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lunes, 5 de febrero de 2018

Columna de Ernesto Ottone: ¿Y si la socialdemocracia no estuviera muerta?

Reportajes
Columna de Ernesto Ottone: ¿Y si la socialdemocracia no estuviera muerta?
Ernesto Ottone Actualizado: 03 Feb 2018
Son muy pocos los campos donde los países con una fuerte influencia socialdemócrata no están a la cabeza de la convivencia humana. Por lo tanto muerta, lo que es muerta, no está.
Ese es el subtítulo en castellano de un libro pequeño pero sustancioso editado el año pasado en Francia que estudia la experiencia sueca y lleva por título "El modelo sueco", escrito por Wojtek Kolinoswsky.
Ese libro hace un análisis meticuloso del recorrido de la socialdemocracia sueca que se mantuvo en el gobierno de manera ininterrumpida y democrática entre 1932 y 1976 para regresar al gobierno entre 1982 y 1991, después entre 1994 y el 2006 para volver a ser elegida nuevamente en el año 2014 hasta hoy.
Suecia en ese periodo histórico pasó de ser una sociedad todavía pobre, rural y desigual a una sociedad avanzada moderna e igualitaria, con altos niveles de confianza que privilegia el diálogo al enfrentamiento y con una gran capacidad de adaptarse a los cambios de las relaciones sociales.
El subtítulo del libro es particularmente interesante porque hay diversos pensadores y analistas muy respetables que consideran que la socialdemocracia que tantos méritos acumuló en la historia europea contemporánea está prácticamente sin vida, apenas subsistiendo o al menos que perdió su “impulso propulsivo”, como dijo con elegancia Enrico Berlinguer, el gran político italiano refiriéndose a comienzo de los años ochenta a la Unión Soviética y los socialismos reales, los cuales se desmoronarían pocos años después.
Alguna razón tienen los que así piensan si miramos el mapa del poder político europeo.
Es evidente que los partidos políticos socialdemócratas o socialistas que reconocen sus raíces históricas en la versión reformadora del movimiento obrero de fines del Siglo XIX no están pasando por su mejor momento.
La crisis financiera del 2008 a la que en Europa se sumó la crisis de la deuda pública tuvo un efecto nefasto para esos partidos, sobre todo los que estaban en el poder, pero también para los que encabezaban la oposición.
Ellos habían retomado fuerzas a fines de los años noventa después de haber perdido relevancia a manos de la revolución conservadora de los ochenta.
La “tercera vía” les había dado un impulso para ponerse al día con los cambios ocurridos en la economía mundial y adecuar el Estado de Bienestar a las nuevas realidades.
Sin embargo, cegados por el ciclo positivo de crecimiento económico fueron incapaces de visualizar y detener el proceso de desregulación financiera que acunó la crisis, y pagaron duramente por ello.
Prácticamente desaparecieron en Grecia y en varios países del este europeo, perdieron fuerza en España, en Austria y en Alemania.
Después de diversos avatares lo hicieron también en Italia y Francia, y la lista de derrotas es demasiado larga para enumerarlas una a una.
Todavía no sabemos cuán sólido es el actual repunte en Inglaterra y Portugal.
Donde están mejor parados, sin estar del todo indemnes, es en los países nórdicos, donde han jugado históricamente un papel central en la construcción de un Estado social que ha conjugado virtuosamente una economía de mercado, niveles altísimos de libertades individuales, conquistas civilizatorias, un buen funcionamiento del aparato público y sociedades igualitarias.
Son muy pocos los campos donde esos países, con una fuerte influencia socialdemócrata, no están a la cabeza de la convivencia humana.
Por lo tanto muerta, lo que es muerta, no está, aunque tampoco tiene una salud rozagante, sino más bien luce algo macilenta y mustia.
