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jueves, 25 de septiembre de 2025

La convergencia progresista: entre la estética moral y la urgencia estructural


🌐 Opinión | Luis Orlando Díaz Vólquez

La izquierda global enfrenta una crisis de identidad: ¿estética moral o transformación real? Mientras Trump arremete contra el multilateralismo y Netanyahu niega el Estado Palestino, Abinader y Macron defienden la cooperación internacional. Lula busca pragmatismo, y la izquierda dominicana sigue atrapada en su marginalidad. ¿Puede el progresismo reinventarse sin perder su esencia?

📎 Artículo completo disponible en el blog.
#Opinión #Geopolítica #Progresismo #ONU #LuisOrlandoDíazVólquez

La convergencia progresista: entre la estética moral y la urgencia estructural

_ Por Luis Orlando Díaz Vólquez

En tiempos de polarización global, el progresismo enfrenta una encrucijada ideológica. Lo que alguna vez fue una fuerza transformadora basada en la justicia social y el universalismo, hoy parece atrapado entre una estética moral identitaria y una urgencia estructural que no logra atender. Esta tensión se analiza con agudeza en el video ¿La izquierda woke traicionó al progresismo? (Minuto Crítico, 2025), donde se plantea que el discurso identitario ha desplazado la lucha estructural, generando una fragmentación tribal que debilita la acción colectiva.

La filósofa Susan Neiman advierte que el abandono del ideal de progreso ha convertido al progresismo en una política de representación simbólica más que de transformación real. Influenciado por el pensamiento posmoderno, el progresismo ha caído en una sospecha permanente que paraliza la acción política y favorece el statu quo. En América Latina, donde las desigualdades materiales son más crudas, esta deriva se vuelve aún más evidente: la visibilidad digital no siempre se traduce en cambios tangibles.

América Latina: promesas rotas y realidades complejas

Gobiernos como los de Gustavo PetroAMLO y Gabriel Boric llegaron al poder con discursos renovadores. Sin embargo, el estancamiento económico, la inseguridad y la falta de resultados tangibles han debilitado sus proyectos. El progresismo ha sido incapaz de romper con el modelo extractivista y de consolidar una institucionalidad fuerte, lo que ha abierto la puerta al retorno de líderes autoritarios o populistas (Svampa, 2022; Carrillo Nieto et al., 2020).

Brasil: ¿Lula y Trump, química inesperada?

La reunión relámpago entre Lula da Silva y Donald Trump en la ONU ha sacudido el tablero político brasileño. Aunque breve, el encuentro generó una “química” inesperada entre ambos líderes, lo que podría abrir una nueva etapa en las relaciones bilaterales. Lula expresó su deseo de fijar una reunión formal con Trump, mientras que el bolsonarismo se muestra en alerta ante este giro inesperado (Zuppello, 2025).

Este acercamiento, impulsado por intereses empresariales como Embraer y JBS, revela cómo el pragmatismo económico puede superar las barreras ideológicas. Sin embargo, también plantea interrogantes sobre la autonomía política de Brasil y el papel del STF en la defensa de la democracia.

Trump en la ONU: el retorno del unilateralismo

El discurso de Donald Trump ante la Asamblea General de la ONU fue una exposición cruda de su visión del mundo. Arremetió contra el multilateralismo, la inmigración, el cambio climático y la propia ONU, afirmando que “sus países se están yendo al infierno” (Landale, 2025).

Trump afirmó: “La ONU no ayuda a la paz, solo escribe cartas enérgicas sin seguimiento. Las palabras vacías no detienen guerras”. También calificó el cambio climático como “la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo” y criticó a Europa por “ideas suicidas sobre energía y fronteras abiertas”.

Macron: multilateralismo frente a la ley del más fuerte

En respuesta directa al discurso de Trump, el presidente francés Emmanuel Macron defendió el multilateralismo como pilar esencial del orden internacional. “Vivimos un momento paradójico donde necesitamos más que nunca restaurar el espíritu de cooperación que prevaleció hace 80 años”, afirmó.

Macron advirtió: “El gran riesgo del momento que vivimos es ver que el estado de hecho se imponga, que la ley del más fuerte prevalezca, que algunos crean que pueden decidir solos el curso del mundo”.

Sobre la ONU, expresó: “Los peores críticos de la ONU son también quienes quieren cambiar las reglas del juego, seguros de su dominación y más interesados en repartirse el mundo que en alcanzar los compromisos necesarios para el bien común”.

