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martes, 14 de julio de 2026

Influencers, polarización y periodismo militante: la disputa por la verdad en la esfera pública digital

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Influencers, polarización y periodismo militante: la disputa por la verdad en la esfera pública digital

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Resumen | La expansión de influencers, streamers, creadores de contenido político y plataformas algorítmicas ha transformado profundamente el ecosistema informativo contemporáneo. Este paper analiza cómo la migración del debate público hacia entornos digitales ha modificado la relación entre ciudadanía, medios tradicionales, actores políticos y productores no profesionales de información. A partir del caso latinoamericano y de los datos recientes del Digital News Report 2026 y del informe Journalism, Media, and Technology Trends and Predictions 2026 del Reuters Institute, se examinan tres fenómenos convergentes: la erosión de la confianza en los medios, el crecimiento de contenidos parcializados y la normalización de la violencia verbal en línea. E
l análisis sostiene que el problema central no radica en la existencia de nuevos comunicadores digitales, sino en la sustitución del método periodístico por prácticas de activismo, propaganda, espectáculo emocional y desinformación algorítmica. Frente a este escenario, se plantea que la supervivencia democrática del periodismo dependerá de su capacidad para recuperar legitimidad pública mediante rigor, transparencia, innovación narrativa, independencia editorial, alfabetización mediática y defensa de la información verificada como bien público.

Palabras clave: periodismo digital, influencers, polarización, desinformación, inteligencia artificial, confianza pública, democracia, América Latina.


Introducción

La transformación tecnológica de la comunicación pública ha producido una reconfiguración acelerada del periodismo, de la política y de la circulación social de la verdad. Lo que antes estaba mediado fundamentalmente por periódicos, radio, televisión, agencias informativas y periodistas profesionales, hoy se distribuye a través de plataformas digitales, redes sociales, canales de video, pódcast, transmisiones en vivo, aplicaciones de mensajería, motores de búsqueda con inteligencia artificial y comunidades algorítmicas altamente fragmentadas. En ese nuevo entorno, la autoridad informativa ya no depende exclusivamente de la credibilidad institucional de un medio, sino también de la cercanía emocional, la visibilidad digital, la capacidad de viralización y la identidad simbólica que determinados actores construyen con sus audiencias.

El artículo publicado por Listín Diario bajo el título “Influencers, polarización y el periodismo militante” plantea con claridad esta nueva realidad: los cambios tecnológicos y la expansión de nuevos actores han generado contenidos parcializados, violencia verbal y una degradación del debate público en línea. El texto señala que el llamado Informe Sombra registró 182 alertas de violencia digital, entre ellas hackeos, doxxing y uso de inteligencia artificial para campañas difamatorias. Más allá del dato cuantitativo, el fenómeno más profundo consiste en la transformación de la relación entre audiencias y productores de información, así como en la proliferación de creadores de contenido con agendas políticas o ideológicas explícitas. [reutersins...s.ox.ac.uk]

Este fenómeno no puede analizarse de manera aislada. Forma parte de una crisis más amplia de intermediación democrática. Los medios tradicionales pierden centralidad; las plataformas digitales capturan la distribución; los influencers disputan legitimidad; los gobiernos y actores políticos reducen la mediación periodística; la inteligencia artificial automatiza la producción de contenido; y las audiencias, saturadas por el ruido, oscilan entre la indignación, la desconfianza y la evasión informativa. El Digital News Report 2026 del Reuters Institute documenta esa transformación al indicar que, por primera vez, las redes sociales y plataformas de video son, en promedio global, más populares que la televisión y los sitios web o aplicaciones de noticias como fuentes de información. [newscaststudio.com]

La pregunta central, por tanto, no es si el periodismo tradicional puede volver al pasado. No puede. La cuestión estratégica es si puede adaptarse sin perder su esencia. En otras palabras: si puede hablar los lenguajes de la época digital sin renunciar al método periodístico, a la verificación de los hechos, al contraste de fuentes, a la independencia editorial y a la responsabilidad pública. Este paper sostiene que el periodismo enfrenta una disputa civilizatoria: o reconstruye su legitimidad como institución democrática en medio del ruido digital, o será desplazado progresivamente por un ecosistema donde la emoción, la tribu, la propaganda y la manipulación ocupen el lugar de la información verificada.

La esfera pública digital y la mutación de la autoridad informativa

La esfera pública contemporánea ya no se estructura únicamente en torno a medios profesionales ni a instituciones formales de deliberación. La ciudadanía conversa, se informa, discute, se indigna y toma posición política en espacios digitales diseñados prioritariamente para maximizar atención, permanencia, reacción emocional y rentabilidad publicitaria. Esa arquitectura técnica afecta la calidad del debate democrático porque premia la intensidad sobre la precisión, la velocidad sobre la verificación y la identidad tribal sobre la deliberación racional.

El Reuters Institute enfatiza en su Digital News Report 2026 que existe una creciente “plataformización” del consumo de noticias. Las audiencias se mueven hacia redes sociales, video y, de manera emergente, sistemas de inteligencia artificial generativa como nuevos accesos a la información. Al mismo tiempo, persisten preocupaciones crecientes sobre confianza, desinformación e impacto de las plataformas en el ecosistema noticioso. [newscaststudio.com]

En esa nueva esfera pública, los influencers y streamers construyen legitimidad de una forma distinta a los medios tradicionales. Su autoridad no depende necesariamente de la verificación documental, de una sala de redacción, de editores responsables ni de códigos de ética profesionales. Depende, sobre todo, de la percepción de autenticidad, cercanía, espontaneidad y comunidad. La audiencia siente que no escucha a una institución distante, sino a una persona “real”, con lenguaje coloquial, emociones visibles y una identidad compartida.

Esta cercanía tiene valor democrático cuando permite incorporar voces excluidas, narrativas territoriales, experiencias ciudadanas y formas creativas de explicación pública. Sin embargo, también puede convertirse en una fuente de vulnerabilidad cuando esa confianza emocional es utilizada para difundir propaganda, simplificaciones extremas, ataques personales, campañas coordinadas o desinformación. El Reuters Institute ha identificado que el 27% de los usuarios obtiene noticias de creadores especializados en información y que el 46% recibe información de algún tipo de creador digital, aunque esos actores son percibidos como menos confiables e imparciales que los medios tradicionales. [reutersins...s.ox.ac.uk]

La mutación es profunda: el periodismo tradicional se basaba en la mediación institucional; el nuevo ecosistema privilegia la intermediación personal. Antes importaba la cabecera del periódico, la marca televisiva o la trayectoria de una redacción. Ahora, muchas audiencias siguen a individuos que interpretan la realidad desde una mezcla de opinión, entretenimiento, identidad política y emocionalidad. El resultado es una crisis del criterio público: la popularidad comienza a confundirse con autoridad, la viralidad con verdad y la lealtad de audiencia con legitimidad democrática.

Periodismo militante, activismo e impugnación del disenso

Uno de los conceptos más relevantes del debate es el de “periodismo militante”. La expresión describe una práctica comunicacional en la que la búsqueda de la verdad queda subordinada a la defensa de una causa política, ideológica, partidaria o identitaria. No se trata simplemente de periodismo de opinión, que es legítimo y necesario en sociedades abiertas. El problema aparece cuando el contenido se presenta como información mientras opera como propaganda; cuando se ocultan premisas ideológicas; cuando se seleccionan hechos de manera interesada; y cuando se impugna moralmente a quien piensa distinto.

El artículo de Listín Diario recoge una advertencia de Dessein sobre cómo, en Argentina, el rol que ocupó el periodismo militante durante el kirchnerismo habría sido reemplazado por influencers militantes, fenómeno que, según su observación, se extiende a distintos países y promueve un falso debate basado en la impugnación de todo pensamiento contrario. [reutersins...s.ox.ac.uk]

Esta degradación tiene consecuencias democráticas graves. La democracia no exige unanimidad; exige reglas para tramitar civilizadamente el conflicto. Cuando el debate público se convierte en una guerra permanente de descalificación, la ciudadanía pierde capacidad de escuchar, matizar, rectificar y deliberar. La discrepancia deja de ser parte natural de la vida democrática y pasa a ser tratada como amenaza existencial. Esa dinámica alimenta la polarización afectiva: no solo se rechazan ideas, sino también personas, grupos y comunidades enteras.

La reflexión citada de Salazar Zimmermann resulta particularmente pertinente: ser objetivo no equivale a ser tibio. En un ecosistema dominado por algoritmos que premian la exageración y el grito, la búsqueda de equilibrio, contraste y complejidad puede ser interpretada como debilidad. Pero esa interpretación es profundamente dañina. La objetividad no es ausencia de valores; es disciplina metodológica. No significa negar injusticias ni evitar posiciones editoriales, sino distinguir entre hecho, interpretación, opinión y propaganda.

El activismo tiene una función legítima en la sociedad civil. Puede visibilizar causas, movilizar comunidades y presionar por cambios. Pero no debe confundirse con periodismo. El activista busca favorecer una agenda; el periodista busca establecer hechos verificables y ofrecer contexto para que la ciudadanía forme criterio. Cuando ambas funciones se mezclan sin transparencia, se produce una pérdida de confianza: el ciudadano ya no sabe si está recibiendo información, opinión, propaganda o entretenimiento político.

Polarización algorítmica y violencia verbal

La polarización contemporánea no surge solo de diferencias ideológicas. También es amplificada por el diseño de las plataformas. Los algoritmos priorizan contenidos que generan interacción intensa: indignación, miedo, burla, rabia, escándalo, sorpresa. En consecuencia, los discursos más estridentes suelen obtener mayor alcance que las explicaciones matizadas. La arquitectura digital recompensa el conflicto permanente.

El problema se agrava cuando la violencia simbólica se normaliza como estilo comunicacional. Insultos, burlas, campañas de descrédito, amenazas, apodos degradantes y ataques coordinados se vuelven parte de la conversación cotidiana. En América Latina, donde la cultura política ya arrastra fragilidades institucionales, desigualdades sociales y tensiones históricas, la violencia verbal digital puede trasladarse rápidamente a formas de intimidación, persecución o silenciamiento.

El caso descrito por Listín Diario, con 182 alertas de violencia digital relacionadas con hackeos, doxxing e inteligencia artificial para campañas difamatorias, muestra que la violencia en línea no es un fenómeno abstracto. Tiene víctimas, costos personales y efectos inhibidores sobre la participación pública. [reutersins...s.ox.ac.uk]

Este proceso afecta especialmente al periodismo. Los periodistas que investigan corrupción, crimen organizado, abuso de poder, desigualdad, violencia o campañas políticas pueden enfrentar acoso digital organizado. La violencia verbal no solo busca desacreditar una información; busca intimidar a quien informa. Esta estrategia tiene un efecto disciplinador: reduce la disposición a investigar temas sensibles y promueve la autocensura.

En una democracia saludable, la crítica al periodismo es legítima y necesaria. Los medios deben ser cuestionados, corregidos y fiscalizados. Pero una cosa es la crítica ciudadana y otra la violencia digital organizada. Una cosa es pedir rigor y otra destruir reputaciones mediante mentiras. Una cosa es debatir ideas y otra convertir la esfera pública en un territorio de hostilidad permanente.

Inteligencia artificial, “AI Slop” y crisis de visibilidad

La inteligencia artificial generativa introduce una nueva dimensión en la crisis informativa. Su potencial productivo es enorme: puede apoyar análisis de datos, traducción, depuración documental, automatización de tareas repetitivas, identificación de patrones y personalización de contenidos. Sin embargo, también incrementa la capacidad de producir desinformación a escala, fabricar imágenes falsas, crear audios sintéticos, generar textos engañosos y saturar el ecosistema con contenido de baja calidad.

El informe Journalism, Media, and Technology Trends and Predictions 2026, citado por la Federación Internacional de Periodistas, plantea que los medios enfrentan dos fuerzas simultáneas: por un lado, los motores de respuesta basados en inteligencia artificial, que pueden desviar audiencias antes de que lleguen a los sitios de noticias; por otro, la economía de creadores, que captura atención y confianza mediante formatos personalizados. [listindiario.com]

La amenaza del “cero clic” es especialmente delicada. Si los motores de búsqueda y asistentes de IA responden directamente las preguntas del usuario utilizando información producida por medios, pero sin dirigir tráfico hacia las fuentes originales, se erosiona el modelo financiero del periodismo. Según el análisis citado por la IFJ sobre el informe del Reuters Institute, las organizaciones noticiosas prevén una caída importante en las referencias provenientes de buscadores durante los próximos años. [listindiario.com]

Al mismo tiempo, la proliferación de contenido sintético o “AI Slop” reduce la calidad general del ecosistema. Cuando la red se llena de textos, imágenes, videos y sitios generados automáticamente, la información verificada pierde visibilidad frente a volúmenes masivos de contenido barato, optimizado para captar clics o manipular tendencias. Este fenómeno obliga a los medios a diferenciarse mediante aquello que la IA no puede replicar plenamente: reportería en terreno, investigación original, criterio editorial, presencia humana, conocimiento contextual y responsabilidad ética.

