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jueves, 30 de noviembre de 2023

Henry Kissinger, secretario de Estado de Nixon y Ford, fallece a los 100 años

 U.S. NEWS

Henry Kissinger, secretario de Estado de Nixon y Ford, fallece a los 100 años

El ex secretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger en una entrevista con Neil Cavuto para el programa "Cavuto Coast to Coast" en Fox Business Network, el 5 de junio de 2015, en Nueva York. (AP Foto/Richard Drew, Archivo)

El ex secretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger en una entrevista con Neil Cavuto para el programa “Cavuto Coast to Coast” en Fox Business Network, el 5 de junio de 2015, en Nueva York. (AP Foto/Richard Drew, Archivo)

BY NANCY BENAC
Updated 11:48 PM GMT-4, November 29, 2023

WASHINGTON (AP) — El ex secretario de Estado Henry Kissinger, el diplomático de los gruesos anteojos y la voz rasposa que dominó la política exterior en momentos en que Estados Unidos se distanciaba de Vietnam y derribaba barreras con China, falleció el miércoles, informó su compañía consultora. Tenía 100 años de edad.

Con su áspera e imponente presencia y su manipulación del poder tras bambalinas, Kissinger ejerció una inusual influencia en los asuntos mundiales durante el gobierno de los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford, labores por las que fue repudiado y también ganó el premio Nobel de la Paz. Varias décadas más tarde, su nombre seguía siendo objeto de un apasionado debate sobre hitos diplomáticos del pasado.

El poder de Kissinger aumentó durante el escándalo de Watergate, cuando el diplomático asumió un rol similar al de copresidente al lado de un debilitado Nixon.

“Sin lugar a dudas que se estimuló mi vanidad”, escribió más tarde Kissinger en referencia a su creciente influencia. “Pero la emoción dominante era la premonición de una catástrofe”.

https://apnews.com/us-news/general-news-8959eac8d2839353878d71794d1b8b51


jueves, 12 de noviembre de 2020

"Lastimar y derrocar a Allende": Documentos desclasificados confirman el plan de EE.UU. para deponer al Gobierno socialista chileno

 "Lastimar y derrocar a Allende": Documentos desclasificados confirman el plan de EE.UU. para deponer al Gobierno socialista chileno

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La Administración de Richard Nixon planificó su estrategia intervencionista, apenas conocido el resultado electoral que le dio la victoria a Unidad Popular.
"Lastimar y derrocar a Allende": Documentos desclasificados confirman el plan de EE.UU. para deponer al Gobierno socialista chileno

El Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos reveló hace días documentos nunca vistos que ofrecen más evidencias del plan de Washington para derrocar al gobierno socialista de Salvador Allende (1970–1973).

Uno de los archivos trata sobre la conversación que mantuvieron el presidente norteamericano Richard Nixon y algunos de sus funcionarios, para evaluar qué rol debía cumplir el Gobierno estadounidense ante la victoria de Allende en las elecciones del 4 de septiembre de 1970, en plena Guerra Fría, algo que preocupó a Washington desde antes de la asunción presidencial. 

De hecho, uno de los memorandos, fechado el 5 de noviembre de 1970, refleja que el entonces consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, alertaba a Nixon sobre la "decisión más histórica y difícil en asuntos exteriores" que debería tomar la Casa Blanca, teniendo en cuenta los efectos adversos que podía tener la Presidencia de Allende, tanto en la relación entre Chile y EE.UU., como su posible influencia en el hemisferio. 

Otro de los documentos desclasificados deja claro que había posturas divergentes entre los funcionarios estadounidenses sobre cómo llevar adelante el plan. Mientras el secretario de Estado, William Rogers, proponía promover la caída de Allende "sin ser contraproducente", es decir, que la hostilidad y agresión abierta hacia Chile no fuera demasiado evidente a los ojos del mundo, el secretario de Defensa, Melvin Laird, sostenía sin tapujos: "Tenemos que hacer todo lo posible para lastimar [a Allende] y derrocarlo".  

En ese enfrentamiento de ideas sobre la política exterior, Kissinger bregaba por la postura más agresiva. 

Finalmente, el presidente adoptó una posición "correcta pero fría, para evitar darle al gobierno de Allende una base sobre la cual reunir apoyo nacional e internacional para la consolidación del régimen". 

