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viernes, 19 de junio de 2026

Microsoft en China: el negocio de la inteligencia artificial que expone la gran contradicción estratégica de Occidente

Microsoft en China: el negocio de la inteligencia artificial que expone la gran contradicción estratégica de Occidente

Si Washington insiste en que la carrera por la IA es el conflicto decisivo de nuestro tiempo, pero una de sus empresas más poderosas vende modelos avanzados a gigantes tecnológicos chinos, entonces el problema ya no es solo geopolítico: es doctrinal. El caso Microsoft revela que, en la economía de la IA, la frontera entre competir, contener y comerciar se ha vuelto cada vez más difusa.

Luis Orlando Díaz Vólquez | #Guasáb
araEditor

La revelación de que Microsoft ha construido un negocio relevante vendiendo modelos de inteligencia artificial a empresas chinas no es solo una noticia corporativa: es un espejo incómodo de la época. Según reportes publicados el 18 y 19 de junio de 2026, ByteDance ha sido en los últimos años el principal cliente de IA de Microsoft en China y estaría en camino de gastar más de US$1,000 millones anuales en servicios de IA y nube de la compañía; además, firmas como Ant Group, Meituan y Tencent también figuran entre los compradores significativos a través de Azure. Todo esto ocurre mientras en Washington se endurece el discurso según el cual el ascenso tecnológico chino representa una amenaza directa para la supremacía industrial y estratégica de Estados Unidos.

La magnitud del asunto se vuelve más interesante cuando se observa el detalle menos visible: OpenAI y Anthropic no venden directamente sus modelos a compañías en China, alegando temores relacionados con el robo de propiedad intelectual y los posibles usos dañinos de esa tecnología; Microsoft, sin embargo, gracias a su relación singular con OpenAI, sí fija sus propias reglas de comercialización para modelos como los GPT en ese mercado. En otras palabras, mientras algunos de los principales laboratorios estadounidenses trazan una línea roja comercial frente a China, Microsoft ha optado por ocupar el espacio que esa cautela dejó abierto. No es un matiz menor: es una decisión de posicionamiento estratégico con consecuencias económicas y geopolíticas.

La defensa más inmediata de Microsoft es conocida: su negocio en China sigue siendo relativamente pequeño en el conjunto global de la empresa. Brad Smith declaró ante el Congreso que la operación china representó apenas alrededor del 1.5 % de los ingresos totales en 2024, y también ha argumentado que la presencia de la compañía en ese país le permite proteger información y secretos comerciales de clientes multinacionales, además de mantenerse al día con la innovación local. Pero precisamente ahí reside una de las paradojas más importantes del caso: si el peso financiero todavía es acotado, entonces la controversia no se explica por la necesidad de sobrevivir, sino por una apuesta deliberada a ocupar una posición estratégica en el mercado chino de IA, aun sabiendo que ese movimiento sería políticamente sensible en Estados Unidos.

Más aún: puertas adentro, Microsoft no parece haber tratado este negocio como una incomodidad táctica, sino como una historia de éxito. Bloomberg reportó, a través de transcripciones revisadas por sus periodistas y recogidas por otros medios, que en una reunión de ventas realizada en julio de 2025 el entonces chief commercial officer, Judson Althoff, destacó que los ingresos de IA de Azure crecían en China más rápido que en cualquier otro territorio, aproximadamente triplicándose en el ejercicio fiscal terminado en junio de 2025, tras haber aumentado 400 % el año anterior. La frase atribuida al ejecutivo es reveladora no solo por su franqueza, sino por su lógica: Microsoft se veía a sí misma como la empresa que conectaba “la costa oeste de Estados Unidos” con “la costa este de China”, es decir, los dos polos más poderosos de la inteligencia artificial contemporánea.

Y, sin embargo, la narrativa pública de la propia compañía en Washington parece avanzar a veces en la dirección contraria. En mayo de 2025, durante una audiencia del Senado sobre cómo ganar la carrera de la IA frente a China, Brad Smith sostuvo que el factor decisivo para determinar si gana Estados Unidos o China sería qué tecnología logra una adopción más amplia en el resto del mundo. En esa misma comparecencia, Smith afirmó que Microsoft no permite a sus empleados usar DeepSeek por preocupaciones relacionadas con la vulnerabilidad de datos y con la posibilidad de propaganda asociada a la aplicación china. El contraste es difícil de ignorar: la empresa que advierte sobre los riesgos de una herramienta china para sus propios trabajadores es la misma que ha encontrado una oportunidad multimillonaria suministrando modelos estadounidenses a algunas de las mayores compañías tecnológicas de China.

