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martes, 14 de julio de 2026

Influencers, polarización y periodismo militante: la disputa por la verdad en la esfera pública digital

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Influencers, polarización y periodismo militante: la disputa por la verdad en la esfera pública digital

Luis Orlando Díaz Vólquez | #GuasábaraEditor

Resumen | La expansión de influencers, streamers, creadores de contenido político y plataformas algorítmicas ha transformado profundamente el ecosistema informativo contemporáneo. Este paper analiza cómo la migración del debate público hacia entornos digitales ha modificado la relación entre ciudadanía, medios tradicionales, actores políticos y productores no profesionales de información. A partir del caso latinoamericano y de los datos recientes del Digital News Report 2026 y del informe Journalism, Media, and Technology Trends and Predictions 2026 del Reuters Institute, se examinan tres fenómenos convergentes: la erosión de la confianza en los medios, el crecimiento de contenidos parcializados y la normalización de la violencia verbal en línea. E
l análisis sostiene que el problema central no radica en la existencia de nuevos comunicadores digitales, sino en la sustitución del método periodístico por prácticas de activismo, propaganda, espectáculo emocional y desinformación algorítmica. Frente a este escenario, se plantea que la supervivencia democrática del periodismo dependerá de su capacidad para recuperar legitimidad pública mediante rigor, transparencia, innovación narrativa, independencia editorial, alfabetización mediática y defensa de la información verificada como bien público.

Palabras clave: periodismo digital, influencers, polarización, desinformación, inteligencia artificial, confianza pública, democracia, América Latina.


Introducción

La transformación tecnológica de la comunicación pública ha producido una reconfiguración acelerada del periodismo, de la política y de la circulación social de la verdad. Lo que antes estaba mediado fundamentalmente por periódicos, radio, televisión, agencias informativas y periodistas profesionales, hoy se distribuye a través de plataformas digitales, redes sociales, canales de video, pódcast, transmisiones en vivo, aplicaciones de mensajería, motores de búsqueda con inteligencia artificial y comunidades algorítmicas altamente fragmentadas. En ese nuevo entorno, la autoridad informativa ya no depende exclusivamente de la credibilidad institucional de un medio, sino también de la cercanía emocional, la visibilidad digital, la capacidad de viralización y la identidad simbólica que determinados actores construyen con sus audiencias.

El artículo publicado por Listín Diario bajo el título “Influencers, polarización y el periodismo militante” plantea con claridad esta nueva realidad: los cambios tecnológicos y la expansión de nuevos actores han generado contenidos parcializados, violencia verbal y una degradación del debate público en línea. El texto señala que el llamado Informe Sombra registró 182 alertas de violencia digital, entre ellas hackeos, doxxing y uso de inteligencia artificial para campañas difamatorias. Más allá del dato cuantitativo, el fenómeno más profundo consiste en la transformación de la relación entre audiencias y productores de información, así como en la proliferación de creadores de contenido con agendas políticas o ideológicas explícitas. [reutersins...s.ox.ac.uk]

Este fenómeno no puede analizarse de manera aislada. Forma parte de una crisis más amplia de intermediación democrática. Los medios tradicionales pierden centralidad; las plataformas digitales capturan la distribución; los influencers disputan legitimidad; los gobiernos y actores políticos reducen la mediación periodística; la inteligencia artificial automatiza la producción de contenido; y las audiencias, saturadas por el ruido, oscilan entre la indignación, la desconfianza y la evasión informativa. El Digital News Report 2026 del Reuters Institute documenta esa transformación al indicar que, por primera vez, las redes sociales y plataformas de video son, en promedio global, más populares que la televisión y los sitios web o aplicaciones de noticias como fuentes de información. [newscaststudio.com]

La pregunta central, por tanto, no es si el periodismo tradicional puede volver al pasado. No puede. La cuestión estratégica es si puede adaptarse sin perder su esencia. En otras palabras: si puede hablar los lenguajes de la época digital sin renunciar al método periodístico, a la verificación de los hechos, al contraste de fuentes, a la independencia editorial y a la responsabilidad pública. Este paper sostiene que el periodismo enfrenta una disputa civilizatoria: o reconstruye su legitimidad como institución democrática en medio del ruido digital, o será desplazado progresivamente por un ecosistema donde la emoción, la tribu, la propaganda y la manipulación ocupen el lugar de la información verificada.

La esfera pública digital y la mutación de la autoridad informativa

La esfera pública contemporánea ya no se estructura únicamente en torno a medios profesionales ni a instituciones formales de deliberación. La ciudadanía conversa, se informa, discute, se indigna y toma posición política en espacios digitales diseñados prioritariamente para maximizar atención, permanencia, reacción emocional y rentabilidad publicitaria. Esa arquitectura técnica afecta la calidad del debate democrático porque premia la intensidad sobre la precisión, la velocidad sobre la verificación y la identidad tribal sobre la deliberación racional.

El Reuters Institute enfatiza en su Digital News Report 2026 que existe una creciente “plataformización” del consumo de noticias. Las audiencias se mueven hacia redes sociales, video y, de manera emergente, sistemas de inteligencia artificial generativa como nuevos accesos a la información. Al mismo tiempo, persisten preocupaciones crecientes sobre confianza, desinformación e impacto de las plataformas en el ecosistema noticioso. [newscaststudio.com]

En esa nueva esfera pública, los influencers y streamers construyen legitimidad de una forma distinta a los medios tradicionales. Su autoridad no depende necesariamente de la verificación documental, de una sala de redacción, de editores responsables ni de códigos de ética profesionales. Depende, sobre todo, de la percepción de autenticidad, cercanía, espontaneidad y comunidad. La audiencia siente que no escucha a una institución distante, sino a una persona “real”, con lenguaje coloquial, emociones visibles y una identidad compartida.

Esta cercanía tiene valor democrático cuando permite incorporar voces excluidas, narrativas territoriales, experiencias ciudadanas y formas creativas de explicación pública. Sin embargo, también puede convertirse en una fuente de vulnerabilidad cuando esa confianza emocional es utilizada para difundir propaganda, simplificaciones extremas, ataques personales, campañas coordinadas o desinformación. El Reuters Institute ha identificado que el 27% de los usuarios obtiene noticias de creadores especializados en información y que el 46% recibe información de algún tipo de creador digital, aunque esos actores son percibidos como menos confiables e imparciales que los medios tradicionales. [reutersins...s.ox.ac.uk]

La mutación es profunda: el periodismo tradicional se basaba en la mediación institucional; el nuevo ecosistema privilegia la intermediación personal. Antes importaba la cabecera del periódico, la marca televisiva o la trayectoria de una redacción. Ahora, muchas audiencias siguen a individuos que interpretan la realidad desde una mezcla de opinión, entretenimiento, identidad política y emocionalidad. El resultado es una crisis del criterio público: la popularidad comienza a confundirse con autoridad, la viralidad con verdad y la lealtad de audiencia con legitimidad democrática.

Periodismo militante, activismo e impugnación del disenso

Uno de los conceptos más relevantes del debate es el de “periodismo militante”. La expresión describe una práctica comunicacional en la que la búsqueda de la verdad queda subordinada a la defensa de una causa política, ideológica, partidaria o identitaria. No se trata simplemente de periodismo de opinión, que es legítimo y necesario en sociedades abiertas. El problema aparece cuando el contenido se presenta como información mientras opera como propaganda; cuando se ocultan premisas ideológicas; cuando se seleccionan hechos de manera interesada; y cuando se impugna moralmente a quien piensa distinto.

El artículo de Listín Diario recoge una advertencia de Dessein sobre cómo, en Argentina, el rol que ocupó el periodismo militante durante el kirchnerismo habría sido reemplazado por influencers militantes, fenómeno que, según su observación, se extiende a distintos países y promueve un falso debate basado en la impugnación de todo pensamiento contrario. [reutersins...s.ox.ac.uk]

Esta degradación tiene consecuencias democráticas graves. La democracia no exige unanimidad; exige reglas para tramitar civilizadamente el conflicto. Cuando el debate público se convierte en una guerra permanente de descalificación, la ciudadanía pierde capacidad de escuchar, matizar, rectificar y deliberar. La discrepancia deja de ser parte natural de la vida democrática y pasa a ser tratada como amenaza existencial. Esa dinámica alimenta la polarización afectiva: no solo se rechazan ideas, sino también personas, grupos y comunidades enteras.

