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Henry Kissinger, secretario de Estado de Nixon y Ford, fallece a los 100 años
El ex secretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger en una entrevista con Neil Cavuto para el programa “Cavuto Coast to Coast” en Fox Business Network, el 5 de junio de 2015, en Nueva York. (AP Foto/Richard Drew, Archivo)
BY NANCY BENAC
Updated 11:48 PM GMT-4, November 29, 2023
WASHINGTON (AP) — El ex secretario de Estado Henry Kissinger, el diplomático de los gruesos anteojos y la voz rasposa que dominó la política exterior en momentos en que Estados Unidos se distanciaba de Vietnam y derribaba barreras con China, falleció el miércoles, informó su compañía consultora. Tenía 100 años de edad.
Con su áspera e imponente presencia y su manipulación del poder tras bambalinas, Kissinger ejerció una inusual influencia en los asuntos mundiales durante el gobierno de los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford, labores por las que fue repudiado y también ganó el premio Nobel de la Paz. Varias décadas más tarde, su nombre seguía siendo objeto de un apasionado debate sobre hitos diplomáticos del pasado.
El poder de Kissinger aumentó durante el escándalo de Watergate, cuando el diplomático asumió un rol similar al de copresidente al lado de un debilitado Nixon.
“Sin lugar a dudas que se estimuló mi vanidad”, escribió más tarde Kissinger en referencia a su creciente influencia. “Pero la emoción dominante era la premonición de una catástrofe”.
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— LuisOrlando Díaz Vólquez (@GUASABARAeditor) April 19, 2022
Entretenimiento martes, 19 de abril de 2022
Julia Roberts da vida en la serie “Gaslit” a Martha Mitchell, la mujer clave del caso "Watergate"
La serie, que se estrena el próximo 24 de abril en Starz, está dirigida por Matt Ross y basada en el pódcast "Slow Burn"
Nora Quintanilla/EFE
Nueva York
““Martha tenía razón”: bajo ese lema se estrenó el lunes en Nueva York la nueva serie “Gaslit”, protagonizada por Julia Roberts y que revisa el famoso escándalo del Watergate (1972) reivindicando la figura de su denunciante, hoy más conocida por los psicólogos que por el público general.
El Museo Metropolitano de Arte (Met) cerró sus puertas antes de lo habitual para desplegar una alfombra roja entre valiosas antigüedades egipcias por donde pasó el elenco encabezado por Julia Roberts y el otro protagonista, Sean Penn, a los que se sumaron decenas de celebridades invitadas al primer visionado.
En "Gaslit", Roberts interpreta a Martha Mitchell -esposa de John Mitchell, fiscal general y jefe de campaña del presidente Richard Nixon en 1972-, una figura compleja que dio con los indicios de lo que sería el caso Watergate pero fue condenada al ostracismo por los republicanos y falleció de cáncer unos años después.
Luciendo su distintiva sonrisa y agarrada de la mano de Penn, su marido en la pequeña pantalla, la actriz llegó en el último momento vestida con un traje gris de pantalón corto y circunvaló a los medios que esperaban, haciendo solo una excepción con Starz, el canal productor de la serie.
"Creo que (Martha) es el hueso del melocotón al que nadie prestó nunca atención: todo el mundo se comió el melocotón y tiró el hueso. Nunca lo había explicado así", comentó entre risas Roberts, radiante en un traje gris de chaqueta con pantalón corto, camisa blanca y fajín.
Penn, irreconocible en la serie bajo capas de maquillaje y prótesis que le quitan pelo y añaden kilos, excepto por su mirada verde y su gesto facial característico, consideró que es el momento "oportuno" de recordar a esta figura olvidada, y un "recordatorio de cómo no se hacen las cosas".
La revisión que propone la serie a lo largo de ocho episodios va más allá del hecho histórico que desencadenó la dimisión de Nixon, tal y como adelanta su título (Gaslit o Luz de gas) que alude a un tipo de abuso psicológico en el que se lleva a la víctima a cuestionar su propia cordura.
Es lo que se sugiere que sufrió la "socialité" de Arkansas, a la que su marido ordenó encerrar en un hotel para evitar que hablara con la prensa, ya que había atado los cabos entre el robo en la sede del Comité Nacional Demócrata y el comité para la reelección de Nixon, que dirigía John Mitchell.