Netanyahu: negación del Estado Palestino y ruptura del consenso internacional

El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu reiteró que “no habrá un Estado Palestino”, calificando como “vergonzosa rendición al terrorismo” el reconocimiento del Estado palestino por parte de diez países, incluyendo Reino Unido, Australia y Canadá (DW, 2025).

Esta postura desafía el consenso internacional, donde 157 países ya reconocen a Palestina como Estado. La negativa de Netanyahu intensifica el conflicto en Gaza y pone en tensión el sistema multilateral, al ignorar resoluciones históricas de la ONU y rechazar condiciones humanitarias mínimas.

República Dominicana: entre la marginalidad progresista y la urgencia de reinvención

A diferencia de otros países latinoamericanos, la izquierda dominicana ha permanecido en una marginalidad estructural. Según Julio Disla (2025), vive atrapada entre su historia heroica y su irrelevancia política actual. La fragmentación interna, el sectarismo ideológico y la falta de renovación organizativa han convertido a muchos partidos en aparatos estériles.

Además, la izquierda dominicana ha fallado en construir una narrativa transformadora adaptada al siglo XXI. La política para redes sociales ha privilegiado lo visual sobre el contenido sustancial, y el llamado “honestismo” ha impedido alianzas pragmáticas necesarias para avanzar en la política real (Decamps Blanco, 2024).

Multilateralismo y liderazgo regional: la voz de Abinader en la ONU

En contraste con Trump y Netanyahu, el presidente Luis Abinader defendió en la ONU una visión multilateralista, reclamando acción urgente ante la crisis haitiana y proponiendo un nuevo pacto financiero global. “La ONU no puede limitarse a registrar crisis: debe ser brújula en la tormenta y faro en la noche”, afirmó.

Abinader también abogó por justicia climática para los Pequeños Estados Insulares y por un liderazgo latinoamericano renovado en la ONU, incluso sugiriendo que ha llegado el momento de que una mujer ocupe la Secretaría General.

¿Qué hacer?

Reinventar el progresismo no significa abandonar sus principios, sino reconstruirlos desde una lectura crítica y actualizada. Esto implica reconectar con las bases sociales, superar el dogmatismo ideológico y el caudillismo, apostar por una gestión eficiente, transparente y moderna, e innovar en la comunicación política sin caer en el espectáculo. Asimismo, exige articular las luchas feministas, ecologistas, antirracistas y decoloniales, y proponer un proyecto de país que responda con audacia y responsabilidad a los desafíos del siglo XXI.

Referencias APA

Carrillo Nieto, F., et al. (2020). La izquierda latinoamericana en el siglo XXI. Siglo XXI Editores.

Decamps Blanco, L. (2024, junio 6). Crisis del progresismo de la República Dominicana. AlMomento.net.

Disla, J. (2025, junio 9). Reinventar la izquierda en República Dominicana. Acento.

Fundación Carolina. (2024). El futuro del progresismo en Europa y América. Fundación Carolina.

Landale, J. (2025, septiembre 23). “Sus países se están yendo al infierno”: el incendiario discurso de Trump ante la ONU. BBC News.

Minuto Crítico. (2025, agosto 11). ¿La izquierda woke traicionó al progresismo? [Video]. YouTube.

Presidencia de la República Dominicana. (2025, septiembre 24). Presidente Abinader reclama acción urgente ante la crisis haitiana y llama a renovar el multilateralismo en la ONU.

Zuppello, M. (2025, septiembre 25). Cómo impacta en Brasil la reunión relámpago entre Lula da Silva y Donald Trump. Infobae.

DW. (2025, septiembre 24). Netanyahu reitera que “no habrá un Estado Palestino”.

Macron, E. (2025, septiembre). Discurso ante la Asamblea General de la ONU. Naciones Unidas.

miércoles, 9 de junio de 2021

La democracia liberal en la tenaza identitaria

Marine Le Pen.

Marine Le Pen.

LA TRIBUNA

La democracia liberal en la tenaza identitaria

“Estamos frente a la Primera Guerra Mundial del siglo XXI, que tiene su origen en la revolución islámica de Irán y su Pearl Harbor en el 11-S” (Marine Le Pen)

 
 2 junio, 2021 03:54

Las elecciones presidenciales francesas de 2021 serán, según todas las encuestas, una repetición de los comicios de cinco años atrás: otro duelo entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen en segunda vuelta.

