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martes, 9 de julio de 2024

Huyamos por la izquierda / Por Andrés Dauhajre @AndyDauhajre

Andrés Dauhajre @AndyDauhajre 9 julio, 2024 9 minutos de lectura 

Huyamos por la izquierda

Andrés Dauhajre hijo _ @AndyDauhajre 


La frase célebre del rosado, elegante y culto león Melquíades, creado por Michael Maltese para el estudio de animación Hanna-Barbera en 1961, tomó vigencia de nuevo el pasado domingo en Francia. El Mayor Menor, el eterno cazador de Melquíades, fue representado por Marine Le Pen, líder de Agrupación Nacional, quien había prometido que, si la derecha nacionalista ganaba las elecciones y conseguía la mayoría para controlar el ejecutivo, daría inicio a deportaciones masivas de inmigrantes.

Advertido Melquíades, no le quedó más alternativa que huir por la izquierda. Esta le ha pedido a Macron echarse a un lado para darse la oportunidad de formar el gobierno que arrebató a la derecha representada por Le Pen y Bardella. El resultado ha sorprendido a muchos analistas que pensaban que la derecha nacionalista se alzaría con la mayor cuota de los 577 representantes en la Asamblea Nacional. En la primera vuelta del pasado 9 de junio, la derecha nacionalista obtuvo el 33.1% de los votos, seguida de la coalición de izquierda Nuevo Frente Popular con 28% y, más rezagada, con 20.8%, Juntos, la coalición de Macron. En la segunda vuelta celebrada el 7 de julio, la derecha nacionalista obtuvo la mayor cantidad de votos, un 37.3% del total de los emitidos. A pesar de ese resultado, quedó en tercer lugar en cuanto a representación en la Asamblea Nacional con 142 asientos, el 24.6% de los 577. Nuevo Frente Popular con el 26.9% de los votos, obtuvo 178 asientos, equivalente al 30.8% del total. La coalición Juntos de Macron, que obtuvo el 22.3% de los votos tendrá 150 asientos, el 26.0% del total de escaños.

A pesar de haber quedado en tercera posición, la derecha nacionalista avanzó significativamente. De 89 asientos que obtuvo en las elecciones de 2022, ha pasado a 142. Este avance de la derecha nacionalista en Francia es un reflejo del temor y del enorme descontento de un número creciente de votantes ante la convivencia de los gobiernos conservadores y de izquierda con la inmigración descontrolada. Para algunos, estos gobiernos han actuado como simples marionetas de estrategas y pensadores de la izquierda radical interesados en socavar el sistema o “el poder de las clases dominantes”, erosionando lo que el teórico marxista italiano, Antonio Gramsci, denominó como la hegemonía cultural que “las clases dominantes logran ejercer sobre las clases sometidas a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación.”

Lo primero que observamos es que el sentimiento de comunidad, uno de los pilares fundamentales del concepto de nación, ha comenzado a desaparecer como consecuencia de la inmigración incontrolable de personas que huyen de conflictos bélicos, de la represión o de la pobreza en sus países de partida. Europa ha visto sus fronteras penetradas por 34 millones de inmigrantes, legales e ilegales, durante el período 2013-2023. En Francia, por ejemplo, se estimó que en 2021 la población inmigrante, incluyendo a hijos y nietos de inmigrantes, alcanzaba 19 millones, es decir, el 28% de la población total. Del total de inmigrantes, 6.77 millones son musulmanes, equivalentes al 10% de la población. Algunos analistas pronostican que Francia, si mantiene el curso actual, podría en el futuro convertirse en la primera nación islámica de Europa. El pronóstico no debería alarmar a nadie. Durante las celebraciones del triunfo de la izquierda el domingo pasado, la cual estuvo acompañada de saqueos, destrucción e incendios, las plazas estaban repletas de banderas islámicas y una gigantesca bandera de Francia con la inscripción: “La France Est Tissu De Migrations” (Francia es de los Inmigrantes). Si alguien tiene dudas, observe la selección francesa para la Eurocopa 2024. De sus 25 miembros, 19 son franceses de origen africano.

La derecha nacionalista en Francia, a pesar de haber avanzado considerablemente en estas elecciones con su discurso anti-inmigración, olvidó que en países donde la población inmigrante representa casi el 30% de la población, este discurso tiene vocación de convertirse en un boomerang. Eso parece haber sucedido el pasado domingo en Francia. La presencia dominante de banderas islámicas en las celebraciones del triunfo de la izquierda en Francia, llevaría a cualquier analista político a pensar que de los 27.3 millones de votos válidos del pasado domingo, un porcentaje no despreciable fue aportado por inmigrantes musulmanes temerosos de la cazadora “Mayor Le Pen”.