El subtítulo, "El 'Watergate' fue un error. Martha tenía razón", que adorna a partir de hoy algunos autobuses en la Gran Manzana, intenta corregir el entuerto que dio lugar al "efecto Martha Mitchell", como se conoce al error en el que un psicólogo califica de desvarío las percepciones reales de un paciente.
A eso aludieron también varios actores de reparto, como Chris Bauer (que interpreta James McCord), el exagente de la CIA detenido en el operativo de espionaje a dirigentes demócratas y que Martha reconoció como jefe de seguridad del comité en el que trabajaba su marido.
"Estos hombres que intentaban racionalizar su andadura en el crimen (...) también rodearon colectivamente a Martha Mitchell, que estaba diciendo la verdad alto y claro, la silenciaron física y violentamente, y la denostaron como si estuviera loca", dijo el actor a Efe.
De manera similar se pronunció el actor Patton Oswalt, intérprete de quien fuera considerado el "verdugo" de Nixon, Chuck Colson, al que describió como un "verdadero creyente que era salvajemente incompetente, si es que se puede ser las dos cosas a la vez".
La serie, que se estrena el próximo 24 de abril en Starz, está dirigida por Matt Ross y basada en el pódcast "Slow Burn", en el que el periodista Leon Neyfakh indagó en los personajes olvidados y las tramas a las que considera no se prestó atención en el relato más conocido del escándalo.
Julia Roberts da vida en la serie Gaslit a Martha Mitchell la mujer clave del caso Watergate
El presidente de EE UU, Donald Trump.JACQUELYN MARTINGTRES
El FBI llegó a abrir una investigación para determinar si el presidente Donald Trump trabajaba para Rusia contra los intereses de Estados Unidos, según ha informado The New York Times. Los agentes federales empezaron a sospechar de los vínculos de Trump con Rusia durante la campaña presidencial de 2016, pero en ese momento no comenzaron una investigación al no estar seguros de cómo manejar un asunto tan sensible. Fue más tarde, en los días anteriores y posteriores al despido del entonces director del FBI, James Comey, cuando decidieron abrir la investigación, siempre según la información de The New York Times, que cita fuentes anónimas de las fuerzas de seguridad y otras familiarizadas con las pesquisas.
La investigación, que se inició después del despido de Comey y de la que el diario no ofrece las eventuales conclusiones, acarreaba importantes implicaciones, por un lado, de índole de contrainteligencia: los agentes debían determinar si las propias acciones del presidente constituían una amenaza a la seguridad nacional, y si Trump actuaba deliberadamente para Rusia o si había caído involuntariamente bajo su influencia. También existía un componente penal: determinar si el despido de Comey constituyó un delito de obstrucción a la justicia. Así como el supuesto componente de contrainteligencia hasta ahora no había salido a la luz, de este segundo sí se tenía ya conocimiento.
Cuando, tras el despido de Comey, se nombró a Robert Mueller fiscal especial de la trama rusa, este asumió la investigación sobre el presidente, en el marco de sus más amplias pesquisas sobre cómo agentes rusos pudieron intervenir en las elecciones de 2016 y si el entorno de Trump conspiró con ellos. No está claro, explica el diario, si Mueller mantiene vivo el frente de contrainteligencia.
El presidente Trump no ha tardado en reaccionar a la información, con una ofensiva tuitera. "Wow, me acabo de enterar por el fallido New York Times que los exlíderes corruptos del FBI, casi todos despedidos o forzados a irse de la agencia por algunas razones muy malas, abrieron una investigación sobre mí, sin razón alguna y sin pruebas, después de que yo despidiera al mentiroso de James Comey, ¡un sinvergüenza total!", tuiteó el presidente este sábado por la mañana.
"Cuando despedí a James Comey fue un gran día" para el país, prosigue Trump, y añade que el exdirector del FBI "está siendo totalmente protegido por su mejor amigo, Bob Mueller".
