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viernes, 28 de mayo de 2021

“Miriam Pinedo no tuvo responsabilidad en la muerte de Maximiliano Gómez” / Pablo Gómez Borbón ha desempolvado las memorias más tristes de la izquierda dominicana. Lo hace en 448 páginas de una novela histórica titulada “Morir en Bruselas”, que recuerda los asesinatos de Maximiliano Gómez Horacio y de Miriam Pinedo, ocurridos en Bruselas, Bélgica, el 23 de mayo y el 11 de diciembre de 1971.

La República viernes, 28 de mayo de 2021 
“Miriam Pinedo no tuvo responsabilidad en la muerte de Maximiliano Gómez” 
Pablo Gómez Borbón ha desempolvado las memorias más tristes de la izquierda dominicana. Lo hace en 448 páginas de una novela histórica titulada “Morir en Bruselas”, que recuerda los asesinatos de Maximiliano Gómez Horacio y de Miriam Pinedo, ocurridos en Bruselas, Bélgica, el 23 de mayo y el 11 de diciembre de 1971. 
Juan Eduardo Thomas
Santo Domingo, RD.

Pablo Gómez Borbón ha desempolvado las memorias más tristes de la izquierda dominicana.

Lo hace en 448 páginas de una novela histórica titulada “Morir en Bruselas”, que recuerda los asesinatos de Maximiliano Gómez Horacio y de Miriam Pinedo, ocurridos en Bruselas, Bélgica, el 23 de mayo y el 11 de diciembre de 1971.

Su texto sirve para sacar debajo de la cama los recuerdos que muchos han pretendido ocultar durante medio siglo y tiene acercamientos interesantes a los llamados “tribunales revolucionarios”, que funcionaron en la época.  

De su libro y de una conversación de media hora se extraen dos referencias bases: “La muerte del Moreno fue el tiro de gracia a la izquierda dominicana”. Esa es la primera. La segunda es que Miriam Pinedo “no tuvo ningún tipo de responsabilidad en la muerte de Maximiliano Gómez”.

Esta fue nuestra conversación:

P.

Muchas gracias por atendernos. Muy amable. Lo primero que quiero preguntarle es si usted se imaginaba que “Morir en Bruselas” iba a tener tan buena recepción en República Dominicana. Abriendo, digamos, nueva vez, el debate sobre sobre la izquierda y esos años de los 70.

R.

Ante todo muchas gracias por la invitación, estoy muy honrado de estar en una entrevista en un periódico de tanto prestigio como el Listín. Mire, para nada… yo me preguntaba cómo iba a ser recibido, me preguntaba si realmente se iba a quedar un poco en los estantes de las librerías y la verdad es que no, la verdad es que no. Siempre el autor tiene una duda sobre el destino de sus libros que son un poco sus hijos pero yo en verdad no me esperaba la acogida prácticamente unánimemente positiva. Esto no me lo esperaba.

P.

Las ventas van bien, me imagino.

R.

Sí, van muy bien. Yo siempre digo que eso es secundario, son cosas que no se hacen por vender mucho o poco. Pero sí, sí, van muy bien. Hay comentarios unánimes de grandes intelectuales como personas digamos por decirlo de alguna manera comunes y corriente es que el libro engancha, dice la gente... (Llega su hijo y saluda a su abuela en Santo Domingo)… Sí, sí, ciertamente el libro, el comentario unánime es que es fácil de leer, que engancha, que a veces uno empieza y no puede terminar, y al mismo tiempo es un libro que la gente entiende que tiene gran cantidad de información, y que puede percibirse es un libro que reposa sobre unas investigaciones muy numerosas.

P.

Antes de entrar a hablar un poco del contenido del libro, y hagamos un par de preguntas sobre eso… ¿usted podría decir a nivel personal, luego de la investigación que hizo, y mirando los años que han seguido en la historia dominicana, que estos crímenes, del Moreno y Miriam Pinedo, marcaron un quiebre en la historia de la izquierda dominicana, y que a partir de ahí no pudo tener fuerza para articularse otra vez?

R.

Ciertamente la muerte, yo siempre he dicho que hay dos dimensiones, la dimensión política de la muerte de Miriam Pinedo fue limitada, porque ella no tenía un rol de tanta relevancia como el de Maximiliano Gómez, pero sí, yo diría que la muerte  violenta de Miriam Pinedo afectó la imagen del MPD, se sabe y siempre se supo, o al menos se sospechó, y ahora con mi libro, es casi una certeza, que quienes fueron los culpables o los autores de este crimen, tanto los directos como otros que fueron un poco más cómplices fueron del MPD.

Al mismo tiempo la muerte, y en esto, las personas más lúcidas, los analistas políticos más lúcidos, sí entendieron que la muerte de Maximiliano Gómez fue un tiro de gracia a la izquierda revolucionaria dominicana. Digamos que en tres golpes: la muerte, el asesinato de Otto Morales, de Amín Abel y luego de Maximiliano Gómez fue… el tiro de gracia de la izquierda revolucionaria dominicana, que no pudo jamás levantarse porque no hubo un líder que alcanzara siquiera el carisma de Maximiliano Gómez.

P.

En “Morir en Bruselas” una de las partes centrales es evidentemente el relato sobre la muerte de Miriam Pinedo, y cómo se toma la decisión de quitarle la vida con el tema este del “tribunal revolucionario”. Vista su investigación, ¿esto de los “Tribunales Revolucionarios” era común dentro del movimiento de izquierdas en la República Dominicana?

R.

Ciertamente era común, pero yo diría que no por ser común era una práctica que podía ser aceptada. Anteriormente a la muerte de Miriam Pinedo, hubo un tribunal revolucionario que juzgó a un miembro de la izquierda, que fue fusilado en los alrededores de La Romana, poco antes de llegar, respondía al nombre de Juanito, al seudónimo, me parece que su nombre de pila era Caonabo, ahora no lo tengo muy seguro… fue una persona a la cual se acusó de haber sido un infiltrado, o bien de la CIA o de los servicios de seguridad o militares del gobierno de Balaguer. Fue fusilado en un descampado, un terreno baldío entre San Pedro de Macorís y La Romana. Pues sí, era una práctica bastante común, pero por más ´juicio´ que fuera, no pasaron de ser asesinatos, porque naturalmente solo un juez puede repartir justicia, y esto de “Tribunales Revolucionarios” en lo absoluto tenía la imparcialidad para ser un juicio justo.

P.

Usted que ha investigado durante años el caso de estos dos personajes, y evidentemente de la historia de la izquierda dominicana, ¿cómo se explica en la mente de estas personas que quienes querían sustituir a Balaguer, quienes querían sacarlo del poder por sus métodos de represión, terminaran haciendo lo mismo, o peor… en esas mentes, como eso se explica?

R.

Mire, eso es muy común cuando las personas son movidas por la ideología, muchas veces sirve y de forma que no es para nada aceptable, las ideologías sirven como excusas para crímenes muy deleznables como el asesinato, recordar al francés que decía: “libertad, libertad, cuantos crímenes se cometen en tu nombre (Marie-Jeanne Roland de la Platiere), entonces básicamente eso, la derecha utilizó el anticomunismo para perpetuar, y entonces por ejemplo en la Guerra Civil Española, ambos bandos se hicieron culpables de grandes crímenes, la izquierda utilizaba el anticapitalismo como una ideología con la que pretendían justificar este tipo de crímenes, y la derecha hacía lo mismo con el anticomunismo, por eso es muy peligroso perseguir ideologías de una forma muy fanática, porque las ideologías terminan siendo justificaciones para los más grandes crímenes.

P.

Hay unanimidad dentro de las personas que han leído el libro de que es bastante rico en datos, en investigación. ¿Qué dato le faltó que estaba muy decidido a perseguir?