Pero esta realidad marchita no es exclusiva de ella, los problemas que presenta la socialdemocracia son en parte los que atraviesan todos los partidos del arco democrático, socialcristianos, liberales o conservadores, y responden a la crisis de la representatividad en la era de la información.
Era en la cual se generan los cambios en la tecnología de la comunicación que permiten al ciudadano ejercer una suerte de democracia continua al poder intervenir en cualquier momento y desde cualquier lugar para manifestar sus opiniones, desacuerdos, emociones y broncas al margen de los canales institucionales, disminuyendo así el rol de los partidos políticos.
Ello hace que estos vean debilitado su rol de mediación y sean desbordados por movimientos efímeros, por las redes sociales, o formas varias de populismo, personalismos y mesianismos, que interpretan estados de ánimos más bien pasajeros y no generan corrientes de opinión y lealtades más constantes en el tiempo.
Si a ello sumamos los defectos que estos partidos han ido acumulando en prácticas malsanas, corporativas y corruptas que perjudican la confianza social, podemos explicarnos la situación actual que abre las puertas a los populismos de izquierda y derecha.
La decadencia socialdemócrata es entonces parte también de la decadencia más general del “ethos democrático”.
Ahora, en lo que concierne más específicamente a la socialdemocracia, habría que reseñar la particular fuerza con que la afectó el fin de la sociedad industrial, la caída de la significación política del sujeto obrero y del sindicalismo, con quien tuvo una relación simbiótica desde su surgimiento, sobre todo en los treinta años gloriosos de la postguerra.
En verdad esa socialdemocracia de la sociedad industrial ya no tiene bases para reproducirse como tal en el futuro.
Ella “o algo que se le parezca”, como decía el gran historiador inglés Tony Judt, sólo tendrá sentido si es capaz de interpretar a un sector suficientemente amplio de la ciudadanía y encontrar las respuestas adecuadas a un mundo que cambia vertiginosamente, pero que crecerá de manera más incierta que en el pasado con nuevos desafíos como los problemas derivados del envejecimiento de su población, las desigualdades que tienden a acrecentarse, aun cuando la pobreza tienda a bajar; la existencia de una mayor individuación y una nueva realidad donde los aspectos culturales y éticos constituirán un eje muy central de la acción social. Un mundo donde el cambio climático y sus efectos ya están instalados y en el cual no sabemos los efectos laborales y societales que generará la digitalización, la robotización y las biotecnologías.
¿Por qué pensar en la socialdemocracia o “algo que se le parezca”, incluyendo experiencias como la de Macron en Francia, como una componente importante y deseable de alternativa política para construir el futuro?
Hay razones históricas para pensarlo. Si bien la socialdemocracia tiene como toda fuerza política con una larga vida páginas poco gloriosas, también está ligada a las conquistas más importantes alcanzadas en el plano democrático, en la protección de los derechos humanos y el impulso de los derechos sociales. Su balance en el logro del bienestar económico también es notable.
Pero al margen de ello, hay algo de esa experiencia que se mantiene extremadamente actual y dice relación con el método político, que se requerirá en el futuro para producir cambios que expandan la libertad individual, y la igualdad social de manera pacífica, libre y reforzando la democracia.
Lo que está vivo y resiliente de cara al futuro es su opción por una metodología democrática y gradualista y un tono sereno para impulsar los cambios que prefiera amplios acuerdos a las polarizaciones y rupturas de la convivencia ciudadana.Esa es la madre del cordero
http://www.latercera.com/reportajes/noticia/columna-ernesto-ottone-la-social-democracia-no-estuviera-muerta/55551/