La respuesta estratégica no debe ser rechazar la IA, sino gobernarla editorialmente. Los medios deben desarrollar políticas claras sobre uso de inteligencia artificial, etiquetado de contenidos, verificación humana, protección de fuentes, derechos de autor y trazabilidad. La IA puede ser una herramienta del periodismo, pero no debe sustituir el juicio periodístico.

Evasión informativa, desconfianza y fatiga ciudadana

Uno de los efectos más preocupantes del ecosistema actual es la evasión informativa. Cuando las audiencias perciben que las noticias son demasiado negativas, conflictivas, manipuladas o emocionalmente agotadoras, optan por desconectarse. Esta desconexión no fortalece la democracia; la debilita, porque deja a los ciudadanos menos preparados para comprender decisiones públicas, evaluar liderazgos, exigir rendición de cuentas y resistir manipulación.

El Digital News Report 2026 registra que la confianza promedio en las noticias se sitúa en 37% a nivel global, mientras la preocupación por la desinformación en línea alcanza al 62% de los encuestados. También muestra un aumento de la evasión de noticias y una caída del interés intenso por la información en diferentes mercados. [gijn.org]

La Federación Internacional de Periodistas, al comentar el informe, subraya que la confianza en las noticias se encuentra en niveles bajos y que el consumo informativo se desplaza hacia redes sociales y plataformas de video, las cuales se han convertido en fuentes principales de noticias para amplios segmentos de la población. [listindiario.com]

La desconfianza no surge de la nada. Parte de ella responde a errores reales del periodismo: sesgos, dependencia económica, espectacularización, cobertura superficial, falta de diversidad, desconexión territorial y confusión entre información y opinión. Pero otra parte es alimentada por actores interesados en debilitar a la prensa para reducir la fiscalización pública. En ese sentido, recuperar la confianza exige autocrítica interna y defensa externa de la libertad de prensa.

Agenda estratégica para medios tradicionales

Los medios tradicionales deben asumir que su autoridad ya no está garantizada por trayectoria o marca. En la era digital, la legitimidad debe demostrarse diariamente. Para adaptarse, deben combinar rigor clásico con innovación contemporánea.

Primero, deben apostar por periodismo distintivo: investigaciones originales, reportería territorial, análisis de profundidad, periodismo de datos, verificación de discurso público y narrativas humanas. La IFJ señala que, frente a la automatización, los editores planean reforzar investigaciones originales, análisis contextual, video y audio como formatos más resistentes a la mercantilización algorítmica. [listindiario.com]

Segundo, deben reconstruir comunidad. El medio no puede ser únicamente emisor; debe escuchar, responder, explicar y transparentar. La audiencia contemporánea exige cercanía, pero esa cercanía no debe confundirse con complacencia. El periodismo debe ser accesible sin volverse banal; humano sin volverse propagandístico; narrativo sin sacrificar precisión.

Tercero, deben diferenciar claramente noticia, análisis, opinión, publicidad y contenido patrocinado. Gran parte de la desconfianza nace cuando el ciudadano no sabe qué está leyendo. La transparencia editorial es una forma de pedagogía democrática.

Cuarto, deben desarrollar una ética robusta frente a la inteligencia artificial. Todo contenido generado o asistido por IA que pueda afectar la interpretación pública debe pasar por revisión humana. Además, los medios deben defender derechos de autor, propiedad intelectual y remuneración justa por el uso de sus contenidos en sistemas automatizados.

Quinto, deben formar periodistas con capacidades híbridas: investigación clásica, análisis de datos, verificación digital, seguridad informática, comprensión algorítmica, producción audiovisual, escritura explicativa y enfoque ético.

El papel de los gobiernos: regular sin censurar

Los gobiernos tienen responsabilidad en la protección del ecosistema informativo, pero deben actuar con límites democráticos estrictos. La regulación del periodismo digital no debe convertirse en un mecanismo para controlar contenidos, castigar críticas o imponer verdades oficiales. La historia latinoamericana demuestra que muchas veces el poder político invoca el orden, la seguridad o la lucha contra la desinformación para limitar libertades fundamentales.

La política pública debe enfocarse en conductas verificablemente dañinas: violencia digital, amenazas, suplantación de identidad, difusión maliciosa de datos personales, campañas coordinadas de manipulación, publicidad política encubierta, uso fraudulento de IA y opacidad en financiamiento de propaganda digital. El artículo de Listín Diario evidencia que hackeos, doxxing y campañas difamatorias con inteligencia artificial ya forman parte del nuevo mapa de riesgos informativos. [reutersins...s.ox.ac.uk]

Los Estados también deben exigir mayor transparencia a las plataformas: reglas claras sobre moderación, trazabilidad de publicidad política, mecanismos de apelación, acceso a datos para investigación académica independiente y medidas contra redes coordinadas de desinformación. Pero esa regulación debe estar sometida a control judicial, participación de sociedad civil, estándares internacionales de derechos humanos y garantías de libertad de prensa.

La alfabetización mediática debe ser política de Estado. No basta con perseguir desinformación después de que circula; hay que formar ciudadanos capaces de identificar fuentes confiables, distinguir hechos de opinión, verificar imágenes, reconocer manipulación emocional y entender cómo funcionan los algoritmos.

Recuperar confianza: el nuevo capital del periodismo

La confianza será el recurso estratégico del periodismo en el siglo XXI. Sin confianza, no hay sostenibilidad económica, influencia pública ni legitimidad democrática. Pero la confianza no se decreta; se construye mediante coherencia.

Los medios deben corregir errores de manera visible, explicar sus procesos, publicar metodologías, transparentar conflictos de interés, diversificar fuentes y evitar la dependencia excesiva de filtraciones interesadas. También deben incomodar a todos los poderes, no solo a los adversarios ideológicos de su línea editorial. Un periodismo selectivo puede ser rentable en el corto plazo, pero destruye credibilidad en el largo plazo.

La confianza también requiere humildad. Los medios deben reconocer que ya no monopolizan la conversación pública. Deben colaborar con verificadores, universidades, organizaciones cívicas, periodistas independientes y comunidades digitales responsables. La defensa del periodismo no puede ser corporativa; debe ser democrática.

Conclusión

La expansión de influencers, streamers, creadores políticos, inteligencia artificial y plataformas algorítmicas no representa simplemente una transformación tecnológica. Representa una disputa por la autoridad pública, por la verdad socialmente aceptada y por la calidad misma de la democracia. El problema no es que existan nuevos actores comunicacionales. El problema es que muchos de ellos ocupan funciones informativas sin asumir responsabilidades informativas.

El periodismo profesional atraviesa una crisis real, pero también una oportunidad histórica. Si logra diferenciarse mediante rigor, humanidad, transparencia, innovación y servicio público, puede recuperar centralidad. Si intenta competir con el ruido en los términos del ruido, perderá su razón de ser.

La democracia necesita libertad de expresión, pluralidad digital y nuevas voces. Pero también necesita información verificada, memoria institucional, investigación independiente y medios capaces de fiscalizar al poder. En medio de la polarización, la violencia verbal y la manipulación algorítmica, el periodismo no debe ser militancia disfrazada ni espectáculo emocional. Debe ser una disciplina pública de búsqueda de verdad.

La supervivencia del periodismo dependerá de una convicción esencial: informar no es gritar más fuerte, sino iluminar mejor. Y en una época donde la mentira puede viralizarse en segundos, la verdad necesita método, coraje, instituciones y ciudadanía dispuesta a defenderla.

Referencias

Federación Internacional de Periodistas. (2026, junio 18). Reuters Digital News Report 2026: Key takeaways for newsrooms and journalists’ unions. https://www.ifj.org/media-centre/news/detail/category/ai/article/reuters-digital-news-report-2026-key-takeaways-for-newsrooms-and-journalists-unions

Federación Internacional de Periodistas. (2026). Reuters digital report 2026: Journalism’s pivot – navigating the AI and creators squeeze. https://www.ifj.org/media-centre/blog/detail/article/reuters-digital-report-2026-journalisms-pivot-navigating-the-ai-and-creators-squeeze

Listín Diario. (2026, julio 14). Influencers, polarización y el periodismo militante. https://listindiario.com/la-republica/20260714/influencers-polarizacion-periodismo-militante_913780.html

Reuters Institute for the Study of Journalism. (2026). Digital News Report 2026. University of Oxford. https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/digital-news-report/2026

Reuters Institute for the Study of Journalism. (2026, junio 16). Overview and key findings of the 2026 Digital News Report. University of Oxford. https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/digital-news-report/2026/dnr-executive-summary

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Influencers, polarización y el periodismo militante

La república | Influencers, polarización y el periodismo militante

Los cambios tecnológicos y la expansión de nuevos actores genera creación de contenidos parcializados y violencia vebal.

Los cambios tecnológicos y la expansión de nuevos actores genera creación de contenidos parcializados y violencia vebal.ld

Santo Domingo, RD | 14/07/2026 00:00 | Listin Diario

La transformación tecnológica ha migrado masivamente la violencia hacia el ecosistema en línea. El Informe Sombra registró 182 alertas de violencia digital (hackeos, doxxing, inteligencia artificial para campañas difamatorias), pero el cambio más profundo se da en la relación con la audiencia y la proliferación de creadores de contenido parcializados.

Dessein advierte sobre esta degradación del debate: “Con respecto al periodismo militante, el rol que jugaba durante el kirchnerismo, que fue fomentado, alimentado económicamente por las gestiones de esos años, hoy en la Argentina esa función ha sido reemplazada por los influencers militantes, algo que se extiende.

En distintos países del mundo, y en ambos casos impulsan un falso debate, una impugnación de todo pensamiento que no concuerde con el propio, y eso se traduce en una agresividad que amenaza la convivencia ciudadana y deteriora gravemente el clima para intercambiar ideas”.

Al abordar el papel de la objetividad y de estos nuevos actores en un entorno polarizado, Salazar Zimmermann de Perú ofrece una reflexión literal muy aguda: “¿Objetividad versus ser tibios? No creo que ser objetivo implique ser tibio. Creo que la objetividad, por más que muchos ya no hablen de ella, por más que pueda ser imposible, debe seguir siendo deseable. Esto implica buscar varios lados de una historia, no comprometerse con un extremo. Eso hoy día es visto como ser tibio, sobre todo porque los algoritmos y las plataformas de redes sociales nos han acostumbrado a que quien más grita y quien más exagera tiene más posibilidades de ser escuchado...”. Y el ejecutivo agrega que el periodismo no debe ser activista: “El activismo tiene una agenda determinada, como sabemos, y el activista busca favorecer esa agenda determinada. O sea, la búsqueda de una agenda está reñida con la búsqueda de la verdad. Los streamers, como sabemos en muchos casos, no respetan necesariamente el método periodístico deseable de neutralidad. En el Perú, por ejemplo, la actual campaña presidencial está dejando pendiente a las autoridades regular la contratación de estas figuras como difusores de propaganda. Y consideremos también que los influencers políticos o militantes pueden luego postular a congresos que tienen mucha llegada”.

La expansión de estos nuevos actores ocurre en paralelo con un debate creciente sobre el papel del periodismo profesional en sociedades polarizadas. Sin embargo, los datos muestran que las audiencias todavía valoran ciertos principios tradicionales. El Digital News Report 2026 concluye que quienes prefieren noticias imparciales siguen siendo más del doble que quienes buscan contenidos alineados con sus propias posiciones ideológicas

La preocupación por la expansión de actores que se presentan como medios sin respetar estándares periodísticos también aparece en Brasil. Marcelo Rech, presidente de la Associação Nacional de Jornais (ANJ), advierte que la creciente confusión entre activismo y periodismo constituye una amenaza para la calidad de la información y para la confianza pública en los medios. Según el ejecutivo, numerosas organizaciones ideológicas utilizan redes sociales, YouTube y otras plataformas digitales para presentarse como vehículos independientes de comunicación, erosionando la relevancia de los medios profesionales.

Dice Rech que “esta mezcla de activismo con pseudoperiodismo es una grave amenaza para la calidad de la información, para la confianza y para todo lo que el periodismo representa, incluida la pluralidad”. Y distingue entre el método periodístico y las anomalías en el campo de la comunicación: “Tenemos que distanciarnos cada vez más, los vehículos profesionales de periodismo, de aquellos que muchas veces son mercenarios de la información”.

La irrupción de influencers y streamers no representa únicamente un cambio tecnológico. También modifica las formas de construcción de legitimidad pública.

Según el informe Journalism and Technology Trends and Predictions 2026, siete de cada diez ejecutivos de medios consideran que los creadores de contenido están capturando tiempo y atención que antes pertenecían a los medios tradicionales.

Y el Reuters Institute detectó que el 27% de los usuarios obtiene noticias de creadores especializados en información y que el 46% recibe información de algún tipo de creador digital. Los encuestados valoran especialmente su cercanía, autenticidad y capacidad para explicar temas complejos de manera sencilla, aunque siguen considerando a estos actores menos confiables y menos imparciales que los medios tradicionales.

