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domingo, 22 de noviembre de 2015

Propuestas para combatir el terror sin armas

Propuestas para combatir el terror sin armas

Tras la respuesta militar, Francia busca respuestas sociales contra el caldo del yihadismo


Un musulmán, en uno de los homenajes de París. / D. FAGET (AFP)
Tras la firme respuesta militar a los atentados del 13-N, Francia se pregunta qué soluciones puede aportar desde la educación y la lucha contra la desigualdad. El ministro de Economía, Emmanuel Macron, se convirtió ayer en el primero en desmarcarse del tono marcial que el Ejecutivo francés ha utilizado en los últimos días. “Con el pretexto de que alguien lleva barba o tiene un nombre que suena musulmán, tiene cuatro veces menos posibilidades de tener una entrevista de trabajo”, dijo Macron. “No estoy diciendo que esa sea la raíz del yihadismo, que es la locura humana y la mente totalitaria y manipuladora de algunos. Pero existe un caldo de cultivo, y ese caldo de cultivo es nuestra responsabilidad”, añadió.
En las últimas horas, distintos intelectuales han empezado a exigir soluciones que vayan más allá de la seguridad y la defensa, capaces de paliar “una integración social que no funciona y una modernización social defectuosa”, como ha señalado el filósofo Jürgen Habermas en Le Monde. En un plano simbólico, el atentado ha evidenciado el conflicto entre dos juventudes opuestas: los favorecidos y los marginalizados. Cuatro de los terroristas implicados en los atentados –Brahim Abdeslam, Samy Amimour, Ismaël Omar Mostefaï y Bilal Hafdi, de entre 20 y 31 años– eran ciudadanos franceses, nacidos en París o su conflictiva banlieue y escolarizados en centros del país.
¿Qué les llevó a terminar disparando a bocajarro contra compatriotas de su misma edad? “Los jóvenes radicalizados son profundamente franceses, pero han tenido una experiencia infeliz respecto a Francia. Se sienten ciudadanos de segunda categoría”, explica el jurista Antoine Garapon, que preside el Instituto de Estudios Superiores de la Justicia y fue juez de menores en Créteil, en la periferia de París. Hoy participa en un programa para la reinserción de esa juventud tentada por la yihad en la banlieue de la capital.
“Encuentran en el islam radical un imaginario consolador, que les remite a una edad dorada de su religión, un momento histórico en contradicción frontal con la mediocridad que experimentan hoy. Es necesario hacer con ellos un trabajo de reconciliación”, opina Garapon, opuesto a la estrategia militar francesa. “Hay que ir con cuidado en no desmarcarse de los valores de la Ilustración al querer defenderlos. No hay que caer en la reciprocidad violenta hacia la que el enemigo nos empuja. A diferencia de los adversarios que tuvimos en guerras pasadas, al Isis no le interesa ocupar nuestro territorio. El peligro, esta vez, es de naturaleza moral”.

 Peligro económico y cultural

Los sondeos confirman que la inmigración ya no es solo percibida como un peligro económico –“tres millones de inmigrantes, tres millones de parados”, rezaba un pretérito eslogan del Frente Nacional–, sino también como un síntoma de erosión de la identidad cultural francesa. Según un estudio realizado 2011, el 42% de los encuestados opinó que el Islam suponía “un peligro” para Francia. En otro sondeo aparecido en enero, el 51% consideró que el islam no era “compatible con los valores republicanos”. Para el politólogo Vincent Martigny, profesor de la Escuela Politécnica de París y especialista en ese modelo republicano, el mito francés de la adhesión feliz de las minorías ignora “una fuerte segregación social y espacial, además de una ausencia de integración cultural”.
“En el modelo republicano, la multiculturalidad es una palabra tabú, porque remite a la angustia francesa sobre el fraccionamiento de su unidad. Obsesionada por su indivisibilidad desde los tiempos de la Revolución, Francia teme que reconocer esa diversidad acabe provocando su explosión”, añade Martigny. “La apertura a las minorías y la noción de diferencia están muy presentes en nuestra política cultural, pero sigue existiendo una ambivalencia. Por ejemplo, en la lucha contra la discriminación laboral, en Francia no se ha hecho el mismo trabajo que con las mujeres y los homosexuales”.