La reflexión citada de Salazar Zimmermann resulta particularmente pertinente: ser objetivo no equivale a ser tibio. En un ecosistema dominado por algoritmos que premian la exageración y el grito, la búsqueda de equilibrio, contraste y complejidad puede ser interpretada como debilidad. Pero esa interpretación es profundamente dañina. La objetividad no es ausencia de valores; es disciplina metodológica. No significa negar injusticias ni evitar posiciones editoriales, sino distinguir entre hecho, interpretación, opinión y propaganda.

El activismo tiene una función legítima en la sociedad civil. Puede visibilizar causas, movilizar comunidades y presionar por cambios. Pero no debe confundirse con periodismo. El activista busca favorecer una agenda; el periodista busca establecer hechos verificables y ofrecer contexto para que la ciudadanía forme criterio. Cuando ambas funciones se mezclan sin transparencia, se produce una pérdida de confianza: el ciudadano ya no sabe si está recibiendo información, opinión, propaganda o entretenimiento político.

Polarización algorítmica y violencia verbal

La polarización contemporánea no surge solo de diferencias ideológicas. También es amplificada por el diseño de las plataformas. Los algoritmos priorizan contenidos que generan interacción intensa: indignación, miedo, burla, rabia, escándalo, sorpresa. En consecuencia, los discursos más estridentes suelen obtener mayor alcance que las explicaciones matizadas. La arquitectura digital recompensa el conflicto permanente.

El problema se agrava cuando la violencia simbólica se normaliza como estilo comunicacional. Insultos, burlas, campañas de descrédito, amenazas, apodos degradantes y ataques coordinados se vuelven parte de la conversación cotidiana. En América Latina, donde la cultura política ya arrastra fragilidades institucionales, desigualdades sociales y tensiones históricas, la violencia verbal digital puede trasladarse rápidamente a formas de intimidación, persecución o silenciamiento.

El caso descrito por Listín Diario, con 182 alertas de violencia digital relacionadas con hackeos, doxxing e inteligencia artificial para campañas difamatorias, muestra que la violencia en línea no es un fenómeno abstracto. Tiene víctimas, costos personales y efectos inhibidores sobre la participación pública. [reutersins...s.ox.ac.uk]

Este proceso afecta especialmente al periodismo. Los periodistas que investigan corrupción, crimen organizado, abuso de poder, desigualdad, violencia o campañas políticas pueden enfrentar acoso digital organizado. La violencia verbal no solo busca desacreditar una información; busca intimidar a quien informa. Esta estrategia tiene un efecto disciplinador: reduce la disposición a investigar temas sensibles y promueve la autocensura.

En una democracia saludable, la crítica al periodismo es legítima y necesaria. Los medios deben ser cuestionados, corregidos y fiscalizados. Pero una cosa es la crítica ciudadana y otra la violencia digital organizada. Una cosa es pedir rigor y otra destruir reputaciones mediante mentiras. Una cosa es debatir ideas y otra convertir la esfera pública en un territorio de hostilidad permanente.

Inteligencia artificial, “AI Slop” y crisis de visibilidad

La inteligencia artificial generativa introduce una nueva dimensión en la crisis informativa. Su potencial productivo es enorme: puede apoyar análisis de datos, traducción, depuración documental, automatización de tareas repetitivas, identificación de patrones y personalización de contenidos. Sin embargo, también incrementa la capacidad de producir desinformación a escala, fabricar imágenes falsas, crear audios sintéticos, generar textos engañosos y saturar el ecosistema con contenido de baja calidad.

El informe Journalism, Media, and Technology Trends and Predictions 2026, citado por la Federación Internacional de Periodistas, plantea que los medios enfrentan dos fuerzas simultáneas: por un lado, los motores de respuesta basados en inteligencia artificial, que pueden desviar audiencias antes de que lleguen a los sitios de noticias; por otro, la economía de creadores, que captura atención y confianza mediante formatos personalizados. [listindiario.com]

La amenaza del “cero clic” es especialmente delicada. Si los motores de búsqueda y asistentes de IA responden directamente las preguntas del usuario utilizando información producida por medios, pero sin dirigir tráfico hacia las fuentes originales, se erosiona el modelo financiero del periodismo. Según el análisis citado por la IFJ sobre el informe del Reuters Institute, las organizaciones noticiosas prevén una caída importante en las referencias provenientes de buscadores durante los próximos años. [listindiario.com]

Al mismo tiempo, la proliferación de contenido sintético o “AI Slop” reduce la calidad general del ecosistema. Cuando la red se llena de textos, imágenes, videos y sitios generados automáticamente, la información verificada pierde visibilidad frente a volúmenes masivos de contenido barato, optimizado para captar clics o manipular tendencias. Este fenómeno obliga a los medios a diferenciarse mediante aquello que la IA no puede replicar plenamente: reportería en terreno, investigación original, criterio editorial, presencia humana, conocimiento contextual y responsabilidad ética.

La respuesta estratégica no debe ser rechazar la IA, sino gobernarla editorialmente. Los medios deben desarrollar políticas claras sobre uso de inteligencia artificial, etiquetado de contenidos, verificación humana, protección de fuentes, derechos de autor y trazabilidad. La IA puede ser una herramienta del periodismo, pero no debe sustituir el juicio periodístico.

Evasión informativa, desconfianza y fatiga ciudadana

Uno de los efectos más preocupantes del ecosistema actual es la evasión informativa. Cuando las audiencias perciben que las noticias son demasiado negativas, conflictivas, manipuladas o emocionalmente agotadoras, optan por desconectarse. Esta desconexión no fortalece la democracia; la debilita, porque deja a los ciudadanos menos preparados para comprender decisiones públicas, evaluar liderazgos, exigir rendición de cuentas y resistir manipulación.

El Digital News Report 2026 registra que la confianza promedio en las noticias se sitúa en 37% a nivel global, mientras la preocupación por la desinformación en línea alcanza al 62% de los encuestados. También muestra un aumento de la evasión de noticias y una caída del interés intenso por la información en diferentes mercados. [gijn.org]

La Federación Internacional de Periodistas, al comentar el informe, subraya que la confianza en las noticias se encuentra en niveles bajos y que el consumo informativo se desplaza hacia redes sociales y plataformas de video, las cuales se han convertido en fuentes principales de noticias para amplios segmentos de la población. [listindiario.com]

La desconfianza no surge de la nada. Parte de ella responde a errores reales del periodismo: sesgos, dependencia económica, espectacularización, cobertura superficial, falta de diversidad, desconexión territorial y confusión entre información y opinión. Pero otra parte es alimentada por actores interesados en debilitar a la prensa para reducir la fiscalización pública. En ese sentido, recuperar la confianza exige autocrítica interna y defensa externa de la libertad de prensa.

Agenda estratégica para medios tradicionales

Los medios tradicionales deben asumir que su autoridad ya no está garantizada por trayectoria o marca. En la era digital, la legitimidad debe demostrarse diariamente. Para adaptarse, deben combinar rigor clásico con innovación contemporánea.

Primero, deben apostar por periodismo distintivo: investigaciones originales, reportería territorial, análisis de profundidad, periodismo de datos, verificación de discurso público y narrativas humanas. La IFJ señala que, frente a la automatización, los editores planean reforzar investigaciones originales, análisis contextual, video y audio como formatos más resistentes a la mercantilización algorítmica. [listindiario.com]

Segundo, deben reconstruir comunidad. El medio no puede ser únicamente emisor; debe escuchar, responder, explicar y transparentar. La audiencia contemporánea exige cercanía, pero esa cercanía no debe confundirse con complacencia. El periodismo debe ser accesible sin volverse banal; humano sin volverse propagandístico; narrativo sin sacrificar precisión.

Tercero, deben diferenciar claramente noticia, análisis, opinión, publicidad y contenido patrocinado. Gran parte de la desconfianza nace cuando el ciudadano no sabe qué está leyendo. La transparencia editorial es una forma de pedagogía democrática.

Cuarto, deben desarrollar una ética robusta frente a la inteligencia artificial. Todo contenido generado o asistido por IA que pueda afectar la interpretación pública debe pasar por revisión humana. Además, los medios deben defender derechos de autor, propiedad intelectual y remuneración justa por el uso de sus contenidos en sistemas automatizados.

Quinto, deben formar periodistas con capacidades híbridas: investigación clásica, análisis de datos, verificación digital, seguridad informática, comprensión algorítmica, producción audiovisual, escritura explicativa y enfoque ético.

El papel de los gobiernos: regular sin censurar

Los gobiernos tienen responsabilidad en la protección del ecosistema informativo, pero deben actuar con límites democráticos estrictos. La regulación del periodismo digital no debe convertirse en un mecanismo para controlar contenidos, castigar críticas o imponer verdades oficiales. La historia latinoamericana demuestra que muchas veces el poder político invoca el orden, la seguridad o la lucha contra la desinformación para limitar libertades fundamentales.

