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miércoles, 8 de abril de 2026

Sobre la advertencia de Joseph Stiglitz


Editorial
Sobre la advertencia de Joseph Stiglitz
Por Luis Orlando Díaz Vólquez

El prestigioso economista Joseph Stiglitz nos recuerda que el éxito económico pasado de Estados Unidos no garantiza su futuro. La advertencia es contundente: las glorias de ayer no bastan para sostener el liderazgo de mañana.  

El auge norteamericano del siglo XX se cimentó en educación pública robusta, inversión en innovación y políticas redistributivas que fortalecieron a la clase media. Hoy, sin embargo, la desigualdad creciente, el debilitamiento institucional y la falta de inversión en infraestructura y ciencia amenazan con erosionar ese modelo.  

La lección es universal. Ninguna nación puede vivir de la renta de su historia. El desarrollo exige visión de futuro, inclusión social y compromiso con la innovación. Para América Latina y el Caribe, el mensaje es claro: debemos construir economías que no solo crezcan, sino que lo hagan con justicia y sostenibilidad.  

El verdadero desafío de nuestro tiempo es entender que el progreso no se hereda: se construye día a día, con políticas responsables y con instituciones sólidas que garanticen oportunidades para todos.  

Noticia relacionada: 
But America’s past economic success is no guarantee of its future, writes Joseph Stiglitz
https://x.com/i/status/2041900175430398261

Joseph Stiglitz advierte que el éxito económico pasado de Estados Unidos no garantiza su futuro: la desigualdad creciente, la falta de inversión en innovación inclusiva y los riesgos políticos amenazan la sostenibilidad del modelo. Su reflexión apunta a que el país debe replantear sus prioridades si quiere mantener liderazgo global.  

📉 Claves del planteamiento de Stiglitz
- Éxito pasado ≠ futuro asegurado: El auge económico estadounidense del siglo XX se basó en innovación, educación pública fuerte y políticas redistributivas.  
- Desigualdad estructural: Hoy, gran parte de la riqueza se concentra en una élite, mientras la clase media se estanca.  
- Inversión insuficiente: Falta apoyo a infraestructura, educación y ciencia, pilares que antes impulsaron el crecimiento.  
- Riesgos políticos: Polarización y políticas regresivas pueden socavar la estabilidad económica.  

🔑 Comparación: Pasado vs. Presente según Stiglitz

| Aspecto | Éxito pasado | Riesgos actuales |
|---------|--------------|------------------|
| Educación | Expansión universitaria y acceso amplio | Costos elevados, deuda estudiantil |
| Innovación | Liderazgo en tecnología y ciencia | Menor inversión pública, concentración en pocas corporaciones |
| Distribución de riqueza | Clase media robusta | Desigualdad extrema, movilidad social reducida |
| Política fiscal | Impuestos progresivos | Reducción de impuestos a élites, déficit creciente |
| Instituciones | Confianza en democracia y reglas | Polarización, debilitamiento institucional |

🌍 Implicaciones globales
- Competencia internacional: China y otros países invierten masivamente en innovación y educación.  
- Efecto dominó: Si EE.UU. pierde dinamismo, el sistema financiero y comercial mundial se vería afectado.  
- Lección para países emergentes: No basta con crecer; hay que sostener el crecimiento con inclusión y estabilidad institucional. 
📌 La advertencia de Stiglitz es clara: Estados Unidos no puede vivir de la gloria pasada. El país enfrenta una encrucijada: o invierte en un modelo más inclusivo y sostenible, o corre el riesgo de que su liderazgo económico se erosione. Para América Latina y el Caribe, este análisis es también un espejo: el crecimiento debe estar acompañado de políticas redistributivas, inversión en capital humano y fortalecimiento institucional.  
...

miércoles, 16 de abril de 2025

¿Qué opinan los gurús de la economía sobre la guerra comercial? | por José Lois Malkun #economía

José Lois Malkun

¿Qué opinan los gurús de la economía sobre la guerra comercial?
15/04/2025 00:00
Aclaramos que el arancel de 10% sigue vigente para la República Dominicana. La opinión de los principales economistas sobre los aranceles tiene varios matices. Aquí resumimos esas opiniones:


Paul Krugman (Premio Nobel de Economía, 2008). Argumenta que los aranceles de Donald Trump son ineficientes y perjudiciales para los consumidores estadounidenses aumentando los precios de productos importados (como el acero y el aluminio) y afectando a industrias locales que dependen de esos insumos. Cree que la política comercial de Trump es más política que económica: busca parecer fuerte frente a China, más que solucionar problemas estructurales.

Joseph Stiglitz (Premio Nobel de Economía, 2001). También reconoce que hay problemas legítimos con la política comercial china. Dice que los aranceles no son la herramienta adecuada para tratar temas complejos como el robo de propiedad intelectual o las subvenciones estatales en China. En su opinión, se necesitaba una estrategia multilateral, no una guerra comercial unilateral.

Tyler Cowen (economista conservador. Más moderado en su crítica, cree que los aranceles siempre fueron dañinos para el comercio y la economía, pero comprende el intento de presionar a China por su comportamiento desleal en el comercio global. Aun así, dice que los costos para la economía en general son mayores que los beneficios.

Estudios de la Universidad de Chicago, el Peterson Institute y la Reserva Federal han mostrado que los aranceles aumentaran los precios al consumidor y no lograrían repatriar significativamente empleos manufactureros. Además, provocaran represalias de otros países, especialmente China, afectando a los exportadores agrícolas.

Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase considera que los aranceles pueden ser beneficiosos si se aplican estratégicamente, priorizando la seguridad nacional incluso a costa de cierta inflación.

