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Juan Pablo Duarte: Memoria, Idea y Compromiso Republicano
Por Luis Orlando Díaz Vólquez
La conmemoración del natalicio de Juan Pablo Duarte nos convoca a sentir y a pensar: a honrar con el corazón la entrega de un hombre que soñó una patria libre, y a examinar con la mente las ideas y las instituciones que nos dejó. Celebrarlo es, por tanto, un acto de memoria afectiva y de responsabilidad intelectual.
Contexto histórico y significado
Juan Pablo Duarte no fue solo el forjador de la independencia; fue el arquitecto de una idea de nación. En un tiempo de dominación y fragmentación, propuso una República fundada en la soberanía popular, la dignidad humana y la educación cívica. Su proyecto no se agotó en la gesta militar: fue una propuesta de orden político, ética pública y cultura ciudadana que aspiraba a transformar la sociedad desde sus cimientos.
Aportes intelectuales y morales
Duarte combinó acción y pensamiento. Sus escritos y su praxis muestran una coherencia entre fines y medios: la libertad entendida como responsabilidad colectiva; la patria concebida como comunidad de derechos y deberes; la educación como herramienta de emancipación. Su legado moral insiste en la integridad, la cohesión social y la vocación republicana, valores que siguen siendo brújula para la vida pública dominicana.
Relevancia para el presente
Recordar a Duarte hoy no es un ejercicio arqueológico. Sus principios iluminan debates contemporáneos sobre institucionalidad, transparencia y desarrollo. En un mundo globalizado, la República que soñó exige instituciones fuertes, ciudadanía informada y políticas públicas que traduzcan la libertad formal en oportunidades reales. La memoria duartiana nos interpela a convertir símbolos en políticas y afecto patrio en compromiso cívico.
Educación cívica y memoria crítica
Honrar a Duarte implica fortalecer la educación cívica con rigor académico y sensibilidad ética. No se trata de mitificar sin cuestionar, sino de enseñar su pensamiento en su complejidad: sus aciertos, sus límites y su contexto. Una memoria crítica y bien fundada forma ciudadanos capaces de deliberar, disentir con respeto y construir consensos en torno al bien común.
Llamado a la acción
En este natalicio, propongo tres compromisos concretos:
Reforzar la enseñanza de la historia cívica en todos los niveles educativos con materiales rigurosos y pedagógicamente innovadores.
Promover la transparencia institucional como práctica cotidiana, vinculando rendición de cuentas con participación ciudadana.
Fomentar la cultura del servicio público, reconociendo y premiando la vocación por el bien común en la administración pública y la sociedad civil.
Cierre | Juan Pablo Duarte nos legó una visión de patria que exige tanto emoción como pensamiento. Celebrarlo es renovar el pacto social que nos une: transformar el amor a la bandera en políticas que mejoren la vida de los dominicanos. Que su ejemplo nos inspire a construir una República más justa, más libre y más digna.
Sobre el autor:
Luis Orlando Díaz Vólquezes ingeniero en sistemas de computación, escritor, editor bibliográfico y productor de medios de comunicación. Es autor de artículos de opinión y análisis en los ámbitos de la geopolítica, la seguridad y el comercio internacional, y ha documentado procesos regionales y eventos de alto impacto, incluidos certámenes internacionales, congresos sectoriales y coyunturas relacionadas con la seguridad nacional.
Su producción se distingue por un enfoque centrado en la institucionalidad, la concepción de un Estado mínimo funcional, la apertura económica y el cumplimiento normativo (compliance) como pilares para la normalización institucional, la competitividad y el desarrollo sostenible.
