimas de estas políticas crueles.

El filósofo Noam Chomsky afirma que Donald Trump desprecia el derecho internacional y los derechos humanos con su decisión de reconocer a Marruecos soberanía sobre el Sáhara Occidental, territorio que ocupa militarmente desde hace 45 años.

Con motivo de ARTifariti 2020, los XIV Encuentros de Arte y Derechos Humanos del Sáhara Occidental, celebrados `on line´ desde Sevilla, Argel, Ciudad de México, Maputo (Mozambique) y los Campamentos de refugiados saharauis de Tinduf (Argelia), Chomsky ha mantenido una conversación telefónica desde su retiro de Arizona (EEUU) con el artista y profesor universitario Isidro López-Aparicio, miembro del Instituto de Investigación de La Paz y los Conflictos de la Universidad de Granada, en apoyo al Sáhara Occidental y a Palestina.

El lingüista y politólogo estadounidense, considerado el más importante de los pensadores contemporáneos según The New York Times, es tajante: “El presidente Trump ha revelado, una vez más, su desprecio por el derecho internacional y los derechos humanos básicos al reconocer oficialmente la ocupación criminal y brutal del Sahara Occidental por Marruecos”, a lo que agrega que EEUU se ha convertido  en la primera nación en hacerlo.

Para Chomsky lo ocurrido con el Sáhara Occidental “ha sido claramente un regalo para Marruecos a cambio de su aceptación de la solicitud de Trump de reconocer la ocupación criminal y brutal por Israel de Cisjordania palestina. La espantosa simetría pone de manifiesto con gran claridad la malevolencia de su administración”.

Ante esto, el pensador norteamericano pide a la comunidad internacional que se una “para brindar un apoyo vigoroso a las víctimas de estas políticas crueles, que reviven prácticas vergonzosas que han deshonrado la historia occidental”.

Gdeim Izik, inicio de la Primavera Árabe

El pronunciamiento de Noam Chomsky no es el primero que hace sobre el conflicto del Sáhara Occidental. Reivindicó el campamento pacífico de Gdeim Izik (campamento de la dignidad) que los saharauis levantaron en octubre de 2010 cerca de El Aaiún, capital del Sáhara Occidental, y lo consideró el inicio de la Primavera Árabe. Más de 25.000 saharauis reclamaron el acceso a los recursos naturales de su tierra y el fin de la marginación y al cabo de un mes el campamento fue arrasado violentamente por la policía y el ejército marroquí.  Centenares de personas fueron detenidas y hubo cerca de 2.000 heridos, según el medio saharaui Equipe Media.

En noviembre de 2014, Chomsky intervino en la 39 Conferencia internacional de Apoyo al Pueblo Saharaui, celebrada en Madrid, expresó en un video su compromiso con el pueblo saharaui “que ha estado luchando valientemente por su liberación durante cuarenta años”, y denunció que Marruecos seguía “sin responder por sus crímenes”.

“Durante ese tiempo –afirmó-, la agresión de Marruecos y los abusos a los derechos humanos más básicos por parte de las fuerzas de ocupación no ha obtenido respuesta y sigue recibiendo el apoyo directo de los poderes de Occidente, primordialmente de Francia aunque también sus aliados han cooperado para su vergüenza”.

“La última colonia de África todavía espera su libertad y la celebración de un referéndum justo bajo los auspicios de las Naciones Unidas, que tiene la responsabilidad de acabar con esta horrible era colonial. Espero y confío en que esta conferencia supondrá un paso más adelante en la lucha de los saharauis y que pronto disfrutarán de los derechos básicos y de la libertad que tanto merecen”, concluyó.

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Noam Chomsky: Trump oficializa la criminal ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos

sábado, 16 de marzo de 2019

Cuba rechaza argumento de EEUU para limitar visas

Noticias
Cuba rechaza argumento de EEUU para limitar visas 
Associated Press today
LA HABANA (AP) — Cuba rechazó el sábado el argumento esgrimido por Estados Unidos de que aplicaba reciprocidad en su criterio para reducir drásticamente el alcance de las visas a los isleños que vayan a visitar familiares o en pequeños viajes de intercambio.
El Departamento de Estado de Estados Unidos informó un día antes que había decidido recortar de cinco años a tres meses los documentos de permiso de entrada para cubanos, otorgándolas además de entradas múltiples a una sola, una medida que se produce en momentos de máxima tensión diplomática y política entre ambas naciones.
La encargada de negocios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, Mara Tekach aseguró que las nuevas reglas para el otorgamiento de las visas obedecen a una reestructuración realizada por Washington para ser recíprocas a los lineamientos que Cuba dicta para los ciudadanos estadounidenses.
“No es cierto que esta decisión haya sido tomada bajo un criterio de reciprocidad, toda vez que Cuba ofrece todas las facilidades para que los ciudadanos estadounidenses, desde cualquier país del mundo, incluidos los propios Estados Unidos, obtengan un visado, que se expide al momento, para viajar a Cuba”, expresó un comunicado de la Cancillería.
Las nuevas reglas estarán vigentes a partir del 18 del presente mes y perjudican a sus ciudadanos, expresó la nota oficial.
Cuba resaltó que esta decisión se suma al cierre de los servicios consultares del año pasado de su representación en La Habana, la interrupción de la entrega de visas en la isla, obligando a los cubanos a gestionarlas por terceros países como México -- donde muchas veces se les niegan--y al incumplimiento de la cuota de permisos según lo acordado en el acuerdo migratorio binacional.
A diferencia de su predecesor, Barack Obama, el nuevo mandatario Donald Trump hizo explícita su oposición a las buenas relaciones con Cuba e inició un endurecimiento de la política de sanciones a la isla.
Los límites al visado perjudican a muchas familias que tienen miembros a uno y otro lado del Estrecho de la Florida, que se beneficiaban de poder viajar incluso varias veces al año para sus reencuentros, así como al pequeño sector empresarial que mediante idas y regresos obtienen toda clase de insumos para sus negocios. https://www.apnews.com/7bba9c8ddce547a897b78abdb943e0a4