"EE.UU. buscará maximizar las presiones sobre el gobierno de Allende para evitar su consolidación y limitar su capacidad para implementar políticas contrarias a los intereses de EE.UU. y del hemisferio", reza otro de los documentos. 

Entre las políticas que se llevarían adelante, se dispuso coordinar con otros gobiernos de la región –entre ellos Brasil y Argentina–, para redoblar los esfuerzos intervencionistas, que terminaron con el golpe de Estado y el asesinato del líder socialista chileno, el 11 de septiembre de 1973.

Los funcionarios de Washington también acordaron presionar al Gobierno democrático de Allende mediante el bloqueo de los préstamos de los bancos multilaterales a Chile; llamando a corporaciones estadounidenses a abandonar el país suramericano; y manipulando el valor del mercado internacional de la principal exportación de Chile, el cobre, "para dañar aún más la economía chilena", según los documentos. 

El temor a otra Cuba

De acuerdo a los papeles del Archivo de Seguridad Nacional, Kissinger logró postergar una reunión entre Nixon y el Consejo de Seguridad Nacional, porque quería conversar primero a solas con él. En ese encuentro, intentaría convencer al presidente de que los riesgos iban más allá de la relación bilateral entre ambos países, por lo que debía definir su posición. 

En un memo, el exjefe de Gabinete, Harry Robbins Haldeman, describía la posición de Kissinger y sus argumentos para aplazar la reunión: "Para Henry, Chile podría terminar siendo el peor fracaso de nuestra administración: 'nuestra Cuba' en 1972", comenta.

Posteriormente, en una conversación con Kissinger, Nixon aseguró: "Si [Allende] puede demostrar que puede establecer una política marxista antiamericana, otros harán lo mismo". Su asesor fue más allá: "Tendrá efecto incluso en Europa. No solo en América Latina". 

Chile caería en poco tiempo en un ahogamiento económico, con bancos multilaterales bloqueados, sin acceso al crédito internacional y con la prensa en contra.

Los problemas financieros, además de la caída de la actividad, forjaron el ambiente que propició el golpe. Tres años después de aquellas conversaciones en Washington, bajo el liderazgo del entonces comandante en jefe del Ejército de Chile, Augusto Pinochet, las Fuerzas Armadas pondrían fin, de manera violenta, al Gobierno socialista de Unidad Popular. https://actualidad.rt.com/actualidad/373201-derribar-allende-documentos-desclasificados-derrocar

domingo, 14 de mayo de 2017

DONALD TRUMP - El fantasma del Watergate persigue a Trump JOAN FAUS

El fantasma del Watergate persigue a Trump

El despido del director del FBI acentúa las similitudes con el caso de espionaje que acabó con Nixon