El descontrol de la inmigración también preocupa a los estadounidenses. En el período 2021 – 2024, se estima en casi 11 millones el número de inmigrantes ilegales, de los cuales una buena cantidad fueron retornados a sus países. Este número contrasta marcadamente con los 3 millones del período 2017 – 2020. Este boom de inmigrantes que ha tenido lugar en los últimos años, ha sido aprovechado por los políticos conservadores y de la derecha nacionalista para criticar duramente a los gobiernos progresistas, de centro izquierda o manipulados por la izquierda radical. No es por casualidad que en las encuestas Gallup de febrero, marzo y abril de 2024, la inmigración aparece liderando el ranking de los principales problemas del país.

La derecha nacionalista entiende que la mayoría de la población se identifica más con el concepto de nación del filósofo y antropólogo social británico Ernest Gellner, quien en su libro Naciones y Nacionalismo, desarrolló la teoría más importante e influyente del nacionalismo, al plantear que este es un componente necesario de la modernidad y el principio característico más importante de legitimación política. Gellner define las naciones como grupos que comparten la misma cultura, idioma y territorio, pero añaden a ello un sentimiento de pertenencia a una comunidad y la voluntad de reconocerse y perdurar como una comunidad. No hay que dar muchas vueltas para comprender el porqué la derecha nacionalista, ha encontrado en esta definición una sólida plataforma para articular y desatar una crítica contundente a los gobiernos de izquierda, crítica que ha ido calando en los sentimientos de los europeos y los estadounidenses.

La derecha nacionalista no se ha detenido ni un instante a analizar la dinámica de los mercados laborales de las economías desarrolladas del hemisferio occidental. No les preocupa que la economía, para seguir creciendo, requiera de un influjo continuo de inmigrantes que puedan inyectar al mercado laboral la oferta de mano de obra que las bajísimas tasas de natalidad prevalecientes en el hemisferio occidental han impedido proveer. Mientras cada mujer africana esté trayendo al mundo un promedio de 4.7 hijos y sus contrapartes europea y estadounidense apenas traen 1.6, la inmigración estimulada por la demanda de mano de obra difícilmente se detendrá. La racionalidad reflejada por estos números, sin embargo, no va a moderar la crítica de la derecha nacionalista a la izquierda progresista del hemisferio occidental.

La derecha nacionalista está apostado a la sensación de temor e inseguridad que parece haber capturado a los descendientes de los “europeos originales”. Cualquiera que tenga dos dedos de frente no debe sorprenderse ante el creciente sentimiento de inseguridad y preocupación que hoy prevalece en Europa ante el tsunami de inmigrantes provenientes de países africanos y aferrados a una religión como el islam que traza sus propias reglas y patrones de comportamiento, muy diferentes a los que han prevalecido durante siglos en la “comunidad” que conocemos como Europa. Tampoco debería sorprenderse frente a la asociación que los estadounidenses están haciendo entre la creciente inseguridad y delincuencia y el boom de inmigración ilegal que Trump, con mucha efectividad, ha logrado acreditar a las políticas de inmigración del presidente Biden. Los gobiernos de izquierda y progresistas, posiblemente guiados por discípulos de Gramsci, más que un problema, ven en los inmigrantes un caudal adicional de votos para mantenerse en el poder. Los europeos y estadounidenses que añoran el sentimiento de pertenecer a una comunidad de valores, creencias, cultura y tradiciones, han encontrado en los candidatos de la derecha nacionalista la vía para sentirse de nuevo seguros.

En el caso de EE.UU., la creciente inseguridad no se limita a violencia física y robos en las calles y restaurantes. Las tiendas, según un reportaje de El País, sufrieron pérdidas ascendentes de US$121,600 millones en el 2023 debido al llamado “smash and grab” o romper y agarrar mercancías y bienes en todo tipo de tiendas a través de saqueos realizados por vándalos. El hecho de que estos robos ocurren con más frecuencia en las ciudades y estados santuarios para los inmigrantes ha llevado a algunos a concluir que dentro de los vándalos no solo hay delincuentes que rentan el progresismo y el “wokismo”, sino también algunos de los “bad hombres” definidos en el Diccionario de la Lengua Inglesa de la Beautiful Trump Academy.

