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sábado, 30 de mayo de 2026

Las bases del chavismo se revuelven contra la tutela de Estados Unidos

Los aviones militares estadounidenses sobrevolando Caracas durante un simulacro prendieron la mecha de un malestar que lleva meses sacudiendo los cimientos de la revolución 
dozz.es/gtq
Las bases del chavismo se revuelven contra la tutela de Estados Unidos

Los aviones militares estadounidenses sobrevolando Caracas durante un simulacro prendieron la mecha de un malestar que lleva meses sacudiendo los cimientos de la revolución

Aeronave Osprey en Caracas, el 23 de mayo.LEONARDO FERNANDEZ VILORIA (REUTERS)

Cuando los aviones Osprey del Ejército de Estados Unidos cruzaron el cielo de Caracas el pasado 23 de mayo en un —quizá innecesario— simulacro militar, algo que llevaba meses fermentando en silencio terminó de salir a la luz. Las bases chavistas que durante 27 años sostuvieron la revolución bolivariana —los colectivos, los cuadros de partido, los movimientos populares— se están revolviendo contra el nuevo orden que ha impuesto Washington en Venezuela. Las quejas y las advertencias de los aliados chavistas son cada vez más abiertas y duras, aunque sigue sin estar claro si son suficientes para poner en aprietos a Delcy Rodríguez.

Las reacciones ante la tutela de Estados Unidos sobre el país desde la intervención militar del 3 de enero, en la que capturaron a Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, han pasado del desconcierto a la indignación. El antiguo enemigo del chavismo, el imperialismo estadounidense, ahora es un aliado que marca los ritmos del país, hace maniobras militares y hasta anuncia los viajes internacionales de la presidenta encargada. Y las bases que durante décadas gritaron “Yankee go home” no saben muy bien qué hacer con eso.

El malestar se fragua en silencio desde el 3 de enero, pero hace unas semanas, una guerrilla de influencers chavistas comenzó a levantar la bandera de la traición. Dos propagandistas acérrimos del chavismo, Mario Silva, conductor del programa La Hojilla, y el argentino Diego Suárez, conocido como Michelo, le subieron el volumen a la queja: quienes están en el poder hoy, decían, cooperaron con el encarcelamiento de Maduro y Flores en Nueva York. Sembraban dudas ante el sapo que más le está costando tragar al chavismo tras la caída de su líder: la batuta estadounidense.

Cuando el ruido en redes parecía haberse rebajado, el propio gobierno venezolano entregó a Alex Saab —el colaborador más cercano de Maduro, convertido en héroe y mártir del antiimperialismo tras años de campaña en su favor— a la justicia estadounidense. El empresario colombiano es ahora una pieza en manos de Washington que podría ser clave en el proceso abierto contra Maduro. Ante la enorme polémica que suscitó la entrega, la presidenta encargada zanjó con una única defensa: que cada decisión tomada desde el 3 de enero ha sido por “el interés de la nación”.

El fin de semana pasado, el malestar encontró su imagen. Dos aviones militares estadounidenses aterrizaron en Caracas —la misma ciudad que habían bombardeado cinco meses antes— en lo que el canciller Yvan Gil presentó como un “simulacro de evacuación de emergencia”. A bordo venía el jefe del Comando Sur, el general Francis Donovan, seguido por una veintena de marines vestidos de camuflaje. En las calles, pudieron verse algunas pancartas con el viejo grito de “Yankee go home” y hubo tres protestas pequeñas, pero significativas: para muchos chavistas, ver esos aviones en el cielo de Caracas con el permiso del propio gobierno fue una obscenidad.

Una de las protestas del sábado, convocada por Comunes, una corriente de organizaciones de base de izquierda, derivó en una recogida de firmas contra el simulacro que en pocos días sumó más de 5.000 adhesiones. “La mayoría ha sido chavistas de base, de las estructuras del chavismo”, señala Antonio González, sociólogo y parte de este frente. Para él, lo que está en juego es el nervio central de la revolución: “Hay un sentimiento nacionalista que fue la gran coordenada del chavismo y que su liderazgo ya no está respondiendo”.