Archibald Cox, en 1973. Ese año fue despedido por Nixon como fiscal especial del caso Watergate
Archibald Cox, en 1973. Ese año fue despedido por Nixon como fiscal especial del caso Watergate  AP
El origen del caso Watergate tiene estos días un aspecto desolador. El antiguo hotel Howard Johnson está abandonado a la espera de iniciarse las obras para reconvertirlo en un edificio de apartamentos. Desde una habitación de ese hotel, se preparó y supervisó el asalto a la sede del Partido Demócrata, ubicada a la misma altura al otro lado de la calle, en el complejo Watergate, en Washington. La incursión de cinco ladrones en 1972, frustrada por la policía, destapó un escándalo de espionaje que acabó dos años después con la presidencia de Richard Nixon.
Pese a la decadencia del viejo hotel, el caso Watergate está más vivo que nunca en Washington. Nunca ha habido un presidente más nixoniano que Donald Trump, ni una trama más watergatiana que la investigación a la presunta conexión con Rusia del entorno del mandatario estadounidense. Hay similitudes notables entre ambos seriales, acentuadas esta semana con el despido del director del FBI, James Comey, y la sugerencia de Trump de que graba sus encuentros en la Casa Blanca. Pero también hay divergencias de calado. Y, sobre todo, en el caso del presidente actual no hay pruebas, por ahora, de ilegalidad.
El epicentro de ambas tramas es el Partido Demócrata y el nudo gordiano es si el presidente trata de bloquear una investigación. En el Watergate, el detonante fue la instalación de micrófonos ocultos en la sede de la formación. Ahora, es el ataque informático por parte de Rusia, según EE UU, del servidor del Partido Demócrata para robar correos electrónicos que difundió Wikileaks antes de las elecciones de noviembre para ayudar a Trump.
Como entonces, hay un reguero constante de revelaciones y la mayoría publicadas por el diario The Washington Post. Hay muchas incógnitas por resolver, líneas que no unen, pero se consolida un paisaje. Crecen las investigaciones del FBI y del Congreso, y una sospecha generalizada de que el presidente trata de ocultar algo. A Trump, republicano e impopular como Nixon, le carcomen las filtraciones a la prensa, por ejemplo sobre las reuniones secretas de su equipo con el embajador ruso antes de su investidura. Igual que Nixon, ha declarado la guerra a los periodistas y a sus rivales políticos. No tiene reparos en despedir a investigadores amenazantes. Y sus portavoces, como hace cuatro décadas, no articulan explicaciones coherentes sobre los hechos.
Nixon, en su discurso de despedida como presidente, el 9 de agosto de 1974
Nixon, en su discurso de despedida como presidente, el 9 de agosto de 1974 
“Lo que estamos viendo de muchas maneras es una repetición a cámara rápida del Watergate”, dice en una entrevista telefónica Tim Weiner, experiodista del diario The New York Times y autor de dos libros de cabecera sobre la historia del FBI y la presidencia de Nixon.
Weiner recuerda que no fue hasta 1973 —en el quinto año de su presidencia— que Nixon destituyó a John Dean, consejero en la Casa Blanca, y a Archibald Cox, el fiscal especial designado para indagar en el caso Watergate.
En sus menos de cuatro meses en el Despacho Oval, Trump ha despedido al director del FBI, a la fiscal general interina y a su asesor de seguridad nacional. Todos están relacionados con las pesquisas sobre si el entorno del republicano coordinó con Rusia la injerencia en la campaña electoral.

Diferencias

Hay, sin embargo, dos diferencias de fondo entre la trama rusa y el Watergate. La primera es que los republicanos ostentan la mayoría en ambas cámaras del Congreso. Durante el Watergate, los demócratas tenían un amplísimo control, lo que fue determinante en ejercer presión y crear un comité especial de investigación, algo a lo que los republicanos por ahora se oponen.
La segunda es que no hay un investigador especial. Tras destaparse en marzo que se reunió en secreto con el embajador ruso, el fiscal general, Jeff Sessions, se inhibió de las pesquisas sobre Moscú. Pero, aún así, abogó ante Trump por el despido del director del FBI, que unos días antes había pedido más recursos para esa investigación.
Nixon dimitió en agosto de 1974 tras constatar que carecía de apoyos para superar el impeachment que preparaba el Congreso para destituirle tras saberse que había obstruido a la justicia. Todo cambió en julio de 1973 cuando un exasesor reveló ante el comité del Congreso que Nixon instaló un sistema de grabación en la Casa Blanca.
El presidente despidió a Cox, el fiscal especial, tras pedirle que entregara las cintas. El Tribunal Supremo forzó a Nixon a facilitar las grabaciones y una confirmó cómo ordenaba frenar la investigación del FBI al caso Watergate, lo que precipitó su renuncia. Además, se destapó que, desde 1969, había pedido espiar a funcionarios para evitar filtraciones, así como a periodistas y rivales políticos. El republicano fue indultado, pero 25 personas fueron encarceladas.
Luke Nichter, profesor de historia en la Universidad de Texas A & M, subraya que lo más parecido es el “clima” político. “Como en el Watergate, no vemos qué hay en la siguiente esquina, cuál será el siguiente titular. Hay una sensación de aceleración, de que el escándalo continúa girando”, dice Nichter, coautor de un libro sobre las 3.000 horas de grabaciones desclasificadas de Nixon en la Casa Blanca.
Las cintas y los despidos se acabaron girando en contra de Nixon. Lo mismo puede ocurrirle a Trump. Al sugerir que hay grabaciones de su cena en enero con el exdirector del FBI, el presidente ha alentado a los investigadores a solicitar copias. La destitución de Comey ha alimentado nuevas filtraciones y el debate en el Congreso sobre la creación de un comité especial de investigación sobre Trump y Rusia. Y también ha avivado la especulación de si el mandatario, como Nixon, podría ser objeto de un impeachment.
El periodista Weiner recuerda que solo es necesario el apoyo de tres senadores republicanos para aprobar, junto a los demócratas, la creación de un comité de investigación. Y varios republicanos han reaccionado con inquietud al despido de Comey, que Trump atribuyó inicialmente a su papel en las pesquisas a los correos de Hillary Clinton pero luego también a la trama rusa.
Weiner sostiene que la crisis en el FBI aumenta el riesgo para Trump de que el escándalo se le vaya de las manos. Enfatiza que Nixon tenía mucha más experiencia política que él: había sido congresista, senador y vicepresidente, y sabía cómo usar y abusar del poder. Trump solo acumula experiencia empresarial. Pero ve una similitud muy nítida con Nixon y que puede marcar el destino de Trump: “una relación débil con la verdad”.

