Mostrando las entradas con la etiqueta Gerencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Gerencia. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de enero de 2019

No seas jefe, sino buen líder

Fecha de publicación: 2019-01-02

No seas jefe, sino buen líder

Los departamentos de recursos humanos ya no buscan jefes para gestionar sus empresas, sino líderes al frente del equipo. ¿Dónde está la diferencia?


Por Estrella Flores-Carretero
Un jefe es alguien que ejerce su autoridad sobre un grupo de personas. Puede que no se la haya ganado, sino que, simplemente, le haya sido otorgada en función de su currículum y a veces, por desgracia, debido a sus influencias; es decir, manda porque ha sido designado para ocupar un puesto, dirigir un equipo y tomar decisiones.
Puede que el jefe sea alguien capaz de diseñar estrategias acertadas, que tenga experiencia, formación, capacidades…, pero si no reúne las cualidades de liderazgo, a la larga, será cuestionado, porque no sabrá cohesionarse con su equipo, transmitir la motivación necesaria ni adaptarse a los cambios.
Cuando un jefe desee convertirse en líder, deberá hacer acopio de algunas habilidades, porque los líderes…

Se ganan su autoridad, no la imponen

A un jefe se le obedece porque él lo manda, a un líder se le sigue porque él es el primero que trabaja junto a su equipo. Sabe predicar con el ejemplo y, lejos de imponer, convence a los demás de que su visión es la acertada.

Comparten los errores

Los jefes echan la culpa a los trabajadores cuando algo va mal, pero se atribuyen las medallas de los éxitos. Por el contrario, los líderes no acusan, entienden los fallos de los demás y asumen los propios, se sienten parte las equivocaciones y, lo más importante, ven los errores no como un fracaso, sino como una oportunidad para aprender y superarse. Del mismo modo, manifiestan que los triunfos no son personales, sino de todos.

Motivan a su equipo

Los jefes piensan que la obligación de los trabajadores es trabajar y punto. Los líderes saben que para dar lo mejor de uno mismo hay que trabajar a gusto. Para ello, buscan que todos se sientan importantes, que todos sean escuchados, que todos sean responsables. Los líderes son personas que buscan establecer en su equipo un clima creativo, de cooperación y confianza. Solo en este cultivo crece el sentimiento de pertenencia a una empresa en la que se persigue un objetivo común.

Son empáticos

Los jefes no distinguen entre sus empleados, a lo sumo, tienen uno o dos elegidos que les dicen lo que quieren oír. Los líderes conocen a cada miembro de su equipo, son cercanos, saben de sus problemas, están al tanto de su situación personal y familiar, los ayudan a conciliar sus horarios y se ponen siempre en el lugar de los demás.

Controlan sus emociones

Hay jefes que pierden los nervios, que gritan, que se ven desbordados, que son rudos, que se sienten hundidos… Un líder sabe controlar sus emociones para convencer sin imponer, ser asertivo cuando es necesario, negociar para que todos ganen, mostrar sus desacuerdos, contagiar su buen humor, transmitir su pasión y crear un buen clima de trabajo.
En el mundo existen líderes naturales que, digamos, vienen con todas estas cualidades «de serie». No todos somos iguales, pero la buena noticia es que las habilidades de liderazgo pueden y deben aprenderse.
Siga a la autora en Twitter: @EstrellaFloresC
www.escuelaemociones.com https://www.estrategiaynegocios.net/empresasymanagement/1246584-330/no-seas-jefe-sino-buen-l%C3%ADder