El 5 de noviembre de este año, se enfrentarán de nuevo las fuerzas nacionalistas que enarbolan un agresivo discurso anti-inmigración que promete deportaciones masivas de inmigrantes ilegales y las huestes progresistas liberales que han convivido con la porosidad de la frontera y acogido a los inmigrantes, incluso otorgándoles ayuda directa privilegiada. La batalla tendrá lugar en los EE. UU. Algunos piensan que todos los inmigrantes seguirán a Melquíades y huirán por la izquierda, tal y como acaba de suceder en Francia. Incluso sostienen que la apertura de los demócratas a la inmigración está parcialmente motivada para fortalecer su base de apoyo electoral. A diferencia de la inmigración musulmana, la latinoamericana que llega a EE. UU. no involucra el riesgo de irrupción de un credo religioso extraño a la geografía receptora. Mientras el islam tiende a unificar los intereses de los pasados y recientes inmigrantes musulmanes en Francia y el resto de Europa, no está claro si los pasados inmigrantes latinoamericanos con residencia legal en EE.UU. comparten los mismos intereses de los recién llegados. Mientras los recientes podrían abarrotar las urnas de votos demócratas, los pasados, si se aferran a sus intereses económicos y a los beneficios de la seguridad y la paz social, podrían irse con la derecha nacionalista. No olvidemos que la otra frase célebre del león Melquíades rezaba “huyamos hacia la derecha”.

https://www.elcaribe.com.do/opiniones/el-venturoso-2/

lunes, 25 de abril de 2022

En busca del Macron dominicano | Por EDUARDO SANZ LOVATÓN @SanzLovaton

Puntos de vista martes, 16 de mayo de 2017
En busca del Macron dominicano
EDUARDO SANZ LOVATÓN

El panorama político mundial vislumbra cambios inesperados.
Las formas tradicionales de hacer política se han transformado.

Las sociedades modernas, en constante evolución, demandan cambios en la política acordes con ellas. Se inclinan por propuestas menos convencionales, totalmente alejadas de lo tradicional y hasta poco probables, lo que ha dado como resultado fenómenos como la elección de Donald Trump como presidente en los Estados Unidos, y otros más esperanzadores como el surgimiento del movimiento Podemos, en España y más recientemente, del liderazgo de Emmanuel Macron en Francia.

Emmanuel Macron es, sin duda, la figura política del momento.

Hace sólo un año era prácticamente desconocido a nivel internacional, cuando lanzó el movimiento político centrista En Marche! y hoy es considerado por muchos como el futuro de Francia. Es ya su Presidente.
Pero, ¿quién es Emmanuel Macron? ¿de dónde surgió? Y ¿por qué el pueblo francés simpatiza con las propuestas de este novicio político? Emmanuel Macron es un joven de 39 años egresado del Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po) y de la Escuela Nacional de Administración (ENA), de donde han surgido muchas figuras importantes de la administración pública francesa. Ingresó al sector privado cuando incursionó en la banca, hasta que decidió apoyar al presidente François Hollande y éste lo nombró Ministro de Economía. Macron dimitió a su cargo en noviembre del 2016, cuando anunció su candidatura para las elecciones presidenciales de abril del 2017.
El 7 de mayo pasado ganó de manera muy convincente la presidencia de Francia frente a Marine Le Pen. Desde ese momento, el número de adeptos de Macron no ha hecho más que crecer exponencialmente.
Para muchos, la razón de ser de este fenómeno reside en la figura de su rival en estas elecciones. Nos referimos a Marine Le Pen, la candidata de extrema derecha, reconocida por su empeño en aislar a Francia del mundo, y sus propuestas para frenar la inmigración, escapar a la globalización y hasta salir de la Unión Europea. Esta candidata, de ideas extremas que algunos llaman ideas racistas y fascistas.
Macron, por su lado, que ha repetido en varias ocasiones que no es ni de derecha, ni de izquierda, sino de Francia, ofreciendo una reducción significativa de los impuestos corporativos, espera persuadir a negocios británicos y bancos para que se instalen en París y con ello continuar abriéndole las puertas de Francia al mundo corporativo. Macron espera poder reducir el gasto público en 60 billones de euros y eliminar más de cien mil empleos en el sector público. Su propuesta política también incluye la exoneración del impuesto de propiedad para un alto porcentaje de viviendas.
Macron promete mayor flexibilidad en dos aspectos: la edad del retiro y las 35 horas de trabajo por semana, de manera que los trabajadores cuenten con un espectro más amplio de negociación. Macron planea destinar más fondos públicos en programas de energía renovable, entrenamientos tendentes a la reducción del desempleo de jóvenes, y en los sectores transporte, administración pública y justicia. Aboga por la equidad para las mujeres en el sector público y por representantes mejor formados académicamente en los cargos públicos.
Sin embargo, a nuestro entender, la razón de mayor peso por la que Macron ha ganado tantos simpatizantes es que logró sorprender con su innovación a una casta política francesa agotada por la corrupción y el descrédito. Otro ejemplo de esto es ver como en la sociedad de la fraternidad y la igualdad revolucionaria, una candidata tan radical puede llegar a acumular una votación de más de un 33% de los votos.
Todo esto refuerza el argumento de que las clases políticas dominantes están en un reflujo mundial debido al fenomeno muy bien descrito en el libro de Moises Naim, El Fin del Poder.
La sociedad del siglo 21 cambia a vientos muy acelerados. Lo que era no tiene porque ser. Macron es hoy un mensaje de renovación, no por su edad, aunque por ella también.
Es un político que derrotó una manera de ser, una manera de actuar.
En fin derrotó al pasado. Su gobierno que apenas comienza, tiene sobre sus hombros la responsabilidad de honrar su suerte y de hacer realidad una renovación que se anuncia que ahora debe funcionar.
Nuestros políticos y más en nuestros partidos deben verse en el espejo francés. Las sociedades se dan sus cambios, se dan sus relevos. A veces como en Francia desde el mismo sistema, pero a veces lo hacen de manera más radical, como paradójicamente casi hacen los mismos franceses si elegían a Le Pen. Los dominicanos de buena voluntad debemos luchar por un Macron dominicano que derrote a los Le Pen del pasado y del futuro. Necesitamos un Macron en República Dominicana.
https://listindiario.com/puntos-de-vista/2017/05/17/466335/en-busca-del-macron-dominicano