Nuestro país tiene multiplicidad de leyes que lamentablemente no se aplican. El Congreso Nacional aprueba leyes para decir luego que tiene legislación que protege determinadas áreas. La afirmación anterior viene a propósito del busto erigido en honor al Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, en la Plaza de la Bandera, en la ciudad capital, que se hizo sin cumplir con la Ley 127-01 que exige la autorización previa del Instituto Duartiano. El debate suscitado en torno a este busto, que a todas luces no fue construido con el aval del Instituto Duartiano, me hace preguntarme, por qué República Dominicana no tiene una imagen oficial del patricio Juan Pablo Duarte, avalada por el Instituto Duartiano. Solo recordar que la única imagen oficial de Juan Pablo Duarte es el daguerrotipo realizado por Prospero Rey, en Caracas, en 1873, que incluso reposa en el Archivo General de la Nación. Entonces, ¿por qué no oficializar esa imagen? Cuando alguien visita Estados Unidos, y algunos lugares históricos de Washington, D.C., se da cuenta de que de George Washington, Abraham Lincoln, e incluso, de Martin Luther King, solo se exhiben fotos y estatuas con una sola imagen de estos símbolos de Estados Unidos. Igualmente sucede, por ejemplo, en México, con la imagen de Benito Juárez. Es decir, podrían existir imágenes diferentes de estos patriotas, pero oficialmente solo se utiliza una. ¿Por qué en República Dominicana no pudiera suceder lo mismo? El padre Pablo Mella, S.J., en su obra “Los espejos de Duarte” (2013), advierte sobre la necesidad de que la sociedad dominicana pueda conocer los diferentes perfiles y espejos de Juan Pablo Duarte, que a lo largo de la historia, determinados grupos han pretendido fijar en la mente del pueblo dominicano. Una obra interesantísima que recomiendo leer. Mella explica con lujos de detalles sobre como el papel de Juan Pablo Duarte en la independencia nacional fue silenciado hasta que se produjo el traslado de sus restos de Caracas a Santo Domingo, y cómo durante la dictadura de Ulises Heureaux, se promovió la construcción del Monumento a Duarte, para intentar conciliar las visiones que se tenían sobre el Padre de la Patria. Todavía en pleno 2018, hay que rescatar la figura honesta e incorruptible de Duarte, con su ejemplo de devolver al erario público de sus gastos en las batallas para asegurar la independencia nacional. Rescatemos su ejemplo, y apliquemos la ley. http://elnacional.com.do/busto-de-duarte/
JUAN PABLO DUARTE | 08 FEB 2018, 10:00 PM |EMILIA PEREYRA Penas y amores de los valientes líderes de la separación dominicana
Persecuciones, condenas, exilios y decepciones marcaron a los héroes
SANTO DOMINGO. Las notables vidas de los principales héroes que lucharon por la liberación dominicana del dominio haitiano estuvieron marcadas por el infortunio, las precariedades, las decepciones, los amores y “desencuentros”.
No obstante, fueron hombres tenaces que se empeñaron en hacer realidad sus ideales libertarios en condiciones adversas.
Aunque muchos otros se afanaron porque la parte Este del Santo Domingo español se separara de Haití la historia ha reservado posiciones relevantes a Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez, considerados padres de la patria dominicana, hombres de carne y hueso que cosecharon triunfos y fracasos.
Pedro Santana, del bando conservador, quien luego de la Independencia Nacional gestionó un protectorado de Francia y años después propició la Anexión a España, también forma parte de las figuras destacadas de las refriegas libertadoras, abatidas por la adversidad.
Pero ¿cómo eran y cuáles fueron las difíciles situaciones que enfrentaron estos titanes del siglo XIX en determinados momentos de sus singulares existencias?
Duarte y sus martirios
Se ha descrito abundantemente el rosario de padecimientos sufridos por Juan Pablo Duarte, uno de los hombres más importantes de la liberación.
El inspirador de la soberanía dominicana era el cuarto hijo del matrimonio formado por Manuela Díez y Jiménez y Juan José Duarte, y a los 25 años fundó la sociedad secreta La Trinitaria, después de alimentar por mucho tiempo el sueño de constituir una nación independiente.
El historiador Orlando Inoa asegura en su “Biografía de Juan Pablo Duarte que: “En su juventud, en distintos momentos de su vida”, el héroe tuvo dos novias: “María Antonia Bobadilla y Prudencia Lluberes. Con ambas llegó a comprometerse, pero con ninguna contrajo matrimonio”.
La sortija que el joven Duarte regaló a su prometida María Antonia es exhibida en el Museo de Cera Juan Pablo Duarte, donde se muestran otras facetas de su vida, como su interés por la educación, la escritura, los libros, las artes y el catolicismo.
Inoa expresa que existe muy poca información sobre las relaciones amorosas de Duarte, y que apenas se conserva una documentación que se refiere al patriota y a la señorita Bobadilla “participando como padrinos del bautizo de Wenceslao Camilo, hijo de Vicente Celestino, el 20 de octubre de 1837, en el templo de San Carlos”.
Obviamente ni esas relaciones amorosas ni las que tuvo con Prudencia Lluberes prosperaron, pues Duarte no se casó ni se le ha conocido descendencia.
En relación a esa faceta de la vida personal del prócer, el escritor Miguel Soto Jiménez ha expresado: “¿Era bailador el Patricio como Bolívar o Mon Cáceres? ¿Le gustaban los tragos, como se dice de Mella o Florentino? ¿Las cosas finas, como a Washington? ¿Era muy enamorado, como Sánchez, Perdomo, Jefferson o el mismo Libertador?”
“A nosotros no nos cabe duda de que Duarte sentía gran atracción por el bello sexo, no sólo por lo que se habla de las novias de Duarte en los apuntes de su hermana Rosa, quien cuida la memoria de su hermano defendiéndolo contra los prejuicios de su época, en la cual las mujeres eran tan recatadas que, teniendo la vocación de criptógamas, solían serlo más si eran como las jamonas de otros tiempos”, ha argumentado en el libro “Duarte Revisitado”.