jueves, 6 de septiembre de 2018

Gerencia y sociología de la salud | por Cándido Mercedes

Gerencia y sociología de la salud

Cándido Mercedes - 27 de agosto de 2018 - 12:08 am -
Cándido Mercedes  “La diferencia entre lo que hacemos y somos capaces de hacer resolverían la mayoría de los problemas del mundo”. (Mahatma Gandhi).
La Gerencia es el arte de hacer que las cosas sucedan. Es el arte de priorizar los distintos recursos de una organización en un contexto determinado. En la Gerencia moderna el gestor o líder no debe de tener una mentalidad psicorrígida, no debería sufrir de parálisis paradigmática. Ha de desplegar la fisonomía del bambú.
La Gerencia es el molde del pincel que se cristaliza en resultados. Resultados con eficiencia, con eficacia, con calidad, con pertinencia. Es una gerencia orientada a una cultura por un trabajo bien hecho, donde el orgullo por un desempeño óptimo sea la regla y no la excepción. De asumir la filosofía de la calidad de Crossby, quien nos decía “hacer las cosas bien desde la primera vez”.
Se trata de construir una cultura organizacional donde el clientelismo, la corrupción y la mediocridad no ocupen el más mínimo espacio, resquicio. Dicho de otra manera, una gerencia que su manera de decir sea haciendo. Porque la gerencia es hacer más con menos. Es coadyuvar para que en el seno de la organización se alcance el máximo de productividad con el menor costo posible, la menor rotación de personal y la más alta satisfacción de parte de los clientes, usuarios o pacientes.
La cultura y con ello, la gerencia en salud, han de habitar en su seno: Competencias + compromisos + acciones = resultados. El sector salud es el más delicado de todos los servicios públicos que concurren en una sociedad. El servicio de salud, más allá de los recursos materiales, tecnológicos y humanos que envuelven, connota una fuerte dosis de subjetividad que constituye la especificidad, la singularidad de su plus: la calidad humana al servicio del humano.
En nuestro país, los hacedores de políticas públicas no alcanzan a comprender LA SALUD como un soporte estratégico en el seno de una sociedad. Sencillamente, no puede existir Capital Humano sin salud; no puede haber circulación del Capital Social sin el indicador más plausible y más halagador y competitivo que lo es: El sector salud. Los indicadores de salud condensan y nos dicen el grado de desarrollo de una sociedad. Verbigracia: Cuando decimos, aun sin saber dónde queda un país, que el mismo tiene una Esperanza de vida al nacer de 70 años; cuando señalamos que mueren 101 mujeres/100,000 de mortalidad materna; que expiran 30 niños de cada mil nacidos; que el 80% de los niños que mueren son neonatales; que todavía la tuberculosis, en pleno Siglo XXI, incide, que el dengue gravita de manera palpitante.
Dos décadas después del Siglo donde impera la glorificación de la tecnología y los avances más inverosímiles en materia de salud, en retrospectiva de 30 años, todavía en el tejido de nuestra realidad hay un 9.5% de la población que defecan en letrinas y un 20% que no tienen acceso a agua potable. Sabemos que el agua consumida, no apta humanamente, produce alrededor de 25 enfermedades de salud. La salud y su ausencia dibujan el panorama verdadero de una sociedad. Su desnudez y su lontania. Pero, ¿qué es la salud? La Organización Mundial de la Salud define salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social. Entraña un cuerpo conceptual que abarca lo social y lo biológico al mismo tiempo.
La salud de un país delimita y decanta los alcances de los niveles de organización de una sociedad, al tiempo que expresa el compromiso de los gobernantes con el presente y futuro real con sus ciudadanos. La salud desmonta el discurso, la retórica. Nos dice que si el promedio en salud en América Latina es de 4.5% y aquí, en Dominicana es 1.9%, no hay un real compromiso. Nos invita a reflexionar si los gobernantes y los médicos sufren de aporofobia. Nos dan una llamada del punto de inflexión para la reflexividad de las sociedades con altos índices de enfermedad y mortandad y de aquellas con esperanzas de vida más altas y menos enfermedades.
Hoy sabemos que el estado de salud de una sociedad está concatenado de manera ineluctable con la calidad de vida; con la desigualdad social, con los niveles de bienestar, con la institucionalidad; en fin, con la Gobernanza. Ello así, porque la Sociología de la Salud y de la enfermedad “puede ser interpretada, como el estudio del modo en el que el cuerpo se estropea y necesita ser reparado socialmente”.
Por ello existe en toda sociedad, desde el Estado, la medicina y la sanidad como baluarte institucional, que se validan en la construcción y ejecución de los niveles de organización que abarquen todas las actividades relacionadas, desde el nacimiento de un ser humano, atravesando los ciclos vitales de un humano: nacimiento, crecimiento, enfermedades, deterioro y muerte. Vale decir, a la luz de la Sociología de la Salud, desde el feto hasta la muerte, hay distintas formas de organización social que refleja y dispone de la dimensión de nuestros cuerpos.
La base social de la salud, en una sociedad de mercado, desgraciadamente no acusan los mismos niveles de importancia. Es decir, la salud y las enfermedades no están distribuidas de manera uniforme entre la población.Del mismo modo que no es lo mismo nacer en Pedernales que en Santiago, que en Bahoruco, que en el Distrito Nacional. Las posibilidades de salud y de esperanza al nacer son diametralmente opuestas. Está pautada, sobre todo, en nuestro país, las desigualdades sanitarias como eje imbricando de las inequidades socioeconómicas, que al ser tan ostensible, se convierte en iniquidades en nuestro mundo social. Salud, clase social, género, edad y geografía: guardan una gran conexión, concordancia y simetría.
La Gerencia en Salud, en dominicana es muy pírrica, más allá de la poca inversión que el Poder Ejecutivo ejecuta, violando la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo y la Ley 42 – 01, de Salud. Todos los actores involucrados tienen que hacer mejores esfuerzos de eficiencia, de eficacia, de calidad en los servicios. Asumir el trabajo con el orgullo por lo bien hecho. De internalizar aquella frase del líder Nelson Mandela “No hay pasión alguna en conformarse y hacer el mínimo esfuerzo, ni aceptar una vida que no esté a la altura de lo que cada cual es capaz de vivir”. Afrontar los factores ambientales o estructurales, como la distribución de la renta y la pobreza, es el nuevo paradigma hacia una visión de más competencias, más compromiso, más acciones, hacia una perspectiva de repensar la pobreza y la inclusión sin aporofobia. https://acento.com.do/2018/opinion/8599874-gerencia-sociologia-la-salud/
Cándido Mercedes
Deshojando paradigmas
Sociologo. Experto en Gerencia. Especialidad en Gestion del Talento Humano; Desarrollo Organizacional y Gerencia Social y Sociologia Organizacional. Consultor e Instructor Organizacional. Catedratico Universitario. Director Maestrias de Administracion y de Recursos Humanos, de La UCE.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Una mejor administración | Editorial DIARIO LIBRE

