Mostrando las entradas con la etiqueta Socialdemocracia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Socialdemocracia. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de agosto de 2022

LA TECNOLOGÍA QUE PRODUCE LA TECNOLOGÍA | Socialdemocracia (2)

 LA TECNOLOGÍA QUE PRODUCE LA TECNOLOGÍA | Socialdemocracia (2)

“La socialdemocracia es un intento de cubrir el puño de hierro del socialismo con un guante de seda, y de evitar la figura del dictador reemplazándolo con un ejército de burócratas –algunos del sector privado– respaldados por el aparato coercitivo del Estado.”
Germán Contreras “El Perforador”.


NOTA: La primera parte de esta entrega puedes leerla AQUÍ.


Lamentablemente, en Colombia se aplicó la socialdemocracia (mal llamada neoliberalismo) como respuesta a los modelos económicos cerrados de posguerra (autarquías, reemplazo de importaciones, fomento industrial estatal, entre otros), una especie de camino medio (Tercera Vía) entre el libre mercado y la intervención estatal. Pero su premisa básica es completamente errada: a través de entes elegidos democráticamente se puede hacer redistribución efectiva de la riqueza creada por el libre mercado. El problema es que esos entes procesan con información incompleta, descompuesta y degradada porque no la crean, no son su fuente. La socialdemocracia sufre del mismo problema que el socialismo: no permite la creación de información o restringe su aplicación mediante las regulaciones.

La socialdemocracia reemplaza la eliminación física del individuo

El defecto moral fundamental de la socialdemocracia –y del socialismo– consiste en considerar la pobreza como una dimensión exclusivamente material, pero como bien sabe un padre: a un hijo malcriado no se le arregla dándole más juguetes, vacaciones o complaciéndole sus caprichos, y mucho menos endeudándose para complacerlo. Esta es la razón por la que los programas sociales son un fracaso, pues evitan que el individuo asuma responsabilidades, encuentre los límites de sus recursos, sea creativo y se esfuerce; los programas sociales evitan que el individuo cree el mundo que quiere vivir y habitar, aunque, según el Estado, ese no es su trabajo.

¿Para qué generar información y ganarme la vida por mí mismo si puedo obtener bienes materiales directamente de un ente de autoridad que se los ha quitado a otro mediante coerción para que yo los tenga? Esa es la cuestión que se plantea todo aquel que huye de las responsabilidades, donde además se le ha enseñado equivocadamente que la propiedad privada es un robo. ¿Qué podría salir mal?

En Colombia, a finales de la década de los 60’s, no reconocimos el fracaso del modelo y el resultado fue que insistimos en lo mismo: un país trancado por dentro, que pasó de una sola verdad absoluta con la Constitución de 1886, a un país lleno de importaciones –“juguetes” para aumentar el consumo del hijo malcriado a ver si se endereza y deja de meter vicio– al concepto de que todo es relativo y no hay verdades absolutas con la Constitución Posmoderna de Derecho Positivo de 1991. A tanto llega el disparate de esa constitución, que tiene incluido el “Derecho a la Paz”, algo que es tanto como confundir un encendedor de gas con el fuego; la cosa y la representación de la cosa no son lo mismo.

Ambas constituciones sufren del mismo mal que las condujo a producir el Estado fallido que aún tenemos que soportar en múltiples dimensiones: el Gobierno y sus entes como soberanos y de autoridad incuestionable –antes fue el poder Ejecutivo, ahora son las Cortes y el Congreso más la tecno-burocracia–. Sobre esa plataforma fue que se intentó asentar un mercado, pero se mantuvieron los proteccionismos internos que salvan a las élites económicas de la competencia interna, y por eso no hemos podido integrarnos a la economía global. Si no se puede competir internamente, ¿cómo vamos a hacerlo afuera?

¿Qué nombre se le debe dar a aquellos que pretenden que Colombia sea una economía exportadora de bienes de alto valor agregado, sin producir ideas?