El exsecretario de las Fuerzas Armadas expresó que por eso Rosa Duarte habla con cuidado de los amores de su hermano. Y agrega: “Cabe pensar en cómo fueron los amores clandestinos de Duarte en San José de los Llanos o el fogaraté que se siente en las líneas de su ensayo del diario en Alemania, cuando habla de esas mujeres rubias cuya alusión sin duda alguna descompone su pretendida indiferencia por esas cosas banales de la carne”, agregó.
Soto Jiménez manifestó, asimismo: “Duarte fue un hombre en el sentido normal de la palabra: enamorado, amante y suponemos que apasionado. No procreó descendencia conocida, porque como otros grandes auténticos revolucionarios, consagró su vida a la causa nacional, la que absorbió sus otros aspectos familiares”.
Con 30 años, en 1843, Duarte laboraba como comerciante en un negocio de venta de artículos para buques y quincallería de su padre, situado en La Atarazana, próximo a la Puerta de San Diego, en el puerto de Santo Domingo. El héroe era culto, un gran lector y escribió varios poemas, entre ellos “La cartera del proscrito”.
En su obra “Vicisitudes de Juan Pablo Duarte”, el historiador Juan Daniel Balcácer escribe que el patricio, “... al igual que sus compañeros de partido, fue victimizado desde los inicios de la República, mediante la Resolución núm. 17 de la Junta Central Gubernativa, que lo condenaba al ostracismo de por vida, con órdenes de ser fusilado en caso de ingresar al territorio nacional”.
Además, recuerda que el 10 de septiembre de 1844, “humillado, engrillado y confinado en La Torre del Homenaje”, Duarte fue embarcado hacia un nuevo exilio de 20 años que vivió en Venezuela. En esa nación murió el 17 de julio de 1876, a causa de una tisis severa, con 63 años de edad.
“A nosotros no nos cabe duda de que Duarte sentía gran atracción por el bello sexo, no sólo por lo que se habla de las novias de Duarte en los apuntes de su hermana Rosa, quien cuida la memoria de su hermano defendiéndolo contra los prejuicios de su época, en la cual las mujeres eran tan recatadas que, teniendo la vocación de criptógamas, solían serlo más si eran como las jamonas de otros tiempos”. José Miguel Soto Jiménez.
Balcácer rememora que el revolucionario fue objeto de inmerecidos infundios y calumnias desde antes de cristalizarse el movimiento político por el cual sacrificó su juventud y el bienestar de su familia y que esa campaña de descrédito se inició en Santo Domingo, a mediados del 1843, y fue promovida por “un reducido círculo de compatriotas cuya cosmovisión de los acontecimientos divergía sustancialmente de la concepción política preconizada por Duarte y sus correligionarios”.
El héroe era un ser carismático, que consiguió darle dirección y propósito a un grupo de jóvenes valerosos. Compartió los conocimientos adquiridos en sus estudios particulares y durante sus viajes a los Estados Unidos y a Europa, e impartió gratuitamente clases de matemáticas, latín, esgrima y tiro. El patricio, quien poseía formación militar, era un luchador. Sus afanes patrióticos le produjeron innumerables sufrimientos y llevaron a la pobreza a su familia, pues invirtió sus bienes en la lucha independentista.
Desventuras de Mella
A Matías Ramón Mella se le considera una de las figuras más importantes de las luchas independentistas. Tenía 28 años cuando desempeñó un papel protagónico la noche de la proclamación de la Independencia, ya que disparó el emblemático trabucazo que selló el nacimiento de la República Dominicana.
Antes, a los 20 años, contrajo matrimonio con Josefa Brea, compañera en las luchas patrióticas, y con ella procreó cuatro hijos: Ramón María, Antonio Nicanor, María América e Idelfonso. Para sustentar a su familia se dedicaba al corte de caoba, primero en San Cristóbal y luego en Puerto Plata.
En los aprestos separatistas, Duarte le encargó a Mella viajar a Les Cayes, en Haití, para hacer una alianza entre los trinitarios y reformistas haitianos, que buscaban derrocar al presidente Jean Pierre Boyer, finalmente depuesto en marzo de 1843.
Luego de la proclamación de la independencia, Mella (1816-1864) organizó la región cibaeña para oponerse a los posibles ataques haitianos y partió hacia el Sur para incorporarse a las filas de los combatientes.
Previamente, firmó el manifiesto del 16 de enero de 1844, llamado también Acta de Separación.
Después de que los haitianos se retiraron, el hijo de Antonio Mella y Francisca Castillo volvió al Cibao y el 4 de julio proclamó a Duarte presidente de la República, para evitar que ocupara el poder alguno de los llamados afrancesados, partidarios del colonialismo, por lo cual fue expatriado por Pedro Santana hacia Europa. Después se estableció en Puerto Rico y no volvió al país hasta 1848.