R.

Los datos que yo encontré fueron datos basados en libros, en testimonios, y recortes periodísticos, lamentablemente hubo en ambos casos reportes de autopsia, esto lamentablemente luego de un tiempo es destruido. Yo hice las gestiones ante la justicia belga, pero ya habiendo pasado tantos años este tipo de papeles fueron eliminados, y esto es una lástima porque esto hubiera sido un documento que habría enriquecido más mi libro. Pero con lo que se encontró, también hubo bastante información.

P.

¿Qué explica el sadismo con el que mataron a Miriam Pinedo?

R.

El sadismo con el que mataron a Miriam tiene mucho que ver con la personalidad de la persona que se supone lo hizo. Era una persona violenta, una persona con muchos complejos, una persona que incluso antes, siendo parte de los comandos revolucionarios en Santo Domingo, que eran una especie de brazo armado del MPD, que servía para enfrentar enemigos ideológicos, dentro de la misma izquierda y de la derecha, eran comandos que se utilizaban para hacer asaltos, para financiar el partido y sus actividades. Era una persona que desde esa época presentaba su tendencia al sadismo, no se conformó con herir o matar en combate a adversarios, era capaz de los salvajismos más abyectos y en parte esto tiene que ver con su personalidad.

P.

Esta persona de la que habla es Manolo Plata.

R.

Manolo Plata era una persona violenta, de tal violencia, que impuso un control absoluto, del grupo de exiliados del MPD, una persona a la cual nadie pudo hacerle frente mientras estuvo en el MPD, y su violencia alcanzó la cúspide al morir Miriam Pineda.

P.

¿Qué se sabe de él, donde está Manolo Plata, dónde vive?

R.

En un momento se dijo que se había ido a Canadá, lo último que se sabe aparentemente es que vive en Estados Unidos. En varias ocasiones se ha dicho que ha ido a Santo Domingo, se dice que la familia vive en San Cristóbal, pero nunca se le ha molestado, se ha dejado entrar y salir (del país).

P.

Pero también nadie lo había enfrentado, o señalado de manera tan clara como se plantea en este libro. ¿Esa era la idea?

R.

Yo entendía que si yo iba a hacer un aporte a la historia no podía pasar por encima de los hechos, o de las sospechas. No puede hablarse de asesinos ni culpables, muchos apuntan a su nombre, entonces en el libro se dice así. Ciertamente antes se había dicho a medias, e incluso el “Tribunal Revolucionario”, nunca se dijo quiénes eran los componentes, pero yo responsablemente lo puedo decir.

P.

¿Alguna de esas personas que usted menciona que participaron en el Tribunal Revolucionario se han quejado, o algún familiar?

R.

No, yo debo reconocer que hicieron muy buena labor al presentar la entrevista de Hugo Hernández Alvarado (en referencia a los reportajes de la periodista María Isabel Soldevila publicados por el Listín). Ha sido la única persona que ha tenido la responsabilidad de admitir públicamente su participación y mostrarse arrepentido. Del resto, no, yo realmente… incluso, yo quería hacer una obra equilibrada, muchas de estas personas declinaron hablar conmigo. Muchos viven en Europa y otros en Santo Domingo, pero ninguno han expresado quejas.

P.

¿Cómo se logra convencer a Hugo Hernández Alvarado que dé su testimonio? ¿Esa primera conversación cómo se produce y como esta persona accede a desempolvar estos recuerdos?

R.

Abordé el tema con muchísima dificultad, es muy difícil con una persona… encontré una persona que no había hablado del tema en 50 años, y desde el primer momento fue muy abierto.

P.

Quiero volver atrás con el tema de Manolo Plata. ¿Le hace falta ese testimonio dentro del libro?

R.

Por supuesto que hace falta. Yo en varias ocasiones he hecho llamamientos públicos a Manolo y las demás personas que se han negado a hablar o las que no pude contactar. No tuve ninguna respuesta. Es esencial el testimonio de Manolo Plata para saber qué ocurrió exactamente esa noche. Si vive, yo creo que sí, que vive, el seguramente habrá leído el libro allá en Nueva York y ojalá que pueda tener el valor de dar la cara. Tanto él como otras personas que decidieron no hablar. Yo mantengo la esperanza, he seguido recopilando información aun después que el libro salió de la imprenta, y yo no descarto que en un futuro una próxima edición pueda ser ampliada y revisada.

P.

¿Cuáles otras personas les faltan, se negaron, aparte de Manolo Plata?

R.

Se negaron dos personas que viven en Suecia: Luis Larancuent Morris que vive en Gotemburgo bajo un nombre falso; se negó también José Gil Torres “Ratatá”, que vive en Suecia, pero en Estocolmo; se negó… Efraín Sánchez Soriano “Pocholo”, que es una figura pública en Santo Domingo. No pude contactar a Manuel Antonio de los Santos “Machito Cuevas”, que vive en Suiza, no pude contactar a Juan Pablo Gómez, que no era realmente del MPD pero quien sí participó en el intercambio de presos por el teniente coronel Crowley. También me faltó Roberto Matos Vallejo, que entiendo vivió muchos años en Suecia pero que se retiró a Santo Domingo y hay otros de los cuales no tengo absolutamente ninguna noticia: Ricardo Martínez, no sé si vive, si murió, nadie sabe dónde está. Otros han muerto ya. Otros pues hablaron más o menos cantidad o estas son las personas o bien que no pude encontrar, contactar o bien que decidieron no hablar. Pero felizmente, por eso yo digo que sin el aporte de Hugo, quien me habló de los eventos que pasaron en París, en Bruselas, en Santiago de Chile, muy importante, como fue la partida de Manolo Plata hacia Canadá, yo le debo y creo que todos le debemos el libro a Hugo Hernández Alvarado porque este tipo de detalles no iban a aparecen en un periódico o en un archivo y digamos que él suplió la falta o el silencio del resto de los presos canjeados. Debo decir que además de él, Winston Vargas Valdez “Platón” hizo su participación y sobre todo Marcos Santana, periodista activo en Santo Domingo fue también de las personas que asumieron la responsabilidad de hablar y de dar su testimonio sobre un episodio tan impórtate en la historia política reciente de nuestro país.

P.

¿Que sigue ahora, un segundo tomo del libro u otro libro distinto?

R.

Realmente yo creo que mis objetivos fueron ampliamente alcanzados, para hacer un aporte sobre la historia de Maximiliano Gómez, de su vida en Europa, de las circunstancias que rodearon su muerte, y por otro lado dar a conocer el caso de Miriam Pinedo, que por ella no tener una relevancia política de la envergadura de Maximiliano Gómez su caso es prácticamente desconocido y nunca se habla de ella y cuando se habla es todavía 50 años después en la culpabilidad de ella, que desde mi punto de vista es un absurdo. Ella no tuvo ningún tipo de responsabilidad en la muerte de Maximiliano Gómez. Esto ha quedado ampliamente demostrado, su familia me ha manifestado su agradecimiento al mismo tiempo la familia de Maximiliano Gómez, los hermanos Gómez Mazara: Guido y Fabricio también, con lo cual yo me siento satisfecho, yo siento que he alcanzado mis objetivos y quizá, eventualmente, si apareciese, si Manolo Plata aparece y algo eso precisa una corrección abundante del libro y yo sigo entrevistado personas.

América Pinedo Mejía, la hermana de Miriam que vino a Bruselas a buscarla y no pudo llevársela porque se lo impidieron sus secuestradores, además de otras personas de la izquierda de aquella época y vamos a ver qué pasa, si amerita que yo pueda revisar una futura edición de mi libro.

P.

Señor Gómez, muchas gracias

R.

Gracias a usted.