A diferencia de los medios periodísticos, los influencers construyen vínculos basados en la cercanía personal, la identificación emocional y la percepción de autenticidad. Su relación con las audiencias suele ser más directa y menos mediada por estructuras editoriales. El fenómeno adquiere especial relevancia en la comunicación política. Cada vez más dirigentes optan por conceder entrevistas a streamers, podcasters o creadores afines antes que enfrentar formatos periodísticos tradicionales caracterizados por la repregunta y la verificación independiente.

El Reuters Institute advierte que numerosos líderes políticos buscan comunicarse directamente con sus seguidores mediante plataformas digitales, reduciendo la intermediación periodística y debilitando el papel tradicional de los medios como fiscalizadores del poder.

Evasión de noticias y el factor de la IA

Atrapados en medio de la crispación política, los ataques de trolls, la sobreabundancia informativa y la creciente fragmentación del consumo de noticias, muchos ciudadanos optan por desconectarse. En Argentina, tras años de polarización extrema, el interés por las noticias cayó del 77% en 2017 a apenas el 42% en los últimos años, mientras que la confianza general en los medios se desplomó al 26%, el nivel más bajo de la última década.

La tendencia se replica en otros países de la región. En Colombia, la confianza en las noticias cayó al 32%, su nivel más bajo desde que el país integra el relevamiento del Reuters Institute, mientras que el 59% de los ciudadanos manifiesta preocupación por la circulación de información falsa en internet. En Brasil, donde la polarización política continúa condicionando el debate público, la evasión informativa alcanza al 46% de la población, por encima del promedio global y entre los niveles más altos de América Latina.

El fenómeno forma parte de una dinámica global más amplia detectada por el Digital News Report 2026: desde 2021, el interés intenso por las noticias cayó 13 puntos porcentuales en los 48 mercados analizados, los usuarios ocasionales o pasivos crecieron del 16% al 25%, y la confianza promedio en las noticias descendió hasta el 37%, el nivel más bajo desde que comenzó la medición. Paralelamente, la preocupación por la desinformación aumentó hasta alcanzar al 62% de los encuestados a nivel global.


Como telón de fondo de este ecosistema fracturado se alza la inteligencia artificial generativa. A pesar de los temores respecto a la pérdida de fiabilidad humana o la generación de desinformación profunda (deepfakes), los medios intentan incorporarla, en algunos casos a regañadientes, ante la escasez de recursos. El informe proyecta caídas significativas del tráfico proveniente de buscadores a medida que los motores de búsqueda evolucionan hacia sistemas capaces de responder preguntas directamente mediante IA.

A este escenario se suma el pánico financiero frente a lo que en la industria ya bautizaron como el “Google Zero” o “Zero clic”. Según el informe Journalism and Technology Trends and Predictions 2026 del Reuters Institute, los editores esperan que el tráfico proveniente de los motores de búsqueda se desplome en promedio un 43 por ciento en los próximos tres años debido a la expansión de los resúmenes automáticos creados por inteligencia artificial (los llamados Answer Engines).

La crisis de visibilidad se agrava con la proliferación de lo que los expertos denominan “AI Slop” (basura de IA): un volumen inabarcable de contenido sintético y granjas de noticias falsas automatizadas. El fenómeno ha escalado a tal punto que, en Estados Unidos, los portales locales “zombies” generados por IA ya superan en número a los sitios web de noticias locales reales.

En el Congreso de la Asociación Mundial de Medios y Editores de Noticias (WAN-IFRA), el presidente y editor ejecutivo de The New York Times, A.G. Sulzberger, advirtió que las empresas de inteligencia artificial están violando leyes consolidadas y exhortó a las organizaciones de noticias a defender sus derechos para garantizar un futuro sostenible para el periodismo: “Su apropiación del debate público es posible gracias al pecado original que da vida a sus productos de IA: un descarado robo de propiedad intelectual que se ha producido a una escala sin precedentes”. Es una realidad que sufren medios de diferentes países y escalas.

El periodismo en América Latina asiste a una cruda reconfiguración donde la asfixia económica, la judicialización del oficio, la violencia letal amparada en la impunidad y la estigmatización constante patrocinada desde los Estados convergen para erosionar el derecho básico a la información.

La estrategia de supervivencia frente a la automatización parece estar en volver a las raíces humanas del oficio. Según las predicciones del Reuters Institute para 2026, la respuesta de los medios ante la amenaza de la IA es apostar por la “distinción”: priorizarán fuertemente las investigaciones originales y la reportería en el lugar de los hechos, el análisis contextual y las historias profundamente humanas, reduciendo drásticamente la producción de noticias generales que un chatbot puede replicar fácilmente. Al mismo tiempo, el 79% de los editores planea una mayor inversión en video y el 71% en formatos de audio y podcast, al considerar que son narrativas mucho más difíciles de mercantilizar por los agregadores artificiales.

Enfrentar esta “tormenta perfecta”, como bien lo indican los informes de 2025 y 2026 y las alarmantes caídas de todos los indicadores de calidad y confianza en los medios, exigirá replantear de raíz tanto los modelos de resiliencia financiera a largo plazo como la defensa inclaudicable de las trincheras democráticas en el ámbito digital.

La historia del periodismo latinoamericano siempre estuvo atravesada por conflictos con el poder político, crisis económicas y transformaciones tecnológicas. Lo novedoso del escenario actual es la simultaneidad de todas esas amenazas: los gobiernos cuestionan la legitimidad de los medios, las plataformas digitales redefinen la distribución de la información, influencers y streamers capturan audiencias cada vez más amplias y la inteligencia artificial altera las reglas de producción y circulación de contenidos.

La supervivencia del periodismo ya no dependerá únicamente de encontrar nuevos modelos de negocio. También exigirá recuperar algo más difícil: la capacidad de convencer a las sociedades de que la información verificada sigue siendo un bien público indispensable en medio del ruido digital.

https://listindiario.com/la-republica/20260714/influencers-polarizacion-periodismo-militante_913780.html

Periodismo en tiempos de ruido: la verdad como resistencia democrática

La expansión de influencers militantes, la polarización digital, la violencia verbal y la inteligencia artificial aplicada a la desinformación obligan a defender el periodismo profesional como una institución esencial para la democracia, la convivencia ciudadana y el derecho colectivo a saber.

La gran batalla contemporánea por la verdad ya no se libra únicamente en las redacciones, en los tribunales, en las ruedas de prensa ni en los espacios tradicionales del poder. Hoy se libra, con una intensidad feroz, en las plataformas digitales, en los algoritmos, en los podcasts, en los canales de streaming, en las cuentas de influencers, en los grupos cerrados de mensajería y en esa inmensa plaza pública virtual donde la información, la propaganda, la emoción, el espectáculo y la mentira circulan muchas veces con la misma apariencia de legitimidad.

El periodismo vive una transformación de época. No enfrenta simplemente una crisis tecnológica ni una competencia por audiencias. Enfrenta una mutación profunda del ecosistema informativo, donde nuevos actores han conquistado influencia pública sin necesariamente asumir los deberes éticos, metodológicos y democráticos que exige informar. La expansión de creadores de contenido parcializados, el auge de los influencers militantes y la normalización de la violencia verbal han creado un clima donde el debate público se degrada, la verdad se relativiza y la discrepancia se convierte en enemistad.

El fenómeno descrito por Listín Diario, al abordar la relación entre influencers, polarización y periodismo militante, retrata un desafío que ya no pertenece a un solo país. La violencia digital, los hackeos, el doxxing, las campañas difamatorias generadas con inteligencia artificial y la proliferación de contenidos ideologizados forman parte de una nueva arquitectura de confrontación pública. Según el informe citado por ese medio, se registraron 182 alertas de violencia digital, pero el cambio más profundo está en la forma en que las audiencias se relacionan con quienes consumen, producen y amplifican información. [listindiario.com]

La amenaza no consiste en que existan influencers, streamers o creadores digitales. La democratización de la palabra es una conquista valiosa de la era tecnológica. Nunca antes tantas personas habían tenido la posibilidad de comunicar, denunciar, narrar, educar o construir comunidades desde sus propias plataformas. El problema aparece cuando esa influencia se ejerce sin método, sin verificación, sin responsabilidad y, peor aún, con el propósito deliberado de manipular emociones, destruir reputaciones, alimentar fanatismos o convertir la mentira en mercancía viral.

La diferencia entre periodismo y activismo no es menor. El activismo parte de una causa; el periodismo debe partir de los hechos. El activismo busca favorecer una agenda; el periodismo debe buscar la verdad, incluso cuando esa verdad incomode a quienes comparten nuestras simpatías, afectos o preferencias ideológicas. El activista selecciona lo que confirma su posición; el periodista está obligado a contrastar, verificar, contextualizar y escuchar varias versiones. Cuando esa frontera se borra, la sociedad pierde uno de sus mecanismos más importantes de defensa contra el abuso del poder.

Hoy se ha instalado una idea peligrosa: que ser objetivo es ser tibio. Esa falsedad ha contaminado el debate público. La objetividad no es indiferencia moral ni neutralidad ante la injusticia. La objetividad es disciplina intelectual. Es la voluntad de no mentir, de no manipular, de no deformar los hechos para complacer una tribu. Es el compromiso de mirar más allá del aplauso inmediato y de resistir la tentación de convertir cada noticia en munición de guerra cultural. En tiempos donde quien más grita parece tener más visibilidad, la serenidad del dato verificado se vuelve una forma de valentía.

La polarización ha convertido a muchos ciudadanos en consumidores de confirmación. Ya no buscan información para comprender, sino contenidos que los reafirmen. Las plataformas lo saben y los algoritmos lo explotan. La emocionalidad extrema retiene más tiempo, produce más reacciones y genera más tráfico. Por eso, la exageración, el insulto, la burla, el escándalo y la conspiración suelen viajar más rápido que la explicación rigurosa. El resultado es una ciudadanía informada a medias, indignada de manera permanente y cada vez menos dispuesta a escuchar al otro.

Ese deterioro del clima público amenaza la convivencia democrática. Una sociedad no puede deliberar si cada desacuerdo termina convertido en linchamiento digital. No puede construir consensos si toda opinión distinta es tratada como traición. No puede fortalecer sus instituciones si los hechos se subordinan a la conveniencia de los bandos. La democracia necesita conflicto, pero también necesita reglas, respeto, evidencia y lenguaje responsable. Sin esas condiciones, la conversación pública se convierte en una fábrica de resentimiento.

Los medios profesionales tampoco están exentos de responsabilidad. Sería ingenuo defender el periodismo sin reconocer sus errores, sus crisis de credibilidad, sus dependencias económicas, sus silencios selectivos y sus momentos de desconexión con la ciudadanía. Parte del terreno ganado por influencers y comunicadores digitales se explica por el vacío que dejaron medios incapaces de escuchar nuevas sensibilidades, explicar temas complejos con claridad o adaptarse a los cambios de consumo. La industria periodística debe hacer autocrítica, pero esa autocrítica no puede confundirse con la demolición del oficio.

El periodismo profesional sigue siendo indispensable porque aporta aquello que el ruido digital no puede garantizar por sí solo: método, edición, responsabilidad, trazabilidad, contraste, memoria institucional y obligación pública de rectificar. Un medio puede equivocarse, y de hecho se equivoca; pero cuando existe una cultura periodística seria, también existen procedimientos para corregir, revisar, confirmar y responder ante la audiencia. En cambio, muchos espacios de pseudoperiodismo digital se refugian en la impunidad de la viralidad: lanzan acusaciones, destruyen reputaciones y, cuando el daño está hecho, simplemente pasan al siguiente escándalo.

La inteligencia artificial agrava el desafío. Su potencial para apoyar investigaciones, procesar datos, traducir documentos, generar alertas o mejorar la productividad periodística es enorme. Pero también lo es su capacidad para fabricar contenido falso, producir imágenes engañosas, automatizar granjas de desinformación y saturar el ecosistema con basura digital. La llamada “AI Slop”, o basura generada por inteligencia artificial, no solo amenaza la calidad de la información; amenaza la posibilidad misma de distinguir entre lo auténtico y lo fabricado.

A ello se suma el fenómeno del “cero clic”, que puede reducir drásticamente el tráfico hacia los medios cuando los motores de búsqueda y asistentes de inteligencia artificial respondan directamente las preguntas de los usuarios sin conducirlos a las fuentes originales. Si el contenido periodístico es usado para alimentar sistemas automatizados que luego capturan audiencia y valor económico, la sostenibilidad del periodismo queda bajo amenaza. La sociedad debe entender que sin medios viables no hay investigación profunda, no hay reportería de calle, no hay cobertura territorial, no hay fiscalización del poder ni archivo confiable de la vida pública.