MÁS INFORMACIÓN

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/05/13/estados_unidos/1494705737_068659.html

sábado, 4 de marzo de 2017

En qué se parece el escándalo de Rusia y Trump a Watergate, el caso que provocó la caída de Richard Nixon

En qué se parece el escándalo de Rusia y Trump a Watergate, el caso que provocó la caída de Richard Nixon

Sessions era senador antes de ser propuesto por Trump para el cargo de fiscal general.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionSessions era senador antes de ser propuesto por Trump para el cargo de fiscal general.
Fue un aviso dirigido al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de esos que pueden ir con doble sentido: "Hey Donald, un consejo: los encubrimientos no se hacen más fáciles a medida que avanzan".
Lo llamativo es que quien lanzó esa advertencia por Twitter el miércoles fue John Dean, consejero legal de la Casa Blanca durante la presidencia de Richard Nixon, el mandatario que acabó renunciando en 1974 por el escándalo Watergate.
Y como ahora el gobierno de Trump enfrenta su propia polémica por revelaciones de contactos de hombres cercanos al presidente con Rusia, el consejo público de Dean pareció mordiente.
Ocurrió justo cuando se descubría que el flamante fiscal general de EE.UU., Jeff Sessions, mantuvo conversaciones con el embajador ruso en Washington el año pasado, que evitó mencionar en enero al ser interrogado bajo juramento en el Senado.
Bajo enorme presión, Sessions compareció ante los medios este jueves.Derechos de autor de la imagenEPA
Image captionBajo enorme presión, Sessions compareció ante los medios este jueves.
Bajo fuertes críticas, Sessions se declaró impedido este jueves de participar de cualquier investigación sobre la campaña electoral de 2016, incluida la presunta injerencia que Moscú tuvo —según miembros de inteligencia de EE.UU.— en las elecciones buscando favorecer a Trump.
Sessions negó que sus conversaciones con el embajador tuvieran relación con la campaña.
El caso de los contactos con Rusia ya provocó la renuncia del consejero de seguridad nacional de Trump, Michael Flynn, tras conocerse que él también se había comunicado antes de asumir con el embajador de Moscú, Sergey Kislyak.
Todo esto ha llevado a Dean y otros conocedores del caso Watergate a comparar la situación política actual en Washington en aquellos años. Pero, ¿hasta dónde se parecen?

"A hipervelocidad"

"Lo que veo o escucho son ecos de Watergate", dijo el propio Dean la semana pasada en "Democracy Now!", un noticiario local. "No tenemos Watergate 2.0 todavía, pero tenemos algo que está empezando a parecer que podría ir ahí".
El escándalo Watergate estalló luego de una irrupción en la sede de la campaña demócrata y creció con el intento de tapar el involucramiento del gobierno de Nixon, que renunció enfrentando el riesgo de un juicio político o impeachment en el Congreso.
Dean, definido como "maestro manipulador del encubrimiento" por el Buró Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés), comparó incluso los estilos de Nixon y Trump, ambos electos por el Partido Republicano.
El escándalo del Watergate acabó con la presidencia de Nixon en 1974.
Image captionEl escándalo del Watergate acabó con la presidencia de Nixon en 1974.
"Ambas son personalidades autoritarias", dijo. "Y este es un tipo de personalidad que trata de asustar a la gente para tomar a un hombre fuerte como su líder".
"Hay razones para comparar las dos presidencias, con la advertencia de que la presidencia de Trump lleva 41 o 42 días, entonces es muy nueva", dijo Margaret O'Mara, una profesora de historia en la Universidad de Washington (UW) a BBC Mundo.
Y señaló que, mientras el caso Watergate tardó años, el de los contactos con Rusia "se está desarrollando a hipervelocidad, es realmente extraordinaria la forma en que las cosas se mueven".