A su regreso al suelo dominicano, este hombre de acción se sumó a las luchas entre las facciones conservadoras y respaldó a Santana, con el que rompió relaciones después, entre otras razones debido al interés del caudillo que se produjera la Anexión a España. El nacionalismo del prócer se reafirmó cuando apoyó a los restauradores en 1861, con los que combatió para expulsar a los españoles como antes lo había hecho contra los haitianos.
Penurias de Sánchez
Como un “adalid” de las luchas nacionales en el siglo XIX describe el historiador Roberto Cassá en su obra “Padres de la Patria” a Francisco del Rosario Sánchez, arrojado mulato que batalló intensamente por la libertad.
Por sus esfuerzos, la historia ha ubicado en un lugar elevado a este compañero confiable y solidario de Duarte.
Cassá señala que Sánchez se contó entre los pocos fundadores de la sociedad La Trinitaria que no era de color blanco. De origen humilde, pudo ascender socialmente por la ubicación urbana de sus padres, Narciso Sánchez y Olaya del Rosario, y su dedicación y entereza.
Su educación, esmerada para la época, fue orientada por su madre y su tía María Trinidad Sánchez, heroína de febrero. Autodidacta, aprendió inglés e hizo estudios de la Biblia, latín y filosofía. Luego se convirtió en abogado.
En el 1859, por discrepancias políticas con el presidente Buenaventura Báez se exilió en Saint Thomas y en esa isla vivió privaciones y estuvo en un estado de casi indigencia.
A Sánchez (1817-1861) se le atribuye la planificación y ejecución de la declaratoria de la independencia el 27 de febrero de 1844. Debido a que Duarte tuvo que salir del país para preservar la vida, el patriota lideró el movimiento triunfador
Luego de ser exiliado en agosto de 1844, cuando fue declarado “traidor a la patria”, Sánchez se radicó en Curazao y allí se casó con Leoncia Rodríguez, con la que tuvo una hija, Leoncia, antes de que falleciera. Al volver al país en 1848, restableció relaciones con su antigua novia, Balbina Peña, con quien se mantuvo unido hasta su muerte. Con esta señora procreó a Juan Francisco y a Manuel de Jesús.
Sánchez fue un padre prolífico. Engendró varios hijos con varias mujeres. La primera fue Felícita Martínez, con quien tuvo a Mónica. Luego, con María Evarista Hinojosa procreó a María Gregoria (Goyita). Posteriormente, con Mercedes Pembrén Chevalier concibió a Petronila.
Con la amnistía dispuesta por el presidente Manuel Jimenes, Sánchez en 1848 pudo regresar al país, luego de su destierro, y en la siguiente década desempeñó diversos cargos públicos.
En 1861, a los 44 años, el prócer fue fusilado el 4 de julio en El Cercado, San Juan de la Maguana, como consecuencia de su lucha contra la Anexión de la República Dominicana a España.
El corazón roto de Santana
El hombre enérgico y de carácter despótico, del bando conservador, que se hizo con el poder tras la declaración de la independencia y carga con el fusilamiento de la heroína María Trinidad Sánchez, tuvo un romance que se desvaneció tempranamente y lo dejó con el corazón roto.
El historiador Ramón Lugo Lovatón relató que el amor malogrado de Santana lo encarnó la joven María del Carmen Ruiz (Maruca), físicamente muy agraciada y de agradable trato.
“Cuando todo estaba preparado para la boda, (ella) salió de viaje hacia Higüey a pagar una promesa a la Virgen de La Altagracia, y cuando regresaba a su hogar en el Seybo, en un brioso caballo enjaezado con ‘banastilla’, cerca de esa ciudad, murió trágicamente estrellada contra una roca, al asustarse el animal en el sitio llamado ‘Cuesta Prieta”, narró.
Aseguró el autor que tras el fatal accidente Santana estuvo a punto de “perder la razón” y que cuando visitaba el Seybo acudía siempre al cementerio a encender velas en la tumba de su amada.
Posteriormente, Santana empezó a visitar a la señora Micaela del Rivero, viuda del capitán de milicias Miguel Febles Vallenilla y madre de Frolaina Febles, novia de su hermano mellizo Ramón. El futuro caudillo se encantó y contrajo matrimonio con la señora, de mayor edad que él. Posteriormente quedó viudo.
Después de haber cumplido 58 años y mientras era presidente de la República por cuarta vez, el 26 de noviembre de 1858, Santana contrajo matrimonio con Ana Zorrilla, de 70 años, viuda como primera esposa.
“No obstante, con ella logró alguna felicidad y aquella mujer, cuando llegó el momento, le cerró los ojos a la hora de su muerte”, escribió Lugo Lovatón.