Howard Lutnick, secretario de Comercio de EE. UU., defiende las políticas arancelarias de Trump, afirmando que valen la pena incluso si conducen a una recesión, ya que generan ingresos, crecimiento y promueven la construcción de fábricas en el país. Además, algunos líderes empresariales han respaldado el uso de aranceles como herramienta de negociación, reconociendo los riesgos asociados, pero valorando su potencial en ciertas circunstancias. Mi personal opinión es que la estrategia de Trump se reduce a golpear a China, que es la principal pesadilla de Estados Unidos, aunque eso afectará el crecimiento y los precios internos, que tratará de compensar con una reducción de impuestos. Eso disparará la deuda pública, hundirá el mercado de acciones y la depreciación del dólar y elevará el rendimiento de los bonos del tesoro poniendo en peligro el sistema financiero.

jueves, 14 de noviembre de 2024

Nobel de Economía aboga por leyes tributarias que no estén sujetas a la evasión fiscal

Nobel de Economía aboga por leyes tributarias que no estén sujetas a la evasión fiscal

12 noviembre 2024 - 15:49 / Germán Reyes

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001

Tegucigalpa, 12 nov (EFE).- El Premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, dijo este martes a EFE que las cuestiones que tienen que ver con pagar impuestos «son complejas» y que «es fundamental contar con leyes tributarias que se puedan hacer cumplir y que no estén sujetas a la evasión fiscal».

Stiglitz considera que es necesario «una forma particular de cooperación» entre los países en desarrollo, como la Plataforma Regional de Cooperación Tributaria para América Latina y el Caribe, «para trabajar juntos y tener una mejor comprensión de cómo se pueden modificar las leyes tributarias en el siglo XXI».

Multinacionales con un ejército de abogados para evadir impuestos

De esa forma se puede garantizar que todas las partes, incluidas las multinacionales, paguen lo que corresponde en impuestos, agregó Stiglitz en una entrevista vía Zoom desde Nueva York.

Indicó además que «las multinacionales tienen un ejército de abogados tributaristas que trabajan mucho para diseñar las maneras de evitar pagar los impuestos», por lo que «tiene que haber un ejército equivalente de abogados de los países en desarrollo y de los mercados emergentes que les pongan un freno cuando traten de evitar los impuestos».

En su opinión, la voz de los países en desarrollo y mercados emergentes «tiene que ser más fuerte, hay que escucharlos, la voz de un solo país no la va a escuchar nadie, esa es la realidad».

«Pero si todos los países hablan juntos como ha hecho la Unión Africana y como está comenzando a hacer la cooperación latinoamericana, juntos se pueden escuchar», enfatizó.

Stiglitz, quien preside la Comisión Independiente para la Reforma de la Tributación Corporativa Internacional (ICRICT), es uno los 85 economistas de todo el mundo que el 31 de julio respaldaron la Ley de Justicia Tributaria propuesta por el Gobierno de Honduras, que pretende mejorar la equidad en el desarrollo del país.

Los 85 economistas consideran que los cambios planteados por el Gobierno de la presidenta hondureña, Xiomara Castro, «son fundamentales para reducir la desigualdad en Honduras, apoyar el desarrollo social y económico y cerrar las lagunas fiscales que socavan los ingresos tributarios».

Según Castro, en Honduras hay diez grandes empresarios, que no ha identificado, que no pagan impuestos, y una ley tributaria que impulsa su Gobierno, que sigue en el debate en el Parlamento, está orientada a que los que más ganan, paguen más.

Cada año Honduras pierde millones por la evasión fiscal y la alta corrupción gubernamental, arrastrada desde hace muchos años y que incluso salpica al Gobierno de Castro.

En la Cumbre de Río del G20 que se celebrará los próximos 18 y 19 de noviembre en Río de Janeiro se espera, entre otros acuerdos, que se renueve el compromiso para impulsar por primera vez en la historia una agenda global de tributación de los individuos ricos, que ya fue firmada por todos los ministros de Finanzas del grupo.

Los acuerdos que se puedan lograr en la Cumbre en materia tributaria pueden favorecer a Honduras, según Stiglitz, quien dijo que si este país no impone los impuestos de un 15 %, como mínimo, estaría favoreciendo a cualquier corporación multinacional, pero se perdería de ese ingreso.

Stiglitz considera que «es fundamental» que Honduras adopte e incorpore la agenda ahora que todos los ministros del G20 coinciden en que «hay que ir más allá de este impuesto mínimo sobre las grandes empresas para asegurarnos de que las personas muy ricas pagarán un impuesto mínimo, como mínimo».

De Honduras también expresó que desde 2010 «la cantidad de ingresos perdidos en incentivos fiscales, que fueron ineficaces, es mayor que la deuda total del país», que supera los 20.000 millones de dólares según autoridades de Tegucigalpa.

«Yo estoy muy complacido de que ahora Honduras se sume a esta legislación, a este movimiento mundial de reforma tributaria», acotó.

Para este martes está previsto que en Honduras se presente el documental Tax Wars, que recoge el trabajo que Stiglitz y otros economistas han estado realizando para conseguir que el sistema fiscal internacional cambie.

Con el documental se trata de convencer a las personas de que «necesitamos las reformas tanto del sistema multinacional, como a nivel nacional en los países, y que existan reformas que puedan ayudar a construir un sistema tributario mejor que va a contribuir a un mundo mejor», dijo Stiglitz. EFE

https://www.swissinfo.ch/spa/nobel-de-econom%C3%ADa-aboga-por-leyes-tributarias-que-no-est%C3%A9n-sujetas-a-la-evasi%C3%B3n-fiscal/88114625 gr/gf (foto)

viernes, 3 de junio de 2022

Entender bien la desglobalización | Por JOSEPH STIGLITZ

OPINIÓN

Entender bien la desglobalización

Las ramificaciones políticas de las fallas de la globalización también quedaron al descubierto en Davos este año. Cuando Rusia invadió Ucrania, el Kremlin fue condenado casi universalmente y de inmediato.