El impopular Emmanuel Macron, presidente de nuevo

EUROPA

El impopular Emmanuel Macron, presidente de nuevo

La victoria de Emmanuel Macron fue esta vez menos enfática que en 2017, cuando destrozó el sistema tradicional de partidos de Francia. DW hace un perfil del presidente francés.

Emmanuel Macron ni siquiera tenía 40 años cuando ingresó al patio del Louvre, en París, la noche del 7 de mayo de 2017 para celebrar su primera victoria electoral junto a sus seguidores.

En ese entonces, había una sensación de un nuevo comienzo en el aire: este joven reformador, inmaculado por una larga marcha a través de las instituciones políticas, quería modernizar Francia e impulsarla hacia el siglo XXI.

Ahora ganó la reelección. Pero, como resaltó en una reciente aparición en Marsella, no se trata simplemente de continuar otros cinco años. Lo que quiso decir, según él, es una renovación completa, un nuevo contrato con el electorado francés.

Típico talentoso y ambicioso

Después de su predecesor Francois Hollande, Macron fue una figura luminosa que irrumpió en el escenario político. Donde Hollande a menudo parecía torpe, Macron era elegante y elocuente, con un fuerte sentido de misión. Rápidamente se convirtió en un faro de esperanza entre los jefes europeos de gobierno.

Sin embargo, su perfil y su progreso eran típicamente franceses. Hijo de médicos respetados de la ciudad norteña de Amiens, obtuvo su maestría en el prestigioso instituto de ciencias políticas Sciences Po, en París, antes de pasar a la elitista Escuela Nacional de Administración, por décadas un campo de entrenamiento para los principales líderes políticos y empresariales de Francia.

Los primeros años de Macron como funcionario público fueron dedicados a la administración financiera. Luego en 2008, tomó un lucrativo trabajo como banquero de inversiones antes de Volver, a la administración pública en 2012. El trampolín de su carrera política llegó en 2014, cuando Hollande lo nombró ministro de Economía. Solo un año después, Macron dejó a los socialistas, pasó a formar su propio partido politico y abandonó el cargo ministerial.

A muchos votantes les resultó difícil elegir a uno de los candidatos

A muchos votantes les resultó difícil elegir a uno de los candidatos

El éxito de Macron fue impulsado por una combinación fortuita: un regicidio clásico, la traición de Hollande, su mentor politico; y una coincidencia política, el escándalo de fraude que envolvió al candidato presidencial conservador Francois Fillon, lo que al mismo tiempo destruyó las posibilidades de este ultimo con el electorado. Macron vio su oportunidad y la aprovechó.

Otro de los puntos destacados de este joven pujante de provincia fue su matrimonio con Brigitte, su antigua maestra, con quien mantiene una estrecha relación desde su juventud. Un cuarto de siglo mayor que el presidente, se la considera su tranquila consejera y su estrella guía. Nunca antes, sin embargo, la historia de amor y matrimonio de una pareja presidencial había dado lugar a especulaciones y chismes tan intensos. Algunos observadores opinan que su inusual pareja ha contribuido al aura de diferencia de Macron.

Cabalgando el centro político

Cuando Macron asumió el cargo en 2017, los partidos políticos franceses tradicionales estaban en ruinas. Los socialistas se estaban destruyendo a sí mismos con luchas políticas internas después de su ignominiosa derrota, mientras que los conservadores se estaban dividiendo en una facción de extrema derecha y una más moderada, de la que Macron reclutó a muchos de sus ministros y aliados.