Aquí emerge la verdadera pregunta de fondo: ¿qué significa “ganar” la carrera por la IA? Si la respuesta es simplemente vender más, entonces Microsoft actúa con una lógica impecable: monetiza la demanda china, expande la dependencia de terceros respecto de su nube y convierte la distribución global de modelos occidentales en una palanca de influencia. Pero si la respuesta incorpora variables de seguridad nacional, control tecnológico, protección de propiedad intelectual y contención estratégica del competidor, entonces la ecuación se vuelve más ambigua. Reuters reportó en 2026 que legisladores estadounidenses de ambos partidos impulsaban iniciativas para contrarrestar la expansión internacional de las tecnologías chinas de IA, mientras en audiencias públicas se hablaba de una “nueva Guerra Fría” tecnológica y de la necesidad de que Estados Unidos prevalezca en ese terreno. En ese contexto, que Microsoft mantenga una pasarela comercial hacia clientes chinos con acceso a modelos de frontera no es una simple nota de color: es una tensión estructural en la estrategia occidental.

La contradicción se agudiza todavía más por la preocupación existente en torno a la distillation, es decir, el uso de salidas de modelos avanzados para entrenar sistemas competidores más baratos o especializados. Distintos reportes han señalado que OpenAI ha presionado en privado a Microsoft para reforzar las salvaguardas frente a clientes chinos que puedan usar esta vía para replicar capacidades de modelos estadounidenses. Al mismo tiempo, OpenAI ha advertido a legisladores estadounidenses sobre métodos “cada vez más sofisticados” empleados por compañías chinas para extraer valor de modelos de frontera. Dicho de otro modo: una parte del ecosistema estadounidense pide más protección frente a la apropiación indirecta de su ventaja tecnológica, mientras otra parte del mismo ecosistema —en este caso, Microsoft— sigue rentabilizando el acceso a ese mismo tipo de capacidades en el mercado chino.

No se trata de reducir el debate a un juicio moral simplista sobre Microsoft. En rigor, lo que hace la compañía expone algo más profundo: la imposibilidad de separar con facilidad el capitalismo digital de la geopolítica. Las empresas tecnológicas estadounidenses no son brazos puros del Estado ni actores completamente desprendidos de él; operan en una zona híbrida donde el interés corporativo, la arquitectura global de la nube, las alianzas tecnológicas y la rivalidad entre potencias se superponen. Microsoft, en ese sentido, está actuando como lo que realmente es: una plataforma de escala planetaria que ve en la difusión de sus sistemas una forma de consolidar poder. La pregunta incómoda no es si está siendo coherente con su lógica de negocios; la pregunta es si esa lógica coincide con la narrativa estratégica que Washington quiere defender ante el mundo.

El caso también deja una enseñanza crucial para quienes observan la competencia entre Estados Unidos y China como si fuera un proceso de separación lineal e irreversible. No estamos ante un desacople limpio; estamos ante una interdependencia selectiva, gestionada y contradictoria. Estados Unidos restringe chips, debate controles, discute subsidios para que aliados compren tecnología occidental y advierte sobre el riesgo sistémico del ascenso chino; pero al mismo tiempo, una de sus compañías más influyentes monetiza la demanda de IA generada por gigantes tecnológicos chinos. La coexistencia de ambas realidades indica que la carrera por la IA no se parece a una muralla, sino a una red de puertas que se cierran por un lado y se abren por otro.

En definitiva, lo que ha hecho Microsoft en China no invalida la tesis de que la inteligencia artificial es el campo decisivo de la disputa tecnológica del siglo XXI; lo que sí hace es desnudar la fragilidad intelectual con la que Occidente intenta administrar esa disputa. No se puede sostener indefinidamente que China representa un desafío casi existencial para la industria estadounidense y, al mismo tiempo, celebrar sin reservas que una empresa norteamericana sea “la que une ambos polos” del mapa global de la IA. O se entiende que la difusión comercial también redistribuye poder, o se acepta que el mercado terminará corrigiendo la doctrina geopolítica. Microsoft, con su pragmatismo, ha puesto el dedo exactamente en esa herida: en la era de la inteligencia artificial, la lucha por el dominio global no se libra solo en los laboratorios o en los parlamentos, sino también en los contratos que convierten la rivalidad estratégica en facturación trimestral.

Microsoft has built a big business selling AI models to Chinese companies, despite the growing rivalry between the US and China over artificial intelligence.