domingo, 5 de noviembre de 2017

Internacional Socialista termina cita pidiendo a Venezuela solucionar crisis

Internacional Socialista termina cita pidiendo a Venezuela solucionar crisis

Luis Ayala. EFE/Orlando Barría
SANTO DOMINGO.- La reunión del comité para América Latina y el Caribe de la Internacional Socialista (IS) concluyó ayer en Santo Domingo tras dos días de debates con un llamado a Venezuela para la búsqueda de solución a su crisis política.
El comité de la IS expresó, además, su pleno respaldo al presidente dominicano, Danilo Medina, y a su canciller, Miguel Vargas, en las gestiones que realizan "a favor de la paz en Venezuela mediante un proceso de diálogo entre el Gobierno y la oposición que permita un desenlace democrático, pacífico y definitivo", según el comunicado final del encuentro.
Representantes del Gobierno y la oposición de Venezuela iniciaron el pasado 13 de septiembre en la capital dominicana conversaciones para abrir un nuevo diálogo, bajo el auspicio de Medina y del exjefe del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.
Por otro lado, el comité regional de la IS manifestó su respaldo y solidaridad al pueblo de Puerto Rico ante la devastación provocada en septiembre pasado por el huracán María, "situación que puso de manifiesto y recrudeció la crisis económica que ya venía atravesando este hermano país".
Asimismo, solicitaron a Estados Unidos no intervenir en los asuntos internos de Nicaragua, en relación a la situación del proyecto de Ley Nica Act, destinado a frenar los desembolsos internacionales a Nicaragua hasta que ese país celebre unas elecciones "libres, justas y transparentes".
Durante la reunión, el canciller dominicano, Miguel Vargas, fue reelegido presidente del organismo para América Latina y el Caribe.EFE
http://www.7dias.com.do/portada/2017/11/05/i236330_internacional-socialista-termina-cita-pidiendo-venezuela-solucionar-crisis.html#.Wf-iFmjWzIU

lunes, 15 de mayo de 2017

Populistas sobrevalorados / EDGAR SCHULER

TRIBUNA
Populistas sobrevalorados 
El triunfo de Macron pone a la extrema derecha de Marine Le Pen en su sitio

Emmanuel Macron, ayer durante su toma de posesión como presidente de Francia.
Emmanuel Macron, ayer durante su toma de posesión como presidente de Francia. 

El ánimo en vilo y los oscuros presagios dominaban los periódicos europeos tras las elecciones presidenciales francesas. Y eso que todo había salido conforme a las mejores esperanzas: el entusiasta europeísta Emmanuel Macron resultó ser el brillante ganador; Marine Le Pen, la derrotada.


OTRO ARTÍCULO DEL AUTOR



Los líderes de opinión europeos que en un primer momento no vieron venir el populismo de derechas, pero que luego lo inflaron instantáneamente hasta hacerle alcanzar las proporciones de un terror apocalíptico, perseveran ahora, en un anhelo de muerte colectivo, en considerarlo imparable. Le Figaro, en París, considera que “Macron solo representa en realidad a una cuarta parte de los franceses. Casi la mitad de los ciudadanos es partidaria de Le Pen o del izquierdista Mélenchon, que son enemigos de los valores de Macron”. En Berlín, Die Welt advertía que Macron tiene poco tiempo para enderezar el rumbo del país: “La nación está demasiado dividida, la oposición es demasiado destructiva y está a la expectativa de su fracaso”. Y desde Zúrich, el Tages-Anzeiger prevenía: “El hecho de que un tercio de los electores haya votado por Le Pen es la última advertencia. Si el proyecto reformista de Macron fracasa, en cinco años alcanzará la mayoría”.
Una cosa es segura: el pesimismo es el deber supremo del que opina. La catástrofe nos acecha en todas partes y nadie quiere dejarse sorprender por una. Pero la elección de Macron es una señal clarísima de lo resistente que es Europa occidental a tribunos del pueblo de la ralea de Le Pen: su derrota ha sido la quinta debacle electoral consecutiva del populismo de derechas.
A ojos de muchos este hecho queda oculto por el Brexit y la elección de Donald Trump. Pero en cualquier caso: por muy seriamente que haya que tomarse la conmoción que han provocado estas decisiones populares, no sirven como augurio. En Reino Unido los votantes se inclinaron por el abandono de la UE por el margen más estrecho concebible. Y a Trump ni siquiera lo respaldó la mayoría de los electores. Contribuyó a su victoria una disposición de la legislación electoral estadounidense venerable, pero muy extraña. En el sistema francés, Trump no habría sido presidente.