Sin embargo, hoy nada es igual. La socialdemocracia encarnada por el Partido Socialista ha sido fagocitada por la izquierda antisistema, la Francia Insumisa de Jean Luc Mélenchon. El partido moribundo que dejó François Hollande se ha resignado a la irrelevancia y sueña con una improbable candidatura de la alcaldesa de París, la gaditana Anne Hidalgo.

En el resto de la izquierda, el ego de Mélenchon ha impedido hasta ahora una candidatura común con el fosilizado Partido Comunista Francés y Los Verdes. Estos aspiran al éxito de sus pares alemanes, aunque hasta ahora han demostrado su inoperancia a nivel municipal enfrascándose en polémicas como la de suprimir los árboles navideños públicos y la carne en los comedores escolares, o la de subvencionar con millones de euros una mezquita pro Erdogan en Alsacia.

En cuanto al partido conservador Les Républicains, creado por Nicolas Sarkozy, ha sido vaciado y absorbido hasta la insignificancia por el oficialismo.

En esta tierra arrasada, frente a Macron sólo queda Marine Le Pen, quien nunca tuvo tantas chances de llegar al poder, liderando incluso la primera vuelta, según un sondeo publicado este miércoles por Le Figaro. Consciente de que no tiene nada que temer por la izquierda, Macron ha derechizado su discurso en temas caros a los conservadores, como la seguridad y, más significativo del movimiento tectónico ideológico actual, ha empuñado la bandera del laicismo, abandonada y pisoteada por una izquierda que se hunde en el impasse identitario.

Cada día que pasa, el jefe de Estado se aleja más del progresismo del canadiense Justin Trudeau. Diplomado en Filosofía, y ya sea por necesidad o por convicción, Macron ha tomado por las astas el toro de las políticas de la identidad que modelan la militancia política, académica y mediática. Macron ha llevado la batalla cultural a las universidades, cooptadas por la descolonización y el llamado islamoizquierdismo, la forma local de la critical racial theory estadounidense, al tiempo que ha puesto coto a ese atentado a la economía del idioma llamado lenguaje inclusivo. Aquello que parecía una jerigonza destinada sólo a la vanguardia trasnochada de los campus universitarios estadounidenses coloniza hoy la vida cotidiana occidental, desde la inflación del idioma al nuevo sello negro de Correos en España.

Le Pen cuenta con la fidelidad de su base electoral y con la porosidad de la derecha tradicional, ya que la estrategia de lavado de imagen ha funcionado

La decapitación del profesor de Historia y Educación Cívica Samuel Paty a manos de un islamista en octubre obligó a Macron a hacerse cargo de un dilema que habría preferido evitar, dejando al mismo tiempo en evidencia ese progresismo que ya no es Charlie Hebdo y que hoy prefiere cerrar los ojos ante el oscurantismo religioso que prospera en las periferias de las grandes ciudades de Francia y parte de Europa, a la espera de una imaginaria interseccionalidad arcoíris de izquierda que le permita al menos cazar votos en un electorado dominado por el autoodio y el odio a los valores occidentales.

En cuanto a Marine Le Pen, puede contar con la fidelidad de su base electoral y con la porosidad de la derecha tradicional, ya que la estrategia de lavado de imagen ha funcionado.

Pero Le Pen, sobre todo, ha hallado un aliado inesperado en esa izquierda a la que ya no convence el frente republicano, aquel viejo acuerdo del arco político francés que va de la extrema izquierda a los conservadores y que implica que se vota en segunda vuelta por aquel candidato capaz de vencer al Frente Nacional (hoy rebautizado Agrupación Nacional) cualquiera que sea el signo político de su adversario. El cordón sanitario republicano que provocó el triunfo plebiscitario de Jacques Chirac contra Le Pen padre en 2002 y la victoria de Emmanuel Macron contra Le Pen hija se desmorona quince años después, advierte un explosivo informe de la Fundación Jean-Jaurès publicado en abril.

Entretanto, el temor a una guerra civil se apodera de la derecha nacionalista, con miembros del ejército (generales retirados o soldados activos) que denuncian públicamente, rompiendo su obligación de silencio, la desintegración del país frente a los reclamos comunitarios y el islam radical. ¿Pronóstico acertado o fantasía paranoica? En cualquier caso, el 58% de la población francesa apoya a los uniformados en su diagnósticosegún la encuestadora Harris Interactive.