La política pública debe enfocarse en conductas verificablemente dañinas: violencia digital, amenazas, suplantación de identidad, difusión maliciosa de datos personales, campañas coordinadas de manipulación, publicidad política encubierta, uso fraudulento de IA y opacidad en financiamiento de propaganda digital. El artículo de Listín Diario evidencia que hackeos, doxxing y campañas difamatorias con inteligencia artificial ya forman parte del nuevo mapa de riesgos informativos. [reutersins...s.ox.ac.uk]

Los Estados también deben exigir mayor transparencia a las plataformas: reglas claras sobre moderación, trazabilidad de publicidad política, mecanismos de apelación, acceso a datos para investigación académica independiente y medidas contra redes coordinadas de desinformación. Pero esa regulación debe estar sometida a control judicial, participación de sociedad civil, estándares internacionales de derechos humanos y garantías de libertad de prensa.

La alfabetización mediática debe ser política de Estado. No basta con perseguir desinformación después de que circula; hay que formar ciudadanos capaces de identificar fuentes confiables, distinguir hechos de opinión, verificar imágenes, reconocer manipulación emocional y entender cómo funcionan los algoritmos.

Recuperar confianza: el nuevo capital del periodismo

La confianza será el recurso estratégico del periodismo en el siglo XXI. Sin confianza, no hay sostenibilidad económica, influencia pública ni legitimidad democrática. Pero la confianza no se decreta; se construye mediante coherencia.

Los medios deben corregir errores de manera visible, explicar sus procesos, publicar metodologías, transparentar conflictos de interés, diversificar fuentes y evitar la dependencia excesiva de filtraciones interesadas. También deben incomodar a todos los poderes, no solo a los adversarios ideológicos de su línea editorial. Un periodismo selectivo puede ser rentable en el corto plazo, pero destruye credibilidad en el largo plazo.

La confianza también requiere humildad. Los medios deben reconocer que ya no monopolizan la conversación pública. Deben colaborar con verificadores, universidades, organizaciones cívicas, periodistas independientes y comunidades digitales responsables. La defensa del periodismo no puede ser corporativa; debe ser democrática.

Conclusión

La expansión de influencers, streamers, creadores políticos, inteligencia artificial y plataformas algorítmicas no representa simplemente una transformación tecnológica. Representa una disputa por la autoridad pública, por la verdad socialmente aceptada y por la calidad misma de la democracia. El problema no es que existan nuevos actores comunicacionales. El problema es que muchos de ellos ocupan funciones informativas sin asumir responsabilidades informativas.

El periodismo profesional atraviesa una crisis real, pero también una oportunidad histórica. Si logra diferenciarse mediante rigor, humanidad, transparencia, innovación y servicio público, puede recuperar centralidad. Si intenta competir con el ruido en los términos del ruido, perderá su razón de ser.

La democracia necesita libertad de expresión, pluralidad digital y nuevas voces. Pero también necesita información verificada, memoria institucional, investigación independiente y medios capaces de fiscalizar al poder. En medio de la polarización, la violencia verbal y la manipulación algorítmica, el periodismo no debe ser militancia disfrazada ni espectáculo emocional. Debe ser una disciplina pública de búsqueda de verdad.

La supervivencia del periodismo dependerá de una convicción esencial: informar no es gritar más fuerte, sino iluminar mejor. Y en una época donde la mentira puede viralizarse en segundos, la verdad necesita método, coraje, instituciones y ciudadanía dispuesta a defenderla.

Referencias

Federación Internacional de Periodistas. (2026, junio 18). Reuters Digital News Report 2026: Key takeaways for newsrooms and journalists’ unions. https://www.ifj.org/media-centre/news/detail/category/ai/article/reuters-digital-news-report-2026-key-takeaways-for-newsrooms-and-journalists-unions

Federación Internacional de Periodistas. (2026). Reuters digital report 2026: Journalism’s pivot – navigating the AI and creators squeeze. https://www.ifj.org/media-centre/blog/detail/article/reuters-digital-report-2026-journalisms-pivot-navigating-the-ai-and-creators-squeeze

Listín Diario. (2026, julio 14). Influencers, polarización y el periodismo militante. https://listindiario.com/la-republica/20260714/influencers-polarizacion-periodismo-militante_913780.html

Reuters Institute for the Study of Journalism. (2026). Digital News Report 2026. University of Oxford. https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/digital-news-report/2026

Reuters Institute for the Study of Journalism. (2026, junio 16). Overview and key findings of the 2026 Digital News Report. University of Oxford. https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/digital-news-report/2026/dnr-executive-summary

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Influencers, polarización y el periodismo militante

La república | Influencers, polarización y el periodismo militante

Los cambios tecnológicos y la expansión de nuevos actores genera creación de contenidos parcializados y violencia vebal.

Los cambios tecnológicos y la expansión de nuevos actores genera creación de contenidos parcializados y violencia vebal.ld

Santo Domingo, RD | 14/07/2026 00:00 | Listin Diario

La transformación tecnológica ha migrado masivamente la violencia hacia el ecosistema en línea. El Informe Sombra registró 182 alertas de violencia digital (hackeos, doxxing, inteligencia artificial para campañas difamatorias), pero el cambio más profundo se da en la relación con la audiencia y la proliferación de creadores de contenido parcializados.

Dessein advierte sobre esta degradación del debate: “Con respecto al periodismo militante, el rol que jugaba durante el kirchnerismo, que fue fomentado, alimentado económicamente por las gestiones de esos años, hoy en la Argentina esa función ha sido reemplazada por los influencers militantes, algo que se extiende.

En distintos países del mundo, y en ambos casos impulsan un falso debate, una impugnación de todo pensamiento que no concuerde con el propio, y eso se traduce en una agresividad que amenaza la convivencia ciudadana y deteriora gravemente el clima para intercambiar ideas”.

Al abordar el papel de la objetividad y de estos nuevos actores en un entorno polarizado, Salazar Zimmermann de Perú ofrece una reflexión literal muy aguda: “¿Objetividad versus ser tibios? No creo que ser objetivo implique ser tibio. Creo que la objetividad, por más que muchos ya no hablen de ella, por más que pueda ser imposible, debe seguir siendo deseable. Esto implica buscar varios lados de una historia, no comprometerse con un extremo. Eso hoy día es visto como ser tibio, sobre todo porque los algoritmos y las plataformas de redes sociales nos han acostumbrado a que quien más grita y quien más exagera tiene más posibilidades de ser escuchado...”. Y el ejecutivo agrega que el periodismo no debe ser activista: “El activismo tiene una agenda determinada, como sabemos, y el activista busca favorecer esa agenda determinada. O sea, la búsqueda de una agenda está reñida con la búsqueda de la verdad. Los streamers, como sabemos en muchos casos, no respetan necesariamente el método periodístico deseable de neutralidad. En el Perú, por ejemplo, la actual campaña presidencial está dejando pendiente a las autoridades regular la contratación de estas figuras como difusores de propaganda. Y consideremos también que los influencers políticos o militantes pueden luego postular a congresos que tienen mucha llegada”.

La expansión de estos nuevos actores ocurre en paralelo con un debate creciente sobre el papel del periodismo profesional en sociedades polarizadas. Sin embargo, los datos muestran que las audiencias todavía valoran ciertos principios tradicionales. El Digital News Report 2026 concluye que quienes prefieren noticias imparciales siguen siendo más del doble que quienes buscan contenidos alineados con sus propias posiciones ideológicas

La preocupación por la expansión de actores que se presentan como medios sin respetar estándares periodísticos también aparece en Brasil. Marcelo Rech, presidente de la Associação Nacional de Jornais (ANJ), advierte que la creciente confusión entre activismo y periodismo constituye una amenaza para la calidad de la información y para la confianza pública en los medios. Según el ejecutivo, numerosas organizaciones ideológicas utilizan redes sociales, YouTube y otras plataformas digitales para presentarse como vehículos independientes de comunicación, erosionando la relevancia de los medios profesionales.

Dice Rech que “esta mezcla de activismo con pseudoperiodismo es una grave amenaza para la calidad de la información, para la confianza y para todo lo que el periodismo representa, incluida la pluralidad”. Y distingue entre el método periodístico y las anomalías en el campo de la comunicación: “Tenemos que distanciarnos cada vez más, los vehículos profesionales de periodismo, de aquellos que muchas veces son mercenarios de la información”.