González suma a ese agravio la reforma a la ley de hidrocarburos, negociada a la medida de los intereses de Donald Trump. Para el sociólogo, un gobierno que no ha sido electo por el pueblo no tiene fuerza para plantarse ante Washington. “La pérdida de soberanía popular nos ha llevado a la pérdida de la soberanía nacional”. La salida, dice, son elecciones libres. “La extracción de Maduro duró 40 minutos y los aviones del simulacro estuvieron unas cuatro horas en el país, pero nos va a tomar décadas sacar a Estados Unidos”.

Nadie en la Asamblea Nacional quiso dar explicaciones. La periodista y ex funcionaria chavista Mary Pili Hernández le exigió al Parlamento —comandado por Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta encargada— que aclarara por qué los diputados no habían autorizado la maniobra, como obliga la Constitución para cualquier misión militar extranjera en el país. “¿En qué momento la AN autorizó el ejercicio militar estadounidense en Caracas, en el que estuvo hasta el jefe del Comando Sur?”, escribió en sus redes. Nadie respondió. Ni la bancada del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ni la opositora. Todos hicieron silencio.

Desde los sectores más ideológicos del chavismo también llegaron críticas. Elías Jaua, que fue vicepresidente de Hugo Chávez y ministro de Maduro, agradeció en un comunicado los gestos de rechazo del día del simulacro y vaticinó el inicio de una “resistencia cívica”. Tal vez el 23 de mayo, escribió, pase a la historia “no como el día en que el ocupante extranjero se atrevió a realizar ejercicios militares en suelo patrio, sino como el día en que inició la resistencia cívica que nos conducirá a recuperar nuestra independencia nacional”. Era la segunda vez en pocos días que a Jaua se le relacionaba con críticas a la cúpula chavista.

Incluso dentro del chavismo en el poder, los amagos de protesta tras el simulacro se colaron, aunque en sordina. El diputado Jorge Arreaza —exministro de Chávez y de Maduro— no hizo declaraciones ni firmó comunicados. Se limitó a publicar en sus redes una imagen de la bandera venezolana, el mismo gesto que había usado cuando Trump amenazó con convertir a Venezuela en el estado 51 de la Unión. Fue suficiente para que otros lo leyeran como una toma de posición.

La furia crece entre los colectivos y organizaciones de base, los mismos a los que Maduro llamó el año pasado a tomar las armas si Estados Unidos osaba entrar a Venezuela. Ahora con ellos dentro, un dirigente de estas organizaciones que prefiere no ser identificado, se desahoga cada día a través de WhatsApp y amenaza con movilizaciones. “Te puedes imaginar la indignación”, dice. “Esto no fue un simulacro, fue una invasión, una demostración de fuerza e intimidación hacia un rival con las manos atadas y con un fusil en la cabeza”, reclama. Los grupos de los que forma parte están llenos de publicaciones en las que Delcy Rodríguez aparece como una traidora. “Los líderes que deberían ser los primeros en impedir esto son los primeros en prestarse al hecho”, denuncia. “El pueblo de Bolívar y Chávez está siendo atropellado vilmente en su cara”.

viernes, 23 de agosto de 2024

3 posibles escenarios en Venezuela y por qué la decisión del TSJ de convalidar la victoria de Maduro no resuelve la crisis

 Manifestante.

3 posibles escenarios en Venezuela y por qué la decisión del TSJ de convalidar la victoria de Maduro no resuelve la crisis

  • Daniel Pardo
  • Título del autor,BBC Mundo

Una vez más, las opciones para resolver la crisis venezolana parecen agotarse.

Por un lado, el poder de Nicolás Maduro luce inamovible: la coalición de fuerzas institucionales que lo mantienen en el poder, entre ellos las Fuerzas Armadas, sigue cohesionada.

Por el otro, la oposición se aferra a no perder la esperanza de un cambio y a presionar por todas las vías: en las calles, en los medios, en el mundo.

Luego está una comunidad internacional que intenta mediar entre las fuerzas, pero cuyas propuestas han sido rechazadas por ambas partes.

Mientras tanto, la vasta mayoría de los venezolanos ven que, como pasó en años anteriores, la crisis humanitaria se puede profundizar si no hay soluciones políticas.