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Pablo Gómez, autor de Morir en Bruselas, durante una entrevista con la periodista María Isabel Soldevila. En el fondo se observa el apartamento donde murió Maximiliano Gómez Horacio, en Bruselas, Bélgica. Foto de María Isabel Soldevila.
https://listindiario.com/la-republica/2021/05/28/672367/miriam-pinedo-no-tuvo-responsabilidad-en-la-muerte-de-maximiliano-gomez
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martes, 25 de mayo de 2021

El Moreno: Medio siglo de impunidad y misterio | A 50 años del horror (1 de 2) del asesinato de Maximiliano Gómez, una pérdida irreparable para la izquierda dominicana y una tragedia humana

La República lunes, 24 de mayo de 2021

El Moreno: Medio siglo de impunidad y misterio

 | A 50 años del horror (1 de 2) del asesinato de Maximiliano Gómez, una pérdida irreparable para la izquierda dominicana y una tragedia humana

Gómez Horacio es seguido de cerca por “Masambula”, un agente de la Policía Nacional conocido por actos represivos en los 12 años de Balaguer. FONDO LD/AGN

MARÍA ISABEL SOLDEVILA BREA
Bruselas, Bélgica

El 3 de mayo de 1971, en Bruse­las estamparon el pasaporte domi­nicano de José Antonio Gar­cía Duvergé. El hombre, que venía desde París, había en­trado al menos otras cuatro veces a Bélgica entre 1970 y 1971. Le quedaban 20 días de vida.

La primavera comenza­ba a hacerse sentir en la habi­tualmente gris, húmeda y fría Bruselas. El 23 de mayo de 1971, el mercurio alcanzó los 22 grados, agradables, aun­que lejanos del calor tropical de los cañaverales de San Pe­dro de Macorís o de la ciudad primada de América, donde la Guerra Fría desollaba a una generación.

En correspondencia diplo­mática dirigida a Pierre Har­mel, entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Bél­gica, fechada el 8 de marzo de 1971, el embajador con­currente en Caracas, Hu­go Walschap, describía el terror reinante en una Repú­blica Dominicana que acaba­ba de reelegir como presiden­te a Joaquín Balaguer: “… en 1970, el terrorismo causó la muerte de al menos 250 per­sonas, entre ellas de un gran número de jóvenes, mientras que solo una decena perte­necía a las fuerzas del orden. Además, 31 personas des­aparecieron sin dejar rastros. Hay que agregar las 24 perso­nas asesinadas en medio de unos 160 ataques o robos a mano armada”. En su repor­te de seis páginas, Walschap destaca la impunidad que arropaba al país. “La desapa­rición repentina de ciudada­nos dominicanos es moneda corriente; sus cadáveres ter­minan frecuentemente por aparecer, pero es raro que los culpables sean aprehendidos, y mucho menos juzgados”.

Dos cuerpos, un “accidente”
El domingo 23 de mayo de 1971, la policía encontró dos cuerpos inanimados en una habitación del primer piso del edificio ubicado en la Rue Van Aa 94, del sector de Ixe­lles, en Bruselas. José Antonio García Duvergé y Miriam Pi­nedo de Morales. Los repor­tes de prensa lo 
presentan co­mo un suceso más. El diario “La Dernière Heure” le dedi­ca el 26 de mayo un breve pá­rrafo, donde explica que “un hombre y su esposa” habrían sufrido una intoxicación por gas provocada por un aparato de calefacción defectuoso. Él no sobrevivió. Ella pasaría 26 días ingresada en el hospital Saint-Pierre, con respiración asistida y en gran medida in­consciente. La joven viuda y madre de cuatro niños se sal­varía casi milagrosamente, pero no por mucho tiempo.

El hombre que yacía a su lado era en realidad Maximi­liano Gómez Horacio, Secre­tario General del Movimiento Popular Dominicano (MPD). Miriam Pinedo, al borde de la muerte, no era otra que la viu­da de Otto Morales Efres, su predecesor, quien había sido víctima de uno de esos asesi­natos descritos por el emba­jador Walschap. Los destinos del Moreno y de Miriam se re­velarían entrelazados por la tragedia una y otra vez.

Es el periódico belga de corte socialista “Le Peuple” que por primera vez en Euro­pa conecta a Maximiliano Gó­mez con el suceso de Ixelles, tres días después de su muer­te. Sus “fuentes fiables” indi­caron que se trataba del líder de izquierda, exiliado desde hacía un año tras ser canjeado junto a otros 19 presos políti­cos a cambio de la liberación del agregado de la Fuerza Aé­rea estadounidense, Donald J. Crowley, secuestrado por elMPD en marzo de 1970. También fue el primero en sugerir el asesinato, al publicar en primera plana el titular: “Misterio en Bruselas: El líder comunista dominicano descubierto asfixiado, ¿fue asesinado?”. La noticia circuló a partir de ese momento por decenas de medios europeos, con especial interés en Francia, donde se encontraban muchos exiliados dominicanos, pero también en España y, por supuesto en los medios belgas. El Ministro de Relaciones Exteriores de Bélgica, Pierre Harmel, envió el 7 de junio de 1971 una comunicación a su embajador en Caracas, informándole la muerte de Maximiliano Gómez. “De acuerdo con la policía, se trató de un accidente, pero según los círculos comunistas pro-chinos Gómez habría sido asesinado”, dice Harmel, quien especifica que Miriam Pinedo de Morales, encontrada en estado comatoso en la misma habitación, no había podido ser interrogada por la policía.

El secuestro de Crowley: un “affaire” internacional
El secuestro de Crowley desató un intercambio diplomático vertiginoso entre Estados Unidos y República Dominicana. Entre el 24 y el 25 de marzo de 1970, se sucedieron una serie de urgentes telegramas del embajador de Estados Unidos en República Dominicana, Francis Meloy; un memorando interno de Henry Kissinger, asistente en seguridad nacional del entonces presidente Richard Nixon, y una carta de este último a su homólogo Balaguer solicitando que aceptara las condiciones del “Comando Unido Anti- reelección” que reivindicó el secuestro, y cuya copia reposa en el Archivo General de la Nación de República Dominicana. La respuesta del régimen balaguerista fue expedita. El 25 de marzo, tras la solicitud de Nixon de igual fecha, las órdenes de excarcelación de los 20 presos pedidos a cambio de Crowley, con Maximiliano Gómez encabezando la lista, fueron distribuidas entre el jefe de la Policía, Rafael Guzmán Acosta; el Procurador General de la República, Anaiboni Guerrero Báez, y los jefes de las cárceles de La Victoria, en Santo Domingo, y las de San Francisco de Macorís, Santiago de los Caballeros, San Juan de la Maguana, Pedernales y Barahona. Los 20 fueron desterrados.

Conspiración internacional para tumbar a Balaguer
Exiliado en París, el Moreno no cesó en sus esfuerzos para sacar del poder a Joaquín Balaguer. Según un reporte especial de inteligencia de la CIA, de fecha 16 de marzo de 1971, apenas un mes antes de su misteriosa muerte, Maximiliano Gómez conspiraba junto a un grupo denominado Frente Unido de Revolucionarios Latinoamericanos o Frente Latinoamericano Anti-Imperialista para “tomar el poder en República Dominicana con ayuda de elementos de las fuerzas armadas mediante el asesinato del presidente dominicano Joaquín Balaguer”.

El informe desnuda el fraccionamiento de la izquierda dominicana en el exilio, los desacuerdos dentro del MPD entre Máximo López Molina y Maximiliano Gómez, los deseos de este último de ejecutar en abril el atentado contra Balaguer, llegando hasta a promover una alianza temporal con el exgeneral Elías Wessin y Wessin, némesis de los constitucionalistas en abril del 1965. La participación estratégica de Héctor Aristy como armador diplomático es subrayada, al igual que el involucramiento del entonces embajador dominicano en París, José Rafael Molina Ureña, mediante la dotación de pasaportes e información al grupo. Las sospechas de la CIA de que Patricio Bosch, el hijo del expresidente Juan Bosch, representaba en París los intereses cubanos, que apoyaban a Francisco Caamaño Deñó como líder de la revolución dominicana, es planteada igualmente en el documento desclasificado.