Santana nació, junto a su hermano Ramón, en Hincha en el 1801. A causa de la invasión de François Dominique Toussaint-Louverture se trasladó con su familia al Este de la isla, huyendo de las hordas haitianas en burros macilentos, según Lugo Lovatón, que lo describió como un hombre fuerte, taciturno, de mirada honda, pelo negro y manos fuertes.
Al pasar los años el hijo de Pedro Santana y Petronila Familia se convirtió en un poderoso terrateniente y ganadero en el Seybo. Al mando de sus peones constituyó un ejército que combatió a los haitianos, en el Sur, cuando intentaron recuperar el terreno perdido tras la proclamación de la Independencia dominicana.
Para saber más...
“Vicisitudes de Juan Pablo Duarte”. Juan Daniel Balcácer
“Padres de la patria”. Roberto Cassá.
“Biografía de Juan Pablo Duarte”. Orlando Inoa.
“Rasgos biográficos de dominicanos célebres”. José Gabriel García.
“Duarte y otros temas”. Alcides Lluberes.
“El carácter de Pedro Santana”. Ramón Lugo Lovatón.
“Semblanzas de los adalides militares de la independencia”. José Miguel Soto Jiménez.
Museo de Cera Juan Pablo Duarte. https://www.museodecerajuanpabloduarte.com.do/
JUAN PABLO DUARTE|26 ENE 2018, 12:00 AM |EMILIA PEREYRA Juan Pablo Duarte, el héroe reverenciado y detractado FotosVideo Hoy la nación conmemora el 205 aniversario del natalicio del ideólogo de la Independencia Nacional, y mañana se inicia la celebración del Mes de la Patria con diversos actos.
SANTO DOMINGO. Ninguno de los altos próceres de América que, en su lucha por la libertad se agigantaron, ha sido tan detractado y tan injustamente negado como Juan Pablo Duarte, en vida y en muerte”, escribió el historiador Vetilio Alfau Durán, considerado por su homólogo Juan Daniel Balcácer como uno de los profundos conocedores del proceso histórico del pueblo dominicano.
Aunque mayoritariamente el legado de Duarte es resaltado, en la actualidad, como ocurrió en el pasado, suelen alzarse voces que cuestionan su trayectoria y sus aportes en el forjamiento de la patria dominicana.
En la obra “Vicisitudes de Juan Pablo Duarte”, Balcácer escribió: “Duarte es un singular ejemplo de devoción y entrega de la libertad de nuestro pueblo: por los riesgos y peligros que afrontó en el decurso de esa lucha redentora; por los innumerables obstáculos que superó a lo largo del proceso independentista; por el alto precio político y militar que pagó al no brindarse para que su liderazgo se convirtiera en fuente de discordia entre sus compatriotas, y, sobre todo, por el injusto olvido al que fueron relegadas su vida y su obra pública, por virtud del caudillismo y el desmedido culto a la personalidad imperantes en la sociedad dominicana desde los tiempos de la Primera República Dominicana”.
El autor, presidente de la Comisión Permanente de Efemérides Patria, recordó que el destierro fue el precio más alto que Duarte y su familia pagaron por su vertical posición nacionalista.
“Sin embargo, no fueron los haitianos quienes expatriaron al Padre de la Patria, sino un grupo de sus propios por quienes también luchó para que vivieran al amparo de régimen republicano y auténticamente democrático”, precisó.
Desde la perspectiva del historiador, “esa amargura debió tener un severo impacto en la psiquis del Patricio y, probablemente, originó una profunda depresión que le indujo a mantenerse aislado del país durante cuatro lustros”.
Obra independentista
Debido a que tuvo que exiliarse, dada la persecución a que lo sometió el régimen haitiano, sin la presencia física de Duarte se produjo la declaración de la Independencia Nacional la noche del 27 de febrero de 1844.
Entonces, la amurallada ciudad de Santo Domingo se conmovió al estallar el trabucazo disparado por el prócer Matías Ramón Mella ante las personas congregadas para presenciar el acontecimiento que cambió el rumbo de la vida isleña.
Con aquel acto heroico culminaban varios años de trabajo arriesgado, emprendido por una joven generación encabezada por Duarte y Diez, quien organizó la resistencia contra la dominación haitiana con la fundación de La Trinitaria y otras sociedades, las cuales le permitieron encauzar el descontento provocado por el poderío de 22 años.
Aunque el inspirador de la liberación de la parte Este de la isla no estuvo presente en el acto, tuvo un papel notable Francisco del Rosario Sánchez. Allí mismo, después de que el patriota pronunció la expresión “Dios, patria y libertad”, los presentes exclamaron “¡Viva Juan Pablo Duarte!”, recordando al ideólogo de la separación.