En el décimo año de la Gran Recesión, la eurozona percibe algo semejante a un despegue sostenido

En estos dos casos, por tanto, se estuvo en un tris de detener el avance de los populistas. Ni entonces ni ahora puede darse por sentado que se vaya a conseguir pararles. Hacen falta el personal y la estrategia adecuados. Y en ambos aspectos Macron es, mal que les pese a los que dudan, un ejemplo esperanzador. Con la audacia e insolencia de un Astérix, ha dejado en fuera de juego a todos los exhaustos caballos de batalla de la Quinta República. De este modo colmó el anhelo de una mayoría por romper con la política al uso. También prometió al pueblo lo que resulta impopular: que tendría que hacer sacrificios en la jornada laboral, en la protección contra el despido, en el estratosférico gasto público.
Qué duda cabe de que al presidente más joven de la república le falta, de momento, el poder parlamentario. Pero en cualquier caso, en Francia gran parte de la política sigue haciéndose y decidiéndose en la calle. A este respecto hay que confiar más en el talentosísimo organizador de un movimiento popular y una máquina electoral que en Sarkozy y Hollande, escurridizos tácticos de partido.
Y, finalmente, el destino del presidente Macron se decidirá menos por sus capacidades que por las circunstancias económicas en las que le toca gobernar. También en este aspecto las señales son favorables: en el décimo año de la Gran Recesión, la eurozona percibe algo semejante a un despegue sostenido. En el primer trimestre, las proyecciones anuales de crecimiento económico rondan el 1,8%; los economistas esperan incluso una aceleración que lo acerque a un sólido 2%. El paro empieza a descender de forma lenta pero continuada. En las últimas semanas la recuperación ha alcanzado incluso a Francia.
La reactivación y la redistribución del éxito económico al mayor número de personas posible son las claves para que un liberal triunfe en política. Y son también el veneno para los populistas. 
Edgar Schuler es jefe de la sección de Opinión del Tages-Anzeiger.Traducción de Jesús Albores Rey. http://elpais.com/elpais/2017/05/14/opinion/1494772967_430024.html

miércoles, 3 de mayo de 2017

Defensa del activista - FÉLIX OVEJERO 

Defensa del activista

El compromiso del activismo exige integridad práctica, disposición a asumir costes personales e implicarse por buenas razones. De entrada, debe ejercerse sin invocarse. Algunas virtudes se desbaratan cuanto se ostentan