El presidente ocupó el centro politico, más o menos por encima de las líneas partidistas, pero sin definir un nuevo rumbo ideológico. Se inclinaba hacia la derecha o la izquierda, según el estado de ánimo del país, y a veces daba la impresión de no tener rumbo.

No obstante, el joven líder ciertamente tenía visión. Una vez, pronunció un discurso particularmente famoso en la Universidad de la Sorbona, en el que mostró no solo un considerable talento retórico sino también una notable previsión. Europa tenía que volverse económica, política y militarmente autónoma, defendió. El mensaje fue ignorado en Berlín en ese momento. Ahora, sin embargo, y desde que comenzó la guerra en Ucrania, se convirtió en la opinión predominante en Bruselas.

Gestor de crisis

Las políticas internas de Macron pronto chocaron contra la pared. Para el invierno de 2018, el movimiento de protesta de los "chalecos amarillos” ya había frustrado sus planes. Las manifestaciones fueron provocadas por la imposición de un impuesto ambiental sobre el diesel, pero rápidamente se convirtieron en una oposición más amplia al presidente. Macron quería modernizar la administración inflexible de Francia, hacer el país más favorable a los negocios, reformar el costoso sistema de pensiones y más. Sin embargo, como es la costumbre francesa, muchas de estas ideas fueron eliminadas por una serie de huelgas.

Las protestas nacionales de los chalecos amarillos presentaron un temprano desafío para Macron

Las protestas nacionales de los "chalecos amarillos" presentaron un temprano desafío para Macron

Apenas se restableció la paz social, llegó la pandemia de coronavirus y Macron tuvo que demostrar su valor como gestor de crisis. Esto no salió muy bien al principio, pero luego tuvo un éxito razonable. La tasa de vacunación de Francia es alta, sus hospitales no se desbordaron y las consecuencias económicas fueron minimizadas por los programas de ayuda del gobierno. La recuperación económica de Francia ha sido mejor que la de sus vecinos.

El alivio, sin embargo, duró poco. La guerra en Ucrania trajo incertidumbre política, seguida de aumentos de precios. A estas alturas, la mayoría de los votantes franceses están motivados por el miedo al aumento del costo de la vida. Los temas explosivos y divisivos de los últimos años (inmigración, el papel del islam en la sociedad) han retrocedido en comparación.

Un presidente no amado e incluso odiado

Presidentes franceses anteriores, como Hollande y Nicolas Sarkozy, inspiraron desprecio, desdén y burla, pero ninguno fue un objeto de un odio tan absoluto como Macron. Su apodo es "Júpiter” y se le ve como arrogante y distante, alguien que gobierna desde lo alto. Aun así, no ha desmantelado el estado de bienestar, ni ha cambiado a Francia hasta dejarla fuera de todo reconocimiento de alguna otra forma. En última instancia, no resultó ser una amenaza para su reelección, pero sí que la lucha fue más difícil de lo esperado.

Como explicó recientemente el historiador Pierre Rosanvallon en la emisora France Inter, las políticas de Macron no son la razón. Más bien, tiene que ver con su carácter. "En cierto modo encarna algo que provoca un rechazo muy profundo. Hay esa imagen que se le pega. De distancia, de desprecio”, explicó.

Otros factores, agregó Rosanvallon, son que Macron está desconectado de la Sociedad, y que a diferencia de otros presidentes no creció en una región donde conocía a la gente y estaba familiarizado con su vida cotidiana.

Macron simplemente no tiene el pedigrí político adecuado. Se le ve como un tecnócrata frío que no ha asistido a suficientes ferias agrícolas y celebraciones de bomberos. El gran éxito de la extrema derecha populista pone de relieve las profundas divisiones en el país, así como los sedimentos del nacionalismo reaccionario, la xenofobia y las tendencias antidemocráticas. Por esta razón, y a la luz de la situación política mundial, Macron haría bien en prestar atención a la vieja advertencia cuando busque un segundo mandato: ten cuidado con lo que deseas. (rr/rr)

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viernes, 22 de abril de 2022

Francia: la victoria de Marine Le Pen "provocaría una crisis financiera internacional"

 

EUROPA

Francia: la victoria de Marine Le Pen "provocaría una crisis financiera internacional"

La propuesta económica del presidente, Emmanuel Macron, no entusiasma a todos los franceses. Pero los planes de su oponente, Marine Le Pen, podrían, según expertos, provocar una crisis financiera en la eurozona.

Moneda de euro francesa.

Los economistas han advertido que una victoria de Le Pen podría tener un impacto drástico en las finanzas de Francia.