El Moreno tenía tantos frentes abiertos que para los dominicanos resultaba imposible creer en la versión del accidente, defendida categóricamente por los magistrados encargados del caso por la Fiscalía de Bruselas, MM. Grondel y el procurador sustituto del Rey, Du Jardin, quienes insistieron, en una entrevista publicada por el diario “Le Soir” el 28 de mayo de 1971, que la autopsia realizada por el Dr. Rillaert al cuerpo de Maximiliano Gómez concluyó que se trató de una muerte “accidental, por asfixia, debida a una falta de oxígeno”.

Para “disipar cualquier equívoco”, continúa “Le Soir”, la Fiscalía ordenó un análisis toxicológico profundo, para el cual designó un experto que “en unos días” podría presentar un resultado más acabado. Pero en Bruselas el caso “Duvergé”, como se le llamó en principio por ser este el nombre que aparecía en el pasaporte encontrado junto a las pertenencias del Moreno, no suscitó mayor interés, y salió de la palestra por varios meses, hasta que el macabro asesinato de Miriam Pinedo hizo que los investigadores desempolvaran el expediente. Pero a este punto volveremos más tarde.

LISTÍN DIARIO solicitó el pasado 31 de marzo a la Dirección General de la Oficina de Extranjería del Reino de Bélgica (“Direction générale de l’Office des Etrangers”), una copia de la autopsia y del examen toxicológico practicado al cadáver de Maximiliano Gómez.

Como respuesta, recibimos el 20 de abril una comunicación firmada por el consejero Geert De Vulder en la que indica: “Los documentos solicitados no están en nuestra posesión”.

MORIR EN BRUSELAS
Para Pablo Gómez Borbón, las muertes de Miriam Pinedo y Maximiliano Gómez se convirtieron en una obsesión. El dominicano, que llegó como diplomático a Bruselas en 2004, comenzó hace 7 años a investigar los sucesos de 1971.

El resultado es su novela histórica “Morir en Bruselas”, prologada por el escritor y político Tony Raful, y puesta en circulación en videoconferencia por el Archivo General de la Nación el pasado 7 de mayo. “Morir en Bruselas” reconstruye, a partir de consultas documentales en archivos de ocho países y de testimonios importantes, las múltiples versiones que han intentado explicar las muertes de Maximiliano Gómez y Miriam Pinedo, usando como hilo conductor las peripecias de dos personajes de ficción: el inspector Pablo Gossens y el detective Paul Hendrickx.

“Una novela me permitía expresar todas las hipótesis sobre estos hechos; hay que saber que sobre la muerte de Maximiliano Gómez hay por lo menos nueve hipótesis contradictorias y sobre la de Miriam Pinedo, algunas seis”, dijo Gómez Borbón a LISTÍN DIARIO. “A través de una novela pude ponderar estas versiones y presentar lo que, en mi opinión, sucedió en aquellas noches terribles”.

Para Gómez Borbón era importante “hacer un aporte a la historia dominicana sobre un hecho histórico fundamental, como fue el asesinato de Maximiliano Gómez, una pérdida irreparable para la izquierda dominicana y una tragedia humana”.

“Morir en Bruselas” busca también, según su autor, “presentar la magnitud de la tragedia de la muerte de Miriam Pinedo… quiero aprovechar para dar a conocer esta historia, que, desde el punto de vista humano, me toca mucho”.

DATOS
Archivos.

LISTÍN DIARIO consultó más de 400 documentos de los archivos del Mi­nisterio de Asuntos Ex­teriores de Bélgica, de la hemeroteca de la Biblio­teca Real de Bélgica, de los archivos desclasifica­dos de la Oficina del His­toriador de los EEUU, así como del Archivo Ge­neral de la Nación para este reportaje.

https://listindiario.com/la-republica/2021/05/24/671781/el-moreno-medio-siglo-de-impunidad-y-misterio

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El final macabro de Miriam Pinedo / por María Isabel Soldevila Brea / El asesinato de Miriam Pinedo viuda Morales fue considerado en Bélgica como uno de los más atroces jamás cometidos en su territorio.

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La República martes, 25 de mayo de 2021

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El final macabro de Miriam Pinedo

El asesinato de Miriam Pinedo viuda Morales fue considerado en Bélgica como uno de los más atroces jamás cometidos en su territorio.

María Isabel Soldevila Brea

Bruselas, Bélgica

El final macabro de Miriam Pinedo

En los últimos dos años de existencia de Miriam Pinedo cabe el dolor de muchas vidas. El 16 de julio de 1970 policías uniformados asesinaron a tiros a su esposo, Otto Morales Efres, entonces Secretario General del MPD. Miriam Pinedo, temiendo por su vida, inició un par de meses después un periplo que la llevaría junto a sus hijos a Cuba, Madrid, París y finalmente a Bruselas, en octubre de 1970. Allí terminaría destrozada, literalmente.

Una serie de cinco reportajes de investigación, publicados por el diario “Le Soir” a partir del 10 de marzo de 1972 bajo la firma de René Haquin, reconstruye el viacrucis de Pinedo. A su llegada a Bruselas, se le asigna una asistenta social, Yvonne Delieu. Sus hijos son ubicados en diferentes instituciones. La inscriben en un establecimiento de educación superior, para llenar un requisito. “Miriam apenas habla. Solo le dice a uno u otro que tiene miedo, que está en peligro. Pero no especifica nada”.

Sus compatriotas le encuentran un lugar donde vivir, dice Haquin en su primer reportaje: el tristemente célebre apartamento de la Rue Van Aa 94, donde el domingo 23 de mayo de 1971 las autoridades recogieron el cadáver de Maximiliano Gómez, y rescataron a una moribunda Miriam Pinedo viuda Morales. Casualidades de la vida, ese trágico día Otto habría cumplido 26 años.

Cinco meses antes de esa fatídica noche, la viuda de Otto Morales fue ingresada durante 12 días en “Le pavillon des oiseaux” (El pabellón de las aves), un sanatorio para mujeres de la localidad de Braine L’Alleud, cercana a Bruselas. Según testimonios del personal médico recogidos por Haquin, Miriam Pinedo era una mujer “deprimida, solitaria, taciturna”.

Carmen Mazara viuda Gómez y otras sostienen a Miriam Pinedo, viuda del dirigente del MPD, Otto Morales Efres, al salir de los actos fúnebres en memoria de Amín Abel Hasbún, en la Facultad de Ingeniería y Arquitectura de la UASD, que hoy en día lleva el nombre del malogrado ingeniero. /ARCHIVO/LD

Las ‘maletas sangrientas’

Una maleta grande, con estampado de cuadros escoceses apareció en el umbral de la casa número 66 de la avenida Bel Air, del acomodado sector de Uccle, en Bruselas. Era pasada la medianoche del domingo 12 de diciembre de 1971 cuando los esposos Decker descubrieron el inusual paquete. Dos piernas de mujer, una de 66 cm y la otra de 70 cm, aun ensangrentadas, envueltas en fundas plásticas y entremezcladas con restos de ropa de hombre y de mujer. La autopsia reveló que la mujer, bautizada por la prensa como la “descuartizada de Bruselas”, habría sido asesinada el sábado 11 de diciembre, entre las 4:00 y las 8:00 p.m.