 Cada vez más frustraciones

Según una encuesta realizada por el instituto público de estadística en 2008, el 42% de los inmigrantes se decían víctimas de esa discriminación. Entre los hijos de inmigrantes, el porcentaje se elevaba hasta el 58%. A diferencia de lo que sucede en el mundo anglosajón desde los sesenta, las encuestas sobre los orígenes étnicos y religiosos, que permitirían cruzar datos para cuantificar con precisión el alcance de esas discriminaciones, están prohibidas en Francia, en nombre del principio republicano de igualdad. “En el modelo francés, uno se convierte en ciudadano sin que se tenga en cuenta su sexo, su edad, su lugar de nacimiento o su religión”, apunta Garapon a modo de explicación.
Aun así, los expertos han encontrado formas de demostrar que esas discriminaciones constituyen un fenómeno masivo. “Más que a la integración de los inmigrantes, es un problema ligado al propio funcionamiento de la sociedad francesa. Existen mecanismos estructurales de desigualdad que afectan a los hijos de inmigrantes, en especial, de cultura musulmana. Esos jóvenes nacidos y educados en Francia no tienen las mismas oportunidades que los demás, lo que provoca cada vez más frustraciones”, explica la socióloga Mirna Safi, del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po), especializada en las discriminaciones de tipo étnico y religioso. “Si ningún político interviene en la cuestión, es porque atañe profundamente al modo en que Francia se define, a la retórica de la igualdad en el modelo republicano. Ante el auge del Frente Nacional, meterse en este tema es un suicidio”, opina Safi.

Prevenir y curar

La escuela también se encuentra en el punto de mira. “La institución escolar dispone de un gran discurso sobre los valores republicanos, especialmente desde el atentado de Charlie Hebdo [el ministerio de Educación introdujo entonces un nuevo currículo para reforzar la transmisión de esos valores]. Pero no existe ninguna política voluntarista para que alumnos de clases sociales y orígenes distintos se mezclen en cada centro escolar. En París sucede en muy pocos lugares, como los distritos 10 y 11, que ahora han sido atacados. No podemos llorar sobre este drama sin responsabilizarnos de las generaciones que vienen detrás”, sostiene Laurence Le Cock, profesora de historia en un liceo de Nanterre, en las afueras de París, y fundadora de Aggiornamento, un colectivo de maestros que aboga por reformar la educación pública.
Para la profesora, ha llegado la hora de que la institución escolar haga autocrítica. “La escuela no puede curar a los radicales. Puede sí preguntarse qué sucede para que un joven de 15 años adopte ese camino. La yihad le confiere un proyecto político, que es criminal y asesino, pero que le da poder, frente a una sociedad que no le ofrece poder alguno”, añade Le Cock. “La escuela debe decirle a ese alumno que es un individuo con valor, y que piensa darle sentido a su vida. Lo que no puede hacer es resignarse a no ofrecerle nada”, concluye.
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/11/22/actualidad/1448216319_104639.html

François Hollande, el gendarme de Francia

MATANZA TERRORISTA EN PARÍS »

François Hollande, el gendarme de Francia

El socialista se reinventa como estadista sólido y querido en la emergencia del terrorismo