Editorial
19 FEB 2018, 12:00 AM
Una mejor administración
DIARIO LIBRE
Si hay algo que ha mejorado en nuestro país es la administración pública, aunque no se haya podido quitar de encima al clientelista que todos llevamos dentro.
Nadie se acuerda ya de los locales sucios y desvencijados que eran característicos de las oficinas públicas de otros años, pero pocos notan la progresiva tecnologización de los procesos y el cambio cualitativo en el servicio. En pocas palabras, es una experiencia diferente y positiva visitar una oficina pública de hoy.
Nada de esto niega, sin embargo, que se conservan prácticas que debieron desterrarse hace tiempo del servicio público y que exista más personal que el necesario, fruto de la politización de toda la vida nacional.
Todavía, la administración pública no es tan eficiente como debiera, no es tan cortés y servicial como debiera y, en muchos casos, no tan incorruptible como debiera. Todavía prima el amiguismo para muchos procesos, así como la desigualdad de salarios, a pesar de los esfuerzos realizados.
Saludamos el avance y los esfuerzos por mejorar.



Comentario: LOS NIVELES DE CLIENTELISMO, LA EXPONENCIACIÓN DE LOS SOBORNOS Y LA EXTORSIÓN, TODA SUERTE DE HIPERCORRUPCIÓN CON IMPUNIDAD, SOBRE TODO A LOS EXTRANJEROS Y LOCALES QUE DESEAN INSTALAR UNA EMPRESA O NEGOCIO EN LA REPÚBLICA DOMINICANA, SON HOY MUCHO MÁS ESCANDALOSOS QUE TODOS LOS TIEMPOS. MUY TIBIO ESTE EDITORIAL. METAN EL TESTER DONDE ES, O EL CATÉTER DONDE ES Y BROTARÁ LA PUS EN DEMASÍA

viernes, 5 de diciembre de 2014

Por qué los verdaderos emprendedores fracasan y aun así vuelven a la lucha?