Tras la proclamación de la Independencia, empezó para Duarte el calvario que lo llevó a la cárcel del gobierno satanista y luego a un prolongado exilio.
Balcácer recordó que a partir de septiembre de 1844 “el nombre de Duarte devino sinónimo de palabra infame y, por virtud del personalismo que entonces imperó en el país, durante 40 años no se le mencionó ni reconoció mérito alguno”.
Según planteó el historiador José Chez Checo, en el libro “Duarte revisitado”, el héroe “ha sido el dominicano más excelso que ha nacido en lo que hoy es República Dominicana”.
“Fue un visionario, un gran estratega, y un humanista cuyo gran valor esencial fue confiar en que los dominicanos eran capaces de constituirse en un estado libre, soberano e independiente, contrario a muchos otros que pregonaban que eso no era posible y que, por tanto, el país debía cobijarse bajo la sombra, ya en forma de protectorado ya de anexión, de países como Francia, España, Inglaterra o Estados Unidos”, dijo el autor.
Imágenes de Duarte
En el libro “Los espejos de Duarte”, Pablo Mella hace minuciosos análisis sobre las estrategias discursivas a través de las cuales se han proyectado las diversas imágenes del prócer.
“Existe suficiente evidencia documental y consenso historiográfico para afirmar que Duarte fue un desconocido para el conjunto de la sociedad dominicana hasta 1884. Además de algunos de sus familiares, especialmente su hermana Rosa Duarte, solamente un grupo de letrados —capitaleños para más señas— mantenía un recuerdo de su persona y lo consideraba el “Padre de la Patria”, afirmó el sacerdote y doctor en filosofía
El autor de la obra, laureada con el Premio Anual de Ensayo 2013, afirmó que esos letrados, entre los que menciona a José Gabriel García, Fernando Meriño, Emiliano Tejera, Félix María del Monte y Federico Henríquez y Carvajal, decidieron –en la primera mitad de la década de los 80 del siglo XIX– articular una campaña de construcción de la imagen de Duarte como único padre de la patria dominicana”.
Argumentó que en esa tentativa esos eruditos padecieron la resistencia de parte de otros actores políticos del momento hasta cierto punto más influyentes que ellos, lo que ocasionó en la historiografía dominicana oficial el inicio de la conocida “crítica histórica”, que Roberto Cassá, en sus reflexiones metahistóricas sobre el mismo asunto, denomina de manera más acuciosa “revisionismo histórico”.
Vida del prócer
Juan Pablo nació el 26 de enero de 1813 y fue bautizado el 4 de febrero del mismo año en la iglesia de Santa Bárbara, en Santo Domingo. Era hijo de Juan José Duarte y de la señora Manuela Diez.
La amplia historiografía sobre el patriota cuenta que gran parte de su formación académica e intelectual fue de carácter particular. La instrucción primaria la obtuvo en el hogar y después en una escuela del profesor Manuel Aybar.
“Ya adolescente recibió instrucción privada, lo mismo en idiomas que en Filosofía, Derecho Romano y otras disciplinas sociales, a cargo de reconocidos profesores e intelectuales de la talla de Augusto Brouard, Mr. Groot, Manuel María Valencia y, muy en especial, del doctor Juan Vicente Moscoso, quien fuera rector de la Universidad de Santo Domingo, que fue clausurada por los haitianos a poco de comenzar el período llamado Dominación Haitiana”, expresó Balcácer en el libro “Duarte revisitado”.
El prosista señala que Duarte legó a la posteridad unos escasos escritos (pues casi todos sus papeles tuvieron que ser destruidos cuando en 1843 fue perseguido por los haitianos) a través de los cuales se evidencian diáfanamente la solidez y contundencia de sus concepciones político-ideológicas, gracias a las cuales estructuró lo que suele denominarse como el pensamiento político de Duarte.
“Duarte fue un hombre en el sentido normal de la palabra: enamorado, amante y suponemos que apasionado. No procreó descendencia conocida, porque como otros grandes auténticos revolucionarios, consagró su vida a la causa nacional, la que absorbió sus otros aspectos familiares”. José Miguel Soto Jiménez.
“Cosas de la carne”
Acerca de la vida del prócer, el autor Miguel Soto Jiménez ha expresado: “¿Era bailador el Patricio como Bolívar o Mon Cáceres? ¿Le gustaban los tragos, como se dice de Mella o Florentino? ¿Las cosas finas, como a Washington? ¿Era muy enamorado, como Sánchez, Perdomo, Jefferson o el mismo Libertador?”