Recientemente circuló un video de un ciudadano peruano que estaba en un restaurante en San Francisco, California, en el que se encontró con el expresidente de Perú, Alejandro Toledo, quien estaba compartiendo con otros comensales en ese lugar. El video recoge el momento en que el ciudadano peruano intenta preguntarle al señor Toledo sobre su posible extradición a Perú por el caso Odebrecht. Todos los expresidentes de Perú están siendo cuestionados por enriquecimiento ilícito en este escandaloso caso de corrupción que sacude a distintos países de América Latina, entre ellos, el nuestro.
Lo increíble del caso nuestro a diferencia de lo que sucede en el resto de los países es que aquí, en República Dominicana, pretende el actual gobierno de Danilo Medina, que nos creamos el cuento de que solo los acusados por la Procuraduría General de la República son los únicos responsables de haber recibido sobornos por US$92 millones de dólares.
Basta con señalar que Odebrecht llegó a instalar en el país su Departamento de Operaciones Estructuradas (Departamento de Sobornos), para desde aquí, distribuir esos sobornos en los países donde hacía negocios. En un país presidencialista como el nuestro, donde no se mueve un alfiler de un Despacho sin que lo sepa el presidente de la República, es imposible pensar que ese Departamento de Odebrecht se trasladara al país sin contar con la autorización del presidente Danilo Medina.
Pero, esto no solo quedó ahí. Lula visitó República Dominicana, conjuntamente con los ejecutivos de Odebrecht y obtuvo dos cuestiones claves. Primero, logró que Punta Catalina le sea contratada a Odebrecht, aunque para esto hubo que deshacer una convocatoria de licitación internacional,llegándose al extremo de que se creó un competidor virtual para que Odebrecht “ganase” la licitación fabricada a tal efecto. Y lo segundo, insertó en el equipo de marketing del gobierno a Joao Santana y Monica Moura, quienes fueron luego condenados por el caso “Lava Jato” en Brasil. Solo recordar que Santana fue trasladado desde aquí a Brasil, directo a prisión, y que Danilo Medina le agradeció a Santana su triunfo en 2016.
Como el PLD controla todos los poderes del Estado, la sanción legal no llegará a todos los que están en la cadena de corrupción e impunidad, al menos hasta 2020. Nos queda el camino de la sanción moral, tal como dice Jose Ugaz, “Si a algo temen los corruptos no es tanto a la prisión –de la que creen que saldrán bien librados–, sino a la sanción social, a la pérdida de su reputación”.
http://elnacional.com.do/fuera-corruptos/
Por décima ocasión, Cámara de Diputados (controlada por el PLD) rechaza crear Comisión Especial para investigar pagos a Joao Santana #odebrecht. En paradoja, escucha intervención de diputada Lucía Medina por #MochilaGate. Ambos asuntos deben investigarse y sancionarse.
La expresión “follow the money” o “sigue el dinero” es atribuida en la película “All the president’s men” (“Los hombres del presidente”) a “Garganta Profunda”, el informante que devela el escándalo de Watergate, cuando le aconseja a los periodistas del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, que sigan la ruta del dinero para llegar a los altos crímenes cometidos desde la Casa Blanca.
Desde Watergate hasta los escándalos que han sacudido diversos países latinoamericanos, como el de “Odebrecht”, “Lavajato”, “Los Cuadernos de las Coimas”, y “Los Audios de la Corrupción”, todos han tenido decisiva participación de la prensa en llevar al conocimiento del público sobre estos crímenes de peculado. Si no hubiese sido por la prensa, es muy poco lo que la autoridad judicial (al menos la actual) hubiese hecho en el caso Odebrecht en el país.
Solo recordar que fue la justicia de Estados Unidos, y luego la de Brasil, las que dieron la voz de alerta sobre el esquema de corrupción existente y que involucraba a personajes de la Republica Dominicana, y por supuesto, al gobierno.
Pero, la gran pregunta que nos debemos hacer todos es la siguiente: ¿Es posible creer que el esquema de corrupción de Odebrecht en el país solo abarcara a las dos o tres personas inicialmente acusadas, y que fueron solo esas personas, los que crearon el mecanismo de sobornos de más de 90 millones de dólares, sobrevaloración y aportes a procesos electorales por más de 10 años? ¿Cómo creer que las plantas de Punta Catalina no sean parte de la investigación judicial, cuando hubo pagos de sobornos relacionados con la aprobación de esa obra? ¿Cómo se instaló el “Departamento de Operaciones Estructuradas” de Odebrecht, que es el Departamento de Sobornos, en el país, sin que fuese del conocimiento de las autoridades?