Defensa del activista
La virtud no hace ruido. Algunas virtudes incluso se desbaratan cuando se ostentan. No cabe invocar la modestia sin desmentirse. Con el compromiso sucede algo parecido. El activista entrega sus talentos o su tiempo a una causa. Por amor al arte. Por eso, me desconcertó leer a un firmante de no recuerdo qué manifiesto presentarse como “activista”. Me parecía, además de innecesario por redundante —dada la naturaleza del acto de firmar—, un tanto indecoroso, como si blasonara del “compromiso”, como si flaqueara el arte por el arte. Definitivamente, no era mi idea de activista, aunque había conocido a algunos que, hasta edades impropias y sin que se les conozcan otros oficios, han ejercido como “activistas”, incluso recibiendo subvenciones por ello.
Desde entonces he seguido la pista al activismo como mérito y, sin descartar sesgos, la cosa ha ido a mayores y peores. He encontrado currículos profesionales y fichas de alumnos en donde “activista” aparecía como ocupación. Incluso hay un concejal de las CUP en mi ayuntamiento que basó en el activismo un currículum oficial subjuntivo. No contaba lo que era, sino lo que podía haber llegado a ser. Algo así como: “yo iba para Nobel pero se interpuso el sistema, me entregué a luchar contra él y me atasqué”.
Como, a mi parecer, el activismo es cosa seria, creo que se impone alguna precisión sobre qué es el activismo, el defendible, aunque solo sea para protegerlo de ciertos activistas. Desde luego, el compromiso sin más no lo hace bueno. Los del KKK o los chicos de la gasolina, que tanto apreciaba el PNV, empleaban mucho tiempo en defender de manera miserable sus indecentes causas. El activismo digno de elogio es algo más que actuar de acuerdo con lo que se cree. Los independentistas que, con la tolerancia de las autoridades académicas, intimidan en la UAB a los jóvenes de Societat Civil Catalana, sin duda acompasan su vida con su pensamiento y están, por así decir, a la altura rastrera de sus convicciones rastreras. Son coherentes en un sentido en el que, por ejemplo, no lo es el diputado Espinar en su consumo de refrescos. Pero, ciertamente, no parece que estemos ante conductas valiosas. No basta la integridad práctica.
La nueva política recala en la superioridad moral; no da razones a quien no considera a su altura
Algo que impide otorgar mérito a los casos citados es su bajo coste. Resulta difícil apreciar un comportamiento que cuenta con la complacencia de las autoridades. El coraje resulta prescindible a favor de la corriente. Los activistas mencionados únicamente asumen el coste del tiempo empleado, lo que dejan de ganar por no dedicar esas horas a otras actividades. Su coste de oportunidad. No pocas veces ese coste no existe, porque no tienen nada mejor que hacer o, incluso, es negativo, una inversión en una carrera política. Sobran los ejemplos.
El coste de oportunidad de quien no tiene oficio es cero. Al dedicarse al activismo —o a la política profesional, a estos efectos es lo mismo— solo asumen costes quienes renuncian a ingresos superiores a las nuevas retribuciones. La diferencia, lo que dejan de ingresar, es una medida de las convicciones, del compromiso. Lo que dejan de ingresar o lo que pueden perder, lo que arriesgan. Por cierto, entre nosotros hay activistas insuperables: aquellos conciudadanos —entre ellos, destacadamente, los militantes vascos del PP o del PSOE— que se jugaban la vida por la democracia de todos. Lo apostaban todo.