Hace cinco años, durante la campaña presidencial francesa, el programa económico de la candidata de extrema derecha, Marine Le Pen, resultó ser uno de sus puntos débiles. Así como en las elecciones de este año, ella se enfrentaba en segunda vuelta al actual presidente, el centrista Emmanuel Macron.

Días antes del balotaje de 2017, Macron dijo en un debate televisivo que los planes de Le Pen de dejar la eurozona y renegociar los tratados europeos serían "letales para el poder adquisitivo y la competitividad" de Francia.

En la campaña actual, la candidata extremista abandonó oficialmente sus planes de salida de la eurozona, pero los economistas creen que la aplicación de su programa llevaría al mismo resultado, y desencadenaría una crisis financiera internacional.

Le Pen se presenta como "la candidata del (mayor) poder adquisitivo". Ha prometido reducir el impuesto sobre el valor agregado del 20% al 5,5% para los productos energéticos, como los carburantes, y eliminar ese impuesto para determinados bienes básicos.

Sus medidas podrían llevar a la estanflación

Philippe Crevel, economista y director del centro político Cercle de l'Epargne, calificó estas medidas de contraproducentes y acusó a Le Pen de aplicar una política "al borde del abismo" o brinkmanship: "Los precios bajarían inicialmente, pero eso haría subir la demanda de los consumidores y, finalmente, los precios aumentarían, ya que, repentinamente, no habría más productos disponibles en el mercado", explicó a DW.

Asimismo, Le Pen prometió estimular el aumento de los salarios eximiendo al empleador de las cargas laborales, lo que, según Crevel, "provocaría nuevamente inflación. Para equilibrar los aumentos salariales, las empresas, sobre todo porque se enfrentan al aumento de los precios de las materias primas, también debido a la guerra en Ucrania, subirían los precios de los productos".

El economista cree que las propuestas provocarían una estanflación, es decir, una combinación entre estancamiento del crecimiento y una inflación alta: "Sería similar a lo que ocurrió tras la crisis del petróleo, en la década de 1970; veríamos un desempleo masivo, que afectaría en primer lugar a los trabajadores", agregó.

Mujer comprando verduras en Francia.

Los consumidores franceses podrían llevarse una desagradable sorpresa si Le Pen reemplaza a Macron.

Un programa "absurdo" y "profundamente inmoral"

En tanto, Henri Sterdyniak, economista del centro de investigación Observatoire Francais des Conjonctures Économiques, cercano a la izquierda, califica de "absurdo" el programa de Le Pen: "Ella planea acabar con las turbinas eólicas de Francia y dar el dinero de las subvenciones a los franceses. Y los menores de 30 años estarán exentos del impuesto sobre la renta, pero ¿por qué los jóvenes con buenos ingresos no deberían pagar impuestos? Todo eso no tiene sentido", afirmó en entrevista con DW.

"Además, sus medidas son profundamente inmorales: se pedirá a los extranjeros que paguen, y los franceses tendrán prioridad a la hora de obtener un empleo, una vivienda, o prestaciones sociales", añadió.

El economista también está muy en desacuerdo con la reducción de los cargos al empleador: "Nuestra deuda pública es excesiva, actualmente se sitúa en el 113% del PIB. ¡Tenemos que financiar nuestro Estado social de alguna manera!", exclamó.

¿Podrá Macron impulsar más reformas?

En general, el programa de Macron tiene medidas menos detalladas que el de Le Pen. El presidente francés se compromete a seguir haciendo lo que viene haciendo desde 2017: reformas orientadas al mercado. También planea liberalizar más el mercado laboral, bajar los impuestos a las empresas y subir la edad de jubilación de 62 a 65 años.

"Sacar adelante sus planes sería cada vez más difícil, ya que muchos franceses se oponen a ellos", explicó el economista Crevel. El primer mandato del presidente se vio perturbado por numerosas manifestaciones, como las del llamado 'movimiento de los chalecos amarillos', que bloqueó el país durante meses pidiendo más justicia social.

En tanto, Macron suavizó sus planes para convencer al 22% del electorado que eligió al candidato de extrema izquierda Jean-Luc Melenchon, que quedó tercero en la primera votación. Macron planteó rebajar el objetivo de la edad de jubilación a los 64 años y someter sus planes a referéndum. También ha dicho que incluiría más medidas a favor del medioambiente en su programa.

Lisa Thomas-Darbois, analista del Instituto Montaigne.

Lisa Thomas-Darbois, analista del Instituto Montaigne, teme que una victoria de Le Pen implique una carga pesada para el presupuesto público francés.