América Latina enfrenta esta tormenta en condiciones especialmente vulnerables. A la crisis tecnológica se suman la precariedad financiera, la violencia contra periodistas, la judicialización del oficio, la estigmatización desde sectores de poder y la creciente desconfianza ciudadana. El periodismo latinoamericano ha resistido dictaduras, censuras, crisis económicas y presiones políticas. Pero pocas veces había enfrentado tantas amenazas simultáneas: gobiernos que desacreditan a la prensa, plataformas que capturan la distribución, creadores digitales que absorben audiencias, inteligencia artificial que replica contenidos y ciudadanos fatigados que optan por desconectarse.

La evasión informativa es uno de los síntomas más preocupantes de esta época. Cuando la ciudadanía siente que todo es ruido, pelea, manipulación o propaganda, termina alejándose de las noticias. Ese alejamiento no produce sociedades más tranquilas, sino sociedades más vulnerables. Quien se desconecta de la información verificada queda más expuesto al rumor, al miedo, a la manipulación emocional y a la mentira diseñada para circular sin resistencia. La desinformación no triunfa únicamente cuando convence; también triunfa cuando agota.

La respuesta del periodismo no puede ser competir con los influencers en el terreno de la estridencia. No puede rebajarse al insulto para ganar audiencia ni abrazar el fanatismo para sobrevivir al algoritmo. Su salida está precisamente en lo que lo hace distinto: investigación original, reportería en el lugar de los hechos, análisis contextual, narrativas humanas, datos verificables, pluralidad, independencia editorial y una ética pública clara. En otras palabras, el periodismo debe volver a su raíz, pero con lenguaje contemporáneo, formatos innovadores y una conexión más honesta con las audiencias.

La República Dominicana no está fuera de esta realidad. Nuestro debate público también sufre los efectos de la polarización, la descalificación personal, la propaganda disfrazada de análisis y la tendencia a confundir notoriedad digital con autoridad moral o conocimiento. En ese contexto, defender el periodismo profesional no es defender privilegios corporativos; es defender el derecho de la sociedad dominicana a recibir información seria, contrastada y útil para tomar decisiones libres.

La libertad de expresión protege el derecho de todos a opinar, criticar y participar. Pero la libertad de expresión no convierte toda opinión en periodismo ni toda viralidad en verdad. El país necesita voces diversas, sí; necesita creadores digitales, comunicadores independientes, opinión ciudadana y nuevas plataformas. Pero también necesita estándares. Necesita distinguir entre informar y agitar, entre fiscalizar y difamar, entre opinión legítima y campaña de demolición, entre crítica pública y violencia verbal.

El gran desafío democrático de nuestra época consiste en reconstruir confianza. Y la confianza no se impone: se gana. Los medios deben ganarla con rigor, transparencia y coherencia. Los periodistas deben ganarla con independencia y humildad. Las plataformas deben asumir responsabilidad sobre los daños que amplifican. Los Estados deben proteger la libertad de prensa sin intentar domesticarla. Y la ciudadanía debe recuperar el valor de la información verificada como una herramienta de defensa frente a la manipulación.

En medio del ruido digital, la verdad parece menos espectacular que la mentira. No siempre grita, no siempre emociona de inmediato, no siempre confirma nuestras preferencias. Pero sin verdad no hay democracia posible. Sin periodismo no hay vigilancia efectiva del poder. Sin información confiable no hay ciudadanía plena. Y sin una conversación pública basada en hechos, la sociedad queda a merced de quienes convierten la confusión en negocio y la polarización en estrategia.

El periodismo no está llamado a ser perfecto, pero sí a ser necesario. No está llamado a gustarle a todos, pero sí a rendir cuentas ante la verdad. No está llamado a militar por bandos, sino a servir al interés público. En una época dominada por algoritmos, propaganda emocional e inteligencia artificial capaz de fabricar realidades, la misión del periodismo es más urgente que nunca: verificar cuando otros manipulan, contextualizar cuando otros simplifican, preguntar cuando otros aplauden y sostener la verdad cuando el ruido pretende enterrarla.

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

Claro, Luis. Aquí tienes una respuesta editorial y analítica para integrar al artículo:

¿Cómo pueden los medios tradicionales adaptarse a esta nueva realidad?

Los medios tradicionales deben entender que ya no compiten únicamente entre ellos, sino contra un ecosistema completo de plataformas, algoritmos, creadores de contenido, inteligencia artificial y audiencias fragmentadas. El Digital News Report 2026 del Reuters Institute señala que, por primera vez, las redes sociales y las plataformas de video superan globalmente a la televisión y a los sitios web de noticias como fuentes de información, lo que obliga a los medios a replantear su relación con las audiencias. [reutersins...s.ox.ac.uk], [reutersins...s.ox.ac.uk]

La adaptación no puede consistir en imitar el ruido de los influencers ni en sacrificar rigor por viralidad. Debe consistir en combinar la fortaleza histórica del periodismo —verificación, reportería, ética, edición, contexto y responsabilidad pública— con nuevos lenguajes narrativos: video, audio, pódcast, transmisiones en vivo, periodismo explicativo, visualización de datos y formatos breves para redes sociales. El Reuters Institute destaca que los medios están apostando cada vez más por investigaciones originales, análisis contextual, historias humanas, video y audio como respuesta ante la automatización y la competencia de la inteligencia artificial. [ifj.org], [ifj.org]

También deben construir comunidades, no solo audiencias. El influencer gana terreno porque genera cercanía, identificación emocional y sensación de autenticidad. Los medios deben recuperar esa conexión sin abandonar su método. Esto implica escuchar más, explicar mejor, transparentar sus procesos, mostrar cómo se verifica una información, corregir errores públicamente y fortalecer la relación directa con sus lectores, oyentes y usuarios.

El periodismo tradicional debe dejar de pensar que su autoridad se hereda por marca. En la era digital, la autoridad se demuestra todos los días. Se gana con independencia, profundidad, utilidad pública y capacidad para ofrecer aquello que el algoritmo no puede sustituir: criterio humano, investigación seria, presencia en el terreno y comprensión de los matices sociales.

¿Qué papel deben jugar los gobiernos en la regulación del periodismo digital?

Los gobiernos deben regular el ecosistema digital con extrema prudencia, porque existe una frontera delicada entre combatir la desinformación y abrir puertas a la censura. La prioridad del Estado no debe ser controlar contenidos periodísticos ni decidir qué opinión es válida, sino garantizar derechos: libertad de expresión, libertad de prensa, protección contra la violencia digital, transparencia en la publicidad política, defensa de datos personales y responsabilidad de las plataformas frente a campañas coordinadas de manipulación.

La regulación debe enfocarse en conductas dañinas verificables: suplantación de identidad, campañas de desinformación financiadas de manera opaca, uso fraudulento de inteligencia artificial, difusión maliciosa de datos privados, amenazas, acoso digital, manipulación electoral y publicidad política encubierta. El artículo de Listín Diario recuerda que la violencia digital incluye hackeos, doxxing e inteligencia artificial empleada para campañas difamatorias, fenómenos que ya forman parte del nuevo campo de batalla informativo. [listindiario.com]

Sin embargo, el gobierno no debe convertirse en árbitro de la verdad periodística. Esa función corresponde a una combinación de autorregulación profesional, justicia independiente, alfabetización mediática, organismos técnicos, sociedad civil, academia y mecanismos transparentes de rendición de cuentas. Cuando el poder político regula el discurso con criterios ambiguos, el riesgo es que termine castigando la crítica legítima bajo el pretexto de combatir la desinformación.

La mejor regulación es aquella que protege el debate democrático sin asfixiarlo. Debe exigir transparencia a las plataformas, trazabilidad de la propaganda política digital, identificación de contenidos generados por inteligencia artificial cuando puedan inducir a engaño, protección efectiva a periodistas y sanciones contra la violencia digital. Pero nunca debe ser utilizada para intimidar medios, perseguir voces críticas o imponer verdades oficiales.

¿Cómo puede recuperarse la confianza en los medios?

La confianza no se recupera con campañas de imagen, sino con coherencia editorial. Los medios deben demostrar que están al servicio de la verdad y del interés público, no de agendas ocultas, intereses económicos, militancias disfrazadas o pactos de conveniencia. El Reuters Institute reporta que la confianza promedio en las noticias se sitúa en torno al 37%, un nivel bajo que refleja cansancio, escepticismo y distanciamiento ciudadano frente al ecosistema informativo. [reutersins...s.ox.ac.uk], [ifj.org]

Para reconstruir credibilidad, los medios deben practicar una transparencia radical: explicar sus fuentes cuando sea posible, diferenciar con claridad noticia, opinión, análisis y publicidad; corregir errores de manera visible; evitar titulares engañosos; no amplificar rumores; y resistir la tentación de convertir cada tema en espectáculo. La objetividad no significa tibieza. Significa disciplina, equilibrio, contraste y respeto por los hechos.

También es indispensable recuperar el periodismo de calle. La ciudadanía confía más cuando ve periodistas presentes en los territorios, investigando problemas reales, escuchando comunidades, fiscalizando al poder y explicando cómo las decisiones públicas afectan la vida cotidiana. Frente a la inteligencia artificial y al contenido sintético, el valor del periodismo estará cada vez más en lo humano: mirar, preguntar, verificar, narrar y contextualizar desde la realidad.

La confianza también exige pluralidad. Un medio que solo habla para una tribu termina perdiendo autoridad pública. La sociedad necesita medios capaces de incomodar a todos los poderes, no solo a los adversarios ideológicos de turno. Cuando un medio denuncia selectivamente, silencia convenientemente o editorializa sin admitirlo, erosiona su propia legitimidad.

En definitiva, los medios tradicionales podrán sobrevivir si entienden que la nueva realidad no exige abandonar el periodismo, sino hacerlo mejor. Los gobiernos deben regular sin censurar. Las plataformas deben asumir responsabilidad sin sustituir la libertad de expresión. Y los ciudadanos deben aprender a distinguir entre información, propaganda, entretenimiento, activismo y manipulación.

La democracia necesita medios fuertes, pero también medios humildes, transparentes y responsables. En medio del ruido digital, la confianza será el nuevo capital del periodismo. Y solo la recuperarán quienes sean capaces de demostrar, con hechos y no con discursos, que informar sigue siendo un servicio público esencial.

jueves, 26 de marzo de 2026

Cuando la mentira se vuelve tendencia: rumores de muerte, guerra y el “efecto IA” | Benjamin Netanyahu vive

Cuando la mentira se vuelve tendencia: rumores de muerte, guerra y el “efecto IA”

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

En tiempos de conflicto, la información deja de ser un simple insumo para convertirse en un campo de batalla. Y en ese terreno, la desinformación no solo confunde: desgasta la confianza pública, altera el comportamiento social y puede empujar decisiones de alto riesgo. El reciente episodio en el que circularon rumores sobre la muerte de un jefe de gobierno en Medio Oriente —y la posterior difusión de un video para desmentirlos— no es una anécdota ligera de redes sociales; es una fotografía nítida de una era donde el rumor compite con la realidad en igualdad de condiciones… y a menudo la supera en velocidad. 

El guion es conocido: una afirmación explosiva surge en plataformas digitales, se multiplica a través de cuentas que operan con lógica de propaganda o sensacionalismo, y se sostiene en “pruebas” visuales de baja calidad —capturas, recortes, supuestos “detalles” de imagen— que se presentan como evidencia irrefutable. En este caso, se añadió un ingrediente aún más corrosivo: la sospecha de que una aparición pública podía estar generada por inteligencia artificial, alimentada por una narrativa viral sobre “dedos de más” y, por tanto, un supuesto deepfake. Verificadores y medios reportaron que se trataba de contenidos engañosos y atribuyeron la percepción a manipulación o a efectos visuales/ángulos.

Lo más revelador no es la existencia del rumor —eso ha acompañado a la política y la guerra desde siempre— sino la facilidad con la que un ecosistema digital puede “fabricar plausibilidad”. Basta una imagen falsa con apariencia oficial o una traducción sacada de contexto para que el público lo considere posible. De hecho, se ha señalado que parte de la ola de rumores se alimentó de capturas supuestamente vinculadas a cuentas oficiales y de difusión posterior en redes. 

Aquí aparece el gran cambio de época: la IA no solo produce contenidos; también produce un nuevo estado mental colectivo: la duda permanente. Aunque el video publicado para desmentir el rumor fue reportado y verificado en ubicación y fecha por agencias y medios —incluyendo verificación de la cafetería y coincidencia con imágenes del lugar—, la conversación digital no se cerró: mutó. Pasó de “está muerto” a “el video es falso” y luego a “la realidad es indescifrable”. Este desplazamiento es el corazón del problema: la desinformación moderna no siempre busca que la gente crea una mentira específica; a veces busca algo más útil para quien manipula: que la gente deje de creer en cualquier cosa. 