LIDERAZGO 
¿Por qué los verdaderos emprendedores fracasan y aun así vuelven a la lucha? 
26 de noviembre de 2014
 Jon_Huntsman_Sr-1-1024x440
En un nuevo libro, “De pies descalzos a multimillonario: reflexiones sobre la obra de una vida y una promesa de cura del cáncer” [Barefoot to Billionaire: Reflections on a Life’s Work and a Promise to Cure Cancer], Jon Huntsman Sr. comparte la historia de la exitosa creación de Huntsman Corporation, empresa petroquímica con ingresos de más de US$ 10.000 millones anuales. Él dice además por qué planea repartir toda su fortuna antes de fallecer.
En la entrevista concedida a Adam Grant, profesor de Gestión de Wharton, Huntsman explica cómo construyó un negocio exitoso, las lecciones que aprendió cuando trabajó con el presidente Richard Nixon y en el periodo que trabajó con el jefe de Gabinete de Nixon, Bob Haldeman, y comenta además por qué la filantropía siempre fue una prioridad para él, antes incluso de ser rico.
A continuación, la versión editada de la entrevista.
Adam Grant: Hable un poco sobre la historia detrás de su libro “De pies descalzos a multimillonario” [Barefoot to billionaire]. ¿Cómo ha pasado de no tener nada a dirigir la mayor empresa petroquímica del mundo?
Jon Huntsman Sr.: Tuve mucha suerte, pero también tuve la habilidad de rodearme siempre de mucha gente cuya inteligencia y habilidades eran diferentes y, en muchos casos, superiores a las mías. Además me ha gustado el riesgo, aposté varias veces todo lo que tenía, porque creía en mí mismo, creía en mi equipo, en los productos que fabricábamos y porque siempre me divertí mucho con todo esto. Sabía que si teníamos éxito podríamos hacer a otras personas exitosas y felices [...] Había numerosos significados profundos detrás de eso, sin embargo, el más importante era la oportunidad de seguir adelante y no desistir nunca.
Grant: ¿Cuáles fueron las principales lecciones que aprendió en ese proceso? ¿Las presuposiciones sobre liderazgo o sobre los negocios que consideraba verdaderos, resultaron ser falsos?
Huntsman: Hasta cierto punto es así. Vi que, desde el punto de vista académico, realmente no importaba si yo había sacado una cierta nota en una asignatura; no importaba mucho en qué escuelas quería estudiar [...] Lo que importa es la iniciativa, la inteligencia [...] hay que entender de matemáticas y tener una mentalidad del tipo cuantitativo para negociar mejor que los adversarios. Nunca usé ordenadores ni calculadoras. Siempre he calculado las cosas mentalmente, mucho antes que mis adversarios durante las negociaciones de adquisiciones, cosas como dónde teníamos que estar, cuáles eran nuestros números y cómo podíamos tener la mejor perspectiva posible de la transacción sin tener que recurrir a contables, asistentes o especialistas en finanzas. Podemos decir que ahí también conté con la ayuda de la suerte. Pero lo más importante es no desistir jamás, creer en ti mismo y en tu producto.
Hay poquísimos emprendedores. La mayor parte de las personas se arriesga durante un año o dos y después empieza a trabajar para alguien diciendo: “Soy emprendedor, pero no conseguí triunfar”. En realidad, esas personas no son emprendedoras. El verdadero emprendedor tiene que renunciar a prácticamente todo; él lo arriesga todo. Tiene que someterse a recortes de personal brutales y aun así volver a la lucha con todo. Él sabe lo que significa pasar por el valle de la muerte y aun así tener éxito manteniendo una actitud positiva. Haga que el equipo a su alrededor sienta que está teniendo éxito, aunque sepa en el fondo que las posibilidades son remotas. Es preciso ser un luchador y líder, aquel que infunde energía y esperanza en otros.
Grant: ¿Tiene algún método predilecto para infundir energía y esperanza?