Por JOSEPH STIGLITZ 

DAVOS – La primera reunión del Foro Económico Mundial en más de dos años fue marcadamente diferente de las muchas conferencias previas de Davos a las que asistí desde 1995. No se trató simplemente de que la nieve brillante y los cielos despejados de enero fueran remplazados por pistas de esquí vacías y una llovizna de mayo lúgubre. Fue, más bien, que un foro tradicionalmente comprometido con la defensa de la globalización estaba preocupado principalmente por los fracasos de la globalización: cadenas de suministro alteradas, inflación de los precios de los alimentos y de la energía y un régimen de propiedad intelectual (PI) que dejó a miles de millones de personas sin vacunas contra el COVID-19 simplemente para que unas pocas compañías farmacéuticas pudieran ganar miles de millones de dólares en ganancias adicionales.

Entre las respuestas que se propusieron para estos problemas figuran “repatriar” la producción o “instalarla en países confiables”, e implementar “políticas industriales destinadas a aumentar las capacidades de producción de los países”. Atrás quedaron aquellos días en que todos parecían estar trabajando para un mundo sin fronteras; de repente, todos reconocen que por lo menos algunas fronteras nacionales son esenciales para el desarrollo económico y la seguridad.

Para quienes alguna vez defendían una globalización sin restricciones, este volte face ha resultado en una disonancia cognitiva, porque el nuevo conjunto de políticas propuestas implica que las reglas de larga data del sistema de comercio internacional se quebrarán o se romperán. Incapaces de reconciliar la instalación de la producción en países confiables con el principio de libre comercio no discriminatorio, la mayoría de los líderes empresariales y políticos en Davos apelaron a perogrulladas. Prácticamente no hubo un examen de conciencia sobre cómo y por qué las cosas han salido tan mal, o sobre el razonamiento errado e híper-optimista que prevalecía durante el apogeo de la globalización.

Por supuesto, el problema no es sólo la globalización. Toda nuestra economía de mercado ha dado pruebas de falta de resiliencia. Esencialmente fabricamos autos sin ruedas de auxilio –reduciendo unos pocos dólares del precio, sin preocuparnos demasiado por las exigencias futuras-. Los sistemas de inventario justo a tiempo eran innovaciones maravillosas mientras la economía enfrentaba alteraciones menores; pero terminaron siendo desastrosos frente a los cierres por el COVID-19, creando cascadas de escasez de oferta (como cuando una carencia de microchips condujo a una falta de coches nuevos).

Como advertí en mi libro de 2006, Making Globalization Worklos mercados son nefastos a la hora de “valorar” el riesgo (por la misma razón que no ponen precio a las emisiones de dióxido de carbono). Consideremos el caso de Alemania, que eligió que su economía dependiera de los suministros de gas de Rusia, un socio comercial claramente poco confiable. Ahora, enfrenta consecuencias que eran predecibles y que fueron .

Como reconocía Adam Smith en el siglo XVIII, el capitalismo no es un sistema autosuficiente, porque hay una tendencia natural hacia el monopolio. Sin embargo, desde que el presidente norteamericano Ronald Reagan y la primera ministra británica Margaret Thatcher introdujeron una era de “desregulación”, la creciente concentración de mercado se ha vuelto la norma, y no sólo en sectores de alto perfil como el comercio electrónico y las redes sociales. La desastrosa escasez de alimento para bebés en Estados Unidos esta primavera fue en sí misma el resultado de la monopolización. Después de que se obligara a Abbott a suspender la producción por cuestiones de seguridad, los norteamericanos pronto se dieron cuenta de que sólo una compañía es responsable de casi la mitad del suministro en Estados Unidos.

Las ramificaciones políticas de las fallas de la globalización también quedaron al descubierto en Davos este año. Cuando Rusia invadió Ucrania, el Kremlin fue condenado casi universalmente y de inmediato. Pero tres meses después, los mercados emergentes y los países en desarrollo (EMDC por su sigla en inglés) han adoptado posturas más ambiguas. Muchos apuntan a una hipocresía de Estados Unidos a la hora de exigir responsabilidad por la agresión de Rusia, considerando que el país invadió Irak bajo falsas pretensiones en 2003.

Los EMDC también enfatizan la historia más reciente de nacionalismo de vacunas por parte de Europa y Estados Unidos, que se sostuvo a través de  de la Organización Mundial de Comercio que les fueron endilgadas hace 30 años. Y ahora son los EMDC los que están soportando la carga de precios de alimentos y energía más elevados. Estos desarrollos recientes, combinados con injusticias históricas, han deslegitimado la defensa occidental de la democracia y del régimen de derecho internacional.

Sin duda, muchos países que se niegan a respaldar la defensa de la democracia que hace Estados Unidos no son democráticos. Pero otros países sí lo son y la posición de Estados Unidos al frente de esa lucha se ha visto minada por sus propios fracasos –desde el racismo sistémico y el coqueteo de la administración Trump con regímenes autoritarios hasta los persistentes intentos del Partido Republicado de anular la votación y desviar la atención de la insurrección del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de Estados Unidos.

La mejor manera de proceder para Estados Unidos sería mostrar una mayor solidaridad con los EMDC ayudándolos a gestionar los crecientes costos de los alimentos y de la energía. Esto se podría hacer reasignando los derechos especiales de giro (el activo de reserva del Fondo Monetario Internacional) de los países ricos y respaldando una fuerte eximición de la PI por el COVID-19 en la OMC.

Asimismo, los altos precios de los alimentos y de la energía probablemente causen crisis de deuda en muchos países pobres, agudizando aún más las desigualdades trágicas de la pandemia. Si Estados Unidos y Europa quieren mostrar un verdadero liderazgo global, tendrán que dejar de ponerse de lado de los grandes bancos y acreedores que incitaron a los países a tomar más deuda de la que podían pagar.