En sistemas cerrados la información se puede reemplazar, parcialmente, tomando conocimiento prestado de otras fuentes que lo crean; ese es el caso de la compra de una máquina o del entrenamiento que se le da a un grupo de empleados por parte de un consultor externo. Sin embargo, la condición subyacente de dichas entradas de información al sistema es que no amenacen el statu quo, y que sea información previamente aprobada y sancionada por la autoridad. Un ejemplo obvio es en medicina: Corea del Norte simplemente no puede tener el mismo nivel que los Estados Unidos porque no se permite la entrada e intercambio de nueva información de forma libre.

No hubiera sido posible para Microsoft retar a IBM, y a su vez posible para Google retar a Microsoft sin libertad de expresión absoluta. Era y sigue siendo condición fundamental proteger la posibilidad de competir para cualquiera en el mercado de ideas, para así, poder competir en el mercado de productos y servicios. Ninguna de las tres empresas ha dejado de existir y ninguna le ha hecho la guerra armada a las otras, o ha asesinado a sus empleados, de hecho, se benefician mutuamente al intercambiar colaboradores y conocimientos.

Es más, ha habido un aumento de capital físico a causa del capital intelectual, y se ha creado un ecosistema más amplio y una economía más grande en un sector tecnológico en expansión. El caso de las disputas por el liderazgo en ese sector muestra la diferencia entre jerarquías de dominio: gana el más malo, el más violento, y quien a su vez tiene que eliminar físicamente a los otros malos y violentos tal como sucede con la guerrilla o los paramilitares; y jerarquías de competencia: gana el mejor y más calificado, quien está obligado a aportar más ideas y seguir desarrollando el juego, para que los demás quieran seguir participando y compitiendo voluntariamente de forma pacífica.

El declive empieza cuando la homogeneidad ideológica se impone a la heterogeneidad intelectual

Pero hay una precondición para que la libre expresión sea una fuerza positiva en la sociedad y la economía que refleja: que el individuo tiene el deber ético de mantener una posición de duda ante sus propias ideas, no solo las de los demás, y adicional a eso, asumir que la otra persona actúa honestamente al hacer el intercambio. La arrogancia de pensar o creer que todo lo que decimos es palabra final verdadera es el germen del totalitarismo, y asumir como normal que el otro nos engañe, solo indica que estamos rodeados de personas deshonestas –siendo nosotros una de ellas por supuesto–, cuyas vidas terminan siendo infiernos de mentiras.

La verdad científica deja de ser el punto de encuentro, para ser reemplazada por la verdad política

Las mentiras se pueden convertir en infiernos literales como los campos de concentración nazis o lo gulags soviéticos. La falla moral del individuo comienza por mentirse y ser deshonesto consigo mismo al justificar actos atroces en nombre de los “altos ideales”, de la “nación”, de la “raza”, de la “igualdad”, de la “equidad”, de la “empatía” y/o de la “diversidad”.

El atraso, la violencia y el subdesarrollo que padecemos en Colombia, no son más que censura a la libertad de expresión de diversas maneras: directamente a la expresión pública o privada de ideas políticas, o con el proteccionismo, las trabas directas y las excesivas regulaciones a los sectores empresariales; lo más grave aparte de tener que vivir en un país en ese lamentable estado, es que las estructuras empresariales reflejan ese comportamiento, y las empresas empiezan a portarse como la administración pública. Para personas como Joseph Stiglitz, China es un gran ejemplo de desarrollo a través de la intervención estatal, pero ignora el hecho de que Taiwán es mucho más rico per cápita mediante un sistema de mayores libertades en una isla con muy pocos recursos y bastante poblada.

En la siguiente entrega de este artículo hablaremos sobre el libre mercado de las ideas.

https://alponiente.com/la-tecnologia-que-produce-la-tecnologia-socialdemocracia-2/

Notas:

  1. SOBRE LA OBRA EN LA IMAGEN DESTACADA DE ESTA ENTREGA: Leutze, E. (1851). Washington cruzando el río Delaware [Óleo sobre lienzo]. Nueva York: Museo Metropolitano de Arte. https://www.metmuseum.org/art/collection/search/11417.
  2. Este artículo apareció por primera vez en nuestro medio aliado El Bastión.

miércoles, 9 de junio de 2021

La democracia liberal en la tenaza identitaria

Marine Le Pen.