El dictamen este jueves del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), próximo al oficialismo, convalidando la victoria de Maduro en las elecciones presidenciales del 28 de julio y siguiendo al Consejo Nacional Electoral (CNE) confirma la prolongación del statu quo, escenario deseado por Maduro y su cúpula.

Sin embargo, la oposición liderada por María Corina Machado va a mantener la presión para que se cumpla lo que consideran el mandato popular de aquel 28 de julio, cuando el 70% de los venezolanos, según las actas publicadas, manifestaron su deseo de cambio.

¿Qué viene ahora? Los escenarios que se plantean tienen muchas formas, están llenos de matices y pueden superponerse entre ellos. Es probable, incluso, que como ocurrió con la economía la transición política se dé de manera gradual, lenta e improvisada.

Por mucho que todo esto suene familiar, la política venezolana siempre sorprende: hay similitudes con experiencias anteriores, sí, pero también elementos nuevos: la respuesta del gobierno es cada vez más dura y radical; la oposición está fuerte y unida como nunca; el chavismo perdió apoyo popular y la consecuencia migratoria convierte la crisis en una de orden internacional.

Aunque la sentencia del TSJ, acusado de parcial, busca resolver el asunto, la crisis está intacta. Y los servicios, la pobreza, la salud, la educación y la violencia empeoran.

Veamos, entonces, tres escenarios generales de hacia dónde puede ir la situación.

Nicolás Maduro

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Maduro hace un esfuerzo por mostrarse fuerte, pero está cada vez más aislado y con su apoyo más reducido.

1. Se mantienen las cosas como están

El gobierno de Maduro parece interesado en prolongar el estado de cosas: que la oposición se refugie ante la presión política, judicial y policial, que la comunidad internacional pierda el interés y que la gente tenga que resignarse a resolver su día a día.

Para eso, el oficialismo necesita ganar tiempo.

“El tiempo hoy no es un vector en el cual pasan las cosas, sino un arma política en una contienda”, dice Jesús “Chúo” Torrealba, un activista y exdirectivo de la oposición.

En crisis anteriores, el chavismo logró ganar tiempo hasta que la crisis menguó.

Pero, según Torrealba, esta vez la tiene más difícil: “El gobierno ya no es este ente todopoderoso que pone los términos; ahora está a la defensiva, actuando sin mucha sofisticación, y la oposición está a la ofensiva”.

Una oposición empoderada no va a resignarse a que las cosas sigan igual.

Oposición de Venezuela

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,La oposición está empoderada, pero no es claro de qué le sirve ese nuevo poder.

Ahí surge la posibilidad de que las cosas se deterioren.

“El gobierno le está apostando a una especie de escenario intermedio entre el statu quo y la profundización”, dice Mariano de Alba, un abogado próximo a la oposición y experto en diplomacia.

“Está dispuesto a profundizar el autoritarismo si tiene que hacerlo para tratar de mantenerse en el poder, pero preferiría un statu quo para evitar las reacciones y decisiones que en la práctica anulan las perspectivas de una recuperación económica, lo que seguiría aumentando el descontento masivo”.

Se suele decir que los venezolanos ya no tienen nada que perder: que sus familias apartadas y sus salarios paupérrimos son como tocar fondo.

Pero hay otra cosa que se suele decir: siempre se puede estar peor.

Protestas en Venezuela

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Tras las elecciones han sido arrestados casi 2.000 venezolanos que se suman a los cientos de políticos presos hace años.

2. La profundización

En efecto, el gobierno puede optar por una crisis más aguda.

Eso significa aceptar que les apliquen más sanciones económicas que les impidan la venta de petróleo o los obligue a venderlo más barato, afectando su flujo de caja. Que sus familias en el extranjero sean perseguidas por autoridades internacionales. Que ya no solo los líderes sino también militares medios y funcionarios públicos vean sus propiedades y visas congelados.

También se podría traducir en más represión ya no solo en contra de la oposición y sus activistas, que terminarían asilados y anulados, sino de la población en general, que se vería incapaz de manifestar sus opiniones en público, acceder a redes sociales u organizarse en comunidad para resolver problemas cotidianos como, por ejemplo, la recolección de basuras y la distribución del agua.

Eso, necesariamente, significaría un aislamiento casi total de Venezuela en el mundo, con la incapacidad de tener vías de comunicación con gobiernos vecinos para atender la crisis migratoria.