“La incisión y el corte fueron nítidos, visiblemente realizados por un especialista, o al menos por alguien con conocimientos anatómicos precisos”, informó el periódico “Le Soir” el 14 de diciembre, en una nota de portada firmada por Léon Lepage. Alrededor de las pantorrillas se encontraron las huellas dejadas probablemente por una cuerda, y en la maleta, en medio de la ropa, trozos de torniquetes.

Miriam Pinedo

“La descuartizada de Bruselas”

Cuando el lunes 13 de diciembre de 1971, cerca de las 2:30 p.m. apareció una segunda maleta ensangrentada, esta vez con el tronco, los brazos y las delicadas manos perfectamente arregladas de una joven mujer en la casa número 76 de la calle Américaine, de Ixelles, a apenas kilómetro y medio del lugar donde se encontraron las piernas, la policía y la fiscalía desataron una búsqueda intensa para establecer la identidad de la víctima, de su asesino… y para encontrar la cabeza.

No es hasta el 7 de enero de 1972, cuando llegan desde Santo Domingo las huellas dactilares de Pinedo, que las autoridades belgas confirman su identidad. Y que la investigación paralela en torno a la muerte de Maximiliano Gómez toma un nuevo giro.

El atroz asesinato de Miriam Pinedo en diciembre de 1971 hizo que las autoridades belgas cuestionaran la versión inicial de un accidente en el caso del Moreno. En su reportaje del 10 de marzo de 1972, el periodista de “Le Soir” Réné Haquin escribe: “La autopsia no pudo establecer que Gómez fue envenenado. Sin embargo, los exámenes toxicológicos realizados posteriormente revelaron la presencia de una sustancia no identificada en las vísceras. Podría tratarse de residuos de medicamentos que habría tomado Gómez, pero no se excluye que pudiera tratarse de un veneno que no pudo ser identificado, a falta de un producto de referencia”.

Maximiliano Gómez

Acusada de la muerte del Moreno?

La muerte del Maximiliano Gómez fue el inicio del fin para Miriam Pinedo. El 28 de enero de 1972, dos exiliados políticos dominicanos presentaron a la Agencia Francesa de Prensa AFP una grabación de hora y media en la que, supuestamente, Miriam Pinedo confesaba haber envenenado al Moreno, según reportes del diario francés “Le Monde” y del belga “Le Soir”.

En ambas publicaciones consultadas se identifica a Manolo Plata como uno de los militantes, pero como su acompañante se menciona tanto a Miguel Reyes Santana como a Roberto Matos Vallejo, todos del grupo de presos canjeados por el coronel Donald Crowley dos años antes.

El artículo de Maurice Denuzière “Confesiones a una grabadora”, publicado en la edición del 3 y 4 de diciembre de 1972 de “Le Monde” explica que, a su salida del hospital, Pinedo habría sido secuestrada por militantes del MPD y que esta habría confesado a una especie de “tribunal revolucionario” que Héctor Aristy, exembajador dominicano ante la UNESCO y opositor al régimen de Balaguer, en connivencia con la CIA, la habían reclutado para envenenar a Maximiliano Gómez.

Aristy ganó en París poco después una demanda por difamación e injuria al semanario “L’Express”, que publicó esa versión. La grabación con la supuesta confesión no fue acogida por el tribunal, ni por los investigadores de Bruselas, pero sí fue defendida por Máximo López Molina y por la propia asistenta social de Miriam, Yvonne Delieu, quien huyó de Bélgica luego de su asesinato y declaró a la AFP, en marzo de 1972, que Miriam le había confesado haber envenenado al Moreno.

Reportes de “Le Soir” reseñan la versión de que un “tribunal revolucionario” se habría reunido clandestinamente en Europa y que, tras escuchar la confesión, condenó a muerte a Miriam Pinedo.

Lo cierto es que, aun sin pruebas concluyentes, al menos públicas, ya nadie se refería a la muerte de Maximiliano Gómez como un accidente. En su informe anual oficial sobre República Dominicana del 30 de enero de 1973, el embajador belga Hugo Walschap se refiere a las muertes de Gómez y Pinedo como “asesinatos”. Walschap pinta un triste cuadro del país.

“Continúan las peleas callejeras, las protestas estudiantiles y las huelgas, la última de las cuales paralizó la educación en todo el país durante varios meses. Las desapariciones y los secuestros, e incluso los asesinatos en el extranjero, como en 1971 en Bruselas (Maximiliano Gómez y Myriam Penodo [sic]) solo despiertan excepcionalmente la preocupación de una población apática, para la que los disparos no están en el aire. Todo esto recuerda al Santo Domingo bajo el yugo de Trujillo. La izquierda responsabiliza al ejército y a la policía y el presidente Balaguer a veces confirma esta opinión de manera inapropiada al culpar a ‘elementos incontrolables’ de la fuerza armada”.

Cincuenta años después, el misterio y la impunidad alrededor de las muertes de Maximiliano Gómez y Miriam Pinedo en Bruselas persisten, quizás para siempre. 

ENTREVISTA

Hugo Hernández: “Nos involucramos en un crimen horrendo, abyecto, terrible”

Hugo Alfonso Hernández Alvarado, uno de los presos canjeados por Donald J. Crowley en 1970, quien aún vive en Bélgica, dice ser una de las últimas personas que vio con vida a Maximiliano Gómez. Sus recuerdos de esos días, hace ya 50 años, los saca del lugar recóndito donde cuenta que escondió toda la tragedia del Moreno y Miriam, para poder seguir viviendo.

LISTÍN DIARIO: ¿Cómo era el ambiente en Bruselas cuando estuvieron en el 1971?

Hugo Hernández Alvarado: Era primavera, como ahora; hacía sol; pero estábamos muertos de frío. Dormíamos en la Rue Vanderkindere con los muchachos, siete, apiñados en un tercer piso.

LD: ¿Cómo describiría a Miriam Pinedo?

HHA: Miriam se veía una mujer dolida, pero también que quería vivir... Me mandaba a buscar los cigarrillos, yo cuidaba mucho a los niños… e hicimos una armonía. De hecho, es por eso que, cuando Moreno llega de París, Miriam me invita a salir con ellos. ¿Quién va a la fiesta? Hugo, Moreno y Miriam… y vamos a bailar con Miriam. Creo que fuimos dos veces a Los Ángeles Negros.

LD: ¿Solo ustedes tres?

HHA: Sí, a Miriam no le gustaba todo el mundo. Machito (Manuel Antonio de Los Santos) venía, pero más bien era colao’ (risas). Y yo iba dizque como escolta, pero qué escolta de pacotilla, ¿no? Todo el mundo quería estar con Miriam y Moreno. Y yo también.

LD: Pero el Moreno estaba en Bélgica supuestamente evadiendo amenazas de muerte… ¿y se fueron de fiesta?

HHA: Moreno sabía que estaba amenazado, todos los sabíamos, pero a eso no se le daba importancia.  Estábamos viviendo. Aquí estábamos, un grupo de dominicanos que nos han sacado y, aunque no le guste a muchos que se creyeron combatientes puros y duros, en ese momento nosotros no éramos tanto peligro, objetivamente hablando, para ningún tipo de régimen, ni siquiera para el nuestro.

LD: ¿Qué pasó la noche del 23 de mayo de 1971?

HHA: Vinimos (al apartamento de Miriam), no sé, es nebuloso aquí. Quién se quedó con los muchachos (los hijos de Miriam), no lo sé… yo creo que Moreno nos dijo ‘váyanse y vengan mañana’. Y nos fuimos, Machito y yo. Al otro día nos levantamos, Ratatá (José Gil Torres) y vinimos a buscar al jefe; vino también Chico (Despradel). Subimos al apartamento del primer piso. Silencio. Hay algo raro. Moreno está en el suelo. Rompimos la puerta. Cuando lo encontramos… Yo veo al Moreno, baba, Miriam, los dos desnudos. Chico dice, ‘váyanse, que los van a coger a ustedes también’. Salimos huyendo, pensamos que era un ataque, a buscar los contactos para que nos sacaran por la frontera. Eso no es cosa fácil. Comer, vestirse, dormir en un sitio. El shock fue inmenso. Yo escondí todo, traté de no recordar, por años esto se volvió un tabú.