Después de cuatro décadas de defender la globalización, es claro que los asistentes a Davos gestionaron mal las cosas. Prometieron prosperidad para los países desarrollados y en desarrollo por igual. Pero mientras los gigantes corporativos en el Norte Global se volvieron ricos, los procesos que podrían haber beneficiado a todos generaron en cambio enemigos en todas partes. La “economía de derrame”, el argumento de que enriquecer a los ricos automáticamente favorecería a todos, fue una estafa –una idea que no estaba respaldada ni por la teoría ni por la evidencia.

La reunión de Davos de este año fue una oportunidad perdida. Podría haber sido una ocasión para reflexionar seriamente sobre las decisiones y las políticas que llevaron al mundo adonde está hoy. Ahora que la globalización ha alcanzado la cima, sólo nos queda esperar que gestionemos su caída mejor de lo que gestionamos su ascenso.

Fuente: https://www.project-syndicate.org/commentary/deglobalization-and-its-discontents-by-joseph-e-stiglitz-2022-05/spanish

viernes, 20 de mayo de 2022

Joseph Stiglitz

Joseph Stiglitz

Medalla John Bates Clark (1979) y el Premio Nobel de Economía (2001)

Biografía

Joseph Eugene Stiglitz (Gary, Indiana, 9 de febrero de 1943) es un economista y profesor estadounidense. Ha recibido la Medalla John Bates Clark (1979) y el Premio Nobel de Economía (2001). Es conocido por su visión crítica de la globalización, de los economistas de libre mercado y de algunas de las instituciones internacionales de crédito como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En 2000 Stiglitz fundó la Iniciativa para el diálogo político, un centro de estudios (think tank) de desarrollo internacional con base en la Universidad de Columbia (EE. UU.). Considerado generalmente como un economista neokeynesiano, Stiglitz fue durante el año 2008 el economista más citado en el mundo.

LAS INSTITUCIONES Y EL PODER

Joseph Stiglitz recibió el Premio Nobel de Economía en el año 2001, compartido con Spence y Akerlof. En el artículo dedicado a este último señalaba, refiriéndome a los coches de segunda mano, que cuando la oferta supera a la demanda “la respuesta más simple (con información perfecta) es que no hay que preocuparse, ya que el precio descenderá hasta que las cantidades ofrecidas y demandadas coincidan”. A continuación, indicaba también que el valor añadido de dicho premio Nobel había consistido en cambiar dicha percepción de los hechos: “Así se contaban las cosas hasta que llegó Akerlof, quien señaló que la disminución del precio no resolvería el problema si, como era el caso, la información no era perfecta sino que se distribuía de forma asimétrica”. Al final se concluía señalando que el mercado no funciona adecuadamente cuando la información no es perfecta; de ahí la necesidad de contar con instituciones que compensen la falta de información y que, en definitiva, permitan lograr la eficiencia del sistema económico.

El derecho a saber: la importancia de la transparencia

Las instituciones sirven, pues, para que el mercado recupere su eficiencia y en ese sentido lo complementan. Sirven también para otra cosa: para, por decirlo con palabras de Joseph E. Stiglitz, “ayudar al mantenimiento de algunas relaciones de poder”, con independencia de su mayor o menor eficiencia e incluso a costa de ella. Esto es muy importante pues significa dos cosas: primera, que en determinados casos las instituciones no contribuyen a la eficiencia del sistema económico; segunda, que las instituciones se relacionan con un concepto del que no se habla mucho en la Economía convencional: el del poder.

El Premio Nobel Stiglitz, otro de los padres de la Economía de la información, quién, entre otras actividades, ha sido economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial y presidente del Consejo de Asesores Económicos de Clinton, ha insistido en el derecho a saber, en la importancia que tiene el que haya transparencia en la vida pública, entre otras razones para que los mercados funcionen eficientemente y, sobre todo, para que desaparezca la opresión y la realidad se parezca lo más posible a esa bella ficción que es el modelo de competencia perfecta, en el que, al gobernar la mano invisible, el poder no encuentra acomodo.

Stiglitz señala que el argumento de más peso en favor de la transparencia es que “una participación significativa en el proceso democrático requiere participantes informados. El secretismo reduce la información disponible, limitando notablemente la capacidad de participar de los ciudadanos”. En definitiva, el gran argumento en favor de la transparencia es que, llevando las cosas al límite, sin ella no hay democracia. Además, la transparencia también es necesaria si se pretende que los asuntos económicos se resuelvan adecuadamente: “una mejor y más rápida información lleva a una mejor, más eficiente, asignación de los recursos”. Si las cosas son así, la pregunta que cabe hacerse es ¿por qué se limita la información mucho más de lo debido? La respuesta es que la información imperfecta es la forma más perfecta de mantenerse en el poder, tanto en las instituciones públicas como privadas, porque, entre otras razones, “la falta de información de los outsiders aumenta los costes de transacción y lleva a que sea más costoso para la sociedad el cambio de los equipos directivos”.

Un ejemplo de poder: la política del FMI en la crisis asiática

De todo lo que se acaba de apuntar se deduce que, por decirlo en términos económicos, la oferta de información siempre será menor de la necesaria y de ahí que el economista Stiglitz ceda paso al ciudadano Joseph y señale que “tenemos que luchar por más transparencia de la que los directivos de muchos entes nos desearían dar”. Esto, sin duda, requiere mucho coraje, que es lo que tuvo el ciudadano y economista Joseph Stiglitz al enfrentarse, con la palabra y la pluma como únicas armas, a una institución internacional tan conocida como es el Fondo Monetario Internacional (FMI). Que un economista neoclásico, por muy heterodoxo que sea, se enfrente al FMI no es habitual, pero que lo haga tras haber sido economista jefe del Banco Mundial es prácticamente imposible. Y es que ambas instituciones nacieron a la vez y viven una al lado de la otra: en Murrow Park, a pocos minutos de la Casa Blanca, en el lado derecho de la calle 19 tiene su domicilio el Banco Mundial y justo enfrente reside el Fondo Monetario Internacional, instituciones que, aunque tengan objetivos diferentes, son hijas de la misma madre: la Conferencia de Bretton-Woods.