El caso Watergate desencadenó la única caída de un presidente de Estados Unidos, Richard Nixon. Tras la perseverancia de The Washington Post, el Senado designó una Comisión Investigadora que hizo comparecer a personas claves, y se revelaron las famosas cintas magnetofónicas que develaron la trama.
Nixon no tuvo otra opción que renunciar a la presidencia. Woodward y Bernstein demostraron que cuando se encara una investigación, el objetivo es la verdad. El periodismo profesional no tiene objetivos políticos, busca la verdad periodística.
En la próxima entrega, continuaremos con la ruta del dinero.
EE. UU. nombra fiscal especial para investigar supuesta injerencia rusa
El Departamento de Justicia de EE. UU. nombró al exdirector del FBI Robert Muller como "fiscal especial" para supervisar la investigación de esa agencia sobre la supuesta injerencia de Rusia en las elecciones de 2016.
El Departamento de Justicia de EE.UU. nombró al exdirector del FBI Robert Muller como "fiscal especial" para supervisar la investigación de esa agencia sobre la injerencia de Rusia en las elecciones de 2016.
En un comunicado, el vicefiscal general, Rod Rosenstein, anunció el nombramiento de Muller para supervisar la pesquisa sobre la potencial intrusión rusa y los "asuntos relacionados", en una aparente referencia a los posibles lazos entre la campaña del presidente de EE.UU., Donald Trump, y el Kremlin.
"Mi decisión no es un hallazgo de que se han cometido delitos o de que una acusación está garantizada. No he llegado a semejante determinación", explicó Rosenstein.
"Lo que he determinado -precisó- es que, con base en circunstancias únicas, el interés público requiere que ponga esta investigación bajo la autoridad de una persona que ejerza una cierta independencia de la cadena normal de mando".
El vicefiscal insistió en que "un fiscal especial es necesario para que el pueblo estadounidense tenga una confianza completa en el resultado" de la investigación.
"El fiscal especial Mueller tendrá todos los recursos apropiados para dirigir una investigación exhaustiva y completa, y estoy seguro de que él seguirá los hechos, aplicará la ley y alcanzará un resultado justo", agregó Ronsenstein.
Mueller ha acordado dimitir de un bufete de abogados para el que trabajaba, a fin de "evitar conflictos de intereses", añadió el comunicado.
El nuevo fiscal especial dirigió el Buró Federal de Investigación (FBI) durante doce años bajo las presidencias del republicano George W. Bush y el demócrata Barack Obama, hasta su retirada en 2013.
A Mueller le sucedió como director del FBI James Comey, quien fue destituido por el presidente Trump la semana pasada, una decisión que desató una tormenta política en Washington.
Comey dirigía la investigación sobre la injerencia rusa en los comicios de 2016 y los posible lazos del equipo de campaña de Trump y el Kremlin.
Comey fue despedido por sorpresa, en un principio por su papel en las investigaciones que había realizado por el polémico uso de correos electrónicos desde un servidor privado de parte de la excandidata presidencial demócrata Hillary Clinton, a quien derrotó Trumo en los comicios del pasado noviembre.
Poco después de esa versión oficial, Trump dijo que había prescindido de Comey al considerar que era un "fanfarrón" y que el FBI era "un descontrol" desde hacía tiempo.
La oposición demócrata lleva semanas pidiendo el nombramiento de un fiscal especial independiente para investigar los posibles vínculos entre la campaña de Trump y Rusia, pero la mayoría de los republicanos se habían mostrado hasta ahora contrarios a esa idea.