El olvido del coste de oportunidad produce distorsiones cognitivas y valorativas. Por ejemplo, cuando, con precipitación, se elogian los fervores moralistas que tanto se exhibieron en recientes campañas electorales: alcaldes en metro; rebajas de sueldo; renuncias a coches oficiales, etc. Una política gestera que, de facto, suponía una mala asignación del tiempo y, por tanto, del dinero público. Por supuesto, al final, se impusieron las necesidades prácticas y los fervores duraron lo que duraron, contribuyendo en más de una ocasión a saturar con un plus de hipocresía a la imprescindible en las actividades públicas, como sucedió con aquellas autoridades que escondían el coche oficial a dos manzanas del acto al que acudían. Ante la imposibilidad de mantenerse a la altura de exigencias imposibles, la duplicidad moral asoma. Al final, con las mejores intenciones, la nueva política, en su enfático moralismo, recala con frecuencia en la superioridad moral, esa variante del fariseísmo que tanto complica el debate democrático: si uno se siente esencialmente mejor no cree que le deba razones a quienes no juzga a su altura.
El coraje es prescindible a favor de la corriente, como las protestas que agradan a las autoridades
Con todo, si queremos elogiar al activista, no basta ni con la integridad práctica, con que la vida acompañe a las ideas, ni con la disposición a asumir costes. Un terrorista suicida se compromete con lo que piensa y, ciertamente, asume costes. Se necesita algo más: tomarse en serio, comprometerse por buenas razones, no, por ejemplo, por no quedar a la intemperie. En un libro dedicado a reconstruir la idea de intelectual comprometido, me referí a un afán de integridad intelectual que añadir a la integridad práctica, un afán del que carecen el intelectual frívolo o el sectario justiciero. Ante todo, reclama satisfacer ciertas autoexigencias epistémicas: permanecer alerta ante las complicidades de la tribu; buscar fiables fuentes; discutir la mejor versión de las ideas contrarias; disposición a atender toda la información, especialmente la que no se ajusta al propio guión. Son reglas comunes a la actividad científica que cobran especial importancia para el intelectual “comprometido”: mientras en la ciencia la desidia propia se corrige con la vigilancia colectiva, en su caso, el quehacer inevitablemente solitario y la naturaleza mudadiza y menos perfilada de los asuntos invitan a las trampas al solitario. Se las ha de imponer a sí mismo. Ha de tomarse en serio.
Por supuesto, no cabe pedir a quien se compromete en una causa lo mismo que a quien opina en papel impreso. Pero sí creo que cabe una exigencia negativa: mientras no se apueste por la integridad intelectual, mejor no invocar la integridad práctica, mejor evitar ese estilo, de camisa vieja, que descalifica a los otros con un “yo estaba en la calle… así que usted mejor se calla”. Sobre todo si la sobreactuación ahora llega desde un cargo público.
De momento, me conformaría con que el activismo se ejerciera sin invocarse. Ni golpes en el pecho ni superioridades morales. De otro modo, si el activismo acaba en manos de ciertos activistas de oficio, resignadamente, habrá que coincidir con Pascal en su melancólica reflexión: “La mayoría de los males les vienen a los hombres por no quedarse en casa”.
Félix Ovejero es profesor de la Universidad de Barcelona.  http://elpais.com/elpais/2017/04/27/opinion/1493314307_034268.html
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domingo, 29 de enero de 2017