LD: La policía de Bruselas creyó en principio que se trató de un accidente…

HHA: Yo también lo creo, profundamente, estoy, convencido de eso. Es políticamente correcto, tratándose de un líder como él, decir que cayó por la lucha… ¡no! Sencillamente cayó por una cosa humana, no cayó por la política…

Lo que se suponía que éramos: militantes demócratas y haberse involucrado en una muerte de las más abyectas y terribles, ¡involucrarnos! 

LD: ¿Se refiere a Miriam?

HHA: Me refiero a Miriam… Pero sí, cómo te vas a ver envuelto cuando salimos porque el régimen de Balaguer, la dictadura de Trujillo mataba gente, y de repente nosotros nos vemos involucrados, lo queramos o no, en un crimen horrendo, abyecto, terrible, que no hay palabras para definir esto, yo no las tengo.

LD: ¿La culparon de la muerte del Moreno?

HHA: (14 segundos de un doloroso silencio). Sí

LD: 50 años para poder decirlo…

HHA: (Lágrimas)… es terrible.

https://listindiario.com/la-republica/2021/05/25/671937/el-final-macabro-de-miriam-pinedo

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miércoles, 18 de octubre de 2017

El MPD y la lucha armada, 1965-1970: soñando con la “guerra popular y prolongada” (1)

El MPD y la lucha armada, 1965-1970: soñando con la “guerra popular y prolongada” (1)