Francois Hollande, el viernes en el Elíseo. / CHESNOT (GETTY)  
El 74% de los franceses aprueba la gestión de François Hollande en la crisis y el 84% acepta subordinar ciertas libertades al imperativo de la seguridad. Vienen a cuento estas conclusiones porque definen la credibilidad del jefe del Estado en la peor emergencia que Francia experimenta desde la II Guerra Mundial.
Hollande había sido un presidente pusilánime y hasta negligente.Había sido caricaturizado en sus aventuras amorosas. Se le observaba como un líder efímero, un monaguillo de Merkel, pero su reacciónmanu militari a los atentados del 13-N ha logrado que se le perciba como el estadista adecuado en el momento oportuno, provisto incluso de una liturgia mitterandista y dotado de una gran habilidad para reinventarse.
Su reacción 'manu militari' a los atentados ha logrado que se le perciba como el estadista adecuado 
Empezando por su proceso de "sarkozyación". En cierto sentido, Hollande ha promovido las medidas autoritarias que hubiera querido instrumentar su predecesor en el Elíseo: cerrar las mezquitas donde anida la apología terrorista, expulsar a los franceses de doble nacionalidad que amenazan la patria, confinar a los sospechosos sin mandato judicial, otorgar superpoderes a las prefecturas, incluso reclamar al Consejo de Estado un criterio solidario para estirar las costuras de la Constitución, más allá de que Hollande haya decidido cambiarla —necesita 3/5 de las cámaras o la aquiescencia de un referendum— en los pormenores actualizados del estado de excepción.
Sarkozy quiso ser el gendarme de Francia. Hollande lo ha conseguido. Ha tenido que invertir la "ecuación" del lema sesentayochista que él mismo reivindicó en sus mocedades —haz el amor, no la guerra—, pero hacer la guerra en lugar del amor obliga a emprender una estrategia responsable que Hollande capitaliza no sólo como presidente de Francia, sino como emblema jerárquico entre sus iguales occidentales.
Hollande es el antagonista del Daesh. La oposición francesa le acusó de haber expuesto la patria por haber emprendido en solitario las campañas de Mali y de Siria, pero tanto podría decirse que la unilateralidad obedecía a la pasividad interesada o especulativa de sus socios —las represalias terroristas, los procesos electorales— y que la masacre del 14N ha sido un desgraciado estímulo para suscitar un estado de conciencia inequívoco respecto a la urgencia de una estrategia coral.
Por eso impresiona la reinvención de Hollande y deslumbran sus galones de guardián del planeta, sobrepasando los tiempos en que se malogró su expectativa de contrapoder a la doctrina de la austeridad evangelizada por Merkel.
Su victoria en las presidenciales —mayo, 2012—, en efecto, fue percibida por la socialdemocracia europea como una fervorosa alternativa al diktat económico germano.
impresiona la reinvención de Hollande y sus galones de guardián del planeta
Se presumía una alternativa a los recortes, una tercera vía, pero Hollande no tuvo envergadura política para mantenerla. Ni fuera de Francia ni dentro, como se desprende de las crisis de Gobierno, del recambio de primer ministro —Manuel Valls en lugar de Ayrault— de la autodestrucción del Partido Socialista, de la exasperación ciudadana.
Sobrevino entonces un asombroso proceso de desmitificacion elísea. Nos tomábamos a broma Hollande. Nos reíamos de la torpeza con que se distraía en su affaire amoroso con la actriz Juile Gayet. Y juraba venganza su ex pareja, Valérie Trierweiller, retratándolo como un tipo acomplejado, arbitrario, negligente.
Nunca un presidente francés se había desdibujado tanto en tan poco tiempo. Se le daba a Hollande por amortizado, al menos hasta que el sucesor de Sarkozy, apodado Flanby por su viscosidad física y política, encontró en la política exterior el asidero que no lograba aferrar en la política interior.
La neutralización del yihadismo en Mali (2014) fue la primera demostración. Hollande desplegaba fuerzas terrestres, asumía el viejo paternalismo de la "Francáfrica" para ahuyentar la pujanza del yihadismo en la impunidad del Sahel.
Es verdad que la injerencia respondía e intereses económicos y geopolíticos, pero también avalaba al presidente un escrúpulo ético, incluso la pretensión de remediar en sentido simbólico la catástrofe franco-británica que había supuesto la guerra a Gadafi en tiempos de Sarkozy. Hollande se gustaba en su papel tutelar. Y decidía asumir el protagonismo de la oposición a Putin en la crisis ucraniana, cancelando por añadidura los acuerdos de ventas de armas, de embarcaciones y de aviones.
Los reflejos le permitieron convertirse en el primer jefe de Estado que aterrizaba en Cuba después del deshielo. Francia protegía las colonias de ultramar y Hollande se recreaba en el papel de diplomático universal, llegando al extremo de fomentar, sin demasiado éxito, una coalición contra el terror de Al Asad en Siria.
El golpe del Charile Hebdo lo devolvió a la tierra e incitó un discurso sensible, lírico y hasta ingenuo, mientras que la masacre del Viernes 13 predispuso la reacción no tanto de un presidente como de un militar. Hollande mencionaba la guerra y prometía la victoria. Se erigía en gendarme de la patria. Y confortaba un país en estado de psicosis entonando La Marsellesa en Versalles —no es una metáfora— y garantizando la reunificación.
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/11/19/actualidad/1447936089_062065.html