De ahí que el episodio tenga valor editorial como advertencia. Cuando una sociedad entra en “modo sospecha”, la confianza se derrumba en cascada: en la prensa, en las instituciones, en las fuentes oficiales, incluso en la evidencia audiovisual. Y en escenarios de guerra —donde existen restricciones de seguridad, baja disponibilidad de prensa y control de imágenes— ese vacío informativo se convierte en combustible perfecto para teorías conspirativas. Reuters, por ejemplo, destacó que el acceso mediático ha sido limitado y que los videos se distribuyen desde oficinas gubernamentales en un contexto de restricciones de emergencia; esa combinación, aunque tenga explicaciones operativas, también puede alimentar la sospecha pública si no se acompaña de transparencia verificable. 

Hay un punto adicional que los países deben comprender: la desinformación no viaja sola. Viaja con emociones. Rumores de muerte, golpes de estado o “pruebas” de deepfakes activan miedo, ira o euforia, y esas emociones son un acelerador algorítmico. Por eso, la respuesta no puede reducirse a desmentidos puntuales. Un desmentido es necesario, sí, pero es insuficiente cuando la mentira se monetiza con clics o se instrumentaliza para objetivos políticos. Incluso cuando verificadores aportan evidencia contextual (imágenes del lugar, publicaciones del establecimiento visitado, comparación de interiores), siempre habrá un segmento que no se moverá por pruebas, sino por identidad y tribu digital. 

Este caso también deja una lección crítica: la alfabetización mediática ya es seguridad nacional. No es un slogan. En ambientes de alta tensión, un rumor puede provocar desplazamientos innecesarios, compras de pánico, estigmatización de grupos o reacciones violentas. Y si el rumor afecta a figuras de decisión, puede incidir en percepciones de estabilidad, mercados y posturas diplomáticas. La pregunta clave para cualquier Estado moderno no es si enfrentará campañas de desinformación, sino cuándo y con qué preparación institucional.

¿Qué hacer, entonces, cuando la realidad se disputa en pantallas?

Primero, fortalecer el “triángulo de verificación”: fuentes oficiales con trazabilidad (metadatos, registros), medios responsables y verificadores independientes. Cuando la verificación se hace visible —cómo se comprobó el lugar, la fecha, la continuidad del evento— el ciudadano recupera un mapa de confianza, aunque no sea perfecto. Las piezas que documentan verificación contextual (como coincidencia del interior del local y publicaciones del mismo día) son un modelo útil. 

Segundo, protocolos de crisis comunicacional en tiempo real. En contextos de alta tensión, el silencio prolongado crea vacío; el vacío lo llena la especulación. No se trata de propaganda, sino de gobernanza informativa: comunicados frecuentes, comparecencias con validación cruzada y acceso a preguntas verificables. Cuando la comunicación institucional se reduce a “clips”, la audiencia se vuelve más vulnerable a narrativas alternativas que prometen “la verdad oculta”. 

Tercero, educación digital práctica para la ciudadanía. No talleres teóricos; herramientas simples: (1) buscar confirmación en más de una fuente, (2) sospechar de capturas sin enlace original, (3) revisar si verificadores ya trataron el tema, (4) diferenciar “posible” de “probable”. La desinformación se combate con hábitos, no solo con comunicados. Casos como el rumor de muerte difundido y luego desmentido muestran por qué esos hábitos importan.

Cuarto, responsabilidad de plataformas y etiquetado transparente. Cuando la IA entra al debate, la plataforma debe reducir el margen de ambigüedad: contexto sobre el origen del video, fecha de publicación, etiquetas consistentes, y fricción algorítmica para contenidos no verificados. Si no, ocurre lo que ya estamos viendo: incluso desmentidos terminan alimentando la conversación conspirativa (“si lo niegan, es porque es verdad”). 

Al final, este episodio no trata solo de una burla ante rumores: trata de una guerra paralela, la que se libra en el ecosistema de información. Y esa guerra tiene un objetivo estratégico: controlar percepciones, erosionar confianza y condicionar decisiones. La gran amenaza del “efecto IA” no es únicamente que existan deepfakes; es que, con o sin deepfakes, el ciudadano común se acostumbre a pensar que nada es verificable. Y cuando una sociedad se instala en ese relativismo, pierde su defensa más importante: el criterio.

La conclusión es incómoda, pero necesaria: en la era digital, la verdad necesita infraestructura. Infraestructura de verificación, de transparencia, de educación mediática y de responsabilidad tecnológica. Porque si la mentira se vuelve tendencia y la duda se vuelve cultura, la democracia —y la seguridad— quedan a merced del algoritmo.

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Noticia relacionada: 

✅ Benjamin Netanyahu está vivo.
Los rumores sobre su supuesta muerte son falsos y han sido desmentidos oficialmente.

Evidencia comprobada

  • El propio Benjamin Netanyahu publicó un video el 15 de marzo de 2026 respondiendo de forma irónica a los rumores sobre su muerte, grabado en un café en Israel, demostrando que se encuentra con vida y activo públicamente. [timesofisrael.com]
  • Reuters confirmó que Netanyahu difundió ese video específicamente para desmentir versiones provenientes de redes sociales y medios iraníes que aseguraban falsamente que había muerto en un ataque. [yahoo.com]
  • Fact-checks independientes (Yahoo News, Newsweek, Times of Israel) verificaron que:
    • No hubo ningún comunicado oficial anunciando su muerte.
    • Capturas de pantalla atribuidas a la cuenta oficial del Primer Ministro eran falsificadas.
    • Videos virales que alegaban señales de “IA” (como el rumor de “seis dedos”) fueron manipulaciones o ilusiones ópticas, no pruebas reales. [newsweek.com], [news.meaww.com]

Conclusión

📌 Benjamin Netanyahu vive y continúa ejerciendo funciones públicas.
Las versiones sobre su fallecimiento forman parte de una campaña de desinformación, ampliamente documentada y desmentida por fuentes oficiales, agencias internacionales y verificadores de hechos.

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Benjamin Netanyahu está vivo: desinformación y verificación en tiempo real

Benjamin Netanyahu vive y se encuentra activo, pese a la circulación de rumores falsos en redes sociales y plataformas digitales que afirmaban su supuesta muerte en el contexto de la escalada militar en Oriente Medio. Estas versiones, amplificadas principalmente desde cuentas no verificadas y medios alineados con la narrativa iraní, fueron desmentidas de manera directa y pública por el propio primer ministro israelí, quien el 15 de marzo de 2026 difundió un video grabado en un café en Israel, ironizando sobre las teorías conspirativas y confirmando visualmente su presencia y normalidad. [timesofisrael.com]

Agencias internacionales y medios de verificación independientes corroboraron que no existe ningún comunicado oficial, parte médico ni anuncio institucional que sustente la versión de su fallecimiento. Reuters confirmó que el video fue publicado específicamente para contrarrestar una campaña de desinformación que incluía imágenes manipuladas y capturas de pantalla falsificadas atribuidas a cuentas oficiales del Gobierno israelí. Asimismo, verificadores como Newsweek y Yahoo News concluyeron que los elementos utilizados para sembrar dudas —incluidos videos editados y acusaciones de uso de inteligencia artificial— carecen de sustento factual y responden a patrones clásicos de guerra informativa en escenarios de conflicto. [yahoo.com] [newsweek.com]

En consecuencia, no hay ninguna duda razonable sobre el estado vital de Benjamin Netanyahu. El caso ilustra cómo, en contextos de alta tensión geopolítica, la desinformación puede operar como un instrumento estratégico para generar confusión, erosionar la credibilidad institucional y manipular la percepción pública, haciendo indispensable la verificación con fuentes oficiales y medios internacionales confiables.

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Cuando la mentira se vuelve tendencia: rumores de muerte, guerra y el “efecto IA”

Un marco de política pública para la integridad informativa y la resiliencia social
Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Resumen | En escenarios de conflicto, la información deja de ser un insumo neutral y pasa a operar como un espacio de confrontación estratégica, donde la desinformación puede erosionar la confianza pública, alterar conductas colectivas y elevar la probabilidad de decisiones de alto riesgo. Este paper examina el episodio reciente de rumores sobre la supuesta muerte del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y su desmentido público mediante un video, como “caso-síntoma” de un fenómeno más amplio: la fabricación de plausibilidad en el ecosistema digital y la expansión del “efecto IA”, entendido como la instalación social de la duda permanente sobre la autenticidad de la evidencia audiovisual. Reuters reportó que Netanyahu publicó un video el 15 de marzo de 2026 para contrarrestar rumores difundidos por medios estatales iraníes y amplificados en redes, y que la agencia verificó la ubicación y la fecha mediante contraste con imágenes del lugar y publicaciones del establecimiento. [usnews.com], [uk.news.yahoo.com]

A partir de análisis documental y un enfoque de teoría del cambio, se propone una arquitectura de políticas públicas orientada al Poder Ejecutivo para fortalecer la “infraestructura de la verdad”: trazabilidad institucional, protocolos de comunicación de crisis, alfabetización mediática como componente de seguridad nacional, responsabilidad y transparencia de plataformas, y adopción progresiva de estándares técnicos de procedencia (provenance) y autenticidad de contenidos. La pertinencia estratégica es consistente con diagnósticos internacionales que ubican la desinformación entre los principales riesgos contemporáneos para la cohesión social y la gobernanza, como lo destaca el Global Risks Report 2025 del Foro Económico Mundial, que sitúa la desinformación entre los riesgos de corto plazo más críticos. [weforum.org], [reliefweb.int]

El paper argumenta que la respuesta pública no puede limitarse a desmentidos puntuales. La desinformación moderna —especialmente cuando se apoya en narrativas de “deepfakes” y sospechas de contenido sintético— busca, con frecuencia, no solo instalar una mentira específica, sino degradar la posibilidad misma de acordar hechos compartidos, debilitando la deliberación democrática y la efectividad estatal. Esta lógica coincide con marcos analíticos como “Truth Decay” (RAND), que describen la disminución del papel de los hechos y el análisis en la vida pública, el aumento del peso de la opinión sobre la evidencia y la caída de la confianza en fuentes tradicionales de información. [rand.org], [rand.org]

Palabras clave: desinformación; integridad informativa; deepfakes; inteligencia artificial; resiliencia social; comunicación de crisis; alfabetización mediática; seguridad nacional; gobernanza digital; trazabilidad de contenidos.


1. Introducción: del rumor como anécdota al rumor como arma

La política y la guerra siempre han convivido con el rumor. Lo novedoso no es su existencia, sino su capacidad contemporánea de adquirir escala, velocidad y apariencia de prueba en cuestión de minutos, a menudo con costos estratégicos. El Global Risks Report 2025 del Foro Económico Mundial identifica la desinformación como un riesgo de corto plazo que erosiona confianza y alimenta inestabilidad, subrayando que la fractura de la confianza es un componente estructural del paisaje de riesgo global. En paralelo, el informe de la OCDE sobre integridad informativa enfatiza que la desinformación puede afectar áreas que van desde salud pública hasta seguridad nacional, y que una respuesta democrática requiere mejorar transparencia, rendición de cuentas y resiliencia social sin caer en control gubernamental excesivo. [weforum.org], [reliefweb.int] [espas.secu....europa.eu], [uspc-spo.p...sgroup.com]

En este entorno, la pregunta para los Estados ya no es si enfrentarán campañas de desinformación, sino cuándo y con qué preparación institucional. La OCDE, en su Survey on Drivers of Trust in Public Institutions (2024), incorpora explícitamente cómo un entorno marcado por contenido polarizante y desinformación afecta los niveles de confianza institucional, lo cual es crucial para la gobernabilidad en crisis. A la vez, UNESCO plantea que la alfabetización mediática e informacional (MIL) es un conjunto de competencias esenciales para navegar la proliferación de mis- y desinformación y la caída de la confianza en tecnologías digitales, incluida la IA. [oecd.org] [unesco.org], [unesco.org]

Este paper toma como punto de partida un episodio mediático global, pero su objetivo es práctico: ofrecer orientación al Poder Ejecutivo y tomadores de decisión sobre cómo construir resiliencia social frente a la desinformación y el “efecto IA”. La tesis central es que la verdad, en la era digital, necesita infraestructura: reglas, capacidades, estándares técnicos y hábitos ciudadanos. NIST, por ejemplo, ha sistematizado riesgos y acciones para gestionar riesgos de IA (AI RMF) y, más específicamente, para reducir riesgos del contenido sintético mediante transparencia y autenticación digital, incluyendo marcas de agua, metadatos y mecanismos de procedencia. [nist.gov], [nvlpubs.nist.gov]


2. El caso-síntoma: rumores de muerte, restricciones informativas y sospecha de IA

En marzo de 2026 circularon rumores sobre la presunta muerte o lesión de Benjamin Netanyahu, amplificados por redes sociales y medios estatales iraníes. Reuters reportó que Netanyahu publicó un video en un café para desmentir la versión, y que la agencia verificó tanto la ubicación como la fecha mediante contraste con imágenes del lugar y publicaciones del establecimiento. De forma consistente, The Times of Israel describió el video como una respuesta a teorías conspirativas sobre su muerte y a la sospecha de que una comparecencia previa habría sido generada con IA, alimentada por la narrativa viral de “seis dedos”. [usnews.com], [uk.news.yahoo.com] [timesofisrael.com], [newsweek.com]