Huntsman: Siempre creí que un vaso con el agua hasta la mitad estaba medio lleno, y no medio vacío, y que yo nací con estrella. Por lo tanto, busco siempre mirar a lo que hay de bueno y de positivo en todo lo que hacemos, y hay siempre algún aspecto de bondad y algún elemento positivo en una adquisición exitosa o en un negocio de éxito, y se construye encima de los éxitos. Los éxitos tal vez representen un 20%, un 25% o un 30% del mix total, pero se debe construir sobre ellos, de manera que se evite prestar atención a lo que es negativo. Eso me ayudó mucho…
Grant: Uno de sus primeros éxitos fue el recipiente que McDonald’s utiliza para sus comidas. ¿Eso marcó su carrera? ¿Y de qué forma influyó en lo que vino a continuación?
Huntsman: En realidad, no fue un hito. Primero inventamos platos, tazones, vajillas, recipientes, bandejas para huevos y para carnes, todo de plástico. Yo paseaba por los pasillos de los supermercados y veía que todo era de papel o de vidrio, así que pensaba: “Un día, será posible sustituir todo esto por plástico”. Evidentemente acabamos haciendo productos de plástico hace 30 años, y hoy trabajamos con compuestos sofisticados de plásticos para compañías aéreas, automóviles, bicicletas, tinta, goma, cosméticos, jabón, detergentes, electrónica, materiales médicos y farmacéuticos.
Pero, en los primeros tiempos, el recipiente del Big Mac tuvo mucho éxito, y McDonald’s nos atosigó con pedidos, lo que nos llevó a construir varias fábricas nuevas en EEUU y en Europa y fue, obviamente, el primer gran avance desde el papel, que costaba dos veces más, se filtraba y consumía más energía. Sus características biodegradables eran las mismas que las del plástico. Las cosas que contaminan no son biodegradables de ninguna manera, no importa de qué estén hechas. Ahora era posible conservar los productos frescos durante más tiempo, de manera que McDonald’s podía producir más hamburguesas y vaciar más deprisa las estanterías. En 1973, 1974, eso representó un gran avance en el segmento de alimentos perecederos y en la conservación de los productos que se mantenían frescos durante más tiempo. Actualmente, hay aspectos positivos y negativos para el medio ambiente.
Éramos grandes líderes en los segmentos de reciclaje y de reutilización de productos, y gastamos cientos de millones de dólares en construir algunas de las mayores y más amplias instalaciones de reciclaje. Hoy, y en los últimos 25 a 30 años, ya no trabajamos con esos productos, pero fue un comienzo fantástico. Siempre decía al personal de Dow Chemical, donde trabajé antes de fundar mi propia empresa hace 45 años, que ellos deberían entrar en algunos de esos segmentos de productos, pero la empresa era demasiado grande y burocrática y, para ellos, innovación y creatividad eran factores que no contaban. Actualmente, las cosas han cambiado y hay socios en diferentes productos en todo el mundo.
Grant: En aquellos primeros momentos, estuvo algún tiempo en el Gobierno de Richard Nixon. ¿Qué aprendió de esa experiencia?
Huntsman: Con el Gobierno de Nixon tuve acceso a muchas informaciones y datos sobre lo que no quería hacer en la vida. A veces, tenemos líderes que son modelos para nosotros y que nos enseñan gracias al ejemplo. En mi vida, descubrí que la mayor parte de los líderes fueron ejemplos excelentes de cómo debería actuar: justo al contrario de la manera de actuar de ellos, o me mostraron algún aspecto de lo que enseñaban, pero que no me interesaba emular…
El presidente era …un hombre muy inteligente, gentil con los niños. Yo era su secretario ejecutivo, secretario de gabinete y asistente general. Creo que el presidente Nixon hizo cosas excelentes para EEUU. Él abrió las relaciones con los soviéticos por primera vez en la historia. Reagan, posteriormente, sacó provecho de eso. La guerra contra el cáncer, el 23 de diciembre de 1971, fue muy importante para mí. Mi madre acababa de morir de cáncer. Nixon también inauguró las relaciones con la República Popular de China.