La Internacional Socialista se reunirá este lunes en Santo Domingo

POLÍTICA | 29 ENE 2017, 11:57 AM |DIARIO LIBRE
La Internacional Socialista se reunirá este lunes en Santo Domingo
SANTO DOMINGO. El Comité para América Latina y el Caribe de la Internacional Socialista (IS) se reunirá en esta capital este lunes para conocer las propuestas que llevará al congreso de esa organización a efectuarse en Cartagena, Colombia, en marzo próximo.
La reunión, en la que participarán representantes de partidos políticos de doce países, se realizará en el hotel JW Marriot encabezada por el presidente del Comité y vicepresidente mundial de la IS, Miguel Vargas Maldonado, y el secretario general de la entidad, Luis Ayala.
Una comunicación de prensa dice que la apertura, en público, se producirá a las 9 de la mañana y luego la sesión de trabajo discurrirá en privado, informó el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), del que Vargas Maldonado es presidente.
Los partidos que enviarán delegados son de Perú, Uruguay, Venezuela, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Puerto Rico, Panamá, Haití y Nicaragua.
http://www.diariolibre.com/noticias/politica/la-internacional-socialista-se-reunira-este-lunes-en-santo-domingo-YC6114256 

lunes, 19 de diciembre de 2016

Izquierda o derecha, el futuro de RD - Eduardo Sanz Lovatón @SanzLovaton

Puntos de vista domingo, 18 de diciembre de 2016
Izquierda o derecha, el futuro de RD
Eduardo Sanz Lovatón
Francis Fukuyama en su libro “El fin de la Historia”, ilustra la visión de la victoria para la democracia liberal y capitalista sobre el comunismo y el control estatal en la economía. Era una forma de evaluar el final de la guerra fría con la caída del muro de Berlín y el descalabro del bloque soviético. Su tesis central era que la versión marxista del materialismo histórico era incorrecta y que el desarrollo normal de la sociedad mundial en el siglo XXI sería la de evolucionar en dirección a una democracia liberal y una hacia economía de mercado.
Esta tesis ha sido desmentida con la irrupción de las economías asiáticas, en especial el prolongado crecimiento económico de la República Popular China, la cual todavía es nominalmente comunista aunque desde el advenimiento de sus famosas reformas económicas, ya funciona de manera muy parecida a las economías capitalistas de occidente. El otro desmentir de la teoría de la primacía inevitable de la democracia liberal ha sido, por un lado, todas las autocracias religiosas que todavía gobiernan grandes regiones del mundo, y por el otro, los movimientos populistas que arropan países como Rusia, Turquía y regiones importantes de nuestra América.
La historia no se detuvo al ganar una ideología sobre las demás. La batalla por la historia continua entre diferentes ideologías. Detengámonos ahora a ver el término ideología, creado por el filósofo francés Destutt de Tracy, plasmado en su libro Idelogié y definámoslo como un conjunto de objetivos y prácticas que se perciben en común para lograr metas en beneficio de un conglomerado.
La República Dominicana no ha estado ausente de los debates ideológicos. Nuestros gobernantes y partidos han sido comunistas, liberales, populistas, dictatoriales, religiosos y anárquicos. Sin embargo, sí debemos admitir que este debate ideológico ha perdido rigor en los últimos 20 años en la política dominicana. Hoy es imposible hacer distinciones ideológicas entre nuestros partidos. Todo ha pasado a ser una mezcla indistinta, primero de las prácticas del neoliberalismo que nos abrazan a los mercados y acreedores que oxigenan nuestra economía con empréstitos; y segundo, de un populismo que permite subvenciones indiscriminadas a sectores de la población con la que se financia una precaria tranquilidad social. Ese populismo se representan en las subvenciones al mercado eléctrico, al cartel de los combustibles, a los empresarios en general y los portadores de las tarjetas de solidaridad por sólo mencionar algunos.
En ese panorama confuso es que debemos, postular por ideas que formen una ideología que motive el comportamiento de quienes aspiren a dirigirnos. Puesto que en lo que sí debemos estar todos de acuerdo es que la persecución del poder sin ideas que implementar es simplemente una carrera por obtener privilegios. Y peor aún, la carrera por el poder con ideas falsas o sostenidas sin convicción, son una estafa. Nos atrevemos a afirmar que las denominaciones de izquierda, derecha y el centro ya son obsoletas. Entendemos que las ideologías del siglo XXI deben tener elementos de cada una de las alas de pensamiento y deben tener otras orientaciones morales e identidad distinta. Por ejemplo, se puede creer del lado izquierdo en un esquema tributario que sea redistributivo al gravar más la riqueza inmóvil que el consumo indiscriminado, y al mismo tiempo del lado derecho, en un esquema migratorio firme que proteja nuestra integridad cultural. Otra circunstancia aparentemente contradictoria sería el creer desde el lado izquierdo que nuestra economía necesita protegerse de los esquemas de libre comercio que permiten indiscriminadas importaciones sin que se posibiliten necesarias exportaciones. Y al mismo tiempo creer desde el lado derecho que debemos lograr que los impuestos que gravan la actividad económica sean los más bajitos posibles para que no impidan el desarrollo.
En conclusión abogamos por las ideas en la política, sin ellas el personalismo la arropa. Estas ideas no deben ser etiquetadas en partidos de izquierda o de derecha, pues eso ya es mentira. Por eso, abogaremos por la ideología de la libertad, por la ideología de los resultados y por la ideología de la humanidad cristiana. No seamos de izquierda, no seamos de derecha, seamos del mañana que juntos debemos construir.
http://www.listindiario.com/puntos-de-vista/2016/12/18/447346/izquierda-o-derecha-el-futuro-de-rd