However, the company's China business is controversial in some quarters, with American tech executives and lawmakers describing Beijing's AI push as a potentially existential threat to the US industry: https://bloom.bg/4gxKoBA

lunes, 2 de febrero de 2026

Tesla hará un «reset» industrial y pasará de coches a robots

Foto de Diego Gutiérrez | Diego Gutiérrez | 29 Ene 2026

Tesla dejará de fabricar los 2 modelos con los que se dio a conocer y los sustituirá por robots

Tesla pone fin a dos de sus modelos más icónicos. La compañía dejará de producir los Tesla Model S y Model X como parte de una reorientación estratégica hacia la inteligencia artificial y la robótica. El propio Elon Musk lo anunció durante la presentación de resultados del cuarto trimestre de 2025 y después la compañía lo publicó en su perfil oficial de X.

Tras lanzar un primer globo sonda con el Tesla Roadster de primera generación, y antes de conquistar los mercados de todo el mundo con el Model 3, el Model S fue el coche con el que Tesla se dio realmente a conocer. Una berlina tan atemporal que ha estado catorce años prácticamente sin cambios estéticos. Pero ahora Tesla tiene otros planes.

Tesla dejará de fabricarlos en el segundo trimestre de 2026

Desde su lanzamiento en 2012 (Model S) y 2015 (Model X), ambos modelos han simbolizado la ambición de Tesla de liderar el cambio hacia la electrificación en segmentos premium. Durante años marcaron la pauta en prestaciones y autonomía… Y también en extravagancia. Que se lo digan al Model X con sus puertas traseras tipo alas de gaviota, al volante tipo yugo -que acabó siendo un fracaso estrepitoso- o a las versiones Plaid con más de 1.000 caballos…

El Model S y el Model X se dejarán de fabricar durante la primera mitad de 2026

Tesla ha publicado un mensaje de agradecimiento diciendo que «no sería lo que es hoy sin los Model S y X»

Los Model S y Model X suponen una proporción ínfima de las ventas de Tesla (apenas el 1-2 por ciento), pero ahora, además, hay otro factor en juego: Tesla necesita espacio en la fábrica pero no para un nuevo coche, sino ¡para hacer robots! La gran apuesta de Tesla para su nueva etapa.

Tesla hará un «reset» industrial y pasará de coches a robots

En la presentación de resultados del cuarto trimestre de 2025, Tesla dejó claro que la planta de Fremont (California) —donde se fabrican ambos modelos— se transformará para producir el robot humanoide Optimus. Además, es previsible que también fabriquen allí vehículos autónomos sin conductor como el Cybercab, e incluso otros productos ligados a la inteligencia artificial.

La apuesta es ambiciosa: aunque empezarán poco a poco, Tesla prevé una capacidad de producción de hasta un millón de unidades de Optimus al año, con planes de incrementar progresivamente los recursos en IA y hardware avanzado. Y a eso hay que añadir la producción de sus taxis autónomos.

Tesla ha decidido explorar terrenos más arriesgados y con mayor potencial disruptivo, como la robótica, la IA y la conducción autónoma

Es un punto de inflexión estratégico: el fabricante norteamericano ha optado por aparcar (al menos en parte) sus coches eléctricos para volcarse en una visión que va mucho más allá del vehículo tradicional. Musk no quiere que Tesla sea solamente un fabricante de automóviles, sino una empresa de «IA física». Y en este nuevo enfoque entran en juego inversiones millonarias en chips, capacidades de conducción autónoma y producción de robots humanoides.

Vista lateral del innovador Tesla Cybercab, sin volante ni pedales

Tesla Cybercab.

¿Qué pasará con su negocio automotriz?

Evidentemente, Tesla seguirá vendiendo coches. De hecho, seguirá vendiendo sus modelos más exitosos, el Model 3 y el Model Y. Son los dos coches eléctricos que han levantado la compañía y los que, a día de hoy, incluso con caídas importantes en algunos mercados, siguen generando pingües beneficios. No en vano, siguen siendo los eléctricos más vendidos del mundo.

Queda por ver si la apuesta de Tesla por los datos y la IA, la conducción autónoma completa y productos menos convencionales como los robots Optimus dará frutos a medio plazo, y sobre todo cómo afectará al tejido industrial del automóvil, que sigue siendo su pilar principal… Al menos por ahora.

https://www.diariomotor.com/noticia/tesla-dejara-de-fabricar-model-s-model-x/#:~:text=Tesla%20har%C3%A1%20un%20%C2%ABreset%C2%BB%20industrial,ligados%20a%20la%20inteligencia%20artificial.&text=La%20apuesta%20es%20ambiciosa:%20aunque,producci%C3%B3n%20de%20sus%20taxis%20aut%C3%B3nomos.&text=Es%20un%20punto%20de%20inflexi%C3%B3n,Tesla%20Cybercab.

Fotos del Tesla Model S 2026