Pues bien, Joseph Stiglitz ha criticado duramente al FMI por su forma de enfrentarse a la crisis asiática. Esta comienza en Tailandia en julio de 1997, como consecuencia de la liberalización de los mercados de capitales de los países del sudeste asiático, que se realiza a principios de los noventa, como fruto de “la presión internacional, incluyendo la procedente del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos”, ya que realmente dichos países no necesitaban ahorro externo, al tener tasas de ahorro muy elevadas, situadas en torno al 30 por ciento. Con la liberalización llegaron ingentes cantidades de inversión a corto plazo que ocasionaron, a su vez, un insostenible boom inmobiliario. Las burbujas inmobiliarias terminan por estallar y los capitales huyeron, generando la crisis. Ante ella, el FMI empleó la vieja receta que había sido útil y oportuna en la crisis de Latinoamérica en los ochenta: equilibrio fiscal y políticas monetarias restrictivas, que eran totalmente inoportunas para los países del sudeste asiático que, contrariamente a lo que había pasado en Latinoamérica en los ochenta, tenían superávit presupuestario y políticas monetarias nada expansivas. La crisis se extendió desde Tailandia a los demás países de la zona y el FMI les recetó la misma medicina, con lo que el problema se extendió como el cólera, ya que, a juicio de Stiglitz y contrariamente al diagnóstico del FMI, “el problema no estaba en un gobierno imprudente (como en América Latina) sino en un imprudente sector privado: los prestamistas y los prestatarios que apostaron en el juego de la burbuja inmobiliaria”. Stiglitz mostró sus preocupaciones a un viejo amigo del MIT, que había trabajado en el Banco Mundial y que estaba en el FMI, Stanley Fischer (muy conocido por los estudiantes de Economía de muchas universidades del mundo porque es, junto con Dornbusch, autor de un celebrado manual de macroeconomía) y, tras muchas vueltas, se encontró con que “era virtualmente imposible cambiar las mentalidades en el FMI”. Ante la argumentación de Stiglitz de que los altos tipos de interés derivados de dicha política llevarían a la bancarrota y a una cada vez menor confianza en las economías de la zona, la única respuesta que encontró fue que los técnicos del FMI estaban moderando las políticas que marcaban los ministros de finanzas de los países avanzados, en su calidad de directores ejecutivos del FMI. A su vez, algunos de estos le aseguraron que ellos, los políticos, eran los únicos que estaban sufriendo presiones. Al final, “fue imposible saber quiénes eran realmente los que impedían el cambio”, que era de todo punto necesario si se quería evitar la crisis que, al no hacer nada, terminó mostrándose en toda su magnitud en 1998.

No se puede encontrar un retrato más perfecto del poder, que, para serlo, tiene que ser difuso, impredecible y aplastante. Para Stiglitz la causa de estas tan malas políticas es la falta de transparencia: “las malas políticas son sólo el síntoma de un problema real: el secretismo. Las personas inteligentes es muy probable que hagan estupideces cuando se aíslan del consejo y de la crítica externa”; también es posible que las hagan para conservar el poder y defender sus intereses y de ahí que Stiglitz se haga la siguiente pregunta: “¿fomentamos dichas políticas porque creíamos que ayudarían a los países del este de Asia o porque creíamos que beneficiarían a los intereses de los Estados Unidos y los países más avanzados?”. Sea cual sea la respuesta, lo que es claro es que las instituciones, en este caso internacionales, no siempre sirven al mundo y tampoco sirven inevitablemente para aumentar la eficiencia del sistema en su conjunto: a veces sirven simplemente para, repitiendo las palabras de Joseph E. Stiglitz mencionadas al principio, “ayudar al mantenimiento de algunas relaciones de poder”. Aunque no se crea en la visión conspiratoria de la historia, conviene no olvidarlo, especialmente en estos tiempos tan malos para la lírica y para todo lo demás, en los que corremos el peligro de terminar como el Cándido de Voltaire: creyendo que vivimos en el mejor de los mundos posibles.

Cándido Pañeda, Catedrático de la Universidad de Oviedo

https://finanzasparamortales.es/joseph-stiglitz/

viernes, 31 de diciembre de 2021

Joseph Stiglitz: La política del siglo XXI debe basarse en un abordaje más inclusivo

BCC Conferenciantes 

Joseph Stiglitz: La política del siglo XXI debe basarse en un abordaje más inclusivo 

Joseph Stiglitz

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001, nos ofrece una visión sobre las fortalezas y debilidades de la política europea. Compartimos un extracto de la entrevista realizada por la revista Executive Excellence.

“E.F.: En el libro se refiere a la correlación entre el deterioro de las condiciones laborales y el debilitamiento de los sindicatos. ¿Cómo proteger hoy los derechos de aquellos trabajadores que no tienen un contrato fijo?

J.S.: Es necesario pensar cómo se puede incluir a aquellos trabajadores que han quedado fuera del marco al que se remitía el sindicato tradicional. Los sindicatos han sabido reconocer que desempeñan un papel no solo a la hora de defender los derechos de los trabajadores en la mesa de negociación, sino también en el escenario político. Hace un tiempo se planteaban un mundo de nosotros contra ellos, pero se han dado cuenta de que la solidaridad entre sindicados y no sindicados es imprescindible. La política del siglo XXI debe basarse en un abordaje más inclusivo que defienda los intereses de las personas.

E.F.: Afirma que hace falta una reforma del sistema que se basa en la multilateralidad. ¿Es posible reformar la gobernanza de la globalización, sin una implicación activa de las autoridades?

J.S.: Creo que Europa tiene que estar más segura de sí misma. En términos de tamaño, tiene una economía igual que la de EE.UU. y más habitantes. No tiene la misma fuerza militar pero sí más recursos y, por tanto, puede centrarse en el bien público global: ayudar a países en desarrollo y a sus propios ciudadanos.