¿Qué forma tomaría esta supuesta guerra civil? La extrema derecha ha adoptado la teoría del Gran Reemplazo, acuñada por el escritor Renaud Camus (y reivindicada por el terrorista supremacista del ataque a la mezquita neozelandesa de Christchurch). Teoría que plantea una programada sustitución de la población autóctona por una invasión demográfica de Oriente y África. El "no nos reemplazarán" coreado por neonazis estadounidenses con antorchas cruzó hace rato el Atlántico. En los Estados Unidos, la conspiranoia de QAnon ve un plan del magnate George Soros para licuar la identidad europea, reformulación del viejo antisemitismo que se dedicaba antes al barón Rothschild como titiritero del cosmopolitismo en las sombras.

Francia, cuna tanto de la Ilustración como de la French Theory en la que se basa el movimiento woke, es un laboratorio de Occidente

Pero la realidad del cambio demográfico no reside únicamente en la imaginación de la extrema derecha. Es también lo que desvela a la antiliberal Ana Iris Simón, exredactora de la revista hipster Vice, y que se ve avivado por la guetoización en los barrios periféricos; por las reivindicaciones religiosas del islam en el trabajo, la escuela o las universidades; por las imágenes de oleadas de inmigrantes que golpean las vallas de Ceuta; y, más recientemente, por el chantaje marroquí de abrir el grifo de la miseria del mundo para inundar la vieja Europa.

La izquierda ha dejado de hablar a la clase trabajadora blanca que sabe que su futuro será peor que el de sus padres. Hace rato que ha preferido concentrarse en su nueva clientela política. Las minorías étnicosexuales, los funcionarios de la Educación pública y los ganadores de la globalización: los jóvenes urbanos que trabajan en la pujante industria tecnológica.

El dudoso argumento contable de que los jóvenes inmigrantes pagarán las pensiones de los blancos (privando de paso de su juventud y talentos a África) de una Europa que envejece sin tener suficientes hijos no sólo no convence a Ana Iris Simón. Algunas sociedades como Japón han preferido pagar el precio de la autosuficiencia.

Así las cosas, en Francia, como en otros lados, el eje izquierda/derecha está siendo reemplazado por un enfrentamiento entre la democracia liberal y los populismos iliberalesLa extrema derecha y la extrema izquierda identitarias, obsesionadas con el sexo y la raza, se parecen cada vez más de lo que quisieran y hacen frente común contra el neoliberalismo globalizado.

De este modo, Francia, cuna tanto de la Ilustración como de la French Theory en la que se basa el movimiento woke, se transforma en un laboratorio de Occidente. Las elecciones presidenciales del año que viene no serán una mera repetición de 2017. Serán el teatro europeo de un enfrentamiento entre la tradición universalista y el esencialismo de los extremos. Extremos que juzgan de manera positiva o negativa al ciudadano no por lo que hace con su libertad, sino por lo que es de nacimiento. Es decir, por su color de piel y su sexualidad.

*** Alejo Schapire es periodista. Su último libro es 'La traición progresista'.

https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20210602/democracia-liberal-tenaza-identitaria/585811417_12.html

martes, 20 de octubre de 2020

La importante decisión que debe tomar ya la derecha boliviana tras el triunfo del MAS (y una reflexión para el progresismo)

 La importante decisión que debe tomar ya la derecha boliviana tras el triunfo del MAS (y una reflexión para el progresismo)

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La más preciada lección es la importancia de la paciencia a la hora de establecer estrategias y resistir los embates de las fuerzas con mayor poder de fuego y mayor rencor político.
La importante decisión que debe tomar ya la derecha boliviana tras el triunfo del MAS (y una reflexión para el progresismo)

El triunfo este domingo de Luis Arce, del Movimiento al Socialismo (MAS) dirigido por Evo Morales (ahora en el exilio), deja importantes reflexiones para todos los bandos políticos, las democracias y los socialismos en América latina.

La más preciada lección, la que más nos importa porque se refiere al éxito de los pueblos en lucha, es la importancia de la paciencia y la cabeza fría a la hora de establecer estrategias y resistir los embates de las fuerzas con mayor poder de fuego y mayor rencor político.