Desafortunadamente, Richard Nixon tenía otro lado, el lado cínico, dudoso, un lado que no era positivo, es difícil escoger una palabra que no hiera la imagen de alguien. Era un lado muy negativo y que me llevó a desear no trabajar con él nunca más. Cerca de mí, su comportamiento siempre fue muy profesional. Bob Haldeman fue Jefe de Gabinete de Nixon, y era él quien ponía en práctica muchas de las sugerencias negativas de Nixon. Haldeman era un modelo terrible y con él aprendí lo que no debía hacer. Le dije cuando salí de la Casa Blanca: “Me ha dado la mayor lección de todas: cómo no hacer negocios, cómo no gestionar personas, cómo no tratarlas, y le agradezco esa experiencia”. Eso fue en nuestros últimos días. Después de que él saliera de prisión, muchos años después, en el funeral de Pat Nixon, le di un abrazo y le dije que estaba todo olvidado, y él me dijo lo mismo. Pocos años después, falleció.
Grant: Este es un gran ejemplo de otra cosa que quería preguntarle. Todos los que han tenido alguna relación con usted dicen que su integridad y honestidad son impecables, lo que lo lleva a hablar de cosas que otros, tal vez, preferirían no hablar. ¿Qué le parece eso? ¿En situaciones como las que usted vivió, teme decir lo que piensa?
Huntsman: No. Creo que cada uno de nosotros nace con una brújula moral, y algunos tienen eso desde su nacimiento, otros aprenden en la escuela o con la educación que reciben de sus padres. En mi caso, me considero muy feliz por haber sabido distinguir lo correcto de lo erróneo. Sabía que cuando Haldeman me decía que hiciera alguna cosa, y yo no lo hacía, existía el riesgo de que me despidieran, pero sabía que era equivocado. Las personas saben cuando están haciendo algo mal. Su brújula moral les dice lo que está bien y lo que está mal.
Está claro que pasó mucho tiempo en clases que hablaban sobre la diferencia entre una cosa que es éticamente correcta y otra que no lo es, entre lo que es criminalmente o moralmente correcto o errado. En mi caso, sentía simplemente que jamás haría algo equivocado; no valía la pena. Quería tener hijos y hijas, una esposa a quien amar y una familia que mereciera respeto. Cuando estudié en Wharton, siempre tuve la impresión de que el lugar era un ejemplo fantástico de fuertes valores morales, un lugar honrado, honesto e íntegro. Aprendí muchas cosas en Wharton y en la Universidad de Pensilvania [...] Fui criado sin nada, en una comunidad rural de Idaho, y encontré aquí una escuela de ética excelente.
Grant: Sin lugar a dudas ha dado un ejemplo brillante de ello al ser una de las 19 personas del planeta que ha donado más de mil millones de dólares.
Huntsman: Gracias.
Grant: Estamos todos, evidentemente, agradecidos por eso. Es interesante que eso haya ocurrido en una etapa de su carrera en que no había hecho mucha filantropía anteriormente. De pronto, usted comenzó a donar, a donar. ¿Cuál fue el motivo del cambio?
Huntsman: Eso sucedió porque, cuando era joven, yo siempre compartía lo que tenía con mis parientes, que no tenían casi nada. La mayor parte de ellos vivía en ciudades pequeñas de Idaho o Utah y sobrevivían con dificultades. Actualmente serían considerados pobres; y, aunque resulte difícil de creer, eran todos republicanos convencidos. Compartía con ellos lo poco que tenía, no mucho; ellos también compartían conmigo lo poco que tenían. Tal vez un par de zapatos. Recuerdo que una vez me dejaron llevar su reloj de bolsillo a la escuela, un reloj de un dólar, pero eso fue lo máximo para mí. Me dejaban conducir las camionetas viejas que tenían, y así aprendí a conducir. Yo tenía tal vez 12 o 15 años. Así, compartíamos lo poco que teníamos.