La irrupción de influencers y streamers no representa únicamente un cambio tecnológico. También modifica las formas de construcción de legitimidad pública.

Según el informe Journalism and Technology Trends and Predictions 2026, siete de cada diez ejecutivos de medios consideran que los creadores de contenido están capturando tiempo y atención que antes pertenecían a los medios tradicionales.

Y el Reuters Institute detectó que el 27% de los usuarios obtiene noticias de creadores especializados en información y que el 46% recibe información de algún tipo de creador digital. Los encuestados valoran especialmente su cercanía, autenticidad y capacidad para explicar temas complejos de manera sencilla, aunque siguen considerando a estos actores menos confiables y menos imparciales que los medios tradicionales.

A diferencia de los medios periodísticos, los influencers construyen vínculos basados en la cercanía personal, la identificación emocional y la percepción de autenticidad. Su relación con las audiencias suele ser más directa y menos mediada por estructuras editoriales. El fenómeno adquiere especial relevancia en la comunicación política. Cada vez más dirigentes optan por conceder entrevistas a streamers, podcasters o creadores afines antes que enfrentar formatos periodísticos tradicionales caracterizados por la repregunta y la verificación independiente.

El Reuters Institute advierte que numerosos líderes políticos buscan comunicarse directamente con sus seguidores mediante plataformas digitales, reduciendo la intermediación periodística y debilitando el papel tradicional de los medios como fiscalizadores del poder.

Evasión de noticias y el factor de la IA

Atrapados en medio de la crispación política, los ataques de trolls, la sobreabundancia informativa y la creciente fragmentación del consumo de noticias, muchos ciudadanos optan por desconectarse. En Argentina, tras años de polarización extrema, el interés por las noticias cayó del 77% en 2017 a apenas el 42% en los últimos años, mientras que la confianza general en los medios se desplomó al 26%, el nivel más bajo de la última década.

La tendencia se replica en otros países de la región. En Colombia, la confianza en las noticias cayó al 32%, su nivel más bajo desde que el país integra el relevamiento del Reuters Institute, mientras que el 59% de los ciudadanos manifiesta preocupación por la circulación de información falsa en internet. En Brasil, donde la polarización política continúa condicionando el debate público, la evasión informativa alcanza al 46% de la población, por encima del promedio global y entre los niveles más altos de América Latina.

El fenómeno forma parte de una dinámica global más amplia detectada por el Digital News Report 2026: desde 2021, el interés intenso por las noticias cayó 13 puntos porcentuales en los 48 mercados analizados, los usuarios ocasionales o pasivos crecieron del 16% al 25%, y la confianza promedio en las noticias descendió hasta el 37%, el nivel más bajo desde que comenzó la medición. Paralelamente, la preocupación por la desinformación aumentó hasta alcanzar al 62% de los encuestados a nivel global.


Como telón de fondo de este ecosistema fracturado se alza la inteligencia artificial generativa. A pesar de los temores respecto a la pérdida de fiabilidad humana o la generación de desinformación profunda (deepfakes), los medios intentan incorporarla, en algunos casos a regañadientes, ante la escasez de recursos. El informe proyecta caídas significativas del tráfico proveniente de buscadores a medida que los motores de búsqueda evolucionan hacia sistemas capaces de responder preguntas directamente mediante IA.

A este escenario se suma el pánico financiero frente a lo que en la industria ya bautizaron como el “Google Zero” o “Zero clic”. Según el informe Journalism and Technology Trends and Predictions 2026 del Reuters Institute, los editores esperan que el tráfico proveniente de los motores de búsqueda se desplome en promedio un 43 por ciento en los próximos tres años debido a la expansión de los resúmenes automáticos creados por inteligencia artificial (los llamados Answer Engines).

La crisis de visibilidad se agrava con la proliferación de lo que los expertos denominan “AI Slop” (basura de IA): un volumen inabarcable de contenido sintético y granjas de noticias falsas automatizadas. El fenómeno ha escalado a tal punto que, en Estados Unidos, los portales locales “zombies” generados por IA ya superan en número a los sitios web de noticias locales reales.

En el Congreso de la Asociación Mundial de Medios y Editores de Noticias (WAN-IFRA), el presidente y editor ejecutivo de The New York Times, A.G. Sulzberger, advirtió que las empresas de inteligencia artificial están violando leyes consolidadas y exhortó a las organizaciones de noticias a defender sus derechos para garantizar un futuro sostenible para el periodismo: “Su apropiación del debate público es posible gracias al pecado original que da vida a sus productos de IA: un descarado robo de propiedad intelectual que se ha producido a una escala sin precedentes”. Es una realidad que sufren medios de diferentes países y escalas.

El periodismo en América Latina asiste a una cruda reconfiguración donde la asfixia económica, la judicialización del oficio, la violencia letal amparada en la impunidad y la estigmatización constante patrocinada desde los Estados convergen para erosionar el derecho básico a la información.

La estrategia de supervivencia frente a la automatización parece estar en volver a las raíces humanas del oficio. Según las predicciones del Reuters Institute para 2026, la respuesta de los medios ante la amenaza de la IA es apostar por la “distinción”: priorizarán fuertemente las investigaciones originales y la reportería en el lugar de los hechos, el análisis contextual y las historias profundamente humanas, reduciendo drásticamente la producción de noticias generales que un chatbot puede replicar fácilmente. Al mismo tiempo, el 79% de los editores planea una mayor inversión en video y el 71% en formatos de audio y podcast, al considerar que son narrativas mucho más difíciles de mercantilizar por los agregadores artificiales.

Enfrentar esta “tormenta perfecta”, como bien lo indican los informes de 2025 y 2026 y las alarmantes caídas de todos los indicadores de calidad y confianza en los medios, exigirá replantear de raíz tanto los modelos de resiliencia financiera a largo plazo como la defensa inclaudicable de las trincheras democráticas en el ámbito digital.

La historia del periodismo latinoamericano siempre estuvo atravesada por conflictos con el poder político, crisis económicas y transformaciones tecnológicas. Lo novedoso del escenario actual es la simultaneidad de todas esas amenazas: los gobiernos cuestionan la legitimidad de los medios, las plataformas digitales redefinen la distribución de la información, influencers y streamers capturan audiencias cada vez más amplias y la inteligencia artificial altera las reglas de producción y circulación de contenidos.

La supervivencia del periodismo ya no dependerá únicamente de encontrar nuevos modelos de negocio. También exigirá recuperar algo más difícil: la capacidad de convencer a las sociedades de que la información verificada sigue siendo un bien público indispensable en medio del ruido digital.

https://listindiario.com/la-republica/20260714/influencers-polarizacion-periodismo-militante_913780.html

Periodismo en tiempos de ruido: la verdad como resistencia democrática

La expansión de influencers militantes, la polarización digital, la violencia verbal y la inteligencia artificial aplicada a la desinformación obligan a defender el periodismo profesional como una institución esencial para la democracia, la convivencia ciudadana y el derecho colectivo a saber.

La gran batalla contemporánea por la verdad ya no se libra únicamente en las redacciones, en los tribunales, en las ruedas de prensa ni en los espacios tradicionales del poder. Hoy se libra, con una intensidad feroz, en las plataformas digitales, en los algoritmos, en los podcasts, en los canales de streaming, en las cuentas de influencers, en los grupos cerrados de mensajería y en esa inmensa plaza pública virtual donde la información, la propaganda, la emoción, el espectáculo y la mentira circulan muchas veces con la misma apariencia de legitimidad.

El periodismo vive una transformación de época. No enfrenta simplemente una crisis tecnológica ni una competencia por audiencias. Enfrenta una mutación profunda del ecosistema informativo, donde nuevos actores han conquistado influencia pública sin necesariamente asumir los deberes éticos, metodológicos y democráticos que exige informar. La expansión de creadores de contenido parcializados, el auge de los influencers militantes y la normalización de la violencia verbal han creado un clima donde el debate público se degrada, la verdad se relativiza y la discrepancia se convierte en enemistad.

El fenómeno descrito por Listín Diario, al abordar la relación entre influencers, polarización y periodismo militante, retrata un desafío que ya no pertenece a un solo país. La violencia digital, los hackeos, el doxxing, las campañas difamatorias generadas con inteligencia artificial y la proliferación de contenidos ideologizados forman parte de una nueva arquitectura de confrontación pública. Según el informe citado por ese medio, se registraron 182 alertas de violencia digital, pero el cambio más profundo está en la forma en que las audiencias se relacionan con quienes consumen, producen y amplifican información. [listindiario.com]

La amenaza no consiste en que existan influencers, streamers o creadores digitales. La democratización de la palabra es una conquista valiosa de la era tecnológica. Nunca antes tantas personas habían tenido la posibilidad de comunicar, denunciar, narrar, educar o construir comunidades desde sus propias plataformas. El problema aparece cuando esa influencia se ejerce sin método, sin verificación, sin responsabilidad y, peor aún, con el propósito deliberado de manipular emociones, destruir reputaciones, alimentar fanatismos o convertir la mentira en mercancía viral.