DG (efe, dpa)
LA SEMANA EN IMÁGENES (DEL 15 AL 21 DE MAYO DE 2017)
Macron presenta gabinete pluralista
Como había anunciado Emmanuel Macron, es un Gobierno abierto a diferentes sensibilidades políticas, lo que refleja el intento de zanjar divisiones de cara a las elecciones parlamentarias, en junio. El gabinete del presidente francés, tiene 22 miembros, de los cuales la mitad son mujeres. (17.05.2017)
La presión por la trama rusa obliga a nombrar un investigador especial
El Departamento de Justicia elige al respetado Robert Mueller, que dirigió el FBI de 2001 a 2013. Trump insiste en que una "investigación completa" demostrará su inocencia
Demasiada presión para la Casa Blanca. El escándalo de la trama rusa ha quebrado la estrategia defensiva de la Administración Trump y ha forzado un paso histórico. En un intento de recuperar la credibilidad, el Departamento de Justicia ha nombrado investigador especial al respetado Robert Mueller, director del FBI de 2001 a 2013. La extraordinaria medida, que otorga a Mueller poderes especiales e incluso la posibilidad de presentar cargos penales, llega justo después de que se destapasen las presiones que ejerció el presidente sobre el anterior responsable del FBI, James Comey, para que dejase de indagar al exconsejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, y sus conexiones con el Kremlin.
Trump dejó que su Departamento de Justicia diera el golpe de efecto. Cuando toda la presión apuntaba al presidente, el fiscal general adjunto, Rod Rosenstein, el mismo que avaló el despido de Comey, anunció el nombramiento de un fiscal especial para hacerse cargo de la investigación de la injerencia de Rusia en la campaña electoral y su posible coordinación con el equipo de Trump. Fue una válvula de escape, un intento de recuperar credibilidad, pero también una clara concesión a los demócratas y a un grupo cada vez mayor de republicanos aterrorizados con la actuación de la Casa Blanca.
“Mi decisión no supone reconocer ningún delito ni que se vaya a perseguir a nadie. Lo que he determinado es que dadas las circunstancias excepcionales, el interés público requiere que ponga las investigaciones bajo la autoridad de alguien que tenga cierto grado de independencia de la cadena de mando normal. Un investigador especial es necesario para que el pueblo americano tenga total confianza en los resultados”, dijo Rosenstein. Su jefe, el fiscal general, Jeff Sessions, no intervino al haberse autorecusado para tratar cualquier aspecto relacionado con la trama rusa, debido a que ocultó al Senado sus conversaciones con el embajador ruso en Washington.
La medida es extraordinaria. Anteriormente, el Departamento de Justicia sólo había designado una vez en su historia a un investigador de este tipo. Fue en 1999 para dirimir las responsabilidades policiales en la matanza de Waco. Aunque el puesto estará bajo el mando del fiscal general adjunto, posee mayor autonomía que cualquier integrante del ministerio público, puede presentar cargos penales y convocar jurados. Su ocupante, además, será difícil de someter.
Mueller, de 72 años, es una figura altamente respetada. En 2001 fue elegido por George W. Bush para dirigir el FBI y, cumplido el decenio de mandato, Barack Obama le prorrogó otros dos años. Esta larga experiencia asegura al Departamento de Justicia un efecto interno: tranquilizar las aguas del FBI, donde el abrupto despido de James Comey ha sido visto como una humillación.
Trump evitó valorar el nombramiento y en un escueto comunicado señaló: "Como he afirmado otras veces, una investigación completa confirmará lo que ya sabemos, que no hay colusión entre mi campaña ni entidad extranjera alguna. Espero que esto concluya rápidamente".
La elección de Mueller llega tras desbordarse las sospechas contra Trump. El último golpe lo publicó The New York Times el martes y desató una reacción en cadena en el universo político estadounidense. Comey filtró, a través de allegados, el contenido de una de las numerosas notas que posee de sus contactos con Trump. El memorándum relata una reunión en el Despacho Oval el 14 de febrero pasado, al día siguiente de que el teniente general Flynn fuese destituido por haber mentido sobre sus conversaciones con el embajador ruso en Washington, Serguéi Kislyak.
Tras una sesión sobre seguridad con otros altos cargos, Trump pidió quedarse a solas con el director del FBI. Cara a cara, el presidente empezó quejándose de las filtraciones y de la inacción de la agencia a la hora de detener a sus causantes. Incluso, llegó a expresar su deseo de ver detenido a algún periodista. Aclarada su posición, el republicano saltó a la yugular.