El poder militar no va a determinar el futuro, el poder blando –de principios– sí. Este tipo de poder ejerce actualmente mucha influencia en todo el mundo y me parece que Europa necesita ser más asertiva en relación con qué mundo piensa que debería crear, y reconocer que ese poder blando es suyo. En parte, será un mundo basado en el multilateralismo, un mundo multipolar sin una única ideología y con diferentes maneras de organizar las sociedades… El sistema político norteamericano y el europeo son muy parecidos; ambos se basan en la democracia y la defensa de los derechos humanos. Por eso, tenemos que trabajar conjuntamente para resolver los problemas comunes, pero también competir para hacer nuestros los corazones y las mentes del tercer mundo.

El sistema político norteamericano y el europeo son muy parecidos. Será necesario desarrollar un multilateralismo reconociendo que existen ciertas diferencias, pero que tenemos que convivir a la vez que competimos, porque nos unen valores fundamentales.(…)”

Puedes leer la entrevista completa a través de este enlace: https://www.eexcellence.es/entrevistas/con-talento/estrategias-de-renovacion-para-europa

https://grupobcc.com/novedades/joseph-stiglitz-la-politica-del-siglo-xxi-debe-basarse-en-un-abordaje-mas-inclusivo/

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía en 2001, nos ofrece una visión sobre las fortalezas y debilidades de la política europea

domingo, 3 de octubre de 2021

Un paper de economistas estrella postuló opciones para afrontar la deuda global post-pandemia: Argentina ya fracasó con todas

 ECONOMÍA 

Un paper de economistas estrella postuló opciones para afrontar la deuda global post-pandemia: Argentina ya fracasó con todas 

Un documento de un ex economista jefe del FMI y de la actual economista jefe del Banco Mundial analiza tanto los métodos ortodoxos como heterodoxos. Qué dicen del país. 

Sergio SerrichioPor Sergio Serrichio / 3 de Octubre de 2021

Los presidentes Bush y Menem, al principio de los 90, la Argentina restructuró su deuda con el llamado "Plan Brady"

Los presidentes Bush y Menem, al principio de los 90, la Argentina restructuró su deuda con el llamado "Plan Brady"

La pandemia de Covid-19 hizo que en 2020 la deuda global tuviera el mayor aumento desde 1970, al cabo de una ola de endeudamiento de más de un decenio que ha sido la más grande, rápida y de más amplio alcance de los últimos 50 años. En los mercados emergentes el crédito externo está en su nivel más alto en cien años, en 9 de cada 10 es más alta de lo que era en 2010 y en la mitad es más de 30% superior a lo que era hace diez años en relación al PBI.

La ola abarcó tanto a las economías desarrolladas como a las emergentes, pero en las primeras el servicio de deuda es manejable, pues las tasas de interés reales (y en algunos casos hasta las nominales) han sido negativas desde la crisis financiera 2008/09 y para muchos países el servicio de la deuda en porcentaje del PBI ha incluso declinado, lo que ha llevado a algunos economistas a sostener que, a diferencia del pasado, ahora habría más margen para aumentar el gasto y el déficit.

Pero esa hipótesis, que muchos cuestionan, es inaplicable en el caso argentino y en general en las economías emergentes, que dan cuenta del 40% de la deuda global y en las que el peso de la deuda pública aumentó sostenidamente desde 2014. Incluso en aquellas que crecieron a un ritmo superior a la tasa de interés, dice el estudio, el peso de la deuda seguirá aumentando si no reducen suficientemente el déficit fiscal.

Como puede observarse en los gráficos, la deuda total (incluida la privada, mayormente doméstica) en los países desarrollados es superior a la de los países emergentes en relación a sus respectivos PBI, pero los servicios y la tasa de interés inciden mucho menos en los primeros.

Evolución de la deuda en economías avanzadas y emergentes, y mundial, en porcentaje de los respectivos PBI
Evolución de la deuda en economías avanzadas y emergentes, y mundial, en porcentaje de los respectivos PBI

Rogoff y Reinhart

Tales algunas conclusiones de un flamante estudio histórico sobre los procesos de endeudamiento y sus postrimerías (The Aftermaths of Debt Surges), de Kenneth Rogoff, execonomista jefe del FMI, y Carmen Reinhart, actual economista jefe del Banco Mundial, junto a Ayhan Kose y Franzika Ohnsorge, del Banco Mundial y Brookings Institution, un tradicional centro de estudios de Washington (EEUU), publicado por el National Bureau of Economic Research, la institución de investigación económica más prestigiosa de EEUU.

Al principio de la pandemia Rogoff comparó sus efectos sobre la economía mundial con los de “una invasión alienígena” y, al igual que Reinhart, fue el año pasado uno de los 138 firmantes de la carta pública promovida por Joseph Stiglitz, el mentor académico del ministro argentino Martín Guzmán, para apoyar la propuesta de restructuración de deuda que había presentado semanas antes el gobierno argentino.

El servicio y las tasas de interés de la deuda son mucho más bajos en las economías avanzadas, pese a su mayor volumen. En los gráficos, la tasa de interés se mide sobre el eje derecho
El servicio y las tasas de interés de la deuda son mucho más bajos en las economías avanzadas, pese a su mayor volumen. En los gráficos, la tasa de interés se mide sobre el eje derecho

En 2011, tras la crisis de las hipotecas y deudas “subprime”, ambos fueron coautores de un muy citado libro sobre la historia de las crisis financieras en la que advertían que el problema tendría esta vez otro cariz (“This Time is Different, 8 Centuries of Financial Folly”), cuyas base, tratamiento de datos y conclusiones fueron cuestionadas por estudiantes de la Universidad de Harvard, aunque no le restaron reputación.