Líderes militares en Venezuela

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Hasta ahora, el apoyo de la cúpula militar a Maduro parece firme. Pero cientos de militares están presos y varios líderes chavistas han desertado.

Colombia sería particularmente afectado por esto, no solo porque es el mayor receptor de migrantes, sino porque puso sus apuestas de paz con el Ejército de Liberación Nacional en la mediación de Maduro con la guerrilla.

Muchos ven en los casos cubano y nicaragüense ejemplos de lo que podría ser una profundización del autoritarismo en Venezuela, con una oposición anulada y elecciones sin competencia.

Venezuela, sin embargo, es un país más grande y conectado al mundo.

Las consecuencias de una profundización de sus crisis serían de una envergadura mucho más compleja de lo que ha visto la región en su historia reciente.

Protestas en Venezuela

Fuente de la imagen,Getty Images

3. Algún tipo de transición

Aunque parece lo menos probable, una transición en Venezuela no se puede descartar.

Si la crisis se deteriora, o si se produce un estallido social de la magnitud del Caracazo, el evento de 1989 que significó el origen social del movimiento político que se tradujo en la victoria de Hugo Chávez en 1999, la posibilidad de que se quiebre el apoyo a Maduro entre militares y funcionarios es mayor.

Sin dinero, además, las deserciones son más difíciles de evitar.

“La oposición está apostando a un quiebre dentro del gobierno que obligue a Maduro a negociar su salida”, dice De Alba.

“Todo indica que el cálculo de quienes sirven de soporte a Maduro sigue siendo que prefieren el status quo, y si la oposición también llega a esa conclusión, haría bien en abrirse a lo que plantean los negociadores”.

Petro y Maduro

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Gustavo Petro tienen mucho invertido en su relación con Maduro.

En este escenario es donde sí juega un rol la comunidad internacional, que bajo el liderazgo de Colombia y Brasil, países gobernados por los izquierdistas Gustavo Petro y Luiz Inacio Lula da Silva, que tienen vías de diálogo con el chavismo, ha propuesto destrabes como unas nuevas elecciones o un gobierno de cohabitación transitorio.

La oposición, en principio, ha rechazado estas iniciativas. Tambén el gobierno. Pero una versión de éstas puede entrar en la ecuación.

Torrealba se plantea el escenario: “La única manera de aceptar unas nuevas elecciones es que sean antecedidas por un gobierno de coalición, con un relevo de las autoridades militares y electorales y sin las condiciones desequilibradas y antidemocráticas en que se dieron las elecciones (del mes pasado)".

“La oposición puede llegar a aceptar algo así porque es un hecho que no tiene la fuerza para hacer valer el resultado de las elecciones del 28 y porque para la oposición es importante encontrar una solución a la crisis”, añade.

Se suele plantear el desenlace de la crisis en términos de blanco y negro: o elecciones, o gobierno de coalición, o salida de Maduro, o gobierno de Machado. No se suele hablar, sin embargo, de versiones abigarradas de la transición que les den opciones a todos.

https://www.bbc.com/mundo/articles/c4gzkd3d1yno

jueves, 28 de marzo de 2019

Crisis en Venezuela: "La factura puede durar muchos años", el costo para la izquierda latinoamericana de la situación en el país sudamericano

Crisis en Venezuela: "La factura puede durar muchos años", el costo para la izquierda latinoamericana de la situación en el país sudamericano


MaduroDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa crisis que atraviesa el gobierno de Nicolás Maduro es señalada como un factor que influirá en el futuro de la izquierda de la región.

Cuando cayó el Muro de Berlín y el bloque socialista de Europa del Este comenzó a desplomarse, el impacto político fue global.
La mayoría de las naciones latinoamericanas, por ejemplo, transitaron prácticamente toda la década del 90 con gobiernos enfocados en el libre mercado, mientras los partidos de izquierda sucumbían en las urnas.
Los profetas de El Capital de Karl Marx de aquel entonces comenzaron a "convertirse"; mientras que entre los "inamovibles" quedaba Fidel Castro y su Revolución Cubana, que en esos años pasó sus peores momentos.
Décadas después, un nuevo fenómeno político puede volver a influir en el tablero regional.

venezolano chavistaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa Revolución Bolivariana comenzó en 1999 y significó el renacer para la izquierda en la región.