Marine Le Pen.

LA TRIBUNA

La democracia liberal en la tenaza identitaria

“Estamos frente a la Primera Guerra Mundial del siglo XXI, que tiene su origen en la revolución islámica de Irán y su Pearl Harbor en el 11-S” (Marine Le Pen)

 
 2 junio, 2021 03:54

Las elecciones presidenciales francesas de 2021 serán, según todas las encuestas, una repetición de los comicios de cinco años atrás: otro duelo entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen en segunda vuelta.

Sin embargo, hoy nada es igual. La socialdemocracia encarnada por el Partido Socialista ha sido fagocitada por la izquierda antisistema, la Francia Insumisa de Jean Luc Mélenchon. El partido moribundo que dejó François Hollande se ha resignado a la irrelevancia y sueña con una improbable candidatura de la alcaldesa de París, la gaditana Anne Hidalgo.

En el resto de la izquierda, el ego de Mélenchon ha impedido hasta ahora una candidatura común con el fosilizado Partido Comunista Francés y Los Verdes. Estos aspiran al éxito de sus pares alemanes, aunque hasta ahora han demostrado su inoperancia a nivel municipal enfrascándose en polémicas como la de suprimir los árboles navideños públicos y la carne en los comedores escolares, o la de subvencionar con millones de euros una mezquita pro Erdogan en Alsacia.

En cuanto al partido conservador Les Républicains, creado por Nicolas Sarkozy, ha sido vaciado y absorbido hasta la insignificancia por el oficialismo.

En esta tierra arrasada, frente a Macron sólo queda Marine Le Pen, quien nunca tuvo tantas chances de llegar al poder, liderando incluso la primera vuelta, según un sondeo publicado este miércoles por Le Figaro. Consciente de que no tiene nada que temer por la izquierda, Macron ha derechizado su discurso en temas caros a los conservadores, como la seguridad y, más significativo del movimiento tectónico ideológico actual, ha empuñado la bandera del laicismo, abandonada y pisoteada por una izquierda que se hunde en el impasse identitario.

Cada día que pasa, el jefe de Estado se aleja más del progresismo del canadiense Justin Trudeau. Diplomado en Filosofía, y ya sea por necesidad o por convicción, Macron ha tomado por las astas el toro de las políticas de la identidad que modelan la militancia política, académica y mediática. Macron ha llevado la batalla cultural a las universidades, cooptadas por la descolonización y el llamado islamoizquierdismo, la forma local de la critical racial theory estadounidense, al tiempo que ha puesto coto a ese atentado a la economía del idioma llamado lenguaje inclusivo. Aquello que parecía una jerigonza destinada sólo a la vanguardia trasnochada de los campus universitarios estadounidenses coloniza hoy la vida cotidiana occidental, desde la inflación del idioma al nuevo sello negro de Correos en España.

Le Pen cuenta con la fidelidad de su base electoral y con la porosidad de la derecha tradicional, ya que la estrategia de lavado de imagen ha funcionado

La decapitación del profesor de Historia y Educación Cívica Samuel Paty a manos de un islamista en octubre obligó a Macron a hacerse cargo de un dilema que habría preferido evitar, dejando al mismo tiempo en evidencia ese progresismo que ya no es Charlie Hebdo y que hoy prefiere cerrar los ojos ante el oscurantismo religioso que prospera en las periferias de las grandes ciudades de Francia y parte de Europa, a la espera de una imaginaria interseccionalidad arcoíris de izquierda que le permita al menos cazar votos en un electorado dominado por el autoodio y el odio a los valores occidentales.

En cuanto a Marine Le Pen, puede contar con la fidelidad de su base electoral y con la porosidad de la derecha tradicional, ya que la estrategia de lavado de imagen ha funcionado.