viernes, 18 de diciembre de 2015

Hay algo que a Pablo Iglesias le pone “muy nervioso”: su pasado

Hay algo que a Pablo Iglesias le pone “muy nervioso”: su pasado

18 diciembre 2015 - 10:11 - Autor: 
Algunos pensarán que mis críticas contra Pablo Iglesias son algo personal. Lo son desde el momento en que supe que Pablo Iglesias asesoró al Gobierno venezolano, dio formación ideológica a las bases chavistas, manifestó su admiración por Hugo Chávez y ha tomado muchas cosas de ese modelo chavista.
Eso se destapó a partir de mayo del año pasado, cuando la formación de Iglesias saltó a la fama tras recolectar una buena parte de los votos en las elecciones europeas. Admiré y sigo admirando su oratoria, su capacidad de sintetizar y de conectar con un auditorio. Pero creo que ha apoyado a un estado criminal. Una persona que ahora se está presentando como alguien moderado y aspirante ‘al centro del tablero político’ sencillamente engaña.
En el currículum que aparece en internet, hay varios cursos que demuestran cómo fue un comisario ideológico del gobierno de Hugo Chávez.
-Profesor en el Curso de formación ideológica y constitucional (segunda edición) para funcionarios y asesores CONATEL (Venezuela) (Convenio Fundación CEPS/CONATEL). Modulo impartido: “Neoliberalismo, Globalización y reacción social”. Caracas, Junio de 2007.
-Profesor en el Curso de formación ideológica y constitucional para funcionarios y asesores del Ministerio del Interior y Justicia de la República Bolivariana de Venezuela (Convenio Fundación CEPS/Ministerio del Interior y Justicia de la RBV). Modulo impartido: “Neoliberalismo, Globalización y reacción social”. Caracas, semana del 5 al 9 de Junio de 2006. Programa: http://sindominio.net/~pablo/curso_caracas.htm
Esos cursos y muchos más que ha impartido en los últimos años, me recuerdan la retórica que viví en la universidad en los años setenta y ochenta. Es una retórica antigua. Pensaba que se había ido derrumbando con la caída del Muro de Berlín y de los regímenes de Europa del Este.
A pesar de eso, muchos jóvenes están fascinados con Iglesias y Podemos. Entiendo que lo jóvenes se ilusionen con algo nuevo porque como decía Mafalda, si no quieres cambiar el mundo cuando eres joven, el mundo te irá cambiando a ti. A los jóvenes les gusta el programa social, le retórica, las críticas a la corrupción, al viejo sistema, al bipartidismo, a los causantes de la crisis y todo lo demás.
Pero quien sostiene esas críticas apoyó un régimen corrupto, acusado de narcotraficante, que ha amordazado  a la prensa, que ha arruinado la economía, que produce colas en los supermercados, que es incapaz de evitar 25.000 asesinatos al año y que controla los tres poderes de forma abusiva. Si ese es el modelo de Pablo Iglesias, ¿qué piensa hacer en España?
Por eso critico y criticaré al personaje. Porque creo que oculta la verdad. Ha provocado ensoñaciones en la gente joven, pero bastaría invitar a un paseo por Venezuela a sus potenciales votantes para que se asustaran. Se preguntarían, ¿y Pablo ha colaborado con eso?
Con eso y mucho más. Hace unos días, el expresidente de Gobierno Felipe González denunció algo incluso más grave: que Pablo Iglesias asesoró al gobierno venezolano para saber cómo hacer escuchas ilegales a las conversaciones privadas de la oposición.
Pablo Iglesias ha intentado desvincularse de Venezuela. Cuando un candidato trata de recordarle el pasado, Iglesias dice: “Ya, claro, ahora me vas a hablar de Venezuela y de la URSS”. Y yo me pregunto: ¿se pone nervioso cuando habla de eso?
Detrás de la oratoria vibrante y convincente de Pablo Iglesias, hay una persona que no dudaría de emplear los mecanismos más viles para destrozar a sus opositores. Buena parte de su catecismo ideológico se ha ido plasmando en vídeos que ahora está empleando el Partido Socialista para mostrar eso que a Pablo Iglesias le pone nervioso: su pasado.
(La imagen de arriba de de la web chavista aporrea.org)
http://blogs.lainformacion.com/zoomboomcrash/2015/12/18/hay-algo-que-a-pablo-iglesias-le-pone-muy-nervioso-su-pasado/