Á medida que fui creciendo y ganando dinero, compartía lo que tenía con ellos, y toda la vida he compartido con otros lo que he tenido. Como estaba ganando dinero, no había motivos para no compartir con ellos. Nunca pensé en compartir lo que ganaba como si fuera algo fuera de lo común, como si no fuera una cosa normal que hacen las personas. Jamás se me ha ocurrido que alguien me fuera a decir: “¿Por qué hace eso? ¿Sabe que no es algo común?” Pensé simplemente que todos lo hacían. Habíamos sido criados así.
Grant: Usted, sin embargo, ya ha hecho donaciones significativas, préstamos personales para cubrir compromisos con instituciones de caridad y ha votado contra su propio partido político porque el candidato adversario se había comprometido a luchar contra el cáncer. ¿Qué le lleva a hacer donaciones de esa cuantía?
Huntsman: Aquellos que tienen medios y no comparten con los demás no son el tipo de personas cuya compañía me agrade [...] Una familia judía maravillosa me mandó a la Universidad de Pensilvania. Yo era un niño mormón del Idaho rural. Ellos no me preguntaron cuál era mi religión. Ya ha donado más de 5.000 becas de estudio. Nunca me olvido de la familia que me envió a la universidad, porque la única pregunta que me hicieron fue la siguiente: “¿Eres honesto y has dado lo mejor de ti?” Esa es también la única pregunta que hago. Ellos marcaron la pauta y el tono que me permitieron ver un lado de la vida que significaba más para mí que cualquier otra cosa en el mundo. Entonces, cuando trato con las personas, hago como aquella familia hizo conmigo.
Grant: Usted ha demostrado ser una persona muy original para alguien que dice copiar a otros. Llamó la atención el hecho de que cuando fue a hablar sobre el Compromiso de Donación [un compromiso firmado por las personas más ricas del mundo según el cual se comprometen a donar más de la mitad de su fortuna a la filantropía u obras de caridad] usted hizo una objeción a Warren Buffett que pocos esperaban. Dijo: “No, no creo que el compromiso sea el correcto”. Hable un poco al respecto.
Huntsman: Warren siempre fue un gran amigo. Es un americano fabuloso, al igual que Bill Gates. Ellos hacen donaciones fantásticas para combatir la malaria y otras enfermedades en África. Pero cuando Warren reunió inicialmente a ese grupo de 45 multimillonarios para que donaran un 50% de su fortuna, pensé: “Bien, esto es lo más raro que he escuchado. Algunas de esas personas valen US$ 10 ó US$ 20.000 millones. Si vivieran, por ejemplo, con la mitad de eso, valdrían US$ 5.000 millones [...] Yo ya había donado una buena parte de todo lo que ganaba desde hace, tal vez, 25 o 30 años cuando, hace tres o cuatro años, se creó el Compromiso de Donación.
En nuestra primera reunión [...] algunas personas dijeron: “Doné US$ 500.000 el otro día”. Y otra persona dijo: “Bien, déjenme contarles cómo doné un millón de dólares”. Entonces pensé: “Esa gente vale miles de millones de dólares. ¿De qué están hablando? Hablan de donar un 1% o un 2%”. Me levanté en el fondo de la sala, cuando estaba acabando la reunión, y dije: “Deberíamos sentir vergüenza de nosotros mismos por donar solamente un 50%. Deberíamos donar un 80%, un 90%. Cuánto nos cuesta poner comida en la mesa y tener todo aquello que necesitamos en realidad [...] Las personas necesitan dinero; nosotros, no. ¿Por qué no donar un 80%?” Warren dijo: “Jon, siéntate y haz el favor que no hablar. Vamos a esperar a que lleguen a un 5%, después a un 10% y, por último, a un 50%. No todos comenzamos como usted, que siempre ha donado”. Es lo que he hecho toda la vida. Cuando era joven, fui oficial de la marina, ganaba US$ 300 al mes y daba US$ 50 a una familia del final de la calle que lo necesitaba más que yo, además de un 10% que daba a la iglesia. Pero eso es sólo una pequeña parte de lo que somos y de los valores que cultivamos.
https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/emprendedores/