Los planes de Le Pen "minarían la confianza de los inversores"

El centro de estudios parisino Instituto Montaigne, cercano al mundo empresarial, también examinó los programas de los contendientes: "Ambos aumentarían la carga del presupuesto público, pero los planes de Le Pen supondrían un gasto adicional de aproximadamente 101.000 millones de euros, frente a un coste de 44.000 millones de euros para el programa de Macron", dijo a DW Lisa Thomas-Darbois, experta en Economía y Finanzas Públicas de ese instituto.

"Además, muchas de las propuestas de Le Pen contradicen la legislación francesa y los compromisos internacionales del país, lo que socavaría la confianza de los inversores", agregó.

Le Pen planea crear un nuevo fondo para nacionalizar ciertos sectores estratégicos, como las carreteras. Las empresas francesas tendrían prioridad en las licitaciones públicas y los productos franceses serían beneficiados.

"Todas esas medidas proteccionistas infringirían la legislación de la UE: la regla de la preferencia nacional, por ejemplo, significaría que el gobierno impondría aranceles a las importaciones", analizó Crevel, quien añadió que los planes acabarían conduciendo a un Frexit, la salida de Francia de la Unión Europea.

"Varios bancos franceses son sistémicos en la eurozona, y su salida del sistema del euro causaría repercusiones mundiales; provocaría una crisis financiera internacional", advirtió. (ju/cp)

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miércoles, 9 de junio de 2021

La democracia liberal en la tenaza identitaria

Marine Le Pen.

Marine Le Pen.

LA TRIBUNA

La democracia liberal en la tenaza identitaria

“Estamos frente a la Primera Guerra Mundial del siglo XXI, que tiene su origen en la revolución islámica de Irán y su Pearl Harbor en el 11-S” (Marine Le Pen)

 
 2 junio, 2021 03:54

Las elecciones presidenciales francesas de 2021 serán, según todas las encuestas, una repetición de los comicios de cinco años atrás: otro duelo entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen en segunda vuelta.

Sin embargo, hoy nada es igual. La socialdemocracia encarnada por el Partido Socialista ha sido fagocitada por la izquierda antisistema, la Francia Insumisa de Jean Luc Mélenchon. El partido moribundo que dejó François Hollande se ha resignado a la irrelevancia y sueña con una improbable candidatura de la alcaldesa de París, la gaditana Anne Hidalgo.

En el resto de la izquierda, el ego de Mélenchon ha impedido hasta ahora una candidatura común con el fosilizado Partido Comunista Francés y Los Verdes. Estos aspiran al éxito de sus pares alemanes, aunque hasta ahora han demostrado su inoperancia a nivel municipal enfrascándose en polémicas como la de suprimir los árboles navideños públicos y la carne en los comedores escolares, o la de subvencionar con millones de euros una mezquita pro Erdogan en Alsacia.

En cuanto al partido conservador Les Républicains, creado por Nicolas Sarkozy, ha sido vaciado y absorbido hasta la insignificancia por el oficialismo.

En esta tierra arrasada, frente a Macron sólo queda Marine Le Pen, quien nunca tuvo tantas chances de llegar al poder, liderando incluso la primera vuelta, según un sondeo publicado este miércoles por Le Figaro. Consciente de que no tiene nada que temer por la izquierda, Macron ha derechizado su discurso en temas caros a los conservadores, como la seguridad y, más significativo del movimiento tectónico ideológico actual, ha empuñado la bandera del laicismo, abandonada y pisoteada por una izquierda que se hunde en el impasse identitario.

Cada día que pasa, el jefe de Estado se aleja más del progresismo del canadiense Justin Trudeau. Diplomado en Filosofía, y ya sea por necesidad o por convicción, Macron ha tomado por las astas el toro de las políticas de la identidad que modelan la militancia política, académica y mediática. Macron ha llevado la batalla cultural a las universidades, cooptadas por la descolonización y el llamado islamoizquierdismo, la forma local de la critical racial theory estadounidense, al tiempo que ha puesto coto a ese atentado a la economía del idioma llamado lenguaje inclusivo. Aquello que parecía una jerigonza destinada sólo a la vanguardia trasnochada de los campus universitarios estadounidenses coloniza hoy la vida cotidiana occidental, desde la inflación del idioma al nuevo sello negro de Correos en España.

Le Pen cuenta con la fidelidad de su base electoral y con la porosidad de la derecha tradicional, ya que la estrategia de lavado de imagen ha funcionado

La decapitación del profesor de Historia y Educación Cívica Samuel Paty a manos de un islamista en octubre obligó a Macron a hacerse cargo de un dilema que habría preferido evitar, dejando al mismo tiempo en evidencia ese progresismo que ya no es Charlie Hebdo y que hoy prefiere cerrar los ojos ante el oscurantismo religioso que prospera en las periferias de las grandes ciudades de Francia y parte de Europa, a la espera de una imaginaria interseccionalidad arcoíris de izquierda que le permita al menos cazar votos en un electorado dominado por el autoodio y el odio a los valores occidentales.