Apoyo de Trump

Este jueves, Trump expresó su apoyo a Sessions, diciendo que no debía abstenerse de participar de investigaciones sobre la campaña, lo que de todos modos ocurrió poco después, como lo comenzaban a reclamar incluso congresistas republicanos.
El presidente negó que estuviera al tanto de los contactos de Sessions con el embajador.
TrumpDerechos de autor de la imagenTWITTER
Image captionTrump defendió la honestidad de Sessions en Twitter.
Y en una nueva serie de tuits, Trump escribió que Sessions no dijo "nada malo", aunque "podría haber dado una respuesta con más precisión".
También aprovechó para arremeter contra lo que llamó "caza de brujas" del Partido Demócrata y quejarse de las "totalmente ilegales filtraciones".

"No se trata del delito sino del encubrimiento"

La Casa Blanca también ha defendido a su jefe de gabinete, Reince Priebus, negando reportes de prensa que señalaron que intentó sin éxito que el FBI refutara informaciones sobre vínculos de asesores de Trump con Rusia.
"No sabemos lo que está pasando, pero el gobierno está presionando tanto contra cualquier tipo de investigación que comprensiblemente plantea sospechas, entre la prensa y el electorado de tendencia liberal", sostuvo O'Mara.
El encubrimiento de sus contactos con Rusia ya le costó el cargo a Michael Flynn.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl encubrimiento de sus contactos con Rusia ya le costó el cargo a Michael Flynn.
A su juicio, "la gran lección histórica de la presidencia de Nixon es que no se trata del delito, sino del encubrimiento".
Este jueves, la Casa Blanca admitió que Jared Kushner, yerno y asesor de Trump, también participó junto a Flynn de un encuentro con el embajador ruso Kislyak en diciembre, para establecer "una línea de comunicación" entre ambos gobiernos.
Esa reunión se había mantenido en reserva hasta ahora.
Al igual que ocurre con Sessions, se desconoce el contenido exacto de las conversaciones con el enviado ruso, aunque el gobierno niega que hubiera algo indebido en ellas.

"Punto de inflexión"

Otra similitud señalada por Dean y O'Mara son los ataques al periodismo por parte de Nixon y Trump, quien acusó a varios medios de comunicación que, según él dan noticias falsas, de ser "enemigos del pueblo".
Carl Bernstein, uno de los periodistas del diario The Washington Post que reveló el caso Watergate, sostuvo en la cadena CNN que los ataques de Trump a la prensa "son más desleales" que los de Nixon.
Sin embargo, Joan Hoff, una historiadora que ha publicado libros sobre Nixon, advirtió que aunque a éste le desagradaba la prensa "nunca afirmó que era un enemigo del pueblo, pública o privadamente".
"Las comparaciones son exageradas en este momento", dijo Hoff a BBC Mundo.
Trump y Sessions.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionVoces del Partido Demócrata han reclamado la renuncia de Sessions.
También sostuvo que Dean "se ha hecho a sí mismo una especie de héroe de la investigación de Watergate, cuando fue un participante del encubrimiento".
Entonces, ¿podría el caso de los contactos con Rusia conducir a un impeachment presidencial como en Watergate?
Según Hoff, esa pregunta carece de fundamento porque, para que haya un juicio político, el presidente debería haber cometido un delito.
"Hasta ahora no hay ningún indicio de que el propio Trump haya hecho eso: probablemente lo haya hecho gente trabajando para él, pero eso no lleva al impeachment del presidente", indicó.
Una diferencia importante es que ahora el Partido Republicano del presidente controla el Congreso, algo que no ocurría con Nixon.
Pero O'Mara cree que "es posible" que todo termine en un juicio político a Trump, aunque es temprano para saberlo.
"El impeachment es algo que requiere que los partidarios leales y la gente que está del lado del presidente cambie y diga que esto fue demasiado lejos", explicó. "Ese sería el punto inflexión".

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