La diferencia entre periodismo y activismo no es menor. El activismo parte de una causa; el periodismo debe partir de los hechos. El activismo busca favorecer una agenda; el periodismo debe buscar la verdad, incluso cuando esa verdad incomode a quienes comparten nuestras simpatías, afectos o preferencias ideológicas. El activista selecciona lo que confirma su posición; el periodista está obligado a contrastar, verificar, contextualizar y escuchar varias versiones. Cuando esa frontera se borra, la sociedad pierde uno de sus mecanismos más importantes de defensa contra el abuso del poder.

Hoy se ha instalado una idea peligrosa: que ser objetivo es ser tibio. Esa falsedad ha contaminado el debate público. La objetividad no es indiferencia moral ni neutralidad ante la injusticia. La objetividad es disciplina intelectual. Es la voluntad de no mentir, de no manipular, de no deformar los hechos para complacer una tribu. Es el compromiso de mirar más allá del aplauso inmediato y de resistir la tentación de convertir cada noticia en munición de guerra cultural. En tiempos donde quien más grita parece tener más visibilidad, la serenidad del dato verificado se vuelve una forma de valentía.

La polarización ha convertido a muchos ciudadanos en consumidores de confirmación. Ya no buscan información para comprender, sino contenidos que los reafirmen. Las plataformas lo saben y los algoritmos lo explotan. La emocionalidad extrema retiene más tiempo, produce más reacciones y genera más tráfico. Por eso, la exageración, el insulto, la burla, el escándalo y la conspiración suelen viajar más rápido que la explicación rigurosa. El resultado es una ciudadanía informada a medias, indignada de manera permanente y cada vez menos dispuesta a escuchar al otro.

Ese deterioro del clima público amenaza la convivencia democrática. Una sociedad no puede deliberar si cada desacuerdo termina convertido en linchamiento digital. No puede construir consensos si toda opinión distinta es tratada como traición. No puede fortalecer sus instituciones si los hechos se subordinan a la conveniencia de los bandos. La democracia necesita conflicto, pero también necesita reglas, respeto, evidencia y lenguaje responsable. Sin esas condiciones, la conversación pública se convierte en una fábrica de resentimiento.

Los medios profesionales tampoco están exentos de responsabilidad. Sería ingenuo defender el periodismo sin reconocer sus errores, sus crisis de credibilidad, sus dependencias económicas, sus silencios selectivos y sus momentos de desconexión con la ciudadanía. Parte del terreno ganado por influencers y comunicadores digitales se explica por el vacío que dejaron medios incapaces de escuchar nuevas sensibilidades, explicar temas complejos con claridad o adaptarse a los cambios de consumo. La industria periodística debe hacer autocrítica, pero esa autocrítica no puede confundirse con la demolición del oficio.

El periodismo profesional sigue siendo indispensable porque aporta aquello que el ruido digital no puede garantizar por sí solo: método, edición, responsabilidad, trazabilidad, contraste, memoria institucional y obligación pública de rectificar. Un medio puede equivocarse, y de hecho se equivoca; pero cuando existe una cultura periodística seria, también existen procedimientos para corregir, revisar, confirmar y responder ante la audiencia. En cambio, muchos espacios de pseudoperiodismo digital se refugian en la impunidad de la viralidad: lanzan acusaciones, destruyen reputaciones y, cuando el daño está hecho, simplemente pasan al siguiente escándalo.

La inteligencia artificial agrava el desafío. Su potencial para apoyar investigaciones, procesar datos, traducir documentos, generar alertas o mejorar la productividad periodística es enorme. Pero también lo es su capacidad para fabricar contenido falso, producir imágenes engañosas, automatizar granjas de desinformación y saturar el ecosistema con basura digital. La llamada “AI Slop”, o basura generada por inteligencia artificial, no solo amenaza la calidad de la información; amenaza la posibilidad misma de distinguir entre lo auténtico y lo fabricado.

A ello se suma el fenómeno del “cero clic”, que puede reducir drásticamente el tráfico hacia los medios cuando los motores de búsqueda y asistentes de inteligencia artificial respondan directamente las preguntas de los usuarios sin conducirlos a las fuentes originales. Si el contenido periodístico es usado para alimentar sistemas automatizados que luego capturan audiencia y valor económico, la sostenibilidad del periodismo queda bajo amenaza. La sociedad debe entender que sin medios viables no hay investigación profunda, no hay reportería de calle, no hay cobertura territorial, no hay fiscalización del poder ni archivo confiable de la vida pública.

América Latina enfrenta esta tormenta en condiciones especialmente vulnerables. A la crisis tecnológica se suman la precariedad financiera, la violencia contra periodistas, la judicialización del oficio, la estigmatización desde sectores de poder y la creciente desconfianza ciudadana. El periodismo latinoamericano ha resistido dictaduras, censuras, crisis económicas y presiones políticas. Pero pocas veces había enfrentado tantas amenazas simultáneas: gobiernos que desacreditan a la prensa, plataformas que capturan la distribución, creadores digitales que absorben audiencias, inteligencia artificial que replica contenidos y ciudadanos fatigados que optan por desconectarse.

La evasión informativa es uno de los síntomas más preocupantes de esta época. Cuando la ciudadanía siente que todo es ruido, pelea, manipulación o propaganda, termina alejándose de las noticias. Ese alejamiento no produce sociedades más tranquilas, sino sociedades más vulnerables. Quien se desconecta de la información verificada queda más expuesto al rumor, al miedo, a la manipulación emocional y a la mentira diseñada para circular sin resistencia. La desinformación no triunfa únicamente cuando convence; también triunfa cuando agota.

La respuesta del periodismo no puede ser competir con los influencers en el terreno de la estridencia. No puede rebajarse al insulto para ganar audiencia ni abrazar el fanatismo para sobrevivir al algoritmo. Su salida está precisamente en lo que lo hace distinto: investigación original, reportería en el lugar de los hechos, análisis contextual, narrativas humanas, datos verificables, pluralidad, independencia editorial y una ética pública clara. En otras palabras, el periodismo debe volver a su raíz, pero con lenguaje contemporáneo, formatos innovadores y una conexión más honesta con las audiencias.

La República Dominicana no está fuera de esta realidad. Nuestro debate público también sufre los efectos de la polarización, la descalificación personal, la propaganda disfrazada de análisis y la tendencia a confundir notoriedad digital con autoridad moral o conocimiento. En ese contexto, defender el periodismo profesional no es defender privilegios corporativos; es defender el derecho de la sociedad dominicana a recibir información seria, contrastada y útil para tomar decisiones libres.

La libertad de expresión protege el derecho de todos a opinar, criticar y participar. Pero la libertad de expresión no convierte toda opinión en periodismo ni toda viralidad en verdad. El país necesita voces diversas, sí; necesita creadores digitales, comunicadores independientes, opinión ciudadana y nuevas plataformas. Pero también necesita estándares. Necesita distinguir entre informar y agitar, entre fiscalizar y difamar, entre opinión legítima y campaña de demolición, entre crítica pública y violencia verbal.

El gran desafío democrático de nuestra época consiste en reconstruir confianza. Y la confianza no se impone: se gana. Los medios deben ganarla con rigor, transparencia y coherencia. Los periodistas deben ganarla con independencia y humildad. Las plataformas deben asumir responsabilidad sobre los daños que amplifican. Los Estados deben proteger la libertad de prensa sin intentar domesticarla. Y la ciudadanía debe recuperar el valor de la información verificada como una herramienta de defensa frente a la manipulación.

En medio del ruido digital, la verdad parece menos espectacular que la mentira. No siempre grita, no siempre emociona de inmediato, no siempre confirma nuestras preferencias. Pero sin verdad no hay democracia posible. Sin periodismo no hay vigilancia efectiva del poder. Sin información confiable no hay ciudadanía plena. Y sin una conversación pública basada en hechos, la sociedad queda a merced de quienes convierten la confusión en negocio y la polarización en estrategia.