Todavía no se sabe cuál será el desenlace de la crisis que atraviesa Venezuela, pero algunos analistas ya observan que la izquierda de esta región del mundo, de una u otra manera, comienza a pagar una factura por lo que viene pasando en tierra venezolana.
Aunque, por otro lado, los defensores del gobierno de Nicolás Maduro rechazan que el péndulo político se detendrá en la derecha por culpa de la Revolución Bolivariana.

La factura

Hay diferentes criterios sobre cuál pueda ser el efecto de la crisis venezolana en los proyectos políticos latinoamericanos que se identifiquen como izquierdistas, populistas, con enfoque social, etc.

Manifestantes en VenezuelaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa situación en Venezuela ya comenzó a cambiar el panorama de la región, señalan expertos.

Desde Nueva York, el profesor de la Universidad de Cornell Edmundo Paz Soldán señala que el impacto "puede durar muchos años" y que la causa principal de ello es la falta de renovación en la izquierda actual.
"La factura ya comenzó a ser pagada y puede durar un buen tiempo. Mucho más si persiste en la izquierda actual el deseo de no renovarse", afirma el escritor a BBC Mundo.
El analista pone el ejemplo de lo que pasó en Colombia con Gustavo Petro, quien en su criterio es miembro de una izquierda diferente a la clásica, pero fue derrotado en 2018 acusado de "castrochavista".
"Sus antiguas muestras de apoyo a Hugo Chávez fueron utilizadas estratégicamente por sus rivales, a pesar de que intentó distanciarse de Venezuela en la campaña", explica.
Paz Soldán añade que la experiencia en Latinoamérica muestra que "estos ciclos no son cortos" y que por eso el costo puede ser muy grande.
"La erosión continua en Venezuela, y también en Nicaragua, puede quemar a toda una generación si no se renueva", concluye.

MuralDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionChávez, Bolívar y Maduro se han convertido en los tres símbolos de la Revolución Bolivariana.

Diferentes niveles

Para Juan Manuel Robles, escritor peruano, los niveles de afectación serán diferentes en cada país y tendrán que ver mucho las coyunturas de cada caso.
El autor del libro "Nuevos juguetes de la guerra fría" (2015), pone por ejemplo a su país.
"Más que una disputa clásica entre la izquierda y la derecha, habrá una polarización entre ladrones y gente que se vez más o menos honesta", indica a BBC Mundo.
Robles afirma que, en cambio, el efecto mayor lo vivirá Venezuela, "ahí sí va a ser total".
"En todos los países van a haber matices. Va a haber una afectación, claro que sí, pero por otro lado gobiernos con problemas como el de Mauricio Macri nos pueden mostrar que ese crédito se puede terminar muy rápido", apunta.
Robles añade que cree que en la mayoría de los países no se impondrá una visión totalizante "como quiere imponer la derecha y que se diga: 'Maduro nos demostró que ninguna izquierda es válida'".

Maduro y EvoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl presidente boliviano fue uno de los pocos en acompañar a Nicolás Maduro en su segunda posesión presidencial, hace un par de meses.

"No hay evidencia"

Bolivia es el país sudamericano que respalda con más fuerza al gobierno de Nicolás Maduro.
El embajador de ese país en Caracas, Sebastián Michel, afirma que en ninguna de las elecciones recientes existe evidencia de que Venezuela hubiese tenido algo que ver con el resultado.
"Por ejemplo, en Brasil se trata de un caso de acciones judiciales y parlamentarias irregulares contra el candidato Lula da Silva y antes con Dilma Roussef lo que incidió en la derrota y no el efecto venezolano", afirma a BBC Mundo.

Juan GuaidóDerechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionBolivia reivindica su defensa de Nicolás Maduro y afirma que "le iría peor" si apoyara a Juan Guaidó.