La paciencia y estrategia de Evo Morales

Desde los días previos al golpe de Estado en Bolivia hasta la consumación total del hecho, varios actores políticos del progresismo advirtieron con responder al adversario de la misma manera con la que este acechaba: llamar a movilizaciones radicales y abrir un escenario de guerra prolongada.

Nada de esto ha sido necesario.

La paciencia se impuso y Evo prefirió optar por el largo y tortuoso camino que incluía su salida de la política y del país para no establecer un enfrentamiento directo con las fuerzas reaccionarias que tenían, sin duda, una mayor fuerza militar y policial.

La estrategia de un retorno posterior al gobierno, frente a la de 'mantener el poder a costa de lo que sea', ha salido victoriosa, aunque todavía hay que esperar al reconocimiento del resultado por parte de todos los actores, incluidas las fuerzas militares y policiales.

Esto no significa que la gente del MAS y los movimientos sociales pusieran eternamente la otra mejilla, sino que dejaron que la ola derechista pasara sin confrontarla directamente y, una vez la situación se calmó, con la mayor de la perseverancia, volvió a medirse en el terreno que ha sido prolijo en victorias populares de América latina: el electoral. Y lo hace con una fórmula que aunque no tenía al líder histórico como cara visible, sino a un economista sin mucho carisma, superará la votación del propio Evo Morales hace casi un año.

Evo no se dejó matar ni que mataran a su pueblo. Hoy su movimiento vuelve 'hecho millones' debido a la paciencia y a una estrategia adecuada, a pesar del golpe militar racista que estaba preparado para reprimir a fuego cualquier resistencia.

Hay que recordar que el MAS no solo evitó una profundización del conflicto después de las masacres de Senkata y Sacaba, también negoció su estadía en el Congreso con acuerdos pragmáticos. Los movimientos sociales, por su parte, no respondieron a la ultraderecha con las mismas armas cuando esta quemaba casas de dirigentes del partido y linchaba a varios de sus hombres y mujeres.

Evo no se dejó matar ni que mataran a su pueblo. Hoy su movimiento vuelve 'hecho millones' debido a la paciencia y a una estrategia adecuada, a pesar del golpe militar racista que estaba preparado para reprimir a fuego cualquier resistencia. La pregunta que queda en el aire después del resultado conocido es: ¿vendrá un golpe definitivo y más radical?

La derecha, ¿aprenderá con este resultado?

Si algo le cuesta aprender a los sectores racistas y reaccionarios es cómo enfrentar políticamente a las mayorías populares.

El triunfo del MAS le deja ahora amargos sabores que le obligan a replantear su estrategia, lo que hace que se pueda convertir en una fuerza más agresiva y antielectoral o, por el contrario, que tenga que volver a ocultar bajo la alfombra a sus sectores más racistas.

El reconocimiento de la presidenta de facto, Jeanine Añez, así como del principal oponente de Arce, Carlos Mesa, y el propio secretario general de la OEA, Luis Almagro, al triunfo del MAS, aleja una posible radicalización como respuesta inmediata, aunque habrá que esperar por los jóvenes cruceñistas de la ultraderecha y su candidato más extremista, Luis Fernando Camacho.

La derecha boliviana deberá decidir si va a trabajar para presentarse a unas futuras elecciones o si, por el contrario, va a buscar un atajo inmediato para impedir la consumación de la vuelta del MAS al gobierno

La derecha boliviana tendrá que pensar en cuál será su estrategia a largo plazo; sin embargo, probablemente habrá sectores internos, incluidos los militares, que ya estarán pensando en cómo posicionarse ante la coyuntura y cómo van a responder, especialmente aquellos que apoyaron al gobierno de facto y el golpe de Estado contra Evo Morales.

Por otro lado, están las corrientes de pensamiento y el funcionariado de derechas en todo el continente, que siente que se acaba el ciclo de gobiernos conservadores. El regreso del peronismo en Argentina y ahora el triunfo del MAS boliviano muestran que el progresismo tiende a recuperar su terreno electoral en cuanto la derecha soberbia en el poder comete errores.

La derecha boliviana deberá decidir si va a trabajar para presentarse a unas futuras elecciones o si, por el contrario, va a buscar un atajo inmediato para impedir la consumación de la vuelta del MAS al gobierno. Es decir, volver al escenario del golpe de Estado, tal como ocurrió en 2019, abortando el proceso de vuelta a la democracia e imponer un régimen en el que, por ejemplo, Evo Morales y los exiliados no puedan volver o, incluso, impedir la posesión de Arce. Hoy parece improbable un escenario de dictadura militar, pero aún es temprano para descartar esa opción.