El periodismo no está llamado a ser perfecto, pero sí a ser necesario. No está llamado a gustarle a todos, pero sí a rendir cuentas ante la verdad. No está llamado a militar por bandos, sino a servir al interés público. En una época dominada por algoritmos, propaganda emocional e inteligencia artificial capaz de fabricar realidades, la misión del periodismo es más urgente que nunca: verificar cuando otros manipulan, contextualizar cuando otros simplifican, preguntar cuando otros aplauden y sostener la verdad cuando el ruido pretende enterrarla.

Luis Orlando Díaz Vólquez
#GuasábaraEditor

Claro, Luis. Aquí tienes una respuesta editorial y analítica para integrar al artículo:

¿Cómo pueden los medios tradicionales adaptarse a esta nueva realidad?

Los medios tradicionales deben entender que ya no compiten únicamente entre ellos, sino contra un ecosistema completo de plataformas, algoritmos, creadores de contenido, inteligencia artificial y audiencias fragmentadas. El Digital News Report 2026 del Reuters Institute señala que, por primera vez, las redes sociales y las plataformas de video superan globalmente a la televisión y a los sitios web de noticias como fuentes de información, lo que obliga a los medios a replantear su relación con las audiencias. [reutersins...s.ox.ac.uk], [reutersins...s.ox.ac.uk]

La adaptación no puede consistir en imitar el ruido de los influencers ni en sacrificar rigor por viralidad. Debe consistir en combinar la fortaleza histórica del periodismo —verificación, reportería, ética, edición, contexto y responsabilidad pública— con nuevos lenguajes narrativos: video, audio, pódcast, transmisiones en vivo, periodismo explicativo, visualización de datos y formatos breves para redes sociales. El Reuters Institute destaca que los medios están apostando cada vez más por investigaciones originales, análisis contextual, historias humanas, video y audio como respuesta ante la automatización y la competencia de la inteligencia artificial. [ifj.org], [ifj.org]

También deben construir comunidades, no solo audiencias. El influencer gana terreno porque genera cercanía, identificación emocional y sensación de autenticidad. Los medios deben recuperar esa conexión sin abandonar su método. Esto implica escuchar más, explicar mejor, transparentar sus procesos, mostrar cómo se verifica una información, corregir errores públicamente y fortalecer la relación directa con sus lectores, oyentes y usuarios.

El periodismo tradicional debe dejar de pensar que su autoridad se hereda por marca. En la era digital, la autoridad se demuestra todos los días. Se gana con independencia, profundidad, utilidad pública y capacidad para ofrecer aquello que el algoritmo no puede sustituir: criterio humano, investigación seria, presencia en el terreno y comprensión de los matices sociales.

¿Qué papel deben jugar los gobiernos en la regulación del periodismo digital?

Los gobiernos deben regular el ecosistema digital con extrema prudencia, porque existe una frontera delicada entre combatir la desinformación y abrir puertas a la censura. La prioridad del Estado no debe ser controlar contenidos periodísticos ni decidir qué opinión es válida, sino garantizar derechos: libertad de expresión, libertad de prensa, protección contra la violencia digital, transparencia en la publicidad política, defensa de datos personales y responsabilidad de las plataformas frente a campañas coordinadas de manipulación.

La regulación debe enfocarse en conductas dañinas verificables: suplantación de identidad, campañas de desinformación financiadas de manera opaca, uso fraudulento de inteligencia artificial, difusión maliciosa de datos privados, amenazas, acoso digital, manipulación electoral y publicidad política encubierta. El artículo de Listín Diario recuerda que la violencia digital incluye hackeos, doxxing e inteligencia artificial empleada para campañas difamatorias, fenómenos que ya forman parte del nuevo campo de batalla informativo. [listindiario.com]

Sin embargo, el gobierno no debe convertirse en árbitro de la verdad periodística. Esa función corresponde a una combinación de autorregulación profesional, justicia independiente, alfabetización mediática, organismos técnicos, sociedad civil, academia y mecanismos transparentes de rendición de cuentas. Cuando el poder político regula el discurso con criterios ambiguos, el riesgo es que termine castigando la crítica legítima bajo el pretexto de combatir la desinformación.

La mejor regulación es aquella que protege el debate democrático sin asfixiarlo. Debe exigir transparencia a las plataformas, trazabilidad de la propaganda política digital, identificación de contenidos generados por inteligencia artificial cuando puedan inducir a engaño, protección efectiva a periodistas y sanciones contra la violencia digital. Pero nunca debe ser utilizada para intimidar medios, perseguir voces críticas o imponer verdades oficiales.

¿Cómo puede recuperarse la confianza en los medios?

La confianza no se recupera con campañas de imagen, sino con coherencia editorial. Los medios deben demostrar que están al servicio de la verdad y del interés público, no de agendas ocultas, intereses económicos, militancias disfrazadas o pactos de conveniencia. El Reuters Institute reporta que la confianza promedio en las noticias se sitúa en torno al 37%, un nivel bajo que refleja cansancio, escepticismo y distanciamiento ciudadano frente al ecosistema informativo. [reutersins...s.ox.ac.uk], [ifj.org]

Para reconstruir credibilidad, los medios deben practicar una transparencia radical: explicar sus fuentes cuando sea posible, diferenciar con claridad noticia, opinión, análisis y publicidad; corregir errores de manera visible; evitar titulares engañosos; no amplificar rumores; y resistir la tentación de convertir cada tema en espectáculo. La objetividad no significa tibieza. Significa disciplina, equilibrio, contraste y respeto por los hechos.

También es indispensable recuperar el periodismo de calle. La ciudadanía confía más cuando ve periodistas presentes en los territorios, investigando problemas reales, escuchando comunidades, fiscalizando al poder y explicando cómo las decisiones públicas afectan la vida cotidiana. Frente a la inteligencia artificial y al contenido sintético, el valor del periodismo estará cada vez más en lo humano: mirar, preguntar, verificar, narrar y contextualizar desde la realidad.

La confianza también exige pluralidad. Un medio que solo habla para una tribu termina perdiendo autoridad pública. La sociedad necesita medios capaces de incomodar a todos los poderes, no solo a los adversarios ideológicos de turno. Cuando un medio denuncia selectivamente, silencia convenientemente o editorializa sin admitirlo, erosiona su propia legitimidad.

En definitiva, los medios tradicionales podrán sobrevivir si entienden que la nueva realidad no exige abandonar el periodismo, sino hacerlo mejor. Los gobiernos deben regular sin censurar. Las plataformas deben asumir responsabilidad sin sustituir la libertad de expresión. Y los ciudadanos deben aprender a distinguir entre información, propaganda, entretenimiento, activismo y manipulación.

La democracia necesita medios fuertes, pero también medios humildes, transparentes y responsables. En medio del ruido digital, la confianza será el nuevo capital del periodismo. Y solo la recuperarán quienes sean capaces de demostrar, con hechos y no con discursos, que informar sigue siendo un servicio público esencial.

jueves, 16 de octubre de 2025

Fabricio Gómez Mazara: ‘Más mujeres con acceso a microcrédito es clave para el futuro económico de RD

Fabricio Gómez Mazara: ‘Más mujeres con acceso a microcrédito es clave para el futuro económico de RD’

Santo Domingo, República Dominicana – 14 de octubre de 2025.

Fabricio Gómez Mazara,
economista, catedrático e investigador

El economista Fabricio Gómez Mazara, director general del Consejo Nacional de Promoción y Apoyo a la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Promipyme), abordó temas cruciales para el desarrollo económico y social del país: inclusión financiera, sostenibilidad institucional, reforma laboral, resiliencia ante choques externos, cambio generacional en la política, el impacto de la era digital y la importancia de la cultura general.

Entrevistado en el Jorge Chaljub Podcast, transmitido el pasado 12 de octubre, Gómez Mazara enfatizó que “necesitamos más mujeres con acceso a microcrédito”, destacando que esta herramienta no solo fortalece la autonomía económica femenina, sino que también impacta en la reducción de la pobreza y la generación de empleo. Explicó que la bancarización inducida durante la pandemia —a través de programas como FASE y Quédate en Casa— creó una base importante para el trabajo actual de Promipyme, cuya misión incluye la inclusión financiera.
“En Promipyme usted puede ser cliente siendo persona física o microempresa. Actualmente tenemos un programa llamado Tu Firme Tu Garantía, diseñado a sugerencia del presidente Abinader, quien nos planteó la necesidad de atender reclamos de mujeres trabajadoras en servicios y comercio informal que no podían acceder a crédito por el historial afectado de sus parejas tras la pandemia”, señaló.