El flamante estudio abarca los últimos 50 años, aunque en algunos casos refiere trayectorias (por caso, de las tasas de interés) de casi 8 siglos, y repasa las opciones “ortodoxas” y “heterodoxas” que se han usado en el pasado para lidiar con la deuda. Entre las ortodoxas menciona mayor crecimiento del PBI, consolidación fiscal, privatizaciones e impuesto la riqueza. Y entre las heterodoxas, inflación (licuación de pasivos), represión financiera (controles cambiarios y de capital) y default y restructuración de la deuda. Del repaso surge que la Argentina las ha aplicado, en diferentes dosis y momentos, prácticamente todas, sin resultados positivos sostenidos.

Del repaso de las propuestas surge que la Argentina las ha aplicado, en diferentes dosis y momentos, prácticamente todas, sin resultados positivos sostenidos

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En materia de deuda la Argentina tuvo períodos de alto crecimiento (1991-95, 2003-08), espasmos de consolidación fiscal y privatizaciones (1991-95), aplica impuesto a los bienes personales, al que en 2020 sumó, en concepto de “aporte extraordinario y solidario” un tributo sobre patrimonios de poco más de USD 2 millones, impuso en varias oportunidades, como hace actualmente con gran intensidad, controles cambiarios y de capital, alteró repetidas veces compromisos y contratos internos (moratorias previsionales, Plan Bonex, corralito y corralón, reperfilamiento), amén de haber defaulteado 9 veces y restructurado en varias oportunidades la deuda externa, la última vez el año pasado, y tiene pendiente una restructuración de la deuda con el FMI.

Christine Lagarde y Mauricio Macri, protagonistas del megcrédito que el FMI le dio a la Argentina en 2018
Christine Lagarde y Mauricio Macri, protagonistas del megcrédito que el FMI le dio a la Argentina en 2018

La mezcla de opciones depende de las características de cada país y del tipo de deuda, dicen los autores, que examinan tanto la deuda pública, como la privada, la doméstica y la externa e incluso subrayan la necesidad de contabilizar deudas ocultas y contingentes, como ser los pasivos de empresas públicas y las obligaciones futuras de los sistemas jubilatorios.

Ninguna estrategia, reconocen, está exenta de costos políticos, económicos y sociales y algunas pueden ser inefectivas si se implementan con timidez; de hecho, las marchas atrás en tiempos difíciles han sido comunes. Más aún, subrayan, “los desafíos asociados con la reducción de la deuda plantean cuestiones de gobernabilidad global, incluido hasta qué punto las economías desarrolladas pueden extender sus redes para amortiguar los shocks a las emergentes”.

Los autores examinan tanto la deuda pública, como la privada, la doméstica y la externa e incluso subrayan la necesidad de contabilizar deudas ocultas y contingentes

La “represión financiera”, con controles cambiarios y de capital, fue una herramienta que aplicaron más de una decena de países europeos tras la segunda guerra mundial, permitiéndoles “liquidar” buena parte de la deuda con tasas de interés reales negativas (entre 1% y 5% inferiores a la inflación). El caso extremo fue Francia (tasas negativas de hasta 9%) y también, dice el paper, lo aplicó la Argentina a su deuda interna. Ese recurso, sin embargo, fue desapareciendo con la liberalización de los mercados de capital desde la década del setenta.

El estudio nota que varios economistas han propuesto “impuestos a la riqueza” para enfrentar la desigualdad, pero agrega que cuando éstos se aplicaron en Argentina, Colombia y Uruguay generaron muy pocos ingresos, algo más en Bolivia y escasos en Moldavia. Los autores citan además una investigación sobre impuestos a la riqueza, de la que dio cuenta Infobae, que precisa que desde 1990 fueron repelidos en la mayoría de los países de la OCDE, por problemas de administración tributaria y pobres resultados fiscales y distributivos. Incluso en los países que los mantienen, dicen los autores, aportan en promedio 0,9% del PBI, contra una recaudación tributaria total cercana al 40% del PBI.

Incluso en países que mantienen impuestos a la riqueza, éstos aportan en promedio 0,9% del PBI, contra una recaudación tributaria total cercana al 40 por ciento

Los autores registran 68 casos de default doméstico, incluyendo a China, Grecia, Bolivia, Perú y México en los años ‘20 y ‘30 del siglo pasado Austria, Alemania y Japón en los ‘40 y ‘50, Ghana en los ‘70 y Panamá en los ‘80. La Argentina es figura repetida, con tres casos entre 1980 y 2001 “mediante la conversión forzosa de deudas en dólares a moneda local”, en dos de ellos junto a defaults externos. Los episodios de default doméstico “de jure” argentino, precisan, “fueron típicamente acompañados por una inflación galopante” y en todos los casos estuvieron asociados a “significativamente peores resultados macroeconómicos”.

Axel Kicillof, exponiendo su propuesta de restructuración ante el Club de París
Axel Kicillof, exponiendo su propuesta de restructuración ante el Club de París

Dado el fuerte aumento de la deuda a partir de 2008 y el impulso extra de la pandemia, el estudio afirma la necesidad de tener un “cuadro holístico, que incluya no solo la deuda del gobierno, sino también la privada, la externa y la previsional, ya que como enfatizó (Carlos) Díaz Alejandro, los pasivos contingentes no pueden ser ignorados”. Los autores citan así al economista cubano y autor del influyente libro “Ensayos sobre la historia económica argentina”, que ayudó a formar varias camadas de economistas profesionales.

Sistemas jubilatorios

El masivo crecimiento de las cargas jubilatorias ocurrió primero en las economías ricas luego de la segunda guerra mundial y más recientemente en las economías emergentes y es considerada una “carta salvaje” que empequeñece el peso de la deuda pública con los mercados de crédito privado. Para el promedio de la OCDE, ese pasivo representa 8% del PBI, pero en Francia supera el 13% y en Italia y Grecia el 15%, más que los servicios de la deuda de mercado, y es políticamente muy difícil de manejar.