Gobierno no es poder

Por último, también hay una lección para las dirigencias de los movimientos progresistas de América Latina por dos razones que son, en el fondo, la misma.

La primera es que 'estar en el gobierno' no es ejercer el poder. El liderazgo político de izquierda, al estabilizarse en el gobierno, tiende a pensar que ya el trabajo se hizo y el triunfo es definitivo, pero, como todos los partidos gobernantes, va cometiendo errores y acumulando malestar. Muchas veces ni siquiera tiene suficiente mando en las fuerzas armadas y las policías, por lo que puede sucumbir en pocas horas ante una arremetida, como sucedió en el caso de Bolivia. Una formación puede llevar 14 años en el gobierno pero, a la vez, ser débil.

La otra es que no tiene sentido contrariar los sentimientos y sensaciones del pueblo. Desconocer el resultado del referendo de 2016 en Bolivia supuso un error muy grande para el MAS, dejando en evidencia su debilidad para aceptar una alternancia, incluso dentro del mismo partido. Hoy Arce saca más de 5 puntos de ventaja al Evo Morales de 2019. Sin embargo, por otro lado, cuando el liderazgo de ese partido ha diseñado una vía para entregar el testigo a un compañero de partido, no necesariamente le ha ido bien, como fue el caso de Ecuador.

Son muchas las lecciones que van a correr por el ADN de los movimientos y los poderes establecidos después de esta victoria del MAS. Por lo pronto queda celebrar el triunfo indigenista y detectar las reacciones del mundo conservador.