“A nosotros no nos cabe duda de que Duarte sentía gran atracción por el bello sexo, no sólo por lo que se habla de las novias de Duarte en los apuntes de su hermana Rosa, quien cuida la memoria de su hermano defendiéndolo contra los prejuicios de su época, en la cual las mujeres eran tan recatadas que, teniendo la vocación de criptógamas, solían serlo más si eran como las “jamonas” de otros tiempos”, ha argumentado en el mencionado texto “Duarte Revisitado”.
El exsecretario de las Fuerzas Armadas expresó que por eso Rosa Duarte habla con cuidado de los amores de su hermano.
“Cabe pensar en cómo fueron los amores clandestinos de Duarte en San José de los Llanos o el fogaraté que se siente en las líneas de su ensayo de diario en Alemania, cuando habla de esas mujeres rubias cuya alusión sin duda alguna descompone su pretendida indiferencia por esas cosas banales de la carne”, agregó.
Manifestó, además: “Duarte fue un hombre en el sentido normal de la palabra: enamorado, amante y suponemos que apasionado. No procreó descendencia conocida, porque como otros grandes auténticos revolucionarios, consagró su vida a la causa nacional, la que absorbió sus otros aspectos familiares”.
Apuntes de Rosa
Para conocer a Juan Pablo, son fundamentales los llamados “Apuntes de Rosa Duarte”, donde su hermana relata episodios importantes relacionados a su lucha independentista y a otros aspectos.
“Rosa Duarte figura en la historia como una de las mujeres que estuvieron al tanto de los secretos revolucionarios de los patriotas independentistas, para los cuales supo convertir en balas las planchas de plomo que había en el almacén de su padre, y a su acuciosidad y a su amor debe la historia nacional el valioso códice que se conoce con el nombre de ‘Diario de Rosa Duarte’”, escribió Vetilio Alfau Durán en su texto “Mujeres de la Independencia”, de la colección de Cuadernos populares 2, divulgada por el Archivo General de la Nación.
Añadió que la hermana del prócer “conservó siempre en su corazón un ardiente amor al suelo donde se meció su cuna, por cuya libertad derramó amargas lágrimas, sufrió persecuciones, perdió sus bienes, sufrió destierro perpetuo en unión de su madre, de sus hermanas, hermanos y sobrinos, y perdió las ilusiones de su juventud al perder su novio, acosado y perseguido y al fin fusilado junto a las tapias del cementerio de El Seibo, donde se meció la cuna de su madre, el 11 de abril de 1855”.
CULTURA| 09 MAR 2017, 12:00 AM|EMILIA PEREYRA Francisco del Rosario Sánchez, un titán fusilado por su fervor independentista
Se conmemora el bicentenario del nacimiento del prócer
SANTO DOMINGO. La Independencia de la República Dominicana no se habría podido producir sin la firmeza y el arrojo de Francisco del Rosario Sánchez, a quien la nación rinde hoy homenaje con motivo del bicentenario de su natalicio.
Sánchez fue uno de los patriotas que alimentó el ideal separatista, concebido e impulsado por Juan Pablo Duarte, quien lo conquistó para la causa, como también sumó al movimiento a Ramón Mella y a otros jóvenes en la primera mitad del siglo XIX, cuando la parte este de la isla de Santo Domingo era dominada por el gobierno haitiano, que la había ocupado en febrero de 1822, bajo el mando de Jean Pierre Boyer.
En 1843, Duarte se exilió por temor a ser apresado y Sánchez asumió la dirección del movimiento independentista. Entonces presidió las reuniones del grupo y amplió contactos con representantes de sectores importantes de la ciudad, con la colaboración de Mella.
El historiador Frank Moya Pons relata en su Manual de historia dominicana que Sánchez logró escapar de la persecución haitiana “fingiéndose enfermo y simulando, con la ayuda de amigos no comprometidos públicamente, su muerte repentina”.
Posteriormente, Sánchez participó en la redacción del manifiesto del 16 de enero de 1844, en el cual los trinitarios y aliados invitaban a la población a rebelarse contra los haitianos, después de detallar los agravios padecidos por la sociedad durante dos décadas de dominación extranjera.
Firmeza del prócer
Por el rol desempeñado en momentos fundamentales, la historia le ha reservado a Sánchez una notable posición como uno de los padres de la patria. Aunque no formó parte del grupo fundador de La Trinitaria, fue un compañero de lucha esforzado y confiable de Duarte y se convirtió en jefe militar y político del movimiento separatista.
Sánchez (1817-1861) leyó la proclama que declaró el nacimiento de la República Dominicana el 27 de febrero de 1844, y posteriormente, presidió por poco tiempo el gobierno provisional, hasta que fue desplazado por Tomás Bobadilla.
Con firmes palabras que registró la historia, Sánchez proclamó la independencia: “¡Separación, Dios, patria y libertad, República Dominicana!”, gritó y enseguida izó la nueva bandera y ordenó el toque de una diana.