El énfasis en la transparencia y la identificación de deudas ocultas y contingentes tras la crisis de 2008 atenuó su efecto magnificador sobre eventuales crisis de deuda, pero esa observación no es válida para la Argentina. En nuestro país, computó el Ieral, el peso del sistema previsional en los presupuestos 2021 y 2022, computando jubilaciones y pensiones contributivas y no contributivas es de 8,5% del PBI, contra más de 13% de los servicios de deuda pública (excluyendo los sistemas jubilatorios y las deudas de las provincias), pero no hay una proyección fiable para los próximos años y décadas.

Ese pasivo contingente es “difícil de estimar sin una fórmula de actualización y con cambios todos los años, sin reglas no hay cálculo posible”, dijo a Infobae un economista que trabaja en una investigación del BID en torno de la misma cuestión. El Gobierno acaba de anunciar la jubilación anticipada para personas desocupadas de edad inferior a los mínimos establecidos por ley, y cerca de la mitad de los actuales haberes surgieron de moratorias que debilitaron la solvencia del sistema, volviéndolo cada vez más dependiente de la recaudación impositiva.

La incidencia del sistema jubilatorio y la deuda en la Argentina, pero no hay proyecciones sobre la "deuda contingente" en jubilaciones y pensiones
La incidencia del sistema jubilatorio y la deuda en la Argentina, pero no hay proyecciones sobre la "deuda contingente" en jubilaciones y pensiones

Cifras de referencia

En cuanto a cifras, el estudio precisa que la deuda global de los gobiernos subió en 2020 a 97% del PBI global, su nivel más alto desde 1970. Aumentó en 90 % de los países y en promedio es más alta en los países desarrollados, donde promedia el 120% del PBI, el nivel más alto desde la segunda guerra mundial (los períodos bélicos implican alto endeudamiento), casi el doble del 63% promedio de los mercados emergentes y economías en desarrollo, que es a su vez el más alto nivel desde 1987, cima de la crisis de deuda y “década perdida” de América Latina.

China, a su vez, pasó a ser el principal acreedor oficial de los países en desarrollo. También la deuda privada aumentó 16 puntos, a 165% del PBI global, también el nivel más alto desde 1970.

Interna y externa

Si bien el grueso del aumento de la deuda global fue de carácter interno (por los paquetes de estímulo de las grandes economías desarrolladas), la deuda externa (esto es, con acreedores de países diferentes del deudor) aumentó 11 puntos, a 114% del PBI global.

El estudio muestra que hay diferentes tipos de “resolución” de crisis de deuda pública, según esta sea doméstica, en cuyo caso depende fuertemente de la “reputación” del deudor y la calidad de su sistema legal, o externa, para la cual no hay leyes internacionales aplicables, aunque el FMI puede llenar el vacío. Además, en el caso de deudas domésticas, precisa que los acreedores privados recuperaron en promedio un 40% de la deuda en mercados emergentes y 70% en economías desarrolladas.

Una muy alta deuda pública debilita la capacidad y credibilidad. Desde 1970, las crisis financieras han estado más asociadas a crisis de deuda pública (45%) que de deuda privada (36%).

Una muy alta deuda pública, afirma el estudio, debilita la capacidad y credibilidad del Estado. Desde 1970 las crisis financieras han estado más asociadas a crisis de deuda pública (45%) que privada (36 por ciento).

Los rendimientos de los bonos a 10 años cayeron sostenidamente en las economías avanzadas y son mucho más bajos que en los mercados emergentes
Los rendimientos de los bonos a 10 años cayeron sostenidamente en las economías avanzadas y son mucho más bajos que en los mercados emergentes

Cuádruple resaca

En definitiva, el paisaje post-pandemia es de deudas públicas, privadas y externas más altas, gastos sociales más amplios y servicios de deuda que en los mercados emergentes aumentaron rápidamente. Ahora estos países dependen de modo crucial no solo de la deuda pública, sino también de la privada, la externa y la previsional, fenómeno que Reinhart y Rogoff bautizaron como “cuádruple resaca”.

Lidiar con este cuadro es complejo y depende de las características de cada país. La inflación puede servir para reducir la deuda doméstica, pero en países emergentes donde en promedio 90% de la deuda externa es en moneda extranjera, se asocia a devaluaciones que agravan el peso de esta última y llevan a crisis cambiarias. La restructuración puede reducir ambas, pero es desafiante y políticamente costosa. La opción “ortodoxa” de mayores tasas de crecimiento es improbable que sirva para aliviar la presión de la deuda de modo permanente. Y conversiones forzosas de deuda interna pueden acarrear inestabilidad política.

Conversiones forzosas de deuda interna pueden acarrear inestabilidad política

Ninguna opción es fácil o atractiva, explican los autores: “Inflación, represión financiera y restructuración de deuda pueden imponer pesados costos económicos y los impuestos a la riqueza o reformas para crecer más velozmente enfrentan obstáculos técnicos, prácticos y políticos”.

Kristalina Georgieva y Martín Guzmán, protagonistas de la actual negociación para restructurar USD 45.000 millones de deuda argentina con el FMI (Reuters)
Kristalina Georgieva y Martín Guzmán, protagonistas de la actual negociación para restructurar USD 45.000 millones de deuda argentina con el FMI (Reuters)

Así, concluye el estudio, en tanto los problemas de deuda son más acuciantes en las economías en desarrollo que en las avanzadas y no hay sendero sencillo para reducirlas, la desigualdad entre las economías avanzadas y el resto empeorará, se plantearán problemas de gobernabilidad global y habrá que seguir explorando hasta qué punto las economías avanzadas pueden ayudar a amortiguar el shock en las emergentes”.

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https://www.infobae.com/economia/2021/10/03/un-paper-de-economistas-estrella-postulo-opciones-para-afrontar-la-deuda-global-post-pandemia-argentina-ya-fracaso-con-todas/