Alejandro Paulino Ramos - 18 de octubre de 2017 
Foto: Maximiliano Gómez (El Moreno), principal dirigente del Movimiento Popular Dominicano
Desde meses antes de finalizada la guerra de abril de 1965, el Movimiento Popular Dominicano (MPD), dio a conocer de manera pública la que iba a ser su estrategia político-militar tan pronto terminara la Revolución; pero no tomaron en cuenta que sus anuncios sobre la “guerra popular” también iban a poner en alerta a las autoridades dominicanas y mucho más a los servicios de inteligencia de los Estados Unidos. Los responsables de los servicios de seguridad del Estado dominicano, en el primer período de gobierno del doctor Joaquín Balaguer (1966-1970), le informaron al mandatario “que el juramento hecho en la Conferencia Tricontinental de convertir a la República Dominicana en otro Vietnam, ha sido respaldado con fondos traído a este país por los revolucionarios. Por los menos 150 dominicanos han recibido adoctrinamiento político y de guerra de guerrillas, y sabemos que elementos subversivos les han facilitado dinero, armas y materiales”.
Maximiliano Gómez y Otto Morales, altos dirigentes del MPD explicando a los periodistas sus tácticas políticas
Ese juramento, a todas luces imprudente, fue resultado de la emotividad expresada por Cayetano Rodríguez del Prado, dirigente del MPD, ante los periodistas que cubrieron la citada conferencia celebrada en La Habana, del 3 al 15 de enero de 1966, y recogida por las agencias de prensas internacionales. La noticia puso en aviso al gobierno dominicano de Héctor García Godoy, quien procedió de inmediato a prohibir el ingreso al país de la delegación dominicana, que de acuerdo a Rodríguez del Prado en sus memorias Notas autobiográficas: recuerdos de la Legión Olvidada, libro publicado en el 2008, estuvo integrada por Guido Gil en representación del 14 de Junio; Asdrúbal Domínguez por el Partido Comunista Dominicano (PCD); Cayetano Rodríguez del Prado por el Movimiento Popular Dominicano (MPD); Carlos Amiama por el Frente Unido, y el doctor Euclides Gutiérrez Félix en representación del coronel Francisco A. Caamaño.
Antes de regresar al país de forma clandestina, los miembros de la delegación  participaron en la reunión en la que quedó formada la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), responsable del seguimiento a la iniciativa cubana de crear focos guerrilleros en países latinoamericanos. En la reunión participaron autoridades cubanas, incluyendo al presidente Fidel Castro. Posteriormente, en agosto de 1967, la OLAS se reunió en conferencia de solidaridad con la participación de una comitiva dominicana y de los países miembros, entre ellos Amaury German Aristy quien fue electo su vicepresidente, en representación del Movimiento Revolucionario 14 de Junio (1J4).    
El trabajo de inteligencia y contra insurgencia del gobierno dominicano, las delaciones hechas por izquierdistas que “colaboraban” con el gobierno, la atención puesta al “problema dominicano” por los servicios de espionajes norteamericanos que operaban en la Republica Dominicana, la imprudencia y las divergencias en el liderazgo de izquierda se desarrollaban al tiempo que los sus partidos hacían importantes esfuerzos para organizar movimientos guerrilleros, motivados en el no reconocimiento de lo que fue la derrota militar sufrida en la revolución de abril de 1965.
Abril marcó el futuro de la Izquierda
Desde junio de 1965, las agrupaciones de izquierda que participaron en la guerra civil, habían llegado a la conclusión de que no podían avanzar ni triunfar en la guerra que los enfrentaban a las tropas norteamericanas y a los soldados de las Fuerzas Armadas Dominicana, debido a que los grupos o comandos armados que participaban en ella, y que en principios controlaron gran parte de los barrios de la ciudad de Santo Domingo,  habían quedado cercados y controlados por las tropas norteamericanas en unas decenas de cuadras de la zona colonial, Gazcue y Ciudad Nueva.
Esa situación llevó a las agrupaciones 14 de Junio y al MPD, principalmente, a querer trasladar la guerra a los pueblos del interior, para lo que intentaron operaciones militares de pocas envergaduras en Tenares, Villa González, Ramón Santana, Padres las Casas y en especial en San Francisco de Macorís. En esta última ciudad, en la que los militares contrarios a la revolución, contando con informaciones de los planes proyectados, se prepararon de antes manos para esperarlos y sofocar la tentativa insurreccional. En ese acontecimiento fueron aniquilados los principales dirigentes del intento de levantamiento armado. Con el saldo trágico de ese hecho, quedaron sellados los planes de romper el cerco a que estaban sometidos en la “zona rebelde” y, aunque resistieron con valentía y heroísmo se tuvieron que plegar a las negociones que concluyeron con la firma del Acta de Reconciliación Dominicana y el establecimiento del Gobierno Provisional de Héctor García Godoy a partir del 3 de septiembre de 1965.
El periódico Voz Proletaria órgano de la tendencia que dentro del MPD encabezaba Juanito El Lagarto
Aunque las organizaciones revolucionarias no pudieron evitar la firma del acuerdo de paz, sí se negaron a entregar todas las armas y acusaron al gobierno de Caamaño de haber traicionado la revolución, procediendo a la extracción de pertrechos militares para, una vez instalado el gobierno provisional proceder a preparar lo que llamaban “la guerra popular”.  Es decir, “la guerra de masa”, como la promovía el MPD, de todo el pueblo a nivel nacional, contra el gobierno y contra los Estados Unidos, dirigida por el partido marxista leninista.
Esa estrategia para desarrollar la guerra fue definida en el “Pre-congreso” del MPD, con la resolución dada a conocer, de que trabajarían “arduamente para hacer del pueblo dominicano un gran ejercito de más de tres millones de hombres con la clase obrera y su partido a la cabeza para hacer frente a los planes agresivos de los imperialistas”, y en la que observaban que de la única manera que se podía derrotar al imperialismo, era “mediante la guerra prolongada como forma fundamental de lucha, con el campesinado como fuerza principal y la clase obrera como clase de vanguardia”.  Con esos fines, muy temprano en 1967, ese partido envió a Cuba un selecto grupo de 10 hombres para participar en los adiestramientos en guerra de guerrillas. Otros grupos de sus  militantes, entre los que estaban Rodríguez del Prado, Baldemiro Castro y Leopoldo Grullón se habían entrenados con los mismos objetivos entre 1963 y 1965, igual lo hicieron varios dirigentes del 1J4.
El MPD definió su estrategia durante la guerra.
La decisión del MPD de llevar la guerra más allá de los límites de la zona constitucionalista, comenzó a ser fraguada desde los tiempos en que celebró su famoso “pre-congreso”, que tuvo lugar a partir del 16 de agosto de 1965 en la zona constitucionalista, con el argumentos siguiente: “Teniendo nuestro Partido una concepción clara del papel que juega el campo y el que juega la ciudad en guerra contra el imperialismo nos lanzamos a la toma de San Francisco de Macorís. Allí tuvimos pérdidas de vidas preciosas, como la del compañero Baldemiro Castro y muchos otros, así como pérdidas de armas y otros equipos debido a que nuestro plan fue descubierto antes de tiempo. Esta acción que fue realizada conjuntamente con otras organizaciones, tenía como finalidad una retirada al campo con las armas y equipo que capturaran. La falta de organización suficiente de nuestro Partido en esa localidad para emprender acciones de tal naturaleza, fue la causa principal, junto con otras, del fracaso de nuestros planes en San Francisco de Macorís”.
En ese “pre-congreso” los emepedeistas  adoptaron la resolución de que la guerra en el la zona rural era la que le daría a largo plazo el triunfo soñado, y “que por tal razón, se tenían que continuar las tareas “de organización y preparación de las masas campesinas con el propósito de crear un lugar propicio para combatir y vencer al imperialismo norteamericano”.
El MPD trazó en el referido evento, la forma en que ellos pensaban desarrollar su lucha armada, una vez terminada la guerra de Abril: 1. Trabajar para la construcción del partido marxista-leninista;  2. Reiniciar la lucha teniendo como principal escenario el campo, pues “de persistir en la lucha armada en la ciudad es causa pérdidas de vidas y de recursos innecesarios; 3. Establecer la posibilidad, que una vez reiniciada la guerra en los campos, los Estados Unidos intervendría “cuando las tropas títeres sean derrotadas por la revolución”; 4. Que la “lucha armada debe ser una lucha de masas, no de un grupo, debe ser una guerra popular”. 5. Que—coincidiendo con la estrategia guerrillera del Catorce de Junio—había que rodear la ciudad desde el campo, y 6. La necesidad de trabajar en las Fuerzas Armadas”.
Contradictoriamente, tan pronto como finalizó la guerra los grupos de izquierda redujeron la “guerra popular”, a la formación y organización de grupos guerrilleros desvinculados de la población, influenciados por la estrategia cubana y por en el limitado conocimiento de los métodos guerrilleros utilizados por los norvietnamitas contra el ejército norteamericano.
Influencia cubana en los planes izquierdistas
La Guerra de Abril terminó el 3 de septiembre de 1965. En muy poco tiempo los grupos de la izquierda modificaron sus tácticas de luchas. Para esos cambios incidió mucho el interés cubano expresado en la Conferencia Tricontinental y en la OLAS. Esto fue evidente  cuando el abogado Guido Gil, quien encabezaba la delegación del 14 de Junio, planteó una posición que fue considerada como emotiva por sus compañeros. La posición de Guido entró en conflicto con la línea de los cubanos, debido a que—decía Julito de Peña Valdez en un documento que cayó en manos de las autoridades a finales de 1966—ellos  intentaban “imponen sus decisiones por encima (de la) decisión de nuestro delegado (…), de querer imponer su posición con relación a la guerra y de dirigir la lucha continental y mundial contra el imperialismo. (…). Posición de la guerra de guerrillas al margen del Partido y de la guerra popular”, a lo que Julito agregaba el argumento de que “nadie debe intervenir en los problemas internos de otro ni tratar de imponer su táctica y su estrategia”.
En 1966 la izquierda dominicana promovía su posición de guerra popular prolongada
De lo que pasaba en los encuentros cubanos con los grupos de izquierda latinoamericanos, tanto en la Conferencia Tricontinental, como en la fundación y posterior conferencia de la OLAS, así como de la experiencia de la forma en que los vietnamitas combatían a los Estados Unidos en la Guerra de Vietnam, el MPD y el 1J4 fueron asumiendo y modificando lineamientos a la vez que  promovían sus  estrategias para la lucha armada:
El Catorce de Junio comenzó a darle forma a su tesis de la “guerra del campo que rodea la ciudad” creando focos guerrilleros en las montañas dominicanas, en lugares que identificaban  como zonas estratégicas así como bases de apoyo en algunas ciudades. El MPD, por su parte, se entretuvo promoviendo la “guerra popular prolongada” que se iba a desarrollar teniendo el campo como escenario.  Para ese fin elaboraron un plan que descansaba en el envío de los principales cuadros a zonas escogidas, bajo la consigna de “lo mejor al campo”.
Desde los lugares identificados para preparar el enfrentamiento contra el gobierno, la lucha se iba a desarrollar, planteaban ellos, luego de ganarse la confianza de los campesinos y de integrarlos a sus planes, formando el ejército revolucionario y de esa forma proceder a enfrentar a las fuerzas militares del gobierno, controlando las diferentes ciudades hasta llegar a derrotar el enemigo e instaurar un gobierno popular y revolucionario. Desde esa posición, que fue conocida como “lo mejor al campo”, el MPD llegó a concentrar una parte importante de sus dirigentes en la provincia de Santiago, sin resultados aparentes. Luego intentaron establecerse en la Cordillera Central, aunque con el tiempo ese esfuerzo se fue desintegrando sin que los emepedeistas dispararan un solo tiro.
Fraccionamiento de la izquierda.
Los planes guerreristas del MPD, 1J4, y del PCD, que también estaban en ese interes,  contaban con obstáculos heredados de los debates entre los partidos comunistas de la Unión Soviética, China Comunista y Cuba Socialista, sintetizados en las ideas de que ninguna guerra se podía iniciar sin antes haber formado el “partido marxista leninista” o el “partido de la clase obrera”—como preferían llamarle—que dirigiera el ejército revolucionario.  Eso trajo como consecuencia un encendido enfrentamiento entre los tres partidos, acusándose unos a otros de “revisionistas”, “pro chinos” y “pro castristas”. Resulta edificante el mensaje enviado por el MPD al PCD en agosto de 1965, en el que le dicen que ellos eran seguidores del Partido Comunista Chino y observaban: “Ahora ustedes dicen que son independientes, con relación a la crisis del movimiento comunista internacional. Creemos que eso no está bien, creemos que hay que adoptar una posición en uno u otro lado, pues a las masas les interesa saber quién está desviado y quien no lo está. A cada partido comunista en su país le corresponde, por lo tanto, decir quién es el marxista leninista y quien el revisionista”.
El resultado de esas divergencias, que muchas veces terminaron en enfrentamientos armados, fue la división de las agrupaciones y la formación de pequeñas organizaciones, que a la vez se subdividían en otras mucho más pequeñas.   A esas dificultades se añadieron importantes niveles de infiltración de espías y la captación de colaboradores que actuaron como “chivatos” en el seno de las organizaciones. Esto pasó tanto en el MPD como en el Catorce de Junio, Voz Proletaria y en el PCD.
Además, las resoluciones tomadas de manera pública por el MPD y la labor de inteligencia del gobierno del doctor Balaguer, eran un valladar a los planes elaborados, y para desgracias de los partidos de izquierda que jugaban a la guerra, una rica documentación conteniendo todos los planes del 14 de Junio y del MPD, fueron requisados por el gobierno antes de finalizado el año de 1966. Las autoridades estaban muy atentas a los pormenores de las luchas internas en los partidos y además las incentivaban incidiendo de manera velada en los fraccionamientos que se estaban sucediendo:
Rafael-Fafa-Taveras y Fidelio Despradel se enfrentaron en las luchas ideológicas de la izquierda
No había terminado la guerra y ya en el Partido Socialista Popular (PSP) se dio un desprendimiento con el que esa organización perdió casi el 100 por ciento de sus dirigentes y militantes, quedándose en el Partido Socialista un reducido grupo de su dirección histórica. En el pleno del Comité Central en el que ese partido cambió  las siglas de PSP por la de PCD, celebrado el 8 de agosto de 1965, se planteó que esa modificación obedecía a la necesidad de tener un nombre “científicamente exacto” para contribuir  “al esclarecimiento ideológico de la clase obrera”. 
Por otro lado, en los días posteriores a la instalación del Gobierno Provisional, surgió en el seno del Movimiento Revolucionario Catorce de Junio (1J4), un pequeño sector que se auto titulaba pro chinos y que resultó ser el primer desprendimiento sufrido por esa organización. Esos militantes, la mayoría de ellos estudiantes universitarios, fueron encabezados por Luis—Pin—Montas, Antonio Lockward y otros que ingresaron de inmediato al MPD.
A partir de 1966 nuevos sacudimientos estremecieron la estructura del 1J4, cuando los debates sobre la guerra y la construcción del partido, así como la necesidad de adoptar posiciones en el campo de la política internacional de los partidos comunistas, fueron llevados a su primer congreso celebrado entre el 8 y 10 de julio. En el proceso surgieron la “tendencia transformista” que aupaba la posibilidad de que el  Catorce de Junio podía convertirse en el partido marxista leninista de la clase obrera y la “tendencia no transformista”, que plantaba la imposibilidad de esa transformación y veía al MPD como la fuerza de izquierda con la fortaleza suficiente para convertirse en ese Partido. Los seguidores de esa tendencia ya se habían pasado al MPD a principios de diciembre de 1966, aunque lo hicieron de manera pública el 7 de diciembre, en un comunicado firmado por Rafael-Fafa-Taveras, Agustín Moisés Blanco Genao, Pedro Bonilla, Guido Gil, Manuel-Lucky-Pozo, Amín Abel Hasbun y Jaime-Jimmy-Duran. 
En cuanto a la posterior división en el MPD, la situación no dejaba de ser caótica pues en su seno se daban iguales enfrentamientos, a la vez que surgían celos en un sector de su vieja militancia, ante la llegada del grupo  procedente del 14 de Junio:
Del seno del Movimiento Popular Dominicano surgió el Partido Comunista de la República Dominicana (Pacoredo), en julio de 1966.  En esa ocasión, el debate enfrentó a los seguidores de Luis-Pin-Montas contra la “segunda posición” encabezada por Maximiliano Gómez (El Moreno). Los de la “primera posición”, proponían, de acuerdo a las citadas memorias de Cayetano Rodríguez, una “reorganización y reorientación de la organización basada en una reafirmación radical de los principios del marxismo leninismo” que además promovía la discusión y formulación de un programa político-agrario.
Los de la “segunda posición”, por el contrario, “planteaba que el MPD se encontraba en la tercera y última fase de un partido marxista-leninista y que no era necesaria la campaña de educación ideológica (…), ya que la agrupación en encontraba en la etapa de la lucha por alcanzar el poder político del estado”, y que debían  proceder a la formación de células en los centros febriles, además de priorizar la valentía de los hombres y la importancia del fusil en la guerra que, pensaban ellos, se avecinaba.
En cuanto a la lucha armada, los partidarios de la “segunda posición” orientaban en el sentido de que lo fundamental para la guerra era propiciar el trabajo en la zona rural, que sería escenario de la guerra popular prolongada, por lo que una vez derrotada la posición de Pin Montas, procedieron a enviar a un nutrido grupo de sus mejores cuadros a la ciudad de Santiago, de donde se desplazaban a otros puntos de concentración campesina en labores de adoctrinamiento y reclutamiento de los hombres del campo, que iban a constituir la fuerza principal del ejercito armado, pero dirigidos por la clase obrera.
En medio del desarrollo de esa decisión, surgió en 1967 la “tendencia Voz Proletaria”, opuesta a la posición de “lo mejor al campo” y a las decisiones que en esos días se tomaron en la Conferencia de Cuadros Guido Gil, celebrada en enero de 1968 en homenaje a ese dirigente que había sido secuestrado y desaparecido por la Policía el 17 de enero de 1967. La “tendencia Voz Proletaria” resultó en un desprendimiento del MPD, que con el mismo nombre se convirtió en un pequeño partido en julio de 1968, bajo la dirección de Caonabo Elpidio Jorge Tavárez, mejor conocido como Juanito, y Rubirosa Fermin, entre otros.
Juanito, tenido por muchos como el máximo dirigente de Voz Proletaria, fue detectado como agente de la CIA mientras se encontraba todavía militando en el MPD, en cuya condición viajó a Cuba para adiestrarse en guerra de guerrillas y, de manera inconsulta con la dirección de ese partido viajó desde La Habana a China, en 1967; pero después de su regreso y al ser señalado como agente se dice que provocó la ruptura de su grupo con el MPD.  Meses después, sus propios compañeros confirmaron la condición de espía y agente infiltrado, y lo fusilaron, se rumoró que por Rubirosa Fermín en una finca de la región Este,  en la primera semana de enero de 1969.
En cuanto al Pacoredo,  debido a que “dentro de su seno se produjeron luchas y contradicciones”,   surgió de inmediato un pequeño grupo que se desprendió de ese partido, con el nombre de Unión Proletaria. Encabezado por Narciso-Narcisazo-González, Antonio Lockward y Carlos Amiama, muy pronto este grupo se desintegró.
Esta era la situación de la izquierda dominicana al momento de intentar llevar a la práctica los planes de guerra elaborados al finalizar la revolución de Abril de 1965; situación que la llevó a reconocer que la policía conocía muy bien lo que se estaba fraguando. Especialmente el MPD reconoció, en comunicado publicado en El Nacional el 17 de julio 1967, que las autoridades tenia amplios conocimientos de sus planes, al decir entre otras cosas:
Que “la PN quiere dar la impresión al pueblo de que nos tiene en sus manos, que por donde quiera que nos movamos estamos cercados y que no nos queda otro camino que esperar la muerte en cualquier esquina. Esa idea la tratan de sembrar publicando una serie de datos, ordenados, arreglados y abultados a su antojo, que posee la policía desde hace tiempo unos, y otros obtenidos en allanamientos a residencia de compañeros. (…). Los comunistas no negamos que la Policía nos ha golpeado duro en repetidas ocasiones, que por errores de liberalismo, violaciones a las medidas de seguridad y a los rigurosos métodos clandestinos que debemos utilizar en la lucha revolucionaria, indiscreciones y vacilaciones de compañeros, la policía se ha apropiado de datos de nuestra organización. (…). Nosotros fracasamos, pero somos capaces de rectificar el estilo de trabajo y lograr la victoria”.
El MPD redefiniría muy pronto su táctica de lucha militar, y tomará nuevas resoluciones para intentar el éxito de sus planes; pero el gobierno no parecía estar en una actitud de permitir que ellos triunfaran. 
(Este escrito es parte de la serie Crónicas de los doce años de Balaguer de Alejandro Paulino Ramos)
https://acento.com.do/2017/politica/8501354-mpd-la-lucha-armada-1965-1970-sonando-la-guerra-popular-prolongada-1/