“Espero que puedas ver la forma de dejar pasar esto, de dejar pasar lo de Flynn. Es buen tipo. Espero que lo puedas dejar ir”, le dijo el presidente. Comey guardó silencio y sólo comentó: “Estoy de acuerdo en que es un buen tipo”.
La reconstrucción, desmentida por la Casa Blanca, figura en la nota que el director del FBI redactó al día siguiente de la reunión. Comey, como ha sido práctica suya desde hace décadas, elaboró un memorándum privado por cada conversación (telefónica o presencial) que mantuvo con el presidente. Luego, además, las comentó con su equipo. En este caso, concluyeron que Trump había intentado influir en la investigación de la trama rusa, pero decidieron guardar el secreto para no afectar las pesquisas.
Petición de documentación
Este tipo de documentos pueden ser requeridos en un juicio como prueba. Y ahora amenazan con salir a la luz y convertirse en un obús contra la Casa Blanca. El presidente del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, el republicano Jason Chaffetz, ha exigido ya al FBI que se le entreguen “todos los memoriales, notas, grabaciones o cualquier comunicación entre Comey y el presidente”. Una petición a la que se ha sumado el Comité de Inteligencia del Senado, que también ha requerido la comparecencia del ex director del FBI.
La solicitud de documentos puede ser rechazada por el Departamento de Justicia, pero una negativa total es difícil. No sólo sería de dudosa legalidad, sino que agudizaría la crisis política. Y desde luego no cerraría el paso a nuevas filtraciones. La bomba, por tanto, está servida.
Los expertos apuntan a que si se demuestra que Trump, como entendió Comey, quiso alterar una investigación federal podría derivarse un cargo de obstrucción. La base de una impugnación presidencial. La madre de todas las crisis. La posibilidad es aún remota, sobre todo, porque este procedimiento requiere de mayoría en las Cámaras y hasta ahora los republicanos se han cerrado en banda. “No nos apresuremos en el juicio, necesitamos hechos, toda la información; no podemos tratar con especulaciones e insinuaciones”, zanjó este miércoles el líder republicano en el Congreso, Paul Ryan.
Su postura es reflejo de un sentir mayoritario, pero no unánime. Tanto el presidente del Comité de Relaciones Exteriores, Bob Corker, como el jefe de filas en el Senado, Mitch McConnell, han mostrado su enfado por la crisis. Y algunos parlamentarios han pedido abiertamente que Comey vaya a testificar al Congreso. “Este escándalo está alcanzando el tamaño y la escala del Watergate”, ha sentenciado el senador John McCain, enemigo declarado de Trump.
Las fisuras empiezan a surgir. Tras ocho años de presidencia demócrata, los conservadores no piensan derribar a su líder, pero la impaciencia es evidente. Su sueño de liquidar el legado de Obama se ve interrumpido por los incendios que prende Trump. Lejos del paseo triunfal que esperaban, en la retina de los ciudadanos solo aparece la imagen de un presidente desmedido y tumultuoso, incapaz de dar una semana de paz a sus parlamentarios.
Esta desmesura se ha vuelto el peor enemigo de Trump. Los excesos en los que incurre al tratar a quienes declara adversarios, sus exabruptos por Twitter, su innata capacidad para descolocar a sus propios colaboradores han llevado a su presidencia a multiplicar los frentes y las víctimas. Una de ellas, quizá la más peligrosa, es Comey, un hombre respetado por sus agentes, y que ahora, tras haber sido humillado públicamente, parece dispuesto a vengarse.
Bajo esta amenaza, el cerco se estrecha. Trump es consciente pero está decidido a combatir, incluso a presentarse como un mártir. Es un mensaje que cala entre su electorado. “Ningún político ha sido peor tratado en la historia. Pero la adversidad te hace fuerte. Cuanto más noble sea tu lucha, a más oposición te enfrentarás. No hay que retroceder, sino luchar, luchar y luchar”, clamó este miércoles ante la Academia de Guardacostas, en Connecticut. Asediado e incluso tocado, Trump sigue en la brecha. http://internacional.elpais.com/internacional/2017/05/17/estados_unidos/1495053659_525427.html