Ociel Alí López

Es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

domingo, 24 de febrero de 2019

PEPE MUJICA Y EL PROGRESISMO "NEUTRAL" CON VENEZUELA | por Roque Botello

PEPE MUJICA Y EL PROGRESISMO "NEUTRAL" CON VENEZUELA


Mujica de nuevo volvió a pronunciarse en contra de Maduro en el contexto de asedio a Venezuela (Foto: Radio Nacional de Colombia)
Según el diario El Observador de Uruguay, Pepe Mujica recibió varias llamadas de funcionarios del Departamento del Estado que le adelantaron sobre la intención de Donald Trump de intervenir en Venezuela. En esas mismas conversaciones, los funcionarios le pidieron a Pepe que intercediera para que el chavismo aceptara unas "elecciones libres", una figura elegante para salir del poder y evitar el mencionado baño de sangre que sería contraproducente tanto para Estados Unidos como para Venezuela. De acuerdo a Mujica, a Estados Unidos, como a Maduro, les "importa un carajo la democracia".
El párrafo anterior describe a la perfección lo que una parte del progresismo regional, que se referencia con Mujica, considera que está sucediendo en Venezuela, aunque haya que ubicarlo en el contexto de un país como Uruguay con dirigentes acostumbrados a hacer equilibrio entre las potencias globales y regionales, a no estar con uno sino con todos.
El viejo Pepe, zorro viejo de la política, convertido en mandadero de unos funcionarios del Departamento de Estado, considera que lo mejor es que Venezuela abandone su soberanía y acepte unas elecciones totalmente tuteladas por una ONU que en su estructura diplomática se encuentra organizada por ex funcionarios del Departamento de Estado.
La casualidad dice, por ejemplo, que en la figura ofrecida por Mujica, las autoridades de la misión electoral de la ONU serían nombradas por la Secretaría de Asuntos Políticos, dirigida por Jeffrey Feltman, ex subsecretario de Estado para Medio Oriente durante la Administración Obama. Así que más allá de las consideraciones, el mal menor de Mujica es que Maduro salga del poder, estableciendo la misma solución higiénica de sacar de la ecuación del poder al chavismo.
Esta postura que une a este progresismo lavado con un cordón umbilical que lamentablemente es difícil de cortar de la política de cerco y asfixia ordenada por Trump, por más que quieran acusar esta afirmación de maniquea. En cierto punto, Mujica funciona en esto como el policía bueno de Washington para que el chavismo "salga por las buenas".
El problema para esta tesis es que, en toda su brutalidad, la amenaza de intervención militar, junto a la aplicación de un embargo petrolero, ya en la práctica en funcionamiento desde 2017, ha ordenado en el progresismo regional, sea por espanto, horror o protección propia, los alineamientos en favor o en contra de la política de Estados Unidos.
Por primera vez, el progresismo regional y global tiene ante sus ojos la dimensión exacta de exterminio y persecución que busca este tipo de política contra Venezuela por fuera de las anteojeras ideológicas, y marcos de debates impuestos por la campaña mediática contra el país. Trump le dio verosimilitud al relato chavista sobre las distintas formas de guerra contra Venezuela.
Porque hay un mismo proceso que en Venezuela se adelanta, pero tiene puntos de comparación con lo que ocurre en países como Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, entre muchos otros. Un intento por "extirpar", según el propio lenguaje de la Casa Blanca, a los corruptos, los criminales y populistas de los sistemas de relación de poder de las naciones atacadas. Como si fuese un renacimiento de la amenaza comunista de los setenta, vieja doctrina de antisubversión, los malos, por lo general, son el PT, el kirchnerismo, el chavismo, el evismo, correísmo y sandinismo. En esta lógica, el país que se puede ver como el "modelo" de un post chavismo es Brasil.
Gobernado por un títere, creado y tutelado por los medios y los militares, con el apoyo irrestrictivo de un ejército de tecnocrátas institucionales, cuya mejor síntesis es la figura del juez Sérgio Moro, hoy ministro de Justicia de Jair Bolsonaro. Una democracia tutelada desde el extranjero, donde el líder con mayor respaldo popular puede morirse en la cárcel, y cualquier tipo de resistencia es acosada, perseguida y demonizada por la triada de servicios de inteligencia, medios de comunicación y operadores judiciales, hoy el verdadero cuerpo que ejerce el poder como mandadero de los bancos y las corporaciones que planean el desarme de Brasil como un país potencia para ser reconvertido en un simple gendarme regional de baja relevancia en el orden global.
Lo antes expuesto ha originado que la espiral de silencio alrededor de Venezuela, como si fuera un tema tabú, se haya roto por completo. Bien lejos queda el último Congreso del Consejo Latinoaméricano de Ciencias Sociales (CLACSO), una especie de festival del progresimo, donde el tema venezolano fue barrido bajo la alfombra, dejando solo como expositor de la República Bolivariana a un Edgardo Lander que hace unos días no le tembló los pies para ir a reconocer a Juan Guaidó luego de su "autoproclamación". Expuesto, y en ridículo quedan, a la luz de los acontecimientos, los organizadores de este evento, como sucede con todo aquel que guarde una posición equidistante sobre Venezuela.
Porque más allá de la postura interesada, y parcializada, de Mujica, la realidad es que hay un entendimiento de que si acaso avanza en Venezuela una figura de intervención, apoyada en un gobierno paralelo, todos los demás procesos en la región serán más brutales y con menos posibilidad de resistencia. El antecedente de un modelo Venezuela para la intervención dejaría una honda cicatriz, además de acabar con un importante muro de contención que sirve para dar mayor margen de maniobra a otros procesos como el boliviano, el cubano y el nicaragüense, entre otros, puesto en la mira bajo la denominación de la "troika del mal", como si hubiésemos vuelto a la Guerra Fría.
El saldo más evidente de esto es haber potenciado, en primer lugar, la importancia que representa Venezuela como modelo geopolítico de equilibrio en la región, independientemente de la posición política favorable o no respecto al chavismo, así como su resignificación como un movimiento político de resistencia contra Estados Unidos con mucho más valor que una falsa matriz de opinión contra Maduro. Es por eso que el resultado no deseado de Trump y compañía es haber creado las condiciones objetivas para un frente opuesto a su política en la región, a partir de un consenso básico apoyado en el no a la guerra, hoy tomado como bandera a nivel global por aliados y no aliados del chavismo.
Mientras que en Venezuela, la guerra, que hasta la fecha era invisible, ha quedado expuesta con todos los hilos de complicidad, lo que también ha potenciado el vínculo emocional del pueblo chavista con el Estado y sus instituciones, frente al riesgo que corre la existencia misma de Venezuela. Lo que va mucho más allá de una presidencia, de unos cuantos ministerios y el último aprendiz de Donald Trump http://misionverdad.com/entrevistas%20/pepe-mujica-y-el-progresismo-neutral-con-venezuela
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