El Estado Islámico lanza una yihad global tras verse acosado en sus feudos

El Estado Islámico lanza una yihad global tras verse acosado en sus feudos

El ISIS ataca los países que bombardean sus bastiones mientras pierde posiciones

GRÁFICO INTERACTIVO
Fuente: Agencias y elaboración propia.
Cuando los yihadistas del Estado Islámico (ISIS, ISIL o Daesh) conquistaron la ciudad de Mosul, la tercera mayor de Irak, en junio de 2014, proclamaron un califato islámico a caballo entre el norte iraquí y el valle del Éufrates en la vecina Siria. Fue la primera entidad paraestatal del islamismo radical desde la caída de los talibanes en Afganistán tras los atentados del 11-S. A diferencia de Al Qaeda, que nunca contó con un territorio propio y que mantuvo como objetivo golpear al Occidente y a los países islámicos que colaboraban con los “cruzados”, el ISIS se afianzó sobre el terreno en un territorio en el que impuso la Sharía, recabó tributos, organizó la vida civil cotidiana según sus reglas y recreó para miles de radicales el ensueño de un califato en expansión, como en los primeros tiempos del islam, hace ahora 11 siglos.
Los ataques del ISIS en París, que se cuentan entre los más sangrientos y osados del yihadismo, se han dirigido precisamente contra uno de los países que bombardeaba sus posiciones y sus bases. La oleada de atentados de la capital francesa ha coincidido además con una de las mayores derrotas del califato en el norte de Irak, tras más de un año de victorias ininterrumpidas. El ISIS ha emprendido una yihad global, en la estela la antigua estrategia de Al Qaeda, que parece responder a una reacción defensiva ante el acoso y el confinamiento que empieza a sufrir en sus propios bastiones, a pesar de contar con “provincias” como Libia, el Sinaí o el Magreb. En lo que va de año el ISIS ha causado más de 800 muertes fuera de Siria e Irak en acciones terroristas cada vez más sangrientas.
Javier Martín, autor del “Estado Islámico. Geopolítica del caos (La Catarata, 2015), cree que “existe una relación evidente entre los bombardeos de la coalición [encabezada por Estados Unidos, y en la que participa Francia] y los atentados de París”. “Pero el objetivo del ISIS no es Occidente por definición; lo principal sigue siendo consolidar y ampliar el califato en las tierras de la antigua Mesopotamia”, puntualiza.
“Hemos asistido al nacimiento de un califato islámico territorial, en el que el líder de ISIS se erige en jefe religioso en una región del planeta”, reconocía el año pasado a EL PAÍS—poco después de la proclamación efectuada en Mosul por Abubaker el Bagdadi-- Olivier Roy, politólogo francés experto en el islam. ”Los notables y los miembros de las tribus suníes necesitan a los yihadistas locales y extranjeros para luchar contra los chiíes, en Irak, o los alauíes en Siria”, según el director del programa para el Mediterráneo en el Instituto Universitario Europeo de Florencia,
Casi nadie reparó en que el mismo día de la masacre de París, el Estado Islámico había perdido ante las tropas kurdas de Irak la ciudad de Sinjar, un punto estratégico para sus rutas comerciales, de avituallamiento y de reclutamiento de extranjeros, destaca ahora Martín. Se trata de uno de los retrocesos militares más importantes del ISIS en más de un año de avances triunfales. “Pero gracias a su propaganda, ha quedado ensombrecida por la “victoria de París” ante sus seguidores”, argumenta este periodista español especializado en Oriente Próximo, que considera por el momento “muy posible” que otros países implicados o que se impliquen en la coalición contra el Estado Islámico “sufran atentados si los bombardeos prosiguen”.
Pero mientras los atentados del pasado mes de enero contra el semanario satírico Charlie Hebdo, en una clara agresión a la libertad de prensa de las sociedades occidentales, y el supermercado judío de París fueron obra de “lobos solitarios” que actuaron aislados y aparentemente descoordinados, la cadena de ataques registrados ahora en la capital francesa estaba perfectamente “coreografiada”, según los expertos, como las atentados islamistas radicales de Bombay en 2008.
En poco más de un mes, entre el 10 de octubre y el 13 de noviembre ha golpeado con dureza en los países que han participado activamente en bombardeos y operaciones contra sus milicias en Irak y Siria. París (130, muertos). Beirut (43) en un barrio chií de estilo de vida occidental pero que apoya a Hezbolá, que combate a los yihadistas en las filas del régimen sirio. Península del Sinaí (224), todos los ocupantes del Airbus ruso que se estrelló cuando transportaba turistas desde Sharm el Sheij hasta San Petersburgo. Rusia interviene directamente en la guerra siria en el bando de Bachar el Asad. Ankara (100 muertos), dos atentados suicidas sembraron el terror en un acto político en plena campaña electoral turca.
Se trata sin duda de las réplicas del ISIS a países o grupos que combaten contra el califato. Excepto en Túnez, el país pionero de la “primavera árabe” y el único en el que parecen haberse consolidado las reformas democráticas. Javier Martín, que precisamente ejerce como delegado de la agencia Efe en la capital tunecina—tras haber informado desde El Cairo, Teherán y Jerusalén--, considera que los atentados contra el museo del Bardo, en marzo, y en la localidad costera de Susa, en junio, “respondieron a un entorno local, a los objetivos y a las necesidades de combate de los grupos yihadistas en Libia y Túnez”. Sostiene que ambos fueron planeados y ejecutados por grupos con financiación y recursos propios para golpear al turismo en pleno proceso de transición. La toma de rehenes del viernes en Bamako, que se saldó con 27 muertos, se inscribiría también es esta perspectiva local, además de que no se acreditado la lealtad al ISIS de los comandos que actuaron en la capital de Malí.