Pero Le Pen, sobre todo, ha hallado un aliado inesperado en esa izquierda a la que ya no convence el frente republicano, aquel viejo acuerdo del arco político francés que va de la extrema izquierda a los conservadores y que implica que se vota en segunda vuelta por aquel candidato capaz de vencer al Frente Nacional (hoy rebautizado Agrupación Nacional) cualquiera que sea el signo político de su adversario. El cordón sanitario republicano que provocó el triunfo plebiscitario de Jacques Chirac contra Le Pen padre en 2002 y la victoria de Emmanuel Macron contra Le Pen hija se desmorona quince años después, advierte un explosivo informe de la Fundación Jean-Jaurès publicado en abril.

Entretanto, el temor a una guerra civil se apodera de la derecha nacionalista, con miembros del ejército (generales retirados o soldados activos) que denuncian públicamente, rompiendo su obligación de silencio, la desintegración del país frente a los reclamos comunitarios y el islam radical. ¿Pronóstico acertado o fantasía paranoica? En cualquier caso, el 58% de la población francesa apoya a los uniformados en su diagnósticosegún la encuestadora Harris Interactive.

¿Qué forma tomaría esta supuesta guerra civil? La extrema derecha ha adoptado la teoría del Gran Reemplazo, acuñada por el escritor Renaud Camus (y reivindicada por el terrorista supremacista del ataque a la mezquita neozelandesa de Christchurch). Teoría que plantea una programada sustitución de la población autóctona por una invasión demográfica de Oriente y África. El "no nos reemplazarán" coreado por neonazis estadounidenses con antorchas cruzó hace rato el Atlántico. En los Estados Unidos, la conspiranoia de QAnon ve un plan del magnate George Soros para licuar la identidad europea, reformulación del viejo antisemitismo que se dedicaba antes al barón Rothschild como titiritero del cosmopolitismo en las sombras.

Francia, cuna tanto de la Ilustración como de la French Theory en la que se basa el movimiento woke, es un laboratorio de Occidente

Pero la realidad del cambio demográfico no reside únicamente en la imaginación de la extrema derecha. Es también lo que desvela a la antiliberal Ana Iris Simón, exredactora de la revista hipster Vice, y que se ve avivado por la guetoización en los barrios periféricos; por las reivindicaciones religiosas del islam en el trabajo, la escuela o las universidades; por las imágenes de oleadas de inmigrantes que golpean las vallas de Ceuta; y, más recientemente, por el chantaje marroquí de abrir el grifo de la miseria del mundo para inundar la vieja Europa.

La izquierda ha dejado de hablar a la clase trabajadora blanca que sabe que su futuro será peor que el de sus padres. Hace rato que ha preferido concentrarse en su nueva clientela política. Las minorías étnicosexuales, los funcionarios de la Educación pública y los ganadores de la globalización: los jóvenes urbanos que trabajan en la pujante industria tecnológica.

El dudoso argumento contable de que los jóvenes inmigrantes pagarán las pensiones de los blancos (privando de paso de su juventud y talentos a África) de una Europa que envejece sin tener suficientes hijos no sólo no convence a Ana Iris Simón. Algunas sociedades como Japón han preferido pagar el precio de la autosuficiencia.

Así las cosas, en Francia, como en otros lados, el eje izquierda/derecha está siendo reemplazado por un enfrentamiento entre la democracia liberal y los populismos iliberalesLa extrema derecha y la extrema izquierda identitarias, obsesionadas con el sexo y la raza, se parecen cada vez más de lo que quisieran y hacen frente común contra el neoliberalismo globalizado.

De este modo, Francia, cuna tanto de la Ilustración como de la French Theory en la que se basa el movimiento woke, se transforma en un laboratorio de Occidente. Las elecciones presidenciales del año que viene no serán una mera repetición de 2017. Serán el teatro europeo de un enfrentamiento entre la tradición universalista y el esencialismo de los extremos. Extremos que juzgan de manera positiva o negativa al ciudadano no por lo que hace con su libertad, sino por lo que es de nacimiento. Es decir, por su color de piel y su sexualidad.