En cuanto a Marine Le Pen, puede contar con la fidelidad de su base electoral y con la porosidad de la derecha tradicional, ya que la estrategia de lavado de imagen ha funcionado.

Pero Le Pen, sobre todo, ha hallado un aliado inesperado en esa izquierda a la que ya no convence el frente republicano, aquel viejo acuerdo del arco político francés que va de la extrema izquierda a los conservadores y que implica que se vota en segunda vuelta por aquel candidato capaz de vencer al Frente Nacional (hoy rebautizado Agrupación Nacional) cualquiera que sea el signo político de su adversario. El cordón sanitario republicano que provocó el triunfo plebiscitario de Jacques Chirac contra Le Pen padre en 2002 y la victoria de Emmanuel Macron contra Le Pen hija se desmorona quince años después, advierte un explosivo informe de la Fundación Jean-Jaurès publicado en abril.

Entretanto, el temor a una guerra civil se apodera de la derecha nacionalista, con miembros del ejército (generales retirados o soldados activos) que denuncian públicamente, rompiendo su obligación de silencio, la desintegración del país frente a los reclamos comunitarios y el islam radical. ¿Pronóstico acertado o fantasía paranoica? En cualquier caso, el 58% de la población francesa apoya a los uniformados en su diagnósticosegún la encuestadora Harris Interactive.

¿Qué forma tomaría esta supuesta guerra civil? La extrema derecha ha adoptado la teoría del Gran Reemplazo, acuñada por el escritor Renaud Camus (y reivindicada por el terrorista supremacista del ataque a la mezquita neozelandesa de Christchurch). Teoría que plantea una programada sustitución de la población autóctona por una invasión demográfica de Oriente y África. El "no nos reemplazarán" coreado por neonazis estadounidenses con antorchas cruzó hace rato el Atlántico. En los Estados Unidos, la conspiranoia de QAnon ve un plan del magnate George Soros para licuar la identidad europea, reformulación del viejo antisemitismo que se dedicaba antes al barón Rothschild como titiritero del cosmopolitismo en las sombras.

Francia, cuna tanto de la Ilustración como de la French Theory en la que se basa el movimiento woke, es un laboratorio de Occidente

Pero la realidad del cambio demográfico no reside únicamente en la imaginación de la extrema derecha. Es también lo que desvela a la antiliberal Ana Iris Simón, exredactora de la revista hipster Vice, y que se ve avivado por la guetoización en los barrios periféricos; por las reivindicaciones religiosas del islam en el trabajo, la escuela o las universidades; por las imágenes de oleadas de inmigrantes que golpean las vallas de Ceuta; y, más recientemente, por el chantaje marroquí de abrir el grifo de la miseria del mundo para inundar la vieja Europa.

La izquierda ha dejado de hablar a la clase trabajadora blanca que sabe que su futuro será peor que el de sus padres. Hace rato que ha preferido concentrarse en su nueva clientela política. Las minorías étnicosexuales, los funcionarios de la Educación pública y los ganadores de la globalización: los jóvenes urbanos que trabajan en la pujante industria tecnológica.

El dudoso argumento contable de que los jóvenes inmigrantes pagarán las pensiones de los blancos (privando de paso de su juventud y talentos a África) de una Europa que envejece sin tener suficientes hijos no sólo no convence a Ana Iris Simón. Algunas sociedades como Japón han preferido pagar el precio de la autosuficiencia.

Así las cosas, en Francia, como en otros lados, el eje izquierda/derecha está siendo reemplazado por un enfrentamiento entre la democracia liberal y los populismos iliberalesLa extrema derecha y la extrema izquierda identitarias, obsesionadas con el sexo y la raza, se parecen cada vez más de lo que quisieran y hacen frente común contra el neoliberalismo globalizado.

De este modo, Francia, cuna tanto de la Ilustración como de la French Theory en la que se basa el movimiento woke, se transforma en un laboratorio de Occidente. Las elecciones presidenciales del año que viene no serán una mera repetición de 2017. Serán el teatro europeo de un enfrentamiento entre la tradición universalista y el esencialismo de los extremos. Extremos que juzgan de manera positiva o negativa al ciudadano no por lo que hace con su libertad, sino por lo que es de nacimiento. Es decir, por su color de piel y su sexualidad.

*** Alejo Schapire es periodista. Su último libro es 'La traición progresista'.

https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20210602/democracia-liberal-tenaza-identitaria/585811417_12.html