Este episodio es instructivo por dos razones. Primero, exhibe un patrón clásico de propaganda y sensacionalismo: una afirmación explosiva, “evidencias” visuales de baja calidad (capturas o recortes), y un ecosistema de cuentas que maximizan alcance por indignación. Segundo, incorpora el componente contemporáneo más corrosivo: la disputa sobre la autenticidad de la evidencia audiovisual. Newsweek recogió cómo una lectura errónea o manipulada de un fotograma (“seis dedos”) disparó especulaciones de deepfake y reforzó el rumor, pese a la ausencia de pruebas robustas y a desmentidos oficiales. [yahoo.com], [geo.tv]

La dimensión estructural aparece cuando Reuters añade un elemento contextual: el acceso mediático a las visitas del primer ministro habría sido limitado por las condiciones de emergencia y restricciones de seguridad, con distribución de videos desde su oficina. Aunque estas restricciones pueden ser operativamente justificables, también abren espacio para que actores maliciosos presenten el vacío de verificación independiente como “prueba” de encubrimiento. La UNESCO, al proponer gobernanza de plataformas con enfoque de derechos, advierte precisamente sobre la necesidad de respuestas consistentes en contextos sensibles (elecciones, crisis) donde el riesgo de desinformación se intensifica. [usnews.com], [cadeproject.org] [weforum.org], [airc.nist.gov]

El resultado más relevante no es que “alguien creyera” el rumor, sino la mutación narrativa: de “está muerto” a “el video es falso” y, finalmente, a “la realidad es indescifrable”. Ese desplazamiento coincide con el marco de RAND sobre “Truth Decay”: el problema no siempre es una mentira concreta, sino el debilitamiento del rol social de los hechos y el aumento del cinismo epistémico, que erosiona la posibilidad de deliberación y acción colectiva. [rand.org], [rand.org]


3. Marco conceptual: desinformación, “efecto IA” e integridad informativa

Para propósitos de política pública, conviene distinguir tres capas. La primera es la desinformación como contenido falso o engañoso difundido con intención de manipular o ganar ventaja política/económica. El segundo plano es la arquitectura de amplificación: algoritmos de recomendación, incentivos comerciales y dinámicas de viralidad que premian el contenido emocional. La tercera capa es el “efecto IA”: la pérdida de confianza en la evidencia audiovisual por la disponibilidad de herramientas capaces de generar o alterar contenidos con alta verosimilitud, y por la percepción social de que “todo puede ser un deepfake”. La OCDE identifica explícitamente a la IA generativa como un factor que modifica el panorama de riesgos de desinformación y exige nuevas medidas de gobernanza e integridad informativa. [espas.secu....europa.eu], [uspc-spo.p...sgroup.com]

En este punto, la tecnología no es solo una fábrica de contenidos; también es una fábrica de incertidumbre. NIST, en su documento sobre transparencia de contenido sintético, sistematiza enfoques técnicos como marcas de agua, registro de metadatos y mecanismos de autenticación, precisamente porque el desafío no se limita a detectar “falsos”, sino a crear señales confiables de procedencia y cambios. El AI Risk Management Framework (AI RMF) de NIST, además, enfatiza la necesidad de incorporar consideraciones de confiabilidad, rendición de cuentas y transparencia en el diseño y uso de sistemas de IA. [nvlpubs.nist.gov], [nvlpubs.nist.gov] [nist.gov], [commission.europa.eu]

Desde la perspectiva de gobernanza, la respuesta estatal debe evitar el error de confundir integridad informativa con control informativo. La OCDE subraya que combatir la desinformación “nunca debe tratarse de controlar la información” y propone un enfoque equilibrado con apoyo a pluralidad informativa, transparencia y alfabetización mediática. UNESCO, en la misma línea de derechos, impulsa directrices para gobernanza de plataformas orientadas a combatir desinformación y odio salvaguardando libertad de expresión y acceso a información. [espas.secu....europa.eu], [uspc-spo.p...sgroup.com] [weforum.org], [airc.nist.gov]


4. Metodología: análisis documental y teoría del cambio orientada a Estado

Este paper utiliza análisis documental de fuentes primarias y secundarias: reportes de organismos multilaterales (WEF, OCDE, UNESCO), guías técnicas (NIST), marcos regulatorios comparados (Comisión Europea) y cobertura verificada del caso-síntoma (Reuters, Times of Israel, verificaciones mediáticas). La lógica analítica adopta una teoría del cambio: identificar insumos (capacidades institucionales, estándares, educación), actividades (protocolos, cooperación, transparencia), productos (señales de autenticidad, comunicación rápida), resultados (aumento de confianza verificable, reducción de pánico) e impacto (resiliencia democrática y social ante crisis). [weforum.org], [espas.secu....europa.eu], [nist.gov], [usnews.com] [rand.org], [nvlpubs.nist.gov]

La elección del caso Netanyahu no busca extrapolar a su contexto político específico, sino usar un ejemplo internacional reciente y altamente visible para extraer lecciones de política replicables por Estados medianos y democracias en desarrollo. Reuters ofrece un elemento metodológico crucial: la verificación de ubicación y fecha mediante triangulación con imágenes del lugar y publicaciones del establecimiento, mostrando qué significa “verificación contextual” en tiempo real. Este estándar de verificación —triangulación y trazabilidad— es una pieza clave de la infraestructura pública de verdad que aquí se propone. [usnews.com], [uk.news.yahoo.com] [nvlpubs.nist.gov], [unesco.org]


5. Anatomía de la “plausibilidad fabricada”: cómo se construye un rumor creíble

La plausibilidad fabricada se construye combinando tres elementos: (a) un disparador emocional (muerte, golpe, ataque), (b) una “prueba” visual con apariencia institucional (captura de pantalla, supuesto comunicado) y (c) una narrativa técnica que explique por qué “no hay confirmación” (restricciones mediáticas, censura, deepfakes). The Times of Israel documentó que parte del impulso vino de una captura falsificada atribuida a una cuenta oficial, un patrón frecuente en campañas de manipulación de información. Reuters, por su parte, contextualiza cómo la limitada disponibilidad de prensa y la distribución de videos desde una oficina pueden alimentar sospechas, aun cuando la razón sea seguridad. [timesofisrael.com], [newsweek.com] [usnews.com], [cadeproject.org]

La “capa IA” añade un giro: introduce una acusación difícil de refutar para el ciudadano promedio (“eso es un deepfake”), y transforma cualquier evidencia en combustible para la duda. NIST reconoce que el contenido sintético puede generar daños y riesgos que requieren enfoques de transparencia digital, precisamente para evitar que la discusión se estanque en “creo/no creo” sin herramientas verificables. La OCDE advierte que la IA generativa puede incrementar el volumen, la calidad aparente y la personalización de la desinformación, elevando el desafío para democracias y reguladores. [nvlpubs.nist.gov], [nist.gov] [espas.secu....europa.eu], [uspc-spo.p...sgroup.com]

En términos de comportamiento social, el rumor viaja con emociones. El WEF indica que la desinformación puede alimentar polarización e inestabilidad, lo que en la práctica se traduce en picos de ansiedad colectiva, conductas de pánico y presión sobre decisiones públicas. RAND, con “Truth Decay”, enfatiza que la erosión del rol de hechos y análisis conduce a parálisis política y deterioro del discurso civil, condiciones que reducen la capacidad estatal de construir consensos en crisis. [weforum.org], [reliefweb.int] [rand.org], [rand.org]


6. Implicaciones para el Estado: por qué esto es política pública y no “tema de redes”

La desinformación en crisis no es solo un problema comunicacional; es un problema de gobernanza y seguridad. Cuando se debilita la confianza en fuentes oficiales y medios verificados, se degrada la efectividad de políticas públicas: instrucciones de protección civil, campañas de salud, medidas económicas y mensajes diplomáticos pierden tracción. La OCDE conecta directamente el entorno de desinformación con la confianza en instituciones y destaca que reforzar la integridad informativa requiere medidas de transparencia, pluralidad y resiliencia social. El WEF sitúa la desinformación como riesgo de corto plazo capaz de socavar gobernanza y cooperación, que son justamente las capacidades críticas para gestionar crisis multidimensionales. [oecd.org], [espas.secu....europa.eu] [weforum.org], [reliefweb.int]

En democracias con recursos limitados, el costo relativo puede ser mayor: un rumor puede alterar mercados, producir compras de pánico o afectar reputación internacional. Además, si la evidencia audiovisual pierde credibilidad social, la comunicación pública se vuelve menos efectiva. NIST propone que la mitigación requiere mecanismos técnicos de transparencia de contenido y gestión de riesgos de IA incorporados a procesos institucionales, no solo a empresas tecnológicas. UNESCO agrega que la alfabetización mediática e informacional debe ser una estrategia nacional, integrada a políticas educativas y de ciudadanía digital, para construir capacidades sostenidas de pensamiento crítico. [nvlpubs.nist.gov], [nist.gov] [unesco.org], [unesco.org]

La experiencia comparada sugiere que la gobernanza de plataformas también importa. La Comisión Europea, en su marco de integridad informativa, vincula el Digital Services Act (DSA) con obligaciones de transparencia, evaluación de riesgos y medidas de mitigación para plataformas grandes, incluyendo riesgos como desinformación y manipulación electoral. Además, el propio ecosistema regulatorio europeo comenzó a producir reportes anuales sobre riesgos sistémicos en plataformas muy grandes, destacando tecnologías emergentes como la IA generativa como parte del paisaje de riesgos. [ec.europa.eu], [digital-st....europa.eu] [c2pa.org], [ec.europa.eu]


7. Teoría del cambio: la “infraestructura de la verdad” como política de resiliencia

Insumos: capacidades institucionales de verificación, marcos normativos de transparencia, acuerdos con plataformas, estándares técnicos de autenticidad, y educación ciudadana. UNESCO sostiene que las competencias MIL permiten navegar el entorno digital con criticidad, y que los Estados deben apoyar políticas y estrategias nacionales de alfabetización mediática. NIST provee un marco aplicable para gestionar riesgos de IA y un compendio de enfoques técnicos para transparencia de contenido sintético. [unesco.org], [unesco.org] [nist.gov], [nvlpubs.nist.gov]

Actividades: protocolos de comunicación de crisis, “triangulación visible” de la verificación, despliegue de señales de procedencia y autenticidad, y cooperación internacional. El caso Reuters muestra cómo la verificación contextual de ubicación y fecha puede presentarse como parte de la narrativa pública para reducir incertidumbre. En paralelo, estándares industriales como C2PA proponen “Content Credentials” como metadatos firmados criptográficamente que registran origen y ediciones, actuando como una “etiqueta nutricional” para contenidos digitales, lo que podría integrarse gradualmente en comunicación pública y ecosistemas mediáticos. [usnews.com], [uk.news.yahoo.com] [c2pa.org], [spec.c2pa.org]

Productos: mensajes oficiales trazables, repositorios de evidencia verificada, etiquetado de autenticidad, y campañas de hábitos de verificación. La Comisión Europea describe que el DSA crea un marco de transparencia y rendición de cuentas que incluye obligaciones de evaluación de riesgo y mitigación para plataformas muy grandes, lo que sugiere que la política pública puede exigir mecanismos verificables en vez de confiar en autorregulación informal. La OCDE coincide en que las estrategias nacionales integrales siguen siendo la excepción, lo que vuelve prioritario institucionalizar enfoques que fortalezcan la integridad informativa en democracia. [digital-st....europa.eu], [ec.europa.eu] [espas.secu....europa.eu], [uspc-spo.p...sgroup.com]

Resultados e impacto: mayor confianza social en información crítica durante crisis, reducción de pánico y mayor cumplimiento de instrucciones públicas, con beneficios en seguridad, salud y estabilidad. El WEF conecta explícitamente desinformación con erosión de confianza y riesgos de inestabilidad, mientras RAND subraya que sin acuerdo mínimo sobre hechos se dificulta el diseño e implementación de políticas efectivas. [weforum.org], [rand.org]


8. Propuesta para el Poder Ejecutivo: cinco pilares de política pública (aplicables a República Dominicana)

Pilar 1: Gobernanza nacional de integridad informativa (sin censura, con evidencia)

Una estrategia nacional debe partir de un principio rector: reforzar integridad informativa no equivale a controlar la conversación pública. La OCDE insiste en un enfoque “positivo pero no intrusivo”, orientado a transparencia, pluralidad, apoyo a periodismo independiente y alfabetización, evitando mecanismos que deriven en control estatal de la información. UNESCO, por su parte, propone directrices de gobernanza de plataformas basadas en derechos, con debida diligencia y evaluación de impactos en derechos humanos. [espas.secu....europa.eu], [uspc-spo.p...sgroup.com] [weforum.org], [airc.nist.gov]