Este programa otorga préstamos de hasta RD$150,000 sin garante ni codeudores, a sola firma, y ha sido clave para incorporar mujeres al tejido productivo. “El FMI ha señalado que para mantener la sostenibilidad del crecimiento económico, República Dominicana debe sumar más mujeres a la economía formal, especialmente porque el 40% de los hogares son monoparentales dirigidos por mujeres”, agregó. Desde su llegada a Promipyme, Gómez Mazara decidió inclinar la cartera a favor de las mujeres, por ser mejores pagadoras y más adversas al riesgo.
“Preferimos clientas porque son más conservadoras y responsables en el pago, aunque tomen montos menores. Esto nos ha permitido fortalecer la institución y cumplir con nuestra misión de inclusión financiera”, puntualizó.

El economista aclaró que, aunque algunas microempresas inician como de subsistencia, esto no debe confundirse con pobreza.
“Un microempresario por definición no es una persona pobre, es alguien que arriesga un capital pequeño, pero con capacidad de crecer. Muchos casos exitosos, como el fundador de Adrian Tropical, comenzaron como negocios modestos y hoy son grandes empresas”, afirmó. Recordó que el tejido productivo dominicano está compuesto en un 96% por micro, pequeñas y medianas empresas, y de ese total, el 84% son microempresas.
“Son quienes ponen la ciudad en movimiento desde las 4 de la mañana: motoconchistas, vendedores ambulantes, pequeños comercios. Sin ellos, la economía urbana no funciona”, agregó.

Gómez Mazara también destacó que la informalidad es más una cultura comercial que una definición legal.
“El 94% de los dominicanos prefiere el efectivo como forma de pago, según la encuesta de cultura financiera del Banco Central. Esto refleja hábitos arraigados que dificultan la bancarización”, explicó. Además, analizó cómo la digitalización ha transformado el trabajo y la necesidad de modificar el Código Laboral para garantizar derechos a quienes trabajan en plataformas.
“Hoy la regulación va detrás de la realidad. Debemos preservar derechos adquiridos, pero también crear mecanismos para los nuevos trabajadores. Propongo sustituir la cesantía por un seguro de desempleo con tope máximo, que permita al trabajador recibir ingresos mientras busca empleo, sin afectar la sostenibilidad de las empresas”, indicó.

Sobre el contexto económico, afirmó: “No podemos comparar el mundo prepandémico con el postpandémico. Hemos enfrentado la pandemia, la invasión rusa a Ucrania, el vendaval inflacionario, los aranceles unilaterales de EE.UU. y la crisis migratoria haitiana. A pesar de todo, el país ha crecido, generado empleo y mantenido paz social, lo que es un logro colectivo de líderes políticos y empresariales”. Citó un estudio del FMI:
“República Dominicana ha sido la economía que más rápido ha reducido la brecha del ingreso per cápita con Estados Unidos en los últimos 50 años, más que cualquier país latinoamericano”.

En cuanto al cambio generacional en la política, Gómez Mazara resaltó:
“Es el primer presidente nacido después del ajusticiamiento de Trujillo y no bebió de las fuentes de los caudillos tradicionales. Ha mostrado transparencia, cercanía y disposición al diálogo, incluso participando en debates presidenciales, algo inédito en nuestra historia”, señaló. Advirtió que
“hoy la política se enfrenta a la era de la posverdad, donde la popularidad pesa más que la trayectoria y donde influencers pueden desarticular políticas públicas con una frase. Gobernar ahora es más difícil porque las redes sociales han creado homilías digitales, donde el medio importa más que el mensaje. En este contexto, la humildad, el conocimiento y la capacidad de administrar el silencio son esenciales”.

El economista alertó sobre el poder de los algoritmos y el experimento de Cambridge Analytica, que demostró cómo se puede modelar el comportamiento y las decisiones de consumo, inversión e incluso votación.
“Los algoritmos replican más lo negativo que lo positivo porque la gente reacciona más a lo que le disgusta. Por eso debemos volver a sentarnos con nuestros hijos, conversar, explicarles nuestra historia antes de que la aprendan en internet”, afirmó. Subrayó la importancia de transmitir valores y contexto histórico:
“Lo que hoy disfrutan fue producto del sacrificio de generaciones anteriores. Antes lo difícil era encontrar información; ahora lo difícil es filtrar la irrelevante”, explicó.

Finalmente, reflexionó sobre el poder de los monopolios digitales y la concentración de riqueza:
“El cambio tecnológico ha traído de vuelta los monopolios. Corporaciones como Google toman decisiones que afectan lo que vemos y consumimos. Data is the new oil, y eso plantea retos regulatorios enormes”, señaló. También analizó cómo la falta de respuesta de la democracia occidental tras la crisis subprime de 2008 ha alimentado liderazgos disruptivos:
“Estamos en un mundo desequilibrado, y ese descontento se capitaliza con mensajes simplistas. La democracia costó sangre, sudor y lágrimas en América Latina; debemos transmitir ese valor a las nuevas generaciones”, concluyó.

Gómez Mazara compartió sus recomendaciones literarias:
“De parte de la princesa muerta” de Kenizé Mourad, para comprender la cultura musulmana;
“La infocracia” de Byung-Chul Han, sobre digitalización y crisis de la democracia;
y obras de Milan Kundera, como La insoportable levedad del ser, por su profundidad filosófica.
“Leer humaniza, amplía la cultura general y permite cohabitar con los semejantes. La lectura es más importante que nunca en un mundo hiperconectado”, afirmó.

El episodio completo está disponible en YouTube: https://youtu.be/uvlFe4VSrYM?si=xKUbIG-DniEejd0C.



Más mujeres con acceso a microcrédito: una estrategia para el desarrollo económico sostenible en República Dominicana
Por Luis Orlando Díaz Vólquez

La inclusión financiera se ha convertido en uno de los pilares fundamentales para el desarrollo económico sostenible en economías emergentes. En el contexto dominicano, el acceso al crédito para mujeres microempresarias no solo representa una oportunidad para reducir la pobreza, sino también para dinamizar el tejido productivo nacional. Tal como lo plantea Gómez Mazara (2025), “necesitamos más mujeres con acceso a microcrédito”, una afirmación que trasciende lo discursivo y se sustenta en evidencia empírica y en recomendaciones de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El diseño de políticas públicas orientadas a la equidad financiera responde a una realidad estructural: el 40% de los hogares dominicanos son monoparentales y están dirigidos por mujeres (Banco Central de la República Dominicana, 2023). En este sentido, programas como Tu Firme Tu Garantía, impulsado por Promipyme, constituyen un avance significativo al ofrecer préstamos de hasta RD\$150,000 sin garante ni codeudores, eliminando barreras históricas que limitaban la participación femenina en la economía formal. Esta iniciativa no solo promueve la autonomía económica, sino que también contribuye a la sostenibilidad institucional, al reducir la cartera en riesgo de 16.8% a menos del 8% en dos años (Promipyme, 2025).

Desde una perspectiva académica, la relación entre inclusión financiera y desarrollo económico ha sido ampliamente documentada. Estudios del FMI (2024) señalan que la incorporación de mujeres al tejido productivo es condición sine qua non para mantener tasas de crecimiento sostenibles en el mediano y largo plazo. La evidencia local confirma esta tendencia: las mujeres presentan menores niveles de morosidad y mayor aversión al riesgo, lo que las convierte en agentes estratégicos para la estabilidad financiera.

Sin embargo, la discusión sobre microcrédito no puede desvincularse de los retos estructurales que enfrenta la economía dominicana. La informalidad, que afecta a más del 50% de la fuerza laboral, no es únicamente una categoría legal, sino una cultura comercial arraigada (Banco Central, 2023). Este fenómeno, sumado a la atomización laboral y la irrupción de plataformas digitales, plantea la necesidad de reformas normativas que garanticen derechos laborales sin comprometer la competitividad empresarial. En palabras de Gómez Mazara (2025), “debemos preservar derechos adquiridos, pero también crear mecanismos para los nuevos trabajadores”, lo que implica repensar figuras como la cesantía y avanzar hacia esquemas de seguro de desempleo con topes máximos.

El contexto internacional añade complejidad a este escenario. La pandemia, la invasión rusa a Ucrania, los aranceles unilaterales de Estados Unidos y la crisis migratoria haitiana han configurado un entorno de alta incertidumbre. A pesar de ello, República Dominicana ha mantenido tasas de crecimiento superiores al promedio regional y ha reducido la brecha del ingreso per cápita con Estados Unidos más rápido que cualquier país latinoamericano en los últimos 50 años (FMI, 2024). Este desempeño, sin embargo, no debe invisibilizar los desafíos internos: la concentración de riqueza, el poder de los monopolios digitales y la vulnerabilidad frente a algoritmos que modelan comportamientos de consumo y votación, como evidenció el caso Cambridge Analytica.