Michel también resalta el caso de Ecuador, donde ganó el proyecto correísta ,"aunque después el presidente Lenín Moreno decidió ponerse en contra".
"Veremos qué es lo que pasa en este año, donde hay cuatro elecciones. En tres de ellas, Argentina, Bolivia y Uruguay, no se puede divisar una derrota segura de la izquierda", añade.
El embajador niega que el apoyo decidido de su país a la Revolución Boliviana le cueste votos a Evo Morales en las elecciones presidenciales de octubre de este año.
"Nos afectaría más reconocer al señor Juan Guaidó", asegura Michel.
El diplomático asegura que Bolivia "no se siente más sola" ante el cambio de signo político en algunos gobiernos, sino todo lo contrario.
"El país está más afianzado en un mundo multipolar", señala Michel y pone como prueba los acuerdos comerciales que ha venido firmando Evo Morales.
Además, destaca el papel jugado por Bolivia, México y Uruguay como impulsores de una salida pacífica y concertada al conflicto entre el oficialismo y la oposición en Venezuela.

Cristina FernándezDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionCristina Fernández fue parte del bloque de gobiernos de izquierda, mayoría durante los primeros 15 años del siglo en América Latina.

La vieja izquierda

Paradójicamente, Hugo Chávez y Venezuela tienen que ver con el último cambio de signo en la región.
La Revolución Bolivariana comenzó en 1999 y significó el renacer para la izquierda en la región.
En tiempos de vacas gordas, el mandatario venezolano ayudó a Cuba a superar la pesadilla del periodo especial e impulsó la carrera política de Evo Morales en sus difíciles primeros años de gobierno.
También hizo tridente con Lula da Silva y Néstor Kirchner para derribar la iniciativa de un área de libre comercio continental conocida como ALCA, impulsada Estados Unidos.
Después se puso del lado de Cristina Fernández, Rafael Correa, Dilma Rousseff y José Mujica.
Entre todos ellos dieron a luz a alianzas regionales como la Unión de Naciones Suramericanas y la Comunidad de Estados de Latinoamérica y del Caribe.

Multitud en un discurso de Juan GuaidóDerechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionVenezuela lleva semanas de concentraciones multitudinarias opositoras y oficialistas en medio de su crisis.

Sin embargo, para Paz Soldán "la actualidad está enterrando el buen recuerdo de la esperanza que muchos tuvieron en los primeros años de la Revolución Bolivariana".
"Va a ser muy difícil levantar la bandera de Chávez en los próximos años de la misma manera que se alzó la del Che Guevara o Fidel durante tanto tiempo", indica el profesor universitario.
La nueva izquierda deberá tener nuevos símbolos y abrazar a otras causas como el feminismo, la ampliación del campo de derechos, la lucha contra la desigualdad o la agenda ambiental, asegura el escritor.
"También deben erradicar el doble discurso y recuperar la defensa de los valores democráticos. Eso significa no desconocer referendos, como lo hizo Evo Morales en Bolivia", concluye.

El futuro de la izquierda

Por su parte, la politóloga colombiana Marcela Prieto opina que casos como el de Venezuela van a producir que se juzgue y tome distancia con la izquierda clásica.
"Para cualquier agrupación de izquierda, justificar lo que pasa en Venezuela va a ser un suicidio. Los nuevos grupos políticos que vemos no quieren parecerse al chavismo ni hacer otra Revolución Bolivariana", señala la experta a BBC Mundo.

Fidel y EvoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionFidel Castro y Evo Morales agitan banderas de Bolivia, Cuba y Venezuela.

Prieto indica que los nuevos movimientos buscan ser más reivindicativos, "con agendas que no le pertenecen a esta izquierda" como la ambiental o la de género.
La politóloga afirma que, pese a que las fuerzas políticas emergentes están tomando distancia de sus predecesoras, el chavismo pervivirá durante mucho tiempo como fuerza política.
"Chávez es visto como un mártir y una figura mítica entre muchos sectores de la población. Sí va a haber chavismo por mucho tiempo", concluye.
Mientras tanto, Juan Manuel Robles añade que Venezuela dejará otro efecto político para el futuro y que para muchos puede significar algo positivo.
"Desde la Revolución Bolivariana que las izquierdas emergentes terminaron de separarse de la izquierda clásica latinoamericana, esa que estuvo marcada por todo lo que fue Cuba".
Un cambio que, según el autor, termina de divorciar a esta facción política con su versión del siglo pasado.

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