En práctica ejecutiva, esto supone crear una coordinación interinstitucional (comunicación gubernamental, protección civil, ciberseguridad, educación, reguladores) con mandato de preparar, ensayar y ejecutar respuestas informativas en crisis. La OCDE aporta evidencia de que el entorno de desinformación afecta la confianza en instituciones, lo que justifica integrar integridad informativa como parte de políticas de confianza y gobernanza. RAND complementa que la caída del rol de hechos y análisis impone costos sobre el sistema político, incluida parálisis y deterioro del discurso civil, por lo que la respuesta debe ser sistémica. [oecd.org], [espas.secu....europa.eu] [rand.org], [rand.org]

Pilar 2: Protocolos de comunicación de crisis en tiempo real (“vacío cero”)

El vacío informativo es el aliado natural del rumor. El caso Reuters muestra que incluso con un desmentido, el debate puede migrar hacia la sospecha de IA, por lo que la comunicación debe ser rápida, frecuente y verificable. UNESCO plantea que en contextos sensibles (crisis, elecciones) deben existir medidas consistentes que protejan derechos y reduzcan el margen de propagación de desinformación. [usnews.com], [cadeproject.org] [weforum.org], [airc.nist.gov]

Un protocolo ejecutivo efectivo incorpora comparecencias periódicas, acceso a preguntas verificables, repositorios de evidencia y “trazabilidad visible” (cómo se verificó, con qué fuentes, qué se sabe y qué no). NIST recomienda enfoques de transparencia digital —metadatos y autenticación— para reducir riesgos del contenido sintético, lo que es especialmente útil para comunicación institucional basada en imagen y video. En el plano regulatorio comparado, el DSA europeo se apoya en obligaciones de transparencia y evaluación de riesgos, ofreciendo un precedente de cómo convertir “buenas intenciones” en prácticas auditables. [nvlpubs.nist.gov], [nist.gov] [digital-st....europa.eu], [ec.europa.eu]

Pilar 3: Alfabetización mediática como seguridad nacional y resiliencia social

La alfabetización mediática e informacional debe salir del terreno declarativo. UNESCO sostiene que MIL es esencial para enfrentar mis- y desinformación y navegar tecnologías como la IA, y que los Estados deben promover políticas y estrategias nacionales integradas. La OCDE converge al recomendar fortalecimiento de resiliencia social mediante habilidades de consumo crítico, sin sustituir el pluralismo ni la libertad de expresión. [unesco.org], [unesco.org] [espas.secu....europa.eu], [uspc-spo.p...sgroup.com]

Para un país como República Dominicana, esto implica integrar competencias prácticas en currículo escolar, formación docente, campañas públicas y programas comunitarios, con énfasis en hábitos simples de verificación. La evidencia de RAND sobre “Truth Decay” sugiere que cuando la línea entre opinión y hecho se difumina, aumentan la polarización y la parálisis, por lo que la educación cívica y mediática es inversión en gobernabilidad. Además, el WEF alerta que la desinformación amenaza cohesión social y gobernanza, reforzando el argumento de que alfabetización mediática es un componente de resiliencia nacional. [rand.org], [rand.org] [weforum.org], [reliefweb.int]

Pilar 4: Estándares técnicos de autenticidad: procedencia, metadatos y “credenciales de contenido”

La respuesta moderna debe incluir tecnología para defender la verificación. NIST describe rutas técnicas para transparencia de contenido sintético, incluyendo marcas de agua, registro de metadatos y autenticación, precisamente para ofrecer señales verificables de procedencia y cambios. En el plano industrial, C2PA propone un estándar abierto de procedencia y autenticidad con metadatos firmados criptográficamente (“Content Credentials”) que permiten rastrear origen y ediciones, buscando mejorar transparencia en el ecosistema de contenidos. [nvlpubs.nist.gov], [nvlpubs.nist.gov] [c2pa.org]

La política pública puede promover adopción gradual de estas herramientas en comunicación gubernamental (ruedas de prensa, piezas audiovisuales, campañas de emergencia), en alianza con medios, universidades y sector privado. En la práctica, esto crea una asimetría favorable: la evidencia oficial no solo “dice”, sino que “muestra” su historia verificable. NIST subraya que la gestión de riesgos de IA requiere enfoques organizacionales y técnicos que incorporen confiabilidad y transparencia en sistemas y productos. Y el DSA europeo confirma la tendencia internacional hacia exigencias de transparencia y mitigación de riesgos sistémicos en plataformas, lo que fortalece la idea de que la autenticidad verificable se está convirtiendo en norma. [nist.gov], [commission.europa.eu] [c2pa.org], [digital-st....europa.eu]

Pilar 5: Responsabilidad y cooperación con plataformas: transparencia, fricción y auditoría

La infraestructura de la verdad no se completa sin plataformas. El marco europeo destaca obligaciones para plataformas grandes en materia de transparencia, algoritmos, reportes y mitigación basada en riesgo, con el objetivo de crear un entorno en línea más seguro y confiable. Además, la Comisión Europea y coordinadores digitales publicaron reportes sobre riesgos sistémicos que incluyen la propagación de contenido ilegal o dañino y el impacto de tecnologías emergentes como la IA generativa. [digital-st....europa.eu], [ec.europa.eu] [c2pa.org], [ec.europa.eu]

En términos ejecutivos, esto se traduce en acuerdos de cooperación para etiquetado contextual, mecanismos rápidos de reporte en crisis, priorización de fuentes verificadas en emergencias, y acceso a datos agregados para investigación pública responsable. La OCDE insiste en incrementar la rendición de cuentas y transparencia de plataformas sin debilitar libertades, y advierte que estrategias nacionales integrales siguen siendo poco comunes; por ello, institucionalizar un modelo de cooperación y supervisión es una ventaja competitiva de gobernanza. UNESCO aporta el componente de derechos y debida diligencia como brújula para plataformas y reguladores. [espas.secu....europa.eu], [uspc-spo.p...sgroup.com] [weforum.org], [airc.nist.gov]


9. Indicadores y sistema de seguimiento: medir confianza, velocidad y trazabilidad

Una política pública eficaz requiere medición. La OCDE enfatiza que la desinformación deteriora el entorno de debate basado en evidencia y la confianza institucional, por lo que los indicadores deben capturar tanto desempeño comunicacional como confianza social. NIST, al proponer enfoques de transparencia de contenido sintético, habilita indicadores técnicos (porcentaje de piezas con metadatos firmados, verificación exitosa de procedencia, etc.). [oecd.org], [espas.secu....europa.eu] [nvlpubs.nist.gov]

A continuación se sugiere un tablero mínimo (adaptable a capacidades nacionales), con enfoque ejecutivo:

DimensiónIndicador (ejemplos)Racionalidad de política
Respuesta en crisisTiempo promedio desde rumor viral hasta comunicado verificable; frecuencia de actualizaciones oficialesReducir “vacío informativo” que alimenta especulación, como ilustra el caso de rumores y desmentido verificado por Reuters. [usnews.com], [uk.news.yahoo.com]
TrazabilidadProporción de contenido oficial con procedencia y metadatos verificables; adopción de estándares (p. ej., credenciales de contenido)NIST recomienda metadatos, autenticación y enfoques de transparencia; C2PA estandariza credenciales firmadas. [nvlpubs.nist.gov], [c2pa.org]
ConfianzaÍndices periódicos de confianza en información oficial en crisis; percepción de credibilidad de fuentesLa OCDE vincula entorno de desinformación con confianza en instituciones; RAND destaca costos de degradación de hechos. [oecd.org], [rand.org]
Resiliencia ciudadanaMedidas de alfabetización mediática (competencias MIL); capacidad de identificar capturas falsas y verificar fuentesUNESCO promueve MIL como conjunto esencial de habilidades frente a mis/desinformación e IA. [unesco.org], [unesco.org]
Ecosistema plataformaReportes de transparencia, cooperación en crisis, fricción para contenido no verificado, auditorías y evaluación de riesgosEl DSA y la política europea enfatizan transparencia, evaluación de riesgos y mitigación en plataformas grandes. [digital-st....europa.eu], [ec.europa.eu]

10. Hoja de ruta de implementación (12 meses): del diseño a la capacidad operativa

Una estrategia ejecutiva realista debe secuenciar. En un horizonte de 12 meses, el objetivo no es “derrotar” la desinformación, sino elevar la capacidad estatal y social para resistirla y reducir daños. La OCDE advierte que las estrategias nacionales siguen siendo la excepción; por eso, el primer hito es institucionalizar una arquitectura mínima que sobreviva al ciclo noticioso. UNESCO sostiene que las políticas de MIL deben integrarse a marcos existentes de educación, acceso a información y ciudadanía digital, lo cual permite escalabilidad. [espas.secu....europa.eu], [uspc-spo.p...sgroup.com] [unesco.org], [unesco.org]

En el trimestre inicial, el Ejecutivo debería establecer coordinación interinstitucional, mapa de riesgos (qué rumores son más dañinos y probables), y protocolos de “comunicación de crisis verificable” con estándar de trazabilidad. El caso Reuters muestra que la verificación contextual puede hacerse con métodos prácticos (comparación de interiores, publicaciones del lugar), pero requiere capacidad y procesos. En paralelo, debe iniciarse piloto de autenticidad en piezas oficiales, alineado con guías de NIST sobre transparencia de contenido sintético y con estándares de procedencia como C2PA. [usnews.com], [uk.news.yahoo.com] [nvlpubs.nist.gov], [c2pa.org]

En el segundo trimestre, el foco es expansión: alianzas con medios y universidades para verificación, entrenamiento de portavoces en “verificación visible” y campañas de alfabetización mediática con enfoque práctico. UNESCO ofrece marcos para MIL y para políticas de alfabetización a escala, útiles para institucionalizar contenidos y medición. La OCDE recomienda fortalecer resiliencia ciudadana y apoyar pluralidad informativa, lo que sugiere financiar iniciativas de verificación independiente y periodismo de calidad sin interferencia editorial estatal. [unesco.org], [unesco.org] [espas.secu....europa.eu], [uspc-spo.p...sgroup.com]

En el tercer y cuarto trimestre, la meta es madurez operacional: tableros de indicadores, ejercicios de simulación (“table-top exercises”) con escenarios de rumor, y acuerdos formales con plataformas para respuesta en emergencias. La tendencia comparada europea muestra que transparencia, acceso a datos y mitigación de riesgos sistémicos se están convirtiendo en estándares regulatorios; incluso sin replicar el DSA, la lógica de auditoría y reporte es exportable como buena práctica. A la vez, la adopción de estándares técnicos debe ampliarse para que la autenticidad verificable sea rutina, no excepción, en comunicación pública. [digital-st....europa.eu], [c2pa.org] [nvlpubs.nist.gov]


11. Riesgos y salvaguardas democráticas: cómo evitar que “integridad” se convierta en control

Cualquier política de integridad informativa enfrenta un dilema: si se diseña mal, puede abrir la puerta a restricciones indebidas de expresión. La OCDE es explícita: combatir desinformación no debe ser controlar información, y el enfoque debe preservar libertad de expresión y derechos humanos. UNESCO, desde un enfoque de derechos, propone debida diligencia y reguladores independientes, con transparencia y mecanismos de rendición de cuentas que reduzcan arbitrariedad. [espas.secu....europa.eu], [uspc-spo.p...sgroup.com] [weforum.org], [airc.nist.gov]

La salvaguarda clave es la “evidencia” y la “trazabilidad”, no la “prohibición”. El Ejecutivo debe priorizar más información verificable, no menos discusión pública. NIST propone enfoques técnicos que permiten verificar procedencia sin necesidad de suprimir contenido, mientras C2PA provee un estándar para registrar historia de creación y edición. En términos de legitimidad, la confianza no se impone: se gana con procesos transparentes y consistentes, un punto alineado con los hallazgos de la OCDE sobre los drivers de confianza institucional en entornos de desinformación. [nvlpubs.nist.gov], [spec.c2pa.org] [oecd.org], [espas.secu....europa.eu]


12. Conclusiones: la verdad necesita infraestructura

El episodio de rumores sobre la muerte de un jefe de gobierno y la discusión sobre la autenticidad de su evidencia audiovisual es una advertencia sobre la época. Reuters documentó que el desmentido requirió verificación contextual de lugar y fecha, mientras medios y verificadores reportaron que narrativas sobre IA y “deepfakes” alimentaron sospechas incluso ante evidencia pública. Esto confirma el núcleo del problema: la disputa no es solo sobre qué ocurrió, sino sobre qué es verificable. [usnews.com], [timesofisrael.com]

La respuesta estatal no puede consistir en “desmentir más rápido” de forma improvisada. Debe construirse una infraestructura: protocolos, educación, estándares de procedencia, cooperación con plataformas, y un marco de gobernanza basado en derechos. UNESCO impulsa MIL como política estructural; la OCDE propone un enfoque equilibrado de integridad informativa; NIST ofrece guías técnicas para transparencia de contenido sintético; y el WEF advierte que la desinformación es un riesgo mayor para cohesión y gobernanza. [unesco.org], [espas.secu....europa.eu], [nvlpubs.nist.gov], [weforum.org]