En este contexto, la inclusión financiera femenina emerge no solo como una política social, sino como una estrategia económica y cultural. Promover el acceso al microcrédito para mujeres implica reconocer su papel en la cohesión social y en la resiliencia económica. Pero también exige un cambio en la narrativa política y en la cultura digital: gobernar en la era de la posverdad demanda humildad, conocimiento y capacidad para administrar el silencio frente a discursos simplistas que erosionan la institucionalidad.

Finalmente, la apuesta por la equidad financiera debe complementarse con la promoción del capital cultural. Como señala Gómez Mazara (2025), “leer humaniza, amplía la cultura general y permite cohabitar con los semejantes”. En un mundo hiperconectado, donde la información abunda pero la comprensión escasea, la lectura crítica y la educación financiera son herramientas esenciales para construir ciudadanía y fortalecer la democracia.

Referencias
Banco Central de la República Dominicana. (2023). Encuesta de cultura financiera.
Fondo Monetario Internacional. (2024). Perspectivas económicas regionales: América Latina y el Caribe.
Promipyme. (2025). Informe de gestión institucional.
Gómez Mazara, F. (2025). Entrevista en Jorge Chaljub Podcast.


💡 Más mujeres con acceso a microcrédito = más desarrollo para RD 🇩🇴
Esta no es solo una meta financiera: es una visión estratégica del presidente Luis Abinader y una ejecución firme de Fabricio Gómez Mazara desde #Promipyme.

✅ Cuando una mujer accede a crédito, transforma su vida, su familia y su comunidad.
📊 El 40% de los hogares dominicanos son monoparentales dirigidos por mujeres. Programas como #TuFirmeTuGarantía eliminan barreras y fortalecen el tejido productivo.

🌍 Microcrédito es política de Estado: impulsa crecimiento, reduce pobreza y genera resiliencia económica.
¿Estamos listos para dar el siguiente paso hacia la inclusión y la sostenibilidad?

#InclusiónFinanciera #EmpoderamientoFemenino #EconomíaRD #DesarrolloSostenible #LiderazgoFemenino #LuisAbinader #FabricioGómezMazara

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martes, 11 de febrero de 2025

El movimiento “desinfluencer” desafía la cultura del consumo excesivo en redes sociales | #deinfluencing #desinfluencer

Tendencias

El movimiento “desinfluencer” desafía la cultura del consumo excesivo en redes sociales
Cada vez más creadores de contenido rechazan la compra impulsiva promovida en plataformas digitales, alertando sobre la influencia de la publicidad encubierta y fomentando un consumo más consciente y responsable, según destacó la BBC
Por Joaquín Bahamonde / 11 Feb, 2025 03:05 a.m. EST
Mientras el marketing digital sigue
Mientras el marketing digital sigue impulsando el consumo masivo, un nuevo movimiento en redes sociales promueve la compra consciente y cuestiona la cultura de la moda rápida y la publicidad encubierta (Freepik)
Durante años, las redes sociales impulsaron una cultura de consumo masivo, en la que los influencers promovieron la compra constante de productos de modabelleza y tecnología.
Sin embargo, en los últimos tiempos, un movimiento opuesto ganó terreno: la "desinfluencia". Más que incentivar la adquisición de artículos, sus seguidores cuestionan la necesidad de comprar todo lo que las plataformas promocionan y promueven un consumo más consciente.
En TikTok, el hashtag #deinfluencing superó los 1.000 millones de visitas, reflejando el crecimiento de esta tendencia que desafía el modelo tradicional del marketing digital, según informó la BBC.

Un cambio de perspectiva en las redes sociales

Diana Wiebe, influencer de Ohio conocida en redes como @DepressionDotGov, experimentó en primera persona el impacto de la publicidad en redes. En 2019, compró rizadores sin calor que TikTok promovía como un método revolucionario para obtener ondas perfectas. “Para ser sincera, los rizadores interrumpieron mi sueño y los usé una sola noche”, comentó a la BBC.

Pronto notó que muchas de sus compras, desde exfoliantes hasta cremas faciales, no eran esenciales.

Con el tiempo, Wiebe adoptó un enfoque distinto y comenzó a cuestionar el consumismo desmedido en redes sociales. En sus publicaciones, anima a sus más de 200.000 seguidores a reflexionar antes de comprar y a preguntarse si realmente desean un producto o si la publicidad los convenció de necesitarlo.

Además, critica la normalización de las compras frecuentes, impulsadas por influencers que exhiben sus adquisiciones en videos conocidos como hauls.

“Cuando empecé a ver más anuncios en mi muro de TikTok, pensé en todo lo que había comprado en los últimos años gracias a las reseñas de los influencers”, explicó Wiebe a la BBC. A diferencia de la televisión, donde los comerciales son fácilmente identificables, en redes sociales la publicidad se presenta de manera más sutil, ya que los creadores de contenido suelen ser percibidos como figuras cercanas y de confianza.

Lo que antes se consideraba
Lo que antes se consideraba una práctica normal en redes sociales, como los hauls semanales y las compras impulsivas, ahora es visto como un reflejo del consumismo excesivo que el movimiento "desinfluencer" busca frenar (Freepik)

El impacto de la moda rápida en el estilo personal

Además de sus consecuencias económicas y ambientales, el consumo acelerado transformó la forma en que las personas construyen su estilo. Para la estilista Lucinda Graham, esta tendencia llevó a que muchas compras respondan a modas pasajeras en lugar de a una expresión auténtica.

“Si preparas algo rápido, está bueno, pero no puede competir con un plato que se cocinó con cuidado y esfuerzo. Lo mismo ocurre con la moda rápida en comparación con un vestuario que fue cuidadosamente elegido”, señaló Graham a la BBC.

En lugar de seguir ciclos de compra acelerados, sugiere invertir en piezas atemporales y permitir que la ropa envejezca de manera natural, lo que otorga autenticidad al vestuario. “Cuando los influencers nos convencen de comprar ropa, intentamos emular su estilo de vida, pero eso no da como resultado un armario práctico”, afirmó la estilista.

La acumulación de prendas impulsada
La acumulación de prendas impulsada por las tendencias efímeras de la moda rápida deja menos espacio para un estilo personal auténtico, una idea que los "desinfluencers" buscan revertir (Freepik)

¿Está cambiando la industria del consumo?

El impacto del movimiento “desinfluencer” en las grandes marcas aún es difícil de medir, pero algunos indicadores sugieren un cambio de hábitos. Empresas como Asos, Boohoo y Pretty Little Thing registraron una caída en la demanda en los últimos años.

Sin embargo, la industria del marketing de influencers sigue en crecimiento y en 2023 alcanzó un valor de 21.100 millones de dólares, según datos citados por la BBC.

Para la escritora y editora colaboradora de Elle Aja Barber, esta tendencia es un paso en la dirección correcta, pero no suficiente. En declaraciones a la BBC, enfatizó que la problemática del consumismo no se resuelve solo con un cambio de actitud en redes sociales: “Desde los multimillonarios propietarios de empresas hasta los influencers y nosotros como consumidores, todos tenemos un papel que desempeñar”.

Mientras la industria de los
Mientras la industria de los influencers sigue generando miles de millones, el auge de la desinfluencia evidencia un cambio de mentalidad: ¿comprar por necesidad o por estrategia de mercado? (Freepik)

Hacia un consumo más consciente

Según la BBC, hace menos de un siglo en la década de 1930, el armario de una mujer promedio contenía unas 60 prendas y cada año adquiría aproximadamente 5 nuevas. Hoy, la industria de la moda rápida produce más de 100.000 millones de prendas al año, de las cuales más de la mitad termina en vertederos en menos de 12 meses.

El medio afirma que este modelo de consumo no solo impacta en la economía de los individuos, sino también en el medioambiente y en la forma en que las personas construyen su identidad a través de la ropa.

Para Barber, es momento de reconocer que el consumo sin límites tiene consecuencias tangibles. “Tenemos que ser realistas respecto del daño que los individuos comunes están haciendo con la idea de que podemos simplemente consumir y consumir sin que esto tenga un impacto negativo. Eso no es cierto”, aseguró a la BBC.

https://www.infobae.com/tendencias/2025/02/11/el-movimiento-desinfluencer-desafia-la-cultura-del-consumo-excesivo-en-redes-sociales/