*** Alejo Schapire es periodista. Su último libro es 'La traición progresista'.

https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20210602/democracia-liberal-tenaza-identitaria/585811417_12.html

lunes, 5 de febrero de 2018

Columna de Ernesto Ottone: ¿Y si la socialdemocracia no estuviera muerta?

Reportajes
Columna de Ernesto Ottone: ¿Y si la socialdemocracia no estuviera muerta?
Ernesto Ottone Actualizado: 03 Feb 2018
Son muy pocos los campos donde los países con una fuerte influencia socialdemócrata no están a la cabeza de la convivencia humana. Por lo tanto muerta, lo que es muerta, no está.
Ese es el subtítulo en castellano de un libro pequeño pero sustancioso editado el año pasado en Francia que estudia la experiencia sueca y lleva por título "El modelo sueco", escrito por Wojtek Kolinoswsky.
Ese libro hace un análisis meticuloso del recorrido de la socialdemocracia sueca que se mantuvo en el gobierno de manera ininterrumpida y democrática entre 1932 y 1976 para regresar al gobierno entre 1982 y 1991, después entre 1994 y el 2006 para volver a ser elegida nuevamente en el año 2014 hasta hoy.
Suecia en ese periodo histórico pasó de ser una sociedad todavía pobre, rural y desigual a una sociedad avanzada moderna e igualitaria, con altos niveles de confianza que privilegia el diálogo al enfrentamiento y con una gran capacidad de adaptarse a los cambios de las relaciones sociales.
El subtítulo del libro es particularmente interesante porque hay diversos pensadores y analistas muy respetables que consideran que la socialdemocracia que tantos méritos acumuló en la historia europea contemporánea está prácticamente sin vida, apenas subsistiendo o al menos que perdió su “impulso propulsivo”, como dijo con elegancia Enrico Berlinguer, el gran político italiano refiriéndose a comienzo de los años ochenta a la Unión Soviética y los socialismos reales, los cuales se desmoronarían pocos años después.
Alguna razón tienen los que así piensan si miramos el mapa del poder político europeo.
Es evidente que los partidos políticos socialdemócratas o socialistas que reconocen sus raíces históricas en la versión reformadora del movimiento obrero de fines del Siglo XIX no están pasando por su mejor momento.
La crisis financiera del 2008 a la que en Europa se sumó la crisis de la deuda pública tuvo un efecto nefasto para esos partidos, sobre todo los que estaban en el poder, pero también para los que encabezaban la oposición.
Ellos habían retomado fuerzas a fines de los años noventa después de haber perdido relevancia a manos de la revolución conservadora de los ochenta.
La “tercera vía” les había dado un impulso para ponerse al día con los cambios ocurridos en la economía mundial y adecuar el Estado de Bienestar a las nuevas realidades.
Sin embargo, cegados por el ciclo positivo de crecimiento económico fueron incapaces de visualizar y detener el proceso de desregulación financiera que acunó la crisis, y pagaron duramente por ello.
Prácticamente desaparecieron en Grecia y en varios países del este europeo, perdieron fuerza en España, en Austria y en Alemania.
Después de diversos avatares lo hicieron también en Italia y Francia, y la lista de derrotas es demasiado larga para enumerarlas una a una.
Todavía no sabemos cuán sólido es el actual repunte en Inglaterra y Portugal.
Donde están mejor parados, sin estar del todo indemnes, es en los países nórdicos, donde han jugado históricamente un papel central en la construcción de un Estado social que ha conjugado virtuosamente una economía de mercado, niveles altísimos de libertades individuales, conquistas civilizatorias, un buen funcionamiento del aparato público y sociedades igualitarias.
Son muy pocos los campos donde esos países, con una fuerte influencia socialdemócrata, no están a la cabeza de la convivencia humana.
Por lo tanto muerta, lo que es muerta, no está, aunque tampoco tiene una salud rozagante, sino más bien luce algo macilenta y mustia.