En clave local

Todos estos ataques y atentados deben ser considerados en última instancia como “una forma de autodefensa y una cruenta campaña de propaganda del ISIS”, según el autor de El Estado Islámico. Geopolítica del caos. Así, el doble atentado suicida de Líbano que precedió a la oleada de ataques en París contiene “un evidente componente religioso” contra la comunidad chií. Respecto al Airbus 321, cree que se trata de “un aviso para Rusia”, si bien también pude responder a intereses locales, igual que en Túnez, con el objetivo de “causar daño al Gobierno egipcio mediante el hundimiento del turismo”. Los objetivos están cuidadosamente preparados y elegidos y tienen un doble mensaje, según Martín: “Uno para consumo externo: cada enemigo recibirá su castigo donde más le duela. Y otro de consumo interno: aunque el califato sufra derrotas, es lo bastante fuerte como para acoger a sus seguidores”.
En una tribuna publicada esta semana en The New York Times, Olivier Roy resalta que el Estado Islámico no es el principal enemigo del régimen de Bachar el Asad ni de Rusia, que combaten fundamentalmente a otros grupos rebeldes; ni de Turquía, concentrada en su lucha contra las milicias kurdas sirias y turcas; ni de los kurdos, que se mueven dentro de en sus fronteras étnicas; ni de los saudíes, con quienes comparten una visión rigorista del islam; ni de los iraníes, que aspiran a contener al ISIS sin que deje de amenazar al mismo tiempo otros grupos suníes. Hasta Israel parece satisfecho de que grupos árabes e islámicos peleen entre sí, mientras el conflicto palestino queda en el olvido. Nadie parece tener la intención de derrotar a un ISIS que ya ha alcanzado sus límites territoriales en territorio suní. “Estancado en Oriente Próximo, se vuelve ahora hacia el terrorismo globalizado (…) Los atentados de Sharm el Sheij, de Beirut, de París, tienen el mismo objetivo: mantener vivo el terror”, concluye el autor de El islam mundializado.
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/11/21/actualidad/1448132088_116638.html