La gran amenaza del “efecto IA” no es únicamente la existencia de deepfakes, sino la normalización del cinismo epistémico: la idea de que nada puede comprobarse. RAND denomina a esta deriva “Truth Decay” y muestra sus consecuencias sobre la deliberación pública y la capacidad de hacer política basada en evidencia. Por ello, para el Poder Ejecutivo, fortalecer integridad informativa es fortalecer resiliencia nacional: proteger la confianza como un activo estratégico, tan importante como la infraestructura física en tiempos de crisis. [rand.org], [rand.org]


Referencias (estilo APA)

Coalition for Content Provenance and Authenticity (C2PA). (s. f.). C2PA: Verifying media content sources. https://c2pa.org/ [c2pa.org]

European Commission. (2024). Questions and answers on the Digital Services Act (DSA). https://ec.europa.eu/commission/presscorner/api/files/document/print/en/qanda_20_2348/QANDA_20_2348_EN.pdf [digital-st....europa.eu]

European Commission. (2025, 20 noviembre). Digital Services Act report lays out landscape of systemic risks online. https://digital-strategy.ec.europa.eu/en/news/digital-services-act-report-lays-out-landscape-systemic-risks-online [c2pa.org]

NIST. (2023). Artificial Intelligence Risk Management Framework (AI RMF 1.0). https://nvlpubs.nist.gov/nistpubs/ai/NIST.AI.100-1.pdf [commission.europa.eu]

NIST. (2024). Reducing Risks Posed by Synthetic Content: An Overview of Technical Approaches to Digital Content Transparency (NIST AI 100-4). https://nvlpubs.nist.gov/nistpubs/ai/NIST.AI.100-4.pdf [nvlpubs.nist.gov]

OECD. (2024). Facts not fakes: Tackling disinformation, strengthening information integrity. OECD Publishing. (Referencia catalogada). [uspc-spo.p...sgroup.com]

OECD. (2024). OECD Survey on Drivers of Trust in Public Institutions – 2024 Results. https://www.oecd.org/en/publications/oecd-survey-on-drivers-of-trust-in-public-institutions-2024-results_9a20554b-en.html [oecd.org]

RAND Corporation. (2018). Truth Decay: An initial exploration of the diminishing role of facts and analysis in American public life (RR-2314). https://www.rand.org/pubs/research_reports/RR2314.html [rand.org]

Reuters. (2026, 15 marzo). Netanyahu posts video in response to Iran rumours that he is dead. (Reimpresión/host: U.S. News). https://www.usnews.com/news/world/articles/2026-03-15/netanyahu-posts-video-in-response-to-iran-rumours-that-he-is-dead [usnews.com]

The Times of Israel. (2026, 15 marzo). In video, Netanyahu mocks conspiracy theories about his death. https://www.timesofisrael.com/in-video-netanyahu-mocks-conspiracy-theories-about-his-death/ [timesofisrael.com]

UNESCO. (s. f.). Media and Information Literacy (MIL). https://www.unesco.org/en/media-information-literacy [unesco.org]

World Economic Forum. (2025, 15 enero). Global Risks Report 2025: Conflict, Environment and Disinformation Top Threats. https://www.weforum.org/press/2025/01/global-risks-report-2025-conflict-environment-and-disinformation-top-threats/ [weforum.org]

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Cuando la mentira se vuelve tendencia: rumores de muerte, guerra y el “efecto IA”

Por Luis Orlando Díaz Vólquez

Hay momentos en los que un rumor deja de ser una simple distorsión del día a día y se convierte en un hecho político por sí mismo. No porque sea verdadero, sino porque logra condicionar percepciones, alterar decisiones y empujar a instituciones y sociedades a reaccionar en tiempo real. En escenarios de tensión internacional, la información ya no opera como un insumo neutral: se transforma en un campo de disputa estratégica donde la manipulación puede erosionar la confianza pública con la misma eficacia con la que un ataque puede dañar infraestructura crítica. En ese contexto, la desinformación no es un “tema de redes”; es un problema de gobernanza, de seguridad y de resiliencia nacional. [weforum.org], [oecd.org]

El episodio reciente de los rumores sobre la supuesta muerte o lesión del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ilustra, con nitidez, cómo funciona la nueva economía de la plausibilidad fabricada. El 15 de marzo de 2026, Reuters reportó que Netanyahu publicó un video en un café, bromeando sobre la versión de que estaba “muerto”, luego de que medios estatales iraníes y redes sociales amplificaran la narrativa. La agencia verificó la ubicación y la fecha contrastando el interior del local con imágenes de archivo y corroborando el momento a través de publicaciones del propio establecimiento. Ese detalle —la verificación contextual de lugar y tiempo— es la lección más relevante: en la era digital, la verdad no basta con declararla; hay que demostrarla con trazabilidad. [usnews.com]

Lo que convierte este caso en un “caso-síntoma” no es el chisme en sí, sino su mutación. Primero circula la afirmación explosiva (“está muerto”). Después, cuando aparece una evidencia audiovisual para refutarla, la conversación migra hacia una acusación aún más corrosiva: “el video es falso”, “es IA”, “es un deepfake”. The Times of Israel describió cómo el propio Netanyahu aprovechó el video para ridiculizar la teoría de que una comparecencia previa había sido generada con inteligencia artificial, alimentada por lecturas virales de fotogramas y por la obsesión contemporánea con “detalles técnicos” que el ciudadano promedio no puede verificar por sí solo. Y allí ocurre el daño mayor: el paso de una mentira concreta a una duda generalizada sobre la posibilidad de acordar hechos compartidos. [timesofisrael.com], [usnews.com]

Ese desplazamiento es el corazón del “efecto IA”: la instalación social de la sospecha permanente sobre la autenticidad de la evidencia, especialmente audiovisual. No se trata únicamente de que existan herramientas capaces de generar contenido sintético convincente; se trata de que la percepción de esa capacidad —real o exagerada— sirve para deslegitimar cualquier prueba. En otras palabras, la IA no solo puede fabricar imágenes o voces; también puede fabricar incertidumbre. Y cuando la incertidumbre se vuelve norma, la confianza se convierte en el recurso más escaso, justo cuando más se necesita para gestionar crisis. [nvlpubs.nist.gov], [weforum.org]

El Foro Económico Mundial ha advertido que la desinformación y la misinformation se mantienen entre los principales riesgos de corto plazo y que su efecto erosiona la cohesión social y la gobernanza al degradar la confianza, amplificar divisiones y dificultar la cooperación. En un mundo “fracturado”, donde los conflictos y la polarización elevan la temperatura, el espacio informativo se vuelve una extensión del conflicto. La desinformación no solo “confunde”; puede movilizar emociones, inducir pánico, presionar decisiones públicas y abrir oportunidades para actores que se benefician del caos. Por eso, tratarla como un problema menor equivale a aceptar una vulnerabilidad estratégica. [weforum.org], [reliefweb.int]

Ahora bien, el Estado democrático enfrenta un dilema delicado: defender la integridad informativa sin caer en control informativo. Combatir campañas de manipulación no puede convertirse en excusa para restringir libertades, ni para reemplazar el debate plural por una verdad oficial impuesta. Sin embargo, reconocer ese riesgo no debe paralizarnos. Al contrario, obliga a diseñar políticas públicas basadas en evidencia, transparencia y derechos. La clave no es “censurar más”, sino construir una infraestructura de verificación que haga más difícil y costosa la mentira, y más accesible y confiable la verdad. [oecd.org], [unesco.org]

Esa infraestructura tiene un componente técnico, otro institucional y otro ciudadano. En lo técnico, NIST ha sistematizado enfoques para reducir riesgos del contenido sintético: marcas de agua, registro de metadatos, autenticación y mecanismos de transparencia que permitan rastrear procedencia y cambios. No es magia ni solución perfecta, pero sí un paso decisivo: pasar del “créeme” al “verifícalo”. Cuando los contenidos oficiales incorporan señales robustas de procedencia —y cuando medios y plataformas pueden leerlas y exhibirlas— la conversación pública deja de depender exclusivamente de la fe o del carisma del vocero. En tiempos de deepfakes, la credibilidad necesita criptografía, estándares y hábitos verificables. [nvlpubs.nist.gov], [usnews.com]

En lo institucional, la lección del caso Reuters es contundente: la verificación contextual debe formar parte del protocolo, no ser un esfuerzo improvisado. Si la narrativa adversaria explota vacíos, la respuesta debe operar con un principio simple: “vacío cero”. Cuando un rumor de alto impacto se vuelve tendencia, cada hora sin información verificable es terreno ganado por la especulación. No se trata de hablar por hablar; se trata de actualizar con frecuencia, declarar lo que se sabe y lo que no se sabe, y ofrecer evidencia trazable. La transparencia no es una pose: es una táctica de resiliencia. [usnews.com], [weforum.org]

En lo ciudadano, el componente más decisivo se llama alfabetización mediática e informacional. UNESCO ha sostenido que estas competencias son esenciales para que las personas puedan acceder, evaluar, comprender y usar información de forma crítica y ética, y que alcanzar ese objetivo exige políticas y estrategias nacionales, no campañas episódicas. La alfabetización mediática hoy es una herramienta de autoprotección cívica: reduce la vulnerabilidad ante narrativas emocionales, enseña a distinguir evidencia de opinión y crea hábitos de verificación mínima. Si el “efecto IA” instala la idea de que todo es falsificable, la alfabetización enseña el camino inverso: no todo se cree, pero tampoco todo se descarta; se contrasta. [unesco.org]

Esto importa especialmente para países como la República Dominicana, donde la estabilidad social y económica depende, en buena medida, de la confianza en instituciones, de la credibilidad de la comunicación pública y de la capacidad de gestionar crisis sin que la ansiedad colectiva se convierta en pánico. Un rumor bien dirigido puede afectar reputación internacional, turismo, mercados, clima de inversión y cohesión interna. Y en momentos críticos —fenómenos naturales, emergencias sanitarias, tensiones regionales o crisis de seguridad— la obediencia a instrucciones públicas depende de que la gente confíe en la fuente. Cuando la fuente se percibe como dudosa o manipulable, el Estado pierde tracción operativa. [oecd.org], [weforum.org]

La OCDE, al estudiar los “drivers” de confianza en las instituciones públicas, incorpora explícitamente cómo un entorno informativo marcado por contenido polarizante y desinformación afecta la confianza. Ese vínculo debería bastar para ubicar la integridad informativa como un objetivo de política pública: no para “ganar la conversación”, sino para proteger una condición de gobernabilidad. Porque cuando baja la confianza, sube el costo de implementar cualquier política: desde un plan educativo hasta una reforma económica, desde una evacuación ante tormentas hasta una campaña de vacunación. La confianza, en suma, es infraestructura invisible. [oecd.org]

¿Qué hacer, entonces, desde el Poder Ejecutivo, sin caer en la tentación del control? Primero, reconocer que la respuesta no puede limitarse a desmentidos puntuales. Las mentiras modernas buscan algo más sofisticado: degradar la idea misma de verdad compartida. Segundo, crear coordinación interinstitucional para comunicación de crisis y verificación rápida, con capacidades técnicas y procedimientos entrenados. Tercero, adoptar progresivamente estándares de procedencia y autenticidad en la producción audiovisual del Estado, de modo que cada pieza oficial traiga consigo su “historia verificable”. Cuarto, impulsar alfabetización mediática en el sistema educativo, en formación docente y en campañas públicas sostenidas, con enfoque práctico y medición. Y quinto, establecer mecanismos de cooperación con plataformas bajo principios de transparencia y derechos, porque la viralidad es un fenómeno socio-técnico: no se combate solo con discursos, sino también con fricciones inteligentes, contexto y trazabilidad. [nvlpubs.nist.gov], [unesco.org], [weforum.org]

Conviene insistir en un punto: la salvaguarda democrática no es la prohibición, sino la evidencia. La respuesta más eficaz no es silenciar, sino iluminar: producir más información verificable, más rápido y con mejores señales de autenticidad. En el caso de Netanyahu, el desmentido fue necesario, pero lo verdaderamente instructivo fue el método: verificación de ubicación y fecha, contrastes y corroboración externa. Ese estándar es exportable. Un Estado moderno debe ser capaz de decir “esto ocurrió” y, a la vez, mostrar cómo lo sabe. Esa es la diferencia entre propaganda y comunicación pública robusta. [usnews.com]

La gran amenaza del “efecto IA” no es únicamente la existencia de deepfakes; es la normalización del cinismo epistémico, esa idea de que nada puede comprobarse, de que todo es montaje, de que toda evidencia es sospechosa. Si esa mentalidad se convierte en cultura política, la democracia pierde su piso mínimo: el acuerdo sobre hechos básicos. Por eso, defender la integridad informativa no es una agenda secundaria ni un lujo intelectual; es una política de resiliencia social. En tiempos de crisis, la verdad necesita infraestructura. Y construirla, con derechos, transparencia y capacidad técnica, es una tarea estratégica del Estado contemporáneo. [weforum.org], [nvlpubs.nist.gov]

Luis Orlando Díaz Vólquez