Pero esta realidad marchita no es exclusiva de ella, los problemas que presenta la socialdemocracia son en parte los que atraviesan todos los partidos del arco democrático, socialcristianos, liberales o conservadores, y responden a la crisis de la representatividad en la era de la información.
Era en la cual se generan los cambios en la tecnología de la comunicación que permiten al ciudadano ejercer una suerte de democracia continua al poder intervenir en cualquier momento y desde cualquier lugar para manifestar sus opiniones, desacuerdos, emociones y broncas al margen de los canales institucionales, disminuyendo así el rol de los partidos políticos.
Ello hace que estos vean debilitado su rol de mediación y sean desbordados por movimientos efímeros, por las redes sociales, o formas varias de populismo, personalismos y mesianismos, que interpretan estados de ánimos más bien pasajeros y no generan corrientes de opinión y lealtades más constantes en el tiempo.
Si a ello sumamos los defectos que estos partidos han ido acumulando en prácticas malsanas, corporativas y corruptas que perjudican la confianza social, podemos explicarnos la situación actual que abre las puertas a los populismos de izquierda y derecha.
La decadencia socialdemócrata es entonces parte también de la decadencia más general del “ethos democrático”.
Ahora, en lo que concierne más específicamente a la socialdemocracia, habría que reseñar la particular fuerza con que la afectó el fin de la sociedad industrial, la caída de la significación política del sujeto obrero y del sindicalismo, con quien tuvo una relación simbiótica desde su surgimiento, sobre todo en los treinta años gloriosos de la postguerra.
En verdad esa socialdemocracia de la sociedad industrial ya no tiene bases para reproducirse como tal en el futuro.
Ella “o algo que se le parezca”, como decía el gran historiador inglés Tony Judt, sólo tendrá sentido si es capaz de interpretar a un sector suficientemente amplio de la ciudadanía y encontrar las respuestas adecuadas a un mundo que cambia vertiginosamente, pero que crecerá de manera más incierta que en el pasado con nuevos desafíos como los problemas derivados del envejecimiento de su población, las desigualdades que tienden a acrecentarse, aun cuando la pobreza tienda a bajar; la existencia de una mayor individuación y una nueva realidad donde los aspectos culturales y éticos constituirán un eje muy central de la acción social. Un mundo donde el cambio climático y sus efectos ya están instalados y en el cual no sabemos los efectos laborales y societales que generará la digitalización, la robotización y las biotecnologías.
¿Por qué pensar en la socialdemocracia o “algo que se le parezca”, incluyendo experiencias como la de Macron en Francia, como una componente importante y deseable de alternativa política para construir el futuro?
Hay razones históricas para pensarlo. Si bien la socialdemocracia tiene como toda fuerza política con una larga vida páginas poco gloriosas, también está ligada a las conquistas más importantes alcanzadas en el plano democrático, en la protección de los derechos humanos y el impulso de los derechos sociales. Su balance en el logro del bienestar económico también es notable.
Pero al margen de ello, hay algo de esa experiencia que se mantiene extremadamente actual y dice relación con el método político, que se requerirá en el futuro para producir cambios que expandan la libertad individual, y la igualdad social de manera pacífica, libre y reforzando la democracia.
Lo que está vivo y resiliente de cara al futuro es su opción por una metodología democrática y gradualista y un tono sereno para impulsar los cambios que prefiera amplios acuerdos a las polarizaciones y rupturas de la convivencia ciudadana.Esa es la madre del cordero
http://www.latercera.com/reportajes/noticia/columna-ernesto-ottone-la-social-democracia-no-estuviera-muerta/55551/