La proclamación separatista
La noche del 27 de febrero de 1844, una vez Mella disparó su trabuco, parado en lo alto del baluarte del Conde, Sánchez proclamó la independencia: “¡Separación, Dios, patria y libertad, República Dominicana!”, gritó y enseguida izó la nueva bandera y ordenó el toque de una diana.
Ese mismo día, antes de que se produjera la declaración separatista, Sánchez fue elegido por sus compañeros de La Trinitaria comandante en armas y presidente de la Junta Gubernativa de la naciente república.
Aunque el mando de la insurrección lo encabezaba Sánchez e integraban otros del movimiento, los independentistas no pudieron sostenerse en el poder.
Poco después Tomás Bobadilla fue elegido presidente de la Junta Central Gubernativa (el gobierno de entonces) en lugar de Sánchez, con lo que se desmoronó el plan de los trinitarios de mantener el control político de la naciente República Dominicana.
Así, Bobadilla inició como gobernante una nueva etapa de la historia del país, aunque había contribuido a mantener la dominación haitiana de 22 años, como funcionario del régimen de Boyer.
Pedro Santana, quien desplazó a Bobadilla como jefe de la Junta Gubernativa, declaró traidores e infieles a la patria y desterró a Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y a Ramón Mella. Lo mismo hizo con los comandantes Pedro Pina, Gregorio del Valle y Juan Jiménez, al capitán J. J. Illas y a Juan Isidro Pérez, según la resolución de la Junta Central Gubernativa del 22 de agosto de 1844.
Con la amnistía dispuesta por el presidente Manuel Jimenes, en 1848 Sánchez pudo regresar al país, y en la siguiente década desempeñó diversos cargos públicos.
Sánchez y su grupo de rebeldes fueron apresados y trasladados a San Juan de la Maguana, donde fueron juzgados y condenados a muerte. En el juicio, el patricio exclamó: “Para enarbolar el pabellón dominicano fue necesario derramar la sangre de los Sánchez, para arriarlo se necesita también la de los Sánchez”.
Exilios y fusilamiento
En abril de 1855 Sánchez fue enviado al exilio en Curazao y regresó en agosto de 1856. Las pretensiones de Santana de anexar la República Dominicana a España lo enfrentaron con Sánchez, quien se le oponía. En consecuencia, en agosto de 1859 el patriota fue encarcelado y desterrado de nuevo.
Desde su ostracismo y sin tener recursos económicos, mantuvo su oposición al proyecto anexionista. Luego Sánchez viajó hacia Haití e intentó persuadir al presidente haitiano Fabre Geffrard para que lo apoyara, a fin de invadir el territorio dominicano para evitar la anexión a España.
El 1 de junio de 1861, Sánchez entró al país por la frontera, encabezando una expedición que buscaba restaurar la república. Cruzó por Hondo Valle, Vallejuelo y El Cercado, donde cayó en una emboscada y fue herido.
Sánchez y su grupo de rebeldes fueron apresados y trasladados a San Juan de la Maguana, donde fueron juzgados y condenados a muerte. En el juicio, el patricio exclamó: “Para enarbolar el pabellón dominicano fue necesario derramar la sangre de los Sánchez, para arriarlo se necesita también la de los Sánchez”.
Antes de ser fusilado, Sánchez le pidió a un amigo que le dijera a la juventud dominicana: “...que yo al instante de morir, aludiendo a la República, digo (como el héroe polaco Tadeusz) Kosciuszko, finis poloniae”.
Los restos del Sánchez, quien comulgó antes de ser fusilado en el cementerio de San Juan de la Maguana, reposan en el mausoleo del Altar de la Patria, junto con los de Duarte y Mella, en el mismo lugar donde fue proclamada la Independencia.
Orígenes y personalidad
Nacido el 9 de marzo de 1817 en Santo Domingo, era hijo de Narciso Sánchez Ramón y de Olaya del Rosario de Belén.
Fue el primogénito de once hermanos, de los cuales también se destacó Socorro Sánchez. Además, era sobrino de la heroína independentista María Trinidad Sánchez, fusilada el 27 de febrero de 1845, durante el gobierno de Pedro Santana.
Su educación fue primeramente orientada por su madre y después por el cura peruano Gaspar Hernández, que fortaleció el espíritu patriótico de Sánchez, un autodidacta que llegó a dominar el francés y el latín y se dio a conocer como abogado.
Sánchez, quien tuvo varios hijos, fue descrito por el historiador Ramón Lugo Lovatón como un hombre espigado, de singular apostura, fino trato, educación y modo de hablar esmerados, que tocaba varios instrumentos musicales y recitaba poesía y conquistó el corazón de la curazoleña Leoncia Rodríguez, con quien tuvo descendencia. Sus habilidades le abrieron las puertas en Curazao, donde vivió uno de sus exilios y era maestro de castellano.