lunes, 26 de junio de 2017

Alemania: socialdemócratas acordaron programa electoral

ALEMANIA

Alemania: socialdemócratas acordaron programa electoral

El SPD presentó su plataforma electoral. Su asamblea nacional en Dortmund inyectó ánimo, tras las últimas derrotas electorales. Gerhard Schröder animó a los miembros, Martin Schulz se centró en los contenidos.
Es hora de más justicia, consigna de socialdemócratas alemanes.
"Es hora de más justicia", consigna de socialdemócratas alemanes.
Gerhard Schröder, canciller de 1998 a 2005 (el primero socialdemócrata tras de Helmut Schmidt) reapareció ante los 600 delegados y unos seis mil invitados a la asamblea general del Partido Socialdemócrata alemán para reforzar la campaña de Martin Schulz como contrincante de Angela Merkel.
Schröder, el excanciller socialdemócrata, sigue siendo una figura controvertida, pero ha sabido ganar elecciones. "En las últimas semanas de mi última victoria recuperamos un 20% frente al Partido Cristianodemócrata”, recuerda. Una batalla que hoy, según Schröder, puede volver a dar el SPD.
Desánimo y grandes tareas por hacer
"Las elecciones aún las podemos ganar", dice Schröder en la polideportivo Westfalenhalle, de Dortmund. "El resultado de las elecciones no lo deciden ni los comentaristas ni las encuestas. Aún lo deciden quienes salen a votar", grita Schröder a la multitud que lo ovaciona.
Hace tres meses desde que Martin Schulz fue elegido nuevo presidente del SPD y su candidato a canciller. Su condición de favorito subió como meteorito a alturas insospechadas, así de rápida fue también la pérdida de confianza en su programa pocas semanas después. Hoy, a 13 semanas de las elecciones parlamentarias del 24 de septiembre, la coalición conservadora CDU/CSU lidera de nuevo las encuestas. Por un último, Schröder le lanza un mensaje al candidato a la cancillería de su propio partido: "El poder hay que quererlo".
Schulz se centra en el programa
Martin Schulz escuchó al excanciller y sus palabras no debieron haber caído en saco roto, pero se centra en su programa electoral. Justo al principio Schulz ataca duramente la gestión de Angela Merkel y sobre todo, su estrategia de no asumir una postura decidida por nada, hasta que le obligan ya los hechos.
Schulz reconoce que Merkel ha tenido éxito con esa estrategia del silencio, "negarle sistemáticamente el debate a un país ha generado una inmensa desesperanza en muchos electores que ahora prefieren no depositar su voto". Una estrategia que, según Schulz, "en círculos de Berlín llaman desmovilización asimétrica". Martin Schulz prefiere llamarla "un ataque a la democracia".
"La hora de la justicia"
Martin Schulz no ahorra en propuestas para la cancillería que busca. El SPD ha diseñado un preciso programa de gobierno que incluye impuestos, pensiones, educación e infraestructura, por ejemplo. Schulz se refirió a algunas de las exigencias del SPD, como la "matrícula gratuita desde el preescolar hasta la universidad", el "derecho legal a que los niños puedan ser asistidos todo el día durante su tiempo en la escuela primaria y a que haya más tiempo para que las familias puedan pasarlo juntos". Además, SPD busca la igualdad salarial entre hombres y mujeres y "un sistema que alivie la carga tributaria de personas con pequeños y medianos ingresos".
El SPD quiere promover la equidad y hacer cumplir que "los fuertes ayuden a los débiles". Esto también significa que las cotizaciones del seguro de salud deberían "ser pagadas, por partes iguales,  por empleadores y empleados". Así como, según promete Martin Schulz, "los jóvenes no tengan más que soportar sobremanera la inmensa carga tributaria de las pensiones".
Schulz dice lo que quiere y lo que no quiere: "No voy a firmar ningún acuerdo de coalición que no acepte el matrimonio para todos". Una postura que encuentra la aprobación de las mayorías del SPD, y según encuestas, también del electorado alemán. Sea como sea, el antiguo canciller Schröder está seguro de la victoria cuando grita al pleno, en castellano: "Venceremos". 
Sabine Kinkartz (jov / few)

DW RECOMIENDA